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Imagina que vuelves a ser niña,
una niña que nunca ha estado lejos de casa.
Ni un solo día.
Cuando tenía 10 años, mi madre vio que no podía seguir manteniéndome.
Me envío muy lejos de la casa de Portsmouth en la que nací,
con mis ricas tías, Lady Bertram y tía Norris, a Mansfield Park.
Me habían enseñado ya a ser buena.
Me dijeron que no olvidara también ser agradecida.
Durante mucho tiempo fui tímida e infeliz.
Debemos estar preparados para recibir a una niña ignorante,
sin modales.
Pero no son defectos incurables.
Confío en que tenga más juicio que nuestra pobre hermana.
Tiene juicio suficiente como para enviarnos a su hija.
Convivir con sus primos, le enseñará mucho.
Espero que no moleste al pobre Pug.
Acabo de conseguir que Julia lo deje en paz.
Señorita.
Fanny, ven a conocer a tus primos.
Esta es Maria y debes aprender a ser buena e inteligente como ella.
Julia, Tom y Edmund.
Un placer.
Tus tíos, Sir Thomas y Lady Bertram.
La niña debe de estar cansada del viaje.
Siéntate aquí con tu tía.
Edmund, dale a tu prima un trozo de tarta de grosellas.
No es un comienzo muy prometedor.
Añoraba a mis ruidosos y alegres hermanos,
y el iry venir de mi casa.
No me trataban mal, pero yo era la pariente pobre y lo notaba.
Solo Edmund se esforzaba en hacerme feliz.
Se convirtió en mi único amigo.
Y con el tiempo, empecé a amarle más que como a un primo.
¡Edmund! ¡Fanny!
Disculpe, tía Norris, Sir Thomas desea verla.
No me gusta ausentarme de Mansfield tanto tiempo, pero es inevitable.
Nuestros negocios en las lndias Occidentales no prosperan.
Espero que os comportéis apropiadamente en mi ausencia.
A ti, Maria, sólo te pido que tu boda con el Sr. Rushworth
no se celebre hasta mi vuelta.
Esperaré, pues, su regreso con impaciencia, sir Thomas.
Julia,
te dejo al cuidado de tu tía Norris. Edmund,
- confío en tu buen juicio. - Sí, señor.
Tom,
- demuéstrame tu valía. - Eso espero, señor.
Fanny, tenía algo que contarte.
El barco de tu hermano llega a lnglaterra, invítale a Mansfield.
Sí, señor. Gracias.
Esperaba que William te encontrara a los 18 años muy cambiada de los 10.
Pero me temo que no será así.
Con la partida de Sir Thomas, se fueron las nubes de Mansfield Park.
lncluso yo sentía esa reciente libertad.
Tenía 18 años, era verano y nunca había sido tan feliz.
- ¡La tía Norris no me dejaba salir! - ¿Cómo te has escabullido?
Le he dicho que me esperaba un aburrido recado para mi primo.
Lo olvidaba.
He cogido esto para ti.
Si Rushworth no cobrara 12.000 libras al año, sería bien estúpido.
Afortunadamente, las cobra.
He recibido carta de mi hermano Tom. Se queda en la ciudad.
Eso es lo que temía mi padre.
La vida de Tom es una fiesta continua.
Y yo tengo que ocuparme de todo.
Yo creo que lo haces muy bien.
Además, no todo es trabajo.
Por si sirve de algo, soy muy feliz.
Te echo una carrera
¡Vamos!
En mi inocencia, imaginaba que siempre sería feliz.
Pero, rodeados del brillo y el lujo de la moderna sociedad londinense,
Mary Crawford y su hermano Henry entraron en nuestras vidas.
La vida en Mansfield Park jamás volvería a ser igual.
Qué buenos vecinos tenemos.
Por aquí debemos empezar. Por los Bertram.
Un condado y una mansión así no pueden sertan aburridos.
Eso depende de lo aburridos que sean sus ocupantes.
- Tienen 4 hijos. - Niños no, porfavor.
Todos son mayores y muy buenos partidos.
Tienen un hijo joven, pero yo he escogido al mayor.
El heredero. Como siempre.
Jamás se me ocurriría dejar escapar al hijo mayor de un barón.
Y bien, mi querida pícara, ¿cuál será tu estrategia?
Oye, nada de estrategias. Utilizaremos nuestro encanto natural.
- Entonces caerán. - ¿Y tú, Henry?
Deberías casarte con la menor, la bella y disponible Julia.
No estamos hechos para el matrimonio.
Lo sé bien.
Del matrimonio solo hemos visto engaños y decepciones.
Pero a veces tiene sus ventajas.
¿Acaso no es mejor engañar que llevarse una decepción?
Están aquí.
Esta gente moderna siempre llega media hora tarde.
No vienen de muy lejos.
No creo que una casa de campo les divierta.
Seguro que no. Su adorable madre no lo resistía ni una semana.
De niños eran muy guapos. ¿Cómo son ahora?
Bueno, la Srta. Crawford va a la moda de Londres,
pero nuestras chicas no tienen nada que envidiarle.
Además es demasiado bajita y morena. Y su hermano...
puede que sus ingresos sean elevados...
pero es muy vulgar.
Deberíamos dejar que la vulgaridad del Sr. Crawford la juzgue Julia.
Lamento la ausencia del resto de mi familia.
¿Su hijo mayor no vive con usted, Lady Bertram?
Desde que su padre se fue,
Tom prefiere Londres o Newmarket a Mansfield.
Lo lamento, Lady Bertram.
¿Sir Thomas ha tenido problemas en Antigua?
Creo que hace muchísimo calor.
El negocio en las lndias Occidentales ha empeorado, Sr. Crawford.
No me gusta que Sir Thomas se haya ido,
pero estoy atónita con lo bien que Edmund le sustituye,
dirigiendo y ocupándose del servicio. Le pido consejo para todo.
