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Cr�nica de la Historia del REY ENRIQUE V
en la Batalla de Agincourt en Francia
DE WILLIAM SHAKESPEARE
Se presentar� en el Teatro Globo
Este d�a 1 de Mayo de 1600
Teatro Globo
LA HISTORIA DEL REY ENRIQUE V
�Oh!, qui�n tuviese una musa de fuego
que ascendiera al cielo m�s resplandeciente de la invenci�n.
�Un reino por escenario, pr�ncipes como actores
y monarcas como espectadores de la escena sublime!
Entonces, el belicoso Enrique, tal como es, adoptar�a el porte de Marte;
y a sus talones, sujetos como sabuesos,
el hambre, la espada y el fuego se agazapar�an para ser empleados.
Pero perdonad, estimados todos, al esp�ritu simple
y llano que ha osado traer a estos indignos andamios
un tema tan grande.
�Puede contener este circo de gallos los vastos campos de Francia?
O, �podr�amos meter en este �valo de madera a los mism�simos cascos
que asustaron al cielo en Agincourt?
En la obra de sus imaginarias fuerzas
Suponed que entre estos muros
est�n encerradas dos poderosas monarqu�as
a las cuales el peligroso y estrecho oc�ano separa las frentes
Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos
Dejad las cifras de este gran n�mero al trabajo de vuestra imaginaci�n;
porque son vuestros pensamientos los que vestir�n a nuestros Reyes,
los llevar�n aqu� y all� cabalgando sobre las �pocas,
vertiendo el logro de muchos a�os en un vaso de una hora.
�Para tal suplencia, permitidme ser el Coro en esta historia,
quien, a modo de pr�logo,
os ruega vuestra humilde paciencia,
que escuch�is con atenci�n y juzgu�is con amabilidad...
nuestra obra!
ANTEC�MARA EN EL PALACIO DEL REY ENRIQUE
Milord, os lo digo:
es el mismo proyecto
que en el reinado del �ltimo rey casi se aprueba en contra de nosotros.
Pero estos agitados tiempos lo presionaron
Pero, �c�mo, Milord, lo resistiremos ahora?
Debemos reflexionar.
Si se aprueba, perdemos la mejor mitad de nuestra posesi�n.
Por todas esas tierras
que han sido dadas bajo devoto testamento a la Iglesia
Tal es el proyecto en sustancia.
Es un trago grande.
- Un trago con copa y todo - Pero, �c�mo impedirlo?
El Rey est� lleno de gracia y buena voluntad.
Es un sincero amigo de la Santa Iglesia.
El curso de su juventud no lo promet�a as�,
por su afici�n a las banalidades.
Sus compa��as iletradas, tontas y superfluas.
Sus horas llenas de des�rdenes, banquetes, deportes
y nunca se advirti� en �l estudio alguno.
Y as� el pr�ncipe ocult� sus reflexiones tras el velo de la rusticidad
que sin duda brotaron como el c�sped.
M�s r�pido de noche.
Tan pronto como la vida abandon� el cuerpo de su padre,
la locura que le dominaba pareci� morir tambi�n.
En eso estaba...
con toda su compa��a rode�ndole
Se le avis�
Y el Rey dijo que no se acercaran a menos de 10 millas.
Y en aquel mismo momento surgi� en �l la circunspecci�n,
como si un �ngel arrojara fuera de �l al pecador Ad�n
Jam�s se vio un sabio tan repentinamente creado
Jam�s vino la reforma en una oleada, como en el Rey
El cambio nos bendijo
�El cambio nos bendijo!
Pero, Milord,
�c�mo mitigaremos ese proyecto reclamado por los Comunes?
�Se inclina por �l Su Majestad o no?
Parece indiferente,
o m�s bien se inclina hacia nuestro lado,
porque le he hecho una oferta a Su Majestad
relativa a Francia...
El ofrecimiento de darle una m�s grande suma que la otorgada
por el clero a sus predecesores.
�Y c�mo pareci� recibir este ofrecimiento, Milord?
Su Majestad lo ha aceptado favorablemente,
salvo que no tuve bastante tiempo para escuchar
los varios y rec�nditos testimonios sobre ciertos ducados
y en general sobre la corona de Francia
T�tulos derivados desde Eduardo, su bisabuelo.
�Cu�l fue el impedimento que lo interrumpi�?
El embajador de Francia, en aquel momento, solicitaba audiencia.
Y creo que es ya la hora fijada para su recepci�n.
�Son las cuatro?
S�.
Entonces entremos para conocer el motivo de su embajada.
el cual podr�a yo enunciar
antes de que el franc�s dijera una palabra.
Yo os acompa�ar�, que ardo en deseos de conocerlo.
�D�nde est� mi gentil Lord de Canterbury?
- No se halla presente. - Enviadle a buscar.
�Introducimos al embajador, mi soberano?
Todav�a no, primo m�o. Antes de o�rle,
quisi�ramos enterarnos de algunos puntos de importancia
concernientes a nosotros y a Francia.
Que Dios y sus �ngeles guarden vuestro sagrado trono
para que lo ocup�is largo tiempo.
En verdad os lo agradecemos.
Sabio Lord, os rogamos que expliqu�is, justa y religiosamente,
por qu� la Ley S�lica que tienen en Francia
nos excluir�a o no de nuestras pretensiones.
Os lo urgimos, en nombre de Dios, poned cuidado,
c�mo despert�is la durmiente espada de la guerra.
Porque nunca dos reinos tales
lucharon sin gran derramamiento de sangre.
cuyas gotas inocentes ser�an un desperdicio en la r�pida mortandad.
Entonces, escuchadme, gracioso Soberano
as� como vosotros, pares, que deb�is a este trono imperial vuestra existencia
�Nada impide vuestras pretensiones sobre Francia...!
Excepto esto, atribuido a Faramond:
Los franceses alegan injustamente que esa tierra s�lica
es el reino de Francia.
Sin embargo, sus propios autores afirman
que la tierra s�lica se encuentra en Alemania,
entre los r�os Sala y Elba,
donde Carlomagno, despu�s de haber sojuzgado a los sajones,
dej� tras de s� una colonia de franceses
que desde�ando a las mujeres
alemanas por ciertas costumbres deshonestas
establecieron esta ley:
Decretaron que ninguna mujer heredar�a en tierra s�lica
que hoy se llama en Alemania Misnia.
As� pues, resulta evidente que la Ley S�lica
no fue concebida para el reino de Francia
y que los franceses no poseyeron la tierra s�lica
hasta 420 a�os despu�s del fallecimiento del rey...
...Faramond,
falsamente supuesto autor de esta Ley.
El rey Pipino, que destron� a Childerico,
reclam� por su descendencia con
Blitilda,
hija de...
el rey Clotario,
la herencia a la corona de Francia.
Tambi�n Hugo Capeto;
que usurp� la corona a
Carlos, duque de Lorena,
�nico heredero var�n en l�nea directa con
Carlomagno,
no tranquiliz� su conciencia llevando la corona de Francia
hasta asegurarse de que la bella...
Bella...
reina Isabel, su abuela,
descend�a de la dama
Dama... dama
dama Ermengara, hija de Carlos,
el antedicho duque de Lorena.
As� es de claro como el sol de verano.
Todo coincide en sostener los derechos y t�tulos de la hembra.
Eso han hecho los reyes de Francia hasta el d�a de hoy.
Sin embargo, ellos sostendr�an la Ley S�lica
para privar a Vuestra Alteza de unos derechos procedentes de hembra.
�Puedo, en derecho y en conciencia, hacer esta reclamaci�n?
El pecado recaiga sobre mi cabeza, temido Soberano.
Porque est� escrito en el libro de los N�meros.
Gracias se�or �Defended vuestros derechos,
Mirad vuestros poderosos antepasados;
Marchad, mi temido soberano, a la tumba de vuestro bisabuelo,
que os ha transmitido sus derechos
invocad su alma su alma guerrera
y la de vuestro gran t�o, el Pr�ncipe Negro.
Vuestros hermanos, reyes y monarcas, esperan que os levant�is
como hicieron los primeros leones de vuestra raza.
Saben que Vuestra Gracias tiene motivo, recursos y poder.
En efecto, los tiene Vuestra Alteza;
Jam�s un Rey de Inglaterra tuvo nobles m�s ricos,
ni m�s leales s�bditos,
cuyos corazones han dejado sus cuerpos aqu�,
y plantaron su pabell�n en los campos de Francia.
�Oh!, que sus cuerpos los sigan, mi querido se�or,
con sangre, espada y fuego para ganar vuestro derecho.
En ayuda de lo cual, nosotros, los de la espiritualidad,
entregaremos a Vuestra Alteza una suma tan alta
como jam�s el Clero ofreci� a ninguno de vuestros antecesores.
Llamad a los mensajeros enviados por el Delf�n.
Ahora estamos decididos, y con la ayuda de Dios y la vuestra,
nobles tendones de nuestro poder, siendo nuestra Francia,
la doblegaremos a nuestra voluntad...
o depositaremos estos huesos en una urna indigna,
sin sepulcro, para que no quede recuerdo de ellos.
Estamos dispuestos a conocer lo que le place a nuestro primo el Delf�n.
porque sabemos que esta embajada viene de su parte y no del Rey.
�Le agradar� a Vuestra Majestad darnos licencia libre
para referir aquello de que estamos encargados,
o, ahorr�ndonos palabras, debemos mostraros sin rodeos
el pensamiento de Delf�n y objeto de nuestra embajada?
No somos tiranos, sino un Rey de Cristo.
Por tanto, decidnos, con franca sencillez y sin rodeos.
las intenciones de Delf�n.
