All language subtitles for The Lion in Winter-Spanish

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Original subtitles

- ¡Ven a por mí!

- Me has alcanzado. - ¿De verdad, padre?

Ya puedes marcharte. Corre y practica

Será un buen rey. Estará preparado. Así se pelea.

Venga. Hijo.

-¿Has encontrado la religión?

- ¿Velarás desde el cielo a quien esté en el trono, Henry?

- Debo saberlo antes de morir.

Tengo mucho en común con la leyenda del rey Lear.

Ambos tenemos reinos, tres hijos adorados, y somos viejos.

Él partió su reino en trozos, yo no puedo.

He construido un imperio y debo saber que permanecerá así.

Toda Gran Bretaña, media Francia y John es mi heredero.

- Voy a perderte Henry, ¿no? - Alais.

En mi vida he conocido condesas, niñeras, cortesanas...

novicias, prostitutas, gitanas. Jóvenes y niños.

Pero en el Oeste sólo he encontrado una persona a quien amar, tú.

- ¿Y, Rosemund? - Ella está muerta.

- ¿Y Eleonora? - La nueva Medusa, mi esposa.

- ¿Cómo está tu reina? - Supongo que decayendo.

No tengas celos de ella. No está entre las cosas que amo.

¿Cuántos maridos hay que maltraten a su mujer?

He tenido a esa guarra 10 años sin pasión y en soledad.

Ese es el capitán Marshal... ¡William!

Estableceremos la corte en Chinon. Hemos invitado al rey de Francia.

Quiero que Richard y Geoffrey vengan. Busca a mis hijos y díselo.

Y busca a la reina al sur de Bretaña. - ¿Y, si la reina se niega?

- ¿Eleonora? No se perdería esto por nada del mundo.

- ¿Richard?

¿Richard?

Buenos días. Richard.

- ¡Adelante!

- ¿Geoffrey?

¿Geoffrey?

¡Geoffrey!

- Padre quiere verme.

- Majestad.

- ¿Habrá una corte de Navidad? - Sí, señora.

- ¿Dónde? - A Chinon.

- ¿Y si por una vez no hiciera lo que se me ordena?

- Será un día salvaje. Si me arrastro ahora no duraré mucho.

- Tu sí. Eres como una roca de Stonehenge. Nada te destruye.

- En estas habitaciones, Alais, tendré los enemigos suficientes.

- Tienes más de los que crees. - ¿Eres tú uno de esos?

¿Se ha transformado mi sauce en hiedra venenosa?

- ¿De ser problema. Cómo sería? - Que problemas.

- Podría desvelar tu plan para desheredar a Richard.

- Eleonora también. Ella sabe que el rey Henry murió en el verano.

Y no termina ahí. Yo quiero a John en el trono y ella a Richard.

Lo hablamos con toda franqueza.

- No puedo ser tu amante si me caso con tu hijo.

- A Johnny no le importaría. - A mi no me gusta él.

Es un buen chico.

- Tiene granos y apesta. - No es su culpa, sólo tiene 18 años.

- Podría tomar un baño.

- No es tan terrible ser reina. Pocos orarán por ti.

- ¿Llorarás tú? - No lo sé. Probablemente.

- No quiero perderte. ¿No puedes ocultarme o debería desaparecer?

- Felipe, tu hermano y rey de Francia quiere una boda o la dote de vuelta.

Te acepté por tu dote cuando tenías siete años.

Eras sólo un par de rodillas y un par de grandes ojos.

¿Cómo iba a imaginarme?

- ¿Qué pasa chaval? - Nada.

- ¡Geoff!

- ¡John!

- ¿Es esto para mí? Me encanta la Navidad.

- Devuélvele la dote a Felipe. No es mucho.

- No puedo. Esa pesada sólo es un pequeño Condado pero la necesito.

- ¿Ya mí no?

- Siempre me he enamorado de mujeres con tierras.

Cuando me casé con Eleonora, pensé: "Tengo suerte."

"La más rica. Dueña de Aquitania, la mayor provincia del continente."

Y encima hermosa. Y lo era. ¿sabes? - ¿Y la adorabas?

- La memoria es débil. Tal vez hubo una vez.

De eso hace mucho. Nada en la vida es perfecto sin sufrimiento.

Si digo que tú y yo hemos terminado, entonces se acabó.

Si digo que debes casarte con John. Entonces te casarás.

Te tendré cerca y te usaré como quiera.

- La Navidad es un tiempo cálido y prometedor.

El vino Caliente humea, el árbol y somos la Carne en el asador.

Debería llegar pronto ya. - Madre.

- ¿Todavía quiere que seas rey? - No somos tan amigos como antes.

- ¿Debo dar un espectáculo y besar una mejilla peluda?

- Lo que beses es cosa tuya. - Soy el favorito y es lo que cuenta.

- Casi no me conoces Johnny. Así que cree en mi reputación.

Soy un soldado constante. A veces poeta y seré rey.

- Sólo para recordártelo, soy el favorito de papá.

- ¿Por qué John? A él no le importas nada.

- Nos queremos profundamente. - Ninguno te quiere.

- ¿Por qué discutimos?

Dime que no quieren la corona y te diré que es una fábula.

Pueden enfadarse y conspirar contra mí, es la Clase de hijos que quiero.

Yo siempre he conspirado. Sólo así se puede ser rey y llegara los 50.

- Voy a luchar por ti. - Pues vale.

¿Qué tal resultó el cruce? ¿Se calmó el canal por ti?

- Se calmó cuando se lo ordené. No pensé en pedir más.

Que amable de tu parte dejarme salir de la cárcel.

- Sólo durante las fiestas. - Como la escuela me rejuveneces.

Aquí está la dulce Alais.

No, salúdame como solías hacerlo.

No soy frágil. El afecto es una presión que puedo soportar.

Y tengo unos hijos guapísimos.

John, estás tan limpio y ordenado. Henry te cuida bien.

Y Richard, no estés tan triste.

Hace que tus ojos se encojan y tu mentón se frunza.

Geoffrey... ¿Ha llegado ya Felipe? - No todavía.

- ¿Ha crecido tanto como su padre? Puro y sencillo, el buen Luis.

Si le hubiera dado hijos en vez de todas esas niñas...

todavía sería reina de Francia y no nos habríamos conocido.

Ese, ángeles míos. Es el papel del sexo en la historia.

Ese debe ser Felipe.

¿Dónde está Henry? - Arriba con la prostituta familiar.

- ¡No hables así de tu prometida! - Mi prometida.

- Prometida de quien sea. Yo la crié y la quiero.

- Todavía quiere que John sea rey. - Por supuesto.

¡Yo os diría a mis tres genios: iRey, rey, rey!

Dos de vosotros debéis aprender a vivir decepcionados.

- ¿Cuáles dos?

- Olvidémoslo y vivamos por siempre. - Diente con diente por la eternidad.

Estos son mis chicos.

El rey de Francia y yo conversaremos como dos profesionales.

Tomaremos posiciones y elegiremos entre las opciones.

Lo solucionaré todo y apoyaréis a vuestro padre en esto.

- ¡Mi señor!

- ¡Mi alteza!

- Bienvenido a Chinon.

Así está mejor.

- Me dijeron que eras impresionante para un chico de 17 años.

Soy Eleonora. Y podría haber sido tu madre.

- Reina Eleonora.

- A los demás ya los conoces.

- Te preocupa la dote de tu hermana.

- Hace 16 años hiciste un trato con nosotros y es hora de ejecutarlo.

O se realiza el matrimonio o nos lo devuelves todo.

O Alais se casa con Richard, o nos devuelves el condado.

- Claro, preciso y bien presentado. Y mi posición...

Hay una confusión. Hace dos años la reina y yo le dimos...

Aquitan a Richard.

Eso hace a Richard muy poderoso. Cómo darle también a Alais.

Y es un aliado poderoso para ti.

- Deben casarse. Era el trato con Luis.

- El condado es mío.

- ¿Por qué?

- Mis tropas están por todas partes y eso lo hace mío.

Escúchame chaval...

- Soy rey. No soy "chaval" de nadie.

- Un rey con la Cara llena de granos.

Señor...

Felipe...

No lo entiendes.

Si bramo. Debes bramar de vuelta.

- Lo apuntaré. - Y esto también...

Somos el mundo en miniatura.

Una nación es humana y eso es lo que hacemos con la razón.

Muestra que eres civilizado y guarda tus cuchillos. Mantén la paz.

