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[SERGIO] Mi madre nunca me habló de él,
hasta ahora, claro.
Mi tío era un hombre honesto y comprometido,
se habría hecho cargo de un hijo suyo.
- Espera... - Entiendo perfectamente
que todo esto te puede parecer una locura,
pero no lo sabía.
¿Y por qué ha esperado tu madre más de 30 años para decírtelo?
Lo siento, pero no hay nada que repartir.
Perdona, pero yo no vengo buscando dinero.
Lo que busco es la mitad que completa esta foto.
Mi madre ha sufrido mucho.
Y si tu tío ha guardado todo este tiempo
el pedazo que le falta,
su vida habrá tenido mucho más sentido.
Y probablemente, la mía también.
Mira, si necesitas cualquier cosa...
[RAÚL] Pero ¿quién era ese dandi?
¿Qué está pasando, Ana?
Bueno, algo podrás hacer, cálmate.
¿Sabes la que me ha liado el cretino ese en la redacción?
Acabo de perder al principal anunciante de la revista. Un 23% de ingresos.
¡A la mierda!
- ¿Qué? - Nada.
Anda, vamos adentro.
Dice que es hijo de mi tío.
- ¿Cómo? - [ANA] Que se ha enterado ahora
y que solo quiere completar esta fotografía.
Pues yo creo que no miente.
¿Qué quieres decir?
Ana, tu tío era un buen hombre,
no podrías haber tenido mejor padre ni yo mejor marido,
pero también tenía una vida.
Hace más de 30 años, antes de que tú llegaras a Madrid,
tu tío vivió una aventura con una mujer casada.
- Caramba con don Emilio... - Y guardó un recuerdo hermoso
de aquella historia de amor.
Pues a mí nunca me lo contó.
- Pero a mí sí. - [PEDRO] Madre mía.
Emilio era aquel hombre serio y firme que siempre recordaréis.
Le costaba mucho compartir su intimidad.
Aquella mujer discreta y delicada
se convirtió durante meses en su mejor clienta.
Venía, compraba y se distraía un rato.
Había venido de Barcelona a cuidar de su madre,
que estaba enferma.
Y su matrimonio hacía tiempo que estaba muerto.
Velvet significaba
diversión y felicidad.
Y entre tu tío y ella, poco a poco, empezó a surgir
algo muy especial.
Hasta que, un día,
se presentó rota en las galerías.
Su madre había fallecido,
y lloraba, no solo por eso,
sino por el dolor de tener que renunciar
a aquella otra vida que le hacía feliz.
Ana,
yo no sé si ese chico es o no es hijo de Emilio,
pero lo que sí sé es que su madre fue aquella mujer
que logró que tu tío rompiera sus propias reglas.
¿Y quién es ella?
[música tranquila]
- [ROSER] Benvinguts. - [PAU] Me alegro de verles.
Buenas tardes. Un placer verles.
- [INVITADO] ¿Qué tal? - [ROSER] Bienvenido.
Qué alegría verte. Bienvenido.
- [INVITADO] Me alegro de volver a verte. - [ROSER] Igualmente.
Papá,
está resultando una fiesta fascinante,
- pero deberías salir ya. - Sí, hija, sí.
- Estás preciosa. - ¿Sí? Gracias.
Buenas tardes.
[GODÓ] Sra. Planas, ¿qué tal?
¿Marta? ¿Cómo estás?
Según mi amigo Ricard Prat, excelente catador,
los vinos no solamente nos resultan agradables o desagradables,
también nosotros les resultamos agradables y desagradables a ellos.
Tuve un mal encuentro con un Château Lafite del 53.
- Padre... - No, no, Pau, es verdad.
Todo estaba a favor: el viñedo, la añada, mi buena disposición,
la opinión de los expertos era excelente.
Y, sin embargo, no pudo ser.
No es cuestión de magia,
según mi amigo Ricard,
hasta el PH de la saliva influye en las preferencias.
Es pura química.
El caso es que aquel Château Lafite y yo, por el PH o por lo que fuera,
no nos llevamos bien desde el principio.
Y fue entonces cuando decidí que quizá mi destino estuviera
en desarrollar un gran espumoso.
Hoy quiero presentarles a la nueva joya de la bodega:
el Gran Reserva Godó.
Y haciéndome eco de nuevo de las palabras de mi amigo Ricard,
al que le gusta hablar de los vinos como si fueran personas,
he de decir que es sorprendente y vibrante, como mi propia familia,
sutil y delicado en apariencia,
pero poderoso y rotundo en boca.
