All language subtitles for Mary Magdalene.2018.BRRip.AC3.X264-CMRG

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Original subtitles

Y ella le preguntó:

"¿Cómo será?

El Reino".

Y él dijo:

"Es como una semilla.

Un sólo grano de mostaza...

que una mujer tomó y sembró en su huerto.

Y creció y creció.

Y las aves del cielo anidaron en sus ramas...

JUDEA, 33 E.C.

EL IMPERIO ROMANO HA NOMBRADO A UN DIRIGENTE TÍTERE,

HERODES ANTIPAS, PARA GOBERNAR AL PUEBLO JUDÍO.

LA PAZ ES FRÁGIL. LA SEDICIÓN CRECE.

COMO PROFETIZARON LAS ESCRITURAS,

EL PUEBLO ESPERA AL MESÍAS QUE PONDRÁ FIN AL DOMINIO ROMANO...

Y DARÁ PASO AL REINO DE DIOS EN LA TIERRA.

¡María!

¡María!

¡María!

María.

Debes decírselo. No puede cortarla.

- No hay tiempo. - No la cortes.

Tiene que empujar.

No sirve de nada. El bebé no puede salir.

Debes hallar la forma.

Puedo intentar abrirla más,

pero debe estar totalmente quieta.

Ay, no.

¡No!

- Lea. - ¡No!

- Lea. - ¡No!

- ¡No! - Mírame. Lea, mírame.

Mírame.

Debes estar quieta.

- Me hará daño. - Sí.

Sí, pero sólo un momento para que el bebé pueda salir.

Puedes soportarlo. Sé que puedes.

Mírame.

Mírame.

Yo estaré a tu lado. No te soltaré.

Estoy aquí.

¿Puedes quedarte quieta?

Sí.

Sí.

Raquel, ven.

Sujétale los hombros.

Gracias. Sujétala fuerte.

- Que no levante la pierna. - Mírame.

Mírame.

Todo saldrá bien.

Mantenla quieta.

Otra vez.

Hermano, qué niño tan hermoso.

Precioso.

Felicidades, Aarón.

Gracias, José.

¿Cómo está ella?

María la ha ayudado.

Según la partera es innato en ella.

¿No lo es en todas?

Deben estar orgullosos de su hermana.

"Alzo mis ojos a las montañas".

"¿De dónde vendrá mi auxilio?"

Efraín cenará mañana con nosotros.

Ya lo conoces.

Conocía a su esposa.

Es un buen hombre.

Sus hijos necesitan una madre.

Ha preguntado por ti.

Tú me necesitas.

A Dios le complacería que fueras madre.

Y a mí también.

¿José va otra vez a oír hablar a ese hombre?

Esta semana ha ido cada día.

Qué suerte tener tanto tiempo libre.

Vas a estar preciosa.

Es muy espaciosa. Y cálida.

Nuestra casa es tuya, Efraín.

Suficiente para la familia.

Ven. Déjalos aquí.

Sí, estupendo.

Me alegra recibirte aquí por fin, Efraín.

Tienes una hermosa familia, Eliseo.

- Niños, vengan a conocer a Efraín. Vamos. - Hola, Efraín.

Este sanador es diferente.

Por lo que hace, por lo que dice.

¿De qué ha hablado?

De un mundo nuevo.

Un mundo justo, libre de tiranía.

Un Reino sagrado.

Le ví curar a un hombre junto al faro.

Ese del mercado que siempre grita.

Dicen que intentaron sacarle al demonio.

¿Entonces qué es, un profeta?

Estaba con el Bautista.

¿En el Jordán?

Juan el Bautista era un verdadero profeta.

Tú siempre lo has dicho. Por eso Herodes lo mató.

Ya es suficiente.

¿Por qué no podemos hablar?

Porque son malos tiempos para bautistas.

O para profetas.

O para rumores, de hecho.

Deben engendrar muchos hijos, Efraín.

Que los ángeles brillen sobre ustedes dos.

Quizá podríamos viajar juntos por la Pascua.

Yo visito Jerusalén siempre que puedo.

¿María? ¿Dónde estás?

¡María!

¡María!

¿María?

¿María?

María...

Dime cómo ayudarte.

¡Avisa a su padre y a Daniel!

María.

