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¿Por qué ya no hay nada?
Marta sabe que hubo una guerra mundial y nacieron las enfermedades
que todavía no sabemos curar.
El planeta también se puso muy enfermo y las personas tenían
mucho miedo y querían gobiernos muy fuertes.
Y nos quitaron la libertad.
Pero la vamos a recuperar.
¡Qué fuerte! Eres igualita a mi mamá.
Mira, iguales.
Me lo dio mamá cuando me puso esto.
¿Cómo la ves?
Está muy bien. Su madre le salvó la vida.
A cambio de la suya.
Marta Múgica, diez años.
¡Tío Álex!
- Cariño, ¿adónde vas?
Se llevan a la niña, venga.
¡Papá! ¡Marta!
Marta, joder.
A tu niña se la han llevado a las colonias
hasta que tu mujer y tú tengáis un trabajo.
Tengo que pedirte un favor.
Le he dicho a mi mujer que fuimos buenos amigos.
Lo fuimos, ahora ya no.
Dile que venga a casa a las siete. Tendrá un pase en la valla.
He matado a un hombre, a un militar.
¡Déjala!
¿Cómo te llamas? Sol.
Vámonos de aquí.
Hugo Múgica.
¿No sabía que necesitábamos un matrimonio?
Seguro que mi mujer puede cambiar los planes.
Te vas a tener que ir, Julia. Y me voy contigo.
¿Sabes por qué no conseguimos resultados?
Porque sos un cobarde
y no aumentaste la dosis que te pedí.
Estos niños especiales son nuestra última esperanza.
¡Corred!
¡Rápido, vamos!
¡Al suelo, al suelo!
¡Vamos, vamos!
¡Abuela!
Me han encontrado.
¡Venga, quieto!
Hay que esconder a la niña.
Pequeña.
Levante las manos, señora.
- Escúchenme, por favor.
- Vamos a escondernos aquí.
Rápido.
- Las dos niñas están a mi cargo. - ¿Está dentro la puta?
- No es una puta, es una niña y está estudiando costura.
No tenemos dinero.
Y ese señor, el militar...
- ¿Le conoce?
- Claro.
Viene aquí a buscar a niñas.
Intenta ser amable,
pero no se preocupen.
Nosotros no vamos a decir nada.
- Estén tranquilos. - ¡Basta!
¡Abuela, abuela!
♪ Ya han florecido cipreses
♪ como gigantes cabezas.
♪ Que con órbitas vacías
♪ el horizonte contemplan.
♪ Salen los niños alegres ♪ de la escuela
♪ poniendo en el aire
♪ canciones tiernas. ♪
¿Has conseguido gasolina?
Nos vamos con la moto.
¿Con la moto? Por el sur.
Hay menos controles.
La idea es llegar a Cádiz esta misma tarde.
¿Cómo a Cádiz?
Desde allí cruzamos el Estrecho.
A ver, Carlos, es más sensato salir de noche,
¿no te parece más seguro?
Sí, pero mi contacto quiere cruzar antes de que oscurezca.
¡Hola!
Joder, es Hugo.
Hugo. Julia.
Es el marido de Sara.
¿Todo bien? Todo bien, sí.
Él es Carlos, mi novio.
Encantado.
¿Qué haces aquí?
Tenía un problema.
Ayer se llevaron a Marta.
¿Cómo que ayer se llevaron a Marta?
Sí, en el registro.
Al parecer están separando a los niños
de los padres sin trabajo.
No sé, es una nueva ley.
A ver.
¿Y estás bien?
Sí. ¿Necesitas algo, te puedo ayudar?
No, tranquila, tu madre me ha conseguido un trabajo.
Bien. Sí, es en el Sector 1,
todo oficial para empezar esta noche.
Solo que... Bueno, que hay un problema.
El trabajo es para un matrimonio.
¿Un matrimonio?
Sí.
Ya me han dado los pases para los controles.
No me quieren a mí solo.
¿Con Sara?
Sí.
¿Quieres que me haga pasar por Sara?
Sí, solo por un día o dos,
hasta que tenga el contrato y recupera Marta.
Después ya veré lo que hago. No puede ser. Lo siento.
