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Original subtitles

(Música de Waldo de los Ríos)

(Para la música, lluvia)

(Truenos)

(OFF) "Hunde más, aprieta".

(ALFONSO, OFF) "Ya lo hago, Isabel".

(Canto de la chicharra)

Aprieta, Alfonso. Ya aprieto, hermana.

Aprieta, Alfonso. Ya aprieto, hermana.

¡Ah!

¡Isabel!

(RÍEN)

(Truenos)

(Lluvia en el exterior)

(Truenos)

(Truenos)

(Truenos)

(ALFONSO, OFF) "¡Isabel, Isabel!".

¡Isabel!

¡Isabel!

¡Isabel!

(RÍE)

(RÍEN)

(RÍEN)

Uh... (RÍEN)

(Truenos)

(Truenos)

¡Ah!...

Está dormido, madre.

Está dormido.

Cálmate, cálmate.

(LLORANDO) ¡Ah!...

Calmaos, señora.

Ea, tranquila. Ya.

Ya estoy aquí.

Me echaba de menos, ¿verdad? Ya he vuelto, señora.

Venid conmigo. Soy Simón.

Venid. Sé otro romance.

¿Queréis que os lo cante?

Así, así, tranquila.

Vamos, señora.

Venid conmigo.

Tranquila...

Así. -Lo robaste.

Recuperé lo que es mío.

Quiero que me digas de qué ha muerto.

¿No han dicho que de peste?

¿Y qué dices tú?

Ábrelo. No, pero ¿qué dices?

¿Estás loca?

Ábrelo. No, Isabel. Abrirlo, no,

está prohibido por Dios. Por los hombres.

Te he oído decir que el pecado está en no abrir a los muertos

para ayudar a los vivos. Sí, Isabel. Pero me matarían.

¿Qué sospechas?

Veneno. No puedo.

No me pidas eso. No puedo hacerlo.

Dame.

Dime cómo se hace.

Trae velas.

(Piar de pájaros)

(Música tradicional, gaita)

¡La comida! ¡Viva! ¡La comida!

(TARAREA)

¡Llegó el puchero, hermana! (TARAREA)

A comer, vamos.

Deprisa, siéntate, Isabel.

Tengo hambre.

(Para la música)

Qué raro. ¿Y cuándo estás desganado tú?

¿A que no sabes qué me comería ahora mismo?

A ver, ¿qué te comerías? Un pastel de venado.

¿No prefieres las judías? -¿Otra vez?

Las de hoy son distintas. -¿De veras?

Son otras. Las de ayer ya te las comiste. (RÍE)

Pero si es muy fácil, Alfonso.

Tú cierras los ojos y piensas con fuerza en un pastel de venado.

Verás como te sabe igual.

Santíguate pronto.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Piensa con fuerza en pan blanco.

¿Lo hueles?

Sí, ya lo huelo.

Isabel, ciérralos y verás como...

Es que has pensado con tanta fuerza, hijo...

Ahora piensa en queso.

Y ahora, en chorizo.

(RÍE)

¿Cómo conseguiste todo eso?

Me lo dieron. ¿Por qué?

Por... No me riñas.

Por tocar en el pueblo.

¿Pediste limosna? Te tengo prohibido que...

Dar un concierto no es pedir limosna.

Tuvieron el privilegio de oír mi nuevo romance.

¿Uno nuevo?

Sí, "El romance de la espada negra".

¿Se lo has hecho a esa espada vieja?

Espada negra embrujada como una noche sin luz,

de acero negro forjada desde la punta a la cruz.

Y digo cuándo se volverá blanca.

¿Cuándo? -Cuando una mano la coja

con justicia y con razón, volverá blanca su hoja

si blanco es su corazón.

Fantástico, me lo tengo que aprender.

Y no acepté dinero.

Pero insistieron tanto con esto...

Bueno, está bien.

Estuviste educado.

Isabel dice que no se deben hacer desprecios.

Sobre todo a los chorizos.

(RÍEN)

(Galope de caballos)

¡Son cinco!

¡Y es el arzobispo de Toledo!

¡Y un juez!

Un juez, hermana.

Trae toga. ¡Dios,

qué lujo y qué caballos!

Han entrado aquí.

Ten, sigue tú.

Están ahí unos caballeros

y su eminencia, el señor arzobispo de Toledo,

y el Justicia Mayor de Castilla. Quieren hablar contigo a solas.

¿Con él? Ajá.

Ve.

Acuérdate de arrodillarte y besar el anillo a su eminencia.

Ven conmigo, por favor.

¿Tiene miedo un infante de Castilla?

¿Así o me pongo el bueno? Aún no te lo he terminado.

Hala, no les hagas esperar. Sin correr...,

con dignidad.

No con tanta dignidad,

hombre.

(RÍE)

(Conversaciones indistintas)

Hijito...

¿Vamos a hablar de pie?

¿No hay sillas?

Hay un sillón bueno, pero lo ocupa mi madre.

Os podéis sentar, marqués.

Debe sentarse el rey.

Sentaos, mi dueño y señor.

Os hemos elegido rey.

Sentaos, dueño y señor nuestro.

Sí, eres nuestro rey, hijito.

Vamos, siéntate.

No perdamos el tiempo.

Mañana te coronaremos en Ávila y toda Castilla te aclamará.

-Y yo, como Justicia Mayor,

hago legal vuestra proclamación.

Y yo os apoyo con mi ejército.

Y yo, conde de Benavente, con el mío.

Y yo, conde de Paredes, con el mío. -Y yo, con el mío.

Y te bendeciré en nombre de Cristo, hijito.

Sois, mi dueño y señor,

el hermanastro de Enrique IV.

Y os corresponde sucederle con el título de Alfonso XII.

¿Ha muerto mi hermano?

¿Ha muerto Enrique IV,

eminencia? Al menos huele a podrido.

(TODOS, RÍEN)

(TODOS, RÍEN)

Vámonos a Ávila. Despedíos de vuestra madre.

Sí, deprisa, hijito, vamos.

Pero si no ha muerto...,

¿eso no es sublevarse contra el rey?

¿Qué rey? No hay rey.

Hay un imbécil con corona.

Que ha convertido Castilla en una cloaca.

El pueblo se muere de hambre. Se muere de hambre como vos.

Un infante mendigo...