Con el justo toque ácido de los Godó,
imprescindible para el éxito.
Señoras y señores, el nuevo Gran Reserva Godó. Salud.
[teléfono]
[CRIADA] ¿Señora?
El señorito Sergio se encuentra al teléfono.
Gracias, Elena.
Sergio, hijo, me tenías preocupada. ¿Dónde estás?
Tu padre ya ha presentado el champán.
Tuve que desplazarme a ver a Ana.
Pero no te preocupes, madre, que ya estoy volviendo.
¿Cómo ha ido todo?
Bien, bien. Ha ido todo bien.
No tenía que haberte metido en esto.
Mamá, no digas eso.
Todo va a salir bien.
¿Cómo te han tratado?
Pues han sido bastante amables.
Me han dicho que van a buscar la otra mitad de la fotografía
y que en cuanto la encuentren, me llaman.
Les he dado mi tarjeta.
Sería...
Hijo, prométeme que tendrás cuidado en la carretera, a la vuelta.
Pues le he dicho a Sebastián que corriera como un poseso.
No bromees con eso.
Llego para cenar.
- Te esperamos. - Oye...
Te quiero mucho.
Yo mucho.
- Iré pronto a veros. - [BLANCA] Gracias por acompañarnos.
[ANA] Vuelve con cuidado.
Tranquila.
Y que sepáis que me tenéis para cualquier cosa.
Vamos, cielo. Y no me fío nada de ese tipo.
Te voy a echar de menos.
Con lo que ha pasado, debo quedarme un poquito más.
Claro. Ana te necesita.
- Y tú no tanto. - Nunca.
Yo solo necesito este culito.
- Sé bueno. - Y tú.
[música radio]
¿Me vas a decir dónde me instalo o elijo yo?
- Pero ¿no me ha oído? - Muy bien, por aquí.
Que no se puede instalar hoy, no puede ser. Estoy sola.
Oiga...
¡Alto!
¿Estás bien?
Ya que parece que ha venido dispuesto a instalarse, caiga quien caiga,
- lo va a hacer donde yo le diga. - Bravo.
¿Y eso dónde es?
Pues cerca de mí.
No le voy a quitar el ojo de encima. Vamos.
Se pueden instalar aquí, al menos provisionalmente.
- ¿Y los despachos de dirección? - ¿Y eso qué más da?
¿Dónde quedan los despachos de dirección?
No sabes quién soy, ¿verdad?
No tienes la menor idea de con quién hablas.
- Pues mira, chica... - ¿Chica?
¿Me ha llamado chica?
Me puede llamar Paloma, reina,
bombón, apasionada,
fogosa, ardiente...
Todo menos chica.
- Vaya, cómo te pones. - No. Ni se imagina
cómo me pongo. Porque por las buenas
puede conseguir de mí lo que quiera,
pero por las malas, puedo llegar a ser tan mala
y hacer tantas barbaridades,
que, por salud, al amanecer, se me olvidan.
Gracias, Charo.
Vamos a brindar por el éxito de la familia.
Yo no puedo más.
Hermanita, nunca hay suficiente cava para un Godó.
Bravo, hijo. Lección número uno.
Esperemos a Sergio. Estará al caer.
[descorche]
Cariño, ni la vida ni el champán esperan.
[GODÓ] Bastante ridículo nos ha hecho pasar con no acudir al evento.
Me he pasado todo el convite intentando justificarle delante de los invitados.
Tenía un asunto importante del que ocuparse.
[GODÓ] Ya.
Más importante que el futuro de nuestra empresa, claro.
Bien.
Brindemos porque la presentación a la prensa
- sea tan exitosa como la de hoy. - No tengo la menor duda, papá.
Buenas noches.
[GODÓ] Los necios se creen más importantes haciéndose esperar.
[MACARENA] Hola, cariño.
¿Pasa algo?
No.
- No, que yo sepa. - No, nada.
- [PAU] ¿No preguntas cómo nos ha ido? - [SERGIO] A veces, no hace falta.
Estoy convencido de que ha sido un éxito.
Con Roser al frente, nada podía salir mal.
[GODÓ] Eso es cierto.
Me hubiera gustado mucho que acudieras.
Creí que no tenía que explicarte lo importante que era para la familia.
No era mi intención ausentarme, padre.
Qué lástima.
Había pensado nombrarte director comercial de las bodegas,
pero viendo que hay otros asuntos que requieren tu interés,
lo más oportuno es que sea Pau el que se haga cargo.