Perdona, pero no estoy hablando contigo.
A ver... ¿Qué?
Es que nosotros nos tenemos que ir ahora mismo.
Es que tenemos un problema muy grave y nos tememos que ir.
¿Es más importante que la vida de tu sobrina?
Joder, Hugo.
Ven aquí.
Julia.
Escúchame, me ha costado mucho organizar todo esto.
Hay gente que se está jugando la vida por nosotros.
Tenemos una cita, no podemos fallar.
Si le quieren dar el trabajo, se lo darán, con o sin mujer.
De acuerdo.
Yo se lo digo.
Y tranquilo.
Julia, ¿hay algo que no me estás contando?
Toma.
Lo siento, no te puedo ayudar.
Julia.
Lo siento.
Suerte.
Carlos.
A lo mejor si le contamos lo que está pasando...
Le pondrías en peligro a él y a toda tu familia.
Vámonos.
Por favor.
- ¡Buenos días!
Buenos días, vamos, arriba.
El que llegue tarde se queda sin desayuno.
Vamos.
¿Qué tal por aquí?
Fenomenal.
Qué bien, por aquí casi.
Cuando estéis listos, todo el mundo la fila,
porque hay que pasar por el baño, ¿vale? Antes de ir al comedor.
Vamos,
Que no veo ritmo esta mañana, ¿eh?
Hay que lavarse la cara y las manos.
¡Marta!
Vaya, vaya, vaya.
Esto no me lo esperaba de una niña con esa cara de lista como tú.
¿Aún no sabes ponerte el pañuelo?
Con lo fácil que es.
Venga, si es muy fácil, lo pones por aquí,
quitas todo el pelito y lo colocas. Muy bien, ¿ves?
Vamos, rápido a la fila los dos.
Gracias, era de mi madre.
- Te dije que no teníamos que haber venido a Madrid, joder,
es un puto infierno.
Álex, deja de dar golpes, por favor.
Y tú no te sientas culpable, ¿eh?
Es este maldito gobierno.
Fue...
Fue lo único que me pidió, ¿sabes?
¿Qué?
Sara.
Lo único que me pidió fue que cuidara de Marta
y le prometí que la protegería con vida.
Y ahora la he perdido.
La vamos a encontrar.
Te lo prometo.
¿Ah, sí? ¿Cómo?
¿Qué hago?
Lo peor de todo es que no sé que hacer.
¿Tú te acuerdas de cuando murió papá?
Sí, claro.
Esa noche estábamos ya acostados.
Hacía como que dormía, pero estaba acojonado
y no sé cómo, pero tú lo sabías.
Me dijiste: "anda, duérmete, que todo va a estar bien."
Ya sé lo que vamos a hacer.
Yo no contesté.
No tenía ni idea de cuál era tu plan, pero te creí.
Esa noche dormí como un tronco,
porque tú siempre has sabido lo que hay que hacer.
Así que dime qué quieres que haga y cómo lo vamos a solucionar.
Porque lo sabes, joder.
En el fondo lo sabes.
Voy a cruzar esa puta valla.
Y voy a conseguir ese trabajo.
Voy a convencer a la familia de que me contrate a mí solo.
Y tú vas a ir al registro y vas a averiguar dónde está Marta.
Y cuando lo sepamos,
vamos a ir a buscarla
y nos la vamos a llevar de vuelta a Asturias, los tres.
Eso es lo que vamos a hacer.
- Tengo hambre. - Luego desayunamos.
- ¿Luego de qué?
- Ahí te pinchan.
Bueno, vamos a empezar. Héctor, ven conmigo.
A veces vomitas y estás un poco cansado,
pero te dan un yogur.
Dime.
¿Apuñalaste al comandante Mérida?
- No me acuerdo.
- ¿No te acuerdas?
¿Cuánto crees que pueda aguantar tu hermanita sola?
¿Tampoco lo sabes?
A ver.
Tú eres la única cosa que ella tiene en este mundo.
Y estás aquí.
¿Quién estaba contigo esa noche?
¿Qué te han hecho?
Te voy a sacar de aquí.
- Sí. - ¿Sí?
