All language subtitles for Le monde du silence (Louis Malle & Jacques-Yves Cousteau, 1955)

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Original subtitles

EL MUNDO DEL SILENCIO

Um film de Jacques-Yves Cousteau y Louis Malle

Con Fr�deric Dumas, Albert Falco y los buzos del Calypso

Diretor de Fotografia Producci�n Submarina

Montaje y M�sica

A 50m de la superficie, estos hombres van a rodar un film.

Provistos de una escafandra aut�noma de aire comprimido

est�n libres de presi�n. Ellos se mueven libremente.

Para hacer este film, llevar�n las c�maras por el Mediterr�neo,

Mar Rojo, Oc�ano �ndico y Golfo P�rsico para descubrir

un mundo extra�o, casi desconocido: el mundo del silencio.

Estos hombres son los buceadores del Calypso,

el nav�o de investigaci�n submarina, del comandante Cousteau.

Una inmersi�n m�s. Con Philippe Tailliez y Fr�d�ric Dumas

hemos hecho millares, durante 20 a�os.

Porque ya hace 20 a�os que nuestra curiosidad nos aventur� al mar.

Dumas y yo tenemos cientos y cientos de horas de inmersi�n.

Nuestro entusiasmo y placer contin�an vivos como el primer d�a.

Ahora lo compartimos con nuestros camaradas del Calypso.

El trabajo previsto para esta temporada ha terminado.

Falco deja su escafandra, seguimos adelante

El Calypso con sus 12 buceadores, su equipamiento y material

es una nueva herramienta al servicio de la investigaci�n marina.

En cada misi�n, embarcamos estudiosos y especialistas de universidades,

museos y laboratorios.

Ponemos en com�n nuestro esfuerzo y t�cnicas para explorar el fondo del mar.

Andr� Laban ha conseguido construir �l mismo esta c�mara de material pl�stico.

�l descarga el film de la �ltima inmersi�n.

Fran�ois Saout, nuestro segundo durante 10 a�os,

conecta el piloto autom�tico.

Es �l quien prepara la traves�a

y orquesta nuestra vida cotidiana.

La exploraci�n submarina conoce hoy su edad de oro.

Miles de hombres han adoptado el m�todo y se sumergen en busca de un sue�o

viejo como el mundo. Este grabado, de 1784,

ilustra la invenci�n del ingeniero Fr�minet, la m�quina hidrostaterg�tica.

Hasta nuestros d�as subsiste un equipamento con un siglo de antiguedad:

la escafandra de casco.

Nuestros amigos de las profundidades, los pescadores de esponja,

usan el traje cotidianamente.

La mayor parte son griegos.

Encontramos uno de esos barcos, que navegan por el Mediterr�neo,

de Gibraltar al Cuerno de Oro.

Esta vez, nos vamos a presentar sobre el mar.

Se da una orden, una pieza es desplazada,

se levanta una trampilla en el suelo de la cocina y as� abrimos

nuestra salida de inmersi�n,

que atraviesa el medio del casco.

Los buceadores la usan para meterse en el agua

cuando las olas son muy fuertes o hace mucho fr�o.

Gracias a ella, Dumas e Falco descienden sin llamar la atenci�n de los griegos.

El escafandrista, pegado al suelo por sus calzado emplomado

avanza lentamente, a la b�squeda de esponjas.

Su precioso tubo de aire y una cuerrda de seguridad

le ligan a su barco.

Estos hombres hacen habitualmente de 8 a 10 descensos en la misma jornada.

Muchos de ellos mueren cada a�o, casi todos terminan incapacitados

por este terrible empleo.

Esta es la raz�n: un hombre que desciende al mar, por metro bajado

debe respirar el aire a la misma presi�n que el agua que le rodea.

A 10m, son 2 veces la presi�n atmosf�rica.

A 20m, 3 veces, y as� sucesivamente.

Cuanto m�s desciende el escafandrista, m�s se disuelve por la sangre

el nitr�geno del aire, y despu�s en el tejido.

Cuando est� sumergido, nada puede sucederle.

