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UN REGALO PARA ELLA
¿Piensas en mañana?
Claro que sí.
¿Crees que cuatro años son muchos?
Es como si acabásemos de empezar.
¿Y qué?
¿Qué de qué?
¿Ya tienes idea para el regalo?
Todavía un poco vaga, pero sí.
¿Y tú?
Yo lo tengo muy claro.
¡Venga, un sprint!
¿Se ha decidido?
Al final, me llevaré un perro.
Muy bien.
¿Un perro guardián? ¿De compañía?
Es para mi mujer, es nuestro aniversario de bodas.
Tengo lo que necesita.
Mire, ¿a que es monísimo?
¿Es una raza tranquila?
- Es que no entiendo mucho. - Pues es un perro inglés.
Tiene una cara curiosa.
¿Qué tiempo tiene?
Tres meses.
Entonces, crecerá.
Es gracioso, ¿eh?
Sí, sí.
Y lo que consume, o sea, la alimentación...
Es que esto de los perros... Es la primera vez.
Para él también.
Tranquilo, le daré lo que necesite.
- ¿Qué quiere decir? - Le habla.
Ahora sí que le ha adoptado.
¿Lo hace así?
- ¿Cómo va? - Está tranquilo.
Ya he encontrado el regalo para Jean-Pierre.
Qué bien.
Tengo ganas de ver el suyo.
Ya hemos llegado
a tu nuevo hogar.
La cestita.
No te muevas.
No te muevas.
Mierda. Cómo llevo la camisa.
No te muevas.
Durmiendo.
Te me meas encima y luego te duermes.
- Hola, soy yo. - Hola.
- ¿Ha ido bien el día? - Sí, bastante.
Toma, cariño.
¿Qué es?
¿Te gusta?
Es precioso.
Gracias, cariño.
Pues el mío es...
Una sorpresa.
- ¿Preparada? No mires. - No.
Cuidado.
Alto.
¡No puede ser!
¡Qué bonito! ¡Qué monada!
Es adorable. Ven, ven.
Ven a verme.
- ¿Es chico? - Sí. ¿Te gusta?
Sí. Pero ahora me siento tonta, con el boli.
¿Un Montblanc no es buen regalo?
Es un regalo fantástico.
Qué contenta estoy.
- Y encima huele bien. - Tendrá hambre, ¿no?
No lo sé. ¿Tienes hambre?
Ven, mamá te hará la cena.
Hace ruido.
Está comiendo, es normal.
¿Cómo se llama?
Como es un perro, le podemos llamar "Perro", y así se reconocerá.
Es un perro de raza, hay que ponerle un nombre.
Pero no un nombre de niño, que es ridículo.
Es un animal.
No, es un tesoro.
"Tesoro" no está mal. "Tesoro", ¿no?
Sí, por qué no.
¿No te gusta?
Es que antes el tesoro era yo.
No tiene nada que ver. Eres mi tesoro, pero diferente.
Venga. Vamos a dormir.
Un besito a mamá.
A dormir.
Venga, a la cama.
Muy bien.
No, no, no.
La cestita para Tesoro y la cama para papá y mamá.
Creo que no quiere.
Ya, pero es lo que hay.
Si no, se malacostumbra y luego para sacarlo...
Excepcionalmente, esta noche, ¿no podría...?
No le haríamos ningún favor. Necesita límites.
- Estás pensando en ti. - Pienso en nosotros.
Sólo una noche. Está perdido, pobrecito.
No conoce la casa, ni a nosotros. Ponte en su lugar.
¿Sólo una noche?
Sólo una, sí.
Gracias, cariño.
Ven, bebé.
Vaya. ¡Ya está bien!
¡Ya está bien! ¡Ya está bien!
Nathalie, ¿duermes? ¡Qué asqueroso!
¿Tesoro?
¿Otra vez igual?
¿Le has encerrado tú?
Sí,
no se va a encerrar solo.
Cariñito mío.
Perdona.
No conseguía dormir.
¿Y por qué yo sí?
No sé, tendré el sueño más ligero. ¿No te ha molestado?
- Qué va. - Pues mejor.
Yo no he pegado ojo. Y encima, se tira pedos.
- Y le has castigado. - No, le he metido en su cesta
en el baño.
¿Qué dirías si te llevase la cama al baño y te encerrase?
No nos vamos a discutir...
Tenemos que...
- No sé, reflexionar. - Es muy sencillo.
Si esta noche duerme en el baño, me voy con él.
No, un momento.
Habías dicho que dormía con nosotros una sola noche.
¿Ha dormido con nosotros?
- No. - Pues eso.
No ha sido buena idea.
Lo devolveré a la tienda.
¿Qué te parece?
No te puedes haber encariñado, no llevamos ni 24 horas.
No, no me he encariñado. Llévalo si crees que es lo mejor.
Y a cambio cogemos un gato, por ejemplo.
O un pájaro, que es menos...
Sí, un pájaro o un camaleón. Me da lo mismo.
Déjame.
Entiéndeme.
No me imaginaba lo que significaba...
Bueno.
Vale, pero...
Tenemos que organizarnos.
¿Pero nos lo quedamos?
Sí.
¿Hay alguien?
No, no. Mierda.
Mira esto.
Joder, eres un cerdo.
Acuérdate de sacar a Tesoro antes de llevarlo a casa de mi madre.
- ¿Jean-Pierre? - Te he oído.
Te vamos a enseñar buenas maneras, no te hará ningún daño.
Los perros bien educados lo hacen en la calle, no en el sofá.
Venga.
Venga, haz caca. Venga.
¡Tesoro! Ven aquí. No, ahí.
Ven aquí.
Tesoro.
Mira, haz como él, no es difícil.
Venga.
