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LOS DESBRAVADORES
¿Qué tal, chicos?
- Buenos días. - Buenos días, señor Lofe.
¿Es el grupo de broncos que quiere domar?
No son tan broncos.
¿Y qué hace ese tipo enredado en aquella cerca?
- Es nuevo. - Pues no llegará a viejo.
- Nos vemos, señor Love. - Un momento, chicos.
Los he contratado como domadores de caballos.
- Acabamos de renunciar. - Miren.
Esos animales no supondrán ningún problema.
No para un par de buenos domadores como Uds.
Sí, hay un par de ellos que están un poco nerviosos,
pero la mayoría de esos ponis ya están domados.
Miren aquel ruano careto que está allí como un ternerillo.
Apuesto a que ya lo han montado mil veces.
Sólo le hacen falta un par de ensilladuras para amansarlo.
La próxima vez que vaya a Sedona, señor Lofe, examínese la vista.
Hay marcas de espuelas cicatrizadas en ese ruano.
- Eso sólo significa una cosa. - Problemas.
Un negociante decente regalaría ese caballo
para evitar lisiar a un buen vaquero.
Chicos, ese ruano tiene potencial para ser un buen poni de paseo.
Si lo ablandán un poco,
lo querría para que lo montaran mi mujer y los niños.
Les pagaré más que el año pasado.
- ¿Cuánto? - ¿Qué tal cinco dólares por cabeza?
- Siete. - ¿Qué tal seis?
El nuevo lo hará por eso.
¿Seis con cincuenta?
- ¡Siete! - Digamos que siete.
Saque a esos tipos del corral para que la manada se tranquilice.
¡Rafe!
Que tus chicos recojan los aparejos y se vayan.
Me alegro de volver a tenerlos conmigo este año.
Esta mañana le he dicho a la señora Lofe:
"Ha llegado el día de empezar a domar caballos resabiados
y sigo sin noticias de mis buenos amigos Ben Jones y Howdy Lewis
desde que les pagué la fianza en Sedona hace dos semanas".
- Le devolvimos la fianza. - Y no somos buenos amigos suyos.
¿Cómo pueden decir algo así?
¿Todos estos años que han estado domando broncos
no significan nada para Uds.?
Dinero.
Tal como les dije, chicos, tan dócil como un ternerillo.
Nos vemos dentro de unos días.
Me pregunto cómo le pueden llamar Lofe.
Tal vez porque es muy pulcro.
El tipo más pulcro que he visto.
Trajes hechos a medida, botas de sesenta dólares.
Tiene más trabajo y paga menos que ningún hombre que haya visto.
Como ahora, por ejemplo.
Sí, como ahora.
Debes de haber sido un macho del demonio cuando eras joven.
Este caballo es un condenado caníbal.
Voy a probarlo.
- ¿Qué te parece? - Lo has controlado muy bien.
Quizá el viejo Ed Love no nos estaba tomando el pelo.
Puede que este trabajo sea la mitad de duro de lo que pensamos.
¿Estás bien, Ben?
Estoy bien. Muy bien.
Vamos, arriba. El desayuno está listo.
- Vale. - ¿Cómo te sientes?
Con ganas de coger un hacha y abrirle la cabeza a ese ruano.
Estropearan el hacha.
Típico de ese condenado Jim Ed dejarnos aquí
con un corral lleno de caballos resabiados.
Un hacha afilada.
A veces desearía estar arreando gente de nuevo.
¿Qué te hizo renunciar?
Una mujer.
¿Una mujer?
Una mujer del Este llamada Toy Smith.
- Es un nombre muy bonito. - Una mujer muy bonita.
Yo trabajaba en Castle Rock cerca de Phoenix.
En una de esas fincas elegantes
concebidas para la gente rica del Este.
Con fuentes termales por todas partes
y unos tanques que forman como remolinos.
- ¿Quieres decir como piscinas? - Más o menos.
En fin, yo trabajaba llevando a aquella gente
a dar paseos a la luz de la luna entre los cactus,
luego les hacía una comida en la fogata,
tocaba la guitarra y les cantaba alguna cosilla.
¿Sabes cantar?
Sólo hilaba algunas frases y rasgaba las cuerdas.
Así empezó todo.
Toy Smith pensó que era un gran cantante primitivo.
- ¿Y eso qué es? - Primitivo.
¿Yo qué narices sé? En fin...
después de terminar, allí estaba Toy apoyada en la puerta,
esperándome para ir a nadar en uno de los tanques de agua caliente.
Menuda nadadora era. Y flotaba.
Parecía una cordillera flotando allí de espaldas.
Te juro que Toy llegó a seguirme a todas partes menos al baño.
Cuando había un baile, me agarraba y bailábamos toda la noche.
No podías ver a su alrededor
y era inútil mirar hacia arriba con 18 kilos de ella por encima.
Lo único que podía hacer era rezar.
¿Era rica y desperdiciaste la oportunidad de engancharla?
No es que la desperdiciara.
Pasaron cosas que alteraron el curso del amor verdadero.