María, dime cómo ayudarte.

María.

¡María!

¡Vergüenza!

Has avergonzado a la familia.

¿Qué creías que hacías?

Necesitaba orar.

Para decidir.

¿Decidir?

Escucha.

Oras durante el servicio, con las demás mujeres.

Oras en casa con tu familia.

¡Pero no corres en plena noche como una loca errante!

No puedo casarme. No estoy hecha para esa vida.

¿Y para qué estás hecha, entonces?

¿Quieres que te vende los pechos?

Y te afeite la cabeza...

para convertirte en hombre?

Así podrás orar cuando quieras.

Manchas la memoria de nuestra madre.

Esta vez te vas a casar.

La has consentido demasiado, padre.

María.

María.

Levántate.

¿Qué ocurre?

Padre te espera.

Queremos enseñarte algo.

Daniel.

¡Daniel!

¿Qué sucede?

Vuelve a dormir.

¿Adónde la llevas?

¡Daniel!

¿Madre?

No pasa nada.

Todo saldrá bien, María.

No tengas miedo.

¿Qué hacés?

Hay algo antinatural en ti.

¿Padre?

Abandónala y vete de aquí.

¿Padre?

Silencio, silencio, silencio.

Este no es tu sitio.

¡Basta! Padre.

Sal, demonio. Sal, demonio.

¡Fuera!

Sal y vete.

¡Estate quieta! Quieta.

¡No!

Abandónala y vete de aquí.

Silencio, silencio, silencio.

¡Fuera!

¡Daniel!

¡Déjala en paz!

- ¡Padre! - ¡Déjala!

Déjala en paz.

¡Basta!

¡Basta!

María.

Padre.

Por favor.

Déjame traer al sanador.

Sí.

No habla conmigo.

Ya no la reconozco.

La veré a solas.

Tu familia dice que luchas contra el demonio.

Si está dentro de mí, siempre ha estado ahí.

Ojalá hubiera un demonio.

¿Porqué?

¿Qué temes de ti misma?

Mis pensamientos.

Mis anhelos. Mi desdicha.

Temo avergonzar a mi familia.

Y les avergüenzo.

No soy como debería de ser.

¿Qué es lo que anhelas?

No estoy segura.

Conocer a Dios.

Sin embargo, has sentido la presencia de Dios.

A veces, en la quietud, creo que la siento.

Siempre ha estado ahí.

Lo único que necesita es tu fe.

Aquí no hay demonios.

Ahora descansa.

Descansa en la luz.

Eliseo irá hoy a ver a Efraín.

Cree que la boda aún es posible.

¡Acompáñennos!

- ¡Vengan! - ¡Ven, hermano!

- María. - ¡Acompáñennos!

¡María!

¡María!

Todos ustedes están en el umbral.

¿Temen que jamás alcanzaran el Reino?

¿Qué Reino? ¿El Reino de Herodes?

¡Anda en compañía de pecadores!

Saben tan bien como yo que sólo hay un Reino verdadero.

Y es el de Dios.

Y el Reino de Dios está echando raíces.

Así que debemos prepararnos.

Deben lavar las manchas...

de su corrupción...

y volver a nacer.

Como niños.

He estado escondido demasiado tiempo.

Ahora se esconden ustedes.

Todos y cada uno.

Tras la apariencia de su fe.

Recitan sus cánticos...

y ofrecen sus sacrificios...

como si sus corazones y sus espíritus,

su servicio a Dios fuera, ¿qué?

Y después regresan a sus vidas y hacen lo que les place.

Lo que les conviene.

Lo que hace que sus días en esta tierra pasen con facilidad.

Como soñadores.

Pero despierta, Magdala.

Abre los ojos.

Mira a la gente...

de Galilea y Judea...

sufriendo,

¡pidiendo ayuda, piedad, justicia!

Mira las cruces en los montes de Jerusalén.

¡Culpa de los romanos!

La Ciudad Santa está presa de los chacales romanos.

Jerusalén está perdida.

¿Quién nos liberará?

¿Pueden apresar su fe?

Escuchen.

En el silencio.

¿Hay algo?

¿Que los llama?

¿Tienen valor?

¿Para seguir lo que oyen?

¿Se adecuarán a la voluntad de Dios?

