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Desde Egipto, nos han llegado muchas leyendas de tiempos antiguos.
Durante el transcurso de los siglos,
la rueda del tiempo ha mezclado la realidad con la fantasía.
Y es difícil decir dónde termina la verdad
y dónde empieza la ficción.
Sin embargo, todas esas historias pudieron haber sucedido.
Porque nos hablan de seres cuyas ambiciones, odios y amores,
no eran diferentes a los de nuestros tiempos.
Relataremos la historia de una bella muchacha, Naila,
que era Reina y habitaba en la ciudad real de Khemis,
a orillas del Nilo.
¿Por qué corren todos en dirección a la taberna?
Dicen que hay una nueva bailarina.
- Vayamos a verla. - No, no, no.
Esas distracciones no son buenas para mí.
Mi mujer se enfadaría y es tres veces más grande que yo.
Oye, ¿por qué eres el único que no corre a admirar
a la encantadora muchacha de la taberna?
Ya no tengo interés en las mujeres.
Sólo me causan disgustos.
-¡Dheedhi! -¿Sí, mi amor?
¡Vigila la tienda, voy a dormir la siesta!
-¿Quién es? - Una muchacha del desierto.
No la había visto en mi vida, y de repente, se ha puesto a bailar.
Os dije que lo haría.
He bailado en un lugar público sin ser reconocida.
-¿Y si la hubiesen reconocido? -Acepté tu apuesta y he ganado.
Me debes cinco piezas de oro.
La carroza Real está llegando.
-¿Mi padre regresa tan pronto? -Sí, y solo.
¿Solo?
¡Devuélveme el caballo, ladrón!
¡Oro!
El emblema escarlata de Herua.
¿Ha sido imposible encontrar a ese esclavo huido
que asesinó a mi padre?
Herua no es un esclavo corriente.
Es el cabecilla de una banda de esclavos rebeldes
tan desesperados como él.
Recorre el desierto atacando las caravanas y los mercados de esclavos.
Tu padre fue a su encuentro para ofrecerle tributo
y proteger a sus súbditos.
¿Por qué hemos de ofrecer tributo a un hombre así?
¿Para qué tenemos ejército?
Sólo nos ha servido para atacar a la luz de la luna.
Herua ataca y desaparece.
¿Qué han investigado nuestros espías?
Hemos enviado a muchos, pero no han regresado.
No lo entiendo.
Todo el poder y la riqueza de Khemis
son impotentes contra una pequeña banda de esclavos.
Eres muy joven, Majestad.
No es fácil entender asuntos de Estado.
Ya tendrás ocasión.
Herua hará algún movimiento demasiado osado.
Que se callen, el ruido molesta a su Majestad.
No, me presentaré a ellos.
¡Viva la Reina!
-¡Viva nuestra Reina! -¡Justicia!
-¡Viva la Reina! -¡Vengaremos la muerte de su Padre!
Has oído la voz de mi pueblo.
Piden venganza por la muerte de mi padre.
Hemos de cumplirla.
Majestad, no es necesario que cargues con pesados y dolorosos deberes.
Eres demasiado joven y hermosa.
Sigue buscando tus placeres.
¿No ibas a asistir a la Feria del Caballo en Naharina?
- Ve y diviértete. - Eres el consejero de mi padre.
Y serás el mío también, pero yo gobernaré.
Será como tú digas.
Sí, iré ala carrera de Naharina, pero no para divertirme.
Ire para competir con los mejores caballos
llegados de todos los rincones del país.
Quizá sea el lugar adecuado para encontrar a Herua.
Tengo entendido que siente verdadera pasión por los caballos.
Le subestimas, Majestad. No creo que sea una buena medida.
En el momento en que aparezcas, él y su banda escaparán.
Tú me estás subestimando. Voy a ir sola.
No como Reina, sino como una ciudadana.
De esa forma, podré mezclarme entre las gentes del desierto
-y hacer averiguaciones. - Admiro tu astucia.
Había oído decir que a pesar de ser muy joven, eras muy inteligente.
Bata, este es el tratante de esclavos.
Su precio será el dinero que recibirá por ella.
¿Setna te lo ha explicado todo?
Será muy fácil, mi señor.
