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¡Arriba Hazaña!
Basado en la novela "El infierno y la brisa" de José María Vaz de Sotos
# Colegio amado, el hogar segundo #
# con afán alado de aspirar al cielo y dominar el mal. #
# Flecha pedagógica que lleva a destinos #
# humanos o divinos de gloria infinita y de inmortalidad. #
# Nuestra provinciana juventud, su acero, #
# en pos de un lucero va #
# con impaciencia el filo a templar. #
# La vida es combate más que anchar chascadas, #
# tiene iluminada la ilusión del querer triunfar. #
Canten todos. Los mayores del fondo también. # Nunca falten aguas limpias en sus fuentes, #
# y que a sus corrientes, innumerables niños vengan a beber, #
# y marchen heridos de amor en su entraña, #
# de Dios y la España sangre y estrellas en su amanecer. #
# Colegio amado, segundo hogar. #
El colegio se está inundando de esta bazofia.
Esta mañana en una clase de mayores ha aparecido esta porquería.
Además quieren camuflar y engañar creyendo que así consiguen algo.
Antes de que el mal se propague demasiado es mejor que lo cortemos de raíz.
¿Usted sabe quién fue Azaña?
Y usted, ¿usted sabe quién fue Azaña?
¿Con H o sin H, hermano?
A ver, Bedmar.
Un político.
Un político. Un político, sí, pudiera ser.
Pero ¿qué clase de político?
Yo se los voy a decir: un político ateo,
un ateo masón y anticlerical...
cuya principal obsesión fue perseguir a la Iglesia y a los hermanos.
Esto no lo sabía, ¿verdad? ¿Y quién le ha hablado a usted de Azaña?
En casa. Se lo he oído decir a mi padre.
Lo que seguramente no le habrá dicho su padre es que Azaña, como tantos otros,
como Voltaire, como Lutero, a la hora de su muerte,
viendo próxima la condenación eterna, pidió confesión.
Pero ya era tarde.
¡Ay, la condenación eterna! ¡La eternidad!
¿Ustedes saben lo que es la eternidad?
Imagínense una masa de hierro o de acero como este colegio.
¿Qué digo, como este colegio? Como 10 colegios como este.
Sólida, maciza, enorme.
Imagínense que un pequeño gorrión rozara cada millón de años
¿qué digo 1 millón? 1 millón de millones de años, con su ala esa masa inmensa.
Habría una pequeña, una casi inexistente erosión.
Llegaría un momento en que la masa de hierro desaparecería.
¿Calculan cuántos años podrían haber pasado?
Pues todavía no habría empezado la eternidad.
¿Puedo ver esos apuntes?
Esto es asqueroso, repugnante.
Salga de clase inmediatamente.
Fuera. No quiero verle más.
Váyase.
Son intolerables los extremos a los que estamos llegando.
Ya veremos en qué acaba todo esto.
Los males nunca vienen solos.
Unas porquerías siempre han traído consigo otras.
Adelante.
Siéntese.
- ¿Qué edad tiene su padre? - Cuarenta y tantos.
- ¿Profesión? - Agricultor.
- ¿Van a misa sus padres? - Sí.
¿De qué lado fue a la guerra su padre?
¿La guerra? No tengo ni idea.
¿Cuántas veces comulga por semana?
- Hermano director, si no me necesita... - No, hermano Antonio, puede irse.
¿Si fuera un pitillo?
He leído la carta que has escrito en clase.
Te gusta esa chica.
Te voy a leer algunos párrafos para que sepas lo que has escrito.
O mejor léemelo tú.
Estoy esperando.
Querida Aurorarita, acabo de leer tu carta y me he puesto muy contento porque te acuerdas de mí,
y por todo lo que me dices.
Sigue.
Yo, lo único que quiero en esta vida es estar contigo,
y sobre todo estar contigo como estuvimos aquella tarde
en las dunas de la playa, cuando no nos veía nadie y estuvimos tan cerca.
Continúa.
Ya no he escrito más, hermano.
Pero pensabas hacerlo. ¿Qué más ibas a poner en esta carta?
- ¿Dónde la tocaste? Sí, la tocaste. - Le digo que no, hermano.
- ¿Los pechos? - ¡Pero si sólo es una amiga!
- Una amiga a la que dices que has desnudado. - ¡Que no he dicho eso!
Y además, mentiroso.
¿Sabes que desnudar a una chica es pecado mortal?
Cuando lo hice no sabía que era pecado.
¿Tuviste derrame?
¿Cómo pensabas enviar esa carta a tu amiga?
A ti no te va a pasar nada, pero hay algún externo que lo puede pasar muy mal, por alcahuete.
Yo no tengo la costumbre de acusar a nadie.
Me tomas por un policía, ¿eh?
Esta carta debe ser contestación a una que te han entregado esta mañana en las filas.
- A mí no me han dado nada. - Lamberto, que Dios está en todas partes.
El que está en todas partes es usted, con esos prismáticos.
¡Insolente! Te crees muy hombre, ¿eh? Anda, ven conmigo. Ven conmigo. Vamos.
Ya verás cómo aquí dentro se te bajarán los humos.
Si Lamberto sale en bote ya estará en camino de su pueblo.
No creo, me lo hubiera dicho.
Lo único seguro es que no está aquí, y que éste se está poniendo morado.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...
A ver, ese con cara de panadero. ¿Es que no ha tenido tiempo de terminar de comer? ¿Cómo se llama?
- Félix Gutiérrez. - "Félix Gutiérrez".
Estamos esperando a que termine sus natillas.
Estamos esperando.
Esas cochinadas se las aguantarán en su casa. Rece por mí, Morán.
A lavarse ahora mismo, y olvídese del recreo. Vamos. Va a aprender a comportarse.
En nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Te agradecemos, Padre todopoderoso...
- ¡Corta, "Blas Pelotas"! ¡Imbécil! - ¡Maricón el último!
En nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, amén.
Venga, José Luis, que el water es para fumar, no para meneársela.
Pues a mí como no me corten las manos me la voy a seguir machacando.
Nada, macho, donde estén unas buenas tetas...
Sois un par de gilipollas reprimidos.
¿No te jode? ¿Y tú que eres?
Lo único que se puede ser en este antro con dignidad: anarquista.
Venga, tú, lo que eres, es un cachondo.
¿Anarquista porque te tiras un pedo en clase de vez en cuando?
- A modo de protesta. - De protesta contra los del pupitre de al lado.
Claro, hay que tufarles un poco para que despierten.
- Ahí está. - ¡Joder, macho, es que te la breek!
- Hacernos pajas es lo único que no nos pueden prohibir. - Situación a la que ya tenemos que empezar a meter mano.
- Sí, sí. Bueno, yo me voy a echar una meada. - ¡Jode, meada!
- Espera, picha española no mea sola. - Vamos, vamos, a formar.
