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"Enciérralas y cierra la puerta,
enciérralas para siempre.
Cualquier rincón, rendija, ventana, puerta,
séllalos por siempre jamás.
Maldición, vuélvete. Maldición, vuélvete.
Vuélvete con el doble de miedo y de dureza.
Maldición, vuélvete. Maldición, vuélvete.
Vuélvete con el doble de dolor y carencia.
Flecha de plata, atraviesa la noche. Flecha de plata echa a volar.
Flecha de plata, busca y encuentra,
al corazón y a la mente que maldicen..."
"LA BRUJERÍA A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS"
La práctica de la brujería ha plagado al hombre en este planeta
desde que usa las palabras. Al principio, estaba la palabra.
Así es cómo imaginaban los persas los orígenes de las enfermedades.
En la antigüedad, ilustraban a los malos espíritus de la brujería
mostrando estas sombras aparentemente indelebles
en imágenes que encajan con la concepción primitifva del mundo.
Así, según Maspero, imaginaban los antigüos egipcios la Tierra.
La tierra y el agua estaban rodeados por montañas altas.
Los egipcios imaginaban un cielo de hierro
sujetado por pilares acoplados a las montañas.
Las estrellas estaban suspendidas desde el cielo con cuerdas.
Otros creían que el cielo era curvo y la tierra estaba hecha de bancales.
En la Edad Media, los malvados espíritus de la antigüedad
se transformaron en demonios,
que acechaban por todas partes y tentaban a la humanidad.
Los demonios vagan por las partes más profundas de la Tierra.
La Tierra y sus aguas se consideraban el centro del universo.
Fuera de eso, la Edad Media, postuló que había una capa de aire,
después una de fuego.
Más allá de la capa de fuego se movían los planetas.
Cada planeta estaba fijo en una esfera móvil y transparente.
Más allá de los planetas, las estrellas estaban en otro cielo.
Y en el círculo más alejado, estaba Dios Todopoderoso entronado
y rodeado por nueve coros angelicales.
Y era Dios quien controlaba el mecanismo del mundo.
En las entrañas de la Tierra, el Infierno y sus eternos tormentos.
Uno de ellos era acabar en un caldero hirviendo.
Aquí, uno de los condenados es lanzado directamente al fuego.
Aquí, un demonio le da a un condenado una bebida de azufre.
Esta escena da una imagen detallada
de las concepciones medievales.
Se ve la impaciencia de los demonios que avivan el fuego del caldero.
La gente estaba convencida
de que las brujas habían hecho un pacto ilícito con Satán,
y por eso merecían ser quemadas.
Estas ilustraciones alemanas muestran a una bruja obteniendo leche
al ordeñar el mango de un hacha, mientras otra vieja
ha lanzado un malicioso conjuro contra el zapato de un hombre.
Era costumbre entre las brujas celebrar consejos.
Allí decidían maldecir a una vaca para que no diera más leche.
Aquí dos brujos le prenden fuego a un pueblo con un conjuro.
A las brujas también se las consideraba capaces de curar
con polvos y brebajes mágicos.
Cuando una bruja celebraba el Sabbat de noche con los demonios,
estaba totalmente desnuda.
Las mujeres que querían participar en estas ceremonias
visitaban en secreto a las brujas
y les extendían por la espalda un ungüento mágico.
Gracias a eso, podían ir volando hasta el Sabbat en escobas.
En el Sabbat, su primera obligación
era profanar el sagrado símbolo de la cruz.
Satán le da a cada participante un nombre especial.
Después se lleva a cabo un festín solemne.
Los cuerpos de las horcas solían ser parte del plato principal.
Las brujas presentaban sus respetos a Satán besándole el trasero.
Después de eróticos encuentros con los demonios,
estas mujeres vuelven a casa con el primer canto del gallo.
Algunos famosos grabados de la Edad Media y el Renacimiento
demuestran cómo.
Miles de mujeres decían haber participado
en estos misteriosos encuentros y reuniones diabólicas.
"Las estrellas brillan sobre la colina de la horca."
"¡Este ladrón estado colgado de la horca demasiado tiempo!"