La muchacha es tan bella que causará admiración
en los compradores de esclavos.
He encargado una misión, no me importa cómo la cumples.
Suéltame o te arrepentirás de haber nacido.
Marcadla.
Que se pongan en movimiento. Vamos, encadenadlas.
Maatet, mira.
¿Tú eres el traficante Maatet?
Tengo a la más hermosa de las esclavas.
La marca es reciente.
Quiero saber de dónde procede y su nombre.
Las esclavas no tienen nombre. Sólo un precio.
-¿El precio? -Cien piezas de oro.
No pago cien piezas de oro por una esclava.
Por ella te darán mucho más en los mercados.
Cien son demasiadas. Muchos mueren por el camino.
-Cincuenta. -No es una esclava vulgar.
Es un tesoro digno del palacio del Faraón.
Incluyo en el precio su caballo.
Es una combinación fabulosa que bien vale cien piezas de oro.
De acuerdo, cien.
¡Ahora, corre!
Ese caballo es demasiado rápido.
Tesoro de nuestro corazón, perdónanos,
pero hemos de separarnos.
Sólo porque te queremos, amigo Khafra,
te ofrecemos este negocio.
¿Me ofrecéis este viejo medio muerto a cambio de mi hermoso animal?
¡Por supuesto que no! Te cambiamos un noble caballo
por tu exhausto garañón. Pero sólo si incluyes tu sucia tienda.
Es la oferta más ridícula que me han hecho en mi vida.
Fuera de aquí con vuestra moribunda cabra.
¿Quién es el pulgón de arena que me ha llamado "cabra moribunda"?
¡Yo!
¿Estoy soñando o he oído hablar a este animal?
Soy yo el que he hablado, tonto.
No le hagas mucho caso, es un caballo loco.
¡Un caballo que habla!
¡Un hombre que habla!
Esto es brujería. Había oído hablar de estas cosas,
pero nunca las había creído hasta ahora.
Bien, vamos, Nebka. Hasta siempre.
¡Esperan espera! Te daré mi tonto y estúpido caballo.
También mi tienda. ¡Todo!
Pero quiero poseer este caballo que habla.
De acuerdo, es tuyo.
Dime algo. Háblame, amado mío.
Vámonos antes de que estos sinvergüenzas cambien de opinión.
Finges tan bien la voz, que empiezo a creer en los caballos que hablan.
Este animal no tiene ningún valor, pero está más sano que el otro.
Bien, vámonos ya.
¡Qué ojos! ¡Qué piel!
¡Qué piernas!
Y qué boca tan hermosa.
Nebka, trae agua. Está viva.
¿Por qué te preocupas por esa mujer? ¡Mira su caballo!
Humedece un paño para la frente. Trae agua para sus labios.
Es el animal más hermoso que he visto.
-¿Quiénes sois? -Dos humildes viajeros.
Camino de la feria del caballo, en Naharina.
También yo voy hacia allí.
Llevadme con vosotros y seréis recompensados generosamente.
¿Recompensados por una esclava?
Entreguémosla a los traficantes o tendremos problemas.
¿Recuerdas cuando estuvimos en la prisión?
Sí, sólo por haber cambiado unos caballos.
Yo tuve un sueño. Soñé que era príncipe.
Tenía víveres, vino, palacios y hermosas esclavas.
Ya lo sé, conoces a gente magnífica en esos sueños.
Puedes soñar cuanto quieras, pero no arriesgues nuestras vidas
por encapricharte de una esclava.
Sí, supongo que eso sería una locura.
Escondámosla entre las ramas. Y el caballo también.
Si hace ruido estamos perdidos.
¡Eh, vosotros, buscamos a una esclava
que ha huido en un corcel dorado! ¿La habéis visto?
¡Esto te hará hablar!
¿La habéis visto?
Habrá ido en otra dirección.
Estos tontos no creo que mientan.
-¿Qué le has robado? -Su puñal, ¿y tú?
Esta bolsa.
-¿Dónde la llevaba? -En el trasero.
-Os lo agradezco. -La dejaremos aquí
y nos llevaremos el caballo.
Ofrecen valiosos premios en las carreras.
Si me lleváis con vosotros, montaré mi caballo y ganaréis mucho oro.
