Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
LA BELLA CAMPESINA
A finales del año 1600, en el Reino de Nápoles,
bajo la dominación española.
El sol brilla, las cigarras cantan, las gallinas ponen huevos cada día
y los campos dan grano abundante.
En suma, un pueblo ideal. Verdaderamente, un bello sueño,
si no fuera por...
No llore, Rosina. San Genaro lo ha querido así.
- No te preocupes, volveré. - Anda, vamos.
¡Virgen santa!
- ¿Qué ha hecho? - ¿Eh?
No ha pagado el impuesto sobre la lluvia.
- Pero si este año no ha llovido... - Pero impuesto siempre hay.
Jesús...
Buenos días.
EN NOMBRE DEL VIRREY DE ESPAÑA, EL "JUS PRIMAE NOCTIS"
QUEDA ABOLIDO Y SERÁ SUSTITUIDO POR UN IMPUESTO
DE DOS CARLINOS AL MES, POR EL DERECHO A YACER
CON LA PROPIA MUJER.
TAL IMPUESTO DEBE SER PAGADO AUNQUE NO SE LLEGUE A YACER CON ELLA.
EL GOBERNADOR. NÁPOLES 1682.
- ¿Y esto? - Órdenes del gobernador.
- Esta mañana no existía. - Pero ahora sí. Paga.
- ¿Cuánto es? - Un carlino.
Ten.
Para que el gobernador se pueda comprar...
- ¿El qué? - Ramos de flores, excelencia,
...ramos de flores. - Una gallina para el peaje.
Un carlino para cruzar el puente. Dos para la mujer, dos para la lluvia...
En vez de grano sembramos impuestos.
Y me lo dices a mí.
Para, para...
¡So!
- ¿Qué pasa? - ¿No sabes leer?
- Poco, pero puedo entenderlo. - Menos bromas, ponte a la fila.
Un momento, un momento...
Vamos a ver qué tengo aquí.
Paso de peaje.
Para vos.
¿Vos sabéis leer?
"Por orden del gobernador, se concede al molinero Luca...
- ¡Ah! ¿Vos sois el señor Luca? - Eso parece.
- Os ruego que me perdonéis. ¡No importa!
- Buen viaje. - ¡Igualmente!
PROHIBIDO EL PASO
SE PROHÍBE ABREVAR
- Hola, Luca. - Hola, ¿cómo te va?
¡Cómo va a ir!
Suerte tienen tus mulas, que beben donde quieren.
- Cada uno se apaña como puede. - No es fácil.
Mi consejo es que debes pagar.
Hay que pagar. Espera un momento.
Pero ¿quién es?
¡Excelencia!
¿Quién es? ¿Quién es? Oh, Luca, ¿cómo estáis?
Excelencia, disculpad las molestias, pero mis mulas se morían de sed.
Figuraos. ¿Y vuestra mujer cómo está?
Bien, bien. Carmela, despierta.
- Ahí está. - El señor abogado.
Buenos días, excelencia. ¿Cómo estáis?
- Bien, gracias. - Gracias a vos.
- ¿Vendréis luego al molino? - Señora... si me lo pedís así.
El señor gobernador nos ha mandado un capón grande como una ternera
y tierno como una londra.
A mí me basta con veros los dedos de los pies.
¡También estarán allí! Tengo unos tomates tan dulces
como el azúcar y uvas tan ricas como las de nuestro vino.
- ¡Ah! ¿Qué he dicho? - Pero ¿por qué?
Porque el vino del señor abogado se terminó.
¿Cómo que se terminó? ¿Qué ha pasado? ¿Le has sacado la viña?
Pero ¿cómo? ¿Un barril así de grande?
¿Qué queréis? Paciencia... Beberéis nuestro vino.
Pero ¿qué dices? ¿Darle nuestro vino ordinario a su excelencia? No, no.
- No lo permitiré. - Verdaderamente...
No, no, excelencia. No lo permitiré de ninguna forma.
Vos ya habéis sido muy gentil otras veces.
Espero que sigáis dejándonos abrevar aquí nuestras caballerías.
- Bueno... - No, no. Si dice no sé...
A su excelencia le molesta, Carmela. Hay que ir a otra parte.
- Sí, claro. -Una vez se puede pagar por cortesía, pero más es un abuso.
- Gracias, excelencia. - De nada.
Cuando vayáis al molino,
en vez de prepararos una bota así de pequeña,
...os la daremos así de grande. - Bien. Bien.
Nos vemos en el molino.
- Señor abogado, ¿qué pasa? - Un momento, voy enseguida.
- Carmela. - ¿Qué?
- El abogado está enamorado de ti. - Vaya cosa...
- ¡Todos están enamorados de mí! - ¡Y boom!
- Sí, boom... - Todos, menos uno.
- ¿Y quién es ese loco? - Tú.
¿Yo?
Pues has adivinado.
¿Por qué?
Porque eres fea. ¡Feísima!
- ¡Salvador! - ¿Qué?
Ahí llega Luca con la desvergonzada de su mujer.
Ahora verás.
De aquí no se van sin pagar.
¡En nombre del rey, para!
¿Qué quieres ahora?
Cuando digo en nombre del rey debes parar, ¿entiendes?
Para he dicho.
¿Pero qué pasa? Yo paso siempre.
Hoy no. Hoy cuento los sacos. ¿Tienes algo en contra?
¿Pero por qué quieres hacerme perder tiempo? Te lo digo yo, hay 20.
- Y para 20 tengo esto. Tómalo. - Si hay 20 no tienes nada que temer.
Vamos a ver.
¿Qué quieres que pase? No te preocupes.
Ya... La señora no se preocupa. Sabe cómo arreglarlo.
- Unas palabritas al gobernador y... - ¿Qué quieres decir?
Carmela, no te excites, de esto me encargo yo.
Salvador, es inútil que cuentes. Hay algunos sacos de más.
Cierra los ojos. Si no nos ayudamos entre nosotros...
Yo no tengo nada que compartir contigo.
Baja los sacos. Te los requiso. Y te denuncio.
- Así que 20, eh... - Vale.
Ya verás qué risa.
20...
Además, ¿quién me asegura que todo es harina?
Lo voy a verificar.
- ¡Te digo que es harina! - Salvador, ¿eres italiano o español?
Soy alemán, español, francés... Soy del país que me manda.
Tú lo que tienes es la nacionalidad del servilismo. Es lo que tienes.
Tengo la nacionalidad de verte en la cárcel.
Dios te oiga.
Sí, y tu primo en el puesto de caballero y yo debo quedarme aquí.
- ¡Ah! Conque es por eso, ¿eh? - ¡Sí, por eso!
Queréis quitarle el puesto a él para dárselo al primo de tu mujer.
- Mi primo es todo un señor. - Carmela, tranquila.
- Salvador,déjame que te explique. - ¿Qué vas a explicarme?
Debería darte vergüenza hacer lo que haces.
Esta vez no lo conseguirás, ni con tus pintas de pelandusca.
Mejor pelandusca, que ser como tú. Tienes rabia porque eres fea.
Mejor ser fea para uno, que bella para 50.
- ¡Bruja! - Desvergonzada.
¡Déjame!
¡Maldita!
¡Salvador, ayúdame, haz algo!
¡Eres una desvergonzada!
- Pero ¿qué haces? - ¡Toma!
¡Yo me encargo de esto! ¡Basta ya, cálmate!
¡Vas a la cárcel!
Bueno, ya me calmo...
