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No me parece bien que se hayan colado de polizones, Ventura.
Vamos a habilitarles un camarote. ¿En qué estaba pensando
para meterse de polizón en un barco?
Hace unas semanas me enteré que Ulises me estaba mintiendo.
Siento haberos separado. Tú no nos has separado, tranquilo.
Es un diario. -Es del primer capitán del barco.
-Capitán Javier Ayarra de Zúñiga. A 29 de abril de 1941.
El hombre del Liverpool me ha dado el maletín
para que lo custodie durante su enfermedad.
Dentro hay una extraña caja.
Se refería a esta caja. -Son cartas de navegación.
"Me encargaron diseñar un protocolo de seguridad,
el proyecto Alejandría." Acaba de ser admitida
en un plan de máxima seguridad, señorita Wilson.
Más de 13 países colaboran en el proyecto Alejandría.
Bienvenida al SND, señorita Wilson. Quiero presentarle al señor Gamboa.
-Me llamo Roberto Schneider.
-Soy Ulises. -Garmendia.
Julián de la cuadra. -Qué es toda esta mierda?
-Formas parte de algo... Del proyecto Alejandría.
Yo mismo te elegí.
Vale, y ahora vete. Que te vayas, coño.
-Profesor, se nos va de las manos. -¡Roberto!
-¿Dónde estabas?
¡Eh! ¿Qué hacéis?
¡Soltadme!
-Lo has matado.
Burbuja, quiero saber al detalle qué contiene esta carpeta
por la que hemos estado a punto de morir.
Ainhoa yo tengo una misión: evitar que os maten.
-Bueno, ¿qué hacemos? -Hacer guardia. Yo me ocupo.
Max ha desaparecido.
Capitán, el edificio está en el radar.
Ulises. No hay nadie, capitán.
-Espero que te hayas despedido ya de tus amigos,
porque zarpamos inmediatamente. -No vais a ir a ninguna parte.
¿Cómo se le dice a un padre que su hijo ha desaparecido,
que no sabemos si está vivo o muerto?
Parece un piso franco.
"Todos los padres del mundo un día nos hacemos la misma pregunta."
Papi, ¿me quitas los ruedines de la bici?
Ya no las necesito. Ya no me caigo para los lados.
"¿Cuándo nuestros hijos dejan de ser niños?"
Claro, princesa.
Adiós. Adiós, guapísima.
¿No vas a decir nada?
Max, te marchaste corriendo del campamento,
lanzaste una bengala.
Nos hemos jugado el tipo por ti, nos han disparado.
Vilma casi pierde un pie por un cepo.
Por favor. Y os lo agradezco,
pero no puedo contar nada, no me vais a creer.
No sé por dónde empezar.
-Cuidado, que voy.
-¿De dónde has sacado esa ropa?
-Estaba colgada dentro de un armario.
Mi ropa olía ya a pedo.
Un cubito más y esto ya está.
-Esa es la ropa que llevaban ellos.
¿Ellos? ¿Quiénes?
Otro barco del proyecto Alejandría llegó a la isla
antes que el Estrella.
Cuando desembarcamos, encontré a mucha gente.
Esa gente no son amigos. Tenemos que reunirnos
y organizarnos antes de que vuelvan.
Ainhoa, cariño, estás por ahí?"
Es mi padre. No le voy a contar nada de esto.
Hasta que llegue no quiero que se preocupe.
Papá, ¿cuándo llegáis a la isla?
Hola, cariño. Aún nos queda un día de travesía,
pero mañana te estoy achuchando. ¿Qué tal va todo por tierra?
Muy bien, muy bien.
Pues comiendo frutas recién cogidas del árbol,
dándonos baños de barro bajo el sol...
Es como si estuviéramos en la Riviera Maya con barra libre.
¿Y vosotros qué tal? ¿Qué tal está mi hermanita?
¿Valeria?
Me acaba de pedir que le quite los ruedines de la bici.
Tu hermana ya va sola. ¿En serio?
Se está haciendo muy mayor.
Pues ya sabes lo que viene después. Tendrás que ir preparando
el discurso de la abeja y el polen, porque en nada te va a empezar
a preguntar sobre sexo. Sexo? No, ni hablar.
Cuando llegue ese momento, que será dentro de muchísimo años,
esa conversación la tendrás tú con ella. Eres la hermana mayor, ¿no?
No, la tendrás tú, que para eso eres su padre.
Ya veremos, ya veremos.
Cariño, te echo mucho de menos.
Yo también te echo de menos, papá.
Tengo muchas ganas de veros. Y nosotros a ti.
Cuídate. Nos vemos pronto, ¿eh?
