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-¡So!
¡So!
Si alguien quiere beber, que baje.
Vamos a entrar en el desierto
y es la última oportunidad para refrescarse.
-Sí. Estoy muerta de sed.
-Apóyese, señora.
Por allí.
Quita.
Deja beber al señor.
Yo le serviré.
-Tenga.
-¿Crees que voy a tragar esa inmundicia? ¡Puaj!
(MUJER DE FONDO) Qué sed tenía, qué alivio.
-¡Eh!
Tenga más cuidado.
Eso es lo que han conseguido ustedes,
perder la guerra y ahora nos toca viajar como bestias.
Creíamos tener el mejor ejército del mundo,
¿y para qué nos ha servido?
Para lograr una humillante derrota.
¿Por qué no reclama directamente al general Lee?
La guerra no la he perdido yo solo.
De otra manera hubieran marchado las cosas,
de no haber dado el mando a tantos sinvergüenzas.
No hay más que verle a usted... Oiga, no se haga mala sangre,
la guerra ha terminado. -No me toque.
-En marcha, es tarde. Den unas monedas a esta gente y andando.
-Señor,
déjeme subir y le daré un cuarto de dólar.
-Largo de aquí.
Mire, señor, es una moneda de plata.
-Está bien, sube.
-Dios se lo pague, señor.
-Alto.
De momento, paga tú. ―Sí, señor.
(ARREA AL CABALLO)
¡Arre!
¡Arre, caballo, arre!
¡Arre! ¡Arre!
Jack, mira.
-Parecen campesinos, ¿no?
(GRITAN)
-Qué educados.
Nos saludan.
-No te fíes.
Arrea fuerte a los caballos y salgamos pronto de aquí.
-¡Arre! ¡Arre!
(ARREA FUERTE)
-¿Ves como son buenas personas?
Tendremos que darles una propina.
-¡A la derecha!
-¡Eh! ¿A dónde vais?
¡Deteneos!
Jack, diles que se detengan.
Jack, haz algo. -¿Qué quieres que haga?
-No hagas nada, Jack.
-Tire el rifle, señor.
(COMPUNGIDO) Nos han cazado, Jack.
Como a unos imbéciles.
-Bajen. Final de trayecto.
-Un viaje rápido, ¿verdad?
-Y sabroso, "mano".
(MUJER) ¿Qué es esto, un asalto?
(BANDIDO) ¿Tiene la bondad de apearse, mi general?
Una tía gorda,
una vieja fea,
un soldado hambriento
y...
Pero qué bueno.
Tú,
acércate.
-¿No has oído al jefe?
-¡Ándale!
-No llevo dinero; ni un centavo.
Muy mal hecho.
Siempre hay que llevar algo encima
por lo que pueda ocurrir.
-Ten mucho cuidado con lo que haces.
Aquí donde me ves, soy una persona importante
y si algo me ocurre, os ahorcarán a todos.
¡Cállate la boca, charlatán!
¿Qué es eso?, ¿chatarra?
-No, eso no.
Es un recuerdo de familia.
Te podrán la soga al cuello si me lo robas.
¿Por qué dices eso, hombre?
Yo no soy ningún ladrón.
-¿No eres tú León Pompero?
El mismo,
pero León Pompero es una persona honrada; ahorita los verás.
¡Pedro, las cartas!
-Sí patrón.
-¿Las cartas para qué?
Vamos a jugarnos el reloj.
Anda, siéntate.
-¿Qué te juegas tú?
¿Yo? Mi mujer.
Y, de propina, mi suegra. (BANDIDOS RÍEN)
Anímese, amigo, que le pueden tocar dos monumentos.
El soldado se hartó, amigo. Pedro, las cartas.
¿Qué?
¿Conseguiste ligar?
-Dos cartas.
Dale dos cartas al señor.
Para mí, cuatro.
-¿Quieres cuatro ases? Trae.
Siempre póquer de ases.
¡Qué asco! -Pero esto es una trampa.
Pues claro, ¿y qué pretende de un bandido, imbécil?
¡Habla! ¿Qué tienes?
-Trío de reyes.
Póquer de ases. He ganado.
No desesperes, hombre; te daré la revancha.
Bonita camisa...
y bonito traje.
¡Me lo juego todo! ¡No, no!
Este maldito Pompero...
Le buscaré en el infierno si es preciso.
(RÍE)
-¿Qué nos pasará cuando se entere Miller que nos robaron los caballos?
Conozco a vuestro jefe.
Apretará el gatillo.
(RISITA BURLONA)
-¡Eh!
¡Alto!
¿Qué llevas en esos barriles?
-Agua, señor.
Agua para el rancho del Sr. MacGowan.
-¿De dónde la has sacado? -De ahí.
De la fuente del Fresno, señor.
-Esa fuente pertenece, a la finca "La Paloma",
del señor Miller, ¿no lo sabía? -No, señor.
Esa fuente es de todos; nunca ha tenido dueño, señor.
-Eres un embustero.
Ese viejo está muy equivocado
si cree que puede robarle el agua al señor Miller.
-No.
¿Qué va a hacer, señor?
No, no.
Sr. Morgan, compréndalo, el ganado se muere de sed.
-Pues, ¡hala! (RÍE)
¡A beber!
-No, que no sé nadar. -¡Al agua!
-¡Socorro! (RÍEN)
¡Socorro!
-Este es el primer baño de tu cochina vida.
(RÍEN) ¿No es verdad, piojoso mejicano?
(Disparo)
(Disparo)
-Bravo, McGowan.
Buena puntería. (RIEN)
-Malditos.
-¿Qué le pasa al señor McGowan?
¿No se le puede gastar una broma?
-Vete de aquí, Morgan,
o me obligarás a disparar.
-Está muy bravucón esta mañana.
Aunque el temblor de su mano delata el miedo que tiene.