- Eh, ¿adónde vas? - ¡Déjame!
¡Desvergonzada! ¡Pecadora!
¡Ven aquí, bruja!
¡El obispo!
- ¡El obispo! - Carmela, ya basta.
¡Déjalo ya, que viene el obispo!
No digas nada. Hablaré yo.
Arréglate.
Luca, ¿eres tú? ¿Y tú también, Carmela?
¿Pero qué ha pasado?
- Eminencia, me ha insultado. - ¿Que yo te he insultado?
Es una mentirosa.
Deja a los otros que hablen. Todos tienen derecho a defenderse.
Habla tú, Luca.
Esta mujer ha hecho insinuaciones bastante groseras
acerca del honor de mi consorte y del que gobierna
...con la gracia del señor. - Pero nosotros...
Basta, basta...
Su eminencia cree que hay que hacer como las cabras.
Pero aquí las cabras no tienen nada que ver.
Yo traducí el texto al latín.
Las cabras son para los culpables.
¿Comprendido?
Perdonad, eminencia. Es un pobre hombre. En el fondo no es malo.
Perdonar es nuestra misión.
Id, hijos míos. Idos y volved al trabajo.
Gracias, excelencia.
Gracias.
Y tú, hija mía, ahora, arrepiéntete de lo que has hecho.
La belleza por sí misma no es pecado.
La envidia, en cambio, sí lo es. Acuérdate de lo que te digo
en tus plegarias.
¡Pero esos dos querían hacerle perder el trabajo a mi marido!
"E così sia".
Pero ¿cómo "E così sia"?
Carmela, todo lo que está pasando es porque se te ha metido en la cabeza
convertir en caballero al estúpido de tu primo.
- Y lo conseguiré. - Ten cuidado, no abuses.
¡Bravo, bravo!
Gracias.
- Oíros es una delicia para el alma. - Cantáis cuál sirena, como una sirena.
Cuando le dije a mi sobrino: "Oirás 'Voices in celestine'
no me quería creer. ¡Es verdad!
Teníais razón. Lo que dijisteis lo he comprobado.
Demasiado gentiles, demasiado corteses todos.
Si vinieseis a Nápoles, cantaríais en la Corte.
No. Carmela está muy bien aquí, señor.
Tendría que aprender a cantar, vivir en la ciudad.
- Además, irse del campo... - No, no, no.
Es la mejor cantante que tenemos aquí.
- Sois muy bondadoso, excelencia. - Sí.
Carmela tiene optimas cualidades,
pero creo que le hacen más mal que bien.
- ¿Mal? ¿Por qué mal? - El mal que viene de la envidia y la maledicencia.
¿Creéis que me ha gustado lo que ha ocurrido esta mañana
en La Capella?
No crean que me preocupo por mí, sino por sus señorías.
Sus señorías nos honran con su amistad.
Y la injuria les afecta más que a mí.
- ¿No es verdad, Carme? - Cómo no.
- Es una calumnia vil. - Vil. Vos lo habéis dicho.
Pero nosotros seguiremos viniendo aquí como siempre.
No hay que darle importancia. Y vendremos aún más a menudo.
Más a menudo, más a menudo.
Luca y yo estamos tan acostumbrados a vuestras visitas...
Es un honor tan grande...
Es la hora de mis plegarias.
- ¿Ya debéis marcharos, don Genaro? - Sí, hija mía. Es la hora.
Me gustaría quedarme. Y tanto que me gustaría.
Habría que hacer como Josué, parar el sol.
Don Genaro, tengo algo para vos. Perdón.
Y ahora, señor gobernador, el último vasito.
Pasqualino, trae el vino.
Este vino es de la viña del señor abogado.
Dame el vino. Trae los vasos.
- ¿Por qué está comiendo pollo? - Ha dicho que la vaca no le gusta.
- Que prefiere pollo. - ¿Ah, sí?
Oye. En tu casa puedes comer lo que te dé la gana y no aquí.
- Es tu mujer la que debe alimentarte. - Y a ti la tuya.
La mía no será frívola y yo no soy ni un espía
...ni un rufián. - ¿Qué has dicho? Repite.
Que no soy ni un espía ni un rufián.
Te quema que Constantina se haya casado conmigo.
No se casó contigo por amor. Ha sido un matrimonio de interés.
Ha preferido un hombre guapo a un infeliz.
Una casa hermosa a un trozo de pulido...
Al secretario del gobernador a un siervo.
Dame eso. Dámelo.
La pobre Constantina debería darte veneno.
Pobre Constantina...
Mirad, don Genaro. Esto es para vos.
Gracias, hija mía.
Tienes el alma blanca como una paloma.
No te olvidas nunca de mis pobres pecados.
- Soy goloso. - Todos tenemos algún pecadillo.
Aquí está el vino.
Aquí está.
Esta tarde os toca a vos llenar los vasos.
- Con placer, doña Carmela. - Gracias...
A vuestra salud, doña Carmela.
Gardunia.
- Excelencia. - El caballo.
¡El caballo, rápido!
- Pienso, doña Carmela... - ¿Lo mismo que pienso yo?
- ¿Cómo lo habéis adivinado? - ¿Entonces está hecho?
- Bien. Que sea hecho. - ¡Luca! ¿Oyes?
- Está hecho, lo ha dicho el abogado. - ¿Está hecho qué?
Moleremos nosotros todo el grano de la temporada.
- Gracias, abogado. - Gracias, abogado. Sois un ángel
y los ángeles se besan.
Pero ¿qué pasa, excelencia?
Excelencia... ¿No os habéis divertido?
Estas reuniones empiezan a ser demasiado numerosas para mí.
- Me disgusta... - También me disgusta a mí.
- Tengo tantas cosas que deciros... - Yo también, excelencia.
Decidlo... Decidlo...
Es acerca de la hacienda del caballero.
Ah, ya está todo ultimado.
¿Habéis nombrado caballero a mi primo?
No es el momento de hablar de eso. No depende solo de mí.
- ¿Y de quién? - De vos...
- ¿De mí? - Sí. Pensadlo.
Yo lo pienso siempre...
Qué viento se ha levantado de pronto. Debo coger la ropa.
Perdonadme, buenas tardes.
Buenas tardes a todos, buenas tardes.
Demasiado honor, excelencia, besarle la mano a mi mujer.
No está acostumbrada. Está todo el día entre cebollas.
¿Nos vamos todos juntos, señor gobernador?
- Daos prisa. - No...
Tengo un asunto urgente que decidir.
- Buenas tardes, señores. - Excelencia...
- Reverendos padres, buenas tardes. - Buenas tardes, excelencia.
¡Excelencia!
¿Qué estáis haciendo aquí?
Doña Carmela.
¡Doña Carmela!
Perdonadme, pero ya no resisto más.
- Yo estoy destrozado. - ¿Destrozado por qué?
Por ser un desgraciado.
Tener hambre. Ver frutas hermosas y apetitosas y no poderlas comer.
Tener sed, la garganta reseca y el agua cristalina y limpia
como vuestros ojos y no poder beber, doña Carmela. ¡No puedo más, tengo sed!
- Pues bebed. - ¡No os riáis!
Porque cuando os reís, me siento quemado por dentro.
- Dejadme, excelencia. - ¿Cómo puedo dejaros?
Hace tanto tiempo que sueño con este momento...
Sois tan bella, señora Tan bella.
¡A cuántas mujeres habréis dicho lo mismo!
