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LOS REALIZADORES DE ESTE FILME DESEAMOS RENDIR HOMENAJE
A LOS FERROVIARIOS FRANCESES, VIVOS Y MUERTOS,
CUYO EXTRAORDINARIO TEMPLE Y CORAJE INSPIRARON ESTA HISTORIA.
TAMBIÉN DESEAMOS DAR LAS GRACIAS
A LOS FERROCARRILES NACIONALES Y LAS FUERZAS ARMADAS FRANCESAS,
CUYA ENTUSIASTA COOPERACIÓN HIZO POSIBLE ESTA PRODUCCIÓN.
París, 2 de agosto de 1944 Día 1.511 de la ocupación alemana
Estaba en la colección Clouvet, ¿verdad?
Sí.
- ¿Le gusta? - ¿Hace falta preguntarlo?
Es un arte degenerado.
Como leal oficial del Tercer Reich, debería detestarlo.
A menudo me asombra la arrogancia
de intentar determinar los gustos y las ideas por decreto.
En los últimos cuatro años, he querido darle las gracias varias veces.
¿Por no ser lo que esperaba?
Por salvar todo esto. Por protegerlo.
¿Me da las gracias ahora porque la liberación de París está al caer?
Tal vez.
- No es necesario. - Podrían haberme relevado.
Podrían haber puesto a otro a cargo del museo.
Quizá yo debería darle las gracias.
Fui una insensata.
Sabía que estaban quemando libros.
Otras cosas.
Me aterrorizaba que estos cuadros se perdieran.
Un libro sólo cuesta unos francos.
Los alemanes podemos permitirnos destruirlos.
Puede que no todos apreciemos el arte, pero el valor monetario es otra cosa.
No me va a convencer de que es cínico.
Sé lo que significan para usted estos cuadros.
Es una mujer perspicaz.
Nos llevamos los cuadros.
- Empaquétenlos con cuidado. - ¿Adónde se los llevan?
- A un lugar seguro. - No hay nada más seguro que París.
Han declarado abierta la ciudad. No sufrirá ningún bombardeo.
Capitán.
Quiero que estén en la estación mañana, listos para cargarlos en el tren.
- ¿Y mi tren? - Ha sido cancelado, coronel.
- ¿Quién lo ha cancelado? - Yo.
- ¿Quién es usted? - Labiche, coronel. Inspector de zona.
Bajo mi supervisión, naturalmente.
¿Desde cuándo un francés tiene la autoridad de cancelar un tren alemán?
Estamos preparando un tren lleno de armamento. Máxima prioridad.
- ¿Quién ha dado la orden? - Von Rundstedt.
Comandante militar, Frente Occidental.
¿Cuándo podrá partir mi tren?
En cuanto reciba otra orden. Es su ejército, coronel, no el mío.
Recibirá la orden. Que esté listo esta tarde, a las 3.30.
Llamo de parte del general von Lubitz.
Póngame con el centro de mando.
¡Sí, inmediatamente!
¿Centro de mando? Llamo de la oficina del general von Lubitz.
Con el coronel Müller, por favor.
El general ha cancelado todas las citas que no atañan a la evacuación de París.
- ¿Está dentro? - Sí, coronel,
pero tengo órdenes de no dejar que nadie...
- ¿Qué ocurre, coronel? - Han cancelado un tren que pedí.
Me han comunicado que se requiere su autorización personal.
Noticias del general von Rundstedt.
Los americanos han cortado la carretera entre Avranches y Mortain.
Puede presentar una solicitud mediante los cauces normales.
En una ocasión dijo que éstos eran una trampa
para los oficiales que carecían de iniciativa.
¿De qué mercancía se trata?
No comparto su entusiasmo por el arte.
Aunque lo hiciera, no se centraría en esa basura obra de degenerados.
Ni lo trataría como una prioridad sobre el transporte de guerra.
Buenos días, coronel.
La segunda división acorazada de las SS se ha replegado hacia Falaise.
El informe sobre los efectivos restantes.
¿No es imprudente dejar mil millones de reichsmarks en el Banco de Francia?
¿Lo suficiente para equipar a diez divisiones?
Vaya al grano, coronel.
El dinero es un arma.
El cargamento de ese tren es tan negociable como el oro, y más valioso.
Creo que Berlín preferiría que estuviera en manos del Tercer Reich.
Si la situación en el frente se vuelve más crítica, revocaré esta autorización.
- ¿Cuándo estará listo? - Mañana a las 9.15, comandante.
