All language subtitles for Los tigres de Mompracen 1970 ESP

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Original subtitles

Quieto, vuelve atrás.

Traidor. ¡Cipayo!

El trabajo en el río es obligatorio.

Tu padre ha muerto trabajando en el río porque no colaboraba

con los ingleses. -Y tú sí, canalla.

-Vamos. Andando.

Traidor. En marcha.

-¿Qué hacéis?

¡A trabajar!

(Quejidos)

-¡Adelante o no probareis el agua!

-Los mapas, capitán. -¡Ah, los mapas!

Bien, gracias.

Hoy mismo le pediré al lord Brooke

que me proporcione el decreto de confiscación.

-Lo importante es que todo sea legal.

-Claro. -¡Basta!

-¿Pero qué ocurre?

-¡Quietos!

-Tira el fusil. Vámonos.

Maldito malayo, lo vas a pagar caro. Andando.

-Todos, todo el mundo nos odia.

-Lo importante es que nos teman.

Atadlo a un poste. -Venga, vosotros, a trabajar.

-¡Azotadlos!

Que se despabilen.

(Latigazos)

(FORCEJEAN)

-Eso es lo que hace falta. Le servirá de lección.

-No, asesinos.

No.

(Música de suspense)

(Disparo)

¡Sandokán!

Suelte a ese hombre.

Magnífica puntería, príncipe Sandokán.

Suéltele he dicho.

¿Y por qué debo hacerlo?

¿Os interesa mucho?

Es amigo mío.

En tal caso, bien.

Desatad a ese hombre.

Alteza, permitidme que exprese mi asombro

por vuestra declarada amistad con ese miserable.

¿Qué falta ha cometido? Insubordinación.

-No trabaja, no colaboraba.

Nadie colabora.

Mi gente ha nacido libre. Y ustedes los tratan como esclavos.

-Les enseñamos a trabajar, príncipe Sandokán.

Tenemos el deber, además del derecho,

de civilizar estas tierras. ¿Qué derecho?

El que nos ha sido reconocido por el maharajá, vuestro padre,

aceptando el honor de la alta protección de su majestad británica.

Mi padre está viejo y cansado,

quizás no ha entendido tan alto honor.

-¿Y vos, lo habéis entendido?

Yo, lo mismo que mi padre, solo deseo la paz.

Pero si a cambio de esa paz hemos de perder la libertad,

entonces juro que...

Os aconsejo que os domináis, alteza.

En un momento de ira se pueden decir cosas

de las que más tarde os habríais de arrepentir.

Soy el príncipe Sandokán de Sarawak, capitán Rosenthal.

Yo también voy a daros un consejo: no agotéis nuestra paciencia.

Que lo lleven a las canteras de piedra de salón.

-Venga, venga, a trabajar. -Cobarde.

El gobernador me ha citado mañana en palacio.

Padre, ¿hasta cuándo vamos a permanecer inactivos?

Te comprendo, Sandokán.

Entonces, padre, concededme... ¿Qué?

Liberar a la gente del río mediante una acción por sorpresa.

Vamos a suponer que lo consigues. ¿Y después?

Nos esconderemos en la jungla,

dividiré a los hombres en patrullas autónomas.

Una guerrilla de acciones aisladas. Será el principio, padre.

Pero estoy seguro de que la misma población de Victoria,

en cuanto sepa que se ha iniciado la resistencia se nos unirá.

-Y además están los tayakis del interior, los malayos del golfo.

Lo importante es que alguien comience, padre.

Después todo Borneo podría, al fin, levantarse

y expulsar a los opresores.

-Sandokán, sé que tus hombres te quieren, te respetan

y te seguirían hasta el fin del mundo

pero el precio de todo eso sería demasiado alto.

Sangre. No, hijo mío.

Mientras yo viva seguiré siendo el maharajá

y lucharé con todas mis fuerzas en favor de la paz.

No es la paz, padre es la esclavitud.

Es la ley que gobierna el mundo.

La ley del más fuerte y los más fuertes son ellos.

Actuaremos con prudencia.

Hablaré con firmeza al gobernador. Él me respeta, es amigo mío.

-Es inglés, padre.

Falso y despiadado como son todos ellos.

-No hay otro camino.

(Gong)

¿Y si la visita al gobernador es un fracaso?

Sambigliong, mañana por la mañana saldré para Victoria.

-Sí, alteza.

(Música militar)

(HABLA FRANCÉS)

-Como podréis observar, excelencia, es un trabajo maravilloso.

Una obra de arte.

(HABLA FRANCÉS)

El maravilloso invento.

Naturalmente, su excelencia tendrá que ponerse una camisa.

-Mi lord.

Perdonad, me permito recordarles que el maharajá de Sarawak

está impaciente. Hace largo rato que espera.

Un poco te antesala le habrá sentado muy bien.

Realmente es de un gusto exquisito.

Que pase el maharajá.

-Bien.

(HABLAN FRANCÉS)

-Consideradme siempre a vuestra disposición.

Excelencia.

(LEE) Del capitán Rosenthal a su excelencia lord Brooke.

Asunto: Embargo región Río.

-Muy bien. Nos están esperando.

Ahí está Patán. Dejaremos aquí los caballos.

-Príncipe Sandokán. Giro Batol les espera.

