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Original subtitles

¡Elisabeth!

Aquí estás.

Dile a tu hermana que su vestido es hermoso.

Y tu padre le rehúsa lo que merece.

Parezco una niña.

Sí, pero no por el vestido.

¿En serio Elisabeth, tienes que decirle eso a tu hermana?

No, tiene razón, en un día como hoy es mejor no decir nada.

¡Está llegando, el Capitán llega!

¡No puedo usar este vestido! ¡Ayúdenme a quitármelo!

¡Cuidado!

Borgoña, 1809

Señorita Beaugrand. - Capitán.

¿La puntualidad no es la primer virtud militar? - No, es la valentía.

Y no me falta, heme aquí frente a usted. - Qué distraída soy.

Le creía caballero, le descubro insolente.

Tengo más cualidades que ignora. - Eso espero Capitán.

Demasiados hombres piensan que una sonrisa es suficiente.

Demasiados, es cierto, perdón.

Señor Beaugrand.

Señora Beaugrand.

Pauline.

Inútil perder el tiempo con palabras vanas,

la finalidad de mi vista es sabida.

Señor Beaugrand vengo a pedir la mano de su hija Pauline.

Se la entregamos con mucho gusto.

¡Qué felicidad! ¡Qué felicidad!

Tenemos que acordar una fecha.

¡Capitán!

Le traigo una orden de misión.

Tiene que reunirse ahora con el 3er batallón que avanza hacia Austria.

Seque sus lágrimas, Pauline.

El Emperador aplastará a los austriacos y regresaremos de inmediato.

¿Me escribirá?

Diario, se lo prometo.

Y por supuesto el Capitán nunca escribió.

Pauline aguardó durante semanas, meses.

Esperando tener noticias de él.

En vano.

No tocó a nada.

Maldito sea, ese hombre malvado.

Está en el frente, tal vez está impedido.

¿Impedido? No.

Yo creo que la olvidó en cuanto salió de esta propiedad.

Es un seductor, esa es la verdad.

Un seductor.

Querida...

Buenos días.

Mi madre me pidió de...

Perdón, soy Nicolás.

Nicolás Bonvallet. Creo que es para su madre.

Buenos días.

Neumonía.

Dios mío.

Sea franco, doctor. - Todo dependerá de ella.

Si hay algo que la retenga, ella luchara. Si no...

Lo que hice esa noche, lo hice por ella.

Era una mala idea, una muy mala...

pero lo hice aun así.

¡Papá! ¡Mama!

¡Pauline recibió una carta!

Veamos...

"Querida Pauline..."

¡Querida Pauline!

"Desde..."

"Querida Pauline,

El tiempo ha pasado tan rápido.

Que seguramente creyó que olvidé mi promesa y con ella su hermosa cara.

Pero no hay nada más falso.

La culpable, la conoce. Es la guerra.

Me alegra que por fin haya encontrado un momento para escribirle.

Le escribo para decirle, querida Pauline, cuánto pienso en usted.

Y cuánto esos pensamientos me fortalecen,

incluso en la batalla.

Mis sentimientos para con usted son los mismos que el primer día.

Y sólo quiero una cosa: estar a su lado y verla sonreír,

feliz y saludable.

Imaginármela así me hace más feliz que cualquiera de nuestras victorias.

Viva, mi querida. Sea fuerte, feliz y bella.

Reciba mis recuerdos,

más tiernos y sinceros,

Charles-Grégoire Neuville."

Gracias.

Ese seductor me parece muy atento.

¡Eugénie, tráigame pluma y papel! Le contestaré ahora mismo.

Pero es imposible.

Perdón ¿Y por qué?

Este...

Porque no sabes en dónde está. - yo sí sé.

Hay que mandar la carta al cuartel general en París.

Ahí las manda mi hermana a mi sobrino. - Resuelto.

Bueno, salgan. Necesito privacidad para responder a mi novio.

Por supuesto mi querida. - Tus deseos son órdenes.

Mi padre me pidió un encargo a la ciudad. Llevaré la carta de Pauline en el camino.

Mi educación me obliga a censurar el contenido de esta carta,

en la cual descubrí en mi hermana, un talento insospechado...

para la prosa erótica.

Querida Pauline,

gracias por su amable carta...

Su felicidad y buen humor me animan, regreso

al combate, esperanzado en verle pronto.

"Y sí me queda sólo un deseo,

es el de encontrar a la joven de buena familia que conocí,

mi tierna, e inocente Pauline, de modales irreprochables."

Qué raro que lo dude...

¿No creen que es un poco distante?

Pues podrá preguntárselo en persona.

El Emperador firmó el armisticio, Está de regreso.

¿En serio?

Miren, es el titular.

Querida Pauline,

Me apena decirle que no regresaré de Austria con nuestras tropas triunfales.

Me encargaron una misión delicada y estrictamente confidencial,

por la que me encuentro camino a...

¿La India?

"Tengo que llegar a Pondicherry en la costa oriente de la India,

para mantener la seguridad de nuestros colonos,

acosados por los ingleses quienes disputan el territorio.

Como sabrá, no hago este viaje con el corazón satisfecho,

pero las órdenes son las órdenes...

y un soldado del Emperador debe acatarlas."

"Querida Pauline,

La vida en Pondicherry es tranquila y próspera..."

A veces fui demasiado lejos...

llevada por mi imaginación.

Al parecer el Capitán Neuville compró una plantación de tabaco.

Ah no, hace mucho que revendió las plantaciones,

y con beneficios de 20,000 francos.

Ahora tiene elefantes, todo un ganado.

"El tigre apareció de pronto, sembrando el pánico entre los cazadores.

Admito que tengo unos rasguños,

pero le garantizo que ahora

la bestia me sirve de tapete.

Pero esa noche, entendí que tenía que acabarlo.

Pauline, mi Pauline, al parecer mi suerte ha terminado...

"Hace varias semanas, en secreto, el enemigo estaba en la frontera.

