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Original subtitles

Subtitulado por TVE.

Las Filipinas son una cadena de islas tropicales

situada en el océano Pacífico occidental.

Se cuentan entre las islas más espectaculares de la Tierra.

Y son el hogar

de algunos de los animales salvajes más exóticos del mundo.

Misteriosas criaturas recorren sus bosques y manglares.

Las plantas se convierten en depredadores.

Y la oscuridad hace salir de sus escondites

a los animales más esquivos de las islas.

Lo único y lo extraordinario florecen en Filipinas...

las islas misteriosas.

"Las islas más salvajes".

"Filipinas:

Las islas misteriosas".

El archipiélago de Filipinas está formado por más de 7000 islas

en el océano Pacífico occidental.

Se cuentan entre las islas más antiguas de la Tierra.

Densos bosques tropicales

cubren la mayor parte de su territorio.

Y en su conjunto,

Filipinas es el quinto país

con más kilómetros de costa del mundo.

El archipiélago se encuentra

sobre el famoso anillo de fuego del Pacífico,

por lo que está a merced de tifones y terremotos,

y bajo la amenaza constante de erupción

de unos 20 volcanes activos.

Pero sus islas también poseen una extraordinaria diversidad

de animales y plantas.

Las islas Filipinas están repletas de especies extrañas y únicas.

Incluyendo a numerosos depredadores especializados.

Algunos de los más hábiles

acechan en las impenetrables selvas de la isla de Palawan.

Palawan limita con el mar de China meridional por el noroeste

y con el mar de Sulu por el sureste.

Es la sexta isla más grande de las Filipinas.

También es la menos poblada

y la más cubierta por la selva.

Densos bosques tropicales y montañas brumosas

ocupan la totalidad de la isla.

Bajo el dosel arbóreo se extiende un laberinto de ramas y enredaderas.

El entorno perfecto

para algunos de los más formidables depredadores

de las Filipinas.

La alfombra de hojas cruje

bajo el peso de insectos monstruosos.

Como éste escorpión gigante en busca de comida.

Armado con un aguijón letal que ataca las células nerviosas,

inocula a las presas que se ponen a su alcance un veneno paralizante.

La escolopendra gigante es igualmente mortífera.

Éste es uno de los miembros más grandes

de la familia de los ciempiés.

Un ejemplar adulto puede medir hasta 20 centímetros de largo.

Una sola mordedura

contiene veneno suficiente para matar a animales como ratones,

pequeños pájaros y murciélagos.

Pero los ciempiés gigantes y los escorpiones

no son quienes dominan la selva.

La gran abundancia de insectos representa todo un banquete

para los residentes más grandes de la selva.

Entre ellos,

una criatura de aspecto insólito, endémica de Palawan.

Este binturong ha salido a buscar comida.

Es uno de los animales más extraños y tímidos de las Filipinas.

También recibe el nombre de gato osuno.

Observándolo más de cerca entendemos por qué.

Con su cuerpo robusto,

rasgos felinos y pequeñas orejas peludas,

parece un cruce entre oso y gato.

A pesar de las apariencias,

no está emparentado con ninguno de los dos.

Sus parientes más cercanos

son las civetas y las ginetas africanas.

Las poblaciones de binturongs se están reduciendo en toda Asia,

pero, como su nombre indica,

el gato osuno de Palawan solo existe en la isla.

Y el suelo del bosque no es su lugar favorito para cazar.

Los binturongs están adaptados

a la vida entre las ramas de los árboles.

Sus garras semirretráctiles

le permiten trepar a los árboles con facilidad.

El kinkajú de Sudamérica y el gato osuno

son los dos únicos carnívoros del mundo que tienen cola prensil.

Hace las veces de una quinta extremidad

que les ayuda a agarrarse,

mantener el equilibrio y desplazarse por el dosel arbóreo.

Una vez en los árboles,

el gato osuno muestra una velocidad y una destreza

que no tiene en el suelo.

Las selvas de Palawan

son un abundante territorio de caza para el gato osuno,

que pasa la mayor parte del tiempo en los árboles.

Aunque se mantiene fundamentalmente de fruta,

también come insectos, pájaros y roedores.

Sus fuertes mandíbulas

rompen fácilmente la corteza de los árboles

para encontrar larvas.

También tiene un agudo sentido del olfato.

Y ahora mismo,

el aire le trae el olor de uno de sus manjares favoritos:

Huevos.

Sus largos y sensibles bigotes

le permiten rastrear la fuente del olor,

mientras mantiene el equilibrio entre las ramas.

Los animales no son los únicos

que han desarrollado habilidades especiales

para sobrevivir en las selvas de Palawan.

