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Nos atacan.
¡Nos atacan! ¡Enrique!
Madre, meteos en casa. ¡Rápido! Yo pelearé contigo.
Martín, vete con ellas. No.
¡Una espada!
(Gritos)
Martín, métete en casa. Yo quiero pelear.
(Gritos)
(GRITA)
¡Ah!
¡Ah!
¡Martín, coge la espada!
¡Ah!
¡Ah!
¡Escóndete con tu hermana!
¡Hazlo!
Ah...
Rápido.
Aquí, vamos.
Agáchate.
(RÍE)
(CHISTA)
No...
(CHISTA)
Enrique.
Enrique.
Enrique.
(LLORA)
No, no, no.
No, no.
Rodrigo, no están aquí.
Tienen que estar aquí.
(Ruido)
¡Ah! Padre.
Ni siquiera pudieron defenderse.
Si hubiesen resistido un poco más, habríamos llegado a tiempo.
Martín, coge la espada.
Vamos, Martín, ataca. Así.
Vamos, Martín.
No sufráis, Blanca, vuestro hermano siempre vence.
Lo sé, es el más valiente.
Así se hace, Martín.
Niña, vamos, que este no es lugar para una dama como vos.
Y tú, deja de holgazanear y vete a casa,
que hay mucho trabajo por hacer.
Hoy has tardado más en derrotarle. Estaba jugando con él.
¿Te has enterado?
Dicen que mi padre ha citado a Abu Bark cerca de Consuegra.
Señor, Abu Bark está dentro. Ya es nuestro.
Don Rodrigo, traigo un mensaje de Toledo.
El rey Alfonso X va a firmar la paz con Abu Bark.
Debemos levantar el asedio.
Señor, tenemos a Abu Bark, podemos acabar con él.
¿Crees que no lo sé? Pero son órdenes del rey.
Debemos obedecerle.
Debo acudir ante él inmediatamente. Levantad el campamento.
Confío en vos. Siempre, señor.
¡Debemos abandonar el asedio!
Llevamos media vida luchando juntos.
En este tiempo hemos matado, hemos visto morir
a muchos compañeros y amigos. Siempre me habéis sido leales.
Os pedí que murieseis por mí.
Ahora os pido que viváis por mí.
Es hora de firmar la paz.
Es hora de volver con los seres queridos que dejamos atrás.
¡Es hora de volver a Toledo!
(GRITAN)
En la aldea de Cubas, el Ejército de tu padre
se enfrentó a 1.000 moros. Sí, pero Maqueda solo tenía
diez hombres y mantuvo el asedio de la ciudad
tres días hasta conquistarla. Ahí dijo...
(AMBOS) "Así luchan los soldados de Castilla".
Te juro que algún día yo también conquistaré ciudades.
Me vengaré de los moros y los juglares cantarán mis victorias.
¿Ya habrá matado a Abu Bark? ¡Naranjas deliciosas de Sevilla!
Lástima que no me dejen luchar. Cuando yo sea caballero,
tú serás mi escudero. ¡Mi naranja! ¡Al ladrón!
¡Al ladrón! ¡Tú, ladrón!
Perdonad, oí que habían robado y...
Y dedujiste que se trataba de un moro, ¿verdad?
Eso no es así.
Entonces, ¿por qué corriste hacia mí sin dudar?
Una mujer no debería caminar sola por la ciudad.
Supongo que corro el peligro de ser molestada por personas como tú.
¿Pasa algo, Fátima?
Nada, ha sido un malentendido.
¿Quieres? Seguro que están riquísimas.
Son de Sevilla.
Señores, su majestad el rey Alfonso y la reina Violante.
Señores, os he convocado porque sois mi consejo real
y necesito vuestro parecer sincero. La posición de la Corona es
que debemos alcanzar la paz al precio que sea.
Majestad, es una locura firmar una tregua con Abu Bark,
no podemos confiar en su palabra. -Miranda tiene razón, padre.
No es el momento de negociar, sino de acabar con él.
Sancho, el reino de Castilla lleva décadas ensangrentadas luchando
contra los musulmanes, ya es más que suficiente.
Señor, nuestro deber es continuar.
¡Continuar hasta exterminarlos a todos!
Y, de paso, acabar con el reino, arruinarlo y diezmar sus gentes.
Oliva, vos sois el arzobispo,
¿cuál es la postura de la Iglesia?
Está escrito: "Los ejércitos de nuestro señor derrotarán
a la bestia hasta exterminarla".
¿No dijo nuestro Señor: "Si os abofetean, poned la otra mejilla."?
Esto es una guerra santa,
como la que libran nuestros hermanos en Jerusalén.
Majestad, lo que está en juego es el futuro de la cristiandad.
-Padre, es el momento de acabar con Abu Bark.
Dame la orden y yo mismo te traeré su cabeza.
He dado mi palabra de honor de respetarle.
La palabra dada a un animal no tiene valor, majestad.
¿Tantas ganas tenéis de conquistar nuevas tierras?
Conde de Miranda, creía que ya erais suficientemente rico.
Don Rodrigo Pérez de Ayala,
ya deberíais saber que mi fortuna está al servicio del reino.
