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Original subtitles

LONDRES 29 DE JUNIO DE 1613

SE REPRESENTA ENRIQUE VIII

EN EL TEATRO THE GLOBE.

FUE ANUNCIADA BAJO SU TÍTULO ALTERNATIVO:

EL ÚLTIMO ACTO

DURANTE LA CUARTA ESCENA DEL PRIMER ACTO,

UN CAÑÓN DEL ATREZO SE DISPARÓ Y CAUSÓ UN INCENDIO.

EL TEATRO THE GLOBE QUEDÓ REDUCIDO A CENIZAS.

WILLIAM SHAKESPEARE NO VOLVIÓ A ESCRIBIR MÁS OBRAS.

Me ocuparé de su caballo, señor.

Chico, tráeme cerveza, por favor.

Oímos que un teatro se quemó, señor.

¿Cuál fue?

El mío.

Eres Shakespeare, el poeta.

- Cuentas historias. - Lo hacía.

Yo tenía una historia, pero nunca la acabé.

¿La podrías acabar tú, por favor?

He dejado las historias, muchacho. No sabría cómo acabarla.

Sí que sabrías.

Buenas noches, esposo.

Veinte años, Will.

Cada vez te vemos menos.

Para nosotros, eres un huésped.

Y un huésped debe tener la mejor cama.

Que descanses.

Siempre pensé que acabaría su vida en Londres. Es donde vivió.

No importa dónde vivió ni dónde muera. Solo quién será su heredero.

Yo soy su heredera. Y nuestra hija, Elizabeth, va después.

No si tu hermana le da un nieto.

O nosotros.

Estaba pensando que quizás podría hacer un jardín.

Tenemos un jardín.

Lo sé, pero no un huerto ni flores.

Un jardín especial para Hamnet.

Hamnet está en el cielo. No necesita un jardín.

Quizás yo sí.

Un poco distinto a hacer obras en Londres.

En algunos aspectos, Maria. En otros, es bastante parecido.

¿Parecido? No veo en qué.

Bueno...

como hoy, medimos nuestro escenario.

Un jardín no es una obra.

Sí, pero las obras, los jardines y las hogazas de pan,

como las que horneas cada mañana,

empiezan con una idea,

con una compulsión por...

crear algo bello o necesario.

El pan comienza con levadura y harina.

Exacto. Los ingredientes. Ahora me entiendes.

Arbustos, zarzas, levadura, harina, versos, actores,

todos necesitan un sueño que no puede serles negado

y que debe soportar toda clase de adversidades,

porque el tiempo cambia, los bichos infestan,

el horno se enfría, la levadura se deteriora

y en mi caso, los compañeros,

como un brillante y lunático actor llamado Dick Burbage, interfieren

y piden más espectáculo con menos presupuesto

y una obra más corta con un papel mucho más largo para él,

y todas esas dificultades deben superarse

sin perder de vista el sueño en sí mismo.

¿Y qué sucede cuando todo eso funciona?

¿Cómo huele el pan recién horneado?

¿Qué puñetas haces aquí?

Necesito que no te mees aquí.

Aquí es donde no te puedes mear y aquí es donde tampoco puedes.

¡Esposo!

Gracias.

Cuesta trabajo arrancar raíces.

Ya veo.

Una vez arranqué un bosque entero

y lo llevé del escenario a Dunsinane.

Bueno, en la vida real es distinto.

Él prometía, Anne.

Apenas lo conociste.

Lo conocí a través de sus poemas.

- ¿"Poemas" dices? - Poemas, sí.

Garabatos infantiles quizás,

pero cada línea era ingeniosa y traviesa.

Bueno, ya no escribirá más.

No.

Ni yo tampoco.

No lloras por Hamnet. Lo haces por ti.

Lloro por mi hijo.

Ahora.

Lloras su muerte ahora.

Entonces escribiste Las alegres comadres de Windsor.

Sí, lo hice.

Bueno, es una adaptación.

Tiene que volver a aprender a ser su esposa.

Mi esposo cree que has venido a casa a morir.

¿De verdad?

Acabo de hacerme una pensión.

Me arruinaré si muero en menos de diez años.

¿Y por qué has vuelto a casa?

¿No quedan nada más por escribir?

Susanna, he vivido demasiado en mundos imaginarios.

Creo que he perdido de vista lo que es real.

Lo que es verdad.

Judith dice: "Nada es verdad".

Judith tiene 28 años y es una solterona.

Eso es verdad.

Cuando padre muera, quedaré desamparada.

No, niña.

Un tercio de su fortuna será para mí mientras viva.

Mientras vivas.

Eres mayor que él, ¿recuerdas?

Susanna no dejará que te falte.

Susanna obedecerá a su marido.

Yo no tendré nada.

Eso es lo que merezco.

Judith.

Si no te perdonas a ti misma...

...¿cómo esperas que lo haga Dios?

No lo hago.

Hui aquí, a esta charca de la floresta

el día que me echaron de la escuela.

Lo sé, padre.

El hijo de un regidor tiene educación gratuita...

...pero el de un ladrón...

Creía que mi mundo había acabado.

Pero me encantaba este sitio.

Y de niños también os encantaba.

Sí.

Sí, veníamos aquí todos los días.

- Aunque Hamnet no se metía al agua. - No.

No tenía la audacia de Judith.

Ni siquiera... Ni siquiera la mía.

Pero su mente era audaz.

Recuerdo que una vez me trajo aquí

para enseñarme lo que había escrito.

Entonces le dije...

...que era el padre más orgulloso del reino.

Lo sigo siendo.

Toma, cielo.

- Tu padre tiene la cabeza en su legado. - Tú la tienes.

Y así deberías tenerla tú.

Soy tu esposo

y mis preocupaciones son las tuyas.

Está bien, querido.

Come un poco más.

Gracias.

¡Esposo! ¡Es domingo!

¿Domingo?

Esto no es Londres.

Si faltas a la iglesia aquí, te multarán.

Buenos días.

Me alegra verle.

Shakespeare.

Otro domingo y sigue ocupando el banco de su familia.

Rezo por que nunca esté obligado a dejarlo,

como le pasó a su padre.

Yo no soy mi padre, sir Thomas.

Me alegra verle trabajar la tierra, señor.

