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(VOZ EN OFF) "Al llegar a la vejez,
Samuel, último de los grandes jueces israelitas,
instituyó en jueces a sus hijos,
confiándoles la guía del pueblo de Israel.
Pero sus hijos, por inclinación a las riquezas,
no siguieron su ejemplo.
Entonces, se reunieron los ancianos y le pidieron que designase un rey.
Samuel les previno acerca de los privilegios
que un rey adquiere sobre su pueblo,
pero ellos insistieron y Samuel, obediente a la voz del Señor,
ungió a Saúl, de la tribu de Benjamín,
como rey de Israel.
Saúl marchó al encuentro de los amonitas y los derrotó.
Después, condujo victoriosamente a su pueblo
contra los filisteos y los moabitas.
De nuevo, contra los amonitas.
Luego, contra el rey de Saba y de Edom
y derrotó también a los amalecitas,
librando así a Israel
de las incursiones de aquellos salteadores.
Pero, al aumentar su autoridad, crecía su soberbia
y Saúl empezó a desobedecer las órdenes del Señor".
(Música)
Date prisa, Abdón, se hace tarde, he de marcharme.
Samuel está allí.
¿Samuel?
¡Viva Samuel! (TODOS) ¡Viva!
¡Viva Samuel! (TODOS) ¡Viva!
¡Ah, qué gran día este, Samuel!
Vienes a bendecir nuestra victoria.
Bendito a tu vez seas tú.
Ven, honra la casa de tu siervo.
Adelante.
Ven a confortarte, estarás cansado.
Todas las órdenes del Señor han sido cumplidas.
No te preocupes, entra.
Conque se han cumplido.
Esos animales han sido capturados a los amalecitas.
El pueblo los ha salvado para sacrificarlos aquí,
en Galaad, en homenaje al Señor.
Las órdenes dadas por el Señor no se han cumplido fielmente.
Destruid todo cuanto exista en la tierra de Amalec,
seres humanos y animales,
exterminadlos a todos.
Eso había ordenado el Señor.
Ya te he explicado, Samuel, que el ganado será sacrificado
aquí, en Galaad.
¿Crees acaso que eso será suficiente para reparar tu desobediencia?
El pueblo estaba excitado y tuve miedo de que...
¿Y el rey?
¿Ha sido el pueblo el que ha salvado al rey de Amalec?
¿No habrás sido tú
que por vanidad has querido exhibir al enemigo vencido en la batalla?
Recuerda con quién estás hablando, Samuel.
Recuerda tú, recuerda lo que eras antes
de que el Señor te consagrase rey de Israel por mediación mía.
Pero ahora...
no quieres ya escuchar la palabra de Dios.
¿La palabra de Dios... o la tuya?
Vamos, Samuel, no seas tan severo.
He pecado, lo admito.
He transgredido las órdenes divinas, es cierto.
Anda, ven, vamos a rogar juntos al Señor.
Intercede por mí.
No.
No estaré ya nunca a tu lado.
No quiero ser cómplice tuyo, Saúl.
Has preferido apartarte de la voluntad del Señor
y Él ahora se aparta de ti.
Ya no serás el rey de Israel.
(Música intriga)
¡Samuel!
¡Samuel!
Samuel...
Hoy el Señor te ha arrancado la dignidad de rey de su pueblo
y se la ha dado a otro mejor que tú.
Dime quién es, Samuel.
Habla, te lo ruego,
¿quién es ese otro mejor que yo?
Dime su nombre.
Según parece, estás ya empezando a atormentarte, Saúl.
¡Dime quién es!
No lo sé.
Pero tú mismo, día tras día, verás acrecentar su gloria
y su poder con tus propios ojos.
Y te irás sintiendo pequeño,
cada vez más pequeño.
(Relinchos)
¿Qué noticias hay?
Nuestras vanguardias están en marcha desde el alba
y los filisteos han acampado en la explanada
que domina el valle del Terebinto.
Bien.
Nosotros acamparemos al otro lado. (ASIENTE)
-¡Ven aquí!
¿No has oído? ¡Verás como te coja!
¡Ven aquí!
Mi señor, le he sorprendido dentro de tu henil.
Desde que levantamos el campamento
nos sigue con sus ovejas para engordarlas con tu heno.
(RÍE) Hace tiempo que le tengo echado el ojo a este ladronzuelo.
No es verdad, no soy un ladrón.
Sigo a las tropas solamente para recoger lo que sobra.
Además, solo tengo siete ovejas.
¿Qué pueden necesitar siete ovejas, mi señor?
¿Es tuya? Sí, y me la quiere quitar.
Verás, se le he quitado, porque si no, de noche,
se pone a tocar justamente cuando estoy en lo mejor de mi sueño.
Pero si dices siempre que no duermes porque tienes mucho que hacer.
Sí, bueno, no me he explicado bien.
Lo que yo temo en realidad es que pueda perturbar tu sueño,
mi señor.
Entonces, eres tú quien desde un tiempo acá
hace las funciones de los gallos. (ASIENTE)
Toca para mí.
Anda.
(Música melancólica)
(Música)
¡Hace 40 días que os he estado lanzando mi reto
y todavía no lo habéis recogido ninguno!
-Jonatán, Jehová es testigo del afecto que le tengo a tu padre.
Por él he arriesgado mi vida en 100 combates, pero ahora...
-¡Calla! Somos unos cobardes. Todos.
Si uno solo de nosotros se decidiera a enfrentarse con Goliat...
-Sería un suicidio inútil.
Los filisteos solo esperan que aceptemos el reto,
no pretenden otra cosa.
Escucha, en el valle del Terebinto,
el que ataque primero está perdido.
Y los filisteos lo saben muy bien.
Goliat no es más que un ardid, un cebo.
¿Qué hay? ¿Qué ocurre?
-Un chico, un pastor, quiere hablar con el rey.
Dice que está a su servicio. -Echadlo.
-Espera.
Es ese pastor que toca la cítara tan bien.
