All language subtitles for Moros y cristianos

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Original subtitles

Ya está a punto, don Fernando. Vicente, llevaos esto enseguida

a la furgoneta. ¿Qué tal? Muy bien, Florentino.

Este pedido va retrasado, ¿eh? No se preocupe, don Fernando,

estará a tiempo. -Esto, bien precintado, ¿eh?

Papá, hombre, que tenemos 7 horas de viaje y te estamos esperando.

¡Te he dicho que ya vamos!

No me hagas tonterías, que te conozco, un beso.

¡Déjate de mariconadas, no ves que...!

A ver esa puerta. -¡Hola!

-¡Vais como locos! -¡Cómprame el coche fantástic!

El coche fantástico, papá. Calla, niño,

que me voy a cagar en tu padre. No le digas esas cosas al chico.

(HABLAN A LA VEZ)

Venga, seguidnos, vamos.

¡Papá, cómprame el coche fantástico! -¡Adiós, no corras!

-Que tengáis buen viaje, cuidado con la carretera.

-¿Tu marido también se ha bañado antes de irse? A mí eso me escama.

-Qué mal pensada eres, el mío no se gasta una peseta con nadie.

-¡Adiós! -Mami, vámonos a Madrid.

-Qué Madrid ni Madrid, a Madrid solo van los hombres.

Venga para adentro. (LLORA)

¡Para, para aquí!

Venga, va, que llegamos tarde a la feria, deprisa, deprisa.

Va, la escalera.

Eh, Pepe, a ver si vamos a algún sitio donde pueda mear.

Aguántate, lo primero es anunciarnos.

Hay que ir más deprisa.

Ya, es que venía con el freno de mano echado.

Venga, deprisa, que nos va a coger la hora punta, deprisa.

Daros prisa, que no he comido nada desde Albacete.

Luis, el sable y el alfanje, sacando pecho, altivo, fiero.

Es que tengo miedo. Qué miedo ni nada.

Venga, Joan, siempre eres el último en subir.

Esto no es como desfilar en Jijona, esto está muy alto.

Agárrate a la barra bien, venga. ¿Y si me caigo?

El alfanje fuera, cruzadlos. Eso, crúzalo, como en las fiestas.

¿Así? Así, por ahí va.

Qué bamboleo, cómo se mueve. Agárrate bien, arriba.

Arriba, altivo, eso es.

¡Uy! Se me hincha la capa, como a Superman.

Si os caéis, avisad enseguida, ¿eh?

Agarraros bien, no vayamos a tener un disgusto.

(Silbato, tráfico)

(Claxon)

¡Pero bueno! Bajen enseguida. Y ustedes también, aparquen ahí.

-Solo soy un asalariado. -Y el de conductor también,

con el carné de conducir. Venga, cómo que asalariado,

que baje todo el mundo, abajo. Señorita, todo en orden,

todo pagado. No, todo en orden, no.

¿Pero qué pasa? Han cometido una infracción,

no se puede viajar encima de los vehículos.

Venimos desde el pirulí y nos han dicho nada.

Estamos promocionando nuestros turrones

y hasta nos han aplaudido. Yo lo he hecho bien,

me he pasado todos en rojo. -Carné de conducir.

Lo estamos tramitando, señorita. Es que como vivimos en Jijona,

tenga un poco de benevolencia. Lo siento mucho, pero...

Mire, señorita, Planchadell y Calabuig,

somos nosotros, estamos promocionando nuestros turrones.

Yo tengo mi carné de moto. Florentino, un guirlache.

Señorita, por favor... Lo siento, les tengo que sancionar.

Este es de guirlache, señorita, a lo mejor le gusta más.

9300... De yema, señorita.

Vamos, deles la multa de una vez, que tengo hambre.

Le hemos regalado tres pastillas. Déjame, leche.

A ver si nos rebaja la multa.

Rojo, parar, verde, pasar, ¿eh? A ver si no se me olvida.

¡Venga, id parando, ahí, ahí!

Aparcad la furgoneta a la derecha.

Mira, papá, ahí podemos mear. Ya no me aguanto.

Lo que es Madrid, llegar y pagar, ¿eh?

Se van a romper las peladillas. Los dientes se me van a romper.

-Venga, baja. -¡Ay, no!

Fíjate, papá, esto sí que es hacer las cosas a lo grande.

En ese pabellón caben por lo menos 5000 personas.

Sí, sí vienen, porque como esto queda en las afueras...

Don Fernando... Déjame, que voy a mear.

Qué afueras, si la Casa de Campo está en Madrid ya.

¿Pero esto es la Casa de Campo? Hombre, claro.

¡Uy! Don Fernando, no voy a poder dormir en la furgoneta.

Prefiero dormir en una pensión. A mí qué me cuentas, eso a estos,

que lo han organizado todo, yo soy un cero a la izquierda.

¿No estabais contentos con eso de ahorrar las dietas?

Es que yo he estado año y medio aquí, cuando la guerra, por ahí,

por ahí iban las trincheras. ¿Y eso qué tiene que ver?

Tiene que ver que por la noche me acuerdo de lo que pasaba...

Déjate de lo de la guerra, peor fue lo mío, ¿no?

Venga, va, hala. Están vacías, son de muestra.

Ven, papá, por aquí.

¿No has podido mear cuando hemos parado a la entrada de Madrid?

Es que estaba sujetando la escalera. Pero bueno, tu...

Preguntad si hay mesa de billar. Tú ayuda a descargar, venga.

Que vamos para allá, ¿eh?

Oiga, ¿el stand de los huevos? -Al fondo, a la izquierda.

-Mira, tío, pollos congeladas. -Perdón, perdón,

enseguida les indico, síganme.

Veo esto muy atrasado, ¿eh? No creo que se inaugure el 15.

No, hombre, no, aquí montan y desmontan en un santiamén.

Fíjate, mira, todo tablerillo. Tiene que ser así, porque si no,

con la gente que han invitado, vaya trastorno.

Dense prisa, estamos llegando, síganme, síganme.

Papá, por aquí, papá, este señor nos lleva.

Venga, hombre, que os estamos esperando desde hace una hora.

Mira, hay una silla, siéntate.

-327, Planchadell y Bofarull. No, Calabuig, Calabuig.

Eso es, este su stand. ¿Esto? Oiga, no,

aquí debe haber un error, porque acabo de ver aquí el retrete.

Cada vez que tiren de la cadena, se oirá.

No sé yo. Además, el olor, y esta máquina,

hará un ruido espantoso cuando se ponga en movimiento.

Cuando firmamos el contrato con el representante de ustedes,

¿cómo se llamaba? Carmona, Carmona.

El señor Carmona nos dijo que nosotros tendríamos un stand

en la zona principal. ¿Pero qué representante?

Si yo no conozco a nadie. Uno gordo, con gafas, muy simpático,

sordito, de Sevilla. El que estuvo en Jijona

para ofrecer los stand. Ah, un agente comercial.

No, no le conozco, debe ser un contratado.

¿Cómo que no le conoce? Vamos a aclarar las cosas.

Dígame, ¿por aquí van a pasar las infantas?

¿Qué infantas? Coño, las hijas de los reyes.

¿Ah, pero vienen? ¿Os dais cuenta? Ni infantas

ni Cristo que lo fundó. ¿Aquí habrá mesa de billar?

Papá, está todo arreglado, es un error.

Tenemos que hablar con Cuqui esta noche en el chalet

para que lo arregle. Naturalmente, y como ella

está en política, algo sabrá, ¿no? Pues que pregunte.

¡Señor Planchadell! -¿Es suyo un 131 color azul?

Se lo está llevando la grúa, por ahí. ¡No jodas!

Primero nos ponen una multa, ahora se llevan las maletas,

nos van a dejar en pelotas. ¡Vaya día!

(GRITAN) ¡Eh!

No, si yo estoy contigo, pero si te prometen el número uno de...

-¿Una provincia? ¿Una provincia, a mí?

Después de lo que he luchado por nuestras ideas, no, Rodríguez,

o salgo diputada por Madrid o dejo el partido,

pero me llevo a mis amigos, mis contactos y mis avales,

y que os den morcilla a todos. Aquí está mi dimisión.

-Cálmate, Cuqui, que quede bien claro que yo te lo he dicho "of the record"

y no como miembro de la comisión. -No hay nada decidido.

Hasta que convoquen las elecciones... -Pueden suceder miles de cosas,

puede haber hasta contubernios. -Dejad que os sirva.

-¿Pero dónde has aprendido tú el chino, González?

-En el exilio. -¿Te exiliaste en China?

-No, en Toulouse. -¿Y qué le has dicho?

-Que si era de Jabugo. -Pues no es de Jabugo.

Oye, tú, "of the record", ¿a qué paniaguado habéis presentado

para la candidatura de Madrid? ¿O es que habéis pactado

con los ecologistas? -Que no, Cuqui, no hay nada decidido,

son solo conjeturas.

-¿Qué ha sido eso, una bomba? -No seas cenizo,

que no sean ladrones, que tengo al perro en la escuela.

Ha sido en mi jardín.

(Claxon)

¡Cuidado con los polvorones!

(Claxon)

¡La culpa es tuya, que te has cargado los frenos,

me cago en la leche que te han dado!

Agua, es agua.

¡Florentino, Florentino! ¡Que se ha ahogado!

No veo a Florentino.

Calma, Cuqui, con precaución. -¡Dios, mi familia!

-¿Familia? -Sí, no os mováis.

-¡Ay, Dios mío! ¿Qué es esto?

-¿Pero por qué habéis aparcado en la piscina?

No entiendo nada, sal de ahí inmediatamente.

¡Papá, papá! ¡Sácalo de ahí, Agustín!

Mi familia, de las industrias Planchadell y Calabuig.

-¡Se van a ahogar, hay que sacarles! -¡Sobre todo, a papá!

Que se queden en el jardín, que me manchan la casa.

Reparte las toallas, y que no pasen de esa puerta.

-Sí, señora. -¿No sabéis mirar por el retrovisor?

Ni retrovisor ni leches, qué coño, tú, que eres una tacaña, coño,

que podías haber encendido las luces, no se ve ni un carajo

en esta casa. Muy bonito, me destrozas la rocalla,

el césped, la piscina, y encima, me insultas.

¿Lo oyes, papá? Sí, hija, sí, menos mal,

que podríamos habernos ahogado todos.

¿Pero todavía tienes frío, Marcial? Por fuera, no, pero por dentro...

Como he tragado tanta agua.

¿No me podía hacer el boca a boca la criada?

-¿Por qué habéis traído a este chiflado?

Cuqui, no te metas con tu primo. No te metas con tu primo...

Se podía haber quedado en Jijona y no haberme traído tantas complicaciones.

Pues vas a tener otro problema más. ¿Otro?

Porque se nos ha llevado el coche la grúa,

pero como tú eres amiga del alcalde, le llamas mañana...

¿Pero tú estás tonto o qué? ¿Qué crees que es Madrid?

¿Qué pasa en Madrid? Eso lo arreglamos mañana,

ahora hay que solucionar lo de esta noche,

habrá que llamar a unos taxis. ¿Para qué vas a llamar a un taxi?

Para que os vayáis al hotel. ¿Qué hotel?

Al vuestro, estás peor que Marcial.

¿Pero nos vas a echar de tu casa, hija?

Esta no nos da ni de cenar, papá. No te pongas melodramático, papá.

¿Dónde queréis que os meta, si sois un regimiento?

-Yo puedo dormir en el cuarto de la criada.

Además, los otros tienen sitio para dormir en la furgoneta.

Caramba, ¿no pretenderá que durmamos a remojo?

-Eso, no porque yo... Tú te callas, coño.

Si hubierais dormido en la feria de muestras,

no habría pasado nada de esto. Pues digo yo que podríamos

buscar una pensión. -Sí, una céntrica.

Sí, claro, para iros de putas. Ay, Agustín, qué lengua.

Esto se arregla enseguida, se tiran unas colchonetas al suelo y listo.

Y mañana, los bomberos sacan el coche de la piscina.

Al garaje, y dejad de incordiar ya. No puedo más.

Nosotros podemos dormir en los cuartos de los chicos.

Ay, papá, no sé, ya arreglaré yo lo que sea.

Manulín, hijo, tenemos que preparar algo de cena.

-Sí, tenemos roast beef.

-No, no, tortilla de patatas y sopa de sobre.

Y una de esas cosas que haces tú, ya vale. ¿Qué toca, qué toca?

Oye, a propósito, ¿cómo están mis nietos?

Bien, los chicos, estupendamente, estudiando en Londres,

pero la niña, esa nieta tuya...

-Cuqui... -¿Qué?

-Esto era de mi madre. -No, era de tío Enrique.

-Era de mi madre. -Era de tío Enrique, y déjalo,

que lo vas a romper, siéntate. -Era de mamá.

-Y no comprendo por qué de repente os ha dado por hacer publicidad.

Eso mismo digo yo, enemigo acérrimo de la publicidad.

De toda la vida. Vamos, papá, pero...

¡Señorito! -¡Ay, ay!

¡Las manos quietas! ¡Vamos, siéntate!

Pues por eso, porque estamos al borde de la quiebra,

y tú lo sabes, ¿eh? Estaba preguntando

si había mesa de billar. -Que no la vea yo a menos de 10 m

de distancia de este infeliz. Siéntate.

Sí, infeliz dice la señora, y me estaba tocando mis partes.

-A la cocina, he dicho.

¿Y a este, por qué no lo capáis de una vez?

Sería una solución, no creas.

Vamos a ver, Cuqui, ¿cuántos años hace

que no recibes ni una perra? ¿De quién?

De tu parte en la fábrica, mujer. Ya ni me acuerdo,

y ahora me vendría bien recibir algo, porque la política es muy cara.