Hasta que todo acto de amor,

toda intención de ayudar y todo aliento vayan unidos?

Eso es la fe.

Y esa fe...

los hará alimentar a los que sufren, para aliviar su dolor.

Y es esa fe,

su fe,

la que los conducirá al Reino de Dios.

Vengan. Ven, Magdala.

Vengan al agua.

- ¡Vengan, hermanos! - ¡Vuelvan a nacer!

¡Acompáñennos!

Yo te bautizo con agua para tu conversión.

En la luz de Dios, vuelto a nacer.

Siendo lo que somos,

que podamos llegar a ser semejantes a él.

¡Ven, hermano!

¡Vengan con nosotros!

Ven, hermano.

¡Alabado sea Dios!

- Vuelvan a nacer. - Acompáñennos.

Vengan, Jesús está aquí.

El Reino se acerca.

Yo te bautizo para tu conversión, en la luz de Dios, vuelto a nacer.

- ¡Acompáñennos! - Que podamos llegar a ser semejantes a él.

- ¡Alabado sea Dios! - ¡Ven, hermano!

Yo te bautizo para tu conversión, en la luz de Dios, vuelto a nacer.

Nada le hemos dado.

¡Miren, puede ver!

- ¡Puede ver! - ¡Alabado sea Dios!

¡El gran profeta está entre nosotros!

Es el Bautista.

¡El Bautista resucitado!

¡Dios obra a través de él!

- Tengan paciencia. - No empujen.

Apártense. No empujen.

Tengan paciencia.

- Por favor, no empujen. - Atrás.

Por favor, tengan calma.

Por favor, no empujen.

¡Apártense!

Por favor, tengan paciencia. No empujen, por favor.

¡El profeta del Diablo!

¡Es obra del Diablo!

¡El profeta del Diablo!

¡Regocíjense!

¡Pues el Reino de Dios se acerca!

¡Son demasiados!

¡Regocíjense!

Vengan, hermanos. ¡Vuelvan a nacer!

¡No empujen!

Mantengan la calma.

¡Pedro!

¡Pedro!

- Rabí. - ¡No empujen!

Rabí. Vuelve con nosotros. Vuelve.

- Paciencia. - No empujen.

Apártate, mujer. Apártate.

Cálmense. Tengan paciencia. No empujen.

Por favor, paciencia.

¡Andrés, contenlos!

Dejen de empujar.

¡Es el profeta del Diablo!

El Rabí se marcha hoy.

Tantos hombres con él, María.

Te perderás.

Aquí estoy perdida.

Somos tu familia.

Ningún hombre te tocará.

Daniel no aceptará que vuelvas.

Jamás.

Por favor.

No puedo.

¡Daniel!

¡Daniel!

¡María!

¡María!

¿Qué tienes, hermana?

¿Qué le has dicho?

¿Qué le has prometido?

Soy su padre.

Su sitio está conmigo.

No hemos pedido nada a tu hija.

Pedro.

¿Separarías a una hija de su padre?

¿Es la voluntad de Dios?

A las hijas de los padres,

a los hijos de las madres.

¿Qué harás con ella?

Ella le seguirá.

Como nosotros.

- Vete de aquí, María. - No sigas.

He dicho que te vayas.

- ¡María! - ¡Atrás!

¡Daniel!

Atrás.

¿Qué hace?

- ¡María! - ¡Daniel, no!

- ¡Daniel! - ¡María!

- ¡María, vuelve! - ¡Basta!

- ¡No! - Cálmate.

No hagas eso.

¿Cómo puede ser voluntad de Dios?

Ningún hombre puede decidir eso. ¡Ninguno!

Cálmate, por favor.

Yo te bautizo con agua para purificarte.

Yo te bautizo con luz y con fuego.

Yo te bautizo para que vuelvas a nacer,

despierta...

y lista para el día que vendrá.

Dividirá a nuestra comunidad.

Debemos acogerla.

¿Por qué no puede seguirlo?

La gente nos juzgará.

No mires.

Así es más fácil.

Está hablando con los ángeles.

Esta noche descansaremos aquí.

El hijo pequeño de Pedro se sentaba a los pies del Rabí y cantaba.

Era todo dulzura.

Creo que dejarle le partió el corazón a Pedro.