Sí, a tantas... A todas las mujeres bellas, pero a ninguna como vos.
- ¿Qué os pasa esta tarde? - ¿Esta tarde?
Hace miles de tardes que la veo cuando regreso a casa solo...
Por vos haré caballero a vuestro primo recaudador de impuestos,
a vuestro marido le haré incluso rey de España...
- ¡Pero ¿qué decís?! - Caramba, qué he dicho...
- Pero sentís la misma pasión... - Sí, la siento, la siento...
Doña Carmela, os quiero. Voy a volverme loco de impaciencia.
¡Ah, mi marido!
¡Dejadme, dejadme!
Perdonadme, excelencia.
¡Excelencia!
Ayúdame a salir de aquí.
¡Imbécil! Te encarcelaré.
¿Qué he hecho? Excelencia, he visto a doña Carmela que huía.
Claro. Te ha visto a ti y ha pensado que era su marido.
¿Pero ha huido por eso?
¿La mujer que teme al marido?
- Tiene al amante en el corazón. - ¿Tú crees?
Excelencia, ¡os ama!
¡Me ama!
Ánimo, excelencia. Con las mujeres se necesita un poco de paciencia.
- Ya tengo, ya tengo. - Se necesita un poco de astucia.
Ya tengo, ya tengo.
Y un poco de fuerza.
Pero ¿cómo te atreves a darme estos consejos?
Venga, ayúdame a subir.
- Es verdaderamente hermosa. - Sobre todo las piernas.
- Pero, Nicoleto... - Quería solo constatar, monseñor.
Expresar un parecer, simplemente. Sin ninguna intención.
Oh, el señor gobernador.
Buenas tardes, excelencia.
- Pero ¿dónde se habrá parado? - Don Genaro, lo sabéis de sobra, ¿no?
¿Qué queréis decir? ¿Que doña Carmela...?
No, no. Doña Carmela no... Pero el gobernador...
- Por eso ha traído el capón hoy. - Era magnífico. Exquisito.
- Castigo de Dios. - Ha ido detrás de todas las mujeres
del pueblo. Finalmente, ha encontrado una que lo hace sufrir.
Buenas tardes, reverendos padres.
Atravieso por aquí y llego antes a casa.
Buenas tardes.
No quisiera ser mal intencionado,
...pero incluso el barón... - ¿Está enamorado de doña Carmela?
Es cosa sabida, querido Nicoleto. Vos sois joven.
El diablo utiliza muchos disfraces para esconderse
y sobre todo el disfraz de mujer. No es que diga que doña Carmela...
- Entendemos. - Vos habláis demasiado.
Ánimo, muchachos. Tocad. ¡Adelante!
Mamá, quiero ver a la bruja. Mamá, mamá, vamos.
Bien, bajemos.
- Tenéis que dar la razón a ellos. - Hoy mandan los niños.
- Haz que preparen la carroza. - Sí, excelencia.
Mamá, yo quiero ver a la bruja también.
- Sí, querida. - ¿Adónde vais?
Vamos a salir con los niños. Les llevo a ver la feria.
¿Queréis salir con tanta gente por la calle y mezclaros
y mezclaros con el populacho en una fiesta popular
...como si fueseis una mujer vulgar? ¿Sabéis que deberíais acompañarnos?
No os haría daño conocer más vuestros súbditos.
Señora, los conozco muy bien.
El pueblo es como el fondo del pozo y nosotros somos la autoridad.
- El cielo... - ¿Qué sabéis vos de la pobre gente?
¡Señora!
Quien me dio mi segundo apellido, Vila Medina,
dio al pueblo español a las cruzadas.
¡Sánchez!
Que murió por la causa de la libertad en España.
Suárez de Figueroa, que conquistó México para el pueblo.
¿Diréis "por"?
Es igual. Sigue siendo pueblo.
Pero si queréis, iros.
- Gracias, Teófilo. - Buenos días, señor padre.
Ven.
- Sibila, ¿estás en el sueño profético? - Estoy en el sueño profético.
Ahora escucha a este joven que te quiere preguntar.
Aquí, como diablo infernal.
- Tres carlinos. - ¿Por qué?
- Por actuar en la feria. - Nunca he pagado y nunca pagaré.
- ¡Silencio! - Es la fiesta del santo.
Silencio o te hago barrer.
¡Esto es un abuso!
Y para el resto de vuestra vida, vosotras, mujeres,
seréis besadas por los hombres,
perfumadas como un campo de rosas. Como una mimosa.
- Acercaos, acercaos... - Huélelo. Mira qué aroma.
- Sí. - ¿Cuánto cuesta?
- Cinco carlinos. - ¿Cinco carlinos?
- Es mucho. - Sí, muy caro.
- Cógelo, Constantina, lo pago yo. - ¡Oh, Pasquale!
- Antes me llamabas Pasqualino. - Sí... Pasqualino.
Pero ¿qué haces aquí?
He dejado el molino un momento, pero yo siempre pienso en ti,
día y noche.
- ¿Y tú? - Sí, también.
Siempre.
- ¿También por la noche, Constantina? - También por la noche.
Oh, Constantina, mi amor.
¡Gardunia! ¿En quién también por la noche?
¿En quién por la noche?
Os dije que no salieseis. Venga, a casa.
- ¡Esto es mío! - ¡Venga, a casa!
¡Comprad, señores, comprad!
- Hola, Pasquale. - ¡Vino!
- Hola... - ¿Qué te pasa?
¿Y a ti qué te importa?
"La mujer era espléndida. Más que resplandeciente estrella.
Era joven y tenía relaciones con el hijo de un doctor.
Pero aquí su marido, de quien tenéis el retrato,
sorprendió haciendo el acto, a mujer y seductor.
Y el hombre maltratado, en su sentimiento humano,
en el lugar del pecado, el cuello le cortó".
- ¿Has visto? - "Guardando la cabeza,
bajo su propio techo,
lo puso bajo el lecho y luego se acostó.
Cayó de la justicia en manos por su justa venganza,
lo cual fue gran desgracia y a la horca se le condenó.
Y aquí verá el buen pueblo que quien canta no os engaña,
pues con la soga al cuello, aquí colgado está".
Vamos, anda, que hay trabajo.
"Y aquí acaba la historia,
en un triste final".
- ¿Y si yo hiciera como esa? - ¿Tú?
- ¿Tan seguro estás? - Carmela, pero qué cosas dices.
- Tú estás enamorada de mí. - Ah...
- ¿Te lo crees? - Sí, me lo creo.
- ¿Y no eres celoso? - No, no soy celoso.
- ¿No? - No. -Pues ten cuidado.
- Venga, déjate de historias. - Lo siento... no puedo pagaros.
- Entonces... Paga en especie. - Está bien.
- Aquí está, excelencia. - Pero ¿qué es esto?
- ¿Qué te has creído? - Es todo lo que tengo.
- Cállate. - Abajo con la barraca.
- ¡Eh, tú, fuera de aquí! - Tú, calla la boca.
Vamos a por otro.
Desgraciados...
- ¿Qué te pasa? - Nada. Arre...
- ¿Qué hacemos? -Quiero subir al columpio. - ¿Subir al columpio?
- Pero ¿tú estás loca? Estás casada. -¿Y?
- Que se te verán las piernas. - ¿Es que son feas?
- Déjalo... - Estás celoso.
¿Celoso yo?
- ¡Todos al columpio! - Carmela.
- Voy a subir. - Pero serás...