Pase.
Ésta es mademoiselle Villard del Jeu de Paume, el museo.
Ha venido conmigo.
Mademoiselle Villard tiene un problema.
- He pensado que podrían ayudarla. - No se trata de ayudarme a mí.
¿Lo entiende?
- Los cuadros pertenecen a Francia. - ¿Los cuadros?
El tren que está preparando para el coronel.
Está robando un montón de cuadros.
¡Si supiera lo que valen!
- No es sólo por el dinero. - ¿Qué quiere que hagamos?
- Quiere que volemos el tren. - No, no me han entendido.
Ni siquiera se pueden dañar. Son irremplazables.
No son sólo... Tengo la lista.
Renoirs, Cézannes, 64 Picassos, 29 Braques.
Degas, Matisse.
Los escogió con sumo cuidado. Sólo los mejores. El patrimonio nacional.
- ¿Qué quiere que hagamos, madame? - Mademoiselle.
He pensado que quizá podrían detener el tren.
- Parar un tren no es tan sencillo. - Te pueden matar.
Sobre todo si eres francés y el tren es alemán.
Lo sé. Soy consciente de ello.
Pero pronto París será libre, ¿verdad?
Si los cuadros no están aquí...
Al parecer, los Aliados estarán en París dentro de una semana.
Quizá dentro de tres o cuatro días.
Waldheim quiere que el tren salga antes.
¿Podemos ralentizarlo? ¿Retrasarlo? ¿Usted qué cree?
Podemos hacerlo estallar. Tal vez.
Poner explosivos bajo los vagones y volarlo.
Matarían a algunos rehenes, pero es el precio que hay que pagar.
- ¿Tan importantes son sus cuadros? - No quiere que lo volemos.
Londres coincide en que el arte es importante.
Hay que procurar salvarlo, pero lo dejan a nuestro criterio.
¿Por qué no? ¿Qué tienen que perder?
Esta mañana quedábamos cuatro en este grupo.
Ahora somos tres. Uno, dos, tres.
- ¿Bernard? - Empezamos con 18.
Como sus cuadros, eran irremplazables.
A veces nos arriesgamos. No malgastaré vidas por unos cuadros.
No se malgastarían.
Perdone. Sé que he dicho algo terrible.
Pero esos cuadros forman parte de Francia.
Los alemanes quieren llevárselos.
Nos han quitado la tierra y la comida. Viven en nuestras casas.
Y ahora intentan quitarnos nuestro arte.
Esa belleza, esa visión de la vida nacida en Francia.
Nuestra visión especial. Nuestro legado.
Es un legado para el mundo. ¿No lo entiende?
Para todos. Es un orgullo para nosotros.
Lo que creamos y atesoramos para el mundo.
Se me ocurren peores cosas por las que arriesgar la vida.
Lo siento, mademoiselle. No podemos ayudarla.
El tren pasa por esta sección. Está en sus manos.
¿No tiene copias?
Disculpen por hacerles perder el tiempo.
Respeto lo que están haciendo.
Espero que ninguno sufra ningún daño.
- Es una buena mujer. - ¿Qué le ha pasado a Bernard?
He tomado un café con él esta mañana.
Han venido y se lo han llevado, junto con unos refugiados.
Lo he visto todo.
Han entrado en el almacén y se lo han llevado.
Hemos venido a hablar del tren con el armamento.
Es importante. ¿Cuándo parte?
Mañana a las 9.15.
Tienen que estar desesperados para arriesgarse a partir de día.
Dígame el horario.
Llegará a la estación de Vaires a las 9.45.
Cinco minutos para recoger a las unidades antiaéreas.
Debería ponerse en camino a las 9.50 como muy tarde.
Estaría bien que se retrasara diez minutos.
Los aviones británicos bombardearán Vaires a las diez en punto.
Bombardeo de saturación.
Si el tren estuviera allí en ese momento...
¿Diez minutos? No será fácil.
¿Puede hacerlo?
- Ahora mismo, no sé cómo. - Depende de usted.
Los aviones bombardearán a las diez en punto.
¿Estará allí el tren o no?
Lo haremos esperar.
¿Dónde estará él a las diez en punto?
Donde me gustaría estar a mí. En su despacho.
- No me gusta. - ¿Y a quién sí?
Me refiero al tren del arte. Si tanto lo quieren los alemanes, deberíamos actuar.
Olvídate de ese tren. Mañana ya tenemos bastante que hacer.
