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(Música cabecera)
Sí, Juanito.
Mamá, voy a jugar. -Pero vuelve pronto, hijo.
-Sí, mamá.
Hola, papá. -Hola, Antonio.
(Caballos al galope, gritos)
¡Antonio!
¡Antonio!
¡Escóndete, vienen los hombres de Ortega!
¡Lupe, Lupe!
¡Miguel, Miguel!
-Sánchez, un recado de Ortega: sin pagar protección, no hay protección.
-¡Bandidos soltadme! ¡Miguel!
(LLORA)
-¡Bandido, suéltame!
(LLORA) ¡Miguel!
(LLORA) ¡Miguel!
-Vámonos.
(LLORA) ¡Miguel!
-Mira los caballos, ¿ves qué bonitos?
(LLORA)
(SOLLOZA)
(Música dramática)
-Patrón, todo arreglado, no volverá a molestarnos.
-¿Qué ha pasado con la mujer y el niño? No les habrás hecho nada.
-No. -Bien.
Ya sabes que yo no peleo con mujeres ni niños.
No, solo hace viudas y huérfanos.
(RÍEN)
-¡Silencio, andando! -Vámonos.
(Música)
Caballo...
Pobrecillo.
(Disparos)
Parece que fue por allí, echemos un vistazo.
-Vamos, ¿a qué estás esperando?
Otra rata del desierto. -¿No tienes ojos, Danny? Úsalos.
Este sabe defenderse, ¿no lo notas?
-¿Qué hará un pistolero por aquí?
Le habrá contratado algún pobre ranchero, ¿no te parece?
¿Quién se atrevería a hacer eso,
López, o el americano del rancho, Summers?
Los hemos tratado mal, habrán tomado sus precauciones.
(RÍEN)
-Si ese revólver apunta a Buena Vista, lo sabré enseguida.
¿A mí qué me importa?
No perdamos tiempo, vámonos.
(Música)
Buenas noches, señor Summers. Buenas noches, Paco.
Juana, ve a tu alcoba, es muy tarde.
No, déjame dormir con la señora Sánchez.
Mike,
no puedo seguir así,
no puedo.
¿Qué hubiera podido hacer?
He estado pensando en ello muchas veces,
y pase lo que pase, no volveré a usar un revólver.
Entonces, vende el rancho, Mike, véndelo.
¿No hablarás en serio?
Antes de ver a Ortega dueño de esto, prefiero quemarlo.
Estás ahora impresionada, por lo que ha pasado.
Mi padre nos dio este rancho como regalo de boda, Mike.
No caerá nunca en poder de Ortega, te lo aseguro.
Y si tú no quieres hacer lo que...
¿Quién es usted?
¿Qué busca aquí?
Necesito agua, comida.
¿No me oye? Estoy hablando con usted.
Si quiere agua, hay mucha ahí fuera.
Yo se la daré. No.
Déjalo, esto no es un hotel.
Quiero beber, cualquier cosa.
Siéntese.
No parecen muy hospitalarios.
¡Salga!
(Música)
Diga,
¿cómo se llama esto?
El valle de Buena Vista, señor, en Sonora.
(IRÓNICO) Lo recordaré siempre como lugar de descanso.
Gracias, señora,
siento haber molestado.
(Música)
(Música dramática)
Está mal.
Voy por una manta.
¿Qué estás haciendo?
Hasta saber hacia dónde apunta su revólver,
será mejor que no corramos ningún riesgo.
Ortega no mandaría nunca a un hombre como este, solo.
Bueno, pero no debemos confiar hasta saber a qué ha venido.
Voy a guardar su revólver.
(Gallo)
Como es natural, sentirá usted mucho lo que ha pasado, nosotros también.
Pero usted es el alcalde, y si hubiera impuesto su autoridad,
nos tendríamos ahora un funeral, mañana será otro la víctima.
Yo meteré en la cárcel a todos esos bandidos
que han asesinado a Sánchez.
¿No ha visitado el rancho Ortega? No.
¿Por qué iba a hacerlo?
Porque los bandidos están allí, y usted lo sabe.
Pruébelo, hacen falta pruebas.
¿No se quedará con nosotros? Son ustedes muy buenos,
pero vamos al rancho, a ver si podemos vender las cosas,
y después, nos iremos con mi hermana a Veracruz. Muchas gracias.
-Le ayudaremos en todo lo que necesite.
Buenos días.
Buenos días.
Las pido perdón por las molestias de anoche.
¿Cómo se encuentra? Bien.
Entonces, estará dispuesto a continuar su camino.
Pero... antes, tomará el desayuno.
¿Vende alguno de los caballos que he visto en el corral?
Mi capataz se encarga de eso.
¿Se encargó también de mi revólver?
Se lo guardé yo.
¿Le interesaría trabajar aquí?
Depende. ¿En qué?
Tenemos suficientes hombres por el momento.
Pero no revólveres.
Es lástima, porque el mío... no se alquila.