- Le ayudaré.
- Muy bien.
Muy bien.
Para. ¿Qué?
Para, Carlos, para.
¿Eh? Que pares la moto.
Mamá.
¿Sí?
Estás aquí.
Sí.
Necesito tu ayuda, mamá.
Bebe.
Bebe.
Navarro, prepara la liberación de esta chica.
¿Media hora?
- Media hora. - Muy bien.
Te ha hecho ilusión, ¿verdad?
Pues ahora solo queda que hagas un último esfuerzo.
- Vale.
- La chica que te ayudó, ¿cómo tenía el pelo?
¿Como tú, largo?
- Sí. - ¿Sí?
- Sí. - Muy bien.
- Pero tenía muchas trenzas.
¿Qué lleva puesto?
Una falda verde, creo.
La que le regalé yo.
¿Ah, sí? Sí.
Está en el armario, se la dejó la última vez que vino a vernos.
¿La tienes aquí?
Claro, te la enseño.
Perdón, perdón, es solo un segundo, por favor.
Perdón, no tardo nada, perdón.
- Perdona, debes ponerte a la cola, como todo el mundo.
- ¿Te acuerdas de mí?
- Sí, estuviste aquí ayer, ¿no?
- Sí, ¿podemos hablar un segundo, por favor?
- Perdona, ¿me puede sustituir cinco minutos?
Gracias.
- Volvemos en un minuto, de verdad.
¿Te acuerdas de la niña que estaba conmigo?
Que era chiquitita, rubia, con un gorro,
que le hicisteis los análisis.
Marta, se llama Marta Múgica.
- Es que no me acuerdo, sois muchos.
- Se la han llevado las colonias.
- Pues ha tenido suerte.
Estará muy bien cuidada ahí hasta que tengáis trabajo.
- Yo solo quiero saber dónde está.
Estamos pensando en volver al pueblo.
En cuanto nos la den, nos vamos.
- Es que no sé nada y tengo mucho trabajo.
- Una dirección, por lo menos.
- Seguro que se informan en su debido momento.
- Mira, no voy a parar, no voy a parar nunca.
Volveré mañana, pasado, cuando sea y a la hora que sea.
No tengo trabajo ni nada mejor que hacer
en esta ciudad de mierda.
- Baja la voz. - Dime dónde está, por favor.
- Mira, haré lo posible por saber qué colonia le han asignado,
pero no te prometo nada.
- Esa niña es nuestra vida.
Lo entiendes, ¿verdad?
- Vuelve mañana.
- Gracias.
- Perdona, ¿cómo te llamabas?
- Álex, Alejandro Múgica.
Múgica.
Sí, uno de los familiares de uno de los niños
está preguntando demasiado.
Begoña, ¿qué tal?
Hola, Emilia.
Mira, no quiero molestarte, mujer.
Tú nunca molestas, ya lo sabes.
Es que tendría que hablar contigo, pero no quiero que te preocupes.
Pues venga, dilo ya, que me pongo nerviosa.
¿Está aquí tu hija Julia?
¿Julia? No. ¿Por?
¿Quién es, mamá?
Begoña.
¡Ah!
Begoña, hola.
¿Sara? ¿Cómo estás, bonita?
Muy bien. Cuánto tiempo.
Mucho.
Oye, que me enterado de lo de tu hija.
Pero no te preocupes por nada, que seguro que está estupendamente.
Seguro que me la cuidan muy bien.
Pues mira, venía preguntando por tu hermana.
Ay, pues es que Julia se ha ido unos días de viaje.
Pues si lo he visto hace un momento.
Ha venido a despedirse, Begoña.
Bueno, pues entonces vendré otro día.
Claro que sí, yo le digo que la están buscando.
Begoña, ¿pasa algo?
No, no, no. Una tontería.
Me alegro de verte, niña.
Gracias, igualmente.
Adiós, Begoña. Adiós.
¿Qué coño haces, Carlos?
¿Qué pasa?
La han detenido. ¿A quién?
La niña a la que ayudaste.
La están interrogando. Joder.
¡Mierda!
No me lo puedo creer.
Tú eres la siguiente.
Esta noche sale un transporte.