Entonces, en pocas palabras.
Vuestra Alteza ha enviado recientemente a Francia
la reclamaci�n de ciertos estados ducales,
en virtud de los t�tulos de vuestro gran proceder,
en repuesta a tal reclamaci�n, el pr�ncipe, nuestro due�o.
dice que sois todav�a muy joven,
Por lo tanto os env�a, m�s acorde con vuestro esp�ritu, este tesoro...
y a cambio desea que los ducados que pretend�is no sepan m�s de vos.
Esto es lo que dice el Delf�n.
�Qu� tesoro, t�o?
Pelotas de tenis, mi se�or.
Nos alegra que el Delf�n sea tan complaciente con nosotros.
Su regalo y vuestras molestias os agradecemos.
Cuando hayamos adaptado nuestras raquetas a estas pelotas,
jugaremos en Francia un partido, con la ayuda de Dios,
que ganar� en el azar la corona de su padre.
Decidle que se ha empa�ado en una partida con un jugador tal,
que todas las pistas de Francia resultar�n
trastornadas con sus voleos.
Y comprendemos bien el reproche de nuestros d�as disipados,
sin medir el uso que hac�amos de ellos.
�Pero decid al Delf�n que mantendr� mi rango, obrar� como Rey
y mostrar� mi vela de grandeza
cuando me eleve a mi trono de Francia!
Y decid al simp�tico pr�ncipe
que esta burla suya ha tornado sus pelotas en balas de ca��n
y que su alma quedar� acusada de la terrible venganza
que volar� con ellas,
porque a miles de viudas burlar� esta su burla de sus queridos esposos,
madres de sus hijos, castillos de sus murallas
y a�n est�n por engendrar y nacer
algunos que tendr�n motivo para maldecir el insulto del Delf�n.
Pero todo est� remitido a la voluntad de Dios,
al cual apelo, y en nombre del cual, informar�is de ello al Delf�n.
voy a ponerme en marcha para vengarme como pueda
y llevar a delante mi mano llena de raz�n por una causa sagrada.
As� pues, partid en paz
y decidle al Delf�n
que su broma parecer� de gusto ins�pido
cuando con ella miles lloren m�s de lo que han re�do.
Conducidle bajo segura escolta. Pasadlo bien.
He ah� un jocoso mensaje.
Esperamos hacer enrojecer al mandante.
Y que nuestras medidas para estas guerras sean adoptadas con prontitud,
y pensadas todas las cosas que puedan, con una razonable diligencia,
a�adir plumas a nuestras alas;
porque lo declaramos delante de Dios: castigaremos
al Delf�n a la puerta de su padre.
Ahora toda la juventud de Inglaterra est� en fuego,
y los trajes de seda de las fiestas depositados en el guardarropa.
Ahora medran los armeros y el sentimiento del honor reina
por s� solo en los pechos de todos los hombres.
Venden sus pastos para comprar un caballo;
siguen todos con sus talones alados como otros tantos
Mercurios ingleses a ese espejo de reyes cristianos.
porque ahora la expectaci�n est� en el aire
y esconde una espada ensartada desde la empu�adura a la punta
de coronas imperiales,
condales y ducales,
prometidas a Enrique y a sus seguidores.
Alargad vuestra paciencia,
no queremos
que nuestro drama produzca mareos ni a un solo est�mago.
LA CABEZA DEL JABAL�
Feliz encuentro, cabo Nym.
Buenos d�as, teniente Bardolph.
�Sois vos y el abanderado Pistol, amigos todav�a?
Por mi parte, no me importa.
Hablo poco, pero, cuando llegue el momento,
Os dar� un almuerzo para que hag�is las paces
jurados en la campa�a de Francia.
- Consentid en ello, buen cabo Nym - �Har� lo que pueda!
Ya s�, cabo que se ha casado con Nell Quickly
y ciertamente, ella os ha faltado, pues os estaba prometida.
Las cosas tienen que pasar.
Los hombres pueden dormir y tener defendidas sus gargantas.
Los cuchillos tienen filo; ahora, que no puedo decirlo.
All� viene el abanderado Pistol y su mujer. Mi buen cabo,
tened paciencia.
�C�mo os va, mi patr�n Pistol?
�Vil perro!
�Me llam�is patr�n?
�Por esta mano juro que desprecio el t�rmino
y que mi Nell no tendr� hu�spedes!
�No, a fe m�a que no!
Porque no podemos alojar ni alimentar a 12 � 14 damas
que viven honestamente de sus agujas
sin que se piense que tenemos un burdel.
Oh perro de Creta, �crees que tomar�s a mi esposa?
Tengo y guardar� a mi reina, y eso es suficiente.
Te picar� las tripas un poco, y esa es la verdad
Oh, tendremos un asesino, y se cometer� adulterio
Gentil abanderado, gentil teniente, no ofrecen nada aqu�.
�Perro de Islandia!
T�, perro callejero de Islandia
Buen cabo Nym, mostrad vuestro valor y envainad la espada.
Les cortar� la garganta, que justo es.
Yo puedo tomarlo.
Ahora que se ha levantado el gallo de Pistol,
seguir� el fuego
�O�d! �O�d lo que digo!
A quien d� el primer golpe,
se la meto hasta la cruz, como que soy soldado.
Un juramento de gran valor.
La furia ha de aplacarse.
�Mi patr�n Pistol!
�Deb�is venir con mi amo! �Y vos, patrona!
Est� muy enfermo y querr�a acostarse.
Buen Bardolph, ponedle la cara entre las ropas
y haced oficio de calentador.
�Fuera, granuja!
A fe... que est� muy enfermo.
A fe m�a
que el Rey ha matado su coraz�n.
Buen esposo, venid al instante.
Vamos, �os har� amigos? Debemos ir juntos a Francia.
�Por qu� diablos hemos de levantar pu�ales para matarnos mutuamente?
�Que las olas se desborden y que los demonios griten tras de su presa!
�Me pagar�is los ocho chelines que os he ganado en apuesta?
Vil es el esclavo que paga.
Quiero ese dinero ahora. Esa es la cuesti�n.
Que sea la valent�a la que decida. �Vayamos fuera!
Por mi espada que a quien d� el primer paso, lo mato.
�Por mi espada que lo har�!
Una espada vale un juramento, y los juramentos deben ser respetados.
Cabo Nym,
Si quieres que seamos amigos lo seremos.
si no quieres, entonces ser�s tambi�n mi enemigo.
Envaina.
Si sois nacidos de mujeres, asistid deprisa a Sir John.
Tiembla tanto con la ardiente fiebre cotidiana
que es de lo m�s lastimoso contemplarlo.
Buenos hombres, venid con �l.
El rey a tratado al caballero de mala manera;
Nym, has dicho la verdad;
su coraz�n est� destrozado y corro�do.
El rey es bueno; pero las cosas son como son;
rebasa un poco los l�mites.
Compadezcamos al caballero.
porque nosotros cordilleros, prosperaremos.
Que perdure su paciencia
y digeriremos el abuso de la distancia
Forcemos la obra
El Rey ha partido de Londres
y la escena se ha transportado, gentiles personas
a Southampton
Ah� est� el teatro
All� deben sentarse
Y a Francia los transportaremos con bien
y los traeremos de regreso por los angostos oc�anos
para que tengan un gentil pase.
Pero aqu�, hasta entonces
a Southampton
cambiamos nuestra escena.
El viento es ahora favorable.
T�o de Exeter
Libertad al hombre que fue encarcelado por burlarse de m�.
Creemos que le impuls� el exceso de vino
y con m�s detenido juicio, le perdonamos.
Eso es clemencia, pero tambi�n mucha confianza.
Hacedle castigar, mi soberano, y que el ejemplo de su sufrimiento
sirva a los otros.
Seamos misericordiosos.
Ahora no dudamos, pero cada problema se aten�a en nuestro camino
Ahora sigamos, queridos compatriotas
Pongamos nuestra fuerza en manos de Dios, y sigamos la expedici�n
�Con alegr�a a la mar!
�Avanzad los estandartes de la guerra!
�No habr� Rey de Inglaterra, si no hay Rey de Francia!
Sean gentiles
y a duras penas llevaremos nuestra actuaci�n
con su mente.
Dios salve a su gracia el Rey Hal
Mi real Hal.
Dios te salve, dulce ni�o
Mi Rey, mi J�piter
Te hablo desde mi coraz�n.
Te lo ruego, dulce esposo, d�jame acompa�arte a Staines.
No, porque se desgarra mi viril coraz�n.
�Bardolph, sonr�e!
�Nym, despierta tu vena jactanciosa!
�Paje, eriza tu coraje!
Porque Falstaff est� muerto y nosotros debemos a�orarlo.
Se ha ido sir John, que Dios lo acompa�e
Ojal� estuviese con �l donde est�, en el Cielo o en el Infierno.
Seguro que no est� en el Infierno.
Est� en el seno de Arturo, si alguna vez ha habitado alguien all�.
Ha tenido un fin hermoso y parti� como habr�a partido un inocente.
Parti� incluso justo entre las doce y la una,
incluso en el cambio de marea;
pues cuando le vi... tentar las s�banas y
jugar con flores y sonre�r a las puntas de sus dedos,
supe que s�lo hab�a un camino;
porque su nariz estaba afilada como una pluma
y balbuceaba sobre campos verdes.
"�Qu� tal, Sir John?", dije yo, "�Venga, hombre, alegraos!"
�l exclam�: "�Dios, Dios...!"
"�Dios!"
Tres o cuatro veces.
Yo, para confortarlo, le dije que no deb�a pensar en Dios;
esperaba que a�n no necesitase perturbarse con tales pensamientos.