Esconde los caballos y quédate vigilando.

-¡Giro Batol! ¡Giro Batol!

-Qué honor, príncipe Sandokán.

Giro Batol, me alegro mucho de verte.

Pasa.

-Patán, mantén los ojos muy abiertos.

-Muy bien.

Salud a todos, amigos. (TODOS) Salud.

-Salud, Sandokán. -Viva Sandokán.

Veo que se os da bien la caza.

Sí, pero arriesgamos la vida constantemente, alteza.

¿Sabéis que el gobernador inglés lo ha prohibido?

Lo ha prohibido todo, lo sé, amigo mío.

-Tres de nuestros hombres han sido capturados

y llevados a Ford Williams.

Nos prohíbe la caza, nos requisa las tierras.

Para poder vivir solo nos queda ser esclavos en el río.

Pobre pueblo mío.

Escucha, Giro Batol, ¿con cuántos hombres podemos contar?

¡Por fin! Ya estoy decidido a todo.

Dadme tres días de plazo y os lo podré decir con exactitud.

De todos modos, tratándose de una requisa

en favor de la utilidad pública, confío en poder conseguir

que el Consejo fije un elevado precio de expropiación.

He encargado al capitán Rosenthal

que proceda inmediatamente a una valoración de la Villa

y del mobiliario.

Tendremos toda clase de deferencias, alteza, no temáis.

-Queréis despojarme de mi casa.

(RÍE) Sin duda bromeáis, alteza.

No será por esa villa y por ese millar de hectáreas,

sabemos que tenéis otras propiedades.

-Yo no me preocupo por las tierras, mi lord,

sino por los hombres que las cultivan.

Usted sabe que esas gentes solo viven de lo que produce el suelo.

Puedo aseguraros formalmente que serán empleados

en la búsqueda de filones diamantíferos.

-¿Lo mismo que la gente del río? ¿Qué queréis decir?

-Los tratáis peor que esclavos.

Esa gente no colabora.

Hay demasiados rebeldes por esos lugares.

He recibido informes muy detallados según los cuales,

lamento tenéroslo que decir, parece que vuestro propio hijo,

el príncipe Sandokán,... -Deje en paz a mi hijo.

Yo soy el maharajá.

De todo cuanto suceda en mi territorio soy el único responsable.

Es un placer oíroslo decir,

de este modo podréis aconsejar al príncipe Sandokán

a que colabore con más lealtad.

-Lord Brooke sabe perfectamente que yo deseo la paz para mi pueblo

pero por esta paz ya hemos pagado a ustedes un precio muy elevado.

Somos aún un pueblo libre.

¿Pueblo? ¿Qué pueblo?

Conozco únicamente dayakos, malayos, bengalíes, mahajarathis,

una mezcla de razas salvajes

a las cuales, por primera vez en la historia,

la colonización inglesa ha traído la unidad y la civilización.

-Vuestra civilización está manchada de sangre.

¡Medid vuestras palabras, alteza!

Podéis retiraos, nuestra conversación ha terminado.

-Confiaba en hacerle entender

que se consigue más con la tolerancia.

No necesito vuestros consejos.

Pensad más bien en cumplir mis órdenes.

-¿Es esta su última palabra?

Os doy tres días de plazo para abandonar la Villa.

(Campanilla)

-¡Tremal Naik!

-Sargento, dé orden de que desmonten.

-Sí señor. Desmonten.

-Comunique al maharajá que deseo hablar con él.

-El maharajá y el príncipe Sandokán se fueron al amanecer.

-¿Al amanecer? -Sí.

-Esperaré. -Pero...

-¡Quieto! Vosotros dos, conmigo.

(Laud)

-¿Qué desea? -Siga, por favor.

-Es realmente encantadora.

-¿Qué hace usted aquí? -Adoro la música,

sobre todo cuando proviene de unas manos como las suyas.

-Con su permiso, capitán. -¿Qué pasa?

-No me diga que le doy miedo. -¿Por qué tendría que darme miedo?

Es usted un caballero, ¿no es cierto?

-Magnífica respuesta.

Pero, ¿por qué no nos sentamos?

Pienso que su padre y su hermano tardarán aún en volver.

Quizá es una suerte que pueda hablar con usted, princesa,

a veces las mujeres tienen más intuición que los hombres.

-Siéntese, capitán. ¿A qué intuición se refiere?

-A la que su sensibilidad, indudablemente, le ha de sugerir,

por ejemplo, la oportunidad de considerarme como amigo suyo.

-¿Qué desea de mi padre y de mi hermano?

-¿Por qué empezar con ellos y no con usted?

-Ya se lo he dicho, únicamente pretendo ser su amigo.

Déjeme salir.

¡Déjeme!

-¿Por qué tiene tanto miedo?

-No me obligue a pedir socorro. ¡No se acerque, no se acerque!

-¡Alto! -¡Quietos!

No disparéis, es el príncipe Sandokán.

¿Qué ocurre?

El capitán Rosenthal está en la salita con tu hermana.

¡Liana! ¡Sandokán!

Fuera de aquí, miserable.

¡Fuera, fuera!

¡Soldados, a mí!

Por favor, alteza.

Seguidme.

(Picos-palas)

¡Andando!

-Allá.

-Tercera galería.

Que pase otro.

Vosotros, allí.