Hay plantas que también lo han hecho.

Extrañas plantas bulbosas florecen al borde de la selva.

Son plantas odre,

así llamadas por su forma de recipiente,

y son mucho más peligrosas de lo que parecen.

En los bordes de la selva,

el suelo no es lo bastante fértil

para mantener a la mayoría de las plantas.

Por eso,

las plantas odre se han especializado

en otra fuente de alimento:

seres vivos.

Estas plantas son depredadoras,

y dado que no pueden desplazarse,

tienen que atraer a sus presas.

Hay más de 100 especies de plantas odre tropicales,

pero la Nepenthes Philippinensis

no se encuentra en ningún otro lugar de la Tierra.

Tiene unas glándulas especiales

que secretan un néctar de olor dulzón

que se adhiere a su llamativo labio exterior.

Para las hormigas y otros insectos,

la combinación de olor y color resulta irresistible.

Y el labio de la planta parece ser lo que más les atrae.

Una vez se encuentra en el borde,

el destino de la hormiga está escrito.

Su superficie es una resbaladiza trampa mortal.

El interior de la planta está lleno de líquido,

a veces hasta un litro,

y la textura cerosa de sus paredes

hacen que a la víctima le resulte imposible trepar por ellas.

Unas enzimas digestivas especiales actúan como ácidos

y descomponen el cuerpo de los insectos

que han perecido en el interior.

De esta forma,

la planta odre consigue los nutrientes esenciales

que no puede extraer del suelo.

Además de los densos bosques que cubren la isla,

en Palawan existe otro mundo escondido.

Y éste no puede ser más diferente de la maraña vegetal de la selva.

En el avance de los ríos de la isla hacia el mar,

algunos desaparecen en el interior de las montañas de piedra caliza.

Estos ríos han excavado

uno de los sistemas de cuevas más espectaculares de la Tierra,

el parque fluvial subterráneo de Puerto Princesa.

No se sabe con exactitud quién descubrió estas cuevas,

ni tampoco cuándo.

Se cree que,

los habitantes primitivos de la isla conocían su existencia,

pero no se atrevían a explorarlas.

Una vez en el interior,

es fácil comprender por qué.

Enormes estalagmitas se elevan desde el suelo de la cueva,

como gigantescos dedos retorcidos.

Y al desaparecer la luz del día,

los habitantes de las cuevas salen de entre las sombras.

Un escorpión látigo acecha en la pared de la cueva.

A pesar de su nombre,

éste insecto está más relacionado con las arañas

que con los escorpiones,

y la velocidad a la que se mueve lo demuestra.

Una tarántula aguarda

a que se ericen los diminutos pelillos

que cubren su cuerpo.

Es la señal de que hay una posible presa cerca.

El batir de las alas de los murciélagos

es un eco constante.

Grandes colonias de estos quirópteros

cubren el techo de la cueva.

Sus oscuras grietas son el lugar perfecto para anidar

y mantener a las crías a salvo de los predadores.

El río subterráneo de Puerto Princesa

mide 8,2 kilómetros

y es el segundo más largo del mundo.

Forma parte del ecosistema "montañoso-marítimo" de Palawan,

donde la selva se extiende hasta la misma orilla del mar.

El río atraviesa las cuevas

antes de desembocar en el mar de China meridional.

Esta es una tierra olvidada por el tiempo.

Las costas prehistóricas de la isla

son el hábitat de un animal que no ha cambiado

desde hace miles de años.

Palawan es la guarida de un dragón de los tiempos modernos.

Un varano acuático ha salido en busca de comida.

Pesa más de 25 kilos

y es el segundo lagarto más grande del mundo.

Recibe el nombre de varano acuático

porque pasa una tercera parte de su vida en el agua,

y siempre vive cerca del mar o de un río.

Palawan proporciona el hogar perfecto

a estos reptiles gigantes.

Aquí tienen fácil acceso al mar,

y son los máximos depredadores de la isla,

por lo que no tienen competencia natural.

Y no son exigentes con la comida.

Devoran cualquier cosa que se ponga a su alcance.

Como las serpientes,

los varanos acuáticos tienen una lengua bífida

que mueven en el aire constantemente para captar partículas olorosas

y así detectar a sus presas.

Y cuando no encuentran comida en el suelo del bosque,

solo tienen que subir a buscarla a los árboles.

Los varanos acuáticos

son unos trepadores sorprendentemente ágiles.

A veces,

incluso saltan de un árbol a otro para perseguir a una presa

o escapar de un peligro.

Pero la habilidad para trepar a los árboles

no garantiza la comida.

Y no haber conseguido capturar una presa

no es el único de sus problemas.