Hola, Luca.
¡Carmela, baja!
Doña Carmela.
¡Excelencia!
- ¡Excelencia, venid! - ¿Qué pasa?
- Mirad a doña Carmela en el columpio. - Doña Carmela en el columpio...
Rápido, trae el catalejo.
Qué hermosa. Qué piernas.
Gardunia, Gardunia... Por esa mujer no duermo, no como.
- ¿Hago mal? - No, esperemos que no.
Si no la consigo... te mando a la horca.
Haremos lo posible, excelencia.
Te mando a la horca.
- ¡Qué desvergüenza! - Mira qué hermosa.
¡A casa!
¡Baja, Carmela!
¡No!
¡Carmela, te he dicho que bajes! ¡No!
¿Por qué queréis interrumpir el espectáculo? A la salud de las piernas bonitas.
¿Qué habéis dicho? Es mi mujer.
¿Vuestra mujer? Disculpad. Os felicito.
Continúa. ¡Continúa!
¡Ven aquí!
Toma, que toque la orquesta. ¡Rápido!
¡Carmela! ¡He dicho que bajes!
¿Qué sucede, Gardunia?
¡Ayudadme!
¡Rápido, rápido, a palacio!
- Excelencia, entrad, sed prudente. - ¿Por qué?
Cada uno debe estar en su puesto cuando hay peligro.
¡Abajo los caballeros!
¡Luca!
- ¡Carmela! - ¡Luca!
Alto.
Carmela, vete a casa. Iré enseguida.
Vamos, moveos. ¡Moveos!
Cuídamelos.
¡Luca! ¡Luca! Pero ¿qué van a hacerte?
¿Qué quieres que me hagan? En media hora estaré fuera.
- ¡Date prisa! - No te preocupes.
El señor gobernador me ayudará. Vete a casa y enciérrate dentro.
No, Teófilo. No exagero.
Siempre estáis dispuesta a la misericordia.
- A compadeceros. - Lo he visto con mis propios ojos.
Los pobres maltratados, pegados con las culatas de los fusibles,
...llevados a las cárceles. - Eso es porque se revelan.
Y además vos, señora, que entendéis de política.
Creedme, señora. Los problemas de Estado son difíciles.
Vos los llamáis problemas de Estado. Se trata de humanidad.
La gente sufre perseguida y oprimida por los impuestos.
Un momento. Los impuestos...
Los impuestos sirven para pagar a los soldados,
que sirven al Estado y guardan al pueblo.
Y para construir la nueva iglesia.
¿Está claro?
¿De verdad no podéis tener piedad?
¡Piedad! Quienes la practican solo quieren que se les compadezca.
No hacen más que gritar y llorar porque desean lo inalcanzable,
pero yo no me ablando. ¡Yo no!
Teófilo... Lo que habéis hecho hoy es muy grave.
- No sé quién os ha aconsejado. - ¡Yo no necesito consejo de nadie!
¡Sabedlo!
Habéis fijado un nuevo impuesto justo el día del santo patrón.
Estoy segura de que su majestad el rey de España no lo aprobaría.
¿Cómo? ¿Qué decís?
Que su majestad podría quitaros la autoridad que os confirió.
Vuestro consejo... ¡Qué buen consejo el vuestro!
Lo haré saber a su Majestad católica.
Os suprimiré el feudo.
Dolores, según vos, ¿qué debo hacer?
Liberadlos.
Restituidlos a sus casas y a sus familias.
Calma, excelencia. Todo en calma.
Mi mujer... con sus ideas.
¡Todos fuera! ¡Todos fuera después de haberse revelado!
¡Se necesita fuerza!
¿Habéis oído? ¡Los haré encerrar a todos!
¡Está herido!
- Su excelencia está herido. - ¡Han matado al gobernador!
- ¡Han matado al gobernador! - Calma, no es sangre. Es tinta roja.
Excelencia, excelencia... Creo que liberar a los arrestados
es la cosa más sabia que se puede hacer, excelencia.
- Pero ¿cómo? ¿Tú también? - Sí... Cuando el mar está embravecido,
el capitán tira el aceite y continúa navegando tranquilo.
- ¿No os parece, barón? - Cierto, cierto, cierto...
¿Vos qué decís, excelencia?
- ¿Qué hacemos, excelencia? - ¡Un momento!
Soy yo quien decide.
- ¿Decidido, excelencia? - Liberadlos a todos.
Sí, a todos.
Menos a uno.
- Al molinero Luca. - ¿Por qué?
¿Por qué?
¿De acuerdo?
Me encargo yo de las órdenes de liberarlo, excelencia.
Vamos, vamos. No os preocupéis.
En cuanto yo hable con el gobernador saldremos todos.
Te equivocas, Luca.
El gobernador solo ayuda a quien le hace ciertos favores.
Bueno... Yo le invito a ir al campo porque allí está tranquilo.
Si eso es un favor...
A parte de que el gobernador es un hombre como los demás.
- Hay que saber tratarle. - Yo sí que sabría tratarle...
Pero no como tú dices.
¿Adónde queréis llegar con la violencia?
Si se quiere conseguir algo es mejor utilizar la astucia.
- ¿Tú lo llamas astucia? - ¿Por qué? ¿Cómo lo llamas tú?
Carmela. Así es como lo llamo.
Mi mujer me ayuda. No hay nada de malo en eso.
No hace nada deshonesto.
Si supieseis lo erguida que se lleva la cabeza sin pagar impuestos...
¡Y tan erguida! ¡Y con adornos!
- Oye, ten cuidado con lo que dices. - Ha dicho bien.
Yo prefiero tener al gobernador en su palacio
que dentro de mi casa.
El gobernador entra en mi casa con el máximo respeto.
Porque yo y el gobernador estamos así.
¿Tú quién eres, el de arriba o el de abajo?
Yo no estoy ni arriba ni abajo.
Abajo lo estáis vosotros. Arriba está el rey.
En la vida uno tiene que saber arreglárselas.
Y para no pudrirse en la cárcel, hay que ser como yo.
Por orden de su majestad, el rey, nuestro Señor, que Dios guarde.
Todos los que han sido arrestados hoy
por los sucesos de la plaza, por acto de clemencia
de su excelencia el gobernador, han sido amnistiados
y serán puestos en libertad.
- Yo ya lo sabía. - Luca, Luca, esto te lo debemos a ti.
- Más a ti que al rey de España. - Os lo dije.
- Adiós, Luca, muchas gracias. - Adiós.
Gracias, excelencia. Gracias, excelencia.
- Capitán, hasta la vista. - Un momento, Luca.
Vamos a bebernos un vaso de vino para celebrarlo.
- Cuánto honor. - El honor es mío. Por favor...
- ¿Ya está arreglado? - Todo se ha terminado, todo.
- Me alegro. - Por favor...
- Después de vos. - No, no... Eres muy huésped.
- Capitán, no quisiera estorbar. - ¿Estorbar? Es un deber.
Sí, es un deber, que hago con placer.
Gracias.
- ¡A la salud del gobernador! - A su salud.
- Está buenísimo. Más, más. -Gracias.
- A la salud del gobernador. - A su salud.
- Es bueno de verdad, ¿no? - Capitán...
- Tengo que irme ya. - ¡No, por favor! Siéntate, Luca.
Francamente, es que no...
Ahora te haré probar un pastel buenísimo.
Capitán... Dejad el pastel.
Francamente, tengo que irme. Tengo trabajo. Otra vez será.