-¡Deprisa!

-Caramba.

Eres un personaje importante, ¿eh?

¿Qué has hecho para embucharte 10 años?

¿Qué te pasa es que no sabes hablar? ¡Contesta!

Con que eres un príncipe, ¿eh?

Ahora sabrás lo que significa trabajar.

Primera galería, bajo vigilancia especial.

Que pase otro.

Agua. Dadme agua.

Omar, ¿has oído?

-No faltaba más, príncipe. ¿Os parece bien agua helada?

-Ya has terminado de mandar.

Nosotros te enseñaremos buenos modales.

¿Me permites?

Por favor, no te la bebas toda.

Tiene que durarnos hasta mañana.

Gracias.

Dos interminables días de marcha por la jungla y ni una gota de agua.

Confianza por confianza.

Aquí tampoco el trato es de los mejores.

A decir verdad es francamente un asco,

un perfecto asco marca inglesa.

¿Es usted inglés? No, gracias a Dios.

Pero es usted blanco.

Eso no quiere decir que todos los blancos sean ingleses.

Me llamo Yañez Tecomeira, ciudadano del mundo.

Por error, y no mío, nací en Portugal

pero cuando tuve uso de razón escogí el mundo como patria.

La tierra es mi lecho,

y el cielo mi tejado.

Ignoraba que todo esto fuera propiedad inglesa.

Quizás por eso he venido a parar aquí.

Yo soy el príncipe Sandokán, hijo primogénito del Maharajá de Sarawak.

El príncipe Sandokán.

Érase una vez un príncipe y un caballero andante.

Parece un cuento, ¿verdad? ¿Queréis ser amigo mío?

Con mucho gusto.

(Música)

Y ahora nos toca a nosotros.

-¿No sería mejor que se alejaran los criados?

-Es gente de confianza, pero si lo preferís.

Eiatán. Dejadnos solos.

(Palmas)

Amigos, hermanos, no ignoráis el motivo

por el cual estamos esta noche aquí reunidos.

La osadía y la perfidia inglesa han superado todos los límites.

Amigos míos, el príncipe Sandokán, nuestro queridísimo sobrino,

un joven leal y valiente, hijo primogénito del Maharajá de Sarawak

ha sido condenado a dura prisión.

El gobernador ingles ha confiscado más de la mitad de las propiedades

de nuestro primo y no es eso todo, no nos hagamos ilusiones,

sabéis que la misma suerte podríamos correr cada uno de nosotros.

Por lo tanto, amigos, hermanos, os exhorto a que olvidéis

cualquier vieja rencilla.

Unámonos todos,

formemos un frente único contra el invasor inglés.

Amigos míos, también ha llegado el Maharajá de Rawan.

Con vuestro permiso voy a recibirle.

-Yo creo que Varauni tiene razón. La unión será nuestra fuerza.

-¿Podemos confiar en él?

(Disparo)

(Disparos)

-¡Padre, padre!

(GRITA-LLORA)

(Disparo)

-¡En marcha!

-Todo arreglado, señor. -Bien.

Doloroso pero necesario.

-Solo necesario, mi lord. Todos eran traidores.

-Se lo comunicaré a lord gobernador...

Puedo anticiparle que será usted el Maharajá de Sarawak

gracias a su colaboración y a su lealtad a la corona.

-Gracias, mi lord.

-Le esperamos en Victoria, Maharajá.

-Mis respetos, mi lord.

Le ruego haga llegar a lord Brooke mis sentimientos de lealtad.

-Puede estar seguro.

(Música)

-A pesar de todo, no sé, hubiera preferido quedarme en Victoria

y de vez en cuando venir aquí a inspeccionar los trabajos.

-La Compañía de las Indias, coronel, nos había pedido que preparásemos

una residencia adecuada para usted y para su sobrina.

¿La villa no es de su agrado?

-Espléndida, francamente espléndida.

Sé que perteneció al Maharajá de Sarawak.

-Un estúpido monigote.

-Qué raro.

Me habían dicho que el Maharajá de Sarawak

era un hombre leal. -Tan leal que ha sido el promotor

de una especie de complot con todos los maharajás del Sur,

con el fin de impulsar una rebelión sangrienta.

Hemos tenido en nuestras manos documentos concluyentes.

De no haber sido por el Maharajá Varauni,

que fingiendo adherirse a la rebelión nos ha dado...

Por favor, señores,

¿es posible que no puedan dejar ni por un momento la política?

Es cierto. Tiene usted razón miss Guillonk,

le ruego me perdone.

Con el permiso de su tío, brindo por su elegancia.

Es usted romántico, capitán.

Irremediablemente, mi lady, irremediablemente.

-Pésima cualidad para un soldado.

-Pero excelente para un enamorado.

-¿Y el príncipe Sandokán? ¿Le conoce usted, capitán?

Me han dicho que es un personaje importante por estos lugares.

-He tenido oportunidad de tropezarme con él.

Un hombre vulgar. -¿Ah sí?

-Tal vez pintoresco pero salvaje. ¿De veras?

Estoy seguro.

¿Y ahora dónde está Sandokán?

En el colegio.

¿En el colegio?

Le están enseñando educación en las minas de sal de Goumón.

(Picos- palas)

-¡Levántate y ve a buscar otro saco!

-¿Te duele la espalda?

