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(Trinos)
(Despertador)
(Despertador)
Marta, ya recogí lo del baño, pero no encuentro mi peine.
Esta vez no lo tengo en mi bolso. ¿Has buscado bien?
Solo me ha faltado preguntarle a la gata.
Recuérdame que compre 20 peines para repartirlos por toda la casa.
Te he puesto bastantes camisas. Es preferible a que te falte una.
¿Quieres decirme cuándo tengo que ponerme esto?
Debes pensar que soy un desastre mezclando tu ropa con la mía.
No, pero si aparece a mi vuelta, hubiera pensado barbaridades.
Aún sé distinguir mi ropa interior, tonto.
¿Falta mucho para la salida del autobús?
Me queda media hora para mi mujer. ¿A qué jugamos?
Media hora es muy poco. Siéntate y te daré un café.
Pero la leche aún no ha llegado. Es igual, hazlo solo.
Le echaré más azúcar.
Nunca me has preguntado qué hago cuando tú estás de viaje.
No, porque lo sé. Me eres infiel.
¿Y sabes con quién? Sí, con muchos.
Te equivocas, solamente con uno. Bueno, mejor dicho, con una.
Caramba. Con la gata.
Me paso el día hablando con ella.
Y por la noche duerme en nuestra cama.
(Ladridos)
Si me has de engañar con alguien, ¿por qué no con Ricardo?
Solo se preocupa de sus perros, de sus cerdos,
de sus extrañas figurillas...
Ah, y de cobrarnos el alquiler de la casa.
Llámame cuando puedas. Estaré siempre en casa.
De acuerdo. Te llamaré con frecuencia.
Hola.
Adiós. Adiós.
Buenos días, le traigo la leche. Gracias. ¿Quieres pasar?
No puedo, tengo prisa. Hasta mañana. Hasta mañana.
¿Quién es? Soy yo, Rosa.
No, déjame solo una. De acuerdo, tenga. Hasta mañana.
Rosa, a partir de mañana, trae solo una botella.
Muy bien, señora.
(Ladridos)
Vaya, llegas un poco tarde hoy, ¿eh?
Hola.
No comprendo cómo puede aguantar el calor del horno en este tiempo.
Lo necesito para mi trabajo. Ahí se cuecen las figurillas.
Ya.
¿Estaba usted impaciente por mi tardanza?
Has tardado más que otros días.
Es que las vacas estaban pesadas.
Ellas no sabían que usted tenía prisa por desayunar.
No me hables de usted, no soy tan viejo.
Claro que no es viejo.
Si no le tuteo, es por otra cosa. ¿Por qué cosa?
Tú me infundes respeto.
Pues eres la única persona a la que le sucede eso.
Vamos fuera, aquí hace un calor insoportable.
Vamos.
Le traigo el pedido. Pase.
Creo que está todo.
Espere un momento, que voy a pagarle.
No se preocupe, lo hemos cargado en su cuenta.
Muchas gracias.
¿Le apetece un vaso de vino? Bueno.
La verdad es que un vaso de vino apetece siempre.
Siéntese.
Su marido anda de viaje, ¿verdad?
Sí, salió esta mañana. ¿Cómo lo sabe?
Cuando usted hace pedidos tan pequeños como el de hoy,
supongo que su marido está fuera.
Come usted menos que un pájaro.
Con su permiso.
Es terrible. Terrible.
¿Qué es terrible? Me refiero a quedarse sola.
No le comprendo.
No está bien andar casi siempre de viaje y dejar a la mujer sola.
Y menos si la mujer es tan bonita.
Come usted menos que un pájaro y, sin embargo, no adelgaza.
Quiero decir que tiene usted las carnes justas.
Por eso, cuando su marido anda de viaje,
siempre me las ingenio para ser yo quien traiga los pedidos.
Será mejor que se vaya. Vamos, no se enfade.
Usted me invitó a beber.
No crea que usted sola se encuentra en estas circunstancias.
Son muchas las mujeres que se aburren.
Que se aburren casi tanto como usted.
Debe marcharse.
Sí, pero ¿por qué?
Si no se marcha, llamaré al supermercado.
Usted no llamará a ningún sitio.
Está bien, está bien. No ha pasado nada.
Absolutamente nada.
En el fondo, usted se lo pierde.
Pero si me pone en dificultades,
yo puedo inventar una bonita historia.
Váyase.
Y esa historia puede sucederle a cualquier mujer que se aburre.
Todos se la creerían. Márchese de una vez.
Adiós, señora.
Gracias por el vino.
Y ya sabe usted el teléfono del supermercado.
Basta con que pregunte por Pedro.
(Radio)
(TV) "Hay muchos millones en juego.
Y mientras queden bólidos sobre la pista,
ocurra lo que ocurra, la carrera seguirá".
¿Qué te ocurre, Fedra?
¿Tienes sueño?