-¿Ah, sí? Echadlo, pronto.
-Abner, recuerda que una vez ese muchacho,
con los sones de su cítara, tranquilizó a mi padre.
-Seguro que no estaría como hoy.
(GOLIAT) ¡Empuñad las armas y combatid si sois hombres!
Gracias, mi señor.
Entra con cautela.
Y, en cuanto entres, empieza a tocar suavemente,
como hiciste la última vez.
Pero si se enfurece, no insistas, sal inmediatamente.
(Relinchos)
Ja, un muchacho.
Todo lo que del valor de Israel queda
se aloja en el corazón de un muchacho.
(RÍE)
Qué vergüenza.
Mi señor, escucha.
A veces, apacentando el rebaño de mi padre,
caía sobre una oveja un león o un oso y se la llevaba.
Entonces, yo lo seguía y arrancaba la presa de sus garras.
Y si no escapaba, lo cogía con fuerza por el cuello
y lo estrangulaba.
Lo que hice varias veces también ahora puedo hacerlo.
Estoy dispuesto a matar a ese infiel filisteo
del mismo modo.
El Señor, que me salvó de las garras de osos y leones,
me salvará también de ese filisteo.
Yo mataré a Goliat. (RÍE)
¿Quién eres tú? ¿Eres...?
¿Hijo mío acaso?
No.
No, tú eres Saúl.
Eres el fantasma de mi adolescencia, que quiere burlarse de mí.
No.
No, vete.
¡Vete! ¡Luz!
(TOSE)
¿Aún estás ahí?
(RÍE)
(Objetos cayendo)
(RÍE)
Eso es, aquí tienes. Anda, ponte esta armadura.
Sí, sí, te batirás.
Quiero complacerte, claro.
Te batirás con las armas del rey.
Adelante. (RÍE)
Ah, aquí está la espada.
Mi espada, la espada del rey. Toma.
Así, bien ceñida.
Eso es, así.
¿Eh? ¡El escudo!
Aquí está. (RÍE)
¿Qué más? Ah, sí, el casco.
(RÍE)
¡Adelante! ¡Muévete, fantasma!
¡Vamos, hale, anda!
(RÍE)
Por favor, señor, yo no estoy acostumbrado a...
Así no puedo andar.
Deja que me bata a mi modo, con las armas que yo sé usar.
No.
El Señor sea contigo.
(Música)
La suerte de Israel... en las manos de un pastorcillo.
Pero eso será un sacrificio inútil.
No será un sacrificio inútil, sino...
un acto de fe.
¡Fe!
Es lo que he visto en la mirada de ese chico.
En la vuestra, en cambio, solo hay desconfianza y dudas.
Incluso en la de mi hijo.
¡Eh, muchacho!
¿No te han advertido del peligro que corres?
¿Eres sordo?
¡Largo de ahí! ¡Vete!
¿O has venido acaso a mendigar un poco de comida?
¡Recoge eso y quítate de en medio!
¡He dicho que te vayas!
Yo he venido a recoger tu reto en nombre de Jehová,
Dios de las tropas de Israel.
¿Tú?
¿Te han mandado a ti
a recoger mi reto?
(RÍEN)
¿Qué es lo que oigo? ¿No os parece gracioso, amigos?
Yo he dicho que me manden a un hombre
y resulta que me mandan a un chiquillo.
¿Qué digo un chiquillo? ¡Una chiquilla!
(RÍEN)
¿No la estáis viendo? (RÍEN)
El Señor te ha puesto en mis manos. ¿Qué es eso?
¿Me tomas acaso por un perro, que vienes a mí con piedras?
Eres peor aún que un perro.
Yo te venceré, te cortaré la cabeza
y echaré a las fieras del desierto tu cadáver y los de tus siervos.
¡Así sabrá toda la tierra que Dios protege a Israel!
(GRUÑE)
(GRITA)
(VITOREAN)
(GRITAN)
¡En el nombre de Jehová!
(Música acción)
(VITOREAN)
(TODOS) ¡David!
¡David!
¡David!
¡David!
Ven.
No, levántate.
Yo y todo el pueblo de Israel deberíamos inclinarnos ante ti.
Hoy,
nos has dado testimonio de que Dios protege a Israel.
Por medio de ti,
el Señor ha puesto al enemigo en nuestras manos
y le hemos perseguido
hasta las mismas puertas de Gat y de Ecrón.
(VITOREAN) ¡David! ¡David! ¡David!
Aún no sé de quién eres hijo.
Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén.
Ah, sí, ya sé, ya sé.
Pero el pueblo te ha saludado con el nombre de David.
David quiere decir "aquel que guía y manda".
Y así te llamaré yo también.
Yo seré David en nombre de Saúl,
mi rey y señor.
Abner, Joab.
Déjame que te abrace
y que te agradezca lo que has hecho por nuestro pueblo y por mi padre.
(Música)
¡Gabaa!
Saúl te habrá preparado una buena acogida.
Y tu futura esposa estará impaciente. (RÍEN)
El rey se quedará con la boca abierta.
No 100, sino 200 filisteos han caído.
-David, podrías decirle a Saúl que te diera dos hijas
en vista de que está dispuesto a ofrecerlas
al precio de 100 filisteos cada una. (RÍEN)
(Música)
Una esclava,
eso es lo que soy para ti.
Solo un medio de tener hijos.
Y luego, ¿qué es lo que haces con ellos?
Akhinoam, no vuelvas a empezar. Los mandas a combatir enseguida
y cuando el Señor los protege y les salva la vida,
no reparas en humillarles y en hacerles siervos de un extraño.
David no es ya una extraño.
Porque quieres hacerle entrar en tu familia.
Le vas a dar tu propia hija por esposa.
A ese, a un triste pastor. ¿Qué era yo cuando te conocí?
A uno que ni siquiera te puede dar una pequeña dote.
¡Oh! Pero tú eres muy generoso con David.
¿No tienes dinero para la dote? ¡Bah!, ¿qué importa?