Por lo visto a Toy Smith no era a la única que le gustaba cómo cantaba.
Había otra chica.
La mitad de gorda y el doble de bonita.
Una noche mandé a Toy a la cama.
Le dije que tenía que herrar un caballo.
¡Venga ya! ¿Quién ha visto que se hierre a un caballo de noche?
Pues Toy. Al menos eso pensé en su momento.
Fui a dar un paseo y a nadar con la otra preciosidad.
Nunca pensé que Toy haría lo que hizo.
- ¿El qué? - Se me abalanzó con un cuchillo.
¡Y yo en medio de uno de esos tanques!
¿Te pilló?
No me ves agujeros en el cráneo, ¿no?
Salí del agua como un pato con la cola en llamas,
cogí mi caballo, me largué a Phoenix y no miré atrás.
A veces desearía haberme quedado
y haberme enfrentado a la buena de Toy.
¡Si no hubiera sido tan gorda, porras!
Termina de desayunar mientras yo empiezo con los caballos.
Por mí encantado. Ben...
Vuelve a explicarme por qué trabajas año tras año con Jim Love.
Algún día voy a ahorrar suficiente dinero para comprarme un barco.
Y después voy a buscarme un lugar donde no haya pastos,
porque si no hay pastos, no habrá puñeteros caballos.
Pueden cocear a un buen vaquero y dejarle lisiado antes de tiempo.
- ¿Crees que lo conseguirás? - Lo conseguiré.
Ben.
Ese viejo ruano ya te ha tirado seis veces.
- No irás a probar de nuevo, ¿no? - Tengo que hacerlo.
Me está ganando.
Se acabó. Cogeré tu caballo.
Vuelvo enseguida.
Creía que habías dicho que volvías enseguida.
El tiempo vuela.
Verás, detesto hacerte esto, caballo,
pero me has tirado, me has coceado
y me has arrastrado por última vez.
- Howdy, pon en marcha el camión. - ¿Qué vas a hacer?
- Voy a atropellar a este condenado. - ¿Atropellarlo?
Sí. Ha intentado matarme y yo voy a matarlo a él.
- ¡No puedes hacer eso! - ¡Vaya si puedo!
Tú mira con atención.
Lo que voy a hacer es dar marcha atrás y luego le pasaré por encima.
No podrá reaccionar.
Hay más de una forma de domar a un caballo.
¡Pero Ben!
¡Ben! ¡Cuidado!
- ¿Te encuentras bien, Ben? - Estoy bien.
Muy bien.
Ese es el último.
Cuatro días para domar veinte cabezas. No está mal.
Sí.
A no ser...
¿Qué tal, chicos?
¿Cómo va eso?
Estábamos preparándonos para entregárselos.
Iba a esperaros en el rancho, pero no he podido.
Chicos, voy a ofrecerles la oportunidad de vuestra vida.
Una oportunidad de ganar más dinero del que hayan soñado.
- No le hagas caso. - Descuida.
En el campamento de invierno hay unas 150 ó 200 reses perdidas
que se han vuelto salvajes.
Quiero que pasén el invierno allí reuniendo ese ganado.
Está a bastante altitud pero la nieve apenas cuaja.
Y además, serán como unas vacaciones para vosotros.
Señor Lofe, ¿qué le parece si nos paga nuestro salario
por domar estos caballos y nos vamos?
Les pagaría cinco dólares por cada cabeza que reunan.
Vacas, terneros y novillos. ¿Qué tal cinco dólares?
¡Piensenlo! ¿Habéis oído algo semejante?
Bien, ¿qué me dicen?
Bueno, pongamos seis dólares.
- Siete. - Vale, digamos que siete.
Aquí hay dinero suficiente
para comprar las provisiones de invierno.
Y seguiré haciéndoles llegar ese dinero.
Podrán recoger una gran pila en primavera.
Puede que necesiten una carretilla para llevárselo.
Y por cierto,
pueden llevarse ese grupo de broncos.
les daré la oportunidad de trabajarlos como necesitan.
Ya saben, lomos doloridos y cascos lastimados,
son lo que hacen dóciles a los caballos.
les veré en primavera, chicos.
Howdy, se me ocurre que no somos precisamente
los vaqueros más listos que hayan existido.
No te digo que no.
¿Quién viene?
¡Son Ben y Howdy!
¡Ben!
Apuesto a que no hay ni un conejo a menos de ocho kilómetros de aquí.
- ¿Qué tal, Ben? - ¿Qué tal, Howdy?
¿Y su padre?
Ha ido al pueblo a por malta para whisky.
- Debe de estar al llegar. - ¿Adónde van, chicos?
Pasaremos el invierno en las tierras altas.
Reuniendo reses perdidas para Jim Ed Lofe.
- Se está muriendo de hambre. - Como un cerdo grande y gordo.
- ¿Pueden quedarse a cenar? - Les haré tarta de manzana.
Si es lo que quieren, por mí encantado.
Suelten sus caballos en el corral y échenles heno.
- Muchas gracias. - ¿Ben?