Entonces tal vez pueda aconsejarme.
¿En qué puedo ayudarla?
Sé que mi arpa ha llegado a Northampton,
Pero ¿cree que he podido alquilar una carreta para traerla? lmposible.
Le será difícil alquilar un caballo y una carreta ahora mismo,
en plena cosecha.
Espero ir acostumbrándome,
pero viniendo de Londres, donde todo se consigue con dinero,
me cuesta acostumbrarme al campo.
Es normal que le cueste, Srta. Crawford,
pero cuando se acostumbre, lo comprenderá.
¿Alguien quiere más limonada?
Lo peor es que la boda de Maria tendrá que ser después de Navidad,
a la vuelta de nuestro padre.
Enero es un mes muy desagradable para casarse.
Es el peor mes para hacer un viaje tan largo por mar.
Aunque he tomado medidas para evitarle lo peor a Lady Bertram,
soy la primera en temer una catástrofe fatal.
Mi padrastro, el Almirante,
en una travesía con muy buen tiempo, tardó un mes más de lo previsto.
Que el viaje de Sir Thomas, sea a la vez veloz y seguro.
Lo ha expresado muy bien, Sr. Crawford.
En efecto. Y si el destino de Sir Thomas es no regresar,
será muy consolador ver a nuestra querida Maria
tan bien casada.
Maria no lleva su parasol, Fanny.
Si le da dolor de cabeza, lo sufriremos todos.
Esto es perfecto. Casi demasiado.
Si fuera mío, introduciría un elemento sorprendente, romántico.
- Un castillo en ruinas, tal vez. - No tenemos castillo que arruinar.
Es solo una fantasía. Construyo y destruyo al mismo tiempo.
- Permítame. - Permítame a mí.
- ¡Mi tobillo! -Apóyese en mí.
Si Mansfield fuera mío, le añadiría una locura.
Mirándolo objetivamente, Srta. Crawford,
me gusta todo y no cambiaría nada.
¡Vamos, Edmund! Seguro que te gustaría hacer una capilla.
¿Para qué querría el Sr. Bertram una capilla?
¿Le gusta despertar a las señoras para arrodillarse sobre fría piedra?
Es especialmente duro con un capellán poco agraciado.
Dentro de poco seré ordenado sacerdote, Srta. Crawford.
Le ruego perdone mis bromas, Sr. Bertram.
No lo sabía.
La Srta. Crawford me ha contado por qué están aquí. No es por placer.
Posiblemente no puedan volver a Londres, a casa de su padrastro.
Hace una semana el Almirante instaló a su amante en casa.
No me sorprende nada.
Siento respeto por la Armada, pero solo si pienso en Lord Nelson.
Creo que Julia es bien capaz de enamorar.
- Me gustan mucho las Bertram. - No son muy arrogantes.
No, controlan tan bien su vanidad que parecen no tenerla.
Un poco anticuadas, pero no les afecta porque no lo saben.
- ¿La que más te gusta es Julia? - Sí.
Al llegar confundí a la Srta. Price con una sirvienta y le di el sombrero.
¿De verdad te gusta más Julia? Maria es más guapa.
Sí, estoy de acuerdo.
Pobre Julia, no eligió ella su nariz.
Y si lo hubiese hecho, con ese mal gusto, no sería mucho mejor.
Pero es encantadora. Son diferentes, pero encantadoras.
Sí lo son.
Y encantadas.
Creo que ambas hermanas podrían caer en tus brazos.
¿Las dos?
Cualquiera.
Fanny, ¿qué te parece la Srta. Crawford?
Tiene todas las virtudes.
Fortuna y una cara bonita.
- Cierto, ¿y? - Tengo una piedra en el zapato.
Pero Edmund, ¿de verdad odia rezar?
¿En serio cree que todo se puede lograr con dinero?
Creo que dice esas cosas para divertirse.
- Fanny, ¿montarás mañana? - Sí.
Pues tendré ensillada la yegua media hora antes.
La Srta. Crawford quiere aprender y Jenny es el caballo más dócil.
No te molestaremos, no tardaremos más de media hora.
Así que va a ser clérigo.
-Así es. - Me sorprende.
Vamos, cambie de idea.
Usted está hecho para algo mejor.
No es tarde, puede dedicarse a la abogacía.
¡A la abogacía! Como si fuera tan fácil como cabalgar.
Siempre hay un tío o un abuelo que dejan una fortuna al segundo hijo.
Una práctica admirable, pero yo soy una excepción y debo mantenerme.
Además, incluso con fortuna, haría la misma elección.
Pero a los hombres les gusta destacar, ¿no?
Podría ser soldado. O marino.
Podría.
Pero no lo soy.
- Es usted una amazona innata. - Tengo un buen maestro.
Fanny, llegamos tarde. Lo siento mucho.
- No importa. - Claro que sí, debo disculparme.
Su primo y yo teníamos mucho de que hablary la hemos olvidado.
Pero el egoísmo debe perdonarse, porque no tiene remedio.
Era una obra sencilla, ''Promesas de amor''.
La preparábamos unos cuantos amigos.
Estábamos ensayando y todo iba bien hasta que la Duquesa Dowager murió
-y el proyecto se vino abajo. -Válgame Dios.
Es absurdo quejarse, por supuesto,
pero la pobre anciana ha sido de lo más inoportuna.
Ojalá nos hubiésemos enterado tres días después.
Al fin y al cabo era una abuela y ha muerto a 150 kilómetros.
Desde luego es una pena, querido.
Pero lo he arreglado todo, porque el Sr. Bertram será el Barón
y yo el Conde Cassel, señora.
Aparezco tres veces y tengo 240 líneas,
que no es poco.
Srta. Crawford.
- Encantado. - Sr. Bertram.
¿Qué te parece, Edmund?
Pequeña, morena e inteligente.
¡Ya tenemos Amelia!
