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Tú te llevaste algo que era mío.
Una carpeta roja.
-¡Roberto!
¿Prefieres que vayamos a por Marimar?
-Tengo la carpeta roja. -Recibido. Corto.
Vamos a dar caza al Estrella Polar.
-Marimar era mi novia.
-Marimar. -Tú sabes dónde está, ¿verdad?
Mi novio consiguió enrolarme antes de que zarpase
y gracias a eso estoy viva. Mi novio está en el Estrella Polar.
¿Cómo se llama tu novio? Roberto. ¿Está contigo en el barco?
¿Está vivo? Sí, está vivo.
Ay, qué bien.
Fue un milagro que sobreviviese al atropello.
-Mi hija va a despertar y me necesita.
-Pero yo te necesito en el Estrella Polar.
-No puedo. -Tú y yo hicimos un trato, Ernesto.
Tú cuidabas de mi hija Estela y yo de la tuya.
No sería muy justo por tu parte cambiar ahora, ¿no te parece?
-En cuanto se la entreguemos, yo me iré con mi hija.
Ustedes serán libres. Me dieron su palabra.
Si de verdad confía en ellos y en su palabra,
le entrego la carpeta de inmediato.
Esta carpeta vale la vida de nuestras hijas.
Si se la entregamos, sus vidas ya no valen nada.
Tenemos la carpeta roja y no tenemos la intención
de entregársela.
Quiero saber qué contiene esta carpeta,
por la que hemos estado a punto de morir.
-Es información oculta, un código. -Más te vale descifrarlos
antes de que llegue Alexander. -¿Quién es Alexander?
-La pregunta es: ¿quién eres tú para Alexander?
-Todo lo que se ha salvado en el mundo es de mi padre.
-Pero ¿quién es tu padre? -Un hombre que consigue
todo lo que quiere, absolutamente todo.
Hace unas semanas me enteré de que Ulises me estaba mintiendo.
Siento haberos separado. Tú no nos has separado, tranquilo.
-Tú estás colado, ¿no?
Te digo más, tienes mucha suerte porque tú le molas a Ainhoa.
¿Estás preocupada? Un poco.
¿Sabes lo que creo? Que lo que te preocupa es que vuelve Ulises,
que dentro de poco no sabes si te lo vas a comer a besos
o le vas a dar la mano.
-Capitán, el edificio está el radar.
¿Ulises? No hay nadie, capitán.
-No sé qué ha pasado en ese edificio,
pero Ulises no estaba ahí.
Un barco llegó antes que nosotros. El Étoile du Nord,
uno de los barcos del proyecto Alejandría.
Espero que te hayas despedido de tus amigos,
porque zarpamos inmediatamente. No vais a ir a ninguna parte.
¿Cómo se le dice a un padre que su hijo ha desaparecido,
que no sabemos si está vivo o muerto?
Creo que hemos encontrado su casa. Parece un piso franco.
Yo ya tengo una misión en esta isla, evitar que os maten.
-¿Dónde está Gamboa? -¡Ah!
¡Gamboa está aquí!
Yo soy Gamboa.
-Un placer conocerte. -¿Cuál es la situación?
-La comunicación con el submarino se cortó hace cuatro días.
Su última orden fue que hoy detuviéramos al grupo,
hasta que el Estrella Polar estuviera de vuelta.
¿De dónde ha salido ese avión? Algo ha salido mal.
Nos vamos al punto de encuentro. ¡Vámonos!
Gamboa, tenemos que irnos, venga.
"Mudarse de casa...
Bueno, es algo así como cortarse el pelo.
Te lo piensas mucho antes de hacerlo,
pero sabes que a la larga te va a venir bien.
Salvo que te hayan echado."
-El barco debería de haber vuelto ya.
-No es normal, algo les ha pasado a ellos también.
Capitán, ¿dónde está la tierra?
Debería estar ahí.
Sí, ya la deberíamos estar avistando.
Oye, Julia, ¿la isla tiene nombre?
Pues sí.
Tenía un nombre muy raro.
No creo que nadie se acuerde.
Ven, ponte así un poquito. Entonces, habrá que ponerle uno.
Porque cuando mi papá y el tío Julián hagan los mapas,
¿qué nombre van a poner encima del dibujo?
Pues sí que tenemos un problema.
"Y es que, cuando te cambias de casa, suceden dos cosas.
La primera es que tiras todo lo que has acumulado
durante años: muebles viejos, vasos sueltos,
gorras de propaganda..."
-¿No se supone que teníamos que haber visto tierra ya?
"O esos zapatos, que cuando los mirabas, pensabas:
'los guardo por si algún día me los pongo'."
¿Sabes qué? ¿Qué?
Por qué no le pones el nombre que tú quieras a la isla.
¿De verdad? Claro.
Cuando algo no tiene nombre, se queda con el primero se le pone.
Vale. ¡Bien!
-¿Qué les vamos a decir, que vienen a esta isla
con la ilusión de una casa para quedarse y se van...
y se van a encontrar con esto?
-Ahí están, son ellos.
Ahí está la tierra, Burbuja.
Tierra, tierra otra vez.
¡Eh! Ahí están, son ellos. Ahí.
Bien!
Nos han visto, Burbuja. ¿Ah, sí?
