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Original subtitles

AMOR & TRAICIÓN

BASADA EN LA NOVELA DE JANE AUSTEN "LADY SUSAN"

Langford

NOVIEMBRE

Langford.

Langford.

Si no hubiera sido por Langford,

podríamos haber sido muy felices.

¡Manwaring!

Manwaring, ¡no me des la espalda, por favor!

- ¡No lo soporto! - ¡Lady Susan!

¡Frederica!

¡Aguarden! ¡Se los suplico!

LORD MANWARING Un hombre divinamente atractivo

LADY LUCY MANWARING Su esposa rica

SRTA. MARIA MANWARING Su hija atractiva más joven

SIR JAMES MARTIN

Pretendiente joven y rico de Frederica Vernon & María Manwaring

Un poco "Conversador"

SRA. CATHERINE VERNON (HIJA DE DECOURCY)

Cuñada de Lady Susan

SR. CHARLES VERNON

su esposo por obligación, hermano del difunto Frederic Vernon

SR. REGINALD DECOURCY

Hermano joven & apuesto de Catherine

Catherine, tengo una carta para ti.

Parece que Lady Susan finalmente nos visitará.

- De hecho, ya está en camino. - ¿Qué?

¿Lady Susan Vernon?

Felicitaciones por estar por recibir a la mujer que más flirtea en todo Inglaterra.

La juzgas mal, Reginald.

¿Cómo?

Como muchas mujeres bellas y con distinción,

nuestra cuñada ha sido víctima del espíritu envidioso en nuestra tierra.

- ¿Es envidia? - Sí.

Como todos, Susan podría ser capaz de una acción

o un comentario abierto a la mala interpretación,

pero solo admiro la entereza

con la que ha soportado su gran desgracia.

Disculpa. Dije algo insolente.

¿Por qué ella, que estaba muy bien establecida en Langford,

de repente desea visitarnos?

¿Cuáles son los motivos?

Su ansiedad por conocerme y "conocer a los niños".

Jamás le han preocupado antes.

Calle Edward

Londres

SRA. ALICIA JOHNSON

Una exiliada estadounidense, amiga de Lady Susan

SR. JOHNSON Esposo respetable & mayor de Alicia

Su señoría.

Susan. Ven, apresúrate.

Mí querida, esa prisa. Actúas muy extraño.

El carruaje del Sr. Johnson está por pasar por la casa.

Seguramente ¿eso pasa a menudo?

- ¿No recibiste mi carta? - ¿Carta?

El Sr. Johnson me prohíbe verte.

Eso es absurdo. ¿A qué se refiere con "prohibir"?

Amenazó con el castigo más severo imaginable:

enviarme de regreso a Connecticut.

¿Cubierta de alquitrán y plumas?

Dice que tiene asuntos importantes en Hartford

y amenaza con establecerse allí si nuestra amistad no termina.

¿Y con que motivo o pretexto posible?

Su ex pupila, Lucy Manwaring, le escribió.

¿Lo hizo?

- Una mujer espantosa. - Lo sé.

Desquiciada. Si iba a estar celosa,

no debería haberse esposado con un hombre tan encantador.

Recuerdo haber pensado, mientras llegaba a Langford,

"Este hombre me agrada. Espero que no me lastime".

Estaba determinada a ser discreta, y lo he sido.

Admito que nadie lo notó salvo Manwaring,

eludiendo el flirteo general por completo,

salvo una pequeña nota de Sir James Martin.

Pero si el mundo supiera mis motivos, me honraría.

¿Martin? - Sir James Martin.

De Martindale. Muy rico, bastante simple.

Ideal.

La Srta. María Manwaring desea ganar su afecto,

cómo no compartir una fortuna tan importante.

Pero con un poco de atención,

lo distraje y pronto lo tuve enamorado de Frederica.

Si mi hija no fuera la simplona más importante de la Tierra,

- estaría comprometida con él ahora. - ¿Qué?

Ella lo rechazó.

Un baronet con 10.000 por año. Es muy provocativo.

Pero ¿dónde vivirás?

Si hubiera otro sitio disponible, me arrastraría de rodillas allí.

El peor lugar de este lado del océano.

Un pueblo. Churchill. Donde vive mi cuñado.

La Sra. Cross, una dama en condiciones difíciles,

me acompañará,

para empacar y desempacar. Ese tipo de cosas.

Y como existe un vínculo de amistad,

estoy segura de que pagarle sería ofensivo para ambas.

Mi cuñado, Charles Vernon, es muy rico.

Si un hombre está en el nombre de un banco,

es muy acaudalado.

Así que no es lógico que su esposa envidie las sumas que él me ha adelantado.

Decididamente ilógico, para nada sensato.

No tengo esposo ni dinero.

Aunque una puede verla oportunidad en una situación desoladora.

No significa que siempre pensaré en términos oportunistas.

Claro que no. Nunca.

Churchill está a la vista, su señoría.

Cielos. Qué aburrido.

Sí. Verdaderamente aburrido.

Charles.

- Susan, bienvenida a Churchill. - Una recepción excepcional.

Sra. Cross.

Sra. Cross, Charles Vernon. Bienvenida.

- Adorables. El amarillo les queda bien. - Frederic y Emily.

Buenas tardes, Frederic. Encantada de conocerte.

La Sra. Cross es una amiga de Lady Susan y debería estar en el cuarto contiguo.

WILSON Mayordomo en Churchill

SRA. CROSS

La amiga pobre de Lady Susan ayuda a empacar & desempacar

EL SACERDOTE JOVEN dela Parroquia de Churchill

No hay motivos para quejarse de la recepción del Sr. Vernon.

No estoy totalmente contenta con la de su esposa.

- ¿No? - No.

Ella es perfectamente educada, sorprendentemente lo es,

pero sus modales no me convencen de que está a mi favor.

Como lo habrás notado, intenté serlo más amigable posible.

Excepcionalmente amigable.

De hecho, totalmente encantadora. Discúlpame por decir eso.

Por nada. Es verdad.

Quise que ella se deslumbrara conmigo, pero no lo logré.

No puedo entenderlo.

Es verdad que siempre la he detestado

y que antes de su matrimonio, hice lo imposible por impedirlo.

Aun así, parece ser egoísta

para resentirse tanto de un plan que no funcionó.

Decididamente egoísta. No es generosa en absoluto.

Mi oposición a su matrimonio

y más tarde evitar que ellos compraran el Castillo Vernon

quizá le dio una impresión desfavorable de mí.

Pero he notado que donde hay una inclinación al desagrado,

enseguida se encuentra un pretexto.

- No debes reprocharte. - No lo haré.

El pasado no se puede cambiar. Me centraré en los niños.

Ya sé un par de sus nombres.

Y he decidido concentrarme en el joven Frederic en especial.

Subirlo a mi falda y suspirarle por la desgracia de su querido tío.

Entre.

Le envía saludos la Sra. Vernon, su señoría.

Pregunta si usted y la Sra. Cross la acompañarían para el té.

Será un placer.

La Sra. Cross preferiría descansar, pero agradézcale a la Sra. Vernon.

Yo iré directamente.

Sí, Frederic, veo que tienes bastante apetito.

Serás alto y apuesto como tu padre y tu tío.

Frederic, compórtate.

No toques eso.

Frederic, ¡ten cuidado!

- Yo... Lo lamento mucho. - No, está bien.

Qué parecido. Me emociona.

Querrás cambiarse de ropa.

No, tomemos el té mientras no se enfría.

La Sra. Cross es una genia con las telas.

- ¿Estás segura? - Sí.

Cuánto me recuerda Frederic a su querido tío.

¿Crees que se le parece?

Notablemente. Los ojos.

¿No eran marrones los ojos de Frederic Vernon?

Me refiero más a la forma y el ceño.

Debo agradecerte esta visita.

Me temo que el aviso breve debe haber sorprendido.

Solo porque entendí que estabas muy bien asentada en Langford.

Es verdad que Lady Manwaring y su esposo me hicieron sentir muy bienvenida,

pero de modo continuo debían reunirse con miembros ricos de la sociedad.

Quizá haya tolerado esa vida una vez

pero la pérdida de un esposo como el Sr. Vernon no se supera fácilmente.

Estar con ustedes, aquí, en este sitio privado encantador

fue mi deseo más preciado.

Me alegró tener la oportunidad de vernos.

¿Podría confesarte algo?

Langford no era ideal para mi hija.

Su educación ha sido desatendida, por lo que me culpo a mí misma.

La enfermedad del Sr. Vernon no me dejó darle la atención

que requieren tanto el deber como el afecto.

Entonces la dejé en la excelente escuela de la Srta. Summers.

Confié en que Frederica me visitaría pronto.

Una visita, encantadora como podría ser,

representaría muchas horas y días que se deducirían de la educación.

Y me temo que Frederica no puede soportar esas deducciones.

Pero ¿vendrá para Navidad?

No. La Srta. Summers solo puede darle la atención que requiere en ese lapso.

- Lo lamento. - Por nada.

Si me disculpas, se lo daré a la Sra. Cross,

que, descansada, implora actividad.

Cuando haya puesto su talento en esto,

desaparecerán los restos de mermelada.