-Hace tiempo que debí haberte matado como a un perro;
a ti y a tu patrón, ese malnacido de James Miller.
Ha arruinado mi rancho,
ha arruinado mis tierras,
ha matado de sed a mi ganado.
-Basta, viejo, tus lágrimas me aburren.
Vamos, muchachos.
¡Eh, MacGowan!
(Disparo)
(Disparo)
(Disparo)
Lo habéis visto, ¿no? Ha sido un duelo legal.
(TODOS) ¡Arre, arre!
(TORTAZOS) ¡Ah, ah!
-¿Qué te has creído?
Cretino.
¿Quién te mandó a hacerlo?
Debería hacerte pedazos, estúpido.
Faltan dos semanas para mi boda
y me comprometes de una manera absurda.
Se te ocurre asesinar a ese viejo
cuando ya era un hombre muerto.
¡Lo tenía en mis manos!
¡Quita!
En pocos días se hubiera arrastrado a mis pies
suplicando un plazo de la hipoteca.
-¿Qué diferencia hay, señor?
Ahora el rancho y las tierras son suyas.
-¿No comprendes que McGowan habría firmado la venta
sin tener que darle un céntimo? ¿Y ahora qué?
Tendré que acudir a los tribunales y pagar el entierro
y hasta comprarle un buen ataúd de nogal
para quedar en paz con mi conciencia.
Solo gastos y, por si fuera poco, me han robado seis caballos.
Además, gastaré una fortuna en mi boda.
¡Ah! ¡Me has pinchado, imbécil!
-Perdone, quería recordarle que McGowan tiene un hijo.
-Sí, un hijo soldado.
Ya se habrán encargado los federales de liquidarlo.
Toma. -Muchas gracias, señor.
Compra champán. Diez cajas de la mejor marca
y llévalas a mi finca para la boda.
Si sobra algo, te lo quedas.
-Sí, señor, a lo sumo, diez centavos.
-Termina de una vez. -Sí.
-Tenernos que marchar así.
Nunca encontraremos otro patrón como McGowan.
Mira, José,
a ver si le conoces.
-Pues claro, el señorito Steve.
¿Por qué ha tardado tanto en volver?
Hola, amigos.
¿Qué pasa, Miguel?,
¿dónde está mi padre?
Yo no pude hacer nada, fue tan rápido todo.
Responde,
¿dónde está mi padre?
¿Qué pasó?
-Lo mató Morga, el pistolero de Miller.
Pero ¿por qué?
Pienso que para robarle las tierras y el rancho.
-Son unos asesinos.
Será mejor que se marche, señor.
No me iré.
Ensíllame un caballo.
¿Dónde está Morgan?
-Seguro que estará dentro, señor.
¿Qué celebrais?
El señor Miller se casa, señor.
Pues habéis trabajado en balde.
Esa boda la aplazaré yo.
-¡Se ha vuelto loco, señor!
-El señor Miller se pondrá furioso.
-Uno, dos, tres.
Cambio de dama.
Uno, dos...
tres, cuatro.
Eso va mejor.
Uno...
¿Dónde está Morgan, bailarina?
-¡Ah!
-Steve, ¿qué haces aquí?
He venido a bailar.
(FORCEJEAN)
(GRITAN LOS TRES)
-¡Tomad!
(Disparo)
¡Ay! ¡Mi pierna!
(Dispara dos veces)
(Disparo)
¡Ay! ¡Ay!
(TODOS GIMEN)
-Señor Miller.
-¿Qué ocurre? ¿Quién ha disparado?
-¡Está aquí! -¿Quién?
El hijo de McGowan. ¿Qué?
¡No huyas, Morgan!
¡Cobarde! ¡Abre, Morgan!
¡Abre!
Miller, ¿dónde estás?
¿Qué le ocurre, señor Miller?
El hijo de McGowan. Se ha vuelto loco.
Ha matado a Morgan y ahora quiere matarme a mí.
¿McGowan? No se preocupe, señor Miller, le protegeremos.
-Aquí no se atreverá a entrar.
Él me buscará en la oficina.
Síganme.
Bien, señores,
espero que cumplan con su deber.
-Descuide, señor Miller.
Ha está aquí.
-Se ha ido.
-No lo creas.
Si es tan testarudo como su padre, volverá.
-¿Qué es esto?
McGowan.
Al fin me las vas a pagar.
¡Cometerás un error!
Espera, te explicaré.
Pagará muy cara la muerte de mi padre.
Yo no maté a tu padre, fue Morgan.
Quería a tu padre, éramos amigos, lo juro.
¿Amigos? Si le estabas ahogando con tus garras de usurero.
(FORCEJEAN)
-Quieto, MacGowan.
¿A qué espera, sheriff? ¡Dispare!
Tendrás lo que te mereces:
la horca.
A ver, el brazo derecho.
Vamos a dar un paseo.
¿A dónde me llevan?
A la capital del condado.
Te espera un divertido juicio
y acabarás bailando de una cuerda.
No podrás quejarte.
Quieto aquí.
Tú, acércate.
Tu brazo izquierdo.
Andando.
¿Eh?
Hombre.
León Pompero,
el famoso bandido.
Caramba, gringo, ¿tú también tienes cuentas con la justicia?
Ya lo estás viendo.
-Venga.
Eso de llevarnos whisky es un detalle.
Sí, hombre. Y también irás en una calesa
tirada por cuatro caballos purasangre.
Ahora la verás.
Saca tabaco, compadre.
Solo puedo ofrecerte una condena por asesinato, ¿la quieres?
No, con la mía tengo bastante.
-Vamos, salid a la calle.
A un condenado a muerte
no se le niega nunca el último cigarro.
Gracias, señor.
¡Fuera!
¡Fuera!
Si no queréis complicaciones durante el viaje,
será mejor que no hagais el tonto.
Sí, señor, se lo juro.
Yo, bien repantigado, con un puro y en calesa, soy un angelito.