Está en nuestras manos. - Tengo mis propios tutores.

¿Es eso todo? - No me pides una oferta.

- ¿Tienes una oferta? - No. Pero pensaré una.

Por cierto...

Eres mejor de lo que pensaba.

- No sabía si te darías cuenta.

- ¿Qué, le damos el grial o a nosotros mismos?

- ¿Tengo madera de rey, padre? - De rey espléndido.

- ¿Esperas que acepte sin luchar? - Lucharás, así te enseñé.

- No me importa lo que ofrezcas a Felipe ni cuáles sean tus planes.

Tengo Aquitania, a Alais y la Corona. No renunciaré a ninguna.

Y no renunciaré a Aquitan o a Alais por un grano con pies.

Hay muchas cosas que no haría.

- ¿Has oído lo que me llamó? - Sí, ahora lávate es hora de comer.

- Sólo hago lo que padre ordena. - Ve y come.

- ¿He dicho algo malo? - No hagas pucheros.

- No hago pucheros. - Y camina más recto...

- Y ese es el futuro rey. - Y yo seré su canciller.

¿No te lo dijo? John reinará mientras yo gobierno.

Él se podrá gastar los impuestos que yo recolecte.

- Qué bueno para ti. - No tan bueno como ser rey.

- Te hemos hecho Duque de Bretaña. ¿Te parece poco?

- Nadie piensa en una corona hecha para Geoff, ¿por qué?

- ¿No es suficiente ser canciller? - No es el poder sino la mención.

No hay afecto para mí. ¿No crees que es eso lo que puedo querer?

- Henry... Tengo algo que confesar.

- ¿Si?

- No me gustan tanto nuestros hijos.

Sólo tú, te crié pero no te parí. - Yo nunca os importé.

- Sí lo hice. Henry es malo y se aprovecha.

Por mí puede acostarse con ovejas... Y de hecho lo hizo una vez.

- Rosemund lleva 7 años muerta.

- Dos meses y 18 días Nunca me gustó.

- Cuentas los días. - Me he inventado las cuentas.

Se casó con ella siendo dueña de Gales y la vi de cerca.

Como con todas a las que encontró. Se quisieron mucho.

Pero cuando tuvo que elegir entre su dama y mis tierras...

- No es justo que me hiera. Es tan fácil.

- ¿Después de años de cariño crees que te haría daño?

- Sí. Eleonora, con las manos atadas a la espalda.

- Es exquisita, ¿no crees?

- Sí, mucho.

- ¿A quién podría haber elegido para querer tanto y molestarte?

- A nadie. - El tiempo sólo te ha arrugado.

- No solo eso. Di a luz a 5 chicos. 6 chicas y llevo 31 años contigo.

- Hay momentos en que te extraño. - ¿Muchos?

- ¿Lo dudas? - Ese es mi perrito faldero.

El débil Johnny se lleva la corona. - Oí el rumor pero no lo creía.

- Perder a Alais te costará porque la quieres.

- Sólo es la última posesión de un pobre viejo.

¿Te cuesta vivir en tu castillo? - Al principio fue duro.

Pero se me pasó. He visto suficiente del mundo.

- Nunca te dejaré ir.

Creaste muchas guerras contra mí. - Y osé ganar la última.

Mientras pueda salir por Navidad y de vez en cuando...

Pues me gusta verte.

Ya es suficiente.

Tengo hambre, vamos a comer. - Cogidos del brazo.

- Y de la mano.

Sigues siendo un hombre maravilloso. - Y tú eres mi señora.

Es gracioso, he luchado y negociado todos estos años.

Como si lo único que importara es lo que pase tras mi muerte.

Ahora tengo algo por lo que vivir.

He luchado por la paz. - ¿En Nochebuena?

- Desde la muerte de Luis no tuve una Francia con la que luchar.

En ese tiempo vi lo bueno que es poder redactar una ley...

crear impuestos o ver qué campesino es dueño de una vaca.

No hay nada más importante en el mundo.

Y ahora el chaval francés es mayor y yo estoy harto de la guerra.

- ¿Aún necesitas el condado, Henry?

Mis tropas están a un día de París desde allí. Me es vital.

- Querido. Si Alais no se casa con Richard haré que pierdas el condado.

- ¡Vaya! Creí que nunca lo dirías. - Puedo hacerlo.

- Puedes intentarlo.

Tenemos un grupo de barones que vigilan a la feliz pareja.

- ¿Puedes dirigir al amor en manadas? - Y mantenerlos en cariño permanente.

- Mi Richard será el próximo rey. No tu John.

Te conozco Henry y te estaré esperando a la vuelta de la esquina.

- ¿Realmente te importa quién reine? - Me importa porque a ti te importa.

- No luches conmigo, Eleonora. - ¿Qué quieres que me rinda?

- Dame un poco de paz. - ¿Qué te parece la paz eterna?

- Si te opones a mi, lucharé contra ti con todos mis medios.

- Henry... - ¿Sí, querida?

- ¿Me quisiste alguna vez? - No.

- Bien. Eso hará que esto sea más agradable.

- Bueno, he venido. ¿Qué deseas?

- Sólo conversar un poco.

Hace mucho que no estamos solos. ¿Hace cuanto... dos años?

Te ves en forma. La guerra te gusta.

Estoy informada. Sigo tus matanzas a la distancia. Siéntate.

- ¿Es esto una audiencia, un beso de buenas noches o una emboscada?

- Ojalá sea una reunión. ¿Por qué debes parecer tan tozudo?

Quiero que te enamores otra vez, pero con esa cara.

- Qué dulce ¿Para qué lo querías?

- Porque sí. ¿Por qué si no? - Dímelo cuando estés lista.

- Ya sé que me desvío mucho. Hago muchos planes.

Eso es lo que hace una reina en prisión con su tiempo.

Pero para mí hay más que eso.

¿No puedo decir que quiero a un hijo y que me crean?

- Si fuera tú. Probaría con otro hijo. Yo no siento nada por ti.

- Eres un chico gris. Gris como una canción monótona.

- Te puedo dejar como a la Iglesia. - No, mientras tenga Aquitania.

- ¿Sólo por valles y llanos? - Creo que quieres recuperarlo.

Estás tan atada que no puedes pedir agua cuando tienes sed.

Podríamos enredar arañas en las redes que tejes.

- Si tan mala soy, ¿por qué no te vas? No tiembles ahí parado.

Quiéreme corderito, o déjame.

- Os abandono señora. Con pura alegría.

- Ese es el acto de poner simplemente un pie delante del otro.

- ¡Madre! - Ahora no, querido. Estoy luchando.

- Padre ha terminado de redactar los términos del tratado.

- Qué bueno ¿Dónde está tu padre?

- Ahí estás. ¿Le has puesto las condiciones a Felipe?

- Aún no. Pero celebraré una audiencia y espero que asistáis.

- ¿Nos dirás los términos o prefieres bromear con nosotros?

- Lo que sea será para mí. - ¿Y qué es lo que Geoffrey no recibirá?

- ¡Por Dios chicos, no podéis ser reyes los tres!

- Los tres lo podemos intentar. - Eso no tiene sentido ahora.

Tú me sucederás. Richard Te doy la Corona y a Alais.

- No tengo sentido del humor. - Es lo que planeo hacer.

- Y, ¿qué pasa conmigo? Yo soy tu favorito.

- Lo siento John, no puedo evitarlo.

¿Podrías mantenerlo que te diera? - Tú podrías.

- Yo también pierdo. Todos mis sueños para ti se pierden.

- Me decepcionas. Eres un fracaso como padre.

- Lo siento John.

- Haré algo terrible y entonces lo lamentarás.

- ¿Has estado ensayando todo esto, o estás improvisando?

- Mira la realidad mujer. - ¿Cuál de todas? Hay tantas.

- El poder es la única realidad.

Cómo negarle el trono si lo usurparía sino se lo diese directamente.

- Ahora me haces luchar por ello. Tú nunca me darías nada.

- Tú y Alais tendréis el reino. Y yo una Inglaterra intacta.

Ya lo tienes todo; el trono. La Chica, todo el negocio. ¿No es suficiente?

- No sé a quién hay que felicitar.

Reyes, reinas. Caballeros por todas partes y yo soy la única pobre.

No tengo nada que perder, eso me hace peligrosa.

- Pobrecita.

- Pobre John ¿Quién se apiada de mí?