- [MACARENA] No me parece el momento... - Déjalo, mamá.
Está todo bien.
Y enhorabuena, Pau.
Aunque, si te soy sincero,
no creo que mi ausencia haya sido determinante
en la elección de nuestro padre.
De hecho, Godino ya me comentó hace unos días todo esto.
Y ahora, si me disculpáis,
voy a interrumpir esta agradable velada y me voy a descansar.
- [MACARENA] Sergio, espera... - Ya había cenado, madre.
- [SERGIO] Buenas noches. - Bueno...
Da mala suerte no brindar.
Godino.
Sí, soy Sergio. Perdona que te llame a estas horas,
pero necesitaba contarte que dejo las bodegas.
Sí.
Te lo agradezco, pero la decisión está tomada.
Buenas noches.
[PALOMA] ¡Me tienen hasta las narices!
¡Es que ya no puedo más!
¡Me están bloqueando la puerta!
Es Paloma.
¡No se pueden quedar aquí toda la noche!
Una pena, reina.
Me dijo que tardaban hora y media. ¡Quite el coche ya!
[TRABAJADOR] Ya habéis oído a la reina de Saba.
Apilad esas cajas y arreando.
- Ay, Clara, menos mal. - ¿Qué pasa?
Ha venido Enrique como un loco.
Bueno, luego te lo cuento.
Doña Blanca, le acompaño en el sentimiento.
- Muchas gracias. - [PALOMA] ¿Cómo está Ana?
Pues imagínate.
Me llamaron de la mudanza y como no había nadie...
Me olvidé de la entrega de la casa.
- Muchas gracias por ocuparse de todo. - Por favor, no se preocupe.
Lo estamos colocando en el almacén de la entrada.
- En el almacén. - Sí.
- ¿Me acompañas? - Claro.
[PALOMA] Quedará todo colocado.
- [BLANCA] Muchas gracias. - ¡Venga!
- No sé dónde vamos a encontrar esa foto. - No va a ser fácil.
Si aún la conservaba, debería estar en su escritorio.
Vamos a mirar en esas cajas.
Pedro, ¿no ves que esto es ropa? Tiene que estar en esas cajas.
Ah, de acuerdo.
¡Madre del amor hermoso!
Pues va a ser verdad eso
de que uno no termina de conocer a las personas.
¿Quieres dejar eso, que son cosas personales de doña Blanca?
Ya decía yo. Perdón, perdón.
Vaya, doña Blanca, ¿quién lo iba a decir?
Institutriz de día, pantera de noche.
- Señor De la Riva, por favor. - [ANA] Aquí está la caja de las fotos.
Mira, Ana, de las últimas Navidades. ¿Te acuerdas?
¿Y ahora qué?
Pues que tengo un primo.
¡Ay, madre mía!
Pero qué ser maravilloso, don Emilio, que no ha dejado de sorprendernos.
Basta de llorar.
Hay que emborracharse en su honor.
Yo creo que el señor De la Riva tiene razón.
Sí. Pero ¿adónde vamos a ir, si no conocemos Barcelona?
Paloma sabrá adónde llevarnos.
[música ambiente]
Bienvenidos a Rialto.
Qué divino.
Esperadme en el reservado, que os llevo unas bebidas.
Gracias.
Esta chica sirve para un roto y para un descosido, ¿no?
¿Por qué te crees que me la llevo a todos los sitios?
¿Significa que te quedas en Barcelona?
Bueno, me quedo mientras Ana me necesite,
que no me gusta estar a distancia con el bigotitos.
¡Ay, l'amour!
No podría ser de otra forma,
porque si no, esto no sería Velvet, ¿verdad?
Gracias, Clara.
Oye, no se te ocurra darme las gracias.
Tendremos qué decidir qué hacemos con esos candidatos a director financiero.
Bueno, de eso precisamente os quería hablar.
Ahora no me siento con fuerzas para seguir adelante.
Tú no puedes renunciar, Ana.
¿Me oyes? Tu tío no lo hubiera permitido.
Lo único que tienes que hacer ahora es coger un vuelo a tu casa,
con tus Albertos, para que te cuiden y te mimen,
y descansar un tiempo, nada más.
Sí. Raúl tiene razón.
Ana, has luchado mucho por este proyecto.
- No puedes tirar todo por la borda. - Faltan muchas cosas por hacer.
No tenemos director financiero, no tenemos alumnos en la escuela...