Y nos atacó por sorpresa.

Las pérdidas son enormes.

Quedamos unos pocos atrincherados,

rodeados por 2,000 soldados que nos atacarán en las próximas horas.

Estoy herido.

Si esta carta llegara a usted, lo más probable es...

que yo ya no esté en este mundo.

En este momento trágico solo una cosa anima: tu felicidad.

No renuncie a su juventud.

Olvídeme y vea a su alrededor.

El futuro está muy cerca.

La guardo en mi corazón.

Hasta siempre."

Vamos, Querida.

Vayan a buscar las sales.

¡Eugénie!

Listo,

Adiós Capitán Neuville, bienvenido Nicolás.

Y todo terminó bien.

Bueno, casi.

Arnay-le-Duc, paramos una hora.

Apesta adentro.

Mi equipaje por favor.

Sírvame un vaso. - largo de aquí.

Deme un vaso, ¡tengo dinero! - ¡Largo de aquí!

Perdón.

Déjeme ayudarla.

No me toque.

Espere...

¿Nos conocemos? - No. ¡Suélteme!

¡No nos conocemos! - Claro que sí.

Beaugrand.

Para nada. - Usted es...

¡La mayor de los Beaugrand!

¡Es la mayor de los Beaugrand!

Cállese.

Cállese, cállese.

¿A dónde? - Venga.

Por ahí.

¿A dónde vamos? - Tranquilo.

Estoy feliz de verla.

¿Qué le pasó? - Un mal entendido, entré a la posada...

Eso no. Hace 3 años que se fue a Austria.

Ah sí, Austria. Un país bello, no muy acogedor.

No entiendo lo que dice.

No importa. ¿Tendrá dinero para arreglarme en la posada?

Mire, Capitán... - Ah no, eso se acabó. No más Capitán.

¿Dejó la milicia? - Si, pero sin avisarle.

¿Desertó?

Es un cobarde. Un traidor.

Sí, Eso.

Perdón, ¿tendrá algo para poder pagar?

Le daré dinero.

Pero no es para beberlo.

No, claro que no.

Tome, 20 francos.

100, échele 100. - Es usted un monstruo.

Tan sucio por dentro que por fuera. - Tiene razón.

Ponga 2 francos más para el peluquero. Y después me presentaré con su hermana

¿No lo cree, verdad? - Al contrario.

Me porté muy mal Héléne...

Pauline.

Imposible, Pauline está casada y es madre de 2 hijos.

Para ella usted está muerto. - ¿Pero cómo es eso?

No tenía noticias y concluyo que... - ¿Que?

Mejor iré de inmediato. - ¡No!

Fui yo quien se lo hizo creer.

Estaba a la deriva. Usted no se molestó en escribirle.

Entonces lo hice, me hice pasar por usted.

Le escribí unas cartas.

Y en la última, ¡ft!

Cuidado, Neuville,

Murió como un héroe. Toda la ciudad lo cree.

"En memoria del Capitán Charles-Gregoire Neuville,

héroe del imperio.

Que su espíritu y ejemplo inspiren por siempre a sus habitantes."

¿¡Ahora entiende el problema!?

Esa audacia, valentía y ese garbo...

Ese hombre extraordinario.

¿Quién?

Usted no, precisamente. - Ah ok.

Sería una lástima de arruinarlo todo.

¡Oh no! ¡Él no! - No, ellos no.

Él pagó su lugar como ustedes. Y viajará adentro como ustedes.

Es usted una buena persona. Elisabeth.

Lo siento por su vestido. - Adios Capitán.

¡Oh Dios mío!

No puede ser. - ¿Y ahora qué sucede?

Ha regresado.

¿Quién? - El capitán Neuville.

¿Lo han visto?

Fermín lo vio en la ciudad esta mañana.

Dijo que vendría pronto para presentar sus respetos al Sr. y a la Sra.

Dios mío, reclamará a Pauline.

¿Qué? - Ya está aquí.

¡Está llegando!

Dios mío. - No puede ser cierto.

Rápido, al salón.

¡Elisabeth!

No, hágalo esperar.

¿Cuánto tiempo? - No lo sé.

Cuente hasta cien.

86... 87... 88...

89... 90...

91... 92...

93... 94...

95... 96...

97... 98...

99... 100.

Señor Capitán tenga la bondad de seguirme.

Mis respetos señora. - Capitán.

Mis respetos señor. - Capitán.

Señorita Beaugrand.

- Capitán.

Capitán, ha pasado mucho tiempo

desde su última visita, y que Pauline...

Poco importa el tiempo, y heme aquí hoy.

Y mi honor me obliga a decirle que en cuanto a su hija Pauline

mi postura no ha cambiado.

Deseé su felicidad, y la deseo aún.

Por lo que estoy encantado de verla feliz,

como madre realizada y esposa satisfecha.

Capitán, es un placer volver a verle.

Para mí también.

¿Capitán, se queda a desayunar?

Si usted me lo propone. - No lo propongo, lo exijo.

Eugénie, diga a la cocina que tenemos un invitado.

¿Capitán, puedo mostrarle cómo el jardín ha cambiado en su ausencia?

Si insiste. - Insisto.

Teníamos un acuerdo, tenía que irse. - Y me fui.

Y regresó. - No, el antiguo Neuville se fue.

Está hablando con el nuevo Neuville.

¿Está loco, perdió la razón? - Al contrario, la encontré, por usted.

¿Qué quiere decir?

En la primer parada los viajeros se pusieron de acuerdo

para dejarme fuera de la posada.

Entonces en la paja del establo tuve todo el tiempo para reflexionar

y entendí.

Somos lo que el mundo hace de nosotros.

Me tratan como un vagabundo, soy un vagabundo.

Cuando soy bienvenido, Soy agradable y presentable.

No entiendo nada de lo que dice. - Es muy simple.

Afuera soy nadie, aquí, soy el Capitán Neuville.