"Algunos pilotos no cumplen las normas fijadas en estos casos".
Yo también.
O tal vez sea aburrimiento.
"Los jueces deciden eliminarlo".
¿Nos vamos a la cama?
(Pasos)
¿Oyes a Julia?
También se va a acostar.
Ese es Víctor.
¿Por qué estará siempre Víctor enfermo?
Debe ser horrible.
(BOSTEZA)
(Fotografía)
(Pasos)
Es tardísimo, Fedra.
Y Julia aún no se ha acostado.
(Pasos)
¿Estará Víctor peor?
Recuérdame que mañana le pregunte a Julia por él.
(Música suave)
(Teléfono)
Eh, Fedra. Fedra, despierta.
Somos un par de dormilonas.
(Teléfono)
¿Sí?
¿Eres tú, Carlos?
Sí, se oye estupendamente.
Claro que ha sido una sorpresa.
No esperaba que me llamaras tan pronto.
Sí, estoy muy bien. Me acabo de levantar ahora mismo.
Qué lástima.
¿Eso quiere decir que tardarás un par de días más de lo previsto?
No, no estoy enfadada.
Claro que hablé anoche con tu fotografía, tonto.
No seas grosero.
Ah, no olvides cambiarte de camisa.
Adiós, Carlos.
Adiós.
(Fotografía)
(Fotografía)
(Fotografía)
Hola. Hola, Julia. Pasa.
Siento molestarte, pero dejó de funcionar el frigorífico
y esto se va a echar a perder.
Cada vez que algo se rompe aquí, tardan un siglo en arreglarlo.
A mí me sobra sitio en el mío, puedes traer lo que quieras.
Siéntate, tengo preparado café. No te molestes, por favor.
No me molesta.
La verdad es que cuando Carlos sale de viaje y me quedo sola,
me gusta que me acompañen a tomar café.
Bueno, no quise decir eso. No sé explicarme bien.
Entiendo lo que quieres decir.
Yo también sé lo que es estar sola.
Víctor ha salido de viaje. ¿Cuándo?
Ayer por la tarde. Yo le acompañé al autobús.
¿Unas pastas? No, engorda mucho.
A mí eso no me preocupa demasiado. Sírvete leche si quieres.
Es curioso. Cuando te abrí la puerta,
iba a preguntarte por Víctor. Creí que anoche había recaído.
¿Por qué pensaste eso?
Me pareció escuchar pisadas de él.
No, no. Víctor estará fuera varios días.
Ha ido a vender fincas. Cosas de herencia, ya sabes.
Esos asuntos son muy complicados.
Era yo la que daba vueltas. A veces me cuesta dormir.
Pensarás que estoy medio chiflada, pero, cuando estoy sola,
cualquier ruido tiene una explicación pesimista para mí.
Como sobre el mío no hay otro piso,
me tengo que conformar con oír el gruñido de los cerdos.
Bueno, me voy. ¿Tan pronto?
¿Por qué no subes tú de vez en cuando?
Así se nos hará el tiempo menos largo.
Es una buena idea. Lo haré. Y gracias por todo.
Espero que vengan a arreglar pronto el mío.
No seas tonta, puedes traer lo que quieras.
Qué raro, yo hubiera jurado que las pisadas eran de Víctor.
¿No crees, Fedra?
Bueno, lo habremos imaginado.
¿Por qué iba a mentir Julia?
(Gruñidos)
(Ladridos)
Hola, Ricardo. Hola.
Esto se pone cada día más trabajoso.
Hay que ir a buscar bastante lejos el barro para tus figuras.
Ya las tenemos solas, ¿eh?
Desde luego, Dios da pañuelo a quien no tiene mocos.
(RÍE) Si tú quisieras, te ponías las botas.
Encima, siendo tú el casero.
No me vengas con cuentos, esas tragan.
(CHISTA) No grites demasiado, que te van a oír.
Es fácil adivinar.
La de arriba, con un enclenque enfermo;
y la de abajo, con un viajante siempre sola.
Si tú quisieras... ¿Qué pasaría? Vamos a ver.
Ya sabes lo que pasaría. Y si es con esa Rosa... Menuda.
Cualquier día le van a hacer una barriga.
Porque baila de una manera...
Pero ¿tú has bailado con ella?
No.
Pero a uno le gusta ir al baile y ver los manoseos allí.
Veo lo que pasa en las butacas del cine.
Veo los tejemanejes en las afueras cuando es de noche.
Lo veo todo.
Como si tuviera cien ojos.
A ver qué clase de barro traes.
Bien, déjala ahí. Puedes marcharte.
Entre y procure no tropezar.
Perdone, no sabía que era usted. Voy a ponerme la camisa.
No, no se preocupe. Así está más cómodo.
¿Quería algo de mí, Marta?
No, es que me aburría,
y desde arriba vi cómo usted entraba a trabajar.
