All language subtitles for Las Chicas Del Cable - 05x01 - Chapter 33_ War.WEBRip.x264-ION10-NTb.Spanish.C.orig.Addic7ed.com

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Original subtitles

La guerra es una tragedia que ocurre en los boletines de noticias,

en los periódicos.

¡Extra! ¡La guerra civil española se convierte en una masacre!

Suele vivirse con distancia, desde lejos,

sabiendo que son otros los que sufren las terribles consecuencias.

¡...se convierte en una masacre!

¡Extra! ¡La guerra civil española se convierte en una masacre!

Pero no era mi caso.

- ¿Me das uno? - Sí.

Cada noticia sobre la guerra

era como una losa sobre mis espaldas.

Habían pasado siete años desde que llegué a EE. UU.

Atrás habían quedado España y la dolorosa muerte de Ángeles.

Su ausencia dejó un vacío muy profundo que solo pudo llenar su hija Sofía,

que ahora estaba a mi cargo.

Francisco, Eva, Sofía y yo éramos una familia.

Vivíamos en paz y así deseaba que siguiera siendo.

Pero, una vez más, me equivocaba.

La guerra iba a llamar a mi puerta.

"Para Lidia, de Sofía.

QUERIDA LIDIA: cuando leáis esto, estaré camino de Madrid.

Vuelvo al país donde nací, donde me crio mi madre,

donde guardo tan buenos recuerdos de mi infancia a su lado.

Hacía mucho que sentía un vacío dentro de mí".

Ahora sé que solo volviendo a mis raíces puedo llenarlo,

que luchando en la guerra podré sentirme realizada.

Pero sabed que no ha sido una decisión fácil.

Por eso escribo esta carta. Sería incapaz de despedirme en persona.

Sobre todo decirte adiós a ti, Lidia.

Has sido mi amiga, mi confidente, la madre que me faltaba.

Gracias, nunca lo olvidaré.

Espero que entendáis mi decisión. Os llevo conmigo. Sofía.

Mi hija.

Prometedme que, si le pasa algo, vais a estar a su lado.

Claro que sí.

La noche que Ángeles murió fue un golpe en nuestras vidas.

- Ángeles. - Pero hicimos una promesa.

Sofía perdió pronto a sus seres más queridos,

pero nunca se quedó sola.

Nos tenía a nosotras, las mejores amigas de su madre.

A Sofía no iba a faltarle nunca nada más.

Tendría una nueva vida, el cariño de una familia y yo iba a garantizárselo.

Se lo debía a mi amiga.

Con los años, Sofía pasó de ser una tímida niña a una mujer fuerte,

con ganas de cambiar el mundo, como lo fue Ángeles.

Y ahora que Sofía también era mi hija y se había alejado de mí,

no podía dejar que esa guerra arruinara su futuro.

¿Qué te pasa?

¿Estás bien?

Sofía se ha ido.

¿Adónde?

Se ha alistado en las milicias en España.

¿Cómo?

Voy a llamar a las chicas para informarles...

Me quiero ir a España a buscarla.

Hola.

Documentación.

- Espero... - ¿A qué viene usted?

- Espero... - ¡Silencio, hostia!

Me vas a replicar tú a mí. Vamos, tira para allá.

Te voy a enseñar a responder a la primera.

Bienvenida a España.

Gracias.

No hay nada que la guerra no logre cambiar.

Nada que no destruya a su paso.

Madrid estaba sitiada por el enemigo

y resistía a duras penas el avance de los sublevados.

La ciudad había cambiado.

No era la misma que un día conocí.

Pobreza, ruina, devastación.

El hambre y el desamparo reinaban entre la población.

Lo más difícil era ignorar la presencia

de militares y milicianos por las calles.

Ver fusiles y armas era

algo habitual para los madrileños que seguían adelante,

resignados a vivir entre escombros,

en sus casas medio derruidas y empapeladas con propaganda de guerra.

Señora, no puedo avanzar más.

Imagino que el ejército no nos deja acceder a esa zona del centro.

Tendrá usted que continuar a pie.