Si no está buscando trabajo, ¿qué hace por Buena Vista?
Asuntos personales.
Y de Ortega también, ¿eh?
¿Quién es Ortega?
Un asesino que acaba de matar al marido de esa mujer
que ha salido hace un momento,
y al que no va a molestar nadie por ello.
¿Qué pasa aquí con la ley?
¿El alcalde? Ya está visto, es un incapaz,
que tal vez trate de cumplir, no lo dudo, pero Ortega es astuto:
siempre se asegura de que nadie le relacione con los asesinos.
Y el alcalde, aunque quisiera, no puede actuar.
Hay otros medios de cazar zorros.
¿Cómo, disparando?
No sería el primero.
Ortega está rodeado de pistoleros,
aunque nos uniésemos para atacarlos, sería inútil.
No atacar no es motivo para retroceder.
Eso es exactamente lo que estaba esperando de un hombre como usted.
Voy a contarle algo que tal vez le ayude a comprender.
Durante la guerra fui oficial del Ejército Confederado,
fue una guerra larga y amarga, que destruyó miles de vidas humanas.
Yo maté a muchos hombres.
Tomé parte en una batalla,
donde cayeron más de 13 000 soldados de nuestro ejército
en menos de 24 horas de lucha,
el enemigo tuvo casi las mismas bajas.
Regimiento tras regimiento era eliminado en uno de los más fieros
e insensatos combates de la guerra,
yo mismo mandé hacer fuego a una batería al ver huir
a un grupo enemigo, y pude contemplar
cómo saltaban despedazados en un instante.
Esa tarde, cualquier hombre se sentía afortunado
al morir por una bala,
porque aquellos bosques fueron invadidos de pronto por el fuego.
Los heridos sin poder moverse se quemaron todos,
y sus horribles gritos todavía suenan en mis oídos.
Es un espectáculo pavoroso ver arder los cuerpos,
pero le aseguro que es todavía mucho peor el olor de la carne quemada.
En aquel instante me prometí que si salía con vida de la guerra,
nunca más usaría de la violencia contra mi prójimo.
Lo he cumplido,
y lo seguiré cumpliendo.
Gracias por su hospitalidad, debo irme ya.
Un momento.
¿Le gustaría quedarse?
¿Por qué he de hacerlo?
Porque creo que necesita usted descansar,
esto es mejor que un hotel, ¿no cree?
Sí, eso es verdad:
me gusta el café, y la compañía, gracias.
Un momento, por favor, un momento.
¿Puedo ayudarla? No, gracias.
Acostumbro a pagar mi comida.
Este no es trabajo de hombres.
(Música)
Bonito lugar, este. ¿Le gusta?
(ASIENTE)
Si quiere usted verlo bien, yo le acompañaré, pero más tarde.
Bien.
(Música)
Hoy estoy muy contento, patrón.
Sí, Paco, sí.
Mi mujer y yo hemos tenido una pelea anoche,
pero qué bien nos reconciliamos.
(RÍE)
(Música)
He metido la pata.
Sí, Paco, has metido la pata.
(Música)
Franchea, qué agradable sorpresa.
Tengo tan pocos visitantes en estos días...
Debes perdonarme que no te reciba como te mereces,
y como sabes que me gustaría hacerlo.
Le encuentro muy bien, don Hernán. El alimento no me falta,
y duermo a cubierto. Sí, estoy bien.
Pero no es feliz, ¿verdad?
La felicidad la acaparan unos pocos, y solo por poco tiempo;
yo fui afortunado, ya tuve mi parte.
Hasta que Ortega le robó todas sus propiedades.
La felicidad nunca ha dependido del número de posesiones,
aunque esa parte a la que me he referido
terminara el día en que Ortega me desposeyó de todos mis bienes.
Y ahora Ortega vive en su casa, y disfruta sus tierras.
Comparado con otros, aún soy afortunado.
(Música dramática)
Me contaron su muerte,
ya sé que hubiera debido ir al funeral,
pero los funerales solo sirven para hacerme recordar
lo viejo e inútil que me encuentro.
Además, ya no hubiera servido de nada.
El pueblo confía en usted. No, pequeña.
Escucharán lo que les diga, sí, estoy de acuerdo,
hasta he llegado a pensar que podrían prepararse para pelear.
Pero cuando Ortega y los suyos decidan abrir fuego sobre ellos,
correrán atemorizados.
Me gustaría haber nacido hombre. Hubiera sido una lástima.
Así que... ¿se niega a ayudarme?
(Música)
Es una gran responsabilidad pedir a los hombres que peleen,
que mueran, quizá.
Ya hemos sufrido bastante.
Pero por la amistad que me unía a tu padre,
y porque nunca he podido resistirme a los ruegos de una mujer bonita,
voy a hacer lo que me pides.
Reúne a los rancheros en tu casa, y yo iré a hablarles.
Sabía que lo haría, don Hernán.
