All language subtitles for Cuando mueren las leyendas

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Original subtitles

CUANDO MUEREN LAS LEYENDAS

Los días cortos se aproximan.

Estarás solo aquí.

Así es como debe ser.

Tu padre se ha ido.

Tu madre se ha ido.

Si eres un amigo, cantarás la canción del lamento.

Cantaré la canción dentro.

Hay una canción para el amanecer.

¿Conoces esa canción?

Ven conmigo a cantar las canciones para aquellos que las han olvidado.

Es bueno que el pueblo cambie pero no que olvide.

Mañana hablaremos de ello.

No debes guardar esas canciones para ti mismo.

Mi hermano y yo iremos contigo. Luego, regresaremos.

- ¿Qué hay, Blue Elk? - Hola.

Este es Thomas Black Bull.

Su familia vivía en las montañas. Según las viejas costumbres.

Su padre murió. Ahora, su madre ha muerto.

Gracias, Blue Elk. Puedes esperar fuera.

Dile al chico que se quede.

Dice que ha venido a contarnos lo de las viejas costumbres.

Blue Elk le dijo que queríamos conocerlas.

Pues dile que oiremos lo que tenga que decir sobre las viejas costumbres

cuando haya aprendido las nuevas.

Dice que quiere ir a su cabaña hasta que decidamos escucharle.

Búscale ropa, Benny. Y asígnale una habitación.

Parece listo. Se adaptará.

Señora Evans. Este es Thomas Black Bull.

Sí, lo sé.

¿Cómo no te has traído el oso a clase?

Silencio. Basta ya.

Thomas está ahora en nuestra clase. Es nuestro amigo y le vamos a ayudar.

Hoy terminaremos el ejercicio que empezamos ayer.

O sea, esquematización de frases.

Quiero que copiéis todos la frase que está en la pizarra.

La multitud, después de un emocionante final,

aplaudió entusiásticamente el acto.

La multitud, después de un emocionante final,

aplaudió entusiásticamente el acto.

Oye, ¿qué estás haciendo? Eh, eso es mío.

Este es mi cuarto.

Ahora hay una habitación para mi hermano.

Ven conmigo.

Primero hablaremos.

¡Hablar y una mierda! Son las tres de la mañana.

¡Maldito indio loco!

A mi hermano no le gusta este lugar.

He venido a llevarte a casa.

Descansaremos aquí.

Estará seguro junto al árbol.

Vamos a dejar al oso aquí.

Me quedaré con él.

No. Tú volverás conmigo.

Deja que el oso se vaya...

o lo dejaré encadenado al árbol.

Le diré que se vaya.

He hecho esto por tu propio bien.

Debes aprender las nuevas costumbres.

No hay canciones para algo así.

Tú estás para vigilar los caballos, no para montarlos.

Hay cien maneras de hacer las cosas bien, y sólo una de hacerlas mal.

Tú encontrarás siempre esa manera.

Desmonta de ese caballo y ven conmigo.

Hablarle no sirve de nada. Pegarle no sirve de nada.

Nada sirve de nada.

Debimos soltarle a él y quedarnos con el oso.

Tom, vas a tener que aprender un oficio.

O acabarás vagabundeando por los bares o dando tumbos por las calles.

¿Qué decides?

Quiero quedarme junto a los caballos.

Aquí no, señor.

Quizá Albert, el zurdo, necesite alguien.

Yo voy a entrar aquí.

Tengo ganas de echar un trago.

Toma 10 centavos. Tómate un refresco por ahí.

Espera, chico. ¿Quieres ganarte un dólar?

Tú sabes montar a caballo, ¿no?

Pues claro. Todos los indios sabéis.

Busca mi caballo, me lo traes aquí y te doy este dólar.

- Bueno. - Eh, espera un momento, chico.

Tienes que traerlo hasta aquí o no cobras el dólar.

¿Ves aquel pardo amarillento?

El que tiene la manta roja y negra bajo la silla.

Pues aquel es.

- No lo hace mal, ¿eh? - Tiene bastante estilo.

¿Habéis visto como juega con los pies?

Ya puede montarlo, señor.

Has tenido que pagar.

¡Largo de aquí!

El mapache burló al zorro.

Muchacho, ¿cómo te llamas?

- ¿Cuántos años tienes? - 18... 19, creo.

Eres de la reserva, ¿no?

¿Te gustaría trabajar para mí?

- ¿Haciendo qué? - Montando potros.

- No tengo el permiso. - El permiso, ¿para qué?

- Para dejar la reserva. - Yo te lo consigo.

- ¿Por qué? - ¿Por qué?

Porque tú y yo, jefe, vamos a ser ricos y famosos.

¡Dios, cómo hueles a oveja!

- De acuerdo. Es suyo. - Muy bien. ¿Cuánto?

¿Cuánto quiere usted?