¿Pero no dicen que a los partidos políticos les dan mucho dinero?

Ay, hijo, al nuestro... En cualquier caso,

¿quién es el culpable? Papá.

Porque es el que no quiere que nos anunciemos.

¿Pero por qué te vas? ¿Dónde vas, papá?

A comer con tranquilidad. A montar el número,

a montar el número, y encima, se enfada.

Bueno, pues esto se acabó, porque Pepe y yo hemos decidido

hacernos cargo de la fábrica, y nos vamos a anunciar.

Me parece muy bien, ¿pero por qué no os anunciáis como todo el mundo?

¿Cómo? ¿En la televisión, la radio y eso?

Qué cosas dices, Cuqui, pagando. Claro, no será cobrando.

¿Pero tú en qué mundo vives? ¿Pero tú sabes por casualidad

lo que cuesta hoy que te pongan un spot en la televisión?

Mira los precios. Por favor, estoy cenando.

No podemos, Cuqui, no podemos, papá nos ha descapitalizado.

Además, como te he dicho antes, estamos al borde de la quiebra.

Si os oyera vuestra pobre madre...

Mira, Cuqui, lo que queremos nosotros es empezar poco a poco.

Exactamente, y para ello hemos pensado que lo mejor

podría ser anunciarnos en el salón ese gastronómico.

Porque, ojo, que a lo mejor, van las infantas.

Que no irán. Pero tú, que estás en la política,

te puedes enterar si van a ir, ¿no? Lo que no comprendo

es qué tienen que ver las infantas con el turrón.

Pues es muy sencillo, las infantas son chicas jóvenes,

y a los jóvenes les gustan las golosinas, y podía ser

que ellas, a lo mejor... Y qué cosa más natural

que las infantas vayan a inaugurar el salón gastronómico.

Yo no comprendo nada, papá, ¿tú oyes lo que dicen de las infantas

estos majaderos? ¿Cómo majaderos?

Cuqui, te lo voy a explicar.

Mira, las infantas llegan a inaugurar el salón, y entonces,

pasan por delante de nuestro stand.

Al pasar por delante, la familia Planchadell y Calabuig

les obsequia con un surtido de sus productos,

y el moro y el cristiano que hemos traído, que buena pasta

nos están costando sus dietas, les obsequian con una pastilla

de turrón, y entonces... Como va a estar la televisión,

nosotros saldremos en el Telediario, que es lo que ve la gente,

y no los anuncios esos que salen en la tele,

que todo dios se marcha y aprovecha para irse a mear.

Eso, eso es lo que les han contado para darles el timo.

Cuqui, hay más cosas, y las entenderás cuando te las cuente.

¿Hay más cosas? Voy. Si llegáramos a conseguir

que las infantas se queden con la pastilla de turrón en la mano,

en la etiqueta podríamos poner eso de...

¿Cómo es eso? Proveedores,

proveedores de la Real Casa. Captas la idea, ¿no?

Sí, claro como el agua, ¿y si no van las infantas?

Qué van a ir. Eso es lo que yo me temo.

Manulín, sirva las chismas esas. Cuqui, déjate de tus temores,

pero tú puedes saber si van a ir o no, qué van a hacer.

Claro, muy fácil, fíjate, se coge el teléfono...

¿Están las infantas? Que vengan, que hay turrón.

Cuqui, las tienes que llamar. ¿Pero qué es esto?

Estáis locos, ¿cómo voy a llamar? Manulín, trae el teléfono.

¿Qué mierdecilla es esto? A ver si López puede echar una mano.

¿López, quién es López? Mi asesor de imagen.

Pues vaya imagen la suya, tiene la criada mora,

el mayordomo filipino, la comida es china,

y luego dirá que va a acabar con el paro en España,

ya me explicarás a mí cómo se come eso.

Tener cuidado que los chinos meten bichos dentro. Mira, mira.

-Oye, López, soy Cuqui Planchadell, están mis hermanos en Madrid,

y me gustaría que les ayudaras en un problema que tienen.

Mañana irán conmigo cuando vaya a ver las diapositivas. Un abrazo.

Oye, Cuqui, y ese señor, ¿cómo trabaja? ¿Qué hace?

Pues es un señor que me ayudará a ganar

las elecciones a diputada. Hombre, o sea, como en América.

Tú lo has dicho. Como en América.

-Son como gusanos.

-O sea, que ustedes lo que quieran es que yo haga santo aquí,

a fray Núñez. -Nuño, fray Nuño.

Que conste que nosotros no buscamos ningún tipo de notoriedad

ni de vanagloria humana, lo que buscamos

es que no desaparezca la orden, hoy día, un tanto mermada.

Ya está caduca, y algún santo en los altares,

haría florecer las vocaciones. Debería ir al convento, pero...

-Matilda, hija... -Novicios y oraciones.

-En fin, dejemos de momento aparcada la falta de liquidez de la orden.

¿Este fray Núñez hizo algún milagro? -Nuño, bueno, sanó a mucha gente.

-Miranda, buscad a Miranda, coño. -Y más cosas, también levitaba,

mire cómo está de alto. Levitaba. Además, su licor de hierbas

es buenísimo para toda clase de males,

la migraña, la gota, el escorbuto, para el escrófulo, los huesos,

para todas las cosas graves y para las almorranas.

-¿No me diga? Pues yo, precisamente...

No siempre, se entiende.

Señor López, la señorita Planchadell.

Lo siento, pero les tengo que dejar. Monique, atiende a los padres.

-No es necesario, no es necesario. Encantada, Monique.

Encantada. No te lances, que es un fraile, ¿eh?

¿Es usted fray Nuño? Soy fray Félix.

-No es fray Nuño, ya te lo explicaré, usted le da los datos

a la señorita, y ya con ello... -No tarde, no tarde.

-Estudiamos la posible campaña. Paz y bien.

-¿Recibiste mi mensaje? -Sí, sí.

-Tengo el coñazo de mi familia... -Miranda, Miranda...

-Venga, que tengo ahí una tropa, que ya verás, ya.

-Buenos días. -El señor López, mi familia.

-¿Es tu hermano? -No, es mi padre.

El deportista, mi primo Marcial. -Es que me caí en la piscina.

-Tú, calla. Mis hermanos, Pepe y Agustín.

Encantado. Pepe. Agustín, ¿cómo estás?

No, yo soy Pepe. Agustín soy yo.

Poneos cómodos, y sentaos. -Luego hablamos de lo suyo,

vamos a ver las diapositivas, tengo muchas ganas de verlas.

En cuanto a lo del nombre, ya sé que Joaquina

suena como antipático, pero Cuqui, no sé,

me sigue pareciendo como frívolo. -¿Frívolo? De ninguna manera,

es carismático, amical, íntimo, cariñoso...

-Acepto que no te guste Joaquina, pero...

Pues Joaquina se llamaba tu madre y era muy simpática.

Eso es otra cosa, papá. Esto es muy delicado,

y tengo que concentrarme, venga, López.

¿Va a poner cine ahí? No incordies, por favor.

No enredes con las máquinas.

Como vas a ver, he tenido que hacer un test

de simetría facial, que naturalmente, me confirma lo que siempre

te he dicho, Cuqui, tu mejor escorzo es...

El izquierdo.

Fíjate qué diferencia con el derecho. -También estoy mona, ¿no?

Ahora ponme como soy. -Aquí tienes.

(LADRA) -¿Lo veis? Al pueblo hay que mirarle

directo a la cara, a los ojos, abiertamente...

-Que sí, de acuerdo, pero sin abrir mucho la boca.

Fíjate, esos dientes son una barbaridad.

Te lo he dicho mil veces, Cuqui. -Es que quitarme los dientes

sin tener ninguna caries, qué quieres que te diga.

-Garantizado, garantizado, anestesia por hipnosis,

extracción absolutamente indolora. Si se lo han hecho

casi todos los políticos. Y si tú te quitas el miedo,

y decides operarte... Pero este señor,

por qué quiere arrancarle los dientes a vuestra hermana?

No quiere arrancarme los dientes, es un problema estético.

-Porque si tú te ríes ahora, como quien sabes...

Tú ya me entiendes, no quiero dar nombres.

Otro tema, tema escote. Yo, de pecho...

-Estoy bien, ¿eh? -Te doy 5 de 10, perdóname.

-¿Solo 5? -Sí. Ahora bien.

De espaldas ya, esto es otra cosa, mira.

Mira, un 10 de 10. -Creo que por delante,

con unas buenas perlas, porque de pecho tengo poco, lo reconozco,

¿queréis callaros, por favor, que estamos trabajando?

Perdona, Cuqui, tú no te acuerdas, pero nos has dicho

que Palomero nos esperaba solo hasta las 11.

Qué pesados sois, Virgen Santa, López, atiéndelos a ellos,

porque yo no puedo así. -Tú me mandas.

Pero te sigo insistiendo, tú, en cenas y recepciones,

siempre el escote en la espalda. -Sí, hasta el culo.

-¿Por qué sabe que tú no tienes tetas?

-Porque sí. Ay, atiende, por favor. Sabes que tenemos una fábrica

de turrón en Jijona, ¿no? No da ni para los gastos, un desastre,

y ellos quieren airear el producto, un poco de publicidad,

ya comprendes, y han venido a eso, ¿cómo es eso?

Pues como una feria de muestras, el salón gastronómico.

Para poner allí nuestro stand. En contra de mi voluntad.

Que conste. Bueno, papá, sí.

-¿Ustedes quieren acrecentar las ventas o repartir prospectos

a niños y jubilados? -Lo que sea, cualquier cosa, López.

-¿Cómo cualquier cosa? -Ya me entiendes,

échales una mano, hombre. -Estoy muy liado, Cuqui,

precisamente ha venido una orden religiosa con una cosa muy gorda.

-¿Ah, sí? -Se han empeñado en que yo

les eleve a los altares a uno de sus frailes.

¿Es posible, usted? Yo no me lo creo.

Ahí los tengo. ¿Usted es capaz de hacer eso?

Si no lo veo, no lo creo. Pasa a verlos.

Ahora resulta que a un fraile... Mira.

¿Pero así se hace ahora a un santo? Cuántos frailes.

Ay, papá. Así de clientes.

No puedes negarte, una cosa de nada. -¿Cómo que una cosa de nada?

¿Tú sabes lo que es crear un producto de primera necesidad, de consumo,

una imagen, toda una imagen? Un momento, señor López,

será difícil, pero nuestro caso, es diferente.

Nosotros tenemos ya una fábrica, hay una marca, una tradición,

tenemos una etiqueta muy bonita, Cuqui lo puede decir.

Sí, es muy bonita. Dame una pastilla.

Planchadell y Calabuig, y un niño y una niña,

que somos nosotros cuando éramos pequeños.

Mira, papá, ¿te acuerdas? Mira, con la melenita.

(HABLAN A LA VEZ)

-Me lo quedo, me lo quedo. El de Jijona, el blando, el nuestro.

Déjamelo, que así ya me voy mentalizando.

Mire, mire, mire, mire, señor López,

lo que necesita un turrón es buena almendra,

y no todas esas martingalas que usted se trae

con esa historia de la imagen, porque un turrón, señor López,

no es una diputada. Bueno, papá, por favor.

-Qué cosas dice tu padre.

Me ha herido en el amor propio. ¿Tú te acuerdas del test?

-Ahora sí, ahora caigo. -Lo voy a verificar.

-Las diapositivas, ¿cuándo? -Déjalas, que ahora voy a meter

la pastilla de Jijona en el "ataché"..

-Y yo aprovecho para hacer la compra. Vamos todos al supermercado

antes de que cierren. ¿Cómo van a cerrar,

si son las 11 de la mañana? Pues por eso, para que no cierren.

-¿Y los billares? -Allí hay de todo.

Si el tío este se va a ir ahora mismo,

¿para qué coño hemos venido aquí? Pues a perder el tiempo,

porque todavía tenemos el coche allí, donde lo ha dejado la grúa.

Ay, Agustín, qué pesado te pones con lo del coche.

Luego llamo a Palomero... Claro, y nos doblarán la multa.

Además, no me fío de ese señor, que dice "chichona, chichona".

Y lleva una coleta aquí. Lleva una coleta.

Es la moda, papá. De esto tenemos que hablar.

Luego. ¡Marcial, hijo! -A ver si estaba Miranda,

que la estaban buscando. -En cuanto a lo de tu marido,

que en paz descanse, el pobre, ni nombrarlo, vamos.

Voy arriba, a telefonear, ya sabes. -En eso lleva razón.

¿Cómo, después del dinero que te dejó?

Papá, me está sacando de quicio.

¿No te acuerdas de quién le protegió? Venga. ¿Qué quieres,

que saquen los trapos sucios a relucir

cuando empiecen las elecciones?

Anda, coge un carro. No me da la gana.

Además, tengo acidez, y aquí seguro que no hay bicarbonato.

Aquí hay de todo, papá, es uno de los mejores de Madrid.

¿Por qué crees que vengo yo, si no? Cuqui, ¿cuál crees

que quedaría mejor a mi mujer? Ninguno.

El conejo. ¿Tú crees que son como los de casa?

¿Para qué quieres un conejo? Si el conejo no es bueno,

no saldrá bien el arroz. Y con un conejo congelado,

no podemos hacer el arroz a la xixonenca.

Qué de pueblo sois, acabáis de llegar y ya lo estáis añorando.

Fijaros en las ofertas, hay ofertas maravillosas.

Si ves algo que te gusta, lo echas al carro.

-¿Yo también puedo? -Sí que tú puedes. Hala.

(MEGAFONÍA) "En estos momentos, se encuentra en nuestra sección

de librería, los autores Hidalgo y Hernández,

firmando ejemplares de su obra, "El último austrohúngaro".

-¿Qué os parece? Aquí tenéis las ofertas.