- ¿Quién está ahí? - Soy yo, Lamberto Sáez.
- ¿Por qué estás encerrado? - No sé, avisa al hermano Julio.
No puedo, Lamberto, me acaban de castigar en el comedor. ¿Por qué hay humo?
Esto está ardiendo. Si no te das prisa me voy a abrasar.
- ¡Qué barbaridad! ¿Qué es este humo? - Hay un incendio. Me estoy ahogando.
- ¿Cómo un incendio? - Me quedé dormido.
- ¿Dormido? ¿Cuándo te has quedado dormido? - Anoche.
¿Anoche? ¡Qué barbaridad!
¿Y la llave? ¿Quién tiene la llave?
¡Que quién se ha llevado la llave!
Esto está cerrado.
Contesta. ¿Te pasa algo?
Vamos, vamos.
¡Duro con ella!
¡Que se va usted a cargar el colegio, hermano!
¿Traigo otro hacha? Si quiere usted, yo le ayudo.
Venga, todos a clase.
¡Virgen santísima!
¿Qué está haciendo?
¿Qué pasa aquí?
Que se ha incendiado el cuarto de la limpieza
y este chico está encerrado ahí desde anoche.
¿Anoche? Entonces me he pasado la mañana soñando.
Alguien lo encerró, y alguien que tiene la llave.
Si insinúa que puede ser yo, está en un error.
Yo no ando por ahí haciendo estas barbaridades.
Bastante sufrí en la guerra, encerrado en sitios mucho peores que este,
para andar ahora encerrando a nadie.
¿Qué ocurre?
Cosas raras. El hermano Julio, que ha abierto esta puerta a hachazos
porque dice que había un incendio.
Vamos, vamos, todos a clase.
- Acompáñelos. - Venga, venga, chicos.
¿Qué pasa? ¿Dónde estoy?
Lleve a este niño al dormitorio y déjele tranquilo.
- ¡Cuidado, hermano, que va a volar el colegio! - No pasa nada.
- ¿Cuándo hacemos dinamita? - Usted siempre tan bromista, Fernández.
Hermano, ¿verdad que los pedos...
las ventosidades humanas, si se les acerca una cerilla, explotan?
¡Qué cosas tiene usted! Pero sí, tiene razón:
si se les acerca una llama, claro que explotan.
- ¿Lo veis? - ¿Para qué sirve el bromuro, hermano?
El bromuro se utiliza en muchos medicamentos y en diversos usos industriales.
Y ¿para qué se lo da usted al cocinero?
Hermano, ¿qué opina usted de la teoría de Darwin?
Ese sujeto decía que venimos del mono. ¡Y del mono vendrá él!
A ver, usted, Cevallos, usted que tiene tanto interés,
diga la ley de Boyle y Mariotte.
- Yo la sé, hermano. - Dígala, digala, Hevás.
Nace Boyle en un pueblecito francés...
Veo que tienes una cara, picarón.
Lo que ha sido raro es el incendio:
al parecer sólo se quemó una sotana.
Lo que me preocupa es tu mentira.
¿Por qué has dicho que has pasado allí la noche?
Es que estaba muy mal, hermano, no había comido nada desde el desayuno.
¿Le has contado a alguien que te encerré yo?
No, hermano, a nadie.
Bien. Ahora trata de descansar.
Y a comer toda la comida que te traigan.
Y a no pensar más en las cartas ni en los encierros ni en los castigos.
En nada, no pensar en nada que pueda preocuparte.
El colegio no es tan malo como tú crees. Hazme caso, Lamberto.
A los hermanos no nos gusta castigar.
Solo queremos que seais buenos y que no penséis en niñerías.
¿Por qué la tiene tomada conmigo, hermano?
Ten siempre presente la regla de oro de las tres eses: santos, sanos, y sabios.
Así os queremos los hermanos.
- ¿Ves ese balón? - ¿Cuál, el del gordo?
Sí, el de béisbol. Apunta bien a los cristales y destrózalos.
Gordo, gordo, déjame el balón.
¡Vamos, vamos, seguid jugando! Y tened cuidado, no vayáis a cortaros.
Hernández, ya veremos, a ver lo que dice su padre
cuando tenga que pagar la factura de los cristales.
- ¿Cómo está el ex cautivo? - Ya estoy bien, hermano.
Espero que alguna vez se aclarará el misterio.
Morán, lleve eso a la cocina.
Oye, ¿es verdad que te han pegado?
Nos han dicho que casi te queman.
Es el chaval que se escapó en el recreo.
Qué cabronada, siempre les pescan.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, vénganos el tu reino,
hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
Estoy hasta los cojones de esta cárcel,
me suenan los huevos de aguantar hijos de puta, amén.
- Como te oiga el hermano Ramón, vas a ver. - Cada uno reza lo que le sale.
Santa María madre de Dios ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.
- Ave María Purísima. - Sin pecado concebida.
Buenas noches. Que duerman bien.
¿Tienes hambre, Pío? ¡Pobre Pío!
¡Ay!
¿Quién ha gritado?
- Juanito Morán. - Ha sido Juanito Morán, hermano.
- ¡Quiero dormir! - Que uno quiere dormir, hombre.
Aquí no se puede descansar nunca.
No, no es nada. No es nada.
Monges, vaya a buscar al hermano enfermero.
Vístanse. Vístanse todos.
Usted acuéstese. Acuéstese, ahora vendrá el hermano enfermero y le hará una cura.
Formen filas.
Usted, de pie durante el estudio por llegar el último.
Y seguirá usted de pie hasta nueva orden.
En marcha. Al estudio. Silencio.
¿Sospecha usted de alguien?
No, hermano, además luego siempre pagan justos por pecadores.
Todos somos pecadores.
- Lo mejor será que te tomes una aspirina. - ¡Pero hermano, si siempre dan aspirinas para todo!
No hay nada como las aspirinas, y mejor si se toman masticándolas. Hacen mucho más efecto.
Siéntense.
De rodillas. Hasta nueva orden, durante los estudios se pondrá usted de rodillas.
- Pero ¿qué he hecho yo, hermano? - ¡De rodillas!
¡Póngase bien, insolente!
Ustedes saben que yo duermo poco.
Seguramente me encuentro mejor aquí, leyendo, que en mi cuarto.
No tengo prisa.
Esperaré a que aparezca el culpable.
Esperaremos todos.
- Buenas noches, hermano. - ¿Cómo está el chico?
Pudo ser más. En unos días estará curado. Si no juega al fútbol.
Son unos salvajes. Y Lamberto ¿cómo está?
- ¿Lamberto? - Lamberto, el otro enfermo.
Ah, sí, el otro. Pues ya debe estar curado,
porque el prefecto le ha hecho bajar con los otros al estudio.
No es método castigarlos a todos. Hasta mañana, padre.
¡Papel, venga!
¡Qué guacho! Línea: 4a, 4b y 4c.