No. Es todo menos el Capitán Neuville.

¿Y el monzón?

Háblenos del monzón.

El monzón...

Dicen que es todo un espectáculo. - Enorme.

Lluvias como nunca las han visto. El diluvio.

Rebaños enteros arrastrados por el agua.

¿Cuáles animales?

Perros, gatos, ratas...

¿Y Elefantes? - Sí.

Claro, elefantes, sí.

Una decena de elefantes. Arrastrados como plumas.

¿Ahí es cuando perdió su ganado?

Completamente decimado.

Pobres bestias.

Son animales tan, tan sensibles.

Y su memoria... ¡Su memoria de elefante!

Los sobrevivientes debieron tener recuerdos de ese día terrible.

Fue un momento...

Fue muy duro.

Muy difícil.

Nosotros también...

tuvimos tormentas horribles.

Fue en el invierno pasado.

Recuerdo que una vez, regresando, estaba empapado hecho sopa.

Sí, obvio.

¿Y el tabaco?

¿El tabaco?

Su plantación. ¿Cuál es su superficie?

Pues diría, una hectárea, una buena hectárea.

Pero el tabaco no es mi principal fuente de ingresos.

¿Ah no?

¿Y cuál es?

Los diamantes.

¿Diamantes?

Una mina que gané jugando cartas contra un marajá.

Diario extraigo un barril.

Un gran barril.

¡Fabuloso!

Oh sí.

Cuando sale, sale...

Capitán...

Arriesgando a ser inapropiada,

le quiero preguntar algo que todos deseamos saber.

Adelante.

¿Pues cómo sobrevivió?

Usted evidenció en su última carta una situación sin esperanza.

Sí, cuéntenos.

Cuéntenos, cómo pudo salir de ese callejón sin salida,

con su puñado de hombres, contra 2000 ingleses.

Sí, pero ¿no recibieron la carta donde les expliqué

cómo logré salir? - No. Claro que no.

Es por eso que todos lo dábamos por muerto.

Eso es típico de mi.

Ahora entiendo su inquietud.

Yo también reaccionaría igual en su lugar.

Este pollo está delicioso Señora Beaugrand.

¿Y, entonces?

¿Qué?

¿Pues cómo se escapó?

Imagino que lo ha contado mil veces,

pero concédanos ese capricho

Ardemos por saber todos los detalles.

Desgraciadamente los detalles se han borrado.

Perdí un poco de mi memoria por una lesión en la cabeza.

¿En dónde? - En la cabeza.

¿En qué parte de la cabeza?

Pues ya ve, eso tampoco lo recuerdo.

Increíble, Un agujero negro

¿No me dijo que se había atrincherado en el arsenal

y que se dijo que como último recurso

lo haría explotar todo?

Sí. Por supuesto. Tiene buena memoria.

Absolutamente. ¿Eso no se los conté?

N0. - Ahí sí, es mi culpa.

Claro que no.

Pero qué burro. Por supuesto.

Sí, no fue gran cosa.

¿Imagino que los ingleses hicieron todo para sacarlo?

Es correcto, Elisabeth.

>Todo. Lo hicieron todo.

Comenzaron por hambrearnos.

A la inglesa. Hambrearnos.

La mayoría de mis camaradas murieron así.

Como Capitán me obligué a mantener la esperanza.

Hasta que...

mi fogata se extinguió.

Entonces no podía reventar el arsenal.

Y entonces, estaba...

¿Perdido?

Perdido.

Estaba perdido.

Precisamente.

Completamente perdido.

Pero aprovechando la noche sin luna,

el Capitán pudo escabullirse ingeniosamente.

No.

¿No?

No, señorita Beaugrand.

Un soldado del Emperador no huye.

Y menos un Capitán de húsares.

Heme entonces frente a 2mil ingleses que cargan hacía mi.

Me quedan tres balas.

Sé que perdí de antemano,

Pero quiero morir como solado.

La horda avanza inexorablemente.

Estaban a 500 metros.

Recargo mi fusil,

los contemplo...

Están a 300 metros.

Apunto...

Están a tan sólo 100 metros.

Mi dedo toca el gatillo, y ahí...

¡ahí!

La caballería llegó.

Un regimiento de dragones. Prevenidos por no sé quién.

La caballería llegó...

¿Ese es el desenlace? - Sí.

Pues qué chafa.

¿Hubieras preferido que el capitán muriese?

No. pero honestamente parece una mala novela.

Es una mala novela, de acuerdo.

Pero es la historia de mi vida. Y no la escogemos.

Aquí el salón, y finalmente la oficina.

No es gran cosa, pero estará mejor que en la posada.

Me da mucha pena.

Pero si insiste... - Insisto.

Aprovecho que estamos solos

para preguntarle...

Es acerca de la mina.

¿La mina?

De diamantes.

Sí, por supuesto.

¿Me gustaría saber

si hay manera de...

en fin, si está dispuesto a...

contemplar la idea de que pueda...

invertir en ella?

En fin, pues no tengo...

Le aseguro que soy de entera confianza. - No lo dudo.

¿De qué clase de inversión estamos hablando?

¿Qué le parecen 50.000 francos?

Me parece que es un buen inicio.

Ni una palabra a nadie.

Sobre todo a Loiseau.

Es un buen amigo, pero en los negocios es...

No muy...

En fin, usted me entiende.

Bien, lo dejo instalarse.

Y recuerde, insisto,

está usted en su casa.

¿Te gusta el héroe, eh? - Oh sí. hueles a tigre.

Miren nada mas, la grande de los Beaugrand.

Días, Capitán.

¿Le interrumpo? - Para nada.

¿Qué puedo hacer por usted? - Irse.

¿Irme? - Sí. irse para siempre.

Me temo que no tengo contemplado.

Le aviso, si es una estrategia para sacarme más dinero, pierde su tiempo.

No. - 1000 francos.

¿Qué? - Mil si se va.

