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Subtitulado por Accesibilidad TVE.
Estamos descubriendo cosas increíbles
acerca del cuerpo humano continuamente, a través de personas
que son diferentes a la mayoría.
Así que hemos buscado por todo el mundo para encontrar
a esta gente extraordinaria, y contarles su historia.
Este es mi corazón. Soy la única persona que lo tiene así
Soy Jordy Cernik y, no puedo sentir miedo.
Me llamo Harnaam Kaur y soy una mujer barbuda.
Con la ayuda de los médicos que tratan a estas personas
y algunos de los científicos más destacados del mundo,
vamos a mostrarles los procesos ocultos
que las convierten en excepcionales. Miren esto.
Descubriremos cómo nos conducen a las curas del futuro;...
Cuando logramos un avance como este, es emocionante.
...y utilizaremos la última tecnología para descubrir
los secretos de sus cuerpos y revelar cómo todos estos casos
nos están proporcionando una nueva comprensión
de la máquina natural más asombrosa del planeta.
"La gente más extraordinaria del mundo."
"Supervivencia".
Como cirujana, Gabriel Weston entiende
el complejo funcionamiento del cuerpo humano,
y está fascinada con su increíble resiliencia.
El mundo está lleno de amenazas a nuestra supervivencia;
de algunas somos conscientes y otras no las vemos,
y nuestros cuerpos se van adaptando a estos peligros internos y externos.
En este episodio conoceremos a algunos individuos extraordinarios
que llevan esta habilidad hasta el límite absoluto.
Descubriremos cómo este hombre puede sobrevivir
durante dos horas en el hielo.
Cómo esta mujer puede vivir solo con la mitad de su cerebro.
Por qué este hombre no puede sentir miedo.
Y por qué este hombre es la única persona en la Tierra
capaz de sobrevivir al virus más tristemente célebre del mundo.
Conoceremos personas realmente extraordinarias.
Heterodoxos, que exponen su cuerpo a algunos de los peligros
más grandes del mundo natural; y el primero de ellos es un pionero
que parece desafiar las leyes de la naturaleza.
Puedo soportar el veneno
de las serpientes más mortíferas del mundo.
Steve Ludwin tiene un inusual y muy peligroso hábito.
Se inyecta regularmente veneno de serpientes mortíferas,
y sin embargo sigue vivo.
Toda mi vida he estado leyendo sobre serpientes,
buscándolas.
Empecé a tener serpientes a los seis años.
Fue siendo un niño cuando Steve tuvo la idea de inyectarse su veneno
Mi padre me llevó al serpentario de Miami,
y allí vi a un hombre llamado Bill Haast.
Fue el primer occidental que empezó a inyectarse veneno de serpiente.
El entusiasta de las serpientes, Bill Haast,
creía que el veneno de las serpientes
podía tener propiedades curativas, y por ello
se lo había estado inyectando en su sangre.
Sencillamente, aluciné siendo un niño.
Pensé, ¡vaya! Me marcó.
Cuando tenía 17 años tuve un momento de esos de iluminación,
y me dije: “Voy a hacer lo mismo; intentaré copiarle”.
Steve lleva inyectándose veneno casi 30 años.
En breve, va a extraer un poco de una víbora
de su propia colección de serpientes.
Coges a la serpiente con cuidado por la parte posterior de la cabeza;
tienes un vaso con un plástico encima;
una bolsa o algo parecido; sujetas a la serpiente;
la serpiente muerde el vaso, deposita el veneno, y ya está.
Es rápido e indoloro para la serpiente.
Este veneno en particular es lo que se conoce como hemotoxina;
una toxina que afecta a la sangre y a los vasos sanguíneos,
y puede resultar fatal.
Steve coloca un poco de veneno sobre su brazo,
y luego utiliza una aguja para abrir su piel.
uy bien, vamos allá.
Está introduciendo el veneno. ¡Ay!
No es una sensación agradable; sientes cómo te quema de inmediato.
Steve tiene suerte de estar vivo y, esta es la razón.
Aquí tengo un recipiente con mi propia sangre,
y en este pequeño vial tengo veneno de una serpiente de verdad.
Ahora van a ver qué sucede cuando vierto un poco de veneno
en el recipiente que contiene mi sangre.
Este es un veneno hemotóxico como el que Steve se ha inyectado.
Lo que vemos aquí mientras agito la mezcla,
es que la sangre se está oscureciendo y solidificando en algunas zonas;
es como una gelatina;
y pueden imaginar que si esta sangre fluyera por nuestras venas
dejaría de hacerlo y moriríamos.
Incluso un pequeño coágulo de sangre puede ser fatal.
Entonces, ¿cómo ha sobrevivido Steve?
Mi sangre es única, solo porque llevo casi 30 años
haciendo esto. Y no es magia,
no es vudú ni nada parecido; cualquiera podría haber hecho
lo mismo que yo. La exposición gradual de Steve
al veneno de serpiente ha operado de la misma forma
que operan las vacunas en la mayoría de nosotros.
Las vacunas nos proporcionan una pequeña dosis de un virus
o toxina, no lo suficiente para dañarnos,
pero sí suficiente para que nuestro cuerpo aprenda a combatirlos
y protegernos contra ellos en el futuro.
Nuestro sistema inmunológico lo hace produciendo
células defensivas especializadas conocidas como anticuerpos.