La cuota de la escuela de Frederica es muy elevada para pensar en pagarla.

En cierto sentido, es un ahorro.

Sí, llegó bien con su amiga la Sra. Cross, y descansan arriba.

Siento curiosidad por conocer a esta dama, ver en persona sus poderes encantadores.

¿Es tan bella como dicen?

- Me preocupes, Reginald. - No.

Entiendo que Lady Susan posee un grado de engaño cautivante,

que podría dar placer detectar. - En verdad me preocupes.

Buenas noches.

Qué expresiones encantadores.

Susan, permíteme presentarte a mi hermano, Reginald DeCourcy.

Reginald, te presentaré a la viuda de Frederic Vernon, Lady Susan,

y a su amiga, Sra. Cross.

Encantado de conocerla. He oído mucho de usted.

Me temo que no entiendo el comentario.

Su reputación como algo preciado para nuestra sociedad.

Lo que me dice me sorprende.

Dada la gran tristeza por la muerte de mi esposo,

he vivido casi en perfecta soledad.

Para conocer mejor a su familia y desaparecer yo misma de la sociedad.

Vine a Churchill.

No para entablar relaciones de tipo frívolo,

pero por supuesto me complace conocer a los familiares de mi cuñada.

¿Encuentra más placentera la compañía del Sr. DeCourcy?

En cierta medida.

Al principio, su conversación reveló involuntariamente imprudencia y descaro,

que realmente me desagrada.

Pero desde entonces, he visto un idealismo inmaduro

que me interesa bastante.

Cuando lo inspiré a tener mayor respeto que el que su hermana ofrece,

de hecho podría ser un pretendiente agradable.

Es apuesto, ¿cierto?

De un modo extraño y tonto.

No como Manwaring, por supuesto, pero...

Existe cierto placer en hacer que alguien se predisponga a desagradarme

en vez de reconocer la superioridad propia.

Será encantador

bajar el orgullo de estos DeCourcy pomposos.

Parklands Bien Ancestral de la Familia DeCourcy

SIR REGINALD DECOURCY Padre mayor de Catherine & Reginald

LADY DECOURCY Su madre amable

Una carta para ti, mi querida.

- ¿Una carta? - Sí, de Catherine.

Espero que regrese pronto.

La temporada es menos alegre sin los niños.

Me temo que este frío ha afectado mis ojos.

Cuida tus ojos, mi querida. La leeré por ti.

- No, está bien. - No, insisto.

Aquí la tengo.

Veamos.

Catherine espera que estés bien

y pide especialmente que me mandes saludos.

Sí, ¿y?

Reginald ha decidido quedarse en Churchill para cazar con Charles.

Hace mención del buen clima despejado.

Qué sinsentido. El clima no está despejado.

Quizá lo está allí, o cuando ella escribió.

Mi querido, ¿podrías solo leer?

- ¿Lees sus palabras? - Sí, claro.

Algo de su voz estará en ellas.

Leeré cada palabra, coma y guión si es lo que deseas. Aquí.

"Estoy muy intranquila, coma, mi queridísima madre, coma,

"con respecto a Reginald, coma,

"al verla influencia de ella que crece muy rápido, punto y coma..."

Solo las palabras, por favor.

¿Sin puntuación? De acuerdo. Es mucho más fácil.

ÉL y Lady Susan tienen una relación de amistad muy especial

y con frecuencia se involucran en largas conversaciones juntos

¿Lady Susan?

Sí, Lady Susan ha ido a visitar Churchill.

- ¿Lady Susan Vernon? - Sí.

¿Cómo podría Reginald tener conversaciones

con Lady Susan Vernon?

Conversaciones que son...

largas

¿De qué hablarían?

Mis ojos están bien, puedo leerla. No te molestes.

Si mi hijo y heredero está involucrado con esa dama,

debo preocuparme.

Me aflige sinceramente que ella haya entrado a esta casa.

Su poder sobre él no tiene límites.

Ella no solo ha afectado totalmente su enfermiza opinión

sino que lo persuadió para que él justifique su conducta

en los términos más apasionados.

Debo irme.

¡No! Escribiré.

No. Si esto está sucediendo, no queda tiempo.

- Buenas tardes, señor. - Gracias.

Uno, dos...

- Padre. - Buenas tardes.

¡Qué extraño es verlo aquí!

Goza de buena salud, ¿seguro?

¿Cómo está mi madre?

- ¿Qué lo trae a este lugar? - Toma asiento.

No mentiré y diré que tengo asuntos en el distrito.

He venido por algo más importante.

¿Qué es lo que reviste tanta importancia?

Sé que los jóvenes no admiten preguntas sobre temas de amor.

Pero como único hijo de una antigua familia,

debes saber que tu conducta es de suma importancia para nosotros.

Tu felicidad, la nuestra,

la confianza de nuestro apellido, su permanencia...

- Padre... - No, oye lo que debo decirte.

Sé que no te comprometerías amorosamente sin informarnos.

Pero no puedo evitar temer que te veas obligado a contraer matrimonio

a lo que quien esté cerca de ti debe oponerse.

¿A qué se refiere, señor?

Solo la edad de Lady Susan Vernon...

Padre, me asombra.

¿Qué te sorprende?

Infiriendo que ella tiene un romance conmigo.

Ella jamás pensaría en tal cosa.

Mi único interés ha sido disfrutar la conversación vivaz de una dama superior.

- El prejuicio de Catherine es grande... - ¿Prejuicio?

El descuido de su esposo difunto, su extravagancia y disipación,

el estímulo de otros hombres, fueron notorios...

Son viles calumnias.

Podría explicarlas pero no tendrían el respeto debido.

Sé que usted pasa poco tiempo en sociedad.

- Ninguno. - Si la hubiera frecuentado más,

sabría el sorprendente grado de infamia, envidia odiosa de nuestro país.

No menosprecie a nuestro país, señor.

No puedo evitar que heredes los bienes de la familia

y mi habilidad para afligirte durante mi vida no es el tipo de venganza

que elegiría.

- Padre, esto es innecesario. - No, déjame continuar.

Una conexión permanente entre tú y Lady Susan Vernon

destruiría las comodidades de nuestra vida.

Sería la muerte del orgullo sincero con el que siempre te hemos considerado.

Nos avergonzaría mirarte, oírte, o pensarte.

Padre.

Con suma humildad, déjeme decirle que lo que imagina

es imposible.

La pobre Sra. Cross debió aceptar una posición paga en Buckinghamshire.

Como hubo cierta amistad entre nosotras,

noté que el pago de salarios sería ofensivo para ambas.

- Usted valora mucho la amistad. - Sí. Espero haberle sido de ayuda.

Sus amigos no la descuidan.

Gracias, Charles.

Es de la escuela de Frederica.

No.

No puedo creerlo. No lo comprendo.

¿Qué?

Frederica se escapó. Se escapó de la escuela.

Cielos. ¿Adónde?

- No lo saben. - ¿Está perdida?

No. Ellos detectaron su plan con tiempo suficiente para interceptarla.

Tonta, ¿dónde podría haber creído que iría?

Seguramente aquí.

No, este sería el último lugar al que vendría.

Es decir, más bien...

Pero debe extrañarla muchísimo.

Seguramente. Solo que no creo que Churchill sería su destino.

Ahora... Esto es escandaloso.

La Srta. Summers requiere que Frederica se retire de la escuela.

La Srta. Summers debe creer

que como viuda sin fortuna, puede intimidarme.

Evidentemente, ella ha olvidado que Frederica es Vernon.

Charles debe resolver esto.

Enfrentarse con su mérito y valor,

debe persuadir hasta a una directora de actuar correctamente.

No sabía que Frederica fuera tan rebelde,

ella parecía tener la timidez de una Vernon.

Pero confirma la certeza de mi plan.

- ¿Llamó Sir James? - Muchas veces.

Excelente.

Seguí tus instrucciones,

regañándolo seriamente por prestarle atención a María Manwaring.

ÉL se quejó de que había sido una broma.

Tenías razón. Es maravillosamente tonto.

Pero no debemos dejar que olvide de quién está enamorado.

Un hombre tan rico y tonto no permanecerá soltero mucho tiempo.

Sir James no ha olvidado a las Vernon,

estoy segura de que se casará pronto con una de ustedes.

Debo regresar a Churchill.

Pero quizá precise ayuda para hallar escuela

si la Srta. Summers no acepta a Frederica.

Bajo ninguna circunstancia, la tendré en Churchill.

Eso es sabio.

¿A qué te refieres?

A la proximidad de edades entre ella y Reginald.

- Qué cruel. - Perdóname.

Perdonada. La falacia de la juventud.

¿No es claro que nosotras, mujeres resueltas tengamos las cartas ganadoras?

¿Lady Susan? Lady Susan Vernon,

- ¿Cómo se atreve a dirigirse a mí, señor? - Pero Lady Susan...

¡Retírese, señor! O haré que lo azoten.

¡Escandaloso! ¿Jamás te lo habrás cruzado?

No, lo conozco bien. Jamás hablaría con un extraño como él.

Espero que pronto conozca a mi amiga Alicia.