Juró conquistar Granada a los moros

y en vez de eso les paga tributo de 100 mujeres,

mujeres castellanas para su harén.

Y la reina le ha puesto cuernos de vaca

y ha tenido una hija con don Beltrán de la Cueva.

¿Sabéis, alteza, cómo llama el pueblo a esa niña?

La Beltraneja.

(RECUERDA, CON ECO) "La Beltraneja, la Beltraneja...".

Isabel...

Veneno.

Sublimado corrosivo.

Le abrasó las entrañas.

Debió sufrir horriblemente.

¡Ah! -¡Señora!

Señora, por favor, calmaos.

Calmaos, señora.

(ALFONSO) "Déjame, hermana, déjame ir a Ávila".

"No quiero que te subleves contra el rey".

¿Por qué? Porque es el rey, es la autoridad.

Es malo. Peor que una mala autoridad

es atacar la autoridad.

Un rey solo deja de serlo cuando muere porque Dios quiere

o cuando abdica porque quiere él.

El propio arzobispo me anima a ir a Ávila.

Al cielo es donde un clérigo debe animar a ir.

Nos mata de hambre a ti y a mí.

No pienses en nosotros. Debo pensar.

Entonces no mereces ser rey.

Ser rey es pensar en todos los demás.

Y pienso. El pueblo tiene hambre.

Todos hablan del hambre del pueblo, pero nadie lo remedia.

Yo lo remediaré. No te dejarán.

Serás un muñeco en sus manos.

Ya tengo 12 años.

Perdona.

No quiero que te vayas.

No quiero separarme de ti.

(SOLLOZA)

¿Sabes qué llevaré? La espada negra.

La volveré blanca.

Cuando una mano la coja con justicia y con razón, volverá...

¿Qué más? ¿Qué más, hermana?

¿Cómo sigue?

Volverá blanca su hoja si blanco es su corazón.

(Campanadas)

(Música triunfal)

(Campanadas)

(Vítores)

(HOMBRE) ¡Viva el rey! (NIÑO) ¡Viva el rey!

¡Viva!

¡Viva el rey! ¡Viva!

¡Viva el rey!

(Gritos)

(Gritos)

Oh, san Olegario, san Gervasio, san Froilán,

que fracase esa sublevación,

que fracase Villena, que ese hijo de puta...

Perdón, quise decir que esa pobre oveja descarriada

no levante al pueblo contra mí.

Oh, san Olegario, san Gervasio, san Froilán,

os pido piadosamente

que esa ovejita reviente de una maldita vez.

Perdón, perdón, quise decir...

¡Sí, quise decir que reviente!

No es oveja, es cabrón.

(Galope de caballo)

¿Me estás besando a mí o al mensajero?

Anda, deja de pensar en él.

Pero ¿qué noticia esperas?

¿Te la digo yo?

Villena ha fracasado

y el arzobispo consuela al niño

dándole el pecho. (RÍE)

No te rías, está triunfando.

Bah... -¿Bah? Ávila es suya

y Valladolid. Y ayer Madrid.

Sigue besándome, ven.

Pero ¿no ves el peligro? -Mi peligro eres tú, cariño.

Estamos jugando con fuego.

Eso quiero desde hace un rato, Beltrán.

¿Por qué no luchamos contra él?

¿Qué espera tu marido? -Que le salven san Olegario,

san Gervasio y... Anda, bésame, ven.

Ven, bésame.

Dile que me dé el mando del ejército.

Bésame, canalla.

Quiero el mando o juro que me voy. -Y yo contigo, amor.

¿Para qué te quiero si dejas de ser reina?

Villena te destronará, estúpida.

¿Y dejarías de quererme?

Contesta. ¿Quieres a la reina o a la mujer?

Reina hay una, mujeres me sobran.

¡Oh!

(Toque de trompeta)

No tendrás el mando del ejército

aunque ese mensajero diga que toda Castilla se ha sublevado

a favor del niño.

Vieja, me voy y no me volverás a ver.

Púdrete sola. -¡No, Beltrán!

Perdóname, Beltrán.

(Pasos)

¿Reventó?

¿Quién, alteza?

¡Villena, imbécil! Cállate.

Si no reventó, no me lo digas.

¿Reventó o no? Eh...

Habla, idiota, o te quemo los ojos.

¿Reventó?

No.

Calla, no me digas lo malo, calla.

Oh, san Olegario, san Gervasio, san Froilán,

me lo prometisteis.

¿Qué más ciudades se han sublevado?

Toledo, Burgos y Sevilla.

Uh...

¿Qué me queda entonces? Luchar, alteza.

¡No me da la gana! Vuestro ejército es superior.

No quiero sangre. Me da asco.

Luchad, por Dios. Los venceréis.

Pero ¿por qué les gusta ahora ese niño?

Debe estar muy crecido.

Hace años que no le veo.

Yo le dormía cuando era una pulga.

Luchad, alteza. Villena viene hacia aquí.

¡Imbécil, empieza por ahí!

Prepara mi caballo.

Viene Villena,

vámonos, hay que unirnos a Alcaraz.

Lucha, cobarde.

Tienes un ejército.

Me da asco la sangre.

Vomito, lo sabes de sobra. Vámonos.

¿Dónde? ¿Dónde?

Donde sea.

Piénsalo tú. Pensadlo los dos. Pensad por mí.

¡Maldita sea, soy el rey, buscadme un sitio!

¿Dónde? Pues... a Madrid.

Vámonos, rápido.

Madrid ha puesto precio a tu cabeza.

Un maravedí.

Igual precio que a una gallina.

Dale el mando a Beltrán. -Te traeré el corazón de Villena

aún caliente.

¡Sucios, puercos!

Dale el mando del ejército a Beltrán. Él luchará por ti.

No, no, ya no quiero ser rey. Abdico. Abdico.

¡No!

Pero si soy feliz en el campo, con mis ovejas y con mis...

No, no abdicarás aunque tenga que clavarte en el trono.

Yo necesito seguir siendo reina.

Beltrán, toma el mando y tráeme el corazón de Villena.

Te lo restregaré, te haré dormir con ese corazón.

Y lo hará, la conozco, me restregará su corazón.

¡El niño!

El niño me salvará. Le escribiré una carta.

Quiero que se la lleves. Que no te vea nadie.

Lo harás, ¿verdad? Tú y yo somos amigos.