Lo cual me recuerda que necesitaré otro maquinista para el tren del arte.
- Tendrá que ser Papa Boule. - ¿Papa Boule?
- Él no. - No tengo elección. ¿Quién más hay?
Es un trabajo fácil. Parte de noche y llegará a Alemania por la mañana.
Hasta luego.
No pongas el aceite en cualquier sitio.
Fíjate en dónde lo pones.
Esta máquina funcionaba antes de que tú nacieras.
Es como una mujer. Si no la tratas bien, te amarga la vida.
Toma. Hazlo bien, por el amor de Dios.
Vendré a comprobarlo después de tomarme un café.
Y recuerda: Engrasar no es empapar.
Papa.
Una taza.
Veo que por fin Labiche te va a dar un tren.
- Y hasta Alemania. - Menudo tren.
¿Ves algo de artillería? ¿Algún cargamento importante?
¿Algo que pudiera cambiar la guerra?
Todo cargamento importante acaba en el frente.
Boule.
¿Has leído lo que hay en esas cajas?
No me creo nada de lo que escriben. ¿Cuadros? Abre una caja.
Encontrarás champán, perfume y todo lo que nos han robado.
He hablado con un camionero. Son cuadros.
- ¿Y qué? - Puro arte. Picasso. Gauguin. Renoir.
Renoir. Conocía a una chica que hacía de modelo para Renoir.
Olía a pintura.
Bourges, eres buen maquinista. Tú mismo me lo dijiste.
Pero en cuestiones de cultura, dejas mucho que desear.
El champán y el perfume son reemplazables. El arte, no.
- Esos cuadros son importantes. - ¿En serio?
La gloria de Francia.
¿La gloria de Francia?
Y pensar que dentro de un par de días, tres como mucho, llegarán los Aliados.
Los nazis no tendrían ese tren. Incluso un día...
- ¿Es usted el maquinista? - ¿Lo parece?
No puede irse a casa esta noche. Permanezca junto al tren,
listo para marchar en cualquier momento.
- Cerdo. - Ten cuidado con cómo les hablas.
Soy demasiado viejo para eso.
- La gloria de Francia. - Ah, sí.
La gloria de Francia.
Dame el cambio en francos.
Maquinista.
Ponga en marcha la máquina.
Cargado y listo, coronel.
Muy bien, Schmidt.
- ¿A qué hora partirá? - En cuanto anochezca.
Coronel von Waldheim. Tiene una llamada.
Del cuartel del general von Lubitz.
El oficial dice que es urgente.
Coronel von Waldheim.
Sí, comandante.
Lo siento. Esperemos que los reveses en el frente sean temporales.
Claro que lo entiendo. El general me explicó que podría ser necesario
revocar la autorización para mi tren.
Por desgracia no puedo ayudarle. El tren ha partido hace media hora
y se dirige a Alemania.
Por favor, presente mis disculpas al general.
En vista de que ya ha partido, Schmidt,
será mejor que suba al tren y lo haga partir inmediatamente.
- Sí, coronel. - Buen viaje, Schmidt.
Pongan en marcha el tren.
Haga partir el tren.
Boule. Ponlo en marcha.
Desengánchenla. Sáquenla de aquí.
- ¿Está lista la máquina blindada? - Las unidades ya están en el tren.
Muevan la máquina. Sáquenla de aquí.
Eh, cerdo.
- ¿Qué? - ¿Quién ha hecho eso?
Si no sale el vapor, la máquina explota.
- ¿Qué prefiere? - Lo ha hecho a propósito.
¿Qué ocurre?
Vuelva a su puesto. Suba a la cabina.
- ¿Todo bien? - Saquen la máquina de aquí.
Vuelva a su puesto. Quiero que salga el tren.
- ¿Qué sucede ahí abajo? - Sabotaje.
Dale a la palanca cinco.
Palanca ocho.
Palanca diez.
- Palanca diez. - Está atascada.
No la fuerces.
Pare.
Está en la vía equivocada.
No juegue conmigo. Sé muy bien cuándo hay un sabotaje...
¿Qué ocurre?
Pero si...
Póngame con el puesto de agujas.
Dietrich, ¿qué demonios está pasando ahí arriba?
Idiota. Haga que funcionen las agujas.
Tenemos que sacar de aquí este tren.
Estoy harto de su incompetencia.
No se puede avanzar con un ataque aéreo.
Mírame. A toda máquina.
Insensato. Sal de aquí y ponte a cubierto.