En otra ocasión.
- ¿Qué estáis haciendo? - Querido Luca, lo siento.
Pero de aquí no puedes salir.
¿Qué habéis dicho?
- Órdenes del gobernador. - ¿Del gobernador?
- Capitán, ¿os habéis vuelto loco? - No, Luca, no.
Órdenes precisas. Debo retenerte como huésped de honor
...hasta mañana al alba. - ¿Hasta mañana al alba?
- Pero ¿por qué? - Yo no pregunto nunca.
- Sigo las órdenes. Soy militar. - Yo soy un civil
y quiero saber por qué he de quedarme aquí esta noche.
Es solo una noche.
Duerme en aquella cama, en mi habitación.
No, no, capitán. No puedo quedarme aquí, Carmela me está esperando.
No puedo dejarla sola en el molino. ¡Sola!
- Bueno... - ¿Cómo que "bueno"?
He dicho "bueno" como podía haber dicho qué quieres que haga.
No, no habéis dicho "bueno". Lo habéis dicho con puntos suspensivos,
...que es muy diferente. - ¿Y? ¿No se puede decir "bueno"?
¡No! Cuando se nombra a mi mujer, no hay que decirlo así.
- ¡Bah! -Y menos bah. - ¡Luca! ¿Te has vuelto loco?
¿Es que uno no puede decir ni bueno ni bah?
Debéis decir qué pensáis cuando decís bueno y bah.
- Nada. ¿Qué quieres que piense? - No es verdad. ¡Estáis pensando algo!
Si quieres saberlo, pienso en lo mismo que estás pensando tú.
Vamos.
No te desesperes.
Yo sé lo que sientes. ¿Cómo crees que llegué a capitán?
La desgraciada se me escapó con otro.
Si no, a saber qué oficio tendría yo.
Era hermosa. Casi tanto como tu mujer.
¿Sabes cómo lo soportaba? ¡Me emborrachaba!
Y a la mañana siguiente, todo olvidado.
Vamos, bebe.
Bebe, bebe.
Bebe. ¡Bebamos juntos!
- ¡Tenéis razón, olvidémonos de todo! - ¡Sí, sí! ¡Así me gusta!
¡A vuestra salud! ¡Veréis cómo os gustará cuando esté borracho!
¡Y a la salud de tu mujer!
¡Más, capitán!
¡Luca!
Tú quédate aquí, vigila los caballos.
Y por favor te lo pido, los ojos, bien abiertos.
¿Por qué nos paramos antes del puente?
- Desde aquí se puede llegar detrás del molino. -¿Y?
Y podéis entrar tranquilamente sin peligro de que os vean.
¡Ah, ya!
- Entonces, ¿voy? - Sí, excelencia. Id.
- ¿Estás seguro de que...? - ¿De qué?
- Que el molinero... - Está en la cárcel, no tengáis miedo.
¿Miedo yo? ¿Cómo te atreves?
Perdonadme, excelencia.
¡Gardunia, a mí!
- ¡No sé nadar, socorro! - ¡Excelencia!
¡Excelencia, aguantad!
¡Carmela, su excelencia se está ahogando!
Pasqualino, he oído voces ahí fuera. Tengo miedo.
- Ay, Constantina mía... - ¡Y sigue borracho!
Constantina mía...
¡Corred, Carmela, su excelencia se está ahogando!
- ¡Idiota, date prisa! - ¡Por caridad, aguantad!
¡No puedo más!
¡Haced algo, que se ahoga!
- ¡Aguantad, excelencia! - ¡No puedo más!
¡Excelencia, agarraos aquí!
¡Cuánta agua he bebido!
Ánimo, excelencia. No pasa nada.
Sentaos aquí, excelencia.
¡Haced cualquier cosa, tenemos que secarlo!
Ánimo, excelencia.
Excelencia... No entiendo, ¿qué ha pasado?
¡Me han atacado! ¡Ha sido diabólico! ¡Infernal!
¡Debían ser muchos! Me he defendido, pero me resbalé...
Me he caído al agua.
- Pero yo no he visto a nadie. - ¡Tú nunca ves nada! Pero la horca la verás.
¿Un poco de vino, excelencia?
No puedo, ya he bebido tanto...
- Qué mojado estáis, excelencia. - Carmela... Carmela, hermosa.
¿Qué habéis venido a hacer aquí? ¿Dónde está Luca?
Ay, mi cabeza...
- Calmaos, Carmela. - ¿Cómo puedo calmarme?
¿Dónde está Luca? ¿Qué le habéis hecho?
No os enfadéis, Carmela. He venido por eso.
- ¿Está aún en la cárcel? - Por desgracia. -¿Por desgracia?
- ¡Los demás han sido liberados! - Pero él no, ¿verdad Gardunia?
Efectivamente, no puede salir.
Él no puede salir... ¡No puede salir!
- ¡Pero Luca no ha hecho nada! - Lo sé, lo sé.
¿Entonces, excelencia?
Ha hecho, ¡y cómo! ¿Verdad, Gardunia? ¿Qué ha hecho?
- Está muy claro. - ¡Muy claro!
- Muchas acusaciones. - Muchas, muchas, muchas.
- Primero, provocación. - Sí. Segundo...
- Agresión. - Tercero...
- Incitar a la revuelta. - Cuarto...
- Insubordinación. - Quinto...
Resistencia a la guardia de su majestad el rey de España.
Sexto...
- Excelencia, no hay más. - ¿Cómo que no hay más?
- Será transferido a los tribunales. - A los tribunales.
¡No, los tribunales no!
- Sí, será ahorcado. - ¡Ahorcado no, excelencia! ¡Dios mío!
Será una buena lección. Pobre chico...
¡Ayuda!
¡El diablo, el diablo!
- Excelencia, hacedlo por mí. - ¡Yo sabéis que os quiero!
¡Os lo he dicho miles de veces! ¡Si vos lo queréis, haré de todo!
- He venido para intentar salvarle. - Gracias, excelencia.
¡Gardunia, las órdenes!
Aquí está la orden de nominación de caballero de vuestro primo
de su majestad católica, que Dios guarde.
¡Pero qué importa! ¡Salvad a Luca!
¡Oh, Luca! También en eso he pensado.
Aquí está la orden de libertad de vuestro marido.
¡Gracias, excelencia! Gracias, gracias.
¡Carmela! ¡Carmela!
¡Oh, no!
Esto, por el momento, se queda...
Excelencia, os estáis enfriando. Debéis ir enseguida a la cama.
- Perdonadme. ¿Y por qué? - ¿A la cama?
¿Cómo que por qué? Debéis tener algo caliente sobre el pecho.
¡Ah, sí! ¡Es verdad! Tengo frío, Carmela. ¡Tengo frío!
Está bien, excelencia. Si queréis ir a mi habitación...
Por aquí.
Venid, por favor.
¿Habéis visto, excelencia? Os lo había dicho.
Conozco bien a las mujeres, necesitan un pretexto.
Es una excusa para quedar tranquilas con su conciencia.
Vamos, id. Y, por favor...
Pero ¿cómo te atreves?
- ¡Excelencia! - ¿Qué quieres?
- Olvidáis esto. - Ah, bien. Estupendo.
- ¿Se habrá roto algo? - No, nada.
Tú vigila la casa. ¡Vigila bien!
Estad tranquilo. Tranquilo.
Carmela...
¡Estamos solos!
Excelencia, la cama está lista.