¿Qué se ha hecho de tu banda? Todos muy bien.
Tienen el invierno asegurado.
En la cárcel.
¿Y a ti por qué te pescaron?
Por pagar los impuestos al estado. Figúrate qué tontería.
¿Solo por eso?
Y por quedarme con los caballos esmirriados del Sr. Miller.
Luego, unos tiritos, todos muertos, y me culparon.
Estamos los dos condenados por ese asesino de Miller.
En marcha.
¿Qué te parecen los purasangre?
Ni en calesa ni repantigado.
¡Embustero! ¡Él sí que es un pura malasangre!
¡Ay, ay! ¡Que me caigo!
-Vamos, espabilad.
¡Sheriff, un momento!
Necesito un momentito.
¿Qué pasa ahora?
Señor sheriff,
con tanto calor y tanto trasiego esto se remueve,
y me duele la tripita.
Estoy muy malito.
Cuidado con jugarme una treta. Dispararé a la cabeza.
Le juro que tengo que hacer eso.
Allí detrás. Sí, señor, ahorita mismo.
Están locos si creen que pienso acompañarle.
Te tapas los ojo y en paz.
Egoísta.
Eso es lo que eres, un bastardo egoísta.
Ya estoy harto de ti.
¡Basta! No puedo más,
palabra, sheriff.
Dispararé si tratas de engañarme.
Thomas, vigila a León Pompero.
-Esté tranquilo.
Que la virgen de Guadalupe se lo premie.
Un poquito más de cuerda, señor sheriff,
que no llego.
No debí transigir.
Las artimañas de este mejicano me huelen mal.
Usted tiene demasiada imaginación.
¡Ah!
No me obligue a apretar el gatillo.
Dígale que tire las armas o dispararé.
Thomas, ¿no has oído?
¡Tira el rifle!
El revólver.
(CANTA) Dicen que soy un bandido,
y solo a 23 he "matao".
Y ahorita estaría bueno montarme encima de usted
y hacerle que me llevara a Méjico.
Recoge las armas.
Y tú, ven acá.
Nos llevamos también los caballos.
Vamos, valiente.
No olvidéis este consejo:
sed buenos chicos, portaos bien
y, tarde o temprano, llegaréis a casa.
Mis saludos al señor Miller.
(ARREA AL CABALLO)
(NIÑO LLORA) (MUJER) Siempre estás llorando.
(NIÑO LLORA)
¿Qué te han hecho, chamaco?
No sé cómo se llama,
pero seguro que es hijo mío, ¿verdad?
Uno,
dos,
tres,
cuatro, cinco, seis,
siete,
ocho,
nueve,
diez...
¿Eh?
Oye, Lupe,
la última vez que nos vimos solo había siete chamacos.
¿Qué pasó?
-De la última vez que te acordaste de nosotros ya pasaron cuatro años.
Por eso mismo, si eran siete, ¿cómo ahora tienes diez?
Cuánto presumes, León.
No eres el único que de un disparo hace tres blancos.
¿Tres blancos? (RÍE)
(RÍE)
-¿Tú haces también tres blancos?
Pues veréis...
No creo que yo sea tan listo como vuestro padre.
Lupe, me has convencido.
¿Y sabes qué te digo?
Que soy muy feliz por estar nuevamente a tu lado.
(RÍE) -¡Cómo eres!
Te lo juro. Siempre pensé en ti.
Por el santito chamaquito.
Vámonos, familia, que aquí estamos estorbando.
Chamaquita, yo te quiero mucho.
A ver...
Al primero que dé tres vueltas a la casa,
le doy esta condecoración.
¡Hale!
Corred.
Vamos, corred, corred.
-Ese color, más vivo.
Mi nombre es lo primero que debe verse en el pueblo.
-Señor Miller, mire lo que pone aquí.
McGowan se ha fugado y León Pompero, también.
-Increíble.
-Señor Miller, ¿y si lo pinto de verde?
-Vete al cuerno, imbécil.
Solo hay un hombre que puede acabar con McGowan.
Envía un mensaje a todas las oficinas de telégrafos
y que localicen a ese tipo.
-Sí, señor. Perdón, señor Miller,
se refiere usted al famoso Sábata, ¿no?
-El mismo.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
¿Qué hay, Todd?
-¿Puedo hablar contigo, jefe?
(Zumbido de un moscardón)
(Disparo)
Odio a los moscardones.
Di lo que sea y lárgate.
¿Puedo robarte un cigarro, jefe?
Debes traerme una buena noticia, ¿no?
Acaba de llegar un mensaje de un tal Miller, de Tombstone.
Quiere verte.
¿Miller?
¿El dueño de la Miller & Co.? El mismo.
Creo que se interesa por un tal León Pompero.
Ah, ese granuja mejicano.
Y también tiene problemas con otro perseguido por la justicia,
un oficial sudista.
Coge otro cigarro, Todd,
y avisa a Murdy y también a Tatum.
Nos vamos.
(NIÑOS PELEAN)
-Mamita, llegaron cuatro hombres a caballo.
-No os movais de aquí.
-Hum, qué buen olor.
¿Quiénes son ustedes?, ¿qué hacen en mi casa?
¡Fuera de aquí!
¿Me permites?
¿Dónde está tu marido?
Mi marido.
¿Quién es mi marido?
Ya ni me acuerdo de su cara.
Hace más de cuatro años que ni le veo.
¿Cuántos años tienes?
¿Pepito?
Cuatro años, señor.
¿Por qué lo pregunta?
¿Y ya tiene una medalla de guerra?
Murdy.
¿Dónde están tu marido y ese soldado?
No lo sé.
No querrás que haga daño a tus hijos, ¿eh?
No, señor.
León se marchó anoche con su amigo
hacia Méjico.
No sé más, señor.
¿Qué ocurre? Allí.
¿Es la posada? Sí.
Con camas blanditas. La dueña es una gringa como tú.
