All language subtitles for Anne.of.the.Thousand.Days.1969.1080p.BluRay.x264.YIFY

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Original subtitles

- ¿Cuál es el veredicto? - Culpable, Alteza.

¿Todos?

Sí, culpables.

ANA DE LOS MIL DÍAS

* Adiós, adiós placer del pasado.

* Bien llegado dolor del presente.

* Bienvenida tortura de mi corazón,

* al ver de nuevo a mi amor. *

Orden de ejecución de Sir Henry Norris por adulterio con Anne,

Reina de Inglaterra.

Orden de ejecución de Mark Smeaton. Por el delito de adulterio con Anne,

Reina de Inglaterra.

Se ordena al Teniente Gobernador de la Torre de Londres la ejecución...

de Anne, Reina de Inglaterra,

por adulterio y traición.

Para que sea quemada o decapitada, según plazca al Rey.

Anne, Reina de Inglaterra.

Mi esposa.

Mi esposa, Cromwell.

Sólo os ha dado a luz una hija inútil y un hijo muerto.

Cuando nos casamos me prometió que me daría un hijo.

Debo tener un hijo, que pueda reinar a mi muerte.

Dios ha guiado siempre vuestra conciencia y ha respondido a las plegarias del Rey.

- No os permitirá condenar injustamente. - Entonces, ¿por qué tengo dudas?

¿Acaso la duda viene de Dios...

quien me dice que debes morir por haber falseado las evidencias y el proceso?

Mi única preocupación ha sido respetar las reglas del Rey en todo momento.

La Reina ha menospreciado su matrimonio, dando rienda suelta a su deseo carnal.

¿Me ha traicionado?

¿Lo ha hecho, Cromwell? ¿Lo ha hecho?

Alteza, la Reina os ha traicionado y ha sido condenada.

La orden debe de ser firmada por Vos.

Si me ha traicionado, debe morir.

Tengo que regir, conservarme íntegro y librar a Inglaterra de los peligros.

Y como tú dices, Dios no me permitiría condenar injustamente.

Si pongo esto en cuestión, cuestiona toda mi vida y todas mis obras.

Y a veces, lo pongo todo en cuestión.

Firmad abajo.

Firmar como Henry Rex y asunto acabado.

Ya antes condené a hombres, tanto nobles como campesinos. ¿Por qué no a una Reina?

Ella se lo ha buscado plenamente y me ha llevado a hacer esto.

Sólo que..

Sólo que cuando has estrechado a una mujer entre tus brazos

y has suspirado por ella, cuando se hallaba lejos de tí,

y sufrido con ella

y esperado con ella, junto a la cuna del niño que acaba de nacer...

Me prometió un hijo.

Anne.

¡Anne!

Es nueva.

La hija más joven de Boleyn. Recién llegada de la corte francesa.

¿Te agrada, Kate?

¿Debemos tenerla aquí en la Corte, para que te haga compañía?

Lo que vos ordenéis, mi señor.

¿Y supón que te ordene que me des un hijo?

- Quiera Dios que pueda, Henry. - Amén.

Pero no puedes, porque nuestro matrimonio está maldito en el cielo y el infierno.

Tocad. Tocad. La Reina lo desea y yo os lo ordeno.

¡Tocad!

Cuando os lo diga, decid a los músicos que toquen mi danza.

Y ved, More, que no hay discusión posible.

Mi señor Obispo.

Majestad.

- Si le place a vuestra alteza... - Nada de política, Wolsey.

Ves a reunirte con el diablo, mientras bailo.

No, es un simple asunto doméstico. Es un casamiento.

Cualquier hombre que deja de ser libre para casarse es un loco.

Ved; aquí está la pareja.

El joven Percy, hijo de Northumberland. Un miembro de mi familia.

Y Anne Boleyn.

Sus padres están de acuerdo. ¿Tienen el vuestro para poder casarse?

- Les he dicho que... - ¡No!

- ¿Ha dicho su alteza "No? - No.

- Pero si es una pareja encantadora. - Desparéjalos, Wolsey, desparéjalos.

Y envía a todos los Boleyns: padre, madre, hijo e hija mayor,

de vuelta a su castillo de Kent, y que Anne vaya con ellos esta noche.

Sí, señor.

Estoy aburrido, Wolsey. Aburrido de la Corte.

Aburrido de mi vaca española.

Voy a ir a cazar...

al hermoso condado de Kent.

- Alteza. - Nada de ceremonias.

Parece que siempre te pongo en aprietos Eres corto de reflejos.

- Una vida disipada, señor. - Sin duda alguna.

Brereton, pasas el tiempo como si fueras sordo.

- Alteza, conocéis bien mi secreto. - Norfolk,

a tu edad debes sentarte junto al fuego.

- Es mejor estar echado, Alteza. - Sí, pero ¿con quién?

Percy, vas siempre con pies de plomo; como un patán del norte.

Con permiso, señorita Anne,

¿podríais enseñar al Rey, cómo se baila en la corte de Francia?

No hay nada que Francia pueda enseñar a Inglaterra, Majestad.

Bien dicho.

Bien dicho.

La danza. ¡Tocad!

¿Señor?

Dile a Boleyn, que deseo hablar con él en privado.

- Sí, mi señor. - Y prepárate para un viaje.

- ¿Un viaje? - Sí.

Donde vuela la paloma, el halcón no se encontrará lejos.

Al Castillo de Hever en Kent.

Mary, debo decirte que el Rey desea verme a solas.

¿No ha dicho de verme también a mí?

No expresamente.

Esto podría significar que ha acabado conmigo.

¿Tú lo crees así? Dime la verdad.

Nunca se acostumbra una a estas cosas. Hay que pasar por un infierno,

cuando una joven se entrega por completo.

Tú bien sabes que me entregué al Rey,

desde el momento en que le abrí la puerta de mi dormitorio, tan cercano al tuyo.

Administrador de Tonbridge y Penshurst.

Alguacil de Bradsted. Vizconde.

Y ahora Tesorero Real.

Tú no querrás perder todas estas rentas, ¿verdad, padre?

Mary, siempre te he querido. Pero todo lo que dices es verdad.

El Rey ha sido generoso conmigo, porque tú has sido generosa con él.

Pero has obrado como una tonta, al darle todo sin pedir nada a cambio.

Su Majestad se vuelve loco por obtener todo lo que se le niega.

Pero desprecia lo que obtiene sin esfuerzo. Y así es cómo lo has perdido.

No puedo ayudarte. Vete y no causes problemas.

No os pondré a todos vosotros en peligro.

- ¿Qué te sucede? - Pregúntaselo a nuestro querido padre.

Padre, ha llegado el Señor Cardenal.

- Boleyn. Veo que se lo has dicho a tu mujer. - Sí, mi señor.

- ¿Y a Anne? - No.

- ¿Por qué no? El Rey está por llegar. - Como

vos queríais, la hice entretenerse con Percy.

Nunca me había pasado por la cabeza que el Rey pudiera interesarse por ella.

Señor, ha llegado el Rey.

- No hay tiempo... - Déjame la chica a mi.

Decidle al Rey lo que os plazca, pero dadme tiempo.

En cuanto al joven Percy, hará lo que yo diga.

¡So, jovencito!

Majestad.

Sólo soy tu Rey, Thomas. Sin cumplidos: llámame Henry.

Es un gran honor.

¿Es de Harry Percy?

¿Dónde está Annee, Lady Elizabeth?

He encontrado esto en su habitación.

¿Cómo se encuentra está mañana el Vicario del Infierno?

He entrado bastante en calor, Majestad.

El estar en activo al servicio del Rey le hace a uno entrar en calor.

Sí, con tus pies en la mansión del diablo....

y tus posaderas asándose en el altar de Dios.

- ¿Ha hablado ya contigo? - Sí, Majestad.

Bien. Bien.

¿Y cuando podré oler ese hermoso ramo de flores que tienes?

Si os referís a Annee, señor, está aun contemplándose en el espejo.

Un vestido nuevo, dedos vacilantes. Si

pudierais concederle media hora más, quizás...

- Tenemos todo el día, Thomas. - Tengo unos nuevos sabuesos

y hay una buena manada de ciervos en la pradera.

- Cazaremos alguno que otro. - ¡Buena caza!

- ¿No vienes con nosotros? - Al parecer hay dos pobres almas,

que precisan ayuda espiritual. Debo ir con ellas.

Desde luego que sí, mi señor Cardenal. Dios tiene siempre la preferencia.

Además, ¿quién sabe? Podría lograrse algún provecho de ello.

¡Oh, Majestad!

Encuéntralas y tráemelas.

Thomas, una palabra en privado, antes de que vea a Annee.

¿Sí, Alteza?

Siempre existe una tentación para el hombre que desempeña mi puesto:

mirar a la nación como algo propio, que se puede devorar de un extremo al otro.

- No, Alteza. - ¿Por qué no? ¿Quién puede decirme no a mí?

Excepto Dios y ya lo hace, Thomas.

Me arrodillo, rezo y él me responde.

Pero, ¿pueden verlo los demás así?

¿Por qué si no, su Santidad el Papa os ha nombrado Defensor de la Fe?

Cierto. Cierto. Soy un hombre religioso.

Quiero hacerlo bien a los ojos de Dios, de la Iglesia...

del pueblo, de mí mismo y de tí, Thomas.

¿Me sigues?

Hay muchas cosas que satisfacer, si conciernen a Dios, Alteza.

Esto concierne más bien a tus dos hijas, Thomas.

- ¿Son buenas amigas entre ellas? - Sí.

¿Y sabes si se cuentan confidencias?

¿Acaso por la noche intercambian secretos sobre mí, quizás?

¿Quién sabe, Alteza?

A una ya la tuvisteis y a la otra deseáis.

¿Me aceptaría, Annee, por mí mismo?

- Quiero una respuesta sincera. - No es ninguna tonta, mi señor.

Bien. Bien.

¿Lo que hago es siempre la voluntad de Dios y mis plegarias son...

para que Él no permita que otro pensamiento entre en mi mente,

que no sea el de cumplir su voluntad.

Él nunca... nunca me ha fallado, Thomas.

Pero su Majestad debe darse cuenta que esto parecería como si...

¿Como qué?

Como una excusa para hacer lo que os plazca,

dicho de una manera un poco franca.

Soy el Rey de Inglaterra. Cuando rezo a Dios, Él me responde.

Sí, Alteza.

Y no quiero que nadie se atreva a cuestionar esto: sea hombre...

o mujer.

Otra vez.

- Estoy disgustada conmigo misma. - ¿Por qué?

Bueno, pienso en los años que he pasado en la Corte francesa.

He estado rodeada de galantes, apuestos y exquisitos cortesanos franceses...

y a ninguno de ellos he amado.

Y tan pronto como vuelvo, me enamoro de un...

- "Un patán" según me llama su Majestad. - Tiene razón.

No tiene modales; no sabe bailar ni cantar, no...