"Si la mano está muy seca, el brebaje no tiene tanta fuerza."
"Abre, Karna, antes de que nos vea la gente en la calle."
"Karna, ¿me prepararías una poción de amor para hechizar a un monje?"
"Este brebaje está hecho con heces de gato y corazón de paloma."
"Una sola gota en la bebida de un hombre ablandará su corazón."
"¿Puedes darme un brebaje más fuerte, Karna?
"¡Tú lo que quieres es que enloquezca de amor!"
"Esta poción se hizo en mayo con un gorrión joven y vivaracho."
"Guarda tu dinero. Primero huele este ungüento."
"Es muy útil si alguna vez deseas volar a un Sabbat de brujas."
"Puede que el monje corra a tu habitación
si te echas en secreto esta savia de Lucifer."
"Os llevará juntos al cielo y él te inundará de besos."
Es media noche en un pequeño pueblo en la Edad Media.
"Hermano, ¿no deberíamos rezar primero?"
"Virgen bendita, perdónanos lo que vamos a hacer."
"No es la curiosidad criminal la que nos hace pecar..."
"...sino la esperanza de descubrir la causa de enfermedades atroces."
"¡Socorro! Dos brujos han violado la paz de los muertos."
Así es la Edad Media. Los hechos diabólicos corren a sus anchas.
"¡Fuera de aquí, demonio de Satán!"
"¡Cuidado! Tu sucia boca permanecerá abierta toda la eternidad."
La creencia en el Diablo estaba tan enraizada,
que muchos decían haberlo visto y tocado en persona.
Dando increíbles descripciones de su horrenda persona.
En una pesadilla, como un pretendiente seductor,
Satán adopta muchas formas.
Ha sido visto como príncipe,
como campesino, como fraile,
como perro, como piedra, como horquilla...
Pero, según la leyenda, nunca como fuente de Agua Bendita.
Las amigas de Satán podrían ser sumamente jóvenes y bellas
pero suelen ser miserables, viejas, pobres y sucias.
Después del toque de queda y de apagar todas las hogueras,
Satán viene en busca de Apelone
para llevarla hasta el lugar de los groseros acontecimientos.
Arriba, en el Infierno celestial, está el castillo de Apelone.
Y allí Satán complace sus deseos inconfesables.
En el libro de Franz Heinnemann "Jueces y juicios",
se pueden ver ilustraciones que muestran a jueces de brujas
llevando a cabo sus obligaciones.
Para saber si la bruja es culpable, debe pasar la prueba del agua.
Aquí la bruja está atada y la llevan al punto más profundo.
Si flota, la quemarán en la estaca.
Y si se hunde, los jueces darán gracias a Dios por su inocencia.
Ahora podréis ver una caza de brujas
durante el periodo en que el Papa envió jueces a Alemania
especializados en la caza de brujas.
"¡Solo la brujería ha podido llevarse a mi marido tan deprisa!"
"Poderoso Saturno,
que este plomo nos muestre si Jesper el lmpresor ha sido embrujado."
Tranquila, Anna, el plomo nos lo dirá.
"La forma del plomo dice que su enfermedad es obra de una bruja."
"¿Dónde podemos encontrar a esa miserable bruja?"
"La verás antes de lo que deseas."
"¿Antes de lo que deseo?"
"¡Por Dios! No te he oído entrar, Maria."
"Apiádate de una pobre vieja que tiene que pedir puerta por puerta."
"Si tienes hambre, Maria, por favor, siéntate."
"Come, si puedes, en nombre de Dios."
"Cuidado, hermana, esa mujer tiene ojos malvados."
Los miembros jóvenes de la Inquisición no pueden intercambiar una palabra...
con una mujer.
"Qué maravillosa sensación he tenido cuando me ha tocado el brazo."
"Debes saber que está en juego la vida de la persona que acusas."
"¡Jura por la Santa Cruz que no sois enemigas mortales!"
"Deprisa, antes de que nos convierta en ratón."
"¡Tendrás la muerte que te mereces, concubina del Diablo!"