Tocado, hundido, y agua. ¡Válgame, tocado! 7a...
- Fermoso, venga aquí a hacerle compañía. - ¿Yo? ¿Por qué?
Además copiará 20 veces el verbo "No contestar a los superiores".
No hay derecho.
- ¿Qué ha dicho usted? - Nada.
Si vuelve a hacerse el hombrecito la rompo la cara.
¡A mí no me pega usted! ¡A mí no me pega!
¡Ni usted ni nadie!
Lamberto, vaya a su sitio.
Usted sabe, hermano, que no me gusta interferir en su labor,
pero creo que debe levantar el castigo.
A esa edad el sueño es sagrado y usted lo sabe.
Una medida injusta puede ocasionar un trauma en el alma del niño.
- ¿Injusta? - Injusta para casi todos.
Sólo el que ha colocado los cristales merece el castigo.
Los demás están pagando culpas ajenas.
Prefiero que pague algún inocente a que el culpable se quede sin ningún castigo.
Si usted conoce algún procedimiento para encontrar a ese gamberro, ensaye.
Trataré de hacerlo esta misma noche.
Usted nunca creyó mucho en la psicología, ¿verdad, hermano Ramón?
Yo sigo creyendo en la disciplina y en el principio de autoridad.
Les ruego que escriban con claridad su nombre en la parte alta, a la izquierda.
Voy a dictar una serie de palabras
y ustedes irán poniendo los términos que primero se les ocurra.
- ¿Está claro? - Sí.
- ¿Están preparados? - Sí, hermano.
Canción.
Laboratorio.
Árbol.
Serpentín.
Arroyo.
Dormitorio.
Mar.
Compañero.
Cielo.
Sangre.
Recojan.
Bien. Pueden irse a dormir por esta noche.
Quietos. No se mueva nadie.
Seguirán aquí en el estudio hasta las 12 como en días anteriores.
- Bueno, lo que yo sugiero... - Sé muy bien lo que usted sugiere,
pero aquí en el estudio mando yo.
Si tiene que decirme algo dígamelo en su despacho.
No quiero oír ni una mosca.
Quiero un silencio absoluto.
¡Mierda, mierda, mierda! Culo, concha, pedo. Pis.
Los huevos al director le gotean de sudor.
Su psicología es una gilipollez.
Ha sido Hervás.
José Luis Hervás, es usted el responsable de que sus compañeros estén aquí en lugar de estar en la cama.
Usted dirá por qué, hermano.
Le damos la última oportunidad para confesar su falta.
Sepa que uno de sus compañeros le ha acusado a usted.
Dígame quién es ese compañero y le demostraré que miente.
Fue usted, José Luis Hervás, quien colocó los cristales en la cama de Juan Morán.
Ya que me acusa tan seriamente supongo que tendrá pruebas irrefutables. ¿No, hermano?
Confiese que lo hizo.
Ya no es usted un niño.
Pudo haber sido en un momento de ofuscación.
Le prometo que no habrá expulsión ni nada que se le parezca.
Se lo prometo delante de toda la clase.
Sólo me conformo con su sinceridad.
No creo que haya sido él.
Usted no lo cree pero yo estoy seguro y pienso demostrarlo.
De momento, en cuanto yo salga de aquí usted hará el favor de llevarlos a la cama.
Esto que usted está haciendo no lleva a ninguna parte.
Yo me comprometo a entregarle al culpable convicto y confeso.
Mientras tanto se han acabado los estudios a la hora de dormir.
¿Me ha entendido?
Sí.
Silencio. Que no se mueva nadie.
Las 12. Pueden ir al dormitorio.
# Hostia pura, hostia santa, #
# hostia inmaculada, #
# seáis para siempre bendita y alabada. #
# Seáis para siempre bendita y alabada. #
¡Qué falta de respeto, dormirse en la iglesia y no comulgar!
Despierten. ¡Qué falta de respeto!
Podría considerar lo que han hecho como un acto de rebeldía
pero por esta vez quiero pensar que dicen la verdad.
Es cierto, hermano, todos nos quedamos dormidos.
Una mala manzana pudre un ciento.
Cuidado con las malas manzanas.
Pueden irse. Usted, Lamberto, quédese.
Tengo entendido que la tarde funesta de los cristales
usted estuvo todo el tiempo en el dormitorio.
¿Podría decirnos si vio a alguien allí aquella tarde?
Bueno, al hermano Antonio, al hermano enfermero y a usted.
¿No querrá insinuar que alguno de los hermanos puso el serpentín en la cama de ese infeliz?
¡No, hermano! ¿Cómo voy a decir yo eso?
Además yo estaba muy mal para darme cuenta de nada. Usted lo sabe bien.
Váyase, váyase.
La mentira se extiende como una epidemia. ¿Qué podemos hacer?
Sabe perfectamente cuál es mi actitud: mano dura. Firmeza y mano dura.
Y tacto, hermano Ramón, mucho tacto.
- Al dormitorio. - ¡Bien!
¡Hermano, hermano!
- Quien haya hecho esto es un imbécil. - Un provocador.
Dios te lo dio, Dios te lo quitó.
Vístanse. A estudio.
Esta noche les he dado una prueba de transigencia.
He considerado más a la mayoría inocente que al culpable o culpables
pero ya no puedo tolerar la crueldad de estos asesinos.
Vístanse.
- No es posible. - ¡Qué canallada!
Lo llamaba usted Pío XII, ¿no?
Usted, que es siempre tan oportuno, ¿quiere acompañarles al estudio?
Vamos, al estudio.
Vaya al estudio usted también. Ya no me fío ni de mi sombra.
Aquí tiene, este es el fruto de su tacto, de su debilidad.
Les pido que escriban algún indicio que nos permita descubrir al culpable.
Les garantizo que se respetará el anonimato.
Primero: Si conocieran al culpable ¿lo denunciarían?
A: Privadamente.
B: Públicamente.
Segundo: ¿Qué persigue el autor de los hechos?
Tercero: ¿De qué curso creen que es?
Cuarto: ¿A qué hora actúa?
Bueno, no se trata de la hora exacta, claro está,
sino de decir los recreos, las comidas, las clases, etcétera.
Cuando terminen les ruego encarecidamente a todos que firmen el escrito.
- Eso no es lo pactado, hermano. - Cállese, Hervás. No hable usted de pactos.
Por mi parte les digo que mientras no se descubra a los culpables tendremos, sin interrupción,
Adelante.
Pase, hermano, pase.
Le he mandado llamar porque tengo una sorpresa para usted.
No era necesario.
Me he permitido comprarle este pájaro porque sé lo que le gustan los animales y la compañía que le hacen.
Un poco de alpiste.
Gracias.
Pero esto no resucita al otro
ni cambia mis ideas ni mis métodos.
- Suban al dormitorio. - ¡Al estudio, vamos, al estudio! ¡Vamos al estudio!
