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INMENSA E INMORTAL ERA LA FUERZA DE H�RCULES,
COMO EL MUNDO Y LOS DIOSES A LOS QUE PERTENEC�A.
PERO UN DIA, EN SU ETERNO CAMINAR, ENCONTR� A LOS HOMBRES.
ESTABAN LISTOS PARA SACRIFICAR SU BREVE TESORO, LA VIDA,
POR EL CONOCIMIENTO, LA JUSTICIA Y EL AMOR.
Te doy las gracias.
Y doy gracias a los Dioses por haber puesto en mi camino
un hombre fuerte como t�.
Confieso que me ha impresionado ver a tus caballos desbocados.
�C�mo est�s?
Mejor.
Todav�a me tiemblan las piernas.
�Qu� miras?
�A una muchacha que no sabe dominar a un tronco de caballos?
�Qu� dices?
Nadie hubiera podido dominarlos.
-�Entonces? -Te miro.
Es verdaderamente dif�cil encontrar una mujer tan bella.
Lo dices con sencillez.
Como lo dir�as de una planta o de un animal.
Puedo creer que seas sincero.
As� es.
Yo siempre soy sincero.
Ahora comprendo. Eres H�rcules de Tebas.
En Iolco te esperan. Se esperan grandes cosas de ti.
Por los Dioses, se habr� quemado.
No, a�n puede comerse.
�Quieres un poco?
S�.
-Sigue. -No. Basta.
Empezar� por donde t� has puesto los labios.
No s� si eres audaz o presuntuoso.
S�lo estoy hambriento.
No es trabajo para ti, Iole.
S�, Iole... hija de Pelias, rey de Iolco.
La ense�a en el carro me ha dicho tu nombre.
Deja, yo lo har�.
Tardar� poco.
No tengo ninguna prisa por regresar a esa ciudad que odio.
Una extra�a bienvenida para un extranjero.
Yo, en tu lugar, no ir�a.
Me ha invitado tu padre.
No es cierto.
Eres t� quien se ha ofrecido a ense�ar el arte de las armas a mi hermano.
�Y no es lo mismo?
No.
Conoces como todos la historia de Iolco.
Sabes perfectamente de lo qu� hablo.
�Recuerdas aquella noche?
�Qu� sabes de lo que ocurri�?
Era una ni�a.
Los recuerdos de esa edad
se esfuman como arena apretada en el pu�o.
Pero recuerdo que era feliz aquel d�a.
Volv�amos de cazar.
Hab�amos dado una batida en compa��a de mi t�o Es�n,
que entonces era rey.
Insisti� mucho en que, con su hijo Jas�n, subi�ramos a su carro,
mi hermano Ifito, mi padre y yo.
A nuestro lado cabalgaba el jefe de la escolta, Quir�n,
que el d�a antes hab�a tenido una discusi�n con el rey
por motivos que ignor�bamos.
De pronto, vimos frente a nosotros un pelot�n de soldados.
�Alto!
Conduc�an a un hombre encadenado.
�Honor al rey!
Mi t�o detuvo al auriga mientras yo trataba, en vano,
de ver el rostro del prisionero, que estaba arrodillado.
El rey murmur� algo al o�do de mi padre
que baj� del carro y se acerc� a hablar con el jefe del pelot�n.
�Qu� ha hecho?
Ha matado a una mujer para robarle el poco dinero que ten�a.
Es un asesino.
Del breve coloquio s�lo consegu� oir una palabra.
Asesino.
Deb�a tratarse de un condenado a muerte.
Y me cercior� cuando mi padre, una vez en el carro,
dijo algo en voz baja a mi t�o
e hizo que arrancaran los caballos velozmente
Es�n era bueno, pero justo e inflexible en su justicia.
La idea de aquella muerte inminente
se apoder� de m� como un triste presagio.
Mientras tanto, un fuerte viento hab�a empezado a agitar los �rboles del bosque.
Cuando llegamos a Iolco
el cielo se hab�a oscurecido y el viento soplaba con furia.
Los habitantes que siempre acud�an a dar la bienvenida al rey
se hab�an encerrado en sus casas
y la gran plaza estaba desierta.
Al acercarse la noche, la sensaci�n de angustia
se iba apoderando cada vez m�s de mi �nimo.
Y s�lo consigui� disiparla un poco la invitaci�n de mi primo Jas�n
de ir a ver el vellocino de oro.
Cuando el rey y su guardia se hab�an alejado
Jas�n, Ifito y yo, entramos en el sal�n del trono emocionados.
Felices. Ver y tocar lo que el pueblo consideraba el s�mbolo real,
m�s que el cetro y la corona.
Era para nosotros una gran emoci�n.
Parec�a como si de �l se desprendiera un fluido misterioso.
Rozarlo produc�a escalofr�o.
Fue aquella la �ltima vez que vi a Jas�n,
mientras indignado miraba a Ifito,
que se hab�a sentado en el trono.
Mi sue�o fue enseguida turbado por las pesadillas.
El recuerdo del encuentro en el bosque no me abandonaba.
So�� lo que yo imaginaba como ep�logo del triste episodio.
Vi al condenado llegar al lugar del suplicio.
al verdugo avanzar hacia �l, empu�ando el hacha,
levantarla...
Pero mi grito hizo eco con otros gritos lejanos por los salones del palacio real.
Y mi terror aument�
al darme cuenta de que el lecho de mi nodriza estaba vac�o.
Enloquecida, desesperada, corr� hacia el sal�n del trono.
Entre los gritos y la confusi�n vi el cuerpo del rey asesinado.
Mi padre estaba all�, como petrificado,
contemplando la sangre de su hermano.
Luego, con los ojos desencajados, mir� hacia las lanzas
que ya no sosten�an el vellocino de oro.
De poco sirvi� su dolor.
Jas�n y Quir�n hab�an desaparecido.
Y con ellos el vellocino de oro.