Saludo y despido en un suspiro.
Hace mucho que no piso un escenario.
Pero hoy me siento capaz de todo.
Espero ser útil y prevenir cualquier gasto innecesario.
Ven, Fanny. Una joven no debe pasar tanto tiempo en el sofá.
Tienes que pensar en los demás.
No acabaré esas cortinas a tiempo para la función.
- No pensarás hacer la función aquí. - Claro que sí. ¿Por qué no?
Es una pieza ligera, lo sé, pero...
¿Te parece demasiado moderna?
¿Y la Srta. Crawford? Quiero su opinión.
Nuestro padre está en peligro viajando de regreso. Pero...
Sí. Y si animamos a nuestra madre, habremos hecho bien.
Son unos momentos angustiosos para ella.
¿Qué ocurre?
No dormía.
Y le has dado a Maria el papel de madre de un hijo ilegítimo.
No hagas nada impropio, querido. A Sir Thomas no le gustaría.
A nuestro padre no le gustaría que sus hijas actuaran.
Conozco a mi padre tan bien como tú.
No creas que eres el único que tiene juicio aquí.
Tal vez Edmund no se da cuenta de lo mucho que confío en él.
Haré de Amelia, pero no hay nadie para interpretar a Anhalt, mi tutor.
Si alguien debe hacerlo es usted. Es un clérigo.
Sentiría ridiculizarlo con mi actuación.
Podemos arreglarnos sin ti. No hace falta que participes.
- No tengo intención de participar. - No esperes que todos te obedezcan.
Ya se decidirá en su momento.
Cuando así sea, díganme a quién tendré el honor de hacer el amor.
Bájese de ahí. Qué insolencia.
- ¿Te disgusta no participar, Fanny? - No.
Además, tu padre no lo aprobaría
y no deseo disgustarle. No te muevas, Julia.
¿No parezco un auténtico padre tirano?
Fanny, necesito tu opinión.
- Sí. - ¡Edmund!
Esta función empeora por momentos.
¡Van a pedirle a un extraño que interprete a Anhalt!
¿Qué podemos hacer? Tom está decidido.
Sólo hay una solución.
Que yo interprete a Anhalt.
Bueno, ¿tienes otra alternativa?
- Dijiste que nada te haría... - ¡Lo sé! Odio contradecirme.
Pero no puedo dejar que Tom traiga al primero que encuentre.
- No, no puedes. - Pues dame tu bendición, Fanny.
Si no estás conmigo, dudaré de mi sentido común.
No es correcto que actúe con un extraño.
¡Es cierto! Debo ayudarla.
Querida Fanny, no lo veía tan fácil hasta hablar contigo.
Maria.
Estamos hecho el uno para el otro.
Esta noche sólo puedo ser una cosa.
Esta noche o soy tu amante o no soy nada.
¿Te parece demasiado corto?
Se lo preguntaré a Henry.
''¿Por qué os ruborizáis, mujer? No tenéis motivos, os lo demostraré.''
''Mis ojos estaban en vuestra la liga, pero mi cabeza mucho más arriba.''
Se lo toma en serio.
Está interpretando, ¿verdad?
No podéis rechazarme. Conseguiré vuestro corazón...
¡Ha dicho usted mis líneas, Sr. Crawford!
Pues seguiré ensayando hasta que las recuerde.
Que Maria lo haga con usted, si no, no acabaremos nunca.
Un placer, señor.
¿Qué has hecho, Fanny?
Si solo vas a molestar, estaremos mejor sin ti.
Un tipo tan bajito y mediocre haciendo de actor es ridículo.
¿Quiere que le ayude, Sr. Rushworth?
Sí, si tiene la amabilidad.
¿De qué me acusa el Barón?
De nada de lo que él no sea culpable.
- Pero yo he hecho el trabajo... - No tiene que decir ''bien''.
No la haré esperar más, Srta. Crawford.
No tiene nada que temer.
Lo haré yo.
Vayamos a un rincón más tranquilo.
Ya lo ve, Srta. Price. Jamás lograré recordarlo.
- La primera línea la sabe muy bien. - Sí, pero tengo 240.
Cuando Julia habla, no localizo mi entrada.
¿Srta. Price?
No deseo culparos,
pero debo decir que es impropio de una dama
que vengáis aquí sola y de noche.
Mi querido Sr. Anhalt, dejad que os sea sincera,
que os diga que os amo.
Que os amo desde la primera vez que os vi.
Las indicaciones dicen:
''Amelia toma a Anhalt de la mano y le mira a los ojos''.
Fanny, perfecto.
Julia no quiere hacerlo.
Vamos, es tu gran momento. Serás la esposa del guarda.
¿Yo? No, yo no puedo participar.
- Sí, lo harás muy bien. - No nos abandones, Fanny.
- ¿Cuándo te hemos pedido algo? - No seas desagradecida.
Sí. Ayúdanos, Fanny.
Lo aprenderá enseguida, Srta. Price.
Bueno.
Ensayaremos la escena en la que me interrumpe con Agata.
Lo tenemos muy bien ensayado.
Hemos practicado mucho juntos.
¿Señor, creéis que voy a avergonzarme confesando?
¡No lo haré! ¡Estáis equivocado!
¡Vuestras acusaciones no bastan para hacerme hervir la sangre!
¡Padre!
Cuando usted llegó, estábamos en los tres primeros actos.
Y no nos estaba saliendo nada mal.
¿Cómo se atreve Henry a reírse y a no dirigirme la palabra?
Querida mía, no es fácil atrapar a un hombre como Henry.
No supongas que he sido yo la que ha hecho algo.
Esperamos su indulgencia.
Somos actores inexpertos.
Tenéis mi perdón, Tom, pero no me gusta el teatro.
¿Te parecen agradables los Crawford?
Por supuesto. El Sr. Crawford es muy agradable y la Srta. Crawford
es una joven alegre y bonita.
