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Zulu
Ya no pueden vernos juntas,
porque la gente que tiene a su hija es muy peligrosa.
Quitombo va a celebrar su cumpleaños y lo va a hacer en este hotel,
pero lo que no sabe es que le vamos a cazar.
Yo sé que va a ir a buscarla. Por favor, tenga mucho cuidado.
-Su mesa irá en el centro con su esposa a un lado
y su hija en otra mesa. -Nuestra hija no viene.
-¿Cómo que no? Claro que sí.
Es mi 50 cumpleaños y quiero celebrarlo con mi hija.
-Sabes que no podemos confiar en ella.
-Quiero estar contigo.
-No podemos.
Antonio está vivo. Está escondido.
Me llamó desde dentro. Seguramente alguien lo está protegiendo.
-O sea, que no será fácil llegar a él, a menos que su amiga y abogada
lo encuentre y lo saque de la madriguera.
-Cortesía del señor Quitombo.
Nos vamos a enterar de si el español está muerto o no,
así que haga sus averiguaciones.
Apenas seña dónde está, me llama y me lo cuenta.
(GRITAN)
-Usted es la abogada de Quitombo.
No me toque. ¡No!
(Risas de niños)
¿Estás bien?
Dormiste toda la noche.
¿A qué huele?
Desayuno.
Te has despertado.
Toma. Arroz con presos. ¿"Presos"?
Toma. Gracias.
Gracias por defenderme ayer.
No pasa nada, ya me he acostumbrado a meterme en líos.
¿Cómo están los ánimos en el patio?
A tope. Ya tienen barricadas y las pistolitas de los guardias.
Joder.
Bueno, nosotros nos mantenemos al margen.
El motín no va a durar eternamente.
Y si entra la Policía, nos entregamos pacíficamente.
¿Qué?
Este es el patio de los plumas.
Aquí no pasa nada pacíficamente.
-Se han hecho fuertes en el módulo norte, señor.
-¿Tomaron rehenes? -Yo pedí refuerzos,
pero se demoran en llegar. Esto se nos está yendo de las manos.
-No sea cagón. ¿No ve la oportunidad que se nos presenta?
Entraremos y acabaremos con los malparidos leales a Cruz.
-Señor, con todo respeto, tenemos siete internos muertos.
Ya me ha llamado Instituciones Penitenciarias.
No me importa. Hay rehenes. Hay que utilizar la fuerza.
Y hay que matar Antonio Santos, ¿entendió?
-Señor, pero el español ya está muerto.
Entonces le ahorraron trabajo,
a no ser que hayan contado mal y no sean siete, sino seis.
Eso sí sería una cagada del hijo de puta, ¿o no?
-Permiso, señor.
-Hola, chicas.
Están pagando, mis amores.
Hola, negra. Tenemos que hablar. ¿Sí o qué?
¿Qué hubo, mi amor? Después hablamos, ¿bueno?
¿Y usted qué?
¿No me va a ofrecer sus servicios?
-Para qué, si usted ya sabe lo que quiere antes de que se lo ofrezcan?
¿Qué pasó?
-Accidente laboral.
-Está haciendo como frío.
¿Por qué no me acompaña a cenar?
Aquí al frente venden unos pucheros que alivian todos los males.
Solo a cenar, ¿o qué?
Acompáñeme, guapa.
"El ministro asegura contar con los votos necesarios
para pasar el trámite presupuestario. Pasamos ahora a una noticia
de última hora. Nos informan de que se ha producido un motín
en la prisión de La Brecha. Parece que, al menos,
el módulo norte fue tomado por individuos armados
que tendrían un centenar de rehenes,
entre funcionarios de la prisión y civiles,
incluidos mujeres y niños que se encontraban visitando
a sus familiares presos. La Policía Metropolitana
está tratando de obtener más información para..."
-Aquí tenemos una cámara y tenemos otras dos en el lado sur,
y algunos micros. Y otras cámaras pinchadas de la seguridad del hotel.
-Oye, pide francotiradores ahí, el ángulo es cojonudo.
-Eso es un cumpleaños, no una entrega de alijos.
-Ya, pero estamos aquí para algo, ¿no?
Si tuviéramos más hombres, podríamos hacer un operativo
y pillarles desprevenidos. -Aquí estamos para tener más pruebas.
Mañana se reunirán todos los que le deben favores a Quitombo,
los que lo fortalecen y lo protegen. Si lo queremos preso,
debemos acabar con toda esa gente. -OK.