Aquí está. Firme ahí.

Enhorabuena, señor Dillon. Es dueño de un auténtico indio Ute.

- Tenga su copia. - Gracias, muchas gracias.

- Gracias a usted. - Vamos, hijo.

Buena suerte, Tom

¡Mantén esa cabeza alta!

- ¡No te achiques! - Échale todo lo que tengas.

- Esos pies, arriba. - Así. Sintiéndolo.

- ¿Estás bien? - No he estado mejor en mi vida.

Esto es mejor que andar entre ovejas, ¿no?

Bueno. Vamos allá otra vez.

Echa, echa. Tengo hambre. Bueno.

Vamos, jefe. Come. Ponle un poco de carne a tus huesos. Lo necesitarás.

Oye, Meo, ¿crees que está a punto para Bayfield?

Tal vez.

¡Tal vez! Amigo... No habla mucho. Pero sabe lo que dice.

Era bastante bueno, hasta que le cayó un potro encima.

- ¿Cuánto tiempo hace de eso? - Diez años, ya.

Le hizo polvo una pierna.

Pero sigue haciendo el mejor chile de este lado de Juárez.

- Montas bastante bien. - Me gustan los caballos.

Es mejor trabajo para el hombre al que le gustan.

No empecemos.

Seguro que es mejor que andar con ovejas.

¡Tú lo has dicho, chico! ¡Tú lo has dicho!

El viejo jefe no es ningún tonto.

Vamos, esos pies. ¡Espuelas!

- Toma esas riendas. Dale salida. - Tranquilo ahora. Tranquilo.

¡Le gustas, le gustas! Te persigue...

Dale un poco más de rienda

Aguanta, aguanta, aguanta. ¡Eso es!

Vamos muchacho. Eso es. Mucho mejor.

Cuidado. Cuidado. Aparta. Aparta, chico. Aparta, rápido.

- ¡Maldito seas, mil veces! - Más rienda.

Bien, chico. Buena salida. Toda la rienda.

Vamos, usa los pies. Eso es. Ponte derecho.

Ponte derecho. Estás perdiendo cuero.

Vamos, vamos. Ponte derecho.

Has perdido cuero.

- Lo he motado. - Pero no limpiamente.

- Pero lo he montado. - Eso no es suficiente.

¿Estás vomitando sangre?

Vamos, dime si estás vomitando sangre.

Aún no está a punto.

- ¿Las cinchas están fuertes? - Sí.

Pues adelante. Seguro que todo está bien, ¿eh?

Sí, todo bien.

- ¿Has hecho tú esto? - Claro que sí.

- ¿Has cortado tú las cinchas? - Acabo de decirte que sí.

Y ahora, escúchame. Cuando se trate de tu silla, no te fíes de nadie.

¿Entendido? Ni de mí.

Te he preguntado dos veces y no te has molestado en comprobarlas.

Muy bien.

Hay unas chicas estupendas.

- Hola, amigos. - Hola, Red.

- ¿Montas hoy, Red? - No, sólo he venido a ver.

- Los años pasan, ¿eh? - Que te lo digan a ti.

Traigo un chico que creo que puede ser bueno en esto.

Y supongo que esta es una buena ocasión para averiguarlo.

- ¿Hacemos una apuesta, Red? - Sabes que no me gusta apostar.

- ¿Qué hay de nuevo? - Hemos abierto otro bar aquí.

Ya lo veo.

- Vamos jefe. Nos vemos luego. - Muy bien, Red.

No pareces muy espabilado.

- ¿Qué te pasa? ¿No confías en mí? - No confío en nadie.

El próximo jinete hace su primera aparición pública en un rodeo.

Es un joven indio de Colorado.

Sale por la puerta número 3, sobre "Alta Tensión", Thomas Black Bull.

Nunca habías oído tu nombre anunciado en público, ¿verdad?

Y esos aplausos suenan muy bien, ¿eh?

Pues olvídalo. No montes nunca para el público. Monta sólo para ti.

- Lo tengo. Lo tengo. - Y yo.

- Cuando quieras, chico. - ¡Abrid!

¡Domínalo! ¡Maldito seas, domínalo!

¡Vamos!

No está mal. No está nada mal para el joven indio.

La puntuación de Thomas Black Bull: 48 puntos para su primera suerte.

No es para ganar dinero, pero sí una puntuación respetable.

- ¿Qué pasa? - No le has espoleado lo suficiente.

Pero lo he montado. Lo he montado limpiamente.

- Ha sido una monta aburrida. - La gente no lo ha creído así.

Vienen aquí para gritar. Gritarían lo mismo si te rompieras el cuello.

Más fuerte aún. No lo olvides.

Lo único que esperan es ver en apuros alguno de los que montan.

Si prestan atención a la puerta 4, verán al vaquero revelación.

Clyde "Tex" Walker, montando a "Trueno".