No diré que no es un caballero, por consideración,
pero, como tu padre habrá observado,
es demasiado bajo para ser apuesto.
Padre, no nos ha hablado de su estancia en Antigua.
Me alegra decir que nuestros negocios en Antigua prosperan.
Espero que no le moleste mi pregunta, señor,
pero, después de vivirlo,
¿cree que la esclavitud puede seguir como hasta ahora?
Nuestra primita es partidaria de la abolición.
Pienso, querida, que podemos arreglarnos sin esclavos.
Pero sin orden, estamos perdidos.
Ruego que me disculpen. No me siento bien.
Desde que llegué a casa, le estoy dando vueltas
a que el Sr. Rushworth
fue aceptado tal vez algo apresuradamente.
Sé que sería un buen matrimonio para ti y para la familia,
pero no debes sacrificartu felicidad.
El matrimonio es un compromiso serio.
¿Tienes alguna razón para echarte atrás?
Durante la cena he pensado que tal vez
- alguien te ha hecho arrepentirte. - En absoluto.
Si ese es tu deseo, puedo liberarte.
Aún no es tarde.
Deberías abrirte y sincerarte conmigo.
Gracias, señor, es usted muy generoso.
Pero le aseguro que está equivocado.
Tengo la mejor opinión del carácter y disposición del Sr. Rushworth.
Me siento honrada por su posición y fortuna.
¿Qué más podría desear?
¡Estás preciosa!
Srta. Crawford, mi mayor orgullo
es haber contribuido a la admiración que siente el Sr. Rushworth
por nuestro querido ángel, Maria.
Maria, escríbeme a diario y cuéntame cosas de Londres.
- ¡Cuida de tu hermana, Julia! - ¡Os escribiré!
Las bodas son un aburrimiento.
Menos mal que empiezan las carreras y podré escaparme.
Ni siquiera papá insistirá en que me quede en Cheltenham.
Necesito otra copa.
¿Suspira, Srta. Crawford?
Despidiendo a su hermana he pensado que debo irme ya de Mansfield.
¿No se quedará por mí?
Confieso que pasaría la mitad del año en Mansfield.
Pero ¿en una casa de campo? No.
¿Es posible que cambie de idea?
¿Cree que soy yo la que debe cambiar? Lo dudo, Sr. Bertram.
Soy obcecada, ¿sabe? Y siempre consigo lo que quiero.
Srta. Price.
Vengo a visitar la escena del crimen.
Me gusta recordar los ensayos, fue muy divertido.
Estábamos vivos. Nunca he sido tan feliz.
¿No cree que tuvimos mala suerte?
El destino podría habernos concedido otra semana.
No, no lo creo.
Creo que todos nos excedimos.
Ha sido una boda magnífica.
La novia estaba muy bella, las damas de honor muy inferiores.
Mary.
¿Cómo estaba el joven Bertram? Apenas le he visto en todo el día.
Edmund sigue como siempre, decidido a ser mediocre.
No cambiará de idea. Será ordenado pronto.
Vivirá con 700 libras al año.
Me alegra que vaya a sertan rico.
Son unos ingresos estupendos para vivir bien.
A ti no te darían para nada, 700 libras al año.
- Quizá, pero por comparación. - ¡Exactamente!
Además, antes de llegar aquí,
nunca pensé que una casa de campo pudiera hospedar a un caballero.
De hecho, he decidido quedarme más tiempo.
¡Henry! ¿Qué estás tramando?
Quiero conseguir que la Srta. Price se enamore de mí.
¡Fanny! ¡Que tontería!
¿No has notado qué su aspecto ha mejorado mucho?
Es que no queda nadie más y tienes que tener un objetivo.
Bueno, tal vez un poco de amor le siente bien.
Es muy inocente y no quiero que la hagas infeliz.
No soportaría que fueras igual que nuestro padrastro.
Lo único que quiero
es un pedacito del corazón de Fanny Price.
¡William!
¡Fanny! ¡Mi querida hermana!
Lo compré en Sicilia para ti.
Gracias.
William, no te imaginas cuánto te he echado de menos.
¿Sí? Pero eres feliz en Mansfield. Son buenos contigo, ¿no?
Sí, son buenos. Y, por supuesto, les quiero a todos.
- Pero mi único amigo es Edmund. - Edmund, sí.
En tus cartas me hablabas tanto de él, que estaba celoso.
- Pensé que había ocupado mi lugar. - Eso es imposible.
Además, lo que siento por Edmund es...
Es diferente.
No es mi hermano.
En Trieste, nos acercamos a la flota enemiga hasta poder dispararles,
ellos respondieron con un ataque que barrió nuestra cubierta
destrozó la vela mayor
y alcanzó uno de los cañones que salió lanzado a mar abierto.
- ¡Santo Dios! - ¡lncreíble!
Afortunadamente estábamos en el lado contrario o nos hubiera matado.
¡Cielos, que desagradable!
No entiendo cómo pueden hacerse a la mar.
Yo opino de forma diferente.
Oyendo al Sr. Price, envidio esos peligros.
Todas esas vicisitudes.
La gloria de su heroísmo me avergüenza.
No hay nada de heroico en lo que hago, Sr. Crawford.
Soy un simple guardiamarina.
Aun así, es muy notable tener ese carácter siendo tan joven.
Me gustaría destacar, señor,
pero la verdad es que aún no tengo responsabilidades.
A veces creo que nunca ascenderé a teniente.
¡William!
Buenos días, señor.
¿Disfruta de su estancia en Mansfield Park, joven?
Mucho, señor. Pero sólo me quedan dos días
-y mañana es el cumpleaños de Fanny. - ¡Es verdad!
Debemos celebrarlo.
No he visto bailar a Fanny desde que era niña.
¿Y si le ofrecemos un baile antes de que su hermano vuelva al mar?