Bueno, pues cuando se aburra,
baje y la pondré al corriente sobre cerámica.
Así se distraerá un poco.
No me critique mucho. Está todo muy desordenado.
No, pero aquí hace un calor terrible.
Sí.
Se están cociendo unas figuras en el horno.
Será mejor que salgamos fuera.
¿Va a estar su marido fuera muchos días?
Demasiados. Julia también está sola.
¿Tampoco está Víctor? No, salió de viaje.
La casa de los solitarios. (RÍEN)
Solo whisky y soda forman una pareja inseparable.
Hace un calor espantoso.
¿Le apetece tomar algo? No sé, un refresco o un café.
Otro día. Prometo aceptar esa invitación
siempre y cuando Carlos no me exija luego una explicación.
Si se siente celoso, tendrá que aguantarse.
También tiene él clientes femeninas. Hasta mañana, Ricardo.
Hasta mañana, Marta.
¿Supermercado? Soy Julia.
Ah, eres tú.
Se me ha acabado el té, ¿puedes traerme una caja?
Tráeme también detergente, una botella de coñac y más sal.
¿Vendrás tú?
Gracias.
(Música suave)
(Fotografía)
(Fotografía)
(Fotografía)
Gracias. Otro muestrario.
De nada, señora.
Oiga, ¿consiguió buen asiento mi marido ayer?
El mejor. A mi lado.
Durante todo el trayecto estuvimos comentando
lo bonitas que se ponen las mujeres en verano.
Oiga, ¿también habla de mujeres Víctor, el marido de mi vecina?
No lo sé, nunca le he llevado a ningún sitio.
Ayer tomó el autobús de la tarde. No.
Ese viaje tuvo que suprimirse por una avería.
¿Desea algo más?
No, muchas gracias.
Ha sido muy amable por traerme el paquete.
De nada, señora. A mandar. Cuando llegue otro envío,
llámeme por teléfono. Iré a por él.
No se moleste, yo se lo traeré.
(Reloj)
¿Oíste, Fedra?
(Música suave)
Víctor no tomó el autobús.
Bah, ¿y qué nos importa a nosotras?
¿Pudo tomar un taxi?
¿Eh?
(Mugido)
Hola, Rosa.
Vaya, no esperaba esta visita.
Me han dicho que estabas algo enferma.
Qué va, no me pasa nada. Me alegro.
Me voy entonces.
¿Estabas preocupado? ¿Por qué iba a estarlo?
Por lo que te habían dicho de mí. No.
Andaba por ahí, te vi de lejos
y quise saber cómo estabas.
¿Y tu padre? En el campo.
No volverá hasta el mediodía.
Bueno, te dejo con tu trabajo. Espera.
¿Quieres un poco de leche?
Bueno. Ven, acércate.
¿Nunca has tomado leche así? Sí, cuando era un chaval.
Si prefieres un vaso...
No, la verdad es que me divierte recordar viejos tiempos.
(RÍE)
No he podido resistirme.
¿Engañas a muchos así?
A unos cuantos, pero siempre a chiquillos.
Nunca a un hombre como tú.
¿Y qué debo hacer yo ahora, darte unos azotes?
¿Por qué no lo haces?
(Música romántica)
Buenos días, Ricardo. Buenos días. Tiene visita.
¿Visita? ¿Quién?
Una señora y una niña. Están arriba.
No tengo idea de quién puede ser. Hasta luego.
Hasta luego.
¡Rita! Rita, ¿eres tú? ¡No lo puedo creer!
Claro que soy yo. Menudo viajecito para llegar hasta aquí.
Yolanda, la pequeña Yolanda. Pero si está hecha una mujercita.
Ven, pasa.
Pasad.
Ven, por aquí. Sí.
Es fantástico, Rita en mi casa. ¿Vamos a comer juntos?
Claro, intento así no echarme.
He pasado dos horas en el autobús para verte.
¿Y Carlos? Anda de viaje.
Vamos a pasarnos todo el día cotilleando.
Mujer, siéntate. Bueno, sentaos. Estoy cansada de estar sentada.
¿Quién es ese hombre que anda por ahí abajo?
Ricardo es el dueño de la casa.
¿Un tipo como ese y además rico?
Y soltero. ¿Y soltero?
Dios mío, qué ganga. Un Apolo deseando que lo consuelen.
¿Tu marido duerme tranquilo con un vecino así?
Rita... Me lo tienes que presentar.
Marta, llevaba años queriendo hacerte esta visita.
Eres mi mejor amiga. -¡Tengo hambre!
Estás exactamente igual que hace cinco años,
y yo estoy hecha un...
Eso es, un cerdo. ¿Tienes la carnicería instalada aquí?
No, mujer. Abajo hay una especie de granja.
Pertenece al adonis que viste esta mañana.
Vaya, cada vez me gusta más ese hombre.
