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No podemos cambiar el pasado.
Nadie puede.
Esta es una verdad dolorosa, sí, pero hay que aceptarla.
Tenéis que dejar de intentar cambiar el pasado, que vuestro sufrimiento,
vuestra culpa, puede cambiarlo.
Algunos de vosotros habéis hecho cosas
de las que no estáis muy orgullosos.
Cosas que por supuesto cambiarías.
Pues bienvenidos al club.
Todos tenemos nuestros fantasmas, nuestros traumas,
nuestro propio Míster Hyde.
Pero lo más parecido que podemos hacer para cambiar el pasado
es dejarlo atrás y todos tenemos derecho a hacerlo.
Eso es una mierda.
Estás diciendo que da igual lo que hagamos,
todos tenemos derecho a dejarlo atrás.
¿Tú estás arrepentida, Olivia?
Mi hermano Gonzalo me recuerda mucho a ti.
Se sentía una chica.
O al menos no se sentía conforme con su cuerpo.
Desde pequeño. Es un desafío sobrevivir a la infancia
para alguien así, ¿verdad?
Pues imagínate que no solo tienes que lidiar con los insultos
y las palizas de los cabrones de tu instituto, sino que también
tienes que lidiar con las humillaciones de tu hermana,
tu propia hermana, que pensaba que lo peor que le podía pasar
en el mundo era tener un hermano raro.
Yo solo deseaba que se muriera, que desapareciera para siempre,
que no tuviera que cargar más con él.
Que saltara por una ventana.
Ten cuidado con lo que deseas, ¿no?
Recuerdo... El último día fui a recogerle a un campamento
porque le habían pegado una paliza por llevar sujetador.
Yo estaba tan cabreada, tan harta de mi hermano, el raro,
que le hice bajarse del coche
y lo dejé tirado en medio de la carretera.
Esa fue la última vez que lo vi.
Cuando llegó a casa, se encerró en su habitación.
Y saltó por la ventana,
justo como yo había deseado.
Hasta se había puesto ropa de tío, ni siquiera se murió
como él se sentía.
Así que hacer borrón y cuenta nueva no va a cambiar lo que hice.
Soy una mala persona y eso no lo voy a poder dejar atrás.
¿Quieres?
Vale.
Oye, que te perdono, ¿vale?
Que sé que no soy tu hermana,
que no puedo hablar por ella, pero...
Te perdono.
¿Puedo preguntarte algo?
Claro. ¿Nos viste en el bosque?
¿Por la noche?
Creo que nos drogaron. Fue Audrey.
¿Qué pasará cuando encontremos la salida?
Eso es lo que vamos a descubrir. ¿Y si estamos yendo a un sitio peor?
¿Qué pasa?
Olivia.
Hola.
¿Qué coño?
¿Quién anda ahí?
Es el fuego.
Eh, el fuego está apagado.
¿Entonces podemos salir de aquí?
Sí.
Papá.
¡Ah!
¡Corred! ¡Vamos!
Tía.
No hay tiempo. Vamos.
Vamos.
Vamos, chicos.
Vamos.
No vamos a salir nunca de aquí. ¿Y Olivia?
¿Dónde está Olivia?
Tenemos que seguir. No.
Abel, Abel, escúchame.
Nos está cazando. Voy a buscarla.
Abel, ¿qué haces?
Es probable que no lo haya conseguido.
Te recuerdo que somos nosotros
los que no lo hubiéramos conseguido sin ella.
- Voy contigo. - Vamos, por favor.
No, tienes que ayudarles. Ahora os alcanzamos.
Abel, suerte.
Es una sensación horrible, ¿verdad?
- Tenía que hacerlo y lo sabes.
Ni siquiera eres real, eres mi puta pesadilla.
- Yo me siento muy real.
Espero que disfrutes con el final.
- Ignacio, por favor.
Lo hice porque tenía miedo a que se repitiese la misma historia.
No quería que mi hijo acabara mal otra vez.