"¿No?".

Quiere hablar conmigo a solas. -¿Dónde?

En el Mesón de los Toros de Guisando.

Es una trampa. -No vaya, vuestra alteza.

Iré yo.

¿Y si quiere abdicar? ¿Y si te pasa algo, Juan?

Prefiero mil veces que me pase a mí...,

hijo mío.

Gracias. Vuelve pronto.

Rezaré por ti.

¡Hermano, hermanito!...

Si es una trampa, te degüello.

¿Para qué quieres al niño?

Para... Para... Para darle mi corona.

¿Abdicas?

Tienes razón, Juan, abdico en él.

Tienes muchísima razón, Juan.

Idiota, ¿y me haces esto a mí,

a tu Juan?

Pero si abdico en el niño.

¿Y crees que quiero que ese asqueroso niño sea rey?

¿Me tomas por un ama de cría?

¿Crees que quiero compartir un rey con ese cura?

No esperaba eso de ti, Enrique. Pero ¿no le coronaste tú?

¿No has sublevado para él a toda Castilla?

Para que vieras que, si me enfado, tú no eres nadie.

¿Y por un enfado entre tú y yo has armado todo esto?

(RÍE)

¿Qué hay más importante en Castilla

que un enfado entre tú y yo? (RÍE)

¿Qué diría...? ¿Qué diría el arzobispo si te oyese?

Eres maravilloso, Juan, eres maravilloso.

Por eso te quiero.

¡Mentira!

Si me quisieras, no abdicarías.

Pero si seguiremos siendo amigos.

Si no eres rey, no me interesas.

¿Dejarías de quererme?

¿Quieres al rey o a mí?

Rey... solo hay uno.

Canalla.

Te odio. ¡Así revientes! ¡Te odio! Quieres a tu mujer más que a mí.

No es verdad. La quieres.

¡No! Sí.

¡La quieres! ¡La quieres! No te oigo, no te oigo.

Mentiroso, no te oigo.

La dejaste meterse entre tú y yo,

que me quitase el poder para dárselo a ese Beltrán.

Y no me llores, conozco tus artimañas.

Demuéstrame que no la quieres: ahórcala.

Ahorcarla, no.

Enciérrala en una fortaleza y yo te quito de en medio al niño.

Ella a cambio del niño.

¿Hace?

Sales ganando en el trato.

¡Ah!

¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!...

¡Ah!...

¡Ah!...

¡Ah!...

¡Ah!...

¡Ah!...

¡Ah! ¡Ah!...

¡Ah! ¡Ah!...

¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!...

¡Ah!...

¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!...

Es vino caliente.

Acuéstate, hija.

Ya no puedes hacer nada por él.

Esa carroña no me importa.

Está vivo dentro de mí.

Viviremos juntos hasta que yo muera.

Pero aprovecharé su carroña.

Es buen abono, ¿verdad?

Me hará crecer.

Creceré tanto que los aplastaré a todos.

Dios...

¿Qué te pasa?

¿Sigues mal? ¿Te duele algo?

Castilla, aquí.

Y ya no puedo soportarlo más.

Quiero ser reina.

Seré reina de Castilla

y abriré las ventanas para que entre la luz.

Y la limpiaré. Te lo juro.

¿No dicen que las mujeres solo servimos para barrer?

Pues la barreré. Y pondré cada cosa en su sitio.

La corona, arriba; la nobleza, abajo;

la Iglesia en la iglesia

y el ladrón, en la horca.

No, no me he vuelto loca como mi madre.

He pensado mucho durante toda esta noche y he visto mi camino.

Te matarán también. No, a mí no.

¿Y quién te apoyará para sublevarte?

No voy a sublevarme.

No necesito ejército ni a nadie que me apoye.

Lo haré sola, con tu ayuda.

¿Con mi ayuda?

Solo te tengo a ti.

Pero, Isabel...

Vaya pareja tú y yo para conquistar un trono, ¿verdad?

Pide un caballo al posadero y galopa con todas tus fuerzas

día y noche. Reviéntalo si es preciso.

Quiero que vayas

a Zaragoza. ¿A Zaragoza?

Y pides audiencia al rey de Aragón. Anúnciate

como embajador. ¿Embajador?

Y pides para mí...

la mano de su hijo, el infante don Fernando.

Ya sé que esto no es decente, pero debo casarme con él.

¿Con un enemigo?

Y si me rechaza, me muero.

¿Tan enamorada estás?

No le conozco.

Dale este anillo de pedida.

Y por Dios, no lo pierdas y que no te lo quiten.

Defiéndelo con tu vida, que no te lo vean en la frontera.

Júramelo.

(Canto de chicharras)

(Música medieval)

Delicadísima. ¿Es tuya?

¿Me dejas que le ponga letra?

(DECLAMANDO) Oh, suave amor.

Oh, gran dolor.

Oh, tierno encanto de tu canto, de tu voz.

¡Quita!

¿Eh, Juan?

¿Qué te parece?

¡Ah!

Ya sé quién robó el cadáver.

Fue su hermana, la infanta Isabel. Chist...

Cavó la tierra con sus propias manos y se lo llevó de allí.

Mentira. Fue el arzobispo.

Fue ella, ella sola.

Pero si debe ser una niña.

Ya es una mujer. Y ordenó a un físico que viese el cadáver.

Y analizó las vísceras.

¿Qué estás haciendo?

Quita. Me está saliendo una letra divina y tú...

¿Qué quiere este?

Isabel se ha llevado el cadáver.

Sí, ya lo sé. Toca, verás cómo sigue la letra.

¿Que ya lo sabes?

Sí, me escribió diciéndomelo.

Ven. Oh, mi rey moro, oh, mi tesoro.

Calla. ¿Por qué no me lo dijiste? Pues...

Perdona, lo olvidé. ¿Lo hizo por orden del arzobispo?

No, para hacerle un funeral. Y tiene razón. No se lo hemos hecho.

¿Vas a ir? Claro,

es una ceremonia en familia y será divina.

Yo solo en la oscuridad de la catedral.

El canto gregoriano.

Dame. A ver cómo te suena.

(Música medieval)

Mata al físico. Ya lo hice.

Vigila ese funeral.

Averigua si es cosa del arzobispo.

¿Qué hago con Isabel?

Esa palurda no me preocupa.