Cada tipo de anticuerpo tiene una forma única para atacar
a un virus o toxina en particular.
Cuando Steve se embarcó en su temerario experimento
comenzó con dosis extremadamente bajas; su cuerpo aprendió
a reconocer diferentes venenos y a producir anticuerpos específicos
para luchar contra cada uno de ellos.
Mi cuerpo reacciona de una forma diferente;
parece no inflamarse tanto y, cuando lo hace
se recupera mucho más rápido.
Los peligrosos hábitos de Steve comenzaron como un desafío personal,
pero ahora ha llamado la atención de científicos
que trabajan en Dinamarca.
En la universidad de Copenhague, los ingenieros farmacéuticos
Andreas Hougaard Laustsen y Brian Lohse,
intentan desarrollar un antídoto
para tratar las picaduras de serpiente.
La picadura de serpiente es un problema mucho más grave
de lo que se piensa. Es la más desatendida
de las enfermedades tropicales.
En el África Subsahariana se producen alrededor de un millón de picaduras,
y entre 50 y 100.000 personas mueren cada año
como consecuencia de picaduras de serpientes.
Si nos muerde una serpiente venenosa, el único tratamiento es
una dosis de anticuerpos, conocida como antídoto.
La escasez mundial de antídotos ha hecho que los científicos
recurran a antídoto producido por sangre de caballo.
Steve representaba una oportunidad única.
Aquí tenían la fuente humana de anticuerpos ya preparados
que necesitaban.
Los científicos trabajan ahora con la sangre de Steve
para recolectar los anticuerpos cruciales
y replicarlos a gran escala.
Nuestro objetivo es desarrollar el primer anticuerpo basado
en anticuerpos humanos que puede atacar
a todas las especies de serpientes médicamente relevantes
del África Subsahariana. Entonces nuestro siguiente objetivo
será expandir el anticuerpo o desarrollar anticuerpos regionales
basados en el mismo principio para otros continentes del mundo.
La implicación de Steve en el proyecto
ha supuesto que los científicos estén mucho más cerca de producir
nuevos antídotos que podrían salvar millones de vidas.
Ahora puedo morir contento,
porque he conseguido algo; he hecho algo positivo
y, me siento muy bien por ello.
Los peligrosos experimentos de Steve en su propia persona
están ayudando a avanzar a la ciencia médica.
Y a lo largo de la historia de la Medicina
algunos de los mayores avances en la comprensión
de cómo nuestros cuerpos responden a amenazas y enfermedades,
provienen de individuos extraordinarios
que se han enfrentado a riesgos extremos,
como nos va a revelar nuestro siguiente caso extraordinario.
Mi nombre es Wim Hof.
Me llaman el hombre de hielo. Tengo 57 años.
Wim ostenta el récord del mundo de resistencia al frío extremo.
En el Kilimanjaro subimos a la cima en pantalón corto.
El punto más alto de África.
Ha establecido récords nadando bajo el hielo,
y sumergiéndose en él.
La mayoría de nosotros, si nos exponemos a un frío extremo,
sufriremos un descenso en nuestra temperatura central.
Si desciende a solo dos grados padeceremos hipotermia.
Nuestro corazón y sistema respiratorio pronto fallarán.
La mayoría de nosotros perderemos la conciencia
después de tan solo 15 minutos; y al cabo de una hora moriremos.
Sin embargo, Wim Hof puede pasar casi dos horas sobre el hielo
y salir ileso.
¿Cómo es entonces capaz de sobrevivir?
Un equipo de investigadores del centro médico
de la Universidad de Radboud, en los Países Bajos,
se ha propuesto descubrir la respuesta.
Han tomado algunas medidas clave para averiguar qué ocurre
en el cuerpo de Wim cuando está envuelto en hielo.
Matthijs Kox es un investigador de la universidad.
Se midieron todo tipo de cosas. Medimos metabolismo,
la temperatura cutánea y todo tipo de parámetros biométricos,
para aprender más acerca de su interesante habilidad
para soportar el frío extremo.
La prueba rebeló que cuando está inmerso en hielo,
la temperatura central de Wim no desciende como sería de esperar;
sino que sube ligeramente.
Parece imposible, pero los científicos
han encontrado la respuesta en su sangre.
Lo que descubrimos fue
que los niveles de adrenalina en su sangre se elevaron muchísimo;
eran más altos que en individuos que hacen puenting por primera vez.
La adrenalina es una hormona
que nuestro cuerpo produce automáticamente
cuando nos enfrentamos al peligro, y tiene efectos sobre el cuerpo,
uno de los cuales es elevar nuestro metabolismo, que genera calor.
Pero la adrenalina no es algo que la mayoría de nosotros
pueda producir deliberadamente. Wim asegura que él puede hacerlo
gracias a una técnica respiratoria especial.
Cualquiera puede hacerlo; puedo demostrarlo.
Primero el estómago,... luego el pecho,
y luego la cabeza.
Y soltamos;ç no del todo.
Pero llenamos del todo; y luego soltamos.
Si haces eso 30 veces,...
te aseguro que podrás hacer todo tipo de cosas.
Aunque pueda parecer improbable,
existe una buena explicación científica que aclara
por qué esta inusual técnica respiratoria
podría hacer que el cuerpo produzca más adrenalina.
Las inhalaciones profundas seguidas de exhalaciones rápidas
expelen de los pulmones más dióxido de carbono de lo habitual.