¿Y quién se hará cargo del personal aquí, en Barcelona?
[PEDRO] Yo.
Yo lo haré.
Bueno, si me permitís,
a mí me gustaría dar un cambio a mi vida.
Gracias, Pedro.
- Emilio estaría muy orgulloso de ti. - ¿Harías eso por mí?
Sí.
Y por mí.
- Bravo, Pedro. - Me encantaría.
¡Es que hemos abierto una nueva sede de Velvet en Barcelona!
¡Estamos haciendo historia, y gracias a ti!
Yo no sé cómo os voy a agradecer todo lo que hacéis por mí.
¡Me encanta esta canción! Siempre me recuerda
a los hombres de mi vida.
Mira...
Propongo hacer un brindis.
- [PEDRO] Por don Emilio. - [ANA] Que nos guíe en esta aventura.
Mira, Marie, qué maravilla.
[MANOLITO] Hola, buenos días. Las galerías están todavía cerradas.
Si vienen otro día, estaré encantado de atenderles. Que tengan un buen día.
- ¿Manolito? - Sí, dígame.
[JONÁS] Manuel Infantes.
¡Tío Jonás! ¡Pero por el amor de Dios!
Qué alegría. ¿Cómo mi padre no me dijo nada?
- Marie. Ven. - Sí.
Mira, te presento a mi sobrino, Manuel Infantes.
Manolito. Manolito.
- Encantado. - Encantada.
Ah, que entiende español.
- Sí. - Dime dónde está tu padre.
- Sí, vamos. Y os enseño la galería. - [JONÁS] Te abro.
[JONÁS] Marie, ya verás cómo es.
Qué maravilla. Lo que te decía, Marie,
España no tiene nada que envidiar a París.
- [JONÁS] ¿Y tú qué? ¿Qué te cuentas? - Pues aquí estamos. Que me caso,
- tío Jonás. - ¿Que te casas?
- Me caso. - ¿Cómo que te casas?
¡Enhorabuena! Qué rápido vais las nuevas generaciones.
Si está claro qué sientes, ¿para qué esperar, no?
Manolito, ¿cómo ves a tu padre? No estaba muy fino
y estoy un poco preocupado.
Conmigo no se confiesa mucho, tío Jonás.
Lo hará para no preocuparme, pero bien, lo que se dice bien,
- no debe estar. - Ya.
Bueno, ya verás que va pasando.
- Sí. - ¿Y tu prometida qué?
Una chica estupenda. He quedado con ella y mi padre
- para cenar. ¿Te apuntas? - Claro.
- ¿Sí? - Sí. Marie.
- Sí. - ¿Qué te parece?
Me encanta.
A mí también.
- ¿Vamos y os enseño el taller? - Claro. ¿Y cómo se llama?
No sé cuánto nos vamos a quedar en Barcelona, madre, no lo sé.
Bueno, no, no me traiga comida,
no quiero morcillas.
Madre, no quiero morcillas. Tengo un minuto.
Páseme con mis hijos.
No les... madre, no les silbe.
¡Madre! ¿Quién eres? ¿Jorgito?
¿Cómo estás, hijo mío?
Muy bien, yo también te echo muchísimo de menos.
Sí, sí, aquí te lo vas a pasar muy bien.
Te vas a re... ¿Dónde está tu hermano?
¿Cómo que tienes a tu hermano en el granero?
Saca a tu hermano, sabes que tiene claustrofobia.
Saca a tu hermano.
No, mira, me tengo que ir.
Venga, que yo sí que te quiero.
Y al otro también le quiero mucho, díselo. Adiós, adiós.
Ay, se me ha olvidado...
[PEDRO] ¡Manolito!
¿Ha visto a Manolito?
A este le mando a Alemania antes de abrir las galerías,
si no, al tiempo. ¡Manolo!
[JONÁS] Mira que eres gruñón.
¿Primo?
[PEDRO] Primo.
[PEDRO] ¿Qué haces aquí?
No he podido llegar antes.
Hice todas las combinaciones posibles, pero nada.
No pasa nada.
Estábamos en Lorraine cuando me enteré.
Ya.
Ah.
Ah, tú eres... ¿Me entiende?
- Sí, te entiende. - Tú eres "la Mari".
Yo soy Pedro, tú eres "la Mari".
Marie, no Mari. "La Marie".
Bueno...
Mari, es que cómo se pone, unos años en París y se pone...
[EN VOZ ALTA] Jonás me habla mucho de ti en todo momento.
- Profesionalmente. - Y no tan profesionalmente.