"Y es que los hijos se hacen mayores de repente,
de un día para otro,
sin anestesia ni curso de adaptación para los padres.
Aunque de vértigo, así es la vida y así debe ser."
Último cubo.
Vamos a ver.
Max, mueve la espumita o se te va a asomar el periscopio.
Max, se te nota un montón.
-¿El qué se me nota, Piti?
-Tú estás colado por Ainhoa.
Te digo más, tienes mucha suerte, porque a Ainhoa tú le molas.
-Muy bien, Piti.
-Mira, mejor lo dejamos, porque...
-¿No te lo crees? Haz la prueba.
Solo hay una manera de saber si una tía está en tu misma onda.
-¿Estás tratando de darme consejos sentimentales?
-Sí, te los doy. También se los di a Ulises
y creo que no le fue tan mal. Vamos a ver,
¿tú quieres saber si le importas a Ainhoa?
Cuéntale un chiste malo. En serio.
Si a una tía le cuentas un chiste y pasa de ti y mira para otro lado,
lo llevas chungo. Ahora, eso sí... Mírame.
Si una tía está enamorada de ti, se ríe, Max.
Se ríe seguro, es matemático, por muy malo que sea el chiste.
Voy a buscar a los demás al campamento de la playa.
Hay que avisar a De la Cuadra y traer al resto.
Si estamos en peligro como dices, es mejor que estemos todos juntos.
Bueno, espera, bonita, que a avisar al resto ya voy yo.
En serio, Ainhoa. No pasa nada
En esta isla hay cepos por el suelo,
unos tipos con máscaras de gas, incluso una vaca
con una cámara en la cabeza. Esto es más divertido que la Warner.
En serio, Ainhoa, ya voy yo.
Dame... Dame la pistola. Piti.
Dame la pistola.
Estás seguro?
El walkie.
Vosotros id preparando una comida de bienvenida, ¿vale?
Nos la merecemos.
La última vez que te vi con la mirada perdida
te fumabas tu último puro y asumías que ibas a dejar de fumar.
Qué te ronda por tu cabecita?
-Es por Ulises. -Qué le pasa a Ulises?
Mañana lo vas a achuchar aquí, en la isla, llega en el barco.
-Ulises no está en el barco.
-¿No está en el barco? Qué tonterías dices, Julián.
¿Por qué, porque no te ha llamado?
Si los chicos son así. Anda, venga.
Además, si hubiera pasado algo, Ricardo ya te lo hubiera dicho.
-No, Ricardo no me diría algo así por el walkie,
igual que yo tampoco le he dicho que Ainhoa ha estado en un tiroteo.
Son cosas que se cuentan a la cara.
No sé qué demonios ha pasado en ese edificio,
pero desde luego Ulises no está ahí.
-¿Dónde está Gamboa? -¡Ay, Julián!
Julián.
-No te lo voy a repetir. ¿Dónde está Gamboa?
-Gamboa no está en la isla.
Se quedó en el barco. ¿Algún problema?
-Respuesta equivocada.
-¡Ay! ¡Julián, Julián!
Ventura, buenas tardes.
¡Vaya! Los ruedines de la bici de Valeria.
Qué rápido se hacen mayores los niños, ¿verdad?
Más de lo que un padre quisiera.
Hace dos días no llegaba a los pedales y ahora ya va sola.
Lo cogí de la biblioteca. Espero que no le moleste.
No, en absoluto. Lo encontraron los chavales por casualidad.
Estaba escondido detrás de una rejilla de ventilación.
Es el diario de Zúñiga, el capitán que gobernó este barco
en los años 40. Lo he reconocido, sí.
¿Reconocido? ¿A qué se refiere?
Papá lo tenía siempre encima de la mesilla, junto a la cama.
Lo escribía por las noches en el camarote.
Sí, capitán, Zúñiga era mi padre.
¿Cuándo voy a ser mayor, papá? ¿Cuándo voy a ser un hombre?
-Para ser un hombre lo primero que hay que hacer es
aprender a afeitarse. ¿Estás preparado?
Ven aquí, siéntate.
-Papá, ¿quién es ese hombre que embarcó hace unos días?
El hombre de Liverpool.
Es muy raro.
-No sé quién es y no me importa.
Y no quiero que andes preguntando por ahí.
Eso es cosa de niños
y hemos quedado que tú ya eres un hombre, ¿no?
-Ya, pero es que es muy raro.
Tiene un maletín que lo lleva a todas partes,
hasta duerme con él. Lo he visto.
¿Sabes qué lleva dentro?