Me pidi� que le pusiese m�s ropa en los pies.
Met� la mano dentro de la cama y se los toqu�.
Estaban fr�os como una piedra.
Despu�s le toqu� las rodillas,
Estaban fr�as como una piedra.
y m�s arriba,
y arriba.
Y todo estaba tan fr�o como una piedra.
Dicen que pidi� vino seco a voces.
�S�, lo pidi�!
�Y mujeres!
- �No, eso no lo pidi�! - �S� que lo pidi�!
Dijo que eran demonios encarnados.
Una vez dijo que el diablo se lo Llevar�a por las mujeres.
Bueno, lo hizo en cierto modo.
Manejaba mujeres.
Pero entonces ten�a reuma y hablaba de la puta de Babilonia.
�Record�is que vio una pulga sobre la nariz de Bardolph
y dijo que era un alma negra ardiendo en el Infierno?
Bueno, el combustible que alimentaba ese fuego ha desaparecido.
Es toda la riqueza que obtuve a su servicio.
�Nos vamos?
El Rey se habr� ido ya de Southampton.
Vamos, marchemos.
Amor m�o, dame tus labios.
Vela por mis alhajas y mis muebles.
Vamos, l�mpiate esos cristales.
�Compa�eros de armas, a Francia!
Y all� sanguijuelas,
�chupemos, chupemos, chupemos de la misma sangre!
Tocad su dulce boca y partamos
Adi�s, patrona.
Yo no puedo besaros, �sa es la gracia de la cosa.
Pero...
"adieu".
Sed una buena ama de casa.
Tened cerrado. Os lo ordeno.
Adi�s, adi�s divino Zen�crates
�Qu� no hay que ser valiente para ser un rey
y cabalgar triunfante en Pers�polis?
Vamos a imaginarnos que no vemos lo que
vuela como un pensamiento.
Supongamos que hemos visto al buen rey
embarcar en el muelle de Hampton embarcar su realeza
y a su valiente flota
Jugad con su imaginaci�n y entonces contemplad
a los muchachos subir las embarcaciones
Escuchad el estridente chillido que ordena se confundan los sonidos
Contemplad a la flota navegar, que nace con el invisible viento
y dibuja a las grandes naves en el surcado mar
alimentando la noble oleada
O, pero imaginad que est�is en tierra firme
Y entonces contemplad la ciudad
bailando en la inconstante neblina
a su debido momento para Harfleur
Seguid, seguid
y dejad vuestra Inglaterra mientras sigue la noche
Cuidada por viejos, beb�s y ancianas
�Y qui�n es �l cuyo ment�n se ha enriquecido
con la barba que aparece
que no seguir� a estos aguerridos caballeros elegidos
a Francia?
Los franceses, aconsejados por el buen juicio
de esta horrible preparaci�n, sacuden su miedo,
y con suave pol�tica buscan desviar los prop�sitos ingleses.
As� que los ingleses
vienen con todas sus tropas sobre nosotros
y nos concierne responder m�s que con cuidado
con nuestras defensas.
Por tanto, los duques de Berri
de Brabante y de Orle�ns, partir�n. Y vos, Pr�ncipe Delf�n.
Para llenar nuestras plazas de guerra
de hombres valerosos,
y reforzarlas de nuevos medios defensivos.
Mi muy temido padre,
es muy apropiado que nos armemos contra el enemigo,
Y que lo hagamos sin muestra de temor;
no con m�s que si supi�semos que Inglaterra estuviese ocupada en
�un baile de Pentecost�s! Porque, mi buen Se�or,
est� tan ociosamente gobernada por joven tan vano,
alocado y caprichoso que no puede inspirar temor.
�Oh, cuidado, Pr�ncipe Delf�n!
Est�is muy equivocado con este Rey.
Pregunte Vuestra Gracia a los �ltimos embajadores
con qu� gran orgullo escuch� su embajada,
qu� bien provisto estaba de nobles consejeros,
y, al tiempo, qu� terrible en la resoluci�n constante.
No es as�, milord Condestable,
aunque pens�semos que lo es, no importa. En defensa,
mejor suponer al enemigo m�s poderoso de lo que parece.
Y porque desciende de esa raza sanguinaria
que nos ha perseguido en nuestros senderos familiares.
cuando la batalla de Cressy fue librada
y todos nuestros pr�ncipes capturados
a manos de aquel nombre siniestro,
Eduardo,
Pr�ncipe Negro de Gales.
�ste es un v�stago de esa raza victoriosa;
temamos su grandeza innata, y el destino de su estirpe.
Embajadores de Enrique, Rey de Inglaterra, solicitan ser recibidos.
No les concedemos una audiencia inmediata.
Id e introducirlos.
Bien, mi Soberano. Cortadle vuelos a los ingleses
y mostradles de qu� monarqu�a sois cabeza.
La autoestima, Milord,
no es pecado tan vil como el desd�n de uno mismo.
�De nuestro hermano de Inglaterra?
De �l, que as� saluda a Vuestra Majestad.
Desea que vos, en nombre de Dios todo poderoso,
os despoj�is y dej�is a un lado las prestadas glorias
que por don del Cielo, por la Ley de la Naturaleza y las Naciones,
le pertenecen a �l y a sus herederos;
concretamente, la Corona.
Desea que ve�is esta genealog�a
y cuando lo descubr�is descendiente directo
del m�s afamado de sus famosos antecesores, Eduardo III,
os ordena que entregu�is vuestra Corona y Reino,
ilegalmente usurpados a �l,
verdadero aspirante por nacimiento.
Si no, �qu� suceder�a?
Una lucha sangrienta,
Aun cuando escondierais la corona en vuestros corazones,
All� rastrillar�a �l en su busca.
Por tanto, en furiosa tempestad viene,
con el trueno y el terremoto, como un J�piter,
pues si fracasase su demanda, os obligar�a.
�sta es su reclamaci�n, su amenaza y mi mensaje;
a menos que el Delf�n est� aqu� presente,
al cual, expresamente, traigo tambi�n saludos.
Para nosotros, consideramos esto con m�s espacio.
Ma�ana llevar�is a nuestro hermano de Inglaterra
nuestra repuesta definitiva.
Respecto al Delf�n, yo le represento aqu�.
�Qu� hay para �l de Inglaterra?
Desprecio y desaf�o,
ligera estima, desd�n
y cualquier otra cosa con la que no se rebajase el mandante
al apreciaros.
Eso dice mi Rey.
Decidle que si mi padre le da respuesta favorable,
es en contra de mi voluntad. Yo no deseo sino lucha con Inglaterra.
�l har� que vuestro Louvre de Par�s tiemble por ello.
Ma�ana conocer�is a fondo nuestro pensamiento.
Despachadnos con toda rapidez,
no sea que nuestro rey venga a informarse en persona
de la causa de nuestro retardo.
�Una vez m�s a la brecha, queridos amigos; una vez m�s
o tapiemos la l�nea de sus murallas con nuestros muertos ingleses!
En tiempo de paz,
nada conviene al hombre tanto como
la modestia tranquila y la humildad.
Pero cuando la tempestad de la guerra sopla en nuestros o�dos,
nos es preciso imitar la acci�n del tigre.
tensionad nuestros nervios, hacer llamamiento a nuestra sangre.
Disimular el noble car�cter bajo una mascara de furia
as� pues dotad a vuestros ojos de una terrible mirada;
que vigile a trav�s de la tronera como el ca��n dorado!
�Que la ceja lo domine temiblemente, como una roca erosionada
domina y sobresale de su desconcertada base,
lavada por el salvaje y derrochador oc�ano!
�Ahora ense�ad los dientes y abrid los orificios nasales!
�Contened la respiraci�n y elevad el esp�ritu a la mayor altura!
�Adelante, nobles ingleses!
que ten�is la sangre de los padres probados en la guerra
de padres que, parecidos a otros tantos Alejandros,
combatieron en estas regiones desde la ma�ana hasta la noche,
y no envainaron sus espadas hasta que les falt� tema de lucha.
�No deshonr�is a vuestras madres;
atestiguad que aqu�llos a quienes llam�is padres, os engendraron!
Servid de modelo a los hombres de sangre menos noble,
y ense�adles c�mo hay que vestirse!
�Y vosotros, buenos propietarios, hechos en Inglaterra,
mostradnos el temple de vuestros pastos,
hacednos jurar que sois dignos de vuestra raza, lo cual no dudo!
�Porque no hay uno de vosotros, por vil y bajo que sea,
que no tenga un noble lustre en los ojos!
�Veo que est�is como lebreros en tra�lla, ansiando el comienzo!
�Se ha levantado la caza! Seguid a vuestro esp�ritu
y en esta carga gritad:
"�Dios por Enrique, Inglaterra y San Jorge!"
�Dios por Enrique,
Inglaterra y San Jorge!
�Vamos! �Vamos!
�A la brecha, a la brecha!
El humor de este asunto se pone demasiado c�lido.
Los golpes van y vienen,
los vasallos de dios caen y mueren: Y la espada y el broquel
en la matanza campal conquistan fama inmortal.
Y ah� est� la verdadera canci�n.
�Que no me encuentre en un mes�n de Londres!
Dar�a toda la fama por un garro de cerveza y mi seguridad.
�Sangre de Dios! �A la brecha, perros!
�Fuera de aqu� cobardes!
�S� compasivo, gran duque, de hombres hechos de arcilla!
- �Modera tu rabia! - �A la Brecha!
- Modera tu rabia, gran duque. - Vamos, Vamos.
El �gil artillero con fuego toca el diab�lico ca��n
�Y cae sobre ellos!
Capit�n Fluellen,
Capit�n Fluellen, deb�is venir inmediatamente a las minas.