¡Ahora!

Diablos, el whisky es estupendo. Se cuela poco a poco por

la garganta y comienza a trabajar. Magnífico invento.

¿Qué hay de mañana? ¿Crees que tu chico puede ganar?

- Apuesto diez contra uno a que no. - ¿Quieres subirlo a 25? ¿Qué dices?

Ven aquí muñeca. Vamos. ¿No quieres un trago?

¿Quién presume aquí de montar?

¡Jefe, Gerónimo! Ven aquí. Anda, ven aquí.

Me llamo Clyde Walker. Puedes llamarme Tex.

Déjame que te presente a algunos de los muchachos.

- Este es Carl Levy. - ¿Qué hay, jefe?

- Ese bandido es Bob Durner. - ¿Qué tal indio?

- Y ese es el señor Ulysses Pearson. - Llámame Sam.

Y a estas simpáticas chicas las puedes llamar como quieras

porque son algo así como los caballos, ¿sabes?

Aparecen en todos los rodeos sólo que con diferentes nombres.

- Mi nombre es Thomas Black Bull. - Ya lo sabemos.

Somos algunos de los que vamos a competir contigo.

Chico, ¿por qué no te sientas aquí con nosotros?

Esta es tu silla. Bien. Pues te sientas en ella.

Bebes de este aguardiente y, quizá, vemos a un indio borracho.

- No, gracias. - Un momento, chico. Sólo un momento.

A mí nadie me dice que no, y menos un sucio indio.

Te he pedido que te sientes y que tomes un trago conmigo. Solo eso.

- ¿Problemas, muchacho? - Está bien. Déjalo, Tex.

Sí, creo que lo mejor es dejarlo.

Cuando estoy sobrio, los indios no me caen tan mal.

Pero cuando he bebido mi sentido del olfato se agudiza.

Le has dado su merecido.

Quiero presentarles a un amigo mío.

Su nombre no es Gerónimo. Es Thomas Black Bull.

Le pueden llamar Thomas, si quieren. O Tom, si llegan a simpatizar.

Pero si no, es mejor que le llamen señor Black Bull.

Va a montar mañana a "Volcán" en el rodeo.

Y tengo 300 dólares para apostar que quedará el primero.

¿Alguien quiere apostar dos contra uno?

- Yo. - Yo también.

Sabemos que Walker tuvo un agitado rodeo anoche en el bar Rainbow.

Pero hoy se encuentra en gran forma.

56 puntos. - Buena puntuación, Tex.

El siguiente, montando a "Volcán" es... el señor Thomas Black Bull.

Veo que saben apreciar la auténtica calidad.

El señor Black Bull ha montado durante 10 segundos

el caballo más difícil.

Me gustaría ver a mi suegra montada en ese caballo.

Pero está en San Diego enseñando a los marines a pelear sucio...

Bueno, esta vez ¿qué es lo que está mal?

Tienes aún un serio problema, muchacho.

Ah, ¿sí? ¿Cuál es?

Tienes que pensar en qué vas a gastar el dinero ganado con el primer premio.

Jefe, has estado magnífico. ¡Magnífico! Eres grande.

Vamos, amigos, sonrían. No hay que ponerse tan serios.

Si quieres ganar un amigo debes gastar dinero. ¿No es así, George?

- Eran 25 y no 20. - Contable.

Puedes engañarme de muchas formas. En la bebida, mujeres,

Pero con el dinero... Mi honor entra en juego.

Cynthia, mi amor, las bebidas por cuenta nuestra.

¿No tendríamos que guardar algo?

Esto no es nada, hijo. Nos vamos a donde haya auténtico dinero.

¡Silencio todo el mundo! Tengo algo que comunicarles.

Quiero que sepan que desde ahora son los invitados de Thomas Black Bull.

- Has montado muy bien, Tom. - Gracias.

- Enhorabuena, chico. - Gracias.

- ¿Cómo te sientes siendo un héroe? - Me gusta.

Alguien vino a verme, alguien vino anoche...

Me pidió que me casara. Yyo le dije que sí.

- ¿Qué te parece? - Es muy bonito, Red.

Sí, muy bonito.

- ¿Es eso cierto? - Sí, señor.

Ten. Hará que te sientas ligero como una pluma.

¿Pero qué diablos haces? Chico, no sabes lo que es bueno.

Ya veo que hay cosas a las que nunca podrá acostumbrarte.

¿A que no adivina cuántos kilómetros ha hecho este trasto?

No, no creo que pueda adivinarlo.

- Vamos, inténtelo. - Ni idea. Digamos 150.000.

Bueno, tiene lógica. Pero no. No es la respuesta.

¿Sabes cuántos kilómetros ha hecho en realidad?

239.000 kilómetros, amigo mío.

- ¿Es eso cierto? - Sí, señor.

Mi viejo cacharro.