Como resultado, los niveles de dióxido de carbono en sangre
disminuyen espectacularmente. Esto la hace más alcalina,
lo que corresponde a una lectura más alta de PH.
Con esta técnica respiratoria...
vemos en la sangre es que el PH sube a niveles muy altos,
y esto podría estar implicado en la liberación de adrenalina.
Simplemente, respirando de una forma diferente,
parece que Wim puede controlar su propia química sanguínea.
Además de permitirle producir más adrenalina
y soportar temperaturas gélidas;
cree que le permite hacer algo aún más impresionante.
Les dije que podía influir en mi sistema inmunológico.
A primera vista parece una afirmación extravagante.
Nuestro sistema inmunológico responde automáticamente
para protegernos cuando nuestro cuerpo
entra en contacto con una enfermedad.
No tenemos un control consciente de ello.
Win vino a vernos asegurando que podía influir
en su respuesta inmunitaria. Y aquello fue interesante,
porque en nuestro departamento estudiamos la respuesta inmunitaria.
El equipo de Matthijs sabía que una de las cosas
que pueden influir en el sistema inmunológico es la adrenalina.
¿Podría entonces Wim tener razón?
La única forma de averiguarlo era
probando la respuesta inmunitaria de Wim.
Mientras respiraba utilizando su técnica especial,
los científicos le inyectaron una sustancia llamada endotoxina,
que engaña al cuerpo haciéndole pensar
que está sufriendo un ataque bacteriano.
La respuesta inmunitaria normal sería fiebre y síntomas
parecidos a los de la gripe.
Cuando inyectamos a Wim el compuesto bacteriológico,
su respuesta inmunitaria fue mucho más baja
que la que observamos en más de 100 voluntarios.
Vimos menos fiebre, tenía menos síntomas parecidos a los de la gripe,
y también tenía menos concentración de proteínas inflamatorias
en la sangre.
El examen reveló que la técnica de Wim podría incluso suprimir
su respuesta inmunitaria;
y este es un descubrimiento realmente interesante,
porque hay toda una serie de enfermedades comunes
con las que el sistema inmunológico se sobrecarga
e incluso se ataca a sí mismo.
En las enfermedades autoinmunes, el sistema inmunológico
ataca a nuestro propio cuerpo, a partes de nuestro cuerpo,
y esa es una respuesta inmunitaria inadecuada que no queremos.
La enfermedad autoinmune más conocida es la artritis reumatoide.
Tal vez la técnica respiratoria especial de Wim
podría ayudar a personas con enfermedades autoinmunes
a suprimir la repuesta inmunitaria que produce su enfermedad.
Ahora, Matthijs está investigando si respirar de esa forma
afecta a otras personas de la misma forma que a Wim.
La mitad de estos hombres están respirando
utilizando la técnica se Wim, y la otra mitad
respiran normalmente. En los próximos meses,
Matthijs realizará una serie de pruebas
para detectar cualquier diferencia en los niveles de adrenalina
y en la respuesta inmunitaria.
El verdadero examen será cuando probemos estas técnicas
con pacientes reales con enfermedades autoinmunes;
y cuando podamos demostrar que estas técnicas
son también efectivas con estos pacientes,
podrían convertirse en una nueva forma de tratarlos.
-Estas técnicas respiratorias las he desarrollado
por medio de sensaciones y de intuición.
Cuando no tenía ningún tipo de validación científica
me llamaban idiota, me llamaban loco;
y se ha demostrado con experimentos científicos... que funciona.
Para mí es un grandísimo éxito.
Wim está añadiendo un nuevo capítulo a la ciencia médica.
Empujándose a sí mismo a límites absolutos,
Wim Hof está cambiando la forma en que los científicos entienden
el funcionamiento del cuerpo. En algunos casos el cuerpo
se ve obligado a adaptarse no como respuesta a amenaza externa,
sino a una amenaza interna, cuando una parte del propio cuerpo
falla.
Jodie Graves es la prueba viviente
de la increíble resiliencia del cuerpo humano.
Tengo medio cerebro.
Cuando la gente me conoce ni se lo imagina.
Jodie era una niña totalmente normal.
Las primeras señales de que algo no marchaba bien
tuvieron lugar a la edad de tres años,
cuando un día se cayó repentinamente.
Solo recuerdo mi primer ataque.
Estaba jugando en la guardería y, lo siguiente que supe
era que estaba en una ambulancia. -La llevamos al hospital
y estuvimos observándola.
Tuvo otro ataque a la mañana siguiente,
así que volví a llevarla, pero nada de lo que hicieron... funcionó.
Desde aquel momento su enfermedad empeoró progresivamente,
y comenzó a sufrir ataques con regularidad.
Si imaginamos una marioneta con sus cuerdas,
fue como si alguien hubiera soltado un lado.
Se caía constantemente hacia el lado izquierdo.
Alguien tenía que estar a su izquierda todo el tiempo.
Llegó al punto de que tenía ataques cada tres minutos;
no era... agradable.
Los padres de Jodie estaban tan preocupados,
que la llevaron al Departamento de Neurología
del hospital Johns Hopkins, de renombre mundial.
Las investigaciones del hospital revelaron que sufría
una enfermedad rara llamada encefalitis de Rasmussen.
Esta afección provoca una inflamación crónica del cerebro,
habitualmente en un hemisferio.