- Bájate de mi tren. - Imbécil. Van a empezar los bombardeos.
Bájate de mi tren.
- No puedes seguir. La aguja está cerrada. - Ábrela.
¿Qué ocurre?
- ¿Qué ocurre? - El conducto del aceite.
¿Puede arreglarlo?
- ¿Podemos volver a Vaires? - Quizá, pero sólo la máquina.
¿Dónde está el teléfono?
Acciona la bomba.
La reparación de mi tren tiene prioridad absoluta.
Toda la estación debe ser reparada. Arreglaré la máquina en cuanto pueda.
- Lo hará inmediatamente. - Obedezco órdenes. Haré lo que pueda.
Yo le he dado una orden. Me hago plenamente responsable.
- ¿Qué ha pasado? - Un fallo en el conducto del aceite.
Ya me encargo yo. Pásame la llave inglesa.
Ocúpate de la máquina de la grúa.
Boule.
Venga aquí.
- Quite los tapones del aceite. - Ya lo hago yo.
Que lo haga él. Vamos.
- No es momento para buscar culpables. - Un momento, por favor.
Muéstreme los bolsillos.
Manchas de aceite.
Sabotaje, coronel. Es un viejo truco por aquí.
Meten monedas y cortan el suministro de aceite.
- Debería haberlas tirado. - Cuatro francos son cuatro francos.
Comandante, por favor. No es importante. Arreglaré la máquina esta misma noche.
Llévenselo.
Coronel, deténgalos.
Esperen.
Coronel, ha retrasado su tren unas horas pero lo ha salvado.
Ha seguido pese a las bombas, arriesgando su vida.
Es un hombre mayor. No sabe lo que hace.
Yo llevaré su tren a su destino. Sólo es un viejo insensato.
¿Su tren?
Es mi tren.
Sé lo que me hago. ¿Y tú? Tú les vas a ayudar.
Prácticamente te crié, pero no eres mejor que ellos.
Cerdo.
Coronel, ¿qué ganará con la muerte de un anciano?
Lo que ha hecho no cambia nada. El tren partirá. Puede impedir...
Me entregará esa máquina personalmente.
Le hago responsable.
Simon.
Baja la caldera.
Daos prisa. Es una locomotora, no un reloj de bolsillo.
Hubert. Baja la rejilla.
Didont. ¿Qué haces aquí?
- ¿Dónde está Hubert? - He decidido ir como bombero.
Idiotas. ¿Queréis que os maten también?
- Papa Boule quería detenerlo. - Papa Boule está muerto.
- Dejad de comportaros como niños. - No te enfades. Queremos hacerlo.
Escuchad, idiotas.
La guerra acabará dentro de unos días. Dejadlo.
Si te ves implicado en algo, no puedes dejarlo.
- Tú ya me entiendes. - Lo conseguiremos, Paul.
Hemos contactado con todos. Sólo falta Metz. Tú tienes que llamarlos.
Maurice no nos ayudará hasta que hable contigo.
Ya conoces a Maurice. Es testarudo.
Al cuerno los dos. Si queréis que os maten, no puedo impedirlo.
Nos matarán si no llamas a Maurice.
¿Se está tomando la noche libre?
Estará lista por la mañana. La llevaré cuando anochezca.
Cuando esté lista, entréguela.
- ¿En plena luz del día? - Entréguela.
Esa máquina ha bloqueado a cuatro trenes para el frente.
El coronel ordenó que se le diera máxima prioridad. Ya la tiene.
Por mí, que la acribillen las balas, y también a su valioso tren.
Llévesela de aquí.
Un Spitfire.
- No, Didont. - A nosotros no.
Éste es el último trabajo. El último.
Cuando lleguemos a Rive-Reine, llamaré a Maurice.
- ¿Qué ha pasado? - Aviones aliados, a 15 km.
¿Algún daño grave?
No como para impedirle llegar a Alemania.
Camufle la máquina. Schwarz.
La máquina y sus hombres.
¿Fue idea suya arriesgar esta máquina viajando de día?
El comandante Herren seguía sus órdenes al pie de la letra.
Admiro su eficiencia, Labiche, y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener problemas con los saboteadores.
¿Cree que habrá intentos de sabotaje en este tren?
Soy ferroviario, no profeta.
No se requiere una profecía, sólo determinación.
Este tren llegará a Alemania. Está de acuerdo, ¿verdad?
¿Qué quiere que haga, coronel? ¿Que se lo garantice?
