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¿Y tú crees que va a salir todo bien?
Clara, nunca encontraría a una persona mejor que tú
para encargarse de todo esto, y para tratar con Godó.
Lo vas a conseguir, por las chicas Velvet.
Tienes que venir a vernos.
A ver si te crees que me voy a perder yo Nueva York.
Y si no... volveré.
Eso espero. Dale muchísimos besos a Alberto.
Vale, de tu parte.
Bueno, y al otro Alberto también, si te hace feliz.
- [ANA] Te quiero. - Y yo a ti.
Pero ¿aún más cosas? Déjenlas en...
[teléfono]
Déjenlas donde puedan.
¿Sí?
Ana, ¿cómo estás? ¿Qué tal el viaje?
Bueno, poco a poco, ya sabes, intentando hacerme a la idea.
No sabes el lío que tengo aquí montado.
Sí, claro, todo sigue en pie.
Esta tarde abrimos.
Estoy convencida de que será un nuevo éxito, ya lo verás.
Oye, ¿cómo estáis todos? ¿Qué tal los Albertos?
Sí, no te preocupes. Dales un abrazo de mi parte.
Mañana te llamo para contarte cómo ha ido todo.
Gracias.
Un beso.
- ¿Qué tal voy? - Estás hecho un pincel, primo.
- ¿Qué hora es? - Faltan 10 minutos,
- no te preocupes. - ¿10 minutos solo?
Primo, no te pongas nervioso, que esto no tiene ciencia.
Desde fuera se ve fácil.
Llevas los tirantes por fuera de la chaqueta.
Tú te subes en el coche, le dices lo que le tienes que decir y punto.
- ¿Y qué le digo? - Yo me bebo los vientos por ti.
Yo me quiero beber los océanos.
Y ya está. Yo quiero ser como un perdiguero con la perdiz.
- ¿Perdiguero? - Primo, te lo digo en serio.
Es la mujer que más has querido en tu vida.
Tú te tienes que quedar aquí, porque extrañas los churros
y quieres que ella se quede.
No sé, yo no sé si tirarme a la piscina.
Pero ¿qué piscina?
Mira, o te pones el bañador y te tiras o se te pasa el verano.
- Me da apuro. - ¿Qué apuro?
- ¿Y si no le gusto? - ¿Y a qué ha venido aquí?
Pues a conocer la ciudad y...
No digas tonterías. Toma, las llaves. No es un Aston Martin,
pero da igual. Tú te subes, le dices:
"Te quiero, te amo, yo quiero ser tu marido".
- Ya está. - ¿Tan pronto?
- Igual me he pasado. - Sí, deséame suerte.
Suerte, primo.
Vamos, que va a salir muy bien.
Colócate el pelo.
[PEDRO] "Hola, Rita, mi amor.
¿Cómo estás? No te vas a creer que el primo Jonás se ha enamorado.
Como lo oyes.
Jovar, es altar, es viaje a Valencia...
¿Te acuerdas del viaje que nos dimos tú y yo
de viaje de novios? Qué bien lo pasamos.
Que sepas que te echo mucho, mucho, mucho de menos, Rita.
Mañana te volveré a escribir, que me tengo que ir a las galerías.
Te mando un beso allí donde estés.
Te quiero".
[motor en marcha]
La mayoría prefiere ventana, yo no, yo prefiero pasillo.
Si te duermes, ¿de qué te sirve el paisaje?
[MARIE] Dime que me quede.
Dime que me quede.
Yo entre paisaje, pasillo y aseo, prefiero pasillo.
Es mejor.
[JONÁS] Imbécil, pídele que se quede. ¿A qué esperas?
[JONÁS] Que se quede. Díselo ya, dile que se quede.
Bueno, espero que el viaje se me haga largo, largo.
[JONÁS] Pídele que se quede.
[MARIE] Pídeme que me quede. Venga, pídeme que me quede.
- Jota... - Marie...
Que... estamos llegando.
- Qué rápido. - ¿He ido muy rápido?
- No. - ¿Sí? Ah, no.
[JONÁS RÍE]
A ver si no vamos a poder sacar la maleta.
- Ya me dirás adónde vas sin maleta. - A ningún sitio.
- Te vas a tener que quedar. - D'accord.
¿D'accord?
Quiero decir, sin maleta no puedo viajar.
No.
Quédate conmigo.
¿Qué?
Quédate conmigo.
No quiero que sacrifiques tu carrera, pero creo que Velvet te puede aportar
cosas muy buenas, si tú quieres, tenía que intentarlo.
- Si no, te mando la maleta y... - No.
¿No te la mando?
- ¿No te quedas? - Sí, sí me quedo.
- Sí. - ¿Te quedas?
- ¿Te quedas? - Sí.