El duque de Gloucester quiere hablar con vos.
Decidle al duque que no es tan bueno ir a las minas;
porque las minas no son acordes a las disciplinas de la guerra.
Las cavidades no son suficientes.
porque, ser�is el adversario; pod�is sostener eso delante del duque,
ser�is acabado por su cuenta cuatro metros de contraminas debajo.
�Por Jes�s, creo que har� saltar a todos,
si no tomamos mejores medidas!
El duque de Gloucester, a quien se le ha dado el mando del asedio,
est� totalmente dirigido por un irland�s. Muy valiente a mi parecer.
- El capit�n Macmorris, �no es as�? - Creo que s�.
Es un asno como no hay otro, se lo probar� en sus barbas.
No tiene m�s conocimiento en la verdadera disciplina
de la guerra que un cachorro.
Aqu� viene, y con �l el capit�n escoc�s, el capit�n Jamy.
El capit�n Jamy es un maravilloso y valiente caballero, eso es cierto.
y de gran actitud y muy instruido en las antiguas guerras.
Os doy los buenos d�as, capit�n Fluellen.
Buenos d�as a vuestra se�or�a, buen capit�n James.
El capit�n Jamy es un maravilloso y valiente caballero, eso es cierto.
Capit�n Macmorris, �hab�is dejado las minas?
�Se fueron los trabajadores?
�Por Cristo! Aquello hasta mal
El trabajo es abandonado, la trompeta toca retirada.
Por mi mano y el alma de mi padre que la obra est� mal hecha.
�Cristo me salve! Yo habr�a saltado la ciudad en una hora.
�Ah, esto est� mal!
�Por mi mano que est� mal hecho!
Capit�n Macmorris, os suplico ahora
algunas discusiones tocantes a las disciplinas de la guerra,
en parte para satisfacer mi opini�n
y en parte para la satisfacci�n de mi esp�ritu
en lo relativo a la direcci�n de la disciplina militar. �sa es la cuesti�n.
Eso ser� muy bueno, buena fue, mis buenos capitanes.
Y os har� mis objeciones, con vuestro permiso.
No es momento de discursos, que Dios me salve.
La jornada es ardorosa,
el tiempo caluroso, la cuesti�n c�lida y los reyes y duques hirvientes;
no es �ste el momento de discursar.
La ciudad est� sitiada, la trompeta nos llama a la brecha
y nosotros hablamos y, por Cristo, no hacemos nada.
Es una verg�enza para todos nosotros; �Dios me salve!
Verg�enza de quedarse tan tranquilos; es una verg�enza �por mi mano!
Se tienen gargantas que cortar y labor que hacer,
y nada hecho �Dios me salve!
Por la misa que antes de que mis ojos se dejen llevar por el sue�o,
har� un buen servicio o yacer� en la tierra por ello.
o morir� y pagar�
de persona tan valerosa como pueda;
eso es lo breve y lo largo del asunto.
Capit�n Macmorris, creo que no hay,
a menos que me corrij�is, muchos de vuestra naci�n.
�De mi naci�n?
Quien habla de mi naci�n
es un villano, un bastardo, un bellaco y un pillo.
�Qu� mi naci�n? �Qui�n habla de mi naci�n?
Mirad, si tom�is la cuesti�n de otro modo, capit�n Macmorris,
por casualidad pensar� que no us�is conmigo esa afabilidad
que en discreci�n deber�ais usar, mirad lo que os digo,
siendo tan buen hombre como vos.
Por su experiencia de la guerra, por su abolengo familiar
y por otras particularidades.
No s� si vos sois tan buen hombre como yo.
�As� pues, Cristo me salve, os cortar� la cabeza!
Caballeros, los dos est�is equivocados.
�Oh!... Eso es una tonta equivocaci�n.
En la ciudad tocan llamada del parlamento.
�Qu� decide el gobernador de la ciudad?
��ste es el �ltimo parlamento que admitiremos!
Nuestras esperanzas se han acabado hoy.
�El Delf�n, de quien imploramos socorro,
nos responde que sus fuerzas todav�a no est�n preparadas
para levantar tan gran asedio!
Por tanto, temido Rey,
entregamos a tu dulce clemencia nuestra ciudad y nuestras existencias.
traspasad nuestras puertas
y disponed de nosotros y lo nuestro,
porque ya no podemos defendernos.
Abrid vuestras puertas.
Venid, hermano Gloucester.
Id vos y entrad en Harfleur.
Quedaos all�, y fortificadla fuertemente contra los franceses.
Usad la clemencia con todos ellos.
Nosotros, querido hermano, como el invierno se aproxima
y la enfermedad medra entre nuestros soldados,
nos retiraremos a Calais.
Esta noche, en Harfleur, seremos vuestro hu�sped.
Ma�ana nos pondremos en marcha.
Alice, t� has estado en Inglaterra y hablas bien el idioma.
- Un poco, se�ora. - Te ruego que me ense�es.
Es preciso aprender a hablarlo.
�C�mo llam�is a la mano en ingl�s?
�La mano? Se llama "the hand".
"The hand".
- �Y los dedos? - �Los dedos?
�Por Dios, he olvidado los dedos! Pero me acordar�.
�Los dedos? Creo que se llaman...
"the fingers".
La mano, "the hand". Los dedos, "the fingers".
Creo que soy una buena estudiante. He aprendido palabras r�pidamente.
�C�mo llam�is a las u�as?
�Las u�as? Las llamamos "the nails".
"the nails".
Escuchad, decidme si hablo bien.
"the hand", "the fingers" y "the nails".
Est� bien dicho, se�ora. �Es muy buen ingl�s!
Decidme en ingl�s el brazo.
- "the arm", madame. - �Y el codo?
- "The elbow". - "The elbow".
Voy a repetir todas las palabras que me hab�is ense�ado.
Es muy dif�cil, madame, pienso yo.
Disculpadme, Alice. Escuchad:
"the hand", "the fingers", "the nails", "the arm",
- "the bilbow"... - "The elbow, madame".
�Oh, Se�or Dios, me olvido! �"the elbow"!
�C�mo llam�is al cuello?
- "The neck". - "The neck".
�Y el ment�n?
- "The... chin". - "The chin".
El cuello, "the nick". El ment�n "the... chin".
S�, perdone Vuestra Alteza.
Pronunci�is las palabras como los nativos de Inglaterra.
�No dudo que aprender�, por la gracia de Dios, y en poco tiempo!
�No hab�is olvidado ya lo que os he ense�ado?
�No, os lo recitar� r�pidamente!
"The hand", "the fingers",
- "the mails"... - "The nails", madame.
�"The nails", "the arm", "the bolbow".
�Perdone Vuestra Alteza, "the elbow".
Eso he dicho: "the elbow".
"The neck" y "the... chin".
�C�mo llam�is al pie y al vestido?
"The foot", y "the gown".
�Oh, Se�or Dios! �sas son palabras malas,
corruptas, groseras e imp�dicas para ser usadas por damas de honor.
No querr�a pronunciarlas delante de los se�ores de Francia,
por todo el mundo.
"The foot" y "the gown".
No obstante, recitar� otra vez mi lecci�n completa.
"The hand", "the fingers", "the nails", "the arm", "the elbow",
"the nick", "the chin", "the foot" y "the gown".
�Excelente, madame!
Es bastante para una vez; vamos a comer.
Es cierto, han pasado el r�o Soma.
�Y si no los combatimos, Milord, no vivamos en Francia!
Partamos todos y cedamos nuestros vi�edos a un pueblo b�rbaro.
Normandos. �Bastardos normandos! �Normandos!
�Muerte de mi vida!
S� contin�an su marcha sin ser combatidos,
vender� mi ducado para comprar una ci�nega y granja puerca
en esta isla de Albi�n.
�Dios de las batallas! �D�nde tienen ese temple?
�No es su clima brumoso, �spero y sombr�o,
y el p�lido sol que le ilumina como despechado, no mata sus frutos
con sus miradas de mal humor?
�Por la fe y el honor, nuestras damas se burlan de nosotros
y dicen claramente que nuestro valor est� degenerado...
Y que ofrecer�n sus cuerpos a la lujuria de los j�venes ingleses
para repoblar Francia con bastardos guerreros.
�D�nde est� Montjoy, el heraldo?
Hacedle partir a prisa.
Que presente a Inglaterra nuestro tajante desaf�o.
Arriba, pr�ncipes y, con el esp�ritu del honor
Parad a Enrique de Inglaterra, que barre nuestra tierra
con pendones te�idos en la sangre de Harfleur.
Caed sobre �l, ten�is fuerzas suficientes,
y en un carro de guerra a Rouen �Traedlo prisionero!
�Esto es grandeza!
�Lamento que sus fuerzas sean tan pocas
y que sus soldados marchen enfermos y fam�licos,
porque estoy seguro de que cuando vea nuestro Ej�rcito,
su coraz�n caer� en el abismo del temor
y como logro nos ofrecer� su rescate!
Por tanto, lord Condestable, apremiad a Montjoy.
Pr�ncipe Delf�n, vos quedar�is con nos en Rouen.
No, os lo suplico, Vuestra Majestad.
Sed paciente, pues permanecer�is con nosotros. Ahora adelante,
lord Condestable y pr�ncipes todos.
�Traednos pronta noticia de la ca�da de Inglaterra!
- �Me reconoc�is por mi traje? - Bien, te reconozco.
- �Qu� debo saber de ti? - La resoluci�n de mi amo.
- Exponla. - As� dice mi Rey:
"Decidle a Enrique que, aunque parec�amos muertos,
no hac�amos sino dormir.
Decidle que pod�amos haberle rechazado en Harfleur.