Es más seguro que intentar viajar nosotros solos.
Es esta noche o nunca, no saben cuándo habrá otro.
Bien.
En cuanto salgas del trabajo, según cruces la valla, vete aquí.
Vete a los antiguos túneles de metro.
Ahí.
A las 11.
¿Vale?
Vale.
Ve a ayudar a ese tío a recuperar a su hija.
Pero esta noche nos vamos de aquí.
Estás muy guapa. Calla.
Pareces una monja.
Eh.
Gracias.
A las 11.
Venga, gracias, siguiente.
"Por su salud y seguridad, está prohibido el paso
a cualquier persona enferma, indocumentada
o incorrectamente vestida."
¡Vamos!
Vamos, rápido.
- ¿Lleva encima algo metálico? - No.
¿Algo orgánico, algo no registrado?
No, nada.
Pero este pase es para un matrimonio.
Sí, pero mi mujer no podía venir ahora, vendrá más tarde.
Entonces no puede pasar. Haga el favor.
Escuche, me están esperando.
Es mi primer día. Trabajo en casa del ministro.
Le estoy diciendo que salga de la cola, coño.
Escúcheme, seguro que usted también es padre.
Por favor, tengo... ¡Retroceda, hostia!
¡Hugo, Hugo!
Perdón.
Perdón, necesito pasar.
¡Hugo!
Perdona, cariño, llego tardísimo, lo siento.
Perdón.
"Los ciudadanos pueden sentirse cada vez más protegidos.
El número de detenidos en la capital
continúa su tendencia descendente
hasta situarse en su punto más bajo en los últimos diez años.
Aunque algunas zonas del Sector 2 aún registran
cierta tasa de robos y actos violentos,
poco a poco se está consiguiendo reducir..."
Que no se repita.
Gracias.
Muchas gracias.
"Por su seguridad, tengan sus salvoconductos
y documentos de identidad a disposición
de las fuerzas del orden."
¡Despejen la zona!
¡Vamos!
¡Vamos, circulen!
¿Cómo lo ves, Hugo?
¿Cómo está?
¿Puedo?
Sí.
Así mejor.
A ella le gustaba llevarlo suelto.
Solo me quedo hasta las 11, ¿de acuerdo?
Sí, claro.
¿De dónde sacan tanta agua?
Del Mar.
La desalinizan.
Esos cabrones no tienen los mismos problemas que nosotros.
¿Verdad?
"Próxima parada, zona C-2."
Adelante.
Gracias.
Por favor, las flores, impecables, ¿eh?
Echa un poco más de orégano para que coja sustancia.
- Sí, doña Rosa.
- El apio, por favor. - Rosa.
- Un momentito.
Ve y que te den las hojitas especiales para echar a la sopa.
- Vale.
Buenas tardes.
Yo vine ayer, no sé si se acuerda.
Sí, sí, los enchufados.
Normalmente selecciono yo al servicio.
La señora de la casa es muy exigente
y hay bofetadas por entrar aquí,
así que espero no tener que despediros hoy mismo.
Le aseguro que lo haremos bien.
Para nosotros es muy importante este trabajo.
Ya, pues pasad a ducharos y poneros los uniformes.
Tenéis cinco minutos.
Ya nos han desinfectado.
Es que los chorritos de la valla son solo para la ropa,
así que quitaos la mugre del sector 2
y luego os ponéis los uniformes.
Yo pasaré a supervisaros.
Manuela, lleva el matrimonio al baño.
- Sí.
- ¡Vamos! - Venid conmigo, por favor.
Aquí tenéis los jabones y las toallas.
Aquí están los uniformes.
Rosa es una buena mujer. Tiene su carácter, pero no más.
- ¡Manuela!
- ¡Voy!
Daos prisa.
Vas a estar muy elegante. Pues anda que tú.
Madre mía.
Venga.
¿Qué tienes en la espalda?
¡Oh!
¿Y eso, qué te has hecho?
Me caí.
Vaya golpe, ¿no? Nada grave.
Venga.
Ay, por favor.
No me acordaba lo increíble que era una ducha.
No me lo puedo creer.