- Eso, buen perrito, muy bien. - Venga, Balthus.
Eso, muy bien.
Oiga, ¿no lo recoge?
¿Cómo?
Eso es de su perro, ¿no?
O lo recoge o le enseña a hacerlo en la alcantarilla.
Perdone, es la primera vez y...
Eso será.
Hay que domesticar a los dueños, no a los perros.
Tiene razón.
Ya está.
No, mierda. Joder.
Hola, Nadine.
Hola, Jean-Pierre.
Ya me ha avisado Nathalie.
A ver. ¡Qué mono es!
Cuidado, porque no es muy limpio.
Claro, es un bebé.
Seguro que tú a su edad eras igual.
Voy tirando, que llego un poco tarde.
Vale, adiós.
¿Cómo va con su protegido?
Pues no muy bien, la verdad.
- ¿A su mujer no le gusta? - Sí, mucho.
No, soy yo.
No estoy tan animado. Hace mucho ruido,
ronca, se tira pedos, es sucio...
Creo que no es muy inteligente.
Pensaba si podría cambiarlo por... No sé.
No es un juguete.
Como lo compré ayer,
no ha tenido tiempo de acostumbrarse. Yo no me acostumbraré nunca.
Busquemos juntos la solución.
Es como adoptar un niño y abandonarlo al día siguiente.
No me devuelva el dinero, se lo traigo y ya está.
- A usted le conoce más que a mí. - No, subestima su instinto.
Le compro uno más pequeño.
Mire, el chihuahua. Está muy bien,
es más pequeño, más discreto, más silencioso.
Y a nivel de cacas, será proporcional.
Seguramente, pero aquí no se devuelven ni cambian animales.
Perdone.
¿Diga?
Sí, soy yo.
Sí, ¿todo bien, cariño?
Gracias por lo de Tesoro, está con mamá y todo va bien.
- Perfecto. - Hemos hablado por teléfono.
Me ha reconocido la voz, ha ronroneado. Increíble, ¿no?
Sí, increíble. Esto...
Ya que lo comentas, estoy en la tienda
y tengo delante
un chihuahua adorable.
Pensaba que quizá...
Jean-Pierre, dos animales en casa es demasiado, ¿no?
Dos no, pensaba cambiarlo.
¿Qué?
Sí, el vendedor dice
que el chihuahua es más fácil de...
¡Que no!
Escucha, si vuelves a proponerlo, te las verás conmigo.
De acuerdo.
Hasta luego, entonces, cariño.
Bueno, no. Se lo va a pensar. Gracias, adios.
¿Qué quieres?
Quiero... Lo que un marido puede pedirle a su mujer amada.
- ¿Aquí, ahora? - Pues sí.
- Vale. - Qué emoción.
Te he dicho que sí.
¿Qué haces?
Le saco.
¿Por qué?
¿Cómo que por qué? Porque es íntimo.
No, es Tesoro.
Es cosa de pareja, no de trío.
Si no hace nada, está ahí sin molestar a nadie.
Me mira y eso me bloquea.
Déjalo, por favor.
Durará 20 o 25 minutos. Y eso como mucho.
- Que entre luego. - Se queda.
- ¿Entras luego? - ¡Se queda!
Hace falta mucha concentración para poder.
- A mí no me molesta. - A mí me ha enfriado.
Si no tienes ganas, no te esfuerces. No es obligatorio.
Tienes razón, no es obligatorio.
Venga, Tesoro.
Tírate pedos, pedos, pedos. Suéltate.
¡Me pone histérico!
¿Nathalie?
Creo que ya sabe ir al baño.
Bueno, a la calle.
Estoy en la ducha.
Mierda, no puede ser.
¿Cagas cada siete minutos, o qué?
Ven, Tesoro.
- Hola. - Hola.
- Tengo cita. - ¿Tesoro?
Qué guapo eres. Es fantástico.
¿Cuánto hace que le tiene?
Me lo regaló mi marido en nuestro cuarto aniversario.
Su marido no se pone por poco.
Amor mío, mi niño...
Pero parece un poco estresado, el pobre.
Un poco, sí.
¡Stéphanie!
Le haremos un masaje con aceites esenciales.
Será mi regalo de bienvenida.
Amor mío, se van a ocupar de ti.
- ¿Quiere un café? - Sí.
Toma. No tienes buena cara.
Es mi hijo. Llora todas las noches.
El mío ronca todas las noches.
Lo he estropeado todo con el chucho.
- No digas eso. - Es verdad.
Me casé con Nathalie para vivir solos, el placer de un matrimonio de amor.
Si es de amor de verdad, algún día se tiene que tener un niño.
¿Vosotros no?
Sí, sí, claro.
Pero no, queremos aprovechar. Me gustan mis amigos y el trabajo,
pero lo que más me gusta es estar a solas con ella.
¿Y por qué un perro?
Eso me pregunto yo.
Tenía tantas ganas de sorprenderla
que hice una tontería.
¿Qué es?
Tesoro.
Ven con mamá.
Dos segundos, no hagáis tanto ruido.
Cuidado, Tesoro. Tranquilo, venga.
Qué buena está la salchicha.
Oye, es imposible seguir el programa con ése en plan locomotora.
Respira, Jean-Pierre. Tiene derecho, ¿no?
Respira, respira.
Yo también respiro y no hago tanto ruido.
No te compares con él. ¿Qué edad tienes?
¡Trabajo mucho, quiero relajarme y tu perro me toca los huevos!
¡No aguanto más!
Intento controlarme, pero no puedo. ¿Lo entiendes?
De verdad que eres demasiado. ¡Qué egoísta!
¿Sabes lo que te digo? O le echas tú o le echo yo.
Te estoy viendo como eres y no me gustas nada.
¿No le echas?