Sin tratamiento no había esperanzas
de que los ataques de Jodie desaparecieran.
Había una opción posible, pero resultaba impactante.
El doctor nos explicó que la única forma en que podían tratarla
era quitando la mitad del cerebro que estaba afectada.
Amy Bastian es profesora de Neurociencia y Neurología
en el Hospital Johns Hopkins.
Que eliminen un hemisferio completo de tu cerebro
es algo bastante radical;
no es algo que cualquier neurocirujano haría a la ligera.
Los médicos de Jodie confiaban en que si eliminaban
el lado derecho de su cerebro, el hemisferio izquierdo compensaría
y tomaría el mando.
La extraordinaria capacidad del cerebro para adaptarse
y reorganizarse se conoce como plasticidad cerebral.
Se piensa que en la más tierna infancia
el cerebro se encuentra en uno de sus estados más plásticos,
y si modificas el cerebro en ese momento
puede que tenga una mayor capacidad para reorganizarse.
Los doctores eran optimistas en cuanto a que la cirugía
funcionaría con Jodie. La misma operación
se había llevado a cabo en más de 50 pacientes con éxito.
Pero sus padres tenían sentimientos contradictorios
a la hora de llevar a cabo un procedimiento tan drástico.
Pensé: “esto parece una buena opción,
puedo recuperar a mi hija; estará al menos tan bien como está ahora,
pero sin los ataques”.
Así que mi reacción fue muy atípica. Me sentí aliviada
sabiendo que podíamos hacer algo.
La reacción de mi marido fue mucho más típica.
-Cuando entramos en el garaje y subimos al coche,
exploté;.... perdí la cabeza.
Bueno, era una niña pequeña.
Tardó un par de semanas en hacerse a la idea
y aceptar que era lo mejor que podíamos hacer por ella.
Me alegra que mis padres estuvieran ahí, a mi lado,
en todo el proceso.
Jodie fue operada cuando tenía solo tres años.
Nadie podía saber si la operación había sido un éxito
hasta que despertara.
Le hizo el gesto con los pulgares levantados a su padre;
así que supimos que estaba comprendiendo las cosas
y no sufría ataques.
La diferencia... era abismal.
Aquello podía deberse a que su cerebro
ya había comenzado a reconectarse incluso antes de la operación.
Imaginemos que la mitad de nuestro cerebro
está enfermo, sufre ataques... y no funciona normalmente;
y eres un niño y tu cerebro sigue todavía desarrollándose;
la otra mitad de tu cerebro está sana y es capaz de tomar el control
de algunas de esas funciones. Esa es la razón
por la que cuando les quitas un hemisferio a estos niños
les va muy bien. Han estado lidiando con el hemisferio enfermo
durante tanto tiempo que muchas de sus funciones
se han transferido al otro.
Gracias a su extraordinaria plasticidad,
la mitad restante del cerebro de Jodie
es capaz de controlar su cuerpo entero.
Yo soy una persona muy positiva.
Muchas veces bromeo con que me quitaron
la parte mala de mi cerebro y, dejaron solo la parte feliz.
Mi vida actual con medio cerebro,
para mí no es diferente a la de cualquier otra persona.
Llevo casada cuatro años, vivo por mi cuenta con mi marido.
Trabajo,... trabajo con un niño pequeño con TDAH,
y hago todo lo que cualquier persona puede hacer.
No me corto de hacer nada.
-Si me hubieran preguntado hace 25 años
si es posible que te quiten medio cerebro
y seguir teniendo una vida funcional, habría contestado
que me parecía un disparate, pero aquí estamos.
Estoy muy contenta de que mis padres hicieran lo que hicieron,
porque no estaría donde estoy ahora si me hubiera operado más tarde
o hubiera esperado más tiempo.
El caso de Jodie demuestra el poder del cuerpo humano
para adaptarse físicamente,
incluso después del trauma más extremo.
Pero para sobrevivir, dependemos de algo más
que de las estructuras físicas de nuestro cuerpo.
Hay otra parte clave de nuestro ser de la que dependemos
mucho más de lo que imaginamos: nuestras emociones.
Estamos diseñados para responder de forma instantánea
a ciertas amenazas o señales de alarma.
Se trata de un proceso que es vital para nuestra supervivencia.
Las emociones constituyen una parte crucial
en nuestra forma de responder al mundo que nos rodea.
Nuestros próximos casos van a tratar de una emoción en particular:
el miedo.
En 2013, Jordy Cernick hizo paracaidismo en tándem
por una causa benéfica.
Nunca hasta entonces había saltado desde un avión.
Llega el momento en que te hacen colgar las piernas
fuera de la avioneta y, por supuesto, sientes el viento y el ruido.
Para la mayoría de nosotros, este sería uno de los momentos
más aterradores de nuestra vida, pero no para Jordy.
Yo no sentía nada. No tuve ninguna reacción.
Soy Jordy Cernick, y no puedo sentir miedo.
Pero Jordy no nació así.
Su viaje a la ausencia de miedo comenzó a finales de los años 90,
cuando su cuerpo empezó a cambiar.
Yo era un tipo delgado y de complexión fuerte.
Había estado en el ejército y gozaba de buena salud.
Pero de repente empecé a ganar peso.
Hice todo tipo de dietas,
y entrenaba hasta seis y siete veces a la semana.