- ¿Cuál era tu plan?
¿Dejarme atado a un puto árbol toda la eternidad?
- No se puede matar a un fantasma.
- En cambio, tú sí puedes morir, ¿no?
Espero que sea una muerte lenta y dolorosa.
- Tienes que ayudarme. - ¿Ayudarte?
¿Por qué? ¿Por qué iba yo a ayudarte?
- Por Dídac.
Sé que por mí no lo harás y lo entiendo,
pero mi hijo se está yendo de aquí ahora mismo para siempre.
¿Vas a permitirlo?
¿Vas a perderlo otra vez?
- ¡Ayuda!
Creo que hay alguien que necesita tu ayuda.
Olivia. No, alguien mucho más personal.
Mira por...
allí.
David.
David.
Despierta, David.
David.
Sálvale, sálvale, por favor.
Uy, no se puede salvar a todo el mundo.
Joder.
Se está acercando. No, no puedo irme.
Es mi hermano. Que no, Abel. Mírame.
No es tu hermano, tu hermano no está aquí.
Me tengo que quedar aquí. Uy, Abel, tenemos que salir de aquí.
Venga. Tú tienes la culpa.
Fuiste tú, tú me hiciste esto. Te odio.
Todos te odian.
Te odio.
Abel, mírame.
Mírame. Es este sitio.
Es este sitio. Vamos.
¡Te odio, te odio, te odio!
Eh, ¿qué haces?
- Encender el fuego. No.
Mirad a vuestro alrededor.
Esto está a punto de colapsar. Pues que colapse.
- Eso, que colapse. - ¿No os dais cuenta?
Había creado algo bueno, un lugar donde podíamos vivir.
Os había dado una segunda oportunidad.
¿Y a ti quién coño te dijo que queríamos
una segunda oportunidad?
No voy a permitir que destruyáis todo esto.
Idalia, no te enteras.
Todo esto se ha ido a la mierda, pero eres tan soberbia
que no te has dado cuenta. Y el fuego se mantiene apagado.
¿Os habéis parado siquiera a pensarlo?
Podéis hacer lo que queráis.
Tenéis un mundo entero a vuestra disposición.
Tenéis todo esto y queréis echarlo a perder.
¿De verdad?
¿Queréis inmolaros?
No os habéis ido con los que quieren salir
y tampoco queréis vivir aquí.
¿Sabéis lo que creo?
¿Sabes lo que creo, Carolina?
Estáis aterrados.
Estáis bloqueados por el miedo. No.
Estamos hartos de este circo.
Tenéis todas las posibilidades, infinitas posibilidades,
¿y elegís desaparecer para siempre?
¿No daros la oportunidad de volver a intentarlo?
Despertad, coño, estáis vivos.
Tenéis una hoja en blanco.
Podéis hacer todo lo que queráis.
¿Todo lo que queramos?
Idalia, esto es el puto infierno.
Y todos los que estamos aquí lo sabemos.
Y tú también lo sabes.
Si de verdad piensas que esto es el infierno,
imagínate cómo será cuando apagues el fuego.
¿Qué te pasa?
- Ya hemos pasado por aquí, ya hemos pasado por aquí antes,
estamos dando vueltas en círculos, joder.
- Yo no puedo más. - ¿Y qué hacemos, chicos?
- Tenemos que seguir. ¿Lo entendéis? - Pero ¿para qué?
Es un laberinto infinito. Es imposible salir de aquí.
- María tiene razón. ¿Cuánto tiempo llevamos caminando?
- ¿Estamos llegando a alguna parte? - ¿Y si estamos cerca de la salida?
- ¿No os dais cuenta?
Cada vez que avanzamos, estamos más atrapados.
- ¿Qué hacemos? Tiramos la toalla. Nos rendimos.
Que no podemos, que tenemos que intentarlo ahora.
- Lo siento,
pero yo no voy a seguir intentando lo imposible.
- Vuelvo al campamento. - María, María.