Buen trabajo, chicos.
-Oiga, ¿supo lo de la cárcel?
-¿Lo del motín? Sí, ya me he enterado.
Al exmarido de Inma le han dado por muerto.
-Menos competencia para usted.
-Joder.
-Perdón pues.
-Ella dice que ha hablado con él y que está vivo,
pero, viendo cómo están las cosas en La Brecha con el motín,
es imposible saberlo. -Bueno, veré qué puedo hacer.
-Pero ¿tú sabes algo?
-A ver, Sebastián,
esto es alto secreto.
Inteligencia tiene un hombre dentro. Es un infiltrado
que da toda la información sobre presos de la guerrilla y las FARC.
No es que tengamos una relación idílica
con los Servicios Secretos, pero sí me pueden hacer el favor.
-¿Y yo por qué no sé nada de esto?
-Porque los colombianos no somos chismosos como los españoles.
-Pues por el lado norte estamos bien custodiados.
Lo que estamos pilas es por el lado de...
-Tienen valor al traer a este.
Enrique no tiene nada contra ti. Yo respondo por él.
¿Y qué quieren?
¿Cuánto cree que durará este motín? Durará lo que tenga que durar.
¿Usted cree que las cosas siguen como cuando entró en esta prisión?
Quitombo se hizo fuerte allá afuera sin un contrapeso.
Controla la droga, a los jueces
y a los alcaides de todas las prisiones de Bogotá.
Un motín es la excusa perfecta para acabar con ustedes.
Achacarán los muertos al asalto y los plumas serán historia.
¿Cómo sé que lo que me dicen no es lo que su patrón quiere que yo oiga?
Porque él me envió para entregarlos a usted y a Antonio.
Ahora mismo deben estar armándose para entrar a matar.
Y yo sé cómo hacer para que usted gane tiempo.
Lo siento.
-Son 25 millones. No conseguí más.
Me dijeron que eran joyas difíciles de vender.
-Yo junté otros 50. Bastará para cruzar la frontera.
-¿Y luego?
-Luego vemos.
El carro está en la planta 2, en la plaza 18.
Las llaves, detrás de la rueda delantera.
Tu mamá preparó una sorpresa para tu papá.
-Jimena Contreras. Sí, ella me contó.
-En cuanto empiece a cantar, sales por la cocina hacia el parking.
-No volverás a ver a tu familia. ¿Seguro que quieres hacer esto?
-¿Tú confías en tus hombres al 100%?
-99.
-Pues no es suficiente.
-Mi coronel, están buscando al comisario,
una mujer española. -Que pase.
-Hola.
Hola.
¿Todo bien?
¿Sabes algo nuevo del motín?
No, nada.
Por cierto, te presento. Él es mi compañero, Winston Pulido,
coronel de la Metropolitana. -Mucho gusto.
Estamos llamando a La Brecha, pero aún no sabemos nada de Antonio.
Su abogada me dijo que iba a entrar para buscarle,
pero no me responde al teléfono. Puede ser una de las rehenes.
¿Cómo se llama? Angelita Moreno.
-¿Ángela Moreno es la abogada de Antonio?
Sí. ¿La conocéis?
-Pues sí.
También es la abogada de Quitombo.
No me quiero ir.
Ya has hecho mucho por mí.
Tienes que protegerte y proteger a tu familia.
Nunca te lo dije, Antonio, pero eres un hombre muy valiente.
-Dense cariñitos,
pero que sea breve.
Cuídate.
Estoy empezando a creer que te preocupas por mí.
Más me vale, eres la única abogada que conozco.
Entonces, ¿qué? ¿Nos vamos? ¿Nos quedamos? ¿La despegamos?
¿Qué hacemos?
Cuídate mucho.
(HABLA EN SU JERGA)
-¿Ya llegaron los refuerzos? -Ya están llegando.
¿Me permiten su atención, por favor? Tengo un comunicado de los presos.
¿Aquí qué mierda está pasando? -Ni idea, señor.
Han liberado a mujeres y a niños en señal de buena voluntad
y quieren que sepan que el motín surgió por pura desesperación.
La Brecha no cumple con condiciones mínimas
para la dignidad de sus presos. Hay tres reclusos por plaza,
la comida es insalubre y ahora mismo hay un brote de cólera.
Los amotinados están dispuestos a negociar y rendirse pacíficamente,
si las autoridades se comprometen a mejorar las condiciones de higiene,
facilitar suministros médicos y reducir el hacinamiento.