- Pero puede estrecharte en sus brazos. - No tan bien como sé que puede hacerse.

Pero por Dios sabe que motivos, ésos son los brazos que quiero.

Me encanta tu torpeza.

Pero si nos amamos tanto como para casarnos, no debemos dejar nada por hacer.

¿Y entonces?

- Acostémonos juntos antes... - Sí es lo que quieres...

Bésame.

¿Eres virgen aún?

- Soy un hombre. - Ya lo sé, pero ¿eres virgen?

Cuando nos acostemos juntos, ¿seré tu primera chica?

- Yo... - Habla sin rodeos.

Bien. Te lo diré con la misma franqueza con la que hablan en Francia.

En Inglaterra convertimos en sucios misterios

cosas que parece que fueran delito.

No salimos del limbo a los 17 años y es inútil querer fingirlo.

Puedes preguntarme lo que quieras.

- ¿Eres virgen? - No.

- ¿En Francia? - Sí. Y también mucho antes.

Cuando era pequeña,

.. jugando con un chico.... se me echó encima y luego...

El Rey rehúsa daros el permiso para que os caséis.

- Pero... - ¿Por qué? ¿Por qué, mi señor?

Los matrimonios de la nobleza son asuntos de Estado.

Me equivoqué al animarte a ello.

El Rey desea que te cases con una hija del Conde de Shrewsbury.

Estoy comprometido con Annee. Somos una buena pareja.

Te llevaré a la Corte. Como miembro que eres de mi familia, me obedecerás.

Todo el mundo sabía que íbamos a casarnos y nadie se había opuesto antes.

Ya has oído que el deseo del Rey se opone a ello.

Un novillo poco desarrollado y una chica piernilarga...

no van a cambiar los designios de la política del Estado.

¿Pero por qué no se dijo esto antes?

Su padre, el mío y vos, señor Cardenal...

conocéis los asuntos del Rey, incluso mejor que él.

¡Cállate!

Obedecerás o perderás todo tu patrimonio.

Si te muestras deslealtad, es dudoso que puedas seguir con vida.

El duque de Buckingham perdió su cabeza por menos. Y ahora vete.

Debes irte.

Bésame, entonces.

¡No la toques!

- Ten cuidado. - Lo tendré por tí.

Mi señor, le amo de verdad...

y estamos comprometidos el uno con el otro.

Si le forzáis a casarse con otra,

aunque yo sólo sea una muchacha, tendréis en mí una enemiga.

Señorita, os equivocáis.

No os guardo ningún rencor: sólo soy un mensajero.

¿Mensajero? ¿Y quién ha escogido por mí?

Cuando Enrique de Inglaterra pone sus ojos en una chica,

ella difícilmente puede mirar a otro lado.

- ¿El Rey se ha interesado por mí? - Sí.

¿Y os ha enviado a mí?

Mi deber es siempre el anticiparse a sus deseos.

¿Incluso en asuntos carnales, señor Cardenal?

Hemos tenido al Rey en el seno de nuestra familia desde hace años.

Mi hermana Mary tiene un hijo de él, sin oficio ni beneficio.

No quiero acabar como mi hermana.

Debéis obrar inteligentemente y darle ya una respuesta,

evitando al Rey cualquier malestar.

No seré la amante del Rey,

ni siquiera con la bendición de un Príncipe de la Iglesia.

- Buena cacería en los bosques de Boleyn. - Y en sus matorrales.

Te he oído, Norris.

Bien, vosotros dos, decidme de hombre a

hombre, dejando a un lado mi condición real:

- ¿Cuál es la mejor manera de conquistar a una doncella? - ¿A una doncella?

No podría jurar que lo es médicamente, pero es joven y salvaje.

Mis habilidades no son precisamente para ese grado de mujeres que buscáis.

Tengo más éxito con mujeres en estado de buena esperanza.

No me vengas con modestias, que te he seguido la pista de muy cerca,

como para no tener tiempo de cerrar la ventana que te dejabas abierta,

o cuando cambiabas de perfume, poderme quitar el aroma de encima.

Habla ya sobre los engaños que utilizas: los más seductores.

- ¿No os ofenderéis? - Sólo me ofenderé si me lo ocultáis?

Si la deseáis de verdad, hacedla creer que sólo tenéis vigor para hacerlo con ella.

Fingid que lo habéis intentado con otras.

Las habéis llevado a la cama y besado ardientemente, para nada.

Pero con ella os vuelve el vigor y volvéis a ser un hombre de nuevo.

Ellas no pueden remitirse a eso. Se abren como si fueran...

No te preocupes por mi sonrisa. Sí. Es un gran juego. ¡Qué estratagema!

Puedo atreverme a preguntaros, si su Alteza ha sido rechazado por alguna moza?

¿Quién? ¿Yo? ¿Rechazado? ¿Por qué? ¡Nunca!

Cuando las deseo, las tengo. Y una vez que la moza es mía, ya estoy curado.

Esto es algo muy común, ¿verdad?

Alteza, ¿podemos dejar ya de hablar de vírgenes y centrarnos en los venados?

Sí, sí. Vamos, vamos. Después del muslo de una virgen,

no hay nada como un muslo de venado.

¿Vosotros también me ofrecéis como prenda a ese toro real?

¿Vos, padre mío? ¿Y vos, madre mía?

- ¡Baja la voz! - ¿Sabéis lo que es estar enamorado?

- Amo a Harry Percy y me casaré con él. - Vas a causarnos la muerte o la desgracia.

Bajad la voz. Ese toro real no puede tomarte por la fuerza.

Hermano, debo luchar. Lo debo.

¿Sabes lo que significa que un rey se interese por tí?

Puedes preguntárselo a mi embarazada y alocada hermana.

Dale la espalda y ya podemos despedirnos de todo aquello por lo que hemos trabajado.

Si nuestros padres no hubiese sacado provecho

de ello, ¿qué habría sido de nosotros?

Si perdemos su favor, lo perdemos todo.

Pues ya podéis decir adiós a todo, porque no voy a llevar al Rey a mi lecho.

¡Su Majestad!

Estaba tan ansioso por veros, señora, que he corrido para adelantarme.

¿Me habéis sido fiel o os habéis acostado con vuestro marido?

¡Que mujeres más notable habéis criado vosotros los Howards!

Norfolk, saluda a tu hermana.

He traído conmigo a tu hermano, para asegurarme de que sería bienvenido.

George, deberías haber cazado con nosotros y no haberte quedado aquí con las damas.

Nan.

- Dame un beso. - Sí, Majestad.

Y ahora uno en los labios, dulce Nan.

He tomado medicamentos para el resfriado. Mi aliento no es bueno, Alteza.

Tu salud nos es muy querida. Necesitas cuidarte bien.

Nuestra vida es demasiado breve.

No debemos desperdiciar lo poco que tenemos.

Bien. No hay rastro de medicina ni de fiebre en estos dulces labios.

La sorpresa de la visita de vuestra Majestad debe haberme curado.

Magnífico. Debemos proseguir con la cura. ¿Hago

que se vayan todos los que nos acompañan?

- No, con vuestro permiso. - Sí, con el vuestro.

Si, sin vuestro permiso.

Fuera. Fuera. Marcharos todos.

Amigos, hermanos.

Letrado. Vete.

Annee, ante tí se halla no el Rey, sino un pobre hombre,

tan lleno de dudas y anhelos, como desesperado y temeroso,

igual que cualquier hombre enamorado.

Yo veo al Rey.

Créeme, dejo toda la realeza a un lado.

Las mujeres dan su amor al Rey, como quien paga sus impuestos.

Yo deseo ser amado por mí mismo.

Bueno, vos decís, no sois el Rey,

sino sólo un hombre lleno de dudas y anhelos, desesperado y temeroso.

¿Podéis decirme por qué el Rey ha enviado a un

viejo eclesiástico alcahuete para darme órdenes?

- ¿Un alcahuete? - El señor Cardenal Wolsey.

¡Oh! ¿Se ha expresado con torpeza?

No, Alteza. Ha ido directamente al grano.

Lo que quiere el Rey, lo obtiene.

No, Annee. Es precisamente lo contrario. Tendrás todo lo que quieras.

- Si primero os acepto a Vos. - No contra tu voluntad.

- ¿No? - Nunca.

Primero me ganaré tu amor y luego tu lecho.

Dime lo que quieres. Pruébame.

Sólo quiero una cosa.

Quiero algo que se ha ido.

Lo tendrás. Ahora camina a mi lado, háblame.

Adoro tu dulce voz, tu compañía y tu desenvoltura.

Dime, ¿puedo preguntártelo?

¿Hay algo de mi que ames?

No.

Dios mío.

Pedisteis no ser tratado como Rey.

Al Rey le hubiera mentido.

Nadie me ha hablado nunca así antes.

Mi dulce voz no te dirá mentiras.

Pero con el tiempo, Nan, aprenderás a amarme.

Todo es posible.

Con nosotros todo es posible.

Ya está todo arreglado. Puedo regresar a Londres.

- Tú, Cromwell, quédate aquí. - ¿Aquí, mi señor?

Para tenerme informado.

Dile a mi señor de Suffolk que no podemos demorar más estas peticiones.

Muéstrale a Sir Thomas More, que se trata de su provincia.

¡Ah, Thomas!

Hueles a sudor de caballo.

Su Majestad me ha enviado a informaros de que..

Su estancia en Hever le sienta muy bien y que pretende quedarse allí.

Excelente. Ahora, dile a Lovell que su petición ha sido denegada.

Esa bruja le ha tenido en danza durante dos semanas.

Y ella seguirá en ello el resto del tiempo. Os lo garantizo.

El Rey debería atender a los asuntos de Estado y no perseguir chicas díscolas.

Si la quiere, que la posea.

¿Qué opina sobre esto, Sir Thomas More?

Maestre Cromwell, cuando eres consejero del Rey,

debes decirle lo que debe hacer, no lo que puede hacer.

Si fuera consciente de su poder real, sería difícil que hombre alguno le guiara.

- Debería marcharse de Hever. - Deja que los reyes duerman, Thomas,

y nosotros nos ocuparemos del gobierno de la nación.

Nan, qué cosa tan cruel es estar junto a una mujer día tras día,

acariciarla cuando ella quiere, gozar de su compañía cuando lo pide...

y no obtener ningún resultado.

Arder de amor como yo...

y serle negado cualquier placer por su fría acompañante.

Es algo muy cruel, Nan, negar el amor a alguien.

La misma cosa cruel que me ha pasado a mí. Yo también estaba enamorada.

- ¡Nan! - Pero no de vos.

¡Dios mío! Este golpe me ha dado ahora en la frente. ¿Se trata de Percy?

Lo sabéis. Habéis ordenado a Wolsey que lo envíe fuera.

- ¡Qué disparate! - Quiero casarme con él.

- ¡Nunca! - Pero no como mi hermana se casó.

Él no sería un esposo complaciente y yo no sería accesible a vos.

Todas las esposas son accesibles. Cualquier marido puede ser sometido.