- Y aquí está la camisa de dormir. - La camisa.
No querréis acostaros con la ropa mojada.
Y aquí están los calcetines. Tendréis los pies fríos.
Hermosa... Esto lo dejo aquí debajo.
- ¿Es de vuestro marido? - Sí.
Ahora soy Luca.
- Pero además soy el gobernador. - Excelencia...
No, no, nada de excelencia. Llamadme Teófilo.
- Sí... - Teófilo tuyo.
- Uy, tenéis las manos heladas. - Sí, estoy helado por la emoción.
Es la primera vez que me siento así delante de una mujer hermosa.
Me siento como...
- Como un niño. - Excelencia, estáis tiritando.
- No os preocupéis. - ¿Cómo no voy a preocuparme, excelencia?
- No, ¡Teófilo! - Sí. Ahora acostaos.
Os prepararé un vino caliente que os reanimará.
- Estupendo, muy bien. - Sí.
- Pero volved pronto. - Enseguida.
¡Al fin!
¡Qué calor hay aquí dentro!
Con esto se os van a curar todos los males.
Tengo solo uno, uno solo, y sois vos.
- ¡Oh! - Se me pasará.
- Bueno, ¿qué queréis que os diga? - Sí que lo sabéis,
pero no lo queréis decir porque sois mala.
- Decídmelo. - Creo que sí, excelencia.
- ¿Excelencia? - Oh, perdonad.
- Te... - ¿Teo?
No puedo, me da vergüenza.
Vamos, ánimo.
- Bueno. - ¡Un poco más!
- ¿Y si se me sube a la cabeza? - ¿No sería bonito?
¡Precioso!
- Bebed un poco vos. - No lo necesito.
- Mi cabeza ya funciona sola. - ¡Vuestra cabeza! ¡Hermosa!
Será por el perfume que os habéis puesto.
¡Ah, el perfume! ¿Os gusta? Oled.
El vapor es balsámico para los males de amor.
¡Oh, no, excelencia! ¿Qué hacéis?
- Dame un beso. - ¡No!
¿Por qué?
Perdonadme.
Debéis comprenderme.
Vos sois un poco agresivo.
Claro, soy un militar.
- Voy a cerrar la puerta. - Sí.
Carmela, creedme, os quiero y os lo quiero demostrar.
Era de mi abuela, una Ferrer de Cataluña.
- ¿Qué? - Mirad.
- ¿Es para mí? - Sí, para vos. Cogedlo.
¡Oh! Perdonadme.
Pero ¿qué habéis hecho? Perlas, rubíes, brillantes...
- Yo no merezco tanto. - ¿No merecéis tanto?
Os merecéis el tesoro de la Corona de España. Si fuera mío, sería vuestro.
Os olvidáis que soy una pobre campesina.
Vos sois una reina. Sois la mujer más...
La más hermosa del mundo.
- ¿Qué hacéis? - Siempre he deseado una joya de oro.
Pero nunca había visto una cosa tan bonita como esta.
Podéis tener muchas más, Carmela, de todos los joyeros de la Corte.
De Ramírez, de Fernández, de Mendoza, de Ferrer...
Un día os las regalaré, Carmela.
Decid algo, Carmela. Decid algo.
Qué bonita.
Pero dejad eso, Carmela, y pensad un poco en mí.
Sí.
Tenéis razón.
¿Qué hacéis? ¿Os vais?
No querréis que me acueste vestida así.
Ah, ya.
Perdonadme.
¡Bella!
- ¡Pasqualino, despierta! - ¿Quién es?
Gardunia. Ayúdame a atarle.
- Pero ¿qué vas a hacer? - Yo sé lo que voy a hacer.
Ahora le cojo el sombrero y la capa.
Carmela.
La otra.
¡La otra, Carmela!
¡Carmela!
¡Carmela, la otra!
Aquí está.
- Y ahora, daos la vuelta. - Sí. -Y esperadme.
Lo he entendido, queréis estar aún más bella.
Gardunia.
Carmela, Carmela...
¡Yo la mato!
"Por orden del gobernador, se notifica el nombramiento de caballero..."
"Y aquí verá el buen pueblo
que quien canta no os engaña,
pues con la soga al cuello
aquí colgado está".
¡Toma! Esto, por la patada de hoy.
¡Toma! Esto, por quitarme a Constantina.
¡Toma! Esto, por todo el veneno que tengo en el cuerpo.
Pasqualino.
¡El gobernador!
¿Qué gobernador? ¡Soy Luca!
- Desnuda a Gardunia y ponte su capa. - ¿Qué ha pasado?
- Vamos, date prisa. - Sí.
- Ya estoy listo. - ¡Rápido!
- ¿Qué hacemos? - ¡Anda!
- Tengo una orden del gobernador. - Esperad un momento.
- Debo hablar con el capitán. - ¿A estas horas?
- Órdenes del gobernador. - Venid.
Por este.
Esperad.
¡Señor capitán!
¡Señor capitán, abrid!
- ¿Quién es? ¿Qué hora es? - ¡Medionoche!
- ¡Idos al diablo! - ¡Pero son órdenes del gobernador!
- ¿Qué pasa? - Capitán, tengo esta orden.
¡Oh, doña Carmela! Cabo, cierra la puerta.
La orden del gobernador. Liberad a mi marido.
Y yo que os esperaba a estas horas de la noche...
- ¡No bromeéis capitán, liberad a Luca! - Enseguida, doña Carmela.
Siendo por orden del gobernador. Está aquí dentro.
- ¡Luca! - Aquí dentro.
Será difícil despertarle, cogimos una buena anoche hablando de vos.
- Muy bien, pero abrid. Rápido. - Os dejo solos.
¡Luca!
¡Dios mío, se ha escapado! ¡Capitán!
- ¡Capitán! - ¿Qué pasa?
- ¡Luca se ha escapado! - ¿Dónde? ¿Cómo?
¿Cómo dónde? ¡Por la ventana!
¡Hay que impedir que llegue al molino! ¡Si lo encuentra lo mata!
- ¿A quién? - ¡Al gobernador!
¡Dad la alarma!
- ¡Rápido, capitán! - ¡Soldados! ¡Rápido, los caballos!
¡Los caballos, los caballos!
Carme, ¿qué hacéis? Os estoy esperando.
¡Su excelencia el gobernador!
Cerrad.
Buenas noches, excelencia.
¡Pero vos no sois el gobernador!
Carmela.
No juguemos. No es momento de jugar al escondite.
¡Pasqualino!
Doña Carme...
¡Oh, excelencia!
Hacía tanto tiempo que no veníais a verme...
Pensaba que me habíais olvidado.
¡Excelencia!
¡Gardunia!
¿Cómo has entrado?
Te quiero tantísimo que me he arriesgado.
- ¿Y Gardunia? - Le dejé con las gallinas esta noche
para verte, Constantina mía. Te quiero tanto, Constantina.
- Tanto... - Pasqualino mío...
¡Quieta aquí, doña Carmela! ¡Venid!
¡Gardunia, ayuda! ¡Dónde estás o te llevo a la horca!
Excelencia, aquí estoy.
- ¡Le ha matado! - ¡Quieta, doña Carmela!
- ¡Vamos! - ¡Lo he matado!
- ¡Gardunia, lo he matado! - Sí, excelencia, estoy muerto.
¿Tú?
- ¿Estás muerto? - Excelencia...
¿Cómo te atreves?
Silencio.
¡Excelencia! ¡La guardia!