Y exigen el compromiso firme de que no habrá represalias
y se respetará su integridad física.
Eso es todo. Muchas gracias. -¿Hay muertos?
No puedo decir nada más. Muchas gracias.
-Estos hijos de puta nos jodieron el plan.
-Doctora, esa gente no sabe ni leer ni escribir.
¿Ahora le sirve de vocera al hijo de puta de Cruz?
¿Y qué quería que hiciera? Si me quitaron el celular.
Era la única manera de salir
para decirles dónde se esconde el español.
-¿Y usted lo vio? Yo lo vi todo.
-¿Qué haces?
Recogiendo unas cosas para la universidad, mamá.
¿Estás bien?
-Las cosas en el trabajo no van muy bien.
El personaje es difícil,
cada vez me sacan más texto...
Esta noche viene Ernesto a cenar y creo que no trae buenas noticias.
-¿Y estás nerviosa?
-Muerta de miedo.
-Yo voy a estar contigo, ¿sí?
(Risas)
-Se la pasó tomando toda la noche. -¿Yo?
-Ay, en serio, ¿cómo le hace?
-Teniendo mucha sed. -Oh...
-Señor. -Lilly.
-Ya están aquí. Llegaron hace unos momentos.
-Qué bueno.
-¿Les preparo el desayuno?
-Ay, sí. Lilly, gracias. Qué hambre. -Con todo gusto, señora.
-¿Por qué me dice "señora"?
No te creo.
-Los productores te quieren ver mañana.
-¿Cómo lo conseguiste?
-Cobrándome favores.
Para que se le quite la sed, mi amor.
Lo único que me preocupa es hacerte feliz.
Hay algo que nunca te conté.
¿Qué cosa?
-Antes de conocerte
yo tuve una hijita.
Me la sacaron.
Me la arrancaron y se la llevaron.
-Ya eres parte de mi vida
y nunca en mi vida he dejado que nadie me quite nada.
¿De verdad viste a Antonio?
Está vivo y a salvo, por ahora.
Está bajo la protección de Cruz.
¿Cruz? ¿El que secuestró a Soledad?
Antonio se ganó su amistad,
pero la Policía está a punto de recuperar el control de la cárcel
y la Policía está a sueldo de Quitombo.
Y Quitombo ya sabe quién es Antonio y quién es usted.
Tiene que irse de Colombia antes de que la maten y a él también.
Yo no tengo nada que hablar con ustedes.
-Ángela, sabemos que Quitombo amenazó a tus hijos y los llevó a su piscina.
Espérate, por favor. Solo queremos hablar contigo un minuto.
-Entre más tiempo lo encubra,
más se le cierra la trampa y más peligra su familia.
¿Qué quieren?
-El alcaide responde ante Quitombo, ¿verdad?
Sí. Y ordenó matar a Antonio y solo ustedes lo pueden ayudar.
No tenemos jurisdicción dentro.
-Winston, no me jodas. -No.
No puedo, Sebastián.
¿No puede o no quiere?
Si ustedes salvan a Antonio, les juro que les entrego a Quitombo.
Eso es lo único que les importa, ¿no?
-Al principio eran las actrices las que no se querían desnudar,
ahora son los hombres. Que no les quiten tanto la camisa
porque son actores serios. Y se pasan tres horas diarias
metidos en el gimnasio. -Por Dios.
-Ernesto, ¿y qué dijeron los productores?
¿Ya vieron el primer montaje?
-Todo perfecto.
-Oye, esto está delicioso. Qué rico.
-Lo van a repartir en mi cumpleaños. Me imagino que no vas a faltar.
-¿Y perderme el evento social del siglo?
-Ni loco. -Ernesto,
mi mamá le hizo una pregunta. ¿Qué dijeron los productores?
-No les gustas, Milena. Lo siento.
No hay química contigo. No sé qué pasa.
-A lo mejor para que haya química se necesita un reactivo.
Así le dieron el trabajo, ¿no?
-No estamos hablando de cambiar un director.
Son diez productores y la mitad son gringos.
-Utilizamos un reactivo más fuerte, ¿no?
-¿Quieres que nunca vuelvan a contratarme más en la vida?
-Bueno, ya, ya. No nos pongamos dramáticos.
Esto es solo que están cortando algunas escenas o cambiando textos,
no sé. Y yo soy el director
y no pueden hacer nada sin mi consentimiento.
Además, yo...
Yo te defiendo hasta la muerte, de verdad.