- ¡Se queda! - A trabajar.
A trabajar, a trabajar.
- Sí. - A trabajar.
¿Nos vamos?
Sí, sí. Señorita...
¿A ti no te parece algo precipitado lo de abrir hoy?
¿No eras el superdirector que se haría cargo
- sin saber de moda? - Ya. Igual me precipité.
Sin duda, pero ya es tarde para arrepentirse.
Nadie ha hablado de arrepentimiento.
Anda, vamos, que tienes mucho que aprender y no tienes tiempo.
- ¿De aquí a la tarde crees que voy a...? - No, de aquí a la tarde
seguirás sin tener idea de nada,
pero yo me encargaré de que no se te note,
o se note lo menos posible.
Cuánto tiempo, Enrique.
No sabes lo desagradable que me resulta volver a verte.
Y ya te estoy viendo venir.
Ni lo sueñes, porque esa sala es mía.
Mira, no estés tan seguro, porque busco estudio fotográfico.
¿Ah, sí? El Tibidabo tiene unas vistas espectaculares.
Mira, ese es mi atelier, el epicentro de la creatividad,
el kilómetro cero de la moda en España.
Así que te puedes buscar cualquier otro espacio para jugar.
Esto no es un juego, tengo un negocio que mueve millones de pesetas
y esa sala tiene buena luz.
Las cosas que uno tiene que escuchar...
Búscate la vida, que tú eres experto en eso.
Y ahora, me voy a trabajar.
No te quepa duda de que esto no va a quedar así.
Lo sé, te conozco y vas a estar tocándome las narices.
Escúchame bien, no te pienso pasar ni esta.
Me voy a levantar esa escuela, porque esa sí generará millones.
- No lo lleves a... - Suerte, Enrique.
[CARRASPEA] Buenos días.
Muy bien, pueden sentarse.
Cada uno de ustedes está aquí
porque cree tener talento y quizá alguno lo tenga.
Pero para alcanzar el Olimpo de la moda, como lo hice yo,
van a necesitar algo más:
trabajo, originalidad
y lo más importante, mi aprobación.
Ahora tienen que pensar que cada uno de ustedes
no es más que un pequeño hilo,
una ínfima parte del gran telar de aspirantes
que se está presentando cada día a las pruebas de acceso.
Así que, esmérense, denme toda su imaginación
y sorpréndanme,
cosa que, sinceramente,
es bastante difícil.
La prueba consiste en diseñar un traje de cóctel.
Y contarán con... ¿Dónde cree usted que va?
[NICO] ¿Quién, yo?
No veo a nadie más en la puerta.
Perdona, me he quedado dormido.
Tuteándome...
Alto y claro, sin excusas.
Se ha quedado dormido.
Muy bien, siéntese.
Pero tendrá 15 minutos menos que sus compañeros para el examen,
- los que malgastó entre las sábanas. - Como usted diga.
Y me hará dos propuestas, en vez de una, como los demás.
Veamos si es tan hábil con el lápiz como contestando.
Manos a la hebra.
Tienen una hora. El tiempo comienza...
...ya.
Pero ¿qué te pasa?
¿Qué te ha pasado?
Es que no lo comprendo.
Me habían dicho casi casi que el puesto ya era mío.
- Con lo contenta que yo estaba... - Esto es algo que pasa en España,
que hay mucho enchufado en todos los sitios.
- No nos tendríamos que haber venido. - No digas bobadas, no digas eso.
Yo era tan feliz en el colegio...
Y me tenían en cuenta. Aquí no soy nadie.
¿Cómo que nadie? Para mí lo eres todo, Inés.
- Bueno, y... - ¿Qué?
¿Por qué no nos volvemos a Alemania, por favor?
Pero ¿y nuestro futuro, Inés, nuestra boda?
Manuel, es que yo no sirvo para mantenida.
Yo necesito mi trabajo y no depender de ti.
- He estudiado y lo he hecho por algo. - Ya.
Pero tienes que entender que yo no puedo abandonar a mi padre.
Ya lo sé.
- Quizá me tenga que volver yo sola. - No, no, eso nunca.
Manuel, tú sabes que si me voy, no dejaré de quererte.
No, para, que esto suena a despedida, por favor.
Vamos a ver. Vamos a intentarlo.
Vamos a intentarlo por última vez y si no lo conseguimos,
yo mismo organizo el viaje de vuelta.
Prométeme que nos daremos unos días más.
- Jolín... - Prométemelo.
- ¿Unos días solo? - Unos días solo.
- ¿Prometido? - Prometido.
- [en alemán] Te quiero. - [en alemán] Te quiero.
- [en alemán] Te quiero. - [en alemán] Te quiero.
Vamos que... ¡Y decían que lo iban a adornar!