Que no hemos juzgado oportuno castigar una ofensa antes del colmo.
Ahora hablamos y nuestra voz es imperial.
Inglaterra se arrepentir� de su locura.
Descubrir� su debilidad y admirar� nuestra paciencia.
Ordenadle, por tanto, que considere su rescate,
el cual debe ser proporcional a las p�rdidas que soportamos,
y a las desgracias que hemos tenido que tragar.
Para reparar nuestras p�rdidas su tesoro es demasiado pobre;
todo su reino no compensar�a la efusi�n de nuestra sangre
y lo que representa la enfrenta que nos ha hecho;
su propia persona, al arrodillarse a nuestros pies,
s�lo ofrecer�a una d�bil e indigna satisfacci�n.
A�adid nuestro desaf�o y decidle, en conclusi�n,
que ha traicionado a sus seguidores, cuya condena est� pronunciada."
Hasta aqu� mi Rey y Se�or, hasta aqu� mi misi�n.
�C�mo os llam�is? Conozco tu calidad.
Montjoy.
Cumpl�s bien vuestra misi�n.
Regresad y decidle al Rey que ahora no le busco,
sino que me dispongo a marchar a Calais sin impedimento.
Pues a decir verdad,
mis hombres est�n muy debilitados por la enfermedad;
mi ejercito ha disminuido.
Id, pues, y decidle a vuestro Se�or que aqu� estoy.
Mi rescate es este tronco fr�gil y sin valor;
mi Ej�rcito no es sino una guardia d�bil y enferma.
�Aun as�, juro ante Dios, decidle que continuaremos!
Aunque la misma Francia o cualquier otro se interponga en nuestro camino.
S� se nos deja pasar, pasaremos.
si se nos impide cambiaremos el color oscuro de vuestra tierra
por el rojo de vuestra sangre.
As� pues, Montjoy, que os vaya bien.
No buscar�amos batalla tal como estamos,
pero tal como estamos decimos que no la rehuiremos.
Dec�dselo a vuestro amo.
As� se lo dir�.
- Esto es para ti. - Gracias, Vuestra Majestad.
- Marchemos hacia el puente. - �Al puente!
la noche se aproxima;
acamparemos al otro lado del r�o.
y ma�ana ordenaremos la marche adelante.
Tengo la mejor armadura del mundo.
Ojala fuese de d�a.
Ten�is una excelente armadura, pero dad su m�rito a mi caballo.
Es el mejor caballo de Europa.
�Nunca llegar� la ma�ana?
Milord de Orle�ns y milord Gran Condestable,
�habl�is de caballo y armadura?
Vos est�is tan bien provistos de ambos cual pr�ncipe del mundo.
�Qu� larga est� la noche!
No cambiar�a mi caballo por nada que marche a cuatro patas.
�Cuando lo monto, me elevo, soy un halc�n!
Hace trotar el aire. La tierra canta cuando lo toca.
Es del color de la nuez moscada, y del jengibre.
�Es puro aire y fuego!
Y todos los dem�s rocines pueden llamarse bestias.
Cierto, Milord. Es, sin cuesti�n, un excelente caballo.
Es el pr�ncipe de los palafrenes.
Su relincho es como el mandato de un monarca.
y su marcha arranca la admiraci�n.
- Basta ya, primo. - No, primo.
El hombre no tiene ingenio desde la ascensi�n de la alondra
al alojamiento del cordero merecido elogio de mi palafr�n
He escrito una vez un soneto en honor suyo,
que empieza as�: "Maravilla de la naturaleza"...
He o�do algo parecido dedicado a una amante.
Entonces habr�n imitado el que yo compuse para mi corcel,
puesto que mi caballo es mi amante.
Cierto; pues me pareci� que ayer vuestra amante
os sacud�a bonitamente las espaldas.
Milord Condestable, la armadura que he visto en vuestra tienda,
�son estrellas o soles los que tiene?
�Estrellas, Montjoy!
Algunas de ellas caer�n ma�ana, espero.
Es probable.
�No ser� nunca de d�a?
�Ma�ana trotar� una milla
y mi camino estar� empedrado con caras inglesas!
�Qui�n apuesta conmigo que hago veinte prisioneros?
Es media noche.
Voy a armarme.
El Delf�n ans�a la ma�ana.
Ans�a comer ingleses.
Creo que se comer� a todos los que mate.
- Nunca ha hecho da�o, que yo sepa. - Y tampoco lo har� ma�ana.
- Conservar� su buena reputaci�n. - S� que es valiente.
Eso es lo que dije alguien que le conoce mejor que vos.
- �Qui�n? - Marry, �l mismo.
Y le inquiete poco que se sepa.
Mi se�or gran condestable,
los ingleses est�n a mil quinientos pasos de vuestra tienda.
- �Qui�n he medido la distancia? - Mi se�or Grandpr�.
Un valiente y experto caballero.
Ojala fuese de d�a.
�Ay, pobre Enrique de Inglaterra!
�l no ans�a el amanecer como nosotros.
�Qu� absurdo y temerario es ese rey de Inglaterra!
�Venir a perderse con sus secuaces a estos lugares que no conoce!
Si los ingleses tuviesen alguna aprensi�n, huir�an.
Pero les falta, si tuviesen la menor armaz�n intelectual,
jam�s llevar�an cascos tan pesados.
Esa isla de Inglaterra da criaturas muy valientes.
Sus mastines son de un valor incomparable.
�Tontos perruchos que vienen a arrojarse a la boca del oso de Rusia,
para triturar sus cabezas como manzanas podridas!
Pod�is decir tambi�n: es una pulga valiente que osa
desayunarse en el labio de un le�n.
Justo, justo. Estos hombres tienen
mucho de mastines por su ataque rudo y brutal,
comer�n como lobos y se batir�n como diablos.
Estos ingleses se hallan sumamente faltos de carne de vaca.
Entonces veremos ma�ana que tienen est�mago
para comer y les falta coraz�n para luchar.
Es momento de armarse.
Vamos, �nos ponemos a ello?
Ahora son las dos.
Dejadme ver, a las diez, tendremos cada uno, un ciento de ingleses.
Gloucester, es verdad que estamos en gran peligro;
m�s grande, debe ser nuestro valor.
Buenos d�as, viejo sir Thomas Erpingham.
Una buena almohada para esa blanca cabeza
ser�a mejor que el grosero c�sped de Francia.
No, mi Se�or. Este alojamiento me place m�s,
ya que puedo decir que ahora duermo como un rey.
Prestadme la capa, sir Thomas.
necesito discutir con mi esp�ritu,
y por tanto no quisiera otra compa��a
�El Dios del cielo te bendiga, noble Enrique!
�Gracias, viejo coraz�n!
�Qui�n va?
Un amigo.
�Explicaos ante m�!
�Sois oficial,
o sois bajo, com�n y del pueblo?
Soy caballero de una compa��a.
- �Bland�s la poderosa pica? - Precisamente.
�Qui�n sois vos?
Un caballero tan bueno como el Emperador.
Entonces sois mejor que el Rey.
�El Rey es un buen tipo, un coraz�n de oro,
un mozo robusto, un diablillo de la fama,
de buenos padres, de pu�os valientes!
Beso su zapato sucio
y con todo mi coraz�n amo al adorable bravuc�n.
- �C�mo os llam�is? - Enrique Le Roy.
�Le Roy? Un nombre de Cornualles.
No, soy gal�s.
- �Conoc�is a Fluellen? - S�.
- �Sois amigo suyo? - Y tambi�n su pariente.
�Decidle que le aplastar� el puerro en la mollera el d�a de San David!
No llev�is el pu�al en el sombrero ese d�a,
no sea que �l os lo aplaste en la vuestra.
- �Entonces una higa para vos! - Os lo agradezco.
Dios sea con vos.
A m� me llaman Pistol.
Va bien con vuestra ferocidad.
�Capit�n Fluellen!
�Capit�n Fluellen!
En nombre de Jesucristo, hablad m�s bajo.
Si os tomasteis la molestia de examinar las guerras
de Pompeyo el Grande, descubrir�ais, os lo garantizo,
que no hay chismorreos ni ni�er�as en el campamento de Pompeyo.
os certifico que ser�n como las ceremonias de las guerras
y sus precauciones y sus formas eran de muy otra manera.
Pues el enemigo habla alto, se le oye toda la noche.
Si el enemigo es un asno, un idiota y un petimetre charlat�n,
�debemos ser nosotros asnos, idiotas y petimetres charlatanes?
- �Lo pens�is en conciencia? - Hablar� m�s bajo.
Os ruego y os suplico que lo hag�is.
Aunque parezca un poco de la antigua escuela,
hay mucha prudencia y valor en este gal�s.
Hermano John Bates,
�no es el alba la que despunta por all�?
Creo que s�,
pero no tenemos grandes motivos para desear la llegada del d�a.
Vemos por all� el comienzo del d�a, pero temo que nunca veamos su fin.
�Qui�n va ah�?
Un amigo.
�Bajo qu� capit�n serv�s?
Bajo... sir Thomas Erpingham.
Un buen comandante veterano y el m�s afable caballero.
Os lo ruego, �qu� piensa �l de la nuestra situaci�n?
Nos ve como n�ufragos sobre la arena
esperando a ser arrastrados por la pr�xima marea.
�No le ha dicho su pensamiento al Rey?
No.
Ni era conveniente que lo hiciese.
Yo creo que el Rey no es sino un hombre como yo,
la violeta huele para �l como para m�.
No obstante sus ceremonias, en su desnudez no parece sino un hombre.
Por tanto, cuando ve razones de temor,
sus temores, sin duda, son de la misma salsa que los nuestros.