- Son tres dólares. - Muy bien.

- Aquí tiene. - Su ensaladera, amigo.

- ¿Mi ensaladera? - Regalamos una por cada 2 dólares.

Es un regalo muy práctico. Muchas gracias, amigo.

A ver, mírame. Me recuerdas a un viejo amigo muy querido.

- ¿Qué amigo es ese? - Gary Cooper.

Estás aquí, jefe Caballo Loco.

¿Conoces a mi mamá? Es la más dulce de las mujeres.

- Algo increíble. - ¿Cómo te va?

¿Has dormido sobre un colchón de agua?

Abrazar a mamá es como dormir sobre un colchón de agua.

¿Quieres tomar un trago? Tómalo directamente de la botella.

- O con una pajita. Sí, buena idea. - Vamos, Red.

- Vamos, ¿qué? - Tenemos que irnos.

- Tu camioneta espera. - ¿Dónde está? ¿Que me espera?

- No quieres entenderme... - ¿Para qué quiero una camioneta

- teniendo a mamá... - Vamos, vamos.

Discúlpenos. Tenemos que marcharnos.

- Hemos de ir a una reunión. - ¿A una reunión? ¿Dónde?

- Vamos, Red. Adiós. - Adiós.

- ¿Qué quieren comer? - ¿Cuál es el menú del día?

Tenemos carne asada, cerdo asado y trucha muy fresca.

- ¿Y los pollitos tomateros? - Estupendos.

¿Por qué no me prepara una exquisita ración de esos pequeñajos?

- ¿Picantes? - Sí, bien picantes.

Vaya. Que chica tan bonita.

- ¿Qué quiere, joven? - Hamburguesa y patatas fritas.

- Fritas. ¿Qué va a beber? - Café.

- Yo también. - Muy bien.

¡Qué chica tan bonita!

Te gusta mirarla, ¿eh?

Muchacho, si quieres una mujer no tienes mas que ir y tomarla.

Acércate a ella y toma las riendas enseguida. Enséñale quien manda.

Es lo que en realidad quieren, aunque ofrezcan resistencia.

- ¿Hablas de caballos? - No. No hablo de caballos.

Pero las mujeres son parecidas a los caballos. Tenlo por seguro.

No. Son mejores. Toma una chica que te guste y no hay comparación.

Te dará un paseo mucho más agradable, muchacho. Te lo digo yo.

¿Querrán algo de postre después de la cena?

- ¿Qué tartas tienen? - Manzana, fresa y frambuesa.

- Una de manzana. - Manzana. ¿Y usted, señor?

- No. Yo no. - Bien.

- ¿Podría tomar algún helado? - Claro que sí.

Gracias.

Bueno, es un buen principio. Pero te falta un poco de... empuje.

Esos rateros son tan hábiles que te roban los dientes mientras bostezas.

¿Cómo no te robaron mientras dormías en el suelo del lavabo de caballeros?

Ni hablar. Duermo con un ojo abierto.

¿Estás recordando la última vez que tomaste un baño?

No lo sé. Pero cuando me meto en una bañera me quedo.

Nada de entrar y salir.

- ¿Qué te parecen 200 $, Red? - ¿Dos a uno?

No quiero ser codicioso. Podéis perder todo vuestro dinero.

Os aseguro que ese chico es bueno.

Puede ganar. Todos los demás son un hatajo de vagos.

Si crees que el muchacho es bueno, ¿por qué apuestas con ventaja?

Al fin y al cabo, sólo es un chiquillo.

Un chiquillo y tú lo sabes. Un chiquillo.

Menudo embaucador.

Muy bien. Si así lo queréis, así será. 200 dólares.

- 200 dólares a la par. - Yo cubro 20.

- Y yo cubro el resto. - Gracias, caballeros.

Todas las contribuciones serán aceptadas con la mayor gratitud.

Y gastadas con la mayor eficacia.

Creo que necesito un poco de ayuda.

No tendrías que andar despierto tan tarde. Necesitas dormir.

He apostado 200 dólares para mañana.

No te preocupes. Ganaré.

No, hijo. No vas a ganar. No vayas a fallarme.

Tú pierde ahora y cazaremos a esos incautos.

Atención a la puerta 3 y a Thomas Black Bull.

Un joven indio que nunca había competido aquí y monta

uno de los caballos más inquietos. El llamado "Terremoto".

¡Abrid!

No hay puntuación para Thomas Black Bull.

Premien al joven con sus aplausos porque es lo único que conseguirá hoy.

Sí, señores. El aplauso es la medicina de los vaqueros.

Su único alivio. Era mucho caballo para mantenerse sobre él 10 segundos.

La caída ha sido limpia. No ha tenido mayores consecuencias.

Mala suerte, ¿eh, muchacho? ¿Qué ha pasado?

Bueno, no le demos más vueltas.