¿Y de dónde sacará esa suma?

No lo sé, la robaré si es necesario, lo que sea para ya no verlo más.

Me conmueve, pero no.

2000. Y es mi última palabra.

5000. Y ahí sí es mi última palabra.

Y la mía será no.

¿Rechaza irse por 5000 francos?

No soy tan vil como usted cree.

Su impostura no durará ni 2 días.

Será desenmascarado. - Y usted también por nuestros destinos.

Si caigo, caerá conmigo.

¿Y entonces?

"Viendo a los niños que la corriente arrastraba a lo lejos,

Y sólo con mis fuerzas me arrojé al mar..."

¿Qué?

Es absurdo. No sé nadar.

"Sorteando la tormenta salvé dos niños.

Pero, las olas cada vez más grandes arrastraron al tercero."

Espere, ¿Está diciendo que se ahogó? - Sí.

¿Dejé que un niño se ahogara?

No. Sólo que no alcanzó a salvarlo.

¿Por qué lo hizo, es horrible?

Para darle realismo, no puede salvarlos a todos.

¡Pero se trata de un niño!

Eso es lo que lo vuelve humano, sensible.

Sí claro, un indio más o menos, mientras yo quede bien.

Le estoy leyendo las cartas para que conozca su personaje.

Ese fue nuestro acuerdo.

Pero si es para criticar... - Adelante, prosiga.

"Con los niños encada brazo estaba yo mismo a punto de rendirme.

Por suerte una barca de pescadores pasaba por ahí."

Coincidentemente.

Una barca que se pasea en la tormenta...

¿Qué preferiría, un delfín una tortuga gigante?

Sólo digo que es demasiado fácil.

¿Fácil?

¿Fácil escribir una nueva historia cada semana con su respectivo desenlace?

Bueno ya, ¿Cómo se acaba?

Se salva, obviamente.

¿Quién?

El delfín.

No, el Capitán Neuville. - Sí, claro.

Pensé que hablaba del 3er niño. - No, él se ahogó.

Estoy seguro que lo hubiera salvado. - No, no sabe nadar.

Sí pero, yo no,

pero el Capitán Neuville sí.

"Querida Pauline, tras la tormenta hicimos escala en Madrás..."

en donde el calor asfixiante

volvía el aire tan espeso que se podía cortar con un cuchillo.

"Esa manera hindú de balancear la cabeza,

fue motivo de muchos malentendidos."

Cuando castigué a uno de mis sirvientes pensé que se burlaba.

¡Cuando en realidad me daba la razón!

Entonces cuanto más lo golpeaba, más balanceaba la cabeza.

Y más lo golpeaba, más balanceaba la cabeza.

"Con pudor extremo las mujeres se bañan en el río sin desvestirse..."

Pero cuando salen del agua,

Su saari se pega al cuerpo

dejando aparecer sus pequeños pezones al aire.

"El domingo después de misa..."

El domingo después de misa...

"Visité..." - ¡Sí, ya sé ya sé!

El domingo después de misa, visitó a los leprosos

para llevar a esas personas...

"A esas "pobres" personas..."

Claro que están pobres, son leprosos.

No, acentúa la lástima que inspiran.

Eso sí.

Y si dijera entonces "¿esos desafortunados?"

Es más preciso. - Si lo prefiere.

Es menos despectivo. - De acuerdo.

Hay un poco más... - Sí, dije de acuerdo.

Para llevar cuidados a esos desafortunados,

a pesar de su aspecto repulsivo, no son más que...

que...

¿humanos?

Sí, humanos.

Humanos ávidos de compasión y calor.

Y listo.

El espectáculo, siendo sinceros, no es para los sensibles.

Y sobrepasan los horrores que vi en la guerra.

Recuerdo mi torpeza en mi primer visita cuando...

saludando a un leproso, lo saludé de mano demasiado fuerte

¡que se despegó de su cuerpo!

Y él...

¿Qué está haciendo?

No, era una propuesta, pero tiene razón.

Lo haré simple.

Y es con enorme placer y orgullo

que acepto esta condecoración por mis numerosas hazañas.

Y también con gran humildad,

como saben, son las circunstancias que hacen a los héroes,

y no al revés.

Aprovecho para anunciarles una nueva:

el niño arrastrado por las olas fue encontrado a salvo,

salvado por una tortuga marina a la que se había agarrado.

¡Así es, todo pasa!

¡Gracias!

Pauline.

¿Y ahora qué? - Estoy cansado.

Regresa sin mi, yo iré más tarde.

Capitán. - Pauline

¿No cree que sea conveniente regresármelas?

¿Regresarle qué?

Mis cartas.

Desgraciadamente no lo puedo hacer.

¿Las destruyó?

Sí, preferí hacerlo.

Le parecieron muy...

Mis cartas, le parecieron muy...

"Muy" no, pero un poco...

No crea que hablaba a la ligera. Todo lo dicho estaba dispuesta a hacerlo.

No lo dudo. - Sí, veo que sí.

Estoy un poco cansada.

Voy a descansar arriba en un cuarto, la última al final del corredor.

Capitán ¿Tiene un segundo? - Claro que sí.

Sólo quería decirle que lo sé.

¿Qué sabe? - Lo que no debería saber.

La mina.

Dunoyer es simpático, pero no sabe guardar un secreto.

Y es un poco...

Sepa que soy más discreto que él. Y sobretodo...

mucho más generoso.

En ese caso hablemos mañana a mediodía, en casa.

Ahí estaré.

¿Una copa de champagne, señor?

Voy a tomar la botella.

No avance más.

Sé muy bien sus intenciones con esa cara y el champagne.

Pues ya he sido desenmascarado, lo reconozco.

Bien por usted.

Confieso que la buscaba.

Sí, la vi subir las escaleras

y se me vino una idea loca.

¿Y finalmente por qué no?

¿Por qué no encerrarnos en una de las recámaras

olvidar nuestras diferencias

y dejar que el champagne haga el resto?