Sin embargo, nadie debe mostrar la menor apariencia
de inquietud, no sea que �l, a su vez, descorazone a su ejercito.
Puede mostrar todo el valor que quiera,
pero creo, como fr�a es la noche, que �l preferir�a
estar metido en el T�mesis hasta el cuello.
Yo tambi�n preferir�a que estuviese all�, y yo con �l,
con tal de que hubi�semos partido de aqu�.
A fe m�a, os dir� mi opini�n intima acerca del rey.
Yo creo que �l no querr�a estar en sitio alguno, sino donde est�.
�Entonces yo querr�a que estuviese aqu� solo!
porque se hallar�a seguro de ser rescatado
y se ahorrar�an las vidas de muchos pobres hombres.
Creo que no morir�a en ninguna parte m�s feliz
que en la compa��a del Rey, pues su causa es justa,
y su lucha honorable.
Eso es m�s de lo que sabemos.
S�, o m�s de lo que deber�amos saber;
porque siendo s�bditos del Rey ya sabemos bastante.
Si su causa fuese injusta, la obediencia debida al Rey
nos absuelve de culpa.
Pero si la causa fuese injusta,
el propio Rey tendr�a una pesada cuenta que saldar
cuando todas esas piernas, brazos y cabezas cercenados en la batalla
se re�nan en el Juicio Final y griten:
"�Morimos en tal lugar!"
Unos jurando, otros llorando por un cirujano,
otros por sus esposas dejadas en la pobreza,
otros por las deudas que dejan, otros por sus hijos desvalidos.
Temo que pocos de los que mueren en batalla est�n en gracia,
porque, �c�mo pueden disponer caritativamente de nada
cuando la sangre es su argumento?
Pues si esos hombres no mueren en gracia,
ser� un negro asunto para el rey que los haya llevado a ello.
Si un hijo enviado a comerciar por su padre
se conduce criminalmente en el mar,
la imputaci�n de su maldad, seg�n vos,
deber�a serle impuesta al padre que lo envi�.
Pero esto no es as�.
El Rey no debe responder del fin particular de sus soldados
ni el padre de su hijo;
porque sus prop�sitos no son sus muertes, sino sus servicios.
Adem�s, no hay rey,
por intachable que sea su causa,
Es cierto.
Todo hombre que muere en pecado, �ste recae sobre su cabeza;
el Rey no tiene que responder por �l.
Yo no deseo que �l responda por m�,
y aun as� estoy decidido a luchar ardientemente por �l.
Yo he o�do que el Rey no querr�a ser rescatado.
�S�, lo ha dicho para hacernos luchar con entusiasmo!
Cuando nos decapiten, �l puede ser rescatado
y nosotros no seremos nada.
�Si vivo para verlo, nunca m�s confiar� en su palabra!
�Es un disparo tan poco peligroso como el de una cachorro viejo
el que un pobre y contrariado soldado puede hacer contra su monarca!
Pod�is Igualmente ensayar a convertir el sol en hielo
abanicando su cara con una pluma de pavo real.
�"Nunca m�s confiar�is en su palabra"?
�Vamos, eso es una tonter�a!
Vuestro reproche es algo demasiado sonoro.
Me enfadar�a con vos si el momento fuese propicio.
�Sea una lucha entre nos, si sobreviv�s!
�Sed amigos, est�pidos ingleses! �Sed amigos!
�Ya tenemos bastantes luchas francesas!
si pod�is decir c�mo saldremos de ella.
Sobre el Rey
recaigan nuestras vidas, nuestras almas, nuestras deudas,
nuestras prudentes esposas, nuestros hijos
y nuestros pecados recaigan sobre el Rey.
Debemos soportarlo todo.
De qu� infinita paz deben privarse los reyes
y no as� los particulares.
Y qu� tienen los reyes que los particulares no tengan tambi�n,
excepto el ceremonial.
�Y qu� eres t�, �dolo del ceremonial?
�Qu� clase de dios eres, que sufres m�s los dolores mortales
que tus adoradores?
�Qu� bebes con demasiada frecuencia,
en lugar de un tierno homenaje,
sino la lisonja emponzo�ada?
�Enferma, gran grandeza y ordena al ceremonial que te d� cura!
�Puedes, cuando mandas en la rodilla del mendigo,
mandar en su salud?
No, sue�o soberbio
que juegas tan sutilmente con el reposo del Rey.
Yo soy un Rey que te conoce y s�...
que esto no es el orbe, ni el cetro,
ni la Corona Imperial, ni el trono sobre que se sienta,
ni la marea de pompa que bate sobre las altas orillas de este mundo.
ni todo eso yaciendo en la cama majestuosa
puede hacerle dormir tan profundamente
como el desdichado esclavo
quien, con el cuerpo lleno y la mente vac�a, obtiene su reposo
embutido del pan de la miseria sin ver jam�s la horrible noche,
hija del Infierno, sino que como un lacayo desde el alba hasta el ocaso,
suda bajo la mirada de Febo y toda la noche duerme en el El�seo.
Al d�a siguiente, despu�s del alba, ayuda a Hiperi�n con su caballo
y contin�a as� todo el a�o,
con trabajo provechoso, hasta la tumba.
Y, salvo por la ceremonia, el tal miserable,
remata los d�as con esfuerzo y las noches con sue�o.
Tiene el derecho y la ventaja
de un rey.
Milord, vuestros nobles, celosos de vuestra ausencia,
registran el campamento para encontraros.
Mi buen viejo caballero,
Reunidlos a todos en mi tienda;
estar� all� ante ti...
�Oh, dios de las batallas, acera el coraz�n de mis soldados!
�No los poseas de temor!
�Arreb�tales el sentido de calcular
si el n�mero de enemigos les arranca los corazones!
�Mi se�or!
�Mi se�or! El ejercito est� a sus �rdenes.
Conozco tu encargo,
ir� contigo.
El d�a,
mis amigos
y todas las cosas me est�n aguardando.
El sol dora nuestra armaduras. �En pie, se�ores!
�Montad a caballo! �Mi caballo! �Paje, lacayo, eh!
- �Oh, esp�ritu valiente! - �Las aguas a la tierra!
- �Nada despu�s! El aire y el fuego - El cielo, primo de Orle�ns.
�Escuchad como relinchan nuestros corceles por servicio inmediato!
Montadlos y haced incisiones en sus pellejos.
Que su sangre caliente salpique los ojos ingleses.
y extinga en ellos su superfluo valor.
�Pares de Francia, los ingleses est�n alineados en batalla!
Hagamos, muy peque�o reconocimiento y todo est� acabado.
Que toquen, pues, las trompeta, y resuene la banda como botasillas.
porque nuestra aproximaci�n esparcir� terror en el campo de batalla.
�D�nde est� el Rey?
El Rey est� pasando revista a caballo.
De soldados, ellos tienen por lo menos sesenta mil.
Eso es cinco a uno. Adem�s, est�n todos frescos.
�Que el brazo de Dios combata con nosotros! �Que terrible desigualdad!
�Dios sea con todos vosotros, pr�ncipes! �Ir� a mi puesto!
Si no hemos de encontrarnos hasta el cielo,
entonces, mi noble lord de Bedford,
mi querido lord Gloucester, mi buen lord Exeter,
y vos mi amado pariente, a todos vosotros, guerreros... adi�s.
�Adi�s, mi buen Salisbury, y buena suerte!
Adi�s, mi querido Lord.
�Oh, si ahora tuvi�semos aqu� tan s�lo diez mil hombres
de los que est�n en Inglaterra que no trabajar�n!
�Qui�n es el que tal desea?
�Mi primo Westmoreland?
�No, mi buen primo!
�Si estamos se�alados para morir, somos suficientes
para p�rdida de nuestro pa�s!
�Y si vivimos, cuantos menos sean los hombres, m�s grande ser� el honor!
�Por Dios os ruego que no dese�is ni un hombre m�s!
M�s bien proclamadlo, a trav�s de mi Ej�rcito:
aqu�l que no tenga est�mago para esa batalla, dejadlo marchar.
�Se le har� pasaporte y se le pondr�
en la bolsa una corona para el viaje!
Nos no moriremos en compa��a de un hombre
que tema que su hermandad muera con nosotros.
�Este d�a es el llamado de la fiesta de San Crisp�n!
�Aqu�l que sobreviva a este d�a y vuelva sano a casa,
se pondr� en las puntas de los pies a la menci�n de la fecha
y se crecer� al nombre de Crisp�n!
�Aqu�l que vea este d�a y llegue a viejo, cada a�o, de v�spera,
festejar� a sus vecinos y dir�: "Ma�ana es San Crisp�n"!
Entonces, levantar� la manga, mostrar� sus cicatrices
y dir�: "Estas heridas las recib� el d�a de San Crisp�n."
�Los ancianos olvidan!
�Todo se olvidar�, pero �l recordar� con ventajas
qu� proezas hizo aquel d�a!
�Nuestros nombres les ser�n tan familiares como los de sus parientes!
Enrique, el Rey. �Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester,
ser�n, en sus rebosantes copas fielmente recordados!
�Esta historia contar� el buen hombre a su hijo,
y Crisp�n Crispiniano nunca pasar�,
desde este d�a hasta el final del mundo,
sino que, nos, en �l seremos recordados!
Unos, pocos, unos, felices pocos,
unos, banda de hermanos;
porque aqu�l que hoy vierta su sangre conmigo, ser� mi hermano,
pues por muy vil que sea, y los caballeros
ahora en sus lechos de Inglaterra
se considerar�n malditos por no estar aqu�
y tendr�n su hombr�a en baja estima cuando oigan hablar
a aqu�l que haya luchado con nosotros �el d�a de San Crisp�n!