Vos jurasteis acabar con Abu Bark, ¿por qué no lo hicisteis?
Porque yo se lo ordené.
Disculpad al príncipe Sancho, don Rodrigo.
No hay nada que perdonar, majestad, ya sé que es más fácil hablar
de conquistas desde un rico palacio que desde el campo de batalla.
¿Vos estáis a favor de la paz, don Rodrigo?
Señora, mis hombres llevan batallando casi dos décadas,
el pueblo está harto de impuestos y luchas,
todos quieren la paz en el reino. ¿Y creéis que eso es posible?
La convivencia entre antiguos enemigos es frágil
y entraña peligros, pero nuestro deber es intentarlo.
Una vez jurasteis vengar la muerte de vuestra familia.
Al parecer, con el tiempo, las promesas se desvanecen.
O quizás lo que merma es el coraje.
Si queréis pruebas de mi valor, os las mostraré cuando queráis.
Y os aseguro que no he olvidado la muerte de mi esposa
ni de mi primogénito ni un solo día de mi vida.
Señores, si don Rodrigo ha sido capaz de perdonar,
todos podemos hacerlo.
Enviad emisarios a Abu Bark.
El acto solemne de la paz se celebrará
con el esplendor requerido para esta ocasión histórica.
Niña, lo acabo de escuchar.
Vuestro padre está en la ciudad. -¿Qué?
-Le han visto camino de palacio. -¡Dios santo, Elvira!
Estará aquí en cualquier momento.
Debo arreglar su habitación y preparar la comida.
¿Cuándo se ha visto que una señora cocine?
Quiero prepararle la mejor comida que haya probado nunca.
Ese collar lo llevaba vuestra madre cuando se casó.
Elvira, hace diez años que no veo a mi padre, ¿cómo es?
Padre ha vuelto, está en la ciudad. ¿Qué?
Eso es que ya ha matado a Abu Bark. Lo sabía.
Tendrás que practicar más si quieres conquistar a alguna dama.
Vamos, Cristóbal, baila.
Sin música no me sale. -Cristóbal, vete a por leña.
Sancho tiene muy buenas cualidades,
pero me preocupa la influencia que Miranda ejerce sobre él.
En cuanto a Fernando, todavía no es un hombre,
pero tiene lo mejor de la reina
y... algunas de mis debilidades.
Las conozco de sobra.
Pronto estarás con tus hijos, ahora relájate y disfruta.
No sabes cuánto echo de menos la vida de soldado,
el ambiente de los campamentos. Fueron tiempos muy hermosos.
Ahora soy viejo, soy rey y las responsabilidades del soldado
son distintas a las del monarca.
No...
No estaré en la firma de la paz.
Os apoyaré siempre, pero no me inclinaré ante Abu Bark.
Sé que lo que más deseabas en el mundo era matarle
y te agradezco que no lo hicieses.
Rodrigo, te necesito a mi lado.
Eres mi único amigo, la única persona,
aparte de la reina, en la que puedo confiar a ciegas.
No soy un hombre de corte ni estoy hecho para la paz.
Sé que no eres un cortesano, a Dios gracias,
de esos me sobran bastantes, pero tengo otros planes para ti.
Serás el nuevo magistrado.
¡Ese puesto me pertenece!
El rey es libre de ofrecérselo a quien estime oportuno.
Ellos están ganando, arzobispo, la reina, el infante Fernando...
Y si don Rodrigo es nombrado magistrado...
(CHISTA)
Deberás aplicar las leyes, supervisar los acuerdos alcanzados
entre musulmanes y judíos. Serás mi justicia.
Creía que ese puesto pertenecía a Miranda.
Miranda...
Miranda es cruel y ambicioso, siempre busca motivos
para enfrentarnos a los musulmanes. De ser magistrado,
le daría todo tipo de oportunidades.
La paz que firmemos será frágil y habrá que pelear para mantenerla.
Es un gran honor, pero no puedo aceptarlo.
Tengo otros planes para mi familia.
¿No me has oído? Te necesito. Necesito que estés a mi lado.
Pídeme el dinero que quieras, una nueva esposa.
Nunca os he pedido nada y mi familia me necesita más.
Te estoy suplicando.
Sabes que podría obligarte y tú no podrías negarte,
¿de acuerdo?
Soy el rey, no lo olvides.
Entonces, ¿se trata de una orden?
Sabes que no.
Está claro que de momento la balanza
no se inclina nuestro favor.
Pero Sancho es el primogénito y vos ejercéis una gran influencia
sobre él. -Sancho no es el problema.
Cuando sea rey, hará lo que yo le ordene.
El problema es que al rey le pierde su amor por el infante Fernando.
Fernando es un niño, no es una opción como heredero.
Sancho es hijo de un matrimonio de conveniencia
y Fernando es el hijo de la reina; es una opción
si ella quiere que lo sea.
Recordad que soy el confesor real
y ejerzo un gran poder sobre el monarca.
Sí, vos sois el confesor real,
pero la reina comparte el lecho del rey.
No creo que vuestra influencia y poder se igualen a los de ella.
El Señor iluminará a nuestro rey para elegir la mejor opción.