Por fin, renunció a las obras que distraen a la muchedumbre del Señor.

¿El canto de la alondra te distrae de tu Dios, John?

Por supuesto que no.

Es una señal de Dios.

Bueno, entonces, quizá para algunos...

...yo era esa alondra.

Vengo a pedir un favor, suegro,

pero me niego a distraer a un hombre de su labor.

¿Me llamará cuando haya acabado con su jardín?

- Te llamaré, John. - Gracias.

¿Susanna está bien?

- Está bien, señor. Gracias. - ¿Y Elizabeth?

- También. Gracias. - Bien.

- Me alegra saberlo. - Sí.

Sí.

Gracias, John.

Pase un buen día, señora Hall.

Dígale a su hermana que he recibido un vino del Rin

y quizá tenga una botella gratis

a cambio de una sonrisa.

Se lo diré, Tom.

- Buenos días, Lena. - Buenos días, señora Hall.

Un paquete para ti, Frank.

Lo siento.

¿Mercurio, señora Hall?

Mi marido es médico.

Ha dicho que el paquete era para usted.

Buenos días, Kate.

- Buenos días, señor Smith. - Señora Hall.

Necesito tela.

Un tejido suelto para un vertido de verano, negro.

¿Negro? ¿Para verano?

¿Quizá este azul?

Mi marido no aprueba lo extravagante.

Si fuera por su marido, señora Hall, mi tienda sería un sitio muy apagado.

Todos de luto y nadie muerto.

El Salvador llevaba ropa sencilla

y era divino.

Como usted, Susanna, con cualquier ropa.

Señor Smith...

...soy una mujer casada.

Por desgracia.

Eso no es...

Debería contárselo a mi esposo.

¿Lo hará?

Lo sabe.

Susanna.

El perro del vecino muestra mucho interés en mi jardín.

John Hall me pidió ayuda para destituir al pastor.

Pensé que me conocía más.

- Cree que te cae bien. - Soy buen actor.

E intento que me caiga bien por el bien de Susanna, pero John es...

¿Un cabrón hipócrita?

Un puritano.

Tiene gracia, ¿no?

Un puritano que quiere cerrar todos los teatros,

¿va a quedarse con todo el patrimonio de Shakespeare?

¿No os parece gracioso?

Yo opino que lo es.

Para que lo sepas, Judith,

no tengo intención de dejar mi patrimonio a John Hall.

No. No, se lo dejarás a la santa de Susanna

y, por ley, su propiedad es de él.

Como su cuerpo. Aunque para lo que lo usa...

Te has endurecido, Judith.

Hubo un tiempo en que eras una persona sencilla y alegre.

¿Lo era, padre? ¿Y cuándo fue así?

¿Antes de que muriera Hamnet? ¿Fue eso?

¿Antes de que muriera y yo sobreviviera?

- Judith. - Bueno, es lo que piensa.

Cada vez que lee uno de sus condenados poemas,

que ni siquiera son tan buenos,

piensa: "¿Por qué ella sobrevivió y no él?".

"Mi favorito se ha ido y ¿sabes qué?

Me he quedado con una chica.

Una inútil que no vale para nada.

Esa chica era bonita.

Esa chica era un ser sencillo y alegre,

pero tendrías que verla, es una zorra enfadada

que sigue aquí.

¿Por qué murió el mellizo equivocado?".

Gracias por la cena, Anne.

Nunca le dije una palabra desagradable. Nunca le di motivo.

Pasaste tanto tiempo poniendo palabras en boca de otros

que crees que solo importa lo que se dice.

Sir Thomas, yo...

Los puritanos protestan contra las tradiciones.

A algunos os ofende, lo sé.

Pero os exhorto, acordaos de los corintios.

Esos buenos cristianos actúan movidos por una fe sincera.

Son ciudadanos honrados.

- Son decentes, piadosos... - ¿Lo son, señor Woolmer?

¿Lo son? ¿O son fornicadores?

He visto a Susanna Hall salir de casa de su esposo de noche

hasta la alcoba de Rafe Smith.

- ¡Esa calumnia tendrá respuesta! - ¡Esa calumnia será demostrada!

Deje de decirnos cómo debemos salvar nuestras almas, doctor Hall.

¡No mientras sus esposas puritanas fornican más que las putas!

He informado a mis abogados. Tenemos que demandar por calumnias.

- ¿Un juico público? - Es una calumnia pública.

John Lane es peligroso.

Seguro que no ha llevado a cabo ese ataque sin pensar cómo demostrarlo.

- ¿Demostrarlo? - ¿Cómo puedes preguntarlo?

Tu marido teme que pueda hacerlo.

Lo que temo es que sea una mentira convincente.

Menudo desastre.

Y que caiga sobre una familia excelente e intachable como la nuestra.

La ruina no caerá otra vez sobre los Shakespeare.

Traigan a la acusada.

John Lane no está aquí, su señoría.

- ¿No está? - Ha desaparecido.

Susanna Shakespeare ha sido utilizada con vileza.

¡En su ausencia, John Lane es declarado culpable de calumnia

y será excomulgado!

¿Por qué?

¿Por qué ese hombre ha calumniado a nuestra Susanna?

Yo opino que para hacer daño a su marido.

John Hall es un puritano

y haría a la Santísima Trinidad y al pueblo igual.

Por otra parte, a John Lane le gustan los pasteles y la cerveza.

¿Y por qué no se presentó ante el tribunal e insistió?

Yo...

...traté la cuestión con él.

¿La trataste? ¿Qué trataste?

Le pregunté si había visto Tito Andrónico.

¿Qué sé yo de obras?

Apártese de mí.

Les veré a usted y a la puta de su hija en el juicio.

Le diré que trata, entre otras cosas,

de un villano morisco llamado Aarón

y el africano que lo interpretaba era magnífico y aterrador.

Para matar a un hombre o para concebir su muerte,

Para violar a una muchacha o tramar la forma de hacerlo,

Acusar a un inocente y jurar en falso

Crear enemistad fatal entre dos amigos,

Que el ganado de los pobres se rompa el cuello;

Prender fuego a los graneros y los pajares en plena noche,

Y decir a los dueños que apaguen el fuego con sus lágrimas.