¿Tú tienes hijos?

Uno.

Una niña. Ester.

¿Y dónde está ahora?

Bajo tierra.

Donde vivíamos, en el monte, hubo una gran sequía.

Apenas había grano.

Aun así, Herodes envió a sus recaudadores por su parte.

Cuando yo me negué, vino un Oficial romano...

y tuve que entregar toda mi cosecha.

Mi esposa estaba encinta.

No tuvo fuerzas para combatir el hambre.

Lo siento.

El Reino va a llegar, María.

Pronto. Puedo esperar.

Puedo tener paciencia para eso.

Cuando nuestros amados muertos resuciten y caminen entre nosotros,

completamente sanos.

Se nos ha prometido, María.

En el Reino volveré a ver a mi familia.

Lo de la muchedumbre ha sido peligroso.

Se ha puesto en peligro.

No podemos permitirnos un tumulto así.

Los ángeles obraban con él.

Lo viste. Dios estaba con él.

Es por los milagros.

¿Qué? ¿Los cuestionas?

Por supuesto que no, Judas.

Miren, queremos que la gente se una, se levante.

Lentamente difundimos la palabra.

Crecemos en número, y entonces...

Una vez seguros de nuestro apoyo...

Jerusalén.

La Pascua.

Ahí es donde empieza.

Nunca he oído al Rabí hablar de ese plan.

Él no debería tener que hablar.

Porque no lo necesita, Pedro.

A él le basta con decir una palabra,

alzar la mano y las aguas se abrirán,

los palacios romanos se derrumbarán y lloverá sangre sobre los opresores.

Diseñaremos una estrategia.

Una estrategia común.

Sólo una palabra de sedición para los romanos, Pedro...

¿Cuántos anunciaron la llegada del Reino?

¿Y acabaron sus días en el Cadalso?

¿O en la cruz, si alguien gritaba "Mesías"?

Para entonces el Reino de David ya habrá empezado.

No sabía que fuéramos soldados.

No, hermana.

Sólo somos un grupo de hombres.

Desarmados.

¿Y cuántos guardias, en Jerusalén...?

El profeta ha hablado de paz. Un Príncipe de la paz.

Quizá los que no llevan mucho tiempo con nosotros...

deberían guardarse sus consejos.

Todos deberíamos poder hablar aquí.

No nos corresponde juzgar.

Pero seremos juzgados.

Cuando eras más joven, ¿pensaste alguna vez?

Que si dejabas de mirar algo...

podría desaparecer?

Echaré de menos el lago.

Mis hermanos y yo jugábamos a ver cuánto aguantábamos bajo el agua.

Hasta qué profundidad podíamos nadar.

Adoraba estar ahí abajo.

Era como...

si no necesitara mi cuerpo, ni la tierra.

Y luego volvía a salir al aire, a la luz.

¿Se siente eso, al estar unido a Dios?

Nunca me han preguntado qué se siente.

¿Están discutiendo?

Hablaban como soldados.

- ¿Tú quieres ser soldado? - No.

Aunque no sé si lo que opine una mujer cuenta mucho, aquí.

¿Por qué lo dices?

Las mujeres de Magdala tenían mucho miedo.

Miedo a ser bautizadas con los hombres.

Y no pueden seguirte.

Perdóname.

CANÁ DE GALILEA

La Sinagoga está al otro lado de la ciudad.

Este no es lugar para hombres.

A no ser que pretenda lavar sus vestiduras.

Creo que quiere enseñar aquí.

Es Jesús.

¿Por ella?

María.

Está esperando. Mira.

¿Qué les enseño?

¿Debes enseñarnos cosas distintas que a los hombres?

Somos mujeres.

Nuestra vida no es nuestra.

Tu espíritu es tuyo.

Y sólo tú respondes de él.

Y tu espíritu es valioso para Dios.

Tanto como el de tu marido...

o el de tu padre.

¿Y a quién debemos obedecer?

¿Si Dios ordena una cosa?

Pero nuestros maridos o nuestros padres...

nos dicen otra?

Deben seguir a Dios.

¿Debemos desafiarlos y renunciar a nuestra vida?

Sí.

Y aunque los juzguen...

y los persigan,

deben perdonarlos.

¿Perdonarlos?