Es estadounidense,

de la rama de Connecticut de la familia Delancey.

Aunque hasta los estadounidenses más educados no suenan muy elegantes,

ella tiene una frescura en sus modales que me parece bastante vigorizante.

Su familia fue tratada de modo escandaloso durante la última guerra,

castigada por su lealtad a la Corona.

Los estadounidenses han demostrado ser una nación de ingratos.

Solo tras tener hijos uno puede entender esa dinámica.

Sí.

Susan, te he estado buscando.

El coche de la tarde trajo esta carta.

Quizá Charles ha tenido éxito con la Srta. Summers.

Tal como temí.

La Srta. Summers no quiere readmitir a Frederica.

Dice que debe pensar en la reputación de su escuela.

Absurdo. Jamás oí de su escuela.

- ¿Podrían ser ellos? - ¿Qué, Frederica? ¿Aquí?

Hola. Aquí estamos.

- ¿Es ella Frederica? - Sí.

Permítanme presentarles a nuestra sobrina, encantadora niña,

la Srta. Frederica Vernon.

Bienvenida, Frederica. Ansiábamos conocerte.

Mi hermano, Reginald DeCourcy.

Hola. Encantado de conocerte.

Buenas tardes, Frederica.

Buenas tardes, madre.

Tal como lo temí.

Disculpen, debo ir con mi hija.

Pobre Frederica.

- Pobre madre de Frederica. - ¿Qué?

La hija es, entiendo, una joven problemática.

Solo vi temor.

No ha tomado té. Podría ser falta de alimento.

¿Dónde está Frederica?

En nuestras salas, practicando piano.

Practica silenciosamente.

No mires. Frederica nos está observando.

- ¿Nos está observando? - Desde la ventana. No mires.

Qué extraño, ser observados.

Es la condición de ser padres.

Traemos estas criaturas encantadores al mundo,

con entusiasmo, felizmente,

y luego sin que transcurra mucho tiempo, nos observan y juzgan,

casi nunca favorablemente.

Tener hijos es nuestro más ferviente deseo,

pero al hacerlo, criamos críticos muy duros.

Es una situación absurda, pero nosotros la creamos totalmente.

- Me maravilla tu buen humor. - ¿, Qué alternativa tenemos?

Es lo que sucede en la vida. Debemos aceptarlo con una sonrisa.

Por supuesto, cuando los hijos son muy pequeños,

existe cierta dulzura

que compensa el dolor que viene después.

- ¿Te preocupa el futuro de Frederica? - Me preocupa su presente.

Reconozco que la responsabilidad de asegurar su futuro es mía.

Ve.

Vamos.

- ¿Bella? ¿Te parece? - Sí.

- ¿A ti no? - No, no diría eso.

Pero igualmente, la belleza no importa.

Uno busca vivacidad e inteligencia animada,

incluso hasta de las jóvenes.

SRTA. FREDERICA VERNON Hija atractiva de Lady Susan

SIR JAMES MARTIN Su indeseado

Lo lamento. Por favor permítanme.

- Disculpen la molestia. - ¿, Qué sucede, mi querida?

ÉL está aquí. Sir James está aquí.

- ¿Quién? - Lo lamento mucho.

Por favor discúlpenme.

Frederica...

Lamento mucho no haberme anunciado.

Supongo que ustedes no me esperaban.

Sir James, permítame presentarle a mi cuñada,

Srta. Catherine Vernon, y a su hermano, Reginald DeCourcy.

- ¿Cómo está? - ¿Cómo están?

Qué amables son en preguntar. Excelente.

Realmente muy bien, gracias.

Disculpen mi urgencia en venir.

La falta de aviso anticipado, etc.

La verdad es que olvidé escribir.

Ya era demasiado tarde, ahora estoy aquí.

Me tomé la libertad de un familiar. Espero serlo pronto.

Debo decir que se ve sorprendida. Le asombró verme.

¿No? ¿Para nada? Así pareció.

Sí me sorprendió y aún lo estoy.

Tiene una propiedad impresionante, señor.

Felicitaciones. Inmaculada.

- El Sr. DeCourcey es su hermano. - Muy bien.

Su esposo, Charles Vernon, es el propietario de Churchill.

¿Churchill?

¿Así la llaman?

¿En una palabra? "Churchill".

Eso explica mucho.

Verán, oí "Church" y "hill", pero no encontré ninguna de ellas.

Solo pude ver esta casa enorme.

Buen nombre. Churchill.

Marlborough, ¿cierto? ¿El general?

Derrotó a los franceses. Debe estar muy orgulloso.

No tiene relación.

Pero creo que lo oí.

Creo que usted lo mencionó. Churchill.

Sí, creo que usted lo hizo,

pero nuevamente, oí "church" y "hill" y no vi ninguna.

Pero noté que estaba equivocado

y ahora me corrigen.

Me sucede bastante a menudo.

Reginald, ¿sería tan amable de llevar a Sir James a ver a Charles?

Creo que encontrará a Charles muy versado

en los métodos agrícolas avanzados en los que usted ha mostrado mucho interés.

¡Sí!

Métodos agrícolas avanzados, me interesan mucho.

Collins, que supervisa Martindale por mí, habla de ellos a menudo.

Un propietario actual debe saber todo tipo de cuestiones.

Esa es nuestra función.

"¡Hola, Collins!" Digo.

"¿Qué métodos agrícolas avanzados tenemos hoy?"

Excelente.

Allí estás.

¿Estás dormida?

- No, mamá. - Bien, entonces ¿qué?

Te escondías de mí. Por favor explícame.

No.

Mi joven extraña.

- ¿Qué estabas haciendo hace un rato? - ¿, Qué?

Huyendo antes de que Sir James entrara en la sala.

No pude soportar verlo.

"No pude soportar". Modo poco gentil de hablar.

Frederica, querida,

Sir James Martin es un joven generoso,

cuya único delito parece ser desear brindarte una vida de confort.

¿No tienes nada para decir?

Querida, nuestra condición de vida actual es del tipo más precario.

No vivimos, visitamos.

Estamos a la misericordia de nuestros familiares y amigos,

como descubrimos con tanto dolor en Langford.

Aquí parece que te has ganado el cariño de tu tía.

Te fui útil allí, porque creí que ella haría algo por rencor.

Pero esa dinámica no puede continuar para siempre.

- Pero mamá... - "Pero mamá".

No estaré siempre aquí para que me contradigas.

Si una vida de confort como la que Sir James te ofrece no te gusta,

¿qué harás?

¿Cómo vivirás?

- Podría enseñar. - ¡Enseñar!

Si hubieras pasado más tiempo en la escuela no considerarías esa opción.

Responde esto. Cuando nuestro Señor escribió los Mandamientos,

¿qué consideró muy importante para colocarlo en cuarto lugar?

¿Cuarto lugar?

Sí. El Cuarto Mandamiento.

Sé los Mandamientos pero no por orden.

¿Ves? Eso es el resultado de una educación inestable.

Sí, el Cuarto Mandamiento.

"No deberás..."

No, es un "no deberás". Sino un "deberás".

- "¿Deberás?" - Si no estuviera yo presente,

me preguntaría si siquiera fuera tu madre.

"Honrar a tu padre y a tu madre".

Lo lamento.

¿He hecho algo que deshonrara a mi padre o a ti?

"Honrar" significa, entre otras cosas,

escuchar con respeto el consejo sincero de un padre.

Escucho con respeto, mamá. Es solo...

Si no me prestarás atención, quizá escucharás una orden mayor.

La ley del universo.

Una oferta espléndida como la de Sir James no es probable que vuelva.

Te ha ofrecido lo único de valor que tiene para dar,

sus ingresos.

Temo y me reprocho haberte protegido durante mucho tiempo.

De haberte dejado morir un poco de hambre, resistirías un poco menos.

Mamá, a menudo pasé hambre en la escuela.

Evidentemente no lo suficiente.

De cualquier modo, la hambruna escolar no es comparable con la indigencia.

- ¿Es eso lo que deseas? - No.

Puedo ver que Sir James es un hombre amable

y si no fuera una cuestión de matrimonio, seguro me agradaría.

Pero el matrimonio es para toda la vida.

No según mi experiencia.

Mientras tanto, te pido que no hables

con tus tíos del tema

o busques que interfieran de algún modo.

Insisto. ¿Lo prometes?

- Recuerda el Mandamiento. - Sí.

La llegada de Sir James de repente requiere cierta explicación.

No estabas muy sorprendida, ¿espero?

Fue inesperada.

Ciertamente. Para mí sobre todo.

Me temo que las mejores cualidades de Sir James no aparecen de inmediato.

- Ciertamente, él no es Salomón. ¿Salomón?

El rey sabio de la Biblia,

que tuvo la idea de dividir a la mitad al niño a quien dos madres disputaban.

O en dos. No recuerdo las palabras exactas.

Sí, por supuesto.

Entonces, Sir James no es Salomón.

¿Cuántos pretendientes de gran sabiduría

una joven puede esperar encontrar en estos días?

- No lo sé. - ¡Ninguno!

Y, confieso que me pregunto:

¿se desea esa cualidad en un esposo?

¡Qué divertido! Pequeñas bolas verdes.