Tu suerte te abandonó. Eso es todo.

¿Aún crees que tu chico es el mejor?

Claro, puede montar cualquier caballo de los que hay aquí.

- Cualquiera. - ¿De veras lo crees?

Quizá podamos arreglarlo para que vuelva a montar.

Si estás dispuesto a hacer que valga la pena.

¿O va a resultar que hablas mucho y no tienes dinero?

Se ha ultimado una apuesta para comprobar si el joven indio que

antes dio con sus huesos en el suelo, es capaz o no de montar

nuestro caballo más nervioso. El temido "Jack Hammer".

Uno de los mejores caballos que hay aquí.

35 veces lo han sacado este año, y nadie ha logrado montarlo.

Atención a la puerta 2.

¡Abrid!

Lo logró. Extraordinario, muchacho.

Vamos, muchacho. Anímate. Les hemos pillado más de 1000 $ a esos palurdos.

Échales una mirada, jefe. Échales una mirada.

Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿eh, jefe?

Gracias, amigo. Hermann, se te agradece.

Vamos, aguanta, chico. Vamos domínalo.

Sabemos que puedes hacerlo.

Muy bien. Vamos, olvídalo. Ganaremos un montón de dinero.

¿Vienes a hacer otra monta con truco, indio?

- Gracias, amigos. Gracias. - 20 más aquí.

Gracias, Syd, muchas gracias. Gracias señor. Gracias.

- Los 10 míos. - Gracias, gracias.

- Toma. - Gracias.

- Eh, Red. - Aquí tienes.

¿Vas a beberte todo el dinero que has ganado a estos granjeros?

Lárgate de aquí, imbécil.

¿Qué ha querido decir con eso, amigo?

Que el gran jefe Black Bull lleva en los rodeos el mismo tiempo que yo.

- ¿Ah, sí? - Al diablo con él.

- Es una figura del rodeo. - ¿Es verdad eso?

Fue primero en Bayfield. Les han estafado. Se han dejado tomar el pelo.

Vamos, no le hagan caso. ¿Cómo pueden creer a un tipo así?

Es un bocazas. Todos me conocen, ¿no?

Soy un hombre honrado. Es un maldito embustero que no ha hecho más que...

- No sabía que supieras conducir. - Y no sé.

¡Cuidado!

Tranquilo. Tenemos una semana para llegar a Gallup.

- Los viejos días se han ido. - ¿Y qué diablos significa eso?

Es un dicho indio.

De ahora en adelante, montaré para ganar.

Me siento como un ladrón.

- Todo eso ya lo tenemos hablado. - Pues se acabó.

Estoy harto de que me miren como lo hacen Tex Walker y los demás.

Me siento avergonzado.

¿Sabes cuál es tu problema, jefe? Que estás creciendo. Eso es todo.

Lo que necesitas son unos cuantos tragos.

Cuando lleguemos a Gallup, vas y compras una botella.

Luego un buen cigarro y echas un poco de humo.

Y, después, consíguete una chica. Te sentirás mucho mejor.

¡Cuidado! ¿Estás loco!

Dios mío. Vamos. Párate.

¡Párate!

Muchacho, qué malo eres como conductor.

Esto no tiene sentido, Red. Ganes lo que ganes,

acabas tirando el dinero en una mesa de póquer.

En bebida. En una mujer que te toma el pelo.

- Estamos siempre sin un centavo. - ¿Qué quieres?

¿Guardarlo en un viejo calcetín o en algún sitio así?

¿Dejar que se pudra hasta que seas una anciana y no puedas gastarlo?

La vida es el presente, chico. La estás viviendo.

No vas a tener una segunda oportunidad.

Anda, sal y entra por el otro lado.

Podemos ganar dinero jugando limpio.

- Soy lo bastante bueno. - Por el amor de Dios.

Conozco a los caballos. Sé lo que van a hacer antes de que lo hagan.

Es como si mis piernas formaran parte del caballo.

- Parte de su musculatura. - Eres un maldito soñador.

Sin mí, estarías vendiendo mantas.

No volveré a perder, Red.

Ahora escúchame tú a mí, chico. Y escúchame bien.

Porque sólo te lo diré una vez.

Si se te ocurre enfrentarte a mí, volverás a la reserva

a cuidar de esas malditas ovejas. Tan deprisa que te parecerá que

te deslizas por un tubo lleno de grasa.

Hasta que tengas 21 años yo soy tu dueño.

Tengo la copia de un documento que acredita que me perteneces.

No eres más que carne, chico. Carne roja.

No te levantes.

Como pueden ver, las cosas no han ido bien para el veterano vaquero.

Siento decir que no alcanzará puntuación alguna por su actuación.

Un fuerte aplauso para premiar su esfuerzo.

Tom Black Bull, por la puerta 3 es el siguiente participante.

¿Qué diablos haces aquí? Tienes que salir. Te están anunciando.

