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(Música)
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LA BATALLA DE MARATÓN
(Continúa la música)
Ateniense Filípides,
te proclamo vencedor de los Juegos de Olimpia.
Que Júpiter esté contigo como ha estado contigo la victoria.
Declaro clausurados los Juegos.
Que se custodie de la llama hasta la próxima Olimpiada.
"Grecia, en el año 490 a. C. era una tierra dividida.
Atenas contra Esparta.
Mientras Atenas se debatía en conflictos internos y traiciones,
enemigos de toda Grecia se unían para luchar con el gran Darío,
rey de los persas.
En ese momento, los griegos encontraron un héroe que los unió,
Filípides, el gran atleta ganador de los Juegos Olímpicos,
cuya carrera, desde Maratón a Atenas, no solo la salvó de la destrucción,
sino que estableció el modelo para la gran carrera del maratón
que coronó los Juegos Olímpicos desde entonces.".
(Música)
Oh, Palas Atenea,
a ti consagro el laurel vencedor de Olimpia.
Igual que me has protegido a mí,
protege a esta ciudad que lleva tu nombre.
Hoy es día de fiesta para Atenas.
Filípides nos ha traído el laurel olímpico
y ya forma parte de las filas de la Guardia Sagrada.
Nosotros tenemos que recordar que el pueblo ateniense,
habiendo decretado hace un año el exilio del tirano Hippia,
ha repudiado para siempre la dictadura.
A ti, valeroso Filípides,
y a tus compañeros de la Guardia Sagrada,
los atenienses confían la custodia de su libertad.
(Vítores)
Estamos dispuestos a dar la vida
y espero que no tengamos que recurrir a las armas.
La mejor defensa de la libertad es el buen gobierno.
Entonces, sí que es peligroso
que todo ciudadano se convierta en soldado.
¡Milcíades!
A ti que representas la fuerza militar de nuestra ciudad
y a ti, Creuso,
el primero de los arcontes y representante de las tradiciones,
pido en nombre de todos mis compañeros
que Filípides, vencedor de los Juegos,
sea nombrado jefe de la Guardia Sagrada.
(Vítores)
Bravo, Filípides.
(RÍE) Te has convertido el en hombre más popular de Atenas.
Yo también te confío la custodia de mi libertad.
Gracias, Teócrito. Yo solo soy un hombre de campo,
los dioses me han dado la fuerza,
pero a ti te han dado un don más precioso, la prudencia.
Haz siempre el mejor uso de ella.
Mientras tanto, en el seno del mar,
la espléndida luz se desprende del sol
y otra noche cae sobre la tierra.
El ocaso apena a los teucros,
pero como una oración querida y anhelada,
la sombra de la noche sorprende a los aqueos.
-Continúa, Andrómeda, vete más adelante,
donde habla Héctor.
-No, donde Juno se impacienta y envía a Hebe junto a Elena.
-Lee otra vez, Andrómeda, lo que tú quieras.
-Entonces, el duelo de Héctor con Áyax.
-Es bellísimo, a mí me produce escalofríos.
(Caballos acercándose)
¡Es mi padre! Os leeré más tarde.
Tu hija, Creuso, no ama a su futuro esposo.
Cada vez que me ve pierde la sonrisa.
No, no es así, Teócrito.
Fantasías de enamorado, ¿verdad, Andrómeda?
-Si tú lo dices, padre...
Ya conoces el arte sutil de las palabras, Andrómeda.
Quizá tu padre no debería prometerte a mí,
sino a Apolo, serías una sibila perfecta.
Vosotros, los jóvenes, tenéis ideas extrañas.
En mis tiempos, nadie osaba reírse del esposo
que sus padres les habían elegido.
Ahora, déjanos solos, Andrómeda. Adiós, Andrómeda.
Y recuerda las palabras de tu padre.
Será un adversario para nuestra causa ese Filípides.
Es amigo de Milcíades y es testarudo como todos los campesinos.
No. No, Filípides no es un campesino,
ama la tierra porque no conoce nada mejor.
Le haremos conocerlo mejor. Y pasará a estar de nuestra parte.
¿Adónde quieres llegar?
Si conseguimos la ayuda de la Guardia Sagrada,
será un juego apoderarse de la ciudad.
Y es esto lo que Hippia en el exilio nos ha pedido que hagamos.
Filípides debe ponerse de nuestra parte,
sino, peor para él. Teócrito,
sabes que comparto tus ideas y las de Hippia.
Te he prometido a mi hija,
pero no quiero que se derrame la sangre de un solo ateniense.
No tengas miedo, Creuso.
(RÍE) No sabría qué hacer con Filípides muerto. Me sirve vivo.
Por nuestros ideales.