Anda, mata unos cuantos filisteos. ¿A unos cuantos filisteos?
¡Ah, 100 le he pedido!
Sí, 100.
Pero entonces, tú... ¡Basta! ¡Basta he dicho!
¿Por qué no le dices todo eso a tu hijo?
¿Has intentado hablarle mal de David?
¿De enlodar a su héroe?
Un pastor...
¿Has visto cómo tu hija se lo come con los ojos?
¡Oh! (RÍE)
Y mis soldados...
Todos mis soldados darían la vida por él.
Y el pueblo...
La gente se dejaría pisotear por las patas de su caballo
por tocar solamente sus estribos.
¿Y tú quieres que yo,
solo yo en todo Israel, vaya en contra suya?
No me imaginaba que le tuvieses miedo,
que le odiases hasta ese punto. ¡Vete de aquí!
¡Vete, mujer indigna!
Vengo, mi señor, a comunicarte que tu glorioso capitán David,
a quien Jehová se digne proteger, ha enviado a Asael
para anunciar su victorioso regreso de la misión que le encomendaste.
(RÍE)
Que Jehová se digne protegerle.
¡Que Jehová se digne protegerle!
Qué hipócrita eres.
Le he puesto al mando del ejército en tu lugar
y tú no se lo perdonas, di la verdad.
¿Tienes que darme alguna orden, mi señor?
Sí.
Tu señor te ordena ahora que cantes y que bailes
por la magnífica noticia que acabas de traerle.
En otras palabras, que vayas a ahorcarte donde te plazca.
Déjame en paz.
¡No, Akhinoam!
Tú no te vayas, te necesito.
(Música)
Dame la mano.
La cabeza me arde.
Me arde.
¿Lo ves, Akhinoam?
Vuelve otra vez.
Vuelve siempre.
Siempre.
No hay una espada filistea bastante rápida
ni una flecha tan veloz que...
¡Viva David! (TODOS) ¡Viva!
¡Viva David! (TODOS) ¡Viva!
(VITOREAN)
¡Rápido, venid todos a recibirle!
(Vítores)
Te lo ruego, no continúes bebiendo.
Ya sabes que el vino te perjudica.
Te equivocas, me conviene.
Enturbia la vista,
pero aclara la mente.
¿Comprendes? La mente.
¡Paso a David, el héroe de Israel!
(Vítores)
¡Gloria a Saúl y a David!
¡Gloria a Saúl!
Y a David.
(Barullo)
¡Viva el héroe de Israel!
-¡Saúl mató a 1000
y David ha matado a 10 000!
-Míralo, ya llega. -Ahí está.
-Qué gallardo.
-¡Saúl mató a 1000
y David ha matado a 10 000!
(Vítores)
¡Gloria a Saúl y a David!
(TODOS) ¡Gloria a Saúl y a David!
¡Viva David! -¿Quién va ahí?
-¡Es Joab!
-¿Habéis visto a Jonatán?
Hay momentos...
en que el contorno de las cosas se esfuma.
¿Te acuerdas, Abner,
de aquella vez que luchábamos contra Saba?
En plena batalla
me caí del caballo.
Y todo giraba a mi alrededor.
Me sentí perdido entre la niebla.
Tú y Jonatán fuisteis a salvarme.
Pero, desde entonces,
a menudo aquella espesa niebla vuelve a rodearme.
¿Quién sabe si mi brazo aún puede lanzar un hacha?
(Pasos)
¡David!
¡Bienvenido, David!
¿Por qué te quedas ahí parado?
¿No te gusta mi modo de tocar la cítara? (RÍE)
Bueno, ven, hijo, pasa, pasa.
Mi señor,
te traigo lo que me pediste para concederme a tu hija Micol.
Pero no son 100, sino 200
los filisteos que no volverán a empuñar la espada contra ti.
Estaba seguro de tu triunfo.
No tuve duda alguna
de que superarías todas mis esperanzas.
Ved, me ha traído el doble de la dote que le había pedido.
Pero yo no puedo ofrecerle más que una sola hija.
(RÍE)
Qué lástima que no la haya cebado
para que pesara el doble y compensara tu doble heroísmo.
(RÍE)
A veces, hijo mío,
albergo la sospecha de que cuanto hay en ti es doble.
La gloria del rey merece siempre el doble
de cuanto logre hacer este humilde siervo.
Oh, justo, justo.
Deberás esforzarte para obtener el doble del doble.
Y luego, el doble del doble del doble y así sucesivamente.
Siempre el doble.
Oh, pobre David,
cuántas fatigas te esperan.
¿Cuánto tiempo hace que no me confortas
con tu arrulladora voz y con los acordes de tu cítara?
¿Ahora, Saúl?
Canta un poco.
Tus melodiosos cantos me deleitan más que tus empresas guerreras.
Estoy cansado, mi señor.
Llego ahora del territorio de las cinco ciudades.
Canta alguna cosa que levante el ánimo del viejo Saúl.
Canta.
Pero, señor... ¡Canta!
(Música melancólica)
Ya sabes que está enfermo.
A veces me trata a mí peor aún
y, sin embargo, soy hijo suyo.
(Puerta)
¡Micol!
Ven, Micol.
-David.
Oh, David.
He estado tan inquieta por ti...
David, no debes preocuparte por lo de mi padre.
Ocurra lo que ocurra, David, yo estaré a tu lado.
Aunque...
Aunque sea en contra de su voluntad.
Yo te amo, David.
No, Micol,
nunca osaré indisponerte con tu padre.
Os amo y no seré entre vosotros un motivo de odio.
Te importa su consentimiento más que mi amor.
¿Qué dices, Micol? Oh, David,
¿me amas de veras?
¿De veras?
No te preocupes, están jugando.
¡Corre, Abdón!
Date prisa, vamos.
(RÍE)
Ahora te toca a ti. Es el último tiro.
Oh, tendré que resignarme.
Está visto que nunca llegaré a ganarte.