¡He dicho que suban al dormitorio! ¡Vamos, al dormitorio!
El primero que escape las va a pagar por todos.
Vuelvan aquí. Vamos al estudio. Vamos.
Siéntense.
No se muevan de sus sitios.
Debimos escapar como esos cinco. Somos gilipollas.
Yo, cuando quise darme cuenta, ya había ocurrido todo.
Compañeros, compañeros, escuchadme.
Se trata de un momento decisivo de nuestra vida.
No es hora de lamentarnos. Es el momento de pasar a la acción.
Y ahora lo tenemos a bueno,
el panojo ha ido a buscar a los otros o a pegarse con el director.
Nuestro deber es solidarizarnos con los que han escapado. ¿De acuerdo?
Compañeros, todavía tenemos todos los triunfos en nuestra mano.
Hay que tomar partido, hay que tomar partido:
o con el tirano, o con nuestros compañeros y con nosotros mismos.
- ¡Que te pasas, José Luis, que te pasas, macho! - ¡Silencio!
Pero ¿qué es eso del tirano? No dramatices, compañero.
Ya tenemos uno que está de su parte.
Yo no estoy de parte de nadie.
Si quieres organizar un follón lo haces por tu cuenta, pero no nos enredes a los demás.
No contamos con él. Sabemos cómo te llamas.
Oye, despacio, que a mí nadie me toma el nombre ni me acusa.
No es necesario: te llamas Clemente Rico y estás con ellos.
¿Qué dices, hombre? ¡Venga ya!
¡Ya está bien, leche! ¡Menos cuento!
- ¡Abajo el panojo! - ¡Muera el tirano! - ¡Viva Hervás!
¡Silencio! Si desprecio a alguien en estos momentos es a quienes se toman todo a cachondeo.
Se puede estar con ellos o con nosotros, pero yo no estoy hablando en broma.
- ¡Corta ya, macho! - ¡Cállate! - ¡Tiene razón!
- ¿Quién es nuestro verdugo? El prefecto. - ¡El panojo!
Y ¿quién lo es también, aunque lo disimule? El director.
- ¡El director! - ¡Mentira, es mentira!
Escuchadme, escuchadme. Llevamos más de una semana sin dormir
y seguiremos así como no hagamos algo.
Cinco compañeros plantan cara a la tiranía ahora.
- Siéntate, que te van a coger largando. - ¡Cállate!
No te alegres tan pronto y deja de preocuparte por mí.
No tengo miedo, entre otras cosas porque cuando vuelvan no estaremos aquí.
- ¡Si la puerta la cerró el panojo! - Aquélla, esta puerta nunca está cerrada.
- ¡Hacerle caso, joder! - Venga. ¿Quién me acompañas?
Quedaros quietos, no moveros de vuestros sitios.
- Déjate de bobadas, Hervás. - Ya sabemos que eres un cobarde.
¿Hay más cobardes en la sección?
- Vámonos, vámonos. - Quedaos quietos todos, no seáis gilipollas.
No sabía que hubiera tantos acojonados.
Eso de acojonado lo será tu padre. Y lo vas a retirar ahora mismo.
Retirado.
Sal por esa puerta, ya eres de los nuestros.
¡Vamos, deprisa!
¡Vamos, venga, vámonos!
Primera jornada revolucionaria. ¡Solidaridad, compañeros!
En pie.
Pueden permanecer sentados.
Yo sólo quiero que alguien me aclare qué pasó anoche en el estudio.
Pues nada, hermano, que comprendimos que nuestra obligación era obedecerle a usted antes que al prefecto.
Alguno de sus compañeros le acusa a usted, Hervás, de haberlos incitado a abandonar el estudio.
No tengo nada que ocultar, hermano.
Todo lo que yo podía decir en mi favor lo ha dicho ya el camarada Julián Cevallos.
- ¿Qué es eso de "camarada"? - Bueno, compañero.
Lo que yo quiero deciros, no como un superior sino como un familiar, si queréis,
es que lo que ha pasado aquí es insólito en la vida de un colegio.
Yo ya no culpo a nadie, a nadie.
Voy a olvidar todo.
A partir de esta noche todos irán a dormir.
¡Bien, ganamos!
Todos irán a dormir, pero...
para dejar bien sentado el principio de la disciplina
y para dejar todos los puntos sobre todas las íes,
yo, ahora, como director del colegio y como prefecto interino,
valga la expresión, les voy a llevar el estudio.
¡Qué cabrón!
Calma. Calma.
Será un estudio simbólico.
No durará siquiera 10 minutos.
Esto es una humillación. Compañeros: ¡No a la represión de los tiranos!
¿Qué pasa? ¿Qué es esto? ¿Quién ha sido el criminal?
¡Cuidado, cuidado allí!
¡No se atropellen, calma, calma!
¡Arriba España!
Entren aquí.
- Petardillos. - Ha sido una broma pesada, pero tampoco hay que dramatizar una broma.
No ha sido ninguna tragedia.
¡Juventud!
Siéntense.
No voy a calificar la conducta de los que han provocado estos incidentes.
Siempre se dijo que una oveja negra podría arrastrar a un rebaño de ovejas blancas.
Yo podría muy fácilmente iniciar una encuesta y dar con los culpables.
Lo que está ocurriendo aquí es muy grave, gravísimo,
no voy a negarlo, pero sé también que la mayoría es inocente
y que todos van a colaborar conmigo
para que las maquinaciones de esa minoría subversiva y anarquista,
por no llamarla de otra manera,
se estrellen contra un muro de indiferencia y de repulsa.
Yo mismo voy a predicar con el ejemplo.
Voy a ceder una vez más.
Dije que iríamos a dormir e iremos todos a dormir ahora mismo.
Y nada más, queridos muchachos.
El hermano Manuel será desde hoy, mientras el hermano Ramón sigue enfermo, vuestro prefecto.
Respetadlo como a vuestro director
y no confundáis bondad con debilidad,
benevolencia con falta de carácter.
¡Hermano, hermano director!
Esto ya pasa de la raya. Esto es un sacrilegio.
¡No toque, no toque! ¿No ve lo que ha hecho ese loco?
Hay que avisar al capellán.
¡Ese perverso! ¡Ese maníaco!
Porque sólo un maníaco puede llegar al sacrilegio.
Que nadie toque.
Usted, Morán, duerma en el suelo.
Hermano, yo creo que las hostias son de cartulina recortada.
Es verdad, son de papel.
No sé qué es peor, si el sacrilegio o la burla sacrílega.
Hermano, es Coca-Cola.
Pero ¿qué pretende ese loco?
¿Qué quiere de nosotros?
Nosotros, que dedicamos el alma y la vida a la enseñanza
para que el día de mañana seáis hombres y caballeros cristianos,
que sepaís servir a la humanidad y a la patria...
no merecemos esto.