Y as� Quir�n fue acusado de haber asesinado al rey
por llevarse con �l a Jas�n y el vellocino.
-S�. -�Con qu� objeto?
Por venganza.
T� tampoco lo crees.
�Qu� importa?
Eso es lo que dicen.
Tambi�n dicen que no fue Quir�n quien asesin� al rey de Tesalia.
�Es falso!
Si crees que es falso, �por qu� gritas?
S�, en Iolco se habla de mi padre,
Se murmura que le asesin� para arrebatarle el trono.
Pero, �no es absurdo ese rumor?
S� que reinar sin el vellocino de oro es muy dif�cil.
Por eso la gente inventa tantas calumnias.
Mi padre est� por encima de toda sospecha.
Es natural que t� lo creas.
He sido una necia.
Pretend�a convencer a un disc�pulo de Quir�n.
T� tambi�n vienes a perseguirnos.
A hacerme sufrir.
Vamos, te acompa�ar�.
Espera.
Reconozco que no sirvo para carpintero.
Te llevar� hasta Iolco en mi caballo.
Te lo ruego Se est� haciendo de noche.
Cu�nto odio hay en tus ojos.
Has crecido mal en esa casa.
Entre malos recuerdos, sin un amigo.
Pero yo te ayudar�.
Te proteger�.
Te lo juro.
Como el gusano al fruto maduro,
como la luz a las tinieblas,
como el agua al fuego,
alquien se acerca y se dispone a destruirte.
Gu�rdate del Onosandro.
Tu sue�o es siempre el mismo.
Un hombre con una sola sandalia.
L�brate de �l.
�Por qu� me odia tanto?
A�n no sabe siquiera odiarte.
Padre, nunca has cre�do en los or�culos.
Y, adem�s, esta sibila no sabe...
El destino conoce bien tu nombre.
La muerte duerme en tu propio lecho.
�Qu� quieres decir, bruja?
No puedo hablar m�s.
Esto es cuanto los dioses me conf�an.
No, hay que respetar a los sacerdotes, a los Dioses y a quien habla por ellos.
Dar� orden de que el hombre que llegue a Iolco con una sola sandalia,
se le mate inmediatamente.
�T�!
�Qui�n eres?
H�rcules.
Que t� has llamado a Iolco.
H�rcules de Tebas.
Ac�rcate.
Bienvenido a Iolco.
Dicen que eres un semidi�s. �Sabes tambi�n hacerte invisible?
Silencio, Ifito. Me ha salvado la vida.
Muy bien. Ha sido h�bil la primera vez.
Escucha con atenci�n lo que yo diga a H�rcules,
porque tambi�n te interesa.
Con su ayuda reforzar� el trono de Iolco.
Con su gu�a, har� de ti un hombre capaz de reinar.
Luego... luego lo dejar� todo.
-Poder, honor y gloria. -Padre.
Espero ese d�a con gran ansiedad.
El trono de mi reino me parece, a veces,
un escarnio humilde e in�til.
Padre, has bebido mucho esta noche.
Tienes raz�n, pero no callar� m�s.
H�rcules tiene la mente abierta, adem�s del brazo pronto.
Y yo necesito ayuda porque estoy cansado.
Demuestra tu sinceridad y har� de ti mi consejero.
Adi�s. Hasta ma�ana, amigo m�o.
Un momento. �Qui�n me asegura
que eres en verdad el hijo de Alcmena?
Lo he visto yo. Ha domado a mis caballos.
Iban enloquecidos y me ha salvado.
Cierto. Cierto, hija m�a.
Pero yo no me f�o de los ojos de una mujer.
�Qu� quieres decir?
Nada.
Te quiero demasiado, Iole.
-O sea... -Espera, padre.
Adelante Demuestra lo que eres capaz de hacer.
Est� bien, H�rcules. Ret�rate. Iole te indicar� tu dormitorio.
Hasta ma�ana, Pelias.
Le has tratado demasiado bien, padre.
Te has dejado hechizar, lo mismo que mi hermana.
Y t� le odias porque eres necio e impulsivo.
H�rcules es tu garant�a.
Sus fuertes brazos har�n temer a Argos, a Laertes, a Tifi,
Di�scoli y a cuantos ataquen el trono de Iolco.
Este trono ser� tuyo, hijo... s�lo tuyo.
Dormir�s aqu�.
El sol sale por el otro lado.
Podr�s descansar tranquilo.
Gracias, Iole. Hasta ma�ana.
Es extra�a mi familia, �verdad, H�rcules?
No puedo juzgarla todav�a.
�Por qu� no sonr�es?
-Soy prudente. -Y con raz�n.
Si quieres, te libro del juramento que me has hecho.
Nunca.
Si he callado ante las insolencias de tu hermano,
si me quedo en Iolco, lo hago s�lo por ti.
�No te interesa ya la historia de Quir�n?
Mira.
Esa era su estancia.
En esa estaba el rey muerto.
Y all� dorm�a Jas�n.
Quir�n fue el asesino de mi t�o.
�l y nadie m�s.
Estoy seguro de que lo dices de buena fe,
aunque te equivoques.
�Qu� m�s quieres, Euristeo?
Nada. Pero has cometido un error.
No. H�rcules har� de mi hijo lo que yo no he logrado ser.
H�rcules ha sido disc�pulo de Quir�n.
Eran muy amigos.
Han pasado muchos a�os.
H�rcules es justo.
Y el justo busca siempre la verdad.
Aunque pasen muchos a�os.
No queda contento hasta que la encuentra.
Podr�a encontrar otra cosa en su lugar.
El amor, tal vez.
�Iole?
No puedo impedir que escuche sus propios sentimientos.
Tu hija se arrepentir�.
-Como t�. -Cierto.
Vete.
S�, me voy. Vuelvo a la sombra.
Ese es el premio a mi lealtad durante todos estos a�os.