Gracias.

Y, por desgracia, esa era la mejor de las suertes para ellos.

Porque, en tiempos de guerra, la vida siempre pende de un hilo.

Y uno nunca sabe qué sorpresa puedes encontrarte al girar la esquina.

A pesar de todo esto, yo me alegraba de estar de vuelta en casa.

No solo porque quería evitar que Sofía cometiera una locura,

sino porque por fin iba a volver a ver a mis chicas del cable.

¡Cuidado!

¿Lidia?

¡Ay, Lidia!

¡Ay, Lidia!

- Qué ganas tenía de verte. - Y yo.

Cuánto tiempo.

Demasiado.

- Te echaba de menos. - Qué guapa.

¿No teníamos que vernos en la compañía más tarde?

Es que me he escapado, quería llevarle algo de pan a una vecina.

Marga, Madrid está irreconocible.

No sé cómo podéis vivir así. Esto...

Tampoco nos han dejado mucha más alternativa.

Son tres años ya y... o te acostumbras o pierdes la cabeza.

¿Acostumbrarse cómo?

Dormimos con la ropa puesta y comemos cuando podemos, la verdad.

Hasta los aviones que lanzan las bombas tienen mote.

Este es "el churrero".

- ¿Qué? - Pasa todos los días a primera hora.

Ay, Lidia, yo solo espero que todo termine de una vez.

Esta guerra está arrasando con todo.

Hay familias enfrentadas,

amigos que se matan por estar en bandos diferentes.

Todo esto no tiene sentido.

Estoy preocupada por Sofía. He traído el pasquín que encontré en su cuarto.

Todavía no me creo que esto haya llegado a América.

A ver.

- ¿Sabes dónde está el cuartel este? - Sí.

En la calle Franco Rodríguez, en Tetuán.

Los militares tomaron un antiguo convento de salesianos.

- ¿Y podemos ir? - Sí.

Ya podemos salir.

Vamos.

¿Es seguro salir ahora?

¿Cómo está Pablo?

Bueno, el cierre de la gestoría fue un golpe muy duro para los dos.

Al estallar la guerra, muchos negocios cayeron en picado.

No nos podemos quejar.

Con tantas bajas, al final encontramos trabajo pronto

en la oficina de prensa y censura.

Mira en qué se ha convertido la compañía.

Dame la maleta, Lidia.

Y el sombrero también.

Darío, ¿nos guardas esto hasta que salgamos?

Y esto también.

Gracias.

Gracias.

Ven, sígueme. Cuidado, que mira cómo está todo.

¿Quién dirige esto?

Carlos no está.

- Eso te lo había contado, ¿no? - No.

La última vez que le vi fue cuando Carmen murió.

Recogió todas sus cosas y le dejó el despacho a Elisa.

Ella estuvo dirigiendo la compañía un tiempo

y, al estallar la guerra, el Gobierno republicano se hizo cargo.

- Ya. - ¿No te lo había contado?

No. No sé nada de él desde que me fui.

Es como si se lo hubiera tragado la tierra.

Escribían para el diario L'Illustration, en París, ¿no?

Sí. Las fotos ya han sido enviadas,

pero la crónica llegará tarde por el censor.

Porque han modificado el texto aprobado.

Ustedes saben de sobra que eso no se puede hacer.

No son cambios drásticos, solo un par de retoques.

Déjame ver la crónica.

A ver si se puede hacer algo.

Mm, mm, mm.

¡Lidia!

Hola.

- ¡Ya estás aquí! - ¿Cómo estás?

- Bien. - Te hemos echado de menos.

Lidia.

Bienvenida.

- ¿Me vas a dar un abrazo? - Claro que sí.

- Qué bien te veo. - Y yo a ti.

- ¿El viaje qué tal? ¿Ha sido largo? - Bien. Largo, sí. Nueva York está lejos.

Pero bien.

Ah, perdón. Es Isidro, jefe de prensa y un buen amigo.

- Encantado. - Encantada, Isidro.

- ¿Son todos amigos? - Sí. Viejos amigos, sí.