A los 20 años, los hombres se mataban por ella,
pero yo era el preferido. Vamos.
¡Cuánto pesas, chamaquita! -Suéltame, bruto!
(RÍE) ¡Suelta!
¡Suelta!
Tú solo te acuerdas de mí cuando estás en apuros.
¿Qué problema tienes hoy? Ninguno, mi rubiales.
Anduve 100 millas solo para abrazarte.
Embustero.
Te lo juro, monumento. ¿Molesto?
Te voy a presentar a mi amigo el gringo.
Ahí le tienes. Señora.
Le conozco.
¿Lo conoces?
¿De qué?
Se llama Steve McGowan.
Hay que ver lo que es el progreso.
Acabas de robar un caballo
y enseguida lo saben en todo el mundo
impreso y fotografiado.
Allá donde vayas, ¡zas!,
te encuentras con tu retrato.
Como si fueras el presidente de los Estados Unidos.
Tu amigo no ha robado ningún caballo.
Marchaos. Será mejor para todos.
¿Entonces por qué nos colocaste bajo la protección de la virgen
y no abajo a la vista del público?
Sabes que te aprecio.
No me he reído tanto con nadie como contigo.
Eras tan payaso.
Pero ahora, poca ayuda te puedo prestar.
Han infectado la zona de letreros como este.
¿Qué pensais hacer?
Seremos poca molestia.
Solo descansar nosotros y los caballos.
Luego seguiremos a Méjico.
De acuerdo.
Haré que os suban algo de comer,
pero luego...
¿Comprendido?
Claro que sí.
León.
¡León! ¿Eh? ¿Qué pasa?
Ponte las botas y date una vuelta.
¿Yo?, ¿por qué?
Qué gracioso. Con lo a gusto que estaba durmiendo.
Venga.
¿Te parece bonito echar así a un compadre?
Lo que me parecería feo es que te quedaras.
¡Espera! ¿Y las botas?
Ya te las pondrás fuera.
Y tú te las pondrás dentro, granuja.
No me importaría cambiarme por esa manzana.
Que aproveche, guapa. Vamos, vete de una vez.
Pero bueno, ¿qué idea tienes tú de la amistad?
La misma que tú. ¡Largo!
¡Maldita!
¿Tú también me vas a fastidiar la siesta?
La cucaracha.
(CHICA GRITA)
Qué chillona. -¡Salvaje!
¿Qué te ocurre?
¿Has visto al diablo?
A un diablo, sí: Sábata, el más famoso pistolero.
¿Y a mí qué me importa?
Él siempre va de caza.
Tranquilo, no somos liebres.
Caza a los perseguidos por la justicia
y se embolsa la recompensa.
Haberlo dicho antes.
Lo siento, preciosa. Oh.
Cada uno por una puerta. Seguro que estarán dentro.
Tengo sed. Tráeme una cerveza.
¡Cuidado!
Habrán cercado la casa.
¿Crees que podremos salir por ahí?
Vamos a probarlo.
Vamos.
No hay nadie. Sábata se fue.
Señor Steve McGowan.
Señor León Pompero.
La cucaracha.
Se acabó el juego, amigos.
Quiero veros las caras.
Señor Cucaracha, digo, Sábata,
por mí no le darán recompensa. Soy muy feo y huelo que apesto.
En la fosa olerá peor dentro de unos días.
Cuidado.
(Disparos)
Malditos caballos.
-Ni rastro, jefe. Dentro no están.
-Idiotas, han pasado por delante de vuestras narices.
¡Vamos!
Vete para allá.
-Vaya, hombre, un gracioso.
-¿Qué pasa?
-Olvídalo.
(RÍE A CARCAJADAS)
Esto empieza a ponerse bien, pero hay que animarlo más.
Déjalo de mi cuenta.
(TUMULTO)
-¡Dos cartas!
Te has llevado la mesa y los dólares, tramposo.
Te voy a asesinar. -¡No, no!
¡Yo no he sido!
Un momentito, señores, yo no hice nada.
¡Ay!
Perdone, amigo, ¿brindamos?
-Vamos, pelea.
¡Fuera!
-¡Ah!
¡A la calle!
-Vamos, pelea, gallina. ¡Largo, enano!
¡Fuera!
¿Peleamos o no?
Pero ¿otra vez aquí, enano?
-Oye, gringo... ¡Ay!
¡León!
León.
Levántate, León.
Levántate.
¿Quién fue?
Mejor que no lo sepas.
¡Deprisa!
Venga para acá, señora.
(PELEA Y TUMULTO DE FONDO)
-Señores, la gran Josefa siempre tiene preparada una sorpresa
para los viajeros de la Miller & Co.
(VOZ DE MUJER) ¿Quiere quitarse del camino?
¡Qué horror! ¡Que hombres tan violentos!
¡Fuera!
¡Que se va! ¡Que se escapa!
Me has roto una costilla, animal.
Ay, madre, qué miedo.
-¿Por qué no bajas? Tomaríamos algo.
Sí, tía. Pídeme un té.
Vamos, León.
¡Arre, caballos! ¡Arre, caballitos!
-¡Parad esos malditos caballos! ¡Paradlos!
¡Párate tú, idiota!
¡Por la izquierda!
Dispara, ¿a qué esperas?
-Ay.
Quieto.
Me gusta actuar como las arañas.
Espero que la presa caiga en la red; entonces, ataco.
No hay que precipitarse. Mira Tatum.
-Ay, ay.
¡So!
¿Qué haces? No quiero reventar los caballos.
¡Quietos, caballos!
Les hemos despistado, ¿eh?
¿Despistar a Sábata? A ese lo pierdes por la mañana,
y por la noche está debajo de tu cama.
No te apures. Hoy tendremos que dormir aquí y dentro no está.
(Golpes)
Conque no está, ¿eh?
Ahí le tienes.
Vaya.