-Ya es hora de que debute. -Yo creo que no...
- ¿Debo hacerlo? - Por supuesto. Es tu cumpleaños.
- ¿No debería hacerlo a mi manera? - No, querida, porque es tu día
y tu deber es pensar en los demás.
- Haremos una fiesta sencilla. - Pero ¿no podría elegir la forma?
Me gustaría que fuera como el último cumpleaños que pasé con William.
- Un picnic. - ¿Un picnic?
- No veo por qué no. - Gracias, Sir Thomas.
Que ocurrencia, un picnic. Un picnic en el campo.
Es una locura para gente de su posición.
Ahora que vas a estar en su compañía, Fanny,
no debes olvidar que tú siempre debes estar por debajo, ser la última.
No debo olvidarlo.
A menos que esté divirtiéndome tanto que se me olvide.
Puede que quede bien con la cruz de William.
¡Es bellísima!
¿Cómo podré agradecértelo?
Aceptándola por lo que es,
una muestra de amor de un viejo amigo.
¿Qué puedo hacer?
La Srta. Crawford también me ha mandado una cadena.
¿La Srta. Crawford te ha regalado una cadena?
- Entonces debes ponértela. - Es que no quiero.
Además, la tuya va mejor con la cruz.
Es extraordinario que hayamos pensado lo mismo.
Demuestra su afecto porti, mientras que por mí...
Parece decidida a atormentarme.
Estoy seguro de que no piensa lo que dice,
pero ya sabes la clase de vida que quiere Mary,
una vida de lujo y modernidad en Londres.
¿Podría vivir como ella quiere?
¿Y qué vida quieres vivirtú?
¿No has dicho siempre
que ser clérigo y tener una bonita parroquia,
o dar un buen sermón sería buena vida para ti?
Sí y es cierto.
Pero dejemos mis problemas, mañana es tu día.
Pues tendrás que perdonarme, pero prefiero esta.
Ya está.
Te queda de maravilla.
¡Un, dos, tres, adelante!
- ¡Es Mary! La Srta. Crawford. - ¡Se equivoca, Sr. Bertram!
No sé quien es.
Es Fanny.
Su turno, Srta. Price. ¿Me permite?
Un, dos, tres.
James, el señorito James.
Querida, sin sus primas es usted el centro de atención.
- Prefiero pasar inadvertida. - No, debe aprender a disfrutarlo,
porque no sirve de nada ruborizarse sin que la vean.
No digo que usted lo haga.
¿Sabía que Henry llevará a William a Londres?
- No. - Lo hará.
Van a cenar con nuestro padrastro, el almirante.
Nunca había visto a mi hermano preocuparse tanto por alguien.
Srta. Price, ¿me concedería este baile?
He pedido que toquen ''Portsmouth''.
- Te toca a ti abrir el baile. - Señor, ¿de verdad debo?
Es tu día, Fanny.
Ocupen sus puestos para el baile.
Qué pena que sea la última vez que bailo con usted, Sr. Bertram.
- ¿Por qué? - Porque va a hacerse clérigo.
Sí, mañana salgo hacia York.
Nunca he bailado con un clérigo y nunca lo haré.
Está tarde está especialmente incisiva.
Piensa que en el fondo puedo ser profunda,
pero le aseguro que soy muy superficial.
Unos buenos ingresos son mi mejor receta para serfeliz.
Su felicidad está muy lejos de mis posibilidades.
Vamos, Sr. Bertram.
No es demasiado tarde. Cambie de idea... por mí.
¡Estás aquí!
Mi tío me ha ''aconsejado'' que me vaya a la cama.
Seguro que nunca te habías acostado tan tarde.
Estoy harto de ser civilizado.
He hablado toda la noche sin decir nada.
- Mira, Edmund, qué preciosidad. - Sí.
Qué guapa estás esta noche, Fanny.
Siempre te han disgustado los elogios que otras necesitan.
No creo que te moleste que te diga que te has vuelto preciosa.
Debe de haber sido Henry.
He visto cómo disfrutabas bailando con él.
Sí, me he visto obligada a disfrutar a mi pesar.
Ahí está Arturo, brillando con fuerza.
Hacía mucho que no observábamos las estrellas.
No sé por qué, pero...
Sí, hacía mucho tiempo. Volveré pronto.
¡Porfin! Carta de la Sra. Rushworth.
¡De Maria, nuestra querida Maria!
Querida.
Queridísima mamá, anoche di mi primera fiesta, fue sensacional.
No puedo expresarte cuán estupendo es el mundo moderno.
Tengo todo lo que deseaba y como esposa mi vida es maravillosa.
El Sr. Rushworth se encuentra en Bath visitando a su madre...
Aquí hay algo que no entiendo bien.
¿El Sr. Rushworth está en Bath?
Maria está sola en Londres, han ordenado a Edmund
y estoy resignada a vivir sin Tom, pero no me gusta que se hayan ido.
Me alegro de haber acogido a Fanny.
Ahora que todos se han ido, vemos que fue muy buena idea
y me consuela saber que siempre estará con nosotros.
Disculpe, señorita, pero Sir Thomas desea verla.
Seguramente Sir Thomas quiere verme a mí, no a Fanny.
No, señora. Sir Thomas llama a la Srta. Price.
Ya está.
Tengo la satisfacción de felicitarla por el ascenso de su hermano.
Su hermano es teniente.
Aquí están las cartas que lo confirman.
- ¿Quiere verlas? - Sí.
¿Y ha sido cosa suya?
¿Lo solicitó usted?
¡Estoy atónita!
Fui a Londres y le presenté su hermano a mi padrastro.
¡Sí! Ha sido usted muy amable.
Le pedí al almirante que ejerciera sus influencias para ascenderle.
Ese era mi principal objetivo.
Aunque confieso...
- Srta. Price. - Es usted muy generoso.
Le estaremos eternamente agradecidos, Sr. Crawford.