¡Ay, primo! ¡Qué alegría!
Ven aquí, hijo mío. Los Infantes,
que somos muy cariñosos. Y emocionados,
nos damos golpes.
Jota no dijo que tuviese una familia tan cariñosa.
¿Jota?
Sí. Mi nombre artístico.
Ah, que ahora es artista. En Velvet,
en Velvet, le llamamos Jonás, ¿no te lo ha dicho?
- Sí. Es que en París... - [PEDRO] Ya.
En París pasan muchas cosas. ¿Me dejas que te enseñe
- todas las galerías? - Sí.
- Pues Mari, pasa por ahí. - [JONÁS] Vamos.
Y ahora mismo...
- ¿Seguro que es profesional? - Sí. Y no hace falta hablarle así.
Ah.
- ¿Te estás riendo de tu padre? - No.
O te pones a ordenar el pedido de Manresa,
o tu boda la veo en un globo.
¿Dejamos a José Antonio al frente del personal de Madrid?
Sí. Se quedará sustituyendo a Pedro, porque es el mejor dependiente.
Así me quedo más tranquila.
¿Y la organización en Barcelona?
Pues lo hemos hablado
y pensamos que lo mejor es que la organización sea más horizontal.
- Exactamente. - [CLARA] Nosotros no sabremos cómo es
el director financiero nuevo, así que es una manera
de que se puedan involucrar en las decisiones,
y nos garantizamos que la filosofía de Velvet Madrid permanece.
Claro. Velvet somos todos.
¿Verdad, doña Blanca? No vendrá un cualquiera
- a decirnos cómo llevar esto. - Perdón,
no he dormido bien esta noche.
Pero, por supuesto, estoy de acuerdo con cualquier decisión que tomen.
¿Les importaría que baje a ver cómo va todo por el taller?
- Claro. - Querría ponerme en marcha,
me ayudará.
[ANA] Blanca...
- ¿Estás bien? - Sí, estoy bien, no te preocupes.
Pero me gustaría recuperar mi rutina,
intentaré resolver los asuntos de mi vivienda esta tarde.
¿A qué hora viene ese chico, Sergio?
Me dijo que se pasaría a lo largo de la mañana.
[EMILIO] "Feliz primer día, doña Blanca.
Disfrutemos de cada pequeña cosa que nos depare el futuro aquí,
en Barcelona.
Con todo mi amor, Emilio".
¿Está usted bien?
Tenga. Tenga, por favor.
Tranquila.
Tranquila.
¿Le puedo ayudar?
Desde que nos casamos
cada lunes me enviaba flores y...
Y ya no...
Ya... ya no.
Usted es doña Blanca.
¿Qué hace aquí? No debería estar trabajando.
El señor De la Riva necesitaba
que el taller estuviera impecable para sus pruebas de la escuela.
Déjeme ayudarla.
No, no, gracias, ya puedo yo sola.
De verdad,
sé que no me conoce de nada,
pero llevo más de 10 años encargándome de un taller en París.
Confíe en mí,
por favor.
[ANA] No nos dará tiempo de verlos todos. Son demasiados.
Muchísimos.
Bueno, bueno, bueno... Ese pasillo está lleno de chicos guapos.
- Esto pinta muy bien. - Raúl, no estamos buscando modelos,
buscamos al director financiero de Velvet Colección.
Sí, mujer, pero también vendemos imagen.
Y habrá que darle a conocer.
Hablará en los desfiles, en las ruedas de prensa...
¿Queréis a Cuasimodo?
Quién sabe, igual hasta me enamoro otra vez y todo.
No, si al final, te va a interesar más a ti que a nosotras.
Ya está, ya está. Vamos, vamos, empezamos.
¿Te vas a quedar a las entrevistas?
Hombre, claro. ¿O acaso yo no voy a tener que lidiar con él?
[PALOMA CARRASPEA]
¿Empezamos? Estamos todos listos.
- Sí. Hazles pasar, por favor. - Ajá.
Qué divina.
[ANA] Por aquí, por favor. Gracias.
- Sergio. - Perdón, no quería molestar,
- pero no he visto... - Tranquila,
- ya habíamos terminado. - Sí, sí, hemos terminado, sí.
Porque de donde no hay, no se puede sacar.
Si te soy sincero, no pensaba que me fueras a llamar.
- Yo tampoco. - Bueno, nosotros nos vamos ya.
- Sí. Te esperamos abajo. - Gracias.
¿Quieres tomar algo?