Oye, ¿no habrás cargado demasiado el café?
¿O es que quieres envenenarme?
¿Recuerdas cuando de pequeñas todo nos parecía sospechoso
en el baúl de tu abuela?
Llegamos a sospechar que mi abuelo la había asesinado.
Pobre abuelo.
Desde luego, no podía negarse que era bastante feo.
¿Qué me darías si te contara un auténtico misterio?
¿Estás segura de que las pisadas que oíste eran de hombre?
Vaya, al fin se ha dormido. Podremos estar tranquilas.
¿Eran de hombre las pisadas esas?
Claro que lo eran.
Si no, ¿por qué Julia iba a llevar zapatillas
e inmediatamente ponerse tacones y no salir de la casa?
No quiero fumar, pero dice que adelgaza.
Claro, las pisadas de hombre se notan.
Si no era su marido, era su amante.
Eso es, Marta. Era su amante.
¿No es una solución envidiablemente maravillosa?
Puede ser.
Pero olvidas algo.
El marido de Julia no salió de viaje,
como me dijo el conductor del autobús.
Y si no salió de viaje y no está en la casa,
es porque Julia y su amante han eliminado a Víctor.
¡Genial!
Pero ¿quién será el amante?
¡El guapo de abajo!
Está como para deshacerse una del marido.
Y si además ese Víctor era tan poca cosa...
Un momento, enseguida continuamos matando gente.
Otra vez a molestarte por el dichoso frigorífico.
Qué tonta estás con tus molestias. No, no tengo tiempo.
Ven, pasa. Quiero presentarte a alguien.
Rita, te presento a Julia, mi única vecina en la casa.
Hola. Esta es Rita, mi mejor amiga.
Hacía años que no nos veíamos.
Y esta mujercita es Yolanda, su hija.
Hola, Yolanda. Eres muy guapa.
Mamá, ¿esta es la señora que decís que tiene un amante?
(Música tensión)
Qué horrible, Fedra.
La niña de Rita merecía una buena azotaina.
Mañana tendré que subir a casa de Julia, no vaya a pensar que yo...
Te prometo que nunca más volveré a imaginar nada.
Ni siquiera en broma.
Fedra,
¿qué harías tú para hacer desaparecer
el cadáver de un hombre?
Debes pensar que estoy loca.
Te he hecho una promesa y la acabo de romper.
(Fotografía)
(Fotografía)
(Fotografía)
(Fotografía)
Hola, Marta. Hola.
Esto parece la boca del infierno.
En esa caldera se debe consumir todo.
Sí, en pocos minutos, cualquiera desaparecería totalmente.
¿No nota mal olor?
(Zumbido)
¿Mal olor?
Sí, algo podrido.
Será el barro y la pintura. No.
No es el barro ni la pintura. Huele a carne descompuesta.
Parece que viene de ahí. Puede ser alguna rata.
Habrá quedado aprisionada. Mejor será que salgamos.
(Música suspense)
¿Qué miraba entre los leños? ¿Algo desagradable?
No, es que se veía la puntera de un zapato.
No es raro. Hoy en día, te venden por leña cualquier cosa.
Oiga, ¿sigue en pie su ofrecimiento de una taza de café?
Sí, claro.
¿Le traigo latas de comida para los perros?
Espere unos días, están desganados. Ya me avisará entonces.
Que ustedes lo pasen bien.
Buenos días.
(Música suave)
¿Lee los posos? (RÍE) No.
Pensaba que es un café muy bueno.
¿Otra taza? No, gracias.
Dos tazas seguidas me producen acidez.
(Pasos)
Julia anda por casa.
Oiga, usted se aburre, ¿verdad?
Un poco. Lo normal.
Pero la casa distrae, y está la gata.
Esos son nuestros enemigos. ¿Qué enemigos?
El gato y mi estudio.
Hacen que nos olvidemos de nuestros amigos
y de muchas cosas más.
Puede que tenga razón.
Pero hay una cosa que no me explico. ¿Por qué no se ha casado usted?
¿Y quién aguanta a un tipo lleno de manías como yo?
Todos tenemos manías. Por cierto, la amiga que vino el otro día
me dijo que era usted un hombre muy interesante.
Dígame, ¿dónde está esa amiga? En su casa con su marido y su hija.
¿Lo ve? No tengo solución.
En fin, me voy. Me esperan mis esculturas.
Marta, ¿aceptaría usted una invitación?
¿Cuál? Un día de campo.
Escapar de estos alrededores por unas horas.
Daríamos un paseo a caballo.
¿Por qué no? Huiremos de mi gata y su estudio.
¿Lo dice en serio? Completamente en serio.
Sustituiré el techo por el cielo azul.
¿De qué techo habla? Del techo de cristal.
No comprendo nada. Es largo de contar.
Cuando nos escapemos, le contaré todo.
Como quiera.