Sí. Saben bien. Bastante dulces.

¿Cómo se llaman?

- Guisantes. - Sí. No, lo sabía.

Ahora recuerdo.

Debo hacer que Collins los cultive en Martindale.

Vegetales nobles.

Podría obtener buenas ganancias.

Pequeños.

Disfruto de la visita de Sir James.

Su conversación es animada, tiene otra perspectiva de las cosas.

¿Qué tal si lo llevara a ver la granja Fredericksville?

ÉL mencionó que tenía interés en métodos agrícolas.

Sí.

Frederic, ten cuidado.

Frederic, debes tratar de ser bueno.

Él es totalmente ridículo.

Definitivamente no es Salomón pero... ¿Salomón?

El rey sabio de la Biblia. Sé que no es así.

Pero cualquier hombre que navegue las aguas del cortejo romántico

y que ocasionalmente caiga en esas aguas espumosas no mostrará lo mejor de sí.

¿Qué?

Una palabra simple, Reginald. "Comprensión".

Admiro tu modo de pensar

pero creo que no eres totalmente sensato

al punto que puedes intimidar a otros.

En especial a un joven sobre el que tienes toda ventaja

de posición, apariencia y personalidad.

¿Sir James es un tonto debido a mí?

Sí. Alrededor de ti, él se siente muy tonto.

- ¿Acaso no lo es al lado de cualquiera? - No.

Creo que le ha dado a todos la misma impresión.

Bueno, solo lo han visto al lado de ti.

Pero ¿niegas las intenciones de Sir James hacia ti?

- ¿Hacia mí? - Claramente se ha enamorado de ti.

No, está locamente enamorado de Frederica.

- Eso es imposible. - Le propuso matrimonio a ella.

¿Cómo podría tal tonto permitirse cortejar a tu hija?

Es incomprensible.

Es la incomprensión de los ricos y relajados.

Tienes la seguridad financiera para juzgar a otros y sentirte orgulloso.

Si notaras el grado total de ridiculez de la humanidad

que una joven sin fortuna debe soportar,

serías más generoso con Sir James.

Qué bueno que pudiste irte furtivamente.

Podemos vernos solo a través de esos engaños.

El Sr. Johnson es despiadado. No me enviará a Connecticut.

No sé por qué cree que tu amistad conmigo

dañaría tu reputación.

Pero tengo una pregunta.

¿Te mencionó Sir James planes de venir a Churchill?

Cielos, no. Qué tonto.

¿Cómo reaccionó el Sr. DeCourcy?

Bueno, tengo cierta gratificación allí.

Al principio él observó a Sir James sin celos,

pero era imposible realmente torturarlo,

por lo que tuve que decirle que su objetivo era Frederica.

Entonces se sorprendió.

Entre nosotras, no tuve problema en convencerlo de que estaba justificada.

No recuerdo el razonamiento exacto, pero todo fue cómodamente arreglado.

Entonces ¿cuál es tu veredicto sobre el joven DeCourcy?

No es estúpido y tiene mucho que decir,

pero tengo que mirar con cierto desprecio

los caprichos de un corazón tan dudoso que roza la razonabilidad de sus emociones.

Prefiero más el espíritu generoso de un Manwaring

que, convencido de su propio mérito, cree que todo lo que uno hace es correcto.

Sé que realmente nadie te merece, pero el joven DeCourcy podría ser digno.

Disculpa, Frederica.

Cuando bajé esta mañana,

noté que estabas leyendo un libro.

¿Qué libro era?

Este volumen son versos de Cowper.

Cowper, ¿el poeta?

¿También escribe versos? Impresionante.

Sí, es versátil.

Entonces, Frederica, ¿lees verso y poesía?

Esto, creo, que lo heredas de tu madre que sabe muchas cosas.

Ayer, ella me citó una historia de la Biblia

sobre un rey muy sabio.

Eso me recordó de lo mucho que uno aprende en la infancia.

Quizá lo más importante en la formación de los principios propios

es esa del viejo profeta

que vino desde el monte con tablas que contenían los Doce Mandamientos,

que Nuestro Señor no has enseñado para obedecer sin fallar.

¿Doce Mandamientos?

Disculpe, creo que fueron solo diez.

¿En serio?

¿Solo diez debemos obedecer? ¡Excelente!

Entonces, ¿cuáles dos sacamos?

Quizá el que se refiere al día de descanso. Yo prefiero cazar.

- Bueno... - Decidir resulta difícil.

Muchos de los "no deberás", no asesinarás, no desearás la casa o esposa del vecino,

uno solo no haría la diferencia.

Porque están equivocados,

ya sea que el Señor nos permita eliminarlos o no.

Urgido con ser un familiar, Sir James Martin ayuda a una viuda.

Es muy amable de su parte.

No, estoy encantado. Honrado. Es un placer.

¿Le gustaría que firme un pagaré?

No. Sin documentos. Un pagaré no es necesario.

Esto es un asunto familiar o con el deseo de que pronto lo sea.

¿Y el carruaje?

Sí, el carruaje. Definitivamente. Ciertamente.

Mi placer. Un honor.

Hola.

- Buenos días. - Buenos días.

¿Sabes dónde podría encontrar a tu madre?

Creo que ha salido.

¿Salido?

¿Estás bien?

¿Qué sucede?

Dime, ¿qué sucede?

Por favor dilo.

Señor, yo...

No sé a quién puedo pedir ayuda.

¿Qué sucede? Por favor, dime.

Lo lamento. No debí decir nada.

Es que creo que usted es el único a quien mi madre podría escuchar.

¿Por qué dirías eso?

Solo le presta atención a usted y a Lord Manwaring.

¿A qué te refieres con Manwaring?

No. Lo lamento.

Solo pensé que de todos, mi madre lo escucharía más a usted.

Permíteme entender esto.

Es que encuentras la presencia y cortesía de Sir James hacia ti no bienvenida.

Si su presencia aquí te molesta,

es a Charles y a mi hermana a quienes debes acudir.

Prometí a mi madre que no lo haría.

No comprendo. ¿Por qué prometerías eso?

Ella me lo pidió.

¿Qué te pidió?

¿Qué?

Estos silencios me perturban.

Mamá me lo prohibió.

No comprendo.

Le prometí no hablar con mis tíos sobre este tema.

- ¿Por qué motivo posible? - No debo hablar ahora,

y no debería si no estuviera desesperada.

Pero no puedo casarme con Sir James.

¿Porqué?

Debe haber notado que es muy tonto.

- Pero ¿además de eso? - ¿Además de eso?

Sí, confieso que la primera impresión que tuve de él fue también mediocre.

Pero ¿no son esas cuestiones

que hacen a Sir James un buen futuro esposo?

¿O "candidato" o como sea que ellos lo llamen?

Un hombre con temperamento alegre,

feliz de dedicar una gran suma para satisfacer a su esposa.

Preferiría trabajar por mi sustento.

Pero ¿qué podrías hacer?

- Podría enseñar. Podría... ¿Enseñar?

Sí.

Debes haber sido muy pequeña al pensar eso.

Dime, ¿cómo sucedió?

Tu madre es una mujer muy entendida.

Se preocupa mucho por ti, aunque de modo sabio y claro.

¿Cómo podría estar equivocada como sugieres,

si tú desprecias a Sir James?

No desprecio a Sir James. Y seguro que es un hombre amable.

Y tiene un encanto de algún tipo y ciertamente es agradable.

Y estoy segura de que podría agradarme si fuera un primo

o el primo de un primo o un amigo o amigo de un amigo

o un pariente político o medio pariente.

Solo que no deseo casarme con él.

Vamos. Dime los detalles.

Si es como dices, no puedo imaginar

que tu madre permaneciera ciega a tus deseos.

Gracias.

Catherine. Me gustaría agradecerte por esta visita.

- ¿Te marchas? - Sí, debo.

¿Porqué?

En esta época uno de los dos debe estar con nuestros padres.

¿Has decidido esto ahora?

Sí, pero antes de irme, debo pedirte algo.

Estaría agradecido si hicieras justicia por Frederica.

Ella es una joven dulce que merece un destino mejor.

- Me alegra que aprecies su dignidad. - Sí.

Mis ojos se abrieron a muchas cosas.

Tía.

- Hice algo muy malo. - Seguramente no.

No, sí lo hice. Y ahora él y mi madre discutieron.

ÉL se marcha y es por mi culpa. Mamá jamás me perdonará.

No te preocupes.

Si algo de lo que temes pasara, yo intercederé felizmente.

PASTILLAS MUNDIALMENTE FAMOSAS del Doctor PRESTON

Buenas tardes, Catherine.

La tos del joven Frederic me preocupa.

Tengo de Londres algunas de las pastillas del Dr. Preston.

- ¿Las querrías para el querido pequeño? - Sí. Gracias.

Y ¿es cierto que el Sr. DeCourcey se marcha hoy?

Sí, al parecer sí.

Qué extraño.

Cuando él y yo hablamos hace una hora, no mencionó nada.

Pero quizá él no sabía que lo haría.

Los jóvenes son muy impulsivos en sus resoluciones.

No diría que Reginald es impulsivo.