No.
Gracias, pero prefiero que vayamos al grano.
Encontramos la mitad de la fotografía entre las cosas de mi tío.
Eduardo, muchas gracias por venir.
Enrique, cuánto tiempo.
Sentí el fallecimiento de tu padre.
Y te lo agradezco enormemente.
¿Cuál es el motivo de tu viaje a Barcelona?
Supongo que habrás oído que me han premiado con el Miracle,
uno de los premios internacionales más importantes de publicidad.
Sí, procuro estar al tanto de la actualidad.
Enhorabuena, Quique.
Pero supongo que el motivo de esta cita no será celebrar
una campaña de brandy, ¿me equivoco?
- Por supuesto que no. - Un jerez, por favor.
Como ambos tenemos poco tiempo, vayamos al grano.
Eduardo, tan carismático como siempre.
Quique, sé perfectamente con quién me reúno. ¿Y bien?
Pues digamos que la firma Giuliano
me ha contratado para hacerles su gran campaña de imagen
en España y el seguimiento de producto en el punto de venta.
¿Velvet?
- Bingo. - Bingo.
[ENRIQUE] Así que he decidido trasladarme a Barcelona
y abrir una sucursal de mi agencia aquí,
en el mismo edificio de las galerías.
Es una propuesta que a Giuliano le ha parecido adecuada
y que a las galerías no les queda más remedio que aceptar.
Interesante.
Pero mi ambición no se queda ahí.
Creo que en eso nos parecemos.
Quiero conseguir las cuentas catalanas de publicidad más importantes,
cuentas a las que desde Madrid no tenía acceso.
Contactos.
Llámale como quieras.
Eduardo, me gustaría entrar de tu mano en las grandes compañías
para presentar Otegui Comunicación.
No tiene sentido que el dinero español
acabe en una agencia extranjera.
Muy bien.
Y aparte de tratarte como si fueses de la familia,
¿qué sacaría yo de todo esto?
Eso dímelo tú.
Ay, Dios mío, qué desastre.
Bueno, pues seguiremos buscando.
No me pienso quedar con el mejor de los peores.
No sabes lo sexy que te pones cuando hablas de negocios.
- Lo digo en serio. - Yo también.
Voy a preguntarle a Paloma, a ver si tiene una opción mejor.
Dile también que vaya llamando a los aspirantes
para las pruebas de acceso.
A ver qué alumnos me tocan a mí.
¿No esperarás que hagamos negocios si solo tú sales beneficiado?
Pensé que mis negocios estaban lejos de tu ámbito de interés.
El dinero nunca está lejos de mi interés.
Además, apenas te conozco profesionalmente.
¿Cómo esperas que te introduzca a mis amistades?
¿Qué garantías puedo darles de tu trabajo?
- Bueno, tengo una trayectoria... - No demuestra nada.
De lo contrario, no estarías aquí pidiéndome ayuda
para introducirte en ese mercado.
Hazte un favor, Enrique,
dale una vuelta.
[pasos acercándose]
¡Oh! El mismísimo Hubert Taffin
de Givenchy.
- Señor De la Riva. - ¿Señor?
Lo digo por...
Esto no tiene que ver nada con la edad,
fue por culpa de un amor que me estresó.
"Señor usted", ahora que es famoso
- y le han dado todas las agujas de oro. - Hombre, todas...
- Es cierto, todas no. - Las que te faltan, las tengo yo.
- Me alegro de verte. - Yo también.
¡Uh!
Pero ¿y esta belle femme?
Marie Leduc, mi mano derecha. No doy puntada sin ella.
Entiendo.
Enchanté.
El placer es mío.
Siendo francesa, ¿cómo habla usted un castellano así?
La obsesión de mi padre por no perder sus raíces.
Mi abuela era española.
- Buena obsesión. - [BLANCA] Me ayuda.
- Es todo un talento. - Está quedando impeccable.
Tú, Pierre Cardín, acompáñame, quiero hablar contigo a solas.
- ¿Conmigo? - Sí.
- ¿Necesita algo, doña Blanca? - No, gracias. Nos vemos más tarde.
Bien. Estaremos dentro.
Por aquí, Jota.
- Ahora te llaman así, ¿no? - Oui, c'est moi.
Marie, muchas gracias por todo.
Ha sido un placer.
Todo está demasiado reciente, aún no sé cómo es Velvet sin él.
[MARIE] Jota siempre me dice que es muy fuerte.
Podrá con ello, estoy segura.