Me ha dicho Marga que habéis estado esta mañana

en el cuartel del quinto regimiento buscando a Sofía.

No estaba allí.

Dicen que desde hace tiempo no reclutan a milicianos en ese cuartel.

Lo hacen todo desde la comandancia general

y desde ahí nos pueden decir en qué cuartel está.

¿La comandancia está en Madrid? ¿Podemos preguntar?

Sí, pero necesitamos un contacto.

¿Y cómo podemos conseguirlo?

Carlota y yo llevamos una semana aquí,

cubriendo las noticias sobre el sitio de Madrid.

Estamos en el Hotel Pacífico.

Ahí tenemos un montón de colegas que se las saben todas

para sacar información y creo que nos echarán una mano.

He traído... He traído... una foto.

- Quizá esto ayude. - Sí, nos vendrá bien.

- Qué bonita está. - Está muy mayor.

Sí.

Vamos al hotel, llamo a Francisco y a Eva para decirles que estoy bien...

- Solo se puede llamar desde aquí. - ¿Ah, sí?

Hum. Un momento.

Isidro, ¿podríamos realizar una llamada corta a Nueva York?

Claro. No hay problema.

Que lo haga desde mi despacho, estará más cómoda.

- Perfecto. Venga, vamos. - Acompáñalas.

Vente.

Nos vemos luego.

- Sí. - Acompáñalas.

Gracias.

Pensé que encontrarla sería muchísimo más fácil.

No sabes cómo está Madrid. Está irreconocible.

No puedo ni imaginármelo.

Ten mucho cuidado, por favor, ¿eh?

- Y si me necesitas... - Lo sé.

Ahora lo único que me tranquiliza es saber que Eva y tú estáis bien.

Os estamos esperando. A las dos.

Francisco, tengo que... Tengo que colgar. Me están esperando.

Dale un beso a Eva.

De tu parte.

Te queremos.

Y yo a vosotros.

Volveré a llamaros cuando pueda.

Adiós.

Gracias por dejarme llamar.

No, mujer.

Las gracias dáselas a Isidro, que es el mejor de los jefes.

Siempre que podamos, te vamos a ayudar.

Espero que la próxima vez, pueda decirles que hemos encontrado a Sofía.

La encontraremos.

Ya lo verás.

- Ven... - Vamos a salir de aquí.

¿Pablo Santos?

Preséntese en esta dirección. Se va a filas.

Pablo, que te están mandando a filas.

No te preocupes. Yo no me voy a ningún sitio.

Nos vemos en casa.

- Le acaban de... - Tranquila, no pasa nada.

No es la primera vez que vienen a por él.

Siempre conseguimos que se libre por la lesión que tiene en la pierna.

¿Cómo?

- No pasa nada. Vamos al hotel. - ¿Pero cómo que no pasa nada?

- Le acaban de llamar a filas... - No pasa nada, no te preocupes.

Carlota y Óscar seguro que saben algo.

Otra vez. ¡Otra vez, Isidro! ¡Otra vez!

Están un poco pesaditos, ¿no?

¿Cuántas veces más tengo que pasar por esto?

Eso es lo de menos. Rellenaré la documentación que haga falta.

Hago una llamada, presento el certificado y ya está.

Hay que hacerlo rápido, debo estar en el cuartel en dos días.

A ver... ¿Cómo que en dos días? ¿Eso cómo va a ser?

No voy a prescindir de mi segundo mejor empleado. Esto déjalo en mis manos.

Has dicho segundo.

- ¿Cómo que el segundo? - La primera es Marga, por supuesto.

- El Hotel Pacífico. - Pero esto es otro mundo.

Se alojan los periodistas.

Los corresponsales extranjeros, que informan de la guerra a sus países.

Mira.

Ahí están.

- Hola. - Hola.

¿Cómo ha ido? ¿Habéis descubierto algo?

- Sí. - Bueno, hay alguien que podría ayudarnos

- a encontrar a Sofía. - ¿Quién?

Se llama James Lancaster. Es un fotógrafo americano.

Está en Madrid desde la guerra.