¿Dices que ya es una mujer?

Sí.

(Música, trompetas)

¡Gina!

Pero ¿dónde vas, Gina? ¡"Jía"!

Ahí va el jabalí, mírale.

¡No lo veo! ¡Espérame, Gina!

¡"Jía", caballo!

Párate, no sigas. Vuelve, es peligroso.

¡Eso es Castilla!

¡Gina!

(Relinchos)

¡Ay!

(Relinchos)

(RÍE)

Estás loca, italiana del demonio.

¿No ves que eso es la frontera?

(RÍE)

Y hemos perdido el jabalí.

¿Dónde lo viste?

(RÍE)

(RÍE)

¿Me ayudas o prefieres el jabalí?

(Música tradicional, gaita)

(Para la música)

(Música tradicional)

¿Adónde vas?

¿A Aragón?

¿Por qué no hablas?

¿Llevas contrabando?

¿Ni en la boca?

(RÍE)

Abre la boca.

Ábrela.

Una cuerda, vamos a ahorcarle.

(Piar de pájaros)

(SOLDADO) ¡Ven aquí, detente!

(SOLDADO) ¡Espera, ven aquí! ¡No des un paso más!

¡Detenedle!

(RÍEN)

(RÍEN)

(RÍEN)

Hasta ahí.

(Silencio)

Este viejo ya está en Aragón. Ha cruzado la mitad del río.

¿Y qué? Que este viejo es mío.

¿Sí? Pues tiro así y le saco de Aragón.

No, no, no. Eso sería meter contrabando.

Pero la cuerda está en Castilla. Córtala.

¿Ah, sí? Pues quédate con la cuerda.

Andando.

(RÍE)

¡Milagro! Un mudo que habla, milagro.

Sálvame.

-¿Ocurre algo, alteza? -Sálvame.

No,

charlábamos de contrabando.

(RÍE)

Dejad entrar a este mudo que habla.

(SOLDADO) Sí, alteza.

¡Alteza, alteza!

Alteza, ¿sois...?

Perdón.

¿Sois el infante don Fernando de Aragón?

Ajá.

Oh, este sí que es un milagro y Dios lo ha hecho por algo.

No me debes nada. ¿Sabéis lo que significa?

Lleva las armas de mi padre.

Ajá.

Señor, pido vuestra mano... ¿Qué?

...para la infanta Isabel de Castilla.

(Música medieval)

¿Cómo tienes tú esto?

¿Lo conoces?

Es de tu prima Isabel. ¿Quién te lo ha dado?

Ese castellano que dice que es un embajador.

Lleva tus armas.

Porque es mío.

Señor embajador, os agradecería nos dejéis solos.

¿Por qué ese disfraz?

Aquí no asesinamos a los castellanos.

No es disfraz. Soy un criado.

¿Tu rey se atreve a mandarme un criado?

No, fue Isabel..., la señora infanta.

Estamos solos...

Está sola, con la reina madre, la loca.

El niño ha muerto.

Lo sé, de peste.

Asesinado.

Así que es ella la que pide mi mano.

Ni pudor queda ya en Castilla. (RÍE)

Tiene derecho a hacerlo.

Debí... Debí decírtelo.

Hace ya tanto tiempo...

Verás, hijo, nuestras relaciones con Castilla eran como de hermanos.

Nació Isabel, naciste tú y os prometimos

en matrimonio. ¿En matrimonio?

Yo mismo lo puse en su cuello como promesa solemne.

Pero si ni siquiera nos conocemos.

Padre, no pretenderás que yo... No, por Dios, hijo.

Y ahora, con todo descaro, esa mujer quiere aprovecharse.

Pero hay que darle una contestación.

Despacha a ese criado con una disculpa.

No. A través del criado, no.

Bueno, pues escríbele...

cualquier cosa.

Fue una promesa solemne, hijo.

Y lo menos que merece esa promesa

es que vayas personalmente a decirle que no.

¿Que yo vaya a Castilla?

Si tú no vas, debo ir yo.

Pero si me descubren, me matan, padre.

El infante de Aragón en Castilla, me quemarán vivo.

Tienes razón. Yo iré.

Iré yo, el viejo irá por delante y le anunciará mi llegada.

Dale un regalo para ella.

Eso la consolará de su fracaso. Hijo...

Cuida tu vida.

Sí.

(Cantos gregorianos)

(Paran los cantos)

Oremos por el alma del infante don Alfonso.

# Pater noster. #

(Música funeraria, órgano)

(CANTA LA MISA EN LATÍN)

# "Requiescat in pace".

(TODOS) # Amén. #

(CANTA LA MISA EN LATÍN)

(TODOS, RESPONDEN CANTANDO EN LATÍN)

(Música funeraria, órgano)

¿Qué pasa? No veo nada...

¿Por qué cerráis?

¡Abrid! ¡Traed una luz!

¿No me oís?

Abrid. ¿Qué diablos pasa?

Abrid. Abrid. ¡Abrid de una maldita vez!

¿Cómo os atrevéis?

Abrid.

Abrid, soy el rey.

Os voy a degollar a todos.

¡Abrid, curas del infierno! Ah...

Oh...

Ay, Dios mío.

Señor mío Jesucristo..., ayúdame.

Ayuda...

¡Isabel!

Oh...

Oh..., ¡oh!

(Arcadas)

¿Por qué le asesinaste?

No...

¿Por qué le asesinaste?

Fue... Fue la peste.

Fue veneno.

No...

Era solo un niño.

Tú le besabas mientras dormía.

Ordené al físico que le abriese.

Le sacó las entrañas.

Sublimado corrosivo.

Le abrasó vivo.

Le arrancaste el alma de cuajo.

Juan... Juan me dijo...

que murió entre sus brazos.

Y saltaba, ¡saltaba, saltaba entre sus brazos!

Saltaba, saltaba. (LLORA)

Le mataste tú.

No, no, fue Juan.

Fuiste tú.

No, no... Te juro por mi salvación eterna que yo...

Tú eres el rey, tú eres culpable.

Eres más asesino que él.

Y no habrá salvación eterna para ti.

También has envenenado a Castilla.

¿No la oyes gritar?

¿No la ves saltar entre tus brazos?

Le estás arrancando el alma.

Mírate. Así eres rey,

sentado entre cadáveres sobre tus propios vómitos.