Me conformo con que me lo garantice en parte.
Usted, Labiche,
llevará la máquina.
Se ha asignado a un maquinista. Tengo órdenes de regresar a Vaires.
Quédese en la cabina. Alimente la caldera.
Puede irse. Ya no se le necesita.
Llevo toda la noche trabajando.
Hace dos días que no duermo. Me quedaré dormido.
Partirá a las siete en punto. Debería descansar hasta entonces.
Llévelo al hotel. Se quedará allí hasta que vuelva aquí a las siete.
Que duerma bien.
Mi bicicleta.
Su medio de transporte hasta París.
Una habitación para este hombre.
El carné de identidad, por favor.
- 60 francos. - Páguele.
Páguele usted. Soy un huésped del ejército alemán.
- Es ferroviario. - 60 francos.
- ¿No hay descuentos para ferroviarios? - 60 francos.
Al final de la escalera, primera puerta a la derecha. Las sábanas están limpias.
Ya ha oído al coronel: A las siete. Que descanse.
¿Quiere arroparme?
Llámeme a las 6.45.
Pesquet.
Un alemán en la oficina con Jacques.
Dame un par de minutos.
¿Adónde vas?
Vuelve a la máquina. Usa el montón de carbón.
- ¿Cómo se ha iniciado? - No lo sabemos, coronel.
No se les necesita a todos. Vuelvan al tren.
- ¿Dónde está Labiche? - Le he dejado en el hotel.
Hace unos minutos.
- Sargento. - Ustedes dos, vengan.
Échenla abajo.
Miren en el sótano.
- ¿Por qué me rompen la puerta? - Labiche, ¿dónde está?
¿Quién es el oficial al mando?
Capitán.
Mademoiselle, venga aquí.
¿Cuánto tiempo lleva aquí?
Desde la sopa, la col y las patatas.
Gracias.
No quiero que me dé las gracias. Podrían haberme matado.
Lo sé. Lo siento.
¿Cree que puede llegar aquí y causar problemas?
Llevo un hotel, no un manicomio. ¿Quién va a pagar la puerta?
¿Cree que me sobra el dinero?
- Hay una guerra. - Usted hable de la guerra.
Yo hablaré de lo que cuesta.
No tardaré en marcharme. Volverá a tener buenos clientes.
Ellos pagan. Para eso tengo un negocio.
Debería pagarle.
- ¿Cuánto por los daños? - 100 francos.
¿Cuánto por salvarme la vida?
¿Quién ha sido?
No estoy seguro. No me acuerdo. Me han golpeado.
Mientes.
Ya basta, Pilzer.
Si dices la verdad, vivirás.
¿Cómo es?
Coronel, no me acuerdo.
Era un hombre alto.
Con un traje gris.
Con sombrero, creo.
Coronel, Labiche no ha abandonado el hotel.
Suéltenlo.
¿Quiere un café?
Está incluido en la habitación.
No le cobraré.
¿Cómo se llama?
Labiche, el coronel está esperando.
Christine.
¿Lo conseguiste?
- Jacques, ¿está el camino despejado? - Hasta Alemania.
¿Ha dormido bien, Labiche?
Como un bebé, coronel.
Espero que los cojinetes estén bien engrasados.
¿Por qué no los comprueba usted?
Sargento.
El sargento Schwarz irá con usted.
El último pueblo antes de Alemania es St. Avold.
Allí pararán para que el capitán Schmidt me informe por teléfono.
Que tenga un buen viaje, capitán.
¿Está claro?
Pararé en St. Avold.
¿Ha estado alguna vez en Alemania?
No, coronel.
Será una experiencia interesante.
Una oportunidad para ampliar sus horizontes.
Adelante, jefe de estación.
Apártese.
Si paras en St. Avold, nos volarán los sesos.
Póngame con Commercy, por favor.
No tengo una línea directa.
Es un asunto ferroviario.
- ¿Qué ocurre? - Su reglamento militar.
¿Metz? Va puntual.
¿Metz? Rive-Reine.
¿Eres tú, Maurice?
¿Dónde está?
¿Cuándo volverá?
Que llame a Jacques a Rive-Reine lo antes posible.
Sí, es importante.
Gracias.
- ¿A qué hora llegarás a casa, tío? - Cuando llegue, llegaré.
Lo estoy pasando bien. Bebiendo, jugando a las cartas, divirtiéndome.
Se nota, ¿verdad?
La tía Hélène quería saberlo.
Robert.