Nos están saludando.
¡Paisanos!
Avisa a la tripulación que desembarcamos.
Sí.
-¡Eh! -¡Eh!
¡Tierra! ¡Tierra, tierra! ¡Desembarcamos! ¡Tierra!
Todo el mundo preparado.
Quitaros el reloj como para bañaros.
Y esperaros dos horas para hacer la digestión.
-¡Bien! -Árboles, hormigas.
Podemos andar en línea recta más de 70 metros, señores. ¡Yuju!
-Volver a ver a Fiti, a Vilma. No me lo creo, de verdad.
-Yo no soy supersticioso, pero por si acaso
me he puesto algo nuevo y algo rojo.
-¡Tachán!
-¡Uh!
-Escuchad, lo importante es pisar playa con pie derecho.
-Chicos, vamos a conocer nuestro nuevo hogar.
Capitán, tenemos muchas cosas que contarles.
"Lo segundo que sucede cuando haces una mudanza
es que recuperas cosas que creías que habías perdido:
los cuadernillos de notas del colegio,
las fotografías de las convivencias,
los casetes con canciones grabadas de la radio..."
Capitán, si todo el mundo baja a la playa,
¿quién va a cuidar del Estrella?
Te vas a quedar tú, Burbuja,
porque a partir de este momento,
en presencia de mar y del sol,
te nombro capitán del Estrella Polar.
Mientras yo esté en la isla. Toma.
Pero...
yo no puedo ser capitán.
Para ser capitán hay que haber sido primero maestre
y luego patrón.
Y luego práctico y luego oficial.
Y ya luego ser capitán.
Burbuja, vas a ser tú el capitán porque confío en ti.
Y eso está por encima, muy por encima
de títulos, de exámenes y de rangos.
Capitán.
"Cuando te cambias de casa, tienes la oportunidad de volver a empezar
y de quedarte solo con lo básico, con lo realmente necesario,
con lo que de verdad quieres."
-¡Ah! Mi vida.
Estás más calvo, ¿eh? Y tú más gordo.
Dame un abrazo, copón.
Oye, te devuelvo los galones de mando, macho.
Yo no sirvo de capitán.
Ni de tierra, ni de mar, ni de nada, está claro.
Yo a tu sombra siempre. Te he echado de menos.
Ulises no estaba en el hotel, ¿verdad?
En el hotel no había nadie.
Ya, lo sabía, pero Ulises está vivo, lo noto.
Un padre nota esas cosas y sé que mi chaval está por ahí fuera
esperando a que lo encuentre. Y lo encontraremos, te lo juro,
aunque tengamos que dar la vuelta al mundo.
¡Salo!
¿Qué tal todo?
Julián, ¿qué está pasando aquí?
Tenemos que volver al barco, esta isla es una maldita trampa.
-Otra vez ese avión.
(Avión)
"Papá siempre te va a cuidar.
-Ernesto, necesito tu opinión.
-Claro.
-¡Tachán!
Había reservado este biquini para la primera vez que pisara tierra.
¿Te gusta?
-Estela, ¿estás tratando de conquistarme?
Porque te recuerdo que ya lo hiciste.
-Ya, pero a tu pareja tienes que conquistarla todos los días.
Y todos los días haremos el amor en la playa,
bajo un cocotero o en una cama de hojas de palmera.
Aunque para eso tienes que darte prisa,
porque ya están preparando el segundo viaje.
-Estela,
¿te acuerdas lo que me dijiste en nuestra primera cita?
Que te sentías el segundo plato de todo el mundo.
-Sí. -Y que yo te dije
que para mí siempre serás el primero y el único.
Yo te quiero a mi manera. Tú lo sabes, ¿verdad?
-Claro que lo sé, tonto.
Pero a ti no te pega nada ser romántico.
¿Qué pasa, Ernesto? -Que no nos bajamos en la isla.
-¿Como que no?
-Porque tu padre está viniendo a buscarte.
Capitán.
No se puede andar mojado por el barco.
Nos podemos resbalar y la teca se estropea.
El capitán se enfada.
Me voy a buscar a Ainhoa a la casa. Comunica con Gamboa.
Quiero que baje a la playa y que me ayude a buscar a Piti y los demás.
No podía dejar a nadie atrás. Claro. Vamos a ver, joder.
Tú yo, si quieres, nos quedamos en la isla, pero los demás,
que se vuelvan al barco, coño.
Que ahí dentro hay gente armada, joder.
Nadie nos va a echar de esta isla, Julián.
Igual no es la tierra que habíamos soñado, pero mira Valeria:
en un año ha perdido a su madre, la embarqué en el Estrella,
ha sobrevivido el fin del mundo.
Y fíjate ahora;
está feliz jugando con la arena.
Julián, ahora que por fin he encontrado un hogar para mi familia
y para la tripulación, ¿y nos van a echar de aquí?
La madre que te parió. Pues claro que no, joder.
Tardaremos un par de horas en ir y volver a la casa
donde está Ainhoa. Vamos.
-Capitán, disculpe.
Si va a quedarse en la isla, nosotros podemos ir a por la caja.
Y traerla antes de que vuelva con Ainhoa.
Ni pensarlo. Vuestras vidas valen
más que cualquier cosa que pueda haber en esa caja.