- Me alegra volver a verte. - Lo mismo digo, Meg.
Eso es lo que yo llamo chicas amables.
Y lo diría aunque su padre no hiciera el mejor whisky ilegal.
- ¿Café, Ben? - Sí, por favor.
Tus hijas sí que están mayores, Vince.
Tendrían que haber sido chicos.
Las mujeres no son de ninguna ayuda aquí.
Llevan un mes intentando arreglar ese molino.
Teníamos dos molinos en nuestra casa.
Tuvimos que tirar uno.
No había suficiente viento para que giraran ambos.
Me estás tomando el pelo, Howdy.
- ¿Qué tal está el viejo Jim Ed? - Muy bien.
- ¿Cuánto pesaron sus becerros? - Una media de 180 kilos.
Qué bien.
Este año no he tenido becerros para despachar.
El negocio ha estado fatal, tanto que ya nadie bebe.
Nosotros sí.
Eh, chicos, ¿les apetece echar un trago?
Si es lo que quieres, por mí encantado.
Discúlpennos.
Vigilen al viejo Blue.
Quietos, quietos.
Miren por dónde pisan.
¡Eh, largo de aquí! ¡Fuera!
Hay gente que sabe hacer ropa.
Hay quienes saben hacer dinero, como Jim Ed Lofe.
Pero nadie hace el whisky que tú, Vince Moore.
- ¿Más? - No me importaría.
Siguiente.
¿Howdy?
¿Puedo hablarte de hombre a hombre?
Dispara.
¿Cómo es que te llamas Howdy?
- Me lo inventé. - ¿Ah, sí?
¿Por qué?
Marion.
¿Marion?
Es mi nombre de pila. Marion Lewis.
Un hombre que monta caballos para vivir no puede tener ese nombre,
así que me lo cambié.
Hasta me inscribí en el registro para hacerlo legal.
Vaya donde vaya y quienequiera que me encuentre,
lo primero que dice es "Howdy".
Me hace sentir que me conocen.
Siempre dije que tenías una vena amigable, Howdy.
A propósito de ser amigable...
¿Has visto ese buen...
a ese buen ruano careto que hemos traído?
Fue en lo primero que me fijé cuando llegué.
¿Has visto un paso medio como ese?
Me fijé en que tenía buen aire.
Pues yo pienso que ese caballo tiene el mejor aire
de todos los caballos que he montado.
- Eso por lo menos. - Exacto.
¿Cómo que eso por lo menos? Si ese caballo es...
Corre más rápido que un conejo flaco
y se para antes de que toques las riendas.
¿Me pones un poco más de ese brebaje maravilloso, Vince?
Verás, un caballo como ese
sería ideal para un negocio como el tuyo.
Podrías manejar el ganado con él
y también podrías montarlo por puro placer.
Y hay algo más.
Cuando alguno de tus perros de caza sale detrás de un coyote,
lo que quieres es estar allí para matarlo, ¿me equivoco?
- ¿A que sí? - Ya lo creo.
- Lo mataría con mis propias manos. - Sí.
Pues no tendrías que preocuparte con ese buen ruano.
Pero no es mi caballo.
Bueno, espera un segundo. En eso estás equivocado, Vince.
Por...
una módica suma,...
te lo doy.
Te he dicho que no tengo donde caerme muerto.
¿No habrás pensado que iba a pedirte dinero?
¿No?
No, lo único que quiero es...
Sólo ocho jarras de ese maravilloso brebaje tuyo.
- Bueno, no sé. - Va a ser un invierno muy largo.
Y muy seco.
Escucha.
Vince, tú podrías pillar a ese condenado que está ladrando
una hora antes de que amanezca
y estar allí cuando los perros le hinquen los colmillos.
¿Qué me dices?
Lo haré.
- Brindo por eso. - Y yo.
¡Adiós, Howdy!
¡Adiós, Ben!
Hogar.
En esas tierras altas encontraremos a la mayoría de las reses.
De arriba abajo y cubiertas de cambrones.
Tendremos que cavar algunas zanjas por si llueve.
Seguro que el depósito de agua tiene un agujero.
Tendremos que arreglar la cerca del corral antes de traerlas.
Y cortar leña todo el invierno para no pasar frío.
Si nos diéramos la vuelta ahora, estaríamos en Sedona en dos días.
Bueno, sigamos pensando en esos
atrasos que cobraremos en primavera, ¿eh?
A veces desearía no ser tan codicioso.
Bueno, al menos tenemos diez que no escaparán.
Tenemos más que eso. Mira.
Hola, Vince. Nos alegra verte tan pronto.
Bien, ¿has arreglado el molino?
- ¿Cómo están tus hijas? - ¿Qué tal el negocio?
¿Tienes clientes nuevos para ese maravilloso brebaje tuyo?
- ¿Cómo están tus hijas? - ¿Y tus sabuesos?
¿Qué tal?
Quiero que me devuelvan mí whisky.
Venga ya. Debes de estar de guasa, Vince.
- Y un cuerno. - ¿Por qué?