-¡Basta! O trabajas o te pongo los grilletes.

¡A trabajar!

-¡Deprisa, deprisa!

-¡Eh, Jonn! ¡Trabaja como los demás!

¡Date prisa o te parto la cabeza! ¡Date prisa, he dicho!

(Risas)

-¡Mátale, Patán!

(Risas)

-¡A trabajar!

(Palas-picos)

¡Trabaja, holgazán!

¡Trabaja!

-Agua, agua.

-¡Quítate de en medio!

Un cuenco cada 10 vagonetas, es la orden.

Espera, aún no ha llegado el momento.

¡A trabajar!

-Agua, agua.

(TODOS) ¡Agua, agua, agua!

(TODOS) ¡Agua, agua, agua!

-¡Silencio, a trabajar!

¡Vamos, volved al trabajo!

¡Vamos, gandules, holgazanes!

¡A trabajar, he dicho!

(TODOS) ¡Agua, agua, agua! -¡Agua, agua, agua.

-Cállate viejo o te mataré.

(TODOS) ¡Agua, agua, agua!

(Disparo)

Quieto.

¡Lleváoslo!

¡A trabajar holgazanes! ¿Qué os habéis creído?

(Picos-palas-vagoneta)

-¿Estás de acuerdo? ¿Qué me contestas?

-Consigna china. Venga.

-El chino está conforme, consigna china. Hazla seguir.

China, hazla seguir.

¡Silencio, a trabajar!

China, hazla seguir.

China, hazla seguir.

-China, hazla seguir.

-China, hazla seguir.

-China, hazla seguir.

-China, hazla seguir.

(Picos-palas)

-¡A trabajar! ¡En silencio!

(Música suspense)

-Patán, ven aquí. Basta de murmullos.

Hay que trabajar en silencio.

(Disparos)

(Quejidos)

(Gritos)

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

(Quejidos)

¡Vamos, empuja!

(Quejidos)

¡Vamos, vamos!

(Quejidos, gritos)

(Quejidos)

¡Al portón!

(Quejidos)

¡A la puerta!

(Gritos)

(Quejidos)

(Gritos)

¡Vámonos! Sí, vamos.

(TODOS) ¡Libres, libres!

¡Somos libres!

La libertad, por fin.

(Gritos alegría)

¡Viva Sandokán!

(Brisa)

Said, el almuerzo está servido.

(Risas)

Gracias, Sandokán. Daría 10 años de mi vida por un cigarrillo.

(Ruido)

Alguien llega.

¿Serán los ingleses? (SUSURRA) Calla.

(IMITA PÁJARO)

¿Se ha vuelto loco? ¿Quiere que nos descubran?

Espera.

(RESPONDE IMITACIÓN PÁJARO)

(Risas)

Sandokán. Amigo mío.

Pusimos la ametralladora en la vagoneta y fuera.

-Y después, tres días de marcha por la jungla.

¿Tenéis un cigarrillo? ¡No es verdad!

No puede ser, dime que no es verdad. ¿Quién ha sido? Habla.

Vamos, ¡dímelo! Varauni, tu tío Varauni.

Les tendió una trampa por orden de Rosenthal.

Era una comida de paz y después...

...los mató a traición.

Sandokán.

Varauni, Rosenthal,

juro por el odio que me devora,

por la sangre de mi familia que han derramado,

que aunque viviera mil años, yo, Sandokán de Sarawak,

beberé vuestra sangre hasta la última gota como un tigre.

El tigre de Malasia.

(Reloj)

¿Quién es usted?

¿Cómo se ha atrevido a entrar?

¿Cómo se ha atrevido a entrar usted en la habitación de mi hermana?

Sandokán.

(Pasos de Marcha)

Toma. -Gracias.

-¿Qué ocurre? -Es la compañía que vuelve.

-Señor.

¿Han hablado?

Continúan negando que conocen a ese Giro Batol.

Entonces, proceded, fusiladlos.

Sí, señor. -¡Espere!

Lord Brooke, esa decisión resultaría fatal para mi sobrina.

Seguro que la tienen en sus manos y podrían...

No tema, sir Guillonk.

No se atreverán a tocarle ni un cabello.

Si la han raptado ha sido con el único objeto

de tener un valioso rehén en sus manos.

¡Cumpla la orden!

Sí señor.

-Que Dios lo proteja.

Coronel, le juro que batiremos la jungla palmo a palmo,

le traeré a miss Guillonk.

Usted no ignora los sentimientos que ella me inspira,

más allá incluso que mis deberes.

-Un acto de clemencia que en estos momentos quizá allanaría el camino.

-Clemencia.

No puede haber clemencia para esos canallas.

Exactamente.

Tal vez porque hasta ahora he sido demasiado clemente,

hemos llegado a esta situación.

Si hubiese mandado a ahorcar a ese Sandokán hace tiempo...

Puede usted estar seguro, sir Guillonk, que su sobrina

estaría tranquilamente aquí.

-Se trata de gente noble y orgullosa, debería haberlos tratado

de distinta forma. ¡Debiéramos haberlos ahorcado!

Ahorcarlos desde el primer momento.

Ya que esa gente no son más que fieras.

-Sobre todo, Sandokán.

Fue una imprudencia, una tremenda imprudencia.

Podría reunir secuaces.