Ven, cariño, que aquí molestamos. Venga.
¿Qué haces? ¿Adónde vas?
No le voy a dejar solo.
¿Y yo? A mí me dejas solo sin problemas.
No estás solo, tienes a la tele.
¿Ha olvidado lo bien que se duerme con su pareja?
Que los ronquidos no se interpongan.
"Buenas noches", anti-ronquidos, actúa toda la noche para ayudarle.
"Buenas noches", y viva sus noches en plena armonía.
¿Qué haces?
Voy a pasearle, para que haga sus necesidades.
¿Te traigo pan o cruasanes?
Me apetece un cruasán.
Duérmete, cariño.
Venga, venga.
Venga, rápido, que tenemos cosas que hacer.
Vale, a la vuelta. Venga.
- Hola. - Hola, ¿tiene Buenas noches?
¿Buenas noches?
Sí, querría dormir.
¿Tiene murmullos o acufenos?
No, sólo ronquidos.
- ¿Ronca mucho? - No soy yo.
He visto un anuncio en la tele y...
Buenas noches.
¿Señor?
Hola, ¿conoce Buenas noches?
Sí, claro, lo tenemos. ¿Es un ronquido normal?
No, muy fuerte.
Dos pulverizaciones antes de acostarse.
De acuerdo. ¿También funciona cuando se ronca despierto?
¿Cómo, despierto?
Se puede roncar sin dormir.
En principio, es para el sueño.
No es para mí, es para el perro. Ronca, hasta despierto ronca.
No, es para humanos, no para animales.
Sí, pero si es bueno para el hombre, también para el animal. Me lo llevo.
¿Qué le debo?
Ven aquí, para.
Eso, eso. Ya está.
Tesoro, ven aquí. ¡Tesoro!
A ver, di "a" como papá. Di "a" como papá.
- ¿Qué le das? - Nada.
¿Qué le das? No me tomes por tonta.
¿Qué es? Buenas noches.
- ¡Le quieres envenenar! - No es verdad.
Me lo ha dado el farmacéutico para que deje de roncar.
Así podré dormir, es...
Si no puedes dormir, medícate tú.
No le des nada a Tesoro sin mi permiso.
Está bueno.
- Las zapatillas. - Debajo de la mesa.
- Gracias. - De nada.
Es un perro, no puedes tener celos de un perro.
Si destruyeran tu hogar y te robasen a tu mujer, ¿no te importaría?
- Exageras. - No entraré en detalles,
pero desde que llegó el perro no tenemos vida de pareja.
Estoy tenso, nervioso, llego a casa con miedo, no es normal.
Sabía que habría un pequeño cambio, pero es que ya no me reconozco.
Hace tres meses que no duermo de un tirón.
Desde que nació mi hijo, con mi mujer cambió todo de golpe.
Yo tampoco duermo.
Ya, pero por un hijo no es lo mismo. Es una elección vital, te preparas...
Pero un perro que moleste tanto no es normal.
No sé cuánto durará.
Tienes que hablar tranquilamente con Nathalie.
Es lo que quisiera, hablar tranquilamente.
Pero ¿cómo vamos a hablar
al lado de un animal que hace un escándalo así?
No me lo esperaba, y menos de Jean-Pierre.
Es que entre Tesoro y él no hay conexión alguna. Me preocupa.
Es muy egoísta. Sólo piensa en él y en mí, y lo demás le da igual.
¿No hace ningún esfuerzo?
Hago todos los esfuerzos.
Pero soy el único, porque él no hace ninguno.
Y ahora, por fuerza, soy menos simpático.
O ese animal es estúpido, al contrario de lo que se dice de los perros,
o es de una inteligencia superior y me ha declarado la guerra.
Y yo no tengo nada que hacer.
Si vieras lo que es capaz de hacer.
Y sólo conmigo, porque cuando está en casa de la suegra, todo perfecto.
Tesoro ronca. Bueno, sí, pero no pasa nada.
Jean-Pierre también ronca y no por eso le he echado.
No, creo que con el perro descubro a un hombre desconocido.
Si te quiere, se arreglará.
Siempre hay que adaptarse y puede ser difícil,
pero tampoco hay que ponerse así.
No tengo nada que hacer, son dos contra uno.
Una pareja tiene que negociar,
yo te doy esto, tú me das lo otro...
Mientras haya amor...
¿Aún os queréis?
Sí.
Ya estoy en casa.
Gracias.
Qué bonitas.
- ¿Tesoro no está? - No, dormirá en casa de mamá.
¿No le echarás de menos?
A lo mejor no aguanto el silencio, pero...
Tenemos que hablar.
Qué oportuno. No sabía cómo pedírtelo.
Siempre he querido un perro y estoy muy contenta,
pero es cierto que nos da problemas.
Menos mal.
- Por eso he pensado una solución. - Tu madre.
Vivirá siempre con tu madre y vamos, vas a verle cuando quieras.
- Tonterías. - ¿Qué?
- No, iremos al psicólogo. - No puede ser.
¿Ves lo que dices? No cuestionaremos la pareja por un animal.
No, no, no puede ser, me niego en redondo.
Tranquilízate.
- Es un psicólogo de perros. - ¿De perros?
¿Tesoro le contará su vida en un diván
a otro chucho con barba que fuma en pipa?
No es ninguna broma.
Es un médico que observa al perro, analiza su relación con los dueños,
detecta sus problemas y dicta un diagnóstico.
Te juro que es muy serio.
El psicoanálisis de humanos ya no me convence, pero de perros...
Acabo de hablar con Brigitte en el centro de estética.
Dice que conoce a uno especializado en comportamiento animal,
es genial, hace milagros.
- No confío en ello. - ¿Qué podemos perder?