No me lo agradezcas todavía,
creo que para precipitar la caída de Ortega,
hará falta algo más que un discursillo mío.
(Música)
¿Por qué va usted tan callada?
No ha dicho más de dos palabras en todo el camino.
Perdone, no tengo mucho qué decir.
¿Tiene novio, Juana?
No, no tengo.
¿Por qué no, siendo tan bonita?
Porque no he encontrado un hombre que me guste.
Ah, es una buena respuesta.
Y usted... ¿está casado?
¿Quién va a quererme a mí?
Muchas chicas lo harían.
(RÍE)
Oiga, ¿se está burlando de mí?
(RÍE)
(RÍE) ¡Eh, espéreme, vuelva!
(Música)
Perdón, no quise molestarla.
No tiene importancia.
(Música)
¿Dónde tiene su hogar, Steve, dónde está su familia?
No tengo a nadie.
¿Qué le ha pasado?
Por favor... cuéntemelo.
Mi madre murió siendo yo un niño, viví siempre con mi padre,
le mataron teniendo yo 15 años.
Era de esos hombres que respetan los derechos ajenos.
Por un buen amigo, se ofreció a intervenir en una riña.
Quiso arreglarlo, nunca llevó armas.
Y cuando le encontré, estaba acribillado a balazos.
Reprobaba la violencia, pero había muerto.
Pobre Steve.
Habían pasado tres años cuando encontré al que asesinó a mi padre,
él lo había olvidado.
Cuando le advertí lo que pensaba hacer,
se burló de mí, y dijo que me fuese a la escuela.
Le di 10 segundos para desenfundar.
Quiso defenderse y...
¿Le mató?
Entonces, está fuera de la ley.
No, ¿qué le hace pensar eso?
Usted mató.
Lo hice cara a cara.
Se corrió la voz de que yo era muy rápido, y vinieron a buscarme,
desafiándome sin razón alguna, tratando de adelantarme.
Por eso busco la paz en... en un sitio así,
donde tal vez podría abandonar mi revólver para siempre.
(Música)
Steve...
¿Ayudarás a mi hermana y a Mike?
¡Pero es que...!
Como no pudieron comprarme, se han servido de ti.
Pero, Steve...
Te has equivocado esta vez, no soy un pistolero.
Entonces, ¿crees que te he besado solo por eso?
¿Por qué, entonces?
(LLORA)
(Música)
-¡Ah!
(SE DUELE)
-Paco, ¿cómo se llama el pistolero ese?
Por última vez, ¿quién es?
-Pregúnteselo usted.
Ponedlo en pie.
¡Ah!
¡Ay, ay, ay!
(HABLAN A LA VEZ)
-¡Ah!
(Golpes)
Basta, no más, por favor, no más.
Bueno, ya está bien,
si le doy más, no va a aguantar.
¿Quieres que se repita la fiesta? -No, se lo diré.
Su nombre es Fallon, Steve Fallon.
-¿Le mandó llamar tu patrón?
-No, dijo que se perdió en el desierto.
-¡Embustero!
Dale un poco más. -¡No!
Es verdad.
Es verdad.
-Steve Fallon...
(SILBA)
El famoso Fallon.
-Supe lo que era en el momento de verle.
A veces, esa fantástica reputación se viene abajo con una bala.
¿Y tú, te crees lo bastante hombre para acabar con Fallon?
Al tiempo.
Lleváoslo.
(Música)
¿Para qué hace usted eso?
¿Es que quizá depende su vida de ello?
Es posible.
Señor Fallon, ¿podría enseñarme a usar un arma?
¿Se enfrentaría usted sola con los hombres de Ortega?
Si fuera preciso...
No crea usted que por ser mujer esos desalmados la respetarían,
disparan a la mano que sostiene el arma.
Es preciso que hagamos algo enseguida.
Si quiere mi consejo, váyanse a otro lugar
donde usted y su marido puedan vivir en paz.
En vez de darme consejos, señor Fallon, ¿por qué no quiere ayudarme?
¿A usted y a sus propiedades?
Si el fuerte no quiere proteger al débil,
¿a quién puede este recurrir?
Si el débil siempre busca protección, nunca se hará fuerte.
Así que... no hará nada por nosotros.
Lo haré,
cuando no lo necesiten.
(Disparos)
-¡Padre!
(Música dramática)
Paco, Paco, ¿qué ha pasado? ¿Por qué han hecho esto contigo?
Fue por... fue por Steve.
Ortega quería saber quién es, y por qué estaba aquí.
Fue Danny el que...
(Música dramática)
Este es el último.
(RESOPLA)
Yo iría a tomar algo.
¿No viene conmigo?
No, tengo que hacer un par de cosas en el pueblo,
nos veremos en el rancho.
Pedro.
Hola, señor Summers.
Lo que necesitaba, gracias. (RÍEN)
(Cascos de caballo)
Summers, vengo de tu casa.
Lamento no haber estado, al faltar Paco, he tenido que sustituirle.