Por aquí dejaremos las bebidas.
Primero las copas y luego las botellas.
Nunca juntas.
Muy bien.
Manuela.
- ¿Sí, señora?
- Acérquense, por favor.
Hugo Múgica, ¿verdad? Sí, señora.
Y ella es... Soy Sara, su mujer.
Sí.
Le queda bien el uniforme.
- Mamá.
- Hija, déjame que te vea.
Estás preciosa.
A ver.
Pero hija, ponte los tacones, que no muerden, mi amor.
- Mamá, son lo peor.
Es como ir coja.
- Sos la hija de un ministro y ofrecemos una recepción.
- No discutas. Hay un código. - Un código solo para mujeres.
Si ellos tuvieran que ponerse tacones,
ya verías que rápido se acababa el código.
- Venga va, los tacones.
- Si desea alguna otra cosa la señora.
- Está el servicio preparado para recibir a los invitados, ¿no?
- Así es, señora. - Estupendo.
Señora, disculpe.
Me gustaría saber cuándo podemos pasar a firmar el contrato.
¿Perdón?
Bueno, es que ayer por la mañana en el Registro
se llevaron a mi hija, nuestra hija,
y sin esos papeles es imposible recuperarla.
Aprovecho para darle las gracias de antemano.
Muy bien.
Si pasamos al comedor, por favor.
¿Estás loco? A la señora no se le habla.
Qué poco vais a durar aquí.
Madre mía.
- No era un prostíbulo, papá,
era un club donde la gente va a divertirse.
Con putas.
¿No hay otra forma de divertirse en esta ciudad?
No se puede decir que haya muchas, la verdad.
Aunque no te lo creas, estaba allí
porque es importante estar en ciertos sitios con cierta gente.
Sí, sí, claro que sí.
Solo que tu acto de relaciones públicas terminó con un muerto
con los pantalones bajados.
Lo siento.
Nunca quise mezclar tu nombre en algo así.
Pues lo has hecho.
¿Estaban aquí? Y yo buscándolos.
Estaban discutiendo, ¿verdad?
No, cariño, no, todo va muy bien.
Mamá, estás guapísima.
Y tú también, hermanita, y muy alta.
- ¿Interrumpimos?
- Álvaro, jamás interrumpes, sos de la familia, por favor.
- Nos hemos adelantado un poco.
Hemos salido antes por los controles de seguridad.
- Hola, cielo. - ¿Cómo estás?
Qué barbaridad lo del comandante Mérida.
Pobre hombre.
Bueno, ¿vosotros cómo estáis?
- Bien, bien, ¿quieres una copa? - Por favor.
- Una copa a tu padrino, Daniela.
¿Cómo va nuestra política exterior, Ministro?
Siempre peor que la sanidad.
Ya sabes que tu marido es la estrella del Gobierno.
Yo soy un simple satélite.
¡Qué barbaridad!
- Hola.
- Laura, ¿cómo estás?
- No tan guapa como tú.
- Pero déjame verte.
Mira qué linda estás.
Vengan, pueden pasar.
- La chaqueta la elegiste tú, ¿no?
- ¿Te gusta? - Me encanta.
Buenos días.
- ¿En qué puedo ayudarla?
- Soy Begoña Sánchez, Asistente del Estado.
- Despacho 1.
- ¿Perdón?
- Los informantes van al despacho 1.
Buenas, ¿se puede?
- Adelante.
Buenos días.
Venía porque creo que le puedo ayudar en algo.
- Usted dirá.
- Sé quién es la persona que están buscando.
Creo que es la hija de mi vecina de bloque.
Les puedo dar la dirección donde vive.
Álvaro, el presupuesto lo necesitas para canapés, ¿no?
Y un poquito de betún para los zapatos.
- Preséntaselo a la señora.
- No, no, no, no me vengas con eso, que estamos hablando en serio.
Precisamente tú, que me salgas tú con eso.
Tu premisa me ha quedado clara.
Sacrificamos de nuevo inversión por crecimiento.
Bien, bien. ¿Y después qué? Ilumínanos, gran gurú.
Austeridad.