¿No es más fácil que vaya con tu madre y así le ves de vez en cuando?
A ver si me equivoco, ¿Tesoro era para mí o para mi madre?
¿Llamo o no llamo?
Por favor.
Vale. Llama a tu Freud canino.
Ya está, tenemos cita para el 22.
¿El 22? Falta casi un mes.
Y eso que iba recomendada, si no son tres meses de espera.
Estoy impresionado.
Mientras tanto, ¿Tesoro se queda con tu madre?
Sólo esta noche. Pero mañana voy a buscarle.
¿Así podré dormir tranquilo, entonces?
A lo mejor no.
¿De verdad?
Hay que recuperar el tiempo perdido.
Ya lo sé.
Me alegro de ver que también lo echas de menos.
Tonto.
Voy a estar bestial.
- ¿Qué pasa? - Roncas.
No, si no estoy durmiendo.
Al final Jean-Pierre ha aceptado.
¿Un psicólogo? ¿Pero a qué viene? Me parece una tontería.
Malgastaréis el tiempo, el dinero... Todo, vaya.
Yo sí creo.
Y además es interesante, no se lo he dicho a Jean-Pierre,
pero así podremos saber en qué punto estamos nosotros.
¡Entonces, el perro es una excusa!
Matamos a dos pájaros de un tiro.
Yo reconozco
que desde que tenemos a Regaliz, mi marido está más calmado.
Sinceramente,
no lo echo de menos.
A cierta edad...
Siempre copian a su dueño en todo.
Mírela a ella, por ejemplo.
Siempre mira a los perros por encima del hombro. ¡Una bruja!
Pues su dueña,
no la voy a criticar, porque es una clienta, pero...
¡Igualita! Siempre superior.
Y aquél de allí, siempre olisqueando los ceniceros.
Normal, su dueño es fumador de puros.
No tiene ningún secreto.
Y Tesoro, ¿qué le parece?
Tesoro me encanta. No, bueno, es juguetón,
pero porque es joven.
Pero es un poco ligón.
¡Pero si yo no ligo nunca!
Usted no lo sé, pero Tesoro liga mucho.
- ¿Verdad, Stéphanie? - Sí, todo el rato.
Se pone tierno con todas las perras. ¡Y le funciona!
Pues mi marido no es ligón.
Bueno, le conozco, pero...
Dicho esto, si a Tesoro le gusta y lo aprovecha, mejor para él.
¡No!
- ¿Por qué no? - Porque Tesoro es un pura raza.
No se va a mezclar con quien sea.
- Tiene que honrar a su pedigrí. - Sí.
Sí. Pero si se enamora de una perra
que sea, no sé, una mezcla de caniche y teckle...
El perro es suyo, haga lo que quiera.
Pero si piensa un poco en su descendencia...
¡Ojito con las mezclas!
- Llegas tarde, ¿de dónde vienes? - Del trabajo, ¿de dónde voy a venir?
Qué hambre tengo. ¿Qué cenamos?
No, es para Tesoro. Te he guardado carne guisada.
¿Sabes una cosa?
Se ve que Tesoro no tiene que mezclarse con cualquier perro.
Hay que ir con cuidado con su descendencia.
¿Su descendencia? ¿Encima quieres ser abuela?
Al final tendremos que planteárnoslo.
Sí, Nathalie.
¿Cuando salgas del trabajo puedes ir a comprar? Voy al veterinario
y no podré ir a la carnicería. Compra tres entrecots para la cena.
Tres entrecots, de acuerdo. ¿Viene tu madre?
No, estamos solos.
¿Y por qué tres?
Te pido tres entrecots, ¿los compras o no?
¡No puede ser!
No, es ridículo.
Si lo acostumbras a esto, es normal que no quiera las croquetas.
Que le demos nuestras sobras ya es demasiado,
pero me niego a comprarle un entrecot.
Acabaremos comiéndonos nosotros sus croquetas.
¡Qué rácano eres! No pasa nada, no compres nada, ya me apañaré.
¡Rácano!
¿Yo, rácano?
Tesoro, quieto.
No, déjelo, así se conocen.
No, no puedo dejarle a su aire o no pararía.
Tengo que ser selectiva.
¿Cómo?
Su perro no es de su tipo.
Pero el flechazo existe, ¿no?
¿Se cree que su perro es un Don Juan o qué?
Vainilla también tiene mucho éxito.
Mi muñequita.
Mírele los oídos, esta mañana se rascaba mucho.
¿Las oídos?
Desde anteayer no se le han podido taponar.
- No te muevas. - Ven aquí.
A ver.
No.
No.
Todo bien.
¿Seguro?
Creo que está cansado, está incubando algo.
No incuba nada, está hecho un roble. Mírele.
- ¿Nos vemos la semana que viene? - No, dentro de un mes.
- Salvo alguna urgencia. - Salvo alguna urgencia.
- Hola. - Hola, querría tres entrecots.
Tres entrecots. Ningún problema.
¿Cómo de gruesos?
- ¿Así va bien? - Sí.
- Muy bien. - Perfecto.
- Sus tres entrecots. - Gracias.
Qué inteligente.
¿Qué dices?
Nada, nada.
Es un perro de raza.
Y un perro de raza no come conservas.
¿No le ves una mirada rara?
Frunce el ceño.
Frunce el ceño.
Mira.
No, esto ya es ridículo.
Hay que encontrar el modelo justo.
Un gorro para perro, venga.
Es como tú, hay gorros que te sientan bien y otros que no.
¿Has visto el precio?
¿Les ayudo?
Buscamos algo para protegerle los ojos y he pensado que un gorro...
Si es para los ojos, no necesita un gorro.
- ¿Lo ves? Es ridículo. - En absoluto.
Un gorro bien elegido es adorable. Y muy a la moda.