No te necesitamos. Yo lo montaré.
¡Quieto, caballo! ¡Quieto!
¿Qué haces? ¡Tranquilízate! ¡Caballo quieto!
Un caballo nervioso y una mujer peligrosa.
-Esto nos traerá complicaciones. -Llevadme con vosotros.
Quiero encontrar a Herua, el jefe de los esclavos rebeldes.
¿Herua? Te cortarán la cabeza si te unes a él.
No, porque vosotros me protegeréis.
Ganaré todas las carreras y la bolsa será para vosotros.
¿De qué nos servirá el oro en la cárcel?
Tenemos un buen caballo y una esclava que lo montará.
La disfrazaremos y vendrá con nosotros.
De acuerdo, puesto que nos van a colgar, que nos cuelguen juntos.
Es un pequeño riesgo
teniendo en cuenta el premio.
Voy a por los caballos.
-¡Mírala! -¡Cállate!
Haz como si no la conocieras.
50 piezas de oro por la yegua negra.
¿Quién apuesta 50 piezas de oro?
-50 piezas, acepto. -Pero, ¿cómo vas...?
Aquí tienes mi apuesta, ¿dónde está la tuya?
¿Cómo? ¿No te fías de mí? Soy el dueño de ese corcel dorado.
Me fío de los caballos, de ti no.
Yo apuesto mi oro, pero si pierdes, me quedaré con tu caballo.
No sé cómo me he contenido ante tal insulto.
Ese hombre tiene la muñeca de un experto espadachín.
¿De dónde vas a sacar 50 piezas de oro?
Debes de ser un mago, no hemos robado ni una.
Falta uno, ¿dónde está el caballo negro?
¿Todos los participantes preparados?
¡Silencio! Colóquense sobre la línea.
Fíjate en los que van en cabeza.
Esos caballos corren como el viento.
No estoy aquí para ver una carrera.
Vigila bien, dijo que venía en busca de Herua y puede estar por aquí.
¿Qué pasará si ella...? Quiero decir, si él se escapa.
Perderemos el caballo y no podremos pagar la apuesta.
Nos ahorcarán.
-¡Mira! -¡Sí!
¡Nuestro caballo va en cabeza! ¡Venceremos!
¡Mira cómo corre!
El premio es nuestro. 20 piezas de oro.
Y la apuesta también. 50 piezas.
¡Trae! ¡Gracias!
- Yo conozco ese caballo. - Va montado por un nómada.
He visto demasiadas veces a la Princesa Naila montar su corcel.
¡Te quiero!
- Te dije que ganaría. - Has montado muy bien.
-¿Puedo hablar contigo? -¿Conmigo?
-¿Tú eres el propietario? -Todos nosotros.
Él, él y yo.
Te ofrezco tres de mis caballos a cambio de este.
¿Tres caballos?
Nunca he tenido un contrincante mejor.
¿Estarías dispuesto a ofrecer dinero?
No hay nada más fascinante que el tintineo del oro.
El caballo no está en venta. Sígueme.
Nos ofrece tres caballos. Escucha.
Hemos comprado todos los caballos que necesitamos.
Me reunire contigo enseguida, he visto algo que me tiene intrigado.
¡70 piezas de oro!
Esta esclava es más valiosa que una reina.
Mañana habra otras carreras con mejores premios para el ganador.
Entonces esta tarde gastemos lo que hemos ganado hoy nosotros tres.
Tengo cosas más importantes que hacer.
¿Aún quieres encontrar a Herua?
¿Aún quieres encontrar a Herua?
Sera imposible, nadie sabe el aspecto que tiene.
Una cosa es rendirse ante un animal superior,
y otra saber que una mujer te ha vencido.
Has perdido. ¿Que más puedes pedir?
Sólo quiero recrear mi vista en tu esclava.
He oído decir que una muchacha escapó del traficante Maatet.
¡Lo sabe, lo sabe! Estamos perdidos.
-¿Cuál es tu intención? -No la traicionaré.
Al contrario, le ofrezco seguridad.
Un lugar en el desierto donde ningún traficante de esclavos pueda seguirla.
Cada vez estamos más cerca de la tortura o de una lenta ejecución.