Si fuera rey nadie diría nada si ordenase que apagaran los fuegos.

- Luchemos en torneo y veamos.

- Eres el sueño de un hermano pequeño. Solía soñar contigo todo el tiempo.

- Ay. Johnny...

- Te lo voy a demostrar, Eleonora. No he perdido aún.

- Bueno madre, si me necesitas aquí estoy.

- John ha perdido a su canciller. - Y tú has ganado uno.

- Debo decir que esto es agrio. - No confía en mí.

- Henry no acabó con John. Mantendrá el condado hasta que la luna se Congele.

Y la boda de Richard, antes se congelará la luna

No se puede bordar toda la vida. - Lo sé.

Tú sabes que lo sé. Yo sé que tú lo sabes.

Henry sabe que lo sé, somos una familia bien informada.

¿Me tomará Richard como su canciller?

- ¿Por qué abandonas a John? - Porque tú ganarás.

- Todavía no he vencido. - Lo lograrás con mi ayuda.

John confía en mí y yo lo guiaré a la trampa que tú construyas.

- Eres bueno. Geoff. Me vendes a John o a mí a él.

¿Has encontrado la forma de vendemos a todos entre todos?

- Todavía no, pero estoy en ello.

A mí no me importa quién sea rey, pero a ti y a Henry sí.

Miraré como os coméis el uno al otro.

- Tienes un don para el odio. - Lo aprendí de ti.

- Vaya, me has querido durante todos estos años.

- Que Dios me perdone, he enfadado a la reina.

- Necesitamos tu ayuda. - ¿Y perder la diversión de venderte?

- Sé el canciller de Richard.

- Púdrete.

- Así es como se hacen los tratos.

Es nuestro si lo queremos. Puede traicionarnos a todos.

Pero sólo si cree que nosotros pensamos que no lo hará.

¿Qué he hecho para tener hijos tan inteligentes?

¿Cuál es el problema Richard? - No es nada.

- Tu "nada" pesa mucho.

Si te escribo o mando llamar, o te hablo o busco...

tus "nadas" pesan como rocas.

- No me montes escenas. - No. Ahora soy menos complicada.

Me gustaba la poesía. El poder y los hombres jóvenes.

Hasta deseaba a Henry en ese tiempo.

Ahora sólo me queda un deseo; que seas rey.

- Quieres los huesos de padre hundidos. Todo para que Henry pierda.

Estás podrida hasta los dientes, pero este hijo no lo usarás para vengarte.

- Cómo te ha cambiado mi emprisionamiento.

Henry quiso hacerme daño y te ha destrozado a ti en cambio.

Antes los hombres solían esconder ese talento.

Henry tenía 18 años cuando nos conocimos y yo era reina de Francia.

Llegó desde el norte a París con una mente como la de Aristóteles.

En la forma de pecado mortal.

Quebrantamos los mandamientos ahí mismo...

me separé de Luis durante tres meses y nos casamos en Main en primavera.

El joven conde Henry y su condesa.

Pero en tres años yo era su reina y él rey de Inglaterra.

Con sólo 21 años. Cinco años menor que tú, general.

- Sé contar.

- Entonces no había un Becket o una Rosemund. No tenía rivales, sólo yo.

Y entonces llegó el pequeño Henry y tú...

y los demás retoños de mi jardín.

Si... si hubiera sido estéril, ahora habría sido más feliz.

- ¿Lo dices para herirme? - Qué pérdida de tiempo.

- Luché con Henry por lo que sigue y por alguien a quien no veremos reinar.

Mírate.

Te quise más que a Henry. Y me ha costado todo.

- ¿Qué es lo que quieres?

- Que volvamos a ser los de antes. - No, no es eso.

- Bien, entonces quiero Aquitania. - Esa es la madre que recuerdo.

- Puedo hacerte ganar y que te cases con Alais.

Pero debo recuperar Aquitania. - Es mía y nunca renunciaré a ella.

¿Debo redactar mi testamento y dejártelo todo?

¿Dónde está el papel? - El papel puede quemarse.

- Yo te quiero. - Tú no quieres a nadie.

Estás incompleta y te faltan las partes humanas.

Estás tan muerta como letal eres. - No me abandones.

- Una vez fuiste hermosa. He visto los retratos.

- ¿No te acuerdas cómo me querías?

Siempre íbamos de la mano. Así es Cómo se sentía.

- ¿Qué corazón causa eso? - Esto no se quemará

¡Aquí escribiré mi testamento!

"Todo para Richard". - Madre...

- ¿Te acuerdas cómo te enseñé los números y la poesía luterana?

Ves, puedes recordarlo.

Te enseñé a bailar e idiomas.

Y toda la música que conocía y a amar lo que es hermoso.

Un hijo con el corazón dulce y estábamos juntos cada día.

- William, dile al rey francés que lo recibiré en el salón.

- Si. Señor

- En media hora.

- ¿En media hora? Bien.

- Obviamente no verás una palabra verdadera en los términos de Henry.

- Si es una advertencia, gracias. - ¿Y, si fuera una oferta?

- El "si... 'es un juego para débiles. ¿Y si un ángel se sienta en alfileres?

- ¿Y Si yo fuera rey?

- Es tu juego, Geoff. Tú debes jugarlo.

- John.

- He hecho esto para padre y todas las piezas funcionan.

- He tardado meses. No soy tonto. - Este es mi plan.

- Leo en tres idiomas y he estudiado Leyes.

¿Qué plan? - Debemos hacer un trato con Felipe.

- ¿Por qué? - Porque ahora Richard va ganando.

- ¿Qué clase de trato? - Una guerra.

Si los tres nos unimos podemos eliminar a Richard.

- ¿Quieres destruirlo?

¿Y a madre también?

- A madre también ¿Lo harás, vamos adelante?

- Debo pensarlo. - No hay tiempo.

Ahora somos príncipes sobrantes. ¿Sabes adónde van esos príncipes?

- Fuera.

- Bueno, ¿quiere John una guerra? ¿Sí o no?

- ¿Y tú? ¿Si John solicita tus soldados, los obtendrá?

- Si John desea una guerra. La tendrá.

- ¿Lo has oído John? - Todavía estoy pensando.

- Es tú o Richard en el trono.

- ¿Crees que ganaríamos?

- Seguro.

- Henry.

Escúchame.

- Desearía un poco de silencio. Tengo mucho que pensar.

- Me has prometido a Richard. - ¿Crees que lo decía en serio?

- Toda esa escena con John. - ¿Crees que lo abandonaría?

Soy su padre y es todo lo que tengo.

¿Debéis todos oír a quién queremos y a quién no?

- No me gusta que me pases de mano en mano ¿Qué soy un juguete?

O soy todo lo que tienes. Como John. - Debo conseguirla Aquitania para él.

- Yo hablo de gente y tú respondes con provincias.

- Para Eleonora, Aquitania no es una provincia.

Es un modo de torturarme. Por eso pasó la tarde con Richard.

Me encanta la forma cómo cayó.

"Te enseñé a tocar la flauta y a planear complots"

- Qué maravilla. Así soy exactamente.

Ya que bajaba. Traje estos regalos.

- ¿Qué me traes? - Como un crío, siempre preguntas.

- "Para Henry"

Pesa.

Es una lápida. Eleonora. Me mimas demasiado.

- No podría negarte nada. - No te vayas.

- Le molesta ver cuánto te necesito.

- Me necesitas como un sastre su dedal, Henry.

Conozco esa mirada. Ahora va a decir que me quiere.

- Tanto como a mi vida.

Hablo así para que no se sienta mal.

Bueno, ¿qué tal con Richard? ¿Le has roto ya el corazón?

- ¿Debería darme Aquitania? - Porqué no. Yo le daré el trono.

- El chico se pregunta si tus promesas son verdaderas.

- Para qué preguntar si el aire es puro cuando es lo que podemos respirar.

- Es exactamente lo que le dije. - ¿Te la dará? ¿te la devolverá?

- Aquitania no será para John.

- Debo darle algo. ¿No hay algún acuerdo posible?

- Amor donde resucitan los carpinteros. Todo es posible.

- Lo concebiste, es tu hijo, - Lo llevé en el vientre por 280 días.

Recuerdo cada uno de ellos. Tú sin embargo encontraste a Rosemund.

- A mi Corazón le gustaba especialmente esa mujer.

- Y muchas otras.

- Yo era tu conde. Fue mejor que ese conde con el que tú te acostaste.

- ¿Thomas Beckett? - Fue una mentira.