Con todos mis respetos, capitán, pero ese avión ha pasado dos veces.
No es casualidad.
No podemos volver al barco sin saber lo que hay en la caja.
-Hay un avión. Tiene que haber un aeropuerto.
Puede que haya más islas, capitán.
-Esa caja tiene respuestas, capitán.
Tendremos cuidado.
Confíe en nosotros, ¿no?
Está bien. Tenéis dos horas. Sung irá como todos.
En cuanto vuelva con Ainhoa de la casa, os quiero aquí, ¿de acuerdo?
A la mínima duda, venís corriendo, ¿de acuerdo?
Sí. Venga, todos en marcha.
Con cuidado. Vamos a buscar a mi hija.
Ricardo, no pensarás que os vais a ir solos.
Somos una familia para todo.
-Yo vuelvo al barco con Ainhoa.
En lo bueno y lo malo, ¿recuerdas?
¿Se puede saber por qué lleváis esas máscaras?
-Por culpa de Roberto Schneider.
Gracias a él tenemos que limpiar nuestros pulmones 10 horas al día.
-Pero...
-Es el submarino. Volvemos a tener comunicación.
Señor.
-Anulen la búsqueda del avión.
La tripulación del Estrella ha desembarcado en la isla.
Quiero que los vigilen hasta nueva orden.
Yo personalmente subiré al Estrella a por la carpeta roja.
-Recibido, señor. A sus órdenes.
Cambio de rumbo. Vamos hacia la casa.
¡Joder!
Lo siento.
Con un "buenos días" hubiera bastado.
No he encontrado cruasanes, porque la panadería
todavía no había abierto, pero traigo un poco de fruta.
Buenos días.
¿Dónde está mi ropa?
Tu ropa...
Verás, me levanté pronto, no te despertabas y te la lavé.
Está secándose.
Me traes el desayuno, me lavas la ropa...
¿Esto no será como en los hoteles,
que luego el minibar te lo cobran aparte?
No. Tranquila. Esto lo pago yo.
Merece la pena tenerte contenta.
Tu padre tiene un barco, es el capitán.
Bueno.
Además te sienta bien mi ropa.
-¡Ainhoa! ¡Hola! ¡Ay, ay, ay!
Hola, Roberto.
Pensaba que no volvería a verte nunca.
Gracias.
-Te equívocas. Yo no soy Roberto.
-Robert... -No.
-Robert, ¿me conoces? Sí.
Soy Mari Mar, tu novia.
-Señorita.
Usted no es de este barco, ¿verdad?
A ver, cogemos todo lo que nos sea útil y nos vamos de aquí.
Regresamos al barco.
Al menos hasta que sepamos qué está pasando en esta isla.
Voy a preparar las cosas. Voy contigo.
Quiero saberlo todo. ¿El qué?
Julián. Se ha movido. Lo he notado.
-¿Que notas qué? ¿Qué se ha movido? -El bebé.
El bebé se ha movido.
Se ha movido. Se está moviendo.
Su primera patada.
Aquí.
¿Lo sientes? Es como un cosquilleo. Está contento.
Hola, vida, soy mamá.
-Habrá que apuntarlo en el cuaderno de bitácora.
Esto sí que es noticia, ¿no?
-Mira, otra vez. Aquí. ¿Lo sientes?
¿Lo notas? -Sí.
-A ver, la caja no pudo haber caído mucho más allá.
No hay viento y cayó a plomo.
Palomares, nos vamos a separar. Cho, por allá.
-No, no, no. Capitán...
-Cho, ya basta, ¿no?
¿Cuándo vas a acabar con este teatrillo
y nos vas a contar que hablas nuestro idioma?
Porque nosotros estamos un poquito ya cansados de hablarte
como si fueses un idiota.
-Lo sabemos desde esta mañana. Te hemos oído hablar con Vilma.
Le preguntamos, pero nos hizo prometer que no le diríamos
nada hasta que no quisiera contarlo.
-Vaya. Ahora que puedo hablar, no sé qué decir.
-¿Sabes qué, Cho? No digas nada y respira. Estás entre amigos.
Yo sé lo que es vivir con un secreto a cuestas
y una bola que se te hace dentro mientras te sientes un miserable.
-¿Entonces por qué no sueltas la bola y cuentas tu secreto?
Somos amigos. La verdad es que ya lo sé.
Capitán, tiene que escuchar esto. Es Piti.
Ha encendido su walkie.
-Capitana, creo que se equivoca.
Aunque estén en esa casa, creo que no es buena idea que vayamos todos,
porque 20 soldados con máscaras de gas
y armados hasta los dientes llaman la atención.
Somos como una manada de búfalos.
-¿Y si vamos a ver el resto de la casa?
Vale. Vale. Venga, vamos.
Ya verás qué bien.
Que yo me entere, ¿qué está haciendo?
Nos está avisando de lo que se nos viene encima.
Escúchame. ¿Cuánto queda? ¿10 o 15 minutos para llegar?
Vamos a dividirnos.
La orden era solo vigilarlos.
-Por ahora, pero si dan orden de abrir fuego,
quiero a todo el mundo cerca.
¿Un chicle?
-Claro.
No lo entiendo. No les hemos hecho nada. Hay sitio para todos.