¿Qué te ocurre, gringo?
Mira. Acércate.
¡Oh! Qué Sábata más cambiado.
¿De dónde ha salido usted?
¡Sucios bandidos!
Llévenme otra vez a la posada.
¿Qué está haciendo aquí?
¿Qué estoy haciendo?
Eso es lo que yo les pregunto.
He pagado mi billete.
Den media vuelta y llévenme a la posada.
Soy una ciudadana libre y exijo... Cálmese, cálmese.
Ya ha complicado bastante las cosas.
Déjeme pensar qué hago con usted.
Solo tiene que hacer una cosa: devolverme a la posada y listos.
Cierre esa linda boca o se quedará aquí.
Claro que sí. Por mucho sombrero que lleve,
la dejamos aquí y si te he visto
no me acuerdo. ¿En medio del desierto?
¿Serían capaces de semejante salvajada?
Claro, señorita. Tenemos muchos problemas
para ocuparnos también de los suyos,
así que vaya bajando.
Espera, León.
Eso hay que pensarlo bien.
De momento, sigue adelante.
Hala, como si fuera un mayoral.
Te arrepentirás. Las mujeres solo traen complicaciones.
Te lo digo yo, que he tenido muchas.
(ARREA AL CABALLO)
-¡Esperadme!
¡Os juro que esta me la pagaréis!
¡Puah!
Supongo que esa también comerá, ¿no?
¡Puah! No creo que esto le guste.
¿Cómo? León Pompero es el mejor cocinero del mundo.
Se chupará los dedos, ya verás.
Si tú lo dices.
Levante las manos.
¿No comprende que si levanto las manos se me caerá el plato?
No se las dé de gracioso y haga lo que le he dicho.
Está bien.
(GRITA)
Cuidado.
(Disparo)
(GRITA) ¡Ay! ¡Ay!
¿Será asesina?
¡Se acabó!
(FORCEJEAN)
Eh, eh, eh.
Me ha querido matar a traición. La bala pasó silbando.
Me hizo un roto en el pantalón y me quemó el trasero.
(FORCEJEAN)
Te dije que era peligrosa.
Fíjate, sangre.
La mujeres, con tal de salirse con la suya,
no les importa liarse a tiros.
(GRITA MIENTRAS LA GOLPEA)
¡Salvaje! (RÍE)
¡Bruto!
Le aseguro que me lo pagará un día u otro.
Se acordará de mí cuando mi prometido le haga colgar
del árbol más alto de Tombstone.
(RÍE)
(RÍEN)
¿Es posible que haya un hombre capaz de casarse con semejante fiera?
Sí, y no es un salteador de caminos.
Es el hombre más importante y poderoso de este estado:
el señor James Miller.
¿El señor Miller?
¡Esa sí que es buena! (RÍE)
¿Por qué te ríes? El señor Miller es su prometido,
un hombre importantísimo y un perfecto...
asesino.
(GRITA)
Ya te lo dije. Es más peligrosa que una víbora.
Si yo estuviera en el lugar de ustedes,
empezaría a preocuparme por mi piel.
Tengo en mis manos el mejor negocio de mi vida
y por tu culpa se irá todo a paseo.
O por culpa de Sábata.
Ese te está buscando a ti,
no a León Pompero.
La chica puede ser nuestra salvación pero...
hay que pensar bien la jugada.
Sí. Y mientras la piensas, a correr.
Llevas seis caballos que galopan por ti, así que no presumas.
¿Cuánto crees que nos van a durar?
No tenemos comida ni dinero,
pero sí otra boca que alimentar.
Y qué boca, gringo.
No se conforma con cualquier cosa.
¡Maldita sea!
Bueno, si es necesario,
vendemos un caballo y solucionado.
¡Bah!
¿De dónde has sacado ese caballo?
-¿Un caballo? Son burros, señor.
Asnos, ¿comprende? Mire las orejas.
Aquel no tiene las orejas largas.
Bueno, ahora no las tiene, señor, pero antes sí las tenía.
Pero...
como llovió tanto últimamente, se le mojaron las orejas
y se le encogieron un poquito.
Pero no es un caballo, señor,
es un burro como los otros;
mucho más fuerte y mucho más alto,
pero es de puro machote.
¿Sabes lo que eres?
Un asqueroso embustero.
-Jefe, también este lleva el hierro del señor Miller.
Ya solo les quedan tres caballos para vender,
después se quedarán clavados.
Murdy, desátalo.
-¡Señor, me obligaron a comprarlo!
Mi compadre, León Pompero, tiene muy malas pulgas;
y el otro, un revólver así de grande.
Mejorando lo presente, señor.
Y ella, la chamaca,
se había empeñado en comer pechuguitas de faisán
por aquello de "lo que se come se cría",
sí, señor.
Adiós.
Adiós.
Adiós, 20 dólares.
Vamos, gringo.
(EXPRESIÓN DE ESFUERZO)
(AMBOS EXPRESAN ESFUERZO)
Maldita sea, no venderé ningún otro caballo.
Antes la vendo a ella; y si tiene hambre, que coma,
pero hierba, como las cabras.
Vamos, que ya casi está.
¡Ahorita!
(RÍE)
¿Eh?
¡Que se escapa!
¡Eh, señora! ¡Eh!
¡Pare los caballos!
(ARREA A LOS CABALLOS)
(GRITA)
¡Está muerta!
No lo creo. ¡Seguro!
Muertita como mi abuela. Calla.
No me hiciste caso, gringo. Si la hubiéramos abandonado,
no tendríamos que cavar una fosa.
¿Cavar una fosa?
No, pienso dejarla así.
¿Cómo?
¿No te importa que se la coman los buitres?
Pobres animalitos, morirían envenenados.
¡Grosero! ¡Quietos!
(GRITA)
Escóndela.
-¡Uf!
¡Mira, Jack!
¿Es la diligencia
o un espejismo? -Lo que queda de ella.