Entonces no tenéis nada que temer. Dejadme que me case con él.

¡No! ¡Te quiero para mí sola!

¡Nan! ¡Nan!

Si te entregas a mí, el reino entero girará en torno a tí.

Cualquier cosa que quieras: distinciones, rentas:

dispondrás de todo a tu antojo.

Y al final acabaré en la calle. ¿De qué rentas dispone mi hermana ahora?

Bueno, Mary no me ha pedido nada. No quiero regatear. Pídeme lo que quieras.

Mi libertad. Poder casarme con quien amo.

Nunca.

He escuchado lo que vuestros cortesanos dicen y he visto como sois.

Sois corrupto, vengativo y sanguinario.

Vuestra poesía es amarga y vuestra música aún es peor.

Hacéis el amor de la misma manera que coméis:

con mucho ruido y con ninguna delicadeza.

Esto es una temeridad.

Sí. Me han dicho que es una temeridad para cualquiera decir no a nuestro Rey.

Así lo ha expresado amablemente ese santo compinche vuestro que me ha prevenido,

La casa de mi padre e incluso Northumberland

les serán arrebatadas, según me dicen.

Bien, arrebatádselas Majestad, si es que sois tal como dije.

No hay mejor manera de acabar mal que la de encolerizarme.

Te doy las gracias por ello. Me haces pasar por estúpido y eso me encanta.

¡Majestad!

- ¿No causaréis daño alguno a Harry Percy? - No lo haré.

Aunque sea vengativo y sanguinario, no lo haré.

- ¿De dónde eres? - De Northumberland.

- Tengo un mensaje para Lady Annee. - Mejor que descanses. Déjame el mensaje a mí.

- Sólo puedo entregárselo a la propia Lady Annee. - Muy bien.

Harry Percy se ha casado.

"Annee, amor mío, perdóname".

- El Rey ha hecho esto. - El Rey no; Wolsey.

Mira aquí.

"Lo hubiera rehusado, si no hubiera temido por tu

seguridad, Ana querida. He tenido que casarme".

Wolsey debe haberle amenazado con castigarte, si Percy osaba desafiarle.

¡Dios mío, no puedo creerlo! Es un dolor tan grande, que querría morirme.

El dolor acaba por marcharse. Pocas de nosotras

pueden casarse con quien es dueño de nuestro corazón.

¡Malditas sean todas las diversiones y malditas todas las mujeres!

¿Por qué debo estar enamorado de la única mujer que no me ama?

¡Iré a verla!

¡Elizabeth!

Por Dios bendito, dile que se dé prisa. Cuando

el rey tiene hambre su malhumor es terrible.

Voy a ver que pasa.

Will, veamos lo que ha decidido lady Elizabeth.

- No ha vuelto con otra mujer. - ¡Qué suerte para nosotros y para tu hijo!

- Henry ha sido generoso con sus hijos. - Aprende de mí, Nan.

Cierra tu corazón y no lo rindas nunca por completo.

No voy a rendirme a él, de ninguna manera.

En el momento en que te haya conquistado, te abandonará.

¡Ya basta!

Sólo le odio a él un poco menos de lo que detesto a Wolsey.

- ¿Lista? ¿Estás lista? - Casi, Padre.

* Adiós, adiós placer del pasado.

* Bien llegado dolor del presente.

* Bienvenida tortura de mi corazón,

* Al ver de nuevo a mi amor.

* Solo, muy solo deseándola siempre,

* He rechazado a todas las amantes.

* Por eso ahora debo decirle mis ansias

* De amor en esta larga espera. *

¡Bravo, Majestad! ¡Bravo!

¡Bravo, Majestad!

Ningún otro rey puede escribir como vos, Majestad.

Esto me reconforta, Elizabeth. Alguien, no recuerdo quien,

me dijo una vez que mi música era amarga y que mi poesía era aún peor.

Esto me ocasionó una gran angustia. Los versos y

la música son más verdaderos cuando se sufre.

Mi mente los concibió al despertar de un sueño agitado.

Traté de escribirlos tal cual sin ninguna corrección. Cantan la verdad de mi corazón.

Si in joven te hubiera escrito estos versos, Annee, ¿qué le dirías a él?

Le preguntaría si le gustaban también a su esposa, Alteza.

Bailarás mi danza, mi dama.

La Danza Grave que he compuesto. Bailad. Alegraros. Bailad.

Annee, ¿por qué me rechazas?

Percy se ha casado, Majestad.

- No tengo nada que ver con ello. - Ya veo.

O sea que Wolsey es el rey de Inglaterra, ¿no?

¡Basta ya! Yo soy el Rey.

Si osas tratarme en frente de mi corte, como a un muchachito gritón,

- ... voy a echar abajo este castillo. - Hacedlo.

Annee, ni siquiera un rey puede escoger a quien amar.

No quiero a nadie en este reino aparte de tí. Por eso he vuelto.

No sois libre para amar, tenéis una esposa.

Si un hombre está casado, sea rey o plebeyo, no es libre.

Yo nunca me casé con Catherine. Fue Inglaterra la que se casó con España.

Mi padre quiso casar a mi hermano Arthur con

Catherine, buscando una alianza con España.

Arthur murió y yo fui su heredero. Por eso se decidió que ocupará su lugar...

y me casara con la viuda de mi difunto hermano.

Yo tenía 17 y ella 23.

Fueron Inglaterra y España las que se casaron, no Henry y Catherine.

Este... Este matrimonio está maldito.

Todos mis hijos han nacido muertos.

Durante estos veinte años, sólo he tenido hijos muertos.

Y ya se le ha pasado la edad de concebir hijos.

¿Por qué tendría esto que impedir el matrimonio entre tú y yo?

No podéis conmover mi corazón, ni sobornarlo con vuestros favores.

El único amor que os daré es el que le debe un leal súbdito a su rey.

Muy bien entonces:.

Como rey tuyo,

te ordeno volver conmigo a la Corte.

Y te ordeno que seas dama de compañía de mi esposa,

la reina Catherine.

Permanecerás en mi presencia, todos los días de tu vida.

Y entonces ya veremos.

- ¿Estuvo dando gritos por mí? - Bramando.

- ¡Cómo tiemblan todos cuando da gritos! - ¿Y tú?

¿Acaso la ves temblar?

No. Pero tenías miedo de venir y te pusiste como una fiera.

- Tengo miedo de que provoques su cólera. - Eso fue hace seis meses.

Soy aún joven. Me gustan los bailes, los vestidos nuevos y los regalos.

- Y el poder.

He descubierto que el poder es tan excitante como el amor.

Y ¿quién tiene más que el Rey?

El navío de guerra será botado en Portsmouth,

dentro de cinco días, Alteza. Aquí está el certificado.

Pero la nave necesita un nombre.

Será el "Annee Boleyn".

- ¿Y los embajadores de España? - Despáchalos tú mismo.

Ella es la que prácticamente reina. Ella es la que gobierna por completo.

Y parece... no darle importancia.

- Podría mostrarse poderosa. - Thomas, éste es un mundo de hombres.

El poder nunca se ha asentado entre las piernas de una mujer.

Wolsey, Nan me ha recordado que el título de Conde de Wiltshire para su padre,

- ...aún no ha sido otorgado. - Es verdad. Lo haré inmediatamente.

Bien. Bien.

Debo deciros, Señor, que hay un dicho que circula en los corrillos femeninos:

un dicho sobre títulos.

¿Quién es el que tiene más títulos nobiliarios en la tierra?

Yo dije, sin dudarlo: su Majestad. Pero otro dijo: "No, no".

"El gran Cardenal Wolsey tiene más que el Rey".

"Es Arzobispo de Tournai, de Lincoln, de Bath y Wells, Durham y Winchester".

"También es Arzobispo de York y Legado papal en Inglaterra,

lo que le coloca por encima del Arzobispo de Canterbury".

"¿Quién sabe? Algún día hasta puede llegar a Papa".

"Así que es el más poderosos de los eclesiásticos".

"Y como es Lord Canciller, el más poderosos de los laicos".

Y entonces yo dije: "Es una suerte para su Majestad que el buen Cardenal...

obedezca sólo al Rey y a Inglaterra".

"Considerad cuán peligroso sería si un hombre tan poderoso...

tuviera ambiciones personales".

Majestad,

Tengo que confesaros que vuestros reales favores

me han concedido más de lo que yo merecía.

Y yo no puedo daros nada más a cambio que mi gratitud, mis oraciones..

Y mi inquebrantable lealtad.

¿Y de qué medios de vida te privarías, para demostrar tu lealtad...

mi buen vicario del Infierno?

De cualquiera de ellos, señor, según dispusierais.

¿Y de sus riquezas, mi señor? Creo que él es aún más rico que vos.

- Demasiados beneficios y palacios. - Me pregunto si...

tales vanidades significan algo, comparadas con vuestro servicio.

Escoged lo que queráis y es vuestro, Majestad.

Lo haré. Lo haré.

Pero debo pensarlo un poco.

Gracias. Gracias, Annee.

Mi señor, sois tan generoso como magnánimo.

Le pediré al Rey que me enseñe vuestro palacio de Hampton Court.

¡Diana!

Vamos, chica, toga algo alegre.

Los hombres prefieren a las mujeres que ríen y son alegres.

Bien, ¿que más quieres?

- Nada. - Algo para tí, familia o amigos?

- Nada. - ¡Mentirosa!

Tienes un atractivo especial por el poder.

Es algo muy común. Lo he visto muchas veces.

Vos no dais algo a cambio de nada. Hay que pagaros.

Me ordenasteis venir a la corte. El poder es vuestro, no mío.

Estoy loco por tí. Sueño contigo por las noches. Te anhelo de día.

¿Y te atreves a decirme que el poder es mío?

No actuar como un hombre con otra mujer. Sólo pienso en tí..

Jugando tú y yo al perro y a la perra, al caballo y a la yegua,

tú y yo en cualquier lugar.

Quiero poseerte noche tras noche y llenarte de hijos.

De bastardos. Serían sólo bastardos.

Una palabra más y te moleré a golpes. Sólo una palabra más.

Sin matrimonio, los hijos que vos y yo tengamos serán bastardos.

Annee.

Perdóname. Perdóname, Annee.

- ¿Quién es? - Norfolk, con un mensaje del Rey.

Que el diablo se lo lleve.

Bess.

- Bess, márchate. ¡Vamos!

- Debes irte, debes irte. - ¿Qué?

Será una simple formalidad.

- Vamos, vamos.

Entrad.

¿Y bien?

El rey os ordena que vayáis inmediatamente al Palacio de Greenwich.

¿Eso ordena, mi señor?

¿Está enfermo? ¿Le amenaza algún peligro urgente?

Una barca os está esperando.

¡Norfolk!

¿Tenemos la marea a favor o en contra?

Dejo esos detalle al barquero y a la plebe, mi señor.

Debéis iros.

Pasad.

¿Cómo habéis tardado tanto en llegar aquí?