Hace un año,

una mujer de Caná.

Muchas la conocíamos.

Era joven.

Su marido la encontró con otro hombre...

y él y sus hermanos...

la arrastraron hasta el río y la violaron.

Y cuando acabaron...

la ahogaron.

En el juicio, antes de que los condenaran,

uno de ellos se arrepintió.

"Que Dios me perdone".

Pero yo no soy Dios, padre.

¿Qué se siente con tanto odio en el corazón?

¿Disminuye con el paso de los meses?

Penetra en todos tus días.

Y en tus noches.

Hasta que consume todo lo que una vez fuiste.

Esos hombres...

también estaban llenos de odio.

Tú eres fuerte, hermana.

Pero debes perdonar.

No hay otro modo de entrar en el Reino de Dios.

¿Se unirán a nosotros?

¿Volverán a nacer?

Yo te bautizo con agua.

Yo te bautizo con luz y con fuego.

Para que vuelvas a nacer, despierta y lista para el día que vendrá.

Yo te bautizo con agua.

Yo te bautizo con luz y con fuego.

Para que vuelvas a nacer, despierta y lista para el día que vendrá.

¡Judas, despierta!

- ¿Qué? - Santiago, el Rabí se marcha.

¿Qué ocurre?

- Vamos. - Rápido.

- María, ¿qué pasa? - ¿Dónde está?

Tú eres el sanador.

Oré para que vinieras, pero ya es tarde.

Ahora sé que eres el Hijo de Dios.

Y la gente lo proclamará a los cuatro vientos.

Lázaro.

Pedro, tenemos que volver a las montañas, deprisa.

¡Esto es lo que esperábamos!

¿Rabí?

La ví con tanta claridad.

Y ahora se está esfumando.

¿El qué?

Esta vida.

Puedo notar la sangre corriendo por tus venas.

Puedo ver luz en tus ojos.

Ahora estás aquí.

Yo estoy aquí.

Sigue aquí conmigo.

Pero el camino se adentra en la oscuridad.

Y yo lo recorreré contigo.

Jerusalén.

Vengan a Jerusalén. Acompáñennos.

Difundan la palabra.

Vengan con nosotros a Jerusalén.

Han ofrecido el don...

de su fe,

y su fe ilumina al mundo entero.

Así que les regalaré una oración.

Es la oración del Bautista.

Es la oración del humilde,

del manso...

y del pobre de espíritu.

Y de quien ansía conocer el verdadero Reino de Dios,

el Reino que será suyo en los días venideros.

María.

Ve a ellas mientras oran.

Bendícelas.

Sé mis manos.

Que el Señor esté contigo.

- Señor... - La Paz sea contigo.

Santificado sea tu nombre.

La Paz del Señor sea contigo.

La Paz sea contigo.

Venga tu Reino.

Danos hoy...

el pan de mañana.

La Paz del Señor sea contigo.

Y perdona nuestras deudas...

pues nosotros perdonamos a todos nuestros deudores.

Y no nos pongas a prueba.

La Paz sea contigo.

Amén.

Mesías.

Mesías.

¿Está empezando?

Manda a todos a predicar. A sanar.

A difundir el mensaje como si yo estuviera con ustedes, Pedro.

Llévate contigo sólo a María.

Sean mis apóstoles.

Sí.

¿Te dijo lo que vio?

Creo que era una visión de lo que se acerca.

El Reino.

Debemos reunir a más gente.

Jerusalén.

La Pascua.

Allí es donde lo empezará.

¿Cómo?

No le he preguntado.

Creo que tiene miedo de ir.

Teme lo que Dios pueda pedirle después.

Nuestro Rabí no teme a nada.

Me alegro de su humildad.

¿Sí?

En la aldea hay unos cientos de personas.

Buscaré dónde enseñar, mientras tú los reúnes.

Romanos.

Debemos tener cuidado.

Lo han destruido todo.

¿Dónde está la gente?

Todo el que ha podido, ha huido.

Por favor, Dios, líbranos.

- ¿Adónde vas? - Necesitan agua.

No podemos quedarnos.

¡María!

No hay remedio para esta gente.

No podemos hacer nada.

Debemos ir a otras ciudades.

¡María!

Debemos bautizar a quienes puedan seguirnos.