- Vamos muchacho... Tenemos con nosotros alguien

que se ha perdido. Una preciosa niña rubia, de azul.

Con muy buenos pulmones. Nos gustaría que sus padres

pasaran a recogerla antes de que estalle la instalación acústica.

Tom Black Bull está a punto de salir. Vemos como se dirige a la salida.

Un poco tarde. Pero a los caballos no les importa esperar.

Esto me recuerda el caso de aquel célebre niño de Oklahoma.

El que comenzó a nacer el 21 de abril y no terminó hasta el día 27.

Ahora, ya sí. Por la puerta 3 sobre "Rayo", Tom Black Bull.

¡Abrid!

Así, vamos. Así.

¡Salta de ese caballo! ¡Salta de ese caballo!

¡Salta, idiota! ¡Salta!

¿Estás loco? Salta, chico. Salta de ese caballo.

Dame las riendas, estúpido hijo de puta.

Suéltalo, suéltalo. Suelta las riendas.

¡Vas a matarlo! Suéltalo, maldito loco.

¿Estás bien?

Apártate.

- ¿Qué día es hoy? - Viernes.

Muy bien. Ve por los caballos.

La semana próxima nos marchamos, muchacho.

Pero antes, quiero que aprendas a caer para cuando te tiren.

Si te rompes un brazo nos quedaremos sin trabajo durante dos meses.

Te he dicho que vayas por los caballos.

Que vaya el chico.

Estás loco. Él te da de comer a ti también, ¿entiendes?

No estoy dispuesto a consentir que haga de mozo por ti.

Vamos, te ayudaré.

Algún hijo de perra me ha hecho tropezar.

Yo me encargo de él.

Cuidado con la de la puerta 13. Es una zorra.

- Un momento. Un momento. - ¿Qué pasa?

Cómprate una botella para acompañarme y gracias, ¿eh?

- Está bien. - Amigo, no lo haga.

Despacio, despacio.

Alguien vino a verme, alguien...

Me pidió que me casara. Yyo le dije... qué diablos.

Vete al infierno. No necesito ningún maldito criado.

Lo he pensado mejor, jefe. Ayúdame a quitarme las botas.

Levanta el culo de la cama y ayúdame a quitarme las botas.

Vamos.

Vamos, tira. Tira fuerte.

¿Quién diablos te has creído que eres? ¿Qué te pasa?

Levántate.

Ahora verás. Ahora verás.

Levántate.

Levántate. Vamos, levántate.

Levántate.

Adelante.

Perdóneme. Me han dicho que esta es la habitación de Tom Black Bull.

- Ese eres tú, ¿verdad? - Sí, yo soy.

Vas muy elegante, muy elegante.

- Tu compañero está en la cárcel. - ¿Es que está borracho?

Yo no le he visto nunca sobrio.

Entonces está donde merece.

- ¿Qué tal? Soy Virgil Allgate. - Y yo, Mel Flack.

¿Cómo está? ¿Podemos ayudarle en algo?

Quisiera cambiar esto por un coche.

Muy bien. ¿Qué tipo de coche le interesa?

Había pensado que, tal vez, un descapotable.

¿Un descapotable? Tenemos uno estupendo.

- ¿Dónde estamos? - Acabamos de pasar Fort Stockton.

- ¿De quién es este coche? - Mío.

- ¿Qué has hecho con la camioneta? - La he vendido.

Muchacho, a esto se le llama progresar, ¿eh?

- ¿Y mi silla de montar? - En el maletero.

- ¿Ganaste? - Gané

Eso está bien.

- ¿Has decidido volar por tu cuenta? - Sí, Red.

Meo también quiso hacerlo. Ahora eres tú.

¿Sabes? Podríamos empezar de nuevo en California, Tom.

¿Qué proyectos tienes? ¿Los grandes rodeos?

Tal vez.

Siempre he deseado ver uno como los de Odessa, Pendleton, Cheyenne,

Calgary. Grandes espectáculos. Auténticos espectáculos.

¿Podemos parar ahí un momento para tomar una tónica?

Tengo una jaqueca terrible.

Bienvenidos a Odessa, Texas y su nuevo campeonato mundial de rodeo.

En el que presentamos a todos los jinetes y amazonas más famosos.

Compitiendo por miles de dólares en premios.

Mientras contemplamos el multicolor carrusel de abanderados,

les saludamos a ustedes, a nuestro gran país, a nuestra gran bandera

y a nuestra gran herencia americana.

No ha tenido suerte Smith... - Escucha, Black,

este que vas a montar es uno de mis mejores caballos.

No quiero ninguno de tus sucios trucos.

- Ni que le hagas el menor daño. - ¿Qué quiere? ¿Un depósito?

¿Qué demonios pasa contigo?