Alteza, os pido excusas, la marea está muy crecida.

Explicadle a Lady Annee la ley inglesa, mi santo señor Canciller.

¿No es verdad que puedo hacer legar, todo lo que yo escoja?

- Ciertamente. - ¿Y constatarlo documentalmente enseguida?

- En el plazo de una hora. - ¿Así que..?

¿Puedo legitimar a cualquier hijo del Rey?

Sí.

¿Y podría él heredar el trono de Inglaterra?

- Ciertamente. - Gracias. Gracias, Thomas.

- Aprovechad la marea alta y volved a casa. - Esperad.

¿Señora?

Sería ese niño heredero al trono, inmediatamente después...

de la Princesa Mary, hija del Rey y de su legítima esposa?

- ¿Y bien, milord? - Eso podría discutirse.

No. Hablemos claramente.

La princesa Mary es la primera en la línea sucesoria,

sobre cualquier hijo que su Majestad pueda tener fuera de su matrimonio.

Tras Mary viene el Duque de Richmond, su bastardo con Bessie Blount.

¿Podéis negar que el será el heredero, si ella muriera?

¿Richmond? ¡Oh, es una persona enfermiza. Dudo de que pueda llegar a fin de año.

Y luego viene el hijo que mi hermana le dio al Rey.

Mary y yo nos tenemos cariño y nos excusamos nuestros defectos,

pero si ella prefiere que se siente el trono su hijo y no el mío,

yo preferiré el mío antes que el suyo.

Y entonces el mío, debéis concederme que sería el cuarto de la lista.

¿Quién sabe, señora, si seréis capaz de dar a luz a un hijo?

Al hombre que se case conmigo le daré una casa llena de hijos vigorosos.

Matrimonio.

Si pudiera librarme de Catherine...

No podéis libraros de Catherine.

- Si pudiera... - Es imposible.

Por última vez, si pudiera librarme de Catherine...

y te hiciera Reina de Inglaterra, ¿te casarías conmigo?

Sí.

Si me hicierais Reina de Inglaterra, me casaría con vos...

y os daría hijos.

Mientras tanto...

me iré sola al lecho, si me dais permiso.

- Brillante, Majestad. Brillante. - ¿Eso crees?

Sí. Continuad prometiéndole matrimonio y el sitio caerá muy pronto.

- En un mes habréis logrado vencerla. - ¿Creéis que mentía?

Cuando las galanterías, los ruegos, regalos y poder fallan,

hay que ensayar una nueva estrategia.

Cuando me arrodillo y rezo, mi buen Cardenal, como hago un día sí y otro no,

sólo hay una cosa por la que ruego.

Que se me muestre cómo salvar a Inglaterra del caso cuando me muera.

Por fin mi plegaria ha sido escuchada. Me volveré a casar y tendré un hijo.

- ¿Divorcio? ¿De Catherine? - Anulación.

Mi matrimonio está maldito y mis hijos nacen muertos,

porque he quebrantado la ley de Dios, al casarme con la mujer de mi hermano.

Eso fue incesto y debe castigarse. Nuca he estado casado a los ojos de Dios.

Desde luego que lo estáis, mi señor. Plenamente casado.

El Papa os concedió una dispensa, para

casaros con Catherine a la muerte de Arthur.

Porque Inglaterra y España se necesitan la una a la otra.

Y porque vuestro hermano tenía 15 años y no había consumado el matrimonio.

A los 15, yo ya seducía doncellas, a diestra y siniestra.

En ese tiempo yo creía, y también el Papa y mi padre eligieron creer...

que Catherine era virgen.

Fui engañado, porque el matrimonio había sido consumado.

Prepara las evidencias. Quiero una causa de anulación.

Milord, os lo imploro como vuestro fiel servidor, debéis pensarlo.

Catherine es una princesa de España.

Tratad de anular el matrimonio y tendréis a todos en contra vuestra.

España, Nápoles, Alemania, los Países Bajos,

todos a las órdenes del sobrino de Catherine.

A la Iglesia Católica y Romana.

- Vuestro propio pueblo ama a la Reina. - ¡Me casaré con Annee!

Puede significaros la guerra y la pérdida de vuestro reino.

¡Me casaré con Annee, aunque la tierra se parta en dos,

y las dos mitades se hundan en el abismo!

No. No le creo capaz de eso.

Me temo que es verdad, señora.

Como embajador español, mi deber es tener... muchas fuentes de información.

Entonces es idea de Wolsey, no del Rey.

Es ese miserable carnicero de Wolsey, quien ha puesto estas ideas en su mente.

Wolsey esta preparando el caso, para llevarlo a Roma.

¡Adelante!

El Rey está aquí. Desea ver a su Majestad.

Haré todo lo que pueda para ayudaros. Hoy mismo

informaré a vuestro sobrino, el emperador Carlos.

- Sí y también a su Santidad. - Este Papa se mueve según sopla el viento.

Vuestra esperanza se halla en vuestro sobrino.

- Majestad. - Señor embajador.

Mi corazón se regocija al poder veros, después de tantos meses, señor.

Siéntate, Kate. Siéntate.

Kate,

iré directo al grano.

Dios me ha comunicado que nuestro matrimonio es un pecado.

Mi conciencia está profundamente turbada.

El incesto debe ser castigado y por esos nuestros hijos han nacido muertos.

Nuestra hija, Mary, está viva y goza de buena salud, Henry.

Nuestro matrimonio debe ser anulado.

Entonces es verdad que Wolsey te ha llevado a este extremo.

Kate.

- Kate, es la voluntad de Dios. - Mi conciencia está limpia.

Ayúdame por el bien de ambos. Apóyame en mi caso ante el Papa.

Pero yo soy tu esposa.

¿Crees que puedo decir al Papa Clemente y a todo el mundo que mi padre mintió?

¿Acaso mi madre mintió?

Fernando e Isabel, los príncipes más cristianos,

mintieron ambos al decir que mi matrimonio con tu hermano nunca fue consumado?

Tu propio padre firmó el documento junto a ellos.

Dios sabe que él mentía a tirios y troyanos,

tanto en invierno como en verano.

¡Qué poca felicidad he tenido en mi vida!

Fui una chica solitaria, ,

traída desde España a los 15 años, para ser usada en Inglaterra como moneda política.

Cuando murió Arthur me dejaron de lado durante siete años,

hasta que fui de utilidad para tí.

Y es a tí, a quien he amado.

Y con quien he disfrutado de mi única felicidad.

Y aún te amo.

Entonces, ¡haz lo que te pido!

No. No traicionaré a mi hija.

Nuestra hija es una amenaza,

no una bendición.

¡Debo...

¡Debo tener un hijo!

Entonces consíguete uno entre todas tus mujeres.

Soy tu esposa y tu reina.

Y ni tú ni el Papa podrán convertir a mi hija en bastarda.

Si me desafías, te echaré de la Corte.

Serás encerrada fuera del país.

Así que eres tú y no Wolsey, quien realmente desea esto.

¡Y lo conseguiré!

También yo tuve que mostrar evidencia de que

mi matrimonio con Arthur nunca fue consumado.

¿Mentí al Papa hace años?

¿Mentí a Dios?

¿Acaso te mentí?

No.

Viviré y moriré como tu esposa.

Y como tu Reina.

Tan pronto como llegue a Roma, enviaré despachos desde los Países Bajos.

Mira si han llegado los mensajeros.

No será larga.

No será larga la espera, Nan.

Lo creeré el día que esto suceda.

Alteza.

¿Sí?

El Emperador español se ha apoderado del Vaticano.

- ¿Se ha apoderado del Vaticano? - Roma está siendo saqueada.

Los muertos yacen a centenares en las calles, sin ser sepultados.

- ¿Y el Papa? - Está sitiado.

Pero, decidme...

Podéis darme permiso para hablar en privado.

¿Y bien?

El Papa ha huido desde el Vaticano a la ciudad de Orvieto.

- Hemos intercambiado mensajes. - Sí, ¿y la anulación?

- rehúsa anular vuestro matrimonio. - ¡No es posible!

- No le queda otro remedio. - ¿Cuáles son sus motivos?

El Emperador español lo tiene atrapado por las narices.

El Papa no ofenderá al Emperador. Anulando el matrimonio de su tía con vos.

¡Pobre Henry!

Él lo hará, por Dios todopoderoso. ¡Yo digo que lo hará!

Y al infierno con el Emperador español.

- Sir Thomas. - Señor Obispo.

¿Podéis en conciencia aceptar la anulación,

si el Rey así lo decide?

El Papa ha respondido a la apelación del Rey...

y ha enviado al Cardenal Campeggio para tratar este caso.

Campeggio habla por su Santidad. Yo aceptaré eso.

Hablaré en contra de esto, mientras aún tenga aliento.

Y yo estaré callado, hasta que sea forzado a hablar.

Bueno, soy un viejo y no tengo familia.

A mi edad es mejor una buena muerte que una mala conciencia.

Bien, vosotros seréis el padre y la madre

y yo el tío de la Reina, a partir de la próxima semana.

- Dios sea loado. - Me pregunto qué estará pensando ahora Annee.

Aquí afuera están mis obispos, mis cortesanos y mis leales súbditos.

Campeggio no es vuestro súbdito.

Pero yo lo soy, Majestad.

Y os prometo que tendréis el veredicto.

Ya lo verá, Annee. Wolsey nunca me ha fallado.

Se ruega silencia ante su Eminencia el Cardenal de York.

Leída ya públicamente la misión, que se nos encomendó en Roma,

procedamos ahora a su examen.

Que Henry, Rey de Inglaterra comparezca en este Tribunal.

Aquí estoy, señores.

Que Catherine, Reina de Inglaterra, comparezca en este Tribunal.

Adelante. Adelante.

¿Por qué la Reina no comparece?

- ¡Señor Cardenal! - Ecco (Ya veo).

El Rey puede ahora proceder.

Señores, comparezco en este Tribunal, no por que quiera librarme de una esposa,

sino porque se alzan dudas muy serias sobre mi matrimonio...

y serios temores invaden mi conciencia.

No deseo contraer matrimonio con otra mujer por simple deseo carnal,

ni porque sienta ninguna antipatía hacía la persona o edad de la Reina.

Esta Corte está reunida aquí para tratar sobre la validez de ese matrimonio.

Los Obispos aquí reunidos han firmado este documento,

declarando que hay dudas sobre ese

matrimonio y que deben resolverse en juicio.

Ésta es la verdad, si así os place, Alteza.

No, Señor, ésa no es la verdad.

- Yo no doy mi consentimiento. - Wolsey.

Vuestra memoria comienza a fallaros con la edad, Obispo.

Nosotros hemos discutido y al final vos también habéis estado de acuerdo,

en que yo pueda firmar en vuestro nombre y poner vuestro sello.

Milord, nada puede ser más incierto que eso.

Os he dicho que nunca apoyaría esta causa.

Bien, bien. Vos sois la única persona.

Continuad.