-�Y el oro? -�El oro? El oro brilla al sol.
En la sombra es opaco, triste, como la sangre.
�Vete!
S�, pero volver�. Y ser�s t� quien me llame.
Tienes que abandonar los juegos. Tu coraz�n no resiste el esfuerzo.
Lo s�, Esculapio. S�lo quisiera correr este marat�n.
-Llevadle de aqu�. -Me he entrenado durante tantos meses..
Basta.
La semilla del fanatismo crece entre la juventud de Iolco
y con ella el mito de la fuerza.
Se descuidan los estudios por la gloria del atleta,
-�no es as�, Orfeo? -S�, Laertes.
Por desgracia, la poes�a languidece.
Alg�n d�a mi lira s�lo cantar� her�icas empresas y batallas.
-Mira, Tifi. Llega Argos. -Parece una Furia.
�Tambi�n a los juegos? �Tambi�n cegados por el nuevo astro?
En Iolco ahora no se habla mas que de H�rcules.
Ha conquistado el coraz�n de nuestros hijos.
Creo que a una se�al suya se enfrentar�an incluso contra nosotros.
No temas. La mirada de H�rcules es pura como la luz del sol.
Su fuerza es un desaf�o a las tinieblas.
Miradle, entre Castor y Polux.
La perfidia no puede hallar albergue en su pecho.
Mirad.
Bravo.
Magn�fico salto.
Pero, cuidado, hay que ir paso a paso para llegar a ser campe�n.
Tienes que centrar tu atenci�n en m�. Quiero llegar a ser como t�, H�rcules.
Seguro que lo conseguir�s, si tienes fuerza de voluntad.
Mi padre dice que s�lo eres un hombre fuerte,
pero yo s� que t� ense�as a poner la fuerza al servicio de la inteligencia.
As� tiene que ser.
Est� bien. Te quedar�s a mi lado.
Te ense�ar� c�mo se combate. No solo con los brazos.
Y alg�n d�a, amigos y enemigos, te llamar�n el Astuto.
No pod�a ser m�s que �l.
Perdona, nosotros nos vamos.
-Adi�s, H�rcules. -Hasta ma�ana.
Trae un arco.
El sol est� alto.
Duermes demasiado.
El masaje de mis esclavas es un placer al que no puedo renunciar,
s�lo porque me espera H�rcules.
Toma.
No.
Tira desde ah�.
Nunca me he visto honrado con tan honorables espectadores.
Es una distancia absurda.
Lo has hecho a prop�sito para humillarme ante ellos.
�T� crees? Es la distancia m�nima para utilizar el arco.
Cuando el enemigo est� cerca se usa la espada o la lanza.
Y recuerda que no es cuesti�n de fuerza.
Con un poco de cerebro hasta un chiquillo como �ste
puede hacer blanco desde el fondo del campo.
Bien. Demu�stralo.
Demuestra que en tu cr�neo no hay un tercer biceps.
Ven conmigo.
�Qu� intenta hacer?
Silencio.
Prep�rate con calma.
Y, sobre todo, piensa.
Tienes que calcular bien la intensidad del viento.
Mira la copa de aquellos �rboles.
Ellos te sugerir�n la inclinaci�n necesaria del arco
con respecto al blanco.
La flecha ha de estar paralela al brazo izquierdo.
Precisa, como una recta.
As�.
Tensa dos pulgadas m�s.
No acertar�.
Tienes que hacerlo. Adelante.
Otra pulgada.
Tira.
Sorprendente.
Muy bien. �C�mo te llamas?
Ulises, hijo de Laertes.
Recuerda bien lo que te digo:
Tu destino lo decidir� el arco.
Nadie en toda la Tesalia me ha batido en el lanzamiento de disco.
-�Aceptas mi desaf�o? -Acepto.
El hijo de Pelias ha estado acertado.
La enorme corpulencia de H�rcules ser� una aliada de Ifito en esta competici�n.
Veremos.
Tiro de 137 pies.
Es una distancia extraordinaria,
El orgullo herido del hijo de Pelias ha castigado a H�rcules.
-Esperemos. -Adelante, H�rcules.
Mu�stranos tu estilo. �C�mo se lanza en Tebas? �Con las dos manos?
Es verdaderamente la mano del hijo de Zeus.
�Mi carro! �Mi carro!
V�monos, padre.
No encontrar�s amigos en Iolco.
Regresa a Tebas, H�rcules.
Te he prometido quedarme y me quedo.
Es muy peligroso para ti.
Ifito se vengar� porque le has cubierto de rid�culo.
Iole, no puedo dejarte.
Yo tampoco podr�a vivir lejos de ti.
Tem�a tanto que aceptaras marcharte.
Me ve�a sola en palacio, entre aquellos muros hostiles, sola.
Ha vuelto Puntual como las estaciones.
Cruel como las golondrinas con el trigo tierno.
Eso es lo que prefiere.
Trigo tierno, ni�os y mujeres.
�Qu� ha sucedido?
-Nemeo, el le�n. -�D�nde est�?
En el valle de Pasira, a poca distancia de aqu�.
-�Paso! -�No vayas H�rcules!
�H�rcules, no! �No! �No vayas! �Te matar� tambi�n!
-Regresa a Iolco. -No.
He venido para gozar del espect�culo.
-Vete. -Quiero verte peleando con un le�n, no con un disco de hierro.
-Eres m�s pronto de lengua que de mano. -Eso habr� que verlo.
Vete. Sabes que respondo de tu vida.
Pues responde tambi�n de mi prestigio ante el pueblo.
Y te juro por los Dioses, que si te salvas del le�n no te salvar�s de mi espada.
Oh, gran Zeus,
�era este el destino?
Tu carro vac�o ha llegado a Iolco como un l�gubre anuncio.
S�, pero la v�ctima de Nemeo no soy yo.
A�n est�s a tiempo de serlo.