Por favor, Merab, ¿quizá estarías dispuesto a ofrecer
unas piezas de oro por la muchacha?
-¿Cuántas? -No sé, hagamos un trato.
Aunque no tuviera dinero para adquirir víveres,
ni ropa para protegerme contra el sol, aún así no la vendería.
¿Ni por cien piezas de oro?
Por favor, Merab, tienes que venderla.
Todos venden sus esclavos un día u otro.
Véndela, por favor.
¿Cuánto puede pagarse por mis sentimientos?
¿Qué precio por la emoción que siento cuando sonríes?
Cuando estás cerca de mí, me siento como un rey.
Cuando estás cerca de mí, me siento como un rey.
No la venderé, ni a ti, ni a nadie. Será sólo para mí.
Pero Merab. Nos ofrece oro.
No olvidaré jamás esas palabras.
Mi ofrecimiento queda en pie.
Te comprendo.
Puede que nuestras vidas no vuelvan a cruzarse.
Pero te recordaré siempre.
¿Te hubiera gustado irte con él?
-Estoy satisfecha. -Yo estoy llorando.
¡Ahí dentro!
¡Esta joven es una esclava rebelde!
¡No lo sabíamos! ¡La encontramos por ahí!
¡Auxilio!
¿Qué ha sucedido? ¡Auxilio! ¡Sácame de aquí!
¡Sabía que no debíamos aliarnos con esa muchacha!
¡Saquémosles de aquí!
Excelencia, solicita ser llevada a palacio.
Dice que el Gran Consejero nos castigará a todos.
Qué insolente.
De acuerdo con las leyes del país, los esclavos rebeldes
y quienes los protejan, serán despedazados por caballos salvajes.
Que así sea.
Sabía que esto era lo que nos esperaba.
Siento no haber podido protegerte.
Nunca debí unir mi suerte a la vuestra.
-Soy yo la culpable. -No, no digas eso.
Si alguien tiene la culpa soy yo.
Sí, vosotros seréis los culpables, pero a mí me despedazarán.
El gordo el primero.
No, no soy vanidoso. Con gusto iré el último.
Sinceramente, renuncio a ser el primero.
Adelante.
Atadle fuerte.
Soltad los caballos.
Reposa si puedes. Pronto estarás a salvo.
Mi pueblo hará que olvides lo sucedido.
Te lo agradezco.
Nunca olvidaré que fuiste tú quien me salvó.
Que estés a salvo es mi mejor recompensa.
Uba vendrá aquí con los caballos.
Lo tienes previsto todo.
Cuando protejo un tesoro, no dejo nada al azar.
-¿Y los demás? -Todos a salvo.
Escapamos con facilidad. Cabalgamos con rapidez
para salvar nuestras vidas.
¿Y mis amigos, Merab y Nebka?
Te esperan en nuestro poblado.
¡Bienvenidos!
Agradezcamos a los dioses vuestro regreso.
Los dioses son buenos.
-¿Todo va bien? -Sí, estamos en buenas manos.
Llevaos a la muchacha procurad que repose y luego traédmela.
Empiezo a preguntarme si la ha salvado para mí o para él.
Si se queda con ella, nos quitará un peso de encima.
Yo...
quisiera tener palabras para describir tu belleza.
No soy desagradecida. ¿Puedo hacerte una pregunta?
Dime.
Esta mañana, éramos extraños. Pero esta tarde,
has arriesgado tu vida y la de tus hombres para salvarme, ¿por qué?
Al volverte a ver ahora, sigo creyendo que no cometí un error.
Soy una esclava.
Podías haberme comprado sin ningún riesgo.
¿Te parece extraño que impidiera tu ejecución?
¿Crees acaso que me divierto robando esclavas?
-Quizá sea tu costumbre. -Existen otras razones.
Pero todas escapan de mi mente.
Y sólo queda tu belleza.
Yo no puedo mirarte sin desear desesperadamente
posar mis labios sobre los tuyos.
¿Estás hablando con tu esclava?
No, tú estás hablando con tu esclavo.
Con frecuencia he escuchado las canciones del desierto.
Pero nunca fueron tan hermosas.
Creo que no me importa mi esclavitud.