Debiste dejar el dinero a tu mujer,
no me gusta cabalgar sin necesidad a pleno sol.
Lo siento, ya no hay más dinero.
¿Cómo que no hay más? Como lo oyes, no pienso pagar más.
Eso no le va a gustar nada a mi jefe, Mike.
Ortega se puede ir al diablo.
¿Has oído eso, González? Sí, se lo diré a Ortega.
¿Qué mosca te ha picado,
o has bebido de más para tener tanto valor?
¿Como el que tú tuviste para golpear a Paco?
Me parece que te has vuelto loco.
Os ensañasteis con el pobre viejo. ¿Dijo él eso?
No, pero a juzgar por su aspecto,
debió tropezar con un coyote, o una hiena.
Pide un revólver, Summers.
Vamos, voy a matarte, y prefiero que intentes defender tu vida.
Siento no complacerte, Danny.
(Revólver)
Vuélvete.
Desabrocha tu pistolera.
Despacio, o será la última vez que lo hagas.
Recógela.
(Música dramática)
(Música tensión)
(Música dramática)
Llévatelo.
Se lo agradezco mucho, Steve, pero yo no le he pedido ayuda.
Lo he hecho por Paco, no por usted.
Ahora sí me apetece un trago. ¡Pedro!
(Relinchos)
(Música suave)
¿Sigues aún enfadado conmigo?
No, no pienses eso.
¿Has decidido quedarte por fin aquí?
No hay lugar para mí.
¿Por qué no?
Debo seguir vagando.
Algún día pararás, ¿no?
Tal vez, pero no como tú piensas.
Steve...
yo te quiero.
¿Por qué me has elegido a mí?
Sabes que soy un pistolero, todos somos iguales,
sin sitio donde vivir, ni morir.
No, tú no, yo sé que tú eres muy distinto.
No, no lo creas, no debes poner tu cariño en un hombre de mi calaña.
¿Sería demasiado pedirte que me dejes estar siempre a tu lado?
Supongo que sí.
A pesar de eso, lo haré.
(Música)
Paco.
Dígame, señora.
Lleva esto enseguida al gobernador. Sí, señora.
Es para que nos mande tropas, nadie debe saberlo.
Guardaré el secreto hasta la tumba.
(Música)
Paco.
Mike.
¿Estás enfadado conmigo?
¿Por qué iba a estarlo?
Por lo de don Hernán, y por la reunión de hoy.
No, yo no creo que consigáis nada, pero no estoy enfadado contigo.
Ambos deseamos la misma cosa,
pero no opinamos igual respecto a los métodos.
Lo único importante es poder vivir en paz,
disfrutar nuestra felicidad.
Si supiera que la encontraríamos abandonando esto, como tú quieres...
partiría mañana.
Pero eso no sería la solución.
Esta tierra nos pertenece, Mike,
lo mismo que yo te pertenezco a ti.
Y nada,
ni nadie será capaz de separarnos de ella,
es nuestra.
(Música)
(Música tensión)
Hola, Manolo, ¿qué tal te va?
-Don Hernán, por aquí.
(Música tensión)
¿No sabe que le están esperando en su antiguo palacio?
(Continúa la música)
(Música)
(Música tensión)
Buenos días, señor. -Buenos días, Hernán.
-Esta fue una vez la casa más bonita de todo Sonora.
-Fue, señor.
Ahora está vieja, ruinosa, ha perdido su valía.
-Las casas, como los hombres, pierden vigor,
es también la tragedia humana.
En la juventud, nadie se da cuenta de...
Bueno, supongo que no me habrá llamado usted urgentemente
solo para filosofar.
-No, claro que no, en eso no estoy a su altura.
Cuando tomé posesión de este palacio hicimos un trato. ¿Se acuerda?
Usted viviría en la casa pequeña de la playa,
y se cuidaría bien de no meterse en mis asuntos.
-Siempre he cumplido el trato. -¿Ah, sí?
Hace unos días, la señora Summers fue a visitarle.
Poco después, le devolvió usted la visita acompañado de otros.
¿Quiere que le nombre uno a uno?
-No es necesario.
-Así que no niega que estuvo usted conspirando contra mí.
-Yo solo he servido a un amigo.
-Ha sido estúpido, Hernán. ¿Quién le servirá a usted?
-Señor, nuestro compromiso no incluye a mis amigos,
ni a sus problemas o mi interés en ayudarles.
-Estoy enterado de todo.
Conozco todo lo que pasa en Buena Vista.
A veces, mucho antes de que pase.
-No me cabe duda, y ya que lo sabe todo...
-Hernán, ha faltado a su palabra.
Le exijo que abandone su casa y mis tierras mañana mismo.
-Pero no tengo a dónde ir, no sabría...
-Pero si se decidiera a hablar otra vez
con sus amigos y aconsejarles
que no traten de oponerse a mis planes,
entonces, tal vez yo... -Escuche.