¿Y el bicarbonato? Qué agonía eres, papá.

Voy por él. Vigila el carro.

¿Qué es eso? No lo sé.

Fíjate.

Soy yo, estoy saliendo en la televisión.

-Oye, no te creas tan importante, hombre.

Ese es el monitor de vigilancia para identificar a los que roban.

Anda, coño, estamos nosotros ahí también, mira.

Eso es que nos han retratado. Muy agudo, papá.

Esto es lo que se llamaba antes el objetivo indiscreto.

Solamente cámara oculta. -Mira, ahí está.

-Es un test, lo ha inventado López. -Técnica americana.

En América, señores, la imagen de un producto

es algo más que la etiqueta, capricho de su fabricante.

Miren ustedes, antes de lanzarlo al mercado,

allí se le pide al consumidor sus preferencias en materia

de formato, diseño y colorido del envase. ¿Cómo?

Registrando sus reacciones ante los diversos modelos.

Observemos. El desconfiado don Fernando

se interesa, coge dos envases,

los examina, riñe a Marcial, no sé por qué,

ya que no hay sonido, y los deja en su sitio.

Mira, mira. Mientras Pepe sopesa,

lo que le importa, por lo visto, es la cantidad. Un momento...

Por cierto, Marcial, ¿por qué no has cogido ninguno?

-Me estaba comiendo el chocolate, te lo comes antes de llegar a la caja

y así no lo pagas. -Excelente explicación, ¿no?

-Ya te pescarán y me vas a meter en un lío que...

-Bueno, y usted, don Fernando, ¿por qué le da tantas vueltas

a su decisión? Quería saber para qué sirve.

Es verdad, tiene razón, porque como no pone nada...

Claro, y sin saber lo que es, ¿qué hacéis?

Lo echáis en el carro. La caja era bonita.

¿Me queréis dar un producto, por favor?

Deja el conejo en paz, hombre. Es esto, ¿verdad?

Por favor, acompáñeme. -Déjeme, yo le llevo.

-Si te quitaras del medio, nos harías un favor, hijo.

Supongamos, supongamos que esto tiene turrón,

podría contenerlo. Según usted, la importancia de un turrón

está en la almendra, no en la imagen. Bueno,

vamos a ver cuánta almendra contiene esta imagen.

-Coges por las asitas y ¡zas! Perdona, hijo. Abre.

De almendra, nada. Está vacío.

Como en el circo. -Imagen.

Imagen, "Gracias por su colaboración".

Pero esto es trampa. Imagen.

Pero funciona. ¿No os dais cuenta?

¿No os dais cuenta, hijos, de que este individuo

es un embaucador? Pero bueno, papá...

Un sinvergüenza. Papá, por favor...

-No te preocupes, la ignorancia.

La ignorancia. ¿Yo, ignorante? Cállese usted, mequetrefe.

Por Dios, sabes que no puedes llevarte ningún disgusto.

No me los deis, coño. No, debajo de la lengua.

-Yo le calmo. Quita, coño.

Venga, venga. Bueno, bueno.

Estamos pensando que... Este invento de los americanos,

si no nos costara demasiado dinero, nosotros podríamos...

Su costo sería nulo, quiero decir que no repercutiría en el producto.

Los gastos, incluidos los míos, naturalmente,

irían a cuenta de La Almendra. No me toque.

En lugar de echar el 100 % de almendra al producto, se le pone

la suficiente cantidad de batata

o de boniato como para cubrir gastos. ¡Y santas pascuas!

Bueno, es factible. Esto se ha acabado.

¿Ya está mejor? Buenas tardes, yo me marcho.

Yo me voy contigo. Mira, tengo un plano de Madrid.

¡Que se marcha, que se va!

¡Papá, ven aquí inmediatamente! Déjale que se vaya.

Y así hablamos con más tranquilidad.

¿Cómo vamos a charlar tranquilamente si él no está de acuerdo?

¡Aunque no lo esté! ¿No ves que es quien tiene la firma?

Aún no se la habéis quitado.

Pero vosotros dirigís la fábrica.

Sí, en todo, menos en la elaboración y en finanzas.

O sea, nada.

(HUELE)

¿Qué te parece? -No, oler, huele bien.

¿Qué pasa, que la señora nunca arroz aquí?

No, señorito. Como está con lo de política no guisa.

Anda, pon lo que falta, ayuda. Sí, señorito.

Espérate, Agustín. (HABLA EN CATALÁN)

(HABLAN EN CATALÁN)

Bueno, el arroz ya está en su punto. Ahora, si estos dos llegan tarde,

peor para ellos. Las 11 ya, ¿eh?

¿Las 11? Pues esto no es normal.

Y si a las 12 no han venido llamaré a la policía.

No, la policía no. Mira, algo tiene que haberles pasado

porque comprenderás que un viejo chocho

y un pobre mentecato sueltos por Madrid, ya me dirás tú.

Lo que me faltaba, un escándalo. Oye.

Este arroz te ha salido cojonudo. Sí que ha salido bien.

¿Por qué no quieres que llame a la policía?

Qué tardo de mollera eres, hijo. Imagínate la cosa más nimia:

que los ha atropellado un coche, Dios no quiera.

Con nuestro apellido en 5 minutos la prensa lo relaciona conmigo.

Sale a relucir lo que todos sabemos, y me llenan la imagen de mierda.

La tuya y la del turrón.

Ahí están. ¡Gracias a Dios!

Dejadme a mí, que para eso soy el mayor.

Buenas noches, señor. Buenas noches.

¡Muy bonito, hombre, muy bonito! ¿Pero qué horas son estas de venir?

O sea que vosotros fuera de casa toda la tarde, de parranda,

y nosotros aquí, preocupados, esperando y sin cenar.

Sí, ya veo que me habéis esperado. Buenas noches.

Pero bueno, ¿es que no piensas dar ni una sola explicación?

Yo no tengo por qué dar explicaciones a nadie.

¿Ah, no? Pues no cenas. Muy bien, pues no ceno.

¡Ajá! ¿Ajá? Pues peor para ti.

Papá.

¡Papá ven aquí inmediatamente!

Este loco habrá estado emborrachándose y sabe Dios en qué

tugurio de mala muerte... Qué carácter tiene, no se le puede

decir nada. Anda, llámale, por favor. ¡No, yo no me humillo, Marcial!

Marcial, ven aquí. Delante del servicio no.

¿Dónde habéis estado esta tarde? Déjale. Marcial. Marcial. Marcial.

Si me dices dónde habéis estado esta tarde te regalaré

una mesa de billar para ti solito. Venga, va, venga.

En un bar muy bonito que... Se llamaba Chicote.

¿Y la mesa? ¿Solos?

No, con unas señoritas que tenían las tetas muy gordas.

A mí no me han hecho mucho caso, como llevaba este chándal se han pensado

que era maricón. ¿O sea que habéis estado

toda la tarde con unas señoritas? Sí. Y con una señora mayor que

se ha hecho novia del tío. ¡La novia...! ¡La puta que la parió!

¡No rige ya, no rige! ¡A un asilo!

¡Lo incapacito! ¡Y lo mando a un asilo! ¡Papá!

Y yo te desheredo. Pero bueno, papá...

Por mandarme al asilo no te preocupes, me iré yo.

Seguro que me tratarán mejor que aquí.

La mesa, ¿eh? La mesa.

Estaba escuchando el muy...

(Motor)

(TOSE)

Buenos días. (ESTORNUDA)

¿El señor quiere desayunar en agua? ¿En agua por qué?

Como tiene el vestido de baño del señor difunto de la señora...

¡Eh! ¡Oiga!

¡Oiga, hombre, pero váyase a otro sitio a fumigar, coño!

Que nos está echando toda la porquería en los churros

que nos tenemos que comer, caray. ¡La señora me dijo que fumigara hoy!

¡Además...! ¡Pare la maldita máquina de una vez,

que nos va a destrozar los oídos, hombre!

Ya me voy.

¿Y la señora? (TOSEN)

Ya se ha marchado.

Que tenía una cita con el señor López para la cosa de política ha dicho.

Y que la espera ustedes aquí. ¿Mi padre se ha levantado?

No, está acostado. Pues despiértele, que ya es hora.

Sí, señorito.

Oye, estos churros tienen una pinta estupenda.

Pero cualquiera se los come. Este bestia los debe haber contaminado.

Este huele mal.

Oye, ¿por qué no les ofreces a esos? Que los prueben a ver cómo están.

¡Joan! Venid aquí, que tengo unos churros cojonudos para desayunar.

Anda, dejad de trabajar un poco, venga. Que os invito.

Pero bueno, que te vas a caer al agua, hombre. Que te va a sentar mal

la paella que cenamos anoche. ¿Has ido al váter esta mañana?

He estado media hora ya cagando hoy. Venga, tomad un churrito.

Toma, toma uno, Luis.

¡Don Agustín! ¡Tu padre! ¡¿Qué pasa?!

¡Tu padre, que se ha escapado tu padre afuera!

¡Oye, tú, que se ha escapado el papá!

¡Que no está!

¿Pero cómo que se ha escapado? ¿Dónde se ha ido?

"Hijos desnaturalizados: para evitaros la vergüenza de que me"...

Estaba en la cama. "Hijos desnaturalizados:

para evitaros la vergüenza...". Y el señorito Marcial, ahí lo pone.

"Hijos desnaturalizados: para evitaros

la vergüenza de que...". ¿Quiere dejarnos ya?

Sí, ya sé lo que pone. Pero es asunto nuestro.

Déjenos solos.

"Hijos desnaturalizados: para evitaros la vergüenza de que

me echáis de casa...". ¿Qué más pone?

Me voy al asilo por mi propia voluntad.

¿Y ya está? No, qué coño. El imbécil de Marcial

también ha puesto aquí algo.

"Y yo también me voy porque me ha dicho el tío que no me vais

a comprar la mesa de billar". O sea, que se ha ido sin dejarnos la firma.

¿Y ahora qué hacemos? Una cosa muy sencilla.

Mirar las Páginas Amarillas y buscar asilo por asilo hasta que demos

con ellos. El señorito Marcial.

Anda, ponte tú, porque al enano lo mato.

¿Qué hay, Marcial? No, enfadados no.

Hombre, preocupados sí. Que te diga dónde está.

Oye, Marcial, ¿qué...?

¡Hombre, no llores, que no te entiendo lo que dices!

¿Por qué llora este imbécil? Se habrán perdido.

Ya comprendo. Señorito, ¿lavo los calzones?

¡Déjame, no es el momento! Marcial, date cuenta,

si no nos dices dónde estás, la dirección, no te podemos buscar.

A ver, chico listo. Sí, residencia

Arco iris. Residencia Arco iris. ¿Que no hay mesa de billar?

Qué mal me sabe. Dame la dirección del sitio donde estás.

La dirección. La... Bueno, ya la encontraremos.

Pero escucha, Marcial, te quedas quieto. Te vamos a buscar,

y no le digas nada al tío. ¿Comprendido? ¿Eh?

Que sí, que te compraremos la mesa. Palabra.

¿El director quiere hablar con nosotros? Un momento.

Te mando un beso muy fuerte, el primo Agustín también.

¡Qué beso ni qué leches! Permiso, señores.

¿Qué te ha dicho? Me ha dicho que papá le dijo

que quería llevarle a un sitio donde había una mesa de billar, pero

le ha llevado a un asilo con gente vieja a montones, y como los ve

tan acabados, piensa en la muerte y llora. Y el director quiere hablar

con nosotros. O sea que está en una residencia

de ancianos. Eso debe venir en Páginas Amarillas.

Un momento, un momento, porque a lo mejor lo que nos conviene...

Es que se queden allí. Claro, naturalmente, porque así

lo controlaríamos para lo de la firma.

Y en este tiempo no tendríamos que cargar con ellos.

Sobre todo con Marcial. Señor director. Buenos días,

señor director. Sabe mejor que nadie lo que son los ancianos.

Y lo de nuestro padre ha sido una chiquillada.

Una rabieta. Dile que chochea.

Sí, me hago cargo. Señorito, perdón.

¿Que tendríamos que pagar un mes por adelantado?

Bueno, pues no es ningún problema, no. Usted me dice lo que es

y nosotros le mandamos un talón. Que le mandamos dos plazos.

Un cheque. Dígame cuánto.

¿Cuán...?

¿Cuánto? ¡¿Cuánto?! ¿Pero cuánto...?

Óigame, señor director, ¿de la cama no se hace cargo la Seguridad

Social? Sí, ya, bueno, mire, lo consultaré con mis hermanos

y le daré una contestación. Sí, esta misma tarde, no se preocupe.

O mañana por la mañana a más tardar. Muchísimas gracias.

O sea que se había ido a un asilo de ancianos, ¿no?

¿Y dónde ha ido? Se ha ido a una residencia

de cinco estrellas, ¡cinco! ¿Y cuánto vale?

Con televisión por satélite. Miles, cientos de miles de programas noche

fy día. ¿Cuánto cuesta?

Piscina climatizada... Jarifa, Jofaifa, como se llame, la camisa.

¿Cuánto? Se come a la carta, médico

y capellán todo el día... ¡¿Cuánto cuesta la residencia?!

La de color ladrillo. Que cuánto nos cuesta la residencia.

Pues 35 000.

¿Al mes? No, al día.

¡Joder, qué palo!

No digo que una tenga que ser como don Emilio Castelar, pero

por lo menos no trabucarse cuando estás hablando en el Hemiciclo

con ese... ¿Eh? Mierda, a quién se le diga...

¡Eh! A ti, a ti.

Primero, cada vez que vengo a tu casa terminamos en la cama.

-Eres tú la que se empeña. -Y segundo.

Hacer el amor y quedarte dormido todo es uno.

-Es que eso es lógico. Hombre. Me entrego tanto que me agoto.