Pues será mejor que ayudemos a nuestro Señor,
porque si Fernando hereda la corona la paz será definitiva
y ese sería el fin de vos y de mí.
La única solución es que el cachorro...
no llegue a león.
(Ladridos)
(Relinchos) ¡Es él!
Has cambiado mucho, Martín.
Señor, yo soy Cristóbal, el hijo de Elvira.
Eres tan alto como yo.
Padre, qué ganas tenía de veros de nuevo.
Hola, Elvira. Veo que tú sigues igual.
Más vieja y más pelleja cada año que pasa.
Bienvenido a su casa, señor.
Padre, hoy he cocinado yo.
¿Me ha salido bien?
(CARRASPEA)
¿Os gusta?
Está riquísimo, ¿verdad, Martín?
Sí. Me sabe a gloria
después de la bazofia que he tenido que comer estos años.
Es una receta de madre.
¿Habéis apresado ya a Abu Bark?
¿Le habéis matado, por eso ha vuelto a la ciudad?
He vuelto porque se va a firmar la paz con los musulmanes.
Pero eso no puede ser, padre.
Oí que habías vuelto.
No me lo podía creer, pero ¿por qué no has pasado a saludarme?
(RÍEN)
Hija, sirve a Abraham, que no se quede con hambre.
Claro.
Hoy ha cocinado Blanca.
Ah.
Veo que las cosas te van bien.
Bueno, la perspectiva de paz es el mejor aliciente para la economía.
Este puede ser el comienzo de una gran época.
Y tú seguirás prestando dinero al rey y reclamando los impuestos
en su nombre, eso te convierte en un hombre importante.
Claro, importante y odiado.
Que los poderosos te deban algo es un arma de doble filo.
Un día pueden darse cuenta de que la forma
más fácil de saldar su deuda es quitándote de en medio.
Bueno, pero ¿cuál va a ser tu nueva ocupación?
El rey debería recompensarte, creo que ere el único nombre
que no se ha enriquecido con la guerra.
No hay sitio para mí en esta ciudad.
He pensado en volver a nuestras tierras.
Ahora que se va a firmar la paz,
es hora de reconstruir la casa familiar y vivir allí, tranquilos.
Lo que queráis, padre, nosotros os seguiremos dónde ordenéis.
Muy rico.
Señor. Gracias.
¿Te ha visto alguien?
Es esencial que nadie nos descubra.
Se trata de un asunto... delicado.
Deberás encargarte de Fernando, el infante.
¿Supone algún problema para ti?
Tienes que quitarle de en medio, pero hay que hacerlo bien.
Nada debe conducir a mí.
Si alguien tiene la más mínima sospecha, desearás no haber nacido
nunca.
¿Cuándo?
Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, Rodrigo.
Cuatro primaveras, majestad.
Muchas cosas cambiaron en ese tiempo, pero no vos.
Vos siempre sois el mismo, no importan los años que transcurran.
Ojalá pudiera creeros, pero el tiempo nos cambia a todos,
más de lo que querríamos.
¿Cómo habéis encontrado a vuestros hijos?
Martín es casi un hombre.
Y Blanca es la viva imagen de su madre.
Perdonadme por arrebatarnos así de ellos,
pero me urgía hablar con vos.
¿Cuál es ese asunto tan urgente, mi señora?
El rey, vuestro señor y mi esposo.
Sé que esta mañana habéis rechazado el puesto que os ofrecía
como magistrado. Os ruego que lo reconsideréis.
Si hay alguien que merezca vivir en paz con su familia sois vos.
Pero el rey os necesita más.
Creo que valoráis en exceso mis virtudes, señora.
Hubo un tiempo en el que no me llamabais señora.
Y desde entonces sé exactamente cuál es vuestro valor como hombre.
Nunca me equivoqué al respecto.
La corte está llena de gente sin escrúpulos.
Y solo vos estimáis al rey como un verdadero amigo.
Se lo habéis demostrado infinidad de veces.
Le juré fidelidad eterna y cumpliré mi promesa a cualquier precio.
Por eso os suplico, demostrádselo una vez más, y ahora más que nunca.
Si vos no le protegéis, intentarán hacerle caer, de una forma u otra.
Señora...
El rey está en peligro y con él todo el reino.
Si de verdad le queréis como un amigo, estaréis a su lado.
Si alguna vez sentisteis algo por mí en el pasado,
me ayudaréis a proteger a mi esposo.
¿Lo haréis, Rodrigo?
¿Haréis eso por mí?
Martín.
Nos quedamos en la ciudad.
El rey va a nombrarme magistrado.
Padre, ese es un puesto muy importante.
También he hablado con el rey para que entres en la corte.
Desde ahora, serás el asistente de Fernando, su hijo menor.
Eso no puede ser, yo quiero ser caballero.
Pensaba que algún día me dejarías adquirir un caballo y una armadura.
Ya no queda nadie con quién luchar y la corte es un lugar seguro
donde hacer carrera para un joven noble como tú.
Siempre has odiado la corte.
Dices que está llena de cobardes y de hipócritas,
no quieres ese destino para ti, pero ¿sí para tu hijo?
Ser caballero no es una opción para ti.
¿Por qué?
Soy valiente y nadie maneja la espada mejor que yo en mi escuela.