Soy un viejo cascarrabias.
- ¿Por qué aminoramos? - ¿Está ciego? Por el ataque aéreo.
Aminoramos para el cambio de agujas.
¿Qué vas a hacer?
No quiero parar en St. Avold.
¿Quieres ir a Alemania?
Jacques les avisará.
Nos dirigimos al sur.
He dicho que nos dirigimos al sur.
Las vías están destrozadas.
Tenemos que tomar la curva en el río.
- ¿Cuál es el siguiente pueblo en el mapa? - Remilly.
Abra bien los ojos. Pronto se ampliarán sus horizontes.
Ah, Maurice.
Tienes una línea directa con Commercy.
Bien. Llámalos.
El primo de mi esposa tiene queso para mí.
Se podría meter en el tren de medianoche cuando pare en Commercy.
Sí, Maurice. El tren parará para que bajen pasajeros.
Bien. Te guardaré un trozo de queso.
¿Un asunto ferroviario?
Próxima parada, St. Avold.
¿Echamos a correr?
Sargento. ¿Podemos estirar las piernas?
Está bien. Bajen.
Cabos, vigílenlos.
¿Dónde está el teléfono?
Sargento. Que nadie baje del tren. Sólo pararemos un par de minutos.
Díganle a Jacques que el queso está en el tren.
Y que les guarde un trozo a Pierre y a Raoul.
Coronel, estamos en St. Avold.
Sí, coronel.
¿Cómo es St. Avold?
¿Y bien?
Ya le entiendo.
- Me alegraré de volver a Berlín. - Schwarz.
¿Sí, capitán?
- Nos vamos. - Suban.
Ya estamos en casa, Tauber.
Estamos en Alemania.
- ¿Estás bien? - Sí.
Está loco. ¿Por qué ha acelerado en una curva?
- Ha dicho que siguiera adelante. - ¿A toda velocidad?
¿Qué quiere decir? Debió indicarme que aminorara. ¿Cómo iba a saberlo?
Mire las vías.
¿Cuánto falta?
Dos minutos.
Buena suerte.
Si nos separan, nos vemos en la vieja granja sobre el río.
Relévame.
Pilzer. Coja a Labiche.
Sí, coronel.
A por él. Matadlo.
No, no puede quedarse aquí.
Fuego.
Pilzer.
- ¿Cuándo llegarán las grúas? - El comandante Herren está en camino.
Lo demás se hará antes del anochecer...
Ponga a más hombres. Quiero que se haga más rápido.
Pero, coronel, hasta que la grúa pueda mover la máquina...
Sí, coronel.
Coronel. Ni rastro de Labiche.
Llevamos horas en el bosque.
- Dos patrullas le han buscado... - Encuéntrenlo.
- Podría haber vuelto a París. - No.
Está por aquí, lo sé.
Se esconderá y tramará algo,
pero no abandonará el tren. Empiezo a conocerle.
Sigan buscándolo. Registren el pueblo.
Le he traído algo de ropa.
- ¿Qué tal la pierna? - Mucho mejor, gracias.
- ¿Qué está pasando ahí? - Usted debería saberlo.
Hay máquinas y vagones bloqueando las vías. Rieles destrozados.
- ¿Represalias? - ¿Cree que declararían un día de fiesta?
Han matado a Jacques, el jefe de estación, y a un maquinista.
Otro maquinista, el delgado, ha muerto al intentar escapar.
Pesquet.
Habrá otros.
¿Ha visto a Labiche?
- ¿Labiche? - Sí, Labiche.
- Estaba en la cinco. Se fue ayer. - Sí, se fue ayer.
Ya lo sé. ¿Lo ha visto hoy?
Sí.
Le veo a diario. Y al general de Gaulle.
Son mis mejores clientes y los mantengo frescos en la bodega.
Por favor.
¿Por qué ha vuelto aquí?
¿Quiere que nos maten a todos?
Quizá se crea un héroe. No le importa morir.
¿Qué derecho tiene a hacer esto? Déjenos en paz.
Conocía a Jacques de toda la vida.
Hélène, su mujer, estaba conmigo cuando mataron a mi marido,
el primer año de la guerra.
Y ahora yo estaré con ella.
Los hombres son tontos.
Quieren ser héroes y sus viudas lloran sus muertes.
Tal vez los hombres sean tontos.
Unos cien han detenido ese tren.
Guardagujas, guardafrenos, mozos de almacén, jefes de estación.