¿Qué puedo hacer? Vete.

No sirves como rey.

Pero si quiero irme, Isabel, quiero irme.

Tienes una hija que no es tuya.

La corona me pertenece.

Abdica en mí.

¿Quieres ser reina?

Sí.

¡Claro!

Gracias. Gracias, hermanita.

Sí, abdico en ti, abdico en ti.

Júralo por tu alma. ¡Lo juro por mi alma!

(Soplido del viento)

(OFF) "Vamos, Alfonso, con fuerza".

"¡Hunde la reja, aprieta!".

(ALFONSO, OFF) "Ya lo hago, Isabel".

"Aprieta, Alfonso".

(ALFONSO, RÍE)

(RÍE)

(ALFONSO, RÍE)

(RÍEN)

Uh...

Lo conseguí, Alfonso, y tú me ayudaste, hermano.

(SIMÓN, DESDE EL EXTERIOR) ¡So, caballo!

Ahora vuelvo, madre.

(RÍE) Eh...

¿Traes respuesta?

No.

Porque te la trae él.

Viene a verte en persona el infante de Aragón.

Si vieras lo loco que está por conocerte...

¿De veras?

Ah, ¿crees que abundan muchachas como tú?

Seguro que ahora trae el corazón como un caballo desbocado.

Y qué palacio. ¡Dios, qué riqueza!

¿Y te ha dicho que sí, que acepta?

Pues claro, ¿a qué viene si no?

Pero ¿te lo ha dicho?

Querrá decírtelo a ti. Esas cosas se dicen a solas, Isabel.

Quizás solo viene por cortesía. ¿Por cortesía?

¿Y se expone a que lo maten? (RÍE)

¿Y no te ha dado una carta, unas letras, algo?

¿Qué te parece? Como un sueño.

No digo el collar, me refiero a él.

Y yo.

Más fuerte, más fuerte. ¡Soy pecador!

¡Soy pecador! ¡Soy pecador! Es un pecador, más fuerte.

Es un pecador, más fuerte.

San Olegario, sálvame. Es un pecador, más fuerte.

Más fuerte. Fuera, largo de aquí.

¡Fuera, sapos!

Pero ¿qué demonios haces?

Un acto de contrición por tu culpa.

¡Vete, asesino! No quiero verte más.

Le envenenaste, canalla.

¡Abdico en Isabel!

Me voy para no ver más tus ojos de asesino.

¿Abdicas en esa puerca?

La casaré con el rey de Portugal o con Ricardo.

¿Y crees que a ellos les gusta el estiércol?

Si abdicas, te abandono.

Nunca volverás a ver a tu Juan.

Eso ya no te sirve, Juan. No te sirve.

Porque me da asco, asco.

Id tras él, convencedle.

Ahora no.

Le conozco. Es peligroso que abdique.

¿En qué pensáis?

En que me gusta el estiércol.

(Chillidos de aves)

(Chillidos de aves)

(Canto de chicharras)

¿Falta aún mucho, alteza? No lo sé.

Y no me llames alteza. Pero si no hay nadie.

No me fío ni de esta tierra podrida.

(Piar de pájaros)

¡Eh!

¡Oye!

¿Está lejos el pueblo?

Al otro lado del palacio.

¿Quién vive ahí?

La reina madre. ¿Nos recibirá si entramos?

Es que mis amos son mercaderes. Traen telas, perfumes, de todo.

Está enferma. ¿Y la hija?

¿No vive ahí la infanta Isabel? Tampoco os comprará nada.

Está de luto.

Gracias.

De nada.

¿Dónde está la posada?

Ahí, a la entrada del pueblo.

Gracias.

La comida, mis amos.

¡Posadero! ¿Dónde están las escudillas?

¿Quieres que coman como cerdos? Ya voy, hombre, ya voy.

Las estaba fregando. ¿Desean vino los señores?

Pues claro. Date prisa. Moza, llena esa jarra.

¿Me echas una mano?

Y las dos si quieres. Sinvergüenza, digo el pellejo.

Y yo. Que pesa mucho.

Vamos, yo te ayudo. -Antipático.

Voy a verla. No os fiéis de nadie. (SUSURRANDO) Sí, alteza.

Simpático.

Viene ahora mismo, excelentísimo señor.

¡Chist! Ah...

¡Chist, ven, chist!

¿Quién es?

El excelentísimo marqués de Villena.

¡La aldeana!

Señora infanta.

Por fin os veo. Mi sueño se ha cumplido.

Vuestro hermanito, a quien Dios tenga en su gloria y a quien quise

como a un hijo, me habló tanto de vos...

Sé que me han calumniado y que vos lo habéis creído.

Mi sino es cargar con las culpas del rey.

Dios me dio esa cruz.

Alabada sea.

Fui un padre para vuestro hermano.

Me quería tanto...

Me decía: "Cásate con Isabel, cásate con Isabel,

la amarás en cuanto la veas".

Y acertó.

Eres tan hermosa...

Cubriré tu cuerpo de joyas cuando te cases conmigo.

Te daré tanto oro como apetezcas.

No hay fortuna en Castilla como la mía.

Te envidiarán todas las damas de la corte.

Todas las mujeres.

Dejadnos solos.

Por favor.

De paso, llevaos esto.

Pero ¿cómo te atreves?

¿Sabes, mendiga, que estoy más alto que el rey?

Yo te pondré más alto. ¿A mí?

Te colgaré de una alemana.

Puerca, que hueles a estiércol...

Jamás serás reina. Lo seré

y me caso con el infante de Aragón.

¿Qué?

¿Tú? (RÍE)

Su regalo de compromiso es precioso.

¿Te atreves a soñar con ese cerdo enemigo de Castilla?

Ofrécete a él y, cuando te desprecie,

cuando se revuelque de risa, te juro que serás mi mujer

y te cabalgaré

a espolazos. ¿Me oyes?

Espera, ¡quieta, párate!

Voy a avisar a Isabel.

No, ven conmigo, tenemos que hablar tú y yo.

Pero, alteza... Quiero saber lo que le dijiste.

Vamos, a la posada.

El collar era solo un regalo.

No vengo a casarme con ella, ¿lo oyes?

¿Por qué le has mentido?

¿Quién eres tú pa...?

Deja de llorar.

La culpa es mía. ¿Y qué importa, alteza?