Ha estado en todos los frentes y tiene contactos en la comandancia.

¿Le conocéis?

No, pero aquí todos sabe quién es.

Es un temerario, un borracho y está encantado de conocerse a sí mismo.

- No me fiaría de él. - No le hagas caso.

- Es peculiar, pero un gran fotógrafo. - ¿Qué...?

Ha hecho todos los reportajes de la guerra.

Sabe dónde poner el objetivo para sacar la fotografía, Carlota.

Su trabajo está sobrevalorado.

Realmente me da igual cómo sea su trabajo.

Hemos de encontrar a Sofía como sea.

¿Sabéis cuál es su habitación?

No. Vamos ahora y lo preguntamos. Así dejas tus cosas, la maleta...

- ¿Y la recepción? - Por aquí.

Me gusta, sí.

Vale, no se preocupen.

Haremos menos ruido.

Sr. Lancaster, tenemos que hablar con usted.

Estoy ocupado. Vuelve luego.

- Luego. - Carlota...

No tenemos tiempo para esto.

- Voy a entrar. - No. No, Carlota, por favor.

Sr. Lancaster...

¿Qué cojones...?

- Eh, he dicho que... - Sí, que estaba ocupado.

Si lo sé. Y siento aguarles la fiesta,

pero debemos hablar con usted de un tema importante.

Okay. Eh... Dame un segundo y me visto.

Ah, claro, claro. Sí.

De acuerdo.

- Eso no se hace, ¿eh? - Carlota...

¿Cómo quieres que lo haga?

- De otra manera. - No puedes entrar así.

Es igual...

Creí que iba a vestirse.

- No me importa demasiado la moda. - Ya.

Ni los modales.

Ah, eso es algo que usted y yo tenemos en común.

Mire, Sr. Lancaster,

sabemos que tiene muchos contactos en la comandancia.

Nos serían muy útiles.

Estamos buscando a alguien.

Lo siento.

No comparto mis fuentes.

Creía que Faraday erais dos, no cuatro.

No, Sr. Lancaster, mis amigas no son periodistas.

Lidia acaba de llegar de Nueva York.

Se hace cargo de una chica que se llama Sofía.

Se ha alistado en las milicias y se ha escapado de casa.

La chica es hija de una amiga nuestra que falleció hace años.

Le prometimos que cuidaríamos de ella.

Tenemos que encontrarla.

Ayúdenos, por favor.

¿Qué es eso?

- Otro bombardeo. - Vamos al refugio.

- ¿Atacan al hotel o...? - En realidad, no.

¡Venga! ¡Vamos abajo al refugio!

¿No deberíamos correr?

Cundiría el pánico, nos aplastaríamos unos a otros.

- Cuidado con las ventanas. - ¿Por?

- ¿Estáis bien? - ¿Estás bien?

¡Vamos! Esa ha caído muy cerca.

En el refugio estaremos más seguros.

Hum. Deberíamos convencerles que bombardeen el hotel.

A lo mejor aciertan de una vez el edificio de la compañía.

Calle. No dé ideas. Lo que nos faltaba.

¿Cuánto va a durar?

- Tranquila, te acostumbrarás. - No creo que me acostumbre a esto.

- ¿Hum? - No.

Sr. Lancaster, ¿nos va a ayudar a encontrar a Sofía?

Su vida depende de ello.

Estaré muy atareado toda la semana con un reportaje muy importante.

Cuando termine, estaré encantado de ayudarla.

¿Dice que un reportaje es más importante que la vida de una persona?

¿Y ahora esto qué es?

Que podemos salir.

Vamos, por ahí.

Por favor, que termine esto de una vez.

La guerra es polvo, humo,

es destrucción, cristales rotos y sangre.

Mira, James, allí. ¡Hay un chico!

¡Ayuda, ayuda!

- ¡Por favor! - ¡Ayuda!

¡Socorro!

Pero, ante todo, la guerra es muerte, es aniquilación.

Habrá que esperar ayuda para moverle.

- ¿Qué? - Díganle a mi madre que la quiero.