Sí, sí, ya... Además, anoche estuve hasta las tantas dándole

a la nueva imagen de vuestro turrón.

-Deberías cuidar tu propia imagen. Cada día estás más fofo.

-Yo el músculo lo tengo aquí.

En cuanto a lo de fofo, nada.

Porque cuando me tenso, mira. Mira, mira, mira.

-¡No, por favor, tengo mucha prisa! Voy a llegar tarde a clase,

déjame pasar. -Pero sal pronto, mujer.

Y cierra bien la manija de la llave del bidé, que el otro día me puse

perdido. -Vale.

¿Hago ese curso de ortofonía o qué? -Mira, Cuqui.

Esta democracia de parlamentaria, nada.

No creo que se cotice mucho la oratoria.

-A mí me gustaría pronunciar bien, hace como más educado.

-Bueno, pero para eso lo mejor es leer mucho.

Marcando bien las sílabas.

Si-la-be-an-do. -¡Ocupado!

-Silabeando.

-¿Así?

Uso tópico para hemorroides... -Por favor, por favor, ahora no.

Mujer, es mejor leer un libro, así vas adquiriendo una cultura.

-¿Qué libro? -Un libro o una enciclopedia,

Ortega y Gasset, el premio Planeta... Una cosa seria, Cuqui.

¿Puedo pasar?

¡Voy, voy!

Señor López, el saco.

Muy bien, Monique. Voz en calzoncillos y ella

en bombachas, seguro. ¿Quién está?

No seas boludo; están ahí los turroneros, debe ser grave.

¿Qué tiene que ver eso? No empieces con tus celos, me tienes harto.

¿Crees que me chupo el dedo? Anda, que aquí no hay nadie.

¡Cuqui! No está, ¿eh? Aquí no hay nadie.

Pues decile a "nadie" que están ahí sus hermanos, que tienen que verla

urgentemente. Bueno, vale.

-Estaba haciendo mis necesidades. No es lo que te imaginas. Por favor,

no les digas que me has visto aquí, son muy provincianos

y no lo entenderían. No me empuje, Cuqui!

Tenés también a los frailes, que vendieron el cuadro del fraile

que flotaba y ya tienen plata. ¡Eso está muy bien, Monique!

Pues diles a los frailes que ahora mismo voy y a los turroneros

que esperen, que estoy pensando. -¿Qué tripa se les habrá roto?

Y con lo desconfiados que son. Entretenles, por favor.

-Déjame, que tengo que hacer pis. Hasta luego.

¡Oye! Por ahí no, que están tus hermanos.

-No me han visto. -Por la puerta de servicio.

-¿No andará por ahí Miranda? -Miranda viene por las tardes.

-¡Ánimo!

(Sevillanas)

Levanta esos brazos.

¿Qué pasa, don Antonio, no piensa en políticos?

Bien, embajadora.

Eso va mejor. Más gracia.

Salero. Bien, doña Cuqui, pero los brazos más altos.

-Lo intentaré, pero hoy... Agustín.

(Continúa la música)

Señor López, ¿para ser diputada hace falta saber bailar flamenco?

Sevillanas. Ahí tenéis un embajadora. Un banquero, un campeón de ajedrez.

Si no bailas sevillanas es mejor no salir de noche.

Vamos a lo nuestro.

Con el poco dinero que os queréis gastar no da para hacer maravillas.

Os he diseñado una cosa que puede funcionar.

(Sevillanas)

Lo primero: hay que cambiar el nombre al producto.

Desde el punto de vista estructural, fonético y semiológico, eso de

"Planchadell y Calabuig" no funciona. Es largo, raro, difícil de pronunciar

y sobre todo, carece de sentido subliminal.

Bueno, sí, pero es que nosotros nos apellidamos así.

Un momento, lo de Calabuig lo podíamos quitar.

Venga, hombre, pues habría que oír al papá.

Son cosas de familia. Mi padre tiene debilidad por ese primo nuestro.

Es un inepto. Pero claro, como es huérfano de padre y madre...

Además, como su madre. La madre del pobrecito,

era la hermana preferida de nuestro padre.

Está bien, aparquemos el tema nombre y vamos con la campaña.

Bueno, minicampaña.

En lo que se refiere a la proyección nacional de la imagen,

os ofrezco la televisión.

Pero gratis. ¡Uf!

En programas de máxima audiencia. Estupendo.

Eso está muy bien. ¿El tema mercado común os interesa?

¡Hombre! Lo que más.

Eso ya exige un desembolso. Puedo conseguir que os den el premio

MUSA Marketing de Europa. ¡Europa! Pero pagando poco.

Hombre, entrar en Europa... Oye, escúchame.

Mejor es empezar, de momento, con la cosa nacional nada más.

¿Qué hacéis aquí? Díselo. Aunque esté López.

¿Qué? (HABLA EN CATALÁN)

Papá se ha marchado a un asilo y se ha llevado a Marcial.

Es horrible. Mi padre está en un asilo.

-Lógico. -¿Cómo? Si esto trasciende,

no me vota nadie. -Que sí.

Coño, Cuqui, pero qué egoísta que eres. No piensas más que en lo tuyo.

Está en un asilo, es verdad, pero es un asilo cojonudo.

Y carísimo. Bueno, pues... Que se queden ahí.

Hasta que volváis a Xixona. -No, de eso nada. A tu padre

lo necesitamos. -¿Para qué?

-Aquí sale. Vamos a celebrar su centenario.

-Pero si solo tiene 70 y pico. -Pero como es cojo o de bastón...

Con una barba queda perfecto en la televisión. Es noticia.

(HABLAN A LA VEZ)

Que el papá no se presta a eso.

De eso se va a prestar. El domingo le hacemos una visita, ¿dónde está...?

El asilo ese que decís. Aquí lo tengo.

Vamos, don José, lo ha mandado el médico.

-¡Está lleno de viejos! -Tiene que meterse en la piscina.

-¿Lo ve? -No, otra vez, no.

Venga, tiene usted que hace gimnasia. Es prescripción médica.

-¡No, con esa no voy a ir! ¡Con esa no voy! No quiero hacer gimnasia.

Esto no es un deporte. -Venga, su sitio.

-Aquí tenía que haber mesas de billar. Mesas de billar.

-Derecha. Uno, dos.

(SUSURRA) Marcial, Marcial, Marcial.

(SOLLOZA) Pepe, Pepe. ¿Qué te pasa?

Me quiero ir a casa de Cuqui. No, ni casa de Cuqui, ni nada.

Sueño todas las noches con la criada. ¿Pero no me dijiste por teléfono

que soñabas con los muertos? Los muertos son estos, a mí la que

me gusta es la criada. -¡Pero qué obseso eres!

Venga, déjate de monsergas y dime dónde está mi padre.

No lo debería decir, pero os lo digo. Está en la marisquería.

¿En qué marisquería? Ahí, en la carretera, con la novia.

A mí no me lleva, con lo que me gustan las almejas...

-¿Qué dice este? ¿De qué novia me hablas?

De la que conocimos en Chicote.

-¿Esa mujer vive aquí? -Claro.

Y el muy sátiro se aprovechó de la bronca para venir aquí.

Vístete y llévanos, porque yo a padre lo incapacito.

¡Juro que lo incapacito! Agustín, no te exaltes.

-No te das cuenta, López, vamos de un lío a otro. Ni un voto me llevo.

Ni un voto de la tercera edad. Uno de los puntos programáticos de nuestro

partido. -Puede ser útil el noviazgo

con esa anciana. -Con esa puta.

Bien dicho. No es una puta.

Se llama Marcela del Piamonte, y cantaba ópera cuando era joven.

-Opera, ahora le llaman así. -¿Cómo se llama? ¿Marcela qué?

Anda, estoy más delgado. Toma, Marcela.

No, no, no, de ninguna manera. Yo llevo la cuenta, esa cigala es tuya.

Pero luego el colesterol... Tonterías, lo decimos los ricos

para que los pobres no prueben el marisco.

Como tienen tanto fósforo... (RÍE)

¡Maldición! ¿Te has tragado la cáscara?

No, mi familia. ¡No mires, no mires! Y qué mal vestidos.

Sigue como si nada.

Bueno, bueno... Con que dándole al crustáceo, ¿eh?

Eso está muy bien, papá. Señora. Marcela, ¿conoces a este sujeto?

Pues verdaderamente no. ¡Déjame!

Deja que te dé un beso. -A sus pies, señora.

Papá, hay que saber perdonar. ¡Fuera! Os repudio.

Papá, basta de payasadas, por favor. ¡Fuera he dicho!

Aquí no hay más payasos que vosotros. (GRITA)

Escándalos no, por favor.

Perdona. Perdóname, es que me sacan de quicio.

No, si me parece muy bien. Cuando hay que poner los cojones sobre la mesa,

se ponen, y punto.

-Con el permiso de usted, ¿puede firmar un autógrafo la eximia

Marcela del Piamonte? Algo bonito, aunque sea corto.

-Naturalmente. Deme. ¿Cómo...?

¿Cómo se llama usted, pollo? -Jacinto López.

Conocido melómano y ferviente admirador de su voz. Y su belleza.

-Adulador. Pero si usted... ¿Pero dónde está, si usted no me ha oído

cantar nunca? -Tengo referencias, ya lo creo.

De su arte, naturalmente. Porque su belleza, con permiso, la tengo

a la vista. Usted... Marcela,

este es el sujeto que me aconsejó ponerle patata al turrón.

Figúrate, patata al turrón en Xixona. Me capan.

Por favor, ¿cómo es posible? Un joven tan amante de la música...

Y con esos ojazos.

-Don Fernando, a usted no lo capa nadie.

Fue un lamentable error. Mi palabra de honor.

-Por favor, siéntese. -¿Puedo sentarme con ustedes?

Es un honor.

Don Fernando, borrado lo de la patata.

Perdón. -Qué agitación.

-Don Fernando, escúcheme. ¿A usted le gustaría llegar a centenario?

Le advierto que conmigo no valen sus martingalas, se lo advierto.

Se trata de airear su turrón, de promocionarlo.

Decimos que usted cumple 100 años y le saco en la televisión.

-¿La televisión? ¡Oh! ¿Yo en una farsa?

Nada. Todo borrado. -Pero bueno.

Marcela, ¿me permites que lo eche? ¿Por qué no quieres salir en la tele?

Porque yo soy una persona seria, no un fantoche.

No he dicho nada. Vamos a ver otra cosa.

¡Ah! La medalla del trabajo. Usted quiere que le den la medalla.

Ya la tengo. ¿Cómo?

¿Usted es el que da la medalla del trabajo?

-No exactamente. ¿A usted le interesa la medalla del trabajo?

-No, no me interesa. Es que me la deben.

Pero tome algo. -¿Permite el centollo?

-Fernando, ponle un poco de vino al señor.

¿Por qué hay derecho a que yo no la tenga, cuando se la dan a esas

cupletistas? -No hay derecho.

¡Ay!

-Se lavan en el consomé. -Eso es agua con limón, imbécil.

-Los dedos.

Mira, y ahora los tres brindan. Eso es que ha conseguido algo.

¿Quién pagará ese brindis? Planchadell y Calabuig.

Y la factura la quiero. Sí, pero eso no desgrava.

No seas cochino. Perdón.

Tengo quisquillón maravilloso, percebe soberbio, ostras óptimas,

langostinos sensacionales, centollo, bogavante, almejas, gambas,

y unas cigalas... -No, algo más sencillo.

Por el hígado, ¿comprende? -El menú turístico entonces.

Sopa de fideos, pescadilla de ración, albóndigas, pan, vino y postre.

950, IVA incluido. -Bueno, pues eso.

-Perdón, ¿y los señores? -Yo almejas. Con limón.

-Ni caso.

-¿O sea que todos del hígado? -Sí, y del colesterol.

-Vaya, hombre. Lo siento, ¿eh?

-¿Pero qué ha pasado? No hacen más que comer.

Se nos van a tragar la herencia.

Y por eso brindan, para celebrarlo.

Y ahora, la momia ha conseguido que papá aguante un abrazo de López.

Sí, lo veo también. Le ha besado la mano a ella.

Se lavan las manos con limón, me lo ha dicho esta.

Ahí viene López.

¿Quiere ser centenario? -Grandes cambios.

Inmejorables perspectivas. Trae, dame.

Vamos, que nos invita a todos Marcela.

A todos. Naturalmente. Está podrida de dinero.

¡No! Tiene que ser riquísima para pagarse

una residencia como esa. ¿A esa mesa? De ninguna manera.

¡Que paga ella! Que esta vez no nos cuesta nada, hombre.

Oiga. Como paga doña Marcela me pido las almejas.

-¿Y de postre qué? -Almejas.

-No quedan. -¡Pues gambas!

-No vayas a decir burradas, ¿eh? ¡Mucho gusto!

-Agustín. -Encantada. ¿Cómo estás?

Todos guapísimos, muy guapos, pero sobre todo tú, eres muy bonita.

-Y usted muy elegante, lo hemos comentado antes.

-Muchísimas gracias. Por favor, sentaros todos. En seguida.

-Un beso, doña Marcela. -No, no, no, tú no, que me babeas.

-Es de los percebes. -¡Quita!

¡Eres un Judas! ¿Quién, yo?

-Y tú un aguafiestas, vamos. Ya estás haciendo las paces ahora mismo.

¿Pero no me ha dicho que hay que poner los cojones encima de la mesa?

Eso era antes. Ahora ya no.

Ahora que ya conozco a tus hijos la cosa cambia. No le hagas caso,

ya sabes el pronto que tiene.

Cómo se nota que doña Marcela le tiene tomadas las medidas a papá.

Desde luego. Todas las medidas las tengo tomadas. Claro que sí.

Le advierto, señora, que en el fondo está...