Visten a la bruja con ropa purificada.
"Maria la Costurera está aquí para ser juzgada por brujería."
"Vigila bien que no lleve polvos mágicos escondidos por el pelo."
Los acusados pasan sus noches como bien les parece a los jueces.
Dos hombres intentan hacerla confesar.
Observad.
Esta es la técnica del poli bueno y el poli malo
que aún se usa en las comisarías de todo el mundo.
Recurren a métodos religiosos.
"Lee las siete palabras sagradas de Cristo que hay escritas aquí."
"Esto evitará que el Diablo te ayude a mantener silencio."
"Lleva esta cuerda bendita."
Si sigue empecinada, se la llevan a la cámara de tortura
de espaldas para evitar que hechice a los jueces.
"Por última vez: ¿ Confiesas tus malvados actos de brujería?"
"Que empiece la tortura, que hable."
"Oh, jueces eruditos, ¿ cómo puedo decir lo que no sé?"
"¡Verdugo! Adelante."
"Que coja aire. Afloja el torniquete si confiesa sus pecados."
"Confieso haber tenido varios hijos con el Diablo."
"Durante los nacimientos, Karna y su grupo me ayudó."
"Si paran, les diré cómo Trina me cubrió con ungüento mágico."
"Sí, he volado hasta el Sabbat en la escoba de Trina."
"He visto a la abuela del Diablo con todos sus trucos de brujería."
"Las brujas que no habían hecho suficientes fechorías
eran asediadas por el Diablo."
"Se reían de la misa y de todo lo que era sagrado."
"Karna preparaba comidas hechas con sapos y bebés sin bautizar."
"Escucha, Maria, ¿ viste al Diablo marcar la frente de las brujas?"
"Vi cómo le besaban el trasero al Diablo."
"La madre de Anna, que me ha deseado una muerte dolorosa..."
"...le besó el culo a Satán apasionadamente.
Sissel, su sirvienta, también estaba allí."
"Y Elsa, que me maltrató, también merece ser quemada."
"Una noche clara,
ella y su hermana pasaron por la puerta de Martin el Escribano."
"Lo maldijeron lanzándole agua contra su puerta."
"Y la misma noche, Martin sufrió una muerte trágica."
"Les diré todas las brujas que me insultan por la calle."
De este modo se ponía en marcha la maquinaria de la ley.
Cada bruja que torturaban acusaba a una docena más.
Y los soldados de la ciudad no paraban ni un momento.
Quien dificultara la detención de una bruja era considerado cómplice.
Así, el destino de la joven Anna, la mujer de Jesper, estaba decidido.
Solo dos almas
quedan en el hogar de Jesper el lmpresor.
"Ayúdame, mis pensamientos son pecaminosos."
"¡Desnuda tu torso, hermano!"
"La flagelación curará tu alma pecadora."
"¿Por qué te detienes, hermano?"
"Padre Henrik, el hermano John ha sido embrujado."
"Se le aparece una bruja en su celda tentándolo."
"Esa mujer agarró al hermano John por la muñeca."
"Levántate, el padre Henrik viene hacia aquí."
"No habrás acusado a esa joven de brujería, ¿ verdad?"
"¿ Conoces el castigo por negarse a testificar contra una bruja?"
Anna ha sido detenida.
Los jueces llevan a cabo el método usual de confesión.
"Si no eres una bruja, haz que caigan lágrimas de tus ojos."
"No has derramado lágrimas porque estás del lado del Diablo."
Lmaginemos que una joven se resiste
y que ninguna amenaza ni tortura le arranca una confesión.
¿ Cómo reaccionaban los jueces?
"Despierta, te traigo buenas noticias."
"Te dejaré libre, si me haces un favor a cambio."
"¿Por qué se ríe de mí? ¿ Qué favor podría hacerle yo?"
"Enséñame el arte de hacer truenos con el agua."
"Si dudas de mi palabra, mira al patio de la prisión."
"Los guardias se van."
"Sí, se van bien lejos. Puedo sacarte de la ciudad hoy mismo."
"Juro no decirle a nadie los conjuros que me reveles."