Ya no eres esclava. Nadie lo es aquí.
Todos lo fuimos en otros tiempos.
¿Has oído hablar de Herua?
Por supuesto.
Yo soy Herua.
Y juré liberar a los esclavos fueran quienes fueran.
Mis hombres y yo nos juramentamos
para luchar contra la injusticia de la esclavitud.
Tiemblas.
¿Estás asustada porque sabes quién soy?
Dicen que no vacilas en matar.
He nacido esclavo.
Y ese no es el destino de los hombres.
Tampoco es tu destino ser asesino.
Sí, he matado. Pero sólo por necesidad.
Para que otros vivan en libertad.
Y esta es la fortaleza de los esclavos.
Sí, los traficantes han querido descubrirla.
Pero es como buscar una pulga en un rebaño de camellos.
¿Y si la descubrieran por casualidad?
Disponen de muchos hombres.
Hemos construido grandes diques de piedras en el borde de la meseta.
Unos pocos hombres podrían cortar las tiras de cuero y hacerlas saltar.
Ni el ejercito más fuerte podría resistir la avalancha.
Pero esta noche no debemos hablar de esas cosas desagradables.
No puedo pensar en sueños a la luz de la luna mientras
unos esclavos mueren encadenados.
-¿Qué puedes hacer tú? -Puedo ser útil.
Más útil de lo que piensas.
He vivido en el palacio de Khemis.
Fui bailarina en la Corte.
Puedo regresar allí.
¿No sería útil para ti conocer los planes de las caravanas de esclavos?
Una espía en el palacio de la Reina.
Puede ser una oportunidad única.
Si pudieras regresar con esa información.
Sospecharían de mí si abandono la ciudad.
Enviaré a un emisario que recoja tu información.
No es necesario que envíes a nadie, podrías ir tú mismo.
Nos encontraremos allí la primera noche de luna llena.
Te estaré esperando en la taberna.
-¿Cuándo partirás? -Al amanecer.
Mis dos amigos me acompañarán.
Tal vez un día, cuando todo esto haya pasado,
nuestra relación sólo será la de un hombre y una mujer.
¿No me olvidarás cuando llegue ese momento?
Sería como pedirme que olvidara mi corazón.
¿Te permitirán la entrada a palacio?
Ya estuvimos en la cárcel una vez. Nos cogerán de nuevo.
No os hubiera traído aquí si no supiera que estabais seguros.
Mi señor, la Reina está aquí.
¿Al frente de un ejército?
No, sola. Con dos hombres desconocidos.
¿No es mucho atrevimiento entrar por aquí?
Tiene razón, ¿por que no entramos por la puerta trasera?
No habrá problemas.
Siempre dice lo mismo: "No habrá problemas, no habrá problemas".
¿No crees que has llegado demasiado lejos?
- Pueden ahorcarnos. - Sí.
Agradezco a los dioses tu regreso, Majestad.
¿Majestad?
Soy Naila, la Reina de Khemis.
Prometí que recompensaría vuestra ayuda, y así lo haré.
Os invito a vivir en palacio.
Os será concedido lo que pidáis.
Pellízcame, Merab, estoy soñando.
Ya imaginaba que no eras una mujer vulgar. Gracias, Majestad.
¿Cómo fue tu misión por el desierto?
Herua el asesino caerá en nuestras manos.
La primera noche de luna llena.
Pero Majestad, Herua nos salvó la vida.
El asesino de mi padre debe ser castigado.
-Lo demás no importa. -Comprendo.
Ella aún no sabe nada.
Hay que seguir tratándola como Reina hasta que yo te lo diga.
¡Apresadle!
No puede ser.
De modo que la esclava es la Reina.
La Reina del engaño. ¡Una Reina traidora!
Una Reina que utiliza su belleza para cazar al desprevenido.
¡Silencio!
Ese hombre asesinó a tu padre.
¡Mientes!
Sólo hay un veredicto posible, Majestad.
Muerte al asesino.
Que muera al amanecer.
Una muerte lenta y dolorosa.
El verdugo es seguro y eficaz.
Que se cumpla la sentencia.
Mírame bien, Reina.
No soy yo quien tiembla, sino tú.