Sí, lo es. Es como otros jóvenes en ese sentido.

Precipitado al tomar decisiones y luego rápidamente las cambia.

No me sorprendería si cambiara de opinión y se quedara.

- Parecía bastante decidido. - Bien, veremos.

Algo extraño parece afectar a Frederica.

Creo que la joven en realidad se ha enamorado de tu hermano.

Señor, Lady Susan preguntó si podría conversar brevemente con usted.

Preguntó si usted sería tan amable de verla en su Cambiador.

Adelante.

Mis disculpas por pedirle que viniera, señor,

pero me enteré de su intención de marcharse hoy.

- ¿Es verdad? - Sí, así es.

Puede cerrar la puerta.

Le suplico que no, por mí, acorte su visita ni una hora.

Bueno...

Soy perfectamente consciente que tras lo que ha sucedido entre nosotros,

sería inadecuado que ambos permanezcamos en la misma casa

pero soy yo quien debería irse.

No. ¿Por qué?

Mi visita ya ha sido inconveniente para su familia.

Si me quedo arriesgo que se divida un clan que está efectivamente unido.

Donde vaya no tiene importancia,

mientras que su presencia es importante para todos.

Fue atemorizante lo cerca que estuve de la destrucción.

Todo comenzó con Frederica, apoderada por cierto tipo de locura,

rogándole a Reginald que interceda en su nombre,

como si yo fuera una madre cruel que no deseara lo mejor para su hija.

Luego, Reginald apareció en mis aposentos con una expresión de total solemnidad

para informarme de mi error

al permitir que Sir James Martin corteje a Frederica.

Intenté ponerle humor pero él lo rechazó.

Cielos. ¿Es realmente tan pomposo?

Conozco su pomposidad.

Pero su deslealtad me indignó.

Si verdaderamente pensó bien de mí,

no debió pensar en esas insinuaciones en mi contra.

Un amante digno debería asumir que una tiene motivos justificables.

Sin duda.

Casi ha pasado una hora

desde que me enteré de que Reginald se iba de Churchill.

Algo debía suceder.

La condescendencia fue necesaria, aunque la aborrezco.

Mandé a buscar a Reginald.

Cuando vino, parecía sorprendido por la llamada

y parecía como si estuviera medio temeroso, medio ansioso

de que lo persuadiera.

El resultado justifica un poco de vanidad, mi querida,

pero el efecto no fue favorable ni inmediato.

Criatura brillante.

Así que ahora tengo muchas tareas.

Debo castigar a Frederica por pedirle a Reginald

y castigarlo por recibir su pedido favorablemente.

Y debo compensarme

por las humillaciones por las que me vi obligada a pasar.

- Manwaring está en Londres. - Manwaring. ¿Cómo está, el hombre divino?

Totalmente enojado contigo y celoso de DeCourcy.

A tal punto que no puedo decir que no cometa una imprudencia

- tal como seguirte hasta Churchill. - Cielos.

Creo que lo disuadí de hacer eso.

Si sigues mi consejo y te casas con DeCourcy,

será indispensable que saques de tu camino a Manwaring.

Solo tú puedes enviarlo a su casa.

Y quedándome en Londres, recibiré un extenso castigo en Churchill

con un pequeño derroche de bienvenida.

Señora, Lord Manwaring ha llegado y ruega entrar.

Por favor pídale que aguarde.

Srta. Vernon.

Es bueno verla aquí. ¿Podría ayudarla?

Sí.

Una amiga me preguntó ¿cómo, de acuerdo con la enseñanza cristiana,

el Cuarto Mandamiento debería ser honrado?

¿El Cuarto Mandamiento? Sí. "Recordar que el día de reposo sea sagrado".

No. Me refería al Mandamiento: "Honrar al padre y a la madre".

El Quinto Mandamiento es mi preferido.

La Iglesia de Roma lo considera el Cuarto.

Sí, el Quinto Mandamiento.

"Honrar al padre y a la madre

"para que los días se alarguen en la tierra que el Señor, Dios, te da".

Hermoso, profundo.

Creo que uno debería aplicar este sentimiento de gratitud y lealtad

en todos los aspectos de la vida.

No hemos nacido en un desierto salvaje sino en la mansión hermosa del Señor,

que el Señor, y quienes lo precedieron han construido.

Debemos evitar descuidar esta mansión sino glorificarla y preservarla,

como con toda la creación del Señor.

El fantástico Baumgarten ha esbozado esta trinidad estética

como belleza, verdad y bien.

La verdad es perfecta, la percibe la razón,

la belleza la perciben los sentidos y el bien lo percibe el deseo moral.

¿De dónde vienes?

De la iglesia.

¿Por qué fuiste a la iglesia?

Bueno, es nuestra religión.

Sí, pero a esta hora del día, no hay misa matutina ni vespertina.

El cielo se ha nublado. Estaba segura de que llovería.

Llovió.

¡Estás bastante empapado! Debes ponerte ropa seca.

Discúlpame.

- Mi querida, bienvenida. - Madre.

- Nos alegró tu carta. - La escribí precipitadamente.

¿Qué?

No podía imaginar que cada expectativa que tuve

- se arruinaría tan rápido. - Me asustas.

Pobre joven. Su única oportunidad de ser libre.

¿Quién sabe qué castigo le impondrá la madre ahora?

Pero Reginald no puede ser ciego ante una joven tan encantadora.

Se ha cegado.

Reginald pertenece a Lady Susan más que nunca.

Por favor no le digas a tu padre. Me preocupa su salud.

Que no me diga ¿qué cosa?

Susan, ¡detente!

Tengo terribles noticias. El Sr. Johnson se ha curado.

¿Cómo es posible?

Se recuperó tan pronto supo que estabas en Londres.

¿Podrías hacerme un grandísimo favor?

¿Podrías ir a la calle Seymour y recibir a Reginald allí?

No quiero arriesgar que él y Manwaring se encuentren.

Mantenlo contigo toda la noche, si puedes. Inventa cualquier cosa.

- Buen día para eso. - Animo.

Lamento no haber estado allí para recibirlo,

¿pero no tuve una sustituta encantadora?

Es extraño.

Permanece callado pero la Sra. Johnson no podía dejar de elogiarlo.

¿Disculpe?

Me temo que Alicia se ha enamorado de ti. Me ha asustado bastante.

Bromeas.

Pero ¿a ti te agradó?

Por supuesto.

Yo también admiro a Alicia.

No tiene el encanto que uno espera de los estadounidenses

pero sí su franqueza.

Su esposo, el Sr. Johnson, es más viejo y bastante desagradable

pero Alicia jamás se quejó.

Ejemplar.

A una la conocen a través de sus amigos.

Que Alicia, espero, te ayude a pensar mejor de mí.

Ya he pensado bien de ti.

¿No estás plagado de duda?

Algunas cosas me desconcertaron. Que no estuvieras aquí...

Por favor, Reginald, no seas cruel. No puedo tolerar reproches.

- Pero... - No, te lo ruego. No puedo soportarlos.

Mi ausencia fue para solucionar un tema para que estuviéramos juntos.

Se me prohibió decir más. Por favor no me reproches.

- ¿Has considerado lo que te he pedido? - Sí,

y creo que nuestros asuntos requieren de un cuidado y delicadeza

que quizá, en nuestro entusiasmo, podríamos no haber atendido.

¿A qué te refieres?

Me temo que nuestros sentimientos nos han urgido a un punto

enfermizo según la mirada del mundo.

- Estoy seguro, a su tiempo... - Quizá, con tiempo,

pero dada la intensidad de nuestros sentimientos...

- ¿Ya no deseas casarte? - ¡No!

No, lo que digo o...

O sugiero con duda es que pospongamos un compromiso público,

hasta que la opinión del mundo sea acorde a nuestras inclinaciones.

- Eso jamás podría suceder. - No.

Quizá meses.

Confieso que esa demora va en contra de mis deseos.

- Entonces dejemos... - No, Reginald.

No seré responsable de separar a tu familia.

Pensé que ya habíamos decidido.

Lo sé, esa demora es insoportable, en especial si ambos estamos en Londres.

La separación geográfica puede tolerarse razonablemente.

- ¿Qué? - Lo lamento, Reginald,

pero quedarnos en Londres sería la muerte de nuestras reputaciones.

No debemos vernos.

Ni estar cerca uno del otro.

Cruel como puede parecer, esta necesidad debe ser evidente para ti.

¿Adónde irás?

Por supuesto, es necesario que permanezca en Londres.

Debo hacer arreglos para que estemos juntos.

Pero por otra parte, sé que tu familia implora tu compañía.

En especial ese hombre anciano a quien le debes tanto.

Detestaría ser la causa de un distanciamiento,

entre tú y tu padre,

a quien, perdóname, podría no quedarle mucha vida.

No hay razón de que preocuparse que sepa. Mi padre está en lo mejor de su vida.

Gracias a Dios.

Entonces ¿no está moribundo?

Tiene los dolores usuales pero en general, creo, que goza de buena salud.

En todo caso, no desearía preocuparse por su salud,

lo que consideraría un sinsentido.

Mortalidad.