- Tengo que volver con mi tía. - Porfavor.
Porfavor.
Porfavor.
Permítame decirle lo que siento, Srta. Price.
- Sentimientos que debe de intuir. - Se lo ruego, Sr. Crawford...
Desde el principio me fijé en su dulzura,
- en su gracia, su belleza... - No diga eso.
- No puedo soportarlo. - Porque piensa que bromeo.
La quiero con todo mi corazón.
Nunca, nunca dejaré de amarla.
Soy todo suyo.
Mi mano, mi fortuna.
¿Acaso no estamos hechos el uno para el otro?
Dígame que también usted siente algo por mí.
No, no.
No creo en sus palabras. Le he oído pronunciarlas antes.
¿Debo entender que has rechazado al Sr. Crawford?
Sí, señor.
¿Por qué?
No me gusta para casarme con él.
Es un hombre muy recomendable.
- Pienso que no sabes lo que sientes. - Sí lo sé, señor.
En cuanto percibí las atenciones del Sr. Crawford, me sentí disgustada.
¿De verdad?
Eres muy joven, casi no conoces a nadie.
Es imposible que ya ames...
No, sólo piensas en ti misma.
Los beneficios para tu familia, para William, ¿no te importan?
Me has decepcionado.
No eres como yo pensaba, porque no estás libre de ese...
de ese egoísmo que tan mal está en una joven.
¿Quieres que te recuerde que no puedes darte el lujo de elegir?
¡Pueden pasar 18 años más sin que se fije en ti otro hombre
con la posición del Sr. Crawford!
No te exijo la obediencia de una hija,
- pero sí un poco de agradecimiento. - Siento mucho disgustarle, señor,
pero sé que no podría hacerle feliz y que yo sería desgraciada.
No llores.
Sécate las lágrimas.
El Sr. Crawford se irá pronto de Mansfield.
Tiene poco tiempo para convencerte
de que no serías tan desgraciada como crees.
La luna brilla
en una noche como esta, la dulce brisa besa los árboles.
No hago ningún ruido. En una noche como ésta,
Troilo superó los muros troyanos,
y envió su alma hacia las tiendas griegas,
donde Crésida yacía esa noche.
Muy bien recitado.
Ha sido como una representación, ¿verdad, Sir Thomas?
Sí, debe de ser su favorita.
Desde esta noche lo será. El público es de mi gusto.
- ¿Ha dicho usted algo? - No.
No creo que le hayas dicho nada a la Srta. Price que no sepa ya.
Srta. Crawford, ¿quiere jugar a las cartas con nosotros?
A menudo reparo mi rechazo a Shakespeare,
pero requiere de mucho estudio y yo no soy constante.
¿Qué significa ese movimiento?
Nada.
Ha movido la cabeza cuando he dicho que no soy constante.
He pensado que es una pena que no se conozca siempre tan bien como ahora.
- Ha hablado. - No para contentarle.
Pues me ha contentado. Si no sé que opina de mí,
¿cómo mejoraré?
Sabe que vuelvo a Londres.
¿Piensa que la olvidaré en un fin de semana?
Se equivoca.
Está helada.
Fanny.
¡Muy bien recitado!
Querida Srta. Price.
Ahora que ha llegado el momento, odio dejar Mansfield.
Bueno, dulce Fanny.
Son todos mucho más amables que las gentes de otros lugares.
Confieso que me hubiera gustado volver a ver a Edmund,
ordenado o no.
Le he dicho cosas que, de todo corazón, desearía no haberle dicho.
¿Querrá decírselo por mí, Fanny?
¿Yo? No. No me encargue una cosa así, Srta. Crawford.
Al menos le felicitará en mi nombre.
¿No le falta una palabra a nuestro idioma, Srta. Price?
¿Algo que signifique a la vez ''felicidades'' y ''amor''?
Tengo que pedirte algo poco usual.
¡El Reverendo Bertram! Qué bien suena.
- Felicidades. - Gracias.
Has estado fuera tanto tiempo que pensaba que nunca volverías.
- ¿Te envió Sir Thomas? - ¡No!
He estado fuera tanto tiempo para evitar a Mary.
Para cruzarme con ellos de camino.
Si no lo hubiese hecho, no habría visto a Mary nunca más.
Había decidido olvidarla, para acabar con este espinoso tema.
Pero esta última vez ha sido tan dulce conmigo...
sus palabras tan sencillas, su mirada...
No puedo renunciar a ella.
Es la única mujer con la que me casaría.
Me ha invitado a visitarla en Londres.
Y no puedo permitir que la modernidad me deje sin posibilidades.
Así que me voy otra vez.
Lo siento, Fanny. Te escribiré en cuanto tenga noticias.
Por cierto, que gracias a ti retrasaron su partida.
- ¿Fanny? - ¿Qué decirte? Opinamos lo contrario.
Yo creo que la proposición de Crawford es apetecible.
Si tu le correspondieras, pero Fanny, si no es así,
- no debes aceptarle. - Temía que me riñeras.
¿Reñirte? No has hecho nada incorrecto,
pero veo que tú quisieras amarle
por pura gratitud y nada más.
Mi padre cree haber detectado...
- un cambio en tus sentimientos. - ¡No! Está equivocado.
Te lo prometo, está equivocado.
Bien.
Nada de lo que le ha dicho Edmund la ha influenciado.
No quiere aceptarle.
No me sorprende. Ya he visto eso en Fanny con anterioridad.
No le gusta que la dirijan.
Fanny es muy joven.
Tal vez deba reflexionar para apreciar la oferta del Sr. Crawford.
Propongo dejar aquí a Fanny mientras visitamos a vuestra madre.
- Sé que será un sacrificio para ti. - ¡Tres semanas!
Pero confío en que tu bondad lo permitirá.
Por supuesto, si Fanny se casara con el Sr. Crawford
tendría que perderla, pero me resignaría.