Oídos los testigos, que hablaron con mi hermano,

durante esa mañana, en la que él abandonó su dormitorio.

¿Pero es que no tenemos otra evidencia que conversaciones y chismes de alcoba?

Llevad un mensaje a la Reina. Debería estar aquí.

Ha dejado abandonada su causa.

Oiremos a la Reina.

Yo sólo seré oída en Roma. Apelo a Roma.

Apelo en contra de todos los jueces aquí presentes.

A Roma y a Dios encomiendo mi causa.

Catherine.

¡Catherine!

Proceded.

- Voy a levantar la sesión. - No, os lo imploro, no lo hagáis.

Levanto la sesión.

- Vos tenéis el poder. Utilizadlo. - Poder para oír el caso, Majestad.

- Peo ya habéis oído lo dicho en esta sesión. - Por los testigos de su Majestad.

La Reina dice que ninguna corte inglesa puede ser imparcial.

Apela directamente a Roma.

Pero vos representáis a Roma aquí en Inglaterra, mi señor.

Mis manos están atadas. El juicio ha sido suspendido por la apelación de la Reina.

Al Papa, que teme más al sobrino de la Reina, que a la justicia de Dios.

- ¡Su Alteza puede ser excomulgado! - ¡Marchaos!

Volved renqueando a Roma.

Decid a su Majestad que conseguiré que mi matrimonio sea anulado. Fuera. Fuera.

¡Marchaos!

Bien, señor Cardenal, de poco han servido vuestras jactanciosas promesas.

Alteza, perdonadme.

Perdonadme.

Ves a ver a la Reina y dile que queda desterrada de la Corte.

Tendrá su propia casa en un lugar remoto y correrá con los gastos.

Si, Majestad.

Wolsey.

Apartaros de mi vista. No dais la talla para el puesto que ocupáis.

Devolved el Sello de Canciller.

Y ocultaos, Wolsey. Ocultaos de mi cólera.

Ahora salid. Marchad.

Wolsey.

No te perdono, pero tendré en cuenta tus servicios prestados.

Los asuntos del día han concluido, abogado.

- Soy un letrado que conoce la ley. - ¿Y bien?

Hay una ley en esta tierra que dice que es una traición...

el reconocer ninguna autoridad, por encima de la voluntad del Rey.

Por lo tanto, ¿es la voluntad del Rey...

el divorciarse de la Reina y casarse con Lady Annee?

Así es.

Entonces, la Iglesia de Inglaterra debe garantizar vuestra deseo.

Sería una traición afirmar que el Papa tiene más autoridad que el Rey...

de acuerdo a la ley.

Siempre he sido un defensor de la Fe y de la Iglesia.

Tal como está la situación, sólo sois Rey a medias.

Afirmar que Roma puede determinar este asunto,

afirmar también que Roma puede decidir la sucesión de la Corona.

Lo que el Rey de Inglaterra quiere, debe obtenerlo,

sin ninguna injerencia de fuera.

Verdad. Es verdad.

Esto supondría la excomunión.

Supondría romper con Roma.

Necesitaría tan sólo la designación de un nuevo Primado de la Iglesia de Inglaterra.

Él os garantizaría el divorcio.

Sí, Pero, ¿qué castigo tendrían aquellos hombres que no pudieran tragarse esta ley?

El castigo por traición ha sido siempre la muerte, Alteza.

Puedes irte.

Hay otra cosa más, Majestad.

El Cardenal Wolsey, con hábiles manipulaciones,

ha conseguido que los monasterios de Inglaterra....

sean más ricos que las minas de oro del Nuevo Mundo.

Sí, como supongo, llegáis a ser Cabeza de la Iglesia, esas riquezas serán vuestras.

Sois un hombre sin escrúpulos, letrado.

Totalmente sin escrúpulos.

Lo he aprendido al servicio del Cardenal Wolsey, Alteza.

¿Sois también alumno del Cardenal?

No, no, estudié con un verdadero maestro, mi padre.

Cualquiera villanía que faltaba en el mundo al nacer Enrique VII,

fue inventada por él antes de dejarlo.

Pero el único principio fundamental que me enseñó fue:

ten siempre a la Iglesia a tu lado.

Bueno, tienes a la Iglesia en un lado y a mí en el otro.

Sí, La elección ahora es clara.

Si me hago Cabeza de la Iglesia, haré de tí mi Reina.,

Y me haré más rico que cualquier monarca de Europa.

Y seré excomulgado.

La condenación eterna.

Ningún hijo de la Iglesia me hablará, alimentará o dará cobijo.

Y cuando muera, mi cuerpo será enterrado sin ceremonia,

y mi alma...

será arrojada por siempre al Infierno.

Padre Celestial,

lo que pretendo no es por mí, como Tú sabes,

sino por la salud futura de mi reino y la eterna gloria de Tu nombre.

Si soy débil en resolverlo, recuerda que sólo soy un hombre.

Dame tu fuerza celestial, para la jornada que me aguarda...

y resuelve mis dudas.

Nobles señores,

Intento poner en consideración de este Parlamento

asuntos que nos conciernen grandemente.

Estoy profundamente alarmado por la creciente influencia

y enorme poder que tiene en nuestro Estado...

la Iglesia de Roma.

No contenta sólo con apoderarse de propiedades y dinero,

Rome busca ahora entrometerse en las leyes y estatutos de este Reino.

En particular, en lo que concierne a las

prerrogativas del Rey sobre la sucesión al trono.

Por todas estas razones y otras muchas que todos conocéis...

debemos ahora liberarnos de la intromisión, influencia...

y dirección de la Sede de Roma.

¡Así sea! ¡Así sea!

Documento: Juramento de Fidelidad al Rey de Inglaterra hecho por todos vosotros.

Documento: Juramento de Fidelidad al Papa de Roma hecho por el Clero.

Pregunta: ¿A quién debe fidelidad el Clero? ¿Al Papa o al Rey?

El Cardenal Wolsey, el más importante

eclesiástico de nuestra tierra ha sido expulsado.

Cualquier obispo o sacerdote que no anteponga su fidelidad al Rey le seguirá.

El Parlamento será convocado para la promulgación de este decreto,

llamado Acta de Supremacía.

El Rey es declarado como autoridad suprema, en todo

lo que concierne al bienestar de sus súbditos,

tanto espiritual como temporal.

- Señor... - ¡Señor obispo, permaneced callado!

Sólo hay una pregunta, que voy a plantear a esta Asamblea.

Ninguna otra será tolerada o discutida. Y ésta es la cuestión.

¿Alguna de las autoridades, ya sea

espirituales o temporales, aquí presentes...

niega el derecho al Parlamento, para hacer esta ley concerniente a nuestra tierra...

si el Parlamento así lo decide? ¿Sir Thomas More?

No puedo negar el derecho del Parlamento, para promulgar leyes.

Bien. Bien.

- Maese Cromwell. - ¿Señor Canciller?

Lamento, Maese Cromwell, que no prestaseis atención a mi consejo.

¿En relación a qué?

Vos, según creo debéis decir al Rey no lo que puede hacer, sino lo que debe hacer.

Ahora no hay nadie en el mundo que pueda contenerlo.

El poder del Rey debe de ser absoluto.

¿Y el vuestro?

Para servirlo.

Después de lo de hoy, temo que tendré que renunciar al mío.

Cada hombre tiene su propio diablo.

Perdonadme, Majestad. Sé que tenía que haberme ya ido.

Temo que no pueda alzarme.

Cromwell, dadme la mano. Ponedme en pie.

Es la costumbre de toda una vida, la que me

ha llevado a tener completo el inventario...

y las llaves listas y clasificadas para Vos.

Yo... Siento mucho el veros enfermo.

¡Oh, no, señor!

Su Majestad a quitada de mis hombros una carga que podía hundir la nave.

Bien, dejaré todo esto y me iré.

¿Es... para vous, Lady Annee, este palacio?

- Sí. - Sí, sí.

Es demasiado hermoso para un viejo. Necesita juventud dentro de él.

Aquí está, tomadlo.

He sido vuestra enemiga, pero no puedo recibirlo de Vos.

Entonces aquí lo dejo.

Una chica piernilarga y un novillo poco desarrollado.

- ¿Qué significa eso? - Nada

Algunos amigos vuestros esperan veros, Majestad.

More, Fisher y el Prior Houghton. Parecía algo urgente.

Urgente para ellos. Decidles que pasen.

Lo haré en cuanto salga.

Bueno, el aire del campo en Esher le sentará bien.

El Rey os recibirá.

Tened cuidado Sir Thomas.

La pasión del Rey por su dama, le vuelve ciego a cualquier razonamiento...

o a los servicios prestados.

Señor, por vuestra sabiduría, lamento veros marchar.

Siempre he colocado al Rey por encima de mi propio interés.

Y sólo por causa de una mujer,

lo he perdido para siempre.

No abandonéis al Rey, pero mirar por vuestra propia seguridad.

Sucede que últimamente no me he encontrado muy bien.

Por eso he renunciado a mi cargo y dejaré la Corte para volver a casa.

Allí no hablaré de nada, que no sean asuntos domésticos.

Bien, que Dios os acompañe.

Es el Papa o el Rey, no hay otra elección.

Para mí debe de ser el Papa.

Debo guiarme por mi conciencia. No puedo firmar.

Aunque sienta el perder viejos amigos,

moriréis por esto.

Hay centenares en mi Orden, que no pueden prestar ese juramento en conciencia.

¿También ellos deberán morir?

Si insisten, morirán. Mi causa es justa.

La Iglesia de Inglaterra ha roto con Roma y está sin ancla.

La única ancla que conozco es el Rey.

El Rey debe escoger y también el Clero.

¿Y bien, Sir Thomas?

He venido a deciros adiós, Alteza.

He dejado hoy mi cargo, como vos amablemente permitisteis.

Y cuando llegue el día en que tengáis que escoger, ¿firmaréis el juramento?

Leeré el documento cuidadosamente...

y espero que mi conciencia me permitirá firmarlo, Alteza.

Adiós... Thomas.

Adiós, señores.

Adiós, Prior John.

Dejáis este mundo por propia voluntad... y esto me causa tristeza.

Majestad, seguirá igual sin nosotros.

Y estos son los últimos que osarán cuestionarlo.

El resto morirá en silencio.

Creo que no ha habido nunca un Rey, que tenga que dar tanto...

para abrirse camino en el corazón de la mujer que ama.

He apuñalado, golpeado y desgarrado este camino,

haciendo trizas a la Iglesia y al Estado.

He saqueado y despojado. He destrozado y retorcido los cuerpos de mis amigos.

Y todo para llegar a este día.

Y aún así, ni siquiera una vez...

Ni siquiera una vez me has dicho: "Te amo.

Ahora, Nan...

Nan, ahora lo dirás.

Sí.

Te amo.

No.

No, no es eso. No quería decir eso.

- ¿Qué más queréis, mi señor? - No lo sé.

No lo sé, pero aún no te tengo.