- [CLARA] ¿Otra vez? - [PALOMA] Sí, otra vez.
[CLARA] Lo que no te pase a ti...
Creo que tengo muy mala suerte con los chicos.
- A lo mejor les das un poco de miedo. - ¿Yo?
Hola.
Hola.
- ¿Tú eres...? - Marie. Trabajo con Jonás, en París.
Anda, ya decía yo que no tenía un pelo de tonto.
- ¿Perdón? - Eh... no.
Yo soy Paloma, soy la secretaria de dirección.
- Encantada de conocerte. - Y yo soy Clara.
La directora de Madrid.
Mira, veníamos hablando de hombres.
Y tú, como no me conoces, me puedes ayudar.
¿Tú cómo me ves?
¿Me ves alguien peligroso, un ser amenazante
a quien los hombres puedan temer?
No contestes. ¿Sabes qué pasa? Que ella se mira en el espejo
y se ve como si fuera una cándida niña de 12 años.
Que lo digo en serio.
Sí, si yo también. Venga.
Yo creo que eres una mujer muy auténtica.
Auténtica.
Marie, creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien.
- ¿Te vas a quedar muchos días aquí? - No, en unos días nos vamos.
- Te puedo enseñar Barcelona. - Me encantaría.
[PEDRO] Bueno, bueno, bueno. ¿Qué ven mis ojos?
- Tres damas buscando a su hidalgo. - Hola, Pedro.
- Hola. - Cómo se nota que ha llegado Jota.
Yo no entiendo lo de Jota, la verdad,
pero mi primo me da la vida.
[ALZA LA VOZ] Mari, no se lo digas.
No se lo digas a Jonás porque se pone tonto. Tontísimo se pone.
Además, que es que es...
es idiota.
Porque se va a ir otra vez y me va a dejar.
Pues como...
[boli cae al suelo]
Pedro,
yo no sé cómo lo vamos a hacer,
pero vamos a tener que aceptar
que las cosas han cambiado un poco.
Yo voy a ver si Ana necesita algo.
Ya verás, aquí, en Barcelona, vamos a estar muy bien.
¿Has visto ya cómo iba todo?
Yo pensaba que él estaba mejor,
pero con lo de las cartas, empezó a preocuparme.
- ¿Las escribe todos los días? - Cada mañana, al levantarse.
Las envía con un sello, a nombre de Rita, sin dirección ni remitente.
Vamos a ver.
Yo creo que Barcelona le va a venir bien.
Es una ciudad nueva, gente nueva, un cargo nuevo.
Y yo haré todo lo imposible porque no esté solo,
- que esté acompañado todo el tiempo. - Ha llegado el momento de volver.
- ¿Qué? - Mi primo me necesita.
¿Y yo qué hago en París?
No, un momento, Jonás,
yo no pretendía algo parecido. Tu carrera está empezando.
Lo sé, pero si me traslado aquí, podré vivir con él y ayudarle.
- Y mi carrera puede continuar aquí. - ¿Cómo aquí?
¿Aquí, en Velvet? ¿Aquí?
Bueno, con tu permiso.
¿Yo? Sí, sí, claro, claro.
Claro, claro. Esto es algo que Ana debe decidir.
Pero que con la colección, la escuela y Manresa,
pues hay trabajo para todos. Creo, no lo sé, Jonás, no lo sé.
Como si tengo que organizar almacenes.
- Y dale. - Lo tengo decidido.
Me quedo.
Pero ¿y esa chica?
¿Vas a prescindir de ella, la pobre?
[voces acercándose]
- ¡Primo, primo! - Jonás...
Clarita.
- Clarita. - Pero bueno, ¿cómo estás?
¡Benditos los ojos! Que desde que te has hecho
un diseñador de renombre...
- Siempre a la estela de su maestro. - Por supuesto.
No sabéis la alegría que me da teneros a todos aquí.
Esto hay que celebrarlo con unos Manhattan, por lo menos.
- Por favor. - ¿Antes de que te vayas?
Sí, de eso quería hablaros.
¿Qué? ¿Qué has organizado?
- ¿Qué has organizado, primo? - No, no.
Es solo que pensaba en quedarme más tiempo.
¿Cómo?
Bueno, en realidad, estaba pensando en quedarme.
No sé lo que opinará Ana, pero es el momento de volver a Velvet.
[PEDRO] Que no, que no, primo. No te preocupes, Marie.
Es una locura, primo.
Que la vida es muy corta, puedes volver.
[JONÁS] Por eso.