Aquí mucho "lirile" y poco "larala".
Señorita Nogués, por favor, recoloque el maniquí.
- [MANOLITO] ¡Padre! - Bueno... ¿Dónde estabas?
Todos partiéndose el lomo y tú de picos pardos.
- Me tiene que ayudar. - Qué novedad. ¿Dónde estabas?
Padre, Inés se quiere volver a Alemania.
- ¿Cómo? ¿Qué le has hecho? - Yo nada, que no encuentra trabajo.
Si iba a empezar en una fábrica.
Iba a empezar, pero han metido a una enchufada.
- ¡Qué asco de país! - Eso le he dicho yo, pero se me va.
Que no se va, que se queda aquí.
Aquí lo tiene todo: la boda, la familia, los nietos...
Eso le he dicho, padre, pero que no hay manera.
Así consiguió ella la mejor nota en la escuela.
- ¿En la escuela? - Eso quiere, volver a...
Que no, te hablo de la escuela del Sr. De la Riva. La enchufa.
¿Qué? Me acaba de decir que le da asco el enchufe.
No me líes. ¿Quieres que se quede?
- Pues claro que quiero. - No hay más que hablar.
Yo hablo con el Sr. De la Riva, que no le pagará,
pero con el aprendizaje que tendrá, con el tesón, con el corazón,
yo te digo que, en poco tiempo, es mano derecha de doña Blanca.
¿Qué pasa ahora?
Que me gustaría que algún día hablara así de mí.
Venga, anda, vete a trabajar, exagerado.
Tiempo.
Dejen el lápiz sobre la mesa. Señorita, deje el lápiz.
Deje el lápiz.
Asegúrense de que han puesto su nombre y sus apellidos
en el encabezamiento de la hoja de trabajo.
Gracias por su tiempo.
Ya pueden marcharse.
Tanto aspaviento para nada.
Buenos días, señor De la Riva.
Y tanto que buenos.
Creo que he encontrado al primer alumno.
Pues yo creo que con un alumno no puede montar una escuela.
Yo creo que necesita muchos alumnos más,
si me permite decírselo.
Pedro, ¿acaso viene a organizarme la escuela?
Pedro, ¿tú sabes lo que me pides?
Yo no he enchufado a nadie en mi vida.
Sí. Es que esto es un caso muy especial.
Inés es mi nueva nuera,
es como mi hija, usted tiene que comprender eso.
¿Comprendes que es una muchacha
que no tiene experiencia ni vocación?
Ya, pero se vuelca en todo.
Vamos a ver, Pedro, Ana Rivera quiere franquiciar Velvet
y convertirlo en una marca que sea reconocible en cualquier parte.
¿Esto es posible con amiguismos y enchufismos?
No, no, si yo no quiero estropear el proyecto de Ana,
pero es que a Inés la vas a poner en un sitio
- y se va a volcar, confío en ella. - No lo entiendes, ¿verdad?
Si acepto a Inés así,
después de someter a los demás a las pruebas más exigentes,
traicionaría mis propios principios.
Pero yo pongo la mano en el fuego por ella.
Pedro, tú no me estás pidiendo una plaza,
tú me estás pidiendo que deje de ser quien soy.
Yo le admiro mucho.
Y seguramente por cosas como esta usted está donde está,
en un buen lugar.
Yo, sin embargo, pues sigo aquí.
Bueno, disculpe, que tampoco le quería poner en un compromiso. Disculpe.
Pedro...
¡Pedro!
- Me lo pensaré. - ¿En serio?
- No he dicho que sí. - Pero...
Le voy a dar una vuelta.
Muchas gracias, Raúl.
- De verdad que... - Que sí, que sí.
[PEDRO] ¡Gracias!
Nos traen la mercancía los martes y los jueves
y la etiquetamos según diga el jefe de taller, si quieres un muaré
hablas con el jefe del almacén. Aquí tenemos a Raúl.
Pues sí, que se va a tomar el vermut.
Pues estos son nuestros talleres. Aquí tienes la escuela,
la zona de patronaje, la de corte y la de confección.
Que respecto al patronaje...
- ¿Voy muy deprisa? - ¿Naciste así?
- ¿Perdona? - Nada, continúa, por favor.
Te estás enterando de lo que hacemos, ¿verdad?
Pues... ropa.
Bueno, otra cosa que no le puedo contar a Ana.
¿Sabes? No me he quedado en Barcelona para perder el tiempo.
Si no te interesa Velvet, ahí está la puerta.
Clara, perdona, perdona.
Me interesa, pero es mucha información, es todo nuevo y me cuesta seguirte.
Y no me lo tengas en cuenta, porque a veces, me pasa.
Ellos y sus películas.
Ellas y sus desplantes.