Es que no lo entiendo. ¿Qué es lo que quieren? No lo entiendo.
Quieren esto.
A mí me da igual lo que quieran, Ricardo, hay que volver al barco.
Debemos salir cagando leches. No.
Vámonos. Julián, no tenemos tiempo.
Esa gente estará aquí en diez minutos.
Lo más probable es que nos encontráramos
a mitad de camino de la playa.
Y en el palmeral somos un blanco fácil.
Hay que pedir ayuda al barco.
Y defendernos aquí como sea hasta que lleguen.
-El capitán tiene razón.
Aquí al menos tenemos una oportunidad.
Ahí fuera ninguna.
-Vale, de acuerdo. ¿Cómo nos defendemos?
Aquí hay una.
Aquí hay otra.
Aguantaremos.
-Estás temblando. Tranquila.
-Tiemblo porque conozco a mi padre.
Tú crees que lo conoces, pero no.
No sabes de lo que es capaz.
-Eh, estoy contigo.
Y no voy a dejar que nada te pase,
así sea el mismo diablo el que entre por esa puerta.
-No estoy preocupada por mí.
Tengo miedo de que pueda pasarte algo malo a ti.
(RADIO) "Gamboa. Gamboa, ¿me escuchas? Cambio."
Gamboa, necesitamos ayuda. ¿Me escuchas?
Adelante, capitán.
Estamos en una casa en medio de la isla.
Vienen hombres armados a por nosotros.
Necesitamos ayuda urgente.
Capitán, voy para allá. Organizo a los marineros.
En menos de una hora estaremos ahí.
Estamos cegando las puertas y ventanas con lo que encontramos.
Estamos dejando huecos para disparar,
pero apenas tenemos armas. Busque en la cocina.
Todo lo que encuentre es inflamable, alcoholes, gases...
Mezcle lejía con limpiahornos
y tendrá prácticamente una napalm casera.
Hemos encontrado butano, Gamboa.
Bien. Rellene bolsas con semillas, arroz, arena.
Utilícelas como cortina de humo.
Ponga un arma en cada flanco y estese preparado para incendiar
cualquier parte de la casa que no pueda defender.
No disparen a menos que sea absolutamente necesario.
Capitán, le sacaremos de ahí. Tranquilo.
-¿De verdad crees que vas a salvarle?
Gamboa.
Gamboa.
Gamboa, ¿me escuchas? Cambio.
-Ernesto, deja el walkie.
Encerradlos en la bodega.
-¡Vamos!
-¿Y tú?
¿No vas a darle un beso a tu padre?
-Permiso.
He conocido a Marimar.
Es encantadora.
Pero está muy feo salir corriendo de ahí
y dejar plantada a una chica así.
Éramos novios hace mucho.
Y en el edificio había una chica que quería ser mi amiga.
Pero se fue corriendo cuando vio que tenía la burbuja.
Pues esta vez yo he hecho lo mismo.
He salido corriendo yo primero.
-Burbuja,
a mí no se me da bien mentir, además no sirve de nada.
Tú ya no eres el novio que ella dejó hace años.
Eso está claro, ¿no?
-Pues ya está, que se vaya.
A nadie le importa ser el amigo de un tonto,
pero nadie quiere ser la novia de un tonto.
-Tienes razón. Tienes razón.
Toma. Rompe la foto y que se vaya.
Que se vaya, que se busque un novio listo.
Un tonto merece una novia tonta.
Rómpela. Rómpela.
Y olvídate de Marimar.
-Es verdad.
¿Un tonto se merece una novia tonta?
-Yo creo que no.
-La gente debería estar con novias y novios que les quieran.
Y si Marimar te quiere, ¿por qué vas a dejar que se vaya?
O rompe la foto o habla con ella.
-¿Y qué le digo?
No lo sé, Burbu.
Mira, igual es ella la que quiere preguntar.
-Ricardo.
Ya casi tenemos cegadas todas las ventanas.
Y hemos atracado las puertas de los cuartos del fondo.
Las chicas están inflando con butano los globos de Valeria.
Espero que no hagan falta, pero nunca se sabe.
Julián, tú crees que entre Ainhoa y Max hay algo, ¿no?
A ver, Ricardo, algo, algo... No sé.
Pero vamos a ver, en braguitas estaba, no nos vamos a engañar.
No son las braguitas lo que me preocupa.
Julián, lo que me preocupa es que Ainhoa
desde que ha subido al barco ha ido de relación en relación,
dando tumbos y pasándolo mal.
Primero Gamboa, después Ulises.
Ya.
Se supone que un buen padre deja que sus hijos cometan sus errores,
pero yo solo la veo sufrir.
La veo con Max y pienso que le van a volver a hacer daño.
¿Y qué quieres que haga? Si veo que le hacen daño,
¿me quedo callado mirando como un tonto o reacciono?
¿Qué hago, Julián?
Pues a bueno has ido a preguntar.
Chico, yo qué sé, cada uno hace lo que puede y lo mejor que puede.
Es que es así y ya.
¿Tú sabes lo que me dijo mi madre el día que me embarqué?
Que si me había puesto calzoncillos limpios.
Ya ves. Me da igual, para mí eso es ser una madre y punto.
Tú haz lo que tengas que hacer, que no te vas a equivocar.