Él mismo nos...

¡Él mismo nos lo dijo!

María, debemos irnos.

Ha llegado su hora.

Toma al niño.

Ven, pequeño. Ven.

Ven. Tranquilo, pequeño.

Mírame.

Mírame.

Él te ve y te oye cada vez que cuidas de alguien.

Tú respondes a Dios con cada acto de amor.

No te vayas, pequeño. ¡No te vayas!

Mi hijo...

escondía mis herramientas en la arena.

Y de pronto...

él estaba allí.

Jesús de Nazaret.

Pronunció mi nombre.

Nada más.

Y fue como si todo...

lo que yo tenía en mi vida...

fuera como...

esos cuadros pintados en cristal.

Y él se convirtió...

en lo único real de este mundo.

Pero lo tuyo en la aldea.

Compasión.

Eso ha sido compasión.

CAMINO A JERUSALÉN

¿Quién es?

Su madre.

¿Te ha hecho venir?

¿Porqué?

¿Un hijo necesita motivos para preguntar por su madre?

Yo llamaba a mi madre por la noche.

Murió cuando yo era sólo una niña.

Me despertaba antes del alba...

y olvidaba que ya no estaba.

No entendía por qué no estaba allí.

Pero él te tiene a ti.

De pequeño venía a mí corriendo muy a menudo.

Siempre entendiendo mal las cosas.

Llorando de noche, porque sus amigos decían...

que tenía al Diablo adentro.

Yo lo amaba, pero...

nunca fue del todo mío.

Dios debe de haberte exigido mucho.

¿Y qué hay de lo que Dios te ha exigido a ti?

Dejar tu casa.

A tu familia.

Y amas a mi hijo, ¿verdad?

Entonces debes prepararte, como yo.

¿Para qué?

Para perderlo.

JERUSALÉN, FESTIVIDAD DE LA PASCUA

Rabí.

Cuando vean tus obras...

se alzarán.

Guíanos, Rabí.

Lleva a Jerusalén al Reino de Dios.

- ¡Acompáñennos! - ¡El gran profeta está entre nosotros!

Corran la voz. ¡Acompáñennos!

¡Jesús está aquí!

¡Acompáñennos!

¡Jesús de Nazaret está entre ustedes!

¡Acompáñennos!

- ¡Bienvenido! - Me alegra verlos.

Hemos corrido la voz.

¿Hablará hoy?

Tenemos un lugar oculto a los romanos.

¡Jesús de Nazaret está aquí!

¡Abran paso!

Ya viene Jesús.

Ha venido. ¡Ha venido!

- ¡Vengan! - ¡Jesús nos guiará!

¡Sígannos!

- ¡Jesús de Nazaret está aquí! - ¡Ya viene!

- ¡Jesús nos guiará! - ¡Jesús nos guiará!

¡Regocíjense!

El Templo.

¡Va directo al Templo!

Díganselo a todos. Díganselo a la gente.

Rabí.

Al Templo. ¡Acompáñennos!

María.

Va a traer el Reino desde el mismo Templo.

¡Nuestros amados muertos resucitarán!

¡Vengan!

Está empezando. ¡Esperen a su señal!

¡Jesús de Nazaret está aquí!

¡Nos lo envía Dios!

¡Nos lo envía Dios!

Los últimos milagros.

Y prodigios.

Una señal, enviada a ustedes.

¡Jesús de Nazaret está aquí!

Son las palabras de Dios.

Amados míos.

Yo acudo a ustedes.

¡Él ha dicho: "Yo los bautizaré con agua, pero él los bautizará con el Espíritu"!

Sigan a Jesús de Nazaret.

Sé que cada palabra que dice Jesús es la palabra de Dios.

Palabras de Dios.

¡Es la hora! ¡Es la hora!

¡Ester!

¡Sara!

¡Pronto vendrán!

¡Es la hora! ¡Es la hora!

Tú eres sacerdote aquí.

¿No está escrito?

¿Que "mi casa será una casa de oración para todos los pueblos"?

Como puedes ver.

Esto es un mercado.

Donde se compra el perdón de Dios con una paloma o un cordero.

La gente necesita hacer sus sacrificios, como ha hecho siempre.

Como Dios nos exige.