La guerra no es una clase de espada.
Tengo lo que hay que tener para ser guerrero.
(Ladridos)
Ese perro es viejo y tiene la pata rota.
Hay que sacrificarlo.
(GIMOTEA)
Padre, es León, lleva con nosotros mucho tiempo.
Está sufriendo. Alguien tiene que matarlo.
Eso significa ser soldado.
Mirar a alguien a los ojos y ser capaz de quitarle la vida,
arrebatarle todo lo que tiene y tendrá jamás sin dudar.
Martín,
eres noble y valiente, y eres compasivo.
Son grandes cualidades de las que debes estar orgulloso,
pero no eres un guerrero.
Algún día te demostraré que estás equivocado.
¿O es que temes descubrir que soy mejor que tú?
Vas a ir a palacio, no lo volveré a repetir.
Lope. Señor.
Martín, eres tú, no me lo puedo creer.
La última vez que te vi no levantabas esto del suelo.
La última vez que te vi yo, estabas tan borracho
que no te levantabas del suelo. (RÍEN)
Busca al arzobispo Oliva.
Vos sois Martín, ¿verdad? Martín Pérez de Ayala.
Se os ha concedido el honor de ser el asistente
del infante Fernando, hijo del rey Alfonso X
y la reina Violante. Debéis convertiros en su sombra
y velar por su seguridad. Habéis de saber
que hubiera preferido alguien con mayor experiencia.
Tengo mis reservas sobre si vos estaréis a la altura.
Lo intentaré, señor. No, no basta con intentarlo.
Vuestra obligación es ayudarle en todo y protegerlo
y la mía supervisar que lo hagáis. Martín,
jamás olvidéis vuestra responsabilidad.
Señor.
Infante.
Eh.
¿Quién eres? Soy Martín,
el hijo de don Rodrigo. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí, estás robando?
Soy el infante Fernando y esta es mi habitación.
Disculpe, señor, pensaba que era un sirviente.
Estoy a su... Si quieres ayudarme,
asegúrate que la cuerda aguante. No querrás que me mate
en tu primer día, ¿no? Pero, señor,
no creo que sea la mejor forma de protegeros.
Debo ir a la ciudad con urgencia y no pueden verme salir.
Estarán ocupados un par de horas en el salón.
Así que tú mismo, ¿me vas a ayudar? ¿Sí o no?
Rodrigo, os nombro magistrado de la ciudad de Toledo.
A partir de este momento vos sois mi mano derecha,
mi voluntad y el representante de la justicia en todo el reino.
(Aplausos)
Vuestra tarea no será fácil,
deberéis trabajar con Talib y Abraham,
como representantes de musulmanes y judíos,
para impartir justicia por igual a todos los habitantes de la ciudad.
En vos descansará la paz real del reino.
Majestad, nada desearía más que se cumpliese vuestra voluntad,
pero ¿cómo vamos a mantener la seguridad?
Cientos de... musulmanes llegan hoy a Toledo.
Y recordemos que son soldados, gente que hasta ayer mismo
combatían a muerte con los cristianos.
¿Hemos de esperar que todos de pronto
compartan este espíritu de amor fraternal?
Mis hombres se encargarán de que no haya altercados.
¿Cómo? Ni siquiera habrá espacio en las posadas para todos.
Muchos de mis conciudadanos alojarán en sus casas
a nuestros hermanos del sur. -Las puertas de la judería
también se abrirán a los recién llegados.
Eso no garantiza que los enemigos no se maten.
Vuestros hombres no estarán en todas partes.
No habrá peleas porque no habrá armas.
Haré controles a la entrada de la ciudad.
Los visitantes entregarán sus armas hasta que salgan de Toledo.
¿Puedo contar con vuestra ayuda? La tendréis.
Estaré al mando. Hasta la firma de la paz,
Toledo será la ciudad más segura de todo occidente.
Es un asunto urgente de palacio, no podía esperar.
¿No había otro modo de salir, sino por la ventana?
Reconoce que fue divertido. No sé si era esta calle...
Había una taberna y una tienda de curtidores en la esquina.
Estas calles son un laberinto. -Oye, ¿tú no estabas en palacio?
¿Conoces bien la ciudad? Busco una casa de dos plantas
con un escudo rojo y cadenas encima de la puerta.
Hay una taberna y una tienda de curtidores.
¿Y que desde allí se divisa la Puerta de Bisagra?
-Sí. ¿Puedes llevarnos hasta allí? -Claro que puedo, no sé si quiero.
¿Quién es este pedigüeño? Es el infante Fernando,
el hijo menor del rey.
Entonces, habéis dado con el mejor guía de la ciudad.
¿Es esta? -Sí. Martín, dale unos maravedíes.
No tengo dinero, señor. Ya te recompenso yo otro día.
Espérame aquí, no tardo mucho.
¿Un asunto de palacio? Algo así.
Desde luego, urgente parecía. Ven, siéntate,
que por las fachas que tenía la joven, esto va para largo.
Señor, Abu Bark.
Debéis entregar las armas, os serán devueltas
cuando salgáis de palacio. (HABLA EN SU LENGUA)
(HABLA EN SU LENGUA)
Dice que el gran Abu Bark no recibe órdenes.