Sé que está buscando adictos entre los dayakos.

Entre los dayakos y él están los pantanos.

Y antes de los pantanos, estará usted,

¿no es cierto, Rosenthal?

Quiero a Sandokán vivo o muerto. -Lo tendréis.

-Con su permiso.

Mi capitán, la tercera compañía está en marcha.

Ha dejado el fuerte hace 10 minutos.

Gracias, sargento.

Bien, puede marcharse, capitán Rosenthal, y buena suerte.

-Gracias, señor.

Señores, nuestra conversación ha terminado.

(Tambores)

(Tambores)

-¡Pelotón, apunten!

-¡Sandokán!

-¡Sandokán!

-¡Viva Sandokán!

Puercos salvajes.

-Fuego.

(Disparos)

-Bastardos.

(Caballos)

-Este es el sitio.

Mira, allí están.

-Sandokán, Sandokán.

-¡Viva Sandokán! -¡Viva!

-Sargento. -Señor.

-Sargento, acamparemos aquí para pasar la noche.

-A la orden. ¡Eh, vosotros!

-Estando nosotros aquí toda la costa queda vigilada.

-Sí, mi capitán.

Tendrán que retirarse hacia el interior.

-Sí, avanzando desplegados quedarán de espaldas al pantano.

Y entonces, ¿qué harán?

No les queda otra salida.

-¡Dispare!

(Disparos)

-Han escapado. -Capitán, hay un mensaje.

-El maharajá Varauni a cambio de Marianna Guillonk.

Ahora tenemos que emplear la astucia.

Les diremos que nos entreguen a Varauni

solo y bien atado en un lugar que determinaremos.

En la desembocadura del río hay una cabaña de ramaje

es que es fácil de reconocer.

Bien. Me parece un sitio estupendo.

Si todo sale bien, una vez retirado Varauni,

dejaremos a miss Guillonk, digamos tres o cuatro horas después.

¿Y si no aceptasen?

Aceptarán, me juego la cabeza.

Pero a la inglesa. O sea, que fingirán aceptar.

-¿Qué quieres decir? Que querrán dárselas de listos.

Cuando nosotros lleguemos a esa cabaña

para recoger a Varauni, primero, él no estará allí

y segundo, encontraremos agazapados entre la maleza

a todo el ejército de su majestad británica.

¿Entonces?

Entonces estarán allí todos reunidos

y nosotros nos dirigiremos tranquilamente hacia los dayakos.

-Pero nos matarán a todos.

Si nos presentáramos solos

pero es que vamos a ir muy bien acompañados.

¿Usted qué dice, miss Guillonk?

Le felicito, señor.

Como perfecto caballero ya veo que no duda en escudarse con una mujer.

Cállese.

Sandokán, el fabuloso príncipe Sandokán.

Confieso que le creí algo más noble que un vulgar bandido que,

en definitiva, es lo que es.

Kammamuri, llévatela.

Miss Guillonk,

¿cree que su novio dejará que disparen contra usted?

(Trote de caballos)

Giro Batol, ve a echar una ojeada.

Vosotros, vigilad desde allí arriba.

Vamos.

(Disparo)

¿Qué haces?

(Disparo)

Me anuncio al maharajá Varauni.

(Disparos)

-¡Malditos!

Teniente, todos los hombres a pie la cabaña junto al mar.

-Sí, mi capitán.

Atrás. A la cabaña, deprisa.

-Los que están a caballo hacia el río conmigo.

Vámonos.

(Disparos)

Los caballos.

Tremal Naik, ayuda a Sambigliong.

Es una empresa difícil pero hay que intentarlo.

Si lo consigues nos reuniremos con los dayakos.

De acuerdo.

(Disparos)

Tú, ven aquí.

-¿Ya está todo listo, Kammamuri? -Listo, Sambigliong.

-¿Todo? -Todo.

-Bien.

(Disparos)

Dispara.

(Disparos)

-¡Avanzad!

(Disparos)

Cúbrete.

Mi capitán.

Mire allí.

(Trote de caballos)

-Ya son míos.

Sigámoslos.

¡A los caballos!

¡Vamos!

(Trote de caballos)

¡Adelante!

(Trote de caballos)

Adelante.

(Trote de caballos)

(Trote de caballos)

(Disparo)

(Trote de caballos)

-¡Alto!

Miss Guillonk.

Nos han engañado.

(Truenos)

¿Un rebelde? ¿Un bandido? No, mi lady.

Soy un hombre como otro cualquiera.

Aún no ha contestado usted a mi pregunta:

¿por qué les han enviado a las minas de sal?

Por el mismo motivo que han matado a mi padre y a mi hermana.

Me robaron las tierras y han sometido como esclavos

a mis hombres (GRITA)

porque son ustedes blancos e ingleses, Marianna Guillonk.

(Disparo)

(GRITA)

(Barruntos)

El agua retrasará nuestra marcha.

Los dayakos nos esperan.

A estas horas Sambigliong ya debería haber llegado.

(Tambores)

(Tambores)

(Griterío)

(Tambores)

Príncipe Sandokán, mi fiel amigo.

Nos enteramos de tu desgracia y estamos horrorizados.

-Tu venganza será la nuestra y tu guerra será la nuestra.

-Un momento.

Escuchad a los dayakos de la costa.