Te hab�a advertido, Pelias.
Con H�rcules entraba la ruina en estos muros.
Mi hijo ha muerto.
-Hijo m�o. -Es in�til llorar.
Piensa en la venganza.
�C�mo puedo vengarme de H�rcules?
�C�mo puedo hacerle sufrir como yo sufro?
P�dele este rescate.
Y ver�s a H�rcules dominado por esa furia invencible.
Rey Pelias, ha llegado H�rcules.
Nadie quer�a que te enfrentases con el le�n.
Si no lo hubieras hecho,
mi hijo vivir�a.
Ahora Nemeo ha muerto
y los padres, los maridos que lloran a hijos y esposas,
siente c�mo se aplaca su rencor
y su dolor.
Pero, �qui�n aplacar� el m�o?
T�, por cubrirte de gloria
has tra�do la desventura a mi casa.
Ir�s al encuentro del Cretense.
Te enfrentar�s.
Fiera contra fiera.
Ese es el rescate que te ordeno.
�Que nunca haya paz para ti!
Quieran los dioses perseguirte con sus dardos
y los hombres con su odio
hasta que hayas lavado la sangre de mi hijo.
Iole, no he querido desmentir a tu padre,
porque s� que sufre.
Pero esta orden es injusta.
Como injustas son sus acusaciones.
Claro. H�rcules s�lo debe obedecer a los Dioses.
�Pero qu� sabes t� de los sufrimientos de los hombres?
Escucha, Iole...
�Vete!
�Por qu� ha muerto Ifito? Contesta, sibila.
La ofuscaci�n me circunda.
Un hombre a quien yo podr�a despedazar, me da �rdenes.
Y una mujer me humilla.
No es culpa tuya, H�rcules.
Ifito ha muerto porque debe cumplirse el destino de Iolco.
Sigue al Cretense. Lucha con �l.
En la lucha que has de sostener con el toro, est� tu suerte.
Estoy cansado de tener que cumplir tantos destinos y tantas empresas.
No soy un fantoche ni siquiera para los Dioses.
Entonces, �qu� pretendes hacer? �Rebelarte?
Esc�chame. Los acontecimientos de los �ltimos d�as
Iole,... este rescate... han creado en m� sentimientos nuevos.
Pero en cambio hay algo que me impide sentir el odio... y el amor.
Es tu inmortalidad, H�rcules.
Si la inmortalidad me obliga a ser desgraciado, no la quiero.
Cuidado, H�rcules. Ahora es f�cil renunciar a ella.
Pero piensa que te esperar�a la vejez y, al fin, la muerte.
Ser�as como los dem�s. Indefenso, presa del miedo y del dolor.
Quiero amar como todos los hombres.
Luchar como ellos.
Sentir el transcurso del tiempo.
Y ver crecer a mis hijos.
Basta, H�rcules. Sea como quieres.
Desde hoy tendr�s que hacer frente a las pruebas
que te reserva el destino con solo tu fuerza.
Podr�s vencer o regresar vencido.
Matar o caer muerto.
Est� bien. As� la lucha ser� m�s bella.
Sigue tu suerte entonces.
Los Dioses no aman la tenaz presunci�n de los hombres.
Gracias, oh Dioses, por haberme escuchado.
Ahora es una verdadera lucha que ganar.
Ahora tengo una mujer que conquistar.
Y tengo mi destino de hombre.
...mi destino de hombre. ...mi destino de hombre.
Podr�s vencer o regresar vencido.
Matar o caer muerto.
-Quir�n. -�Qui�n eres?
-�De qu� le conoces? -H�rcules.
El Cretense me ha matado. Todo ha acabado para m�.
Pero los hados han sido generosos. Est�s aqu�.
Descansa tranquilo. No hables.
No. D�jame. Siento que la muerte se aproxima.
Esc�chame, Jas�n. S�, es el hijo del rey Es�n.
Quir�n me salv� de los que quer�an suprimirme.
Me condujo aqu� cuando era un ni�o.
Me educ� en el saber y en las armas como un padre.
Debe ocupar el puesto al que tiene derecho.
El trono de la Tesalia.
El momento ha llegado.
Pero ahora ser�s t� quien le ense�e en mi lugar
el camino de la justicia.
Regresar�s a Iolco con Jas�n y el vellocino de oro.
H�rcules, disc�pulo m�o predilecto de los tiempos felices,
el vellocino de oro no est� aqu�.
La embarcaci�n con la cual el peque�o Jas�n y yo logramos huir de Iolco,
fue empujada por un viento impetuoso hacia la tierra de la C�lquida.
Los habitantes quisieron matarnos a Quir�n y a m�.
Y porque el vellocino de oro no cayera en sus manos
Quir�n lo escondi� entre las ramas de una inmensa encina.
Luego, no s� c�mo, conseguimos huir y continuamos viaje.
Pero, �qui�n mat� a Eson? �Qui�n fue?
Jas�n debe recobrar su reino sin violencia.
Esto es lo ense�ado. Esta es la promesa.
�Qui�n le mat�? Habla.
Acu�rdate. El vellocino.
Mira, Jas�n. Iolco est� detr�s de esas colinas.
Faltan nada m�s que diez estadios.
Vamos.
No, Jas�n.
Es in�til que te atormentes.
Nunca sabremos qui�n mat� a tu padre, ahora que Quir�n ha muerto.
Cu�ntas veces insist� para que me dijera la verdad.
Pero �l nunca quiso hacerlo.
Le�a mis pensamientos. Sent�a mi deseo de venganza.
Como yo puedo leer en tus ojos
que la voluntad de matar es m�s fuerte que los consejos de Quir�n.
Es cierto. El deseo de vengarme domina todos mis pensamientos.
Pero el asesino no tiene un rostro, no tiene un nombre.
Un momento. Deteneos. Esperad.
�Qu� quieres?