Llega el gran día,
ella es la protagonista, por supuesto,
y el novio esperando en el altar dos horas.
- ¿Te han dejado tirado en el altar? - No tiene ninguna gracia.
- O sea que sí. - ¿Te importa si continuamos con esto?
Perdona, perdona.
No te has quedado en Barcelona para perder el tiempo.
Anda, sígueme.
[PALOMA] ¡Clara! ¡Ay, por fin os encuentro!
Sergio, es tu padre, que avisó que viene para aquí.
- ¿Ya? - ¿Tienes la documentación?
Sí, claro, por supuesto.
Pero voy a revisarla, no nos haya cambiado cualquier cosa.
- Gracias, Paloma. - De nada.
- No está nada mal, el mini Godó. - Si está verde como una breva.
Si tú lo dices... Pero yo le haría un apaño.
- ¿Sabes que le plantaron en el altar? - No.
- ¿Y cómo lo sabes? - Me lo ha dicho él,
- me lo ha contado sin venir a cuento. - Ay, pobre...
Es que Dios da pan a quien no tiene dientes.
Pues este es poco bocado para ti.
Pero vamos a dejarnos de amoríos y dime,
¿qué has hecho con Enrique y su agencia?
Ah, sí. Bueno, Enrique también tiene su puntito, eh.
Mira, Paloma, por ahí no paso. Tienes un problema.
Hombre, Enrique, ¿cómo tú por aquí? ¿No me digas que mi hijo
no quería bajar a recibirme?
Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Supongo que te esperaban para más tarde.
Muy bonito, Enrique, muy elegante.
El mejor hogar para Giuliano,
siendo una marca que se atreve,
que apuesta.
¿Ya te has instalado?
Me falta el cuarto de revelado, espero tenerlo mañana.
Eduardo, he estado pensando en nuestra charla del Rialto
y creo que la mejor manera de que me conozcas profesionalmente
- es que trabajemos mano a mano. - No sé si te entiendo.
Bueno, pensé que con tu apoyo
tendría acceso a los mejores clientes,
pero me he dado cuenta de que el mejor cliente eres tú.
Nunca te rindes, ¿eh?
Pocas peces en mi vida.
¿En qué piensas?
En que pienses en mí para tu nuevo cava.
Eso son palabras mayores.
No te voy a cobrar.
Reconozco que tu arrogancia me gusta.
Déjame que piense en qué me puedes interesar.
Y ahora, si no te molesta, tengo que cerrar una operación.
Ya sabes dónde estoy.
Hijo, como sabrás, vamos a firmar los contratos del banco.
Entiendo que son iguales a la muestra.
No me acostumbro a verle al otro lado de la mesa.
Cómo pasa el tiempo.
¿Te importa si vamos directamente al grano?
Efectivamente, todo lo que podáis encontrar
ya estaba pactado.
Lo primero, quiero decirle que agradecemos la gran apuesta.
Ningún otro banco hubiera sido tan generoso con el préstamo.
Me alegro de que lo sintáis así, Clarita,
porque por esa fuerte apuesta, sin precedentes,
el banco ha impuesto una condición algo singular.
¿El banco? Querrás decir tú.
El banco, yo, yo, el banco.
Lo que hago es velar por los intereses de ambos.
- ¿Y de qué se trata? - De que una persona especializada
supervise las inversiones y movimientos que hagáis con ese dinero.
- Así estaremos todos más tranquilos. - Pero resulta que esa es mi labor:
tomar las mejores decisiones para Velvet.
Bueno, podría parecer tu trabajo, pero con una visión más objetiva.
La objetividad es muy importante para los negocios.
- Esto es indignante. - Sergio...
[SERGIO] ¿Y quién sería ese supervisor?
Yo, por supuesto.
Clara, ¿te importaría dejarnos solos un momento?
Pues por supuesto que no. Señor Godó...
- Va a ser solo un minuto. - ¿Y...?
Es algo personal.
- Estaré esperando fuera. - Gracias.
Sergi, no te lo tomes como algo personal,
- son negocios. - [SERGIO] Porque es un ámbito profesional
no quiero que me llames Sergi.
Y sí, son mis negocios.
Y tú vienes a supervisarme como si fuera un crío.
¿Dónde has escondido ese carácter durante 30 años, que no lo he visto?
No empiece con el juego, no entraré.
Esperabas un trato de favor por ser mi hijo.
- ¿Cómo? - Que esto es muy serio, Sergi.
Así que, por favor, compórtate como es debido.
Sergi, vamos a firmar el contrato y luego lo celebramos en casa.
No.
No permitiré que dirijas Velvet.
¿Qué? ¿Ya has hablado con papá?
Le conozco perfectamente y no dará marcha atrás.
O aceptamos o no va a firmar.