Con frecuencia he exhumado a muertos de sus tumbas,

Y los he puesto a las puertas de sus mejores amigos.

Vaya, he hecho mil cosas horribles

Con la indiferencia que otro mataría a una mosca,

Y nada me ha causado dolor en verdad

¡Solo la pena de no haber hecho 10 000 cosas más!

He visto a ese hombre

destrozar el corazón de un tonto que lo ofendió.

Pero ese hombre extraordinario sabía ser tierno.

Y un día, su salvaje corazón fue domado

y amó a mi hija.

¿Susanna?

Sí, pero su amor nunca pudo ser, claro.

Pero juró que si alguna vez ella lo necesitaba,

su espada, sus garras y sus dientes serían de ella,

para defenderla o para matar por ella.

¿Debería informarle de la desgracia que aflige a Susanna?

Will, yo vi Tito.

Aaron era interpretado por el muchacho más dulce que uno puede conocer.

Era un tipo encantador. Pero John Lane no lo sabe

y no dejaré que la verdad estorbe a una gran historia.

¿Crees que hay algo de verdad...

...en lo que Lane dice sobre Susanna?

Bueno...

Entre ellos hay frialdad.

Lo hemos visto.

Hace cinco años que tuvieron una niña.

Conoce a ese Rafe Smith.

E hizo traer mercurio de Londres. El mercurio cura la sífilis.

Will.

Susanna no tiene sífilis. Lo sabría.

¿Y él? Un hombre con sífilis siempre está irritado.

Y él parece estarlo. ¿Por eso...?

¿Por eso no tiene más hijos? ¿Es...?

¿Ha buscado...

...consuelo en otra parte?

Susanna es temerosa de Dios.

No traicionaría a su esposo.

Quizás no sea una traición.

¿Judith?

Quizá él le dijo que lo hiciera.

Es una idea, ¿no?

Y francamente, padre, si tuvieras un nieto por eso,

¿te importaría que fuera así?

Me importa que Susanna esté libre de calumnia. Te aseguro que es verdad.

Nada es verdad nunca.

Te he escrito otro poema hoy.

¿Te gustaría oírlo?

¿Hamnet?

¿Will?

¿Anne?

Estaba aquí.

Siempre estará aquí, Will.

En Londres, las obras han acabado.

- Las tabernas estarán... - Si lo extrañas...

- ¿por qué no vuelves? - ¿Eso querrías?

No importa lo que quiera, solo lo que quieras tú y no es estar aquí.

- ¿Qué quieres decir, Judith? - Has vuelto para llorar a Hamnet.

Para llorar a tu querido y difunto hijo

- y hacerle un jardín. - Judith.

No, nosotras lloramos su muerte, padre.

Lloramos cuando murió y lloramos después,

pero ahora parece que tendremos que volver a hacerlo,

como si su tumba acabara de ser cavada,

porque tienes tiempo para llorar.

¿Puedes cerrar el pico?

Si no me puedes respetar, respétate a ti misma al menos.

Si has dejado de llorar su muerte, honra su recuerdo.

¿Crees que no lo hago?

Debes estar a la altura. No igualas su talento,

pues iguálale en bondad y diligencia,

¡porque estás desperdiciando tu vida!

Sé cuál crees que debe ser el propósito de la vida de una mujer.

Sé lo que quieres de mí.

¿Señor Shakespeare?

- No quiero molestarle. - Bien.

Me alegra saberlo. Adiós.

Solo quería preguntarle...

La mejor forma de iniciarse como escritor es empezar a escribir.

- ¿Podría...? - No tengo una obra favorita.

Admiro a todos los dramaturgos

y pienso que las mujeres deben representar papeles femeninos,

como es habitual en el continente. Ahora, si me disculpa.

Solo quería preguntarle cómo lo sabía.

- ¿Saber el qué? - Todo.

Amigo mío, ni siquiera sé cómo alejar las babosas de las malvas.

No hay rincón de este mundo que no haya explorado,

ni geografía del alma que no pueda navegar.

¿Cómo?

¿Cómo lo sabe?

Lo único que sé...

...si es que lo sé, lo que no digo que así sea...

...lo he imaginado.

Pero dicen que dejó la escuela con 14 años. Nunca ha viajado.

- ¿De dónde lo imagina? - De mí mismo.

¿De usted?

Sí.

Todo lo que he hecho, todo lo que he visto,

todos los libros que he leído, todas las conversaciones que he tenido,

incluida, Dios mío, esta.

Si quiere ser escritor

y hablar a los demás y por los demás,

hable primero por usted mismo.

Busque en su interior.

Considere el contenido de su alma...

...su humanidad.

Y si es sincero consigo mismo,

todo lo que escriba,

todo será verdad.

Ahora, si no puede salvar mis malvas,

déjeme llorar a los muertos.

¿Y por qué?

¿Por qué dejó de escribir?

Adiós.

Adiós.

Hola, Tom Quiney. Un barril de Huffcap

y tres botellas de malvasía para New Place.

Tu pedido habitual y mi respuesta de siempre.

Cásate conmigo, Judith. Te devolveré la sonrisa.

Y a cada dama del condado porque vas detrás de todas.

- Sí, pero solo me he declarado a una. - Creo que te cansarías.

Recuerdo a una chica,

la más hermosa y alegre del pueblo.

Y recuerdo que se reía y me perseguía para besarme.

Y me gustaría ver a la mujer en que se debería haber convertido.

Porque está claro que no eres tú.

¡Mi señor!

Mi señor.

Para usted, del conde de Southampton.

¿Anne? Anne.

El conde de Southampton avanza hacia el norte

y me escribe ya que pasa cerca

y pasará una hora o dos conversando conmigo.

¿Me has oído, Anne? El conde de Southampton.

Te he oído.

Y recuerdo el primer día que oí hablar de tu amigo, el conde de Southampton.

El mismo día que un poemario fue publicado.

Los sonetos, dijeron.

Supongo que pensaste que al no saber leer, me daba igual.

Pero hasta en nuestro pequeño pueblo, muchos saben leer.

Incluida una de tus hijas.

Fueron publicados ilegalmente,

sin mi conocimiento ni aprobación.

Pero los escribiste, Will, y la gente los leyó.

