All language subtitles for 1965 - Nevada Joe Legendado

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Original subtitles

(Enrique Escobar "Nevada Joe")

(Pianola, cancán)

(VITOREAN)

(HOMBRE, EBRIO) ¡Eso lo bailo yo!

Oye, tú no te muevas, que ahora mismo vuelvo.

Niña, no te me escapes, que soy más viejo que tú.

No corras tanto, ¿eh?

(GRITAN)

(Pianola, música alegre)

(CHICA) Forastero, ¿por qué no me invitas?

Jim, ¿vas a pagar una vez o qué?

Una copa y una cama.

La copa, aquí. La cama, arriba.

(Pianola, música alegre)

Cobra. En la puerta del hotel está mi caballo, que se ocupen de él.

(Aplausos, vítores)

(SILBA)

(HOMBRE) Para que te metas con el viejo otra vez.

¡Eh, eh, cuidado!

¡Cuidado!

Hoy es sábado.

Toca gimnasia. Mire,

de la botella de la semana pasada.

Menos mal que también estaba aquí el doctor y me curó.

Doctor..., coleccionista de balas de plomo

cuidadosamente extraídas de todas esas anatomías.

(CAMARERO) Ya tiene una caja llena, así de grande.

También reparo los huesos estropeados de la gente

y fabrico un purgante riquísimo para los pequeños.

Una eminencia metida en este agujero

donde solo hay una cosa bonita.

Mírela.

(Música sensual)

Pero tan solo un momento.

¿Bebes conmigo, princesa? No, gracias.

Deja a todos esos desgraciados y ven a mi mesa, Mary.

Hoy he cobrado muy buenos dólares.

Anda, abuelo, no sea ridículo. Ridículo...

¡Fuera, abuelo!

(Pianola)

(Bullicio)

(APLAUDEN, GRITAN)

¡Guapa!

(EBRIO) ¡Eh, mi sombrero!

¡Dadme mi sombrero!

¡Quiero bailar con ella!

(HOMBRE) ¡A ver quién es el valiente!

(HOMBRE) ¡Aquí no hay nadie más envidioso que tú!

¡Toma "whisky"!

(Bullicio)

¡No empecemos otra vez!

(Bullicio)

(Disparos)

(RÍEN)

¡Basta, sois unos salvajes!

Ya os advertí que se habían terminado las broncas.

Conque andando, a pagar los vidrios rotos y a la cama.

Hombre, yo solo tomé una copa. -Pues llévate la botella, andando.

Eso está mejor.

(EBRIO) Hoy es sábado

y todavía no ha nacido el valiente que me saque de aquí.

Os está bien empleado.

Cargad con él.

Si fuerais buenos niños, obedeceríais a mamá como los otros.

Venga, muchachos. -¿Olvidaste el biberón, Kid?

Qué gracioso, pero más vale que no te metas en esto,

Coulbert.

Trabajar toda la semana

como bestias

para dejaros el sábado el dinero

es una estupidez. -¿Qué?

He dicho que es una estupidez. -Ya te oí.

(COULBERT) Ahí le tenéis,

Pete Davy, padre espiritual de Julia Brooks

y sus mineros.

¿Cuándo me dedicarás un sermón, Pete?

No quiero peleas, ¿entendido?

Claro, tiene prisa, si llega tarde a casa, seguro que su mujer

le pega.

Me fastidian los matones como tú.

(ESCUPE)

Vamos, andando.

Pero ya sabes que yo no te daré la oportunidad de sacar el revólver.

(MUJER, GRITA)

Todos vieron como me escupió a la cara.

Luego hubiera disparado

a traición, como siempre.

Pero esta vez he sido yo más listo. Demasiado listo.

¿Qué quiere insinuar?

Vaya, el mismísimo Nevada Joe.

¿Qué es lo que encuentra mal esta vez?

Una nueva víctima de Coulbert.

A este hombre, como todos han visto,

no se le dio la oportunidad de defenderse.

Tendrás motivos para arrepentirte

si no te marchas ahora mismo de aquí.

Pensaba irme mañana, pero ahora tengo algo que hacer.

Aquí no asustas a nadie, con que es mejor que te ocupes

de tus propios asuntos.

Uno de mis asuntos era saber si eras capaz de matar a traición.

Ya lo he visto.

¿Sabéis por qué se pone tan nervioso Coulbert?

Porque es un cobarde.

Esas manos, fuera.

Bien, yo hubiera hecho lo mismo.

Y no se habría divertido nada.

Era un asesino a sueldo.

Exactamente. Le conocía muy bien.

De todas maneras, me repugna todo esto.

Mozo, un "whisky".

(Pianola, música alegre)

Ya te puedes marchar, rica.

Pero a México.

Escocés auténtico.

Lo mejor para sellar un pacto.

Apuesto a que no has bebido algo semejante en mucho tiempo.

¿Siempre eres tan amable con tus clientes?

Me gusta elegir mis amistades. ¿Y por qué tengo este privilegio?

Hace tan solo unos días que llegué a este territorio

y aún no he descubierto ni un triste yacimiento.

¿Lo has buscado? No.

He ahí la respuesta.

No eres un estúpido minero. Desde luego.

Entonces ¿quién es Nevada Joe?

¿Entra el interrogatorio dentro de la invitación?

Curiosidad, interés... Está bien.

En el Registro Civil de un pueblo de Nevada,

aparece inscrito con el nombre de Joe Dexter

el nacimiento de un niño que pesaba 11 libras.

El niño creció.

Ahora pesa 85 kilos y se le conoce por Nevada Joe.

No quise mezclar el nombre de mi padre en mis aventuras.

¿Satisfecha?

Me gustan las historias de niños.

Nevada Joe, te ofrezco un puesto en mi nómina.

¿En calidad de qué?

Golden Hill es un poblado salvaje.

No tenemos ni juez ni "sheriff".

Los mineros viven según un código demasiado primitivo

y yo soy solo una mujer. Que sabe nadar en este océano.

Pero mis chicas son unas locas.

A veces se pasan de la raya

y resulta muy difícil contener a tanto borracho.

O sea que quieres contratarme como matón.

Qué cosas se te ocurren.

Serás mi encargado. Ya,

un tipo experto en arrojar a la calle a los patosos

y a los clientes sin dinero, ¿no es así?