Cuando hace años vino a Buena Vista, yo era tan incauto
que llegué a permitirte que me arrebatara
todas mis propiedades sin oponerle lucha alguna.
Ese fue mi gran error, del que soy único culpable.
Pero si ha llegado a pensar por un momento
que voy a usar la poca influencia que pueda quedarme
en aconsejar a mis amigos que adopten la misma postura,
se ha equivocado, señor.
Que usted lo pase bien.
(Música tensión)
Adiós, Manolo, gracias.
(Continúa la música)
(Campanas)
(Música religiosa)
(GRITAN)
¡Fuera de aquí! ¡Vuelvan a sus casas!
Ayúdeme, padre.
-Debe salir, hijo mío, y decirles la verdad.
-Le aseguro que no sé cuál es la verdad.
Dicen que a don Hernán le asesinaron unos bandidos.
-Si esa es la verdad, dísela.
-Ya lo hice cuando murió Sánchez, después, cuando pasó lo de Cárdenas,
y lo mismo cuando...
No crea que me da miedo de ellos.
-Ese es tu deber.
(Gritos)
Dimito, padre.
Salga usted,
dígales que ya no soy el alcalde,
que elijan a quien les parezca.
Por favor, padre.
Dígales que haré lo que quieran, lo que sea.
(Gritos)
(Música militar)
Paciencia, un momento.
(Bullicio)
Señor alcalde.
Señor alcalde, ya puede usted salir, no hay peligro.
(Corneta)
¡Silencio! ¿Qué significa esto?
(GRITAN)
¿Dónde está el señor alcalde?
Capitán Báez, gracias a Dios que ha venido.
Estos hombres se han vuelto locos, querían quemar mi casa y lincharme.
-¡Mentira! -¡Embustero!
-¿Por qué?
-Capitán... -¡Que cuente la verdad!
-¡Han matado a don Hernán! -¡Silencio!
-(GRITAN) ¡No, no! -¡Silencio!
Regresen a sus casas, despejen la plaza.
-(GRITAN) ¡No, no!
-Les doy solamente un minuto.
-¡No, no nos iremos!
-¡Sables!
¡Os voy a enseñar a respetar la autoridad!
¡Carguen!
(Música, gritos)
Gracias, capitán, gracias,
hablaré de sus méritos al gobernador.
-No he venido para ayudarle en su cometido,
que es mantener el orden en esta comarca,
me ha enviado el gobernador y quiero ver al señor Ortega.
-Sí, capitán. ¿Y si me permite saber por qué?
-Se ha presentado una denuncia contra él,
vengo a comprobar su veracidad.
Sargento, reúna a los hombres y aguarde mis órdenes aquí.
(Música)
¡Sígame!
¿Cuántos muertes hacen falta
para que te convenzas de que todo esto
no va a terminar jamás? Lo siento, Franchea.
Me figuro cómo te sientes después de la muerte de don Hernán,
lo sé por mí mismo. No es solo ya don Hernán,
¿te das cuenta? ¡Eres tú, soy yo, todos nosotros!
¿De qué le habrá servido a Ortega la muerte de ese hombre?
Lo hizo por sembrar el pánico,
creo que trata de avisarles que va a atacar.
No tardarán en venir sus hombres.
¿De verdad crees que vendrán, Steve?
Vendrán.
¿Y qué vas a hacer?
Siempre, toda la vida, me he visto envuelto en aventuras.
Fue en un tiempo en que nadie me importaba.
Ahora es otra cosa.
No te irás.
Steve...
Di que no te irás.
No lo sé aún, no lo sé.
Si lo haces, llévame contigo.
Solo serviría para retrasar el día en que acaben también contigo.
No, cuando me vaya, me iré solo.
¡Todo arreglado, señor, ya verá cómo ahora se arreglará todo!
-¿Qué quieres decir, Paco?
-El gobernador ya ha enviado ayuda,
la caballería ha ido al rancho de Ortega.
¿La caballería? Claro, cuando llevé la carta,
sabía que todo iba a arreglarse. ¿Qué carta?
La que le ha escrito al gobernador la señora Summers.
(Tambores)
Como comprenderá, señor Ortega,
este tipo de denuncia requiere una investigación.
-Desde luego, capitán, usted cumple con su deber,
qué voy a decirle. -¿Niega usted los cargos?
-Los niego, claro que sí, y creo que el señor alcalde
responde por mí. -Señor...
-Últimamente ha habido un gran desorden, capitán.
El señor Ortega se ha visto envuelto en habladurías,
pero solo yo soy responsable de lo que haya podido pasar
en Buena Vista.
-Se reconoce usted incapaz de mantener el orden.
-Me parece que el señor alcalde es la persona menos indicada
para mantenerlo. -Olvida usted
que represento al Gobierno, señor Ortega.
Y ahora que el capitán y sus hombres están aquí,
van a saber todos de una vez que yo sé gobernar.
-He venido aquí a practicar una investigación, nada más.
-Pero se quedará usted hasta que consigamos apaciguar
de una vez la situación.