(Música)
Oh... (RÍE) Perdóname.
¿Golpearme forma parte del juego? No.
Estábamos jugando a la pelota
y una se ha quedado enredada en un árbol.
Allá abajo... Estaba intentando hacerla caer.
No es una tarea fácil, ¿sabes?
¿Quieres probar?
No era tan difícil.
¿Me enseñas vuestro juego?
Se debe lanzar lo más lejos posible. Así.
¿Está bien así? ¡No! Así el juego terminaría pronto.
Eres bella como una estatua de Diana.
¿Por qué no dices nada?
¿Acaso te he ofendido? Yo te conozco, tú eres Filípides.
-Eres Filípides. -El héroe de Olimpia.
-Sí, es él. Y tú, ¿quién eres?
Me llamo...
Es inútil decírtelo, no volveremos a vernos.
¿Y si yo quisiera volver a verte?
¿Conoces el templo de Ceres en dirección al Pireo?
Paso con frecuencia. No creo que le interese Ceres.
-Ha dicho que quiere volver a verte.
-Solo porque es educado. Te equivocas, lo deseo de verdad.
Vámonos. (RÍEN)
Esta noche, cuando la luna esté sobre la acrópolis,
nosotras bailaremos para Ceres en el templo.
-¡Esto es muy divertido! ¡Venga! (RÍEN)
-Vigila con el árbol. -¡Tíramela!
-Tú eres Filípides, ¿verdad? Sí, soy yo.
Tengo una invitación para ti, hombre afortunado.
Una invitación de mi ama.
¿Una muchacha que esta noche bailará para Ceres?
No sé si para Ceres o para Venus, pero bailará, puedes estar seguro.
¿Su nombre? ¿Para qué quieres saberlo?
No será más bella aunque la llames por su nombre, ¿no te parece?
Cierto. ¿Dónde está? Sígueme.
Sí, Filípides. El vencedor de Olimpia.
Y tú, Caris, lo vencerás.
¿Es guapo, al menos, ese Filípides? Ofendería mi amor si no lo fuese.
Te ruego que dejes en paz al amor, sabes que me molesta.
Nada de lo que yo haga debe molestarte,
es un lujo peligroso.
Conquista a ese hombre, tráemelo aquí
y te haré todavía más rica.
Oh, así está mejor. Un discurso claro. Sin hipocresía.
Ven, Caris, ahí está.
Dime, ¿qué te parece?
(RÍE) Adiós, Caris, te dejo con tu conquista.
Mi ama te espera.
-Bienvenido a mi casa, héroe.
¿Por qué me miras así?
Pareces salido del reino de las sombras.
Yo esperaba... encontrarme con otra mujer.
Oh... ¿Más bella que yo? No. Diferente. ¿Quién eres?
Soy Caris.
Estaba en Olimpia el día de tu victoria.
Caris...
Ya he oído tu nombre.
He preparado una fiesta en tu honor. ¿Para mí?
Vendrás.
La más bella bailarina de Atenas, los vinos más raros,
luchadores, gladiadores, todo para nosotros dos.
Te lo agradezco, Caris,
pero esta noche no. ¿De verdad?
(Música)
Puedes beber conmigo. No es un filtro de amor.
(Continúa la música)
¿De veras es cierto? -Te lo aseguro.
Cuando la luna esté alta sobre la acrópolis, vendrá aquí.
Verás... -Andrómeda, Diana, rápido, venid.
Divina Ceres, haz que podamos hallar al hombre que amamos.
Son unos farsantes. Eres de gustos difíciles.
¿Sabes cuánto les pago?
Así está mejor.
Creía que te gustaba la lucha. En efecto.
Pero esto no es lucha, es un espectáculo vergonzoso.
Son dos miserables.
Agradezco tu hospitalidad, pero ahora debo dejarte.
Eres descortés y muy obstinado.
Lo siento mucho, Caris, pero debo irme.
Como quieras.
Déjame pasar. ¡Atrás!
-Detente, Lupo.
(Música)
¡Ah!
Ah...
(Música)
¿Y crees que me agrada esta estúpida historia?
¿Cuándo volveréis a veros? Creo que nunca más.
¿Por qué tenemos que vernos?
He empleado toda mi elocuencia para explicártelo.
No estoy acostumbrada a ser rechazada. No me va.
Y no quiero que se sepa. Vete. ¿Y Caris se rinde así?
Creía que habías comprendido que el que manda aquí soy yo.
Soy yo el que decido lo que debes y lo que no debes hacer.
Esta casa es mía. Todo lo que hay, es mío.
Esta vez te equivocas.
Tú misma eres mía. Si quieres, me voy,
pero no haré eso que me pides. Deja en paz a Filípides.