¿Y Dios exige que sea así?

¿Como la gente debe mostrar su arrepentimiento?

¿Con un giro de tu cuchillo en el altar?

¿Y un salmo para recitar a la salida?

¿Se ha alterado su corazón, cuando salen de aquí?

¿Están deseando cambiar de vida, renunciar a todo?

¿Y seguir a Dios?

¡Está loco!

¡El Reino de Dios no se compra, ni se vende!

¡Es la hora! ¡Es la hora!

- ¡Está destruyendo el Templo! - ¡Atrápenlo!

¡Rabí!

- ¡Está loco! - ¡No lo hagas!

Ni una sola piedra.

¡No quedará ni una sola piedra de este lugar!

¡Sin ser derribada!

¡Ya no pueden hacerle daño!

¡Nada de lo que hagan podrá afectarle!

¡Fuera!

- ¡Sáquenlo! - ¡No lo toquen!

- ¡Atrás! - ¡Sáquenlo! Llévenselo.

¡Dios te juzgará! ¡Los juzgará a todos!

¡Deprisa!

¡Rabí!

Nos vas a traer la ruina a todos.

¡Hazlo!

¡Rabí! ¡Empiézalo!

¡Empiézalo ya!

¡Rabí! ¡Debes empezarlo!

Era el momento perfecto. El momento perfecto.

¿Por qué no lo ha empezado?

¿Por qué no lo ha empezado?

Hermano, ven. Estás a salvo.

Ven. Bienvenida.

Bienvenido, hermano.

Hoy guardaremos la Pascua aquí.

¿Y mañana, hermano?

Lo volveremos a intentar.

- ¿Él ha dicho...? - No.

Por ahora le dejaremos descansar.

Luego quiere que lo acompañemos al monte,

para estar con Dios.

Pedro, actuemos mientras el ánimo esté alto.

Pero ahora nos perseguirán.

Tiene que actuar pronto. Lo está demorando.

Yo creo que habrá otro milagro. Alguna señal.

Muchos se han alzado en su apoyo.

El Reino va a llegar.

Te he visto curar a los enfermos.

Resucitar a los muertos.

Sé que con una palabra tuya, Dios volvería este mundo del revés.

Como nos dijeron los profetas.

Los pobres,

los que sufren,

los muertos,

nuestros amados muertos,

resucitarán...

y tú serás coronado Rey.

Dí la palabra.

Te lo hemos entregado todo.

Nuestras vidas,

nuestra esperanza.

Quizá lo hemos entendido mal.

Quizá el Reino no es...

¡No!

Nuestra fe es la que hace los milagros.

Nuestra creencia.

Díselo.

Dile que se equivoca.

Dile que se equivoca.

Judas.

Cuando el Bautista me ungió,

no hubo óleo sagrado,

ni ceremonia.

Y fue así.

Abre los ojos a la luz.

Ya ha empezado.

Ahora no lo pares.

No dejes que ellos lo paren.

Yo estaré contigo.

No me iré.

María.

Tú eres mi testigo.

Todo está preparado.

Den gracias al Señor,

pues aquí reside el bien.

Un amor que perdura para siempre.

Que Israel declare...

Que su amor es eterno.

Que la casa de Aarón declare...

Que su amor es eterno.

Que los que temen al Señor declaren...

Que su amor es eterno.

¿Qué ocurre, Rabí?

Sólo estoy triste porque debo abandonarlos.

¿Adónde vas?

Con Dios.

Ha visto algo.

Debemos llevárnoslo de aquí.

De vuelta a Caná, tal vez.

Por la fuerza, si hace falta.

Mateo tiene razón.

Ha visto algo.

Lo que pase ahora será lo que Dios le ha pedido.

Respetemos su decisión.

¿Aunque muera?

¿Algo de esto ha sucedido como esperaban?

Si no lo entendemos es porque escapa a nuestra comprensión.

¿Y dejamos, qué?

¿Qué nos abandone? ¿Qué muera?

Debemos confiar en él, Felipe.

Se ha ido a orar.

Deberíamos hacer igual.

Es un error.

Es un error.

- ¡Rabí, corre! - ¡Rabí!

- ¡Corre! - ¡Rabí, corre!

¡Corre!

¡Jesús de Nazaret!