Chicos, por favor, no os podéis ir.
Chicos.
- Espero que encontréis la salida.
- Vamos.
¿Esto es lo que me querías enseñar?
Me has traído a ver una roca.
No es una roca, es una piedra milenaria
y es probablemente la piedra que más años lleva aquí.
Y cuando digo años, hablo de cientos y cientos de años, sí.
O sea, me has traído a ver una roca vieja.
Piénsalo por un momento, piensa...
Piensa todas las cosas que habrá visto esta piedra aquí,
la gente que ha pasado, la gente que pasará.
El mundo no se ha parado en un momento,
sigue aquí perpetua, en pie.
Como siendo cómplice de todos los momentos de la historia,
de todo lo que pasa a su alrededor, porque tú te vas a hacer viejo,
yo me voy a hacer viejo, nos vamos a morir, pero esta piedra
va a seguir aquí desafiando al tiempo.
Marcos, esto es lo más cerca que vamos a estar de la eternidad.
¿Qué haces?
Convertirnos en eternidad.
Dídac, Dídac, han vuelto.
- ¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien?
¿Y el resto? Estamos solos nosotros.
- Dídac.
Dídac.
- ¿Qué?
¿Qué haces tú aquí?
- Llevo aquí todo este tiempo,
pero Idalia, tu madre,
no ha dejado que nos volviéramos a ver.
- Quédate, Dídac, no te vayas. Quédate conmigo.
- No puede ser, no puede ser real.
- Tan real como esto.
Te quiero desde que nos conocimos. ¿Te acuerdas?
Estábamos en aquel pub
y estaban sonando siempre las mismas tres canciones.
Te levantaste para que cambiaran el repertorio.
- Dídac.
- Te he echado de menos, pero tu madre nos separó, Dídac.
- No, Ignacio.
No fue mi madre.
Lo recuerdo perfectamente, no fue una cosa de mi madre.
La puerta.
Esto es lo que estamos buscando.
No lo sé.
¿Dónde está Elena?
Corre. Corre tú.
Corre tú, voy a buscarle. Voy contigo.
Corre tú, por favor. Rápido.
Siéntate.
Venga.
Estás a punto de irte, cariño.
¿Qué más te da quedarte cinco minutos más conmigo?
Viniste aquí buscando respuestas.
¿Y te vas a ir sin ellas?
¿O es que ya no te acuerdas de Gonzalo?
¿Qué es lo que quieres?
Que encuentres lo que estás buscando.
Olivia.
La razón por la que tu hermano se suicidó fuiste tú, Olivia.
Él te tenía a ti como referente.
Y el asco que sentías por él, lo mal que se lo hiciste pasar,
no lo llevó nada bien.
Es triste.
Suicidarte porque no eres suficiente para tu hermana.
Porque tu hermana no te considera digno.
Porque no estás a la altura de ella.
Te viniste buscando a ti, Olivia, y te has encontrado.
Gonzalo.
No, cariño.
Gonzalo está muerto.
Yo soy otra cosa.
El fuego se mantiene apagado.
Carolina.
¿Queréis encender el fuego otra vez?
¿Queréis seguir jugando a vivir su cuento?
Perfecto. ¡Que me sueltes, hostias!
Mucha suerte con tu campamento.
Pero no olvides que hay una vacante en el puesto de monitor.
¿Dónde vas?
Carolina, quédate.
Todavía podemos hacer algo bueno. No podemos, Idalia.
Y tú sola te vas a dar cuenta.
¿De verdad quieres irte?
Lo que te espera ahí fuera es de lo que has huido.
Déjala en paz.
Vamos, Olivia. Vamos. No.
Vamos. Por favor, vamos.
Mírame.
Eres una buena persona y te mereces una segunda oportunidad.
De verdad, confía en mí. Por favor, confía en mí.
Yo he confiado en ti cuando me hablabas de cabañas,
de gente que estaba secuestrada. Confía en mí en esto, por favor.