La nuestra y la de otros,

especialmente la de los nuestros

es la jugada más difícil e intratable a la que puede enfrentarnos la vida.

Ansío conocer al querido caballero.

Por supuesto, es natural que él deseara ignorar o minimizar

el frío, triste final que nos espera a todos.

Para nada.

Mi padre es cristiano,

para quien la perspectiva del final no es ni triste ni fría.

Sí.

Gracias a Dios por nuestra religión.

Tan importante en esta vida y más aún en la siguiente.

¿Realmente debemos esperar?

Te ruego que lo reconsideres.

Lady Manwaring.

Disculpe, estoy histérica.

No sé qué decir.

¿Se encuentra el Sr. Johnson en casa? ¡Debo hablar con mi tutor!

Sí, por supuesto, mi querida. Le haré saber que estás aquí.

Lucy Manwaring vino a verte.

- ¡Sr. Johnson! - Lucy, entra por favor.

- ¡Debe ayudarme! - Querida Lucy, por favor.

Debe ayudarme. ¡Manwaring se ha ¡do!

Señora. El Sr. DeCourcy.

- Buenos días. - Sr. DeCourcy.

Qué sorpresa verlo. Qué amable de visitarnos.

Le agradezco por ayer, por resolver una situación difícil.

Lady Susan me ha explicado todo. Me avergüenzo por haber hablado así.

- Fue tonto de mi parte. - No, en absoluto. Lo comprendo.

Pero no tiene que agradecerme, la cortesía no implica disculparse.

De hecho, no es mi único motivo.

Lady Susan me ha dado una carta para usted.

¿"Estrictamente privada"? Qué intrigante.

¿Se ha lastimado un animal?

No, actuaciones privadas. Medea. Se presentarán la semana próxima

pero mejor que no vea los ensayos.

Gracias nuevamente por la noche encantadora.

¡Ella está ahora con el! ¡Esto no puede continuar! ¡No debe!

Lucy, por favor. No. Quédate, descansa. Recupera la ecuanimidad.

¿Ecuanimidad? ¡Ellos ahora están juntos!

Le ruego, venga conmigo, hable con Manwaring, ¡hágalo razonar!

Como mi tutor, ¿no me ayudará?

Incluso si los encontrara, ¿qué cambio podría hacer?

Sí, sigue el consejo del Sr. Johnson. Sabe mucho de estos temas.

¿Qué tiene? ¿Una carta?

- ¿Con su letra? - Devuélvame la carta, ¡señora!

- ¡No es para usted! - Lucy, no.

- ¡Detente! - ¡Disculpe!

¡Señora!

Creo que estaba a punto de cometer un grave error.

¿Es usted Lady Manwaring? ¿Lady Manwaring de Langford?

Ha reconocido la letra de su amiga Lady Susan Vernon

y asumió que era para usted.

¿Cree que esa dama es mi amiga? Ahora está con mi esposo.

Mientras hablamos, ¡él la visita!

No es posible, señora. Acabo de dejarla, estaba totalmente sola.

Ni su sirviente estaba.

¡Owen!

Owen, ven aquí, ¡párate aquí!

Dile a este caballero lo que has visto.

- No, su señoría... - Repítele lo que me has contado.

Señor, Lady Susan le pidió a su sirviente que se fuera y luego usted se marchó.

Y unos minutos después, Lord Manwaring llegó

y ella lo recibió.

- ¿Estaba sola? - Sí, señor, eso creo.

Nadie más entró o salió.

No, ¡basta! ¡La carta es solo para la Sra. Johnson!

Escuchen.

"Mando a Reginald con esta carta.

"Mantenlo allí toda la noche, si puedes.

"¡Manwaring viene a esta hora!"

Es imposible.

¡Debo detener esto! Por favor, señor, venga conmigo.

¿Qué podría ganar? Incluso podría ser peligroso.

Es un asunto de sus abogados.

Sra. Johnson, esto excede lo que podría haber imaginado.

Prometió que dejaría de tener contacto con esta mujer.

No tengo idea de a qué se refiere ella. Ha enloquecido.

Siento decir, querida, que sé que la ruta por el Atlántico

es muy fría en esta época del año.

- Señora. - Agonizo, mi querida.

- ¿, Qué sucedió? - Lo peor.

- Un desastre. - ¿Desastre?

El Sr. DeCourcy llegó justo cuando no debía.

Lucy Manwaring había entrado a la fuerza al estudio del Sr. Johnson entre sollozos.

¿No tiene orgullo? ¿Ni dignidad?

Qué impresión da,

al irrumpir en la biblioteca del Sr. Johnson, gimiendo como niño con miedo.

Al verla carta con tu letra, se la sacó a Reginald para leerla en voz alta.

- ¡No! - Sí.

"Manwaring viene a esta hora".

- ¿Y Reginald oyó eso? - Lo leyó él mismo.

Qué poco caballero.

Es escandaloso. No puedo creerlo.

Sí, muy escandaloso.

Un caballero a quien le confían correspondencia "privada",

la lee sin reparo y entonces, por unos comentarios confidenciales,

¿la deshonra es mía? ¿Quién ha actuado mal en este asunto?

Solo tú y yo somos inocentes por no leer correspondencia ajena.

Por desgracia, Lady Manwaring manipuló al sirviente de su esposo

para que dijera que Manwaring te vio en privado.

Los hechos son terribles.

No te preocupes. Diré algo que complazca a Reginald.

Primero estará un poco enojado

pero prometo que para la cena de mañana, todo estará bien.

No estoy segura. ÉL estaba con el Sr. Johnson cuando me fui.

Perdóname por decirte esto,

me espanta imaginar lo que dirá en tu contra.

Qué error cometiste al casarte con el Sr. Johnson.

Demasiado viejo para dominarlo, demasiado joven para morir.

Buenas tardes, señora.

Por supuesto debo parecer extraña o escandalosa para otros.

Pero no esperamos que otros lean nuestra correspondencia

y no escriban a su favor.

Manwaring solo me visitó como amiga de su esposa.

¿Amiga? Ella misma niega esto.

Claro, por supuesto. Era su amiga cuando estaba cuerda.

Ha perdido la razón.

Manwaring dejó Langford para escapar de sus sospechas enloquecedoras.

Al darle una entrevista,

mi único motivo era persuadirlo de que regrese con ella

y vea qué se podría hacer para alejar sus miedos.

SÍ, pero ¿por qué sola?

¿Por qué arreglaste verlo sola?

¿No puedes descubrir el motivo? Los sirvientes oyen,

con la infortunada tendencia de repetir cualquier cosa que imaginan haber oído.

Temí perjudicar la reputación de la mujer aún más.

¿Imaginas que podría aceptar esa explicación?

Solo puedo decirte la verdad.

- ¿Lo lograste? - ¿Qué?

¿Lo convenciste de que regresara con su esposa?

Sí, lo logré.

Pero parece que su juicio está muy deteriorado para permitirlo.

Sus celos y sospechas no permitirán que recupere la confianza.

Olvidas que vi la carta con mis ojos.

No, no lo olvido. Lo lamento muchísimo.

Un error agravado por malinterpretar algo que jamás debiste haber visto.

¿Crees que no habría confiado la carta a un tercero

si pensaba que su contenido era peligroso de algún modo?

¿Ya no te he explicado

que la naturaleza enfermiza del mundo podría desacreditarme?

¿Qué podría sorprender a tu estima ahora?

Después de haber discutido tanto y lo que éramos,

que desconfíes de mis acciones, intenciones, mi palabra.

Lo lamento, Reginald, pero he reflexionado este asunto.

No puedo casarme con un hombre que desconfía.

- No puedo. - ¿Qué?

No podemos casarnos.

El compromiso entre nosotros está roto,

toda relación es imposible.

¿Qué dices?

La desconfianza no sugiere resultados favorables.

Siento mucha estima por ti.

Sí, apasionada, pero debo dominarla.

¡Catherine!

- Reginald ha regresado. - ¿Está aquí?

Ha ido a buscar a tu padre.

- No irá... - No.

No, las noticias más felices.

- Nuestros miedos fueron en vano. - ¿, Qué?

- Se canceló el compromiso. - ¿Cómo?

Bueno, Lady Susan lo terminó.

¿Ella lo hizo?

Reginald está muy deprimido pero estoy segura de que se recuperará

y esperemos que proyecte su mirada en otro lado.

Esa mujer es un demonio.

- ¿A qué te refieres? - Lady Susan.

Ella tiene un misterioso entendimiento de la naturaleza de los hombres.

Al forzar ella misma la ruptura, comprometió el orgullo de Reginald.

¿Misteriosa? No comprendo.

Reginald empezará a dudar de todo lo que ha oído en contra de ella.

Lo abrumará el arrepentimiento

y lentamente, seguro. Se convencerá de que la ha juzgado mal.

- Me asustas. - Sí.

Si Frederic Vernon, conocido por su buen sentido,

deja que ella lo arruine, ¿qué oportunidad tiene Reginald?

Hablas como si tu hermano no fuera sabio. Estoy segura de que lo es.

Todos comentan sobre su rápido entendimiento.

Eres la mejor madre

pero Reginald tiene el tipo de naturaleza honesta

que lo hace vulnerable para una mujer así.