¿Qué dices? No, no, no. Eso no puede pasar.
Ya tenemos todo en marcha, he cerrado compras, no.
- Necesitamos ese dinero. - Lo intento con otro banco.
Mañana debo hacer los primeros pagos.
Sé que puedo resolverlo. Solo necesito 24 horas.
Ya ha salido en prensa la noticia de que nos ha concedido el préstamo.
No se consigue en 24 horas.
Vengo a dirigir, no a que mi padre se ponga al frente.
- ¿Y si no lo consigues? - Lo haré.
¿Y si no lo haces?
No llamaré a Ana para decirle que las galerías se hunden.
No lo harás. Créeme.
Muy bien. Tienes 24 horas. Pero si no lo consigues, te irás.
Muy bien.
Tengo otros muchos temas que atender, no puedo pasar aquí la mañana.
Sr. Godó, entenderá que lo que nos pide se sale de lo común,
así que me veo en la obligación de comunicárselo a Ana.
Tengo a Ana por una persona muy inteligente, Clara.
Y con mucha mejor visión de negocio que mi hijo.
Si cambias de opinión, podemos llegar a un acuerdo.
No pienso arriesgar tanto dinero sin las garantías suficientes.
Totalmente de acuerdo, pero me reconocerá que Velvet es una firma sólida.
En eso tienes razón,
pero la franquicia sigue siendo una aventura.
Y más si el encargado de liderarla no tiene ninguna experiencia.
¿Hay alguna posibilidad de que cambie de opinión?
No. Deberéis cambiar la vuestra.
En ese caso, no te queremos robar más tiempo.
Muchas gracias por venir, padre.
Suerte en la apertura.
[timbre]
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
Venía a ver a doña Macarena Rey.
Gracias, Elena, ya me ocupo yo.
- Hola, buenas tardes. - Buenas tardes.
Disculpe, ¿nos conocemos?
Soy la viuda de Emilio López.
Pase. Pase, por favor, no se quede ahí.
Gracias.
Disculpe que me presente sin avisar, pero entre las cosas de mi marido
he encontrado algo que seguramente le gustará recuperar.
- ¿Le importa? - No, no, por supuesto.
Es suya.
Me volví loca buscándola en los probadores de las galerías.
- Hace más de... - Más de 30 años, sí, lo sé.
Probablemente Emilio la guardó pensando que algún día volvería a verla.
Yo sé que...
Yo sé que él la quiso mucho,
que la quiso y que la respetó.
Tanto como para romper sus estrictas normas.
Y eso, viniendo de él, créame que es mucho.
He sentido mucho su pérdida.
No está siendo fácil.
Quizá yo haya complicado más las cosas.
Perdóneme.
Cuando uno toma una decisión,
muchas veces no tiene en cuenta las consecuencias para el resto.
Yo lo que siento es que no lo haya hecho antes.
Le habría encantado saber que tenía un hijo.
Blanca, llevo muchos años atrapada en una vida de la que no puedo salir.
Y Sergio se merecía las mismas oportunidades que sus hermanos.
De alguna manera, Eduard es un buen padre para él.
Pero, por lo que intuyo, parece que no ha sido suficiente.
De lo contrario, no le habría contado nada a su hijo, ¿no?
A veces, las mujeres dejamos que nos conviertan
en seres débiles y vulnerables,
cuando la realidad es que no lo somos en absoluto.
Si me permite un consejo,
creo que ya que se ha atrevido a dar este paso,
¿por qué no sigue luchando por su felicidad?
Eso es algo que Emilio hacía a diario.
A veces, las cosas no son tan fáciles.
Las cosas que realmente merecen la pena nunca son fáciles.
Y ahora, si me disculpa, tengo que irme.
- ¿Ya? - Sí. Las galerías están a punto
de abrir sus puertas.
Me ha encantado conocerla.
A mí también.
- ¿La acompaño? - Sí, gracias.
Pues a mí no me parece que esté tan verde el mini Godó.
Ojalá me agarrase a mí así de la cintura.
- [CLARA] Mateo. - Pero bueno, es la chica del momento.
¿Cómo va yendo todo? ¿Qué tal la inauguración?
Bueno, bueno, bueno, tendrías que verlo,
- la convocatoria es increíble. - Y el nuevo cómo se las apaña, ¿no?
Le estoy viendo en portada.
Esto sí que es empezar por todo lo alto.
Bueno, ya veremos.
- ¿Estás bien? - Sí, sí, sí...
Si son los arranques, ya sabes. ¿Cuándo vienes?
Ya, bueno, de eso quería hablarte.
Creo que esta semana no voy a poder acercarme por ahí.
¿Y eso?
Vamos a destapar uno de los casos de corrupción más importantes.