Tendrás tu compensación.

Aparte de 500 mensuales,

te daré un porcentaje de los beneficios.

(TARAREA)

¿Qué me respondes, Joe?

No me gusta ser esclavo de ninguna mujer.

¿Por qué no lo piensas?

Está bien, lo intentaré.

¿Por qué no lo piensas aquí?

Mi habitación es la 20, cariño.

Por esa puerta, ¿verdad?

Se arruinó la velada, Mary Blue.

¿Sabes que es una pena que seas una mujer de negocios?

Buenas noches.

(BOSTEZA)

¡Joe!

(Cerrojo)

Buenas noches, doctor.

Ahora sí, esto ya es otra cosa.

(TARAREA)

Buenos días, señor. Toma, despídeme de Mary Blue.

No le gusta Golden Hill, ¿señor?

Demasiado tranquilo para mi temperamento.

¿Tranquilo?

Gracias.

Le advierto que... tiene visita, los hermanos Mulligan.

(Música de suspense)

Aquí los pistoleros nunca van solos.

Toma, mientras atiendo a los señores, prepárame el caballo.

Mala suerte, Nevada Joe, debías haberte largado

después de hacerlo.

¿Hacer qué?

Despachar a Coulbert. ¿Erais amigos?

Lo vimos una vez, ¿verdad, Tuk? Y venís a vengarlo.

Solo a ganar 200 que alguien nos paga

por liquidarte.

¿Quién os manda? Secreto.

Escuchadme, muchachos, llevo 500 en el bolsillo,

son vuestros si... Gracias por la información.

De todas formas, los habríamos encontrado en tu cadáver.

(HOMBRE) Claro que,

si tienes más y dices dónde,

podría servirte

para pagar la muerte del que nos contrató.

¿No te parece?

(MULLIGAN) Desde luego, aunque ya no podrá verlo,

puede estar seguro de que cumpliremos nuestro deber.

(HOMBRE) Es algo que dice

lo honrados que somos.

Sois muy amables,

pero estas cosas las resuelvo yo personalmente

¡y con mayor rapidez!

Ah...

(Disparos)

Muy bien, pero no me explico cómo pude fallar.

Siempre he sido infalible.

Pero acertó en pleno corazón de Mary Blue.

De ahora en adelante, ya lo sé,

te encontraré siempre donde haya bronca.

Por eso me marcho.

Te dejaría la casa tan agujereada que un día se nos caería encima.

Esto lo discutiremos en el comedor. Si te dejara marchar así,

te encontrarían muerto de hambre por el camino.

Y yo tengo fama de alimentar bien a mis clientes.

Tío, ¿por qué no atiendes a esos hombres?

Quizá alguno esté vivo todavía.

¿Vivo? Una bala en la cabeza y otra en la garganta.

Menudo pájaro el Joe ese.

Contéstame aunque sea por señas. Te quedas, ¿verdad?

Qué cabezota eres.

Pero si esto es lo que a ti te gusta.

Con una ventaja,

que ahora, además de pelearte, cobrarás un sueldo.

Escúchame bien, Nevada Joe.

No sé qué te haría.

¿Qué buscas?

¿Piensas recorrer todo el Oeste

hasta encontrar una princesa encantada?

Esa es la cuestión.

Llevo años buscando un sitio donde echar raíces

y no lo encuentro. Yo te brindo esa oportunidad.

Hay una mujer..., ¿no es así?

Ni lo pienses.

Lo que ocurre es que me aburro en todas partes.

Fui oficial durante la guerra con los del Sur.

Luego, incapaz de aprender algo útil,

me convertí en aventurero. Hoy, con mucha historia a sus espaldas.

No sirvo para nada

porque no sé de nada.

¿Está claro?

No, eres fuerte y el más rápido.

Yo necesito un nombre

que sepa defenderme.

Estoy cansado de pelear, Blue.

Ahora, quiero enfrentarme con la vida

sin que haya un revólver de por medio.

Soy una estúpida que vive de ilusiones.

Debí comprender enseguida que no soy tu princesa encantada.

No es eso, Blue.

No te esfuerces.

Hasta la vista, Nevada Joe.

Adiós, doctor.

Avíseme para la boda. ¿Qué boda?

¡Ah, gracias!

Oye, dame uno. -¡Quieto!

O te verás como esos, con florecitas en la tumba.

Taylor, abre los ojos.

¿El señor Greer?

Estará en el hotel.

Vete a saber.

O ha venido al entierro de alguno de esos.

O a bailar el cancán. -¿Cancán por la mañana?

Palmer, ven aquí. -Mande, señor Greer.

Os he de confiar un trabajo. -Lo que usted ordene.

¡Nevada Joe!

Baja de ese caballo.

(HOMBRE) ¡Quieto!

¡Esas manos!

Tira ese cacharro.

¿Amigos de Coulbert? No.

¿Entonces? Dame eso.

Sube y en marcha.

No admito órdenes de nadie.

¿Crees que estás en situación de discutir?

Tendremos que llevarte atado si no nos acompañas de buena gana.

¿Quién os manda?

Lo sabrás muy pronto.

Vamos.

¿Palabra que no intentarás huir?

¿Palabra por qué?

Estoy en mi derecho, ¿no?

Je.

Pues andando.

Vamos, aprisa.

¿Dónde tiene

su revólver?

Sus esbirros me despojaron de él.

El ingeniero nos ordenó traerlo aunque tuviéramos que cazarlo,

y cualquiera se descuida con este pájaro.

No eran esas mis órdenes.

Además, dije que no se le humillara.

¿Dónde está el señor Greer?

Se quedó en el pueblo.

En los funerales de dos pistoleros de John Randolph

que liquidó el amigo. Taylor, devuélvele su revólver.

Hasta la vista, amigos.

¡Bah!

Me llamo Brooks, Julia Brooks.

Usted debe saber quién soy puesto que me ha hecho venir.

¿Café?

Prefiero saber el motivo de este paseo.

Usted es bastante bonita, pero no es necesario forzar

a las visitas para escuchar este cumplido.

Siéntese, ¿quiere?

No.

Es tal

y como me lo había imaginado.

¿Me quiere mirar los dientes también?

Usted mató ayer

al asesino del que fue jefe de mis vigilantes.

¿Me ha hecho venir para agradecerme el servicio?