No te preocupes, hijo.
(RÍE)
Pareces un pollito mojado. (RÍE)
¿Y tú? ¿Te has visto lo guapa que estás?
Qué embustero tan grande te has vuelto.
(RÍEN)
Toma, sécate.
(RÍE) ¡No!
David.
(Música)
Vaya, ¿qué pasa ahora? ¿No estás contento de haber ganado?
Ganar...
Lo hace a propósito.
Me trata igual que a un niño.
(DAVID Y MICOL RÍEN)
Espera. Vamos.
(Música)
(Ventisca)
(LEJOS) Vamos, abrid de una vez.
(Caballos)
(RÍE)
(RÍE)
(RÍEN)
Baja la voz, despertaremos a todos. Tanto mejor.
Hasta tu padre se reirá cuando sepa la emboscada que les hemos tendido
a esos perros filisteos. Eh, David, toma.
¡Ah!
Y ahora a descansar, Jonatán, creo que lo tenemos merecido.
Mañana por la mañana se lo contaremos al rey.
Buenas noches.
Por fin, mi señor, te has decidido a escuchar mi relato.
Supongo que me has llamado para eso.
La llama...
Cuánto se asemeja a la mente humana.
Pasa, hijo.
Habla.
Nosotros éramos unos 30 apenas,
ellos, en cambio, eran más de 200.
La guarnición entera de Azeca.
Y allí han quedado todos ellos muertos.
Siéntate.
Eres un joven de gran talento.
Eres hábil con las armas y con la palabra.
Creas bellísimos versos
y, además, compones melodías celestiales.
Tienes muchas facetas.
Todas ellas están a tu servicio, mi señor.
¿Estás seguro?
David.
(Ventisca)
¡David!
Háblame de Samuel. ¿Cómo? ¿De Samuel?
Sí.
Háblame de Samuel.
(RÍE)
Tranquilízate, David,
es una historia que conozco desde hace mucho tiempo.
Sé que tú le ves con frecuencia y que él guía todos tus pasos.
Por eso te tomé a mi servicio, bajo mi protección.
Así que ya no tienes que seguir fingiendo.
Además, estoy cansado de esas viejas rencillas con Samuel,
no favorecen a nadie.
Solo tú puedes reconciliarnos.
Te has adueñado de su corazón y del mío.
Te he elegido porque te ha elegido él.
¿Crees que te habría puesto al frente de mi ejército
y que te habría dado a mi hija
si no supiera que Samuel te ha escogido para sucederme?
Te ha designado rey de Israel.
Te espera un gran porvenir.
Deberías interrogar a las estrellas
y descubrir cómo y cuándo ha decidido el Señor que debo morir.
(RÍE)
Estás locuaz esta noche.
No comprendo lo que dices, Saúl.
Está bien.
Vete a descansar, mi hija estará esperándote.
¡Ladrón!
¡Bellaco!
¡Embustero!
(Ventisca)
¡Embustero!
¡Embustero! ¡Abner!
¡Abner! ¡Abner!
¡David!
¿Qué ha ocurrido?
Habla, ¿qué tienes?
¡Ah!
¿Quién ha sido? No es nada.
Micol, deja que te mire.
Tus cabellos, tus ojos...
Son tan bellos... Casi los había olvidado.
(Música)
¡Abner!
¡Desgraciada! ¡Maldita!
¿Por qué me has traicionado?
Un día sabrás de qué ralea es ese hombre.
Por un miserable te has enfrentado con tu padre.
(Música melancólica)
(Graznido)
(Caballos)
(Continúa la música)
¡Jonatán!
(Relinchos)
(RÍEN)
¿Cómo me has encontrado? He visto a Samuel,
me ha dicho dónde estabas.
Alejémonos, aquí podrían vernos.
Deja el caballo.
Traigo buenas noticias, David, no tienes nada que temer.
Saúl ya no te busca para matarte. Se lo debes a Samuel.
Se han visto los dos y ¿sabes qué ha ocurrido?
Ante Samuel el rey se ha rasgado las vestiduras,
se ha puesto a rezar pidiendo perdón a Dios
e invocaba tu nombre.
Ha cambiado completamente.
Mañana, en la fiesta del plenilunio, quiere que te sientes a su mesa
para poder celebrar el sacrificio anual todos reunidos.
¿Qué te pasa?
¿Acaso no me crees?
Como es cierto que hay Dios, Jonatán,
te digo que solo hay un paso de mí a la muerte.
Mira, Jonatán, he reflexionado en estos días de soledad.
Tú sabes lo que se dice de mí,
conoces la causa de los celos de tu padre.
Yo lo comprendo
e incluso justifico su angustia y su furor.
Voy a decirte más.
Tal vez no lo haga por sí mismo, sino preocupado por vuestro futuro,
el de sus hijos.
Pero yo... Yo debo ser diferente.
He de pensar en mi seguridad.
Entonces, ¿qué hago?
Di a tu padre que iré.
Y en lugar de hacerlo, seguiré escondido.
Luego, cuando Saúl pregunte por mí, dile que...
en el último momento he decidido irme a Belén
para celebrar el sacrificio anual con mi familia.
Y si no se desata su furia,
eso querrá decir que, en efecto, puedo volver sin peligro alguno.
Y vienes a buscarme. ¿De acuerdo?
¿Y si, por el contrario, Saúl monta en cólera, como tú crees?
Entonces, ya no habrá más remedio,
me iré para siempre.
¿Por qué se retrasa David?
¿Eh? (TITUBEA) David no vendrá.
Me ha rogado que le dejase ir a Belén.
Deseaba celebrar el sacrificio anual con su familia.
¿Su familia? ¿No es esta su familia?
-Debe de dudarlo en vista de cómo se le ha tratado.
¡Hijo desleal!
¿Crees acaso que no sé que eres amigo de David,
para vergüenza nuestra y deshonra tuya?
Padre. ¡Eres un estúpido!