Son órdenes del rey Alfonso X. Y en la ciudad de Toledo
su voluntad es la ley. (HABLA EN SU LENGUA)
(HABLA EN SU LENGUA)
Dice que es su guardia personal y no puede ser tratada como chusma.
Nadie le despoja de su dignidad,
ni a él ni a su guardia personal.
Pero no entrará en palacio armado. (HABLA EN SU LENGUA)
¿Qué le ha dicho?
Le he rogado que humildemente entregue las armas.
Que nos entreguen las capas, no podemos fiarnos de los moros.
Si Abu guarda su palabra de que entregan las armas,
eso es suficiente para mí.
He depositado en vuestras manos la seguridad de mis hombres
y la mía propia, ¿respondéis vos de que nada nos ocurra?
Respondo.
Lleva mucho tiempo ahí dentro. ¿Crees que le habrá pasado algo?
Sí, con esos gritos, le debe estar pasando algo horrible.
Creo que sé de quién es la casa, de Alberto Carini,
traficante de esclavos. ¿Uno canoso?
Sí, y muy alto. ¿Que va rodeado de sirvientes
armados con palos? Sí. Unos días llevarán, otros no.
Pues hoy sí llevan.
¡Don Fernando, debemos irnos! ¡Señor!
(JADEAN)
Don Fernando. ¡Infante!
(Golpes)
Don Fernando, hay que marcharse.
Infante... ¡Oh!
Hay que marcharse.
(GRITAN)
¿No decías que tu marido estaba fuera?
-Sí.
La próxima vez asegúrate que esté de viaje.
Vamos, infante.
Por aquí.
(Golpes)
¡Vamos!
¡Cristóbal!
Don Fernando.
Cuidado, infante.
¿Os gusta, padre? Lo compré en la judería.
Y los pendientes en un puesto de moros, es plata de Antioquía.
¿Estoy guapa? ¿Para qué quieres tantos trapos
y joyas? No puedo entrar en la corte
como una pordiosera. Quiero ser dama de honor de la reina.
Que nos quedemos en la ciudad no significa
que entres en la corte, eres demasiado joven.
Las damas de honor tienen mi edad. Y madre se casó con vos
antes de cumplir los 18. El ambiente de palacio
no es adecuado para ti. Si Martín está allí.
¿Por qué yo no? Es injusto. Ya está decidido.
No te vendría mal un poco de amabilidad.
Te recuerdo que es tu hija, no uno de tus capitanes.
Hago lo que creo que es mejor para ella.
No lo dudo, pero Blanca no es una niña pequeña,
no podrás protegerla siempre. Al menos voy a intentarlo.
Conoces el ambiente de palacio, no quiero que Blanca
frecuente esas compañías. ¿Entre esas compañías
incluyes a la reina? O quizá simplemente
no quieres que Blanca y la reina lleguen a encontrarse nunca.
Tengo que volver con mis hombres.
Se va a firmar la paz en esta ciudad.
Esta calle no tiene salida.
¡Tú! ¿Qué quieres, que te demos de palos como a tus compañeros?
Vete con tu amo.
Llévatelo, no conoce la ciudad.
¡A mí la guardia!
¡Alto! ¡Quietos ahí!
Hola. ¿Me oyes?
¡Eh!
Hola.
¿Estás bien?
Majestad, el infante Fernando no está en sus aposentos.
¿Habéis mirado bien por todo el palacio?
Esta tarde fui a repasar con él las clases de latín y ya no estaba;
ni nadie supo darme razón de su paradero.
Mi medio hermano estará persiguiendo a alguna criada
o en alguna taberna mezclado con el populacho,
como tanto le agrada.
Desde hace horas nadie le ha visto.
Majestad, espero que no haya salido a la ciudad.
Los ánimos están revueltos. Podría pasar cualquier cosa.
¿Se puede saber dónde estabas?
Has salido de palacio sin una escolta de soldados.
¿Te das cuenta de lo peligroso que es,
y con la ciudad tal y como está?
Lo siento, padre, tuve que ir a la ciudad
por un asunto urgente.
Eres un infante de Castilla. Tienes obligaciones,
cosa que pareces olvidar con demasiada frecuencia.
Arzobispo Oliva, os ruego que acompañéis al infante
a su habitación y terminéis lo que no pudisteis hacer antes.
Está bien.
Parece que vuestro padre nunca puede enfadarse del todo
con vuestro hermano.
Se ve que las palabras duras las guarda para otros.
¿Tú otra vez? ¿Qué haces aquí?
¿Qué haces tú aquí? Te has caído de mi tejado.
¿Qué es eso?
Si quisiese envenenarte,
lo habría hecho mientras estabas desmayado.
Es un emplaste de consuelda, una hierba cicatrizante.
¿No recuerdas nada de lo sucedido?
Recuerdo verte salir del agua.
Harías bien en borrar esa imagen de tu cabeza.
Me gustaría, créeme, pero no lo veo probable.
Dime, ¿qué hacías en mi tejado?
¿Buscabas aún las naranjas de esta mañana?