Se... Se llama Elena. Resiste la columna de Asensio.

Es la prueba definitiva de que el ser humano

es capaz de ser más cruel que cualquier otro animal salvaje.

Srta. Aguilar, ¿se encuentra bien?

Si le queda... un poco de humanidad, un poco,

ayudará a mi hija. Lleva conmigo ocho años.

Ocho años y podría ser él.

No necesito ayuda la semana que viene. ¡La necesito ahora!

¡Ahora! ¡Podría estar muerta ya! ¿Es que no se da cuenta?

Lo siento. ¡No puedo! ¡No puedo!

Pensará que soy el típico norteamericano prepotente,

¡pero esta guerra también me duele!

¿Eh? ¡Llevo tres años viendo morir a su pueblo!

¿Y usted cuándo ha llegado?

¿Ayer? ¿Hoy?

¿Eh?

No puedo dejarlo todo por salvar una vida.

Es una niña.

Lo siento.

Ni Ángeles ni yo misma seríamos capaces de perdonarme

que no hiciera lo imposible

por evitar que Sofía muriera de una forma tan absurda.

Por eso, costase lo que costase, no iba a parar hasta sacarla

de ese absurdo infierno antes de que fuera demasiado tarde.

Ya aprenderás a disparar.

Te enseñaré a manejar el fusil. No es tan difícil.

Arrea, qué bien huele este jabón.

"Jasmine soap".

Qué nombre tan raro. ¿Dónde lo has conseguido?

De mi casa, en Nueva York.

¿Eres americana? Porque hablas mejor español que esta.

- ¡Oye! - No, soy española.

Pero, hace ocho años, me quedé huérfana y una amiga de mi madre me adoptó.

Y ella vive allí.

¿Y tu madre adoptiva te ha dejado venir?

No, no quería que viniese.

¿Y tú qué le dijiste?

Pues que necesitaba volver a España, que una necesita saber quién es,

encontrar su camino, luchar por lo que cree, por su país.

A eso venimos todas, a ganar esta guerra.

Porque si la perdemos, la llevamos clara.

Están matando a todos los que no piensan como ellos.

Ahora vuelvo.

¡Vamos!

Ahora no eres tan valiente, ¿verdad? Y sin un fusil no eres nadie.

¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?

Este hijo de puta era de la columna de sublevados que entró en mi pueblo.

Y mató a mi padre, a mi hermano Fermín, mi familia.

¡Jamás olvidaré su cara!

Vi cómo se reían mientras los fusilaban contra la tapia del cementerio.

Sois todos unos llorones.

Por eso os pasa lo que os pasa.

¡Cállate!

Más lloraréis cuando acabe la guerra y os fusilemos a todos.

¡Dios!

¡Se supone que tenemos que ser mejores que ellos!

¡Eres un cabrón! ¡Púdrete en el infierno, hijo de puta!

- Y ahora qué, ¿eh? ¡Ahora qué! - ¡Déjame!

En cuanto se entere el comandante Cobos, se nos cae el pelo. Escucha.

Mírame. ¡Mírame!

Diremos que intentó escapar y lo atrapamos.

Forcejeamos y no nos quedó más alternativa que dispararle. ¿De acuerdo?

¿De acuerdo?

Sí.

Espera, ¡para!

¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo aquí?

¿Qué has visto?

Nada.

¿Qué te pasa? ¿Estás enferma?

Ese hombre acaba de matar a un preso.

En la guerra... vas a ver situaciones como esa y peores.

Si esto te sorprende, no aguantarás en el frente.

Mañana hablaré con Cobos. Saldrá un convoy con heridos y te vas a subir.

- No. - Sí, subirás.

No subiré.

He renunciado a mi vida, a mi familia y a mi futuro por estar aquí,

por luchar por lo que quiero.

Sé que puedo morir, como todos los que estamos aquí.

Pero, si eso pasa, habrá sido por una buena causa.

Estando enferma no puedes ir al frente.

Si me delatas, voy a hacer lo mismo con vosotros.

Puedo hablar con el comandante y contarle lo que acabo de ver.