- ¿La consideras una genialidad? - Diabólicamente sí.

Como la serpiente en el Jardín del Edén.

¿Esta mujer siempre se sale con la suya?

Según entiendo, solo los hombres de negocios suficientemente

astutos ven a través de sus estratagemas.

Trabajaron juntos para enviar a sus agentes a interceptarla en la calle Seymour,

obligándola a empeñar sus últimas joyas.

Maten al cordero más gordo, mi querida. Regresó el pródigo.

¿Qué sucede, muchacho?

La alegría de ver a tus padres de edad se te escapa.

- No lo provoques, padre. - Es un derecho de padre.

Huirá de regreso a Londres.

No hay riesgo de eso, te aseguro. Londres no tiene encanto para mí.

¿Notaste eso? Bien. Nunca me atrajo.

Sucia, ruidosa, gases nocivos, con hollín.

No entiendo el punto de las ciudades.

Es mejor vivir en tierra propia. Todos deberían.

Me temo que esto se relaciona con mi cuñada.

Sí, hermana. Felicitaciones por tu reivindicación.

Al contrario, no veo que estés fuera de peligro.

- Seguramente lo estoy. - ¿De qué trata todo esto?

¿Qué sucede? No comprendo.

Reginald, querido. Frederica preparó una pieza encantadora.

Ayúdame a convencerla de que la cante.

No. Usted es muy amable, Lady DeCourcy. No estoy lista.

Disculpe, Srta. Vernon, madre. Aunque quisiera,

estoy muy cansado para ser un público propicio.

Así que si me disculpan...

No, debes quedarte. Frederica es muy talentosa.

Jamás oí nada igual. No nos prives de este placer, mi querida.

- Reginald, insistimos. - Bien, como dije...

No, lo lamento.

Disculpen.

Debes tocarla, mi querida. Por favor.

A ella la llamo: El ruiseñor de Kent.

Su voz es extraordinaria, incluso para mi oído.

Debe haberla heredado de su madre.

La voz de Lady Susan es soprano natural y clara. Encantadora.

Hermosa.

¿Lo es?

¿Esperas visitas, madre?

No, ¿quién nos visitaría?

Mira quién vino de Londres. Qué sorpresa agradable.

Disculpen por llegar así.

Qué pose familiar encantadora.

Sí, es la época de unidad familiar, así que le damos la especial bienvenida.

Gracias, Charles.

Espero que al reconocer la ansiedad de una madre por ver a su hija,

me puedan disculpar mi repentina visita.

Nada que disculpar. Sir Reginald, Lady DeCourcy,

podría presentar a mi cuñada, Lady Susan Vernon.

Por favor disculpen la intromisión.

Como tengo domicilio en la ciudad, no puedo estar sin Frederica.

- ¿Acaso esa ansiedad no es nueva? - Sí. Estoy totalmente de acuerdo,

pero ahora estoy en Londres,

donde la educación que Frederica necesita puede hallarse fácilmente.

- Su voz es algo prometedora. - ¿Algo? Es un verdadero canto de ave.

- La llamo: El Ruiseñor de Kent. - ¿Así?

¿Esto es realmente Kent? Encantador.

Tiene razón, señor. Frederica tiene el talento innato de un ave,

pero esas pocas notas pueden ser repetitivas.

Pero madre, ¿podría quedarme?

"Pero madre, ¿podría quedarme?"

Encantadora. Gracias, querida cuñada,

por hacer que Frederica se sienta en casa y bienvenida donde vaya.

Acordé que tengas una clase con Signor Voltroni.

Donde se preocupan por el gran tema de la educación,

no hay excusas para mediocres.

¿No es clave, señor, para cultivar su voz?

- Un ruiseñor, ¿no dijo? - Sí, es cierto.

- La llamo: El Ruiseñor de Kent. - Denominación encantadora.

Y quizá con un maestro como Signor Voltroni,

podría volverse verdad.

- Frederica, ¿tienes todo empacado? - ¿Parten a Londres ahora?

Hemos ansiado tanto tener a Frederica con nosotros.

Qué notable. Tan solo hace una pocas semanas,

era difícil hallar un lugar para Frederica. Ahora el mundo pelea por su compañía.

- Asombroso. - ¿Asombroso que fuera desatendida antes

o se peleara por ella ahora?

Una excelente observación, querida cuñada, pero terminare ahora,

porque sé cuánto detesta mi hija que la elogien.

¿Cómo está, señor? Espero que bien.

Deberíamos irnos.

Disculpa, madre, debo empacar.

Sí, debes.

No podemos comprar un guardarropas nuevo para cada mudanza.

La pobre joven. ¿Vieron su rostro?

Debo hablarle, recordarle que este siempre será su hogar.

O con nosotros.

Si se refieren al pasado,

dudo que su madre se arriesgue nuevamente a malinterpretar.

Podemos estar seguros de que Lady Susan le aclarará a su hija

la consideración y afecto que guía sus acciones.

No me involucré en el asunto de recuperar a Frederica

de Parklands para que me frustren de nuevo.

María Manwaring puede sollozar, Frederica puede gemir

y los Vernon pueden estar furiosos

pero Sir James Martin será el esposo de ella antes de fin del invierno.

- Criatura brillante. - Gracias, mi querida.

Me cansé de someter mi voluntad a los caprichos de otros.

O renunciar a mi propio juicio por respeto a aquellos

a quienes no les debo moral y le tengo muy poco respeto.

Demasiado fácil he permitido mi debilidad inquebrantable.

Frederica sabrá la diferencia.

Eres muy indulgente con la joven.

¿Por qué dejar que Frederica lo tenga si podrías ganar su interés?

- ¿Sir James? - Sí, conozco tu generosa naturaleza,

pero ¿puedes arriesgar ofrecerle Sir James a Frederica

mientras no tienes ningún Sir James tuyo?

Señora, el Sr. Johnson dice que regresará para la cena.

- Gracias. - ¿Me estás insultando?

Al contrario.

No dudo de tu habilidad de conseguir a DeCourcy cuando lo desees.

¿Pero es digno de tener?

¿No es su padre el tipo de viejo enfurecido

que vivirá para siempre? ¿Y cómo sobrevivirás?

¿De la cuota que Frederica, como esposa de Martin, te otorgue?

¿Cómo invitadas en Churchill?

Preferiría casarme con mi esposo que depender de la hospitalidad de otros.

Debemos protegerla, no solo por su propio bien,

sino por el de su padre muerto.

¿Qué podemos hacer?

Debemos hallar el argumento de que persuadir a su madre

es para su interés, que por supuesto es su única guía.

Eso significará un viaje a Londres.

Afortunadamente, Charles debe tener asuntos allí para justificar ese viaje.

Qué esposo maravilloso tienes, mi querida.

Charles parece vivir para obedecer.

Es verdad. He sido afortunada.

Charles siempre parece tener un pretexto u otro

para hacerlo que se le pide.

Mi queridísima. Creo que tienes asuntos muy urgentes en Londres.

Sí.

¿Frederica?

Eres muy amable por la visita. Frederica estará encantada.

¿Y cómo están los niños? En especial mi querido Frederic.

Muy bien, gracias.

Frederica, ¡ven a ver quién vino!

No puedo expresar la gratitud por la hospitalidad que nos han brindado.

- En absoluto. Es un gran placer nuestro. - Hola, Frederica.

Buenas tardes, mi querida. Espero que estés bien.

Gracias.

Es muy bueno verte.

Frederica, ¿por qué no subes y tocas una pieza?

Elige algo encantador

para mostrarles lo que has estudiado.

Con gusto.

Verán cuánto ha mejorado.

Cuidado la cabeza.

Frederica toca música nueva. Haydn, Himmel, Bernardini, Cherubini.

Tomen asiento.

¿Así que está feliz con el progreso que ella está logrando?

Sí. Solo en una ciudad como Londres

creo que ella podría tomar tales clases.

Bien, si Frederica está avanzando tanto en Londres,

eso complica las cosas.

¿Qué complicación representaría?

Hemos esperado que Frederica volviera a Churchill.

La extrañamos muchísimo, en especial los pequeños.

Qué sentimiento emotivo de primos tienen.

Pero mi preocupación, mi deber

es ver los defectos reparados en la educación de Frederica.

¿Podríamos llevar a Churchill a una de sus maestras,

- para que continúe sus clases allí? - Qué pensamiento amable.

Pero estos son los maestros de Londres más cotizados.

Ninguna invitación a un retiro, incluso uno encantador como Churchill,

podrían aceptar.

Quizá un tutor privado, ¿entonces?

¿Podría confesar algo?

Frederica y yo nos volvimos muy buenas amigas,

sería difícil para mí separarme de ella.

Deben haber notado que durante un tiempo, existió una rara tensión entre nosotras.

Que ahora ha desaparecido.

Disculpa, ¿estás bien?

Lo lamento, nos emocionamos con el regreso de Frederica.

Lo entiendo completamente.

Se ha convertido en una compañía agradable.

Incluso su tendencia a la tranquilidad total la he hallado bastante relajante.

Pero hay un tema que me preocupa.

- ¿Ella se ve bastante bien? - Sí.