En el suelo, los ánimos parecen estar caldeados.

Aunque los varanos acuáticos,

a veces se encuentran cuando están buscando comida,

por naturaleza son animales solitarios.

Y en lo que respecta a la comida,

cada uno vela por sus intereses.

Mientras otros pelean,

un varano solitario se aleja de la multitud,

en busca de nuevos territorios de caza.

Los varanos acuáticos no suelen alejarse mucho del mar.

Gracias a su resistencia como nadadores,

han conseguido colonizar islas por toda Asia.

Y las playas

suelen ser buenos lugares para encontrar comida.

Su ágil lengua detecta una de sus comidas favoritas.

Sus afilados dientes cortan el caparazón

como si fuera mantequilla.

Y esto no es más que el principio del festín.

Los cangrejos

han salido de sus escondites a buscar alimento,

aprovechando la marea baja.

Al varano le ha tocado el premio gordo.

Los varanos acuáticos son sorprendentemente veloces.

De hecho, pueden correr más rápido que la mayoría de los humanos.

Un cangrejo no tiene ninguna posibilidad de escapar.

Con el estómago lleno,

vuelve a internarse en las sombras de la selva.

La costa de Palawan

no solo es un rico territorio de caza para los animales,

sino también para los humanos,

y aquí hay algo especialmente apreciado,

pero conseguirlo, requiere un esfuerzo extraordinario.

Ante la ausencia de lugares donde amarrar las barcas,

la mejor forma de llegar a la orilla,

es a nado.

El tesoro está escondido

en los acantilados que rodean la isla.

Para alcanzarlo hay que jugarse la vida en el ascenso.

Unos pajarillos, llamados salanganas,

anidan en las cuevas y acantilados de todo el sudeste asiático.

En lugar de construir sus nidos con ramitas y musgo,

lo hacen con baba.

Su saliva es el material perfecto,

ya que se adhiere a las paredes de piedra

y se seca al entrar en contacto con el aire.

La construcción de un nido puede durar hasta dos meses.

Y para los habitantes humanos de la isla

tiene un valor incalculable.

Los nidos son

el principal ingrediente de un plato para gourmets:

La "sopa de nido de ave",

y alcanzan precios tan altos

que han llegado a ser conocidos como "oro blanco".

Los tagbanua son

una de las tribus más antiguas de Filipinas,

y los nidos de salangana

les han proporcionado una fuente de ingresos esencial

desde hace siglos.

El ascenso hasta los nidos no es para pusilánimes.

Pero el botín compensa, con creces, el riesgo.

Los nidos de salangana tienen un alto contenido en minerales,

y además de emplearse en la cocina,

se cree que tienen efectos afrodisíacos

y que curan todo tipo de dolencias.

Son tan frágiles y tan difíciles de coger

que un kilo de nidos puede alcanzar precios de hasta 10.000 dólares.

A fin de proteger las poblaciones de salanganas,

la veda de recolección de nidos

está estrictamente controlada por la Ley.

No es extraño que los escaladores oculten celosamente

la localización de los lugares donde recolectan los nidos.

El mar de China meridional

no solo da forma a las costas de la isla,

sino que también ayuda a formar

uno de sus ecosistemas más complejos:

Los manglares.

En los lugares donde se mezclan el agua salada y el agua dulce,

se crea un entorno único e inhóspito.

El barro lo cubre todo.

Los niveles de sal matarían a casi cualquier planta, en horas.

Pero a pesar de todo, la vegetación florece.

En los manglares

se encuentran algunas de las plantas más resistentes del mundo.

Adaptaciones especiales les permiten sobrevivir.

La falta de oxígeno

es uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan.

La tierra está saturada de sal y bacterias,

y para las plantas es difícil respirar a través del suelo,

como harían normalmente.

Así, las raíces de los mangles se elevan sobre el suelo

y toman el oxígeno que necesitan del aire.

Con el paso del tiempo,

las raíces elevadas frenan las mareas,

permitiendo que se asienten los sedimentos

y se formen nuevas tierras.

Este medio

se ha convertido en el hábitat de un gran número de seres vivos...

y en territorio de caza para los humanos.

En Palawan hay muchos manjares exóticos,

pero uno que se encuentra en los manglares

es de los más especiales.

Una criatura parecida a un gusano gigante,

llamada tamilok.

Viven en el interior de las raíces muertas

de los mangles,

y encontrar en cuáles se esconden requiere mucho tiempo y paciencia.

Los agujeros vacíos indican

que sus habitantes ya los han abandonado.

Los tamilok son conocidos en inglés como "gusanos de los barcos".