"Recuerda que el hijo de Jesper no tiene a nadie más que a ti."
"Mire, padre Henry, está llorando. Eso quiere decir que no es bruja."
"Eres un ingenuo.
¿No sabes que las brujas usan la saliva para emular las lágrimas?"
"El pobre bebé morirá, privado de todo cuidado,
como la despreciable semilla de una bruja."
"Quédate y escucha para poder testificar después."
"¿Nos abrirá las puertas de la ciudad si le revelo todos los secretos?"
"Una vez oí decir a un picapedrero..."
"...que las brujas invocan al trueno metiendo las manos en agua..."
"¡Bruja! ¡Antes del amanecer arderás en la hoguera!"
Y así es cómo te quemarán a ti también, joven mujer,
en honor a Dios y como lección para los demás.
Después de preparar las estacas y acabar con todas las brujas,
los jueces se iban a la siguiente ciudad llevando sus buenas noticias.
Hacen su trabajo y se van.
Como una epidemia psicótica,
la locura de la brujería se extiende dondequiera que van estos jueces.
En dos siglos, ocho millones de víctimas
fueron quemadas en las estacas por el crimen de la brujería.
Los detalles que dan las brujas son tan precisos
que satisfacen hasta a los jueces más exigentes.
Muchas mujeres confesaron haberse convertido en gatos
y por la noche, haber profanado el altar,
mientras dos demonios con forma de animal guardaban las puertas.
Algunas mujeres ardieron en la hoguera
después de haber sido acusadas de maldecir camas matrimoniales.
Haciendo nudos. Cada nudo evitaba un embarazo.
Era el nudo mágico de la impotencia, el temido mal conyugal.
Con la ayuda del pelo de bruja y una cruz de metal,
toda la felicidad de un hogar podía ser destruido de golpe.
Para entender con claridad por qué confesaban las brujas,
observad los instrumentos de tortura que se usaban.
No hay duda de que cualquiera confesaría lo que fuera
con la ayuda de tales argumentos.
El físico francés Paul Regnard
describe cómo se usaba este collar tan especial.
Se sujeta con cuatro cuerdas tensadas.
Se atan las muñecas y los tobillos a dos barras de hierro.
Se añade un cuenco en llamas.
Esta ilustración se titula "después de la interrogación".
Al principio del interrogatorio se usaba una tortura suave.
El tornillo para dedos, por ejemplo.
En la mayoría de los conventos de la Edad Media,
el miedo al Diablo alcanzaba la histeria.
Las monjas se flagelaban y se moritifcaban.
Cuando una monja sufría visiones infernales,
todo el convento caía preso de esa locura.
La locura mística, una enfermedad enigmática y contagiosa,
llevaba a comportamientos sacrílegos y eróticos.
En relatos que aún se conservan, ellas hablan con asombrosa simplicidad
de cómo el Diablo penetraba en el convento.
Dios sabe las horribles visiones que padecían estas mujeres
antes de que la locura les invadiera.
En su desesperación, confesaban: "Nos ha provocado el Diablo."
"¡Aléjate de mí, Satán!"
"¡Ayuda! La hermana Cecilia está de parte del Diablo."
"¡Bendita Madre de Dios, el Diablo es muy poderoso!"
"¡Ahora me obliga a hacer la cosa que menos deseo!"
"¡Quemadme en la hoguera! ¿No veis lo que Satán me obliga a hacer?"
"¡Detenedme! ¿No lo veis? Satán está ahí."
Ahora pasamos al presente, a 1920.
La mayoría de las brujas antiguamente eran mujeres pobres y viejas.
Como las que ahora van a residencias o insitituciones de caridad.
A muchas mujeres se las acusaba de brujas
solo por su apariencia o deformidades físicas.
Y hoy, como antes,
son las primeras en creer en el Diablo.
La anciana que hace el papel de Maria la Costurera en la película
levantó su cansada cabeza un día y dijo:
"El Diablo existe. Yo lo vi una noche.
Sentado a los pies de mi cama."
Este libro le pertenecía.
Enseña cómo reconocer al Diablo.