-No, señor. Hasta que haya completado mis informes,
y compruebe la falsedad de esta denuncia.
No me ha traído aquí más misión que esta.
-¿Y el gobernador?
-Afortunadamente, estoy facultado para intervenir el correo
antes de que llegue a él, está muy ocupado
y no puede perder tiempo con cartas de personas histéricas.
Así que, ¿puede usted asegurarme, señor Ortega,
que es falsa esta acusación? -Tiene usted mi palabra.
-Pero, si...
-Y se vuelven a repetirse los disturbios,
como los que he visto esta mañana, no tendré más remedio
que ocuparme personalmente de su destitución oficial.
Gracias, señor.
Discúlpeme por haberle molestado.
-Dígame, capitán, ¿cómo está el fondo benéfico de los oficiales?
-Bajo, señor, muy bajo.
-Es una pequeña contribución, capitán.
-Gracias, es usted muy generoso.
Permítanme, solo a título de curiosidad,
¿cómo murió el señor Hernán?
-¿No se lo ha dicho el alcalde?
Lo asesinaron unos bandidos.
Y hasta me atrevería a pensar que atacarán otra vez muy pronto.
(Música tensión)
¡Ya están aquí!
(Continúa la música)
¿Cuántos vienen? Cuatro.
(Música tensión)
¡Summers, sal de ahí!
¿O quieres que entremos a sacarte?
¿Dónde está el señor Fallon? No le he visto en toda la mañana.
Salió a caballo hace una hora.
Mike, no puedes salir sin llevar armas.
Son cuatro hombres, Franchea, ni aún Fallon estaría seguro.
(Música tensión)
Hola, Summers.
¿Qué buscas aquí?
Sabiendo que eres un hombre tan razonable y amante de la paz,
al jefe se le ocurrió que te gustaría acercarte con nosotros
hasta el pueblo y firmar unos papeles, no es más que eso.
Ya sabes, un cambio legal de propiedad.
¿Y si no voy?
¿Dispararías contra un hombre desarmado?
Tú verás.
Vivo o muerto, tengo que llevarte allí. Te dejo elegir.
Entonces tendrás que matarme. Lo que quieras.
Quieto, Danny, o tendrás que matarme también a mí.
Suéltalo.
No te metas en esto, Fallon. No es asunto tuyo.
¿No me has oído?
¡Vamos, tíralo!
Vuelve al pueblo y dile a Ortega que Summers no vende,
ni a él ni a nadie. ¿Y si no quiero?
En ese caso, no volverías.
Así que andando, a los caballos.
Si yo estuviera en tu lugar, dejaría esto, a Ortega no le va a gustar.
No te preocupes, Ortega se acabó.
Vámonos.
¡Cuidado!
(Música tensión)
No les diste ocasión de defenderse.
Creo que mucho más que la que ellos dieron
a don Hernán o a los otros.
¡Vamos! ¿A qué diablos esperas? ¡Dispara!
No, ahora es diferente,
te doy a elegir entre pelear o correr.
Anda, coge el revólver.
(Música tensión)
Bravo, Danny, cuando Ortega venga, cuídate de no acompañarle,
¿entendido?
Paco, sube esos hombres a los caballos y sujétalos.
(Continúa la música)
Los ha matado a sangre fría, Steve.
No se puede matar de otro modo.
(Música)
Llevárselos de aquí.
(Continúa la música)
De modo que vas a huir, ¿eh?
¿Quién ha dicho que huyo? Me voy.
Cada uno puede hacer lo que le conviene.
Antes, dime una cosa, ¿cómo es que Fallon
les mató a ellos y te dejó vivo a ti?
Porque necesitaba un mensajero para decirte que estás acabado.
Es muy ambicioso, quieres demasiado.
¿Cuánto es demasiado? ¿Quién marca el límite?
Alcanzaré lo que me he propuesto, aunque para lograrlo
tenga que acabar yo solo con media región de Sonora,
tú me conoces bien.
Creo que no estás bien de la cabeza.
¿No te interesa tener tierras, Danny?
La única que me interesa asegurar es la de mi tumba.
Y no pienso reclamarla todavía.
Está bien, vete, pero escúchame,
si mañana estás en Sonora todavía,
te juro que vas a arrepentirte de haber hecho esto.
¡Segura! ¡Todos a los caballos!
¿No me oyes? ¡He dicho todos a los caballos!
-No, señor, nosotros necesitamos más.
-¿Más? ¿Más qué?
-Más dinero, señor.
Si tenemos que enfrentarnos con Fallon...
Este mes tendréis una paga doble.
Si no aceptáis, podéis iros también.
(Música)
¿Nervioso?
Siempre.
¿Entonces por qué se queda?
Ya dije a su mujer que les ayudaría cuando no hiciera falta.
Esperaba hasta ver cómo se las iba a arreglar
para poder mantener su promesa.
Porque habrá visto que con esa gente...
Voy a echar un vistazo.