-Hijo, el mundo entero está en guerra,
una guerra mundial contra los alemanes,
por eso lo mejor es ser discreto y no hacer muchas preguntas.
Eso te incumbe también a ti, ¿entendido?
-¿Me puede afeitar yo?
-Hijo, hacerse un hombre no siempre es fácil.
Ainhoa, ya estoy llegando al campamento.
Tengo dos noticias: la buena es que sigo teniendo las pelotas
en su sitio, no he metido el pie en ningún cepo,
y la mala es que el pantalón que me he puesto me tira de la entrepierna
y se me está metiendo la costura por la raja del culo.
Piti, gracias por ser tan gráfico.
Dile a De la Cuadra que hemos encontrado a Max y pregúntale
qué quiere que hagamos.
Ok, yo se lo pregunto.
Oye, por cierto, no aprovechéis Max y tú mi ausencia para probar
los muelles de la cama de matrimonio.
Y dile que la bañera ya la hemos inaugurado tú y yo con un baño
de espuma para dos. Cambio.
Piti, ¿tanto os aburrís los tíos cuando no habláis de coches?
¿En serio?
Vale, vale, ya paro, no molesto más.
Oye, que cualquier cosa que necesites aquí estoy, ¿vale?
Y dile a Max que has confesado que te liarías conmigo. Cambio y corto.
Cambio y corto.
No sabía que te habías dado un bañito con Piti.
Y no lo he hecho. Ah, ¿no?
No.
O sea, sí, técnicamente sí lo he hecho,
pero estábamos en ropa interior, era espuma y...
Eso es todo, no te voy a dar más detalles.
Eso es todo.
Cuentas esto en un juicio y te caen dos años en Guantánamo
por adulterio.
Bueno, pues si tengo que ir a la cárcel,
la verdad, prefiero ir por amor que por cualquier otra cosa.
Por qué las mujeres siempre creéis que el amor verdadero tiene
que ser un drama intenso a lo Romeo y Julieta?
¿Y por qué los tíos preferís estar haciendo cola dos días para comprar
las entradas de fútbol que una hora esperando a vuestra chica
debajo de la lluvia, por ejemplo?
A mí no me gusta el fútbol. Ni a mí hacer esperar a nadie,
y menos cuando le quiero.
Vamos a ver, ¿quién quiere ser el próximo?
Tú.
Tú.
O tú, rubia.
¿Me vas a decir dónde está Gamboa? ¿Dónde está?
¿Dónde está Gamboa? -No lo sé.
-¿Dónde está Gamboa?
¿Dónde? -¡Que no lo sé!
-Dime dónde está Gamboa o te parto la cara.
-¡Que no lo sé! -¿Dónde está Gamboa?
-¡Gamboa está aquí!
Yo soy Gamboa.
-El barco se está llenando de agua.
-¡Tierra a la vista! ¿Preparada para desembarcar?
¿Qué te pasa? ¿No quieres bajar a tierra?
¿Por qué te has puesto triste de repente?
-Porque cuando lleguemos a tierra de verdad mi papá
no me va a dejar bajar.
Seguro que dice que bajará él primero y,
cuando vea que no hay peligro, bajaré yo.
Sigue pensando que soy una niña y eso que ya ando sin ruedines
en la bici. -Mayores, todos son iguales.
-En tierra está Ainhoa.
La echo mucho de menos.
Seguro que, cuando lleguemos a la isla,
mi papá no me va a dejar bajar a darle un beso.
Tendré que esperar a que venga a ella.
-¿Y si vamos nosotros solos a la isla?
Si llegamos antes que el barco a la isla, podrás ir a darle un beso
a tu hermana y tu papá no te podrá decir que no lo hagas.
-Yo sé dónde mi papá guarda una brújula y un mapa.
-Y, además, tenemos una bañera que flota como un barco.
-Vale, vamos a la isla. Ya verás qué sorpresa le damos a Ainhoa.
Julia, ya he acabado.
¿Qué? Aquí dentro hay un regalo para ti.
He tardado un poco, un poco mucho,
no quería que me saliese mal.
Es un álbum de vuestra boda.
Qué bonito.
Algunas no se ven bien porque la impresora del capitán no tenía
mucha tinta.
He tenido que colorear con los rotus de Vale.
Es tan guapo, Burbuja.
Esta la he hecho yo a mano.
¡Toma!
Un beso fuerte.
¿Te gusta? Es precioso, Burbuja.
Me encanta. Muchísimas gracias.
Como el día de vuestra boda no os pude hacer ningún regalo...
Te lo agradezco infinito, ¿vale? Vale.
¿Quieres que compartamos una?
No, ahora no.
Hasta que lo veas entero. Vale.