-Qué pena que no tengáis buen café aquí.
Hay que cuidar más los pequeños detalles.
Yo empecé a trabajar a los siete años
vendiendo perritos en un mercado.
A los 18 gané mi primer millón.
Después de 40 años, ¿qué tengo?
Los únicos siete barcos que quedan en el mundo,
una hija que no me quiere
y la traición de un amigo.
Me has fallado, Gamboa.
Amargo.
-Ya sabes a qué hemos venido.
¿Dónde está la carpeta roja?
-La pregunta es: ¿dónde está mi hija?
-Bueno, ¿y qué tal es Max en la cama?
Vilma, no me he acostado con Max.
Ya.
Y baja la voz, porque está ahí mi padre y...
Ya, ya. Y yo soy idiota y me lo creo.
Vale, no pasa nada.
Ha habido sexo, pero si no me lo quieres decir
porque eres una princesa y de eso no se habla,
pues nada.
Vilma, no ha pasado nada.
Y no sé si quiero que pase.
Max me gusta, me gusta mucho.
Pero es que cada vez que cierro los ojos a quien veo es a Ulises.
Pues asúmelo, mi amor.
Tú de aquí sigues estando con Ulises, no has cortado con él.
¿Qué tal, Max?
Eh... Bien.
Mira, chico, a mí este tipo de conversaciones
nunca se me han dado bien, pero...
Vamos, y sé que Ainhoa tiene 20 años y es toda una mujer,
pero siempre voy a ser su padre.
Mire, capitán, si lo que me está preguntando es si me gusta su hija,
la respuesta es sí, me gusta.
Y si me pregunta si me he acostado con ella...
No, no, no, no quiero saberlo, de verdad.
No me meto en eso ni quiero saberlo.
Lo que sí sé es que no quiero que sufra.
Y le entiendo.
Le entiendo perfectamente.
A mi madre nunca le gustaban mis novias.
Ninguna le parecía lo bastante buena, lo bastante alta, baja,
educada... Eso viene en el manual del padre.
Ojalá existiera una forma de olvidarse de alguien.
A mí me gustaría mucho intentarlo con Max.
Pero es que siento que estoy traicionando a Ulises.
Date tiempo.
Es como cuando pierdes un brazo
y sigues sintiendo que lo tienes.
Ulises es el miembro fantasma.
Tienes que darte tiempo para asumir que eres manca.
Y luego ya, con el tiempo, nos ponemos una prótesis.
O una pata de palo.
A lo mejor, no estoy siendo justo teniendo esta conversación contigo,
pero la paternidad y la justicia nunca van de la mano.
No se puede pedir a un padre que no sobreproteja a sus hijos.
Lo entiendo. Gracias.
O, igual, te crece de nuevo, como a las lagartijas el rabo.
Llámalo secreto, como quieras, si yo...
No te he dicho nada nunca porque pensaba que lo llevabas bien.
Aparte, no es cosa mía, es... -Palomares, ¿de qué leches hablas?
-Vale, no he dicho nada. Olvídalo, ¿vale? Ya está. Que...
Cada uno se enamora de quien quiere y punto.
-Para, para, para.
¿De qué hablas? ¿De quién me estoy enamorando?
-Ramiro, tío, que lo comenta todo el mundo en el barco,
que salta a la vista, ¿sabes? Hasta Cho se habrá dado cuenta.
-A mí no me metas, que yo no quería opinar.
Pero notarse, se nota.
-Desde que zarpamos, todo el mundo ha estado con alguien, hasta yo,
que soy cura, menos tú. -Estás de coña, ¿no?
No he estado con ninguna tía porque no ha coincidido.
-Coincidido. -Sí.
-Ya, claro. Que nunca coqueteas, que las miras en el vestuario
como las vacas pasar al tren. Ni un beso ni un baile ni nada.
Es de manual.
Si yo no me había dado cuenta.
Hasta que vi que te pasabas todo el día detrás de Gamboa.
-Palomares, vete a tomar por saco.
¡Ramiro! ¡Ramiro, tío, que no pasa nada, coño!
¡Sal del armario!
¡Joder, que tú eres gay, tío!
-A ver.
¿Cómo se dispara con esto?
Lo del gatillo lo tengo claro, pero...
-Cuidado. ¿Qué disparar ni qué leches?
Aquí nadie va a disparar. Vendrá Gamboa con la caballería
y nos sacará de aquí, ¿de acuerdo? Además, eres cocinera,
no una guerrillera de las FARC. -Como soy cocinera,
no puedo disparar. Vamos, puedo hacer un buen arroz,
pero no disparar; puedo planchar, pero no disparar;
puedo montar en bici, pero no disparar;
puedo ser madre, pero no disparar. ¿Es eso?
-Vale.
Trae para acá. ¿Quieres que te diga?
-Sí.
-Bueno, este es el seguro. Está puesto aquí y se quita.
-Vale. -¿De acuerdo?
-Arriba quitado, abajo puesto. -Eso es. Luego, apuntar
y apretar el gatillo, no es más. Una cosa, mira.
¿Ves esa lata de ahí? -¿Le doy?
-Sí, venga.
Apóyate en la escoba que has puesto aquí.
Venga, con la otra mano agarras bien.