No serías capaz.

Ponme a prueba.

Mi secreto a cambio del vuestro.

Usé unos contactos de Portugal y creé una red de estraperlo.

Si alguien necesita algo, ella lo puede conseguir.

Hola, Pedro. ¿Podemos pasar a ver a Victoria?

Vamos.

Perdón

Disculpen.

Pero ¿qué es todo esto?

Parece que aquí nadie sabe que fuera hay una guerra.

Bueno, cuando eres consciente de que puedes morir en cualquier momento,

solo te queda disfrutar.

Perdón.

Mira. Está ahí.

Vamos.

Pero... ¿qué demonios haces aquí, Lidia?

- ¿Que no te alegras de verme? - ¿Qué tonterías dices?

Claro que sí, pero menudo momento has elegido para volver.

Ya, ya lo sé.

Eligio, prepara cuatro cócteles especial de la casa para las chicas del cable.

- No, tenemos prisa. - Sí, nos tenemos que ir.

Mis vecinos te agradecen las barras de pan.

¿Podrías conseguir dos más?

Bueno, lo intentaré. La semana que viene me llegan unos paquetes de azúcar.

- Alguno te guardaré, para que compartas. - Gracias.

Bueno, ¿en qué puedo ayudaros? Decidme.

- Es por Sofía, la hija de Ángeles. - Sí, claro.

- Se ha escapado de casa. - Ah...

Ha venido a España y se ha alistado en la milicia.

¿Pero qué...? Qué barbaridad, qué ocurrencia. ¿Y eso?

He venido a buscarla.

Hemos ido al cuartel de Rodríguez, pero no está.

Y no sabemos dónde más buscar.

No sé, quizá se te ocurra algo.

Yo puedo hacer algunas indagaciones,

aunque me temo que sin éxito.

Los gerifaltes republicanos no comparten información con nadie

porque Madrid es un hervidero de espías.

Encima, me tienen completamente vigilada.

Y todos mis amigos empiezan a evitarme.

Bueno, Victoria, ¿cómo no has dicho nada? Estás corriendo muchos riesgos.

Bueno, bueno. No te preocupes, querida. En peores plazas he toreado.

Aunque fácil no va a ser, la verdad.

Si descubres algo,

Lidia se aloja con nosotras en el Hotel Pacífico.

Sí.

Ah. Bueno, tengo que dejaros, ¿eh? Acaba de llegarme una entrega de yodo,

así que tengo que despistar a los guardias para hacerlo discretamente.

¡Pues claro que me alegro de volver a verte!

Pensé que Victoria nos podría ayudar más.

Yo también.

Pero estamos dando palos de ciego.

Ya no hacemos nada aquí. Vámonos.

Marga, ¿seguro que no quieres que te acompañemos?

No, gracias. Me pilla de camino.

- ¿Estás bien? - ¡Dame la cámara!

- ¡Que me des la cámara! - ¡Eh! ¡Eh!

- ¡Vámonos! - ¿Qué hacéis?

¡James! Pero ¿qué te ha pasado?

Me robaron la cámara. No puedo trabajar sin ella.

- ¡Mierda! - Podemos ayudarle a recuperarla.

¿Cómo?

¿No?

Porque nosotras también tenemos contactos.

Así que si mañana mismo nos lleva a la comandancia,

y desde allí localizamos a Sofía, haremos unas llamadas.

Y podríamos encontrar su cámara.

Tengo que pensarlo.

Lo importante es que le vea un médico.

Vamos a la habitación.

- Sí. - No. Solo necesito tumbarme un rato.

James, vamos. Vamos.

¡Ah, ah, ah!

Ah...

He encontrado estas vendas.

- Necesitaríamos algo para desinfectar. - Hay desinfectante de sobra.

También es el mejor sedante.

Quítese la camisa.

- Ah... - A ver.

Cuidado.

¡Ah! ¡Mierda!

Mi piel es sensible como la de un bebé.

Ya. Y llora como uno de ellos, ¿eh?

Si la cámara está en el mercado negro, nuestra amiga nos lo dirá.