No, un hombre de su habilidad con las armas a mí me puede interesar.

No busco trabajo.

No le ofrezco un trabajo vulgar, sino un empleo de confianza.

Mucho gusto en conocerla, señorita Brooks.

No me interesan ni usted ni sus proposiciones.

No se vaya,

espérese.

Yo no he terminado todavía. No, ¿eh?

Conocí una chica que tenía ese mismo tono de voz

y acabé largándome para no verla.

¿Es imposible tratar amigablemente con usted?

Sí, soy un hombre muy cariñoso.

En mi casa siempre lo decían. ¡Suélteme!

Si no se respetan mis derechos, soy como tú, un gato rabioso.

Tus hombres me trajeron a la fuerza y eso no me gustó.

Buenos días, señorita Brooks.

(HOMBRE) ¿A quién se le ocurre?

Estar con una chica

y solo te dedicas a comer como un buey.

Hizo bien en largarse.

(HOMBRE) ¿Y de tu novia qué me dices?

(HOMBRE) Calla, pesado. -Tú venga a pagarle copas

y ella, venga a timarte con aquel tipejo.

Si me lo hace a mí... -Calla, pelado.

No tienes más que barriga, déjame tranquilo.

(SILBA)

Quieto, no te muevas.

Nunca me ha gustado que me hagan esto.

Qué listo.

¿El tuyo es de juguete?

(RÍE)

Muévete.

Vamos.

(RÍE)

¡Palmer!

Tú tranquilo, nene. Te mataré.

¡Palmer!

(PALMER) ¿Qué pasa?

Quítame esto de encima, no puedo moverme.

Ten cuidado, está por ahí.

¿Qué es lo que está por ahí?

Levanta las manos o te aso a tiros.

No seas idiota, te está tomando el pelo.

Ni que fuera tonto.

Tengo un revólver en mis costillas. -Y un cuerno.

¡Maldito!

Ahora verás.

Hasta otro día.

¡So, caballo!

¡Quieto, caballo, quieto!

Herrero...

Oye, mira quién está ahí.

(HERRERO) ¿Cómo le ha ido el viaje? -Podríamos vengar a Cutler.

¿Ha visto? Sí.

Dentro de un rato, vendré. De acuerdo.

(HOMBRE) No tan deprisa, amigo.

Tenemos que ajustar

una cuenta.

Adiós, señora Foxter, hasta luego. -Adiós, adiós.

Uh...

Valiente ventajista.

Le mató por la espalda.

Visteis lo que pasó en el salón. ¿O habéis perdido la memoria?

Esa actitud puede resultaros algo incómoda.

¿Incómoda?

Tú, atrás.

Y tú. ¡Quietos todos!

Imbécil, te gusta demasiado jugar con el revólver.

Claro que usted se está pasando de la raya, amigo.

Siga como empezó, ¿quiere?

Ordene a sus hombres que no se metan más conmigo.

¿Por qué no se marcha de Golden Hill ahora que puede?

Por el momento, no me apetece viajar.

Me fatiga,

¿comprende? En ese caso, le advierto que aquí

puede encontrar mucho reposo, un reposo absoluto.

¿Cuáles son sus flores preferidas, Nevada Joe?

¿Es usted quien manda aquí, señor fanfarrón?

La compañía de transportes me pertenece,

mi nombre es John Randolph.

¿Cree ahora que puedo mandar? Ya, y por eso mandó que Coulbert

matara a Pete Davy.

Eso es una calumnia.

Además, ¿quién se ha creído que es para interrogarme?

¿Acaso se ha nombrado usted mismo juez de Golden Hill?

No interrogaba, acusaba,

y también le acuso de ordenar que me liquiden.

Es ridículo acusar sin pruebas.

Las tendré. No se preocupe.

Me ha gustado mucho conocerle, señor Randolph,

y piense que nos volveremos a ver.

¡Eh! ¿Te has vuelto loco, Joe?

¿Cómo se te ocurre provocar a John Randolph?

¿Es que quieres que te maten?

Yo no provoco, ¿por qué me van a matar?

¡Eh, Joe!

¡Oh!

Ya lo has visto.

El único hombre pacífico que hay aquí soy yo.

Que está peligrosamente abrazado a una mujer.

¿Lo ves, cabezota? Te traigo buena suerte.

¿Suerte? Aunque tú no quieras.

Nunca lo dudé. Pero te fuiste.

Para volver.

Desconozco el motivo. Por mí, seguro que no.

¿Me equivoco?

Tuve dificultades. ¿Más?

Solamente esta mañana, dos tropiezos.

Los pistoleros y John Randolph.

Se te olvidan otros dos.

¿Cuáles?

Tú, un dulce tropiezo.

Gracias.

¿Y el otro?

¿Dónde está? ¿Cuál es el otro? (RÍE)

Dime, Mary, ¿quién es Julia Brooks?

¡Ah, vamos!

¿Te interesa?

Tiene demasiado carácter.

Sí, pero mucho dinero y un apellido respetable.

También tendrá enemigos, ¿no? Muchos.

Su padre fue el primer buscador de oro de este territorio.

Abusó de su poderío

y ahora ella, con su incomprensible y estúpido orgullo,

acaba de estropearlo.

¿Quiénes son sus enemigos?

Entra, ¿quieres? No debes fiarte.

Te has peleado con la peor gente de Golden Hill.

No has contestado a mi pregunta.

¿Quiénes son los enemigos de Julia Brooks?

Todos, unos por envidia y otros por haber sufrido una humillación.

¿Ese Randolph también ha sido víctima de todo eso?

Quizá. ¿Hasta qué punto?

Él tiene una concesión del Gobierno

para explotar el tráfico de viajeros y mercancías.

Transporta todo el oro de este territorio,

menos el de las Minas Brooks. Por lo visto,

no acepta los elevados precios que le exige John Randolph.

Eso me parece muy bien.

No quiere que la explote nadie.

¿Te gusta? ¿Qué dices?

Tú eres el que tienes que decir, ¿te gusta Julia Brooks?

Para discutir, sí.

¿Qué hay, Sammy?

Ya lo ve, aquí estoy, estudiando para bruja.

(HOMBRES, GRITAN FUERA)

¡Los bandidos asaltaron nuestro cargamento!

¡Nos han robado todo y han matado a cuatro hombres!