-Gracias, Ernesto.
-Qué bueno es trabajar con los amigos, ¿no?
-Papá, Ignacio me va a acompañar al centro comercial.
Es que mandé hacer unos ajustes para el vestido de la fiesta
en un tema de las mangas. ¿Puedo?
Te prometo que no me demoro.
-No se despegue de ella y se lleva a más hombres.
-Sí, señor.
-Gracias.
Permiso.
-Chao, mi amor.
-Chao, papá. -Chao.
-Guapo.
Guapo el novio de Soledad.
-Hombre, no es el novio. -¿Ah, no?
Pero por cómo lo miraba, parecía que sí.
(Truenos)
-Amores, no se vayan a acostar tarde.
-Cuando pasen los truenos.
-¿Tú qué estás dibujando?
-Estoy coloreando. -Qué lindo.
-El coche espera, patrón.
-Lo estás haciendo muy bien.
No hay peleas, no hay sapos y la gente te respeta.
Te dejo encargado de lo que más quiero.
-Vaya tranquilo, señor.
-Siga.
Señora, ¿me mandó llamar?
Los hombres vigilan como siempre.
Ya pasó casi un año, no hay de qué preocuparse.
Usted me devolvió la vida al traerme de vuelta a mi hija.
Siempre le voy a estar muy agradecida.
-Fue su marido quien dio la orden.
-Él dio la orden,
pero fue usted quien la llevó en sus brazos,
quien la trajo hasta mí.
Yo sé que no fue fácil,
que no le gustó hacerlo.
¿Se acuerda de la casa de Ibagué?
Yo no dejo de pensar en otra cosa.
-Nos van a matar a los dos por esto.
-Nadie tiene por qué enterarse.
(Puerta)
(QUITOMBO) -Dile que el encuentro es por la tarde.
Si tiene algún problema, que me llame.
¿Estás bien, amor?
-Sí.
-Lo de tu papel se va a arreglar, tranquila.
Ya llegó Ignacio con Soledad.
-¿Qué piensas de él, de Ignacio?
-Trabaja para mí desde que era un niño.
Es discreto, es leal... ¿Por qué ¿Qué pasa con él?
-¿No oíste que Ernesto pensó que era el novio de Soledad?
-Ese maricón ve historias de amor hasta en las piedras.
Ignacio protege a Soledad y es mi mejor soldado.
Él sabe muy bien qué puede o no puede hacer.
Bueno...
(Móvil)
¿Bueno?
-Se nos jodió el plan.
El gobernador piensa en las elecciones,
así que accedió a las demandas. Prohibió que haya muertos.
-Hay que comenzar a pensar en cambiar de gobernador.
Hagan lo que él dice, pero matan al español.
Sobre el papel está muerto, así que no le pondrán mucho problema.
Y al malparido de Cruz le ponen un lacito y lo preparan para mí,
¿estamos? -Entendido.
(Canción en inglés)
-Oye.
Menudo despliegue.
¿Cómo estáis tan seguros de que le vais a coger?
Porque llevamos mucho tiempo preparando esta operación
y no nos vamos a precipitar.
Y porque va a salir bien, ya verás.
Ven conmigo. ¿Qué?
Mira.
¿Esa es mi niña?
Es tu niña, sí.
(Pitido)
-Buenas, señores.
-A trabajar.
-Señora de Brigard, bienvenida. -Gracias.
-Doctor Macías... -Norberto...
-Bienvenidos. -Gracias.
La abogada más intrépida y bonita de Colombia.
¿Cómo está? Bien.
Hoy no vamos a hablar de negocios.
Es mi cumpleaños y vamos a pasarlo bien.
Claro. Permiso.
-Abogada.
No lo puedo creer. ¿Qué hace usted aquí?
Lo mismo que usted, obedeciendo órdenes.
Pero yo soy su abogada. Usted va a tirar su reputación por la borda.
Mejor la reputación que la vida.
-Estoy viendo a Olmedo con Quitombo.
-Con razón no prosperan las causas en contra de Quitombo.
-Ahí está la abogada.
¿Aquí qué coño pasa? ¿No tenemos cobertura o qué?
-Pusieron inhibidores para evitar atentados.
¿Tú crees que esta tipa nos va a ayudar?
-No sé, pero si no lo hace, acabará muerta;
y si lo hace, seguramente también.
¿Han aceptado nuestras condiciones?
-Vamos a entregarnos sin lucha y se supone que las cosas van a cambiar.