Nosotros no somos perfectos.
Los hombres, las instituciones, por ser humanas, tienen sus deficiencias.
Pero lo reconocemos y estamos dispuestos a dialogar,
a cambiar ciertas rutinas,
a enmendar ciertos errores, que seguramente los hay.
- Hermano. - ¿Qué ocurre?
Perdone si no soy oportuno, pero el otro día hablábamos algunos de que la misa diaria no debería ser obligatoria.
Como usted dijo que podíamos hacer alguna sugerencia, pues yo...
Está bien.
Está bien, desde luego no es el momento.
Está bien.
He dicho que tendré en cuenta todas las sugerencias, y tendré en cuenta también la suya.
Aparte de que yo no diría que la misa es obligatoria.
Es obligatorio levantarse a las siete de la mañana, que no es lo mismo.
Entonces, ¿no es obligatorio asistir a misa?
Ya hablaremos, ya hablaremos. Mañana, si quiere.
Ya he dicho: la misa, en un principio, no es obligatoria. No debe ser obligatoria.
Bueno, hermano, la verdad es que también comentamos el otro día la hora de levantarse, sobre todo en invierno.
A muchos nos parece demasiado temprano.
¡Pero por Dios, hombre, no diga eso!
En tiempos normales duermen ustedes nueve horas.
¿Sabe cuántas dormimos los hermanos?
Pero nosotros no somos hermanos ni tampoco tenemos votos.
Lo que podría hacer usted sería un test o una encuesta sobre este tema.
Ya he dicho que hablaré cuando quieran sobre este y otros temas.
Pero a partir de mañana si alguien desea no asistir a misa, cosa que espero no ocurra,
puede ir al estudio. Un hermano estará allí.
Y por esta noche nada más.
Usted, Morán, dé vuelta el colchón y duerma sin sábanas.
Y no piensen, no vayan a pensar ni siquiera por un instante
que si se emprenden algunas reformas tiene algo que ver con los que han hecho del terrorismo su divisa.
Bien, veo que Morán ha arreglado ya su cama y todos están deseando coger la suya por su cuenta.
Y fíjense bien entre las sábanas antes de acostarse.
Buenas noches a todos.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, amén.
Silencio. Y acuéstense.
# Tomad, Virgen pura, nuestros corazones. #
# No nos abandones jamás, jamás. #
# No nos abandones jamás, jamás. #
# Mil querubes bellos orlan tu dosel. #
# Quiero estar con ellos, Virgen, llévame #
# contigo en el cielo, colmado mi anhelo, #
# que feliz seré. #
# Tomad, Virgen pura... #
Esto me pasa por meterme en camisa de 11 varas.
Y me está bien empleado. ¿Quién me manda a mí meterme a prefecto?
Esto hace unos días era una balsa de aceite.
Y la culpa la tiene el hermano Ramón, que todavía se cree que es sargento de la Legión.
O el hermano director, por ser demasiado condescendiente.
¿Sabemos quién ha sido? Pues a la calle.
No podemos andar aquí aguantando a tanto hijo de papá cuando hay tantos pobres deseando estudiar.
¿No lo sabemos? Pues a aguantarse tocan, y no a andar echándose faroles ni dándoselas de Sherlock Holmes.
- Mire qué libro tan rojo. - Déjelo, debe ser de poesía.
Además aquí estamos para buscar petardos o pólvora.
Aunque encontremos otro libro de Azaña no debemos darnos por enterados.
Yo no tomo partido pero creo que no debemos ponernos en plan soviético
y hacer que paguen justos por pecadores.
¿De quién es esta maleta?
Debe ser de Juanito Morán.
¡Qué vergüenza! Voy a hacer que quemen inmediatamente esta porquería.
No se abre.
Déjeme ver si puedo yo.
- ¡Joder! - ¡Ostras!
Dígame.
Le repito que debe haber un error, esto es un colegio.
Le aseguro a usted que no sé de qué me habla.
Está hablando con un sacerdote. Le ruego que no vuelva a llamar o tendré que avisar a la policía.
Adelante.
Perdone que venga a estas horas, hermano,
pero necesito hablar urgentemente con usted.
- Siéntese. - No, gracias.
Estoy aquí por un deber de lealtad.
Quiero que sepa antes que nadie mi decisión.
Voy a pedir a la hermano provincial mi translado.
¿Cómo? Pero usted no puede hacernos eso, el colegio le necesita.
Ya no hay sitio para mí en este caos.
He conocido otros parecidos y sé como terminan.
Mi decisión es irrevocable.
Calma, hermano Antonio, calma.
Encontraremos a esos insensatos y todo volverá a la normalidad.
Yo sé que usted sufrió mucho en la guerra, pero los tiempos han cambiado.
Parecía que habían cambiado,
pero estos chicos son unos inconscientes que no conocieron aquel desastre.
O expulsa a cuatro o cinco, o el colegio se hunde.
Eso se dice pronto, pero ¿a quién expulsamos?
¡Que no, que no, que esto no es ninguna casa de masajes!
Estos chicos han debido poner un anuncio con mi número de teléfono.
No ha dejado de sonar en todo el día.
Ya lo ve usted, hermano: atacan por todos los frentes.
Esto no hay quién lo pare.
Ahora, masajes.
Venga, arriba, que ya es hora de levantarse.
Quinto, levanta, tira la manta.
¡Joder, macho, es que no hay día que no me levante empalmado!
Un momento, atención, escúchenme todos.
Tengo que decirles dos palabras en nombre del director
y como portavoz del claustro de profesores.
El director les dijo que la misa no era obligatoria.
Bien. El director de acuerdo con todos los hermanos
me encarga decirles que la misa hoy sí es obligatoria.
¡No es lo pactado, no tiene palabra!
- Silencio. - Sigue mandando el panojos.
Será obligatoria solamente hoy.
A partir de mañana volverá a ser voluntaria
y la no asistencia tendrá que ir justificada por la conformidad del padre o tutor.
Silencio. ¡Silencio!
Ahora pueden ir a asearse, y vayan vistiéndose.
- Vamos a los lavabos. - ¡Callados, callados! Vamos a los lavabos.
No podemos dar marcha atrás. No podemos renunciar a una conquista.
Propongo un plante general a la misa.
Hombre, eso no se puede hacer. Si alguien quiere ir hay que respetar la libertad.
Seamos serios, no hay tiempo para discusiones.
Se trata de organizar una comisión que vaya a hablar con el hermano Manuel
para que venga el director a explicarnos su cambio de postura.
Me opongo. Me opongo porque este plante nos va a dividir
porque hay muchos que querrán ir a misa.
Además, ¿quién va a hablar con el hermano Manuel?
No tiene razón, todos van a seguirnos.
Y con el hermano tiene que hablar una comisión presidida por alguien que no esté quemado.
Estáis hablando gilipollezes, coño.