Siguiendo la tradición de esta prueba de resonancia internacional,

efectuará su exhibición, en primer lugar, el jinete que el año pasado

ganó el premio al mejor primer año de participación en el circuito.

Por la puerta 3, y montando a "Rayo Láser", un jinete que

apasiona a las multitudes. "Asesino" Tom Black.

Whisky con agua.

Oye, he oído que has matado seis caballos.

Cuatro.

Hola.

Tanta gente me aturde también.

- ¿Cómo te llamas? - Angie.

- Soy Tom Black. - Ya lo sé.

¿Sí?

- Tienes una bonita casa. - Gracias.

Tienes muchas cosas bonitas.

Cosas sin importancia.

¿Cuánto tiempo levas en los rodeos?

Unos tres años.

¿Te gusta?

Supongo que sí.

- Hola - Hola, buenos días.

- ¿Te apetece un poco de café? - Gracias.

Date prisa. Lo siento. Tengo que ir a Tulsa con unos amigos.

Llegarán de un momento a otro.

Esta noche van a presenciar la actuación de unos hombres

llenos de valor, compitiendo en una prueba típicamente americana.

El derribo a lazo. Un deporte americano ideado por americanos.

Una muestra más de nuestra herencia. Nuestra nación fue poblada por unos

hombres valientes como los que veremos aquí esta noche.

Aunque los tiempos han cambiado, el espíritu pionero es el mismo.

Ahora saldrá un vaquero muy popular. "Asesino" Tom Black.

que monta uno de los caballos más salvajes que conocemos.

"Látigo".

Buenos días.

¿Cómo se encuentra?

¿Está dispuesto a andar?

Lleva aquí dos semanas más de lo previsto.

Así marchan las cosas. Despacio.

- Es un bonito día. - Sí.

- Claro como la nieve. - ¿No le gustaría salir?

¿No le gustaría dar un paseo y... comunicarse con la naturaleza?

Comuníquese usted con ella.

¿No le gustaría que nos acercáramos juntos? ¿Un paciente y su enfermera?

Déme la otra mano, por favor.

Sí que es grande.

- Estaré de vuelta a las cuatro. - Muy bien.

Y empezaron a llamarme "Asesino" Tom Black.

Pensé: "Al diablo". Seré un verdadero asesino si es lo que quieren.

Eso es lo que pensaba. Sin duda... alocadamente.

Pero sólo conseguí que las cosas empeoraran cada vez más.

- ¿Todavía siguen llamándote así? - Sí, aún.

En cada sitio al que voy oigo siempre lo mismo.

"Asesino" Tom Black, te invito a un trago. Y un tipo me dijo...

Debí dejar todo esto hace tiempo.

Te quiero.

- ¿A dónde vas a pescar? - A esos lagos tras las colinas.

¿Vas a ir solo?

- Sí, pero si quieres puedes venir. - No, no quería decir eso.

Ya sabes. A veces te apetece ir con alguien.

- Y, a veces, te gusta estar solo. - Sí, lo sé.

De todos modos, es divertido.

Me ocuparé de todo. Te proporcionaré el equipo completo.

Manos a la obra. Tengo todo lo que...

Mi exmarido era aficionado a la pesca. Su equipo anda por ahí.

No, no puedo ir de pesca. Eso es para el día de descanso de la gente.

De la gente que trabaja, claro.

Exacto.

Vamos a comprar un periódico y miraremos los anuncios.

- Las demandas de personal. - O las ofertas de trabajo.

Tener un empleo. Podría ser repartidor de leche o...

O, ¿qué?

- ¿Sabes hacer mantas? - Ir vendiendo baratijas.

¿Te das cuenta de lo que soy? ¿De lo que tienes en tus manos?

Lo tengo.

Te tengo.

¿Quién diablos viene a...?

- Hola, Red - No puede ser verdad lo que veo.

¡Jefe! ¿Cómo estás? No sabes lo contento que estoy de verte.

Por Dios que estoy contento de volver a verte.

Te han ido bien las cosas, ¿eh?

¡Qué alegría! Esa sí que es una silla estupenda. Debe ser muy cara, ¿eh?

Chico, qué alegría volver a verte. Espera...

- Es el día libre de la criada. - Compré esto para ti.

¿Para mí? ¿Quién iba a imaginárselo?

Te debía una silla.

Ahora sólo me falta un caballo para estrenarla.

A decir verdad, las cosas no me han ido demasiado bien desde...

aquel día que me dejaste tirado con sólo 10 dólares en el bolsillo.

- ¿Dónde está Meo? - Muerto.

Vino un día. Me dijo que iba a morir. Y al día siguiente estaba muerto.

De modo que enterré a ese viejo catador de chiles ahí detrás.

Ahí, ahí. Con sus fríjoles.

- Jefe, ¿no llevas una botella? - En el coche.

Estupendo.

Las cosas no te van mal, ¿eh?