¡Ay Dios, nos arrestarán!
Pero ¿cómo nos arrestarán? ¿No sois el gobernador?
Ah, sí. Soy el gobernador.
Enciende esa vela. ¡Quieta, doña Carmela!
¿Quién va?
¡El molinero y su ayudante! ¡Los asesinos, arrestadlos!
- ¡No! - ¡Quieta!
¡Cogedlos!
¡Dejadlos! ¡Dejadlos!
¡Luca! Luca, ¿qué has hecho?
¡Su excelencia!
¡Soy el gobernador!
Su excelencia...
- Su excelencia... - Soy el gobernador.
Entonces ha sido él. ¡Ha matado a mi marido!
- ¡Asesino! - ¿Yo, Gardunia?
- ¡Asesino! - Sujetad a la viuda.
- ¡Asesino! - Os lo ruego, calmaos.
Dejadla, dejadla.
- Pero, Carmela, ¿qué pasa? - ¿Dónde está el cadáver?
- Lo haremos desaparecer. - ¿Qué cadáver?
- El del molinero. - Si yo no le he visto.
Gardunia, córtame un poco de corteza de limón.
- ¿Por qué, excelencia? - La corteza va bien
...para el morado del ojo. - Está bien.
- ¡Ay, ay, ay! - ¡Aguantad, excelencia!
¡Quiero irme a mi casa! ¡Dadme mi ropa!
- No está la ropa, ha desaparecido. - ¿Mi ropa?
¿Quién ha cogido mi ropa? ¡Buscad por todas partes!
- ¡Mi ropa! - Aquí hay un mensaje.
- ¿Mensaje? ¿Qué dice? - También la gobernadora es hermosa.
- Sí que es hermosa la gobernadora. - Hermosa, hermosísima.
¿Qué tiene que ver mi mujer? ¿Qué quiere decir un mensaje así?
- ¡Esto... esto lo ha escrito Luca! - ¿Luca? ¿Por qué?
- ¡Para vengarse! - ¿De qué? -¡Oh, Luca! ¿Qué has hecho?
¿Qué ha hecho Luca?
¿Ah, qué?
¿Por qué?
- ¿Cómo te atreves? - No soy yo quien se atreve, es Luca.
¡A mí la guardia, rápido! ¡A palacio!
- ¡A palacio! - ¡A palacio!
¡A palacio, a palacio!
Buenas noches, señora.
Buenas noches, excelencia.
Teófilo.
¿Por qué estáis ahí parado?
Respondedme.
¡Borracho!
¿Dónde habéis estado?
¡Oh, Teófilo! ¿Qué hacéis? ¡Por favor!
Cuántos años hace que no os comportáis así.
¿Teófilo?
¡No soy Teófilo, señora!
- ¿Quién sois? - ¡Soy Luca, el molinero!
¡El que tiene la mujer hermosa! ¡El mismo!
¡Esta noche, vuestro marido ha ido a divertirse con ella!
- ¡No es verdad! - ¡Los vi con mis propios ojos!
¡Los sorprendí yo! ¡Y no los maté porque...
¡Porque quería vengarme! ¡Pero no he podido!
¡Balia! ¡Balia!
Yo le espero aquí. ¡Le esperaremos juntos!
¡Quiero vengarme, estoy en mi derecho!
¡Despertad a todos! ¡Que venga la guardia!
¡Sí, todo el palacio aquí!
Abrid, deprisa.
No está la guardia. Ha llegado el gobernador.
¡Vamos, llama a la puerta!
¡Vamos, llamad a la puerta!
¡Abrid, abrid!
¡Abrid! ¡Abrid, soy el gobernador!
- ¡Abrid! - ¡Dolores! ¡Dolores!
- ¡Abrid! - Y vosotros, ¿qué hacéis?
¡Capitán, dad orden de que abran la puerta!
¿Quién es?
¡Es Balia! ¡Es Balia!
- ¡Balia, abrid, soy yo! - ¿Yo? ¿Quién?
¿Cómo que quién? ¡Soy el gobernador!
- ¡Soy el patrón! - Pero ¿qué gobernador?
- Don Teófilo se acostó hace más de una hora... - ¡Luca, ven aquí, soy Carmela!
¡Balia!, ¿no me reconoces? ¡Soy yo, el gobernador!
¡Lo he dicho antes, el gobernador ya entró!
¡Lo vi con mis propios ojos irse a la cama con su esposa!
¡Traidor! ¡Es un traidor!
¡Te lo haré pagar! ¡Te lo haré pagar!
¡Basta de gritos! ¿Qué escándalo es este?
¡Lo sabrás muy bien después de esta noche!
¡Sí! ¡Capitán, arrestad a esa mujer
y traedla aquí arriba! ¡Órdenes de la gobernadora!
¡Eso, llevadme ahí arriba! ¡Así nos veremos las caras!
¡Llevadme con ella! ¡Quiero verle la cara!
¡Yo también quiero verla! ¡Soy el gobernador!
¡Gardunia, haz algo! ¡Mata, destroza,
pero esta puerta debe abrirse!
Qué frío hace en este maldito pueblo.
¡Dejadme!
¿Qué?
Por fin tengo el placer de verle la cara a una de esas desvergonzadas.
- ¿Doña Carmela, qué hace? - ¿Qué hacéis con mi marido?
¿Yo? ¡Estáis loca!
Es vuestra culpa la que os hace imaginar tales cosas.
¡Sí, culpa mía! ¡Dejadme, capitán!
Vos no sois digna de tener un marido como el vuestro.
- Balia, hacedle entrar. - Enseguida, excelencia.
Le he hecho arrestar porque estaba como loco.
- Quería vengarse. - ¿Qué queréis?
- ¡Entra, vamos! - ¡Dejadme!
¡Luca!
- ¡Cállate, desvergonzada! - Aquí tenéis a vuestro marido.
Entró en mi habitación
y hubiera podido cumplir su venganza.
Pero no quiso, por vos. Porque os ama.
Aunque no seáis digna.
¡Pero, Luca!
- ¡No es verdad, lo juro! - ¡No jures!
Es mejor que intentes salvar el poco de alma limpia que te queda.
- ¡No hice nada! - ¡Cállate, desvergonzada!
Tardaste poco en olvidarme.
Si me permitís, excelencia, quisiera aclarar un equívoco.
Esta mujer es una flor de pureza y de virtud.
¿Vos también? ¿Qué sabéis vos?
Os habéis emborrachado tantas veces...
No, Luca. Doña Carmela vino a liberarte.
- Tenía la orden de excarcelación. - ¡Claro, el regalo de bodas!
- Prefiero estar en la cárcel. - Luca, por favor, créeme. -¡Quita!
Lo vi con mis propios ojos, estaba allí con el gobernador.
Lo vi por el ojo de la cerradura.
- ¿De la cerradura? - ¡Sí, sí!
- ¿Entonces no era Gardunia? - ¿Qué pinta Gardunia en esto?
- ¡Entonces eras tú con su ropa! - Sí, ¿y?
¡Estaba detrás de ti, detrás de la puerta!
Estaba saliendo, y en ese momento te vi entrar.
- Te quitaste las botas. - Sí.
- Después, cogiste un vaso. - ¡Sí!
Cuando te vi mirar por la cerradura, escapé con la orden de libertad.
- Pero entonces... - Estaba desesperada.
Quería liberarte para irnos los dos solos fuera de este pueblo.