En primer lugar, fui de caza
y vi un coyote a menos de medio kilómetro de la casa,
lo tenía en la mira justo detrás de los perros.
- ¡Vaya, qué bien! - ¡Qué bien ni qué porras!
Ese condenado pasó de largo de donde los perros pillaron al coyote.
Siguió adelante. Ni siquiera pude echarle un vistazo a la pelea.
Tardé cinco kilómetros en hacer que diera la vuelta.
Cuando llegué donde estaban los perros, todo había terminado.
Del coyote sólo quedaba una pequeña mancha gris en el pasto.
A la mañana siguiente, lo ensillé en el corral.
Lo llevé al paso, como la seda.
Y cuando estaba pensando
que lo del día anterior había sido un accidente, sucedió.
- ¿Qué sucedió? - ¡Me tiró!
¡Rompió la puerta del granero y se comió mi malta para whisky!
A un caballo brioso como ese a veces le da hambre, Vince.
Me cabreó tanto que pensé que si no podía montarlo
- tal vez podría arar con él. - ¿Cómo resultó?
Salió corriendo con el arado y lo dejó enganchado en la cerca.
¡Rompió 180 metros de buenos postes y alambre de espino!
¡Destrozó mis arneses!
¡Llevo dos días con sus noches intentando poner mi casa en orden!
¡Quiero que me devuelvan mi whisky!
No lo entiendo. A mí nunca me dio problemas.
- ¿No? - No.
- ¿Ahora? - ¡Ahora!
¿Por qué no?
Por favor, sólo por esta vez no corcovees, ¿eh?
¿Lo ves?
¡Da la vuelta, Ben!
¿Dónde has estado?
Allí en la ciénaga. El único lugar donde he podido tranquilizarlo.
¿Dónde está Vince?
Ha cogido su brebaje y se ha ido.
¿Sigue cabreado?
Ha dicho que esperaba que el ruano te sacara los ojos.
Va a ser un invierno largo y seco.
Vale, fuera.
¿Qué diablos haces aquí, a todo esto?
No hay una gallina en 60 kilómetros a la redonda.
Y que lo digas.
¿Ben?
¿Sí?
¿Cuántas cabezas más crees que quedan en las colinas?
Por las huellas diría que al menos cien.
¿Te das cuenta de que saldremos de aquí con el tiempo justo
para llegar al rodeo de Sedona?
Sí.
He pensado en ello.
¿Estás seguro de que conseguirás ir a Tahití
o a uno de esos sitios arenosos?
Lo conseguiré.
¿Sigues pensando en abrir ese bar
con chicas con faldas de paja sirviendo las mesas?
Voy a beber todo el día y a bailar el hula-hula toda la noche.
No entiendo cómo pueden moverse así sin que nada se les caiga.
Buenas noches.
¿Howdy?
Por la forma en que ese ruano me sigue tirando,
¿crees que puedo estar perdiendo mi habilidad?
¿Howdy?
¿Ben?
¿Sí?
No estás perdiendo tu habilidad.
67, 68, 69, 70.
- Todas son vacas y terneros gordos. - ¿Qué tiene de malo?
Nada. Salvo que nos va a costar cada vez más escalar esa montaña.
En esos árboles sólo hay novillos de patas largas y toros flacos.
Y no tenemos caballos rápidos para acercarnos y enlazarlos.
Tenemos uno que sí.
Ni hablar.
Puede que queden 50 reses perdidas, a siete dólares por cabeza...
Howdy. ¡Howdy! Puedes hablar hasta quedarte ronco,
pero no pienso volver a subirme a ese ruano, ni ahora ni nunca.
¡Y se acabó!
Ahí lo tienes.
Andando tranquilo y sereno. A veces no parece el mismo animal.
Ya, no te digo que no.
- ¿Sigues dolorido? - Sí, por todo el cuerpo.
Te sentirás mejor cuando te pongas detrás de una de las reses.
¡Ese es más montaraz que el paisaje!
Quédate aquí. Iré a por él.
Si es lo que quieres, por mí encantado.
Estoy bien.
Muy...
Vaya.
¿Te encuentras bien?
- ¿Cómo he llegado aquí? - Te he echado encima del negro.
Ese ruano me ha hecho pasar entre aquellos árboles a propósito.
Eso me ha parecido.
¿Dónde está?
Nos ha seguido hasta aquí. Lo he metido en el corral.
- Howdy, ¿aún tienes el revólver? - Sí.
- Tráelo. - ¡Pero Ben!
- ¡Tráelo! - Si lo matas, tendremos que pagarlo.
- Sí. - ¡Puede que el doble de lo que vale!
- ¡Incluso más! - ¿Funcionará?
Nunca lo he probado.
Es Bull.
¡Compadres!
- ¿Te encuentras bien, Bull? - Estoy bien. Perfectamente.
Tengo una idea. ¿Por qué no entras y tomamos un trago?
Vaya, gracias, Ben. Howdy.
Siéntate, ¿eh?
- Eso es. - Gracias, Ben.