Yo pago para ser servido.
¿Pero qué tiene ese Filípides? (RÍE) Estás enamorada de él.
El que está enamorado es él, pero de otra.
Ah... ¿Es eso?
Y, tal vez, de una joven noble.
(RÍE) Y tú le amas a él. No quiero volver a verle nunca más.
No te he elegido entre las cortesanas
para que te enamores de Filípides.
Ay de ti si no me obedeces, Caris.
Haré que te azoten hasta que sangres.
Te destrozaré, todos huirán de ti.
Ten cuidado, maldecirás la hora en que naciste.
Haces mal en odiar las armas.
Incluso un hombre como tú podría tener necesidad de ellas.
Sí, puede ser, pero sería mejor si no existiesen.
Hazme caso. Escúchame bien.
Una espada puede hacer mal, pero también puede hacer bien,
según quién la empuñe.
Ten, toma.
Defiéndete. Vamos. Otra vez.
Así. Rápido.
Atento ahora.
Eres rápido como una flecha. Otra vez.
Uno... Dos...
(RÍE) Estupendo.
Atiende, una espada no solo sirve para el cuerpo a cuerpo.
¿Está bien así? No. Más a la izquierda. Eso es.
(Música)
Y con todo, ha dado en el blanco.
¿Quién irá en ese carro? -Quién sabe.
Pasó volando como el carro de Apolo.
(Continúa la música)
¿Por qué tratas de huir de mí?
Porque no quiero hablar contigo.
Debo decirte que siempre he pensado en ti.
Solo me has visto una vez. Ni siquiera sabes mi nombre.
Y qué importa el nombre.
Sé que no quiero perderte. Te amo.
¿No crees lo que te digo?
¿De qué sirve? Mi destino está marcado.
No debemos volver a vernos.
Escucha, no renunciaré a ti. Venceré cualquier obstáculo.
Si me das, al menos, una esperanza.
No. No debes esperar, sería inútil.
Debes olvidarme.
(Música)
¿Cuál es tu nombre? Para poder recordarte.
(Continúa la música)
¿Sorprendido?
No podía esperar a que volvieses a mí.
¿Cómo has hecho para entrar?
A veces, basta una sonrisa para volver gentiles a los hombres.
Pero no a Filípides. Te equivocas, me alegro de verte.
¿Te ríes de mí?
No... Así no. No me gusta ser besada con rabia.
Es peor que una bofetada. No hay rabia en mí.
Pero tampoco hay amor. No pretendo que me ames.
Pero si tú quieres, puedo ayudarte a ser feliz.
Haré que recuperes la sonrisa.
Ojalá fuese tan fácil como tú crees.
Es verdad, he comenzado por capricho, pero ahora es diferente, te amo.
Te necesito.
Tú tienes necesidad de creer que nadie se te resiste.
Eres injusto.
-Filípides, es tu turno de guardia. Adiós, Caris. Seamos razonables.
(Música)
Basta ya.
Le he invitado para hablarle claramente.
¿Hablarle claro a Filípides? Sería como confiarse con Milcíades.
¿Me sugieres alguna otra cosa,
tú que te jactas de conocer a los hombres?
Todos los hombres tienen su punto débil.
Él también lo tendrá. Sabes que la intriga me repugna.
He recibido noticias de Hippia. Debemos ponernos en acción.
El pueblo está de nuestra parte, pero la Guardia Sagrada,
si no está con nosotros, nos expulsará de la acrópolis.
Entonces, ¿tienes una idea?
Quizás, y hoy mismo sabré si es la apropiada.
¿De qué se trata?
Te lo diré cuando esté seguro.
¿Me has mandado llamar, padre? -Sí. Hoy tenemos un invitado.
Quiero que estés a la mesa con nosotros.
Un huésped muy importante, Andrómeda.
Ya verás. ¿Es, quizás, un amigo tuyo?
Todavía no, pero creo que lo será muy pronto.
¿Cómo se llama?
Te lo dirá él mismo, llega por el jardín.
El huésped ha llegado.
(Música)
Ah, bienvenido a mi casa, Filípides.
Tu presencia es un honor. Tu invitación me honra.
Esta es mi hija.
Y pronto será mi esposa.
Tengo la impresión de que ya os conocéis.
Sí. Quizás nos hayamos visto, pero sin conocernos de verdad.
Como sucede en los sueños algunas veces.
Si te hubiese visto,
aunque fuese en sueños, te recordaría.
¿Pero de qué estáis hablando? Adelante. La mesa ya está lista.
Los músicos amenizarán la comida. Sentaos, sentaos.
-Canto los valores del vino, que ahoga todos los pensamientos.
Bebed, oh, comensales, y que la vida os sea dulce.