Fueron la pesadilla de los navegantes durante siglos

y provocaron el hundimiento de miles de barcos.

Intentar encontrar uno,

entre el laberinto de raíces y barro,

puede ser una labor agotadora.

Es como buscar una aguja en un pajar.

Una raíz medio podrida se rompe fácilmente de un golpe.

Y esta vez, los recolectores han tenido suerte.

A pesar de su apariencia,

el tamilok no es un gusano,

sino un molusco muy alargado con un caparazón diminuto.

Los restaurantes locales,

a veces sirven tamilok en una especie de adobo.

Pero hay quien opina

que lo mejor es comerlos directamente de la raíz.

Después del aperitivo, continúan con la búsqueda.

Los manglares no solo proporcionan un alimento exótico a los humanos.

Unos 550 kilómetros al este de Palawan,

en la isla de Bohol,

los manglares se han convertido

en uno de los lugares favoritos para buscar comida

de uno de nuestros parientes más cercanos.

Un grupo de macacos cangrejeros ha salido a buscar alimento.

Han dejado atrás su hogar, en la selva,

y se han adentrado en un manglar

para satisfacer sus refinados gustos.

Para los animales habituados a la vida en los árboles,

el manglar es un segundo hogar.

Pero deben mantenerse alerta.

Raíces puntiagudas sobresalen de la tierra

como un lecho de clavos.

Un movimiento en falso

podría tener como consecuencia graves heridas.

Manos muy similares a las humanas

rebuscan cuidadosamente entre el barro.

Bajo el fango hay frutas caídas de los árboles.

Una limpieza rápida,

y se convierte en un sabroso aperitivo.

Pero, no es la fruta lo que los ha traído hasta aquí.

Los macacos de Bohol vienen al manglar

en busca de uno de sus manjares preferidos.

Y es una comida un tanto insólita:

Cangrejos.

Una vez capturado el cangrejo, hay que manejarlo con cuidado.

Y vale la pena buscar un lugar tranquilo

para comer apartado del resto del grupo.

Sus ágiles dedos abren con facilidad el caparazón.

La carne de cangrejo es rica en proteínas.

Un joven macaco observa desde arriba,

con los ojos bien abiertos.

Parece lo bastante seguro de sí mismo

para probar suerte por sí solo.

Pero no tarda en descubrir que no es tan fácil como parece.

Hay comidas que muerden.

Otros han tenido más suerte.

El joven primate se retira,

después de recibir una dolorosa lección.

Los macacos son capaces de comer prácticamente cualquier cosa,

y eso les ha permitido establecerse en hábitats muy distintos,

desde islas tropicales a bosques nevados.

Después de los humanos,

son los primates más numerosos del mundo.

Terminado el festín, llega la hora de relajarse.

En la sociedad de los macacos reina una estricta jerarquía.

Despiojándose unos a otros,

no solo eliminan los parásitos,

sino que reafirman sus relaciones.

Bien comidos y aseados,

llega la hora de ponerse en marcha.

Y así, emprenden la vuelta

a uno de los lugares más extraordinarios de Filipinas:

Las Colinas de Chocolate de Bohol.

En el corazón de la isla hay más de 1.200 colinas cónicas.

Sorprendentemente, similares en forma y tamaño,

la mayoría tienen una altura de entre 30 y 50 metros.

Su efecto conjunto es fascinante.

El origen de estas colinas se pierde en la leyenda.

La tradición dice

que son las lágrimas solidificadas de un gigante en pena.

Otros afirman que son enterramientos humanos

que podrían rivalizar con las pirámides.

La mayoría de los geólogos coinciden

en que las Colinas de Chocolate son montículos de piedra caliza

modelada por los vientos y las lluvias.

El origen de su nombre es fácil de comprender.

Durante la estación seca,

la hierba que cubre las colinas adopta un color marrón chocolate.

Las selvas circundantes

proporcionan un hogar a especies tan misteriosas

como las mismas Colinas de Chocolate.

Por ejemplo,

un insecto con predilección por las plantas venenosas.

Una oruga "cometa de papel" trepa a su planta favorita:

Un apocino.

Para impedir el ataque de los insectos,

las hojas de los apocinos están saturadas de toxinas.

Pero es una táctica que no siempre funciona.

El veneno hace que la planta sea más deseable para esta oruga.

Secciona con cuidado el tallo que transporta las toxinas,

para ingerir con la hoja una dosis no letal de veneno.

La ingeniosa oruga

ha hecho suya la estrategia de defensa de la planta.

Ahora, ella también transporta las toxinas

que deberían disuadir a los depredadores.

En unas dos semanas,

la oruga ha doblado su tamaño.