-La han abandonado.
(EMITE SONIDOS AHOGADOS)
-Ten cuidado, pueden estar escondidos por aquí.
-Eran dos y la novia del sr. Miller.
Faltan tres caballos. Esos se han largado.
(EMITE SONIDO AHOGADO)
(INTENTA GRITAR)
-¿No has oído? Creo que alguien ha chillado.
-Algún pajarraco, no tengas miedo.
-¿Eh?
¡Oh!
Mira, Jack. Esto es jauja.
Vinos franceses, escocés del auténtico,
caviar, salmón...
Menudo banquete.
No se hizo la miel para la boca del asno.
¡Deja eso!
¡Arriba las manos!
Podéis volveros.
¿Usted otra vez? El mismo.
León Pompero está en todas partes.
Como el aire, como el sol,
Y, bueno,
ya que han venido, nos ayudarán a arreglar la diligencia.
¿Verdad que sí? Y ahorita mismo.
Agarren la rueda y a colocarla, vamos.
¡Vamos!
Y una advertencia: no intenten escapar.
Harían un mal negocio.
(AMBOS) ¡Ay, ay!
Basta, Jack, deja de saltar.
¡Ladrones!
¡Asesinos! ¡Miserables!
¡Ladrones!
¡Cuatreros! -No te canses.
¡Maldita sea! Recorrer todo el desierto
para acabar andando como saltamontes.
-¿Dónde está vuestro jefe?
-Segunda puerta del primer piso.
(GRITA FUERTE)
-¿Qué haces?
La próxima vez, llame a la puerta
o no le garantizo la vida.
¿Os he contratado para estar de vacaciones en este hotel?
Ya se lo advertí, soy un pistolero caro y cómodo.
Me gusta vivir bien.
Y si cree que he de tener mi trasero pegado a un caballo 24 horas,
se equivoca.
Estoy deseando salvar a mi novia, ¿entiendes?
No debe pasarlo tan mal como usted cree. Lea.
Es una de las listas de provisiones que he conseguido.
Como verá todo los días se han un banquete:
Vinos franceses, caviar, hoteles de categoría, etc...
Te comprometiste a salvar a mi novia y matar a esos tipos,
y me das una lista de hoteles donde han dormido.
Mil dólares ahora, y 5000 si cumples el trato.
En un rato me levantaré,
y antes de una semana se los entregaré en bandeja.
¿Cómo pueden fugarse dos asesinos en una diligencia
con una novia y dos caballos,
Todo de mi propiedad?
Y el famoso pistolero solo sabe darme una lista de hoteles.
Debo aclararle que siempre han pedido tres habitaciones.
No deja de ser un consuelo, ¿verdad?
Pensé que le tranquilizaría saberlo.
Y, encima, guasitas.
Maldita sea.
Escúchame, caballito,
no quiero hacerlo,
pero es para que no sufras.
¿Tú me comprendes? ¡No puedo!
Trae, estás desperdiciando la oportunidad
de realizar una buena acción.
La única de tu vida.
(Disparo)
Perdona, gringo.
Olvídalo.
Caballo.
Vámonos.
No me moveré de aquí, a menos que me dejen el caballo para mí sola
y me lleven el baúl a cuestas.
(RÍE)
¿Estás dispuesto a complacerla, León?
Por mí, puede esperar sentada.
Me gustó su rabieta.
Creí que, a pesar de todo, podríamos acabar siendo amigos.
Yo me di cuenta enseguida. Ya, ya.
Se enamoró de usted como un solemne idiota.
Ya os arreglaréis.
¡Steve!
¡Steve!
¡León!
(Aullidos y gruñidos de animales)
¡Espérenme!
Steve.
¡Oh, Steve!
(RÍE)
Que aproveche.
Tome.
Por aprovechado.
Oiga, ¿por qué no le pega a León alguna vez?
Mira, Steve, has quedado muy favorecido.
Arráncalo. Con disimulo.
(SEÑORA) -¿Cuánto le debo?
Buenos días. -Buenos días, bienvenidos.
85 centavos, señora. -¡85 centavos!
¡Qué horror! Hay que ver cómo sube todo.
Es calidad, señora. Todo primera calidad.
-Desde luego, ya no se puede comprar nada. Adiós, hasta otro día.
-¿En qué puedo servirles?
Pues...
Desearíamos comprar algunas cosillas.
Diez cajas de caviar,
veinte de vino de Burdeos,
salmón, confituras y...
champán francés, naturalmente.
Escucha, amor mío,
la lista de provisiones la lleva nuestro capataz.
Jeremías.
Disimula, que con ese bigote de mejicano te reconocerán enseguida.
Este es Jeremías. Tendré gran placer en servirles.
Son recién casados, ¿verdad?
Es lo que necesita esta región: parejas jóvenes como ustedes.
Vamos a ver esa lista.
¿Qué le ocurre?
El juicio. ¿Qué?
La muela del juicio.
para eso lo mejor son unos buchecitos de whisky.
Sí, tráigalo.
Puede reírse, es sano.
Reír será sano,
pero estar a su lado es la muerte.
Lo mismo digo.
-Oiga, amigo,
yo a usted lo conozco.
Claro que sí.
Lo recuerdo muy bien;
usted es aquel oficial sudista que iba en la diligencia.
¿Recuerda que nos asaltaron unos bandidos?
Aquel maldito mejicano
que me dejó en paños menores y me robó el reloj de oro.
¡Si cayera en mis manos!
No sé de qué me habla.
Le aseguro que soy un buen fisonomista.
Usted es Steve McGowan.
Nada de eso.
Usted me confunde con mi hermano, ¿entiende?
-¿Steve McGowan? Está buscado por la justicia
junto a un asesino mejicano llamado León Bombero.
¿Cómo Bombero? -¿Eh?
León Pompero me llamo.
¡Es él! Siéntese, estúpido.