-No te he visto sonreír, Filípides.
Me temo que no has agradecido mi hospitalidad.
Puedes estar seguro de que sí, Creuso,
disculpa si no soy buen comensal.
¿Los magistrados a consejo? ¿A esta hora?
Me sorprende. Tendrán graves motivos para hacerlo.
Lo siento, amigos, pero debo dejaros. Filípides, mi casa es la tuya.
Andrómeda y Teócrito te harán compañía.
¿Estás al corriente de lo que sucede?
Sé lo que saben todos.
Nuestra flota está diezmada
y los persas amenazan con desembarcar en nuestras playas
instigados por el traidor Hippia.
No todos piensan que Hippia sea un traidor.
Estoy muy cansada. Disculpadme.
Pobre Andrómeda, estaba disgustada, y creo que tú sabes el porqué.
¿Qué quieres decir? (RÍE)
Filípides, ¿por qué no eres sincero conmigo?
Sé que os habéis encontrado.
Y, por otra parte,
vuestra actitud de esta tarde no dejaba dudas.
Ella es fiel a la palabra que te ha dado.
A la palabra que su padre le ha dado al mío, quieres decir.
Estamos prometidos desde que éramos adolescentes.
Pero no me quiere.
(RÍE) Si tú quisieses casarte con ella, yo me retiraría.
¿Y qué querrías a cambio? ¿Yo? Nada.
Creuso, más bien.
Él no está de acuerdo con tus ideas políticas.
¿Ves? Nos ha dejado solos para que yo te hable claramente.
Si quieres a Andrómeda, debes abrazar nuestra causa.
¿Y Andrómeda aceptará?
¡Te he preguntado si aceptará! ¿Y tú? ¿Aceptarías?
Te he echo solamente una pregunta.
Soy yo el que pregunta ahora. ¡Responde!
¿Andrómeda está de acuerdo?
Por supuesto que está de acuerdo,
de otro modo, ¿por qué te habrían invitado aquí?
Lo hace por su padre, haría cualquier cosa por él.
Y, además, tiene cierto interés por nuestra causa.
Filípides.
Te esperaba para hablarte.
Ahora soy yo quien quiere decirte una cosa.
Te amo. ¿Ahora me amas?
Entonces, es verdad, tú también estás de acuerdo.
No me presto a vuestras intrigas. Adiós.
¡Filípides!
(TRISTE) Filípides...
¿Qué le han dicho de mí? ¿Por qué me odia?
Lo pagará caro.
Desde que volvió de Atenas, no es el mismo.
-No habla con nadie.
¡Milcíades!
(RÍE) Salve, Filípides. Bienvenido a mi casa.
En verdad sentía la necesidad de un poco de aire puro.
El viento del este seca la tierra. Tú no entiendes de estas cosas.
El viento del este trae la lluvia. (RÍEN)
Pálide, trae vino.
Y en la plaza Eraclea han abierto las nuevas termas.
Cuestan caro, pero ir allí es signo de distinción.
No es para nosotros.
Yo no las he pisado nunca, pero en compensación,
Teócrito está como en su casa y parece que se divierte mucho.
¿Quieres saber quién suspira por ti en Atenas?
Aquella espléndida mujer de Micenas, Caris.
Dicen que está enamorada de ti.
Apenas la conozco.
Te habrá visto en Olimpia.
Ciertamente, fue una bella victoria la tuya.
Todos estaban locos al ver... tu clase en la lucha.
Era muy fuerte el espartano.
Euro se llamaba. Pudo ganar él, pero no tuvo suerte.
Tus amigos de la Guardia Sagrada no piensan así.
Tu marcha inesperada les ha desilusionado.
Les ha desalentado.
Me das una importancia que no merezco.
No. Contigo al lado yo me sentiría mucho más seguro.
Pero quizás has hecho bien en abandonar Atenas.
Las preocupaciones, los deberes...
Aquí el tiempo, sin embargo, pasa más suavemente.
Te equivocas.
Aquí tengo responsabilidades, ansias y pesares.
Todavía no tengo intención de volver.
Milcíades, te traigo malas noticias.
El ejército persa ha desembarcado en la playa de Maratón.
Debes volver inmediatamente a Atenas.
(Música)
Divino Darío.
¿Qué te parece mi ejercito?
Verás, ni siquiera será necesario que combatas.
Los atenienses y todos los griegos te esperan para liberarse
de los cuatro ambiciosos que los gobiernan.
Será una marcha triunfal, un triunfo.
Temo que los dioses no secunden deseos como los tuyos.
Prefiero confiarme a mis soldados.
(Música)
No es la primera vez que nuestra tierra
sufre la agresión del extranjero.