Tenemos que cruzar el arroyo y no queremos que se mojen las ni�as.
Est� bien. Pod�is montar.
Arriba.
Ya est�.
Precisamente ahora ten�a que soltarse.
Cu�nto lo siento. Por culpa m�a.
No importa. En Iolco vender�n otras mejores.
Tenemos mucha prisa.
Adi�s.
-Adi�s a ti. Y gracias. -Adi�s.
Dar� orden de que el hombre que llegue a Iolco con una sola sandalia
se le mate inmediatamente.
�Iole! �Iole! �Ha vuelto!
-�H�rcules? -S�. No viene solo.
Viene acompa�ado de un joven que pretende ser el hijo de Eson.
Daos prisa.
Y as� fui salvado por Quir�n y escondido en aquella gruta
en espera de que los Dioses y la edad me ayudaran a regresar a mi tierra
sin temer la c�lera de los asesinos de mi padre.
Estoy dispuesto a creerte, joven.
Mas espero que te des cuenta
de que necesito pruebas.
Pudiera ser que dijeras la verdad
pero yo no puedo ceder mi reino y el gobierno de esta ciudad
al primero que llega asegurando que es mi sobrino.
Ahora t� dices que Quir�n ha muerto
y que el vellocino de oro se encuentra nada menos que en la C�lquida.
Una tierra muy lejana. Un viaje largo e imposible.
Podr�as haber venido con el �nico objetivo de enga�arme.
Yo he o�do todo cuanto Quir�n ha dicho.
Tus palabras nada a�aden a la verdad o a la mentira.
Ya has tra�do bastante luto a mi casa.
�Quieres tambi�n arrebatarme el trono?
No ser� yo quien lo haga.
Yo creo, rey, que discutir es perder el tiempo.
Si este joven ha dicho la verdad, lo confirmar�n los Dioses.
La C�lquida est� lejos, pero vale la pena intentar el viaje
si con ello sabemos algo sobre la muerte de Es�n.
Es una tierra fabulosa y llena de misterio la C�lquida.
Y pavorosos los mares que la circundan.
Quiz�... quiz� sea esta la empresa a la cual la nave de Argos estaba destinada.
Una conquista que los poetas canten como el nacimiento de Zeus o de Atenea.
Hallar el vellocino de oro o desaparecer en el silencio de la muerte.
As� el pueblo sabr� si es justo y leg�timo el trono de Iolco.
Nosotros iremos para volver a decirte la verdad, Pelias.
Orfeo tiene raz�n. Estoy dispuesto a partir.
Y yo con �l.
Tambi�n yo.
Y nosotros.
Como gust�is. H�gase vuestra voluntad y la de los Dioses.
Pero no esperar� toda la vida.
No permanecer� en la duda los pocos a�os que me quedan.
Ten�is tres lunas de tiempo. Ni un d�a m�s.
Adi�s.
Tendr�s nuestro apoyo. Qu�date tranquilo.
-No lo dudes. -Te ayudaremos.
-Tu mirada es sincera. -Seguro. -Mereces que se intente.
-�No te ha hablado nadie de Ulises? -No.
Te hablar� yo que lo soy. Te ser� de gran ayuda, amigo.
Iole.
�Qu� quieres decirme?
�No creeras que me obstino en contra de tu familia?
�De veras? �Qu� otra cosa debo creer?
Que solo busco la verdad.
�T�? Desde el principio sab�as qu� verdad quer�as descubrir.
Escucha, Iole. Te lo ruego, porque te amo.
�Qu� esperas? �No has o�do las palabras de Orfeo?
Emprende una nueva empresa, otra gloria para ti.
Ve con ese que se hace llamar Jas�n y vuelve con otra victoria y otras aventuras.
�Recuerdas lo que me dijiste el primer d�a?
Que no eras feliz porque un misterio sombr�o rodeaba el trono de tu padre.
-�No es as�? Nuestro destino est� desvelado. -No, H�rcules. Tu destino no es el m�o.
Triunfar�n, estoy seguro.
Y llegar�n con el vellocino de oro.
Me acusar�n.
Me matar�n.
Y matar�n a Iole, que no tiene m�s culpa que ser mi hija.
-Cuando he visto a ese hombre sin una sandalia... -Basta, Pelias.
Con lamentaciones no lograr�s salvarte.
�Qu� me aconsejas? Habla.
Si crees que hay un camino de salvaci�n, estoy dispuesto a todo.
Tu hijo ha muerto y si Jas�n no regresara, despu�s de ti...
una mujer sola no podr� ocupar el trono.
�No! Nunca te dar� a Iole. �Nunca!
Los Argonautas zarpar�n por la ma�ana.
Nadie me conoce. Pi�nsalo esta noche. Adi�s.
-�Por qu� no cantas? -Porque no me apetece.
Piensas en Iole, �eh?
En verdad la mujer siempre es un tormento.
Primero sufrimos por hacerla nuestra esposa.
M�s tarde sufrimos de celos.
Y si no sufrimos por otro motivo.
Porque siempre es ella quien acaba dando �rdenes.
Se ha levantado el viento. Izad la vela.
�Izad! �Izad!
Primer d�a de navegaci�n. Este ser� el calendario.
Un corte por cada d�a.
No hablas nunca. Ya no sonr�es, Iole.
-Eso nos entristece. -La nave est� lejos, muy lejos.
�Silencio!
�Esperas con ansiedad que se decida mi suerte?
S�, padre. De todas formas ser� la paz para nosotros.
Aunque ese joven sea Jas�n.
En una ocasi�n dijiste que el trono es una carga.
Para vivir solo necesitamos serenidad.
Demasiado tarde para empezar. No es posible.
Con la ayuda de los Dioses... H�rcules...
No le nombres. No... No, Iole...
No es posible lo que piensas.
-Desde ahora s�lo agua. -El vino est� a tiro de flecha.
Con cuatro brazadas a nado...