Y tras leerlos, no dejaron de preguntar: "¿Quiénes son?

¿Quién es esa dama oscura de la que está enamorado?".

- Solo eran poemas. - "¿El hombre apuesto?".

- Solo eran poemas. - No respondas.

No quiero saberlo.

Ni lo quise saber entonces ni quiero saberlo ahora.

Pero sé quién decían algunos que era.

Y ahora parece que llama a mi puerta.

Todos estos años, Will...

...me he preocupado por tu reputación.

¿Alguna vez has tenido en cuenta la mía?

He tenido noticias de su ilustre visitante

y mis hombres me dicen que ya se acerca al pueblo.

Por supuesto, me presentará.

Sugiero que venga a Charlecote a descansar.

Estará más hecho a ello.

Naturalmente, le pido que se una a nosotros. Solo usted.

No queremos agotar a su ilustrísimo.

Y pueden pasar.

Saludaremos a su ilustrísimo.

Bienvenido a Stratford-upon-Avon, su ilustrísimo.

¿Y usted es?

Sir Thomas Lucy de Charlecote Manor, su ilustrísimo,

y miembro del Parlamento por este distrito.

¿Me concede el honor de presentarle a mi esposa?

- ¿Tenemos algún asunto? - Bueno, yo...

¿Quiere hacer alguna petición?

No, no. Solo quiero invitarle...

Tenga la amabilidad de retirarse, sir Thomas. No deseo su compañía.

Vengo a visitar al hombre más grande del reino.

Después de su majestad, por supuesto.

Qué descaro. Un miserable miembro del Parlamento.

Venden un título de caballero a cualquiera.

Me ha despreciado muchísimas veces.

¿Por qué dejas que te desprecie?

¿Quién es él? El hijo de otro hijo.

Nada más que eso.

Todo su orgullo y pavoneo no proceden de ninguna otra proeza

que haber sido escupido por el pene de quien fue un mediocre.

- Y yo soy lo mismo. - No.

El hijo de otro hijo, Will.

Henry Wriothesley, hijo de Henry Wriothesley.

Y de no haberlo sido,

vuestro Thomas Lucy, hijo de Thomas Lucy,

me honraría con su desdén.

- Tú, por otra parte, eres... - El hijo de un ladrón.

El hijo de Apolo, Will.

El dios de la poesía, de la verdad.

La más exquisita...

...completa...

...y bella mente, te lo garantizo, que ha existido en el mundo.

Bueno...

...¿por qué eres tan humilde?

- ¿Humilde? - ¿Por qué eres un hombrecillo?

Su ilustrísimo, yo...

Cautivas a la multitud con un garabato de tu pluma

y te achantas ante sir Thomas Lucy.

- ¿Achantarme? - Tu talento va más allá

que el de otros poetas juntos

y aun así, has tenido la vida más insignificante.

No creo que haya vivido una vida insignificante, su ilustrísimo.

Vamos, Will. ¿Comparado con Kyd?

¿O Marlowe?

Menudo era.

Menuda vida. Espía, aventurero, jodido por Inglaterra.

Chicos, chicas. Chicos y chicas.

Sabía cómo vivir.

Y está muerto, claro, mi señor, no se gana siempre.

Sí, todos están muertos, Will. Marlowe, Greene.

Me llamó "advenedizo".

"Cuervo advenedizo". Todavía te importa, aún te duele.

Kyd, Nashe...

Spenser.

Todos muertos.

El alcohol y la pasión, el sexo y la violencia, los mataron a todos.

La vida los mató.

Pero tú...

Tú sobreviviste.

Sí, sobreviví.

- En tu bonita casa. - Varias casas.

Y tu escudo de armas, ¿cuánto te costó, Will?

- Veinte libras. - Veinte libras.

El hombre que escribió Hamlet y Enrique V y Macbeth,

Romeo y Julieta, pagó 20 libras por el nombre de "caballero".

Will, ¿por qué te importa?

Mi padre fue multado por no ir a la iglesia.

¿Adivina por qué no iba?

¿El sacerdote era demasiado protestante?

He oído rumores

de que los Shakespeare echan un tufillo a papismo.

Nada tan espiritual. No podía ir a la iglesia

porque debía dinero a la mitad de la congregación.

Creo que tu padre me habría gustado.

Sí, gustaba.

A mí me gustaba.

Debes volver a escribir.

Londres te necesita.

Yo te necesito.

Ahora solo tenemos a Jonson.

Se ríe de mí porque no hablo griego

y no sé si Bohemia tiene costa.

¿Por qué te importa lo que piense? Escribiste El rey Lear.

Porque importa, su ilustrísimo. Bueno, en Inglaterra, importa.

Tengo lo que tengo por mis méritos

y por eso sospechan de mí.

Quizá siempre sospechen de mí.

Pero tengo mi dinero y tengo mis casas

y mi escudo de armas.

Y tienes tus versos.

Santo Dios, hombre, tienes tu poesía.

Qué poesía.

Tan hermosa...

Una poesía hermosa.

Y alguna...

Alguna fue escrita para mí.

Sí.

Sí, su ilustrísimo.

Para usted.

Me he hecho viejo.

Como dijiste que me haría en tus sonetos, desgraciado.

Pero la belleza que inspiré en ti siempre será joven.

Y cuando pasen mil años,

cuando la gente lea esas líneas...

Seré joven.

Y aún viviré.

En los corazones de los amantes que aún no han nacido.

Solo eran para usted, su ilustrísimo.

Para ningún otro ser viviente ni para ninguno aún por nacer.

Solo para usted.

Eran solo cumplidos, por supuesto.

Los cumplidos eran lo que merecía.

Sí.

Solo cumplidos.

Excepto...

Porque hablaba desde lo más profundo de mi corazón.

Entonces era más joven.

Más joven y guapo.

Hermoso, su ilustrísimo, como siempre lo será.

Cuando siento el rechazo y obcecación de los hombres,

En soledad lloro mi posición marginal,

Y perturbo los indiferentes cielos con mis lamentos,

Y me contemplo y lamento ser quien soy,

Deseando parecerme a otros más ricos en esperanza,

Ser tan hermoso como ellos, y disfrutar de muchos amigos,

Cuando envidio el arte de aquel y el poder del otro,

Descontento de lo que más disfruto;

Y cuando hundido en estas ideas y casi me desprecio,

Felizmente pienso en ti,

y mi condición,

Como la alondra que asciende con el día

Desde la sombría tierra y canta himnos a las puertas del cielo;

Porque el recuerdo de tu dulce amor me llena de tanta riqueza,

Que en ese momento no cambiaría mi destino por el de un rey.