No es la primera vez que nuestra ciudad, nuestras leyes,
nosotros mismos corremos el riesgo de ser destruidos.
-Sí, pero el peligro nunca ha sido tan grave y tan cercano.
Los persas están a 100 estadios de nuestros muros.
-¿Qué quieres decir con eso?
¿Qué debemos rendirnos y acoger a los persas como amigos?
-¡No, nunca a los persas! -¡Nunca!
-Yo sostengo que nosotros solos
nunca lograremos reducir a Darío y a sus hombres.
Nuestras arcas son pobres.
Llegaremos a armar 10 000 infantes y 5000 caballeros,
somos uno contra diez y no tenemos naves de guerra.
-Armaremos a los viejos, a los chicos.
Combatiremos por un ideal común a todos.
Si no podemos vivir libres, es mejor que muramos combatiendo.
-¡Milcíades! ¡Viva Milcíades! -¡Milcíades!
-¡Sálvanos! ¡Defiéndenos de los persas!
-¡Sálvanos, Milcíades!
(Alboroto)
Vamos, Milcíades, toda Atenas espera en silencio tus palabras.
¿Has encontrado ya el camino de la victoria?
Yo no tengo el poder divino
de transformar una aventura en un triunfo.
Teócrito quiere de mí un prodigio, sabiendo bien que no puedo hacerlo.
Quizá me lo pide para poder acusarme de no haberlo hecho.
Esta guerra es decisiva para el porvenir de nuestro pueblo.
Todos nosotros debemos empeñarnos en esta empresa
con todas nuestras fuerzas.
Entonces, ¿por qué no mandas a combatir
a nuestros mejores hombres,
a los campeones de la Guardia Sagrada?
¿Por qué permanecen en Atenas?
Porque solo son 100 hombres
y en medio de una batalla, no cambiarían su suerte.
Su única competencia es la custodia del templo de Palas Atenea.
Yo no creo en los prodigios,
pero confío en el favor de los dioses
y en nuestro buen juicio. (RÍE) Nuestro buen juicio...
El buen juicio no sirve para decidir una batalla,
no es una fuerza militar.
Son los ejércitos los que cuentan.
En número de combatientes, espada contra espada.
Solo así el valor individual puede tener un peso en la batalla.
Quien tiene juicio, sabe duplicar las propias fuerzas
y quien defiende su casa, su esposa, sus hijos
no cuenta los enemigos que tiene enfrente
y hace de la desesperación un arma invencible.
Una masacre espléndida.
Esto es lo que nos propone Milcíades.
Moriremos todos. Pero con gloria.
Consideremos la realidad, somos uno contra diez.
Yo propongo hacer un trato con Darío.
Ciertamente, si estuviésemos solos los atenienses
para detener la rapiña del invasor,
bien pocas serían nuestras esperanzas.
Pero otro ejercito no menos aguerrido que el nuestro
podrá socorrernos, el de Esparta.
Y con la ayuda de Esparta, Grecia se salvará una vez más.
¿Pero quién garantiza la ayuda de Esparta?
El peligro común.
Después de Atenas, Esparta sufrirá nuestra suerte
y después de Esparta, toda Grecia. Los espartanos lo saben.
Los espartanos desconfían de nosotros.
Es verdad.
Piensan que puede haber entre nosotros
alguno dispuesto a traicionar la causa común.
Pero hay un hombre que tiene su confianza
y que sabrá convencerlos.
Un hombre libre de toda sospecha.
Filípides.
Nosotros reuniremos lo más pronto posible
nuestros ejércitos
y marcharemos al encuentro de los persas
para enfrentarnos con ellos en la playa de Maratón.
Si el consejo aprueba mi plan,
daré orden a Filípides de partir inmediatamente.
(Música)
Que los dioses te protejan. Nos veremos en Maratón.
(Continúa la música)
Filípides, te auguro buena suerte.
Gracias, Caris.
Sin embargo, tu augurio es sincero. Adiós.
(Música)
(LLORA) -Andrómeda...
¿Tú le amas, no es verdad?
Hoy he comprendido que solo él es digno de ti.
-Sí le amo, padre, pero algo le ha alejado de mí.
Desde el día en que fue nuestro huésped,
me desprecia, me odia. -Lo he estropeado todo.
Contigo y con mi ciudad.
Todo el mundo está contra Hippia.
Teócrito me ha engañado.
-Padre, no debes atormentarte. Nadie duda de tu buen hacer.
El destino quiso que fuese así.
(Música)
¿Por qué has venido a mi casa? ¡Habla!
¿Crees que estoy dispuesta a ayudarte? ¿Qué quieres de mí?
-Solo quiero que Filípides no sea herido en batalla.
Él te ama, lo he visto.