Si quieres, se lo enseñas al capitán
y le haces lo de la cuerdita y el besito,
que seguro que le da mucha risa. Vale.
"Sígueme a mí, ¿eh? No te vayas al lado.
¿Qué, no me puedo enamorar? Soy persona.
No estoy enamorada. Sí, pero no dentro de la empresa.
Tú eres mi amigo, ¿tú te crees que yo me enamoro? No puedo.
¿Qué quieres? Te llevo a casa, ¿vale?
No, no, no. Conduzco yo.
No, no, no. Tú tienes novia. Claro que tengo novia.
¿Qué vas a hacer, la vas a dejar porque va venir ese señor calvo,
raro, para que la dejes?
¿Te van a poner una pistola en el pecho?
¿No? Arriba las manos. Deja a Marimar.
Basta de hacer el payaso. Que te mato.
Que te mato. Deja a Marimar.
Puedo tener relaciones sentimentales dentro del proyecto,
¿te suena? No.
¿No te suena? No.
Pues debería sonarte.
Pues dimito, que me echen.
¡Que viva el amor!
Julia... ¡Que les den!
Ya.
Tengo derecho a enamorarme de quien me dé la gana.
Para.
He besado a uno de la empresa.
Que venga la Policía ahora mismo, que me detengan aquí,
en medio de este parque."
-¿Tú eres Gamboa? -Afirmativo.
¿Qué pasa, te parezco poca cosa?
A los 12 años vi cómo le volaban la cabeza a mi padre
y se llevaban a mi madre a rastras.
A los 13 fui reclutado por un grupo de milicianos.
A los 14 recibí mi primer balazo y a los 15 maté por primera vez
a un hombre.
Y a él también le parecí poca cosa.
¿Algún problema?
-Ninguno.
Un placer conocerte en persona. Hemos oído muchas historias de ti.
-No creas todas las historias que se cuentan por ahí de mí.
¿Cuál es la situación?
-La comunicación con el submarino se cortó hace cuatro días.
Su última orden fue que hoy detuviéramos al grupo
hasta que el Estrella Polar estuviera de vuelta.
-Bien. El Estrella no llegará hasta mañana.
Reúname a los rehenes en un círculo,
no vaya a ser que alguno le dé por hacerse el héroe y salga corriendo.
-De acuerdo.
Reúneles.
Acababa de hacer un sorteo para ver cómo dormíamos
y me ha tocado en el sofá.
No ha habido tongo. Lo siento, tendrás que dormir en la cama.
Estás preocupada.
Un poco.
Estamos en una isla misteriosa
con gente armada y trampas,
mi padre está perdido en el océano con mi hermana.
Sí estoy preocupada, sí, pero poco.
Dame. Gracias.
¿Sabes lo que creo?
Que lo que de verdad le preocupa es que está volviendo Ulises,
que dentro de poco lo vas a tener cara a cara y no sabes
si te lo vas a comer a besos o le vas a dar la mano.
¿Me equivoco?
Buenas noches.
-Este es el mapa de mi papá.
Le he visto muchas veces marcar rutas y coordenadas.
El Estrella está aquí, la isla aquí. Es una línea recta.
-Cuando yo iba al cole, tenía que doblar dos esquinas
y cruzar una carretera y era superfácil.
Una línea recta será muchísimo más fácil.
No nos perderemos.
-Llevamos demasiadas cosas.
Mi papá siempre dice que al mar solo hay que llevar lo necesario.
Tenemos que dejar tu osito Bobby.
-¡Y un cuerno! Si hay que dejar un oso Bobby, dejamos el tuyo.
-Porque tú lo digas.
-Pues sí, porque yo lo digo, porque soy el capitán.
-Tú no eres el capitán, yo soy la capitana.
-Las niñas no podéis ser capitanes.
A ver, dime un cuento que te sepas que tenga una niña capitana.
-Muchos. -Pues dime los títulos.
-Tengo una idea, los capitanes piratas llevan un parche en el ojo,
¿verdad?
Pues el primero que consiga un parche para el ojo
será el capitán.
-Pero el único parche que hay a bordo es el de Gamboa.
Si se lo pedimos, no nos lo dejará.
-Pues tendremos que quitárselo.
El primero que le robe el parche será el capitán, ¿vale?
-Vale.
-Ah.
A ver.
-Gamboa, ¿cómo van los documentos de la carpeta roja?
¿Los has descifrado?
-Bueno, no. Es como un rompecabezas
o como un puzle de más de dos mil piezas.
-Pues más te vales descifrarlo antes de que llegue Alexander.
-¿Quién, quién es Alexander?