Dime, Nan, ¿acaso alguien te dijo alguna vez:

no te entregues nunca a él, no te derritas por él,

no dejes de odiarlo por un tiempo, o de otro modo lo vas a perder?

- Me lo he dicho a mí misma. - ¿Y aún te lo dices?

- Sí. - Ya veo.

Ya veo.

Entonces, cuida tu corazón. Preserva tu castidad tan especial.

Soy demasiado mayor para soportar las pasiones

y el frenesí de un estúpido muchachito.

Escribir poemas por la noche a la zorra sin corazón a la que amas

y romperlos en pedazos.

Caminar arriba y abajo en tu habitación, sin poder dormir.

Me has prometido hijos cuando seas Reina e hijos tendré.

Hijos sin amor, si es necesario.

Disfruta de tu palacio.

No vendré a estar de nuevo contigo, hasta el día de la boda.

¡Henry!

Te amo.

Henry, te amo. Te amo con todo mi corazón. Te amo.

- ¿Puede ser eso verdad? - Te amo.

Tómame, tómame ahora. Quiero ser sólo tuya.

He sido tuyo por largo tiempo.

Ahora, por vez primera, tu eres también mía.

Henry.

Deja vivir a esos hombres que deben morir.

- Se ha hecho así por tí. - Ya no me preocupa más el divorcio.

Estoy tan enamorada de tí, corazón mío.

¿Puede ser eso verdad, después de tanto tiempo?

Por el mismo Dios, que está en el Cielo, te amo con todo mi corazón.

Y nuestro amor nos dará un hijo, que gobernará el mundo.

Nuestro hijo.

Un hijo. Un hijo.

Con él y con tu amor llegaré a ser ese Rey que siempre quise ser:

sabio, generoso, justo y misericordioso.

Por eso no mataré a nadie por tí.

Es como una nueva Edad.

Un fuego perenne en el aire y en la sangre.

¡Harry!

El Rey me ha enviado aquí, para que me encuentre con él.

¿Aquí?

Quizás está celoso y quiero probar mi fidelidad, reuniéndonos aquí.

Quizás.

- ¿Tiene razón para estar celoso? - No. Nunca.

Bien, bien. Tú eres su concubina; yo tengo por esposa a una bruja.

Ahora tengo que arrestar a Wolsey, quién comenzó todo esto. Pobre consuelo.

- ¿Arrestarlo? Está viejo y enfermo. - Pensé que era una cosa tuya.

No. He dejado de odiarlo.

- Dadle la orden de arresto. - Alteza.

Bien, aquí está tu primer amor. Aquel que te hizo odiarme.

- ¿Late fuerte tu corazón? - No, grandísimo tonto real.

- Soy una persona feliz. - Y yo, mi gran Rey.

Y espero un niño.

Annee.

¡Nan! ¡Nan!

¿Dónde está? ¿Qué es lo que la entretiene?

La señora...

- Empezad. Empezad. - Sí.

Majestad, la puerta debe estar abierta, es decir, de acuerdo a la ley...

- ... se necesitan testigos. - Aquí están. Vamos, vamos, vamos.

Es una nueva moda. Casarse con una, antes de divorciarse de la otra.

Henry, ¿tomáis a Annee, aquí presente, como legítima esposa,

- de acuerdo a los ritos de la Iglesia? - Sí, quiero.

Annee, ¿tomáis a Henry, aquí presente, como legítimo esposo,

de acuerdo con los ritos de la Santa Madre Iglesia?

Sí, quiero.

- "Yo, Henry, os tomo a vos, Annee." - Yo, Henry, os tomo a vos, Annee...

- "como mi legítima esposa," - Como mi legítima esposa,.

"Como mi legítima esposa, para poseer y..."

como mi legítima esposa, para poseer y compartir en lo mejor y en lo peor,

- en la enfermedad y en la salud... - "Hasta que la muerte nos separe."

y os prometo fidelidad.

Y tras todo esto, Nan, que suenen las campanas y comience la coronación.

Apartaos. Apartaos.

- Haced paso. - Apartaos. Apartaos.

Aquí tienes, Nan, para que te de suerte.

Las flores de Mayo.

¿Cuánto ha habido que pagarles para este recibimiento?

Cuatro peniques a cada uno. A un millar de personas de aquí a Westminster.

Con una moneda de plata, quizás hubieran lanzado sus gorros al aire.

¡Dios salve a la Reina Catherine!

Nos debe haber superado en la puja el Embajador español.

¡Puta! ¡Puta del Rey!

¡Larga vida a la Reina!

- Aquí hay un hombre honesto. - Falta saber a qué reina se refiere, milord.

- ¡Puta! - Larga vida a la verdadera Reina!

¡Puta!

¡Larga vida a la reina Catherine! ¡Puta!

¡Tocad, heraldos!

- Larga vida a la reina Catherine! - ¡Puta!

¡Fuera! ¡Fuera!

El Rey quiere hablar con su Reina. ¡Fuera!

Ven aquí.

Hacía tanto tiempo que no besaba a una reina.

Nan, he cumplido cada parte de nuestro contrato.

¿Serás ahora feliz? Mi reina, mi mujer, mi...

- Puta, gritaba la plebe. - ¡Maldito sea el embajador español!

Tú debes pagarles más que él, cuando sea el bautizo.

Dentro de cuatro meses, cuando te dé un hijo, quiero gritos de júbilo..

No habrá necesidad de sobornarlos.

Será el día más feliz de la historia de este reino.

¿Vas a violar a una mujer embarazada?

¡Oh, Nan! ¡Dios mío, perdóname.

¡Grandísimo tonto real!

Só, detente, muchacho.

¡Ve junto a ella!

- Perdone, señora, la Reina le llama. - ¿Ha nacido ya? ¿Es un chico?

Será algo inmediato, dice la comadrona.

Id a buscar al Rey.

He esperado 20 años para esto.

Le enseñaré a cabalgar, luchar y a tirar la pelota.

Tener un hijo te vuelve un hombre joven.

¡Majestad!

¡Majestad!

Aquí vienen mis buenas noticias.

¡Ha nacido el niño!

Está perfectamente formado y goza de buena salud, Majestad.

Te he fallado. Te he fallado.

Que Dios me ayude.

Dejadme a solas.

No te lamentes. Pellízcate tus mejillas y dales color. Siéntate y sonríe.

Eres la Reina. Obra con desenvoltura.

Esta vez es una niña, pero la próxima será un niño. ¿Me oyes?

- ¿Es hermosa? - Sí que lo es.

Dadme a la criatura. Dadme a mi hija.

¿Está bien? ¿Es robusto?

Señor...

Estos son los pulmones que rugirán ante el Embajador español. ¿Eh, Nan?

Y los ojos. Son ojos inteligentes.

Le llamaremos Edward. Es un nombre afortunado entre los reyes ingleses.

He dado a luz a una hija, Majestad.

- ¿A una hija? - Sí.

¿Por qué nadie me lo ha dicho, antes de que entrara aquí?

Quería decírtelo yo, Hal.

Tenemos una hermosa hija.

Y la próxima vez será un hijo.

Elizabeth.

La llamaremos Elizabeth.

- ¿Goza la niña de buena salud? - Perfecta, Majestad.

Bien.

Bueno, si hemos podido tener una hija saludable,

también tendremos un hijo con buena salud.

Como tú dices, como... dices.

Te beso y te dejo, Annee. Dios os bendiga a todos.

¿No besas a tu hija?

¿A mi hija?

No. Cuando sea mayor.

Cuando tenga un hermano.

- ¿Aún no hay noticia del Rey? - No, Majestad.

- ¿Ninguna respuesta a mi carta? - Nada, Majestad.

¿Cómo puede haberme olvidado completamente?

No es olvido, Madre. Es sólo que no desea recordar.

Pero hay rumores que dicen que no todo marcha bien entre ellos.

Ninguna señal de un próximo hijo. Dicen que ella está desesperada.

Mi querido padre ha vuelto a andar como errante de nuevo.

Pobre Hal.

Pobre Hal.

- ¿Te compadeces de él? - ¿Acaso no fui su muy amada esposa?

Y tú eres su hija.

Hasta que no tenga un hijo de un verdadero matrimonio, tú eres su heredera.

Debe ser Reina.

Y recuerda:

cuando yo no esté,

tú serás la primera.

¡Doctor! ¡Rápido!

Ponle la mano encima y la echaré de la Corte.

¿A quién?

A esa tonta Seymour, que siempre está balbuceando, ruborizada y embelesada,

- cuando entras a mi habitación. - Es una niña

- Pero tú bien que querrías tener un niño de ella

- Porque contigo solo he tenido una inútil muchachita.

Y cuida tu lengua o serás tú la que tendrás que ser

echada de la Corte, para mejorar tu temperamento.

¡Tocad! ¡Tocad!

La Reina está cansada, pero no desea estropearos la fiesta.

¡Tocad!

Jane.

Creo... Creo que podríamos bailar esta danza.

Si soy yo el que te llevo con fuerza, ¿serás capaz de seguirme con suavidad?

Así lo espero, Alteza.

Esta ovejita no se resistirá al toro real, después de su primera acometida.

¡Os lo ordeno!

Dejadnos a solas.

¿Dónde está Jane Seymour?

Cromwell me dice que cuando acabó el baile fue echada afuera por la guardia.

Ella va de camino a Northumberland.

Tan lejos como he podido enviarla, ya que no somos dueños de Escocia.

Tiene la cara y los modales y la sonrisa

tonta de una oveja. Pero no tiene moralidad.

No la quiero cerca de mí.

- ¡La vas a traer de vuelta! - No lo creo.

Si la quieres cerca de tí, búscale un lugar en tu palacio de Whitehall.

Mientras yo esté aquí, Jane Seymour debe irse a otro lugar.

Díselo.

Majestad, el pueblo dice que sois una Reina Bruja.

¿Acaso aún nos regimos por las supersticiones?

Catherine aún vive en el corazón del pueblo.

El pueblo dice que la hija de ella es la heredera y la tuya es bastarda.

No temo al pueblo.

El pueblo os odia, señora, por haber desplazado a la Reina Catherine

y por haber separado al Rey de la verdadera Iglesia.

De la misma manera que me odian a mí, por haber saqueado los monasterios.

Pero ellos aman plenamente al Rey.

Vos y yo, señora, vivimos bajo la protección del Rey.

¿Y bien?

Así ahora en el Parlamento, que es la voz del pueblo,

se ha presentado una demanda. Se llama: el Acta de Sucesión.

Hace heredera a vuestra hija...

e ilegítima a Mary, la hija de Catherine.

Si el Rey no lo desea, esta Acta de Sucesión no será aprobada.

¿Sacrificarás el fruto de nuestro amor...

por tener a esta tonta putita de vuelta a la Corte?

Una u otra hija me da igual.

No me importa quién de ellas sea la bastarda, cuando yo muera.

Si hago que vuelva Jane Seymour.