- ¿Qué te trae por aquí? - He estado montando toros en Hi-Lo.
- ¿Qué tal te fue? - Quedé el decimocuarto.
De camino a casa vi su camión. ¿Qué hacen aquí arriba?
- Buscando reses para Jim Ed Lofe. - A siete dólares por cabeza.
- ¿Terneros y todo? - Terneros y todo.
¡ lo van a pasar en grande en el pueblo esta primavera!
- ¿Qué tal la mujer y los hijos? - Bien.
- ¿Cuántos tienes ya? - ¿Mujeres?
- Hijos. - Diez.
Pero hace una semana que falto de casa. Será mejor que me vaya.
Vamos, siéntate, Bull.
Veo que sigues llevando esas espuelas con puntas, ¿eh?
- Claro. - Ya.
- Constantemente. - Ya.
Vaya, ¿qué te parece?
- Con eso se destroza a un animal. - También les demuestra quién manda.
Hace tiempo que somos buenos amigos, ¿no es cierto?
Y tanto que sí.
Después de todo, hemos jugado al póquer
y estado en riñas. Hemos perseguido mujeres juntos.
¿Recuerdas en Hi-Lo la vez que nos metieron en la cárcel
por deshacer aquella timba de póquer con los caraduras de los Morrison?
Sí, ¿y lo que hicimos en la fuente delante de la cárcel?
Caray, menuda juerga fue aquella.
Bueno, ahora, por todo por lo que hemos pasado,
voy a hacer algo por ti, Bull.
Sí, señor, voy a hacerte el mejor regalo
que un hombre puede hacerle a otro.
- Vas a matarte por mí. - No, no, mejor que eso.
Tenemos un caballo ahí fuera. Un ruano.
Para mí que es el mejor caballo de todo el estado de Arizona.
- ¿Tú qué dices, Howdy? - Y tanto que sí.
- Te lo voy a regalar. - ¿Vas a regalarme...?
- Sí. - No sé cómo agradecértelo, Ben.
Pues no lo intentes. Tú quédate aquí y ponte cómodo,
Howdy y yo saldremos a por ese caballo,
lo cargamos en tu camión y te lo llevas a casa.
¡No voy a olvidar esto, Ben!
¿Crees que Bull podrá con ese ruano?
Bueno, si no puede montarlo, con todos los hijos que tiene,
lo matará y se lo comerán.
¿Qué tal, Ben? ¿Qué tal, Howdy?
Maldita sea, es la segunda vez que fallo hoy.
¿Qué narices crees que haces?
¿Os acordáis de mí? Harley Williams. Vendo reses para el viejo Simpson.
¡Ben te ha preguntado qué narices crees que haces!
¡Bueno, estoy recogiendo reses perdidas, como Uds.!
¿Con un rifle?
Ya, bueno, sólo los rasguño y los derribo.
Me da la oportunidad de echarles la soga.
Es mejor que cansar a un buen caballo.
Nos has visto acercarnos con la soga, ¿no?
- Bueno, a decir verdad, así es. - Y aun así, has disparado.
Es que pensaba que os ganaría por la mano.
Lo habría hecho de no haber fallado.
Creo que hoy no estoy muy fino.
Ese que tienes ahí es un buen rifle.
- ¿Te importa si le echo un vistazo? - No.
¿Qué te parece?
Dices que los rasguñas, ¿eh?
Sí, les hago un rasguño, los aturdo, pero reaccionan enseguida.
Como si buscaras caballos salvajes.
Sí, lo mismo.
¿Eres bueno buscando caballos, Harley?
Yo diría que no hay otro mejor.
Pues me alegro mucho.
Ahora vayan a buscar los caballos.
No iran a largarse y dejarnos aquí, ¿no?
¡Hay 16 kilómetros hasta...!
¡Hay 16 kilómetros hasta el campamento!
Suéltalo.
Si tuviéramos un buen caballo terminaríamos en la mitad de tiempo.
- ¿Como aquel ruano, por ejemplo? - Sí.
Esto está muy tranquilo desde que se fue, ¿no crees?
- Sí, puedo soportarlo. - Fíjate, el hierro ya está frío.
- Es el peor invierno que he visto. - Y el más largo.
Los otros peones de Jim Ed Lofe habrán parado la recogida en el sur.
Con caballos tranquilos, mansos para el trabajo,
arreando vacas secas y toros gordos.
Seguro que ya han visitado Sedona cuatro veces desde que estamos aquí.
Sí.
Si vuelvo a la civilización, voy a dejar este lamentable trabajo
y a buscarme otro en una gasolinera.
Creía que habías dicho que no soportabas trabajar bajo techo.
Y no puedo. Es por ese condenado apache que hay en mi interior.
¿Apache?
¿Nunca te he dicho que tengo sangre india?
Toda la gente con la que hablo me dice lo mismo.
Los pieles rojas viajan mucho. Mi abuelo es de pura cepa.
¿Y eso te hace muy indio?
Lo suficiente para ver un caballo a un kilómetro de distancia.