¿Es un "no"? - No.

No, es un "no".

Es sólo que...

¿Sí?

Deje de mirarme así.

¿Por qué?

Me pone nerviosa.

¿En serio? - Sí, lo admito.

No sé si es desde su regreso

o si desde el inicio, pero...

me he resistido,

es tan claro, es usted...

¿Soy?

Es...

Es...

¡Un idiota!

¡Cuánta pretensión! ¡cuánta ingenuidad!

Pobre amigo,

¿Cómo pudo imaginar por un instante

que yo sucumbiría a sus dizque encantos.

Escúcheme bien Neuville.

Pauline está casada y el matrimonio es sagrado.

Así que déjela en paz.

Ah ya entendí.

De hecho, está celosa. - ¿Celosa?

Sí, celosa de su hermana.

Celosa... y sola.

¿Sabe por qué estoy sola? - No.

Porque es mi elección.

No, no estoy celosa. Estoy decepcionada.

¿Decepcionada? - Sí.

Está destruyendo mi obra.

Neuville que cree era fino y sutil.

Lo está caricaturizando. - Eso gusta, todos me quieren.

No todos.

Está bien. Pase una buena noche.

Sola.

Completamente sola.

¡Completamente sola!

Realmente sola.

¿Pauline? - ¿François?

¿Es usted Capitán?

Perdón esperaba a alguien más. - Yo también.

¿Quizás en otra ocasión?

Eh, no...

¡Ven!

Ven, apúrate.

¡Desde cuándo que deseo esto! - ¿Quiere al héroe verdad?

Espera.

¿Qué? - Primero háblame.

¿De qué?

De las mujeres, las otras que conociste en tus viajes.

¿Cómo eran? - Pues...

¿¡Eran mujeres de mala vida!?

¿Prostitutas? - Sí había.

¿Cómo eran, feas sucias? Descríbemelas.

Pues estaban feas y sucias.

¿Les faltaban dientes? - Sí.

¿Y eso te excitaba? - No.

¡Sí te excitaba!

¡Porque estabas desesperado! - Sí, eso.

Morir de placer antes de morir en la guerra.

¡Les clavabas tu sable! - completamente.

Trátame como a ellas. Como a una ramera.

Como esposa de un granjero en el campo. - Estoy tratando de...

¡Sé que están ahí

¡Salgan de ahí ahora!

¡Sé lo que están haciendo!

¡Pauline, no puedes hacer eso!

Hazlo. alócate.

¡Alócate!

No me gustan la cachetadas. - Entonces cachetéame.

Cachetéame.

¡Más fuerte!

¡Más fuerte! De a de veras.

Así. mira.

¡Sí, me gusta!

Lo merezco. Me porté muy mal.

Castígame.

Aráñame como un tigre. - ¿Pero qué tienen todas con los tigres?

Saca la bestia, sácala.

¡Voy a tirar la puerta!

Empiece sin mi. Regreso pronto.

Pauline, le diré a mamá.

Te lo ganaste, se lo diré.

A 3 tiro la puerta.

¡Uno... dos... tres!

¡Olé!

¡Imbécil!

Venga.

¡¿Firmamos la paz? - ¡¿La paz?

Ha ido demasiado lejos. ¡Desde ahora es la guerra!

No me asusta.

Se equivoca. Yo lo cree, lo puedo destruir.

Muy bien.

Listo, ahora está sola

y mojada.

¡Me las pagará!

Y en la oscuridad ¡Los ingleses se nos abalanzaron!

Una pelea feroz.

Mis camaradas caían como moscas y gritaban "¡Viva el Emperador!"

en un último aliento.

Los escucho aún.

Pensé entonces, que mi última hora había llegado.

Pero vi un muro.

Al que corrí para saltarlo,

para dominar la vista, la noche

para forzar al enemigo a exponerse.

Cortaba dedos, manos, brazos

¡y cabellos!

No me atraparan, perros ingleses no me atraparán

¡Este es nuestro combate! ¡Viva el imperio! ¡Viva Francia!

Perdón, Nicolás.

Olvidaron este abrigo en la caballeriza. ¿Es suyo?

No.

Pero creo que es el del Señor Neuville.

Tiene razón, perdón.

Elisabeth...

Es la escritura de Pauline.

Sí, mire...

¿Nicolás, qué sucede?

Es horrible.

Esta carta en la bolsa de Neuville.

¡Qué ofensa, qué infamia!

¿Nicolás qué va a hacer?

Cuando 2 ingleses tenían a la mujer y al niño

exigían que me rindiese.

Se imaginan mi dilema.

Aventé mi sable.

Ellos avanzaron con armas al frente.

Creí que mi última hora llegaba.

¿Otra vez?

Sí señora.

Y le digo que uno se acostumbra.

¡Qué te pasa Nicolás!

¡Este hombre es un hipócrita, un depredador!

¡Y un villano!

Contrario a lo que nos hizo creer, el sigue pensando en Pauline.

¡Se burló de nosotros!

¡Tengo la prueba en esta carta!

Que encontré en su abrigo escrito por Pauline.

Él lo mantiene en secreto en su corazón.

Qué nos está diciendo, Nicolás...

que esculcó las bolsas del Capitán?

Esperen, esto es un malentendido.

Esta carta sólo vale lo que un simple papel.

De hecho debería tener al reverso una lista de pendientes.

No, no hay lista, pero les aseguro que la carta es inocente.

Se las puedo incluso leer...

No, no puedo.

Suficiente, señor.

Les espero al amanecer en la pradera. Y como ofendido escogeré el arma.

Será la pistola.

Está loco.

Completamente loco.

Y esto no acaba.

Me equivoque con usted.

No está celosa de su hermana.

Pero sí de mi. - ¿De usted?

Totalmente, mírese.

Es derecha, seria, honesta y devota.

¿Y qué obtiene a cambio? Nada. Más le ignoran más le explotan.