Sí, bueno, como decía...

...son cumplidos.

Cumplidos no, verdad.

Y siempre me atreví a esperar.

¿Esperar?

- ¿Will? - Que quizá de alguna...

...forma remota, fuera recíproco.

- ¿Recíproco? - Que quizá usted también...

- Te excedes, Will. - Yo...

Como poeta, no tienes rival

y, yo, como cualquiera con cerebro y corazón,

soy tu humilde sirviente.

Pero como hombre, Will, no te corresponde amarme.

Y colgar un escudo de 20 libras en tu puerta...

...nunca lo hará posible.

Bueno, debo irme.

Adiós.

Era al poeta a quien venía a visitar

y es el poeta de quien me despido.

Cuando siento el rechazo y obcecación de los hombres,

En soledad lloro mi posición marginal,

Y perturbo los indiferentes cielos con mis lamentos,

Y me contemplo y lamento ser quien soy,

Deseando parecerme a otros más ricos en esperanza,

Ser tan hermoso como ellos, y disfrutar de muchos amigos,

Cuando envidio el arte de aquel y el poder del otro,

Descontento de lo que más disfruto;

Y cuando hundido en estas ideas y casi me desprecio,

Felizmente pienso en ti,

y mi condición,

Como la alondra que asciende con el día

Desde la sombría tierra y canta himnos a las puertas del cielo;

Porque el recuerdo de tu dulce amor me llena de tanta riqueza,

Que en ese momento no cambiaría mi destino por el de un rey.

William Shakespeare.

He visto que tu amigo, el conde,

no trae a su mujer en sus viajes.

Quizá no le complazca la compañía femenina.

Su ilustrísimo y la condesa Elizabeth

serán muy felices en su matrimonio.

Como te deseo que lo seas tú, Judith.

¿Por qué sigues soltera?

Yo creo que eres muy hermosa.

- No. - Mírate en el espejo.

No tengo ninguno. No me gustaba a quien veía en él.

Santo Dios, hija, es un pensamiento sombrío

porque tu única compañía eres tú.

- Sí, pero así es. - ¿Y los hijos?

- Todas las mujeres quieren niños. - En apariencia.

¿No quieres un hijo?

¿Quieres remplazar a Hamnet, padre?

Solo lo digo... Es por tu bien.

Un marido, niños que les hagan compañía, que les consuelen.

Quizá vea que el matrimonio no te ha reportado eso a ti tampoco.

¿Es eso, Judith? ¿Es eso?

Viste la desgracia de tu madre y pensaste: "Seré una solterona

antes que estar atada a un hombre que me descuida".

- No he dicho que sea una desgraciada. - No,

pero aunque ponga palabras en bocas ajenas,

de vez en cuando, veo más allá de lo que meramente se dice

y no aguantaré más esto.

He trabajado sin descanso para esta familia.

- Para ti mismo. - Sí, ¡y soy el cabeza de familia!

Y te he dado una buena casa y criados

y enviado dinero toda la vida. ¿Eso no te conforta?

Tienes dos hijas preciosas, un hijo brillante y un marido

que, aunque ausente, siempre pensó en ti.

¿No es compañía en abundancia?

¡He levantado esta familia!

Con mi genio, he traído fama y fortuna a esta casa.

Sí, sí, mi genio. ¿Me vas a hacer ignorar eso también?

Ignorar un don del Todopoderoso

para quedarme aquí en Stratford

y ser un condenado guantero

para que te sintieras más apreciada.

¡Hamnet murió y no estaba aquí! ¡Lo sé!

Hamnet murió y la peste se llevó.

Pero se ha llevado a millones y se lo habría llevado

en Stratford, Londres o en un camino dejado de la mano de Dios.

Perdimos... ¡Perdimos a nuestro hijo! ¡Lo sé!

¡Y no estaba aquí!

¿Cuántas veces puedo decirlo? ¡No estaba aquí!

¡Perdimos a nuestro brillante hijo y no estaba...!

¡Hamnet no era brillante!

- ¿Qué...? - Judith, no.

- ¿Qué quieres decir? - Era hermoso...

...pero no era brillante.

Judith, he dicho que no lo hagas.

- Yo los escribí. - ¿Escribir...? ¿Escribir el qué?

Los poemas.

Esos versos que tanto aprecias,

de líneas ingeniosas y traviesas.

Se me ocurrieron a mí.

Hamnet solo los escribió.

Ella lo ayudó un poco. Ya está.

No, se me ocurrieron a mí. Todos.

- No. - Hamnet era dulce y amable,

- pero no estaba dotado. ¡No lo estaba! - No. ¡No, era absolutamente brillante!

No, Will.

Era un niño normal.

- ¿Qué? - Si te hubieras fijado bien, sabrías...

¿En mi propio hijo?

- Sí, si te hubieras... - ¡Me fijé!

Veías lo que querías ver. Te veías a ti mismo.

¿Qué de mí mismo?

Veías a un niño con una mente tan grande y audaz como la tuya.

Pero feliz con un padre que valoraba su genio.

No era un genio, pero sabía lo suficiente para ver que nunca llegaría

a ser quien tú querías. Temía tus visitas.

No lo planeamos, al principio, no.

Judith siempre estaba inventando historias y componiendo rimas.

Hamnet oyó una y...

Y la escribió un día para practicar con su pluma.

Tú la encontraste, pensaste que era suya y lo alabaste.

¿Ya no valen nada?

No son suyas.

¿Ya no las leerás más?

Siéntate al sol y ríete de su ingenio.

No son suyas.

No.

Son mías.

Así que haré lo que puñetas me plazca con ellas.

¡No! ¡No, no!

No, no, no puedes quedártelos.

Judith intentó aprender a escribir

después de la muerte de Hamnet.

Pero nunca tuvo paciencia.

No como Susanna.

Me habría gustado poder escribir

unas letras del alfabeto y más, siendo tu esposa.