Ah. Hola, Rosa. ¿Querías algo?
Creí que íbamos a empezar la escultura.
Ah, pero ¿de verdad te gustaría? Claro, por eso he venido.
Bueno, pues anda, desnúdate.
No pretenderás que te haga un busto estando vestida.
Es que creí...
Los ojos de los artistas no son como los de los demás.
Lo único importante es el sentimiento que ponemos,
no lo que vemos.
Lo que vemos no cuenta para nosotros.
¿Lo que veas no importa? ¿Es como si no me vieras?
Una cosa así.
Son mis manos las que moldean. Pues hazlo sin verme.
Véndate los ojos. Bueno, si no te fías...
Allá tú.
Oye.
¿No huele mal aquí?
Será un topo.
Quizás una rata muerta entre los leños.
Vamos a arreglarlo.
¡Idiota! Tú me enseñaste la broma, ¿no?
Toma, pónmelo tú.
Parecemos niños jugando a la gallinita ciega.
Los niños no juegan a esto.
¿Estás lista? Sí.
¡Venga, quítate el vestido de una vez!
(Música romántica)
(Música suave)
Mal olor.
Y a algo podrido.
(Ladridos)
(Ladridos)
(Ladridos)
(Música suspense)
(GRITA)
(Campanadas de reloj)
Vuelve pronto, Carlos.
Vuelve pronto.
(Fotografía)
Oh, perdón. No te preocupes, Marta.
Es muy saludable tomar el sol sobre la piel desnuda.
¿Quieres acercarme las gafas de sol?
Sí.
(Fotografía)
Gracias.
(Gruñidos)
¿Creíste de veras que era necesaria una explicación?
Hablamos de una novela que las dos habíamos leído.
No sé cómo pudo esa niña...
Los niños tienen una imaginación desbordada.
¿Vas a ir a la ciudad? Sí, luego.
¿Podrías traerme algunas cosas? Claro que sí.
¿Quieres una bolsa? No hace falta, en la mía cabe.
Espera que te dé dinero. No te molestes, ya haremos cuentas.
(Teléfono)
¿Diga?
¿Diga?
¿Diga?
No, no. Soy su vecina.
Un momento, por favor. Enseguida viene.
¿Quién es? Tu marido, pero se oye muy mal.
¿Eres tú? Qué alegría.
Sí, sí.
Eso es estupendo.
¿Cómo te encuentras?
¿Tan pronto?
¿Ni siquiera un par de días?
Bueno, más vale eso.
Claro que me alegro.
Sí, era Marta.
Desde luego que te estaré esperando.
Adiós, Víctor. Cuídate.
Víctor viene esta noche.
Olvidó unos documentos y cree que soy incapaz de dar con ellos.
Es una buena noticia.
(Puerta)
Ah.
Hola. Hola.
Estaba contemplando su obra. No está terminada.
Todavía le falta bastante.
Entonces, le dejo que siga trabajando.
¿Le parece bien mañana? ¿Mañana?
Ese día de campo.
Bueno, ¿por qué no? ¿Le gusta montar a caballo?
Me encanta.
Ah, estaba en lo cierto, hay ratas aquí. Por eso olía mal.
Esta mañana, me encontré el montón de leña deshecho.
(Ruido)
Debo confesarle algo. ¿Y es?
La pila de leños no se cayó por una rata.
Hace dos noches, estuve en el sótano.
¿Usted? Sí, fue una niñería.
Es largo de contar. Tenemos todo el día por delante.
Se reirá de mí.
Usted es lo último que me tomaría a broma.
Buenos días, don Ricardo. Hola. Buenos días.
¿Tiene su marido preparados los cabellos?
Sí, claro. Los mejores de la cuadra para usted.
(Relincho)
¿Quiere?
(Música suave)
Así que llegó a sospechar de mí.
¿De usted? Claro.
¿No pensaba encontrar un cadáver en mi estudio?
Nunca pensé eso.
Digamos que creyó que Julia escondió el cuerpo allí
sin que yo lo supiera. Algo así.
Fue un juego estúpido. Pero se acabó la diversión.
¿Se cansó de jugar a los detectives? No puede haber detectives
por la sencilla razón de que no hay asesinato.
Víctor estuvo anoche en la casa.
¿Anoche? No lo sabía.
Qué bonito es todo esto. Sí.
¿Se decide? Los caballos están esperando.
(Música animada)
Tendré que guisarlos hoy. Si no, se van a pasar.
Luego te bajo el plato. No te molestes, Julia.
¿Así es que Víctor solo vino por unas horas?
Tomó el autobús de madrugada. No pude retenerle más.
Debo estar perdiendo la juventud.
¿Me guardas un secreto? Pues claro.
Nos queda poco tiempo de vivir en esta casa.
Mi marido ha comprado un apartamento en la ciudad.