Allá ella si se ha hecho ilusiones. -Decidle la verdad y nos vamos.

Y la mato dejándola a merced de ese canalla.

Que se arregle como pueda. ¿Por qué diablos quiere ser reina?

¿Tan ambiciosa es? Lo hace por Castilla, señor.

Pero ¿qué sabe de política? La asesinarán también.

Está loca.

Loca, no.

No hay loca que aguante con tanta dignidad

la actuación de ese comediante.

Y supo herirle con una sola frase.

Pero la política no son frases. Las frases hieren, no matan.

Y un enemigo herido es dos veces enemigo.

Son problemas entre castellanos, alteza.

Sí, esta noche nos marchamos.

¿Sin decirle nada?

Nada, no me gusta el oficio de verdugo.

Mátala tú si quieres.

Abre, Enrique, te lo suplico.

Déjame hablarte. Solo una vez, para despedirme.

Por favor, Enrique, no seas cruel conmigo.

Solo quiero verte.

¿Vas a impedirme eso?

Sé que estás ahí.

Soy Juan. Abre, por Dios.

Abre a tu amigo.

Este cabrón... Es inútil.

Lo he perdido todo. Queda Isabel.

Acostaos con ella y cabalgadla a espolazos.

Y tendrá que casarse con vos.

(Galope de caballos)

(Puerta abriéndose)

(Música de suspense)

Oye...

¿Dónde estás?

Escucha.

No la veo.

Seguro que anda por ahí escondida.

¡Eh! Ha huido.

El jergón aún está caliente.

Tienen que estar ahí abajo.

(Para la música)

¡Ah, ah!

¡Ah!

¡Oh!

¡Uh!

¡Ah!

¡Abre, posadero, por la Virgen santísima!

¡Soy la infanta, abre! ¿Qué pasa?

¡Posadero! ¿Qué pasa? Dímelo.

Déjame, déjame pasar. ¿Qué ha ocurrido? ¿Te persiguen?

Suelta, llama al posadero, dile que soy la infanta.

Yo puedo ayudaros, señora infanta, dejadme que os ayude.

No.

¿Qué os pasa?

¡Ah!

¡Ay!...

¡Ah, ah!

Ah, ah...

(Forcejeos)

Ah.

(Forcejeos)

Ah... Ah...

Entonces era verdad, se han prometido. Iré hasta la frontera

y mataré a ese cerdo aragonés en cuanto pise Castilla.

Y se casará con otro y será reina y me ahorcará.

Lo vi tan claro en sus ojos como veo ahora esto.

A esa puerca hay que matar.

O la mato yo a ella o me mata ella a mí.

¿Y cómo justificaréis el asesinato de una infanta?

Con esto, diré que salvé a Castilla de esta traición.

Estará escondida por los alrededores.

Vamos. Espera.

Ven, no te quedes atrás. Quizá estén todavía.

¿Llevas algún arma? No, vamos.

Te matarán.

(Música dramática)

Vámonos, rápido. Déjame, hay que llevarla a la posada. Aparta.

Pueden volver. Déjame cogerla.

Vete, te lo ordeno. ¡Quítate, maldita sea!

¡No la toques! ¡No la toques! Hay que curarla, ayúdame.

Vinagre para curarla. Voy.

Y un ungüento. Vale.

Gracias. Márchate ahora mismo.

Vendrán a buscarte aquí.

Perdón, señora infanta.

Marchaos, corréis peligro, señora.

Id a ver al rey. Yo os doy escolta si queréis.

Aquí no se atreverá a venir. ¿Que no? ¿No comprendes...?

¿No comprendéis, señora infanta,

que querrá mataros para que no le denunciéis al rey?

El rey no me defenderá, le tiene miedo.

No tengo adónde ir. Estoy sola.

Sola.

En Aragón, echaríamos su cabeza a los perros.

(Pasos)

Aquí está todo.

¡Vámonos, alteza! ¿Qué os importa todo esto?

Son asuntos entre castellanos. -Ya la habéis ayudado bastante.

Volvamos a Aragón, señor. Está sola.

No podéis hacer nada, alteza. Estáis corriendo un peligro.

Si os reconocen, nos matan. -Olvidaos de esto y vámonos.

Pasado mañana estaremos en Aragón. Pensad en vuestro padre, señor.

Vos mismo dijiste que saldríamos esta noche.

Sí, vámonos.

(Llaman a la puerta)

(HOMBRE) ¡Abre, posadero!

¿No me oyes? -¿Adónde vais?

Tengo que sacarla de aquí. -¡Abre, maldita sea!

(HOMBRE) ¡Abre ya! Ven, rápido, ya ha venido.

Aparta.

Ven, vámonos. No, no la dejo sola.

Está con nosotros. -La cuidaremos.

Te matarán. Quiero saber si se atreven.

Cuando lo sepas, les matarán a ellos para no dejar testigos.

No... ¡Madre! ¿Quieres que mueran?

(HOMBRE) ¡Posadero! ¡Abre!

Abre en cuanto salgamos. Subid al cuarto y encerraos.

¿Dónde vamos a ir?

¿No hay nadie que te pueda ayudar? Nadie. Suéltame.

¡Abre, posadero! Pero ¿no tiene Villena un enemigo?

Sí, el arzobispo, pero está en Toledo.

Pues a Toledo.

¡Abre, posadero!

¿No me oyes?

(Croar de ranas)

(Galope de caballo)

(Música, risas)

(Ambiente taberna)

Para mí. Esta, esta es para mí.

(HOMBRE) Venga, otra.

Ven aquí.

Sube, anda. -¡Estaos quietos!

¡Mi hija, no, por Dios!

No os la llevéis.

Atrás. -Súbete la falda.

Pero ¿qué demonios hacen? ¡Largo de aquí, marchaos!

Son mujeres para el rey de Granada.

¡Llévatela, imbécil!

Que no la vean.

Quiero comida y ropa para ella.

¡Oro!...

Arriba, escóndela arriba, ahora te lo subo.

Vamos.

¿Una moneda de oro? Mis ahorros de un año.

¿Y los pierdes por mí?

¿Cómo podré pagarte?

Desnudaos.

Quiero decir que os quitéis la ropa mojada, podéis enfermar.

Y meteos en ese montón de paja.

Os calentará.

Estáis tiritando.

Desnúdate, date la vuelta, más.