Pero, conforme sube, el nitr�geno se suelta, como la espuma del champa�a.

Y forma unas bolas que bloquean las articulaciones y, en casos m�s graves,

taponan las arterias, lo que causa la muerte por embolia.

Los escafandristas tienen habitualmente dolencias que les paralizan

o les envejecen prematuramente.

Nosotros estamos expuestos al mismo peligro que ellos,

pero estamos mejor preparados para combatirlo.

Prepara la c�mara de descomopresi�n.

Y bien, Laban, �qu� sucede?

Tengo un dolor en la articulaci�n de la rodilla.

�Ah! �Con qui�n has descendido?

Con Bebert.

�Qu� ha sucedido, Bebert?

Aqu� est�n las cuplables. Toma, ll�valas a la cocina.

He salido hoy con Laban, que buscaba lagostas.

Le he seguido a lo largo de un acantilado

y le vi descender por una falla oscura.

�l hab�a visto las lagostas.

Deb�amos haber pasado los 50m y aquella maldita falla

continuaba descendiendo.

Nos aproximamos al fondo, donde el aire ten�a un gusto extra�o.

Donde la embriaguez parec�a peligrosa.

De repente, o� un silbido bien conocido

Laban not� que deb�a abrir su reserva.

�l ya deb�a estar un poco borracho.

Comenzo a dejar que las langostas se escaparan.

Hasta entonces, no era grave.

Pero empez� a ponerse serio.

Cuando le vi quitarse la m�scara,

comprend� que hab�a perdido la cabeza.

Le mand� para arriba y �l parec�a haber entendido.

En lugar de acompa�arlo, como deber�a haber hecho,

s�lo le indiqu� que entrase en el aparato de descompresi�n.

�l debe haber salido del agua con la sangre llena de nitr�geno.

Y despu�s de eso, no sabe el motivo de que le duela la rodilla.

Vamos, muchacho, el ataud. Y r�pido.

�Es absolutamente indispensable?

Absolutamente.

D�me su tabla.

Hola, �Laban? �C�mo se encuentra?

Ya no me siento mal.

Es por eso que usted est� en aire comprimido.

�Cu�nto tiempo pasar� en este ataud?

�Vengan a servirse!

3 horas, seg�n la tabla.

Le conf�o al doctor. Me voy a comer.

Cuide del enfermo, doctor.

�Eh, mis langostas!

Nos aproximamos al Tr�pico.

Algunos delfines vienen a jugar cerca del barco.

Los delfines no son peces, sino mam�feros bastante cercanos a los perros.

Est�n dotados de inteligencia y de sentido del humor.

Acompa�an sin esfuerzo al nav�o m�s r�pido.

Para admirarlos mejor, Laban desciende a nuestra c�mara de observaci�n

situada debajo del barco.

Los delfines se comunican entre s� por medio de

gritos agudos, que resuenan a trav�s de las paredes.

Es d�a de fiesta para los delfines.

Han venido por centenares, como nunca hab�amos visto antes.

Incluso de noche, el Calypso navega siguiendo un itinerario m�gico

hacia el fondo del mar.

Nuestra sonda capta las ondas enviadas desde las profundidades.

El grito cadencioso del Calypso es m�s agudo que el de los delfines.

En el gr�fico del s�nar

la l�nea superior representa la superficie

mientras que la curva trazada por la pluma reproduce el relieve del fondo.

Si aumentamos mucho la potencia de la se�al

los ecos regulares son registrados en plena agua, a 400m de profundidad

revelando una o m�s capas de origen misterioso.

La existencia de esa capa genera problemas a los estudiosos del mundo entero.

Para contribuir a la soluci�n del problema, el profesor Edgenton

nos construy� c�maras autom�ticas, capaces de descender a 2 mil metros.

Contienen 30m de pel�cula cinematogr�fica.

En 3 horas de inmersi�n, a raz�n de 1 flash por cada 15 segundos,

el aparato puede hacer 800 fotos.

Ya hemos hecho m�s de 25 mil bajo 7 mares y 2 oceanos.