Pero para los ojos tengo otra cosa. Vengan.
- Les encantará. - Seguro.
Tengo unas gafas preciosas.
¿Gafas?
Sí, gafas de sol.
El veterinario ha dicho que tiene los ojos muy delicados.
¿No tendrán lentillas para perro?
Te espero fuera, voy a tomar un café.
Le gusta bromear.
Si te gusta, di algo. Si no te gusta, no digas nada.
No, me gusta, me gusta.
COMPORTAMENTALISTA ANIMAL SÓLO CON CITA PREVIA
Hola.
Cabrón.
Gilipollas.
- ¿Qué dice? - Nada, perdone, es...
- Coco, cállate ya. - Déjelo, es divertido.
Vieja puta.
Depende de a quién le hable.
Cabrón.
Rellenen el cuestionario para la doctora.
¿Tienes boli?
Caca de vaca.
Cabrón.
En general, repiten lo que han oído.
- No se sabe. - Sí.
No lo habrá aprendido solito de un libro.
Les toca.
Gran puta.
A la doctora le va a costar reeducarle.
¡Que te den!
Te habrías podido callar.
Nos estaban insultando.
No te va a ofender un loro.
¿Y bien?
Es interesante lo reveladora que es la primera imagen.
Lo lleva usted de la correa
pero no deja de mirar a su mujer.
Acepta las instrucciones de ella.
Sí, ¿y eso no es bueno?
¿Qué le parece?
Exacto, la doctora tiene razón.
Es importante dejar claro
el lugar que ocupa en la pareja,
su legitimidad.
A ver, que no lo entiendo.
¿Trata a los perros o a los dueños?
Buena pregunta. Le explicaré mi método de trabajo.
Se inspira directamente en Françoise Dolto.
Visitaba a los niños delante de sus padres
y eso llevaba indirectamente a tratar a los padres.
Los cachorros son como bebés.
Les angustia la separación, temen al abandono...
Por eso es importante
entender el perfil psicológico de los padres.
De los dueños.
Ha dicho padres. Y no somos los padres de Tesoro.
A los padres no les conocemos.
Vale, ya lo he entendido.
Lo hace expresamente.
Estamos muy dispuestos a colaborar.
¿Verdad, cariño?
Pues empecemos.
¿A quién obedece?
- A mí, es muy dócil. - A nadie, hace lo que quiere.
No, es que Jean-Pierre es más exigente. Hasta autoritario.
- ¿Tiene problemas con la autoridad? - No.
No tengo problemas.
A menudo el que la ha padecido la repercute.
No, no tengo ningún problema.
¿Qué es "problemas con la autoridad"? Cuando tengo que decir algo, lo digo.
Tranquilo, la doctora quiere ayudarnos.
Ése es nuestro problema.
¿Lo ha oído? Eso todas las noches.
- ¿Dónde duerme? - Con nosotros.
¿Cree que es la mejor solución?
¿Lo ves?
¡No le parece bien!
No es cuestión de si estoy de acuerdo,
sino de ayudarles a encontrar el origen del problema.
Cómo reencontrar la harmonía en su pareja.
Ésa es la cuestión.
Hemos venido para...
Hemos venido a por respuestas, no a por más preguntas.
Dígale a mi mujer
que no es sano dormir con el perro. ¡Dígaselo!
Tú sólo piensas en tu comodidad.
Si no te la tocan, muy bien, pero si se te pide un sacrificio,
no piensas en nadie.
¿En nadie? ¿En nadie?
Vengo aquí contigo sin estar de acuerdo en absoluto
- y dices que no pienso en nadie. - No grites, que le asustas.
¡Me estoy explicando!
¡Bien!
Como ven, todavía tenemos mucho trabajo los cuatro.
- ¿Ya está? - Por hoy, sí.
Nos vemos dentro de 15 días.
Son 100 euros.
Reconoce que hemos perdido el tiempo y la pasta.
Si lo dejamos a la primera, sí, es verdad.
¿Es que piensas volver?
El psicoanálisis no es una pastilla milagrosa,
puede durar 5, 10 años, o toda la vida.
¡Pues conmigo no!
¡Vale que me tomen el pelo, pero tengo un límite!
Tienes miedo de descubrir el origen del problema.
No había problema cuando no había perro.
¡Odio cuando te esfuerzas en negar la evidencia!
¡Me esfuerzo por una vida normal! ¡Y a ti te da igual!
¡Lo único que ves es tu perro, tu perro! ¡No puedo más!
El veterinario, el psicólogo, las croquetas, todo muy bien.
Nathalie, Jean-Pierre, soy mamá.
Quería saber cómo ha ido con la psicóloga.
¡Mal!
Venga, un beso.
Llamadme.
¿Qué haces?
Adivina.
Vale.
Ven, Tesoro, vamos a ponernos las botas.
Las botas.
Id a poneros las botas.
Buenos días.
Es para ti.
¿Dónde está la trampa?
No hay trampa.
Quiero hacer las paces.
¿Y te ha dado de golpe esta mañana?
No quiero que duermas en el sofá, tienes muy mala cara.
No podemos seguir así.
Dame un beso.
Dámelo tú.
Amor mío.
Tengo una idea para que me perdones.
Un fin de semana de novios. ¿Qué me dices?
- Depende. ¿Los dos o los tres? - Los dos.
Pero hay que avisar a mamá para que se quede con Tesoro.
¿A Venecia? El puente de los suspiros, las góndolas...
Venecia, qué horterada.
¿A los cocoteros?
A Ostende.
No lo conocemos, lo habíamos hablado una vez.
Los dos solos podemos ir donde tú quieras.
- ¿Qué tal? - Bien, ¿y tú?
No tienes buena cara. ¿Tu mujer se ha comprado un perro?