Por favor, nada de señora, nada de señora. De tú, ya sabes, de tú.

¿Por dónde íbamos, señor López?

-¿Qué te pasa? No me asustes.

-Dejadme a mí, aquí hay un alicate. Abra la boca.

-¡Déjalo! -No, con eso no.

-¿Quiere algo, doña Marcela? -Prepare una gran mariscada,

pero muy abundante, ¿eh? -Se les ha curado el hígado, ¿eh?

-Y a usted qué le importa. -Y buscar entre el público

un médico dentista. -O sea, una mariscada y un dentista.

-Para el señor, sí. Muchas gracias.

Un momento, un momento, nosotros, ¿que tú vas a invitar a mariscos

a estos desagradecidos? Pues claro que sí.

¡Ah, no! Eso sí que no. ¡Delante de mí no!

Mira, eso mejor con una miga y unas gárgaras.

Marcela, ¿vienes o te quedas? ¿No quieres el centollo?

¿A dónde vas? Al asilo. Y para siempre.

Deja que se vaya. -Por favor, que busquen al dentista.

¡Que se está marchando papá otra vez!

Así hablaremos con más libertad. Siéntate.

-¿De mi medalla? (RÍE)

-Tu medalla y de nuestros turrones.

Porque ahora, además de la televisión...

Pero hombre, López, deje de hurgarse que me revuelve el estómago.

Y tú, fuera. Anda, toma.

Chupa la cabeza de la cigala y vete.

¿Por qué quieres que se vaya? Si es tan simpático...

Porque luego lo larga todo. Pobrecito.

-¿Además de la televisión...?

-Ya está. La prensa del corazón. ¿A ti te gustaría salir en el ¡Hola!?

-¡Por favor! La ilusión de mi vida. ¡Cojonudo!

Es lo único que deseo. En el ¡Hola!.

Así cobraremos la exclusiva.

¿Te meto el pez en las tetitas? Anda, que da mucho gustito.

-Pero señorito... -¿Qué haces con el pez?

Déjalo en su sitio. -Señora, porque quería meterme

el pescado por aquí dentro. Y yo no sabía lo que hacer.

-¿A que son graciosas estas moritas? Largo. Pero sucias.

-Sí, pero muy fieles. -Eso sí. Pero sucias...

Cómo está el servicio, ¿verdad? -Sí, pero no creas. Esos orientales

son muy buenos para la defensa. -¡Manulín!

Bueno, volviendo a lo nuestro, esto es una calumnia, una infamia.

Y él lo ha dicho. -Decirlo, lo que se dice decirlo,

no lo ha dicho nadie. -Al menos a nivel de secretariado.

-Si no fueron más que comentarios. Rumores de pasillo.

-¿Oyes, López? Una niña tan mona, tan educada...

-Vamos a ver. ¿Qué es lo que se rumorea a cuenta de tu hija?

Que está en París viviendo en el metro con un cura negro que toca

la guitarra. ¿Y qué? -¡Con la habitación de casa!

Esto me puede costar la candidatura. ¿Quién puede votar a una madre

que no ha sabido educar a su hija? -Míralo desde otro punto de vista.

-¡No puedo!

-¿Quién te va a votar a partir de ahora?

-Sí, los curas negros. ¡Nadie! -No, los jóvenes.

De verdad, Cuqui, esta historia te puede dar el voto de los jóvenes.

-¿Quién se está bañando ahora?

Es Marcial. Qué cruz tengo contigo. ¿Qué estabas haciendo?

-Estaba bañando al pez. -Bañando al pez...

No me salpiques, que ya hemos echado el cloro.

-¡Pero si sabe nadar!

-No sé qué hacer contigo, de verdad. -No puedo ver estas cosas.

¿Qué ha pasado? Que se ha caído al agua.

Bueno, claro, como siempre. Siempre se cae.

López, he traído el vídeo.

Voy un momento a secarlo y vuelvo.

Por ahí no, que hay un chino que pega.

-Mi hermano Agustín, de las industrias Planchadell y Calabuig.

Hola, buenas noches. ¿Cuándo lo ponemos, Cuqui?

El vídeo. Es que me he traído el vídeo de moros y cristianos.

Como López dice que es muy importante para la imagen...

Por supuesto. Bueno, ¿por qué no lo pones tú? Ya sabes el mecanismo.

Encantado, mucho gusto. Perdónenme, perdón.

Tenéis que perdonar el incidente de la piscina,

es un primo nuestro, lejano, que está un poco...

¿Entiendes? -¿Tonto tonto? Pero esto puede

perjudicar tu candidatura y desprestigiar al partido.

-Entonces habría que reunir al Comité de disciplina.

-Hombre, no es para tanto. Yo también tengo un pariente un poco raro.

(Música)

(Petardos)

(Aplausos y música)

Mira, es Joan.

¿Habéis visto? Es Joan. -Es un artista.

Esto es herencia de familia, porque el padre de Joan era... Vamos.

Venían de Alcoy para verle desfilar. ¿El padre también era maricón?

-Grosero, eres un grosero. -¿Por qué no se llama

fiesta de moros y cristianos y de cigarros puros?

Por favor, López, bromas no. Esto es una cosa muy seria.

Pero qué bestia eres, López. Moros y cristianos.

Ese es el nombre, ese. Moros y cristianos.

Ese es el nombre de nuestras fiestas: moros y cristianos.

Eufórico, lúdico, histórico, alusivo, subliminal.

Porque, naturalmente, el turrón es de origen árabe.

No, no, López, catalán. Catalán. ¿Catalán?

"Torró", que viene de "torrat". En un recetario del siglo XVI

lo pone. Hasta este lo sabe.

Eso será la palabra.

Ahora, el turrón, el dulce, tiene que ser árabe.

-Te advierto que en Xixona entienden mucho de eso. Y si dicen que no...

-Bueno, si estáis dispuestos a prescindir del mercado árabe,

de los petrodólares de los jeques,

y del dinero de los Emiratos... Mira, Cuqui, me callo.

-¿Qué tal la aerofagia? -Mal.

Siempre que como con los políticos me pasa lo mismo.

No, es que cuando comes con ellos hablas, hablas, y tragas aire.

Agustín, bien pensado. Lo que ha dicho está bien traído.

Porque ahora, con el tema del petróleo...

Ya capto tu idea. Acuérdate de cuando estuvimos en Marbella.

Moros y cristianos. Suena bien, ¿eh?

-Si se entera el tío de que le quitáis los apellidos al turrón,

va y se muere.

Marcial, fuera, a jugar. Déjanos, venga.

No me da la gana, que no me habéis comprado la mesa de billar.

Mañana. Ahora ve a la cocina a ver qué es lo que hace la criada.

Los apellidos se pueden poner debajo.

Sí, pero que el Planchadell, quede destacado.

Venga, pasa. ¿Por qué no ponemos, por ejemplo,

judíos, moros y cristianos? Eso es cojonudo.

Ay, Agustín, qué lengua tienes.

Mujer, el mercado de los Estados Unidos...

Eso sí, porque está lleno de judíos. Todo se andará, pero paso a paso.

Se hará como yo diga.

De momento tenemos proyección nacional de la nueva imagen

del producto realizada a dos niveles.

Nivel material, televisión: programa gastronómico de gran audiencia.

Nivel sentimental, amores de viejo industrial con...

-No, eso no. No permitiré que me pongáis en ridículo

delante del electorado. -Señora,

yo me voy de la casa si no tiene amarrao a este sátiro.

-Y me quedaré sin criada por culpa de este cretino.

En esta ocasión se ha pasado usted. Me ha puesto su cosa en la mano.

Si lo haces sin malicia todos los días.

Pero usted no ha visto el pedazo de cosa que tiene.

-Ay, no, hija, yo no.

Ya le ataré mañana, tú a la cocina. -Sí, señora.

-A ver, a ver.

Venga, no ha pasado nada. No ha pasado nada.

Ha sido un planchazo, pero de nada.

Sana, sana, culito de rana. Si no te curas hoy te curarás mañana.

Qué barbaridad.

Padre es un viejo verde, este es un sátiro,

mi hija duerme con un cura negro, mi hijo...

Ya os lo contaré, lo de mi hijo... Este tiene aerofagia...

Y yo con estos dientes. -A ver...

-No se olvide que viene el gerente.

¿Qué es eso de que dejan ustedes el stand?

Nosotros somos unos mandados.

-Ahí están los señores Planchadell, hable con ellos.

-Bueno, pero de aquí no se mueve nadie.

-¿Qué le pasa?

-¿Por aquí todo bien, verdad? -Sí, gracias.

-Vale, vale. ¿Pero qué es esto?

Ese cartel no se mueve de ahí

Aquí en el contrato pone...

¿No hablo con usted el señor López?

Pues... "Planchadello y Calabugi"... Calabuig, Calabuig, recuérdelo...

Sí, y Planchadell.

Aquí pone que no ha pagado los plazos estipulados.

O sea que yo confisco el material. Usted no confisca nada.

Tiene que hablar con el señor López, que es nuestro asesor de imagen.

Ya le explicará los términos del contrato.

Aquí están los frailes.

Ave María Purísima, ¿y el señor López?

-Sin pecado concebida. Ahí viene.

Alabado sea Dios, coño. Ahora López lo aclarará todo.

¿Ustedes tienen alquilado algún stand o algo?

-A nosotros no nos lo permite la orden,

pero el señor López se ocupa de todo. -¿Quién es el señor López?

Hombre, aquí está. Aquí estoy.

Explíquele a este estúpido, que nos quiere confiscar el stand.

No hay que enfadarse.

Mire usted, yo... -¿Están o no están aquí los frailes?

Un fraile, dos frailes, tres frailes.

Jacinto López, creador de imagen. -Gracias.

Vamos a ver, deme que firme.

Efectivamente.

Se borra Planchadell y Calabuig y se escribe Berol el Licor de Fray Nuño.

Esta comunidad religiosa se hace cargo de todos los compromisos

de los turroneros, ¿está claro? ¿Correcto?

-Sí, pero aquí no pone nada de la función.

-Porque no es necesario. Estudie, compruebe...

(SUSURRA) Pastilla... -Y Botella.

-El reglamento de bodas, banquetes y exposiciones.

Botella.

Bendígala.

Es como un santo. Aquí tiene.

Una pastilla de turrón y una botella bendita

del milagroso licor de Fray Nuño. Disfrútelos.

Reverendo, por favor. Tome su sitio.

López, ¿y qué?

¿Usted cree que se puede retratar uno así?

Con la barba y la capa queda perfecto.

Llegaremos tarde, López. Estamos llegando tarde.

Enseguida voy.

Ustedes hagan caso de lo que diga el decorador.

Paco, lo más importante, el barómetro humano.

Hay que ponerle palio y cortinajes. ¿Quién va a hacer de barómetro?

-Justo.

-Adecuada imagen monacal. ¿Y el palito? ¿Dónde tiene el palito?

Un palito, ¿no le han dado un palito? -El palito.

-El palito, perfecto. Bueno, pues ya está.

Capucha en cabeza.

Cuando se abra el recinto, cuando se abra el recinto el público,

usted se coloca aquí,

con el bracito y el palito extendido, rígido como un robot.

¿Sabe lo que es un robot? -Sí, por la tele.

-Por la tele. Magnífica ablegación.

Y una vez que van cayendo... jodida cartera.

Por la urna, las papeletas de los favorecidos

por los milagros de San Nuño. Urna...

-Gracias. -Gracias decididas.

Usted va indicando con el palito las cifras,

lentamente subiendo, subiendo, subiendo...

Deje, deje, deje, deje, hombre.

Parece usted don Nicanor tocando el tambor.

A ver otro hermano. Un fraile. -Castro.

-Fray Castro. También nos puede valer.

Capucha en cabeza. ¿Usted oye?

-Sí. López, que la cita es a las 11.

Nos esperan en el monumento. Estoy con una sustitución.

Ya no veo nada, ya me han cambiado el casco.

Pero López, por favor,

¿no se da cuenta que se me está cayendo el traje a pedazos?

Está el fotógrafo, hombre. -¿Y si no se llena la urna?

-Pero ¿cómo no se va a llenar?

Ya que no va a hacer Fray Nuño ese milagro, entonces lo hago yo.

100 veces al día le lleno yo la urna. Arriba los corazones.

-Eh, López, coge. -Gracias.

¿Y a ti no te han traído el traje de chichona?

-No, si yo no... Oye, una cosa.

¿Sabes que te están poniendo los cuernos?

-¿Cuqui? ¿Con quién? -Tu secretaria. Mira, mira.

-Ah... -Eh, oye.

O sea que por eso sabes que Cuqui no tiene tetas.

-Nada, borrado, borrado, todo borrado.

-Eh, ¿cómo borrado? -¿A ti te gusta Monique?

-Todas, a mí me gustan todas. -Espléndido.

¿Y sabes lo que es el servicio "scor"?

-No. -Es una cosa maravillosa.

Vamos a suponer que tú eres un hombre de negocios,

un extranjero, y estás aquí, en Madrid.

Llamas al servicio "scor" y te mandan una señorita

para que te haga compañía. -Sí, pero pagando...

-Oye, oye...

Tranquilo, tranquilo, que invito yo. ¿Somos o no somos amigos?

-Hombre, si invitas tú, claro. -Yo te mando a Monique.

-¿Y a ti no te importa que yo y Monique...

-¿No te he dicho que es un servicio "scor", coño?

-¿Y como es un servicio "scor",

yo no le cuento a nadie que tú y... -Que le he visto las tetas a Cuqui.

-Ya, ya...

Choca esos cinco.

¿Quieres otro?

-Siempre.

Coge, coge más.

-¿Qué? ¿Cómo va eso? -Con calma, con calma.

Pasa.

Frena, frena. Te estaba esperando.