Voy a ver si me meto yo en algún lío, para que me investigues
a mí también. Mateo,
prometiste que por encima de todo estaríamos nosotros.
Y lo estamos.
¿Cómo no? Tú tranquila.
Lanza eso y la semana que viene estás por aquí.
Ojalá.
- [SECRETARIA] Don Mateo. - Te tengo que dejar.
- Está bien. - Oye, una cosa importante.
- ¿Qué? - Que te quiero.
Y yo a ti.
[PEDRO] Pues que pasen buena tarde.
[MUJER] Vengo a ver al director.
Cierra la boca, que te va a dar algo.
- Usted tiene que ser... - [HOMBRE] La Emperatriz.
Dios mío de mi vida y de mi corazón.
Si estuviese aquí Rita, no sé qué haría.
No sé qué pasaría,
pero a quien necesito ver es al director.
Al director. Pues lo...
Cuánta gente. Voy a...
¿Y ha dicho a qué hora volvería?
No, pero dale tiempo, mujer, si casi acaba de salir.
- Me va a dar algo. - [PEDRO] ¡A mí sí que me da!
- Pedro... - [PEDRO] Está abajo.
Quiere hablar con la directora y el director.
- ¿La emperatriz de Austria? - Sí, sí.
A ver, Pedro, que no tenemos emperatriz.
No, que está Carmela Cortés, la "bailaora",
la flamenca, la morena.
- ¿Sí? ¿Carmela Cortés? - Esa, esa.
- ¿Está en las galerías? - [PEDRO] Exactamente.
Están los Cortés, los Heredia, algún Montoya...
Oye, pero yo también voy con vosotros.
[taconeos]
[HOMBRE] ¡Vamos ahí!
[HOMBRE] ¡Hala!
[cantan flamenco]
[HOMBRE] ¡Olé!
- [MUJER] ¡Venga! - Es que yo quiero, quiero.
[HOMBRE] ¡Eh, olé!
[MUJER] ¡Esa guapa ahí, eso!
[cantan flamenco]
- ¡Olé! - ¡Olé!
[HOMBRE] ¡Olé, olé!
[TODOS] ¡Olé!
[HOMBRE] Buenos artistas.
Olé, qué arte.
Silencio. No es un lugar para... Señorita, por favor,
no es un lugar para bailar.
- A ver, vamos a ver, por favor. - Vaya palmas tiene.
[RAÚL] ¡Silencio!
Por fa... ¡Bueno, basta ya!
¡Olé, olé, olé y olé!
¡Qué poderío, hijo!
Clarita, ¿esto qué es?
Pues es la Emperatriz, la flamenca, me encanta.
Soy Carmela Cortés.
Y vengo a hacer un encargo.
- Mi hermana. - [HOMBRE] ¡Olé!
- Por favor, no empecéis otra vez. - No me voy de aquí
sin que me hagas un apaño.
Pero ¿en qué momento has contratado un cuadro flamenco?
Que no sé por qué han venido.
Usted es De la Riva.
Un pedazo de artista, como yo.
Algo parecido.
Pues entonces nos vamos a entender muy bien.
Hola. Soy Clara, la directora.
Y sería feliz de poder atenderla en mi despacho, más en la intimidad.
- [HOMBRE] Vamos. - Vámonos.
[RAÚL] ¿Adónde van?
- [RAÚL] ¿Al despacho? - [CLARA] No, no.
- Un momento. No, no. - ¿Todos al despacho?
- ¿Por qué tienen que ir juntos? - No lo sé.
[RAÚL] Por favor.
Madre mía, la Emperatriz.
Es que he visto seis veces Pasión gitana.
Yo nunca he visto... Yo soy más de comedia, yo no...
- ¿No? - No.
- Te encantaría. - Ya.
- Madre mía, me tiemblan las piernas. - A ver si te vas a caer cuando...
Suena muy bien, Sergio.
No debería haber ninguna dificultad para sacar al operación adelante.
- Sabía que podía contar con usted. - Cualquiera hubiera hecho lo mismo
- teniendo un proyecto tan solvente. - No se crea.
Somos conscientes de que es mucho dinero.
Y si no entraban ustedes como banca en España,
no tenía otra alternativa.
- Bueno, salvo tu padre, claro. - Salvo mi padre, claro.
Bueno...
¿Y cómo es posible que la prensa filtrara esa noticia si no era real?
Ya sabe cómo son algunos periodistas.
Y entiendo que es más atractivo vender que negocio con mi padre.
Ya. Bueno, me voy a estudiar la documentación con detalle.
Y como quieres que sea mañana a primera hora,
- debería dejarlo todo listo hoy. - Se lo agradezco. Ha sido un placer
- volver a verle. - Igualmente.
Con prudencia, por favor, con prudencia.