Los dientes no dejan dormir al niño y a nosotros ni te cuento.
Ya pasará.
A ti parece que te va mejor.
El amor, la suma de sacrificios que haces por alguien.
La guerra tenía que terminar.
Vamos a firmar el armisticio a Ostende.
"El pacto de Ostende". ¿Y el perro?
Con la suegra.
Qué maja, tu suegra.
Tienes mi móvil, te dejo el número del hotel,
la dirección y el número del veterinario, dos médicos,
y tienes el móvil de Jean-Pierre.
- El mío, ¿por qué? - Por si se estropea el mío.
- Sí, claro. - No abusaré.
Y si ves lo que sea, me llamas, sea día o noche.
- Lo tendré siempre encendido. - Sí, tranquila, pero no pasará nada.
Cariño, pórtate bien con la abuela.
Amor mío.
Mamá se va cuatro días. Uno, dos, tres, cuatro.
Cuatro días no son nada. Venga, que vuelvo.
Dile adiós, que si no no lo entenderá.
Adiós, guapo.
Venga, adiós.
Adiós, cariño.
- Mamá, me he dejado su muñequito. - El muñequito, sí.
Pórtate bien, Tesoro. Mamá volverá pronto.
Vamos a perder el tren.
Venga.
Ya está.
Por fin tranquilos.
Por fin
lejos de todo.
- ¿Me quieres? - Claro que sí.
Una sonrisa.
No está mal.
Muy bonita.
Hagamos otra,
otra sonriendo.
- ¿Qué pasa? ¿No estás bien? - Sí.
Dime qué te apetece.
Lo que quieras, decides tú.
¿No te gusta?
Está muy bueno, pero no tengo hambre.
Me habías prometido...
No puedo dejar de pensar en él.
Para poner esa cara, no hacía falta venir hasta aquí.
Tienes razón, perdona.
Venga, come, por favor.
- Voy al baño. - No.
¿Cómo que no?
No vas al baño, vas a llamar a tu madre. Llámala desde aquí.
- ¿No te molesta? - No.
Hola, mamá, soy yo.
¿Lo has sacado?
¿Qué hace, duerme?
¿Cómo que no ha comido? ¿No le habrás dado croquetas?
¿Qué has comido tú?
Pues dale salmón ahumado.
No le malcrío, es que está acostumbrado.
Eres un cielo, ahora pásamelo.
¡Mi niño, soy mamá!
Volvemos enseguida, ¿eh?
Te paso con papá.
Ah, no, papá está durmiendo.
Te queremos mucho y pensamos mucho en ti.
Un beso. Buenas noches.
Ya sé que soy ridícula, pero no puedo evitarlo.
Ahora estaremos tranquilos hasta mañana.
¿Qué pasa, no puedes dormir?
No estoy acostumbrada a la cama.
¡Tesoro, ven aquí!
Ven con mamá, Tesoro.
A dormir con mamá.
No, no, no.
Tranquilo.
- Pues ráscame la cabeza. - Vale. Muy bien.
Tranquilo, Tesoro.
¡Croquetas!
Qué gracia.
Buenas noches, amor.
Buenas noches, cariño.
No, soy Jean-Pierre.
No pasa nada, con lo que se zampa todos los días,
un poco de dieta le irá bien.
- ¿Es mamá? - No, no pasa nada.
Pásamela.
No, va bien. No come, pero no es nada.
No, ¿cómo que nada? ¡Dame, dame, dame!
Dale bogavantes, caviar, lo que sea, te lo pagaré.
Pero ahora déjanos en paz, ¿vale?
No está bien que le hables así.
No nos puede llamar cada 5 minutos porque el señor no come desde ayer.
Si no come es porque está enfermo.
No, es un capricho.
- ¿Qué haces? - Ya lo ves.
Deja el teléfono. De ello depende nuestra pareja.
¿Voy a hacer turismo mientras Tesoro se muere? Está enfermo.
La enferma eres tú.
¿Mamá? ¿Qué pasa?
Volvemos hoy.
Encontraremos un tren.
Hasta luego.
Voy a hacer las maletas.
¡Tesoro!
¡Tesoro!
Bueno, Nadine,
estarás contenta de habernos estropeado las vacaciones.
Nathalie me dijo que llamase, no es culpa mía.
Hemos vuelto por tu culpa.
Al final creeré que tiene razón cuando dice que tienes mala fe.
Mala fe, egoísta, un imbécil. No sé qué hace conmigo.
Basta, Jean-Pierre, por favor.
- Y mírale, está contento de verte. - Pues yo no.
Hemos vuelto por nada, come por cuatro.
Es normal, llevaba 36 horas sin comer, estaba deprimido.
Pues dale Prozac, qué quieres que te diga.
Por cierto, el miércoles vamos a la psicóloga.
No, yo no vuelvo, ya te lo dije. ¿No te quedó claro?
¿Creías que se arreglaría todo en una sesión?
No voy. Es fácil. Ve sola, si quieres.
No quería comer. Si hubiese estado fuera una semana, habría muerto.
Quizá no.
Lo peor es que en Ostende perdí el apetito.
A cientos de quilómetros teníamos las mismas reacciones.
¿Y usted?
- Yo siempre tengo apetito. - No te pregunta eso.
Te enfadaste porque volvimos antes.
Pensabas sólo en ti, estabas decepcionado.
Desde que le tenemos no nos escapamos, es normal que me decepcione.
Yo también, pero no había otra.
Mire, yo no quería venir,
pero si he venido es para que le explique
que no podemos seguir así eternamente.
¿Le importa la educación de Tesoro?
Es él el que nos educa.
Verán, se ve claramente que Tesoro
nota el desequilibrio entre el afecto que le dan.