Teje una almohadilla de seda en una hoja

y suspende su cuerpo,

sujetándose con unos ganchos que tiene en la parte posterior.

Lo que ocurre ahora es un milagro biológico.

Las enzimas digieren los tejidos de la oruga,

licuando literalmente su interior.

La oruga muda lentamente la piel

y aparece una crisálida dorada.

Al principio, esta crisálida es blanda y suave,

pero rápidamente se endurece, formando un caparazón protector.

En la seguridad de su capullo, ya endurecido,

espera a que las células de su interior líquido

cambien poco a poco.

Pasan dos semanas...

La oruga ya está lista

para la fase final de una transformación milagrosa.

Una de las mariposas más espectaculares de las Filipinas,

"la cometa de papel", sale al mundo sin prisas.

Libre por fin del capullo,

va desplegando, con parsimonia, sus alas..., como de papel.

Su frágil cuerpo se seca, poco a poco,

bajo la cálida luz del sol.

Y por fin..., llega el momento de su primer vuelo.

Pero su libertad no dura mucho.

Ha caído en la trampa de una araña.

Su telaraña tiene más de un metro de diámetro

y es prácticamente invisible.

El fin parece inevitable.

Pero, a veces, las apariencias engañan.

Hay algo en esta mariposa que repele a la araña.

Un último examen,

y la araña deja libre a su presa.

Las toxinas que ingirió la oruga con las hojas de apocino

han salvado la vida a la mariposa.

Para la araña es auténticamente intragable.

Este ingenioso truco

ha hecho a "la cometa de papel" merecedora de otro nombre:

La mariposa de la suerte.

La araña se queda esperando a una presa más apetitosa.

La mariposa de la suerte no es el único insecto de Bohol

que guarda un asombroso secreto.

Los insectos han hecho estragos en este manzano de manglar.

Y algunos de los culpables, aún no han acabado de comer.

Estos pequeños insectos no parecen gran cosa durante el día.

Pero, cuando se pone el sol,

los vemos bajo una luz muy diferente.

Desciende la oscuridad

y empiezan a parpadear luces fantasmales.

Los insectos son luciérnagas...

y es por la noche cuando resplandecen.

La iluminación es un mecanismo de seducción,

una señal que emite el macho cuando quiere aparearse.

La luz se genera mediante una reacción química

en el cuerpo del insecto.

Es posible que los machos se iluminen al mismo tiempo

para, de esa forma, atraer a un mayor número de hembras.

El efecto conjunto

rivaliza con las estrellas más brillantes del cielo nocturno.

La resplandeciente exhibición va concluyendo poco a poco.

Este es el momento

en el que el depredador más famoso y esquivo de Filipinas

sale de su escondite.

El tarsero filipino.

Es tan pequeño que cabe en una mano humana.

Y únicamente sale durante la noche.

Este tarsero es uno de los primates más pequeños del mundo,

pero también es el mamífero que tiene los ojos más grandes

con respecto al tamaño del cuerpo.

Y como era de suponer, tiene una visión excelente.

Este grillo está muy bien camuflado.

Pero no lo suficiente.

El oído del tarsero también es muy fino.

Localiza sin dificultad al grillo...

Y ataca.

El grillo no ha advertido el peligro hasta que era demasiado tarde.

El nombre del tarsero hace referencia a sus largos tarsos,

que hacen las veces de amortiguadores.

Esto les permite saltar con rapidez y aterrizar sin hacer ruido.

Al verlo junto al grillo,

podemos comprobar lo pequeño que es...

y lo hambriento que está.

Los discos adherentes que tienen en los dedos

le permiten sujetarse a las ramas mientras come o acecha a sus presas.

Sus ojos son mayores que su cerebro...

y que su estómago.

Son fijos, no se pueden mover en sus cuencas,

pero el tarsero puede girar la cabeza 180 grados,

como los búhos.

Y así puede detectar muchas más presas potenciales.

Un grillo no está mal,

pero, en realidad, no es más que un aperitivo.

El tarsero se lanza a una cacería desenfrenada

como el más feroz predador.

Uno de los depredadores más pequeños de estas islas

es también uno de los más mortíferos.

La larga noche de caza no ha hecho más que empezar.

Las islas Filipinas son el hogar

de algunos de los animales más asombrosos de la Tierra,

y de algunos de los más extraños.

Muchas de estas antiguas islas permanecen completamente vírgenes.

Ello ha permitido que especies únicas prosperen

al amparo del mundo moderno.

Estas islas han favorecido la aparición de seres extraños,

hermosos y sorprendentes.

Y de criaturas que guardan secretos mortales.

Aquí, en las islas misteriosas.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

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