¡Ya no tiene arreglo la carreta!

La señorita Brooks va delante. -¿Qué son esas voces?

(MUJER) ¡Mira, es Julia!

¡La traen herida!

¡Julia!...

Prepare sus cosas, doctor,

tiene que quitarle el plomo a la señorita.

(Música de suspense)

(DOCTOR) Fuera. Esto no es ningún espectáculo.

¿No ha oído al doctor?

Salga inmediatamente.

Espere fuera, por favor.

¿Es grave?

¿Grave?

¡Oh!

(Golpe metálico)

(Puerta abriéndose, pasos)

¿Qué ha venido a hacer?

Quizá a felicitarle. Ya tiene una bala más para su colección.

Quite.

Usted antes me era simpático, pero, después de lo ocurrido...

Si usted hubiera estado de parte de la señorita Brooks,

habríamos evitado todo esto.

¿O es que pagan mejor los otros y estaba entre los forajidos?

Matasanos, le aplastaba las narices.

Suelte. Quiero hablar con ella.

Sí, hombre, usted manda y a obedecer todos.

No faltaría más.

Baja la cabeza. -Me duele mucho, doctor.

No le haga mucho caso a mi tío.

Julia es para él como una hija, la quiere demasiado.

Pase. -Muy bien, niña.

Tú también, cómplice y ayudando a un sinvergüenza.

¡Tío!

Aquí le tiene.

Anímese, hombre.

Julia no se va a morir. Le satisface verme así, ¿verdad?

Las mujeres están hechas para quedarse en casa

cuidando a los niños, no para luchar.

Si esto es todo lo que tiene que decirme, ya puede marcharse.

Lamento lo ocurrido.

¿Quién dirigía el asalto? ¿Conoció a alguno de los bandidos?

No.

¿Por qué no pidió la protección del "sheriff" del Condado?

Ya lo hice, varias veces,

pero alega que no puede acudir a todas partes

y menos cuando se trata de una presunta fechoría.

Ahí está tu coche, Julia, pero sigo pensando que sería mejor

que te quedaras aquí con nosotros.

Gracias.

Tengo que irme sin falta.

Oh...

Avisa a Taylor, que venga a ayudarnos.

¿Por qué? Si está aquí Nevada Joe. Haga un esfuerzo, hombre.

A estos los casos yo, tío. -Pero ¿qué dices, loca?

Ese solo sirve para pegar tiros, hombre.

Gracias.

Me gustaría continuar la conversación

que interrumpimos ayer, señorita Brooks.

¿Para qué perder más el tiempo?

Perfectamente.

Palmer. Sí.

Sube.

Taylor llevará los caballos.

De acuerdo, señorita.

Suéltame. ¡Bah!

Gracias, no hay de qué.

Os dieron una educación a la medida.

Vámonos ya.

(Música alegre, pianola)

(GRITAN, SILBAN)

(Bullicio)

(Silbidos)

Son 57 dólares, Jim.

Y tu cuenta, según mis notas, asciende a 80.

¿Qué hay del resto?

Te lo pagaré, Blue, la semana próxima.

Hace seis semanas que vienes diciendo esa misma mentira.

Y yo, sencillamente, reclamo mi dinero.

Lo tendrás, maldita usurera. Eso espero.

Y también te guardas tus groserías para mejor ocasión.

Toma, te presto diez para que puedas beber esta noche.

Condenadas mujeres.

Si no te gustasen tanto, es posible que tuvieras más dinero.

Al diablo. Y tú.

Déjame.

Hola.

Eres una experta tasadora.

Tengo alguna práctica.

Y numerosos clientes. ¿Por qué no acuden al banco?

Prefieren venir a mi casa.

Así pueden contemplar esos ojos tan verdes.

Porque yo no hago preguntas. Claro.

Casi todos son de la mina Brooks, ¿verdad?

Eres demasiado curioso.

¿Y eso qué te puede importar a ti?

Acabas de decir que no hacías preguntas.

(Bullicio)

Un momento, amigo. ¿Qué quiere?

Echa dos. Acepte un trago y contésteme a una pregunta.

Aceptado el trago. Suelte ya esa pregunta.

Primero, bebamos.

¿Ese oro que vendió a Blue

es parte del jornal que le pagan en la mina?

¿Es usted acaso el nuevo "sheriff" de este pueblo?

Imaginaba que la señorita Brooks pagaba con dólares.

¿Quiere una respuesta?

Pues bien..., ¡muérase!

Se ha tomado la cerveza, pero no ha contestado a mi pregunta.

No corras, valiente, toma.

(Música alegre, pianola)

Jim... -Espera un momento, preciosa.

Voy a sacudirme esa mosca. ¡Eh!

Conque una mosca, ¿eh?

¡Bah!

¡Ahora vengo! -Voy, Margaret.

¡Venga, minero!

(Música de suspense)

(MUJER) ¡Venga, dale!

¡Venga! ¡Venga!

(HOMBRE) ¡Fuera!

Te hice una pregunta.

Está bien, me pagan con dólares.

(HOMBRE) Ya se acabó el espectáculo.

(Pianola, bullicio)

(Aplausos)

(VITOREAN)

Eres incorregible.

Pero me darás una copa, ¿no?

Un "whisky", Sammy, el mío.

(HOMBRE) Aquí lo tienes, Sammy.

No te molestes.

Es para echármelo por encima.

Creo que me he abierto la cabeza. Pobrecito.

Eso te pasa por presumido.

Chicos, que el bar está abierto. Oye, una cerveza para mí.

Ya estoy perdiendo la esperanza

de que exista un hombre capaz de pegarte dos tiros.

(SAMMY) ¿Y tú qué quieres? ¿Un "whisky" de malta?

Venga, un "whisky" para Johnny.

(HOMBRE) Venga.

Dale eso.

Dáselo tú. -Toma.

¿Qué, no tomáis una copa? -Déjalo, no tengo ganas.

Anoche os portasteis como personas bien educadas.

Luego os invitaré a una copa.

Veo que se encuentra mejor... y lo celebro.

Gracias.

¿Está dispuesto a entrar a mi servicio?

Primero, hablemos.

¿Por qué trata de parecer tan inhumana?

Para evitar que la gente se sienta obligada a galantearme.

¿Y es una galantería preguntarle

cuántos hombres tiene a sus órdenes?