De un lado, demasiado
y, del otro, insuficiente.
Eso le perturba.
Es verdad, depende totalmente de mí, me conoce como nadie.
Si estoy inquieta, se inquieta.
Y yo siempre tengo miedo de tus reacciones.
Al final yo me estreso y él también.
Ya ves cómo me mira.
Amor mío, sé que entiendes todo lo que siento.
Sí, mi Tesoro.
Serán cien euros.
Tesoro, ya basta.
¿Qué haces?
Me visto.
Me voy.
¿Adónde vas a estas horas?
No lo sé, pero no podemos seguir así.
Aquí sobra uno de los tres. Antes pensaba que era él,
pero ahora veo que soy yo.
Así que me voy.
¿Dónde vas a dormir?
A un hotel, donde sea.
Aquí es imposible.
- Cariño, por favor. - No.
Nathalie, se acabó. Hemos hecho todo lo posible,
pero hay que afrontar las cosas.
Si tiene que marcharse alguien soy yo, no tú.
No puedes irte así, a la aventura.
No me voy a la aventura, me voy a casa de mamá.
Quizá necesitamos tomar distancia y pensar. Tienes razón.
Es culpa mía, perdona.
Vamos, Tesoro.
HE VENIDO A BUSCAR MIS COSAS Y LAS DE TESORO. TE DEJO LA LLAVE.
- Hola, Brigitte. - Hola. Ahí está, guapo y limpio.
¿Todavía estamos igual?
Si puedo opinar,
algún día habrá que girar página. ¿Por qué no ya?
Usted podría querer a un hombre al que no le gusten los animales
si no le gustasen a usted.
Así que es momento de abrirse.
- Es pronto. - Nunca es pronto para ser feliz.
Tengo una idea.
Un cliente divorciado, encantador.
Viene a menudo con un basset.
Harold.
- ¿Es inglés? - No, no.
Harold se llama el perro.
Él se llama Fabrice.
Quizá puedo organizar un encuentro "fortuito".
No sé si le gustaré, estoy muy apagada.
Venga, Nathalie.
Si está triste
Tesoro terminará por notarlo y se pondrá triste, también.
Aunque sea por él, hay que salir.
Por Tesoro, conocerá a Fabrice.
Han venido todos. Aparecerán aquí ante ustedes,
un público de ensueño y un excelente jurado,
los perros más hermosos del planeta.
Vamos a empezar por un bomboncito, amigo de los niños y los padres,
el bobtail, luego los pastores,
pastor alemán, pastor australiano.
Y el hijo de Edgar Faure, con su dogo de Burdeos.
Tesoro está muy nervioso.
Ahí está, ahí está.
¿Qué te parece?
No está mal.
Y un par de botas paseándose...
Perdón, no, es un cocker americano seguido de un borzoi
y Christine Bravo, que cierra el desfile.
No, me dicen que es un galgo afgano.
¡Fabrice!
- ¿Cómo está? - Querida Brigitte,
qué sorpresa.
Le presento a una amiga, Nathalie.
Encantado.
Le presento a Harold.
Tesoro.
Perdonen, voy a saludar a un amigo.
Brigitte me ha hablado de Tesoro en términos muy elogiosos.
¿Decepcionado?
¿Lo parezco?
Es la primera vez que voy a un sitio así.
¿Le gusta?
Sí, pero no entiendo mucho
sobre lo relacionado con la...
Cinofilia. Cinofilia.
Perdón, me he equivocado de piso.
- Toma. - Gracias.
¿No ha llamado?
¿No quieres dar el primer paso?
¿Para que me diga "vuelvo con el perro"?
¿Por las noches es muy duro?
Un silencio increíble.
Ven a cenar a casa. Un cambio de aires.
Es que no estoy muy divertido.
Con la cara que tienes, no esperamos a un payaso.
Ven. Llamaré a Véronique.
Vienes, ¿eh?
- Hola. - Hola.
Por favor.
Ya lo cojo yo.
Detrás, detrás.
Toda va bien.
Creía que estaría con Harold, por eso he traído a Tesoro.
Ha hecho bien.
Desgraciadamente hoy Harold está con mi ex.
Yo tengo la custodia, pero le ve cada 15 días y por vacaciones.
La batalla jurídica fue feroz.
Al final siempre pagan los inocentes.
- ¿Lleva mucho divorciado? - Dos años.
Yo me he recuperado, pero Harold...
No, no del todo.
Es muy sensible.
Como Tesoro, supongo.
Sí, pero creo que la separación de mi marido no le afecta mucho.
No diga eso.
Los perros pueden ser muy púdicos.
Disimulan su dolor con una máscara de jovialidad.
Pero si se rasca un poco...
Bueno, hablemos de cosas más agradables.
¿Macarrones?
Mi Tesoro...
Muy bueno, Véronique.
No has comido mucho.
- No vayas. - Voy a ver qué le pasa.
No, le despertarás.
Ya está despierto, si llora.
¿Un café después del postre?
- ¿Tienes descafeinado? - Sí.
Me apetece.
- Hola a todos. - Lo sabía.
Estaba de pie en la cuna.
- Ya, seguro. - Sí, pregúntale.
Buenas noches, señor, ¿cómo está?
Parece que tiene hambre.
No tiene porqué, ha cenado.
Suerte que estoy aquí,
si no sería la anarquía.
No te lo había dicho, esto es un cuartel.
No me casé con una mujer, me casé con un general.
No hay que dejarse tomar el pelo. Eso es todo.
Es verdad,
nuestra vida es tan importante como la suya.
- Lo bordó mi madre. - Muy bonito.
He traído agua para Tesoro.
Siempre le pongo un poco de menta,
refresca el aliento.
Secreto de la abuela.
Veo que le interesa el árbol.