Nos vemos fuera, ¿vale?
A donde sea que vayamos, nos encontraremos.
Mamá.
Cariño. He vuelto.
Mi niña, sí, has vuelto.
Llevas unos días hospitalizada. Estás en Observación.
¿En Albanta?
¿Cómo? ¿He vuelto de Albanta?
Olivia, ¿no sabes dónde estás?
¿No te acuerdas de todo?
¿He muerto?
No, solo te has roto un par de costillas. Ha sido un milagro.
Olivia, has intentado su...
Me han contado que estabas en una terraza y que de pronto has...
Que te has...
¿Por qué lo hiciste, hija?
Todo esto es por tu hermano, ¿verdad?
Olivia, yo...
Yo sé que no he sido la mejor madre del mundo,
pero yo no puedo perderte también a ti. No puedo.
Mamá, deberás ayudarme a buscar una dirección.
No te muevas, no te puedes mover.
Sí, por favor, tienes que ayudarme, tengo que encontrarle.
¿A quién? A Abel, mamá.
¿Va todo bien por aquí?
Que no, que no estoy loca,
que no estoy loca, mamá, que no estoy loca.
Nadie ha dicho eso. ¿Qué es eso?
Que no me quiero tomar eso.
Que no estoy loca, mamá.
Que no...
¿Mejor?
¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? Un par de días.
¿Y mi madre? Está en la cafetería. Ahora viene.
¿Qué es esto? Esto es por tu bien, ¿vale?
Venga.
¿Te importaría desatarme esto para poder ir al baño?
Vale.
Yolanda.
Hola.
¿Te puedo ayudar?
Eres la madre de Abel.
¿Está por aquí?
No, ¿eres su amiga? ¿Sabes dónde está?
Abel murió el año pasado.
No, no puede ser. Sí.
No, si he estado con él.
¿Con él?
Me contó lo de David.
Sabe que le perdonas.
¿Qué es lo que quieres? Encontrarle.
No aquí.
Ya no.
Estoy segura de que salió como yo.
Lo hemos conseguido los dos. ¿Que habéis salido de dónde?
De Albanta.
No creo que lo hayas conocido. Abel nunca fue a ese campamento.
Ese.
Sí. Albanta. ¿No es el campamento
que siempre anuncian por la televisión?
¿Puedo ayudarte?
¿Y qué es lo que has venido a buscar por aquí?
Porque nos has pillado fuera de temporada y estamos cerrados.
¿No estarás buscando trabajo? No.
Busco a un amigo. Pues lo vas a tener difícil.
Aquí estamos mi chica y yo y juraría que no te conozco de nada,
aunque tengo que decirte que tu cara me suena.
Tú ya has estado aquí antes.
No.
Tu hermano estuvo aquí, tú viniste por él.
¿Gonzalo?
Claro, Gonzalo, Gonzalo Castor.
Claro, si es que os parecéis de cara.
Claro, un chico muy especial.
De hecho, recuerdo que tú y yo estuvimos hablando aquí,
en este mismo despacho. ¿Qué tal? ¿Cómo está?
¿Qué pasa?
¿Te encuentras bien? ¿Quieres un vaso de agua?
Un momento.
No puede ser.
¿Esa mujer trabaja aquí?
¿Idalia? Sí, es una de nuestras cocineras.
Ahora mismo no, estamos cerrados, pero sí, habitualmente trabaja.
¿Y está viva?
Sí. Bueno, yo supongo que sí, no he hablado con ella,
pero diría que sí. Vale.
¿Sabes dónde puedo encontrarla?
Perdona.
Sí.
Sí, Rocío. Dime.
Sí.
Ok, se lo digo.
Venga, hasta ahora.
¿Qué?
Me dice mi chica que hay alguien preguntando por ti, dice
que estuvisteis juntos de campamento, debe ser amigo tuyo.
Abel.
Abel.
Nena, no pensarías que ibas a salir tú sola del campamento,
¿no?
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