Mi Se�or, os ruego que os deis prisa. Los franceses est�n
en orden de batalla y marchar�n, sin dilaci�n alguna sobre nosotros.
�Todo est� dispuesto si nuestro esp�ritu lo est�!
�Que perezca el hombre cuyo esp�ritu retroceda ahora!
�Ya no quer�is m�s ayuda de Inglaterra, primo?
�Sea la voluntad de Dios, mi se�or!
�Ojala vos y yo solos, sin ayuda, pudi�semos librar esta real batalla!
Una vez m�s vengo a saber, Rey Enrique,
si concertamos ahora vuestro rescate,
antes de vuestra muy segura derrota.
- �Qui�n os manda ahora? - El Condestable de Francia.
Os ruego que le llev�is mi anterior respuesta.
�Le ofrezco que me capture y que despu�s venda mis huesos!
�Buen Dios! �Por qu� se mofan as� de pobres diablos?
El hombre que en otro tiempo vendi� la piel del le�n cuando la fiera
viv�a a�n, fue muerto al darle caza.
Muchos de los nuestros, sin duda,
encontrar�n sus tumbas donde nacieron; y sobre ellas
testimonios de bronce inmortalizar�n su obra de ese d�a.
En cuanto a los que dejen sus valientes huesos en Francia,
muriendo como hombres, tendr�n tambi�n su renombre.
Porque el sol vendr� a festejarlos y se llevar� el cielo su gloria en vapores,
dejando sus partes terrestres para infestar vuestro clima,
y para engendrar aqu� la peste con sus emociones.
�Dejadme hablar con orgullo!
�Decidle que nos s�lo somos guerreros de todos los d�as!
�Nuestro colorido y nuestro brillo est�n deslucidos
por la penosa marcha bajo la lluvia en el campo de batalla,
y el tiempo nos ha deteriorado los equipos;
pero por la misa que nuestros corazones est�n en forma!
No veng�is m�s por el rescate, gentil heraldo.
No tendr�n otro, lo juro, �sino este mi cuerpo!
El cual, si se lo quedan como lo dejar�,
les servir� de bien... poco. Dec�dselo al Condestable.
Lo har�, Rey Enrique y que os vaya bien.
Nunca m�s volver�is a o�r al heraldo.
�Ahora, soldados, en marcha!
Ahora Dios dispone del d�a
�Qu� han hecho, valientes?
Pero falta por hacer, los franceses tienen el campo
�Oh, verg�enza eterna! �Apu�al�monos!
�Son �stos los miserables que nos hemos jugado a los dedos?
�Es �ste el rey a quien hemos enviado a pedir rescate?
�Verg�enza eterna, nada m�s que verg�enza!
�Muramos a las armas! �Carguemos una vez m�s!
Quedamos a�n bastantes en el campo de batalla
para ahogar a los ingleses, si restablecemos el orden.
�Que el diablo se lleve ahora el orden! �Me arrojo al torbellino!
�Acortemos la vida, o la verg�enza ser� demasiado larga.
�Dios santo!
�Matar a los pajes y el bagaje!
Esto va expresamente contra las leyes de las armas.
�sta es la m�s redomada bellaquer�a, �sab�is?, que se pueda consumar.
En conciencia, decidme, �lo es o no?
No han dejado un paje vivo.
y los cobardes que lo cometieron son los que huyeron del campo de batalla.
Aqu� viene su majestad.
No me hab�a encolerizado desde que vine a Francia,
hasta este instante.
Heraldo, coge una trompeta, galopa hasta aquellos jinetes,
ordenadles que desciendan a combatir con nosotros,
o que salgan del campo de batalla; ofenden nuestra vista.
Ah� viene el heraldo del franc�s, mi se�or.
Sus ojos son m�s humildes que de costumbre.
Por la voluntad de Dios �Qu� significa esto, heraldo?
�Hab�is venido de nuevo por el rescate?
�No, gran Rey! Vengo a pediros caritativa licencia
para recorrer este campo ensangrentado
y reconocer a nuestros muertos a fin de enterrarlos.
El d�a es vuestro.
Alabado sea Dios
y no nuestra fuerza.
�C�mo se llama ese castillo que se eleva aqu� cerca?
Se llama Agincourt.
Entonces llamaremos a �sta, la batalla de Agincourt,
librada el d�a de Crisp�n y Crispiniano.
Aqu� est� el n�mero de los franceses masacrados.
Esta nota me habla de diez mil franceses
que en el campo yacen muertos.
�D�nde est� el n�mero de nuestros muertos ingleses?
Eduardo, duque de York;
el conde de Suffolk;
Sir Richard Kikely;
Davy Gam, hidalgo.
y de todos los dem�s,
s�lo veinticinco hombres.
�Oh, Dios, tu brazo combat�a aqu�!
�Es maravilloso! �Vamos!
Marchemos en procesi�n hacia el pueblo
�Que se haga cantar un "Non nobis" y un "Te deum"!
Enterremos los muertos caritativamente en cal.
Y despu�s, a Calais
y a Inglaterra despu�s,
adonde nunca habr�n llegado de Francia
hombres m�s felices.
No, esa es la verdad; pero �por qu� llev�is hoy vuestro puerro?
Ha pasado el d�a San David.
Hay en todas las cosas ocasiones y causas de por qu�
y para qu� capit�n Gower.
Quiero dec�rselo como a un amigo Capit�n Gower:
Ese pillo, ese canalla, ese piojoso de Pistol,
que nosotros y todo el mundo conocemos, no ser m�s que
un mozo sin m�rito alguno,
vedlo, vino ayer ofreci�ndome el pan y la sal,
y ordenando que me comiera mi puerro.
Era en un sitio en el que yo no pod�a establecer disputa con �l;
Pero tendr� la valent�a de enfrentarlo hasta que lo vea nuevamente.
Y entonces le har� saber una peque�a parte de mis intenciones.
Por qu� este p�caro tonto
que de vez en cuando va a la guerra para gratificarse
y a su regreso a Londres parece ahora soldado
y por qu� un campo puede formar batallones a su juicio
Maravilloso es que piensen en uno
�Caramba! Por all� viene, haciendo rueda como un pavo.
No me importan ni las ruedas ni los pavos.
�Dios os bendiga, abanderado Pistol!
Bergante, piojoso, ti�oso, �Dios os bendiga!
�Ah! �Eres t�, orate?
�Atr�s! El olor del puerro me hace da�o.
Deseo con todo mi coraz�n, ti�oso, piojoso, a mi demanda,
os com�is este puerro;
No, por Cadwallader y todas sus cabras.
Ah� va una cabra para vos, �Estar�is bueno para com�rosla?
Vil troyano, morir�is.
Dec�s verdad, cuando Dios quiera.
Entretanto, deseo que viv�is para comer vuestras vituallas.
Tened, ah� la salsa para ellas.
S� os pod�is burlar del puerro, tambi�n podr�is comerlo.
Os ruego que lo masqu�is.
- �Habr� de mascar? - S�, y fuera de toda cuesti�n.
Por este puerro, que me vengar� muy horriblemente.
Ya como. Ya como...
Pero os ruego que no tir�is nada;
El pellejo es bueno para vuestra coronilla averiada.
Cuando teng�is la ocasi�n de ver un puerro,
burlaros de �l; eso es todo.
- Bueno, - S�; el puerro es bueno.
tomad, aqu� un penique para remediaros la cabeza.
�A m� un penique? - S�, verdaderamente,
y en realidad lo tomar�is u os dar� otro puerro.
�Dios sea con vos, os guarde y cure vuestra cabeza!
Todo el infierno retemblar� por esto.
Vamos; sois un cobarde brib�n de infundad bravura.
Os imaginabais que, porque no sab�a hablar ingl�s antiguo,
no podr�a manejar un estaca inglesa.
Ya hab�is salido de vuestro error; y as�,
que desde ahora una correcci�n galesa
os ense�a buenas maneras inglesas.
�Que os vaya bien!
�Es que la fortuna quiere ponerme ahora mala cara?
Tengo noticias de que mi Nell ha muerto
en el hospital de mala franc�s;
y he aqu� mi refugio se me ha cerrado por completo por ese lado.
Me hago viejo y el honor me lo han sacado
Bien, me har� alcahuete y me ejercitar� un poco
en el cortar con mano diestra.
Quiero sustraerme a Inglaterra y all� sanar�.
Pondr� emplastos en mis cicatrices y dir� que
las he ganado en las guerras de las Galias.
Paz a esta asamblea. Puesto que nos hemos reunido para eso.
A nuestros hermanos de Francia salud y dicha duradera.
Alegr�a y buenos deseos para nuestra bella y principesca
prima Catalina.
Y, como miembro de esta realeza por el cual esta asamblea
est� organizada, saludamos al duque de Borgo�a
y a los pr�ncipes y pares de Francia.
Salud para todos vosotros.
Gozosos estamos de contemplar vuestro rostro,
muy digno hermano de Inglaterra; bienvenido se�is.
A vos tambi�n, pr�ncipes ingleses, a todos vos.
Tan feliz sea la cuesti�n hermano de Inglaterra,
de este buen d�a y de este gracioso encuentro.
Y ahora estamos contentos
de contemplar sus ojos.
sus ojos que han lanzado contra los franceses
los proyectiles de sus mort�feros basiliscos.
Esperemos que finalmente el veneno de esas miradas
haya perdido su virtud,
y que esta jornada cambie todos los pesares
y resentimientos en amor.
Para responder a esos votos estamos aqu�.