Yo moriré, pero tú nunca te olvidarás de mí mientras vivas.
Majestad, en tu ausencia han surgido muchos asuntos de Estado.
Ninguno más. Hoy no.
¿Vacilas en tu deseo de venganza, Majestad?
Me torturo a mí misma más que le torturo a él.
Pero señora, es el asesino de tu padre.
No hay pruebas de que fuera él.
Sólo un emblema aireando en la carroza real.
Un pedazo de tela de color.
Si él fuera inocente, ¿le liberarías para que estuviera a tu lado?
Si yo fuera una esclava o la hija de un mercader, iría a su encuentro.
Si yo fuera una esclava o la hija de un mercader, iría a su encuentro.
Pero soy Reina y él es un rebelde.
Y porque soy Reina,
he de condenar al único hombre de mi vida.
Estas cosas suelen ocurrir.
Habrá otro hombre que te hará olvidar y que te hará feliz.
Tal vez alguien que está muy cerca.
Tan cerca de ti que ni siquiera le ves.
No habrá ningún otro hombre.
¿Por qué no me habrá sucedido a mí esto hace veinte años?
¡Merab!
No estoy mal instalado para ser un ratero, ¿eh?
Toma un dulce, relájate y disfruta.
Podemos despertar en cualquier momento.
Di a las muchachas que se retiren.
Tú conoces mis secretos deseos.
Claro, estás enamorado locamente de una Reina.
¿Cuánto apostarías por mí?
Nunca nos hemos mentido respecto a nuestras apuestas, ¿verdad?
No.
Apostaría por ti un asno comido por las pulgas.
Si suceden cosas tan extrañas como que una esclava sea Reina,
¿por qué un ratero no puede casarse con ella?
He oído a los ancianos contar cuentos sobre esas bodas.
Pero al final siempre resultaba que el ratero era un Príncipe disfrazado.
-¿Es necesario? -Me temo que sí.
¿Te has fijado en cómo le brillan los ojos cuando está mirando a Herua?
Le odia. Es el asesino de su padre.
Entonces alégrate, es un obstáculo menos en el camino.
La Reina debe estar contenta de que le ejecuten.
Sus lágrimas no eran de alegría, sino de tristeza.
Llora por Herua.
Me he dicho a mí mismo que eso pasará, pero...
Nebka, he tomado una decisión.
Espérame con dos caballos en el pasadizo.
¿Volveremos a huir ahora que estamos tan bien instalados?
Ese es nuestro destino, amigo mío.
Vengo a reparar el patíbulo, ha de estar listo al amanecer.
Ha sido muy usado últimamente.
Casi me gustaría estar en la piel de ese individuo.
Pasado mañana ya no pagará impuestos, ni trabajará.
Ni discutirá con su mujer.
Sí, un golpecito y se acabó.
Espera, te ayudaré.
He tropezado. Esta maldita pierna.
¿Necesitas ayuda?
No, te llamaré cuando haya terminado.
Prepárate para huir.
Se le cayó del bolsillo al guardia.
Tú. El amigo de la Reina.
¿Cómo burlaremos al guardia?
Yo no podré, pero tú sí. Con mis ropas.
Cuando descubran que ocupas mi puesto, te harán pedazos.
Para entonces ya estarás a salvo.
No.
Por dulce que sea la vida en este momento,
de ningún modo puedo aceptar tal sacrificio.
¿Sacrificio?
50 ladrones estan esperando fuera para asaltar la prisión.
Toma mi capa.
Nebka te está esperando en el pasadizo con los caballos.
Eres su último visitante.
Sí.
Este no es Herua.
Señor, estuve vigilando toda la noche.
El prisionero no puede haber escapado.
¿Dónde está Herua?
Señor, he sido víctima de la magia negra.
Ayer noche me quedé dormido en la parte trasera del harem,
sobre una extraña alfombra.
Y debió de ser una alfombra mágica voladora.
Porque cuando he despertado,
ya no estaba donde me quedé dormido, sino en esta celda.
No sé dónde puede haberse metido ese tal Herua del que hablas.
Permíteme que me retire en paz.
Soltadle.
He dicho que lo soltéis.
Majestad, no son tus guardias. Son mis soldados.