Entonces, protégelo de Teócrito.
-Él te ama a ti, pero ¿qué has hecho tú para merecerlo?
-¿Te lo ha dicho él? -No. No me ha hablado nunca de ti.
Pero en sus ojos, en sus palabras has estado siempre tú.
Lo he notado.
No tengo la suerte de sustituirte en su corazón.
¿Estás contenta ahora? ¡Dilo! -Caris... Escucha...
-Fuera. Fuera de aquí tú y tu inocencia.
Tu pureza, tu piedad... ¡Vete!
(Música)
¡Ah!
(Continúa la música)
(RESPIRA CON DIFICULTAD)
(SE QUEJA)
(Música)
(Galope)
Todos locos por Filípides.
Todos esperan de su embajada en Esparta la salvación.
Yo digo que Filípides ni siquiera llegará a Esparta.
¿Por qué no? ¿Sabes algo?
(RÍE) Sé que estamos en guerra y que el camino es largo.
Ha venido gente del campo para hablarte, amo.
¿Qué habéis hecho?
(GRITA) ¿Dónde están los demás? ¿Y Filípides?
Está vivo, ha escapado.
(Música intriga)
(GRITA)
¡Asesino! Rápido, ven conmigo.
¿A dónde quieres llevarme? Vamos al encuentro
de nuestros amigos. ¡Déjame aquí! Te lo ruego.
Lo siento, pero ahora... sabes demasiadas cosas.
Debes venir. ¡No, no, no! ¡Déjame!
(Música)
Las fuerzas atenienses al mando de Milcíades
hacen frente al invasor en Maratón en una lucha desesperada.
Su salvación depende de vosotros.
Atenas os pide que bajéis al campo a su lado.
Hemos escuchado la llamada de los atenienses.
Pero antes de que en el cielo aparezca la luna nueva,
no está permitido coger las armas. Esto dicen los auspicios.
Este es el designio de los dioses. Si el vaticinio es cierto,
entonces los dioses quieren la ruina de toda Grecia.
(Murmullo)
Filípides dice la verdad. ¡Debemos ayudarles!
Si no nos unimos contra los persas, le será fácil a Darío derrotar,
primero, a Atenas y, después, a Esparta.
-Olvidas, Euro, todo aquello que durante tantos años
ha dividido a Esparta y Atenas. Las guerras que ha habido
entre nosotros, la desconfianza, las ofensas no vengadas...
¿Pretendes que todo esto se olvide de repente?
¿Quién asegura la buena fe de los atenienses?
-La palabra de Filípides... y yo respondo por él.
Amigos, recuerdo mi encuentro con Euro en los Juegos de Olimpia.
Euro es un buen luchador y él mismo puede deciros
que unos brazos vigorosos valen bien poco...
sin el esfuerzo conjunto de todos los demás miembros.
Espartanos, nuestras ciudades son miembros de un mismo cuerpo.
Haced que la concordia las una en esta lucha
y Grecia estará salvada. No tengo más que decir.
Ahora os toca a vosotros juzgar y decidir.
(Gong)
(Música tensión)
Esto, Calímaco, es nuestro verdadero enemigo,
el miedo. Nuestros hombres podrán afrontarlo.
(Música solemne)
¡A vuestros puestos!
(Galope)
(Música acción)
(Griterío)
(Continúa la música)
No han empleado la caballería.
Ataquemos por los flancos. No.
Pueden reservarnos alguna sorpresa. Esperemos.
(Galope)
(Música acción)
(Flechas)
(GRITAN)
¡Atenienses, por la libertad de nuestra tierra!
¡Adelante!
(Música marcial)
(Relinchos)
(Gritos)
(Música peligro)
¡Adelante con los carros, catapultas en acción!
(Continúa la música)
(GRITAN)
¡Ah!
¡Rápido! ¡Abrid las trampas!
¡Ah!
(Música acción)
Milcíades, no podemos resistir.
Haz que combatan las reservas.
Esperemos todavía, son nuestros últimos recursos.
¡Atenienses! ¡Es Filípides!
¡Atenienses, resistid! ¡Esparta está con nosotros!
¡Es Filípides! ¡Resistamos! ¡Esparta está con nosotros!
¡Adelante todas las reservas! ¡Atacad!
¡Filípides! ¡Es Filípides! ¡Filípides!
(Música acción)
(GRITA)
(Continúa la música)
(Música intriga)
(GRITAN)
Está bien, Teócrito.
Te daré las treinta naves que me pides.
Será fácil porque Atenas no tiene una flota;
pero, escucha, quiero que mis hombres desembarquen
en El Pireo fácilmente. Tu plan debe conducir
a la rendición del ejército al que sigo haciendo frente.