Sí, sé que piensas que nos van a joder de todos modos,
pero al menos nos divertimos un rato, ¿no?
¿Y tú qué harás?
Intentar seguir vivo un poco más. Entonces cuídate,
porque el peor error que puedes cometer
es fiarte de la persona equivocada.
Todos estos años yo lamenté lo que le hice a tu hija,
a ustedes.
Y te pido perdón.
-Antonio, nos tenemos que ir. Vámonos.
-¡Eh!
-Deme el arma.
(HABLAN A LA VEZ)
-Maricones... (HABLAN A LA VEZ)
-Sin armas y sin resistencia.
Ese fue el acuerdo que hicimos.
La única forma de salir vivos de aquí es sin pelear.
-¿Cómo así, patrón?
Sabe que si entra aquí Quitombo, de inmediato lo pela.
-Si me matan a mí, pues me matan a mí.
¿Qué saco yo haciendo que mueran conmigo?
# Orgullo banal,
# que solo en mitad de la calle # me dejas.
# Orgullo sin fe,
# triste condición de falsa moneda.
# Orgullo banal...
-Entonces me pide la cartera y me dice: "Si hubiera sabido
que era Norberto Quitombo, le cobro el doble".
(RÍEN)
# Si en mi suspirar # solo queda ansiedad,
# dolor, delirio.
Hola, corazón. -Mi amor. ¿Qué pasó?
Cancelaron el vuelo por el aguacero.
¿La niña ya se durmió? -Sí.
-¿Y tú cómo estás? -Con un poco de sueño.
-Te tocó despertarte entonces, ¿cierto?
(MILENA RÍE)
¿Y esto?
-Él se metió. Yo le dije que se fuera.
-¡Salga, cabrón!
¡Que salga!
-Patrón, le pido que se calme.
-La primera vez en mi vida que no veo venir una traición.
-Señor, nosotros no...
¿Así me pagan todo lo que he hecho por ustedes?
-Te juro que no pasó nada. -¡Cállate!
¡Mátenlo!
Ya te encontraré, hijo de puta.
# Hoy toca pagar
# por mis vanidades.
# Solo en mi soledad,
# hoy toca pagar
# por mis vanidades. #
¿Me regala un poco de champán, por favor?
-Claro.
¿Usted está loca? ¿Qué hace aquí?
Necesito ver a mi hija.
¿Dónde está?
Si Quitombo la ve, nos va a matar a las dos.
Tú también eres madre. Tienes que entenderme.
Vete.
No pueden verte conmigo.
-Disculpen.
Espere.
Yo tengo.
Gracias.
¿Me regala uno?
Gracias.
No debería fumar tan joven.
Eso dice mi mamá todo el tiempo.
Es una fiesta muy bonita.
A mí me parece un aburrimiento, pero no tengo escapatoria.
Siempre hay una escapatoria.
-Señorita, es hora de entrar.
Permiso.
Espera.
Para. Para. -¿Qué? ¿Qué?
Lo mejor es que tú vayas al módulo sur.
No. Vete al módulo sur.
Al menos tú estarás seguro. ¿Y qué coño vas a hacer tú?
No lo sé.
-El que faltaba, el viejo.
Escóndete, que vienen los militares. -Cállese, cagón.
Soy del Servicio de Inteligencia colombiano.
Vengan conmigo. ¡Vamos!
-Me cago en mi puta madre.
-¿Qué pasó?
(Música)
# Tristeza,
# que te llevo dentro de mí # como una silueta.
# Tristeza... Se salieron, amor.
Se salieron.
# ...a tu lado,
# que no puedo dejarte # que sigas llenando mi espacio
# con tanta tristeza.
# Tristeza,
# ni siquiera te pido # que sea para siempre
# pero dame un segundo conmigo... #
-¡Las manos en la cabeza!
(GRITAN)
¡Vamos, vamos, vamos, vamos!
¡Vamos, Vamos! ¡Las manos en la cabeza!
-¡Al suelo! ¡Al suelo!
-¡Al piso todos, señores! ¡Al piso!
-¡Al piso! -¡Al piso!
-¡Al suelo! -¡Al suelo!
-¡Al piso! -¡Ah!
-¡Ah!
-¡Al piso!
-¿Dónde está?
¿Dónde está el españolete de mierda?
-Riéndose de usted, gran marica.
Ese español tiene más huevos que todos ustedes juntos.
¿Cómo lo ve?
¡Ah!