Lo único moralmente justificable es que estamos trabajando todos
para conseguir que cada ciudadano tenga, por lo menos, lo suficiente.
Ya, muy bien. ¿Y cómo sabemos cuándo es suficiente?
Porque los que no tienen nada están viviendo al límite.
- Están acostumbrados, Álvaro.
La gente no extraña lo que nunca ha conocido.
- Bueno, por favor. - Tengo razón.
- No te enfades. - Un momento, momento, momento.
Un momento.
Yo creo que lo único que es moralmente justificable
es preguntarles a ellos, ¿no?
Usted, por ejemplo, ¿qué necesita para ser feliz?
- No hace falta que responda. - Claro que hace falta.
Estamos deseando saberlo.
¿Qué necesita para ser feliz?
Supongo que lo mismo que usted.
Eso seguro que no, guapa.
- Ha sido una buena respuesta.
- Perdón, señor.
Hay un hombre que pregunta por usted, un policía.
Sí, sí, le esperaba.
Enrique.
Adelante, por favor, pasa.
Bienvenido. Señores, no sé si conocen ustedes
a Enrique Jiménez, nuevo Jefe Superior
de la Dirección General de Seguridad del Estado.
Buenas noches.
El Comandante está investigando el asesinato
de nuestro querido amigo Mérida.
Siento mucho interrumpir.
- Al contrario, es una alegría verle, Comandante.
¿No nos quiere acompañar?
- Estoy de servicio, quizás en otro momento.
Muchas gracias - ¿Nos trae buenas noticias?
- Sí, creo que sí.
Por eso necesito hablar con el señor ministro.
Si nos disculpan.
Pase a mi despacho.
Por favor, acompañe a los señores y sírveles hago de comer y beber.
¿No me ha oído?
Sí, sí, perdón, disculpe señora.
Es un informe preliminar.
Ahí está todo.
Adelante.
Pase, pase.
El comandante Mérida era un hombre muy cercano al presidente.
¿Cree que el crimen puede tener connotaciones políticas
o fue por algo personal?
No está claro todavía.
Pero la buena noticia es que hemos hecho
una primera detención.
Una pobre chica que se prostituía.
¿Desean tomar algo?
No, gracias.
¿Señor? Un poco de vino, gracias.
¿Y la culpable es esa chica, la prostituta?
No, pero lo vio todo.
Así que le aseguro que pronto habrá nuevas detenciones.
Perdóneme, señor.
Perdón, lo cambio ahora mismo. No pasa nada.
Un momento.
Mírame.
Por favor.
Tu cara me resulta familiar.
¿Nos hemos visto antes?
No lo creo, señor.
¿Va a detener a nuestra doncella, Comandante?
Espero que no.
Es la hija de una muy buena amiga mía, la conozco desde niña.
Me habré confundido entonces.
¿Te llamas?
Soy Sara.
Perdona, Sara, si te he asustado.
Le voy a dejar, Ministro.
No le entretengo más.
No he podido saludarte antes.
Tú no debes recordarlo, pero yo te conocí de niña.
Y a tu hermana.
Tienes los ojos de tu madre.
Recoge todo esto y después cierras.
Claro.
Vamos, llévate esto y recoge la mesa,
que ya han salido al jardín.
Claro, Rosa.
Hola. Hola.
¿Y tú quién eres?
Sergio. Hola, Sergio.
Oye, por casualidad, no sabrás de quién es ese coche.
Es mío.
Mira, con este botón aceleras.
Con este frenas.
Muy bien.
Vaya cochazo tienes. ¿No quieres jugar?
Me encantaría, pero es que ahora mismo no puedo.
No me dejan, ¿sabes? Estoy trabajando.
Pues vaya.
Oye, te prometo que el próximo día echamos una carrera con los coches.
Ahora, prepárate para perder, porque soy buenísima.
Seguro que gano.
Ya lo veremos.
Hala, corre, corre.
Caramba, Álvaro, te veo rápido.
¿Es así con todo, Laura? Peor.
- En un rato estoy ahí. Perfecto.
¿Cómo qué...? ¿Te vas a ir?
Es del CIM.
Esta mujer mía acabará descubriendo
la vacuna contra el virus.