Pero nada conseguía eliminar la grasa que acumulaba sin cesar.
Jordy fue finalmente derivado a un especialista,
que le diagnosticó una rara enfermedad
llamada síndrome de Cushing. Te hace engordar;
te provoca presión arterial alta;
aumenta la sudoración, y es muy peligrosa.
La tensión alta puede llegar a matarte.
El síndrome de Cushing es causado por niveles anormalmente altos
de cortisol; hormona que producimos en respuesta al estrés.
Puede afectar al apetito y a los niveles de glucosa en sangre
y eso es lo que provocaba el aumento de peso de Jordy.
El cortisol se produce por la acción combinada de la glándula pituitaria
situada en la base del cerebro, y las glándulas suprarrenales,
situadas en la parte superior de los riñones.
El único tratamiento posible era una operación.
Decidieron eliminar por completo mis glándulas suprarrenales.
Eso significaba que tenían que abrirme por el costado izquierdo,
y extirpar las glándulas.
Después de la intervención, Jordy recuperó su peso normal,
pero pronto notó que le faltaba algo más.
Decidimos irnos un par de días de vacaciones en familia,
y fuimos a visitar un parque temático.
Recuerdo que subimos a una montaña rusa,
y mientras subía y subía cada vez más alto, pensé:
“Ahora llega la bajada vertiginosa; prepárate”. Y cuando bajó en picado..
no sentí nada; solo sentí... el movimiento.
Y de inmediato supe que algo no iba bien.
Jordy empezó a darse cuenta de que ya no podía sentir miedo.
Normalmente, la sensación de miedo es causada
por una combinación de hormonas producidas en nuestro cuerpo
por unas glándulas en particular.
Estos son los riñones.
En la parte superior se encuentran las glándulas suprarrenales.
En respuesta a una situación de amenaza, estas glándulas producen
hormonas como cortisol y adrenalina,
que ingresan rápidamente en el torrente sanguíneo.
Eso aumenta la frecuencia cardíaca e inunda la sangre y los músculos
de energía y nutrientes;
además de desconectar los procesos menos importantes,
lo que nos coloca en la mejor posición posible;
o bien para huir del peligro,
o para enfrentarnos a la amenaza.
Es una de las respuestas emocionales más ancestrales
frente al mundo que nos rodea.
Pero a Jordy le habían extirpado esas glándulas
para tratar el síndrome de Cushing y, como consecuencia,
ya no podía producir adrenalina; y sin adrenalina,
¿queda algo de nuestra sensación de miedo?
La doctora Sarah Garfinkel es neurocientífica cognitiva
en la Universidad de Sussex.
Va a llevar a cabo un experimento que nunca se ha intentado antes
para probar cómo reacciona exactamente el cuerpo de Jordy
ante una situación que provocaría miedo en la mayoría de nosotros.
Esta es la National Lift Tower en Northampton.
Tiene 127 metros de altura,
y Jordy va a descolgarse en rapel desde lo alto.
Te voy a poner estas bandas.
Mientras desciende, Jordy llevará estas bandas
para medir lo que se conoce como “conductancia de la piel”.
Irán fijadas a ti mientras desciendes.
Cuando sentimos miedo el nivel de humedad de nuestra piel
se incrementa ligeramente, lo que la convierte
en un mejor conductor de la electricidad.
Las bandas que llevará Jordy detectarán cualquier cambio,
por diminuto que sea.
Si su cuerpo no manifiesta esas respuestas típicas del miedo,
significaría que su cuerpo no le está diciendo que tiene miedo;
y no le comunicaría al cerebro que tiene miedo,
lo que impediría que se produzca esa especie de ciclo de retroalimentación
En la mayoría de nosotros, las emociones del miedo
están controladas por una parte del cerebro llamada amígdala.
Cuando nos enfrentamos a una amenaza o peligro,
alerta a diferentes partes del cerebro y del cuerpo
para que entren en acción, desencadenando una cascada
de respuestas en el sistema hormonal y el sistema nervioso.
Normalmente, esto incluye la liberación de adrenalina.
¿Listo? -Vamos allá.
Suerte. -Nos vemos abajo.
¿Listo? -Sí.
Ya está.
El momento crucial de descolgarse sobre el precipicio
debería desencadenar una cascada de respuestas de miedo.
El experimento revelará si, con la falta de adrenalina,
los diferentes sistemas aún funcionan en Jordy.
La doctora Garfinkel ya puede analizar
los datos recabados durante el descenso de Jordy.
En esta línea es donde debería reflejarse.
Así que sé, en el gráfico, en qué momento comenzaste a descender
Este gráfico indica cualquier cambio mesurable
en la conductancia de la piel.
Lo más interesante acerca de este gráfico
es que, en el punto donde uno esperaría observar un gran pico,
no hay absolutamente ningún aumento. Es completamente plano.
Tienes una pequeña protuberancia ahí, que me dice que la medición funciona
y, está leyendo lo datos, pero no estás teniendo una respuesta
El experimento ha demostrado que, sin adrenalina,
el sistema de respuesta al miedo de Jordy ha fallado por completo.
Pero Jordy todavía puede percibir el riesgo y mantenerse a salvo.
Y eso es porque todavía tiene una parte vital
del sistema de respuesta al miedo en su sitio;
la amígdala en el cerebro. La amígdala le dice
cuándo una situación es peligrosa. sabe que debería estar asustado,
pero no experimenta miedo.