Dios sabe cuántos morirán, como Jacques.
¿Sabe qué hay en ese tren?
Cuadros. Eso es: Cuadros. Arte.
El patrimonio nacional. El orgullo de Francia.
Qué locura, ¿verdad?
Está todo muy tranquilo.
¿Adónde va?
Quizá pueda marcharme ahora.
No puede salir de día. Le están buscando.
Tengo que ver a un amigo que estaba conmigo en el tren. Quizá no esté vivo.
No le ayudará que le maten a usted. Espere a que anochezca.
Coma.
Es un pecado tirar el pan.
¿Listos? Súbanlo.
Pónganlo ahí.
Comandante.
¿No puede ir más deprisa?
Esto es un caos. Hacemos todo lo que podemos.
He pedido dos grúas.
Ha hecho falta una orden del cuartel general para ésta.
Con la retirada de Von Rundstedt, el ejército necesita el material.
Lo único que puede perder Von Rundstedt son hombres.
Este tren es más valioso.
Ahora.
En Commercy, mataron al jefe de estación.
En Metz, tomaron rehenes.
Diez. Los mataron allí mismo.
Chavales en su mayoría.
¿Conoces a Lefèvre, el inspector de allí?
¿Su hijo, el que tiene asma?
Se la han curado.
En Chalons, tres muertos.
Es todo lo que sé de momento.
Pesquet tenía razón.
Fue su último trabajo.
¿Y el tren?
Estará listo mañana.
¿Dónde están los Aliados?
¿Han tomado la ruta turística a París?
Me lo creeré cuando los vea.
Por si no vienen.
Labiche, soy yo.
- ¿Con quién está? - Con Robert, el sobrino de Jacques.
Pasen.
Me alegro de ver que sigue vivo.
Debo felicitarle.
- Ha hecho un gran trabajo. - ¿Dónde están los Aliados?
¿En qué estado está el tren?
Lo repararán por la mañana.
Gracias.
- ¿Cuándo partirá de Rive-Reine? - No saldrá de día.
¿Dónde están los Aliados?
Una división francesa llegará a París primero. Un gesto.
¿Un gesto?
¿Son capaces de tener gestos?
Que tengan uno con Pesquet o Jacques.
El hijo de Lefèvre apreciaría un gesto.
¿Qué tiene pensado hacer?
Esto: Explosivo plástico. Lo que tendríamos que haber hecho.
Mañana por la noche, sin aliados, hacemos estallar el tren.
Londres quiere que lo salvemos.
¿Qué quieren que hagamos? ¿Pararlo con las manos? ¿Tumbarnos en las vías?
Al amanecer, las vías y los trenes de la zona serán bombardeados.
El tren del arte no debe ser destruido.
Tenemos órdenes de marcarlo para que los aviones no lo ataquen.
¿Marcarlo?
Pintura blanca en el techo de los tres primeros vagones.
Londres ha decidido que no hay que dañar los cuadros.
¿Salvarlo?
¿Para Von Waldheim? ¿Para hacerle un regalo?
¡Al cuerno Londres! Iniciamos esto por una razón: Para detener el tren.
Los Aliados iban a estar aquí. ¿Dónde están? Cada día fallan.
Cada día ha muerto un hombre por pensar que iban a llegar.
¿Ahora quieren que lo pintemos? Que lo vuelen en mil pedazos.
Paul.
Sería una lástima que eso ocurriera.
Bueno, si se puede salvar.
Papa Boule, Pesquet y los demás querían que se salvara.
Están muertos y nunca se enterarán.
Pero nosotros sí.
Pintura blanca. Sólo los tres primeros vagones.
Sé cómo volver.
¿Sabes cómo está aquello?
Alemanes por todas partes. No tienes ninguna posibilidad.
Ya se me ocurrirá algo.
¿Qué quieres hacer? ¿Decirles que vas a pintar el tren
para que quede bonito al llegar a Alemania?
¿No lo ves? Es inútil.
Esos vagones necesitan una mano de pintura desde que empezó la guerra.
Maldito loco.
¿Quién te va a ayudar? ¿Lo has pensado?
Yo.
Sé luchar.
Ya somos dos. Un pequeño ejército.
- ¿Qué matas con esto? - Conejos.
No lucharás con conejos.
- ¿Conoces bien la estación? - ¿Tienes un plan?
- He vivido ahí toda mi vida. - ¿Puedes conseguir hombres?
Están trabajando en las vías. Hasta yo le sirvo comida al ejército.