-Alexander es el padre de Estela, el dueño de este barco.
Y tarde o temprano vendrá por la carpeta roja.
Pero la pregunta no es quién es Alexander,
sino quién eres tú para Alexander. -¿Yo?
¿Quién soy yo para ese señor?
-Para ese señor digamos que tú eres como...
un grano en el culo.
Para Alexander tú eres el enemigo público número uno.
-Yo no, yo no tengo enemigos.
Yo siempre soy amigo de todo el mundo.
-¿Conoces este libro?
-"Kamikaze".
No. -Bueno.
Va de un terrorista que se hace amigo de sus víctimas.
Un perfecto idiota. Y me recuerda a ti.
Dices que tienes muchos amigos a bordo,
lo que no sabes es que uno de ellos te vendió.
La burbuja que tienes en la cabeza es producto de esa traición.
Aún no me lo creo.
Su padre era el capitán de esta caleta.
No fue casualidad que le encontráramos
en ese edificio, ¿verdad? Ni que se colase la bodega del Estrella.
Me ha mentido. No, no, yo no miento.
Eso se lo digo siempre a mi nieto: "ratón, no se miente".
Ventura.
Ventura, basta de juegos.
Vamos a ver, ¿de qué otra forma hubiese podido colarme
de polizón con mi nieto?
El barco estaba vigilado permanentemente, de día, de noche.
Yo crecí aquí, en estos 70 metros de eslora.
Conozco este barco como la palma de mi mano.
Antes de ser su casa era la mía.
¿Cómo pudo salvarse del cataclismo?
¿Usted que una catástrofe hundiría el mundo?
Sabía que ese rascacielos iba a mantenerse en pie, ¿no?
¿Sabe lo que sé?
Que a mi nieto le está por salir un colmillo y que, cuando llueve,
me duele la cadera. Eso es todo lo que sé.
El proyecto Alejandría, ¿sabe lo que es?
Capitán, capitán. Es medianoche,
hora en que los ancianos deben estar en la cama,
con la vejiga vacía y la dentadura en un vaso de agua.
Tenga paciencia,
que yo mañana le voy a contar por qué estamos vivos.
"-Dos nuevos marineros han enfermado.
Me temo que dentro de poco tendré que ordenar una cuarentena
dentro del barco. -Papá, ¿qué es cuarentena?
-Sí.
-Capitán, cuatro marineros más están enfermos.
Idénticos síntomas: fiebres muy altas, sudores, calambres.
El hombre de Liverpool también está enfermo.
-De momento no diga nada al resto de la tripulación.
Métalos en el segundo pasillo de babor.
-Papá, tengo el patín en ese pasillo, ¿puedo ir a cogerlo?
-No. -Pero yo quiero mi patín.
-Te he dicho que no, Ventura. -Si no lo tengo, me aburro.
-Te he dicho que no. -Yo quiero mi patín.
-¡Ventura!
Mira, hijo, esos hombres parece que sufren la gripe española,
una enfermedad muy contagiosa, muy grave.
Por eso no puedes ir a por tu patín.
Quiero que te quedes aquí y que no salgas del camarote
por ningún motivo. ¿Está claro?
-¿Y qué les va a pasar a esos hombres?
-Esos hombres...
Se van a poner bien, hijo, se van a poner bien.
Ainhoa.
Ainhoa, ¿estás durmiendo?
No.
¿Te sabes el chiste del psiquiatra?
¿Un chiste?
¿Ahora?
¿Lo sabes o no?
No.
Pues esto es uno que va al psiquiatra y le dice:
"-Doctor, creo que tengo doble personalidad".
Y el doctor le dice: "¿Ah, sí?
Pues vale, siéntese y hablemos los cuatro".
-¿Tienes miedo? -Un poco.
Es que a veces Gamboa puede leer el pensamiento.
-Pues si nos lee el pensamiento, vas a ver que nos vamos a ir
a la isla. Hay que encontrar el patio y salir corriendo.
-Vale, contamos hasta tres y empezamos a buscar.
Uno, dos... -Un momento, un momento.
¿Qué crees que nos hará Gamboa si nos pilla revolviendo sus cosas?
-Igual nos tira por la borda.
A los tiburones.
-Uno, dos y tres.
-Valeria.
-¡Yo lo encontré! -Lo encontré yo.
¡Yo soy el capitán! -No, yo soy, es mío.
-No, lo encontré yo. -¡Ah!
-Cuando algo se rompe
alguien debe pagar por ello.
"Lo siento, Roberto, perdóname. Oh, Dios, mi cabeza.
Qué resaca.
Bueno...
¿Para qué están los amigos?