Esta capa inexplicable existe en todos los mares.

La profundidad media es aquella a donde van las ballenas para alimentarse.

En el gr�fico, seguimos perfectamente el descenso de la c�mara.

Ella desaparece en la capa.

Paramos el navio.

A 300m bajo nuestros pies, los flashes iluminan la noche de la profundidad.

Revelamos y aumentamos los negativos a bordo.

La mayor parte evocan un cielo de estrellas.

Otras muestran las medusas y colonias de organismos de formas extra�as.

Pero tambi�n aqu�, la capa de dispersi�n ha guardado su secreto.

Las t�cnicas m�s cl�sicas tambi�n son utilizadas en el Calypso.

Por ejemplo, la botella abierta arriba, con un term�metro invertido.

A una profundidad deseada, un mensajero vuelve y cierra la botella.

Pero ning�n instrumento substituye al hombre.

Los buceadores son indispensables para explorar el vasto inventario del mar.

Dumas y Falco parten para explorar la zona crepuscular

a los pies de un acantilado de coral.

A medida que descienden, los colores c�lidos desaparecen

Todo se torna azul.

Al descender a 30m, encienden las linternas �y es uma explosi�n de colores!

Los colores que nadie, ni los mismos peces, han visto antes.

Ellos leen a menudo la profundidad en sus man�metros de mu�eca.

Porque las especies fijadas a las paredes varian, de acuerdo con la profundidad.

Cuanto m�s se sumergen m�s c�lido se vuelve el marr�n.

M�s violento el rojo.

A m�s de 60m, los cerebros son presa de la embriaguez de la profundidad.

El paisaje parece salido de una pesadilla.

A�n as�, ellos contin�an hasta 75m.

Estas son las im�genes m�s profundas jam�s filmadas.

No es necesario bajar m�s.

No es necesario quedarse m�s tiempo.

Ellos suben.

Los cerebros reaccionan inmediatamente.

Para recojer un muestreo completo del arrecife, debemos,

inevitablemente, causar alg�n perjuicio.

En el jard�n de corales, hay arbustos de an�monas venenosas.

Devoran a los peces que se arriesgan a su contacto envenenado.

Son las artima�as del mar.

Pero ellas tambi�n tienen sus protegidos

que usan su hospitalidad, en medio del peligro.

Vean la emoci�n de uno de ellos,

ese peque�o payaso amarillo

dividido entre el miedo y la curiosidad.

Ese manguito vivo es una holoturia, el pepino del mar.

Ella avanza lentamente, tragando arena como alimento.

Eliminando, por otro lado, despu�s de digerir los alimentos de confianza.

Su cavidad intestinal sirve de refugio para peces con forma de anguila,

que tienen el privilegio de entrar y salir a cambio de no se sabe qu�.

En el arrecife de coral, los bi�logos utilizan dinamita.

La pesca comercial con dinamita es ilegal.

Es un acto de vandalismo.

Pero es la �nica manera de hacer un censo fiable.

De 10 peces muertos por la explosi�n, apenas 1 o 2 flotan.

La mayor�a se hunde, perdidos para el pescador.

En el fondo, los buceadores descubren un cuadro tr�gico.

A la menor se�al de peligro, el pez globo se infla.

Est� tan hinchado que ning�n predador le puede atrapar.

Pero el peque�o truco no surte efecto contra la dinamita.

El esplendor de los peces tropicales no resiste mucho depu�s de la muerte.

Los colores desaparecen antes incluso de que los naturalistas los coloquen en formol.

Siempre so�e hacer, sin cansarme, la exploraci�n de grandes distancias.

Hoy, disponemos de motos el�ctricas que los buceadores maniobran con todo el cuerpo.

Tienen 1 hora de autonom�a.

Las motos nos permiten aumentar, considerablemente, nuestro radio de acci�n.

Podemos dejarlas en el fondo, como se aparca uma moto en la acera.

Nuestra nueva caza tiene, desafortunadamente, necesidad de respirar.