Yo voy a ir a misa, pero con una traca que va a estallar en pleno ofertorio dentro del sagrario.
Ya veréis cómo corre el cura.
¡Qué bestia eres, Fernando!
Bueno, yo, si alguien me acompaña, puedo ir a hablar con el hermano Manuel.
- Yo voy contigo. - Y yo también.
Es lo mejor. Tú, José Luis, ya has hecho bastante.
Bueno, no os preocupéis, estaremos con vosotros.
- Tú, Cevallos, y tú, Martín, vigilad la puerta. - De acuerdo.
¡Ostras! ¿Quién ha sido el imbécil?
Nosotros no hemos sido, algún incontrolado.
- A lo mejor los pequeños. - Cerrad esa puerta.
Vamos, vamos, acaben de vestirse.
Y formen filas.
No vengo a hablar en mi nombre, hermano.
Me ha tocado a mí representar a la mayoría.
Venga, venga, formen filas que vamos a llegar tarde a misa.
Y déjense de mayorías, nadie le ha autorizado a usted a erigirse en representante de nadie.
Le hemos autorizado los demás.
He aceptado esta representación para evitar males mayores.
¿Qué males mayores son esos?
Le hablo en nombre de todos, hermano. Lo que yo piense es lo de menos.
Usted no habla en nombre de nadie, y tenga cuidado con lo que dice, se lo advierto.
Sólo quiero decir una cosa: yo tengo intención de asistir a misa. Vaya por delante.
Pero mis compañeros estiman que la asistencia a misa no debe ser obligatoria.
Y ¿quién es usted para decidir en un asunto tan grave como ese?
- Lo primero, un cristiano. - ¿Cómo, qué dice?
Lo mismo que nos dijo el hermano director la otra noche:
que la asistencia a misa debe ser para un católico un acto libre y voluntario.
Es posible que lo sea, pero ustedes bajan todos a misa ahora mismo.
Vamos. Formen filas. Vamos. Formen filas. ¡He dicho que formen filas!
No, hermano, a la fuerza soy yo el primero que no baja.
En todo caso los compañeros han acordado
que mientras el director no venga en persona a decir lo contrario,
nos atenderemos a lo que dijo la otra noche.
Ni aunque venga el director, a la fuerza no bajamos ninguno.
Antes yo era el primero que iba, pero ahora yo soy el primero que me niego.
¿Que no va usted?
No, hermano, no quiero ir y no voy.
¿Ven como está hablando por su cuenta?
Habla en nombre de todos.
Se van ustedes a acordar de este día.
Vamos, de prisa, la puerta.
Cada uno a sus puestos.
Vamos con la barricada. Venga.
Por aquí no entra ni Dios.
Arriba, encima de la cama.
- Antes lo teníamos que haber hecho. - Por aquí no pasa nadie.
Silencio. Silencio, escuchadme, escuchadme.
¡Ya está bien, que nos está metiendo en un lío!
Lo más importante es que elijamos representantes
y como no hay tiempo sugiero que hagamos una votación a mano alzada.
Eso no es justo, la votación tiene que ser secreta.
Propongo que hagamos una votación con papeletas.
Ya tenemos otro director con papeleta y todo.
No es momento para bromas, coño, el director está a punto de llegar.
Abran la puerta inmediatamente.
Déjense de tonterías.
Abran la puerta y bajen todos a la capilla.
No vaya tan aprisa, hermano.
No saldremos de aquí hasta que no nos prometa, jurándolo por el patrón del colegio,
que no habrá represalias y la misa será libre.
Yo siempre estoy dispuesto a dialogar serenamente,
pero antes tienen que deponer su actitud.
Gracias a esa actitud aquí estamos serenamente dialogando.
Abran la puerta y hablaremos cara a cara.
Eso cuando acepte nuestras condiciones: misa voluntaria, no represalias.
¡Abran, abran! Me dirijo a los que ahora callan.
No os dejéis arrastrar por unos desalmados que sólo quieren vuestra ruina.
No os dejéis engañar, no les escuchéis.
Así os queremos los hermanos: santos, sanos y sabios.
# Si los curas y frailes supieran la paliza que van a llevar #
# subirían al pueblo cantando: ¡Libertad, libertad, libertad! #
# Si los curas y frailes supieran... #
Vaya y dígale de mi parte que venga. Le necesitamos.
# El dire, el dire es un cornudo cornudo... #
Morán. ¡Morán!
Te pido perdón en nombre del que haya puesto esas cosas en tu cama.
Que no he sido yo, que conste.
- ¡Arriba Hazaña! - Oye, ¿de qué curso es Hazaña?
No sé, será de los externos, pero debe ser un tío cojonudo, por la rabia que le tienen los curas.
¡Tirad la cama! ¡Tirad la cama de lo más alto!
Hay que elegir delegados. Propongo una votación a mano alzada.
Creo que Cevallos y Martín deben formar parte del grupo. ¿Estáis de acuerdo?
Los que estén de acuerdo que levanten la mano.
Mayoría, José Luis.
¿Qué dice ese hombre?
Quiere que sea usted mismo quien... quien le exponga la situación.
Estos son nuestros delegados.
Ahora tenemos que fijar la atención en tres puntos concretos:
Primero: la misa debe ser totalmente voluntaria para todos los internos, incluso para los pequeños.
Un momento. ¿Es que los pequeños tienen formación suficiente para concederles esa libertad?
¡Silencio, silencio, silencio!
Silencio, no es momento de desunión.
La propuesta del compañero será considerada más tarde.
Sigo con las peticiones concretas.
Segundo: Aceptación de los delegados elegidos por la mayoría.
Y tercero: No represalias por todo lo sucedido. ¿De acuerdo?
Vamos a votar a mano alzada. A ver.
Hermano, le necesitamos.
Cantemos ahora el verdadero himno del colegio.
¡Viva!
El colegio sí que es bello... visto desde un aeroplano.
Qué bonito es al caer una bomba sobre él y dejarlo todo plano.
Vayan al patio y mantengan el orden a toda costa. Que los externos entren a clase.
Es necesario que no trascienda esta chiquillada.
Creo que el cabecilla es Hervás.
Desgraciadamente por no haber tomado medidas a tiempo el mal está ya más extendido.
Compañeros, escuchad, coño.
No sólo tenemos que conformarnos con no ir a misa o fumar.
Tenemos que hacer todo lo que nos salga de los huevos.
Escuchad: si queremos dormir en pelotas o andar en pelotas por el dormitorio tenemos que hacerlo.
¡Buena, tu gracia!
Todos tenemos que hacer todo sin que nadie nos imponga su criterio, ni los curas ni nadie.
- ¡Bravo, Jesús, que mejore la comida! - ¡Eso, que nos den educación sexual!
- Y que nos dejen traer tías al colegio. - Tías en pelotas.
Y tenemos que participar en la forma de los exámenes.