Si las quieres, creo que harías mejor mirando
en el estómago de tu criado. Es más que eso,
es como un hermano para mí; aunque a veces lo mataría.
(Ladridos)
Tranquilo, nadie va a atreverse a entrar en esta casa.
¿De qué huías? De los criados de una mujer.
En realidad, de los criados de su marido.
Una cita galante. Parece que era una mujer de armas tomar.
El marido es el que tomó las armas.
En cualquier caso, te lo mereces,
por enredarte con las mujeres de otros, ¿no crees?
¿También tu marido tomaría las armas si me viese aquí contigo?
La diferencia es que tú y yo no estamos enredados
ni lo estaremos nunca.
Y en cualquier caso, será mejor que no lo averigüemos,
¿no te parece?
Ha dejado de sangrar, será mejor para los dos que te vayas ahora.
Que Dios te guarde.
Que Alá esté contigo, cristiano.
(Puerta)
Magistrado, ha sucedido algo grave.
El motivo de la pelea no está claro.
El soldado cristiano estaba borracho, eso sí.
¿Y el musulmán no se defendió? No pudo, estaba desarmado.
Todos los testigos dicen que el soldado lo acuchilló
como un cerdo. Se desangró en la taberna a la vista de todos.
Los moros protestan pidiendo justicia.
Abu Bark nos acusará de haberle hecho una encerrona.
Coloca dos soldados en cada esquina.
No quiero grupos mayores de cuatro personas
en toda la ciudad; ni musulmanes, ni judíos, ni cristianos.
¿Está aquí el asesino? Sí.
Lope...
Hoy no es un buen día para pasear.
Harías bien en volver a casa, Abraham.
Lo haría encantado, pero yo también he sido llamado a palacio como tú.
¿Qué vas a hacer con ese hombre?
Ese hombre se llama Lope. Lleva años peleando a mi lado.
Me ha salvado la vida más veces de las que podría enumerar.
¿Tienes idea de lo que eso significa para mí?
No, no lo sabes.
Tendrías que ser guerrero para comprenderlo.
Lo que sé es que si no lo entregas, Abu Bark hará que hagan justicia.
Todo se perderá.
He visto demasiadas veces a qué llama justicia Abu Bark:
mutilaciones, torturas interminables...
Jamás entregaré a Lope para que pase por ello.
Entonces, no habrá paz y muchos más morirán.
Al menos, no lo hará un hombre que es como un hermano para mí.
Tal vez, pero a cambio sacrificarás a tu hijo.
Sabes que si estalla la guerra,
Martín se alistará y encontrará una muerte segura.
Y muchos más morirán si no cumples con tu deber.
Mi deber es vengar lo que me hicieron y defender a mis hombres.
¡Soy un guerrero! ¡No!
Ya no eres un guerrero, eres el magistrado de la ciudad.
¡Maldita sea!
Fue un error aceptar ese puesto. No es para mí.
Ya es tarde, Rodrigo, estamos en tus manos.
De ti depende que vivamos o muramos. Ese es ahora tu deber
y tu honor.
Exijo una compensación.
Debéis entregarme al asesino.
No tengáis la menor duda, vuestro honor será satisfecho.
-Jamás os entregaremos a un cristiano.
-Entonces, no habrá paz. Volveremos a luchar.
-¿Amenazáis al rey en su propia casa?
-Esto es inadmisible, padre.
-Majestad, nos ha costado mucho llegar a la paz
para perderla en un instante. -Ordenad a vuestro magistrado
que me entregue a ese hombre o habrá guerra.
Nadie me da órdenes.
Majestad, acabemos con ellos, están desarmados.
Dad la orden y los degollaremos por toda la ciudad.
Nunca tendremos una oportunidad mejor, padre.
Di mi palabra de que mientras estuvieran
en palacio les protegería.
Y cumpliré esa promesa con mi vida si es preciso.
Entonces, también vos moriréis. ¡Guardias!
¡Alto!
¡Bajad las armas!
No estamos aquí para seguir matándonos,
sino para firmar la paz.
Vos me encargasteis velar por la paz.
Un soldado de Abu Bark ha sido asesinado
y su señor reclama ajusticiar al culpable,
pero ningún cristiano lo permitiría.
Los soldados se alzarían en armas.
El crimen ha sucedido en la ciudad de Toledo.
Prometo hacer lo que sea necesario para contentar a todas las partes,
hacer justicia y evitar la guerra.
(HABLA EN SU LENGUA)
¿Qué piensas hacer?
¿Rodrigo?
Cumplir con mi deber...
majestad.
Martín, el rey te ha mandado llamar.
Tienes que ir a palacio.
¿Se puede saber en qué pensabas cuando saliste con el infante
de palacio sin escolta, y en un día como hoy?
Majestad, la culpa es mía.
¿Sabes qué hubiese ocurrido de pasarle algo grave a mi hijo?
¿Si el criado de ese hombre lo hubiera matado?
¿Comprendes lo que hubiese significado para el Reino?
Lo siento, Señor.
No soy digno de este puesto. Tu puesto no está en discusión.
Fernando me contó que arriesgaste tu vida por salvar la suya.
Por ser hijo de tu padre ya sé de tu lealtad y valentía.