Mientras David esté vivo,
no habrá seguridad para ti ni para tu reino.
¡No es cierto, eres injusto con él! Anda, ve y...
tráele aquí. ¡No, no lo haré nunca!
¡Desgraciado! Te...
¡Te mataré! ¡Te mataré!
Te mataré.
Levántate.
Pon las manos sobre la cabeza.
¡Eh! ¿No me has oído?
¡He dicho que te levantes y pongas las manos sobre la cabeza!
¿Estás sordo? ¡Arriba!
Eh, eh...
Tendrás que excusarme,
pero si obedezco tus órdenes mi liebre se quemará.
Si supieras cuánto he sudado para cogerla.
(PROTESTA)
¿Tú no tienes hambre?
Siéntate, hay suficiente para los dos.
(Pájaros)
Di...
¿Eres uno de los nuestros?
(ASIENTE)
¿Ladrón?
¿Asesino?
Ladrón.
(RÍE)
Tus vestiduras son demasiado buenas. ¿Tú crees?
¿Acaso no se roban las vestiduras?
(PIENSA)
¿Cuánto quieres por ella? Ah, cógela. Te la regalo.
(INCRÉDULO) ¿Eh, eh?
¿Me la regalas?
(RÍE)
Ah...
(SE ESFUERZA)
(RÍE)
Uh, uh...
(RÍE) Un poco pesada es, ¿verdad?
(Pájaros)
Ten, come.
Yo... yo sé quién eres.
Esa espada es la de Goliat, la que estaba en el santuario de Nob.
Todos saben que has huido de la corte de Saúl,
que has recurrido a los sacerdotes de Nob,
que Ajimelec te ha dado comida y la espada de Goliat.
(RÍE)
David...
Tú eres David.
(RÍE)
Escucha, Jehová ha hecho que nos encontráramos.
¿Tú no sabes quién soy yo? Pregunta a quien quieras
por Aceb el Ladrón, la mejor cabeza de todo Israel.
(RÍE) Oye, únicamente me falta una cosa,
tener fuerza en el brazo.
(SE QUEJA)
Me voy haciendo viejo. Óyeme, escucha, David.
¿Qué te parecería si una...
una espada como esa...
y un cerebro como este...?
¿Eh?
¿Quién podría hacernos frente?
(Galope)
(RESPIRAN AGITADAMENTE)
David, te diré lo que vamos a hacer ahora.
Baja y atácales.
Y yo, entre tanto... ¡Joab!
¡Abisai!
¡Joel!
¡Joab!
¡David!
¡Un traidor!
Un ladrón...
Un bandido.
¿Queda alguien todavía que quiera imitar a Joab
y a los otros que han abandonado a su rey
para ir a unirse a David?
¡Ni uno!
¡Ni uno de vosotros me advirtió de cuanto
se estaba planeando a mis espaldas... en mi propia casa!
En el seno de mi propia familia...
(Murmullo)
Mi señor, acaban de llegar los sacerdotes de Nob.
-Me has ordenado que comparezca ante ti con todos mis sacerdotes.
He obedecido.
¡Doeg!
¿Quieres repetir aquí lo que me has referido?
Cuenta lo que has visto.
Me hallaba en Nob, la ciudad de los sacerdotes,
cuando David, hijo de Isaí, fue a ver a Ajimelec.
Entonces, Ajimelec consultó en su nombre al Señor.
Cuando David partió, le dieron pan y víveres para el viaje,
incluso vi que le entregaban también la espada de Goliat, el filisteo.
Doeg,
un extranjero, uno de la tribu de Dan
es mas fiel que mis propios hijos.
¿Por qué tú, Ajimelec, también conspiras en contra mía
con el hijo de Isaí? Le has alimentado, le has armado,
¡le has ayudado a rebelarse! ¿Qué estás diciendo?
¿No es David el más fiel de tus siervos,
huésped de tu casa, jefe de tu ejército?
¿Desde cuándo es delito ayudarle? No he consultado a Dios
respecto a él otras cien veces. Ahora no busques excusas.
No puedes imputarnos un delito que no hemos cometido.
¡No lo niegues! ¡Te han visto! No tenía por qué ocultarme.
David nos visitó en tu nombre, como lo ha hecho siempre.
Óyeme, Ajimelec,
sé quién te ha dado la orden de ayudar a David.
Samuel.
Lo ha protegido siempre. Otra vez la vieja astucia,
la hipocresía de siempre.
Escudarse en el servicio del Señor. ¡Ya basta!
Por haber traicionado al rey,
tú y tus sacerdotes seréis ejecutados.
Abner.
(Música tensión)
¡Saúl!
Reflexiona, Saúl, te lo ruego. ¡Obedece!
(Continúa la música)
¡A los arcos!
(Murmullo)
¡Padre! ¡Calla!
¿A qué esperáis?
¡Tirad!
No obedecerán, Saúl.
¡Matadlos!
Doeg, ¿también tú sientes respeto por esos traidores?
Tú serás quien les dé muerte.
(Música tensión)
¡Adelante!
¡Ah!
(GRITA)
(Continúa la música)
(Grito)
Uh, uh.
-Ah.
-¡Ah!
(RÍE)
(GRITAN)
¡Ah!
(Grito desgarrador)
(Flechas, gritos)
(LLORA)
(Flechas, gritos)
Jonatán...
(Trueno)
A eso se debe... que no haya ido a la corte
con los otros sacerdotes. Por eso, estoy vivo.
Yo solo he sobrevivido.
Casi me avergüenzo.
Luego, Saúl ha caído sobre Nob y ha arrasado nuestras casas,
ha destruido el templo, y ahora... te anda buscando
por todas partes.
(Lluvia intensa)
Abiatar, te quedarás a nuestro lado.
Nos resultarás muy valioso.
Pedirás al Señor por nosotros.
Rogarás que proteja mi vida...
y la de mis compañeros.
¡Vamos, perro, sigue! ¡Ahora verás!