S�, pero ser�a necesario que la nave fondease.
�H�rcules!
�D�jame el tim�n!
�Recoged los remos! �El mar los despedaza!
�Arriad la vela!
�Echad la escota! �Arriad la vela!
�Amagad la escota!
�Agarrad los barriles!
�La carga al mar!
Se hundir� la nave. Castor, ponte en mi puesto. Adelante.
Conmigo a la bodega.
Hay que apuntalar.
No tolero imposiciones de nadie.
No ceder� a una amenaza semejante.
Quien no tenga confianza en esta empresa y en esta nave
puede desembarcar en la pr�xima isla.
Desemb�rcanos en Iolco, no en una isla cualquiera. Y cuanto antes, mejor.
No s� quien siembra la discordia entre vosotros,
porque no puedo creer que una tempestad os haya atemorizado hasta ese punto.
Los v�veres que ten�amos han ido al mar,
El agua escasea. Neptuno y Zeus est�n contra nosotros.
-Habla. �Qu� decides? -No tiene que decidir �l, sino nosotros.
�Vosotros? Pero si no os permite razonar el miedo.
Saberlo todos. Quien se rebela ahora es un traidor.
Basta, Argos. Yo no permito que me insulten.
-�De qu� tienes que protestar? Dilo. -�D�jame!
-Cuando quiera. -He dicho que me dejes.
�Quieres que te mande a hacer compa��a a los v�veres, ya que tanto te atraen?
No, H�rcules, no.
O�dme bien, todos los que hab�is amenazado con rebelaros.
Ha sido s�lo una tempestad.
�Desde cuando los hombres navegan s�lo con buen tiempo?
�Qu� es lo que ha cambiado vuestro �nimo?
Vamos, responded. �Quiz� el descontento de alguno?
Vamos. Volved a los remos. Desembarcaremos dentro de poco.
�Hab�is o�do?
-T�, dime de d�nde eres, -De la campi�a de Iolco.
-�Es la primera vez que navegas? -La primera y la �ltima, espero.
-�Por qu�? -Porque me mareo.
Veo que te gustan las chanzas.
Es el �nico medio que tengo para decir la verdad.
Muy bien, puesto que eres tan agudo, oye atentamente lo que voy a decirte.
Ahora tenemos que anclar para arreglar la nave y reponer v�veres
y t� responder�s de la tripulaci�n. �Est� claro?
-�Yo? -S�. T�.
He comprendido de qui�n parti� la idea de volver a Iolco.
Ninguno de la tripulaci�n deber� dejar la nave cuando desembarquemos.
�No ser�a m�s �til en tierra con vosotros?
No. Te quedar�s abordo.
Y al primer inconveniente, te colgar� del palo.
Est� bien. Obedezco.
As� que te has lavado las manos, �eh?
Adelante. �Qu� hac�is? A trabajar.
-Hasta pronto. -Buena suerte.
Ser� mejor... probar por este lado.
�Qui�nes sois? �Qu� ven�s a buscar a nuestra tierra?
Cre�amos que la isla estaba desierta.
Hemos desembarcado para aprovisionarnos de agua y de caza.
Pero nuestras intenciones son pac�ficas.
Tirad las armas y seguidnos. Nuestra reina decidir�.
Vaya. Interesante imprevisto.
Seguidme.
�C�mo te llamas?
�Qui�n es vuestra reina?
�C�mo iba yo a esperar que a los sesenta a�os se me presentase
una aventura como �sta? Gracias, oh, Dioses.
Por Plut�n, entonces es cierto. Yo cre�a que era una f�bula.
O una fantas�a de la imaginaci�n de los poetas.
�Por qu�? �Qui�nes son?
Son las amazonas, amigo m�o. Un pueblo de mujeres, �comprendes?
S�lo hembras. Algo parecido a las abejas.
�Nos reservar�n el final de los z�nganos?
-�Los z�nganos? -S�, los machos de las abejas.
Las hembras los matan despu�s de la boda.
Mirad.
Todos son hombres.
Flepas Fenicio, aqu� embarc�, aqu� am�, aqu� muri�.
�Comprend�is?
Aunque as� fuera. La vida de los hombres est� pendiente de un hilo.
�Estaremos vivos ma�ana? �Qui�n puede decirlo?
As� que no perdamos tiempo pensando.
Te saludo, reina.
Espero que tu ayuda me permita prolongar mi estancia en esta tierra
lo menos posible.
No queremos turbar vuestra vida y mucho menos vuestra soledad.
Puedes prescindir de la iron�a. S�, somos un pueblo de mujeres.
Aqu�, no hay un solo hombre desde hace muchos a�os.
El fuego que sale del cr�ter de esa monta�a, los destruy� a todos.
Nos hemos quedado solas.
Piensa en la �ltima de nosotras, extranjero y as� no har�s iron�as.
Perd�name, reina.
Mi nombre es Jas�n.
Estos son Argos, Polux, Laertes, C�stor y Esculapio.
�bamos hacia la C�lquida. Una tempestad nos oblig� a librarnos de toda la carga y...
Tu mirada es leal. Te creo.
Son nuestros hu�spedes.
Poned a su disposici�n nuestro grano y nuestro vino.
-Menos mal. Parece que todo va bien. -�Qu� os dec�a yo?
-�A�n no s� cu�l es tu nombre? -Me llamo Antea. �Algo m�s?
Quisiera saber hasta qu� punto tus palabras eran sinceras.
S�, la historia del volc�n que termin� con todos los hombres
me la cont� Laertes viniendo para ac�.
S�lo que la erupci�n tuvo lugar hace m�s de cien a�os.
Por lo tanto, no te explicas la supervivencia de un pueblo s�lo de mujeres.
Ven.
-Te ense�ar� a nadar. -Hemos tenido un tiempo magn�fico.
No, porque cuando di orden de arriar la vela, era demasiado tarde y el palo...