Para dejarse pasta, darte la razón,
aunque no la tengas.
Para agarrarte la cabeza mientras vomitas
y así no manchas tus zapatos.
Que menos mal. ¿Sabes cuánto valen estos zapatos?
Tienes razón. Sí tengo razón.
Son unos Christensen.
¿Te hablo del proyecto?
Esto no es lo que era, Julia.
Desde que entró capital privado y el millonario este, Alexander,
se me está yendo de las manos, Julia.
Es un proyecto para tener un mundo mejor y se lo van a cargar todo
por dinero, una vez más. Bueno, ¿y qué quieres,
coger y llevártelo en plan "mira, perdona,
me llevo el acelerador de partículas porque es mío"?
Que no, Roberto, que no.
Que no van a dejar que te vayas igual que no me van a dejar a mí
que siga con Philipe.
Pues no le va a quedar otra que dejarme.
Les tengo pillados por los huevos. ¿Ah, sí?
Y van a tener que negociar. Ah.
El proyecto está parado hasta...
que tengan esta carpetita.
No sé qué es lo que te traes entre manos.
Pero una cosa es engañar a nuestros jefes y no decirles
que estamos con alguien y otra muy distinta es...
traicionarlos.
Mira, yo,
yo voy a ir tirando para casa.
Sí.
Roberto, ten cuidado con lo que haces.
No les tengo miedo, Julia.
¿Qué me van a hacer, matarme?
Tiene la carpeta roja.
¡Roberto!"
¡Oh! ¡Oh!
¡Oh! ¡No!
Una serpiente.
Corre, había una serpiente dentro de mi cama.
Ay, que me da muchísimo asco.
No, no abras la puerta. Deja que se quede ahí dentro.
Está ahí dentro y dentro se va a quedar.
Ay, qué susto.
Bueno, pues me pido el suelo. No...
Cabemos aquí los dos.
Si nos ponemos bien juntitos así de lado.
No, va, no me hagas la del Titanic.
¿La del Titanic? Sí, joder, lo del final
de la película, que está Leonardo DiCaprio en el mar
y se quiere subir a la tabla, pero la otra no le deja
y, entonces, se hunde. No, no, que no fue así.
Él intenta subirse, pero la tabla se hundía. Hubieran muerto los dos.
Bueno, el caso es que cabemos aquí.
Mira, si yo me pongo de lado así y nos pegamos un poco...
Mira, es un poco apretado, pero está bien.
¿Puedes? Sí.
Mira, entras bien. Sí, genial.
Pero nada de chistes malos. Te reíste bastante.
Porque era malísimo. Ya, ya.
Gracias.
Buenas noches. Buenas noches.
-¿Nos vas a tirar por la borda a los tiburones?
-¿A los tiburones? Puede ser.
A menos que me contéis qué buscabais en mi camarote.
-Es mejor que se lo contemos. Sabe leer el pensamiento.
De todas formas, se va a enterar de todo.
-Buscábamos tu parche para saber quién era el capitán.
-Es que... nos vamos a la isla con nuestra bañera barco.
-Y supongo que ya tenéis todo preparado para zarpar.
-Sí, los walkies, los osos, el agua y una bolsa
de galletas que hizo Salomé para la boda y que sobró.
-Muy bien. Veo que habéis pensado en todo.
Pues nos vemos en la isla. Buen viaje.
-¿No nos vas a decir lo que dicen los mayores?
-"No lo hagáis, sois unos niños, es peligroso. A vuestro cuarto".
-No, vosotros no sois unos niños.
Además, a mí me parece muy buena idea tirarse al mar
en una bañera de plástico y llegar a la isla. Muy bien.
-Guay.
-Aquí Piti desde la isla.
Estrella Polar.
Gamboa, capitán, Burbuja. ¿Alguien me escucha?
Por favor, necesito hablar con Gamboa.
-Aquí Gamboa. ¿Qué pasa, Piti? ¿Tanto me echas de menos?
-Gamboa, necesito que me ayudes.
Hay aquí media docena de tíos armados hasta los dientes.
Le han pegado una paliza a De la Cuadra
y los tienen a todos retenidos.
Tenían instrucciones de encontrarte.
-¿A mí? ¿Y les has dicho que estoy en el barco?
-Gamboa, mucho peor. Les he dicho que yo soy Gamboa.
Tenían a Vilma amenazada.
Estaban a punto de darle un culetazo en la cara.
Y me ha salido así, Gamboa. Me ha salido así.
Les he dicho que yo era tú.
Parece que ha colado, pero tarde o temprano
se van a dar cuenta de que yo soy solo un panoli.