Hay que tapar la lata con la mira. -Voy.
-Sí.
Pues no es tan difícil. -Joder.
-¡Ah, ah! Mira.
Se está moviendo otra vez.
¿Lo notas?
Le va la marcha.
Julián.
Esto se ha roto, sale humo de aquí.
Doctora, ¿tiene un momento? Sí.
Vamos a ver, en un embarazo, ¿a partir de qué mes se nota
revolotear a la criatura? Hombre, no sé. A ver, moverse...
Sí. Moverse, desde la séptima semana...
¿Por qué me lo preguntas? Porque Salomé dice que lo nota.
Me pone la mano en la tripa, me dice que...
que el crío está de fiesta rociera o jugando al fútbol, no sé,
y yo no lo noto. Pero la veo tan ilusionada, que...
Le digo que sí. Te voy a decir una cosa,
pero te lo voy a decir como mujer, no como doctora, ¿vale?
Creo que notar juntos al bebé es el momento en el que
dos personas se sienten padres por primera vez.
Y ahí no se puede fingir. No te asustes, díselo.
-¿Eh? -¡Que le he dado,
le he dado a la lata, la he tumbado! De lleno, ¿eh?
Ya verás. ¿Sabe o no sabe disparar la cocinera mamá?
-Sí.
-Cómo crecen los hijos, ¿verdad?
Un día les estás cambiando los pañales,
cierras los ojos y cuando los abres...
ya saben tocar el cumpleaños feliz al piano.
El tiempo pasa muy rápido y ningún padre debe perderse
un segundo con sus hijos.
¿No crees?
-La carpeta
está en la isla.
La tiene el capitán.
-La carpeta la tiene el capitán. Conseguidla y volved con ella.
-Gamboa está con nosotros.
Le enviaremos a él a buscarla.
-Ese que está con vosotros no es Gamboa.
Conseguid esa carpeta.
-¿Y mi hija?
-Evelin, ven.
Vamos a ver a papá.
-Evelin.
Evelin, ¿estás bien?
Estás preciosa, mírate.
-Papá, ¿quién es este señor?
-Tranquila, es solo un señor que tenía una hija
y se parecía mucho a ti, pero no le tengas miedo, ¿eh?
No te hará nada.
¿Sabes qué?
Ahora vete a hacer las restas que hemos puesto esta mañana
y luego puedo subir a jugar a cubierta, ¿vale?
Ahora vamos a jugar a bañarnos mientras pensamos
en el nombre de la isla.
Yo pienso mejor mientras me baño.
No tienes que inventarte ningún juego, Julia.
Ya sé qué está pasando.
Sé que vienen unos hombres malos que quieren hacernos daño.
Y también sé que viene Gamboa a rescatarnos.
Es verdad.
¿No tienes miedo?
No, porque tú siempre me cuidas.
Me curas los raspados que me hago con la bici,
me pusiste gafas,
le pusiste el brazo al oso Bobby.
Pues ahora me toca a mí cuidarte.
No tengas miedo.
Gracias, cariño.
Ahora sé que no me va a pasar nada.
Vamos a tener que hacer un comunicado oficial explicando
bien claro que no ha habido sexo entre tú y yo, porque...
Porque tu padre, el polígrafo todavía no me lo ha hecho,
pero del tercer grado sí. Entonces...
Eso se lo hace a casi todos los chicos con los que cree
que hay algo.
Entonces, entre tú y yo, ¿hay algo?
No sé.
Entiendo.
Mira, no sé si debería contarte esto, pero lo que sí sé
es que cada vez que entró en la habitación, reconozco tu colonia,
y que sé si te has levantado de buen humor por el azúcar
que te hechas en el café,
y que después de un mes y medio aquí, juntos,
sé que te quiero.
¡Capitán!
¡Capitán!
Tiene tres segundos para salir con la carpeta en la mano,
si quiere volver a su barco.
Tres...
Vale. Quédate aquí.
No salgas. Gamboa tiene que estar a punto de llegar.
Dos...
¡Ricardo!
Tenías razón,
hemos ido al fin del mundo y hemos encontrado un hogar,
nos lo hemos ganado a pulso.
Y, coño, no vamos a dejar que nos lo quiten cuatro matones.
¡Uno!
¡Valeria!
¿Estáis todos bien?
¡Sí!
¡Ricardo!
Valeria, ¿estás bien? Cariño, ¿estás bien?
¿Estás bien, Julia? ¿Sí? ¿Sí, cariño?
Vete, vete a la ventana.
¡Ainhoa!
No... ¿Papá?
-Llevaba mucho tiempo buscándote.
Roberto... -¡Ya!
Ya no soy Roberto.
Yo me llamo Burbuja.
Yo no llevo corbata
ni trabajo en Ginebra
ni escribo tesis doctorales.
A mí lo que me gusta es jugar a los piratas
y limpiar pescado con Salo.
Y me acuesto a las 20:00.
Yo antes era normal,
pero ya no lo soy.
Y me gusta así,
yo tengo a mis amigos y me divierto.
Y el capitán confía en mí.
¡Ah! Y me ha hecho capitán sustituto.
-Roberto... -¡Que yo no soy Roberto!
Tú venías buscándole a él,
pero él ya no está.
Se fue.