- Sí. Aún te importa lo que hago.

- Quiero la Aquitania para John. La quiero y la tendré.

- ¿Me torturarás, me escaldarás o descoyuntarás como a una bruja?

- Tengo los documentos y los firmarás.

- ¿Cómo me obligarás? ¿Con amenazas? ¿No me darás alimentos?

¿O con lágrimas? "Firma o mi corazón se romperá."

Soy como la vieja Tierra. No hay modo de convencerme.

- Te adoro. - Guárdate tu dolor. No me conmueve.

- Tengo una oferta para ti. Querida. - Un trato.

Le daré la provincia continental más rica a John...

¿para que'?

Dime genio, ¿para qué?

- Por tu libertad.

Una vez que Johnny tenga Aquitania. Serás libre.

Veranos en Londres, inviernos en la Provenza y visitas a Richard...

para que puedas ver sus matanzas. Todo eso por una firma.

- Eres bueno. - Creí que te gustaría, por el viaje.

- Sí, hasta que hice que Luis me llevara a las cruzadas.

Yo sola con una dama, una amazona, de camino a Damasco.

Luis estaba enfermo y yo casi muero cerca de Windberg.

Pero las tropas estaban encantadas.

Henry, estoy entre la espada y la pared.

Estar prisionera, encerrada...

cuando se ha conocido antes el mundo.

No sé cómo he sobrevivido.

Estos diez últimos años han sido. Inimaginables.

Y ahora tú...

me ofreces la única cosa que quiero...

a cambio de la única cosa que atesoro.

- Firma los papeles y daremos la buena noticia.

La reina es libre, John obtiene Aquitania y Richard se casa con Alais

- Sí... Hagámoslo.

Firmaré.

Con una condición. - Dila.

- Que la boda se celebre ya. - ¿Y eso?

- ¿Qué, te sorprende?

¡Es normal!

Llevan 16 años comprometidos. Ese es un largo camino.

John puede ser el padrino.

Y tú puedes llevar a la novia al altar. Quisiera ver como lo haces.

- Alais... puedo vivir sin ella.

- Y yo que creí que la amabas. - Así es.

Gracias a Dios. Pensé que no te haría daño.

- Eres una tragedia.

Deseo saber...

¿Te preguntas alguna vez?

¿Si me acosté con tu padre?

- ¿Con mi padre? - Es una mentira.

Pero hay rumores. ¿Nunca te lo preguntas?

- ¿Intentas humillarme. Es gratificante?

- No. ¡Entonces detente! - Como conseguirlo.

Para eso vivo. - Te lo mostraré. Por todos los santos.

Traed un sacerdote ¡rápido! Traed un sacerdote.

¡Tu! Que venga un obispo.

- Trae al viejo John y dile que se reúna con nosotros en la capilla.

- ¡John! ¡Richard! ¡Geoffrey!

- ¿Qué pasa? - ¿Qué ocurre?

- Richard se casa. - ¿Casarse?, ¿Ya?

- ¿Se va a casar ahora? - Siempre admiré tu rapidez mental.

- Malvada mujer. Tú no puedes herirme, pero tu sí, padre. ¿Por qué?

- Porque así lo ordeno. - El obispo espera en la capilla.

- Bien, acabemos con esto. - Serás una novia preciosa.

- Lo dices como si fuera a pasar. - Lo creo.

- ¡Sólo está conspirando! - No esta vez.

- Nunca renunciarás a mí. - ¿Tu crees?

- Me lo dijiste.

- No eres mía y no guerrearé por ti. - No te creo.

Espera diez minutos.

Richard no me quiere.

Por favor.

No lo haré.

Henry, por favor.

No, Henry.

No... no... por favor. No...

No, Richard. No... por favor, déjame, Henry.

¿Por qué renuncias a mí? ¿Qué ganas con ello?

- La Aquitania. Por supuesto - ¿Qué ganas?

- Tu madre obtiene su libertad y yo Aquitania. ¿No es ese el trato?

- Por supuesto. Sólo pretendías. - Lo dije todo en serio.

- No habrá ninguna boda. - Pero hijo. John espera.

Tengamos esta boda por mi bien. No es tanto pedir.

- No. - Se lo prometí a Felipe.

- Al diablo con la boda y tu posición. - Tú eres el rey de Francia, haz algo, por Dios.

- Venga, asústame. - Nunca pretendió casarte.

- ¿Qué has dicho? - Eres bueno creando iras.

- Chaval, nunca llames mentiroso a un rey a la cara.

- No soy un chaval... Ante nadie.

- Viniste exigiendo una boda o el condado. La respuesta es no a ambas.

- Tienes pactos con Francia. - Es guapa, pero yo estoy vivo.

- No se vive en dos sitios a la vez. - No es mi plan, chaval.

- Miren al león. Ven y asústame. - No lo eches a perder, Richard.

- ¿Qué tal tu pierna mala? ¿Y tu espalda? Te haces viejo.

- Ya tengo 50 años. Soy el más viejo de todos los que conozco.

Soy diez años más viejo que el Papa.

¿Qué va a ser? ¿El hijo pródigo cuando tenga 85 años?

- Tu Henry yace enterrado.

- Lo sé. Le he visto.

- Tengo la Corona. - Tienes lo que tu padre te dé.

- Soy el siguiente en la sucesión. - ¡A nada!

- Eso lo veremos en el campo de batalla.

- ¿Me declaras la guerra? - Sí. Tengo 2000 soldados listos.

- ¿Pueden oírte? - No te atreverás a hacerme prisionero.

- Hasta que acordemos que John me sucederá, puedo hacerlo.

Eres hijo de rey y serás libre dentro del castillo.

- El castillo no me detendrá.

- Vuelvo a ser rey. ¡Fantástico!

¿Te alegras por mí, Geoff? - Me alegro por los dos.

- Has jugado bien. - Sí, te engañé, ¿no?

Me encanta ser rey.

- Bueno, Henry, señor ¿Y ahora qué?

- No lo sé, sé que voy ganando y ganaré.

Pero el siguiente movimiento.

Te asustaste, ¿no? - No.

- Yo Creo que lo estabas. - Yo sí lo estaba.

No debes jugar con los sentimientos. No con los míos.

- No me era posible perderte.

Creo que te quiero más de lo que pensaba.

Tienes una cara enigmática. Me pregunto qué sentirás.

- Estoy encantada. Estoy encerrada con mis hijos.

¿Qué madre no sueña con algo así?

Una cosa.

- ¿Si?

- ¿Puedo ver cómo la besas? - ¿Puedes parar alguna vez?

- Te veo cada noche. Cuento con ello antes de irme a dormir.

- Déjalo ya.

- Mi curiosidad es intelectual. Quiero verlo precisa que soy.

- Ignora al dragón que hay en la puerta.

Cree que te quiero.

Cree que soy tuyo para siempre.

Cree en la felicidad que me das.

Y cree...

¿Quieres más?

Soy un hombre viejo en un lugar vacío.

No me dejes.

- Qué bella me haces...

¿Y si mi hijo salomónico hubiera visto esto?

No puedo. Hice chocar las espadas...

y he vuelto a perder.

Estoy acabada por ahora.

Bueno... habrá otra Navidad.

Te colgaría de mis pezones, pero podrías escandalizar a los niños.

Se besaban con dulzura.

Lo conseguiré la próxima vez. Puedo esperar.

Ahí estás.

Mi refugio y compañía.

Estaremos encerradas otro año más.

Cuatro estaciones más.

Qué desolación.

¡Que manera de vivir!

¿Es esto demasiado? ¿Te ciega tal vez mi belleza cuando te acercas?

- Feliz Navidad. - ¿Has venido a decirme eso?

- Pensé que lo apreciarías.

- Hola, Canciller. Pruébatela para ver que tal está de talla.

- Recuerdo mi tercer cumpleaños.

No los regalos.

Sino quien hizo algo a quien.

Y no recuerdo nada más de vosotros que la indiferencia.

- ¿Por qué? - No lo sé.

- Esa no es una pregunta fácil y no merezco una respuesta fácil.

- Creo que hubo momentos en que no queríamos a ninguno de nuestros hijos.

- Sigue siendo demasiado fácil. - Estoy cansada.

Y tú quieres una respuesta sencilla y no la tengo.

Estoy harta de todos vosotros.

- Quería venir a conversar un poco. - Madre está cansada.