¿Tú vives en París?
Entonces, ¿qué hago yo allí?
Jo, muchas gracias, primo.
Perdóname un segundo.
Marie...
No hace falta que digas nada.
Sabía que esto algún día podía pasar.
Y Pedro te necesita.
Marie...
Sí.
No sé cómo agradecerte lo que has hecho por mí.
Sin ti no habría conseguido nada. No sé cómo lo voy a hacer ahora.
- Marie... - Sí.
¿Me dejarás que te acompañe a la estación?
Claro.
Sí, bueno, ya sabes lo torpe que soy con la señales.
Igual termino en Portugal o aquí de vuelta, quién sabe.
Os dejo, que tendréis mucho de qué hablar.
Tú estarás cansada del viaje.
Sí, voy al hotel.
- Jota... - Sí.
- ¿Nos vemos para cenar? - Claro, tú y yo.
Y Pedro. Y Manolito
e Inés.
Quedé con ellos.
Eres un imbécil, un imbécil.
Y vosotros unos cotillas.
[ANA SUSPIRA]
[ANA] Era un persona maravillosa,
de esas que no te encuentras en cualquier sitio.
Eres afortunada de haber compartido tu vida con él.
- Sí. - Es una pena que yo no pueda
- decir lo mismo. - Siento que no le hayas conocido.
A mí me crió como a su propia hija, no me quiero ni imaginar
lo que hubiera disfrutado contigo.
Bueno,
no sé cómo quieres enfocar el tema con Eduard, yo...
No, no, no. Eduard no puede saber nada de esto.
Prométeme que no le dirás nada, por favor.
Vengo a dar el pésame a Ana Rivera.
- Es cosa tuya. - Mi madre no quiere que se sepa.
Lleva 32 años intentando que no sea un escándalo
y no voy a ser yo quien lo haga público.
[SERGIO] ¿Cuánto te vas?
Lo tengo todo programado par irme mañana por la noche,
pero debo encontrar al nuevo director financiero.
Es curioso descubrir a estas alturas que tengo un primo.
Pues imagínate lo curioso que es descubrir que tu padre
en realidad no es tu padre.
- Sergio, ¿qué haces aquí? - Padre...
Venía a darte mi más sentido pésame, Ana.
Sentí no ir al entierro.
- [ANA] No, faltaría más, señor Godó. - No te esperaba aquí.
No sabía que os conocierais.
He venido a presentarme al puesto de director financiero.
[GODÓ] ¿Qué?
Ay, perdonad, no sabía que estabais en una... ¿reunión?
- Vuelvo más tarde. - No, no, Clara.
[ANA] Sergio está listo para la entrevista.
La entrevista.
- Sí. - Sí.
Hemos estado hablando y encaja perfectamente con el perfil
- que estamos buscando. - Ajá.
Si os parece, podéis ir yendo a mi despacho
y acabando el formulario. Yo me uno enseguida.
[SERGIO] Claro.
- Sergio, ¿me acompañas? - [SERGIO] Por supuesto.
- Hasta ahora, padre. - Adiós, hijo.
Pues no sé si alegrarme o molestarme. No me dijo nada
- y no me gustan estas cosas. - Espero que no le moleste.
Al fin y al cabo, si él estuviera al frente,
todo sería más fácil, ¿no?
Pues... sí.
¿Por qué no?
No sabía si después de lo ocurrido seguirías con lo de Barcelona.
Tengo a todo mi equipo apoyándome.
Y a mí también.
Quiero decirte que, ahora o en un futuro,
me gustaría compartir un pedacito de Velvet contigo.
Quería que lo supieras.
- Hablaremos de ello. - Hablaremos.
- ¿Le acompaño? - Sí.
Seguro que esto te tranquiliza.
Gracias.
He de salir a tomar un poco el aire.
Qué tensión.
¿A cuántos candidatos habéis visto?
¿Para la entrevista? Pues a 30 o 35.
- ¿Y por qué ninguno encaja? - No tienen ni idea de moda.
- Pero ¿qué importa la moda? - ¿Me lo dices en serio?
Absolutamente.
¿O piensas ponerle a cortar, a hilvanar o a diseñar?
¿Y sabrá valorar compras y tendencias alguien que solo sabe de números?
Sí. Contigo a su lado, seguro que sí.
[puerta abriéndose]
Sergio, lo siento muchísimo.
- Acaba de irse ahora. - No te preocupes.
Ana, déjame intentarlo.
Déjame dirigir Velvet Colección.
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