¿Recuerdas nuestra boda?

Yo, más mayor, embarazada...

y tú, un muchacho de 18 listo y extraño.

Sé lo que la gente pensó.

Ni siquiera pude firmar en el registro.

Solo hice una estúpida marca.

Me sentí tan ridícula.

Luego te fuiste a Londres y te convertiste en un gran escritor,

con una mujer en casa que no sabía leer ni una palabra.

A veces me pregunto si te molestaba.

¿Por qué iba a hacerlo?

Apenas estabas aquí.

Lo siento.

Perdiste a tu hijo.

Cualquiera lloraría.

Una hija no es nada.

Solo están destinadas a convertirse en la propiedad de otro hombre.

Nos desvanecemos.

No, Judith.

No debes desvanecerse. ¿Por qué no vuelves a escribir?

- Padre, sabes que no sé hacerlo. - Podría enseñarte.

Ya no quedan versos en mí.

- ¿Por qué? - Porque murió el mellizo equivocado.

No, fue la peste. La peste no juzga.

Solo es la peste.

Pues ojalá me hubiera llevado a mí.

Judith, ¿por qué te odias a ti misma?

Te he robado dos veces a Hamnet.

Una cuando sobreviví y él no,

y otra porque te he arrebatado tu ilusión con él.

Me has dado una ilusión nueva.

La de mi preciosa hija, la poeta.

Una mujer no puede ser poeta.

Las mujeres llegan a este mundo por una razón.

Yo sé cuál es mi deber ahora.

Te compensaré por haberte arrebatado a Hamnet.

Te prometo que te compensaré.

Me alegra que Hamnet no escribiera los poemas.

- ¿Te alegra? - Ahora lo conozco mejor.

Y es amor y no ambición lo que brotará en este jardín.

Pues algo tiene que hacerlo. Porque no ha brotado mucho.

No soy un buen jardinero, es verdad.

Veía más fácil crear cosas con palabras.

Ya veremos.

¿Quieres que te ayude?

Y aquí. Creo que más lejos.

- ¿Por aquí? - Sí.

Esa.

Haz un agujero muy grande. Excelente. Quizá podamos poner...

Buenas noches, Anne.

Quédate conmigo, Will.

Para consolarte.

En nuestra segunda mejor cama.

Me tomaré esa copa de vino del Rin contigo, Tom Quiney.

Sabes que no soy un buen hombre.

Ha habido mujeres.

Muchas mujeres.

Mira, he visto muy poco de la vida.

Y tú has visto demasiado.

Pero puede que juntos podamos empezar de nuevo.

No estaba encargando vino. Lo estaba bebiendo con Quiney.

Estuvo dentro media hora o más.

Si Judith logra algo de felicidad, me alegro.

Pecar no la hará feliz.

¿No?

Entonces, esperemos que haga su tristeza

algo más soportable.

Has dicho algo cruel. Recuerda las escrituras.

A quien recuerdo es a una niña que se reía mucho.

Una vez que se pierde la reputación, no vuelve.

- ¡La mía lo hizo! - ¡No estaba perdida!

Fue difamada por un alcohólico convicto y presunto papista.

Judith debe dejar a ese Quiney. Es un depravado.

Si solo pudieran casarse quienes no pecan,

habrían muy pocas bodas.

No podemos vernos más, Margaret.

Lo siento.

Por Judith Shakespeare.

Nunca te prometí nada, Margaret. Lo sabes.

- Si pecamos, pecamos juntos. - Está encinta.

- ¿Seguro que es mío? - ¿Cómo te atreves?

Tiene muchos amigos en la taberna.

- Atrévete. - Estoy segura. Yo...

Creo...

Creo que es tuyo, Tom.

Sinceramente.

Francis Collins, pasa, pasa. ¿Quieres vino?

- Por favor. - Maria, vino, por favor.

Me alegra verte de buenas, Will.

Cuando un hombre llama a su abogado, no siempre es así.

- Judith se casa. - No.

Enhorabuena.

Era un crimen que una joven tan vivaz quedara soltera.

Pues ya no hay crimen.

Así que quiero que corrijas mi testamento

para incluir a mi nuevo yerno, Tom Quiney.

¿Es Quiney?

- Vino y tabaco. Buen negocio. - No se me ocurre uno mejor.

Por tanto, debemos tomar disposiciones para sus hijos varones, mis...

...nietos.

Que vengan muchos.

Y me gustaría también...

Dejar algo para Anne.

¿Anne? Si te sobrevive, le corresponde un tercio por ley.

Me sobrevivirá, no cabe duda. Me saca años y es diez veces más fuerte.

No me refiero a dinero, Tendrá más de lo que puede gastar.

No, tenía en mente un...

Un mueble.

¿Un mueble?

Pero seguro que vivirá aquí y disfrutará de cada uno.

Un mueble en concreto que,

cuando deje de ser nuestro, debe ser suyo

y cuando esté en él, espero que...

...sonría y piense en mí.

Así que...

Un yerno tiene una bodega y el otro quiere cerrarla.

Bienvenido a mi familia.

Sé que a veces, nosotros...

Los Shakespeare hemos sido nuestros peores enemigos

y a veces, hemos tenido...

...los peores enemigos.

¡Si John Lane vuelve a aparecer por aquí,

le cortaremos la nariz!

Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero...

...me complace...

Haber dado un motivo de orgullo a mi pueblo natal.

Y aunque ya no tengo...

Aunque ya no tengo un hijo...

...y decidme qué familia en este pueblo no ha perdido al menos a uno.

Tengo dos hijas preciosas.

Y quizá algún día tenga un nieto.

Y por eso, por supuesto, yo, y te miro a ti, Tom, y también a ti, John,

así que ocupaos de vuestros asuntos.

Muchas gracias.

La familia lo es todo...

...y hoy...

...no podría estar más orgulloso de la mía.

Hoy he visto a Margaret Wheeler en la iglesia, Tom.

Lo sé, Judith.

No puedo deshacer lo que está hecho.

Te lo he confesado todo.

Solo puedo prometerte que a ella y su hijo no les faltará de nada.

Lo encontraremos.

¿Dónde está?

¿Está ahí?

- ¿Está ahí? - ¿Va todo bien?