Sin contar con usted, 157.

Siga sin contar conmigo y dígame por qué mantiene

a tantos ladrones. ¿Cómo?

Calculo que le roban a la semana unos 1000 dólares.

Eso no es posible. He visto cómo sus mineros

cambian el oro robado en el salón de Mary Blue.

No puede ser verdad.

La mayor parte comenzaron a trabajar en tiempos de mi padre

y ya dieron muestras de honradez y de gran lealtad.

En muchas ocasiones, se ofrecieron para escoltar los envíos de oro.

Y más de uno cayó en el desierto para no levantarse.

Eso ocurrió en tiempos de su padre,

pero ahora no puede usted responder de la honradez

de 157 hombres.

Sobre todo de los que han entrado últimamente.

Forman un grupo aparte.

Es muy extraño,

pero, desde entonces,

en la mina hay cierta intranquilidad

y son frecuentes las peleas.

Y, seguramente, ha descendido la producción.

Y seguramente tiene otra mala noticia que comunicarme.

¿No es así, señor Nevada Joe o Joe Dexter

o como diablos se llame?

Sí, que si intervengo en esto,

ha terminado usted de hacer tonterías.

Daré yo las órdenes.

Escúcheme bien, ¿quiere?

En mi casa, las órdenes las doy yo, solamente yo.

De acuerdo. Si es aquí, en esta casa,

estoy conforme, pero en las minas mandaré yo.

Mary, pero ¿cómo estás aquí a estas horas?

Sammy, ese letrero, al fuego.

No quiero verlo más. ¿Al fuego?

Es bonito, ¿verdad? ¡He dicho al fuego!

Sí, sí.

Eres incansable. Dime, ¿cuándo duermes?

Cuando no tengo nada que hacer.

Mi socio se empeñó en que cambiara el color del salón.

No le gusta, lo encuentra poco vistoso.

Y es que él tiene un carácter muy alegre.

Ah, y ha descubierto que el piano estaba desafinadísimo.

Robert...

acaba de llegar de Dallas.

Un cliente del hotel.

¿Quieres atenderlo?

Llevo un rato escuchándolo.

Pues ya lo he dicho todo.

Supongo que no habrás venido solo a esto.

Ah, se me había olvidado.

Desde hoy, puedes disponer de mi habitación.

Sammy, baja los trastos del 20. Que los baje, muy bien.

Trastos arriba, trastos abajo. Trastos arriba, trastos abajo.

¿Este era el valiente de Golden Hill?

¿Era?

Por si acaso, no te pongas delante de él.

Escuchad, muchachos, a partir de hoy,

estaréis a las órdenes del nuevo encargado de los servicios

de seguridad de la mina,

concretamente esta persona ocupará el puesto que tenía Pete Davy.

Es inútil deciros que me refiero a Nevada Joe.

Creo que ya me conocéis todos.

Es posible que tenga el genio algo violento,

pero doy siempre la cara.

Y conozco el valor de un hombre.

Confío en que de verdad estaréis decididos a obedecerme.

Haré que os paguen el doble, pero pensad que cobráis

para defender los derechos de la señorita Brooks

como sea. (SUSURRA) Qué carota.

¿Qué? ¿Alguna dificultad?

Venga, decidlo.

Señorita Brooks... Sí.

No cuente con nosotros ni cobrando diez veces más.

¿Por qué?

No queremos ser mandados por tipos como este.

Bien, les pagaré y que se larguen. No, señor.

La seguridad de las minas es un asunto que me atañe a mí

y no permitiré que nadie, ni usted mismo, opine sobre el particular.

Estos hombres le han demostrado su lealtad y obediencia.

No es justo que les deje marchar como si fueran unos inútiles.

Tuvimos un tropiezo que lo empezasteis vosotros.

¿Por qué no nos damos la mano?

Yo acepto, qué caramba. -Y yo.

Nunca me he quedado atrás. Eso está bien.

Así me gusta, me habéis dado una gran alegría.

(Campanadas)

(Conversaciones indistintas)

No puedo aprobar la idea de registrarles por la fuerza.

Usted no conoce a los mineros.

Son capaces de destrozarlo todo.

En época de su padre, señorita Brooks,

cuando yo empecé en esa mesa..., -Buenos días.

...nunca llegué tarde. -Perdón.

Y una vez vi como destruían las instalaciones.

Raíles, vagonetas, tolvas.

Hasta el barracón saltó hecho pedazos.

¿Qué? -Pretende registrarnos a la salida.

¿Y cómo lo sabe? -Ha venido a ponerse medallas.

Y a quedarse con la chica.

Y con la mina, que es más importante.

¿Qué hay, mexicano? -He procurado sacar el barracón.

Hace dos horas que están reunidos. -Tramando la jugada.

Y esta tarde saldremos todos del agujero con los brazos en alto.

Si me registran, me harán cosquillas.

Hoy no sacaremos nada. -Claro.

Y mañana y pasado, y así durante meses.

¿Es que vamos a consentir que ese presumido nos estropee el negocio?

A ti ya te estropeó la cara.

Menuda paliza. -Vamos, saca eso.

Toma.

Bueno, ¿y la pasta qué? -Calla, te vamos a cubrir de oro.

Demostrándoles que serán registrados

todos los días al salir de la mina, evitaremos el robo.

Exactamente por eso, acusándoles a todos de ladrones,

la misma gente descubrirá a los verdaderos culpables.

Ya sabe usted que los mineros están atemorizados.

Alguien les obliga a robar.

Tenemos que saberlo. -Muy bien.

Señorita Brooks, declino toda responsabilidad.

Considero una farsa ridícula lo que pretende,

dominar 150 mineros con siete hombres y siete rifles.

Y la dinamita que haga falta. Rick, que te den una caja.

Le prohíbo que use esos procedimientos bestiales.

Señorita Brooks,

diga la última palabra. Ya la dije hace varios días,

cuando nombré a Joe responsable.

Tengo la confianza puesta en él

y estoy convencida de que todo esto lo resolverá

mucho mejor que usted mismo.

Muy bien.

Pues adelante con la dinamita.

Tome, el volante para la caja.

(RÍE)

Quita, chico, si tengo la llave del polvorín.

(RÍE)

¡Hombre, Rick, ya podrías...! -¡Toma, echad un trago!