Hablaré con Ricardo para que disponga de la casa
el mes que viene. ¿Tan pronto os vais?
Quizá mucho antes.
Hasta luego, Marta.
Buenos días. Buenos días, señora.
Hace un calor horrible. Un café helado, por favor.
Añádale algo de alcohol al café. Es lo mejor para el calor.
Hagamos caso a la experiencia.
Oiga, ¿no ha llegado otro paquete para mi marido?
Pues no, por el momento.
¿Sabe que no está mal esto?
Si carga la mano sobre el coñac, mucho mejor.
Ah, se me olvidaba.
Mi vecina, la señora que vive en el piso de arriba,
quería saber si su marido llegó a tiempo al autobús de la mañana.
Pues debió llegar tarde.
En ese servicio solo viajaban dos monjas
y unos soldados que iban al cuartel.
En verano, ya se sabe, todo el mundo anda de vacaciones.
¿Y no iba también mi vecino Víctor? ¿Está usted seguro?
Sí, completamente seguro.
A no ser que fuese disfrazado de soldado o de monja.
"Porque ahora estoy segura, Rita,
de que la voz que oí por teléfono no era de Víctor.
Y si Víctor no vino,
¿por qué tenía Julia que decir todo eso?
Y si Víctor está muerto, ¿dónde metió el cuerpo?
¿Qué hizo con él?
Habrás leído en las novelas policiacas
que lo más difícil siempre es hacer desaparecer el cuerpo.
Estoy segura de que si diera con la explicación de lo del cadáver
tendría todo reconstruido.
Se me acaba de ocurrir algo, pero es solo una idea".
(Golpes)
¿Se puede? No le esperaba.
¿Cómo ha entrado? La puerta estaba abierta y...
¿Le apetece tomar algo? No, no. Gracias.
Solo he venido a hacerle otra invitación, una tarde de pesca.
No me tiente, Ricardo. Tengo la casa hecha un desastre.
¿Y para qué quiere tenerla mejor? ¿Ha ido de pesca alguna vez?
Conozco un lugar cercano donde hay mil peces esperándonos.
¿Se anima a venir?
Está bien, usted gana.
Se aprovecha de una mujer que se muere de aburrimiento.
Espere unos minutos, que voy a cambiarme de ropa.
Tengo nuevas noticias sobre el techo de cristal.
Absoluto secreto. Solo las conoce la gata.
No sabía que tuviera tan buena puntería.
He perdido mucho. Antes era mejor.
¿Quiere disparar?
No, no. Tengo terror a las armas.
Si quiere, lo dejo.
La verdad es que usted me ha invitado a una tarde de pesca,
no a hacer ejercicios de tiro. Tiene razón.
Se lo dije, nos esperan mil peces en el río. Vamos a por ellos.
¿Cómo verán los peces el cebo dentro del agua?
Nunca se me había ocurrido pensarlo.
En cambio, se le ha ocurrido pensar esa extraña historia.
Es que se escuchan pisadas, se oyen ruidos...
Comprendo.
Y usted, como no puede verlo, imagina a qué obedecen esos roces,
el porqué de esas pisadas.
Quiere ser testigo de la vida de esas personas,
y cuando eso le aburre,
cuando no le divierte ser testigo de una vida,
tiene que inventarse una muerte.
Soy un bicho raro, ¿verdad? No, nada de eso.
¿Ha oído usted hablar de los voyeur? Pues no.
Los voyeur son personas que se complacen en ver,
en oír, en atisbar las cosas más secretas,
más personales, más íntimas.
Suena bien, pero a mí nadie me había dicho que era una voyeur.
Todo lo más, un poco cotilla. (RÍE)
¿De verdad cree usted que hay muchos de esos costillas llamados así,
de forma tan fina? Pues sí.
Yo diría que casi todo el mundo.
Si no, ¿cuál cree que es el objeto de la fotografía,
del cine, de cualquier espectáculo?
No sé.
Alguien dijo que la fotografía es la verdad;
y el cine, la verdad 24 veces por segundo.
La frase es bonita, pero yo creo que es falsa.
Ni la fotografía ni el cine son la verdad.
Si no, simplemente, el desahogo.
La válvula de escape de ese instinto voyeur.
O cotilla, como usted dice.
Ese instinto que absolutamente todos llevamos dentro de nosotros.
¡Ricardo, la caña!
(Música suave)
Al menos ha caído uno de los mil peces que usted decía.
¡Oh!
Ya ve, este pez miró tanto el cebo que acabó mordiendo el anzuelo.
Nunca creí que fuera usted tan observador.
Ahora soy yo quien se siente observado.
Los dos somos un poco raros.
¿Me promete una cosa? ¿Qué?
Que no me odiará. ¿Por qué tendría que odiarle?
Vámonos, Ricardo. Se hace tarde.
(Música suspense)
(Gemidos)
(Estruendo)
¡Ah!