Como ese que viene por ahí.
¿Qué crees que ha pasado?
No lo sé.
Pero sé lo que va a pasar.
En primavera voy a comprarle este maldito caballo a Jim Ed Lofe.
- ¿Comprárselo? - Sí.
Luego voy a cargarlo en ese camión, voy a llevarlo al pueblo
y lo voy a vender a una fábrica de jabón.
Después compraré la primera pastilla de jabón que hagan con él,
buscaré una gran pila de estiércol,
me revolcaré en ella durante una semana
y me daré un baño con él.
Cada vez que me lave las manos me partiré de risa.
Eso es lo que voy a hacer.
Abriré la puerta del corral.
Si bajamos disparando, esas reses correrán sin parar.
¿A qué estamos esperando?
¡Atrás! ¡Atrás! ¡Atrás!
- ¿Cuántas cabezas se han escapado? - ¡Treinta o quizá más!
¡Pídemelo y lo cuelgo!
No, tengo una idea mejor.
Feliz Navidad.
Lo mismo digo.
Apuesto a que los otros están en Sedona
comiendo una gran cena con pavo,
repartiendo regalos y pasándoselo en grande.
Lo más probable.
- ¿Qué tal, Ben? - ¿Qué tal, Howdy?
¡Feliz Navidad!
¿Quién dice que Papá Noel no existe?
Adelante, Ben.
Ven aquí.
Feliz Navidad.
No has cambiado nada, ¿verdad, Ben Jones?
Crees que puedes llegar y enamorar perdidamente a una chica.
Besarla cuando quieras.
¿Estás enfadada?
No he dicho eso.
¿Cuánto van a quedarse Howdy y tú aquí arriba?
Hasta la primavera.
- ¿Han cogido reses? - Sí, tenemos algunas.
Ben, ¿cómo es que trabajan para Jim Ed Lofe?
Podrías ser primer peón en cualquier rancho de este territorio.
Podrías ser lo que quisieras, en realidad.
Sé que dices que eres tonto pero no es cierto. Eres listo.
El tipo más listo que conozco.
Y no tienes por qué vivir en una camioneta
sin nada que sea tuyo salvo una soga y una silla de montar.
No es una forma tan mala de vivir.
Si esperas tener algo propio, lo es.
Algo de lo que formar parte o de lo que sentirte orgulloso.
Un momento. Yo pienso lo siguiente.
Un hombre tiene que sacarse de la cabeza todo eso de ir a su antojo
para que cuando le llegue el momento de echar raíces,
pueda, bueno, ya sabes, establecerse.
Y si no hace eso, no deja de mirar atrás,
pensando que pasó por delante de algo mejor.
- O sea, ¿que algún día te casarás? - Sí.
Y si lo hago, tal vez ese día lo haga contigo, Meg.
- Un hombre puede hacer cosas peores. - Conque sí, ¿eh?
Eres muy bueno con los caballos, Ben Jones,
pero tienes que aprender mucho sobre las mujeres.
¡Ben!
¡Ben!
¡Ese ruano!
Se abrió paso a coces por el granero, mordió al violinista
y se desplomó en medio de la pista.
- ¿Vince? ¿Sí?
- ¿Dónde has aparcado el camión? - Al lado del corral.
- ¿Llevabas malta para whisky? - Cuatro sacos.
- ¿Está muerto, Ben? - Está borracho.
¡Eh, Ben! ¡Mira!
Ya lo veo.
Rafe, que los chicos separen los caballos que van a necesitar.
¡Buenos días, chicos!
¿Pasaron un buen invierno?
Menos mal que ha venido, señor Lofe.
Porque sólo nos quedaba una soga y estábamos a punto de pelear
para ver quién la usaba para ahorcarse.
No les interesaría hacer eso.
No con todos los atrasos que os esperan.
¿Cuántas reses perdidas han encontrado?
- 108. - ¡Bien!
- Son 108 por seis... - ¡Siete!
Tienes razón. Por siete, son...
756 dólares.
¡Confiaré en tu palabra!
Cuatro, cinco, seis, siete con 56.
Y 140 por adiestrar a ese grupo de broncos.
Se me había olvidado eso.
Supongo que tendrán prisa por irse a Sedona
y he traído a mis hombres para que lleven el ganado al rancho.
Por cierto,
¿y los terneros que nacieron en primavera tras la recogida?
¿Qué pasa con ellos?
¿No esperaran que les pague por unos animales que no han traído?
Eso no formaba parte del trato, señor Lofe.
- ¡Recogimos a sus madres! - ¡Pero eso no es lo mismo!
Pero, en fin, ¿cuántos?
¡Diez!
- ¿En total? - En total.
Sesenta. Van... No, setenta, incluso.
Sí, señor.
Ahí tenéis.
Ya está.
Sí. Ya está.
Jim Ed Lofe, es usted el hombre más tacaño que he conocido.
Si vuelvo a trabajar para su lamentable rancho, no será mañana.
Lo mismo digo.
Un momento, chicos. Saben que soy un hombre razonable.