Ven a aguijonearme mañana. Estaré más despierta

- No tengo ganas de pelear hoy. - ¡Bastardos!

- ¿Qué pasa? - Somos prisioneros, por si interesa.

- Soy su prisionera de cualquier modo.

- Corrígeme, pero creí que querías el trono de Henry para mí.

- No podemos ganar esta vez, Richard. - ¿Crees que me rendiré?

- He sufrido más derrotas que dientes tienes en la boca.

Traga tus preocupaciones como un buen chico y vete a la cama.

- Seré rey. - Sí, pero no este año. ¡Déjalo ya!

Déjalo por ahora. - No puedo.

- ¿Es tan difícil? Repite conmigo John gana. Yo pierdo.

- ¿Y si John muriera?

- No te atreverás. - ¿Por qué no?

- Tiene un puñal. - Todos los tenemos. Es 1183 y todos somos bárbaros.

Lo voy a decir claramente. Hijos. Nosotros somos el origen de la guerra.

No las fuerzas de la historia. Ni los tiempos. Ni la justicia...

Ni su falta, ninguna causa.

Ni la religión. Ni las ideas. Ni el gobierno, ni otra causa.

Somos los asesinos. Respiramos la guerra.

Como la sífilis en los cuerpos que se pudren en los campos y ríos.

¿Es que no podemos amarnos los unos a los otros?

Así empieza la paz.

Tenemos tantas razones para queremos.

Y tantas posibilidades. Hijos. Podríamos cambiar el mundo.

- ¿Y qué haría Felipe mientras? - ¡Ay, Felipe!

Íbamos a empezar una guerra. Si padre se entera me arruinaré.

- Tranquilo: Menudo consejero eres. - No hagas nada sin mí.

- Ha hecho un pacto con él. Tú se lo recomendaste.

Y se ha desheredado a sí mismo. Cuando Henry se entere.

¿Puedes alejar a John de Felipe hasta que yo lo diga?

- Vale.

Richard, debes irte antes de que se sepa. Por eso necesitas a Felipe.

Prométele el condado.

Y cuando estés libre y John caiga en desgracia, haremos planes.

- Tú eres la diplomática. Ve y habla tú con él.

- Tú lo conoces y sois amigos. Yo no.

Y Richard...

Prométele lo que sea.

Tengo a mi chico. El loco cree que quiere a Johnny...

Cree que de eso se trata la vida...

Cuchillos...

Cuchillos... cuchillos...

Mi espejo. Soy Eleonora y puedo verlo que sea...

Qué chica tan guapa.

¿Cómo pudo su rey abandonarla?

- ¿Fel¡pe!?, ¿Felipe?

Funciona. Por la mañana podría ser el hijo elegido y la corona venir a mí.

¿Sigues a mi lado? Debemos estar unidos contra ellos. ¿Tengo tu palabra?

- ¿Tengo la tuya? Toda Inglaterra estará en Francia si te apoyo.

- ¿Somos aliados? - Nacimos para serlo.

- Nada de solemnidades. Padre debe saber que John es un traidor.

- Apestas, eres un apestoso.

¡Te mataré!

- Si tú eres un príncipe, qué serán los monos de Africa.

Yo te había salvado. No iba a ir donde padre pero él sí.

Te iba a acusar a Henry y así traicionarte. Mira su cara.

- Es verdad. Ya no sé quiénes son mis amigos.

- ¡Felipe!, ¡Felipe!

- ¿Podemos? - Para eso son.

- ¿Richard? Hola, Richard.

- Ya te ibas a la cama. Esperaré a mañana. - Adelante.

- Me envía Eleonora. - Entra igualmente.

¿Qué discusión nos impide disfrutar esto? Primero hierve.

Y cuando lo dejamos enfriar se transforma en brandy.

- Henry me ha hecho prisionero. ¿Te parece encantador?

- No. - Y ¿por qué sonríes?

- Estaba recordando la última vez que estuviste en París.

¿Hace ya dos años? - Es posible. Necesito un ejército.

- Te quitará el frío.

- Los necesito. - ¿Soy mayor?

¿Soy viejo?

Han sido dos años intensos. He estudiado y entrenado para ser rey.

- Respondeme. ¿Sí o no? - Lo sabrás, cuando te lo dé.

Cambié.Ya no soy el chico a quien enseñaste a cazar hace dos años.

¿Recuerdas? Tú por delante y yo corriendo detrás de ti.

Pobres patos. No te vayas.

- Debo saber si me ayudarás o no. - Siéntate y hablemos de ello.

¿Nunca escribes? - A nadie.

¿Por qué hacerte rey de Inglaterra. No preferiría a Geoffrey o John?

¿Por qué luchar?

- ¿Lucharíamos? - Ya lo estamos haciendo.

Buenas noches.

- Sigues siendo un niño. - A veces. ¿En qué sentido?

- No has dicho el precio de tu ayuda. - Dímelo tu.

- Te daré el condado y Bretaña.

- Bretaña es de Geoffrey - ¿Eso importa?

- A Geoffrey si, ¿Qué más?

- Eso vale tu ayuda. - ¿Y qué quieres a cambio?

- 2000 soldados. - ¿Y?

- 500 a caballo. - ¿Y?

- Armas y equipos. - ¿Y?

- No escribí porque creí que no responderías.

- Te casaste.

- ¿Eso importa?

- ¿No importa?

- Esos dos años fueron un infierno.

- ¿De verdad? Nunca te vi allí.

Aún no has dicho que me aprecias.

- Todo a su tiempo.

- ¿No es demasiado tarde?

- Esperaba que vinieras. - Bien.

No podíamos dejar las negociaciones así.

- Sigo buscando a tu padre en ti. - El no está aquí.

- Lo extraño. ¿Han venido Richard o la reina a verte?

- ¿Importa? Si no lo han hecho aún, lo harán.

- Quiero compensarte más. Te ofrecí poco antes.

- Sí, nada es demasiado poco. - Es una pena que no te caiga mejor.

Tu padre siempre decía: "Ama a los que son más fuertes que tu."

- Por eso quería a todo el mundo.

- He venido en son de paz. - Me río de tu paz.

- Tu padre habría llorado. - Mi padre era un llorón.

- Lucha contra mí y perderás.

- No puedo perder. Henry. Tengo tiempo.

Mírate a ti mismo Henry. Tienes armas fuertes y pesadas...

pero cada año pesan más. La arena sigue cayendo en el reloj.

Yo no tengo prisa, Henry. Tengo tiempo.

- Imagínate si digo que estamos en guerra con Francia.

- Francia se rinde.

No necesito luchar para ganar.

Captura lo que quieras, no durará mucho tiempo.

- ¿Qué clase de valor tienes? - El que viene con los títulos.

Va y viene.

- Me encantaría enfrentarte a Eleonora ¿Más brandy?

- ¿Lo reconoces? - Las cosas hervían antes de irnos.

Las cosas están un poco grises para Henry.

¿Verdad?

Dale a Richard todo lo que pida. Armas, soldados, lo que quiera.

- Seria estúpido no hacerlo.

- ¿Pero te lo llevarás todo antes de que empiece la batalla?

- ¿Tú no lo harías en mi lugar? - Mis hijos lucharán en tu lugar.

- Exacto.

- Tienes una promesa, chaval. - Gracias, señor.

- Buenas noches. - Pero si aún no hemos acordado nada.

Abrimos los regalos al mediodía. - ¡Esto no puede quedar así!

- Claro que si. Ha sido un placer.

- ¿Qué ha sido muy satisfactorio? - Vencer.

Habrás notado que he ganado. - No he notado nada.

No has ganado nada.

- Descubrí como eres y piensas, tus planes y expectativas.

Tu estrategia y todo lo que harás y lo que no harás.

Y no te he dicho absolutamente nada.

Así es como se vence. Buenas noches. - Tú...

Tú anulaste a mi padre.

Siempre fuiste mejor.

Lo creaste y te divertiste con su mujer.

Venciste en cada guerra e incumpliste cada tratado.

Le tomaste el pelo y luego hiciste que te quisiera por ello.

Sus últimas... palabras de cariño fueron para ti.

- Era un hombre cariñoso y no aprendiste nada de él.

- Aprendí cómo viven los padres en sus hijos.

Un rey como tú se prepara para todo.

Pero. ¿Qué piensas de la sodomía?

¿Qué piensa la Corona de chicos que aman a otros chicos?

- Richard halla sus modos en leyendas. Comparemos con tus modos.