Harás que el Parlamento apruebe el Acta de Sucesión?

Sí.

¡Qué mentiroso que eres!

Esa Acta no será válida, si al menos todos los hombres de este reino,

que tienen poder para aceptar a mi hija como legítima heredera,

no firman primero un juramento de fidelidad al Rey, como Cabeza de la Iglesia.

Si no lo hacen, con Acta o sin Acta de Sucesión,

dirán luego que mi hija es la bastarda y asunto terminado.

Vete.

Nan, si me amas, no me desafíes. Tráela de vuelta.

Yo te amo.

Me iré a la tumba amándote, sin duda, y odiándote.

La traeré de vuelta a la corte,

si prestan juramento todos los poderosos, del más alto al más bajo.

Pero los que rehúsen hacerlo, morirán.

- Tú una vez dijiste que no debían morir. - Y tú que sí.

Y ahora también lo digo yo.

Annee.

Annee.

Si me amas, olvídate de la sucesión.

Si te acuerdas de como comenzó todo,

¿cómo puedes ahora decirme, mirándome a los ojos, que nuestra hija no va a triunfar?

Porque esto supondría muertes sin límite. Nan, mírame.

Si para representar la farsa de que yo sea Cabeza de la Iglesia, Papa y Rey a la vez,

deben morir tantas personas, ¿serías tu capaz

de firmar todas estas sentencias de muerte?

¡Firmaría 10,000, con tal de no desheredar a mi propia sangre!

O la de ellos o mi sangre y la de Elizabeth.

Cromwell lo sabe bien. Tu inteligente carnicero debía conocer esto.

Envíale a que rellene los formularios y que lo haga rápidamente.

Del más alto al más bajo, todos deben firmar. Desearía ser amada, pero no lo soy.

Y aún así soy la Reina de esta Isla y Elizabeth también será Reina.

Por Elizabeth, no.

Por ella no cometeré ningún crimen.

Annee, si tuviéramos un heredero,

tu hijo y el mío...

Puedo ponerme mas furiosa de lo que me has visto.

Sé dónde tienes tu corazón y no es conmigo.

¿Qué importancia tiene el amor, en la vida de un rey?

No soy joven, ni digno de confianza.

Soy un hombre amargado, envidioso, peligroso y malicioso.

Es una desgracia para tí que me ames, cuando yo ya no te amo.

Pero incluso ahora siento que te quiero, por esa cólera que hay en tu rostro,

- y el brillo de la sangre en tus mejillas. - No.

Annee, dame un príncipe y todo será olvidado.

¡No! A menos que mates a todos ellos: a More, Houghton y Fisher,

y a todos los que no firmen, que Elizabeth es tu heredera.

Entonces, los mataré.

He robado, asesinado y cometido sacrilegio, por orden tuya.

Haz lo que deseo y yo cumpliré con mi deber.

Te odio. Odio tu deseo y el mío.

Os lo ruego, Maese Kingston, dejadme subid solo.

Para bajar, no necesitaré ayuda.

Buena gente del pueblo, quería...

Son órdenes del Rey. No debéis ser escuchado.

Bien, entonces no hablaré.

Muero como leal súbdito del Rey,

pero antes lo soy de Dios.

¡No!

¡No! ¡No!

- ¿Y bien? - El niño ha nacido muerto.

Ella ha abortado a su salvador.

¡Estoy maldito!

¡Una hija viva y un hijo muerto! ¿Para esto he recibido la excomunión?

¿Para esto he enviado a la muerte a More, Houghton y Fisher?

¡Ella no es capaz de darme un hijo con vida!

Muy bien, entonces.

Si no puede darme un heredero, me libraré de ella.

Señor, tras la muerte de Catherine, Annee es sin duda la Reina.

Búscame una manera. Encuentra una manera legal. Me divorciaré de Annee.

El divorcio es como el crimen. Tras la primera vez, ya no parece difícil.

Alteza, hemos respetado la ley inglesa. Annee es

ahora la Reina de acuerdo a la ley de Inglaterra.

Desde luego. Desde luego. Me divorcié de Catherine de buena fe.

Pero desde entonces, he descubierto un impedimento para mi matrimonio con Annee.

Tuve un niño con su hermana Mary. Eso, también, es incestuoso.

Ya usamos el incesto como excusa la vez pasada. Haremos una costumbre de ello.

Ni el Papa ni el Emperador la respaldarán y el pueblo la odia.

Ella peleará. Su hermana esta casada. No

podréis probar que no era hijo de su esposo.

- ¿Al servicio de quién, estáis? - Del Rey, Señor.

Su Alteza no puede permitirse comenzar de nuevo todo esto.

¿Acaso conocéis otro modo? ¿Verdad que no! ¡Me habéis atado a ella!

¡Encontradme ahora un modo de librarme de ella!

Quizás...

con su propia vida.

¿Su vida?

Sí.

Su contrato de matrimonio con Percy. El la poseyó.

Eso es, cara de sapo.

No, Alteza, no su vida pasada, sino la presente.

- Corren rumores de que tiene un amante. - ¿Annee? ¿Un amante?

¿Yo, un cornudo?

- ¿Por qué? ¿Estáis loco? - Si pudiera probarlo...

Inventarlo, querréis decir, con falsas evidencias.

El adulterio es alta traición. El castigo es la muerte.

Marchaos.

Cromwell.

Sois muy amable al venir, Maese Smeaton.

Yo soy el honrado, Maese Cromwell.

Cuando me invitasteis a cenar, creí que era para cantar.

- Como hacéis con la Reina, ¿no? - Oh, con gran place.

Ella desea que sea el principal profesor de música de la Princesa.

Por favor, sentaos. No hay más convidados.

Gracias.

Desde luego, cuando la Reina os da a la Princesa como alumna,

debe ser porque piensa altamente de vos.

¡Ah, ventajas de la música!

No sabía que os interesara la música.

No me interesa.

La que me interesa es la Reina y vos la conocéis muy bien.

¿Por qué? Soy simplemente una persona a su servicio.

Tengo órdenes expresa del Rey de proteger a la Reina.

Hemos aprendido mucho de las amenazas. Muchos la odian.

Estoy cenando contigo, como hago con otros, para conocer en quién puedo confiar.

¡Oh, ya veo! Ya veo.

¿Y no es verdad que a ella le gusta teneros cerca?

Sin alardear de ello, creo que me prefiere a muchos otros.

Prefiere mi estilo al italiano.

Es más cercano a las costumbres que ella amaba de la Corte francesa.

Aprendió a amar como si fuera una mujer francesa.

Sí, sencillas canciones cantadas sin...

Serías mas prudente si no os lo tomarais a risa.

Vale más eso que una agradable voz que canta.

Me desenvuelvo en la vida cantando. No tengo deseos de hacer otra cosa.

Veamos.

Sólo puede haber dos razones, para que frecuentéis los aposentos de la Reina.

O la amáis o estáis a sueldo de España.

- ¿Por qué? Sólo voy cuando me llaman. - ¿Para amarla o para espiarla? ¿Para qué?

Excusadme...

¿Para qué?

Sois demasiado simple para ser espía. Ya lo sé.

- O sea que por amor. Vos la amáis. - ¡No! ¡No!

¿No amáis a vuestra Reina?

Bueno, sí, de acuerdo. La amo como a mi Reina

- Y ella os ama. - No, señor. Desde luego que no.

Barton, ven aquí. Trae tus papeles.

La última respuesta, sólo ésta.

"Bueno, sí, de acuerdo. La amo".

- ¿Qué estáis tratando de hacerme decir? - La verdad.

- Que sois el amante de la Reina. - ¡Oh, no!

¡No! ¡No!

- Os acostasteis con ella en Febrero. - ¡Yo, nunca!

- Fue el 18 de Febrero. - ¡No!

¿Estáis seguro de recordar una fecha tan importante?

- ¡No! - Vamos, tratad de recordar.

¡No! ¡No! ¡No!

- ¡Tratad! - ¡Sí!

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Cualquiera puede caminar, ¿pero puedes caminar con un séquito?

- Sí. - Muy bien: la cabeza alzada.

Vamos. Bien.

No mires a tu alrededor. Vamos.

Te seguirán como si fuera la cola de una gatita.

¡Oh, que magnífica reina vas a ser algún día!

- Adelante. - Señora, el duque de Norfolk insiste...

¡Tío! ¡Que honor verte por aquí en estos días!

¡Déjanos a solas!

Nan, prepárate, muchacha.

Tengo una orden para arrestarte.

¿Para arrestarme? ¡Qué broma más tonta!

No es ninguna broma, Annee.

Podía haber dejado que otros lo hicieran, pero

he pensado que yo lo haría con más delicadeza.

Pero yo soy la Reina. ¿Cómo podría ser arrestada? ¿Y por qué?

Adulterio, dice aquí. Sin duda es una estupidez, pero así figura.

¿Adulterio? ¿Con quién?

Con Smeaton, Norris y otros.

- Pensé que hablabas en serio. - Hablo en serio.

Tengo que llevarte a la Torre. Habrá un juicio y yo lo presidiré.

Pero yo soy la Reina. Mi hija es la heredera del Rey.

Déjala con las mujeres a tu servicio. Annee, debes venir conmigo inmediatamente.

¡Elizabeth!

Annee.

¿Abajo? Maese Kingston, ¿voy a ser encerrada en una mazmorra?

No, señora. Estaréis alojada cerca de la habitación en la que dormisteis,

la noche anterior a vuestra coronación.

¡Oh, Jesús, ten piedad de mí!

Soy Lady Kingston, señora. Estaré junto a vos, por si necesitáis algo.

¿Ah, sí? Entonces márchate. Déjame sola.

Me temo, señora, que debo permanecer aquí.

Cualquier palabra que digáis o se os diga debe ser comunicada.

¡Di que se vayan, Norfolk!

- Dejadnos. - Pero...

¡Marchaos!

¿Se me permitirá pasear y contemplar al cielo?

¿Volveré a ser alguna vez libre?

¿Norris, Weston y sus amigos?

Amigos suyos desde antes de conocerlo.

- ¿Y ahora me acusan a mí? - Sí.

¿Acaso quiere matarlos también, para librarse de mí?

- ¡Matar a sus amigos más íntimos! - ¡Vamos! ¡Por el otro lado!

¡Es mi hermano! ¿Por qué lo han detenido?

Él también esta acusado de ser tu amante.

Incesto.

¡Oh, Dios, ayúdame. El Rey se ha vuelto loco.

Estoy maldita.

Alteza, estáis acusada de alta traición,

puesto que vos, legítima esposa de nuestro Rey y señor...

habéis cometido adulterio.

Os exijo que respondáis a mis preguntas.

¿En virtud de qué autoridad legal he sido llamada aquí?

Yo soy vuestra Reina y como tal participo de la

inmunidad real para ser arrestada y juzgada.

Norris, Weston, Smeaton y Brereton fueron juzgados y condenados hace diez días.

Si ellos son culpables, también vos lo sois.