Ahí está el abuelo, compañero del Duque de Batignolles,
su tío, que perteneció a la casa Windsor
y su prima Milena, inseparable del heredero al trono sueco.
Para eso va muy bien la menta.
Como veo que le interesa,
le enseñaré otra cosa, si me permite.
Es importante conocer el origen del perro.
Se pasó la tarde hablando sólo de eso.
Intenté cambiar de conversación, pero nada.
Lo sé todo sobre la familia de su perro,
el padre, el tío, los primos lejanos...
Es simpático, pero no está bien.
Lástima, le habías causado muy buena impresión.
Me llamó ayer para darme las gracias
y os colmó de elogios a ti y a Tesoro.
Qué mono, porque Tesoro no dejaba de tirarse pedos, qué vergüenza.
Encuentras a un hombre rico,
bien educado, guapo y que adora a los animales
y no veo... No puedes esperar nada mejor.
Pero hay algo insalvable, es que es siniestro.
Jean-Pierre por lo menos me hacía reír.
¿Todavía piensas en él?
Hola, Nadine.
Hola, Jean-Pierre.
¿No está Nathalie?
No, no le he dicho que te había llamado.
Tesoro.
¿Qué tal, chico?
Ven con papá.
Creo que está enfadado.
Cuando se fue Nathalie
creí, y ella también,
que la separación duraría una semana.
Y luego
se ha convencido
de que entre vosotros hay cosas muy profundas que os separan.
La única posibilidad de reconciliación
quizá
es que cambies del todo.
¿Que cambiemos?
No, Jean-Pierre,
que cambies tú.
Tengo que disculparme,
decirle que la quiero, suplicarle que vuelva con Tesoro.
Más o menos, sí.
Sería la única condición.
Eso creo, vaya.
Tesoro.
Ven, ven.
Ven, chico, ven.
Lo severo que se pone y luego tan cariñoso...
- Sí, eres un travieso. - Me encanta este perro.
¡Qué cabrón!
- Lo siento, pero... - ¡Un tesoro, no, un mierda!
Lo siento, no lo entiendo.
Por lo menos está claro, no quiere que vuelva con su madre.
Lo has visto, se niega. ¡Me odia!
No, no.
Pero si lo has visto.
¡Deja!
- Jean-Pierre. - ¡No!
Le hace responsable de la situación.
Es su forma de decir:
"Nos has hecho mucho daño,
se terminó".
¿Cien euros?
No, nada.
- Hola. - Hola.
- ¿Me reconoce? - Sí, claro.
- La caca. - Eso.
¿Qué tal el perro?
Bien, supongo.
No es mío,
es de mi mujer y nos hemos separado.
- Lo siento. - No, ¿y usted?
Yo soy soltera, así no hay peligro.
¿Tiene un momento para un café?
Cinco minutos.
Sí, claro.
Será un placer.
- ¿Cómo se...? - Balthus.
Los perros son maravillosos.
Depende de cuál.
Siempre he tenido perro.
Y antes pensaba
que el cariño por los animales podía reemplazar el contacto humano.
Pero ahora veo que es falso.
Un perro no reemplaza a un hombre, ni al contrario.
¿Qué le parece?
No lo sé, seguramente.
Tampoco hay que elegir. No es o uno u otro.
Muchos hombres te aceptan con un hijo.
Pero con un perro es más difícil.
No me lo había planteado nunca.
Pero ahora que lo dice...
¿Vive por aquí?
¿Por qué?
Nos cruzamos mucho. Somos vecinos, ¿no?
Yo vivo justo en frente.
- ¿Ahí? - Sí.
¿Y usted?
Yo estoy... Bueno, está a un ratito.
¿Vive lejos?
Creo que quiere volver. ¿Vamos a mi casa?
No puedo.
Gracias
por el...
Buenos días.
Qué guapa eres.
¿Quieres un poco de pollo?
Toma, cariño. Despacio.
Muy bien.
Darling.
Papá Jean-Pierre
y Darling.
Muy bien.
Mamá, no le des más,
se va a volver obeso.
Hay que saber cuidarse.
También hay que saber privarse, le irá bien.
Venga, come.
No te hará daño.
Buenas noches, guapa.
¿Qué quieres, quieres dormir con papá?
Vale. Ven, corazón.
Buenas noches.
Pero está claro, ¿eh? Sólo esta noche.
Buenas noches, cariño.
¿Por qué tose?
- Ha tosido. - No.
¿Estás bien, Darling?
No te muevas.
Hola, querría cita para una perra.
Cuanto antes mejor.
No sé, tose mucho.
Sí, es urgente.
El corazón, bien.
Las orejas también.
Los ojos, impecables.
Crece muy bien.
No tiene nada.
No le doy ni receta.
Gracias, doctor.
Todo va bien.
Te presento a Darling.
¿Estáis juntos?
¿Todo bien?
Sí, tose un poco, pero no es nada.
¿Y tú, todo bien?
Sí, todo bien.
Me ha robado a mi mujer un monstruo blanco
que se tira pedos y ronca, pero bueno.
Me pego la gran vida.
Veo a chicas perfectas, doy fiestas para perros...
¿Y tú?
Te echamos de menos.
Te habla de mí.
No, soy yo quien le dice que la vida sin ti es triste.
Parece que se entienden.
Es interesante lo reveladora que es la primera imagen.
Ven, que te haré un cachorrito.
¿Qué hacéis? Venga, venga.
Gracias a Mona Krayem,
que desde 2006
ha acompañado a Claude
en el camino de la palabra.
Gracias a Philippe Van Eeckhout
que ha hecho lo mismo
sin tirar nunca la toalla.
¡Motor!
¡Rodando!
¡Acción!
Qué emoción.
Es la mejor.
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