Eso está bien.

(Música de suspense)

Quieto. -Esas manos.

Podrías manchártelas de sangre. -Levántalas.

(ESCUPE)

Cerdos...

Siempre me han reventado los vigilantes, mi amigo.

¡Uh!

(MEXICANO) Venga, gandul.

Si crees que voy a sacar yo solo todo eso...,

vas listo. -Vete al cuerno.

(MEXICANO) Si fuera por mí, lo habría volado todo.

(Música de acción)

¡Acabad con él!

Quieto, quieto, que ahora me toca a mí.

¿Eh?

¡Deja el paso libre!

Me había prometido que no robaríais ni un gramo más de oro.

Pero robar dinamita es mucho más peligroso.

O me dejas pasar o volamos los dos.

¿Qué hablas de volar, pajarraco? ¡Quieto!

¿No ves que antes

volaría tu cabeza?

Ya lo ha visto, señor Greer,

a ciertos hombres no se les puede poner cortapisas.

Hay que dejarles actuar tal como son.

Perdone, señorita Brooks, 30 años de lealtad,

primero con su señor padre y luego con usted,

me autorizan a preguntarle.

¿Sabe usted quién es en realidad Nevada Joe?

No sé lo que quiere decir, señor Greer.

Bien, ¿puedo hablar claro?

Naturalmente.

Es que temo herir sus sentimientos.

Dígame lo que sea, pero dígalo de una vez.

Nevada Joe es un pistolero sin escrúpulos.

Se refugió aquí perseguido por la justicia

y vive en el hotel de Golden Hill.

No creo que sea un malvado.

Es forastero y que viva en un hotel no tiene nada de particular.

Pero si resulta que el hotel es de Mary Blue,

la dueña del salón, y ella también vive allí...

Eso no es cierto. ¿Cómo lo sabe?

No, no lo sé..., ni me importa.

Sirve el café el señor Greer.

(Bullicio)

Nosotros no somos ladrones, no estamos de vuestra parte.

Cuando llegue la dinamita,

ya veremos quién está conmigo y quién está enfrente.

Por vuestra culpa nos van a registrar.

Todos los vigilantes terminarán atados aquí.

¿Y vas a ser tú quien ate a Palmer, a Taylor

y a Joe?

Sí, voy a ser yo.

Y quien le escupa en la cara. -Maldito...

(Música de suspense)

¿A qué esperas

para escupirme?

(Disparos)

No está mal, ¿eh, Joe? A puro por barba.

(RÍEN)

Bueno, hasta luego, jefe.

En el salón tenéis pagada la botella.

Y a ver si te decides por la rubia.

Ya quisiera, ya. Esa va de tu cuenta.

Hala, rubiales.

Cúrselo enseguida.

Desde luego.

Es el colmo.

Pase, señor. Gracias.

Una hora de retraso.

Es que prefería no encontrarle. ¿Nunca le han dicho que fastidia?

Señorita Brooks, si no le soy indispensable...

Siéntese, se lo ruego.

Señor Dexter, quiero enviar a la capital una gran cantidad de oro.

Es precisa una expedición que tiene que llegar sin falta

a su destino.

Y naturalmente ha desechado los servicios

de la West Frisco Mail, ¿no? Naturalmente, ¿no lo sabe usted?

¿No ha pensado nunca que las diligencias de John Randolph

jamás fueron atacadas?

¿Por qué me pregunta eso a mí? Se lo preguntaba

a la señorita Brooks, aunque le mirara a usted.

Sí, lo he pensado muchas veces.

Bueno, de esto no hay ninguna evidencia.

No se puede juzgar a una persona tan a la ligera.

Quizá sea porque esas diligencias vayan mejor protegidas.

Randolph sabe cómo imponer el respeto a los forajidos.

Sobre todo si los tiene a sueldo.

Esa acusación envuelve una amenaza

que yo no me atrevería a afirmar. En cambio, sí puedo

asegurarle formalmente que resulta demasiado explosiva esa mezcla

de su temperamento

con el carácter de Nevada Joe.

Puede que tenga usted razón.

Quizá haya ido demasiado lejos. Claro.

Y no se ha dado cuenta de que pretende el mayor provecho...

O es usted un loco o un miserable. ¡Suéltele! Suéltele he dicho.

Algún día, responderé a sus palabras, señor Greer.

Siento lo ocurrido, Joe.

Pero es que ya no sé en quién puedo confiar.

Ah, ¿todavía no lo sabe?

Entonces ¿cómo hay que demostrar la lealtad en este país?

¿Por qué me odia?

No la odio. Sencillamente me pregunto

si vale la pena hacer lo que estoy haciendo.

No es ningún esclavo.

Puede marcharse cuando quiera. Ahora mismo incluso.

Escúchenme bien, Julia,

¿cree que los hombres pueden comprarse con dólares

o que todos hemos nacido para servirla? Está en un error.

Olvida usted que existe algo que está por encima de su dinero,

la gratitud.

Me he jugado la vida para ayudarla y solo he recibido desprecio.

¿Se cree usted demasiado elevada

para dirigirme siquiera un gesto de agradecimiento?

¿Pretendía acaso el señor Dexter

que yo cayera en sus brazos como cualquier chica de salón?

A veces he tropezado con algunas mucho mejor educadas que usted.

Márchese para siempre, abandone ahora mismo mi casa.

¡Está despedido!

¡Fuera!

Espere a que me juegue el pellejo trasladando su oro.

Despídame luego, es lo más práctico.

No quiero verle más. ¿Me oye?

He dicho que está despedido y lo está, fuera.

A tu trabajo. (HOMBRE) ¿Quiere algo?

Ya he dicho que no.

Esto sí que es un maldito contratiempo.

¿Qué es lo que le ocurre a esta muchacha, está loca?

Ahora que confiábamos en que usted resolvería sus problemas...

Resulta que vuelve al pueblo Nevada Joe,

que es tu rival más peligroso con Mary Blue.

¿Vas a callarte de una vez, mocosa? -Tío...

Doctor.

(Galope de caballos)

Mi rival...

¿John Randolph

a estas horas? El mismo.

En el despacho de Julia dije todo lo que opinaba de él.

Firmé mi sentencia.

La cosa está clara. Greer es su cómplice.

Eh, ¿adónde vais?