La tortuga marina puede estar una hora sin respirar

Pero, �sta hace un esfuerzo demasiado grande.

�No insistamos m�s!

En 20 a�os de buceo, hemos visitado muchos naufragios.

Aquellos que quedaron en la superf�cie fueron saqueados por el hombre

antes de ser destruidos por las olas.

He buceado debajo de esa cosa de hierro arruinada,

pero no hab�a nada.

Est� completamente destru�do.

Los naufragios semisumergidos no sirven de nada.

Nunca hemos visto nada bien conservado a menos de 20m de profundidad.

Un carguero ingl�s, encontrado en 1942 en alguna parte del Canal

a 30m de profundidad.

Ning�n supervivente, posici�n mal determinada.

Necesitamos encontrarlo.

Es como encontrar una aguja en un pajar.

Pero �ste vale la pena.

Llama a Laban aqu�.

�Teicher! �Active el ecosonar y el radar!

Hola, �Laban? �Podr�a venir a la pasarela?

Su objetivo es llevar la lancha a la punta del arrecife.

Embarque un bid�n vac�o y servir� como radar.

S� mi comandante.

�Manden la lancha blanca al mar!

El naufragio tiene que haber ocurrido en alguna parte de este sector.

Vamos a recorrerlo sistem�ticamente.

Prepare un gr�fico para calcular la distancia.

Vas a poder leer el fondo a casi 10 cm.

- Avante 400 a toda, 4-50. - S� mi comandante.

A 1000-260.

Un rastro. No es un rastro. Es un banco de peces.

Cambiamos de l�nea.

Reempl�ceme en el radar.

- �Y si desciendes por la escotilla? - S�, si quieres.

Dumas, �est� el agua clara?

Bastante clara, s�.

Bien, quedo a la escucha.

A 1025 con 208.

A 1002 con 210

Posici�n

�A 1032 con 211!

�Es ella!

Dumas, �no has visto nada?

No, todav�a nada. Pero el agua ha cambiado de color.

Haz un cambio de sentido a izquierda.

Prudencia al tim�n.

Atenci�n Dumas, abra los ojos.

Atenci�n buzos. Salgan por atr�s. Falco y Puig equ�pense.

�Ah� est�! �He visto el barco!

�Atenci�n buzos! �Adelante!

El Calypso sufre mal tiempo. Es el Monz�n.

Durante muchos d�as, nos balanceamos sin parar.

El mar se calma. Salimos del vientre del Monz�n

para entrar en la calma ecuatorial.

Nada de tierra depu�s de 10 d�as, ning�n barco sobre este mar vac�o.

Solamente los peces voladores.

Todas las noches, decenas de ellos caen sobre el puente, atra�dos por las luces.

Para el desayuno, s�lo es necesario agacharse para recogerlos.

Entre nosotros, los peces voladores son deliciosos.

M�s tarde, ese mismo d�a, los hombres buscan ballenas.

�Ballenas!

�Atenci�n, descienden!

De hecho las ballenas son cachalotes.

Todo a izquierda.

Saout desciende por la plataforma de atr�s.

En 20 a�os de navegaci�n, nunca tuvo ocasi�n

de aproximarse a animales de este tama�o.

No son verdaderamente feroces.

En casa de Saout, son pescadores generaci�n tras generaci�n.

Tener bajo su nariz una ballena de 20m de largo

le ha despertado un instinto viejo como el mundo.

Saout, usted puede usar todos sus m�sculos,

que no va a hacerle da�o.

Distinguimos f�cilmente los cachalotes de otras ballenas.

Tienen una nariz �nica situada en el lado izquierdo de la cabeza,

la exhalaci�n es obl�cua.

Pueden sumergirse a una profundidad de 1000m.

Tienen maxilar, dientes, y se alimentan de calamares o de sepias.

Estos cachalotes nunca se han encontrado un nav�o para dejarse aproximar as�.

Van un poco m�s lentos que nosotros,

les seguimos y les observamos durante m�s de 1 hora.

R�pido, gira a derecha, Laban.

�Todo a derecha!