Hola. ¿De dónde lo sacaste?

De un baúl. ¿A qué me está bien? Regio. ¿Y los demás?

Están durmiendo, pero los despertamos y...

¿No saben que tenemos que estar en televisión a las 8:30?

Yo estoy preparado.

Oye, ¿por qué no lo hacemos aquí? Así mi prima no se entera.

¿Que hagamos qué? Coño, lo del servicio "scor".

¿No te lo ha dicho López? Ya me dijo que eras un atorrante.

Eh, chicos. Toque de diana. Vamos fuera.

Vamos, vamos. Abajo todos. -¿Qué pasa?

-¿Qué hora es? Las ocho.

¿No les dijeron que vamos o la televisión?

¿A la televisión? Sí.

¿Podré maquillarme? Sí.

-¿Dónde nos vestimos? -Anda, vestiros ahí.

Corre, sube conmigo.

¿Para qué voy a subir? Sube, que te voy a enseñar una cosa.

Sube. ¿Qué me quieres enseñar?

Verás. Mira.

Alabado sea Dios. ¿Qué? ¿Se habrá enseñado ya?

-Entera.

-Causa impacto, digo como miembro viril.

-Anda. que ya te gustaría a ti hacer un rifirrafe.

-¿Tu hermana qué? -La tuya.

-Por el amor de Dios, dejad ese tema.

-¿Está buena? -Buenísima.

Ánimo, Joan.

-Venga, Floren, que no se diga. -A mi edad...

Eso sí, voy a aprovechar para lavar los calcetines.

-Guarros, fuera de ahí, por favor. Fuera.

Cuqui, compréndelo.

Ellos han pensado que teniendo la piscina podrían meterse.

No es para ponerse así, Cuqui. En algún sitio tienen que asearse.

-Me pongo como me da la gana, que para eso es mía.

Largo he dicho. Fuera de ahí, por favor.

-Es que está desnudo. -¡En pelotas!

Seguro que se han meado dentro. -No, doña Cuqui.

Estaba lavando los calcetines...

-Lo dice tan pancho, que estaba lavando los calcetines.

-Venga, vamos. -Esto no es un retrete.

-En algún sitio tendrá que hacer sus necesidades.

(HABLAN A LA VEZ)

-A la furgoneta o a una pensión, pero no quiero verlos más.

Que se vayan de una vez, que se vayan...

¿Qué haces tú ahí?

-Esto no es lo que pensáis. -¿Ah, no?

-Es un servicio "scor". Pero ¿cómo un servicio "scor"?

Pero ¿qué dices tú? ¿De dónde has sacado tú este traje?

Desgraciado. Es el esmoquin de Laureano.

El de la recepción del Pardo, por favor.

Monique... Pero ¿no van disfrazados?

Yo no voy disfrazada.

Yo voy a la inauguración del rastrillos 500 votos, guapa.

Sí, ya sé... (SUSURRA) Lo retomamos luego.

Sí.

Y habrá mucho tráfico, mejor nos apuramos.

Sí, mucho y atascos... Venga, largo, fuera todos.

Y vosotros también.

O sea que estos ahí... Toma...

Encalmando cigüeña. De eso nada, no.

A Monique le tengo mucha confianza. No ha pasado nada, largo.

No ha pasado nada... Por favor... Es que yo ya no puedo más.

Mira... qué peste. Oiga.

-Sí, señora. -Necesito de los nardos, por favor.

-¿Podremos ver a Miguel Bosé? -Sí.

O sea que tú a la Monique esa ya... Un servicio "scor" la he echado yo.

Ahora se llama así, qué jodido...

Por favor, le repito que se quede usted dentro, no puede pasar.

Ya le dije que viene con el grupo. ¿No me van a dejar entrar?

No, tenías que traer el documento nacional de identidad.

Lo traía en el esmoquin el carné de la moto.

Escuchá, Marcial. ¿No tenéis el documento con la foto?

¿Por qué no le decimos que el esmoquin no es mío?

Que se me ha caído haciendo el servicio contigo en la furgoneta.

Callá, Marcial. Yo me adelanto y busco a López.

¿Dónde está López? ¿López?

¿No estaba aquí hace un momento López?

Yo qué sé, se habrá metido dentro. Yo qué sé.

No nos pongamos nerviosos.

Marcial no trajo el documento nacional de identidad.

¡Ay!

¿Cómo va a tener documento si no sabe ni rellenarlo?

Que se entretenga con una revista, que ahora terminamos.

Don Agustín, la pastilla.

Tú, la barba, ¿por qué no te has puesto la barba?

Porque me estropeo el cutis, comprende...

La barba no, pero la pluma la llevas siempre puesta, joder, qué tropa.

¡Pero coño, pero coño! ¿Quién se come aquí el turrón?

No sé, como no sea el jodido filipino...

Venga, terminad de descargar.

Tú, que nos ponen una multa. ¡Otra más!

¡Oiga, oiga!

Bajadme. Control, miradlo, por favor.

Doña Elena. -¿Qué?

-¿Le parece que empiece con un primer plano del pollo?

-Sí, pero no es un pollo, es una pularda,

que no tiene nada que ver.

Almendra, trenza árabe, artesanía del dulce,

proyección internacional, postre españolísimo.

Perfecto, López.

Espero que esto me vaya mejor que el licor de los frailes.

-¿Por qué dices eso? ¿Qué te ha pasado con el licor?

-Al día siguiente una resaca, una descomposición...

-¿Mucha? -Y eso que solo tomé un sorbo.

¿Señor López? Sí, qué.

Ya tengo maquillando a los turroneros.

Muy bien. A ver si mejoramos.

Sí, cuando acaben con ellos que se vayan...

-Aquí se quema algo. Ay, por Dios.

Señor, ¿qué hace usted? -Es imposible.

Si le falta todavía un cuarto de hora.

-Qué va, no, no. Está casi quemada.

Déjelo. Vamos mientras tanto. ¿Cómo hacemos la sopa?

-Ahora creo que lo que tenemos que hacer es echar 30 huevos.

-30 huevos. No es posible.

¿Está usted seguro?

Vaya a preguntar a su señora, así lo comprobamos.

¿Y tú qué quieres?

-Digo que si te mando a los turroneros,

por si los quieres ver, digo. Así te vas dando una idea.

Es una cosa maravillosa. Pero ¿no te das cuenta?

Lo que tengo con este hombre... Qué pesado estás con los turroneros.

-Vamos a grabar, venga. Ese señor a su marca, por favor.

Vamos.

-Venga usted conmigo, sí.

(CARRASPEA)

Muy buenas tardes, amigos. Tenemos hoy con nosotros...

-Corta, corta.

¿Este señor está aquí ahora? -Ay, pero López, como el jueves...

-Por favor, estamos grabando. -Creí que no salía.

-¿Cómo no vas a salir? Venga, vete con los turroneros.

-Me avisas... -Te aviso, sí.

Muy buenas tardes, amigos.

Tenemos hoy con nosotros al señor Ropero

y nos va a hacer una pularda zaragozana.

¿Esto de la pularda zaragozana es porque todos ustedes son de Aragón?

-Sí, todos somos... de hace unos cuantos años.

-Y, por ejemplo, ¿bailan todos juntos la jota?

-Sí, yo me pongo el cachirulo para darle ambiente,

pero son los críos...

-¿Y quién hace en casa la pularda zaragozana?

-La cocinera. -Ya...

(Murmullos)

Por aquí, chicas. Perdón.

(ESTORNUDA) Al fin. Lo que me costó encontrarle.

Un segundito y enseguida estamos listos.

Sí, porque...

¿Saben que les queda regio el maquillaje?

Sí, pintarrajeados.

Ya estábamos aquí a las 9 de la mañana y de pie me dan calambres.

Coño, Florentino. Trabajas las mismas horas que en la fábrica.

Señor Planchadell, deme algo suelto para la máquina.

Yo no tengo ni un céntimo.

Pídeselo a mi hermano, que es el que lleva la contabilidad.

¿Al señor Planchadell? Claro, al señor Planchadell.

Señor Planchadell,

que dice su hermano que me dé algo para la máquina.

¿Pero cómo? ¿No habéis comido bastante?

Pero si hace 5 minutos le he dado a Joan 675 pesetas en monedas.

Pero si es para echar unos marcianos. No, vicios ni uno, ¿eh?

¿Qué pasa, Joan? ¿Solo piensas en tragar o qué?

Esos son tonterías, yo quiero arroz. Arroz.

¿Arroz, arroz? 75 pelas y las apunto, ¿eh?

Gracias.

Oye, yo no quiero gastarme más dinero,

pero algo habrá que hacer para que coman, ¿no?

Yo creo que aquí en televisión debe estar todo el mundo

muerto de hambre.

Esperadnos aquí, que vamos a buscar un sitio

donde poder tomar algo. Pero no tardéis.

Por favor, ¿aquí en televisión no habría una cafetería

donde poder comer alguna cosa? ¿Una cafetería aquí en televisión?

Coño, coño, coño.

Pero si es Marcial, pero ¿cómo ha entrado aquí?

Le habrán dado una cosa de estas de pegar, como a nosotros.

Lo que no haga este capullo.

Al que le gusta jugar a esto es a Felipe González.

Coño, y a Rovira, el fotógrafo. Claro, coño.

Es el que enseñó a Marcial. Y ese hombre es Tip y Coll.

No, hombre, no. Ese es Coll, Tip es otro.

Sale guapo, ¿eh? Está muy bien.

Yo no sé cómo les puede gustar jugar a eso.

¿Cuál es el secreto de su juego?

-Mucho ojo, poca bola, aprieta el culo y carambola.

Coño, qué burrada. Cacho animal.

Mira, se dan la mano. Parece que se han hecho muy amigos.

Digo yo que si se han hecho tan amigos,

a lo mejor Coll saldría en nuestro anuncio.

Eso habría que decírselo. Oye, tú, que se han ido. Vamos a buscarles,

que se me está ocurriendo una idea maravillosa.

No, esa puerta está bloqueada, hombre.

Hasta siempre y muchas gracias por todo.

A tu disposición. Mi primo.

-Hola, mucho gusto. -Pepe, Agustín...

Aquí Coll.

¿Tendría un minuto para...? No, no, no...

Usted se lo pierde.

Pero ¿cómo has entrado aquí?

Estaba en la puerta y he visto que entraba Coll.

Como le gusta mucho jugar al billar,

me ha invitado a una partida a tres bandas.

Mira, mira, mira qué taco me ha regalado.

Me va a llevar a jugar a la Moncloa. Bueno, ¿qué?

A todo esto, ¿cuándo comemos?

"Vamos a ver cómo van los 30 huevos de nuestra sopa mañana, señor Ropero.

Ay, Dios, se ha quemado usted. Un poquitín de aceite de oliva,

que es lo mejor para las quemaduras". -Pero si es Ropero.

Claro, creí que le habías reconocido.

Primo del subsecretario.

Seguro que querrá un puesto en el ministerio.

¿Y por qué no me has sacado a mí en ese programa?

Cuqui, mi vida, si tú no sabes ni freír un huevo.

Eso es verdad. Tú te callas.

-"Primero se coge una pularda...". -¿Qué?

-"Que es un pollo, pero un pollo gordo pelado.

-Sí, pelado, por supuesto". -Claro, no va a ser peludo.

-"Pero es mejor que recordemos el relleno".

Yo dije que fuéramos en autobús.

(HABLAN A LA VEZ)

"Se rehogan las manzanas...". -A ti te van a rehogar.

No te distraigas y avísame. Ahora os aviso.

El jamón también. -Jamón también.

-Los piñones y los huevos.

-¿No me digas que este hombre sabe más que yo?

Ropero es un hombre. Chaquetero, pero es un hombre.

Y un hombre no erosiona su imagen por no saber guisar, una mujer sí.

Machista, quita.

-"Ya sabe usted que como este es un programa de gastronomía...".

Cuidado, ¿eh?

Cuidado, que va a acabar. Dicen que no hacen política.

Cinco minutos en primer plano con el dedo así.

Don Fernando, don Fernando... Papá, que vamos nosotros.

-Fernando, que ya. Ya estamos aquí.

Qué emocionante, qué emocionante.

-"Y viene con el traje típico de ayudante".

Mira, mira. No miro.

He dicho que no miro y no miro. Pero ¿por qué no quieres mirar?

Ven aquí, López. ¿Quieres convencerle de que mire el televisor?

-Fernando, hemos hecho todo esto para promocionar su turrón.

25 millones de espectadores en hora punta

y a usted no le ha costado un duro.

-Fernando, por favor, ¿quieres que me enfade?

Bueno, miro, pero con los ojos cerrados.

¡Ay! Yo te los abro con las uñas. ¡Con las uñas!

Encima de todo lo que está haciendo el pobre López

para que salga tu turrón en la televisión.

Pero ¿cómo es posible, hombre? Aquí salgo yo, miradme.

Míralos. Pero coño, mira.

Hemos quedado perfectos.

Lo hemos hecho por tu bien, ya lo comprenderás.

Soy yo.

"Desde Jijona. Concretamente los turrones

Moros y Cristianos fabricados por la familia...".

Mis... Miserables.

Habéis deshonrado vuestro apellido y casi un siglo de trabajo.

Pero yo tengo la firma... Papá...

¿Ya estamos con el ataque de siempre?

Haz un esfuerzo y siéntate.

¡Las pastillas, las pastillas! ¡Mal hijo, dónde están las pastillas!

Aquí están. ¡Doctor Cervera!

¡Doctor Cervera! Que venga el doctor Cervera.

Ven por aquí, hija.

Señorita, busquen al doctor Cervera y dígame dónde está el bar.

Abajo, al lado de la piscina. Si pasa algo nos avisas.

Abran paso, que no veo... ¿Está cerca el enfermo?