Para Sarah, la rara habilidad de Jordy para percibir el miedo,
sin sentirlo, es una oportunidad para comprender
otros trastornos médicos en los que el miedo nos debilita,
como la ansiedad.
Jordy no experimenta la sensación subjetiva del miedo,
y su cuerpo tampoco muestra una respuesta al miedo.
Basándonos en esa peculiaridad podemos aplicar lo que sabemos
a personas con ansiedad, que experimentan demasiado miedo,
para tratar de comprender mejor cómo ciertos tratamientos novedosos
podrían usarse potencialmente para tratar a personas con ansiedad.
Ojalá todo lo que me ha sucedido sirviera al menos
para ayudar a personas que tienen tal grado de ansiedad
que ni siquiera se atreven a salir de su casa.
¡Guau!
Me agradaría pensar que he podido ayudar a alguien.
El caso de Jordy nos enseña hasta qué punto dependemos
de una emoción fundamental: el miedo.
Y hay un caso extremo y un poco estridente,
que arroja nueva luz sobre cómo se desencadena.
Me llamo Jill Drake, y tengo el grito más fuerte del mundo.
Jill Drake no tiene precisamente el aspecto de alguien capaz
de helarnos la sangre. Hola.
-¿Cómo está? Bien, gracias.
-¿Qué lleva? Unté con leche.
Pero por casualidad, descubrió que tenía un talento inusual.
Estábamos en Halloween,...
y organizaron un concurso de gritos;
y cuando grité,... batí el récord mundial.
Me pidieron que lo repitiera, y volví a batir el récord mundial.
El volumen de grito de una persona normal es de unos 100 decibelios.
El grito de Jill alcanzó los 129.
Jill no tenía ni idea de que podía gritar tan fuerte.
Siempre me preguntan qué entrenamiento hago.
Y no hago nada,
simplemente, abro la boca... y me sale...
así de fuerte.
David Howard, profesor en la Universidad Royal Holloway
de Londres, es un experto en la voz humana.
¡Aaah!
Aaaah...
Esto que tengo aquí es la maqueta de una laringe,
con sus dos pliegues vocales.
Cuando respiramos, los pliegues vocales se separan
para que las vías respiratorias no queden obstruidas.
Pero cuando hablamos o cantamos los pliegues vocales tienden a unirse
Al pasar el aire entre ellos, comienzan a acercarse el uno al otro
y chocan entre sí.
La cantidad de veces que chocan y con qué fuerza,
determina la intensidad del sonido.
Para descubrir por qué Jill puede producir un volumen tan estridente,
David va a medir exactamente lo que ocurre
en el interior de su garganta.
Este pequeño dispositivo que se coloca en el cuello,
tiene dos pequeños anillos de electrodos.
Ponemos uno a cada lado, y medirán el nivel de sonido al mismo tiempo.
-De acuerdo. A David todavía le falta
otra pieza vital de equipo. Tapones para los oídos.
Estamos listos.
Ciento veinte, coma uno.
Es muy alto. No es el nivel que a uno
le gustaría escuchar mucho tiempo. -No está mal a los 65.
Es impresionante a los 65.
(Grita)
David ahora puede analizar los resultados
y descubrir por qué Jill es capaz de gritar tan alto.
Tus pliegues vocales trabajan con mucha velocidad y rapidez.
Eso ayuda a emitir una salida acústica más intensa.
Pero para poder hacer eso, necesitas dos cosas, en mi opinión.
Tienes unos pulmones muy eficientes en términos
de cómo puedes expulsar el aire, y sospecho que tus pliegues vocales
son bastante más grandes que los de otras mujeres de tu edad.
Cuando chocan juntos, hay más masa implicada
para emitir una salida acústica muy fuerte.
(Grito)
Pero en realidad, no es la intensidad en sí misma
lo que hace que un grito nos infunda miedo.
Tenemos que pensar en por qué los humanos gritan.
La respuesta es: para llamar la atención
cuando estamos en dificultades; y mientras gritamos se producen
cambios rápidos de volumen.
Este gráfico muestra el volumen durante el grito de Jill.
En el habla normal todos los picos serían del mismo tamaño,
pero aquí existe mucha variación.
Y nuestras investigaciones han demostrado
que para el oído del oyente, esos rápidos cambios de volumen
desencadenan una sensación de miedo en el cerebro,...
...y le dicen al oyente que está sucediendo algo que deben temer,
y que alguien tiene problemas.
El grito de Jill no solo ha batido un récord por su volumen,
sino que también está comprobado científicamente que es aterrador.
El caso de Jill pone de manifiesto cómo los seres humanos
podemos emitir sonidos que provocan miedo en otras personas.
Es un elocuente ejemplo de cómo las emociones
pueden constituir un mecanismo vital de supervivencia
que nos ayuda a mantenernos a salvo. Pero hay una persona extraordinaria
cuyas emociones hacen todo lo contrario.
Lucy Tonge padece una rara enfermedad
que puede atacarle en cualquier momento,
poniéndola en peligro inminente. Hace dos años,
estando de vacaciones con mi madre y mi hermana,
mientras me bañaba en la piscina, no recuerdo exactamente por qué,
mi hermana dijo algo que me hizo reír,
y comencé a tener cataplexia. Activados por la risa,
los músculos de Lucy se debilitaron de repente
y perdió el control de sus extremidades.