Y yo que no soy moral ni ético,

por donde paso, siembro la alegría y felicidad.

Es normal que no aguante mi presencia.

Pero no me iré.

Y tendrá en su conciencia la muerte de ese joven que empujó...

¿¡Eso qué es!?

Escuche, Nicolás...

no es necesario llegar a esto.

¿No le parece una reacción un poco inmadura?

¿No será un poco susceptible?

No tenemos que llegar a esto.

Está claro que es ella.

Nicolás,

Tengo que ausentarme unos días.

Y muy a mi pesar, debo posponer nuestro duelo.

¿Quiere pelearse?

¡Pues ven!

No, no tengo miedo.

No, no es miedo, Nicolás. ¿Conoce el miedo?

Salte conmigo sobre la cama y disfrute este momento de felicidad.

Es la hora.

Sí. por supuesto. La espera.

¿Nicolas, le puedo hablar?

Te voy a reventar.

¿Me escuchas?

Te pondré una bala en la frente, morirás y quedarás como idiota.

Querías jugar al hombre, y demostrar que tenías bolas...

Lo entiendo.

Incluso me gusta.

Ahora te vas a disculpar.

Y le paramos antes de que esto acabe mal.

¿De acuerdo?

Escoja su arma, señor.

¿No hay otras?

Bueno ya, decídase señor.

Bueno. Tomaré este.

Y yo tomaré este otro.

No. Perdón. Tomaré mejor este.

Como el Sr. Bonvallet es el ofendido escogerá la modalidad del duelo.

Y decidió que caminen 10 pasos.

¿No son 12 o 15 pasos en el reglamento?

12.

Señores, tomen sus lugares.

Adelante, señores.

Alto, Neuville.

Hizo los 12 pasos.

Ah, había contado 11.

Sres, cuando diga "armen", armarán sus pistolas.

Cuando diga "disparen",

harán fuego.

¿Están listos?

¡Armen!

¡Paren!

¡Paren!

¡Se lo suplico, perdone a Nicolás!

¡Aléjate, Pauline!

Sí, aléjese, señorita.

Por favor.

Es cierto, ha sido mi ídolo.

Confieso que su regreso me preocupó.

Reconozco que me conmovió que mis cartas te hicieron algo.

Pero amo a Nicolás. Siempre ha estado a mi lado.

Como ve, es valiente.

Se lo suplico, no me lo arrebate.

No le haré ningún daño,

no se lo arrebataré.

Cálmese.

La idea de matarlo me atormentaba Sr.,

pero entristecer a Pauline, no lo puedo hacer.

Me veo obligado a renunciar al duelo.

¡Defiéndase señor!

Tonto, Nicolás.

Se razonable.

No, exijo reparación.

Estás viendo... - ¡Quiero limpiar mi honor!

¡Tu honor! - ¿Mi honor?

¡Pues es la primera vez que te preocupa!

¿Por qué?

¿Cuando ese mercader se me insinuó abiertamente ayer en el mercado?,

¿Pensaste en mi honor?

¿No veo de qué hablas? Sólo fue galante.

¿Galante?

¿Cuando tu madre me trata como doméstica, piensas en mi honor?

Respeta a mamá por favor. - ¿Y yo, me respetas?

¿Cuando roncas enseguida que te acuestas? - Tengo un problema nasal.

Cuando no te puedo contar lo que hice en el día. - Pero si no haces nada.

Cuando tengo que soportar tus botas asquerosas que llevas hasta la recamara.

¿Cuántas veces te pedí que las dejaras afuera?

¡Apestan! ¡Tus pies también! ¡Es asqueroso!

Deberías ver a un médico, no, mejor a un sepulturero.

¡Tus pies están muertos!

¿Qué?

¿Nicolás, me permite?

Sí, muy bien, explíquele Capitán.

Es testarudo.

Lo va a endurecer. Porque ahí también hay de qué hablar.

Y que si las hay.

De todas formas esto tiene que tronar. Todo tiene un límite.

Tiene que salir.

Y adelante, peléense, no me importa.

Te matarán y yo saldré adelante sola.

Y tu madre no podrá ver a los niños.

Eso te lo garantizo.

Bueno ya, es lo mejor.

¿Listo?

¿El señor termino su caprichito?

¿Tienes que decirme algo? ¿ ¡Quieres que te consuele!?

Ahora te callas.

Anda. vamos.

Regresamos a casa.

¡Así! ¡Más fuerte!

¡Eres un tigre!

¡Cachetéame!

¿Papa?

¿Mamá?

¡Ah, eres tú!

¿Qué están haciendo?

Lo mismo que todos, querida.

Invertimos. - ¿Invierten?

¿En qué?

En la mina de diamante de Neuville.

Trae todos los lingotes. - Ya no hay más.

Y los títulos de propiedad.

No es nuestra intención hablar mal del Sr. Loiseau o el Sr. Dunoyer.

Ambos son excelentes compañías.

Claro que sí.

Pero, en efecto son un poco, cómo decirlo...

Sí, cómo decirlo...

Digamos que tenemos una mejor propuesta.

Mucho mejor.

Pues sí los puedo aligerar...

Tenemos que hablar.

Estoy trabajando.

Serán solo 10 minutos. - En seguida regreso.

¡No, por ahí no!

Buen día Señora. - Buen día Señora.

Una amiga.

No. por ahí tampoco. - Buen día.

¿Entonces en dónde? - Sígame.

Sé lo que está planeando. Es un robo, así de simple

baje la voz.

¡Hablo fuerte si quiero!

Está robando el dinero de esas pobres personas.

Primero, no son pobres.

Y segundo son ellos que insisten en invertir en la mina.

Que no existe.

Que no existe. - Claro...

¿Pero cómo piensa zafarse de tal mentira?

Por eso, ¿me deja hablar? Ya lo pensé, y es sencillo.

No me toque.