(Barullo)
(Trueno)
Vamos, adelante, perro.
Ven aquí.
Los... los hemos capturado en el valle.
Son dos espías de Saúl. -No, mi señor, no somos espías.
-¡Calla, puerco! Trataban de alcanzar la cueva
-Sí, mi señor, es cierto, pero... -¿Lo ves? ¡Sois espías!
-¡No, no! ¡Buscábamos ayuda! -¡No digas mentiras! Es un espía.
Explícate.
Somos de Keila, señor. Somos campesinos,
pobres campesinos de Keila. Ayer... los filisteos invadieron
nuestras tierras como si fueran una plaga de langosta, señor.
Asaltaron y saquearon las casas y la cosecha,
nuestra pobre cosecha. Señor, solo tú puedes ayudarnos,
solo tú puedes expulsarlos de nuestras tierras.
Lo has hecho en el pasado tantas veces...
¡Te lo rogamos, señor! Somos de Keila,
somos unos pobres campesinos de Keila...
Sí, sí, ¡sí! Basta, he comprendido.
Joab, reúne a los hombres. Partiremos inmediatamente.
Al amanecer, estaremos en Keila. ¡Pero, David, si acabamos de llegar!
¡Necesitamos descanso! -Bastante tenemos ya
con nuestras preocupaciones, ¿por qué pensar en las de otros?
Deja que se las compongan solos. -No podemos luchar contra Saúl
y sus enemigos. Por tu rebelión, hemos tenido que abandonar
nuestras casas, aunque nuestra única culpa
es la de ser hermanos tuyos, ¡hijos de la misma madre!
¿Qué más quieres de nosotros? ¡Escuchadme!
(GRITA) ¡Todos los que estáis aquí! ¡Escuchad bien!
(Trueno)
¡Que no vuelva a decirse jamás que el hijo de Isaí ha dejado
la casa de Saúl para declararle la guerra!
David ha combatido siempre con todas sus fuerzas
para defender a Israel de sus enemigos
y seguirá haciéndolo así.
Y ahora, en nombre del Señor, todos a Keila.
¡Todos a Keila!
Ha echado a los filisteos de Keila, mi señor.
Ha liberado la ciudad y a la comarca. Ahora está descansando en Keila
con todos sus hombres. La ciudad tiene una puerta tan solo,
en el lado por donde sale el sol. ¿Cuántos son?
Unos 500... como máximo.
El Señor me lo entrega...
puesto que está en una ciudad que tiene murallas y puerta.
¡A Keila!
¡Adelante! ¡A Keila!
(Música)
Se ha escapado, Saúl.
Los exploradores han dicho que ha dejado Keila al anochecer.
Parece dirigirse hacia el desierto de Zif.
Entonces, iremos a Zif.
(Continúa la música)
¡Vamos! ¡Empujad fuerte!
-Solo hay espías en torno a nosotros, David.
Habrá que escarmentar a alguno.
De ahora en adelante, no nos quedaremos un solo día
en el mismo lugar. Erraremos como hizo
la gente de Abrahán hasta que Jehová nos dé
la tierra prometida.
(Música)
(Viento)
Me pregunto si será justo...
andar huyendo siempre sin descanso.
Son tantos años ya...
Quien lo ha ordenado es David.
Hemos respetado siempre tus rebaños, hasta los hemos defendido.
(Balidos)
Ahora queremos una recompensa.
Por eso estamos aquí. -Pero ¿quiénes sois?
¿Y quién es David?
¡Yo no le he visto jamás ni he pedido nunca vuestra ayuda!
No doy mi pan ni mi agua ni cobijo a gente que no sé siquiera
de dónde viene. ¡No tengo miedo, no!
Decídselo así a vuestro David. Decidle que Nabal no tiene miedo.
Yo no soy un siervo que huye del amo como él.
¡Venga! ¡A trabajar! ¡Ya hemos perdido bastante tiempo!
(ESCUPE)
¡Al campamento!
(Galope)
Los ha echado, Abigaíl. ¿Qué querían?
Algo de comida. Son hombres de David. ¿Por qué no me has llamado?
¡Es un inconsciente! ¿Es que no sabe
lo que puede costarnos esa tontería?
(Música solemne)
Soy Abigaíl,
la culpa ha sido mía, señor. Solo mía.
No hagas caso de las palabras necias de mi marido.
Desgraciadamente, no he podido ver a tiempo
a los hombres que habías enviado. Te ruego que excuses el error
de tu esclava y que aceptes esta justa recompensa por haber...
por haber vigilado siempre nuestros rebaños.
(Gruñidos)
Bendito sea Jehová, dios de Israel,
que así te ha inspirado. Si no te hubieras apresurado
a venir, ni uno solo de los tuyos habría escapado a mi castigo.
Mis hombres ayudarán a los tuyos a descargar los asnos.
¡Joab!
(A LA VEZ) ¡Arre, arre!
(Relincho)
(Música suave)
Sé que tienes una mujer que se llama Micol.
¿Cómo tu mujer no está aquí contigo?
¿La has olvidado tal vez?
¿De qué sirve recordar cuando por hogar solo
se tiene el desierto?
(Continúa la música)
¡Abigaíl!
Ya has visto que he escuchado tu voz
y te he dado buena acogida.
Regresa, pues, a tu casa en paz.
Cuando el Señor te haya recompensado
y te haya concedido de nuevo una casa,
acuérdate de tu sierva.
(Música dramática)
(Galope)
¡David!
¡Mira hacia allí!
(Bufido)
Quieto.
¡Arre, arre!
(Relinchos)
(Música intriga)
¡Venga, vamos!
¡Desmontad todos! ¡Seguidme!
(Continúa la música)
(Barullo lejano)
Es Saúl.
Estará acampando.
Que no se muevan, que no hagan ruido.
Por desgracia, hay que llegar a esta inevitable conclusión.
Una de dos...
O nos resignamos a caer en manos de Saúl,
cosa que ahora puede suceder un día u otro; o bien...
no nos queda más remedio que ir a refugiarnos
en territorio filisteo.