¿Qué les parece si se ponen los pantalones y hablamos de negocios?
¿Qué tipo de negocios?
Digamos que me quedo con estos setenta dólares por los terneros
y Uds. se quedan con el caballo ruano.
¿Qué me dicen?
¿Howdy?
Si es lo que quieres, por mí encantado.
Trato hecho.
- ¿Qué pasa, Ben? - ¿Ves ese letrero?
Sí.
¿Sabes cuántas veces hemos estado en esta encrucijada?
Todos los años de los últimos cinco que yo recuerde.
Sí. Trabajar todo el invierno, girar a la derecha,
entrar en el pueblo, gastarnos todo el dinero en una noche
y terminar donde empezamos.
- Trabajando para Jim Ed Love. - Sí.
Pues esta vez eso no va a pasar.
- ¿Ah, no? - No.
Howdy, he estado pensando y tengo un plan.
Veamos, ¿qué crees que pasaría si entramos en el bar Wildcat
justo antes del rodeo y decimos que tenemos un caballo
que tiraría a cualquier jinete de broncos del pueblo?
- Se armaría una pelea. - Exacto.
Pero tendríamos más apuestas de las que podríamos igualar.
Podríamos duplicar nuestro dinero con ese ruano.
Y después, ¿sabes lo que voy a hacer?
- Sí, venderlo a una fábrica de jabón. - No, no.
He cambiado de opinión.
Voy a venderlo a una fábrica de comida para perros.
Luego voy a comprar el primer bote de comida que hagan con él,
me haré con el sabueso más viejo y sarnoso que encuentre
y lo alimentaré con él. Eso es lo que voy a hacer.
Eso es lo que voy a hacer.
- ¿Tienen problemas? - ¡Sí!
Creo que es el carburador o los frenos o algo.
- ¿Te importa si le echo un vistazo? - ¿Lo harías?
No podemos estar sin gasolina. Llenamos hace 16 kilómetros.
- Howdy, ¿y si intentas arrancarlo? - Claro.
Es muy amable de su parte que hayan parado.
No es ninguna molestia.
¡Espera! Espera, Howdy.
Vale, inténtalo de nuevo.
¡No! No, no, no. Me temo que es el carburador.
- ¿Y eso es malo? - Pues me temo que sí.
Es una pena.
Hay un taller a unos seis kilómetros siguiendo esta carretera.
Vamos en esa dirección y tendremos mucho gusto en acercaros, señoras.
No querríamos ocasionaros ninguna molestia.
No es molestia. Ninguna. ¿Howdy?
No hay problema. Ninguno.
Así que le digo a aquel bruto:
"Si crees que mi hermana y yo hemos venido a Las Vegas
desde Nueva York para ser chicas de segunda
en tu asqueroso local, vas a llevarte una sorpresa.
Ser bailarinas exóticas es una cosa,
pero beber con los clientes es otra totalmente distinta.
Nosotras funcionamos con el talento.
No tenemos que depender de vender whisky aguado
ni de tirarnos a borrachos para vivir".
- Ya no. - No, señor.
Nosotras tenemos un número profesional.
Tiene música, luces, atrezzo, de todo.
Los días de los golpes y las palizas han terminado.
Hoy en día, tienes que tener un truco si quieres conseguir compromisos.
Una stripper lo trajo de la India
o uno de esos países orientales.
Lo llamamos "Las serpientes del amor".
Estamos dentro de dos cestas.
Cuando sube el telón,
el Clarinetista empieza a tocar una música muy rara.
Y entonces nos desenroscamos.
En vez de agitarnos y retorcernos,
siseamos y nos atacamos.
Y cuando mudamos nuestras pieles el local se viene abajo.
No lo pongo en duda.
Me temo que tengo malas noticias. He remolcado el coche,
pero para arreglarlo tengo que ir a Sedona a por las piezas.
- ¿Cuánto tardará? - Casi todo el día. Tal vez más.
Eso significa que no saldremos de aquí hasta mañana.
Lo siento. No puedo hacer nada más.
Me parece que tendréis que cargar con nosotras, chicos.
¿Qué les parece si cogemos un par de botellas
y nos damos un baño a la luz de la luna?
- ¿En pleno día? - El tiempo vuela.
¿Qué te parece, tesoro?
Si es lo que quieres, por mí encantada.
PISCIFACTORÍA ESTATAL
¡Los guardabosques!
¡Larguémonos de aquí!
Nos salvamos por los pelos. Ya podéis salir, chicas.
- No pueden. - ¿Por qué no?
Mira.
Y yo sin mi clarinete.
No se preocupen. les sacaremos de ahí en un minuto.
¡Ben! Oye, ¿cuándo has vuelto al pueblo?
Arlee, ¿cómo estás? Escucha, hazme un favor.
- Vale. - ¿Ves aquel reservado de la esquina?
Vale, ponme cuatro platos de huevos con jamón y cuatro cafés.
- ¿Y ves a esa camarera de ahí? - Sí.
Quiero dos delantales como el suyo.