- Lo conocí a los 15 años. Estábamos cazando y ya estaba casi oscuro.

Mi caballo tropezó y me caí.

Cuando me desperté Richard me acariciaba...

me preguntó si le quería.

"Felipe, ¿me quieres?" Y yo le dije que sí.

¿Sabes por qué le dije que sí?

Para poder contártelo todo algún día.

No puedes imaginarte lo que me costó ese "sí".

Fue como abrazar a una prostituta...

y hacer una mueca parecida a una sonrisa y decir:

"Sí... te quiero."

"Y te encuentro... hermoso."

No sé cómo pude hacerlo. - ¡No! ¡no fue así!

- Fue así.

- Me amabas.

- Nunca.

- Vete... Por favor.

No quiero que estés aquí. - No es un gran placer estar aquí.

- La guardia real me halla perverso. - Espera que tu madre lo sepa.

- Ella lo sabe, ella me envía. - Eres igual que ella.

- Has tenido cuatro hijos. ¿Cuál de ellos reclamas?

No a Henry, él está muerto. Ese gran idiota.

¿Por qué siempre él y nunca yo? - Era el mayor e Iba antes

¿Es eso todo Henry? - Tú elegiste a Eleonora.

- Tú nunca me llamaste. Nunca dijiste mi nombre.

Habría caminado, habría gateado. Habría hecho cualquier cosa.

- No es mi culpa y no tendré sentimientos de culpa.

- Yo sólo te quería a ti. - No. Tú querías mi corona y reino.

- Quédate con tu reino. - Eso espero.

- Y espero que te mate.

- Gracias a Dios que tengo otro hijo. Gracias a Dios tengo a John.

- ¿Y qué le debemos a Geoffrey? No me respetas mucho.

- La verdad es que no pienso nada en ti.

- La niñera decía que tenía tus manos. Tal vez tenía más de ti.

No soy tan buen guerrero como Richard. Pero yo no te traicionaba.

De John no tengo... ¿Qué tiene John? Pero él también te ha traicionado.

- ¿Crees que te haría rey? - Sí, pues soy lo único que tienes.

Iba a ser su canciller por empujar a John hacia la traición.

- No dudo que te lo ofreciera y que lo intentaras. No dudo del amor de John.

- Tanto como un glotón a la comida.

- ¡Embaucador!

- ¿Y John?

- No es lo que piensas. - ¿Y qué es lo que pienso?

- Lo que Geoffrey dijo. No planearía complots contra ti.

- Lo sé pequeñajo.

- ¿Puedo irme ya? Es tarde y debería estar en la cama.

- ¿No pudiste creerme y confiar en mí? Era todo tuyo.

- ¿No me vas a escuchar?

- ¿Para quién he creado todo esto? - ¡Para mí!

- Para mí, ¿cuando será mio? ¿cuando estés muerto?

- Yo te quería. - Eres frío y no quieres a nadie.

- Soy lo único que te queda. Aquí estoy.

- Leer sobre mi vida será más brillante que haberla vivido.

Henry el valeroso, rey a los 21 años, bravo soldado en su tiempo.

Reinó con justicia y bondad durante 30 años...

En un reino más grande que el de Carlomagno.

Se casó sin amarla con una mujer sin leyenda.

Ni en Alejandría ni en Roma, ni Camelot ha existido una reina así.

Le dio descendencia... pero ningún hijo.

El rey Henry no tuvo hijos.

Tuvo tres bestias peludas pero las desheredó.

¡No sois míos! No estamos emparentados.

¡Reniego de vosotros! Ninguno de vosotros obtendrá mi reino.

¡No os dejaré nada y os deseo lo peor!

Que todos vuestros futuros hijos enfermen y mueran.

Mis hijos se han ido.

He perdido a mis chicos.

¿Te atreves a maldecirme? Yo te maldigo a ti.

¡Maldito seas!

Mis hijos se han ido.

Les he perdido.

Ay. Jesús...

Todos mis chicos.

- ¿Henry?

- No te molestes ya nadie canta villancicos.

Cuando era pequeña. La Navidad era un periodo de gran confusión para mí.

La tierra sagrada tenía dos reyes, Dios y el tío Raimundo.

Y nunca supe de quién era el cumpleaños que celebrábamos.

- Henry no está aquí. - Así podemos hablar a sus espaldas.

- ¿Que ha pasado? - ¿No lo sabes?

Hubo una escena con personajes que salían de detrás de las cortinas.

Vino especiado... Se me había olvidado que a Henry le gustaba.

- ¿Puedo quedarme? - La habitación es tan tuya como mía.

Ambas estamos de prestado.

- Y como los pobres tres en una cama.

- ¿Quisiste a Henry alguna vez? - Sí, hace siglos.

- ¿Antes de tiempo de Rosemund? - No hay ni documentos de entonces.

- Hay retratos. Era más bella que tú. - Mucho más.

Sus ojos eran a veces violetas y sus dientes raramente perfectos.

Sonreía demasiado. Pero masticaba con verdadera distinción.

- ¿Y la sigues odiando todavía? - No. Ya no.

Él la puso en mi lugar y eso fue muy duro.

Como tú, ella presidía la mesa, en mi sitio.

- Así que la envenenaste. - No. Yo no ordene su muerte.

Rogué que muriera y sonreí un poco cuando sucedió.

¿Por qué no estás feliz? Henry se queda contigo.

- Quiero sentir compasión por ti, pero siempre acabo sintiendo otra cosa.

- ¿Compasión?

- Tú amas a Henry, pero sólo piensas en su corona.

Lo miras a él y ves ciudades, campos, costas e impuestos.

Todo lo que yo veo es a Henry. Déjalo para mí.

- Hace años que lo abandoné.

- Y yo que creí que podría conmoverte. ¿Fuiste siempre así?

Cuando era pequeña y te adoraba, ¿es así cómo eras?

- Probablemente.

Hija, estoy acabada y he venido a darle cualquier cosa que desee.

- ¿Sabes qué me gustaría recibir por Navidad?

Me gustaría verte sufrir.

- Alais, sufriré sólo por ti.

Tranquila. Mi pequeña.

- Tengo miedo. - No. No.

- El cielo está lleno de estrellas.

¿Qué ojos tendrán los sabios para ver una nueva?

- Tienes frío. - He calentado un poco de vino.

- Me pregunto si entonces había menos estrellas.

No lo sé. ¡Que misterio! ¿Qué es esto?

- Vino con especias. - ¡Ha! Si.

Eres tan bella como recordaba.

- Vete. Mi viuda desea verme. - Quiere saber cuáles son tus planes.

- Quiere que vuelvas con ella. - Vete a tu habitación.

¿Así que quieres volver conmigo?

- Ella lo cree. Cree que la necesidad de amar nunca termina.

- Tiene algo de razón.

Es fascinante que tras estos años seas como un puente levadizo...

que se levanta y baja para todo el mundo.

- A mi edad ya no hay mucho tráfico.

- Por tu eterna salud.

- Bueno, ¿qué pasa por tu mente? - Acabo de ver a Richard.

- Un chico espléndido. - Dice que peleasteis.

- Siempre lo hacemos. - ¿Pretendes desheredarlo?

- Supongo que me ablandaré. - A mí no me importa.

En realidad me pregunto si algo me importa, empiezo aburrirme.

- Podría oírte mentir horas. Así que tu deseo ha despertado.

Delicioso.

- Henry, estoy tan cansada. - Entonces duerme.

Duerme y sueña con un Henry con crutones Henrik a la brasa.

- ¡Detente Henry! - Aún no he empezado, Eleanor.

- ¿Qué es lo que quieres? Si quieres firmaré los papeles.

¿Quieres Aquitania para John? Es tuya, de él o de quien sea.

- ¿A cambio de qué? - Por nada, sólo un poco de paz.

Envíame a Inglaterra, enciérrame, tira a llave y déjame estar sola.

Tienes mi juramento.

Te doy mi palabra.

- ¿Quieres una almohada? Para arrodillarte.

Tus juramentos son blasfemias y tu firma un despilfarro.

Estoy hablando así que, por dios, presta atención.

- ¿Cómo hemos podido llegar...?

¿a estas Navidades?

- Paso a paso.

- ¿Qué pasará conmigo ahora? - Mucha curiosidad en una gata.

Si quieres conocer mis planes sólo tienes que preguntar.

- Conquista China, saquea África y hazte con Gales. Me da igual.