Más arriba.

Más, más.

Otra.

Quietos...

¡Atrás, atrás!

El pecho.

¡Más! ¡Venga!

(Conversaciones indistintas)

(Música romántica)

Señora infanta.

(Para la música)

¿Ya? La ropa.

Vuélvete de espaldas.

¿No es igual si cierro los ojos? No es igual.

¿Por qué dan esas mujeres al rey de Granada?

Para que no nos ataque.

Es el precio de una cobardía.

No sabía que aún se pagase ese tributo.

Yo acabaré con eso.

¿Cómo? Conquistando Granada.

(RÍE)

Yo os ayudo, no tengo nada que hacer esta noche.

No mires.

Perdón.

Uniremos nuestros ejércitos.

Eso es.

El mío cuenta con vuestra espada.

Digo los ejércitos de Castilla y Aragón.

Me casaré con don Fernando, tu infante.

¿Y... le conocéis?

No. Ya puedes mirar.

Estás preciosa.

¿Le has visto alguna vez?

¿A quién? A don Fernando.

Ah, sí.

¿Y cómo es?

Pues... che.

(Conversaciones indistintas)

¡Excelencias! ¿En qué puedo servir a vuestras excelencias?

Dame vino caliente. Y a mí.

Ahora mismo, excelencia.

Media gallina, la más gorda que tenía.

Muy bien. Pon eso a secar y avísanos cuando esté.

Bien. Toma.

Vamos, trae el vino.

Sí, excelencias.

No lo entiendo. ¿Qué?

Que os caséis sin estar enamorada.

No puedo pedir tanto.

Con quien me caso es con Aragón.

Tú no puedes entenderlo, pero Castilla y Aragón se necesitan.

¿Que Aragón necesita a Castilla? Para formar una sola tierra.

Quiero unirlos.

Pero no querrán, son enemigos.

Tú eres aragonés y me estás ayudando.

Dios te lo pagará.

Será un buen matrimonio.

Con un hogar grande para todos sus hijos.

Gallegos, catalanes,

leoneses, valencianos, vizcaínos...

Demasiado diferentes.

Y ojalá lo sean siempre. Diferentes, pero en uno solo.

Como el sabor, el olor y el color de la manzana.

¿Está bueno, excelencias? -Lárgate

y llévale el camisón a tu mujer.

Perdón, ya me voy. -¿Es que te ha puesto los cuernos

debajo de la lluvia? -¿Desean más vino?

No, es un asco.

¿De quién es, de tu mujer?

No, excelencia, de una que está arriba con su galán.

¿Y viene ya en camisón para no perder tiempo?

(RÍE)

¡Cuidado!

Por la ventana de la escalera.

Eminencia.

Acércate, hijita.

Sé lo que vienes a pedirme.

La Iglesia no tiene dinero. Ya lo sabes.

Tu pobreza...

me causa agudo dolor,

hijita. Se os nota.

¿Eh? El agudo dolor.

Hasta haceros olvidar

que estoy de rodillas. Ah, sí, claro. Perdona.

No vengo a pedir dinero, solo a saber si el rey os ha convocado.

Sí, a todos los consejeros.

(RÍE)

Alguna idiotez. Que abdica en mí.

(RÍE)

Mira, en esa idiotez no había pensado.

¿Por qué es idiotez?

¿Que por qué?

¿Tú una reina?

Yo.

Me lo juró ante mi hermano envenenado.

¿Envenenado?

Mientes.

Fue la peste.

Mandé al físico abrir el cadáver.

Eso es un sacrilegio.

¡Te excomulgaré!

¿Y el asesino?

¿O seguiréis dándole a besar la mano?

Seré reina y me casaré con el infante de Aragón

y será tan rey de Castilla

como yo reina de Aragón. Pero ¿qué dices?

¿Es que te has vuelto loca?

¿Un enemigo? ¿Meter un enemigo en casa?

La casa es España y Aragón está dentro.

Cállate, loca, que estás loca como tu madre.

Pero ¿qué sabes tú de política?

Ignorante...

¿Cómo te atreves a...? Jamás te apoyaré,

jamás. Aunque el rey abdique en ti, jamás.

Loca, loca, que estás loca.

¿Quién eres tú para alzarme la voz?

¡Apártate, clérigo!

Perdona, hijita.

No me llames hijita.

Perdona, Isabel.

Perdón, infanta, soy la infanta de Castilla.

Pero ¿de qué sabihonda política alardeas tú,

de arrastrar al niño a una sublevación estúpida,

de que Villena se ría de ti?

¿No se te ruboriza esta, tu mitra de arzobispo?

¿Y a tu sabihondo cerebro le asusta una España unida,

sin moros, fuerte,

haciendo oír su voz en el mundo?

(SIMÓN, OFF) "Cuando una mano la coja con justicia y con razón,

volverá blanca su hoja

si blanco es su corazón".

(Relinchos)

Llévame a casa.

No tengo nada que hacer en Toledo.

¿No esperáis la llegada del rey?

Ya es inútil, todo está perdido.

Haría falta un milagro tan grande como para volver blanca esta hoja.

No es blanco mi corazón.

Pero el rey viene a abdicar en vos.

No, no abdicará.

Ya ni el arzobispo me apoya. Ya la has visto.

Ni yo lo haría.

Perdón, señora, ¿vinisteis a pedir ayuda o a insultarle?

Nunca me habría ayudado. Con astucia, sí.

Yo no ando con rodeos.

Mirad al río: da rodeos, pero llega.

Yo voy siempre con la verdad por delante.

Pues ponedla detrás.

¿O deja de ser verdad si va detrás?

Volved a la catedral...

y decidle que don Fernando es amigo de Castilla.

No me creerá.

Demostrádselo.

¿Cómo?

Decidle que está tan enamorado

que acepta que seáis vos quien mande en Castilla.

Eso no es verdad. La verdad va detrás.

Decidle que no se dará ninguna orden en Castilla

sin vuestro consentimiento, que Castilla solo os obedecerá a vos.

Estás loco.

¿Creéis que el infante no aceptará?

¿Tú aceptarías?

Estando enamorado, sí.

Pero él no está enamorado de mí.

En cuanto te vea.

Dame por escrito esas órdenes

y las tendrá don Fernando.

¿Quieres que se ría de mí?