Había bastante profundidad, y empecé a ahogarme.
Tardaron un tiempo en darse cuenta.
Y esa no fue la única vez.
Lucy tiene una enfermedad llamada cataplexia.
Significa que cuando experimenta una emoción intensa
esta le provoca una debilidad repentina y extrema en los músculos.
Muchas veces solo me afecta a la cabeza y el cuello,
pero puede afectarme a cualquier otra parte del cuerpo.
Por ejemplo, voy caminando y de repente las rodillas me fallan,
o sufro un colapso total. Por ejemplo,
cosas por las que la gente solo sentiría tristeza
a mí me producen un ataque de cataplexia.
Además de la cataplexia, Lucy padece un segundo trastorno,
cuyos síntomas no son menos extremos.
En un día normal suelo tener
entre 40 o 50 ataques durante los cuales me quedo dormida.
Este trastorno se conoce como narcolepsia.
Científicos de la Universidad de Stanford
tratan de averiguar las causas por las que algunas personas,
como Lucy, pierden repentinamente la consciencia.
Este es Emmanuel Mignot, profesor de Psiquiatría.
Y este es un miembro clave de su equipo de investigación:
Watson, un chihuahua narcoléptico.
El doctor Dement, mi mentor, estaba describiendo una serie
de trastornos del sueño en las personas,
hasta que un día un veterinario se acercó a él, y le dijo:
“Me ha pasado una cosa increíble.
Tengo un perro con tu problema, la narcolepsia.
Cuando se emociona se desploma, se queda paralizado
y completamente dormido”. Al doctor Dement se le ocurrió
que una de las formas de encontrar las causas de la narcolepsia
era tratar de estudiar a estos perros.
Los perros son un buen modelo para estudiar los trastornos humanos
ya que comparten muchos de los genes que se encuentran
en las enfermedades humanas. A partir de ahí,
el equipo se embarcó en una búsqueda de perros narcolépticos.
Uno de sus reclutas caninos es Watson.
Para él, la emoción de una comida sabrosa
es suficiente para provocarle un ataque.
¿Lo veis?
Estaba tan entusiasmado por la comida...
que se ha quedado completamente paralizado.
No tiene el menor tono muscular.
Igual que les ocurre a los pacientes con cataplexia.
¡Ah, ya está, ya vuelve en sí! ¡Es verdad, qué bien!
Estaba bueno, ¿eh? Te ha gustado el pollo ¿verdad? Estaba bueno.
Para buscar una pista sobre esta misteriosa enfermedad,
los investigadores comenzaron a examinar los genes
de los perros narcolépticos.
Buscaban una anormalidad que todos los perros tuvieran en común.
Después de diez años comparando el ADN de los perros,
finalmente encontraron lo que estaban buscando.
Un fallo en un gen en particular.
Se trataba de un gen nuevo que había sido descubierto solo un año antes,
y era el receptor de un sustancia química del cerebro
llamada hipocretina.
La hipocretina es una sustancia química del cerebro
que nos ayuda a mantenernos despiertos.
Fue un gran hallazgo, porque sugería que este receptor y agente químico
desempeñaba un papel muy importante en la narcolepsia y el sueño.
A partir de ahí, el profesor Mignot quiso averiguar
si la hipocretina tenía la misma importancia en los humanos.
Para ello examinó el cerebro de personas con y sin narcolepsia.
Este es el cerebro de una persona normal,
y como pueden ver aquí, todos estos puntos negros
representan pequeñas células que producen hipocretina.
Y esta es una foto de un paciente con narcolepsia.
Como se puede apreciar, los puntos negros han desaparecido.
De modo que no hay células que produzcan hipocretina.
Por fin parecía que habían encontrado
la causa de la narcolepsia.
Este descubrimiento nos llenó de entusiasmo.
Tuve que dar varias vueltas alrededor de mi casa para calmarme.
Cuando el profesor Mignot investigó por qué las personas con narcolepsia
carecían de estas células de hipocretina en el cerebro,
descubrió que algo las estaba destruyendo.
Era el propio sistema inmune del paciente.
Es lo que se conoce como una enfermedad autoinmune.
Y ahora que el profesor Mignot comprende
cómo esta enfermedad autoinmune afecta a nuestras células cerebrales
cree que puede encontrar una forma de tratarla.
En el futuro quizás podamos reemplazar
las células de hipocretina, lo que supondrá la cura
para las personas con narcolepsia. El panorama de la narcolepsia
ha cambiado por completo. Tenemos fundadas esperanzas
en tratamientos que serán muy diferentes de los actuales.
El futuro parece prometedor para Lucy y otros enfermos
que sufren esta rara combinación de cataplexia y narcolepsia.
Por el momento, no está dejando que su enfermedad le impida llevar
una vida normal.
Hola. Escuchan el programa de Lucy de política en Radio Smoke.
Hablaremos sobre el Día Mundial de la Salud Mental
y de Donald Trump, tras escuchar al grupo "Twenty one pilots."
La enfermedad de Lucy es causada por un mal funcionamiento
de su sistema inmune, que se vuelve contra su propio cuerpo.
Ver lo que sucede cuando funciona mal
nos da una idea de lo potente que es.
Es el sistema de respuesta de emergencia de nuestro cuerpo,
el que garantiza nuestra supervivencia
ante las numerosas amenazas a las que nos enfrentamos cada día.