Mis respetos para los dos, grandes reyes de Francia e Inglaterra,
con igual afecto
Puesto que mi oficio de tal modo ha prevalecido
que cara a cara y real ojo a ojo os hab�is congregado,
no me deshonr�is si pregunto ante esta real asamblea
por qu� la desnuda, pobre y mutilada paz
querida nodriza de las artes
de la abundancia y los felices nacimientos.
no deber�a, en este bello jard�n del mundo,
nuestra f�rtil Francia, levantar su noble rostro.
Ha sido de Francia largo tiempo expulsada
y toda su riqueza yace amontonada,
pudri�ndose en su propia fertilidad.
Su, vi�a, esta alegre consoladora del coraz�n,
muere por falta de poda;
sus setos, en otros tiempos tan recortados,
ha crecido en desorden selv�tico,
crecen ahora en revueltos ramajes
en sus campos, dejados en barbecho, crecen la ciza�a
mientras que permanecen inactivas las rejas
de los arados.
La pradera plana en donde crece
la pr�mila pecosa, la pimpinela y el verde tr�bol
careciendo de guada�a, resulta f�rtil al
rev�s, produce con esterilidad y no abunda m�s que
en odiosas romazas, cardos punzantes,
bardanas, y pierde as� a la vez su belleza y utilidad.
Incluso nuestras casas y nosotros mismos,
nuestros hijos han perdido, o no aprenden por falta de tiempo,
aquellas ciencias que deber�an favorecer a nuestro pa�s.
Pero crecen como salvajes, como hacen los soldados,
que no hacen sino pensar en sangre,
para jurar, mirar severamente, llevar ra�das vestiduras
y todo aquello que parece...
antinatural.
Para restituirnos a nuestro primer estado,
os he reunido.
Duque de Borgo�a,
debe ganar esa paz,
acceded a nuestras justas demandas.
S�lo he recorrido los art�culos en ojeada r�pida.
Si place a Vuestra Gracia nombrar a alguno de vuestros consejeros
para conferenciar con nosotros una vez m�s,
os comunicaremos... nuestro acuerdo y definitiva respuesta.
Consentimos, hermano.
Hermana, �ir�s con el pr�ncipe
o te qued�is con nosotros?
Gracioso hermano, ir� con ellos.
Puede que la voz de una mujer rinda alg�n servicio
Dejad a nuestra prima Catalina aqu�, con nosotros.
Tiene permiso libre.
Bella y muy bella Catalina,
�quer�is hacer a un soldado la gracia de ense�arle
palabras que sean dignas a los o�dos de una dama,
y de defender cerca de su dulce coraz�n la cause de su amor?
Vuestra majestad se burlar� de m�;
no s� hablar vuestro ingl�s.
�Oh, bella Catalina! S� quer�is amarme profundamente
con vuestro coraz�n franc�s,
me gustar�a o�ros confesarlo incorrectamente
con vuestra lengua inglesa.
�Os gusto, Cata?
Perdonadme
...no s� qu� es "os gusto"
Un �ngel es como vos, Cata, y vos sois como un �ngel.
�Qu� dice, que soy parecida a los �ngeles?
S�, verdaderamente, con permiso de vuestra gracia, eso dice.
�Que las lenguas de los hombres est�n llenas de enga�os?
"Que las lenguas de los hombres est� llenas de enga�os".
Me siento dichoso de no que sep�is hablar mejor el ingl�s,
pues si supierais, encontrar�ais en m� un rey tan simple,
que pensar�ais que he vendido mi granja para comprar mi corona.
No s� de rodeos y sutilezas en amor,
sino decir sencillamente: Os amo.
Dadme vuestra respuesta, os lo ruego,
choquemos las manos y trato hecho. �Qu� dec�s, se�ora?
...os entiendo bien.
Si tuviese que hacer versos o bailar para agradaros,
Cata, estar�a perdido.
O andar a pu�adas por mi amada o hacer caracolear a mi caballo, por ella
Podr�a resolver como un carnicero y montar como un mono, sin caer.
Pero, por Dios, Cata, yo no s� hacerme el ingenuo,
ni susurrar con elocuencia,
ni emplear astucia en mis declaraciones.
Si pod�is amar a un compa�ero as�, que nunca busca en su espejo
el amor de nada de lo que all� ve,
cuya cara no vale la pena de quemarse al sol.
Aceptadme;
si no,
os digo que morir�, es cierto,
pero por vuestro amor,
por Dios que no.
Sin embargo, os amo.
En tanto vivas, Cata,
escoge un hombre de consistencia sencilla.
En cuanto a esos galanes de lenguaje infinitamente variado,
que se insin�an por la rima en los favores de las damas,
se hacen bien pronto despedir con raz�n.
Un hablador no es m�s que un charlat�n, una poes�a es una balada
Una espalda robusta se curvar�, una barba blanca se pondr� negra,
una cara bonita se marchitar�, unos ojos llenos de vida se hundir�n,
pero un buen coraz�n, Cata,
es el sol y la luna.
Si quer�is un hombre as�, aceptadme.
Al aceptarme, acept�is a un soldado;
al aceptar a un soldado, acept�is a un Rey.
�Qu� dec�s entonces a mi amor?
Hablad, bella m�a, y a favor, os lo ruego.
�Es posible que pueda amar al enemigo de Francia?
No, Cata, sino que am�ndome a m�, amar�ais al amigo de Francia,
porque amo tanto a Francia que no me desprender� de un solo pueblo.
Y, cuando Francia sea m�a y yo sea vuestro,
vuestra ser� Francia y vos m�a.
No s� qu� es eso.
�No, Cata?
Os lo dir� en franc�s, el cual seguro colgar� de mi lengua
como una reci�n casada del cuello de su marido,
sin que casi se pueda separar.
No os provocar� jam�s una emoci�n en franc�s que no sea la risa.
Con vuestro permiso, el franc�s que vos habl�is
es mejor que el ingl�s que yo hablo.
No, a fe que no. Cata;
La forma en la que hablas mi lengua y yo la vuestra
se emparejan por su muy sincera defectuosidad.
Pero, decidme, Cata, �comprend�is esto en ingl�s?:
�Pod�is amarme?
No lo puedo decir.
�Lo sabr�n algunos de vuestros vecinos? Les preguntar�.
Vamos, s� que me amas.
y est� noche, cuando os retir�is a vuestro gabinete,
preguntar�is sobre mi persona.
y s�, Cata,
que denigrar�is las cualidades que estim�is en m�;
pero, mi buena Cata,
burlaos de mi sin piedad, gentil princesa.
Porque os amo ferozmente.
�Qu� dices a ello, mi bella flor de lis,
la m�s bella Catalina del mundo,
mi muy querida y divina diosa?
Vuestra majestad, tiene un franc�s lo suficientemente falso
para enga�ar a una se�orita que haya en Francia.
�Ahora fuera de aqu� mi falso franc�s!
Por mi honor, en buen ingl�s, os juro que os amo, Cata.
por ese honor no me atrever�a a jurar que vos me am�is a m�.
Mas mi sangre comienza a halagarme dici�ndome que s�,
Desechad vuestros rubores de doncella.
confesad vuestros pensamientos con la mirada de una emperatriz;
tomad mi mano y decidme, Enrique de Inglaterra soy tuya.
Y no habr�s acabado de bendecir mis o�dos
con esas palabras cuando os responda en voz alta:
Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya,
Francia es tuya y Enrique Plantagenet es tuyo.
Por consiguiente, Catalina, reina de las reinas,
abre tu alma en ingl�s, �me quieres?
Ser� como le plazca al Rey, mi padre.
Le parecer� bien, Cata.
Le parecer� bien.
Entonces tambi�n me satisfar� a m�.
As� pues, beso vuestra mano y os llamo Mi Reina.
Dejadme, mi se�or, dejadme, dejadme.
No quiero que rebaj�is vuestra grandeza
besando la mano de vuestra indigna servidora.
Excusadme, os lo suplico, mi muy poderoso se�or.
Entonces, beso vuestros labios.
No es costumbre en Francia besar a las damas
y damiselas antes de sus bodas.
Madame int�rprete, �qu� dice?
Que no es costumbre en las damas de Francia...
No s� c�mo se dice "besar" en vuestro idioma.
�Besar?
Vuestra Majestad comprende mejor que yo.
Que no es costumbre en las doncellas de Francia
besar antes de estar casadas, �verdad?
- As� es, - �Oh, Cata!
Las buenas costumbres ceden ante los grandes reyes.
Vos y yo no podemos confinarnos a los estrechos l�mites
de las costumbres.
Nosotros somos quienes hacemos los modales, Cata.
Por tanto, resignaos
y ceded.
Ten�is brujer�a en los labios, Cata.
�Dios salve a vuestra majestad!
Real primo, �ense��is ingl�s a nuestra princesa?
Quer�a ense�arle, mi apuesto primo, c�mo mi amor por ella es perfecto.
Y eso es buen ingl�s.
�Ser� Cata mi esposa?
Tomadla, hijo..
a fin de que los reinos rivales de Francia y de Inglaterra,
cuyas orillas mismas mueren de deseo
por llevarse la dicha una a la otra,
puedan ver cesar su odio,
para que nunca la guerra esgrima su espada sangrienta
entre Inglaterra y la bella Francia.
Am�n.
Hasta aqu�, con ruda y bien inh�bil pluma,
nuestro humilde autor ha perseguido la historia,
confinando en peque�a estancia a hombres poderosos,
mutilando con sus saltos la plena carrera de su gloria.
Breve per�odo, pero a pesar de su brevedad,
grandemente vivido por este astro de Inglaterra.
La Fortuna fue su espada,
Y por ellos, que vuestra ben�vola opini�n
se digne aprobar la presente.
FIN.
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