Concebí un sistema, por decirlo, piramidal.

El primer inversionista me da su dinero y le reembolso con los 2 siguientes.

Que a su vez reembolso con los 4 siguientes,

y continúa así.

Con suficientes inversionistas podemos durar bastante tiempo.

Ingenioso. - Por eso le decía.

Sí es ingenioso.

Y los riesgos son limitados. - Claro, hay riesgos.

Sí hay riegos, pero es ingenioso.

Funciona.

Es ingenioso. - Sí. lo creo.

¡Pero es completamente inmoral!

Escúcheme Neuville,

No dejaré que robe a la mitad del pueblo, mi familia incluida,

así que será sencillo.

O lo confiesa todo, o soy yo quien lo hará.

Olvida el escándalo que...

¡Ni modo!

Bueno.

Iré mañana a ver a su familia.

¿Qué? - ¿Mañana?

Ya no confío en usted, Neuville.

Confesará ahora mismo.

Ahora mismo.

Aquí.

¿Puedo ir a buscar mi abrigo??

El Capitán Neuville está aquí.

Oh, Capitán qué sorpresa.

Siempre es un placer verle.

Siéntese con nosotros y disfrute este rico instante.

Gracias, Señora,

pero la razón de mi visita me impone permanecer de pie.

Cuánto misterio, Capitán.

Tengo un anuncio que hacerles.

Nos está asustando Capitán.

Diga, le escuchamos.

Sé que lo que escucharán sea una sorpresa,

casi un shock,

pero esta cosa la llevo dentro desde hace mucho tiempo

por lo que tengo que sacarlo ahora.

El afecto que le tengo a su familia,

fiel y sincero,

me conduce hoy a...

pedirle la mano de su hija Elisabeth.

Así nuestros lazos de amistad serán para siempre lazos familiares.

El bastardo. El bastardo.

El mentiroso.

El mentiroso.

¡El estafador!

¡estafador!

¡Impostor!

Hay que sacarlo de nuestra casa. ¡Él es el diablo!

¡Nos va a destruir y deshonrar! - Ya es suficiente, Elisabeth.

Mamá, escúcheme. Conozco sus intenciones.

¡Todo es falso!

¡Todo! Todo es inventado.

Los tigres, los viajes, las indias

La tortuga gigante,

los diamantes...

¡Todo es falso!

¡Todo eso soy yo!

Pero los diamantes no. Eso es él.

Yo no robo señor, eso no.

¡El malvado mentiroso! ¡El villano, la cruz!

Porque todo lo planea

Su cerebro maquina

Lo vi salir del carruaje.

¡Lo vi comiendo caballa cruda!

¡Así!

¡Caballa cruda! - ¡Suficiente!

Papá...

¡Vas demasiado lejos!

¡Ve a calmarte!

¡Ahora, desaparece, no te quiero ver!

Yo soy el Capitán Neuville... - ¡Ve a tu habitación!

¡Ve!

¡Ya estuvo bueno!

¡Yo soy el Capitán Neuville!

Estoy confundido...

Elisabeth siempre fue obstinada en lo que respecta al matrimonio.

Pero esto, va más allá.

No lo entiendo.

Además odio la caballa.

Señorita Elisabeth, le traje de comer.

No tengo hambre.

No ha comido desde ayer.

Señorita...

¿¡Qué son esos cañonazos!?

Es el regimiento de artillería del General Mortier-Duplessis.

Llegó ayer.

Al parecer hay cosacos en la región.

Capitán. es un placer.

Señorita Beaugrand. Igualmente. - Sígame por favor.

Señores. - Colega.

Querido amigo.

Capitán, ha llegado. Justo hablaba de usted al General.

General Mortier-Duplessis, el Capitán Neuville.

Capitán.

Cabe decir que su reputación le precede.

Es un honor...

"General".

General.

Discúlpeme.

¿Qué pretende? - Nada.

Sólo pensé que le gustaría hablar

con un auténtico veterano del ejército imperial.

Con quien sus fábulas no se sostendrán.

Su historia ha concluido, Capitán.

Historia de un hombre que pensó que su mentira prevalecería.

Está loca, completamente loca. Me van a fusilar.

No trate de asustarme, no servirá.

¿A no, y qué piensa que me harán? ¿Darme un coscorrón?

He desertado Elizabeth.

Será la Corte Marcial y el pelotón de ejecución.

No sabía, sólo quería...

¿Qué? ¿Castigarme? ¿Ganar?

Usted no gana, Yo pierdo.

Bien, ya todos estamos aquí,

Pasemos a la mesa.

Entonces Capitán, al parecer ha hecho honrado su uniforme.

Nada que lo impresione, General. - Vamos, Capitán.

No diga tonterías.

General, tiene frente a usted a un hombre

que enfrentó solo a 2000 ingleses.

¿2000?

Confieso no haberlos contado. Tal vez eran menos.

De todos modos, él hizo honor a Francia.

Así como en la campaña contra Austria, ¿no es así?

¿Estuvo en Austria?

Tengo un anuncio a darles.

General, queridos amigos,

queridos padres...

Quiero aprovechar esta ocasión para anunciarles que...

que decidí aceptar la propuesta de matrimonio del Capitán Neuville.

Felicidades.

¡Champagne!

Champagne para todos.

Y que vengan los músicos.

Vamos.

Pero dígame, Capitán,

Si hizo Austria, estuvo en Essling?

Sí, tuve el honor.

Vaya batalla.

Siempre me pregunté cómo le hizo el Emperador para salir de ahí.

Sí, yo también.

¿Disculpe?

¡Miren!

Han llegado y...

¡Música!

¡Adelante!

Venga, General.

A bailar, encabece el baile.

No, gracias.

Elisabeth, suficiente. Deje al general en paz.

Beaugrand, haga algo.

¡Ya estuvo bueno!

Elisabeth, ven por favor.

Increíble.

Siéntate.

Sepa que si decide ya no casarse

mi esposa y yo lo entenderemos.