Es la juventud del coraz�n lo que cuenta, no los a�os que uno tiene.
Unos a�os despu�s de la erupci�n, arribaron unos navegantes.
A la acogida trepidante de las mujeres opusieron saqueos, violencias, asesinatos.
Fue una lecci�n.
Los supervivientes aprendieron el manejo de las armas.
Cogieron a nuevos hombres en la isla.
-Pero luego, las mismas mujeres... -Asesinaron a los hombres.
Se impuso el sentido de liberaci�n.
A medida que las ancianas mor�an, crec�an las j�venes.
Experimentaban una extra�a felicidad al sentirse las �nicas due�as de esta tierra.
�Y nunca os hab�is enamorado?
Aqu�, amor es una palabra desconocida.
No existe hace mucho tiempo.
�Por qu� te r�es?
Te veo joven como yo.
Dime la verdad, �crees en eso que dices?
Los hombres son todos iguales. S�lo obedecen a su deseo.
Tal vez los Dioses hayan creado a las amazonas precisamente para castigarlos.
No todos los hombres son as�.
Nunca has o�do hablar de sentimientos distintos al deseo.
Yo nunca besar� a una mujer que no amo.
Parece que no te preocupa mucho tu futuro.
Como ves, no tengo motivos.
All� est�n. All� est�n.
Esperad. �D�nde vais? �Quer�is hacernos reventar?
Vamos con ellas.
�Eres tan goloso!
�Por qu� nos hemos encontrado? �Por qu� me ha empujado aqu� el viento?
-Pod�a tener otro destino. -�Un destino m�s humilde?
No, t� eres ambicioso. Por eso me gustas.
�No podr�amos huir de aqu�? Ir por el mundo, t� y yo solos...
Vivir como los dem�s, trabajar y sufrir.
�Qu� ibas a hacer con una mujer capaz de sufrir?
No, nuestro amor es distinto a los dem�s.
No me ir�, no te dejar�. Ahora mi vida est� ligada a esta isla.
Tus besos, tu sonrisa, tu voz. No podr�a vivir sin ti.
Dar�a diez a�os de vida por descubrir este misterio.
No es un misterio.
Es privilegio. Ellos en tierra y nosotros consumi�ndonos.
H�rcules, Ulises y Orfeo est�n siempre en la nave. Los dem�s no.
Han pasado ya m�s de diez d�as y v�veres tenemos de sobra.
...sentimientos.
Es in�til hablar ahora de sentimientos.
El plazo se ha cumplido. Hace tiempo.
Todo titubeo es una traici�n y como tal ser� castigado.
Esta es nuestra ley. Tanto para ti, Antea, como para las dem�s.
Todos esos hombres deben morir. Jas�n el primero.
No han de ver el nuevo sol.
Ten�is que matarlos, sin vacilaci�n, a las primeras luces del alba.
-Esculapio, despierta. -�Qu� quieres?
Si tuvieras que adormecer a un hombre, �qu� le dar�as?
�Te parece una pregunta adecuada para un hombre que duerme?
Despierta un momento, que es importante.
Nada es m�s importante que el sue�o.
Por eso, �qu� hay para adormecer a un hombre?
El jugo de la amapola. D�jame.
La amapola en el vino hace al hombre feliz y lento en el sue�o.
-�Amapolas como estas? -S�.
Gracias.
Aqu� llega Ulises.
Ya est�. Esperemos que beban lo suficiente.
Vamos.
�Ad�nde van esos? Llevan aire sospechoso. Andan como ladrones.
Esos van a divertirse con las amazonas.
Y nosotros tenemos que estar aqu�, como ni�os castigados.
-No estoy dispuesto a seguir... -Basta de charla.
Quiero dormir, por todos los Dioses.
Este n�ctar me embriaga. Eres como dos mujeres en una.
Porque veo otra junto a ti que me mira con expresi�n triste.
Todas est�is melanc�licas esta noche, como si alguien estuviera a punto de morir.
Si supieras cuantas veces me pregunto d�nde estar� dentro de diez a�os.
Qu� sopor se est� apoderando de m�.
No te vayas. Sigue bailando.
�Por qu� sigues rehuy�ndome? �Qu� ha sucedido?
Antes de que t� llegaras, todas las noches so�aba con un hombre.
Lo hab�a so�ado en otras ocasiones.
Pero hasta ahora, entre todos aquellos que el destino hab�a tra�do hasta aqu�,
ninguno ten�a el rostro por m� so�ado.
Luego... llegaste t�...
Y tienes la mirada del hombre que he amado en mis sue�os.
�C�mo has logrado poner el somn�fero?
Imit� el aullido del lobo enamorado.
Al oirlo salieron con las armas en mano y yo vert� el zumo en el vino.
-�El aullido del lobo? -S�, as�.
Yo conozco a alguien que sabe imitar a la perfecci�n el aullido del lobo.
Ah, Ulises. No puede ser m�s que Ulises.
�O ser� un lobo que imita a Ulises?
T� llevaras a Esculapio que es m�s ligero. Mientras, mant�n los ojos abiertos.
�Os llega el perfume de los naranjos? Llega a marearte.
Espero que dentro de poco sea el vino lo que me maree.
Estoy deseando probarlo. Y no s�lo el vino.
Esto no se puede esperar. Somos j�venes, por los Dioses.
�Te acuerdas de las guerreras de ayer? Por Plut�n, hab�a una que si la encuentro.
�D�nde vais vosotros?
�Qui�n os ha autorizado a desembarcar? Hablad.
-Huyamos. -No lo intent�is.
Despu�s de todo, es mejor que hay�is venido.
Tengo trabajo para vosotros. Venid conmigo.
�Obedeced!
�Obedeced si apreci�is vuestra piel!
�Arriba! �Todos a cubierta!
�Pronto! �Pronto!
El aire del mar los despejar�.