Y te digo una cosa, si se casa,
y es algo que no hice con Maria,
cuando Pug tenga otra camada, les daré un cachorro.
Querido primo.
Queridísimo Edmund:
Tal vez se deba a mi actual soledad,
pero no dejo de pensar en nuestro último encuentro,
y deseo de corazón...
deseoo
deseoo
No quise decirte que no tuvieras esperanzas.
La vida sin esperanza es insoportable e incluso yo,
en el fondo de mi corazón, me atrevo a esperar que...
Perdone por presentarme así,
pero tenía grandes deseos de verla.
Y aquí está.
Está cansado, Sr. Crawford.
- He hecho mucha vida social. -Y yo muy poca.
Tenemos el mismo problema, Srta. Price.
¿Damos un paseo?
¿Alguna noticia de Londres, Sr. Crawford?
Nada de interés.
No hay guerra, ni disparos, ni revoluciones.
Pero Maria y Julia son incondicionales de la moda.
lncluso Edmund ha cenado en casa de Maria, donde,
como quizá sepa ya, se hospeda mi hermana.
El apetito de Mary por la sociedad permanece indemne.
¿Y Tom?
No vemos a Tom más que ustedes.
Lo último que sé es que está en Newmarket,
prosperando en su carrera de bebedory jugador.
Yo, en cambio...
Mansfield me atrae más que ningún otro lugar.
Puede que de vivir aquí ya no perciba su belleza,
pero para mí, un día como este,
es una maravilla poco usual.
Yo también lo creo.
No imagino otro lugar como Mansfield Park.
Como ve, no la he olvidado, Fanny.
Ni un momento.
He pensado en usted constantemente.
¿Sigue sin creer en mí?
No sé cómo responderle.
Sí sabe cómo.
Déme alguna señal, aunque sea pequeña.
Dígame que puedo aspirar a serfeliz.
Ayúdeme Fanny. Guíeme.
No puedo guiarle.
La mejor guía está en nuestro interior.
Sólo hay que escucharla.
Me deja con mi propio parecer,
pero mi felicidad, como bien sabe,
está en sus manos.
Porfavor, tengan cuidado con él.
Con cuidado.
Tom. Mi querido Tom.
Con cuidado.
Gracias a Dios que estás aquí.
Ve con mi madre, te necesita. Tom está muy enfermo.
¡Fanny! ¡Querida Fanny!
Ahora tendré consuelo.
Había bebido mucho, Fanny.
Y antes de caer, se abandonó
y cogió tanta fiebre que no sabía dónde estaba ni quién era.
Finalmente, su médico insistió en avisarnos.
Y ahora temen por sus pulmones.
Dios mío. Estoy muy asustada, Fanny.
Yo no debo acercarme a él. Podría serfatal para mis bronquios.
Seguro que hay más razones para ser optimistas que pesimistas.
Querida Fanny, que Dios te oiga.
Hasta ahora...
Sir Thomas me ha guiado en todo,
pero ¿es correcto que se vaya en estos momentos?
¿Sir Tomas nos deja? ¿Ahora?
- Fanny. - Sí, tío.
Entra un momento.
- ¿Se encuentra mal, señor? - No, no me encuentro mal.
Pero un...
Un negocio me reclama en Londres.
Edmund no sabe por qué me voy y no preocuparé a mi esposa
a menos que sea necesario. La dejo a tu cuidado.
Muchos me han decepcionado,
pero tú, querida, eres una bendición.
En cuanto a Tom, sólo podemos rezar.
Lo primero es bajarle la temperatura.
Cuando las sanguijuelas actúen, podremos ser optimistas.
¿Has visto a la Srta. Crawford en Londres?
Sí, todos los día.
Pero nunca a solas.
Siempre estaba en grupo.
Ha bailado mucho,
ha hablado mucho,
pero no me ha dicho nada amable.
Ella era otro Londres para mí.
Una extraña con la que lo discutía todo.
¿Puedo hacer algo?
- Deja que Fanny me lea. - Te aburres conmigo ¿verdad?
Prefiero ver una cara bonita.
Nuestro paciente mejora.
A ver si acierto. ¿Las carreras?
Palabra por palabra. Y sin objeciones, porfavor.
Cuidado. La enfermedad ha revelado la verdadera naturaleza de Tom.
Es un tirano.
- No permitiré que me tiranice. -Ya lo veremos. Sí le dejarás.
- Eres demasiado buena para discutir. - No estés tan seguro, primo.
Fanny es la mejor chica del mundo.
Little Scott gana cuatro a uno
y Remenant gana a Swallow por dos largos en el encuentro de Newmarket.
Tres a uno para Robinson...
Hola, querida. ¿Dónde está Edmund?
Desayunando, señor.
- ¿Con tu tía? - Sí.
Estaré contigo enseguida.
Nos volvemos a ver en malas circunstancias, Srta. Price.
Me sorprende que las hermanas de Tom sigan en Londres,
y usted esté aquí.
Quiero hacertodo lo posible por ayudarles.
¡Pobre!
Que muriera ahora, en la flor de la vida,
sería trágico.
Ninguno de nosotros es tan pesimista, Srta. Crawford.
Me regaña justamente,
pero no me malinterprete.
Por mi honor, que nunca he sobornado a ningún médico.
Sin embargo, si Tom muriera,
la fortuna y las responsabilidades irían a parar a muy buenas manos.
¿Está Edmund en casa?
¿Llego demasiado tarde?
Necesito hablaros a todos. Srta. Crawford, también va con usted.
Querida, debo pedirte valentía y lo siento muchísimo.
- ¿Julia? - Está con los primos de Richmond.
La semana pasada recibí una carta de un viejo amigo de Londres.
Me dijo algo que me preocupó mucho sobre nuestra hija Maria.
No tuve más que actuar rápidamente.