[CARMINA] La idea es de mi hermano, el "Aguja", aquí presente.
¿Y cuál es la idea del "Aguja", si no es mucho preguntar?
No soy de hacer las cosas sin pensar,
por eso quiero que el vestuario de mi espectáculo...
- Tronío. - Quiero que lo haga "Vervé".
- ¿"Vervé"? - Velvet.
Ah.
Bueno, pues si nos cuentan un poco lo que quieren,
a lo mejor podemos ayudarles.
Escúcheme bien lo que le voy a decir: la gira la empezaré a lo grande.
Más grande que nunca.
En el Olimpia de la Francia, casi "ná".
Olé, olé y olé.
Y yo, que con mi arte quito el "sentío",
no puedo presentar allí con lo puesto.
Ni yo ni mi compañía, ni la madre que me parió.
En paz descanse.
Bien. Pero sepan que en Velvet no trabajamos esa línea de confección.
- Eso no importa. - Y además, da igual.
[CARMINA] Usted, De la Riva, tiene postín por la Francia,
que lo he escuchado yo.
Vamos, que no hay español que le haga sombra.
[PACO] Niña...
quitando al que tú ya sabes.
¿Al que tú ya sabes? ¿A quién se refiere?
Uno que le dicen... el Jota.
Lo cierto, señora Emperatriz y compañía,
es que mis ocupaciones me impiden asumir
un encargo como el suyo.
- Bueno... - Por más que me resulte tentador.
¡Mira! Una cosa te voy a decir: no ha nacido el que me diga que no.
Ah.
Ah.
En ese caso,
alguno tendrá que ser el primero.
¿Y qué me estás diciendo, que te vas a quedar con las ganas?
Muchas gracias por venir.
- [CLARA] Encantada. - [EMPERATRIZ] Igualmente.
- ¿Qué tal ha ido? - "Ná", el sieso ese,
que dice que está muy ocupado.
El señor De la Riva le va a dar un vuelta al asunto,
y no hay más que hablar. Ea, todos para la casa.
[TODOS] Hala, venga, vamos. Hala.
[PALOMA] Bueno, hasta pronto.
[PALOMA] ¡Qué ilusión pensar que de aquí saldrán los vestidos
- de la nueva gira de la Emperatriz! - No me digas. ¿Y quién los diseñará?
No os lo creeréis, me he cruzado...
- Carmela Cortés. - [SERGIO] Carmela Cortés.
[PALOMA] Quiere que Raúl le haga el diseño del nuevo vestuario
para el espectáculo del Olimpia, de París.
Pero eso es estupendo.
A ver, Raúl, Raúl, Raúl,
que yo creo que deberíamos dar una vuelta a todo esto.
Yo entiendo que no es tu corte, pero es una mujer que mueve masas.
Además, es un icono de nuestra patria.
Es muchísimo más que una folclórica.
Mirad, chicos,
yo he convertido mi talento en una religión
y no voy a ponerme a estas alturas de la película a diseñar batas.
Batas de cola.
Ni de cola, ni de "colo", ni guata, ni de guatiné.
¡Raúl de la Riva no diseña ni trajes de luces,
ni monos de albañil,
ni batas de casa, ni mucho menos de flamenca!
[PALOMA] Don Raúl...
[portazo]
Bueno, ¿y qué?
Deberíamos llevar a Raúl a que viera bailar a Carmela.
Para flamenco estoy yo.
Bueno, podrías contarme cómo te ha ido, ¿no?
Mañana a las nueve estará aquí para firmar el préstamo.
- No. ¿De verdad? - Te lo prometo.
¡Olé!
Entonces, ¿qué? ¿Hay espectáculo o no?
Uy, tanto como eso, no sé yo.
Deberíamos celebrar nuestra primera operación juntos.
- ¿Tú y yo? - Claro, tú y yo. ¿Quién si no?
O bueno, que nos acompañe Raúl
y que comprenda que Carmela es una de las grandes.
- Es que no... - No me puedes decir que no.
Bueno, pues está bien.
Bien. Te recojo a las diez en el bar del hotel.
¿Avisas tú a Raúl?
- Claro. - Hasta luego.
Buenas tardes, señor De la Riva.
- Manolito... - Dibuje.
- ¿El qué? - Un vestido de cóctel.
Veamos qué mano tiene.
Lo mejor, el cóctel.
Hábleme de tejidos.
Hay muchos, ¿no?
Vamos a ver, ayúdeme un poco, mujer,
porque yo no tengo el día. Estoy aquí para ayudarla.
Dígame, ¿qué hace usted bien?
Tengo muchísimas ganas de aprender y una actitud de hierro,
y vamos, a veces una paciencia infinita.
Eso voy a necesitar yo.
Su futuro...
¿Cómo se ve en el futuro?