Explícaselo tú, que eres más expresivo, anda.

¿No conoces a los señores? -A estas horas, ¡a nadie!

Ahora es cuando no conoce a nadie.

Jamás me he fiado de ese ingeniero.

Quédese aquí, nadie le descubrirá. Gracias, amigo, tengo que hacer.

Hay valientes bien educados que dicen buenas noches.

A dormir, eres una impertinente. -¡Tío!

Gordo, tú, al piano, me gusta comer con música.

(Pianola, música divertida)

(Bofetada)

Contesta, ¿dónde está?

Sé que ha vuelto, contesta.

¿No me has oído?

No te canses. Ya no vive en este hotel.

(Pianola, música divertida)

Tengo que encontrarle cueste lo que cueste.

Tú sabes dónde está.

(RÍE)

Se me ocurre algo más convincente, señorita Mary Blue.

El dinero no me tienta,

diariamente obtengo cuanto es preciso.

Como todas las de tu clase, anhelas retirarte alguna vez

y vivir como una señora.

Señor Randolph, es usted mucho más miserable de lo que cree la gente.

Maldita lengua. Un día... ¿Qué?

Si me dejaran a mí... Ve con cuidado, Blue.

Esta ciudad resulta muy incómoda para quien se enfrenta conmigo.

Yo no me meto con nadie ni lo necesito.

Vino usted en mi busca. Sí,

tenía deseos de conocer tu casa

y ya ves, se me ha ocurrido la idea

de hacerte ganar dinero.

No quiero ser cómplice de un crimen.

Si llamas crimen a aplastar a un maldito embustero,

sí, serás cómplice.

¿Y si no acepto?

Vives muy bien, Blue, con lujo, tienes una casa preciosa.

Sería una lástima que una partida de borrachos

convirtiera todo esto en cenizas.

¿Dónde irías a vivir, Mary Blue, a aquel tugurio de Dallas?

En cambio, seré generoso.

Aumento la tarifa a 10 000 si esta noche cazamos a tu amigo,

pero ha de ser esta noche. Joe no es mi amigo.

Con mayor motivo puedes entregarlo.

Olvídate ya de él, preciosa,

y búscate un hombre de verdad, alguien así como Vinci.

Por cierto, te va a hacer compañía.

Sí, se va a quedar aquí contigo hasta que aparezca ese pistolero.

Te divertirás porque es un nombre de mundo.

Todo un caballero, ¿sabes? Tú, cuídala.

Te la regalaré cuando me traigas el cadáver

de Nevada Joe.

¡Quieto, Nevada!

Vinci se va a alegrar de veras. ¡Suélteme, no me toque!

¡Hombre, mira! ¡Joe!

Ni llovido del cielo. Esta herida te ha de resultar muy cara.

¿Por qué tenías que venir ahora?

Si no vengo, te enfadas, y si vengo...

Has caído en una trampa.

Está bien, mujer, no vale la pena. Ven aquí.

(GRITA)

(Pianola, música divertida)

Tú, dale con una botella en la cabeza.

¿De este, del bueno?

Imbécil, que se la rompas en la cabeza.

Sí, señor.

¡Joe...,

cómo te han puesto!

Pues tú no te mires al espejo.

Será mejor.

¡Joe!...

No permitiré que te marches otra vez.

No pienso separarme de ti por nada del mundo.

(DOCTOR) Da gracias a que tienes un pellejo bastante duro.

Doctor, necesito salir de aquí. No seas chiquillo.

No puedes moverte.

No puedo moverme y tengo que salir de aquí.

(SUSURRA) Cuatro, cinco...

Unas gotas de hipnótico y mañana, tan fresco.

Vamos, tú, vuélvete.

Demasiado cuento.

Joe, ¡Joe! Tienes que tomarte esto.

Oh...

¿Es que no vamos a terminar nunca con esa gentuza?

Yo qué sé.

Hace un mes, tenía que haber llegado un "sheriff".

Solo ha venido Joe Dexter.

Y mira cómo le han puesto.

Yo me pregunto por qué los bribones tienen tanta suerte.

Menos mal que ha caído en tus manos.

¿Cómo está ese tipo, doctor?

¿Que cómo está?

Ese os aseguro que no morirá en la cama.

(RÍEN)

¿Julia os mandó aquí de guardia?

No, ella no sabe nada.

Estamos aquí porque somos amigos suyos.

Ah...

Oh, gracias.

Un acontecimiento, algo inaudito. -¿Qué le pasa a este?

Abajo, en el vestíbulo del hotel,

nada menos que Julia Brooks. -¿Julia?

Hoy has bebido tú. -No, doctor.

Está abajo y quiere verle.

Que suba.

Se matan.

(RÍEN)

(Canto del gallo)

(Agua corriendo)

Joe, ¿qué estás haciendo?

Me encuentro muy bien y voy a dar una vuelta.

Necesito tomar el aire.

Pero ¿qué dices? ¿Dar una vuelta a estas horas?

¿Sabes que está amaneciendo? ¿Amaneciendo?

Entonces... Has vuelto a dormir diez horas.

Tres días. ¡Llevo aquí tres días!

Sí, tres días.

Y no creas, aún no estás repuesto del todo.

No, no es posible, no puedo continuar aquí.

Hiciste ya demasiado por mí.

En cambio ella ha hecho muy poco.

Le hice saber lo que te había ocurrido

y ni siquiera se ha molestado en preguntar cómo estabas.

Ya no trabajo en las minas. Discutimos.

Me despidió.

Adiós.

No seas loco, Joe.

Ya no puedes evitar que el oro caiga en la trampa de Randolph.

Déjame pasar, Blue, debo irme. Quieres exponerte inútilmente

por una mujer que no se merece nada.

Déjame marchar.

Sí, claro.

Como quieras.

Mary...,

no me guardes rencor.

Rencor...

Aunque quisiera.

Tú lo sabes.

Hice una comedia inútil con tal de retenerte.

Y ahora me pesa muchísimo el haberte mentido.

Sé que sabrás perdonarme.

Julia estuvo aquí ayer por la noche.

Eres un ángel.

Gracias, Mary.

No te olvidaré nunca.

Hola. Hola.

La mejor medicina.

¿Cuándo empezamos?

Ahora mismo.

¿No te lo dije?

(HOMBRE) Buenos días.