Hola.
¿Cuándo la acabamos?
No lo sé, puede que no la acabe nunca.
¿Por qué no? Solo falta la cara.
Podría venir mañana un par de horas. No hace falta que vengas más.
¿Prefieres hacerlo de memoria?
Bueno, como quieras.
Pero si luego no me parezco, me enfadaré.
Qué tonta soy.
No me hagas caso.
Yo no podría enfadarme contigo.
Rosa, no has entendido lo que te quiero decir.
Lo que te estoy pidiendo es que no vuelvas más.
A veces, una estatua tiene el cuerpo de una mujer,
el rostro de otra y la expresión de alguien más.
Ya veo. Ella bajará está aquí y tú copiarás su cara.
¿Marta?
No, yo no he hablado de ella. No me refiero a esa, hablo de Julia.
Ella tiene una cara a propósito para un cuerpo desnudo.
¿Julia? ¿Por qué?
Porque os he visto juntos.
Porque ella es de esas que gustan a los hombres.
No eres más que una niña. ¡Ya no soy una niña!
Tenga, la vuelta.
Guárdalo de propina. Gracias.
¿Terminaste por hoy? Casi.
Solo me falta darle la nota a su vecina.
Se la dejaré colgada en la puerta. ¿En la puerta?
¿Por qué no llamas y se la das? No me gusta molestar.
Y como he visto a Ricardo subir a su casa...
Claro, estamos a finales de mes. Le habrá pasado el recibo.
Sí, claro.
Eso será.
Habrá ido a cobrarle.
Bueno, hasta mañana. Hasta mañana.
¿Qué querías, Ricardo?
Decirte que ayer me porté mal. No tiene importancia.
¿Seguimos amigos? Claro que sí.
¿Iremos otra vez a pescar al río? ¿Querrás venir?
No te perdonaría que no me llevaras más.
¿Van a comer whisky soda?
No creo.
Lleva más de una semana sin probar la comida.
No sé qué les puede pasar.
He avisado al veterinario para que venga a verlos.
No pueden estar cuatro o cinco días sin probar bocado.
(Ruido)
(Música suspense)
¿Qué te pasa?
Tranquilízate, Marta. Ya te encuentras mejor.
Todo ha pasado. ¿Traigo otra compresa fría?
Sí, le sentará bien.
No me dejes sola. Tranquilízate.
Ha debido ser un corte de digestión. No, no es eso.
No me dejes sola con ella. Debes olvidar esas cosas.
Tienes que tranquilizarte, Marta.
Tiene mejor color. Sí, se está recuperando.
Puede marcharse, Julia, yo me quedaré un rato con ella.
Haré la compra rápidamente, no creo que suceda nada.
Enseguida vuelvo. No se preocupe, hasta luego.
Con esa cuerda, día a día,
ha ido bajando el cuerpo de su marido.
Por eso los perros no quieren la comida.
La otra noche oí el chirriar de la polea.
Descansa, yo me quedaré a tu lado.
(Campanadas)
(Maullido rabioso)
Cuanto siento haberte asustado.
Estuve en tu cuarto hace un instante y dormías, te llevaba esto.
Perdóname, tengo los nervios muy alterados.
No me hagas caso. Bébelo, te sentará bien.
He dormido mucho, ¿verdad?
Lo necesitabas, nos diste un buen susto.
Ricardo tuvo que marcharse.
Dejó su teléfono por si necesitabas algo.
Yo puedo quedarme un rato contigo. No hace falta.
Bueno, me encuentro mejor.
Puedes subir a tu casa.
¿Me llamarás si me necesitas? Sí, sí, claro.
Entonces, hasta luego, Marta. Hasta luego, Julia, eres muy amable.
(Ladridos)
(Música)
(RESPIRA ACELERADO)
(Timbre)
He llegado inoportunamente, ¿estás ocupada?
No, no, pasa.
Te encuentro mejor. Sí, sí, ya se me ha pasado.
¿Quieres un cigarrillo? No, me marearía el humo.
¿Me permites? (ASIENTE)
¿Te encuentras bien de verdad?
Aún estoy un poco aturdida, pero estoy mejor.
Lo único que noto es la boca seca.
(Música tensión)
¿Quieres que te prepare una naranjada?
Pues sí, francamente me apetece. Un momento, ahora te la traigo.
¿Quieres que te ayude?
Quédate tranquila, tú eres la enferma.
(Exprimidor)
(Música)
Es una lástima que no tenga hielo.
(Continúa la música)
(GRITA)
Ricardo...
Ricardo, ¿eres tú?
No, no estoy peor.
Ha ocurrido algo horrible.
Ahora estoy completamente segura de...
¡De lo de Julia, Ricardo, de lo de Julia!
Lo ha matado.
¡Por favor, debes creerme!
No, no, no son imaginaciones mías.
En el frigorífico de Julia he descubierto un...