Nos hemos golpeado contra un enorme cachalote.

Todo el barco se ha sacudido por el choque,

el propulsor fue forzado.

El cachalote tambi�n ha sufrido.

No doy cr�dito a mis o�dos.

Herido, grita pidiendo ayuda.

Sus compa�eros no est�n tratando de huir.

Le rodean para apoyarle mejor.

El grito de la desgraciada bestia se oye bajo el agua desde la lejan�a

y de todos los puntos del horizonte

peque�os grupos de cachalotes responden a la llamada de socorro.

Ellos nadan hacia el camarada en dificuldades

mostrando, claramente, el peligro que somos.

Y pronto la familia entera, machos, hembras, cr�as,

se re�nen.

Contamos hasta 27 cachalotes.

Seguimos al grupo, a una velocidad reducida

muy emocionados con la solidariedad.

Bajo nuestros ojos, el incidente se convierte en un drama.

Un beb� cachalote, que no llega a 6m de largo,

se separa del grupo, imprudente como todas las cr�as.

Gira en direcci�n al nav�o y pasa cerca del casco.

�Hola pasarela! �Hola passarela! El motor se ha parado. �Qu� debo hacer?

Reanude lo antes posible.

La pobre bestia fue herida por las palas de la h�lice.

Los cortes son profundos.

Estamos consternados.

El peque�oo cachalote lucha valientamente para unirse a su fam�lia.

Consigue nadar por unos instantes junto a los suyos.

Pero es demasiado doloroso.

Exausto, desiste. Deja de seguirles.

Es preciso abreviar su sufrimiento.

En este �ltimo ataque, el animal ha encontrado la fuerza para reaccionar.

Le ayudamos a mantenerse a flote

amarrando su cola firmemente

Y Dumas le dispara una bala en la cabeza.

Pero no somos los �nicos testigos del drama.

La sangre ha atra�do a un tibur�n. Despu�s 2, despu�s 3.

Peque�os y grandes.

Azules y grises.

�De d�nde saldr�n esos tiburones?

Estamos lejos de toda costa y hay 5.ooo metros de agua bajo nuestra quilla.

Pronto ser�n 30, rondando con insolencia.

Para nosotros, buceadores, los tiburones son enemigos mortales.

Nos los encontramos a menudo, pero nunca hemos visto tantos a la vez.

Es la primera vez que usamos nuestra jaula anti-tiburones

y de ir a mirar con la esperanza de que el cable sea s�lido.

La ronda infernal de los tiburones en torno a la presa

si los hombres ya lo han visto, no vivieron para contarlo.

Un cachalote muerto o un hombre en el mar, para los tiburones

es la misma cosa.

La ronda dura horas.

Los se�ores tiburones est�n acompa�ados por las r�moras, un pez-ventosa,

que se pegan a ellos y se hacen transportar sin cansacio,

y de peces piloto rayados verticalmente.

El cerco se cierra.

El escualo comprueba la presa

parece que le acaricia con el hocico.

Le toca a sangue fr�a.

Durante a pasada, da un golpe con la cabeza en el barrote

que equilibra la jaula.

Y de repente la primera mordida.

El cuero duro es rasgado como por una navaja.

Es la se�al para la org�a.

Todos los marineros del mundo odian a los tiburones.

Los buceadores est�n furiosos.

Nada puede detener un odio ancestral.

Cada uno se procura un arma, no importa cual,

para golpear, enganchar, izar.

La �ltima v�ctima del cocinero es un pez-ventosa.

Despu�s de 16 horas agotadoras, retomamos la ruta

Ya no hay un soplo de viento.

Un calor pesado derrota a los hombres.

La traves�a ha sido larga,

la tierra ya no puede estar lejos.

Todos la esperamos con impaciencia.

Dir�amos que es una isla desierta.

El hombre nunca debe haberse aventurado por aqu�.

Es una tortuga gigante.

S�lo las encontramos en 2 lugares del mundo.

Y en nuestra isla perdida

hay millares.

Estos monstruos prehist�ricos son vegetarianos

Centenares de aves marinas anidan en los arbustos.