Esta es la última oportunidad que te doy para serme útil.
Me prometiste la rendición de los atenienses y, sin embargo,
luchan como héroes. ¡Mirad!
¡Mirad! ¡Una mujer!
¡Detente, Caris! Nos traicionará.
¡Detente, Caris!
(Música peligro)
Déjala morir, es una espía.
Así morirán todos tus enemigos.
¡Salve, gran rey! Nos veremos en Atenas.
(Galope)
(Música)
Venid aquí, ayudadme, por favor.
-Ya casi es media noche. -Ayudadme.
Los espartanos deben estar aquí antes del ocaso.
Eso dice Euro.
Quizás no lleguen jamás.
Quizás piensen que Darío se conformará con nuestra derrota.
Hoy hemos salido airosos, pero... ¿y mañana?
Si permanecemos solos,
los persas nos aplastarán.
(RESPIRA CON DIFICULTAD)
¡Mira allá abajo!
¿Qué ocurre?
Quizás han atrapado a un soldado enemigo.
¡Filípides, ven pronto!
La hemos recogido porque se arrastraba por el campo.
Ha preguntado por ti, dice que debe hablarte.
Ah... Filípides... ¡Caris!
(CON DIFICULTAD) Filípides, escucha.
Caris, ¿qué ha pasado?
Los persas desembarcarán en El Pireo.
Mañana atacarán Atenas...
por sorpresa.
Teócrito les guía.
Date prisa.
Amor, salva Atenas.
(Música melancólica)
No hay un instante que perder. Debes partir rápidamente para Atenas.
Traicionarías, incluso, su muerte si no lo hicieses.
¿Cómo detener a toda la flota?
Reuniré a los hombres de la Guardia Sagrada
e intentaré retardar el desembarco.
Tienes razón. No tenemos alternativa.
Si la gente de Esparta llega a tiempo,
aquí podemos todavía derrotarlos. Atacaremos al amanecer.
Resistid hasta la hora tercera.
Si no han llegado en ese momento, salvaos.
Haz un sacrificio a los dioses por su muerte...
para que nos ayuden.
(Galope)
Rezad una oración por esta mujer
y ponedle al lado las armas de un enemigo.
Ha combatido como uno de nosotros.
(Música)
(Música intriga)
(Agua corriente)
Ah, ah...
(Relincho)
(Música intriga)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
(Música acción)
No hagáis ruido.
Esconded las barcas.
Estaremos de regreso dentro de una hora.
(RESPIRA AGITADAMENTE)
(Música)
(SUSPIRA)
(Música acción)
(Pasos)
Por aquí. Seguidme.
(Continúa la música)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
(Chirrido)
Padre...
-¿Qué haces aquí a estas horas? -Creí que te habías acostado
y tengo pena. Yo tampoco puedo dormir.
-Necesito estar solo. No debes preocuparte, querida.
-Pero... ¿por qué no confías en mí?
Me tratas como a una niña que es demasiado pequeña
para comprender.
¿Qué es lo que te atormenta?
-Ya es inútil hablar. Demasiado tarde.
-No. Estoy segura de que Filípides ha tenido éxito en su misión.
(Pasos)
Qué conmovedora escena de vida familiar.
Siento interrumpiros, pero estamos en guerra, Creuso.
Andrómeda, perdona mi brutalidad.
¿Qué más quieres de nosotros?
Ha llegado el momento de demostrar a Hippia nuestra fidelidad.
Y de evitarle a Darío otras desagradables sorpresas.
¿Qué es lo que pretendes? Que convenza a los arcontes
de que voten la paz con Darío. Tu padre es el más autorizado.
En un momento como este, puede obtener todo lo que quiera.
¿Lo que quiera, dices? Bien...
Lo que quiero es no traicionar a mi patria.
Diré a los arcontes que debemos resistir.
Comprendes siempre demasiado tarde.
Haz lo que te he dicho...
o tu hija pagará por ti. ¡Ah, padre!
-¡No! ¡Detente! -¡No! ¡Soltadme!
-¡Déjala! Cuando me entregues Atenas,
no antes.
¡Maldito!
(Música tensión)
Viejo loco, harás lo que yo quiera, ¿entendido?
O Atenas... o la vida de tu hija.
(Música acción)
(RESPIRA CON DIFICULTAD)
(Continúa la música)
Rápido...
Regresemos con la flota.
(CON DIFICULTAD) Rápido, por favor, llamad a todos los demás.
Debemos llegar a El Pireo. Los persas atacarán por mar.
Teócrito los guía.
¡Es nuestra, venga! -Acabaremos.
(Murmullo)
Cuidado, cuidado. -Venga, deprisa.