Ahora, Capitán...

cuéntenos qué pasó en Essling.

¿Lo que pasó en Essling?

Era un día agradable.

El Emperador venía de ganar 4 batallas en 5 días.

Pero esa mañana, mientras cruzábamos el río,

el puente se derrumbó bajo nosotros.

Parte del ejército...

se vio aislada, atrapada.

Los austriacos instalaron su artillería y...

el Emperador dio la orden a la caballería atacar.

Nos lanzamos, orgullosos

inconscientes.

Pero los cañones austriacos dispararon antes de que llegáramos a ellos.

No sé cuánto tiempo duró la masacre.

Una hora...

Unos segundos...

No lo recuerdo claramente.

Un ruido ensordecedor.

El suelo que explota.

Jinetes lanzados al aire.

La cabeza de Joubert arrancada por una bala de cañón,

su cuerpo desarticulado continúa su loca carrera.

Mi caballo tropieza y cae.

Su sangre caliente me cubre la cara.

A mi lado un hombre que contempla sus vísceras.

Y otro hombre...

cuyo brazo se sostiene por una vena.

Eso.

300 hombres murieron así.

Bajo un diluvio de fuego y acero.

300 cuerpos reventados y esparcidos por todo el campo.

300 vidas extinguidas, en un instante.

General.

Por dios, es...

¿Cómo demonios pudo sobrevivir a tal carnicería?

Corriendo a toda velocidad.

Lo más lejos posible.

¡Corriendo a toda velocidad!

¡Muy buena!

Hace honor a su modestia. Capitán.

Nosotros los soldados, sabemos hacer la guerra pero para narrarla,

somos igual de torpes que unas niñas.

General...

Los cosacos han sido vistos a 5 minutos de aquí, al Este.

Demonios.

Preparen los cañones marchamos hacia el Este.

Señora,

Señor,

el deber me obliga a cortar el almuerzo,

y debo obedecerle.

En cuanto a los cosacos, no teman, serán mi postre.

Señoras, señores.

Lo siento.

¿Qué sucede? - Nada.

Pareciera que no le gusta. - Sí, claro.

Es muy...

O no muy...

No.

Es sólo que... cómo decirlo...

Me cuesta trabajo...

hacerme la idea que es tan...

¿Tan directo? - No.

¿Humano?

No.

¿Entero?

No. Cobarde.

Ah sí, eso sí.

Bueno...

Si no estamos hechos para ser amantes, ¿podríamos ser amigos?

No, amigos no.

Más bien socios.

¿Socios? - La mina de diamantes.

Pirámide.

Quiero un porcentaje.

¡Ah la perra!

Me encanta.

Bien, tengo muchos defectos pero no soy ingrato.

Y es por usted que estoy aquí.

Entonces, estoy dispuesto a cederle...

10%.

Quiero el 50%.

Claro que no. - ¿Por qué no?

Porque ganaría lo mismo que yo. - ¿Y?

Usted es mujer. - Ya no estamos en el medievo, es 1812.

Es tiempo de cambiar esos prejuicios.

Pero 50%...

49.

¿Estás seguro? ¿En dónde? - En el bosque.

¿Cuántos eran? - ¡Unos 50!

Dios mío. Capitán, ¡venga rápido!

Dios mío, los cosacos están cerca.

Él los ha visto.

¿Y el General? - Le informaron mal.

Estarán aquí en menos de una hora.

¡Nos van a atacar!

Calma, calma.

Hay que mandar a alguien con el General. - Yo voy.

Pensaba más bien en Nicolás.

No, me necesitan aquí.

Tú eres más rápido en caballo, y el Capitán organizará nuestra defensa.

Por favor...

Cuidado con los muebles. Son frágiles.

¿Qué piensa usted? ¿Desde esta ventana se cubre más, no?

Sí, muy bien, haga eso.

¡Capitán!

¿Sí dejamos este lugar sin protección para atraerlos aquí?

Y cuando lleguen, los atacamos desde arriba. - Sí. por qué no.

Pero al entrar pondrán fuego para sacarnos. - Tiene razón.

Entonces dejamos que lluevan balas. Eso los disuadirá.

Pero cuando nos quedemos sin balas vendrán a masacrarnos

Es cierto.

Déjenme un poco de tiempo para pensar en la mejor táctica.

Ponlo sobre la mesa. Adelante.

¿Qué está haciendo?

Irnos, Elisabeth. Irnos ahora.

¿Irnos?

¿No es en serio?

No se imagina el horror que está por caer en esta casa.

Son unos monstruos.

Bestias salvajes.

Adiós, Capitán.

Apúrense, Apúrense.

Ayúdenme, a poner una barricada.

Cuidado, está polvoso. No se ensucien.

¡Dios mío!

¡Vengan a ver!

No tengo ganas de morir hoy.

¡Adelante, deprisa!

Mucho mejor.

Adelante.

Un poco más, Un poco más...

Estoy tan feliz.

El clima es maravilloso.

Qué felicidad.

Capitán.

Señores.

El momento no es el apropiado... - No lo es.

Queríamos preguntarle...

Que el plazo hace mucho que se ha acabado...

Ah sí sobre los beneficios.

Tienen toda la razón.

Esta no es el momento.

Señoras.

Capitán.

¿Qué?

Invítame a bailar.

Capitán...

El Emperador nos pide levantar el campamento, partimos a Leipzig.

¿Cómo así, ahora mismo?

¡Muéstreles quién es usted a eso Prusianos!

Una porra para el Capitán:

Hip, hip, hip... - ¡Hurra!

No vayas, te van a matar.

¿Y el honor, y el deber?

Esas son solo palabras. Quiero a mi esposo vivo.

Sí, pero soy el Capitán Neuville.

¿Qué vas a hacer?

Te voy a besar.

¿Me escribirá? - Todos los días.

¡Se lo prometo!

¿Qué está haciendo?

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