Algunas de las defensas con las que nacemos,
primero y ante todo la piel, constituyen una barrera defensiva,
y otras las desarrollamos a lo largo de la vida.
Células que son capaces de reconocer y atacar específicamente
a los invasores exteriores. Los glóbulos blancos, en particular,
se desarrollan en la médula ósea,
y luego se mantienen dentro del sistema linfático,
que aquí aparece representado por estos vasos verdes.
En nuestro último caso seremos testigos de lo que sucede
cuando este sistema crucial se ve atacado
por una de las enfermedades más mortales de la era contemporánea
Me llamo Timothy Ray-Brown, y tengo 50 años.
Timothy es la única persona en la Tierra
que puede afirmar haberse curado de una enfermedad devastadora.
Yo tenía VIH.
A mediados de la década de 1990,
a Timothy le diagnosticaron VIH, un virus mortal
que ataca a cierto tipo de glóbulos blancos;
una parte vital de nuestro sistema inmunológico.
En aquel momento, era una sentencia de muerte.
Pero la investigación avanzaba con rapidez.
Un año después, aparecieron nuevos medicamentos
que le permitieron controlar su enfermedad
y seguir adelante con su vida.
Entonces trabajaba en un café de Berlín.
Fui honesto cuando me diagnosticaron la enfermedad.
Todos sabían que era seropositivo.
Diez años después, la suerte dio un nuevo giro para mal
Durante un viaje a Nueva York me sentí profundamente cansado.
Al principio lo achaqué al "jetlag".
Pero no era el "jetlag". Lo que tenía era leucemia,
un cáncer que afecta a la médula ósea,
donde se producen nuestros glóbulos blancos.
Primero VIH, y luego cáncer de sangre.
Pero ¿cómo pasó Tim de tener dos enfermedades mortales
a ser la primera persona curada de VIH?
La respuesta está en este médico.
Gero Hutter trata las afecciones de la sangre y el cáncer.
Juntos, Tim y él, iban a entrar en la historia de la Medicina.
Lo primero que pensé fue que Tim era un paciente muy especial,
porque la combinación de VIH y leucemia es muy poco común.
Al doctor Hutter se le ocurrió una idea muy osada
que no solo curaría el cáncer de Timothy,
sino también su VIH.
Pensé: “Sí, venga; no me lo creo”.
Estoy loco.
Pero no era algo tan descabellado como parecía.
El doctor Hutter sabía que para tratar el cáncer de Timothy
necesitaría un trasplante de células madre sanas,
el tipo de células que producen glóbulos blancos.
También sabía que una pequeña fracción de la población,
en torno al 1 %, es naturalmente resistente al VIH,
lo que significa que no se infectan.
La razón por la cual algunas personas
son naturalmente resistentes al VIH
se debe a una variación genética en sus glóbulos blancos.
El VIH es un virus que ataca a un tipo de glóbulo blanco
conocido como linfocito T.
El virus VIH infecta a los linfocitos T
adhiriéndose a su superficie.
Pero un pequeño número de personas tiene linfocitos T
con una forma irregular, a las que el virus VIH
no se puede conectar. De modo que se desprende.
Como consecuencia, este grupo de personas no puede contraer VIH.
La idea del doctor Hutter fue hacerle a Timothy
un trasplante de células madre de alguien que fuera inmune al VIH.
Encontrar un donante con dicha variación genética
que también compartiera el tipo de tejido de Timothy no fue fácil.
Pero finalmente, el doctor Hutter halló una coincidencia.
Ahora tenía que llevar a cabo un procedimiento de alto riesgo,
para destruir la médula ósea enferma de Timothy,
y reemplazarla con la médula ósea sana del donante.
Tres años después, Gero me confesó que su equipo solo me daba un 5 %
de posibilidades de sobrevivir.
Me alegro de que no me lo dijeran entonces,
porque habría perdido la esperanza.
Sorprendentemente, pocas semanas después,
Timothy comenzó a sentirse mejor.
Me sentía mucho mejor.
Me di cuenta de que algo había cambiado en mi cuerpo.
Timothy se convirtió en la primera persona del planeta
en ser curada de VIH.
En ese momento me di cuenta de que estaba curado;
y la emoción que sentí fue indescriptible.
Finalmente,... puedo decir que estoy curado...
del VIH.
Hasta el momento, la extraordinaria experiencia de Timothy es única.
Él y sus médicos decidieron asumir el alto riesgo
que conllevaba el trasplante de células madre,
porque su vida ya estaba en peligro por la leucemia.
Para otras personas que padecen VIH, el riesgo sería demasiado alto.
Pero ahora los científicos están desarrollando
formas de modificar las propias células madre de los pacientes
para que sean resistentes al VIH sin tener que enfrentarse
al riesgo de un trasplante. Su trabajo constituye
una nueva esperanza para una cura permanente.
Mi caso sirve para dar esperanzas a la gente,
y eso es muy importante para mí.
Todos estos casos muestran la gran capacidad del cuerpo humano
para adaptarse, incluso cuando se enfrenta
a las enfermedades más dañinas y peligrosas;
y han servido para desarrollar algunos de los tratamientos
más audaces y salvadores de vidas de la medicina moderna.
Subtitulación realizada por Yolanda Fernández Gaitán.
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