Anne, ¿va todo bien?

Sí, bien.

Entonces, ¿por qué...?

Bueno...

Padre, tengo una noticia.

- Y es que... - ¿Sí?

Estoy embarazada.

¡No, mi pequeña!

¡Sí!

¡Señor Quiney!

Bien hecho, hijo mío.

Querida.

Hermana, me alegro mucho por ti.

Esto es maravilloso.

¿Pero dónde está John? Debería estar aquí.

Lo llamaron para asistir un parto.

¡Quiney!

Margaret Wheeler ha muerto en el parto,

con su bebé.

El niño no tiene nombre.

No entrará al cielo sin uno.

Bueno, bueno, señor Shakespeare.

Qué desgracia.

Parece que la boda de su hija fue apresurada por un motivo.

Como la suya, ¿no?

De tal palo, tal astilla.

Maldita sea, los Shakespeare sois gente escandalosa.

Quizá al ser una granjera analfabeta,

su esposa fue incapaz de enseñar moralidad a sus hijas.

Bueno, bueno. Debería ponerme en marcha.

No puedo repanchigarme a pensar en cosas bonitas, como los poetas.

El deber me llama.

- ¿El deber, sir Thomas? - Sí, el deber.

Una propiedad como Charlecote no se lleva sola.

Creía que decía el deber de verdad.

Como construir, poseer y dirigir el teatro más grande de Londres.

Con actores, carpinteros, costureras y equipo

sobornos que pagar, seguridad que organizar, políticas que manejar,

tres mil clientes a quienes dar de comer y beber cada tarde,

a quienes se promete un gran espectáculo.

Ciento setenta actuaciones por petición real para el rey y la reina.

¿Ha pensado en la logística de la batalla de Shrewsbury

en la sala de banquetes de Hampton Court? Déjelo. Se agotaría.

Y aun así, en todos los años que he dirigido

mi inmenso, complejo y espectacularmente exitoso negocio,

he encontrado tiempo para pensar y escribir

esas cosas bonitas que menciona y las que opino

que reportan un inmenso placer a aquellos que buscan mera distracción

o un respiro de su valle de lágrimas,

y sin las cuales todo sería tan inútil como...

Tan inútil como usted, sir Thomas.

Y ya que menciona a mi esposa, Anne,

hay más decencia y sensatez en su mierda diaria

que la que usted tiene en todo su cuerpo.

Y ojalá hubiera cazado a su condenado ciervo.

El legado de Quiney ha sido eliminado.

No me agrada el sufrimiento de Judith, suegro.

Ni el suyo.

Me apena.

Lo sé, John.

¿Trabajas un rato conmigo, esposo?

Echa cerveza para las babosas.

Por lo que parece, te va mejor sin mí.

Creo que pasearé un poco.

Lo hizo por ti, Will.

Querías un nieto.

No asististe al funeral.

Iba de camino a casa.

La noticia llegó a Londres tras mi salida.

Cuando llegué aquí, ya estaba enterrado.

Era verano.

Ningún cadáver permanece mucho sin sepultar y menos con peste.

Esta es la página.

Agosto de 1596.

Hamnet...

...Shakespeare.

Ahí está.

Le traía un cortaplumas.

Uno especial, con una hoja plegable.

Llevaba sus iniciales grabadas en el mango.

Le habría encantado.

Lo llevo siempre conmigo.

- ¿Le importa que...? - Por favor.

Siempre que...

Siempre que recorto una pluma nueva...

...imagino que no es mi mano,

sino la suya, que ha crecido hasta ser un hombre,

y que está recortando...

Usando el cortaplumas que su padre

le regaló tras su feliz regreso hace mucho tiempo.

Y luego, cuando...

Cuando la entinto y hago una marca, aún...

Aún es su mano la que veo y sus palabras las que escribo

e imagino que no soy yo

el que piensa en él,

sino que yo soy el muerto y Hamnet vive...

...y es él quien piensa en mí.

La gente suele me preguntarme cómo he escrito tanto,

cómo he encontrado la energía y dedicación para sentarme

y escribir una obra detrás de otra,

pero la respuesta es muy simple.

Siempre tengo la compañía de mi hijo.

Mi niño.

¿Me has llamado, padre?

Sí. Sí, Judith. Gracias por venir.

¿Tu nueva casa es cómoda?

Bueno, hay mucho que hacer, pero mi marido trabaja mucho.

Pese a la vergüenza que nos ha traído...

Es un buen hombre.

Hoy he visitado la tumba de Hammet

y he leído su nombre en el registro.

- Me alegro. - Anne...

Conozco la peste.

Muchas veces sacudió Londres y todos los teatros cerraron, así que...

...conozco la peste y...

...hoy estaba pensando que...

...la peste negra es una guadaña.

No es una daga.

¿Cómo es eso?

No he visto ni una sola vez

que atacara a una persona y luego se fuera.

¿Cómo murió Hamnet?

Su muerte consta en el registro parroquial,

pero no menciona la causa.

La peste, esposo.

El pastor lo declaró en su funeral.

Porque fue lo que le dijisteis

y lo que dijisteis a los sepultureros

que fueron a la floresta

y lo encontraron con su sudario cosido.

Pero cuando miro las tumbas

al lado de la de Hamnet y el registro.

No veo que ninguna guadaña

atravesara este pueblo en el verano de 1596.

De hecho, precisamente, solo cinco niños se fueron

y tres de ellos eran recién nacidos.

A diferencia de otros años de peste,

en los que docenas y docenas

fueron fulminados cada vez que golpeó.

Así que, Judith, Anne...

...por favor, decidme.

¿Cómo murió mi hijo?

Murió de peste.

Desperté a madre en plena noche con mis llantos.

La cama de Hamnet estaba vacía.

Madre buscó en casa.

Y pensó en la charca de la floresta.

Era su sitio favorito

aunque no sabía nadar

y nunca se metía en el agua.

A su lado estaban...

...destrozados y hechos trizas,

los últimos versos de los poemas

que había inventado y él había escrito.

Los preparamos para tu regreso a casa.

Madre me pidió que llevara trapos y mantas

para que nadie descubriera cómo había muerto.

Es su historia

y carga con eso desde entonces,

pero yo digo que murió de peste.