-Toche, ¿me copia?
-Alto y claro.
-Vaya para la entrada principal, que yo vigilo el parking.
-¿Cómo así? -Órdenes del jefe.
-Ignacio.
-¿Qué hace acá?
-Estaba revisando el perímetro.
-Su obligación es vigilar a Soledad.
-Sí, señora.
-Vaya pues.
-Permiso.
(Aplausos)
(GRITA)
-Oye, te perdiste todo el show. ¿Dónde estabas metida?
-¿Y Soledad? -¿Qué pasa?
-¿Dónde está Soledad?
-Milena, ¿qué pasa?
-¿Dónde está mi hija? -¿Qué pasa?
-¡Soledad!
Búsquenla. -¿Ustedes saben algo?
¿Qué carajo está pasando? -¡Tráiganla! ¡Muévanse!
-¿Qué pasa, Milena?
-Usted no.
-Sebastián.
-Joder.
-Sebastián, ¿para dónde va?
-En el módulo sur le pusieron precio a su cabeza.
No sé qué habrá hecho, pero tiene muy buenos amigos afuera.
-Pensábamos que estabas pirado, pero pirado, vamos.
-Claro, como es de cuerdos meterse voluntariamente en esta cárcel...
-¿Adónde vais tan ligero?
-No.
No, señor, no me pegue a mí. No.
Ya no te escapas.
-¿Dónde está Soledad? ¿Dónde está mi hija?
-Señora, ya le dije que yo no sé nada.
-Tranquila, que soledad va a aparecer.
-Te dije que era peligroso.
Sabía que no podíamos confiar en ella y tú insististe en traerla.
-También es mi hija, carajo. -No hay rastro de ella, patrón.
-¿Usted no estaba en el parking? ¿Por qué no estaba en el parking?
-Él me dijo que se encargaba de esa zona.
-Mírelo.
Me va a tener que explicar muchas cosas, ¿no?
-O la encuentras o lo nuestro se acabó.
-Bueno, vamos.
-Quieto.
-Sabía que nos echabas de menos
y que acabarías volviendo con los tuyos.
-¡No, por favor!
¡Ah!
(GRITA) -¡Cállate!
-¡Quieto! -Te voy a matar, cabrón.
¿Te enteras?
(GRITAN)
-¡Suéltalo, hijo de puta!
-¡Vamos!
-¡Ah!
-¡No podrás escapar, cabrón!
¡Voy a ir a por ti!
¡Ah!
-¡Ah! ¡Suéltame!
¡Ah! ¡No! ¡Suélteme! ¡Suélteme!
¡Vamos! ¡Corre!
-¡Arriba! ¡Vamos!
¡Corre! ¡Vamos!
¡Vámonos!
-Toche. Toche, responda.
-Sí. -Se llevaron a la niña.
-El patrón está subiendo a verlos.
¡Cuidado!
-¡Ah!
-Por acá.
Cuando llegue al túnel,
respire lo menos posible y muévase rápido.
Y recuerde, gire siempre a la izquierda, siempre.
Suba.
-¿Seguro que puedes andar? No me queda otra.
-Si se pierde arriba, no sale con vida.
¿Y tú?
-Me quedan pocos meses.
¿Cómo sabré que estás vivo?
Si salgo vivo de esta, te enterarás.
Gracias.
-Bueno, ya, ya. Rápido.
Sebastián, ¿qué pasa?
¿Qué pasa, Sebastián?
No. -¿Qué pasa?
Venga, vamos. Vamos, Sebastián, por favor.
Sebastián.
Sebastián, por favor. Sebastián.
No.
No quiero morir.
No quiero.
Vete con la niña.
Vete con ella.
No me dejes. Venga.
Vamos, vamos, vamos.
-¿Dónde está Soledad? Habla, malparido.
-¡Lo único que va a conseguir es que la maten, hijo de puta,
por su orgullo!
Secuestró a mi hija y la estoy buscando.
Creo que alguien le está dando carnaza a los de Narcóticos.
¿Lo quiere?
Quitombo quiere negociar.
Le traigo algo con lo que puede atrapar a Quitombo.
Sabe cómo usarlo, ¿no?
-Tengo pinchado a este tombo desde hace meses.
No esperaba esto. -¿Dónde está mi mujer?
-Yo solo vine a por mi hija.
-¡Cabrón! -¡Ah!
-¡Cuidado!
-Yo lo hice todo por mi hija y lo volvería a hacer mil veces.
(Disparo)
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