Así que es mejor que no seamos novios nunca más.
-Burbuja, Burbuja, está bien.
Tienes razón. Roberto ya no está,
se fue y yo ya no tengo novio.
Pero si algún día le ves,
dale las gracias por salvarme la vida,
por hacerme creer que era un miserable
y que me dejaba plantada solo por salvarme.
Dale las gracias por todo.
Y ahora que no soy novia de Roberto,
¿podría al menos ser amiga de Burbuja?
-¿A ti...?
¿A ti te gustan los chicles de fresa?
-Sí.
¿Te puedo dar un beso?
-La niña despertó, necesitaba un padre
y tú no estabas para atenderla, para llevarle un vaso de agua
por las noches ni para contarle un cuento. La niña es maravillosa.
-Tampoco te recuerdo precisamente como el mejor padre del mundo,
no vengas ahora dándote aires. -Eres muy injusta, hija.
Gamboa. Gamboa, ¿dónde leches estás?
Nos están disparando.
Lo siento, capitán. Estáis solos, no puedo hacer nada.
También han tomado el barco.
Gamboa, han herido a Valeria. Tengo que sacarla de aquí como sea,
¿me entiendes? Como sea.
Y si para hacerlo tengo que entregarles
esta carpeta roja, se la voy a dar. Lo siento.
Capitán.
Le recuerdo sus propias palabras. Si de verdad cree en esa gente,
si de verdad cree que van a dejar de disparar si usted les entrega
la carpeta, entonces, entréguela.
Pero no se arrepienta.
Papá, ¿estás bien? ¿Hay alguien herido?
No, Ainhoa. Estamos bien. Ningún herido.
No pasa nada, tranquila. No te muevas de donde estás.
Ya sé qué nombre poner a la isla,
porque me dijiste que buscara un nombre bonito y he encontrado
el más bonito del mundo. ¿Ah, sí, cariño?
¿Cuál es ese nombre tan bonito? Quiero que se llame isla Julia.
¿Te gusta?
¡Me encanta!
¿A qué juegas, Gamboa? Tú deberías saber mejor que nadie
lo que un padre puede llegar a hacer por una hija.
¿Apostamos?
-No soy gay. Si lo fuera, os hubierais enterado.
He tenido más novias de las que pudierais contar.
Me gustan las tías y punto. No tengo que dar explicaciones.
-Claro que no, pero tampoco tiene nada de malo ser gay, tío.
-¿Te gusta alguna chica, Ramiro? -Estela.
-¡Ah! Claro, ante la duda, la más tetuda, ¡no te jode!
Ramiro, si pasaste de ella nada más embarcar. Estuvo semanas detrás
de ti, ¿y tú qué hiciste? Apartarte y dejar que Piti le metiese cuello.
¿O qué? -Se la dejé a Piti porque estaba
enamorado de Pilar, ¿te acuerdas? ¡De mi novia!
-Pero ¿Pilar existe? -Chico, vas a cobrar.
Me acojoné, ¿vale? No le dije nada porque me acojoné.
Si no le digo nada ahora, es porque está con Gamboa, ¿ok?
-¿Ves? Al final todo termina en Gamboa.
¡Tío, tío, tío! -¡Repítelo, repítelo!
-¡Vale ya, coño! ¡Vale, vale, vale! ¡Ya!
-Idiota... Estela está enamorada, ¿sabes? Se le nota
y a mí me encanta verla feliz, aunque me duele en el alma verla
con él, porque es el perro más grande del mundo.
-La caja, ¡la caja está ahí!
-Ponte a cubierto. -¿Por qué no dispara esto?
-Vale, pero no me apuntes, ¡joder!
-Mírala. -Voy a quitárselo.
-¡Coño! -Cuidado, cuidado. Hacia allí.
Sube y baja, hombre. -¿Dónde apunto para no matar?
Que estos soldados deben tener madre, mujer e hijos.
Para no matarles, ¿dónde apunto? -Apunta al culo, coño,
que en el magro no se mata. -¿Te crees que me van a venir
de culo? -No les he preguntado.
Venga, vamos, que te cubro. Vamos, rubia.
-Sí.
Se está moviendo.
No sé si es el ruido o mis nervios, pero se está moviendo otra vez.
Mira, ven. -Salomé...
-Ven.
-Tengo que decirte una cosa, rubia. No sé si es el mejor momento
para confesiones. Te mentí. No noté al chaval, no lo noto.
Tú dices que da patadas, pero yo como si tocara un balón de playa,
de verdad. -Ven aquí, acércate.
Pega el oído, ven. -Que no.
-Ven aquí, acércate un momento.
-Anda, que... -Anda, cierra los ojos.
-Sí, sí. -Respira tranquilo, despacio.
Relájate hasta que no escuches el ruido de las balas.
Traspasa mi piel.
El bebé está como flotando en el agua.
Escucha su corazón, late muy deprisa.
Está esperando, esperando que le enseñes todos los nudos marineros,
esperando que te lo lleves a pescar, a jugar, a que le enseñes
los colores, está esperando para conocerte,
esperando a conocer a su papá. Te está esperando.
Te está esperando.
-¡Coño!
-¿Lo has notado? -¡Que sí lo noto!
-¿Sí? -¡Noto a mi hijo!