-Abre la boca. -¿Dónde está el paciente?

-Lo tiene delante. -Aquí está, aquí está.

-Somos los hijos. Bueno, yo soy la hija, ella es la novia.

-No, la prometida. La prometida.

-Lo superará enseguida. -Que suerte tener un médico a mano.

-A ver por qué te crees que vivo aquí y no en un hotel.

-Mejor que se vayan.

Y que se lleven a los ancianos, estas cosas les impresionan mucho.

-Que se vayan los ancianitos, por favor.

No, no, no.

Caramba, señor Fernando. No le había visto.

¿Qué es lo que me ocurre?

"Hemos inventado esta marca genuina de la tierra.

Nos despedimos hoy con este delicioso y dulcísimo postre, el turrón.

El nuestro, el mejor, Moros y Cristianos.

Moros y Cristianos. Moros y Cristianos, lo nuestro".

Agustín, se han pasado. 100 fotos en el Templo de Debod

a tres mil pelas cada una, 43 veladas que pagamos nosotros.

Déjame, coño, déjame. ¿Qué ha pasado?

Nada, ya veo que estáis muy preocupados.

Bueno, no hay por qué preocuparse. Siempre sale adelante.

Qué sed tengo. Un whisky con hielo, por favor.

Temprano empiezas tú a darle al whisky.

La Thatcher no bebe.

-Estoy muy nerviosa con el follón de arriba y vosotros aquí abajo.

Además, eso de que papá salga en el "Hola" al lado de esa loca

con un pelucón verbenero me pone... Yo estoy de acuerdo con Cuqui.

A mí me parece que lo del "Hola", de momento, hay que olvidarlo.

O, en todo caso, aplacarlo. Oiga, ¿tiene usted mojama?

-No. No, señor.

-Dice que se lo tenemos que plantear nosotros.

-Intenta no ponerme perdida.

-Se lo dice Marcheda y él se pone en la fotos muy contento.

¿No ves que está encoñado? -Estás hablando de mi padre.

-Perdona, quise decir colado. Posiblemente Cuqui tiene razón.

Oiga, ¿tiene usted pinchos de morcilla?

No, lo siento.

Aquí hay un problema básico de planteamiento.

Nosotros no podemos hablar con nuestro padre

porque nos lleva la contraria. Decimos blanco y él dice negro.

¿Esas fotos en qué consisten? -Una historia romántica.

La tengo aquí.

-Pero propagar la imagen de papá en un asilo...

Y en el "Hola", con la tirada que tiene.

-En un asilo, dice.

¿Te crees tú que en los asilos tienen estas peceras climatizadas

para que se chapuce la ancianidad.

Coño, unas piscinas donde se ahogan los ancianos.

Oye, que es viejo se muere, hombre. Natación terapéutica.

Caray, pues da un susto espantoso.

Por favor, atendedme. Yo eso del "Hola" no lo veo claro.

No la hagáis caso porque ella no piensa más que en sus votos.

Claro, y a nuestro turrón que lo zurzan.

¿No comprendéis que mis enemigos lo pueden utilizar para atacarme?

-¿Atacarte? ¿Atacarte porque tu pobre padre viudo y anciano

ha encontrado la felicidad en la persona

de una antigua gloria de la ópera

y se va a casar con ella, enamorado como un cadete?

Que no la van a votar los ancianitos, dice.

Vas a arrasar con los votos de la tercera edad, Cuqui.

Coja. -Pero ¿es que se van a casar?

Claro. Desde luego.

Porque si se casan, como ella seguro que tiene muchísimo dinero.

Señor, su cerveza.

Oiga, ¿tiene patatas a la brava? No, señor.

¿Me sigue?

Entonces nosotros estudiaríamos una posible ampliación del capital

Bueno, de momento, ¿quién paga esto?

¿Usted no?

-¿Más puntos? Estate quieto, hombre.

Eso es. Los ojos en los ojos y las manos en las manos.

Con mucho cariño. Con cariño.

-No es eso, don Fernando, no es eso. No es eso, no.

Está usted mirando a la señora como si fuera una silla, y no...

No, no... No, no, no es eso.

Tiene usted que mirar a su interior,

asomarse a su alma a través de los ojos.

Mire usted, una cosa así. -La pamela, hombre, la pamela.

-Así. -Ay, hijo, el ojo.

-Perdón, señora. Una cosa romántica. -Y dale.

-¿Lo comprende usted, don Fernando? Sí, le entiendo a usted.

Lo que pasa es que me da no sé qué delante de toda esta patulea.

Venga, hombre.

-Ahora resulta que eres tímido. -No hagas caso.

Tú ven conmigo. Ven, que tengo muchas tablas y te enseñaré.

Ven por aquí.

-Venga, vamos a hacerlo en movimiento.

(HABLAN A LA VEZ)

López, López...

Mire, ahora que tenemos el cartel de los Moros y los Cristianos

podríamos ponerlo junto a la pareja porque así sale en las revistas

y matamos dos pájaros de un tiro.

Una cosa es la publicidad y otra la imagen.

Lo que no se puede hacer es abrir el "Hola"

y encontrarse en una página a los príncipes de Gales

con el palacio de Buckingham al fondo

y en la otra a tu padre con esa especie de bacalada,

sentados en una pastilla de turrón.

Venga, vamos ahí. -Aquí, aquí.

-¿Otra vez estos pesados?

He dicho 50 veces que no quiero verlos. Fuera.

Quietos ahí. -¿Así?

-Eso es, pero sonriendo. -Pero fuera.

-Vamos. -Ríete, Fernandito.

-¡Ha vuelto! Qué cosita más mona. ¿Qué tal se ha portado?

-Bueno, no ha sido muy aplicado.

En fin, ya sirve para la defensa y el ataque.

Vamos a ver una demostración.

Por favor, haga usted de malo y usted de buena.

-Es para que te ataque. Hombre, ¿y si me ataca qué?

No pasa nada. Las manos al cuello.

-¡Ay, que me ataca! -Te mato.

(Gritos)

¿Qué hacemos con el premio?

Oiga, que le den de comer a usted y al perro.

Gracias, muy amable. ¿Me han dado un premio?

¿Lo queremos o no lo queremos?

Hombre, claro que lo queremos. Para eso hace falta medio kilo.

Medio millón de pesetas. Eso lo decidís vosotros.

Tú y mis hermanos. Yo voy a Carabanchel,

tengo un encuentro con la coordinadora de presos.

Cuqui, guapa, tú siempre con tus politiquerías.

Y no te olvides hacer el saque, mi vida,

en el partido de las vedetes contra los minusválidos.

-Cómo me voy a olvidar de eso? -Oye.

A la del Piamonte le haría muchísima ilusión asistir a la cena de gala

de la confesión de los premios.

Cena comprendida en el precio de las musas.

-Eso lo decidís vosotros, yo tengo prisa.

-Hasta luego.

Que venga Marcela, pero si paga ella.

No, López, no nos podemos gastar, derrochar el dinero

que esta doña Marcela piensa invertir en el negocio.

Hay una cosa que yo no entiendo, López.

Si la musa nos la van a dar a la calidad del turrón,

¿por qué la tenemos que comprar? Porque da prestigio.

A ver si lo entendéis.

Las musas se las dan también a conocidas personalidades

de las artes, las ciencias y el espectáculo gratis.

¿Gratis? Claro.

Y las casas comerciales, en este caso,

los turrones Moros y Cristianos, pagan.

Para beneficiarse del prestigio de los artistas premiados

en el campo de la cultura.

O sea que los artistas, por ser artistas...

Yo no he visto nunca un cuadro de Picasso

que debajo ponga "Musa de la artes y las letras".

Me voy, que si no no se motivan.

Lo que pasa es que este tío cada vez que habla ataca.

Se inventa una cosa, ataca. Se inventa una cosa, ataca.

No sé de dónde saca la pasta...

¡Cochino!

-¡Me has dejado ciego, hija puta!

¡Me hasta dejado ciego!

-¡Señorita!

(Música)

Hola.

Hola, ¿qué hay?

Hola.

Oye, las musas de los premios están todas en pelotas.

Siéntate a mi lado. En pelotas... venga, siéntate.

Estoy seguro de que esto es un embolado

porque aquí no veo a ningún famoso.

Ya se sabe que los famosos siempre llegan tarde.

Pues yo creí que las señoras que cantaban ópera,

todas, por lo que he visto en los periódicos,

eran mujeronas.

-No, si yo cuerpo tenía mi cuerpo.

Yo salía a escena a cantar y era una figura impresionante.

Casi dos metros de altura, una cosa maravillosa.

Pero dejar la escena y empezar a menguar...

-¿Se puede seguir menguando? -Por favor, Fernando.

No las soporto. No, lo digo yo.

¿Las mujeres no estarían mejor en Jijona?

¿Y el jurado dónde está? Atiende.

¿Dónde está? ¿Dónde está el jurado? Están arriba, en un comedor privado.

Monique, ¿quieres hacer el favor de subir y ver cómo va la cosa?

Pero ¿por qué no querés venir a mi casa a tomar una copa?

Porque no quiere mi prima, ni mi prima ni estos.

Mira cómo despierta. -Mira qué cosas.

-¿Y usted se sabe la verbena de la Paloma,

porque a mí eso de: "Ay, feliz en mi vida".

-Por favor, no la soporto más. -Tienes mal genio...

La ópera es todo cantado.

En la Zarzuela también se canta mucho.

Señor López. Señor Delacroix.

¿Eh? Sí, ah, ahora te explico. "¡Eh, monsieur, ici!".

Es Delacroix, el que mueve los hilos de todo este tinglado,

muy amigo mío. -Amigo mío.

-Querido. -Hola. ¿Quién es?

-Te voy a presentar...

Marcella del Piamonte. -Madame.

-Encantada.

-Va despeinado. -Es moda.

-La señora Planchadell. -Tengo que contarle una peste,

te tengo que hacer una consulta muy urgente.

-Dime, dime. -No, no, no, aquí no,

vamos porque es muy serio, no. -Perdón.

-"Au revoir". -Me voy con Delacroix.

Pero, bueno, ¿quién es este francés? Es interesantísimo,

me ha gustado muchísimo con esos pelos estufados,

¿a quién me recuerda? Ah, a Titta Ruffo, a Titta Ruffo.

-Es el que mueve los hilos. Ah.

El organizador de los premios. -Lo sabe todo.

-A ver, Delacroix, dime, ¿qué pasa? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué es lo que ocurre?

-"La catastrophe". -¿Por qué?

-Hay un fabricante de paraguas que está pujando por vuestra musa.

-¿Pujando? ¿Cómo pujando? ¿Por qué?

-Vosotros solo habéis dado medio millón.

-Lo que tú has dicho, ¿no?

-El fabricante de paraguas ya está en 750 000.

-Oye, esto no es serio, Delacroix, ¿eh?

-Si empezamos a dudar de la probidad del jurado...

-Ah, pero ¿existe un jurado? -El jurado, "c'est moi".

-¿Probo un jurado... que se vende al mejor postor?

-Precisamente, la base de estos premios

es que se gana el que paga más.

Mierda, ya me he meado en los zapatos.

Déjame la servilleta. -No, no, con papel higiénico,

ahí tienes. -Copón, "ça va, ça va".

-No es serio, no es serio. Peor, no es europeo.

(Pedos)

Cerdo. -Perdón. "Désolé".

-Ah, muy bien, yo doy las 250 000 Pts.

-Ah, estupendo. -Con una condición.

-Diga, diga. ¿Qué condición? -Yo recojo el premio.

Hombre, no sé si es oportuno, porque...

Y canto. -¿Como que cantas?

-Canto, canto. ¿Que canta?

Ay, sí, por favor. Pobre chica la que tiene...

-Ay, que señorita pesada, quítamela de encima.

¿Cómo que canta? Encima darle ánimos,

se va a montar un numerito para ella sola.

El premio no es de cantar. Pero ¿qué coño de cantar?

Pero ¿qué coño? Ah, no, perdón, perdón.

El premio es únicamente a la imagen comercial.

Yo digo que por qué no la dejáis que cante.

-¿Y este programa se va a ver en toda Europa o qué?

-Naturalmente, y cantando la eximia vía satélite.

Bueno, voy a hablar con Delacroix. Ahora vengo.

"You are, 'mí' are, Planchadell y Calabuig".

Sí, "le meilleur turrón du monde. Le meilleur, fantastique".

Muy rico, muy rico.

Pero a estos de la televisión les ha traído tu novio, ¿no?

No es mi novio, papá, es mi asesor de imagen.

Bueno, ya, pero, entonces, ¿por qué no te enfocan a ti?

Porque no es un espacio político, papá. Esto es miscelánea.

-Que me saquen a mí, que soy famosa.

Chicos, por favor, con mi novio del brazo.

No. Míralos, salúdalos.

No, no, no. No seas así, sonríe.

-Hombre, Palomares, precisamente te estaba buscando.

-Señor Delacroix. -Mira, aquí tengo tu sobrecito.

-¿Lo que me dijo? -Estamos entre caballeros,

anda, sube, que te están esperando en presidencia.

-Siempre puedes contar conmigo, ¿eh? -"Voilà".

¿Qué pasa ahora? -En la vieja gloria,

esa que te he dicho... -¿Tienes problemas de próstata?

-No, no, yo de próstata... Nada.

-Como estás haciendo pipi cada cuarto de hora...

-No, bueno, como me has citado aquí, puedo aprovechar.

Bueno, pues esa loca está dispuesta a pagar,

pero quiere a cambio cantar. -"Une question".

Tengo aquí a la televisión, a todas las radios,

y han empezado a llegar los famosos. -Del gobierno, ¿eh?

-No, de la filmoteca, pero da igual.