No he acabado siendo un vagabundo, como me predijeron.

He leído todo lo que publicaban de ti en las revistas de rodeo.

Dicen que hubieras podido ganar el campeonato del mundo si no

- montaras siempre tan brutalmente. - Tuve un maestro brutal.

¡Cuánto necesitaba esto!

También supe que un caballo te rompió los huesos.

Ahora piensa en quedarte aquí algún tiempo.

Yo limpiaré todo esto.

Arreglaré el jardín y te llenaré el estómago de chiles.

Lo mismo que Meo hacía conmigo. ¿Qué? ¿Te parece bien?

Ya verás, muchacho. Aquí te pondrás enseguida fuerte como un roble.

¡Diablos, qué bueno es!

Eh, un momento. ¿Crees que podrías ganarle al viejo?

Vamos, vamos. Echemos un pulso.

Se acabó el echarte una mano, Red.

Tu ves las cosas al revés. ¿Verdad, muchacho?

A mí me parece que fui yo quien te echó una mano.

¿O es que ya no recuerdas aquellas malditas ovejas?

- Sí, las recuerdo. - Pues no olvides quién fue

el que te sacó de allí.

Te di una casa y te enseñé un modo de ganarte la vida.

Sí. ¡Qué diablos! Te enseñé cada maldita cosa que ahora sabes hacer.

¿Qué te parece, muchacho? Aún soy capaz de ganarte.

Me enseñaste todo lo que sé, Red.

Si insinúas que te has dejado ganar, te vuelo los sesos.

¿Recuerdas aquella vez en New Gallus?

Todos aquellos tipos corriendo detrás de mí y tú intentando

sacar nuestra camioneta de allí. Creí que me matabas, jefe.

Allí me diste unos buenos puñetazos

Bueno, más tarde me los diste tú a mí en Durango.

- Entonces estamos en paz. - En paz. Nada de eso.

¿Qué te crees? ¿Que iba a bastarte con entrar aquí y comprarme

con una maldita silla y una botella?

Para empezar, me robaste una silla que era mía. ¿Lo has olvidado?

Sé por qué has vuelto muchacho.

No creas que me engañas con tu silla de 200 $ y tu generoso whisky.

¿Quieres que te diga por qué estás sentado ahí comiendo mis chiles?

Porque me necesitas. Por eso.

Nunca has podido hacer nada bien sin mí. Nunca has podido.

Y nunca podrás. No hay más que verte.

Has venido corriendo, sin dinero y con el rabo entre las piernas.

Gané 17.000 $ el año pasado.

Estoy muy cansado. Me voy a dormir.

Oh, sí. Sí. Claro, chico. Lo comprendo.

Quiero decir que necesitas descanso después de todo lo que llevas hecho.

Duerme, Tom. Duerme.

Ya hablaremos por la mañana y verás como todo se arregla.

Tom, será mejor que vengas conmigo.

Red está en Farmington. Tiene tu coche.

- ¿Dónde está? ¿En la cárcel? - No. En el hotel. Muy enfermo.

¿Cómo no lo ha traído aquí?

Era inútil Tom. Se está muriendo.

En los últimos seis meses la cirrosis había avanzado mucho.

Todo lo que necesitaba era otra dosis masiva de alcohol.

¡Oh, Dios mío! Espéreme un momento. Sólo un segundo.

Hola, chico.

Llévame a casa, ¿quieres?

- Un gesto bastante caro, ¿no? - Es su silla de montar.

Alguien podría robarla, ¿sabes?

Red está acostumbrado a eso.

¿Qué proyectos tienes ahora?

Soy un jinete de rodeo.

¿Quieres terminar cojo como Meo y sin un centavo como Red?

No sé si usted me ha visto montar. Pero soy bueno en lo que hago.

Todo el mundo lo es a tu edad.

La casa y el terreno no eran suyos. Vivía de prestado.

Seguramente podrías comprarlo barato.

Conoces a los caballos. Tienes amigos en los rodeos.

Podrías hacer buen negocio comprando y vendiendo caballos.

No es mala vida para un hombre. Y menos aún para un indio.

Si me permites decirlo.

Disculpen. ¿Puedo ver al superintendente?

Quizá yo pueda ayudarle. Soy el jefe de la tribu.

¿No eres Tom Black?

Sí, yo soy.

Mi permiso, para dejar la reserva.

¿Qué podemos hacer por ti?

Escuchar. Escucharme.

Cuando era niño vivía en las montañas.

Blue Elk me trajo aquí para que contara nuestras viejas costumbres.

El superintendente me dijo que me escucharía

cuando aprendiera las nuevas costumbres.

He aprendido ya las nuevas costumbres.

Y he vuelto.

Aquí sólo celebramos un rodeo al año.

- Lo sé. - ¿Qué quieres hacer entonces?

Quiero quedarme junto a los caballos.

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