Fabuloso.

Les llevaré a mi contacto en comandancia.

Os veo mañana en el hall a las ocho.

Perfecto.

Gracias, James.

¡Ah!

- De nada. - Ya, no te quejes.

"Sexto regimiento de artilleros.

Incorporación inmediata".

No me lo puedo creer.

Si yo no he hecho ni la mili. No sé ni coger un arma, Isidro...

Hombre, Isidro. No te esperaba a estas horas.

Lo entretenía hasta que volvieras.

¿Arreglaste la documentación para que le declaren exento?

Hum. No te preocupes. Eso ya estáarreglao.

Ay, gracias, Isidro. No sé qué haríamos sin ti.

¿Te quedas a cenar? Quede un poquito de harina de guija.

Hombre, ¿cómo voy a resistirme a semejante oferta, Marga?

¿Sí? Bueno, pues me cambio y lo que tarde.

Hasta ahora.

Gracias por no contarle nada a Marga.

Tarde o temprano se enterará.

¿De verdad no hay nada más que puedas hacer?

He hecho todo lo que he podido,

pero devuelven todos los certificados de trabajo.

El ejército republicano está bajo mínimos. Muy pocas excusas te libran del frente.

- No me presento y ya está. - ¡Pablo! Que esto es serio.

Vendrán y te abrirán un consejo de guerra por desertor.

Pues que vengan, me da igual.

Ya estoy lista, chicos.

Buenos días. Traigo un permiso para acceder a la Junta de Defensa.

Somos periodistas.

¿Son todos periodistas?

Bueno, me he expresado mal. Mi español no es muy bueno.

Somos dos fotógrafos y tres cronistas, reporteros de guerra.

Estamos aquí haciendo reportajes para diferentes medios, ¿you know?

Y el coronel prefiere vernos a todos juntos.

Un momento.

No creo que tarden mucho. Dicen que enseguida nos atienden.

Mirad, ahí está.

¡Coronel!

Carlos.

- Lidia. - ¿Os conocéis?

Sí, somos todos viejos conocidos.

¿Qué estáis haciendo aquí?

Necesitamos que alguien nos ayude con algo importante.

¿Podemos hablar en algún sitio a solas?

¿Te apetece algo de beber?

De todos los sitios donde pensé que te encontraría,

este es el último.

¿Desde cuándo eres militar?

¿Desde cuándo te importa lo que hago?

Intenté ponerme en contacto contigo varias veces.

No respondiste a mis llamadas.

Hice lo que tú querías que hiciera: mantener a la niña alejada de mi madre.

Eso es una excusa.

No tengo mucho tiempo,

¿cuál es el favor tan importante que tenías que pedirme?

Es por Sofía, la hija de Ángeles.

Cuando murió su abuela, vino a Nueva York a vivir con nosotros.

La he criado como una hija.

Hace unos días se escapó y se alistó en las milicias, aquí en España.

He venido a buscarla.

James dice que podrías localizarla y ordenar que la trajeran de vuelta.

¿Y por qué iba a hacerlo?

Es una mujer que libremente ha decidido luchar,

como tantas otras, por la causa republicana.

No andamos sobrados de efectivos, precisamente.

Carlos, es una cría.

No llega a la mayoría de edad.

No puede estar aquí sin mi consentimiento.

Me temo que, a día de hoy, eso no es un obstáculo.

- Necesitamos toda la ayuda posible... - ¡Está enferma!

Tiene problemas en el corazón.

No está en condiciones de ir a ninguna guerra.

Lo siento, no puedo ayudarte. Será mejor que salgas.

Tengo cosas que hacer.

Eres despreciable.

¿Cómo me vas a ayudar en esto si eres incapaz de interesarte

en ocho años por tu hija?

¿Tú sabes las veces que me ha preguntado Eva por su padre?

Llevas ocho años sin saber nada de ella.

¿Y tú qué querías que hiciera?

¿Que fuera testigo de tu dichosa y feliz vida con Francisco?

Yo sobraba en esa familia perfecta que te habías creado, Lidia.