No deseo hacerle ningún daño,
pero no quiero que me lo hagan a mí.
(Dispara)
Un solo movimiento y le vuelo los sesos.
Conque tranquilo, y no se le ocurra intentar volver a coger el rifle.
¡Que se escapa!
(ESTRUENDO)
-¿A dónde vas, preciosa?
(LLORA)
Mira, la cucaracha y las cucarachitas.
¡Quieto! A ella no le harán nada.
Vamos, salgamos por detrás.
(GRITA) ¡Steve!
¡Socorro!
¡León!
¡Steve!
Ahora nos ocuparemos de ese Steve;
y de León Pompero, pero antes debo dejarla a salvo.
¿Quiénes son ustedes?
Nos ha enviado el señor Miller.
¿Dónde han quedado esos secuestradores, señorita?
Allí.
No te separes de ella, Todd.
-Ay. Ay, madre mía.
¿Dónde están?
No lo sé.
Se han escapado.
¿Por dónde? No lo sé.
Esto ha sido un terremoto.
¿Dónde está ella?
¿Quieres olvidarla? Está con los suyos.
¡Mira! Nos salvamos.
¡Vete, Steve!
¡Huye! Tatum, encárgate de ella.
(Disparos cruzados)
No dispares.
Quieto, Todd.
No acabo de entender por qué no disparan.
(GRITA) -¡Ah!
(Disparo al aire)
(Disparo)
(GRITA)
Mala suerte, gringo.
Pero ¿es que siempre vamos a estar juntos?
-Se puede afirmar que hemos sufrido juntos tu ausencia.
Sí, haciendo solitarios.
Gastando lo necesario para que no te ocurriese nada.
-Es cierto, hijita.
Y la boda será suntuosa.
Tienes un salón lleno de regalos, ¿quieres verlos?
No, tía. ¿Crees que tengo humor pensando en el espectáculo
que ha montado para celebrar mi llegada?
-¿Cómo te sientes?
En mi vida estuve mejor, verdugo. (ESCUPE)
-¿Está bien atado?
-Ya lo creo, patrón.
Hace bastante tiempo que no lo practico pero es un bonito juego.
Mientras tú vas girando, yo disparo.
No te asustes, las balas no irán contra ti.
Se trata de acertar los radios libres de la rueda.
Claro, que si fallo, lo sentiré por ti.
¿Y por qué no pruebas con tu padre?
-Porque su padre no tiene que morir,
y vosotros, sí. Claro, no te interesa que hablemos.
Porque si el gringo y yo abrimos la boca,
vas camino de la horca.
¡Asesino! ¿Asesino?
(GRITA DE DOLOR)
Malditos.
Como salga de esa os acordaréis de León Pompero.
No te quejarás de la puntería de Sábata.
No me quejo. Me convencieron del todo.
¿Ya me pueden desatar? Claro.
Tú. Otra vez.
¿Otra vez? Sí, otra vez de viaje.
(RÍE)
-Ahora, me toca a mí.
¿Cómo?
¿Con ese figurín?
¡La virgen de Guadalupe!
Me va a poner como un colador. (RÍE) -Sí.
-No es la primera vez que estamos frente a frente.
¿Y qué? ¿Sigue teniendo miedo?
De ese modo, solo conseguirá hacerse daño en sus delicadas manos,
pero no acabará conmigo.
¿Por qué no saca un puñal, que es lo suyo?
Solo matándome podrá usted librarse de mí.
¡Miller!
¡Basta, Miller!
Merece que le aplaste la cabeza.
Mátalo si puedes,
pero deja sus manos como tú las tienes:
libres. Suéltalo.
No te metas en esto.
Solo quiero vengar el daño que me hicieron.
Ha de morir; y el otro, también.
Muertos los dos...
como dos perros sarnosos.
Esa condenada chamaca estará orgullosa de su venganza.
¿Y tú? Enamorado de ella como un becerro.
Pero no me engañó. Sabía que iba a ser nuestra desgracia.
Eres injusto con ella. Cierra el pico de una vez.
Es que si no hablo, me duermo.
Sigue frotando, ¡dale fuerte!
Es inútil.
No lo conseguiremos nunca.
(EXPRESA ESFUERZO)
Quiero hacer otro trato contigo.
Te daré mil dólares más.
Sé de sobra lo que quiere.
Pero eso hay que pagarlo muy bien.
Por lo menos, cinco mil.
Eso es un abuso.
Soy un pistolero, no un asesino y, si tengo que matar,
lo cobro muy caro.
Ya has abusado demasiado de mí, Sábata,
pero no creas que estoy en tus manos
ni, tampoco, que no sé disparar.
Si no aceptas tú,
lo haré yo.
Su apellido es demasiado honorable, no puede comprometerse.
La gente diría que mató a McGowan porque su novia se enamoró de él.
Tonterías.
Demostraría que lo maté porque hay que limpiar el país
de traidores sudistas.
Por consiguiente, tú resuelves.
La ley los quiere ver en la horca.
¿Qué más te da entregarlos vivos...
o muertos?
Muertos es más caro.
Por el transporte tendrá que pagar...
siete mil.
¿No habíamos dicho cinco mil?
Cuando usted lleve el agua a las tierras que le robó a McGowan,
valdrán una fortuna.
Pero no quiero aprovecharme.
Deme diez mil dólares por adelantado y no se hable más.
-¿A dónde vas?
¿Qué te propones, hija?
Olvida a ese hombre.
¿No ves que es un asesino?
Tía, vuelve a tu habitación.
Yo sé muy bien lo que debo hacer.
Si el señor Miller se entera, no te lo perdonará nunca.
Será tu perdición.
No me importa.
Déjalos ahí.
-Sí, jefe.
León, ¿qué ha pasado?
Han querido matarnos.
Yo diría que han querido salvarnos.
¿Quién habrá sido?
Y yo diría que quiere matarnos a sustos.