Taylor, quedaos por aquí. Seguro.

Eh, ¿dónde vas, loco? -¡Hombre!

(HOMBRE) Buenos días. (HOMBRE) Buenos días.

¿Usted? Tengo entendido que fue despedido por la dueña de la mina.

Así es.

En ese caso...

Vengo a felicitarle, señor Greer. No entiendo.

Ya lo entenderá, porque estoy refiriéndome a sus enjuagues

con John Randolph.

Tengo mucho que hacer.

Me lo confesaron Vinci y el otro antes de morir.

A Randolph y a usted les estorbo.

Yo estoy dispuesto a largarme enseguida,

pero alguien tiene que pagar el viaje.

Mi silencio vale 10 000 dólares.

Pero ¿es que está borracho?

¿Borracho?

Lo que estoy es seguro

de que a la señorita Brooks la interesaría mucho conocer

la clase de pájaro que tiene por ingeniero.

Ah, no se preocupe, a ella no se lo diré nunca.

Sé que me odia.

Sin saber que la quise desde el primer día.

Y que me hubiera dejado matar por una sonrisa suya.

¿Y qué es lo que hizo?

Humillarme a cada momento.

Ahora ya no me importa nada, ¿sabe?

Y me alegro de todo lo que le ocurre, se lo merece.

Bueno, estoy hablando demasiado.

Si me da esos 10 000, saldré ahora mismo.

Siéntese, hombre.

¿Un cigarro? No, gracias.

¿Habló con alguien más de este asunto?

No.

¿Y de verdad quiere marcharse de Golden Hill?

Ojalá no hubiera venido nunca.

En sus manos está que cambien las cosas.

Usted y yo podríamos quedarnos con la parte del león.

Estoy harto de la tiranía de John Randolph.

Es insaciable y no estoy dispuesto a continuar.

Podemos hablar, pero hay algo que no me gusta.

¿Qué es?

Emprender un negocio sin antes terminar el que llevo entre manos.

Muy prudente.

Tenga.

Y ahí van otros 1000 a cuenta de nuestros futuros negocios.

Espéreme dentro de dos horas a la salida del pueblo

junto a los abrevaderos.

Cuente su dinero.

Me fío de usted.

(Disparo)

Bien, señor ingeniero...,

ahora nos dirá el lugar, el sitio exacto y cuándo atacará Randolph

a nuestros hombres.

Señor Greer, sepa que la carreta no conduce

ni siquiera una partícula de oro.

¿Cómo sabía Greer el camino y la hora elegido por usted?

Procuré que se enterara para ver si cazábamos a John Randolph.

He seguido exactamente el plan de usted, pero no presuma demasiado.

El que no tiene que presumir es ese "sheriff".

¿Por qué iba a confiar tan solo en Nevada Joe?

¿Y por qué no ha ido usted misma a vengarse de Randolph?

¿Y por qué estuvo tanto tiempo en la cama el señor?

Aquellos dos pistoleros no le rompieron ningún hueso.

¿Y por qué no discutimos luego?

Ahora estamos perdiendo un tiempo precioso.

(Música de suspense)

(Música de acción)

(GRITAN)

¡Uh!

Cierra eso.

¡Arre!

¡Quieto!

¡So, so!

¡So! ¡Adelante!

¡Arriba!

¡Anda con ellos!

¡Alto he dicho!

(Relincho)

Rick, mira quién llega,

la señorita Brooks.

Los fuegos artificiales van a empezar enseguida.

Fíjate, están más inquietos que una manada de búfalos.

Atacaremos por dos sitios distintos.

Palmer y Taylor, por este lado.

Vosotros les cortaréis la salida.

Quietos, no os acerquéis a la carreta. ¿Estamos?

Tú, baja, ¿dónde se han metido los guardianes?

Yo qué sé. Esto no me gusta nada.

¿Qué pasa aquí?

Es muy extraño.

John Randolph,

¡muérete!

(Disparos)

(Paran los disparos)

(Disparo)

Palmer, que no se escape el de abajo.

(PALMER) ¡Caballo!

(Disparo)

¡Rick, Rick!

Estoy furioso, señorita Brooks. ¿Te duele?

Eso no importa. ¿Qué ha pasado con Randolph?

No va a escaparse, estate tranquilo, le persigue Joe.

(Música de acción)

(Disparo)

No contaba conmigo, ¿eh, Randolph?

Te traigo recuerdos de Otto Greer.

¡Maldita sea!

Has tenido suerte. Hubiera tenido que apretar el gatillo si no fuera

porque ya tenéis "sheriff".

Arrestad a ese, muchachos. -Con mucho gusto.

Ven aquí. -¡Sinvergüenza!

Conque tú, ¿eh? -El señorito presumido

Ahí va.

Puede estar contento. Empezó ayer y ya tiene

dos peces gordos en la jaula. Sí, ya sé que este vale por dos.

Me refería a Otto Greer. ¿Otto Greer?

¿También? Tenga.

En cuanto abra el barracón, lo encontrará

encima del escritorio

atado como un paquete.

Hay una cosa que no me gusta, Joe Dexter.

Tu mala memoria.

¿Usted es..? Jim Stown,

el ayudante de tu padre

en Dodge. ¡Claro!

¿Recuerdas cuando me enseñaste a hacer esto?

Sí, lo aprendiste demasiado aprisa.

(RÍEN)

(Música sensual)

Bueno, al otro lado de los montes, está Arizona.

Decididamente me conviene dar una vuelta por allí.

Esto se ha quedado demasiado pacífico.

Y ya no te diviertes, claro.

Piensa que Stown está aquí provisionalmente.

Yo podría...

Podría presentar tu candidatura para "sheriff" de Golden Hill.

¿Crees que cambiaré mi libertad por una estrella de metal?

Aunque no quieras.

Lo llevas en la sangre.

De acuerdo, pero hacer lo mismo sin protección alguna

me deja más satisfecho.

Suerte, Julia.

Espera.

Hace un rato, me hiciste una declaración de amor.

¿Es que no te interesa la respuesta?

¿Que yo me he declarado?

Bueno, lo hiciste a través de Otto Greer.

Pero el caso es que yo te oí.

¿Y desde cuándo crees a Joe Dexter o a Nevada Joe? Contesta.

Desde que te quiero.

(Enrique Escobar "Nevada Joe")

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