Necesito que me ayudes. -¿Y qué es lo que quieren?
-Esperar a que lleguéis,
pero a mí el teatrillo no me aguanta hasta entonces,
que me van a pillar seguro. ¿Qué leches hago, por favor?
¿Qué hago?
Gamboa. Gamboa, ¿que qué hago?
-Piti, pégale un tiro a uno de los nuestros.
-¿Qué? -Si quieres que crean que eres yo,
tienes que hacer lo que yo haría. Coge un arma y dispara.
-Pero ¿estás loco?
No. No voy a pegarle un tiro a uno de los nuestros
para salvarme el culo.
Puede que sea una rata de alcantarilla, cobardica y egoísta,
pero no llego a tanto. -No se trata de salvar tu culo,
Piti. Necesitamos que crean en ti para saber qué pretenden.
Qué, cómo, cuándo y por qué.
Piti, solo contigo infiltrado tenemos una oportunidad
de sobrevivir en la isla. Si no creen en ti, estamos muertos.
Así que si quieres salvar a Vilma y a los demás,
al amanecer coge un arma, plántate delante de uno de los nuestros
y pégale un tiro sin pestañear.
Cambio y corto.
Nuestras iniciales se tocan en mi espalda.
Se acarician solas,
tienen vida propia.
Si tú me das la mano
podría escaparme de aquí
y empezar como si fuera
el mismo día una y otra vez.
Cada movimiento es la forma de volver a empezar,
aunque el frío no se va.
Lo que importa es el presente.
Y bajo la nieve cada copo que en la cara nos da
hace más especial
el verano que viene.
Mientras tanto cae la nieve,
hasta el verano que viene.
Hasta el verano que viene.
Buenos días.
Buenos días.
¿Qué tal dormiste?
¿Y la serpiente? Sin noticias de ella.
¿Para qué va a salir, si tiene la cama para ella sola?
Es pronto, sigue durmiendo.
Roberto, Roberto, ¿dónde estás?
Pues intentando que un hijo conozca a su padre.
Roberto, escúchame.
Saben que tienes la carpeta roja y van a por ti.
Mierda. Pensaba que tardarían más. Escúchame,
si notas que alguien te sigue, algo raro,
cualquier cosa que no te encaje, ¿vale? Corre.
Gamboa te va a llamar. Él te ayudará.
Puedes confiar en él. Solo en él.
Se pasó al bando de los buenos, ¿eh?
No.
Solo quiero que no maten a un amigo. Cuídate.
Ya está.
Me has prometido que no le vais a hacer nada.
Él ha hecho lo que creía que era mejor para todos.
Gamboa,
es mi amigo.
No quiero que le pase nada malo. Claro. Le buscaré.
-¿Dónde estabas?
-Le pediré la carpeta roja.
Le daré un par de azotes por ser un chico malo.
Tranquila.
-Le has matado."
Hola. Hola.
¿Le ha gustado al capitán? ¿Ha tirado de la cuerdita?
Sí, le ha encantado.
Toma.
Gracias, Burbuja.
Es tu regalo de boda. No tienes por qué dármelas.
Sí,
te doy las gracias por esto y por todo.
Porque nos has salvado más veces de las que te imaginas.
Por ser mi amigo.
Y perdóname. Perdóname, Roberto,
por todas las veces que te he fallado.
Pero tú no me has fallado nunca; ni el capitán,
ni De la Cuadra, ni los chicos, porque sois mis amigos,
y los amigos no se fallan. No.
Adelante.
Pasa mucho tiempo metido en este camarote.
Cuando se es niño se necesita un sitio donde guardar los secretos.
Mire.
Toma.
Creo que ya oyó hablar del proyecto Alejandría.
La primera vez que lo escuché, tenía nueve años;
llevaba pantalones cortos y las rodillas llenas de postillas.
Mi mayor tesoro era esto.
¡Nos acorralan! ¡Por el puente!
Mi padre trajo una maleta al camarote,
era la maleta del hombre de Liverpool.
Y yo hice lo que haría cualquier niño: la abrí y empecé a fisgar.
No entendía nada. Hablaba de un proyecto pensado para prevenir
la catástrofe nuclear, porque los nazis estaban a punto de tener
la bomba atómica. Habría siete barcos; en cada barco,
viajaría un grupo de jóvenes elegidos. En la tripulación también
habría un miembro del Ejército, un médico y un sacerdote,
y recursos para ser autosuficiente, lo que aseguraba la posibilidad
de empezar de cero.
-¿Preparada para ir a la isla?
-Ya verás qué alegría se lleva Ainhoa cuando vea que estamos allí.
-¿Lo tenéis todo preparado? -Sí.