¿Y en otros pueblos?
Montmirail. El tío Jacques tenía amigos ferroviarios. Puedo reunirlos.
- ¿Y pintura? - Sí. Y brochas también.
Ocúpate de los hombres y la pintura.
Vuelve una hora antes del amanecer.
Con un poco de suerte...
nadie resultará herido.
Nadie resulta nunca herido. Acaban muertos.
Paul, ¿has visto alguna vez alguno de los cuadros del tren?
Yo no. Cuando acabe la guerra, deberíamos echarles un vistazo.
Pilzer.
Herren.
Luces.
Pilzer.
Didont, baja.
Didont, corre.
Truenos no, coronel. Artillería.
- ¿A qué distancia? - A 15 km, tal vez 25.
Creo que son 88s. Nuestra artillería se estará replegando.
- ¿Cuándo terminará? - Dentro de media hora.
¿Importa? No puede sacar el tren de día.
Los Aliados podrían llegar antes.
Sí, pero un tren en marcha no tiene ninguna posibilidad.
Coronel, al suelo.
¿Por qué?
La pintura, Herren. Es una señal.
No van a bombardear el tren.
No la quite. Déjela ahí. Me conducirá hasta Alemania.
A por él. Registren el bosque.
Espere. Coronel, mientras registran el bosque,
Labiche puede volar otra sección de la vía, y luego otra.
¿Cree que parará si le dejamos escapar?
Podría haber volado la máquina. Lo han impedido los rehenes.
Puedo tenerlo arreglado en menos de una hora.
Que Labiche no se acerque al tren en los próximos seis o siete kilómetros,
hasta que lleguemos a Montmirail, y luego lo dejaremos atrás.
Labiche o el tren. ¿Qué prefiere, coronel?
Alto.
Traigan los rieles.
Vengan.
Creo que he visto algo.
Pare.
Iré delante hasta Montmirail.
15 km/h, ni uno más.
Pare.
Comandante.
¿Sí, coronel?
¿Podemos volver a encarrilarlo?
La grúa está en París.
Sin una grúa, imposible.
Nada es imposible.
Ponga a los hombres a trabajar. Quiero la máquina en las vías.
Ni con diez veces más hombres.
Le aseguro que se hará. ¿Me oye? Se hará.
Es inútil, coronel.
Descarguen los cuadros.
Descárguenlos de inmediato.
Vamos, Schwarz.
- A trabajar. Descarguen las cajas. - Paren.
Vamos, dense prisa.
Alto.
- Que bajen sus hombres, teniente. - Tenemos órdenes...
No me importan sus órdenes. Haga lo que le digo.
Bajen de los camiones.
Vamos.
Bajen de los camiones.
Atrás. Vuelvan a los camiones.
Vuelvan a los camiones. ¿Qué demonios está pasando?
Necesito sus camiones, comandante. Debo llevar un cargamento a Alemania.
Hay una división francesa tras esa colina. ¿Y mis hombres?
No me importan. Le ordeno que descargue los camiones.
Ahórrese las órdenes. Aquí, la guerra ha terminado.
- Suban a los camiones. - Haré que le maten.
Vuelvan a los camiones.
Herren. Mate a ese hombre.
Debe ser ejecutado por insubordinación grave.
Descarguen los camiones.
Herren. Le he dado una orden.
Hemos perdido, coronel.
Es inútil.
Mire a esos hombres.
Un ejército derrotado.
¿Perdido, Herren?
¿Perdido?
Vamos.
- ¿Quiere que le llevemos? - Gracias.
- Tengo 50 hombres. - Dígales que se den prisa.
Schwarz, traiga a sus hombres. Nos retiramos.
Grote, que suban a los camiones. Nos retiramos.
Dejen las cajas y suban a los camiones. Gunther.
Pare.
Coronel.
- Vayan ustedes. - No hay razón para quedarse, coronel.
Es un buen oficial, Herren.
Sólo serán unos minutos.
Habrá más camiones.
Labiche.
Aquí tiene su recompensa.
Algunos de los mejores cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa tanto para usted como un collar de perlas para un mono.
Ha ganado por pura suerte.
Me ha detenido sin saber lo que hacía ni por qué.
Usted no es nada, Labiche.
Un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos.
Siempre lo serán.
La belleza pertenece al hombre capaz de apreciarla.
Siempre me pertenecerán a mí o a un hombre como yo.
Ahora, en este preciso instante,
no sabría decirme por qué lo ha hecho.
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