Es triste, bien lo sé.
¡Pero no queda otra alternativa!
(Música)
(Viento)
(Relincho)
(VOZ LEJANA) ¡Abner!
¡Abner!
¡Abner!
¡Abner!
¿No oyes?
¡Para ser un bravo soldado, el mejor de Israel,
tienes un sueño bastante pesado, Abner!
¡Arriba! ¡Vamos, levantaos, perezosos!
Podrían degollaros mientras dormís y ni siquiera os daríais cuenta.
¡Levantaos, levantaos! ¿Por qué te enfadas así, Abner?
¿No dormías tú también como un tronco?
Un plebeyo, un triste pastor viene a amenazar la vida de tu rey
y tú duermes. Merecerías, en verdad, la muerte por eso.
¡Eh, corre, Abner! ¡Y busca...
dónde están la lanza y el cántaro de tu rey!
¿Han desaparecido?
(Viento)
¿No consigues encontrarme?
¡Estoy aquí, Abner, estoy aquí!
Pronto será de día y cogeremos a ese perro.
(Cristales rotos)
Ocultémonos, mi señor. ¡Que nadie dé un solo paso!
¡Aquí están la lanza y el cántaro del rey, Abner!
¡David, David!
Sí, mi rey.
He venido aquí a preguntarte por qué te obstinas en perseguir así
a tu siervo. Hace años que me persigues
sin razón y sin tregua, como una perdiz en el monte.
¡Saúl!
Obrando así, me obligarás a tener que servir a otros reyes.
¡David, eso no!
¡Yo no te haré ningún daño!
¡Tú eres más justo que yo!
Esta noche el Señor me había puesto en tus manos
y tú me has perdonado.
¡Dos veces te he perdonado! ¿Te acuerdas, Saúl?
Una, en la oquedad de En-gadi,
cuando corté uno de los bordes de tu manto.
Y esta noche, he vuelto a tener piedad de ti.
He dicho, para mis adentros, no osaré nunca alzar la mano
contra mi rey porque lo ha elegido el Señor,
que está en los cielos.
El mal, Saúl, no puede venir más que de los malvados.
Cierto es.
¡Cierto es!
¡Ahora me doy cuenta de que eres digno y bueno!
¡Tú serás rey de Israel!
Y en tus manos se fortalecerá el reino.
¡Ahora lo sé, David!
¡Pero vuelve, hijo!
Que no te causaré daño alguno.
¡Prométeme que no exterminarás a mi descendencia!
(VOZ LEJANA) Sé clemente con mi familia cuando seas rey.
¡No escuches a ese inmundo reptil!
Debiste dejar que lo atravesara... ¡con su propia lanza!
¡El Señor recompensará a cada uno de nosotros de acuerdo
con nuestra honradez y nuestra lealtad, Saúl!
(LLORA) David...
¡David!
David...
Tú lo decías, Jonatán, siempre lo dijiste...
El más querido de mis hijos, el más sólido pilar de mi reino...
¿Cómo ha podido?
No ha querido creerme.
¿Sabes, Jonatán, que no me ha creído?
Ah, pero la culpa es mía. Le he engañado demasiadas veces.
Verás, padre, David volverá. ¿Sí?
Bebe... ¿De veras lo crees?
Si no, se enfriará. Verás como vuelve.
¡Siempre con engaños! ¿Por qué no le dices
que David se ha pasado a los filisteos?
¿Eh?
(SUSPIRA) Te complaces en odiarle.
Sí, lo sé, estás ofendida porque se ha casado con Abigaíl.
Escucha, padre, David es tu enemigo.
Y luchará contra ti. Tú aún le amas.
Siempre nos ha mentido.
Tenías razón.
Me hizo esposa suya solo para alcanzar el trono.
Tú aún le amas. Saúl.
¿Eh? Tu hija... ha dicho la verdad.
Hace tiempo que David está al servicio del príncipe de Gat.
Y los filisteos vienen ahora contra nosotros.
Anda, bebe, te sentará bien.
(LLORA) ¡No! ¡Yo te digo que David volverá!
¡Volverá!
Sí, cierto, volverá.
Te diré más, ya está en camino.
Pero para ocupar tu puesto, como predijo Samuel.
¿Samuel?
(RÍE) Samuel ya está muerto, pero yo estoy vivo.
Y aún soy rey de Israel. Saúl,
tú ya no eres el rey porque Dios te ha abandonado.
¡Tú has desobedecido sus órdenes! ¡Ejecutaste a sus sacerdotes!
¡Dios ya no escucha tus oraciones! ¡Dios ya no hablará nunca contigo!
Tú estás loca.
Así que he echado a Dios de mi casa, ¿eh?
(RÍE)
(Viento)
(RÍE) ¡Ah! Conque Dios ya no hablará nunca conmigo, ¿eh?
Ah, ven.
¡Ven!
(SUSURRA) Eso es, espera aquí, ¿eh?
¿Oís?
Venid.
Acercaos.
Escuchad...
(Viento)
¿Oís?
¿No? ¿No la oís?
Es la voz de Jehová.
Es solo el viento, Saúl.
Una voz tan fuerte, tan fuerte...
Ahinoam, Jonatán...
¿No oís las palabras del Señor?
¿No las oís también vosotros? ¿Eh?
¡Responded!
(Viento)
Tus pies, Saúl, se asentarán con firmeza en la roca.
Te he confiado el gobierno de mi grey.
Y tus descendientes...
la gobernarán también.
(RÍE) Saúl, tu reino durará lo que dure la luna.
Saúl, y se extenderá de mar a mar.
¡Saúl!
¿Te das cuenta de que los filisteos están solo a dos jornadas?
Sí.
(Música marcial)
¿Qué hacen esos hebreos en nuestras filas?
-Ese es David. ¿Nunca has oído hablar de David?
-¿Estás loco, Akish? -Pero...
si hace casi dos años que está a mi servicio.