Antea.
Ahora, �hacia d�nde nos dirigimos? �Hacia la C�lquida?
S�, la C�lquida.
-H�rcules, Tifi, cambiemos de rumbo. -Hemos decidido volver a Lemos.
Orfeo, Ulises, quedaos al tim�n.
-Yo he decidido seguir. -�C�mo?
Y t�, �por qu� no vas con ellos?
Yo... tengo que visitar a un enfermo. S�, voy a visitarlo.
�Adelante, bogad!
Orfeo, canta.
Todos los dem�s, haced el coro.
�Izad la vela!
Al fin la C�lquida. Encontrar� el vellocino de oro.
�Por qu� desembarcar de noche? Mejor era esperar el alba.
�Qui�n podr�a contener a Jas�n? Ni H�rcules lo ha conseguido.
Antropomorfos.
�Jas�n! �D�nde est� Jas�n?
Mi hermano me mat�.
�l arm� la mano del sicario que me asesin� mientras dorm�a.
Los Dioses le perdonen por esta culpa
pero sea maldito y perseguido si hace da�o a mi hijo.
Os conf�o a Jas�n, oh, Dioses.
No pido venganza. No quiero que por mi vida perdida se extinga otra vida.
Has tenido un gesto de rey.
Te reconocemos soberano de toda la Tesalia.
�Qu� hay escrito en el vellocino de oro?
�Sobre qui�n caer� la venganza?
Sobre nadie. Esta era la voluntad
de Es�n, mi padre.
Su bondad no conoc�a el odio.
Yo, con vuestra ayuda, tratar� de llevar este patrimonio a Iolco.
Perdona, si quieres, pero gu�rdate del criminal que has absuelto.
Har� aquello que mi padre me ha ordenado y que mi conciencia acepta.
Asumo toda la responsabilidad.
�D�nde est� H�rcules? �Por qu� no sube de la bodega?
No s�. Vamos a ver.
Ah, ah� est�.
-�Qu� sucede? -�Atr�s todos!
El vellocino de oro. Robado ante nuestros ojos.
Nadie salga de la nave. Nos hemos dejado burlar como necios.
-Nadie ha bajado a tierra. -Un momento. �D�nde est� Euristeo?
�D�nde est� Euristeo?
El �nico que falta.
Miserable.
El pueblo de Iolco creer� que somos impostores.
-Esto es el fin. -No, a�n no.
Ir� a tierra.
Y encontrar� el vellocino de oro. Iolco tendr� su rey leg�timo.
Lo juro por los Dioses.
Esperad la se�al que os har� desde palacio con una antorcha.
No temas, no te matar�. No manchar� mis manos con tu sangre.
En cuanto a ti, viejo, me inspiras dos sentimientos:
piedad y desprecio.
-Mirad, la se�al. -Vamos.
A palacio.
Ser� el hijo del rey asesinado quien te juzgue,
Jas�n, el sucesor leg�timo.
-Si llega aqu� vivo. -No dudes que llegar�.
No sabes qu� rid�cula es tu seguridad.
�Al�grate! Es la �ltima ocasi�n que tienes.
-�Qu� significa? -No puede salir. Orden del rey.
�Orden del rey?
-Dime, �d�nde est� H�rcules? -No sabemos nada.
Pero, �qu� sucede?
-�Por qu� esta orden tan absurda? -No te sorprenda, Iole.
El regreso de Jas�n decidir� el destino de Iolco.
Iole. H�rcules.
Trata de escuchar.
Este, por ahora, no se mueve.
�H�rcules!
H�rcules.
La puerta no se abre desde dentro. Estamos prisioneras con �l.
-Los Dioses nos han abandonado. -No. H�rcules vive.
Has dicho que tu empresa se ha realizado.
Que has hallado la C�lquida y en la C�lquida el vellocino de oro.
�Puedo verlo?
�D�nde est� H�rcules?
�Qu� relaci�n tiene con el vellocino?
Si he de cederte el trono, necesito una prueba. No a H�rcules.
Quiero saber d�nde est�.
�Empleas ya el tono y las palabras de un rey?
�Basta de insolencias y de preguntas!
Mu�strame el vellocino de oro y el trono ser� tuyo.
Pero si has mentido, ser�s condenado con todo tu s�quito de siervos y embusteros.
Te he dicho que el vellocino ha sido robado.
Tienes la palabra de estos hombres.
Su palabra se vende en el mercado.
Quiero el vellocino de oro. Quiero verlo, reconocerlo.
Si no lo tienes, dep�n las armas lo mismo que tu gente
y consid�rate prisionero.
�Nunca!
Eso nunca.
-�Cuidado, Ulises! -�Mira por ti, padre!
�Dale!
�H�rcules!
Muy bien. Sigue as�.
-Padre. -Iole.
Perd�name. Todos los hombres cometen errores.
Y yo he cometido el peor de todos.
Te he hecho mucho da�o. Perd�name.
Jas�n es el nuevo rey de Iolco. Que �l tenga piedad de mi memoria.
Debes decirme la verdad. No puedo seguir as�.
Ya es in�til. Por eso muero.
�Padre! �Padre!
La muerte extingue el odio.
Ve con H�rcules.
H�rcules te ama.
Pobre hijo m�o.
Voy a tu lado.
Que los Dioses ... que todos me perdonen.
�Atr�s!
De un gran dolor, de la sangre,
nace con frecuencia la fuerza vital y creadora del amor.
Por eso, H�rcules e Iole se encaminan hoy hacia su felicidad
como todos los hombres cuando encuentran la justicia y la paz,
porque eternos son los sentimientos y eterna la experiencia de los d�as.
Adi�s, H�rcules.
Adi�s, Iole.
La vida os espera.
Y ser� feliz o triste, oscura o luminosa,
como la que hab�is vivido.
Pero os ten�is a vosotros mismos y eso basta para continuar.
FIN
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