El pastor lo dijo en su tumba.

Y Dios lo aceptó.

Millones han muerto por eso

y Hamnet entró en el cielo como esos millares.

Jesús nunca le habría negado un sitio,

pese a lo que Judith dice que vimos.

Por supuesto.

Por supuesto que está en el cielo.

Hamnet no se mató.

Solo se arrojó al agua. Esa fue la causa.

Yo lo maté.

- Judith, no es así. - Maté a mi hermano.

Lo único que quería era complacerte.

Lo único que te importaba era él

y lo único que le importaba a él eras tú.

Yo estaba celosa.

Estaba celosa...

...porque Hamnet iba a la escuela...

...y yo tenía que trabajar en la cocina porque era una chica.

Pero yo quería tu aprobación.

Quería tu amor.

Así que le dije que te lo diría.

Que por fin sabrías quién había escrito los versos.

Yo no... No pretendía hacerlo.

No pretendía hacerlo.

Murió de peste.

Dios lo aceptó.

Solo fue una mentirijilla.

Era solo un niño.

Lo has acabado.

Gracias.

Mi historia ha concluido.

Puedo descansar.

Hamnet, por favor.

Quédate un momento.

Estamos hechos de la misma materia

De la que están hechos los sueños,

y nuestra pequeña vida

cierra su círculo con un sueño.

Lo siento.

Creo que...

...quizás haya cogido un resfriado.

Ben Jonson, me alegra verte.

Dios, Will, has pasado un buen bache.

Tus dos hijas se han visto envueltas en escándalos.

Bien por ellas.

Sí, el retiro no me ha traído exactamente la paz que esperaba.

Por mi experiencia, Will, nadie obtiene lo que espera.

Pero normalmente, sí lo que merecen.

¿Crees que tengo lo que merezco?

Bueno, quizá todo no, pero algo sí, sin duda.

Perdiste a un hijo.

Ningún hombre merece eso, pero muchos lo sufren.

- Yo mismo perdí a un hijo y una hija. - Sé que así fue, amigo mío.

Pero aún tienes dos hijas que te quieren.

Y una mujer con la que compartes cama. Yo no tengo nada de eso.

- Mi Anne particular me desprecia. - Sí, bueno, la insultas públicamente.

La llamaste bruja, así que...

Sí, bueno, no dije que tuviera motivo. Solo que es así.

Dijiste que Southampton dijo que tuviste una vida humilde.

Menudo asno.

Bueno, conquistaste Inglaterra, Will,

y volviste victorioso al seno de tu familia.

¿Cómo va a ser eso insignificante? ¿Lo es?

Quizá la segunda parte.

La segunda parte es la mejor.

Volviste a casa, Will.

¿Cuántos otros conquistadores pueden decir lo mismo?

¿Qué poetas?

Cualquiera puede morir solo y siendo despreciado.

Marlowe fue asesinado.

Nadie sabe cuál de sus enemigos lo hizo.

Greene murió en la pobreza y apartado de todos sus conocidos.

Kyd, lo mismo.

Nadie sabe cómo murió Tom Nashe,

pero si sus sucios poemas del consolador

nos dicen algo, es que no fue en el seno de su familia.

Creo que no.

¿Y yo? Bueno, aunque no esté muerto aún,

puede que pronto lo esté, ya que he perdido el favor del rey

y nadie intercederá por mí.

Pero tú, tú has vuelto a casa, Will.

Lo siento. Estoy bien.

Has tenido amigos y familia...

...has brillado y llenado la barriga.

Y por cierto, has escrito

la colección de obras más grande que existe o existirá.

Desgraciado.

Así que, sí, mi viejo amigo...

...diría que tienes lo que mereces.

¿Padre?

Hoy es un día especial

y madre y Sue te han preparado un regalo especial.

Por Dios, ¿de qué se trata?

- Nuestra partida de matrimonio, Will. - ¿Qué?

Hace 34 años, hice una marca en ella.

Y ahora...

"Anne Shakespeare".

Una rúbrica preciosa.

Sue también me está enseñando a escribir.

Y cuando estés mejor,

te escribiré un poema.

Pues, necesitarás...

...un cortaplumas.

Esto es para ti.

Gracias.

¿Y qué te gustaría hacer hoy, padre,

en este día especial?

Conozco un barranco donde crece el tomillo silvestre,

Dónde las prímulas y las violetas que se mecen crecen,

Sombreadas por la voluptuosa madreselva,

Con fragantes rosas y eglantinas:

Allí duerme Titania a algunas horas de la noche,

Arrullada entre esas flores por danzas y deleite...

Ya conoceréis el resto

Y allí se despoja la serpiente de su esmaltada piel,

Lo bastante ancha para envolver un hada en ella

WILLIAM SHAKESPEARE MURIÓ EL 23 DE ABRIL DE 1616

EN EL PUEBLO DONDE NACIÓ.

ERA EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS.

No temas más el calor del sol.

Ni la ira del furioso invierno;

Has cumplido con ru cometido terrenal,

Ya estás en casa,

ya has cobrado tu jornal:

Los chicos y las chicas de oro deben,

Como los deshollinadores, volver al polvo.

No temas más el ceño del poderoso;

Ya no te alcanza el golpe del tirano;

No te preocupes más de vestirte y comer;

Para ti el junco es como el roble:

El cetro, la sabiduría, la ciencia,

Todas deben acatarlo y volver al polvo.

No temas el destello del relámpago,

Ni al terrible trueno que apedrea;

No temas calumnias, la avalancha de censura;

Para ti han acabado alegrías y tristezas:

Todos los amantes jóvenes, los amantes deben

Aceptar esto y volver al polvo.

ANNE MURIÓ 9 AÑOS DESPUÉS

WILL LE HABÍA LEGADO SU SEGUNDA MEJOR CAMA.

JUDITH QUINEY TUVO TRES HIJOS.

TODOS MURIERON JÓVENES.

ELIZABETH HALL, LA ÚNICA HIJA DE SUSANNA SE CASÓ DOS VECES.

FUE LA ÚLTIMA DESCENDIENTE DE SHAKESPEARE, MURIÓ A LOS 61.

EL ÚLTIMO ACTO

Subtítulos traducidos por: Eloísa López González

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