Si esto es una mascarada, mis enemigos me van a cortar

el cuello. Y, además, los paragüeros ya están dando un millón de pesetas.

-Y los pobres de Jijona se van a quedar sin el premio. No.

-Ah, mi querido amigo, para mí el dinero merece un respeto sagrado.

Es un principio. -Esto no es serio.

Esto no es serio, Delacroix. No es serio.

No es serio, no es serio.

(Música)

Bueno, la verdad es que un millón de pesetas solo para que cantes

un rato ahí... Pero como un millón.

Si solo tenéis que poner 250 000. Rácano.

El resto lo pagaba yo, que eres igual que ellos.

¿Rácano? Un provinciano sin sensibilidad.

Incapaz de comprender a la artista. Y no te aguanto más,

ay, quítate de aquí, déjame salir, ahí te quedas con tu familia.

Pero mujer... Y con esos dos catetos,

que son dos catetos, y con esas dos, con la gorda y con la flaca.

Y con la cursi de tu hija, que encima quiere ser diputado.

Marcella. ¿Qué pasa?

-No sea violento, ¿eh? -Y no me sigas,

que no te quiero volver a ver más. López, pero se está marchando

todo el tiempo, haz algo, hombre. López, la ampliación de capital.

No le he contestado porque soy una señora.

¿Piensas hacer algo? -Sí, tomarme el champán.

Monique, botella de champán abundante.

Dentro, hija, aquí dentro. Aquí.

-Señores, señoras, vamos a proceder a la entrega de las musas de Europa.

(Aplausos)

Marcella.

Marcella. No, no, no, no.

Marcella. Lo nuestro ha terminado.

No he llevado una gran desilusión contigo,

como amante del canto y como hombre. No te comprendo, como hombre yo...

yo como hombre... ¿Tú? Nada.

¿En la cama? Un pescado congelado.

Chófer, lléveme a la residencia arco iris.

-Sí, señora. Enseguida. Pero...

Hágame el favor, cierre la puerta. ¡Quítate de aquí, cierre!

Pero, Marcella, déjeme, deje. Tira.

Todas son iguales, tío.

Hala, vámonos. Sí. Tienes razón.

Lo mejor será que nos veíamos a casa.

Ven, ven, corre, ven.

Espera.

Toma, te la doy, para ti.

Tú sí que eres bueno,

sales a tu madre, claro.

Y mira qué bien tiene hecha la cara, la hija del culo.

Sube. ¿Está más contento? Yo que sé.

La he robado para ti, había muchas.

Eh, tío, dos multas más. No sé por qué, si está parado.

-¿Y por qué no ponemos la que estoy mirando de frente?

Mira que te lo he dicho veces. Monique, por favor.

La que mira de frente. A ver, déjame.

Por los dientes, a ver, Monique, ¿qué le he aconsejado yo siempre?

Que vaya a Suiza a ponerse una dentadura postiza.

Mira, en primer lugar, tu secretaria no tiene por qué recordarme nada.

Y, en segundo lugar, estoy hasta el gorro de que os metáis

con mis clientes. ¿Qué les pasa a mis dientes?

Yo no digo nada, yo soy la esclava de López.

Le voy a... a esta sudaca. -Familia, buenos días.

¿Qué pasa, madre? -Ya están aquí, Dios mío.

¿Dónde irán ellas? ¿Dónde vais con las bolsas?

No pringuéis nada. A la cocina. -¿A que no sabes lo que traemos?

-Pescadito frito. -No toquéis con las manos pringadas

de aceite el sofá, no me queméis la sangre...

Cuqui, ¿con estas fotos te vas a presentar a la campaña electoral?

Eso a ti no te importa. Agustín, quita las manazas de ahí.

Perdona, Cuqui, pero pienso que esto nos puede interesar.

¿Por qué no es vais todos un poquito a la mierda?

Estoy trabajando, imbéciles. -¿Por qué tratas así a tus hermanos?

Siempre igual. Oye, a la cocina.

A la cocina, nadie te ha dado vela en este entierro.

¡Calzonazos! Tienes la sangre de horchata.

A la cocina, hombre.

A la cocina, a preparar la ropa. No quiero oír más.

No sé qué opinas, así no se puede. -Hija...

Anda, asómate a ver qué coño les pasa.

Bueno, pero me cuentas el final, ¿eh?

"Pero ¿cómo lo tengo que decir? Me cago en la leche,

a la cocina las dos". Nosotras vamos a nuestro aire

y venís cuando os dé la gana. Y vosotros también, con ellas.

Se me ha ocurrido una idea, hombre. Dice Agustín que Pepe y él

han tenido una idea. Dios nos coja confesados.

Para los turrones, hacer unas vallas como estas que estás haciendo

para Cuqui. Qué aliento.

¿A que es una idea buena? Una cosa festiva, atractiva,

con moros y cristianos. Un momento, un momento.

Las vallas no son gratis como la televisión o el "Hola".

Las vallas cuestan. Ya lo sé.

Por eso no hemos salido ni en el "Hola" ni casi en la televisión.

Ya saldréis, todo requiere su tiempo.

Vamos con las vallas, ¿de verdad estáis dispuestos a pagarlas?

Pero hombre, López, claro, claro. Claro, claro.

¿Con qué dinero? ¿Con qué dinero? ¿Se lo decimos?

El pobre papá, que como está tan disgustado porque le ha abandonado

la Piamonte esa... Bueno, en resumidas cuentas,

que nos ha dejado la firma. López, eso significa

que nosotros ahora podemos firmar un crédito.

Mira, Cuqui. Mira. ¿Te gusta?

Queda de su propia autenticidad, almendra, miel,

el amor a la obra bien hecha, la artesanía familiar

orgullosa de sus apellidos. ¿Lo veis, hijos?

Lo que yo decía. Planchadell y Calabuig, como debe ser.

Usted siempre tiene razón, exacto. Por aquí, don Fernando.

Por eso usted,

precisamente usted, como patriarca de la familia,

permítame una prueba. Ese instante, ¿a ver cómo le queda?

Déjese de paparruchas.

Presentará personalmente sus turrones desde todas las vallas

de España. ¿Qué le parece? -Tío, ¿dónde me pongo yo?

-No, tú no. No amenaces.

No, eso no.

Planchadell y Calabuig. Aquí lo dice.

A ver, López, a ver dónde lo pone.

Vámonos, Cuqui. -Déjeme a mí, don Fernando,

que esto es cosa mía. A ver, sonríe. Sonríe a cámara.

Está bien. Venga, chaval, quítate eso.

Ponte aquí. Ponte aquí. Ahí coge la luz.

Así. -Pero así no se me ve.

-Mucho mejor, dame el taco. -No, el taco no.

-Bueno, vamos a hacer la foto. ¿Puedo decir una cosa?

¡No!

(SUSURRA) Ayer estuve en la feria gastronómica, el licor

de los frailes, arrasando. Y seguro que fueron las infantas.

Don Fernando, más al centro. Así. Esa cara...

Quietos.

Quietos.

Quietos.

Sonrisa.

¡Más sonrisa!

Ya.

Hombre, don fray Félix. ¿Cómo está?

-Bien, bien. -¿Cómo va todo?

-La causa de beatificación de fray Núñez...

-Nuño, Nuño. -Nuño, sigue adelante.

Despacito, pero no perdemos la esperanza.

En cambio, la venta de licores ha sido un desastre.

-No me diga... No se vende nada. -Un desastre.

No, al contrario, se vende como rosquillas. Eso es lo malo.

-Hombre, pero no es posible. -Sí, horrible.

Mire, el caso es que no sé cómo se ha enterado,

pero la cosa es que ha caído sobre nosotros el ayuntamiento,

la industria, sanidad... La dichosa Hacienda.

Y la Seguridad Social. Y el IVA. Y, claro, con todas estas gabelas,

necesitamos dinero y también aumentar las ventas

para pagar todas estas cosas.

Y entonces venimos a verle a usted, a ver qué se le ocurre.

-¿Y qué quiere que le diga? No se me ocurre nada.

-No me diga usted eso, que ya sabemos que usted tiene el demonio

dentro del cuerpo.

Qué digo, qué digo. Señor López.

Llegó la señorita a planchar el chal y largué la segunda copa.

Bien, hazte cargo. Fray Nuño.

Hazte cargo de su reverencia. Enseguida estoy con usted.

-No, señor López, no. Señor López, señor López.

No, niña, que están ahí los hermanos. Señorita.

-Monique.

A Miranda, que corte la planta, que un día me la voy a comer.

-Respete estos hábitos, señorita, no.

-Perdóname, perdóname, señora, perdóname.

-Por fin.

-Lo tenía todo preparado. Bueno, ya te habrán dicho.

-Claro que me lo han dicho, sí. -Me han llamado del ministerio

y he tenido que organizarle la nueva campaña.

No... Soy tan bajito...

Bueno, luego al venir, los frailes me han cogido por banda...

-Y yo te retén toda la mañana. -Y hasta ahora.

La foto de tu familia... -¿Qué?

-Un desastre. -¿De verdad?

-Y menos mal que se me ha ocurrido chequearla antes de iniciar

todo el grueso de la campaña, que sino no lucimos.

Mira, juzga, juzga tú misma.

-Ah, pero es esa. -No, no, yo te fragmento.

Fíjate. ¿Qué?

La cara de tu padre, infame. -Calla.

-Es como un chino cabreado. -Pobrecito.

-El cocinero, la mismísima doña Rogelia, pero de alivio luto.

Y esta pareja, son Drácula y la novia de Frankenstein.

-Pero en feo. -Sí.

Y, bueno, y tu primo, que es como un tarado,

con paperas.

Y Pepe es José María 'El Tempranillo',

pero con Seguridad Social. Y, para colmo,

tu cuñadita que es como Porky anunciando jamones, pero no turrones,

total, un desastre. -No la soporto.

-Un verdadero desastre. y vamos al conjunto.

Que en resumidas cuentas, es la familia Monster al completo

metidos anunciantes. Cuqui, hija.

-Qué desastre. -Y no es eso todo.

-¿No? -No, ahora vas a ver los test

con la opinión de los posibles compradores.

Escucha, escucha.

-"Mira, el tiempo que falta para Navidad y ya están presentando

el programa".

-"Planchadell y Calabuig, qué espanto, qué gente tan fea,

ni se te ocurra comprarlos. Seguro que estará malísimo".

-¿Qué me dices? -Que también son feos ellos,

es que no se ven espantosos. -Hasta los niños lloran.

Bueno, ¿qué te parece? ¿Qué hacemos, Cuqui?

-Que le quite los mocos a la criatura y se ocupe de su barrigón,

que bastante tiene. -Sin tabaco y 1000 votos más.

Evidentemente, hay ahí cuatro horas de test y todo el mundo coincide

en la misma opinión, eso, reconócelo, Cuqui.

-Gracias a Dios que no has encargado las vallas.

-Hombre, gracias a Dios y a que yo he chequeado las fotos.

Vamos, que sino nos luce el pelo. Así que no te queda más remedio

que llamar a esos imbéciles a Jijona.

-No. -¿No? Pues a ver qué hacemos ahora.

-No, no, no. Mejor que no opinen. Pero, bueno,

¿no pretendes que me arranque todos los dientes para mejorar la imagen?

Pues discurre un poco, hijo, busca una solución,

tú eres el asesor. -Ah, mira, les vamos a sorprender.

Con la fórmula de Dorian Gray.

-Oye, ¿y eso duele? Que mi padre es muy mayor.

-¿Cómo va a doler? Que no es de mocos...

-Adiós. -¿Qué hay, Marcial?

-¡Pepe! ¡Tío! ¡Agustín! La foto, que están poniendo la foto.

¿Dónde? La de Madrid.

(Conversaciones simultáneas)

Mira, verás que grande, mira, mira.

¿La ves?

Mejor que las del Rovira, tú. ¡Papá!

Vamos, deprisa. Vamos a vender como rosquillas

con este cartel. Ven a verlo, papá. Mira, mira.

Yo estoy feo. He salido más feo. ¿Has visto eso?

Pero ¿somos nosotros?

Ahí lo pone: "Planchadell y Calabuig".

Qué cosa más rara.

Nos han retocado la foto. -¿Usted cree?

-¿No me ves más delgada? -Pues yo he salido como soy.

-Pero parecemos otros. Claro, ¿no ves que el maquillaje

hace milagros? Yo, Calabuig, con el taco en la mano.

-Hay que ver que adelanto... ¡Oh! ¡Oh! No, esto ya no.

¿Qué pasa? -Don Fernando.

-Papá.

¿Has visto, papá? Nuestra nueva imagen.

No tiene las pastillas. Papá...

No tiene las pastillas. Tío, tío. Papá...

Tío.

¿Papá?

(LLORA) Papá...

(LLORA) Papá...

-Ay, hija mía. -Gracias.

-Te acompaño en el sentimiento, Agustín.

Lo mismo te digo, Pepe.

(SUSURRA) Oye, yo creo que la caja es demasiado pequeña.

Se le salen las rodillas por encima. Costaba 50 000 Pts menos

que la otra, y él ya no va a notarlo.

Hombre, pero ahora que tenemos la firma podríamos habernos gastado

un poco más de dinero. Justamente por tenerla

es por lo que tenemos que empezar a controlar el gasto.

(Llantos)

Se nos ha ido. Esperen, esperen.

Fernando. Venga, tápenlo ya.

Coño, cuidado.

(Música)

(Disparos)

(Continúa la música)

¿Te imaginas que pudiéramos poner en mis vallas, no sé,

a Estefanía de Mónaco? -Se podría estudiar,

lo malo es que la política no es como el turrón,

eso ya lo decía el pobre padre. -Está bien, ¿eh?

-Por el precio...

¿Y así tenemos que ir hasta el cementerio? Oiga.

(Música)

(Continúa la música)

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