- ¡Carmela mía! - ¡Luca!
¡Carmela mía! ¡Mi Carmela!
¡Carmela! ¡Si supieras lo que he pasado!
¡Menos mal!
- Liberadle. - Enseguida, excelencia. -¡Luca!
- Carmela mía. - Luca.
- Vamos. - Luca.
Perdonadme, excelencia.
Somos gente pobre, la culpa es nuestra.
A veces nos equivocamos.
Pero nunca pensé que podía acabarse así.
- Y con tanta vergüenza... - Perdonadnos.
¿Nos perdonáis, excelencia?
- Estáis perdonados. - Gracias.
Un momento, Luca. Habéis sido muy hábil para entrar en palacio.
Tan hábil como para incluso engañarme.
- Ahora, debéis ayudarme. - Sí, excelencia.
- Debéis hacer lo que os diga. - Haré todo lo que me digáis.
Balia, escuchadme bien.
- Pero ¿qué hacemos? - No lo sé, excelencia.
¿Qué hacéis aquí?
- Sargento, ¿qué estáis haciendo? - Vigilamos.
¿Qué vigiláis? Venid a vigilar aquí.
- A ver, ¿quién es este? - Pues, pues...
- ¿Cómo pues? - ¡Es el gobernador!
Se parece. ¿Verdad?
Se parece.
Sí, se parece.
Y luego dicen que los hago ahorcar. ¿Cuántos hombres hay ahí dentro?
- ¿Dónde? - Criados, camareros, mozos, soldados.
¿En palacio?
- 47. - Prepara 47 horcas,
...los colgaré a todos. - Sí, sí.
- No, a 48. También a Balia. - También Balia.
Podéis entrar.
¡Ja! Ya era hora.
Podemos entrar, ¿eh?
- ¿Qué hacéis aquí? - ¡Arriba!
- ¿Y por qué? - ¿Cómo que por qué? ¡Soy el gobernador!
¡Soy el gobernador!
¡Su excelencia el gobernador!
- Pero ¿qué sucede? - ¿Qué quieren estos plebeyos?
¿Qué queremos? ¡Baja de ahí o te llevo a la horca!
No te permito que insultes así a mi marido.
Una palabra más, y doy orden de arrestarte.
¡Pero yo soy Teófilo! ¡Soy tu marido!
- ¿No me conoces? - Ah, sí. Ahora os reconozco.
Sois Luca, el molinero.
- Pero ¿qué molinero? - ¡No me alcéis la voz!
¿Por qué protestáis? ¿Qué os han hecho?
¿Qué me han hecho? Os lo pregunto yo a vos.
¿Qué habéis hecho con mi honor esta noche, señora?
- ¡Arrestad al impostor! - ¿Qué decís, Luca?
El gobernador de la ciudad, el representante de la justicia,
el enviado del rey, no va a dar vueltas a estas horas y de esa guisa.
Pero yo...
Pero vos, vos... Sois un loco.
Decís ser el gobernador y que amáis a mi esposa Dolores.
¿Qué hacéis en palacio a estas horas de la noche?
- Pero... es mi casa. - También es vuestra casa, ¿eh?
- Es mi casa. - Cierto, porque vos sois un ciudadano
y el palacio del gobernador es la casa de todo el pueblo.
- Adelante, hablad. - ¡"Hablad" lo digo yo!
Entiendo. Habéis venido a protestar en contra mía, ¿eh?
- ¡Justo! - Justo.
Esta noche no podía dormirme pensando en la revuelta de hoy.
Demasiadas imposiciones, demasiados abusos,
demasiadas tasas injustas, y el pueblo se rebela.
Lo entiendo, me he equivocado.
Poner un impuesto sobre la lluvia y sobre el matrimonio...
La lluvia hace que crezca el grano, que sirve para pagar impuestos.
Y si no se hacen hijos, ¿quién paga los impuestos?
Ya, nadie. ¿Verdad, Gardunia?
Ved cómo todo es simple, querido Luca.
Quiero confesarme con vos.
No se puede gobernar un pueblo sin conocerlo.
Y el cerebro debe guardarse para el gobierno,
...no para las mujeres de los otros. - ¡Basta!
Y le pido humilde y públicamente perdón a mi consorte,
...que ha debido soportarme tanto. - ¡Basta, no te permito más!
¡Basta!
Sí, basta.
- Tenéis razón vos, excelencia. - Pero ¿qué hacéis?
Perdonadme, señora.
Pero la culpa no es solo de los que gobiernan.
Sino de los que creen que pueden tomar sin dar nada.
Hay mucha gente mejor que yo.
Gente que sufre.
Pero que no se hacen los listos.
¿Vamos, Carmela?
¡Idos todos!
Señora.
¿Qué habéis hecho con mi honor esta noche?
¡Decídmelo!
Recoged vuestra ropa
y procurad ser digno de ella.
¡Dolores!
"Ha pasado un año,
y se celebra, como siempre, el Santo Patrón".
¡Música, muchachos! ¡La banda, la banda!
Perdonadme, Dolores.
¿Habéis oído cómo me aclama el pueblo?
Vos debéis estar muy contento, Teófilo.
Claro.
- Dolores. - ¿Qué, Teófilo?
He hecho todo lo que habéis querido.
Cada día he seguido vuestros consejos.
He anulado los impuestos injustos,
el favoritismo, la prepotencia y toda injusticia.
- Habéis hecho bien. - He hecho ahorcar a Gardunia.
- En eso habéis hecho mal. - No, esperad.
Cada día le decía: "Te haré ahorcar, te haré ahorcar".
Lo tenía que hacer alguna vez aunque solo fuese por honor.
Dolores.
Hace un año, ¿recordáis?,
me prometisteis delante de la Virgen del Pilar
que hoy me contaríais la verdad.
Me acuerdo, Teófilo.
Dolores, decidme.
Aquella noche,
aquí, en palacio, ¿qué sucedió?
¿Queréis saberlo?
Sí.
¿Os lo puedo contar todo?
- Sí, Dolores. - Seréis fuerte.
- Sí. - Bien.
La Virgen del Pilar, esta noche, en mis plegarias,
me ha dicho que os diga toda la verdad el año próximo.
En las fiestas del Santo Patrón.
Levanta las manos, Teófilo.
Vamos.
¡Ánimo, muchachos! ¡Eh!
- ¿Y tú qué haces? - Mira qué contenta está Constantina.
Anoche le hice un bonito regalo.
A mí me parece que estás un poco loco.
Querido Luca, el amor es como la primavera.
Calienta el cuerpo.
- Constantina, ¿así me ayudas? - ¡Qué perfume, doña Carmela!
- Me lo compró ayer Pasqualino. - Sí, es muy bueno. Ayúdame.
¡Luca, mira quien viene!
- Buenos días, Luca. - Buenos días.
Aquí estamos.
- ¿Cuánto es esta vez? - Cinco carlinos.
Uno, dos, tres, cuatro...
y cinco.
Y cinco más por el transporte.
- ¿Además? - Sí.
- Adiós, Luca. - Adiós.
¡Eh, por allí!
¿Qué pasa?
La verdad es que es un fastidio pagar los impuestos.
Sí.
Si quieres, matamos un cerdito e invitamos a todos nuestros amigos.
El abogado, el barón, el gobernador...
No, no, no.
Es mejor pagar.
¿Entonces me quieres de verdad?
¡No! ¿Y por qué?
¡Porque eres fea, Carmela! ¡Eres fea!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.