Esta noche. Seguro que sí.
¿Os han dejado ya probar con seres humanos?
- Solo cobayas.
Laura, convence a Daniela de que está guapa,
que ese vestido le queda perfecto.
Dice que no le queda bien.
Por favor.
Daniela.
¿Y a ti qué te pasa?
Estás muy callado.
¿A ti te gusta el tipo ese, el comandante nuevo?
Ni me gusta ni me deja de gustar.
Pues a mí no me gusta nada.
Está a punto de resolver el asesinato de Mérida.
Puede que sea el mejor policía que tenemos.
Si se limitara a ser policía, sí, pero el suyo es un puesto político.
Los policías y los militares tienen cada vez más poder.
Les damos el poder para que puedan protegernos.
Ya.
Pero cuando se vengan arriba, ¿quién nos va a proteger de ellos?
- No estaréis hablando de política, ¿verdad?
No, no, no.
Venga, vamos a ver a tus ahijadas.
Mira, tenemos...
Ya sé que os parecerá extraño,
pero no sabéis la cantidad de gente que ha intentado llevarse algo.
No somos ladrones. Los otros tampoco,
pero hay mucha hambre.
El jornal del día.
Buenas noches.
Pero aquí no hay ningún documento.
¿No nos contrata?
Eso tendrá que decíroslo ella.
- ¡Daniela!
Trae los guantes, que los olvidé.
Pues vamos a hablar con ella.
¿Pero vosotros qué os habéis creído?
Señora. Por favor, venid aquí.
¿Qué os creéis que sois?
Señora. ¿Dónde crees que vas?
Solo quiero hablar con la señora.
- Señora, perdone, por favor. - No pasa nada, Rosa. Déjalos.
Señora, siento insistir,
pero necesito saber si va a darnos el trabajo.
Sin ese contrato no podemos recuperar a nuestra hija.
No suelo hacer contratos sin un período de prueba.
- ¿Estos, mamá? - Sí, gracias, hija.
Escúcheme, por favor...
Pero tú le gustaste a Sergio.
Ha notado que eres una buena mamá.
No es mi hijo, pero le quiero como si lo fuera.
Daniela, prepara los papeles.
Mañana los tienen que entregar en el registro.
Pronto van a tener a su hija.
Gracias, de verdad.
Muchas gracias.
- ¿Te ayudo? - Gracias, hija.
Cuidado con el vestido.
- Te dije que los tacones... - No hables así, hija.
- Adiós.
Venid conmigo, por favor.
¿Me ayudas, Rosa?
- Claro que sí.
Necesito vuestras firmas. Claro.
Gracias, gracias.
Hugo, te tengo que contar una cosa.
Después.
Vamos. Claro.
- Buenas noches, Alma. - Buenas noches, Tomás.
¿Funcionaron las dosis?
- Es pronto para decirlo.
De momento los resultados son positivos.
- Muy bien.
Eso es, un poquito más.
Vamos.
Mañana a primera hora un informe
con todos los resultados definitivos, Tomás.
- De acuerdo, lo tendrás.
Ahora te vas a sentir mucho mejor. Ya verás.
Ya tienes mejor cara.
- Buenas noches, señora directora. - Buenas noches.
Hola, mi guapo.
¿Cómo te sientes?
¿Cómo te sentís?
No te asustes, princesa, de nada.
Ahora a descansar con los angelitos.
Mañana te vas a sentir mucho mejor.
¿Y esto?
Está prohibido tener objetos personales.
- Por favor.
Por favor.
- Vamos a hacer una cosa, yo te lo guardo.
- ¿Me lo dará cuando me vaya?
- Claro que sí.
Seguro.
Descansa.
Mañana vas a estar bien.
Yo lo voy a cuidar.
Descansa.
Buenas noches, princesa.
Que sea la última vez.
Ya sabes lo que tienes que hacer.
"Por su seguridad, tengan los salvoconductos
y sus documentos..."
Hugo.
"visibles a disposición de las fuerzas del orden."
Lo que tenía que contarte es...
No tienes que contarme nada. De verdad.
Pero es que necesito que sepas una cosa.
Debo salir de Madrid cuanto antes.