(Música)
Gracias, Paco.
Todo tranquilo, señor Fallon.
Pero no durará mucho. Vamos.
Muchachos, vamos.
(Música tensión)
(Música tensión)
Mike, voy a usar unos cuantos trucos,
sé que no le gustarán.
Haga lo que le parezca, Steve, yo solo respondo por mí.
Muy justo.
Pudo usted abandonarnos después de venir Danny
con sus tres compañeros. ¿Por qué no lo hizo?
Qué más me da tropezar con una bala aquí
o en un miserable bar de por ahí.
Este es el primer hogar que encuentro
desde que tenía 15 años.
¿Qué hay de Juana?
Ella creo que le seguiría a usted a cualquier parte.
Mire, a veces hacemos lo que nos parece mejor,
aunque aparentemente no sea razonable.
¿Ha sido usted siempre muy juicioso?
¿Porque combatió en la guerra?
Porque creía en un... En un ideal.
Yo he vivido disparando,
y odio las armas y todo el que las usa.
¿Tiene sentido eso?
(Música tensión)
¿Qué buscas aquí, Ortega?
Vengo por última vez a pedirte lo de siempre.
Véndeme el rancho. Ya sabes que no se vende.
Te lo pienso pagar, Summers,
el sitio me gusta.
Es igual, no lo vendo.
Y ahora, tú y tus hombres, salid de mis tierras.
Esto no va a durar siempre, Summers.
Ni teniendo a Fallon detrás.
(Continúa la música)
Fuera de mis tierras.
Un momento.
¿Quiere resolver esto de una vez? Pues claro.
Entonces, lo haré a mi modo.
Con que al fin se decide a actuar, Fallon.
Así es.
¿Por eso disparó contra mis hombres? Precisamente por eso.
(Música acción)
(Música, disparos)
¡Steve!
(Continúa la música)
(Música tensión)
¡Manolo!
(Continúa la música)
¡Manolo! ¡Manolo!
(Continúa la música)
¿Qué diablos estás buscando aquí?
Te lo advertí, Danny.
Sí, pero no recuerdo bien cuál fue la advertencia.
Ahora que ha muerto Fallon, te atreves a volver.
¿Es verdad eso?
Sí, sabes que una bala acaba con el más famoso.
Hasta contigo.
Te dieron lo tuyo también, ¿eh?
Vaya, ¿qué te parece? Fallon, pudriéndose.
Así es. ¿A qué has venido, Danny?
Cabalgando, he cruzado muchas tierras que te pertenecen.
Y estuve pensando, ¿qué hizo Ortega para poseer esto?
Habilidad, suerte...
No, no fue solo por eso, tenía gente como yo,
imbéciles que arriesgaron el cuello por él.
Y luego estuve escarbando en mis bolsillos,
¿y sabes qué encontré?
50 dólares. ¿No tiene gracia?
Tú, con toda esa tierra, y yo con 50 dólares por todo capital.
Y dije: ¿Está bien eso? Debo admitir que no.
Sabía que lo ibas a comprender.
Puedes estar seguro, Danny, te ayudaré.
Te daré 500 dólares de oro.
El doble.
(RÍE)
¿Pero qué demonios pretendes?
Lo quiero todo. ¿Todo lo mío?
¡Estás loco! ¡Loco!
¿Quieres burlarte de mí?
Lo tendré.
¡Sí!
Todas tus posesiones, tierras, casas, ganado,
hasta el carruaje, lo tendré todo.
Estás solo, Ortega, los tuyos han huido como liebres,
estás solo conmigo.
¿Vas a discutir?
No lo hagas y dejaré que te largues,
y además, con un buen montón de dinero.
Todo lo mío...
Todo. Como viene, se va.
Solo que esta vez, lo vamos a hacer legal, en papel.
Vas a transferírmelo todo a mí, ahora.
¿Dónde hay tinta y pluma?
En aquella mesa, allí.
(Música tensión)
(Música)
¡Vamos, señor alcalde, muévase!
¿Por qué tarda tanto? Lo siento, señor Danny.
El corcho.
(RÍE)
Pena que a mí me mata...
Gracias. Espera.
Antes, un brindis.
¿Por quién esta vez? Brinda tú.
Por usted, señor. No, no, no, no,
ya hemos brindado a mi salud más de 10 veces.
Por Ortega, eso es.
Que el infierno se lo trague.
No se debe hablar mal de los difuntos.
¿Por qué no?
Bueno, bueno, tienes razón.
No fue tan malo, después de todo, mató a Fallon.
Y luego murió de sus heridas, pobre hombre.
Por Joe Ortega, que descanse en paz.
¡Ay!
Tengo planes muy interesantes, vais a ver.
Todo el mundo va a ganar dinero.
En primer lugar, voy a construir un gran saloon,
y luego, vendrán chicas guapas,
de lo mejor del norte de la frontera.
Enton...
¡Eh, Paco, amigo mío!