¿Esa fue su impresión?

El aire de la neblina de Londres no es, saludable para ella.

- ¿No se ve pálida? - Sí.

El aire de Londres, los gases contaminantes,

no pueden ser saludables para ella.

El aire fresco del campo es lo que necesita.

Sí. Qué curiosos son ellos.

¿El aire húmedo de la ciudad no favorece la gripe?

- Gripe ¿en Londres? - Se han informado muchos casos.

Es la época del año.

De los desórdenes mundiales.

El riesgo de contagio de gripe es el que más temo para Frederica.

No deberíamos considerar, entonces, ¿alejarla de este peligro?

Lo que me dicen me hace dudar.

Pero sería terrible perder la compañía de mi hija

justo cuando confío en ella.

Y, por supuesto, sus estudios.

Felicítame, mi querida.

Los tíos de Frederica la regresaron a Churchill.

Pensé que envejecerías disfrutando de su compañía.

Relativamente. Un poco.

Pero no me permito excesos

como para desear regodearme en la compañía de una niña.

Ay de mí, me temo que este es nuestro último encuentro

al menos mientras el Sr. Johnson viva.

Sus asuntos en Hartford se han ampliado.

Si continúo viéndote, jura establecerse en Connecticut para siempre.

¡Podrían esculpirte!

Tuve el presentimiento de que la palabra "respetable" nos separaría algún día.

Tu esposo a quien aborrezco pero debemos ceder por necesidad.

Nuestro afecto no puede ser menor por eso y en tiempos más felices,

cuando tu situación sea independiente como la mía, volveremos a estar juntas.

Esperaré eso con impaciencia.

Yo también.

Que el próximo ataque de gota del Sr. Johnson termine mejor.

GALERÍA DE LORD ADAM

Gracias.

¿Sabes dónde está Frederica? Lady Susan le ha escrito.

¿Frederica?

Frederica.

Una carta de tu madre.

Gracias, tía Catherine. ¿Qué dice ella?

La ha escrito ella misma para ti.

Mi madre y Sir James Martin se han casado.

¿Qué? ¿Cómo pudo suceder eso?

¿Cómo pudieron casarse?

¿A qué te refieres? Ambos eran libres para eso.

ÉL era soltero. Susan era viuda.

Sir James Martin es un tonto.

Bueno, un poco conversador, quizá.

¿"Un poco conversador"? Es un completo tonto.

Según lo veo, existen tres explicaciones posibles.

Primera, quizá Sir James tiene más mérito del que hemos permitido.

No.

Segunda, quizá para asegurar tu futuro, Frederica,

tu madre vio necesario preparar una unión prudente ella misma.

Ese podría ser el caso.

Mamá siempre se ha preocupado por mi futuro.

¿Y la tercera explicación posible?

Que se enamorara de él.

Bueno, hay un dicho:

"El corazón tiene sus rarezas", o palabras a tal efecto.

El corazón es el instrumento que poseemos pero que no conocernos verdaderamente.

El amor humano participa de lo divino, o al menos lo ha hecho en mi caso.

Lo encontrarás en los escritos de Rousseau.

Creo que en Julie, Or The New Heloise.

Te confirmaré la cita si te interesa.

Simplemente no entiendo que una mujer tan brillante

pueda casarse con un cerebro tamaño de guisante.

Sucede siempre.

Le resta credibilidad.

Sin duda, como has dicho, Sir James no es Salomón,

pero si puede darle a Lady Susan la felicidad y seguridad

que le quitaron los hechos tristes recientes,

entonces él es alguien que yo y todos deberíamos valorar.

Estoy de acuerdo contigo, tío. Todos deberíamos.

Les deseo toda la felicidad en su vida juntos.

Felicitaciones, señor, por una unión que favorecí hace tiempo.

Hay algo correcto en su unión.

No es que ningún hombre merezca a Lady Susan.

Estoy totalmente de acuerdo.

Y me complace agregar que es apropiado doblar las felicitaciones.

¿Qué?

La mujer más hermosa de Inglaterra, además de usted,

pronto será la madre más hermosa.

Sí, yo seré padre.

¡Maravilloso!

Sin duda usted no demora las cuestiones.

Felicitaciones, señor.

Sí. La mañana después de la boda,

Lady Susan insinuó las felices noticias que brevemente se confirmaron.

Qué maravilloso.

Estoy tan orgulloso como puede imaginar.

¿Qué fue eso?

Toda una carga.

Cuando Lord y Lady Manwaring se separaron,

el Sr. Johnson, que es tutor de Lucy Manwaring,

la invitó a vivir con nosotros.

¿En serio? ¿Qué la enoja?

La separación todavía. Habla apasionadamente de eso.

¿Qué?

Todo el melodrama sobre un matrimonio que finalizó hace semanas.

Si una mujer falla en complacer a su esposo,

¿por qué continuar publicando la falla?

¿Por qué anunciar al mundo que el hombre a quien

conoces más preferiría a alguien más?

Parece como que Lady Manwaring ha fallado en considerarla diferencia entre los sexos.

No es lo mismo que un hombre engañe a que lo haga una mujer.

Si un hombre es desleal, simplemente responde a su biología.

Así están hechos los hombres.

Pero para una mujer actuar de modo similar es ridículo,

inimaginable.

Simplemente la idea es graciosa.

No podría acordar más. Bastante gracioso.

Culparía la escena armada de Lady Manwaring

por alejar a su esposo.

Pero su pérdida ha sido nuestra fortuna.

Como resultado del problema que sus abogados causaron,

hemos tenido a Manwaring con nosotros hace semanas.

¿Eso no es inconveniente?

¡En absoluto!

Un compañero sobresaliente. No podríamos llevarnos mejor.

Adora cazar, animales grandes y pequeños.

Excelente. Excelente tener a un invitado. Y la conversación que tiene.

Por supuesto, Lady Susan es inteligente, pero es más fácil hablar con un hombre,

en especial uno que comparta intereses.

En breve tendremos otro invitado.

Frederica.

No. Por supuesto, ¡la bebé!

¿Manwaring?

¿Has visto a mi esposo?

¿Qué ha estado diciendo? Cuénteme.

¿Cómo es él?

Señora. Muy bien, creo.

No podría estar mejor.

- ¿Desea té? - Claro.

¡Tenga cuidado!

De acuerdo.

Aquí está la iglesia.

Pero ¿dónde está la colina?

No la veo.

No parece haber una.

Raro. Extraño.

¡Dios los bendiga!

Por favor discúlpenme.

Tu madre debe estar muy orgullosa.

Y yo le agradezco mucho a ella.

Sin sus esfuerzos, jamás habría hallado la felicidad.

Permítanme.

¿Y hablando de falso testimonio?

No, eso sería el Noveno.

Debe estar muy orgullosa de Frederica.

No diría orgullosa.

Me alegra haber podido ocuparme de su educación.

Mi hija ha mostrado ella sola ser astuta y manipuladora.

No podría estar más satisfecha. Una Vernon nunca pasará hambre.

Debemos pedirle a Frederica que cante.

Eso sería encantador.

La llamamos el ave cantora de Surrey.

¿Qué? No. El ruiseñor de Kent.

Siempre la llamamos así.

¿Ave cantora de Surrey? No tiene sentido. Basura. Ridículo.

Damas y caballeros, el Sr. Reginald DeCourcy.

Durante los meses pasados, no he dejado de sorprenderme

con la amabilidad y belleza de Frederica.

He deseado escribir algunos versos como recordatorio de ese descubrimiento.

Pero ahora son tan extensos que comprenderían un volumen.

Así que solo leeré unas pocas líneas.

Bendecida ella está con toda la gracia humana

El semblante atractivo, y rostro cautivante,

¿"semblante atractivo"?

Sí, "semblante", apariencia o rostro.

Del francés ”mien”, creo.

Puedo buscarte la cita.

Incluso una belleza superior la inquieta.

La virtud

es el encanto que más adorna su belleza.

Sra. Reginald DeCourcy.

Como quizá ya sepa,

tomo los pedidos de Lady DeCourcy como órdenes

y por lo tanto, cantaré esta pieza.

Aunque detesto las emociones de imprudencia y sinceridad de todo tipo,

en lo que concierne a Manwaring...

¿Y tan rápido él estuvo de buen humor?

Veo a qué te refieres, cómo los halagos alteran el espíritu.

Es encantador.

Dicha conducta, resintiendo a un padre bienintencionado,

es aparentemente normal entre jóvenes de su edad.

- Quizá estén sobre cocinados. - No, en absoluto.

- Son perfectos. - ¡Sí!

Saben bien. Bastante dulces.

¡No debí haber dicho nada!

Ella es encantadora.

Ningún DeCourcy debería olvidar los grandes esfuerzos de Susan

para evitar que Charles Vernon se case con Catherine,

que, si hubiera tenido éxito,

habría arruinado la felicidad de tu hermana.

Lady Susan despachó a su sirviente y luego usted se marchó.

Y minutos más tarde...

Sra. Johnson esto excede lo que podría haber imaginado.

Jamás perdonaré el problema que ha causado.

Gracias, mi querida.

Que su próximo ataque de gota sea más serio.

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