Cangrejos de coco entran en la arena.

�Rastro de pasos?

Dir�amos que un tanque desembarc� en la playa.

�Qu� suced�a?

- �Buenos d�as!

Buenos d�as se�or. �Qu� est� haciendo?

Estoy cojiendo huevos.

�Huevos?

S�, huevos de tortuga que fueron puestos ayer noche.

Hay millares y millares de huevos de tortuga.

Es la �poca del desove.

Las tortugas vienen a la arena

a pares.

Por la noche, las hembras salen a la playa. La arena est� todav�a caliente.

Ellas cavan um nido, y despu�s, un pozo profundo para los huevos.

Usan las patas como pala.

Es necesario que el pozo sea bien profundo.

O los cangrejos de coco se comer�an los huevos.

Ahora, ellas ponen los huevos.

Es un trabajo muy doloros y muy largo.

M�s de 2 horas para poner todos los huevos.

Cuando termina de ponerlos

cubre el nido con arena.

Ella lo acaricia con tanta dulzura, tanta dulzura

y sin embargo, puede ser que jam�s vuelva a encontrar sus beb�s.

Est� tan cansada, tan agotada que apenas puede salir del nido

Apenas puede arrastrarse hasta el mar.

Sus ojos est�n llenos de l�grimas.

Algunos dicen que el viento que les hace llorar,

pero yo pienso que es el dolor.

Todas las noches, 2 de ellas vienen aqu� y de aqu� parten.

2 meses despu�s, la arena comienza a moverse por todos lados.

Los beb�s tortuga salen de los nidos.

Los peque�os comienzan el camino.

Van corriendo directos al mar.

Jam�s nav�o alguno hab�a fondeado en este arrecife perdido.

Los peces de la vencidad han venido a ver a los intrusos.

y ya los han visto a trav�s de la superficie.

�C�mo probar nuestra amistad?

�D�ndoles de comer!

Delmas, llevando un saco de carne en la cintura, intenta un experimento.

Nuestros amigos del agua van a provocar una prudente retirada.

Pero seremos pacientes.

Durante 6 semanas, no haremos un gesto hostil, un movimento brusco.

Los peces nos evitan durante mucho tiempo, antes de adoptarnos.

�Un pez hoja y un pez globo!

Nada m�s diferente. El pez hoja vive en plena agua.

El pez globo vive en el arrecife de coral, de donde sale raramente.

Y de hecho, no tiene amigos.

La amistad entre un hombre y un pez ser�a algo ins�lito.

Delmas encuentra un mero de 25kg, que se interesa por �l.

El mero no tiene dientes grandes, pero su mand�bula

est� llena de ellos, hasta el fondo de la garganta.

No es aconsejable meter la mano.

En verdad, el hombre y el pez no est�n confiados el uno del otro.

Pero �l lleva un saco de carne.

Pero no. El saco no.

Esta vez, todo bien.

Se ha convertido en nuestro amigo.

Los buceadores lo bautizan como Joj�.

Joj� el mero, �me concede usted este vals?

�l ya no nos deja.

Los buceadores van a cambiar el aire comprimido.

Joj� viene a hacerles compa��a.

En 20 a�os de buceo, nunca encontr� un pez tan familiar.

Gracias al saco de carne,

todos los peces de los alrededores se vuelven amigos nuestros.

La gula de Joj� no tiene l�mites.

Nos hace la vida imposible.

�Qu� hacer?

Despu�s de discutirlo, los buceadores deciden meterle en prisi�n.

Hay todo lo necesario a bordo.

La jaula que nos protegi� contra los tiburones servir� bien.

Joj� se encuentra bien con nosotros.

Lo dejamos con tristeza.

Nunca le olvidaremos.

Lleg� el momento de levantar ancla

de separarnos de nuestros extra�os amigos.

No hemos echo m�s que ara�ar la superficie del mar.

Un d�a, descenderemos mucho m�s abajo.

Nuevos descubrimientos nos esperan

en el mundo del silencio.

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