Saúl le odia porque ve en él a un peligroso rival.
¿Por qué creéis que os he convocado ahora
para luchar contra Saúl? Pues porque ahora está David
de nuestra parte. -¿Quién puede asegurar que sea leal?
-En dos años, no me ha dado motivo para dudar de su lealtad.
-¡Eres un ingenuo!
Quien traiciona una vez... traiciona siempre.
-Que ese hebreo sea alejado con sus hombres.
No debe luchar a nuestro lado. Podría volverse contra nosotros.
-¡Te repito que Saúl le odia! -¿Y no crees que ofreciendo
nuestras cabezas podría lograr... el favor de su rey?
(Música)
Que David vuelva al campamento.
Pero te aseguro... que preferiría renunciar
a mis carros de cuchillas.
(Galope)
¡Abner, Abner!
¡David se ha retirado! -¡Ha dejado a los filisteos!
-Parece que David ha dejado a los filisteos.
Hará un día claro.
Si me sucediera alguna cosa, Abner, Si la batalla
nos fuera desfavorable, haz la señal.
Llama a mis hijos junto a ti y ponlos salvo.
Recuerda... que lo has jurado, Abner.
Mis descendientes deben reinar.
(Música tensión)
Abdón...
(Continúa la música)
Vamos, hablad.
Decid lo que tengáis que decir.
Joab...
¿No eras tú, Joab,
quien ayer temías aún que os llevase a luchar
contra nuestros hermanos?
Pero yo sabía...
que el Señor acabaría salvándonos de ese peligro.
¿Y acaso no ha ocurrido exactamente así?
(Viento)
¡Sí! Sé que la batalla de Gelboé nos afecta también a nosotros.
Pero ya veis... ya veis qué terreno ha elegido Saúl
para el combate. Sin defensas,
sin una sola mata para guarecerse.
Saúl... está viejo y cansado.
La responsabilidad de vuestras vidas y de la vida de todo el pueblo
de Israel nunca ha pesado sobre mis hombros...
como en esta hora.
Ahora es cuando me doy cuenta de lo maravillosa que era la vida...
cuando solo era un pastor...
y no tenía que velar más que por 30 ovejas.
¡Ahora mis ovejas han aumentado!
¡Y son muchos los lobos que las acechan!
Vosotros y yo somos los únicos que aún empuñamos las armas
para defender el rebaño entero. Por eso, os pregunto...
¿puedo yo permitir que acudáis en auxilio de una pequeña parte
de ese rebaño para sucumbir en la inevitable derrota
privando así al pueblo de Israel de la única posibilidad de salvación?
En este momento,
ninguno de nosotros quisiera, en el fondo,
tener que hacer estos fríos cálculos.
Pero al menos vosotros, en los años venideros,
tendréis siquiera un consuelo.
¡Podréis decir que no dependió de nosotros
el que Saúl no recibiera ayuda alguna
en la jornada de Gelboé!
Solo yo soportaré el peso de esta decisión.
Y no llegará a consolarme ni incluso el pensamiento
de que haya sucedido todo lo que Samuel me había profetizado.
Llevaré esta angustia dentro de mí hasta el fin de mis días.
(Gritos)
(Música acción)
(GRITAN)
(Continúa la música)
¡Ah!
(GRITA)
(Barullo)
(Flechas)
¡Ah!
(Relincho)
(Música trágica)
(GRITAN)
(Relincho)
(Música acción)
(Relincho)
¡Ah!
¡Arre, arre!
(RÍE)
¡Ah!
(RÍE)
¡Arre!
(Relincho)
¡Ah!
¡Arre, arre!
(Galope)
(Barullo lejano)
¿Dónde está David?
(A LA VEZ) ¡Allí!
(Mugidos)
David, te traigo una gran noticia. El ejército israelita
ha sido derrotado. ¡Para Saúl todo ha concluido!.
Ahora serás tú el rey. ¡El rey!
Calla, calla, bellaco.
¡Arre!
(Murmullo)
(Flecha)
(Barullo lejano)
¡Abner!
¡Abner!
Vamos, corre, nos han derrotado, el rey ha muerto.
-¡No! Debemos esperar a tus hermanos. -¿Estás loco, Abner?
¿Quieres que nos maten a todos? ¿Cuántos crees que quedan?
Recuerda cuál era la orden del rey. ¡Ponme a salvo!
-¡Arre!
-Vamos, adelante, cobardes. -¡Ah!
-Ah...
(Galope)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
David, David...
¿Dónde estás, David? Hijo mío...
¡No!
No debes venir a ayudar a Saúl.
Piensa en Israel.
Piensa... en Israel.
(Música)
(AGONIZA) Dios mío, cuánta sangre...
para edificar tu reino.
Y cuánta soledad.
Tú sí tienes amigos, mi Señor.
Yo no... ¡no! Solo los siervos.
(Música)
(Relincho)
(Continúa la música)
¡Saúl!
¡Jonatán!
(Música trágica)
(Ruido metálico)
(LLORA) No, por favor... No me pidas eso, mi señor.
No puedo, no puedo matarte. ¡Libra a tu siervo de ese horror!
No...
(SOLLOZA)
(Música intriga)
¡Saúl!
¡Jonatán!
Ah, ah...
David...
¡Ah!
(LLORA)
David...
(Música)
"Tu esplendor, Israel,
sobre la tierra yace pisoteado.
Oh, montes de Gelboé,
ni la lluvia ni el rocío vuelvan a caer sobre vosotros.
Montes fatales...
Saúl, Jonatán...
Más ágiles que el águila, más fuertes que el león...
Ni en la vida ni en la muerte separados.
Oh, hijas de Israel, llorad por Saúl,
Oh, hijas de Israel, llorad por Saúl,
que deslumbraba con su púrpura y sus joyas
y adornaba con oro vuestras vestiduras.
Oh, Jonatán, muerto entre estas alturas.
Jonatán, hermano mío...".
(Música)
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