-Oye, os habéis puesto la vacuna del marinero, ¿no?
-¿La vacuna del marinero? -Sí.
-¿Qué es eso? -Lo imaginaba.
No os preocupéis, aquí la tengo.
Todos los marineros, cuando se lanzan al mar,
tienen que ponerse la vacuna; si no, no les dan el título.
Todo el mundo lo sabe. -A mí solo me han puesto
la varicela y el sarampión. A mí nadie me ha dicho nada
de vacunas para el marinero. -Porque a los niños que solo van
de pasajeros no se les pone, pero a los marineros
se les tiene que vacunar. Venga, ¿quién es el primero?
¿Tú, ratón? A ver, el bracito. Ven.
¿Valeria? -¿Y si dejamos el viaje a la isla
para mañana? -Sí, mejor para mañana,
que todavía no tenemos el equipaje preparado y todavía no sabemos
qué llevarnos. -Mejor mañana.
-O el mes que viene. -De acuerdo. Pero si os queréis ir,
me avisáis y os pongo la inyección, ¿vale?
Vale.
Pero entonces, la primera vez que se pensó en el proyecto Alejandría
fue en 1940. En 1940, el miedo era la fisión
nuclear y en el siglo XXI, el acelerador de partículas.
Yo de eso no sabía absolutamente nada.
Yo solo era un niño asustado que solo soñaba con ser mayor.
-¿Esos hombres se están muriendo?
-No, no se están muriendo, hijo. -¿Y por qué se quejan?
-Porque... les da pena estar lejos de sus hijos.
Igual que yo te voy a echar de menos a ti.
-¿Tú también estás malo?
-No, pero tengo que hacer un viaje.
-Pero yo no quiero que te vayas, yo quiero que me dejes mover
el timón y que me pongas tu gorra. -Ya eres mayor, hijo.
No te voy a engañar.
Me voy muy lejos, pero siempre estaré cerca de ti.
Viéndome en la responsabilidad de proteger
al resto de la tripulación, he ordenado aplicarme
el mismo final que dicté para los infectados: el emparedamiento."
No me puedo creer que todo lo que ha pasado...
Bueno, todo lo que hemos pasado,
se gestara en este barco hace más de 70 años.
Y se puede creer que el mundo se haya hundido debajo de la quilla
de este barco y que estemos navegando hacia el último pedazo
de tierra que hay en el planeta. ¿Te lo puedes creer?
Dicen que la vejez te vuelve escéptico,
pero no es mi caso.
A los 80 años estoy empezando a creer en cosas
que jamás hubiese soñado que iba a creer.
Es un avión.
Parece que no somos los únicos supervivientes en el mundo,
capitán. Y quienquiera que fuese ahí arriba, nos ha visto.
Solo contigo infiltrado tenemos una oportunidad
de sobrevivir en la isla.
Si quieres que crean que eres yo, tienes que hacer lo que yo haría.
Coge un arma, plántate delante de uno de los nuestros
y pégale un tiro sin pestañear.
-Lo siento mucho. -¿El qué?
Hazlo.
-¿Se puede saber qué mierda haces?
Alexander los quiere vivos.
-Este idiota tiene un walkie. Estaba intentando comunicarse
con el Estrella. Deberías decirles a tus hombres
que sean más cuidadosos. -Cachéenlos a todos.
Asegúrese que no hay más walkies ni radios.
¿De dónde ha salido ese avión?
Algo ha salido mal. Vámonos. Olvídense de los rehenes.
Nos vamos al punto de encuentro. ¡Vámonos!
Gamboa, tenemos que irnos. Venga.
Ahí está la tierra, Burbuja.
¡Tachán!
-¡Hola! ¡Ay, ay, ay! -¡No está mi hijo!
-Sé que te quiero. -Ulises está vivo.
Cada vez que cierro los ojos, a quien veo es a Ulises.
Nadie quiere ser la novia de tonto.
-¿Qué pasa, Ernesto? -Que no nos bajamos en la isla.
-¿No vas a darle un beso a tu padre?
-La orden era solo vigilarlos. -Por ahora.
-Más allá puede haber una ciudad. Estamos en una casa en medio
de la isla. Vienen hombres armados a por nosotros.
Necesitamos ayuda urgente. -¿Dónde está la carpeta roja?
-¿Dónde está mi hija? -Otra vez ese avión.
-¡Capitán! Tiene tres segundos para salir con la carpeta en la mano.
-Ese que está con vosotros no es Gamboa. Conseguid la carpeta.
-¡Sal de ahí, despacio!
(Disparos) -¡Ven aquí!
-¡Ulises!
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