También nosotros te acompañaremos.

Libertad para todos los nuestros, príncipe Mowgli.

Libertad para todos.

Ordena, Sandokán. Te seguiremos.

-¡Guerra, declaramos la guerra al tirano inglés!

(Griterío)

(Tambores)

Estaréis muy cansados.

Mi cabaña está a vuestra disposición.

Sois mis huéspedes.

-¡Sandokán!

¡Sambigliong, viejo zorro, lo has conseguido!

¡Bravo, Sambigliong! -Cuéntanos.

-Ha sido como un juego de niños.

Disparaban en ráfagas convencidos de habernos atrapado.

Comprendieron solamente cuando llegaron a los muñecos.

¡Qué caras habrán puesto! ¿Os lo imagináis?

-¿Y tú? -Yo iba delante de todos,

corría como el viento.

(Risas) ¡Pobre Rosenthal!

Han picado. Yo he tenido que dar un largo rodeo y aquí estoy.

(Risas) Bravo, Sambigliong.

Y esto no es más que el comienzo.

(Risas)

Gracias.

Está usted agotada y, por desgracia,

el viaje será largo.

Sandokán, ¿qué quiere decir?

Descanse.

Sandokán...

Márchese. Tremal Naik y Giro Batol la acompañarán.

Desde las afueras de Victoria le será fácil llegar a su casa.

¿Me echa usted?

¿Ya no soy un rehén valioso?

Márchese.

¿Pero por qué?

Trae el caballo.

Adiós, príncipe Sandokán.

Buena suerte, milady.

Hasta pronto, Sandokán. -Lo conseguiremos.

(Llaman a la puerta)

-Dile al príncipe Sandokán

que el Gran Brahman está con él.

Dile que mis sacerdotes hablarán al pueblo.

Dile que en Victoria se alzará una resistencia.

Dile que con la luna nueva encontrará un junco armado

en la bahía de Labuan.

Dile que rezaré por él

y por nuestro pueblo oprimido.

-¡Arriad las velas! ¡Los malayos nos esperan!

-¡Izad el ancla!

¡Botes al agua!

(Griterío)

-Todos estamos a tu lado, príncipe Sandokán.

Muerte a los ingleses.

¿Qué noticias me puedes dar?

Pasarán esta noche con armas y municiones para Fort William.

Jamás llegará a Victoria.

¡Al abordaje, tigres de Mompracem!

(Disparo)

(GRITA)

(Griterío)

(Disparos)

¡Al asalto!

(Disparos)

(Gritos)

(Gritos)

¡Adelante, tigres!

(Redoble tambor) ¡Atención!

¡Escuchad!

Por cada soldado o ciudadano inglés asesinado,

serán pasados por las armas 10 prisioneros

elegidos entre las tribus malayo,

dayaki, bengalíes o mahajarathis,

por orden del gobernador de su majestad británica.

-¡Andando! ¡Vamos, deprisa!

(Griterío)

(GIME)

(Griterío)

(Explosión)

(GOLPEA) Hasta aquí dentro se atreven.

Me había asegurado usted del orden.

Las hazañas de ese pirata causan impacto.

Ya le había dicho que Sandokán... ¡Cállese!

Estos son los hechos.

Hay que destruir a la fiera en su cubil, Mompracem.

Envíe inmediatamente un par de cañoneros a destruir...

¿En unos arrecifes de medio metro?

Además, Mompracem no es lo más importante,

¿o es que no se ha dado cuenta de que todo Borneo se está levantando?

Los dayakos están aquí, y aquí, y aquí.

Hay tropas en el golfo, en Sarawak, en Victoria, en Labuan.

Usted, usted es el responsable.

También en el pasado hubo motines.

¡Esto no es un motín!

Es una revolución, Maharaja Varauni.

¡Maldito Sandokán!

(Puerta) Pero yo le aseguro que...

¿Qué ocurre? El coronel Guillonk y su sobrina

solicitan audiencia.

Que pasen.

Le hago responsable del orden público en Victoria.

Retírese, Maharaja Varauni.

Milord, ...

Milady, coronel...

Miss Guillonk, celebro volverla a ver.

Veo que se ha repuesto, por completo.

¿No es cierto, sir Guillonk? Por favor ...

Más encantadora que nunca. Sí, sí.

Milord...

¿Qué pasa ahora?

Perdonad, mi lord.

Hace poco ha sido capturado un hombre.

Parece que se trata de un pirata.

Tráiganlo aquí.

A lo mejor miss Guillonk puede reconocerle.

Adelante, hacedle entrar.

(SUSURRA) ¡Giro Batol!

¿Has sido tú el que ha hecho estallar la bomba?

No, yo no sé nada.

No he visto nada.

¿Eres un hombre de Sandokán?

No soy de nadie, no he hecho nada.

-No es verdad, milord.

Es de los que raptaron a miss Guillonk.

Esa noche yo mismo estaba en la villa y lo vi.

Juro que es él.

Miss Guillonk, observe bien a este hombre.

¿Le reconoce?

No le he visto nunca.

¿Está segura?

Segurísima, no sé quién es.

No puede ser, mi lord, os aseguro que yo...

¡Silencio!

O está mintiendo este soldado o...

¿O qué lord Brooke? Terminad la frase.