La locura de la brujería está íntimamente relacionada
a ciertos estados psicopáticos que encontramos en la neuropsiquiatría.
En las siguientes escenas, la misma actriz
hace el papel de varias pacientes mentalmente perturbadas,
todas del mismo tipo.
Esta joven hipersensible es sonámbula.
Mientras duerme, esta mujer hace las cosas que más teme.
Como la bruja provocada por el Diablo, se ve forzada, dormida o despierta,
a sucumbir al enigmático deseo de encender cerillas.
¿Se trata acaso de una idea relacionada con el pánico al fuego
que le provoca intensas agonías desde que su casa se quemó?
Ella explica que lucha
contra una voluntad extraña más fuerte que la suya propia.
¿Acaso no hay cierta similitud entre la bruja y esta sonámbula
que se pasea por la noche por la silenciosa casa?
¿Acaso no nos recuerda a la monja que, provocada por el Diablo,
causa una revolución en el convento?
Esta desdichada mujer
hace, mientras duerme, aquello que teme más estando despierta.
Estos estados pertenecen a una categoría
de enfermedades psíquicas que hoy se llama histeria.
¿Recordáis la bruja a la que le visitaba el Diablo de noche?
A los afectados de histeria de hoy no les visita el Diablo
sino a veces un artista, un profesor religioso conocido
o un médico famoso que viene a irrumpir en la paz de sus sueños.
La persona histérica siempre afirma
que el visitante entra por la ventana o que atraviesa la pared.
Fijaos en cómo esta mujer inconsciente se aferra a la cama.
Entre sus sufrimientos reales,
se encuentra algún que otro fingimiento.
En la Edad Media se creía que, durante el Sabbat,
el Diablo punzaba el cuerpo de la bruja para insesibilizarlo.
De hecho, el torturador muchas veces encontraba puntos insensibles
en la espalda de la acusada.
"Sin duda eres bruja. No sientes la punzada de la aguja."
Hoy, esta curiosa insensibilidad
es reconocida como uno de los síntomas de la histeria.
"No, doctor, no siento nada."
"Su hija sufre de histeria."
"Por lo que he oído, le recomiendo que la ingrese en mi clínica."
"No sería agradable que acabara en malos términos con la policía."
Atormentada joven,
en la Edad Media estarías expuesta a la dureza de la Iglesia
y ahora estás en manos de la ley cívica.
"Pase a mi despacho, por favor."
"¿ O prefiere que llame a la policía?"
"¿ Cómo se llama? ¿Tiene una trajeta de visita?"
"¿ Cuál es su dirección y número de teléfono?"
"Puede irse. Tendrá noticias mías."
"Si mi familia se entera, me encerrará en un sanatorio."
"Soy una enferma infeliz. No sé qué hago."
"La constante ansiedad de la guerra ha acabado conmigo."
"Es una extraña fuerza que me obliga a robar."
"Mire, acabo de robar este caro libro en ruso."
"¿De qué me sirve? ¡No hablo ni una palabra de ruso!"
"Mi marido murió en la guerra y no he vuelto a ser la misma..."
"No presentaré cargos contra Ud., pero no vuelva por mi tienda."
Con el paso de los siglos, el Dios de la Edad Media
ya no está en su esfera rodeado de nueve coros angelicales.
Ya no sufrimos agonía
delante de los frescos de las iglesias.
La bruja ya no vuela hacia el Sabbat en su escoba.
¿Pero acaso no sigue presente la superstición entre nosotros?
¿Existe alguna diferencia entre la bruja de ayer
y la clarividente de hoy?
Ya no quemamos ancianas,
pero en cierto modo, ¿no son también miserables?
Y la mujer con histeria que se comporta de manera extraña,
¿no nos sigue resultando enigmática?
Hoy en día, confinamos a esas mujeres en sanatorios
o, si es rica, en una moderna clínica.
Y allí, la ducha terapéutica
ha sustituido a las torturas de tiempos pasados.
Pero el enigma del Diablo continúa,
y, sin duda, quedará sin resolver hasta que muera el último hombre.
O mujer.
FIN
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