No eres tú quien da las órdenes.
-La farsa ha terminado. -Eres un traidor.
Ahora mando yo en la ciudad de Khemis.
La única traición es desobedecerme.
¡Tú...!
Apresadla. Metedla en otra celda.
Rodead el palacio. Registrad todas las casas.
Encontrará a Herua.
Lamento que mi aventura haya terminado tan mal, Majestad.
Has ayudado a Herua a escapar, ¿verdad?
No podía hacer otra cosa sabiendo que tú deseabas su salvación.
Has cometido una noble acción.
Y no podía desear mejor compañía.
Si hemos de morir, Horadef morirá con nosotros.
Le robé su puñal. Cuando vuelva a entrar en la celda...
Por supuesto,
me apropié también de su bolsa.
Soy muy curioso.
Será divertido enfrentarse al verdugo luciendo su anillo.
Merab, ese anillo...
-¿Sabes lo que significa? -Sólo sé que es muy bonito.
Es el sello de Khemis. Las serpientes en círculo.
¿Qué tiene de raro?
Mi padre lo llevaba cuando fue al encuentro de Herua.
Cuando regresó, no estaba en su dedo.
-Horadef es el asesino. -Sin duda.
Planeó apoderarse de Khemis con su ejército.
Sólo él conocía mi misión en el desierto.
Él envió a los traficantes para capturarme.
-Herua es inocente. -Sí.
Y las horas que pasé con él las puedo recordar con orgullo.
Merab, te estoy muy agradecida.
Entonces soy feliz.
Sabía que la distancia entre los dos era demasiado grande.
Un ladrón puede alargar la mano hacia una estrella,
pero no puede alcanzarla.
Os doy mi palabra, descubriremos el refugio de los esclavos.
¡Queréis protección para las caravanas contra los ataques de Herua?
Yo os la concederé.
Y cuando arrasemos su refugio oculto,
recobraréis vuestros esclavos.
-Estamos de acuerdo. -Apoyaremos tu gobierno.
Hemos registrado toda la ciudad, Herua ha escapado.
Ese Merab puede ser un prisionero más valioso que Herua.
La tortura no moverá los labios de un cabecilla de esclavos.
Pero sí los de un ladrón.
-Sí. -Ponedle en el potro.
Dime, ¿dónde encontraré a Herua?
No, no hables.
Mi paciencia es infinita.
Otra vuelta.
-¡Bajadle! -¡No!
-Hablaré. -¡No!
No. No digas nada.
No.
Un escondrijo en la montaña.
Está lejos y es difícil de encontrar.
-¿Tú podrías encontrarlo? -Con una condición.
-Dejad en libertad a Merab. -Nada hemos de temer de él.
Que lo pongan en libertad.
Que lo pongan en libertad.
-¿Irás con nosotros? -Sí.
Quizá sea la voluntad de los dioses
que destruya al asesino de mi padre.
Reúne a los soldados.
¡Ladrón! ¡Detenedle!
¡Merab!
La Reina prometió dirigir a Horadef y sus tropas contra tu refugio
para salvar mi vida pero me he adelantado a la columna.
Da la alarma.
-¿Esa es la única entrada? -Sí, por ese sendero.
En lo alto de la meseta está el refugio de los esclavos.
Un camino peligroso.
Herua habrá preparado sus defensas contra un posible ataque.
No, su única defensa es que su pueblo está oculto.
Yo te guiaré.
Ya llegan.
La Reina va al frente.
Ella morirá para que Horadef sea destruido.
Y así salvar tu vida.
¿A qué estás esperando?
Si hacemos rodar las piedras, ella morirá también.
Esperaremos a que se adelante,
y entonces, estará fuera de peligro.
Ella arriesga su vida para salvar la mía.
Yo espero para salvarla suya.
-¿Los abandonamos? -Sí.
Estaba acostumbrado a la buena vida y la abandonamos.
No dormiríamos en paz en un palacio.
Claro, después de haberse casado la Reina con otro...
A pocos ladrones le son concedidas las maravillas que yo he disfrutado.
Hablaremos de nuestra aventura junto al fuego de nuestro campamento.
Una vez, dos rateros fueron amos de una Reina.
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