Os recuerdo que estáis hablando de mi sobrina.

Sir Guillonk, no entiendo la razón de su resentimiento.

Únicamente quise decir, o evidentemente

el soldado ha visto mal.

¡Ahorcarle, lleváosle!

¡Escuchadme! ¡Soy inocente!

¡Soy inocente! Eh.

¿Quería usted decirme algo?

Sí, quiero deciros algo.

Calmaos, por favor.

No me gustan vuestros sistemas, no me gusta vuestra gente,

no me agradáis vos.

A pesar de todo os aconsejo que me aceptéis tal como soy,

porque yo soy el gobernador.

No solamente explotáis a este país, sino que no tutelais

los intereses, ni la vida de los ciudadanos británicos.

No os entiendo.

El capitán Rosenthal ha osado ordenar a sus hombres disparar

aun estando allí mi sobrina que vive de milagro.

Cuando un simple cambio...

El capitán Rosenthal es el mejor de mis oficiales

y no consiento que se ponga en duda su conducta,

y menos por una mujer.

Exijo que sea juzgado por un tribunal militar.

¿Qué queréis decir?

Ante vos, lord James Brooke, en su función de gobernador de Borneo,

yo, sir Gilbert Guillonk, coronel de la reserva,

inspector de la Compañía de Indias, en persona y, como tutor

de mi sobrina Marianna Guillonk,

denuncio al capitán William Rosenthal

del ejército de su majestad británica...

-Mediando actos criminales por haber atentado contra mi sobrina

Marianna Guillonk,

ordenando a su batallón disparar contra la misma con el fin

de capturar a unos rebeldes.

En segundo lugar denuncio al capitán por haber ordenado

la matanza de la familia del príncipe Sandokán de Sarawak

en la noche del 15 al 16 octubre del año 1859 en la residencia

veraniega del marajá de Sarawak, príncipe Varauni

habiendo sido este último mandatario y el susodicho Rosenthal responsable

del delito citado.

Pido que se convoque el Consejo de Guerra

para que una vez escuchados los hechos,

se dicte justa sentencia.

Firmado, sir Gilbert Guillock, que Dios salve a la reina.

El Consejo de Guerra, oídos la falta de fundamentos

de estas acusaciones, exime de toda culpa

al capitán William Rosenthal.

Condena al mismo tiempo por calumnia a la parte acusadora,

sir Gilbert y miss Marianna Guillonk.

Por lo tanto ordena que el susodicho, Gilbert Guillonk,

sea desposeído de todo título

y graduación y sea internado con su sobrina en la residencia

vigilada de Villa Appleton por legítima sospecha

por connivencia con las fuerzas rebeldes.

En espera de un procesosumario cuya fecha se determinará.

Dios salve a la reina.

Caballeros.

Rosenthal,

mi sincera enhorabuena.

Gracias, mi lord.

¡Sandokán! ¡Sandokán!

Noticias de Victoria.

Acaba de llegar un mensajero.

Hazle entrar enseguida.

Dos mensajes. ¿Algo más?

Sí, Giro Batol ha sido capturado.

Lo libertaremos.

Dadle de comer y que descanse.

Lee.

El Gran Brahman comunica que todo está dispuesto,

a la señal convenida dayakos y bengalíes atacarán

el fuerte Williams.

El otro.

Ayudadme, señor. Tengo razones para temer por mi vida

y por la de mi tío, estamos presos en la Villa Appleton

en las afueras de Victoria. Si alguna vez habéis pensado

en mí como yo pensando en vos os suplico que hagáis

algo por vuestra infeliz Marianna Guillonk.

No lo creo, me huele a trampa desde muchas leguas.

Iremos a Villa Appleton.

Nos reuniremos en la jungla, cerca de la cabaña.

¡Andando!

-Dejadme, ¿qué queréis de mí?

Dejadme. Soy un oficial inglés, cobardes.

¡Soltadme!

Un mensajero, ¿eh?

¿A ver qué llevas?

Se ordena al capitán Roshental el traslado de los prisioneros

al fuerte.

¿A dónde ibas?

¡Vamos, habla!

¡Habla, miserable o será peor para ti!

Encárgate de él, Kammamuri.

Sí, Sandokán.

-Hablaré.

(Trompetas)

Soy el teniente Goldbride, traigo un mensaje urgente

para el capitán Rosenthal.

Llévame hasta él.

A sus órdenes.

-Adelante.

-Mi capitán, el teniente... Teniente Goldbride.

Traigo un mensaje para usted.

Démelo.

Sargento. -Señor.

-El primer pelotón y el tercero que salgan para Fort Williams.

-A sus órdenes.

-¿Oporto o ginebra teniente? ¿Cómo dijo?

Goldbride, señor. Oporto, gracias.

¿Goldbride? No he oído hablar de usted, juraría que no le conozco.

Y no me conoce, señor, he venido trasladado

de Calcuta hace una semana.

Estaba usted en Calcuta.

¿Conocía al mayor Right? ¿Quién no conoce al mayor?

Fue compañero mío de academia. Un buen soldado.

Y un verdadero caballero. ¿Caballero?

En sentido irónico naturalmente.

Ya lo creo, viejo zorro.

A su salud, teniente. A la suya, señor.

¿Quién va?

Perdone, ¿hasta cuando tiene que estar aquí de guardia?