- ¿Acaso ellos se declararon culpables? - Fueron declarados culpables.

¡Eran tan inocentes como lo soy yo!

Cualquier persona, no importa quien, que diga lo contrario, miente.

Señor, la certificación de traición, ha sido promovida por el Rey.

Y eso ya es suficiente razón jurídica.

Sin embargo, para que no quede duda alguna de su culpabilidad,

- ¿podría, Señor, llamar al primer testigo? - Que comparezca el conde de Rochford.

George Boleyn, conde de Rochford, que comparezca en este tribunal.

El conde de Rochford.

Lee la acusación.

George Boleyn, sois acusado de alta traición,

en los días y lugares que aquí se especifican,

por cometer adulterio con Annee, Reina de Inglaterra.

Y siendo vuestra propia hermana carnal es un acto de incesto.

¡No! ¡No es verdad!

No os ha llegado el turno para hablar.

¿Cómo os declaráis: culpable o no culpable?

Sois un vil mentiroso y mis jueces son criaturas vuestras.

Levantaos, Thomas Boleyn, Conde de Wiltshire. Acercaos al estrado.

¿Reconocéis a estos dos acusados,

conocidos como Annee y George Boleyn, como sangre de vuestra sangre?

- Sí. - Contempladlos, milord.

Hijos de la misma madre, Elizabeth Howard, hija del último duque de Norfolk,

y por tanto hermano y hermana carnales,

de manera que de yacer ambos en el mismo lecho les supondría incesto?

- Sí. - Y el castigo para ello es la muerte.

Más tarde presentaremos evidencias concretas. Llevaos al prisionero.

Eso es todo, milord.

Como padre de la acusada,

estáis dispensado de ejercer vuestro oficio de juez y os podéis retirar.

Presentad vuestro próximo testigo.

- Que comparezca Mark Smeaton en este tribunal. - Mark Smeaton.

Señores, este hombre ya ha sido juzgado como plebeyo que es.

Ha confesado y ha sido declarado culpable de adultero con la Reina,

por el jurado que le correspondía.

El presentará evidencia contra la Reina.

Plantead vuestras preguntas.

Smeaton, ¿tuvisteis relaciones carnales con la Reina?

Smeaton, ¿os acostasteis con la Reina?

No.

Sólo se concederán medidas de gracia, a los que digan la verdad.

Tres hombres han sido declarados culpables por

vuestra evidencia. ¿No sería esto perjurio?

Confesasteis vuestra culpa, conociendo el castigo

y sabiendo, que sin la gracia del Rey, vais a ser ahorcado,

cortado en pedazos mientras aún estéis vivo, y

arrancados vuestro corazón y vuestras entrañas.

El Rey no tendrá compasión si estáis mintiendo.

- ¿Tuvisteis relaciones carnales? - ¡Sí!

Milord de Norfolk, ¿puedo interrogar a este hombre?

Aún no he acabado.

La justicia debe cumplirse, Maese Cromwell.

- Proceded. - Gracias, milord.

Mark, mírame.

Sé que has sido torturado,

pero diles la verdad, Mark. Sé valiente.

- Es la verdad. - Escribid esto. Dice que es verdad.

Te han prometido seguir con vida, si mientes. ¿No es cierto?

Romperán su promesa. No tendrán ninguna seguridad, dejándote con vida.

- He dicho la verdad. - Afirma que ha dicho la verdad por tercera vez.

- Ya tenemos la evidencia. - Pobre dulce cantor.

¿No sería mejor, si tienes que morir, morir diciendo la verdad?

¡Soy culpable! ¡Soy culpable de haber estado con la Reina!

Dejadme ir. Fue ella quien vino a mi lecho...

Dejadme ir. Fue ella quien vino a mi lecho. Lo juro.

Incluso cunado ella le dice que de todas maneras va a morir, él admite su culpa.

Escribid eso. Lleváoslo.

No. Esperad.

Mi esposo, el Rey.

Smeaton...

¿cuántas veces la Reina compartió tu lecho?

- Muchas veces. - ¿Cuándo?

- No me acuerdo. - Te haré recordar.

Procura refrescar tu memoria o tendrás que decírselo

a esos que saben la manera de hacerte recordar.

¿Dónde te acostaste con la Reina, mi esposa?

- En el Palacio de York. - Eso es mentira.

- Nunca pudo suceder allí. - No, no, fue en Windsor.

Ella sólo ha ido a Windsor conmigo. ¿No se te ocurre ninguna mentira mejor?

Fue en muchas partes: dónde os plazca, donde os plazca.

¡Dios mío, ayúdame! Dejadme en libertad. Diré lo que os plazca.

¿Te prometió Cromwell salvarte la vida, si decías eso?

- ¡Respóndeme! ¿Lo hizo? - Sí.

Mintió. Digas lo que digas, Smeaton, no seguirás con vida.

Digas lo que digas.

Habla ahora sin mentir, porque no te va a servir de nada.

¿Voy a morir?

¿Qué pasó entre la Reina y tú?

¿Entre nosotros?

Nada.

Ella fue siempre amable, justa y agradable.

Nunca la hubiera causado daño alguno.

He mentido porque fui torturado con sogas y hierros

y prometieron dejarme en libertad.

Lleváoslo.

Y sin embargo...

podía ser verdad.

Durante seis años...

Este año y este...

y este...

y este...

no lo amé.

Y luego lo amé.

Y entonces fui suya.

Puedo contar los días que fui suya, por centenas.

Los días que compartí su lecho.

Casada.

Fui feliz.

Nació Elizabeth.

Fui odiada.

Objeto de placer.

Di a luz a un niño muerto...

lo que me llevó a ser condenada...

a muerte.

En total...

son mil días.

Sólo mil.

¡Qué extraño!

Y de esos mil, sólo uno,

en el que ambos estuvimos enamorados, sólo uno,

cuando nuestros amores se encontraron mutuamente y el fue mío y yo fui suya.

Y cuando ya había dejado de odiarle,

él comenzó a odiarme.

Excepto ese único día.

No tengo hambre. Llevaos la comida y dejadme.

Nan:

¿Es verdad?

Habéis caído en vuestra propia trampa, milord.

Cualquier evidencia que poseáis en contra mía, la habéis comprado y pagado.

- ¿Acaso ahora comenzáis a creerla? - Annee.

Annee, el tribunal está reunido para decidir tu veredicto.

No quiero oír tu culpabilidad de ellos, quiero oírla de tus labios.

- ¿Sobre si te fui infiel? - Sí, sólo eso.

¿Me fuiste infiel, cuando aún te amaba?

Desde luego nunca lo sabré. Por más que ahora digas sí o no, nunca lo sabré.

Vienes aquí para estar seguro de si fue realmente adulterio,

porque eso afectaría a tu orgullo de varón,

y aún así, mi corazón y mis ojos se alegran de verte.

Con esa locura que tengo por ser mujer, me alegra el que ahora estés aquí.

Vete, pues.

Conserva tu orgullo de varón, ahora ya me has visto.

Nan, ¿es verdad que te alegras de verme?

- Sí, es verdad. - Entonces, Annee,

seamos amables el uno con el otro, recordando los viejos tiempos

No deseo hacerte daño alguno y tus palabras me han conmovido profundamente.

Debo ser libre para tener un hijo,

y mi hijo debe ser libre, para regir Inglaterra cuando yo muera.

¿Porque debe ser un rey? ¿Y por qué no una reina?

Este país nunca ha sido gobernado por una reina. Y nunca podría serlo.

Nosotros no hemos podido tener un hijo. Dios ha hablado.

Debo tener un hijo de otra.

Y se está haciendo tarde. Ya no soy tan joven como era.

¿Qué quieres de mí?

Que aceptes la anulación del matrimonio y renuncies a todos tus derechos.

Te irás, llevando a Elizabeth contigo. No os faltará de nada.

Por favor, déjame en libertad.

¿Para que te cases con Seymour y mi hija sea una bastarda?

No. No. No.

Nan... Nan. ¡No me dejas ninguna opción!

Una vez te dije que los hijos que tuviéramos, nunca serían bastardos.

Me prometiste matrimonio y la Corona.

Ahora quiere librarte de tu promesa. Pues bien, no lo lograrás.

Juntos somos hombre y mujer. Rey y Reina. Que siga así.

Puedes hacer conmigo lo que quieras.

Pues si tú ya te has decidido, yo también.

Antes de que te vayas, quizás deberías oír algo.

Te mentí. Cuando dije que te quería, te mentí.

He sido infiel. Infiel con muchos.

- Eso es mentira. - Es verdad.

Te he sido infiel con todos ellos.

¡Con la mitad de tu Corte! ¡Con los soldados de tu

guardia, con los lacayos y los mozos de cuadra!

Puedes dedicarte el resto de tu vida a

contemplar a cualquier persona que me conoció

y preguntarte si no encontré a cualquiera de ellos, mucho más hombre que a tí.

¡Puta!

Pero Elizabeth fue obra tuya. Contémplala cuando crezca.

Es tuya. Es una Tudor.

Consíguete un hijo de esa dulce chica paliducha si puedes,

y espero que nazca con vida. Pero Elizabeth reinará después de tí.

¡Sí! Elizabeth, hija de Annee la Puta

y de Henry, el sanguinario libertino, será Reina.

Has pedido la muerte y la tendrás.

¡Que así sea!

Sólo que te llevarás a la tumba, lo mismo que yo me lleve a la mía.

Y piensa en esto, Henry.

Elizabeth será una reina más grande, que cualquiera de vuestros reyes.

Regirá una Inglaterra más grande, de la que nunca tú hubieras podido hacer.

¡Sí! Mi Elizabeth será reina.

Y mi sangre no habrá sido derramada en vano.

Está mintiendo. Nunca me fue infiel.

Pudo serlo. Cualquier mujer puede serlo.

No. Ella miente.

Y si miente, debe morir por mentir.

¡Que muera!

- ¿Está todo listo? - Sí, milord. La Reina está rezando.

Id a por ella. El tiempo para rezar ya ha concluido.

- ¿Y dónde está el Rey? - En Richmond. De caza.

¿Os reuniréis con él más tarde?

No, por Dios. Ya habré tenido suficientes muertes ese día.

Ahí. Dejadlo ahí.

¿Será doloroso?

Dicen que no, señora.

El verdugo viene de Francia y es un experto con la espada.

Oí que es bueno. Además mi cuello es pequeño.

- ¡Oh, señora! - No, Kingston. No.

Vamos. Estoy contenta de morir.

Es el mes de Mayo.

- ¿Señora? - Nada.

¡Dios mío! Me está mirando. ¡Distraedla!

- En marcha, señores. - ¿A dónde, Alteza?

A la casa de la señorita Seymour.

Elizabeth será una reina más grande que cualquier otro rey.

Ella regirá una Inglaterra mayor de lo que tú nunca hubieras podido hacer.

Mi Elizabeth será reina.

Y mi sangre no habrá sido derramada en vano.

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