He descubierto un dedo.
¡No, no estoy loca!
¿No te das cuenta los perros?
Por eso no tenían ganas de comer.
Ella ha estado mintiendo todo el tiempo y...
Y se va a marchar de la casa. Sí, se marcha.
¿No te dijo nada?
Te esperaré.
¡Ah! Es conveniente que vengas con alguien.
Le ha matado.
Sí, sí.
Fedra.
¡Fedra!
¡Fedra!
¡Fedra!
Fedra.
(Teléfono)
¿Diga?
¿Diga?
¿Quién es?
"Hable, por favor. ¡Hable!"
Deja el teléfono descolgado, así quedará incomunicada.
"¿Quién es?
¿Quién es?"
(Pasos)
(Ladridos)
(Pasos)
(Campanadas)
(Pasos)
Y como he visto a Ricardo subir a su casa...
Subir a su casa.
A su casa.
(Música)
(Golpe)
(Pitido largo)
Me voy de la casa, Marta. Mi marido me espera en la ciudad.
Entrégale las llaves a Ricardo cuando le veas.
Aquí tienes mi nueva dirección.
Espero que me harás alguna visita.
Sí, claro. Bueno, pues hasta pronto.
Adiós.
(Música suspense)
(Pasos)
(Continúa la música)
(Fotografía)
(Teléfono)
"Váyase de casa inmediatamente. No se quede sola.
Váyase de casa inmediatamente". Oiga...
"No se quede sola". ¡Oiga!
"No se quede sola". ¿Quién es usted?
¡Oiga! "No se quede sola".
"No se quede sola.
No se quede sola".
(Música suspense)
¡Carlos!
Marta, ¿qué haces aquí?
Ha sido horrible, Carlos.
Ella ha matado a su marido.
Ellos me quieren matar a mí. ¡Tenemos que detenerlos, Carlos!
Hay que hacer algo, Carlos.
(Música suspense)
Te lo imaginaste, querida, te lo imaginaste.
No son imaginaciones, estoy segura. Hablaremos con Julia.
Verás como todo tiene una explicación.
¿Sabes sus señas? (ASIENTE)
¿Y qué vamos a decirles para visitarles a estas horas?
Son casi las 12. No sé, cualquier cosa.
He tenido que ir a la ciudad a esperarte.
Lo que sea, cualquier disculpa. ¿Y si su marido está con ella?
Entonces, creeré que estoy loca.
¿Y qué hacemos con la maleta?
Déjala en el bar de la parada del autobús.
Sí.
Gracias, buenas noches.
¿Estás segura de que es aquí? Sí, aquí es.
Qué casa más grande.
Sí, es que Víctor tenía mucho dinero.
(Música suspense)
Sigo pensando que vamos a hacer el ridículo.
Tengo miedo. Debimos avisar a la Policía.
Estoy seguro de que, cuando hablemos con ellos,
todo nos va a aparecer una tontería.
¿Y si está con ella Ricardo? Estará su marido.
(LLAMA A LA PUERTA)
(VUELVE A LLAMAR)
(VUELVE A LLAMAR)
Tardan mucho. Estarán acostados ya.
Mira.
¡Pero qué sorpresa! Me iba a costar ya. Pasad.
¿Está su marido?
Sí, ahora mismo acaba de acostarse.
Voy a avisarle, aún no se habrá dormido.
Solo estaremos un momento, Julia.
Es algo embarazoso lo que nos ha traído aquí.
Va usted a pensar que Marta está loca y...
Bueno, ya hablaremos luego.
Sentaos, no puedo ofreceros nada de beber, pero sentaos.
Perdone un momento, voy a avisar a Víctor.
Oiga, si su marido está acostado, no le moleste. Ya hablaremos mañana.
No se preocupe, se pone un batín y baja enseguida.
(Música suspense)
Te gustaría tener una casa así, ¿verdad?
Claro que sí.
Algún día la tendremos, ya verás.
¿No te parece que tardas mucho?
No me extraña, yo en su lugar no me levantaría.
Cuando vengan, no sé qué les vamos a contar.
Van a pensar que estás loca.
Es posible...
A lo mejor, estoy completamente loca.
(Música suspense)
¿No intentará escapar? Espera un poco.
¡Julia!
¿Está usted ahí, Julia?
¡Julia!
¿Me oye?
¿Dónde estás, Carlos?
¡Carlos!
¡Carlos!
¿Estás ahí?
(Música suspense)
Carlos...
¡Carlos!
¡Vamos, mátala de una vez! (GRITA)
¡Vamos, mátala!
¡Yo maté a tu marido, fue idea tuya que la trajera aquí!
¡Mátala de una vez!
(GRITA)
(Fotografía)
(GRITA)
¡Dame la navaja!
(Disparo)
(Pasos)
(Música suave)
Subtitulado por Accesibilidad TVE.
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