Lo que necesito es que tengas el juicio que a él le falta.
Le conozco bien. Es alocado, impulsivo, pero también...
Inteligente, lo justo.
Puede llegar a ser un buen rey,
así que no dejes que nada malo le ocurra.
¿Lo harás?
¡Príncipe!
¡No!
¡No!
(LLORA) ¡Por favor!
¡Por favor!
¡No, por favor!
¡Por favor, por favor!
¡Por favor!
¡Por favor...!
¡Quieta!
(LLORA)
(LLORA)
¿Por qué le quieres más a él?
¿Por qué?
¡No es justo!
Perdóname, Diana.
(LLORA)
(Llaves)
Lope...
Sois un soldado.
Habéis matado a un hombre desarmado y sabéis qué pena acarrea.
Lo sé, señor.
¿Vais a entregarme? ¡Nunca!
Pero sabéis que no puedo dejaros marchar.
Señor...
Tengo familia en Medinaceli.
No te preocupes.
Te doy mi palabra, nunca les faltará nada.
He tenido una buena vida.
Si alguien me la tiene que arrebatar, prefiero
que seáis vos. Nunca conocí hombre mejor.
Hice juramento de morir por vos,
ahora voy a hacerlo.
Que mi sangre sea la última que se derrame.
Rodrigo...
Nos veremos en la otra vida.
Espérame allí, buen amigo.
Has hecho lo que tenías que hacer. A veces, las muertes más dolorosas
son las más necesarias...
Esta ha salvado muchas vidas.
Retírate, Diana.
Es hermosa, ¿verdad?
Tú también eres hermoso, hijo,
y estás en edad de disfrutar de la vida.
Eres joven, infante de Castilla, e irresponsable.
Madre, siento lo de ayer.
Me doy cuenta... -No.
No te das cuenta. Hasta ahora te hemos protegido
de los peligros que te rodeaban, pero no podemos ya protegerte
de ti mismo.
Tu abuelo Jaime, mi padre, era rey de Aragón
desde los 3 años. Su niñez acabó entonces y la tuya,
ha de acabar ahora.
Son muchos nuestros enemigos,
viven agazapados esperando nuestros fallos y debilidades,
listos para atacar.
Tenemos que estar preparados para el día que tu padre falte.
¿Qué he de hacer? Lo que me ordenéis.
Recordar siempre que de tu comportamiento dependen
muchas cosas. Tu vida, la mía...
y la paz del Reino.
Martín, gracias por salvarme la vida.
No sé qué habría hecho sin ti.
Mi obligación es protegerle, infante.
Después de lo que ha pasado, vamos a dejar algo claro.
Para ti, soy Fernando.
Déjate de infantes y de monsergas.
No sé si podré, señor. Pues vas a tener que hacerlo.
Seguirás siendo mi mano derecha.
Y lo mismo va por ti, quiero tenerte a mi lado.
-Yo no soy noble, señor. -Has sido valiente y arriesgaste
tu vida por mí. Eso es nobleza.
Ahora, eso sí.
En un tiempo, mejor no me acerco a la ciudad,
no sea que los criados del marido aún recuerden mi cara.
Fernando, el hombre que te atacó no era un criado sino un guerrero.
¡No empecéis otra vez! Tenía espada
y sabía manejarla bien.
Quería asesinarte. Era su objetivo desde el primer momento.
Tuve suerte de que no acabara conmigo.
-Tonterías. -Eso le he dicho yo.
-Además, mientras os tenga a mi lado nada malo puede pasarme.
Fernando, quiero decirte algo. Servirte es un honor,
pero cuando la guerra estalle con los moros,
yo me haré caballero. -No habrá guerra,
mañana se firma la paz. -¿Qué ha pasado
con el soldado detenido? -Tu padre...
Ahora se puede pasear tranquilo por la ciudad.
¿No lo has oído? Vuelve a haber paz,
aunque para lograrla padre haya tenido que sacrificar
la vida de uno de sus hombre. ¿Lo sabías?
Padre ha matado a Lope.
¡A Lope!
¿Ese es tu honor, padre?
¿Así pagas la fidelidad de los hombres que dan su vida por ti,
asesinándoles, cortándoles la cabeza?
Martín, por favor.
Lope nos encontró hace diez años, cuando madre y Enrique murieron.
Ese es el hombre que padre ha matado con sus propias manos,
a su amigo, a su mejor amigo.
Padre, no, por favor.
Nunca vuelvas a juzgarme sin saber de lo que estás hablando.
Padre, yo sé que lo has hecho por él.
Y Martín también lo entenderá algún día.
¿Estáis loco? Creíais que no me enteraría.
Nada sucede en esta ciudad sin que yo lo sepa.
Y tenéis suerte si nadie más advierte que vos estáis
detrás de esto.
El rey cada día se inclina más por el infante Fernando.
Esa no es la manera de actuar.
¿Qué creéis que pasaría de poner sobre aviso al monarca?
Tenéis razón, pero algo hay que hacer.
Ahora, además, el hijo de don Rodrigo se ha pegado
al infante como una sanguijuela.
Estamos de acuerdo en empezar por el más débil,
Martín.
Pero hay otros modos de quitarse de en medio a alguien molesto.