En la dirección del colegio,
es decir que nadie nos imponga absolutamente nada.
- ¡Cuidado, el director! - ¡Calla, el director!
- Jesús, vístete. - Los delegados a sus puestos.
Quítame eso. Los demás cada uno su sitio.
¡Abran la puerta!
¡Abran la puerta! ¡Ya duró bastante esta gamberrada!
Si no abren pronto no me hago responsable de los métodos que tendremos que usar.
Soy Barambones, hermano. Le hablo en nombre de todos los internos.
Hemos celebrado una asamblea y he sido designado delegado con otros cuatro compañeros.
¿Se puede saber los nombres de esos ilustres delegados?
No se dan nombres hasta que no se acepten los puntos segundo y tercero.
Te dejan solo ante el peligro, compañero Barambones.
Sobre cobardes no hay nada escrito.
Soy Julián Cevallos y también represento a mis compañeros.
Yo soy Juan Choperena.
Yo soy García de la Vega.
Y yo soy Julián Martín.
¡Vivan los delegados!
¡Muera la tiranía!
Ya sabemos quién está detrás de todo esto.
Dígales algo. Entreténgales con cualquier cosa.
Hermano director, no estamos aquí por capricho. Esto no es una juerga.
Este es el final de un camino lleno de humillaciones que no estamos dispuestos a seguir aguantando.
Por eso hemos elegido unos representantes, porque no somos unos niños
y porque no estamos dispuestos a seguir aguantando que nos azoten el culo.
O salen o mando buscar un cerrajero.
Con eso no va a lograr nada, hermano. Con la fuerza sólo logrará unirnos más.
Además no solucionará los problemas que tenemos, que seguirán como hasta hoy o peor.
Parece mentira que sea usted, Barambones, el que hable así.
No saben lo que hacen, muchachos.
Sólo a un loco se le puede ocurrir plantear las cosas así en un colegio.
Aunque yo esté de acuerdo en aceptar algunas cosas
me niego a conceder nada hasta que no salgan.
Si salen ahora las consecuencias sólo alcanzarán a los estrictamente culpables.
No olviden los becarios su situación en el colegio.
Si salen ahora mismo puede haber una cierta benevolencia.
No pienso hacer más promesas.
Todos los hermanos hierven de indignación.
De todas formas, los que sólo han sido elementos pasivos no tienen nada que temer.
- ¿Y los otros? - Los otros tendrán que atenerse a las consecuencias.
Antes tendrán que pescarnos.
Y menos fanfarronada. Para expulsar a alguien primero tiene que sacarnos de aquí
y luego aplastar la solidaridad que sus injusticias y del prefecto han hecho nacer.
¡Bravo!
# Colegio mierda, la primera cárcel #
# con afán agudo de joder la vida y putearnos bien. #
# Tened ya en mano en tus agresores #
# te tocan el culo, y si no te dejas te suspederán. #
# El dire, dire, vende gana por nosotros, #
# uno hace encuestas y nosotros respondemos la verdad. #
# Ramón fue sargento y lo sigue siendo, #
# los otros hermanos son unos marranos de solemnidad. #
Formen filas.
Alguien nos ha traicionado.
Formen filas.
- Vaya bronca. - Y esto no es lo peor. Ya verás luego en casa, qué coñazo.
- Bueno, escríbenos, ya sabes la dirección. - Sí, claro que sí.
No sé... Igual después de todo esto no nos volvemos a ver nunca más.
Si vais alguna vez por Santander ya sabéis dónde me tenéis.
Vale.
Ábrame, vampiro, me voy a volar.
Antes os hubiera expulsado yo.
- Mira a este. Todo se pega, ¿no? - ¡Pájaros! Hala, a la calle.
- Buena, Choperena, buen viaje. - Adiós.
Adelante.
Estaréis contentos con lo que habéis hecho, ¿no?
Tu padre no ha querido venir por no romperte la cara,
que es lo que tenía que hacer yo contigo y con tu primo.
Ya hablaremos en casa.
Bueno, antes de irnos vais a pedir perdón al hermano.
Es lo menos que podéis hacer.
Vamos. ¡Vamos!
Yo, por mi parte, ya les he perdonado.
Espero que esto les sirva de lección.
Y no olvidéis que el colegio ha sido vuestro segundo hogar.
Pues nosotros no le perdonamos a usted. Ni a usted, ni al prefecto, ni a nadie.
Además expulsándonos no va a arreglar nada.
Tendría que expulsar al colegio entero.
¡Expulsión, expulsión o rendición!
¡Ardía Troya!
Eres un hijo de puta. Tenemos pruebas de que fuiste tú el que le abriste esa puerta al prefecto.
Mentira, yo no fui.
Por tu culpa expulsaron a tres compañeros. ¿Te das cuenta, imbécil?
Yo no sé nada, no quiero meterme en líos, tengo una beca del colegio.
Yo también tengo una beca y no soy un chivato. Te vi salir de aquí un momento antes de que entrara el panojo.
Esta vez vas a pagar por poco, pero la próxima te los cortamos. En pelotas.
¡Dejadme, dejadme!
- Zanahoria. - No, no, mejor un petardo.
- Han echado al director. - Por ahí anda un cura sin sotana.
- ¡Qué va, gilipollas! Acá manda el provincial. - El provincial... ¡qué va a mandar!
Callaros.
Sentaros.
Antes que nada quiero deciros que no me parece caballeroso vuestro comportamiento con Pablo Monge.
Habéis conseguido que su padre venga a buscarle porque el pobre chico no podía soportar más el ambiente del colegio.
No está bien. No tenéis razón, porque ni siquiera estáis seguros de que fuera él el que abrió la famosa puerta.
Conozco muy bien las causas de todo.
Desde hoy se van a acabar los desórdenes y los encierros.
Y digo que se van a acabar porque no van a ser necesarios.
Vuestro antiguo director sabe lo que pienso.
Estoy de acuerdo con vosotros:
la misa no puede ser un acto obligatorio.
Aunque espero que vuestra asistencia sea nutrida por propia voluntad, claro.
¿Queréis preguntar algo?
Hermano.
¿Por qué han expulsado a Cevallos, Martín, y Choperena?
Esperaba esa pregunta.
Creo sinceramente que eso es agua pasada, es algo que no tiene remedio.
Aunque la medida haya sido injusta, cosa que ni afirmo ni niego, ni ellos mismos querrían volver.
De todas formas prometo que escribiré a sus padres proponiendo que vengan examinarse a fin de curso.
Y ahora me gustaría conocer a vuestros representantes.
Adelante, poneos de pie. Sin miedo.
Me parece muy bien.
De momento continuaréis en vuestros puestos
hasta que con todas las garantías elijáis un delegado para cada curso y para cada sección.
A través del delegado podéis hacer todo tipo de sugerencias,
desde acordar la fecha de las exámenes hasta organizar un campeonato de baloncesto.