Vamos, pero despacio.
Mira. Ahora lo comprendo todo.
Ha sido la chamaquita quien ha preparado la fuga
y ha puesto ahí los caballos.
¡Steve!
¡León!
Ahí está. No podéis salir,
os han tendido una trampa.
¿Una trampa? Sí.
¿Cortaste tú las cuerdas?
Pensaba hacerlo pero Sábata se me adelantó.
¡Quiere decir que Sábata nos ha perdonado!
¡Me voy a Méjico! No te precipites.
Haremos lo que ella diga.
Si salís por esa puerta, Sábata disparará.
Está arriba, esperando a que salgáis para mataros por la espalda.
Os brinda la huida para disparar y poder cobrar la recompensa.
Qué angelito.
Ahí detrás tengo dos caballos. Seguidme.
¿Solo dos caballos?
Sí, solo dos.
Claro, olvidaba tu compromiso de boda.
No me casaré con un hombre al que desprecio
aunque esté cargado de oro.
Regresaré con mi familia.
Mi padre nunca aprobó la idea de salvar su hacienda con esta boda
y me acogerá encantado.
Pero todo esto lo podéis decir por carta. Ahorita, vámonos.
Estamos salvados.
-Tienes caprichos de mujer.
Estoy harto de esperar ya, ¿lo entiendes?
Saldrán. Tienen la puerta abierta.
Pagué para que los liquidaras enseguida.
Ellos a la tumba y, vosotros, a la calle.
Me divierte disparar de espaldas al blanco.
Usted no sería capaz de meter un proyectil en la nuca de un hombre
a través de un espejo, ¿verdad?
Yo, en cambio, sí.
Termina de una vez.
Debo tranquilizar a mi novia, está de un humor de perros.
Manda a estos para que los hagan salir.
Yo mismo te aguantaré el espejo.
Obligadles a salir.
-Vamos, Murdy.
¿Tiene fuego, amigo?
¡Ay! Ahora verás.
Vamos.
-Se han ido.
Ahora.
(Varios disparos)
-No, Sábata, te has equivocado.
Tienen siete vidas, como los gatos.
(Disparos)
Maldita sea. Se te han escapado otra vez.
Saque mil dólares más para mis hombres,
que con lo que recibí y recibiré del sheriff,
tengo para vivir de renta.
Estúpido presumido,
por esos dos tipos, ni la justicia ni yo te daremos un centavo.
Esto me huele a chamusquina.
¿Esos mejicanos son de fiar?
No. Han descubierto los caballos
y todo mi plan se viene abajo. No sé qué hacer.
Tranquila, conseguiremos esos caballos como sea.
-Mira, José. -¿Qué?
-¿No es la novia del señor Miller?
-La misma.
¿Qué hacemos? ¿Disparamos?
-Claro, no puede salir nadie.
¡Ah!
(PELEA)
-Ven acá, palomita.
¡Steve! ¡Steve!
¡Vamos, León!
Si no fuera un perseguido, te llevaría conmigo.
Pienso ir contigo de todas maneras.
¡Arre, caballo!
¡Ay!
(GRITA)
Ay.
¿Viste por dónde iba León? No.
Algo ha debido ocurrirle.
(SE QUEJA)
(QUEJUMBROSO) Ah.
¡León!
¡León!
¿Por qué habéis vuelto?
Uno quiere estar solo y no hay manera. ¡Ay!
Cállate, no gastes energías.
Arriba. Vamos, arriba.
La bala de aquel idiota me dio de lleno.
¿Qué ha pasado, León? El destino
disparó a ciegas
Pero yo juraría que aquella bala tenía ojos.
y no paró hasta encontrarme.
Marchaos antes de que sea tarde.
¿Qué ocurre?
Nada todavía.
Ay, ay.
¿Quieres dejar de quejarte como una vieja?
Mala suerte, amigo.
No, no tengo miedo.
-Ese caballo es el que montaba la pareja.
No deben andar lejos.
Vaya. Hasta el señor Miller ha decidido entrar en acción.
Por última vez, Sábata, no pierdas el tiempo.
Los quiero vivos o muertos.
No olvide que su novia está con ellos.
A ella la quiero viva,
aunque solo sea por unas horas.
Hijo de perra.
(Disparo)
(Disparos)
(Disparo)
Quítese de en medio.
(Disparos cruzados)
A ver si consigo que estires la pata de una vez, maldito cojo.
(Disparos)
-¡Ah!
¡Hala! A freír monas.
(Disparos cruzados)
(GRITA)
¡McGowan!
Pronto estarás sin municiones.
Suelta a la chica y te prometo respetar tu vida
y la de ese puerco mejicano.
No lo hagas, Steve, es mentira.
Sábata recibirá una gran recompensa si yo caigo en manos de Miller.
Te hago una propuesta, pistolero.
¡Habla!
Te propongo un duelo. El premio será esa persona
que tu amo tanto desea.
Si no sales, demostrarás ser un fantoche y un cobarde.
Te complaceré, McGowan.
¡No, Steve!
No te expongas.
Te matará a traición.
No hay otra solución.
Créeme, lo conseguiré.
¡Valiente!
Sal cuando quieras.
Ten en cuenta que yo llevo dos revólveres.
Y eso sería una ventaja que yo no deseo.
Cuando quieras.
(Disparos cruzados)
-¡Ah!
El juez, que fue comandante de mi batallón y me apreciaba mucho, dijo:
"Medalla por haber matado a un cruel asesino llamado Morgan".
Sí, porque el duelo con Sábata fue legal.
Sí, señor, todos fuimos testigos.
Y al gran Miller le casqué yo.
Medalla por matar en defensa propia.
A pillos no hay quien nos gane.
Ahorita, a seguir nuestro ejemplo,
a casarse como Lupe y yo,
que vamos a inundar Méjico de Pomperitos.
(RÍEN TODOS)
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