¿Qué me proponéis?
Estudiarle, conocerle.
Haced que uno de vuestros hombres el siga hasta descubrir
lo que más le importa.
Cuando conocéis el punto débil de un hombre le tenéis
en vuestro poder, para siempre.
Y recordad,
no podemos atentar contra el infante Fernando.
Contra el hijo del magistrado es distinto.
A veces, la voluntad de Dios se manifiesta de manera sorprendente.
Hoy comienza una nueva era para la ciudad de Toledo
y el Reino de Castilla. Durante décadas de enfrentamientos
hemos ido perdiendo a nuestros seres más queridos,
dejando atrás a las personas que amábamos.
Creíamos que era imposible olvidar, que la paz y el perdón
estaba más allá de nuestra capacidad.
Esta paz no será fácil,
encontrará numerosos enemigos decididos a desestabilizarla
y exigirá lo mejor de cada uno de nosotros.
Los siglos venideros volverán su mirada hacia nosotros,
convencidos y orgullosos de saber que fuimos los primeros
en forjar un momento histórico,
el sueño de la convivencia entre las tres culturas.
El día en que cristianos, musulmanes y judíos
escogemos vivir en paz o morir en el intento.
¿No puedes hacerte anunciar como el resto de las visitas?
¿Me dejarían entrar? No creo.
Entonces es el único modo que tengo de devolverte esto.
(Puerta)
¿Cómo van tus heridas?
"Se curará antes."
¿No vas a soplar?
Es lo que hacía mi madre cuando yo me hacía una herida.
Decía que así curaba mejor.
Sigue aplicándote esto,
por las mañanas y antes de acostarte.
En unos días estarás bien.
Quería darte las gracias por salvarme la vida.
Antes no llegué a hacerlo.
Bueno, tú hubieses hecho lo mismo por mí. ¿O no?
En cualquier caso, te lo agradezco.
(Puerta)
¿Buscas más problemas?
Creí que ya habías tenido suficientes por hoy.
No creo que tu anciano marido me pusiese en muchos aprietos.
Estás muy seguro de ti mismo. ¿A qué edad te casaron con él?
¿Por qué crees que me casaron con él?
Es vuestra costumbre, casar a ancianos con casi niñas.
Vuestros nombres se casan también con casi niñas,
y también vuestros reyes. No solo es una costumbre nuestra.
Es cierto que no es la peor de vuestras costumbres.
¿Qué sabes tú? No somos peores que vosotros.
Ni siquiera robamos naranjas. Y si alguien indefenso cae
a nuestro jardín, le salvamos la vida.
Ya sé que tú no eres así, pero... los tuyos asesinan
a mujeres y niños indefensos en tiempos de guerra.
Los cristianos hacen cosas horribles, quizás peores.
No sabes de qué hablas. ¿Tú sí?
Sí. Esto será algo que habrás oído
de nosotros y has decidido creer. Nadie me lo ha contado,
lo he visto con mis propios ojos.
Tus hermanos son así. Supongo que, al fin y al cabo,
no sois tan diferentes unos de otros.
¿Has venido a mostrarme tu desprecio?
No. Pero hay cosas que no podré perdonaros por mucho tiempo
que pase. Ya lo has dicho.
Ahora, ¿quieres algo más de mí?
Aún tiene manchas de sangre.
Parece que la sangre cristina nunca termina de borrarse del todo.
Y no estoy casada. El hombre que viste era mi padre.
Te equivocaste en eso como en tantas otras cosas.
Lo siento.
¿Reconocéis esto?
Es el símbolo de mi estirpe.
Solo yo puedo portarlo. ¿De dónde lo sacasteis?
De las manos de mi mujer.
Se la arrancó a sus asesinos.
Vos los matasteis, a ella y a mi hijo.
Somos soldados, en tiempos de guerra ambos nos comportamos igual.
No sois mejor que yo. ¡Eran mi mujer y mi hijo!
Algún día ajustaré cuentas con vos.
Os juro que no descansaré hasta vengar a mi familia.
Que así sea, cristiano.
Vámonos a casa.
¡Ah!
Señores, señores, silencio.
El magistrado va a proclamar su sentencia.
¡Ah!
¡No!
Me forzaron.
Los nobles nunca pagan sus faltas. Si son culpables, pagaran por ello.
Cuando se trata de mi familia prefiero no dejar nada al azar.
Es el hijo del conde de Miranda y sus amigos.
Son de los nuestros. Hay una joven forzada.
Solo tú puedes defender a los más débiles de la gente
como el hijo de Miranda.
¿Sabes que te puede pasar si te condenan?
Te despojarán de tu condición de caballero y no podrás heredar
ni título ni posesiones. -Quizá debería pensar menos
en satisfacer su sentido de la justicia.
¿Me pedís que condicione mi decisión?
Si mi hijo no queda en libertad, no será el único en pagar.
¿Buscabais al infante Fernando? Me preocuparía saber
que la persona encargada de protegerle le ha perdido.
Never let him know you have a weak point.
What would you think if I asked you, for example, for a kiss?
Or it will destroy you. Kill him.
-If you don't condemn those nobles ... -Are you going to force me again?
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