Pues veo a una mujer joven,
hermosa,
vestida con un vestido blanco,
en una finca preciosa,
y del brazo del hombre que ama.
Bravo.
Veo que sueña usted con un vestido.
De novia. El más bonito que jamás haya llevado nadie.
Muy bien.
Ya tiene proyecto de fin de curso.
- ¿Qué? - A partir de mañana,
será alumna de mi escuela.
Ya puede aplicarse o serán sus compañeros los que la señalen.
- ¿Cómo? - Comiendo. ¿No quería ser mi alumna?
- Claro. - Pues míreme bien, escúcheme.
Le estoy abriendo las puertas de Velvet. Solo una oportunidad.
Lo que debe hacer es demostrarme que está a la altura.
Ya se puede ir.
- Muchísimas gracias, señor De la Riva. - Maestro.
- ¿Qué? - Muchísimas gracias, maestro.
Claro, claro. Gracias, maestro, muchísimas gracias.
Empecemos a llamar a las cosas por su nombre.
- ¡Manuel, Manuel, Manuel! - ¿Qué pasa? Baja la voz.
- ¿Qué ha pasado? - Me ha admitido en su escuela,
- me ha admitido. - No me lo puedo...
Esto es una maravilla. Bésame, bésame.
Y no te he contado lo mejor.
- Pues cuéntamelo. - Voy a diseñar mi vestido de novia.
No sé qué significa.
Que lo voy a dibujar, lo voy a cortar y me lo voy a poner
- para ir hacia el altar. - Te voy a estar esperando.
Mañana mismo organizamos la boda,
- la fiesta, la fecha y todo. - ¡Ay, qué feliz estoy, Manuel!
Pues anda que yo...
- Voy a ver a Raúl de la Riva... - No, no. Vámonos.
- Vámonos. - Vámonos.
Qué largos se hacen algunos días.
[BLANCA] Y que lo digas.
- Doña Blanca. - [BLANCA] Estaba esperando a cerrar
para darte esto. Me gustaría que lo tuvieras tú.
No, no, yo no...
Yo no puedo aceptar eso, doña Blanca.
Cógelo, por favor.
Lo he encontrado entre sus cosas. Le encantaría que te lo quedaras.
Pero a usted también le gustaría disfrutar de sus recuerdos.
A mí me ayuda saber
que cada cosa suya está en el lugar que merece.
Ah, pues el otro día...
El otro día llegó entre las cajas de Madrid,
una caja que...
...le pertenece a usted.
Imagino que en la mudanza se debió confundir.
Gracias.
Bueno, pues yo ya...
Sí, ya cierro yo. Gracias.
Doña Blanca,
nunca me separaré de esto.
- [PEDRO] Que descanse. - Buenas noches.
[BLANCA] "Mis pequeñas voluntades".
[GODÓ] No pudo ser.
[FRANCISCO RÍE] Ya.
[GODÓ] Hijo, le estaba diciendo a Francisco que la de este año
es la mejor cosecha desde que compramos la bodega.
Y lo confirmo.
Pasa, Sergio, hijo. Únete a nosotros.
Ya vamos por la segunda botella.
Tengo que admitir que no esperaba su visita.
En realidad, vine a ver a tu padre.
Yo nunca digo que no a una buena copa de cava.
[FRANCISCO] Sergio,
no podré competir con las condiciones que la banca Godó te ofrece.
¿Cómo has podido?
Yo no he hecho nada.
Francisco vino a consultarme un par de cosas y se las aclaré,
eso es todo.
Quizá sea mejor que me vaya.
Hay temas familiares que uno debe tratar en privado.
Hasta mañana, Eduardo.
- Te veré en el consejo de Petrogal. - Muchas gracias, Francisco.
Gracias por tu visita y por tratar tan bien a mi hijo.
Cuánto tienes que aprender todavía, hijo.
¿Eres consciente de lo que acabas de hacer?
- Hundir una operación clave para Velvet. - Deberías estar contento, Sergio.
He impedido que cometieras un error con un banco extranjero.
Es mi vida y son mis decisiones.
Es mi negocio al que desprecias, un negocio que te da de comer
desde hace 30 años, ¡y todo por tu maldita cabezonería!
Se acabó.
Se acabó.
No tengo por qué aguantar esto.
Sergio...
[MACARENA] ¿Qué estás haciendo?
Me voy. Estoy harto de sus humillaciones y de su suficiencia.
Sergio, escúchame, escúchame. Mírame, cariño, mírame.
[MACARENA] Ahora no es el momento.
No, mamá, sí que lo es.
Lleva toda la vida despreciándome.
Y si tiene que ver con que no es mi padre,
eso es algo que yo no puedo cambiar.
¿Desde cuándo sabes tú eso, hijo?
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