Fui a la ciudad, con la esperanza de que estuviera en un error,
o de poder, al menos, remediar una situación desesperada.
Huelga decir que me siento muy decepcionado.
Maria ha abandonado su casa y a su esposo.
No.
Flagrante y públicamente. Sin pensar en el honor de su familia.
Con una total indeferencia hacia todos nosotros.
Ha huido con el Sr. Crawford.
Me he dado cuenta demasiado tarde de mis errores.
Deseaba que mis hijas fueran buenas personas.
Pero sólo he conseguido que sean bien educadas.
No conozco a mi hija más que a una extraña.
Una mujer a la que habría defendido sin sospechar
cuáles eran sus sentimientos o esperanzas.
Y ahora ya es tarde.
Ha destruido su vida.
¿Notó usted algo en algún momento? ¿Tan discretos han sido?
¿Discretos? Si lo hubieran sido medianamente, nos habrían salvado.
¿Nos?
¿No pensará que Henry se ha dedicado a destruir ese matrimonio?
No voy a defenderle a expensas de su hermana,
pero debería partirles la cabeza.
¡Nunca imaginé que llegaran a hacerlo!
Maria estaba muy bien colocada, ya me entiende.
Y debía sentirse satisfecha.
Ahora, por un momento de estupidez,
Maria ha perdido todo lo que ganó con su matrimonio.
¿Es todo lo que tiene que decir?
Porfavor, no piense que he olvidado a Fanny,
esa estúpida.
Si Fanny le hubiese aceptado, tal vez ahora estarían casados
y lo de Henry con la Sra. Rushworth no hubiese sido más que...
¡No!
-Ya ha dicho suficiente. - Todavía no he terminado.
Edmund, le ruego
que le aconseje a su padre que no interfiera.
¿Cree que mi padre debería desentenderse y esperar que se casen?
¡Piénselo, Edmund!
Maria recuperaría parte de su posición en la sociedad.
No del todo, por supuesto,
pero, si a su hermano le ocurriera lo peor, nosotros
podríamos ayudar a Maria y aceptar su regreso a Mansfield.
No puedo creer lo que oigo.
¿Tiene idea de lo que esto significa?
Le parece una tontería.
Una tontería que superaremos en un momento.
La sociedad nos perdonará.
¿Y qué me importa la sociedad?
La vergüenza de mi padre será eterna. Y la pena de mi madre, y yo...
La mujer que creí amar no existe.
Era producto de mi imaginación.
Tal vez piense que es mejor,
que no tengo nada que perder,
pero prefiero perderla mil veces a ver como es en realidad.
Un buen discurso, lo admito.
¿Lo usará en alguno de sus sermones?
El amor suele causar desilusiones ¿no es así?
Eso me han dicho.
Adiós, Srta. Crawford.
Le deseo lo mejor de todo corazón.
¡Edmund!
Dulces sueños, más allá de su mirada,
emblema de una doncella enamorada.
A quien mantienen su castidad y su prudencia
lejos de la mundana y vil indecencia
y su dulzura prevalece...
Edmund.
Qué engañado estaba.
Me he engañado a mí mismo.
Todo es obra tuya. No piensas más que en ti misma.
Si hubieras aceptado al Sr. Crawford, esto no habría sucedido.
La carta de Maria muestra que se siente desgraciada.
Tanto que espero que usted vaya a verla.
Tal vez pueda persuadirla de que deje al Sr. Crawford y vuelva a casa.
- El Sr. Rushworth no la quiere. - Me refería a que vuelva aquí.
Me temo que eso es imposible.
Como hija mía, Maria siempre contará con mi ayuda y protección.
Pero no puedo hacer más.
Ni siquiera su madre lo espera.
¿Cree que Maria debe ser sacrificada por simpatía hacia Fanny?
Yo no he dicho eso.
Sra. Norris, si piensa que su deber
es acompañar a Maria en su penosa situación,
es libre de marcharse.
Pobre Maria.
No sé por quién siento más pena, si por Maria o portía Norris.
Eso está mejor. Se me hace raro verte seria.
¡Fanny! Fanny, querida, ¿dónde estás? Te necesito.
¿Qué lana debería utilizar, Fanny? ¿La lila o la granate?
La lila, tía.
Estoy perdido si Fennimore no llega pronto de Newmarket.
- Soy yo. - Edmund, pasa.
- Perdona... - No pasa nada, pasa.
Sólo quería decirte...
¿Qué quería decirte?
- ¿Si vamos a cabalgar mañana? - Sí, era eso.
- Para que no lo olvidaras. - No lo había hecho.
Me alegro.
- Edmund, yo debería acostarme. - Claro, perdona.
Vale.
Buenas noches, Fanny.
Buenas noches, Edmund.
¿Sabes?
Siempre me ha gustado este cuarto.
Fanny. Tengo que hablar contigo.
Fanny, querida,
me he quedado sin lavanda.
- Recógeme antes de que se caliente. - Sí, tía, claro.
Edmund,
- coge las tijeras y ve con ella. - Sí, claro.
Edmund, recuerda que esta mañana debes acompañarme a la ciudad.
- Tenemos varios... - Esta mañana no, Sir Thomas.
Seguro que sus asuntos pueden esperar.
¡Edmund!
¡Fanny!
¿Tu padre?
No era nada.
La lavanda.
Te quiero.
Estaba ciego. Perdóname.
Mire, Sir Thomas.
Tal vez ahora Edmund le pida porfin a Fanny que se case con él.
¿Qué Fanny se case con él?
Pero...
Querido, Fanny lleva enamorada de Edmund desde que era una niña.
¿Cómo describe el poeta a una esposa, Sir Thomas?
Como ''el mejor regalo del cielo'', querida.
¡Edmund y Fanny han aprendido un baile nuevo!
¿Es posible sertan feliz?
Sí.
Nuestro objetivo será, Sra. Bertram, serfelices para siempre.
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