Sólo déjame traspasar mis tierras a John y que me vaya a la cama.

- Es demasiado y no puedo aceptar. - Venga. Firmaré lo que sea, hagámoslo.

- No. No creo que quiera tu firma en nada.

- ¿No la quieres? - Todavía me gusta molestarte.

- ¿No quieres mis tierras para John? - Has dado en el blanco.

- No soporto cuando sonríes. - Lo sé. Lo sé.

- No quieres a Richard ni a John. - Lo entendiste.

- Vale. Pues sorpréndeme. Dímelo.

¿Qué es lo que quieres?

- Una nueva esposa.

- O sea que... quieres la anulación.

¿Es así?

¿Me anulará el Papa?

- El pontífice me debe algo. Así que creo que sí.

- Fuera Eleanora, que entre Alais.

¿Porqué? - Una nueva esposa me dará hijos.

- Eso era lo único de lo creía que ya tenías bastantes.

- Quiero un hijo.

- Podríamos llenar una ciudad con chicas de pueblo y chicos.

¿Cuántos? Ayúdame a contar los bastardos.

- Todos mis hijos son bastardos.

Realmente lo harás. - Sí, con todo mi corazón.

- Tus hijos son parte de ti. - Como verrugas y me las quitaré.

- Los creamos. Son nuestros chicos. - Lo sé. Y que Dios los ampare.

Geoffrey es ideal. No es de carne y hueso. Es un engranaje perfecto.

Y Johnny... ¿Fue su última traición idea tuya?

Lo pillé mintiendo y me dije que era joven.

Lo pillé haciendo trampas y dije que sólo era un niño.

Lo vi robar, patear y humillar a sus siervos...

y ya no es un niño, sino el hombre que nosotros creamos.

- John es tu obra. - Y Richard la tuya.

¿Cómo pudiste enviarlo a negociar con Felipe?

- Estaba cansada y preocupada.

Ellos eran amigos. - Eleonora. El era el mejor,

Desde la cuna te lo quedaste. Nunca tuve una oportunidad.

- Nunca quisiste una. - No sabes de qué hablas.

Podías soportar la separación de tu marido. Pero no de tu hijo.

- Lo que quiera que haya hecho, tú me llevaste a ello.

- Me echaste del lecho por Richard. - No hasta que llegó Rosemund.

- Eso es sencillo. Y creo que no fue tan fácil.

- Yo te adoraba. - Nunca.

- Todavía te adoro.

- De todas tus mentiras esa es la más terrible.

- Lo sé. Por eso la guardado hasta ahora.

Ay. Henry. Hemos destruido todo lo que hemos tocado.

- Niégalo si quieres, pero nos ha ido bien.

¿Te acuerdas de cuándo nos conocimos?

- Hasta el último segundo y el color de tus medias.

- Casi no podía distinguirte del sol. - Llovía, pero no importa.

- Recuerdo que hablamos muy poco. - Muy poco.

- Nunca había visto belleza igual. Caminé hacia ella y la toqué.

¿Dónde encontré el coraje? - En mis ojos.

- Yo te quería.

- No habrá nulidad.

- ¿Qué? - No habrá nulidad.

- ¿No? - Me temo que te quedarás sin ella.

- Bueno, era un capricho. - Es un consuelo. No quería perderte.

- Por curiosidad y de intelectual a intelectual...

- ¿cómo podrías llegar a perderme?

¿Nos vemos alguna vez? ¿Estoy alguna vez contigo o cerca?

¿Nos escribimos? ¿Fluyen los regalos por el Támesis?

¿Nos recordamos? - Tú eres recordado.

- Tú no formas parte de mí. ¿Cómo podrías perderme?

- ¿No sientes el cambio? - Sabes que es imposible pararme.

- No necesito pararte sino retrasarte.

Tenia enemigo y a sus amigos, lo que te costará más tiempo.

- ¿De qué hablas? Yo no estoy enmohecido y estoy bien.

Me quedan muchos años. - ¿Cuántos? imagina que te anulo.

Imagina que tu primer hijo muera, el nuestro murió.

Imagina que luego tienes una hija. Eso también es posible.

¿Qué edad tendrá "papá". Entonces?

¿Qué clase de descendencia débil, aguada, enferma...?

¿y torcida obtendrías?

- Gracias por tu preocupación.

- Y cuando lamentablemente tuvieras que morir...

¿qué pasaría con la frágil Alais y su principito?

No es que Richard se quedara esperando a que tu monstruo creciera.

- No dejarías que hiciera algo así. - Lo empujaría por la sala del niño.

- No eres tan cruel.

- No amenaces, esperaríamos a que murieses para hacerlo.

- Eleonor. ¿qué es lo que quieres?

- Lo mismo que tú. Un rey que sea un hijo. ¿Crees que quiero desaparecer?

Sólo tengo un hijo. Tú lo dejas de lado y luego me llamas cruel.

En estos 10 años has vivido con lo que perdí, amando a otra mujer...

¿y piensas que soy cruel?

Podría pelarte como a una pera y hasta Dios lo llamaría justicia.

- Moriré dentro de poco. Un día me levantaré con demasiada lentitud...

y en Westminster cantarán "larga vida al rey" para otro.

Te ruego que dejes que sea un hijo mío. - No me conmueve hasta las lágrimas.

- No tengo hijos. - Tienes muchos, no necesitas más.

- Deséame suerte que me voy. - ¿A Roma?

- Allí es donde está el Papa. - No te atreverás a ir.

- Que preparen mis caballos. Dentro de poco contarás tus días grises.

- Si vas a Roma nos levantaremos contra ti. - ¿Quién?

- Richard, Geoffrey, John y Eleonor de Aquitania.

- Si os unís volarán los cerdos. - Habrá cerdos en los árboles mañana.

Les das una razón para rebelarse. Nuevos hijos. Perderás.

- ¿A todos a la vez? - Y Felipe se nos unirá.

- Lo haría.

- Buen viaje a Roma. Te he atrapado.

Te tengo atrapado.

- ¿Debo llevar 1000 hombres o es demasiado poco?

- Es un farol.

- Has calculado mal, pobrecita. - ¿De verdad? ¿Cómo?

- Debiste mentir y prometer que serías buena mientras no estuviera.

Así tus hijos podrían haber intentado atacarme.

- No te atreverías a encerrar a tus hijos aquí.

- Ya lo hice en Chinon. - Te lo prohíbo.

- Ella me lo prohíbe. - ¿Se acostó tu padre conmigo o no?

- Sin duda me dirás que lo hizo. - ¿Te molestaría?

- Me llevaré a los mil hombres y tú te irás al diablo.

- No me dejes Henry. Soy de piedra y haré cualquier cosa para detenerte.

- Crees decirlo en serio. - Pide algo.

- Eleanora, ya pasé esos años. - Pruébame. Nombres y...

- No necesito nada.

- Pregunta si forniqué con tu padre. - Ya está. Puedes morirte.

- Tú antes. Sólo espero vivir para ver como mueres asustado.

- Pobre Eleonora. Si mintiera. - Y mintió.

Dijo que nunca había amado a tu padre.

- Siempre he podido contar contigo.

- Nunca te toqué sin estar pensando: "Geoffrey, Geoffrey."

- El día que me hagas daño lo gritaré.

- Te puse más cuernos de los que Luis nunca pudo usar.

- No me importa. - Te mataré si me dejas.

- Inténtalo. - Amaba el cuerpo de tu padre. Era tan bello.

- Nunca sucedió. - ¿Quieres que describa su cuerpo?

- Eleonora... Espero que te mueras. - Puedo sentir sus brazos.

Puedo sentir sus piernas.

Puedo sentir sus brazos

¿Te he hecho daño?

¿No sabías? Estabas en la habitación del lado cuando lo hicimos.

Bueno, ¿qué familia no tiene sus altibajos?

Tengo frío. No puedo sentir nada.

Nada de nada.

No podríamos volver. ¿No, Henry?

- ¡William!

Arriba Todos arriba.

Levantaos.

¿Qué esperáis?

Arriba.

Cuando vuestro rey está montando, nadie duerme.

¡Arriba!

Holgazanes. Levantaos.

Decidle que recoja. Se irá apenas aclare.

¡Venga! ¡venga!

Moveos... ¿dónde vais vosotros? Rápido.

- ¿Henry? - Estamos recogiendo, nos vamos.

- ¿Estamos en guerra? ¿Qué pasó? - Como siempre nada. ¿Puedes creerlo?