Voy a invitarte a una copa, ¿eh?
No, gracias, señor Danny, para mí ya es tarde.
Oh, Paco, debemos ser amigos, y lo pasado, pasado.
Así es, señor, yo ya lo he olvidado.
Va, un traguito, solo un traguito.
Siéntate, siéntate aquí, siéntate.
Eso es.
Paco, escucha,
¿quieres hacerme un favor? Sí, señor.
Pues entonces vas a decirle a tu jefe que no le he olvidado.
Que he tenido que hacer muchas cosas, y que un día de estos
iré a visitarle, y te prometo que nos vamos divertir.
¿Tú crees que me hará frente, Paco?
Bah, es un gallina.
El señor Summers es dos veces más hombre que usted.
Y aun herido, Steve Fallon,
lo es también cuatro veces más, sépalo.
¿Herido?
¿Quién está herido? Steve Fallon.
Le mató Ortega. No, señor.
¡Eres un embustero!
¡Di que Fallon ha muerto, vamos, dilo!
Ortega disparó, pero le hirió solamente.
Entonces ya verás cómo arreglo este asunto.
Sí, sí, tal vez sea mejor.
No, no, señor Danny, usted no hará eso,
Fallon está inútil, herido en las manos,
ya nunca podrá manejar un revólver.
(RÍE)
¿Habéis oído? Un pistolero sin poder disparar.
¡Oh, Paco, Paco, siéntate!
¡Señor Summers!
¿Qué hay, Paco?
No pude evitarlo, señor, yo no quería...
No te preocupes, lo comprendo.
Vamos, largaos.
Creo que todavía tiene usted aquí escondido a un pistolero,
Summers, tenemos que saldar una cuenta.
Yo no escondo aquí a nadie.
Yo creo que sí. Basta, mándele salir.
¿Es que no ha habido ya suficientes muertos?
¿Quién dice que quiero matarle?
Vaya, ni se me había ocurrido.
Fuera de mi casa.
Estoy aquí por el mismo motivo que mi antiguo patrón.
Este lugar me gusta, Summers, y creo que me voy a quedar con él.
Aunque si me das a Fallon ahora mismo,
tal vez puedas conservarlo.
¿Qué te parece, eh?
No utilizo a mis amigos para hacer tratos.
¿Sí? Entonces, tratemos con las damas.
Señoras, vengan aquí.
¡Oh, vaya!
Lo que se dice una verdadera joya.
¿No es así, Summers?
Te mataré, Danny. ¿Serías capaz?
Para eso necesitas un arma y no llevas ninguna,
pero voy a ser razonable, te esperare aquí
mientras vas a buscarla.
(RÍE)
Creí que eras un hombre de principios, ¿sabes?
Y que esos principios no te permitirían
que me enamorase de tu mujer. ¿Qué dices?
Acabarás dándome asco, Summers.
¡Márchate de aquí antes de que me olvide que estás desarmado!
¿Me buscabas a mí, Danny?
¿Por qué no pasas de una vez?
Eso mismo pienso hacer, Fallon.
¡No, por favor, no puede hacer eso!
Está inútil para defenderse, si quiere, máteme a mí,
pero déjelo a él. ¡Apártate, Juana!
Después hablaremos tú y yo, no temas.
Vaya, vaya, vaya.
Steve Fallon, el famoso pistolero.
Esto sí que tiene gracia, muy divertido.
¿A qué estás esperando? Me vas a hacer un favor.
Tenemos tiempo, Fallon.
Vas a suplicarle primero por tu vida.
Conmigo no te valen los trucos. ¡Vamos!
Sé que vas a presumir de haber vencido a Steve Fallon.
¡No sabe casi nadie mi percance!
Tendrás la fama que siempre has deseado,
dirán que eres el mejor de Sonora, el más rápido.
Estás muerto de miedo, no creas que me engañas.
Nadie puede bromear sabiendo que va a morir.
Cuando paso miedo, se me pega la lengua al paladar,
pero no ahora, esta vez estoy deseando
que aprietes el gatillo.
Pero no te atreverás, estoy seguro.
Eres un cobarde, eres el más cobarde de los hombres.
¿Pero cómo te atreves...? Danny.
Hombre, el valiente Summers.
¡Steve!
Le dio su oportunidad.
No, no fue así.
Él no esperaba que yo dispararse.
Confieso que yo tampoco, pero al fin se ha decidido.
¿Decisión?
No, eso supondría fortaleza, y ha sido debilidad,
contrario a todo lo que me he propuesto.
Supongo que llega un momento en la vida de todo hombre
en que cometemos un error irreparable.
Hoy me ha tocado a mí,
pero un día seré juzgado por ello.
Nunca será diferente, los hombres continuarán matándose,
no cambiarán.
Y no podemos juzgarnos a nosotros mismos.
Como usted ha dicho, un día seremos juzgados.
Hasta entonces...
(Música)
Lleváoslo, y no volváis por aquí.
(Continúa la música)
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