-¿Y dónde colocamos eso? -Aquí. Una encima de la otra.
-¿Dónde pongo esto? -Allí. Así está bien.
-¡Esas vigas! -Un poco más adelante.
-Rápido, rápido. -Adelanta estas. Ahí está bien.
-Silencio. Escuchemos a Filípides. Escuchad...
Las órdenes de Milcíades son retardar el desembarco
hasta la hora tercera. Y recordad,
somos cien contra una flota entera. No tenemos miedo, Filípides.
Los cogeremos por sorpresa. Nuestra fuerza es la sorpresa.
Primero, intentaremos detener sus naves.
Cuando sea el momento de luchar, yo daré la señal.
¡Ayuda!
¡Que venga gente de la Guardia Sagrada!
¡Corred! Mi amo, Creuso... ¡Lo han herido! Se muere.
Continuad vosotros y esperadme aquí.
Venga, nos necesita. -Acabemos de una vez.
-Sí.
-No te pido nada para mí, pero salva a mi hija.
Es inocente y te ama. ¿Dónde está Andrómeda?
Teócrito se la ha llevado de aquí por la fuerza.
No sé a qué lugar la habrá conducido. Y yo que les había creído...
No me importa morir,
es justo que pague mis culpas.
Pero ella no, no ha cometido ningún daño.
Ha estado sufriendo sin saber por qué.
Sálvala, dame esta última esperanza.
Haré lo que pueda.
Si los dioses son justos, me ayudarán.
(Música)
Dentro de poco estarán aquí. ¡Vamos!
(Música intriga)
(Música)
Ah, ah...
¿Por qué tanta prisa?
Te llevaré yo mismo a Atenas... en mi carro.
Quizás te equivoques.
(Música intriga)
¡Costa de El Pireo a babor!
-¡Mantén el timón!
(Continúa la música)
¡Embarcadero a una milla de proa!
-¡Avisad a la nave capitana!
Hoy asistirás a mi triunfo.
Como tu esclava. O como reina.
Puedes elegir.
Hoy tendré a Atenas a mis pies.
No es posible, no lo permitirán los dioses.
Mi pobre Andrómeda, los dioses están siempre
con el más fuerte.
(Música)
(Estruendo)
(GRITAN)
(Barullo)
¿Qué sucede con la nave? No lo sé.
Conozco bien la costa, aquí el agua es profunda.
-¡Piedad!
(Música)
(Barullo)
¡Achicad agua! ¡Rápido, fuera!
(A LA VEZ) ¡Ah!
¡Izad la vela!
Quedan dos horas.
¡A los remos!
-Nosotros atacaremos por el centro. La otra nave... por el flanco.
-Estos atenienses están locos. ¡Nos atacan!
¿Qué pretenden hacer con esas dos naves?
¡Ah!
(Música acción)
¡Es Filípides con los hombres de la Guardia Sagrada!
(Continúa la música)
Hace poco estabas seguro de tu triunfo,
pero ahora tienes miedo. ¡Átala a proa!
Allí esperarás a tu salvador.
(GRITAN)
(Música tensión)
¿Van a jugar cien hombres con nosotros?
¡Adelante! ¡Remad con fuerza... contra esa nave!
¡Vamos, abrid el espolón!
(Crujidos)
¡Cambiad el rumbo! -¡A babor!
(Estruendo)
(Barullo)
(Crujidos)
¡Han atacado a Teucro! ¡Abordémosles!
¡Ahora la otra nave! ¡Quitémosla del medio!
¡Todos al agua! ¡Seguidme!
¡Nos atacan nadando! ¡Disparadles!
(Música peligro)
(Golpes)
(GRITAN)
¡Oh!
¡Ah!
(Música marcial)
(Crujido)
(Barullo)
(Continúa la música)
¡Ah!
¡Andrómeda!
¡Atacad la nave!
(Música)
(GRITA)
(Música tensión)
¡Uh!
(Flecha)
(Música acción)
(Estruendo)
(GRITA) ¡No, no, no!
¡No!
(LLORA)
¡Ah!
(SUSPIRA)
Oh...
(Barullo)
¡Estás rodeado, Filípides! ¡Te atacaremos!
Ha terminado, Andrómeda.
La hora tercera ha pasado ya. Milcíades debe haber sido derrotado.
No tengo miedo a morir...
ahora que te he recuperado.
¡Remad con fuerza! ¡A tierra!
(Música solemne)
¡A tierra! ¡Todos a tierra!
(Barullo)
(Continúa la música)
(FORCEJEAN)
(Galope)
¡Al ataque!
(Música acción)
(Barullo)
(Relinchos)
¡Teucro! ¡Filípides!
(Relincho)
(Música)
(Música triunfal)
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