Hasta la medianoche.

Muy bien, mantenga los ojos abiertos.

Sí, señor.

Centinela. Sí, señor.

Voy a dar un paseo, abre. A sus órdenes.

¿Cuál es la contraseña? El amanecer está próximo.

Enseguida vuelvo. Bien, señor.

-¿Qué sabes de Giro Batol?

-No sé nada de qué que está prisionero de los ingleses.

Vete.

¿Qué noticias hay de Victoria?

Al salir el sol los dayakos atacarán Fort Williams.

Solo esperan una orden tuya.

(Ulula)

Volaremos la puerta, será la señal.

¡Es él, Yáñez!

¿Qué hay? El mensaje era auténtico.

Miss Guillonk y su tío se encuentran en Villa Appleton bajo vigilancia.

Si atacamos la villa, ¿qué posibilidades tenemos de éxito?

Esta noche, todas.

¿Cómo todas?

Retoqué el mensaje, y dos pelotones han marchado a Fort Williams

en busca de los dayakos solo quedan unos pocos hombres

y el teniente Yáñez, perdón, Goldbride que se encargará

de abrir la puerta.

¿Y Rosenthal?

Estará a tu completa merced.

Andando, salimos inmediatamente para Villa Appelton.

¿Quién es?

¿Usted?

Salga de aquí.

Márchese.

¿Qué quieres de mí?

Probablemente esta es nuestra última noche

bajo el mismo techo. Salga.

No, sin que hayamos hablado.

Pronto empezará el juicio contra su tío y contra usted.

Espero la orden para llevarles a los calabozos de Fort Williams.

No tengo ningún rencor contra usted.

Es joven, rica, elegante. Todo podría resolverse

como una pompa de jabón.

¿Qué quiere decir?

El tribunal sería muy indulgente si demostrásemos que

su alocada denuncia fue por celos, peleas de enamorados.

No le comprendo. Es fácil, cásese conmigo.

A una bella mujer yo sé perdonarle todo.

¡Abrid, soy el teniente Goldbride!

Contraseña.

El amanecer está próximo.

¡Socorro!

Defiéndete, cobarde.

Ahora estamos iguales.

¡Ah!

¡Ah!

Quieto.

Príncipe Sandokán.

(LLORA)

Sandokán.

¡Sandokán!

¡Sandokán!

Iré yo sola al fuerte.

Hablaré con lord Brooke. Tenemos que evitar una matanza.

No, no es posible. No hay tiempo que perder.

En Fort Williams, Tremal Naik espera mi señal.

Ya estamos decididos a todo.

Giro Batol...

A Fort Williams, ¡al galope!

¡Desmontad! Dejaremos aquí los caballos.

Tremal Naik, la dinamita.

Kammamuri. Sí, Sandokán.

Te confío a miss Guillonk.

Los dayakos ya han dado a los ingleses una buena lección.

¡Venid!

Señor, dos pelotones han sido aniquilados.

¿Alguna noticia del capitán Rosenthal?

Ninguna, señor. Reforzad la guardia

y que todos los hombres estén preparados.

A la orden.

-¡Los dayakos atacan el fuerte! ¡Toca zafarrancho de combate!

(TOCA ZAFARRANCHO DE COMBATE)

Son los rebeldes. ¡Abrid fuego!

(Disparos)

(DOLORIDO) ¡Ah!

(Cañonazos)

¡Yáñez! Que coloquen las cargas de dinamita en la puerta.

¡Ahora!

(Disparos y cañonazos)

(GRITAN)

(Disparos y cañonazos)

Tenemos que apoderarnos del cañón.

(Bullicio)

¡Ah!

¡Miss Guillonk! ¡Miss Guillonk!

Quiero evitar esta matanza. Voy a ver a lord Brooke.

¡No, deténgase!

(Disparos y cañonazos)

¡Ah!

(Disparos y cañonazos)

¡Ah!

(FORCEJEAN)

(FORCEJEAN)

¡Conmigo, dayakos, seguidme!

(Gritos y disparos)

Llame al Maharaja Varauni. No le hemos encontrado, señor.

Que se replieguen todos alrededor del puesto de mando.

Deprisa.

(Disparos)

(GRITA DOLORIDO)

(Gritos y disparos)

(DOLORIDO) ¡Ah!

Venga conmigo. ¡No! ¡No!

(Gritos y disparos)

(FORCEJEA) ¡No!

(GRITA) ¡No!

(Cañonazos)

¡Ah!

¡Quieto!

Yo te condeno, James Brooke, según el derecho de gentes.

No, no disparéis. Me rindo.

¡Atadle!

(GRITAN) ¡Libres, libres, libres!

(GRITAN VICTORIOSOS)

(GRITAN) ¡Libres, libres, libres!

(MALHERIDO)

-¡Muerte a los ingleses!

-¡Viva la libertad!

(MALHERIDO)

¡Viva Sandokán!

Busca a miss Guillonk. Sandokán, mira Kammamuri.

¡Kammamuri!

(MALHERIDO) Miss Guillonk, Varauni. ¿Dónde han ido?

(MALHERIDO) Las cocinas, las cuadras.

Ha huido con ella. ¿A dónde?

(MALHERIDO) No lo sé.

¡Ah!

¡Seguidle!

¡Ah!

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