¿De verdad?
-No me matéis, por favor. Por favor.
He leído la Convención de Ginebra.
Soy un prisionero de guerra, tengo mis derechos, ¿vale?
Por favor, por favor.
-Ponte esto.
-Hazlo.
-Te van a matar tus amigos.
-Ricardo.
Papá, papá, papá, agáchate, por favor. Agáchate.
Tranquila, cariño. Todo va a salir bien.
Ricardo. Julián, tengo que hacerlo.
-Capitana, mire.
-Avísalos por walkie.
-El capitán ha salido de la casa con la carpeta.
¿Es esto lo que queréis?
¿Es esto?
Por el tamaño de la caja, el avión tiene que ser grande, tipo militar.
Eso implica un aterrizaje grande.
Combustible, personal, hasta quizás una base.
-Esta isla no tiene pinta de ser muy grande
y hay demasiada vegetación.
No creo que un avión pueda aterrizar aquí.
-Palomares, apenas hemos visto una mínima parte
y hemos encontrado una casa.
Más allá puede haber una ciudad.
-¿Vamos?
-Sí.
Venga, a la de tres.
Una, dos y tres
-¿Es una broma?
¡Eh!
-Palomares, fíjate.
Todas estas cosas parecen traídas para nosotros.
Puros para De la Cuadra,
un osito para Valeria,
ropa para los bebés,
un cuaderno de bitácora nuevo.
Alguien que nos conoce nos está haciendo regalos.
-Ramiro, alguien que te conoce muy bien.
-Graciosillo.
Suponiendo que sean regalos, no me cuadran estas armas.
Pero ¿quién las manda?
-¡Ramiro, Palomares!
La caja la trae alguien.
He encontrado este arnés entre las palmeras.
Alguien saltó después de tirar la caja.
Hay un paracaidista.
-Deje la carpeta en el suelo, capitán.
¿Por esto estáis dispuestos a matar a siete personas, verdad?
Porque nuestras vidas valen menos que lo que hay en esta carpeta,
¿no es así?
Pues esa gente, mi gente, es como vosotros.
Respira.
Se quiere.
Tiene sueños.
Es una familia.
Deje la carpeta en el suelo.
Vuelva con su familia y todo esto habrá terminado en unos minutos.
No.
No hemos arrastrado el culo por medio mundo para esto.
No hemos pasado por cataratas, volcanes e icebergs;
para que ahora que encontramos un trozo de tierra
donde poder construir un hogar,
nos echen unos matones de colegio.
No es eso lo que queremos.
Las reglas de la Edad de Piedra,
¿es eso lo que quieren ustedes?
Este no es el mundo que voy a dejar a mis hijas.
Cojones, la está quemando.
La carpeta...
-El capitán ha quemado la carpeta. Repito.
El capitán de la Estrella Polar ha quemado la carpeta.
-Alexander, gané la apuesta.
Hay gente a la que no se le puede comprar.
Al capitán no se lo puede comprar.
-Están todos fuera del proyecto.
-Papá.
No los mates.
Te lo suplico. No los mates, por favor.
Hazlo por mí.
-Matadlos a todos.
Máscara.
Alexander, espera.
Diles que se detengan.
Tengo que ofrecerte algo a cambio.
Empieza a andar apuntando hacia la casa.
Si te detienes, te disparamos.
Si hablas, te disparamos. Si bajas el arma, te disparamos.
Si toses, te disparamos.
¿Lo has entendido?
Camina.
-Sin esa carpeta, no hay nada que puedas ofrecerme.
Todo lo que queda sobre este mundo, Gamboa, es mío.
-El contenido de la carpeta roja
no ha desaparecido.
Está en la cabeza de un hombre:
Roberto Schneider.
Roberto Schneider...
El profesor Schneider no existe.
Ahora no es más que un idiota.
¿Cómo le llamáis? Burbuja.
Venga ya.
Vámonos.
-¿Y si ese idiota es un genio?
Un genio que se ha hecho pasar por tonto durante años.
Ha engañado a todo el mundo.
Yo he estado pegado a él durante mucho tiempo
como para no darme cuenta.
Está fingiendo.
Créeme.
Ahora sí tenéis algo que realmente le importa,
la vida de sus amigos.
Diles que se detengan y te entrego a Roberto Schneider.
Anda.
Mierda.
Se están acercando a la casa.
De la Cuadra, necesito que alguien me cubra.
Si consigue entrar, estamos perdidos.
-¿Quién anda ahí? ¡Despacio!
-Ulises.
-¿Quién te gusta más Max o Ulises?
-Nunca les he tenido miedo a los muertos,
y tú estás muerto y enterrado.
-Escúchame, idiota, necesito que vuelva Roberto.
-¿Tú quién eres?
-Si para estar cogido de la mano de Ainhoa,
tengo que ser un hijo de perra, lo seré.
Voy a ir al barco.
¡Ricardo!
¡Todos ha cubierto!
-Roberto Schneider acaba de aparecer.
-A los tontos no se les pregunta.
Como mejor estamos tú y yo es con tierra de por medio.
Escúchame, mañana todo esto habrá pasado.
Ulises, necesito que me ayudes a recuperar a mi hija.
Quiero que mates a Ulises Garmendia.
Es innegociable.
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