- ¿Dónde has estado toda la noche? - Reunido con mi séquito.

- ¿Para qué? - Vamos a Roma a ver al Papa.

- ¿Te ha excomulgado de nuevo? - No, va a ponerme en libertad.

Anularé a Eleonora. Se sorprenderán al saber que la boda no se consumó.

- Sé serio. - No. Parece que tú y yo nos casamos.

Por el Papa en persona.

- ¿Lo dices en serio? - ¿Debo ponerme de rodillas?

- ¿No es otra jugarreta? - Todos se preparan en los establos.

- Hallará el modo de detenernos. - Se irá a South Britain.

- Si ella no nos detiene lo hará Richard.

- Lo encerré en la Cueva de vinos y se añejará con el oporto.

Aún no has dicho "sí". ¿Quieres una petición formal?

Mi sello está en todas las monedas.

Triste Alais, ¿querrás casarte conmigo?

Nos querremos y me darás hijos. Al menos seis.

Y honraremos a Eleonora. Si quieres, llamando Luis al primero.

Luis el Primero. ¿Qué tal para un rey de Inglaterra?

- Henry, no podrás dejarlos nunca en libertad.

- Me estoy perdiendo ¿A quién? - A tus hijos.

Los has puesto en las mazmorras y ahí deberán permanecer para siempre.

- Lo sé.

- Si salen cuando mueras. Será la mazmorra o el convento para mí.

- ¿Y que hay del niño? - Ni siquiera ha nacido todavía.

- Si salen, lo matarán.

Y yo no viviré para ver cómo asesinan a nuestros hijos.

Henry.

¿Vas abajo?

¿Para soltarlos o para dejarlos encerrados?

- Podrías decirle a un hijo tuyo:

"Has visto la luz del sol por última vez."

- ¿Puedes hacerlo, Henry?

- Tendré que hacerlo, ¿no es así?

- Aquí está.

De mí no obtendrá satisfacción alguna. No voy a rogarle.

- Tiemblas. Tonto. Como si ninguno de los que estamos aquí importáramos.

- Cuando todo haya acabado, será eso lo que importe.

- Mi barca se irá con la marea y he venido a despedirme.

- ¿Sabe Henry que estás aquí? - Os he traído algo a cada uno.

- ¿Qué planea? ¿Nos dejará aquí? - Es para ocasiones especiales.

- ¡Por Dios!

¿Cómo pasó esto por la guardia? - Con el caos se puede salir bien.

- Él nos esperará, pero necesitaremos un ejército. Debemos correr.

- ¿Correr? Creo que deberíamos quedarnos hasta que venga.

¿Quedamos aquí? - ¿Vendrá? Vendrá solo.

Tres cuchillos a uno. - ¿Crees que podríamos?

- Yo lo haré mal. Vosotros lo matáis y yo miraré.

- ¿A dónde vas? - Necesito aire.

- No la detengas. - No crees que dejaré que esto pase.

- Si hablas habrá ejecuciones, y no querrás perdernos.

- Eres listo, pero me pregunto si estás en lo cierto.

- Es nuestro fin o el de él. ¿Queda eso claro?

- Tomad los cuchillos y corred. - No, Geoffrey tiene razón.

- Tú no eres un asesino. - Vuelve a mirar.

Déjame. Tú trajiste esas cosas. Si quieres morir hazlo tú.

- ¡Eres una bestia! - Dime, ¿de qué naturaleza somos?

Si el veneno nos ve crecer, y los niños nacen con la espalda torcida...

Los perros enloquecen y las esposas matan maridos.

¿Qué es natural? Soy tu cordero cubierto de besos.

- Tú no eres mío. Yo no soy responsable.

- ¿Dónde crees que lo aprendí y a quién he estudiado?

¿Cuándo fue la primera vez que te vi pelear con Henry?

- Eras joven, no lo sé. - ¿Cuantas batallas he presenciado?

- Esas eran peleas y no cuchillos tras una puerta.

- ¿Qué pensabas cuando peleabas con él?

- En ti. Lo hice por ti. - ¿Estás segura de ello?

Tú querías a padre muerto e intentaste matarlo, ¿no?

- Sí.

- ¿Por qué querías matarlo?

- Quería que Henry volviera a mí. - ¡Mentirosa!

- Yo quería a Henry.

- No confíes en ella. Le avisará si puede.

- Vaya Vaya. ¿Qué podéis hacer con vuestra madre?

- Os he traído algunas velas.

Lo que se hace en las mazmorras. Necesita la luz del día.

Robé las velas de la capilla.

Jesús no las extrañará y el capellán trabaja para mí.

- Te veo horrible. - Tú también.

- Dormí demasiado poco.

- Dentro de poco todos podremos descansar.

Ahí. Así está mejor.

Brillante y Clara como la mañana.

Eres un hijo bello.

- ¿Qué quieres de nosotros? Debes haberte vuelto loco.

¿A qué has venido? ¡Para qué has venido!

- Tú eras el mejor. Se lo dije a ella.

Y a ti te quería.

- Nos dejarás aquí. Sabes que no podrás dejarme salir.

Nunca pararé.

- Yo tampoco puedo detenerme.

Unos chicos valientes. Eso es lo que tengo.

Venid a por mí.

¿Qué pasa? Eres Richard, ¿no?

- Pensé que eras Henry.

- Por favor acéptame otra vez. Déjame intentarlo otra vez.

- ¿De nuevo?

- Siempre lo hemos hecho antes. - Sí, siempre lo hemos hecho.

- ¡Sigue!

Ejecútalo.

Son asesinos, ¿no? Esto es una traición, ¿no?

Tú les diste la vida y ahora se las quitas.

- ¿Quién me da órdenes? Soy el rey y lo dejo así.

Pueda yo. Henry rey de los ingleses...

señor de Escocia. Irlanda y Gales...

Conde de Anjou, Bretaña, Poitou, Normandía y Main...

Gascoña y Aquitania. Os condeno a muerte...

al amanecer de la Navidad, en Chinon, en el año de 1183.

No es lo que pretendía.

Hijos...

Hijos.

Son todo lo que tenemos.

Iros. He acabado con vosotros.

He acabado con vosotros. Entre vosotros y yo ya no hay nada.

- Si eliminas lo podrido mimarás a esos chicos.

- No podía hacerlo Eleonora.

- Nadie pensó que serías capaz.

- Ven, querido.

- No quiero mujeres en mi vida. - Estás cansado.

- Podría haber conquistado toda Europa, pero había mujeres en mi vida.

Sal y vete.

Debí matarte hace años.

Me pusiste en esta posición y me hiciste cometer locuras.

- Échate la culpa a ti mismo no me culpes a mí.

Recógelo y carga con ello. Yo puedo hacerlo.

Mis pérdidas son mi trabajo. - ¿Qué pérdidas?

- Soy yo el que no tiene nada.

- Dices haber perdido el trabajo de tu vida.

Las provincias no son nada y las tierras no son más que polvo.

Puedo aceptar pérdidas como la tuya y reír.

Si estás así es porque eres frágil.

Yo te he perdido... a ti.

Y nunca más volveré a recuperarte.

Tú eres lo único que siempre he amado.

Tú no sabes lo que es "nada".

- Quiero morirme. - No...

- Quiero morirme. - Yo te abrazaré.

- Henry, quiero morirme. - Eleonora... Déjame que te abrace.

Quiero morirme.

- Tú sabes que eso sucederá algún día. Espera lo suficiente y sucederá.

- Así será.

- Estamos en el sótano, tú volverás a prisión, mi vida está perdida...

nos hemos perdido el uno al otro y tú estás sonriendo.

- Es mi forma de encajar la desesperación.

Hay de todo en esta vida, menos esperanza.

- Estamos los dos con vida.

Por lo que sé, eso es la esperanza.

- Somos criaturas salvajes, Henry.

Y la oscuridad nos rodea completamente.

Los ves. En las esquinas. Puedes ver sus ojos.

- Y ellos pueden ver los nuestros.

Estoy a la altura de cualquier cosa. ¿Y tu?

- Debería haber estado muy loca como para no enamorarme de ti.

- ¿Me dejarás salir en Semana Santa?

- Con el tiempo de la resurrección tal vez vuelvas a atacarme.

- Tal vez vuelva a hacerlo. - O tal vez no lo hagas.

- ¡Tú! Espero que no muramos nunca. - Yo también.

- ¿Crees que hay esperanzas para mí?

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