En fin, cualquier cosa.
Podéis pedir lo que queráis menos las preguntas de los exámenes, claro.
- Ha sido un triunfo tuyo, José Luis. - Ya veremos, de momento la cosa no está nada clara.
Bueno, mira, lo importante es que concedan algo.
De momento ya hemos conseguido tres de las reivindicaciones del encierro.
A mí me tiene sin cuidado por qué lo hagan.
Eso no es nada. Tú, es que eres un conformista, macho.
Los expulsados siguen en la calle. O vuelven estos tíos, o
no aceptamos ninguna de sus propuestas y a tomar por saco.
¡Por supuesto, y si no otro encierro, qué coño!
Atentos, por favor.
Tengo una sorpresa para todos vosotros.
¡Choperena!
Ya ven, tenemos elecciones.
Yo también me alegro del regreso de vuestro compañero. Bienvenido, Choperena.
Bueno, y ahora vamos a proceder a la elección de los delegados.
Será uno por cada sección y uno por cada curso.
En cada papeleta escribiréis dos nombres.
El primero corresponderá a la sección y el segundo al curso. ¿Está claro?
- Sí, hermano. - Repartid las papeletas, por favor.
Supongo que después de la campaña electoral conoceréis bien a los candidatos.
¿Queréis poneros de pie?
Cuando queráis podéis votar.
Depositad la papeleta doblada.
Y que gane el mejor.
Vota Lamberto, es el futuro.
Votar = domesticar. Abstenerse.
Limosnas.
Esto es todo. 39 votos, una abstención. Ningún voto nulo.
Ahora hermano Ángel os dirá los resultados.
Bien, ha sido elegido delegado de sección de mayores José Luis Hervás con 30 votos.
De preuniversitario Barambones, con ocho votos.
De sexto, Choperena, últimamente agregado, con 10 votos.
De quinto, García Vega, con siete votos.
Y de cuarto Lamberto Sáez, con nueve.
¡Viva el nuevo director!
Bueno, ya tenéis delegados.
Quiero ser el primero en felicitar a los elegidos
recordándoles que a través suyo podéis hacer todas las sugerencias
con el mayor respeto, a los hermanos.
Mucha suerte y feliz gestión.
- ¡Viva las elecciones! - ¡Viva!
- ¡Viva la democracia! - ¡Viva!
Pueden comunicar a sus compañeros que en líneas generales estoy conforme con las peticiones.
Se levantarán tres cuartos de hora más tarde por la mañana
y se acostarán media hora más tarde por la noche.
Así ya, en la nueva sala de juegos, podrán ver un poco de televisión o jugar al ping pong, a las damas,...
Los que quieran podrán salir los domingos.
Siempre y cuando no tengan nada pendiente que estudiar, claro.
La salida será de tres a siete de la tarde.
Me gustaría que pudiesen fumar todos pero no creo que fuera conveniente para la salud de los más pequeños,
así que podrán hacerlo durante los recreos los de sexto y los de preuniversitario.
- Hermano director, o fumamos todos o ninguno. - ¿Qué quiere decir, Hervás?
Creo que debemos defender la igualdad, que es lo que acordamos.
Además antes de hablar de ningún problema tenemos que tratar de la readmisión de los expulsados.
Bueno, ya les he dicho que he hablado con las familias.
Sí, pero no nos ha informado. El que estemos aquí no es ninguna concesión.
Antes de hablar de algún punto en concreto de los que usted tiene tanto interés
queremos la readmisión de los expulsados que faltan. Esta es la opinión de la mayoría.
No es cierto, hermano, esa no es la opinión de la mayoría.
¿Qué dices?
Simplemente tiene una opinión contraria a la suya.
De todas formas este no es un asunto que podamos hablar sólo los delegados.
Propongo que sea tratado en asamblea por todo el internado.
Tiene razón.
Muy bien, si les parece mañana nos reuniremos en la nueva sala de juegos.
Estamos reunidos porque tenemos una deuda pendiente con unos compañeros que no están con nosotros,
gracias a los cuales ahora algunos vais a poder fumar en los recreos y ver el telediario.
Considero que su vuelta es una cuestión previa a los demás problemas
y que debemos manifestarlo públicamente.
- ¿Has terminado, Hervás? - Sí.
Tiene la palabra Barambones.
Aunque en principio estoy de acuerdo con nuestro compañero quiero recordaros algunas cosas.
Primero, que la vida del colegio debe seguir.
¡Mierda!
Además, que un solo problema no puede desplazar a los demás, que son muchos.
Además, hay que contar también con los expulsados.
Aquí tengo una carta del padre de Cevallos y que dice que su hijo está trabajando en una oficina
y que no quiere volver al colegio.
- Eso es mentira. - Por mí está bien, que no venga.
¿Se puede saber quién te dio esa carta?
No es ningún secreto, me la dio el hermano director para que la leyera aquí.
- Vendido. - Cállate.
Veo que la conspiración es cada vez mayor.
La única respuesta sigue siendo la solidaridad.
Escuchadme. Propongo hacer una huelga de hambre hasta que vuelvan nuestros compañeros.
Y pido una votación.
- ¡Bravo, Hervás! - Siéntate.
Si los demás delegados están de acuerdo procederemos a la votación como quiera Hervás.
- A mano alzada. - De acuerdo, a mano alzada.
Los que quieran declararse en huelga de hambre antes de resolver los demás problemas del colegio, levanten la mano.
¿Nadie más vota la propuesta de Hervás?
¡Pero José Luis, si ahora podemos hacer lo que tú querías!
Que os den por el culo a todos.
Con que nos querías matar de hambre, ¿eh?
Tú eres imbécil, ¿verdad, chaval?
# Qué buenos son los hermanos del colegio. #
# Qué buenos son, que nos llevan de excursión. #
Antes de terminar la asamblea quiero presentaros al nuevo prefecto.
Es un viejo amigo vuestro: el hermano Julio. Hermano, por favor.
Si al hermano director le parece adecuado
propongo que cerremos este acto cantando el himno del colegio.
Adelante, hermano, adelante.
Un, dos, tres.
# Colegio amado, el hogar segundo, #
# con afán alado de aspirar al cielo y dominar el mal. #
# Flecha pedagógica que lleva a destinos #
# humanos o divinos de gloria infinita y de inmortalidad. #
# Nuestra provinciana juventud, su acero, #
# en pos de un lucero va #
# con impaciencia el filo a templar. #
# La vida es combate más que anchar chascadas, #
# tiene iluminada la ilusión florida del querer triunfar. #
# Nunca falten aguas limpias en sus fuentes #
# y que a sus corrientes innumerables niños vengan a beber #
# y marchen heridos de amor en su entraña #
# de Dios y de España sangre y estrellas en su amanecer. #
# Colegio amado, segundo hogar. #
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