Buenos días.

¿Qué? ¿Cómo ha ido? ¿Sabe dónde está Sofía?

No nos va a ayudar.

Debes plantar bien los pies en el suelo

para soportar el retroceso del disparo, ¿hum?

Niña, date prisa con el fusil y cógele el tranquillo,

que esta noche nos vamos al frente.

- ¿En serio? ¿Esta noche? - Lo siento, Sofía.

No podrás demostrar al experto en armas que te desenvuelves con el fusil.

¿Ah, no? La verá disparar en la trinchera.

Barrero se viene con nuestro batallón.

- ¿Todo bien por aquí? - Sí.

- ¿Dudas? - No.

Dicen que vienes al frente con nuestro batallón.

Puedo ser más útil allí que aquí.

Y no quiero que te pase nada malo.

Quiero decir que, con la experiencia que tienes,

no creo que aguantes mucho sin que te hieran.

Sé cuidar de mí misma.

Lo sé. Pero en el campo de batalla,

todos somos tan fuertes o tan débiles como lo sea nuestro batallón.

Así que si prometes guardarme la retaguardia...

...prometo hacer lo mismo contigo.

No hay vínculo más potente

que el que nace entre compañeros de batalla.

Cuando la vida está en juego, hay que tender la mano

para ayudar a quien esté a tu lado siempre.

Siento mucho que todo haya salido como ha salido.

Será mejor que os deje a solas.

Ha sido una mala idea hablar con Carlos. Aún no me lo puedo creer.

Victoria.

Ha habido suerte, Lidia.

Hice correr la voz de lo de Sofía

y me han dicho que está en el cuartel de Bravo Murillo, pero hay un problema.

Dentro de una hora, parte al frente con una columna de milicianos.

Cuando las armas se levantan, la barbarie no cesa.

¡Vamos, vamos! El convoy tiene que salir en 10 minutos.

El enemigo no espera.

Dicen que se tarda 20 años de paz en construir a un ser humano...

...y solo 20 segundos de guerra para destruirlo.

El amor de Ángeles por su hija no murió con ella.

Siguió viviendo con fuerza propia dentro de cada una de nosotras.

Porque no hay barrera ni barricada

que pueda frenar el instinto de protección de una madre.

No importan los años ni los peligros a los que se enfrente,

el amor vence todos los miedos.

La joven idealista a la que queríamos proteger

estaba a punto de emprender un viaje con destino incierto.

Lo que Sofía no imaginaba

es que, en mitad de la lucha, podían aparecer emociones

para las que no estaba preparada.

¡Sofía!

¡Sofía!

Aunque el amor nos dé fuerzas, no nos hace intocables.

Porque la guerra nos muestra la peor cara del ser humano.

Sofía!

Nos obliga a enfrentarnos a las peores atrocidades,

donde podemos perder todo lo que tenemos en cuestión de segundos.

Señora, ¿qué hace aquí? ¡No se puede entrar así!

¡Es mi hija! Mi hija se ha subido a ese camión.

Está muy enferma del corazón. Es su medicación. Tiene que detenerlo.

¿Detenerlo? Yo cumplo órdenes del coronel Cifuentes.

¿Cifuentes?

¿Cómo ha podido hacerme esto?

Al fin y al cabo, la guerra es como una enredadera venenosa

que crece arrastrando todo lo que encuentra a su paso.

Pero yo no iba a permitir que arrastrara a Sofía.

Fírmalo. Mándame al frente.

¡Vamos, firma!

Salgan, por favor.

Las cosas no funcionan así.

Aunque te mandara allí,

no podrías traer a Sofía sin que la acusaran de desertora.

Si tuvieras un mínimo de humanidad, harías algo.

¿Humanidad?

¿Acaso la tuviste tú conmigo cuando te llevaste a Eva a América?

¿Quieres salvar a Sofía?

Pues... trae a Eva a España... y cédeme la custodia.

Entonces tendrás a Sofía aquí.

Cuando se ha podrido el corazón de tus enemigos,

sabes que una nueva guerra acaba de estallar.

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