Carlos ya me está esperando en los antiguos túneles de la M-40.
Julia.
Dime que no tiene nada que ver con el tipo que han matado.
Ese tipo estaba abusando de una menor
y me encontré con esa situación
y no pude hacer como que no lo veía.
No sabes las cosas que le hacía. No hace falta.
Estoy seguro que hiciste lo que tenías que hacer, ¿vale?
Te van a devolver a la niña, ¿verdad?
Claro que me la van a devolver.
Tengo los papeles, me la tienen que dar.
Sí.
Quiero pedirte una cosa.
Dime.
Necesito que cuides de mi madre.
Me preocupa mucho dejarlo ahora, después de lo de Sara ella no...
Tranquila, tranquila, ella estará bien.
Sobre todo sabiendo que estás a salvo.
Julia.
Nunca olvidaré lo que has hecho por mí.
Nunca.
Cuídate mucho.
Tú también.
"Por su seguridad, se ruega a los ciudadanos
que regresen ordenadamente a sus casas."
¡Policía!
¡Abran la puerta!
¡Abran la puerta!
¡Quietos, al suelo!
Es un placer tenerla aquí por fin.
- Comandante, cuando quiera.
- Por favor.
Comandante Jiménez, antes de nada quería darle
la enhorabuena por la rapidez con la que ha solucionado el caso.
- Se lo agradezco, pero esta enhorabuena
no es solo para mí,
sino para toda la Dirección General de Seguridad
y sobre todo para la población honrada y pacífica
que es la mayoría de este país y a la cual me gustaría aprovechar
para enviarle un mensaje.
Me dirijo a ustedes como nuevo Comandante en Jefe
de la Seguridad del Estado
para comunicarles una importante noticia.
El asesino del comandante Mérida ha sido abatido
mientras intentaba huir de la capital.
Debemos agradecer una vez más a las fuerzas de seguridad
de Nueva España por su maravillosa labor policial.
- Uy, mira, se te ha caído esto.
Qué suerte que estábamos aquí para cogerlo.
- Quietos, no disparéis.
- Ha sido una investigación ejemplar.
Por su eficacia.
Su rapidez.
Vivimos tiempos difíciles.
No podemos permitirnos el lujo de mostrar la más mínima debilidad
a nuestros enemigos.
Por eso pueden dormir tranquilos.
Seguiremos velando por la prosperidad y la seguridad
de todos nosotros.
De los mayores.
De las familias.
Buenas noches.
De los menos afortunados.
Y de toda la gente de bien de este país.
Dedicaremos todos los esfuerzos que sean necesarios para garantizar
la paz y la convivencia de nuestros ciudadanos.
Y tengan por seguro
que a nuestros enemigos les espera únicamente la derrota.
¿Sabéis qué hora es?
Ya pasan de las 11.
Se están retrasando.
Porque no nos temblará la mano a la hora de impedir
que nadie, absolutamente nadie,
altere la estabilidad que tanto nos ha costado conseguir.
¡Corred!
¡Corred!
Buenas noches y recuerden:
El futuro nos pertenece.
Enrique Jiménez ha efectuado el arresto del terrorista
que asesinó al comandante.
- Pero qué hijo de...
- Quieto. - No, no disparen.
Las manos donde pueda verlas.
- Estos son los niños especiales.
- Yo lo que quiero es recuperar a mi sobrina.
- Te espero esta tarde en mi casa.
¿Te apetece?
- Tranquilo, yo me encargo de esto.
No me quiero imaginar qué haríamos sin este régimen.
¿De dónde lo has sacado? Lo cogí y lo traje y ya está.
Esto no es un juego.
Aquí por menos de esto, te matan.
Esta ciudad es próspera y segura, si uno no se mete en problemas.
- ¡Vamos! - No tenemos que usar animales
ni fabricar el antígeno en un laboratorio, eran los niños.
- Cuando subimos la dosis, no la aguantan.
- Tomás, investigar es arriesgar.
Tú serás un cabronazo, pero yo puedo serlo mucho más,
porque tengo una niña que depende de que su padre
no se achante ante gilipollas como tú.
Mis ángeles.
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