¡No!

Lo estaba retrasando.

Tenía miedo.

Ahora tendrá que actuar para salvarse.

Se acabó la espera, María.

Hoy lo empezará.

Los justos resucitarán.

¿Qué has hecho?

Ya lo habrán condenado.

¡Rabí!

¡Rabí!

¡Por favor! ¡Es el Salvador!

¡Señor! ¡Salvador!

¿Adónde irás?

Con mi familia.

María.

- María. - Mateo.

¿Tú estabas con él?

Hasta el final.

Pedro, al despuntar el sol le he visto.

Estaba allí y...

Todo su dolor había desaparecido.

Un sueño.

No era un sueño. Él estaba allí.

María, él se nos ha ido.

Está muerto.

No se ha ido.

Ni la muerte puede retenerlo.

Hemos estado buscando un cambio en el mundo,

pero no es lo que creíamos.

El Reino está aquí ya.

Hemos fracasado. No hay ningún Reino.

¿Qué, que la gente se alzaría?

Que sería coronado Rey. ¿Él les dijo eso alguna vez?

María.

¿Lo viste? ¿De verdad?

Pero entonces, el Reino... ¿Cómo puede ser cierto?

Porque no es algo que podamos ver con nuestros ojos.

Está dentro de nosotros.

Sólo debemos abandonar la angustia y el rencor y volvernos niños,

como él dijo.

¿Qué quieres decir?

El Reino no puede crearse mediante el conflicto.

Ni con oposición, ni con destrucción.

Crece con nosotros, con cada acto de amor y de ayuda,

con nuestro perdón.

Tenemos el poder de levantar a la gente,

como hizo él, y seremos libres, como él.

A eso se refería.

Y seguíamos la senda de la revolución,

como si el Reino fuera a nacer entre llamas y sangre.

María.

¿Por qué ha acudido sólo a ti?

¿Por qué importa eso?

Porque tú dices que el Reino está aquí. Ya.

Y tras esa puerta no hay un mundo nuevo.

Ni el fin de la opresión.

Ni justicia para los pobres, para los que sufren.

¿Qué se siente con tanta cólera en el corazón?

¿Disminuye con el paso de los días?

Tenemos el poder de aliviar el sufrimiento.

Depende de nosotros.

Yo te creo, María.

Creo que le has visto.

Que ha acudido a ti.

Y era una señal.

De que regresará...

y traerá el Reino.

El verdadero Reino.

El mundo nuevo.

El mundo sólo cambiará cuando nosotros cambiemos.

No está bien que vengas ahora aquí...

a decirnos que te ha elegido antes a ti.

Y que te ha dado...

un mensaje especial.

Él nos reunió por lo que teníamos dentro.

Todos éramos valiosos. Éramos sus apóstoles.

Todo hombre de esta sala...

es su piedra.

Su Iglesia,

sobre la que él edificará...

su glorioso mundo nuevo.

Con un sólo propósito...

y un sólo mensaje.

Tu mensaje,

no el suyo.

Tú nos has debilitado, María.

Lo has debilitado a él.

Sólo puedo esperar que hayan oído lo que he dicho.

Y orar para que me vean como soy.

Yo los aprecio a todos como lo hacía él.

Son mis hermanos y les doy las gracias.

Pero no me quedaré aquí guardando silencio.

Me haré oír.

No pierdes el ánimo.

Ni siquiera ahora.

¿No preguntabas cómo sería?

¿El Reino?

Es como una semilla.

Un sólo grano de mostaza...

que una mujer tomó y sembró en su huerto.

Y creció...

y creció.

Y las aves del cielo anidaron en sus ramas.

Según los Evangelios cristianos,

María de Magdala estuvo presente tanto en la muerte como en el entierro de Jesús;

Y se la identifica como la primera testigo de Jesús resucitado.

En 591, el papa Gregorio afirmó que María de Magdala era una prostituta,

una idea falsa que ha prevalecido hasta hoy.

En 2016, María de Magdala fue identificada formalmente por el Vaticano...

como "Apóstol de los Apóstoles", su igual...

y la primera mensajera de Jesús resucitado.

Esta película está inspirada en la historia de María Magdalena.

La historia bíblica de María Magdalena se puede encontrar en los Evangelios.

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