Déjame intentarlo, por lo menos, antes de darte por vencida.

¿Por qué haces tanto por mí?

Porque él haría lo mismo.

Y si os viera...

como yo os veo ahora...,

os besaría.

¿Puedo?

En su nombre.

Consejeros míos...,

sé que voy a causaros dolor.

Os abandono, hijos míos.

Abdico.

Por favor, no lloréis.

No, no, no, no insistáis.

Lo he decidido.

No insistáis.

¿No insiste nadie?

Abdico porque...

no merezco ser vuestro rey.

Soy un desdichado.

Lo he sido desde que nací.

Lo sabéis de sobra.

Sé que soy bueno por dentro, pero no sé serlo por fuera.

Ojalá hubiese muerto al nacer.

Abdico en mi hermana Isabel.

¡No!

Traiciona a Castilla, va a casarse con el infante de Aragón.

Mientes, ¡mientes! Maldita sea tu vida.

¿Miente esto?

Su regalo de boda.

Las armas de Aragón.

Esmeraldas.

Por este precio vende a Castilla. ¿Y cómo lo tienes tú?

Porque yo velo cuando los demás duermen.

Mentira,

esto es una mentira tuya, no creo nada.

Es verdad. Me lo dijo ella misma.

Abdicad en vuestra hija.

¿Qué bromas es esta?

Le corresponde ser reina.

¡Basta, basta ya, Villena!

Pobre hijita, os maldecirá, maldecirá a su padre...

(Barullo)

(HABLAN A LA VEZ)

¡Callaos!

¡Fuera! ¡Fuera!

¡Quiero pensar,

quiero pensar! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!

(Conversaciones indistintas)

(Silencio)

¿Y ahora me apoyaréis o apoyaréis a la Beltraneja?

Esa boda es una traición.

Casarse con un enemigo...

¿Y si os demuestro que no es enemigo?

¿No me dijiste tú mismo que la llaman la Beltraneja?

Y a ti, el impotente.

Jura que es tu hija y te quitarán el mote.

¿Y lo creerán?

Tu mujer lo jurará también a cambio de sacarla

de la prisión.

¿Para volver conmigo? No.

Luego la ahorcas.

He ordenado que vayan a buscarla.

¿Tú? Pero ¿cómo te atreves?

Yo siempre me adelanto a tus deseos.

Es que yo no estoy seguro.

Yo sí.

Me gusta tener una hija.

¿Y quién reinará hasta que sea mayor?

Yo.

Convoca a la corte en Toros de Guisando.

Y a tu hermana también. ¿A Isabel?

No, me da vergüenza.

Hay que humillarla,

que se arrodille ante la Beltraneja y ante mí como regente.

(HOMBRE) Ensilla mi caballo. Tengo prisa, vamos.

¿Le diste pienso? -Sí, señor.

¿Quién eres tú?

Te mato esta vez.

(Relinchos)

¡Eh!

¡Ah!

¡Oh!

Ponle una hoja nueva.

(Música imperial)

(Conversaciones indistintas)

Ahí están.

Ya vienen tu mujer y la niña.

Que dejen de tocar. Que no piensen que es en su honor.

Que se vayan al patio. Y la guardia también.

Que no la reciba nadie.

(Música imperial)

¡Isabel!

(Para la música)

No sabe lo que le espera.

Voy a recibirla. No.

¿Por qué vas a recibirla? Es mi hermana.

Es una palurda, es estiércol.

¿Por qué tarda tanto? ¿Por qué?

(Conversaciones indistintas)

La infanta Isabel de Castilla.

(Conversaciones indistintas)

¡La infanta Isabel!

(Silencio)

Toda la corte admira ahora mismo vuestra alma.

¿Mi...?

¿Mi alma?

Porque la respetáis.

¿Verdad que respetáis vuestra alma por ser regalo de Dios?

Ah... Sí, claro, mi alma.

Jamás dudéis que el rey respeta su alma.

Si un hombre no respeta su alma,

¿qué podéis esperar de él?

Gracias por abdicar en mí.

No, espera, espera.

Yo no... Me lo jurasteis por vuestra alma.

Eh... Jamás dudéis del rey.

Eh... Claro, claro.

Respeto mi alma.

Pero te casarás con quien yo diga.

Sí, alteza.

¿De veras?

Sí, alteza.

Elige entre el rey de Portugal o Ricardo de Inglaterra.

El infante de Aragón.

¡No!

¡Es un enemigo!

¿Y si os demuestro que no?

Justicia Mayor,

lee las condiciones que le impongo.

(JUSTICIA MAYOR) Condiciones que yo, Isabel, infanta de Castilla...

¿Dónde demonios estará?

Muerto.

Dame el collar que me robaste. ¿Quién eres tú?

El cerdo..., que dará su vida por Castilla

si se lo pide la palurda.

Don Fernando, infante de Aragón y rey de Sicilia.

Arrodíllate o te mato.

Que don Fernando se obliga a residir al lado de su esposa

y jamás la sacará de Castilla sin consentimiento de la infanta.

Que si Dios les da hijos, jamás los sacará de Castilla

sin consentimiento de la infanta Isabel.

Que no se dará orden en Castilla

sin consentimiento de la infanta Isabel.

Que no se dará ningún cargo sin consentimiento

de la infanta Isabel.

Que Castilla jurará obediencia solo a la infanta Isabel.

(RÍE)

Estás loca.

¿Esto es de verdad?

La verdad va detrás. ¿Detrás?

Si él acepta, ¿das tu consentimiento?

No aceptará. ¿Cómo crees que él va a aceptar, loca?

Pero ¿lo darías?

Claro, pero ni te contestará. Se reirá de ti.

Si va a Valladolid a conocerme, es que acepta.

(RÍE) Señora infanta Isabel...,

os suplico humildemente que me perdonéis.

Me arrodillo ante vos

y juro por mi salvación eterna reconoceros como reina.

(Murmullos)

El infante de Aragón ha llegado a Valladolid.

(Murmullos)

(Conversaciones indistintas)

(Piar de pájaros)

(Conversaciones indistintas)

(Música medieval)

¿No te sorprende que sea yo?

Lo sabías.

Sí.

¿Cómo lo supiste?

Cuando me diste el beso.

Devuélvemelo, es mío.

Yo te devuelvo dos cosas tuyas.

(Música medieval)

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