- ¿Para qué quieres los delantales? - No hagas preguntas, Arlee.
Sólo hazme este favor. Vamos, sé un amigo.
- Son los últimos que me quedan. - Perfecto. Gracias.
- Muchas gracias, Arlee. - ¿Cómo quieres los huevos?
Hechos.
¿Delantales?
Tomen, pónganselos.
¿Qué tal estamos?
Siento corriente.
Vengan.
De acuerdo. Cuando diga "ahora", métanse en el reservado.
Ahora.
- Lo conseguimos. - Sí.
- Arlee. - ¿Sí?
Arlee, ¿me harías otro favor?
¿Puedes ir a comprar un par de vestidos para las señoritas?
- ¿De qué color los quieren? - ¡Ah, rosa!
O de cualquier color siempre que sea rosa.
Uno morado me vendría bien.
Este asiento tiene astillas.
¿Nos mantienen calientes los cafés? Volvemos enseguida.
- ¿Adónde vais? - Al bar Wildcat.
Tenemos que ver a unos hombres por un caballo.
¡Un momento! Un momento, ¿vale?
¡Lo he dicho una vez y volveré a repetirlo!
Estoy dispuesto a apostar que tenemos un caballo de rodeo acabado
y que no hay un vaquero lo suficientemente bueno para montarlo.
¡Pelea!
Saliendo por la puerta número uno,
Grady Decker sobre Upperhand.
Denle un fuerte aplauso, amigos. Es la única paga que va a recibir.
Esto te interesa.
El S.S. Santa Río zarpa de San Francisco cada dos semanas.
Tiene piscina, pista de petanca y cubierta de paseo.
Echa anclas en Hawai y Tahití.
Y ahora, damas y caballeros, un evento especial.
Por lo visto tenemos un caballo de rodeo ruano
que ha sido añadido al grupo de potros broncos.
Un viejo caballo de rodeo que tirará a cualquier vaquero de Sedona.
O al menos, eso es lo que pone aquí.
Saliendo por la puerta dos sobre Old Fooler.
- Howdy. - ¿Sí?
- ¿Y si no corcovea? - ¿Qué?
Suponte que cuando abran la puerta,
ese maldito ruano sale andando como un ternerillo.
No puede hacer eso.
¿Ah, no? Observa.
¡Mira cómo corcovea el condenado!
Está herido, Howdy.
¿Qué le parece, doctor?
Se le ha metido en la cabeza que ha caído para siempre.
No cree que pueda ponerse en pie. Ni lo intentará.
Escucha, Ben, no me importaría
emplear el dinero que hemos ganado si le ayudara a ponerse en pie.
Volvería a dejarnos donde empezamos.
Tenemos el año próximo.
Si es por dinero, doctor, tenemos algo más de 400 dólares.
Mire, este viejo ruano no vale tanto.
Para nosotros sí.
Lo siento, chicos, no se puede hacer nada más por él.
Hay que sacrificarle.
Me encargaré de ello si quieren.
No. Yo lo metí en esto y yo lo sacaré.
- ¿Hay algo que podamos hacer, Ben? - No.
¿Aún tienes ese revólver del 45 en el camión?
- Tráelo. - Tal vez deberíamos esperar, Ben.
Los animales son como humanos.
Cuando sienten el sol de la mañana, olvidan lo que les duele.
Les dan ganas de volver a empezar.
¡Tráelo!
¡Se pondrá bien! ¡El hijo de puta se pondrá bien!
Voy a matar a ese condenado. Te prometo que lo mataré.
435. 455...
60. 465...
470.
Y 475. Ya está.
¿Espera que reconstruya el establo con este dinero?
- Es todo lo que tenemos. - ¡No es suficiente!
La factura del veterinario superó los 100 dólares.
- ¡Necesito al menos 200 más! - Pero no los tenemos.
Yo sí.
¿Qué tal, chicos? ¿Cuánto ha dicho que era?
200, señor Love.
Aquí tiene 100 y con esto 200.
- Gracias, señor Lofe. - No hay de qué.
Ese Tanner es un hombre duro para negociar.
Bien, ¿preparados para irnos, chicos?
- ¿Irnos adónde? - Al rancho.
Tengo un nuevo grupo de broncos que quiero que domen.
Un momento.
les dará la oportunidad de pagarme esos 200 dólares.
¿Quién sabe? Igual decidan quedarse el invierno conmigo.
Bien, hasta luego, chicos.
¿Sabes?, ese Jim Ed no es tan mala persona.
Da bien de comer.
Nunca le dice a un hombre cómo domar un grupo de broncos.
Si nos quedamos el invierno, podremos ir
a por algunas jarras del maravilloso brebaje de Vince.
Y a ver a sus hijas.
Esa Aggie no resulta nada fea cuando empieza el frío.
Howdy...
- ¿Sabes qué es un jinete de broncos? - ¿Qué?
Un vaquero al que le han pateado el seso.
Hace falta ser duro para comer búho cocido.
Bien, nos vamos, ¿no?
Si eso es lo que quieres, por mí encantado.
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