All language subtitles for El Barco S03E12 Nada por aqui SPN

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Original subtitles

Me encargaron diseñar un protocolo de seguridad

llamado Proyecto Alejandría.

El Proyecto Alejandría es un proyecto de supervivencia,

un plan que se pondría en marcha en caso de que el acelerador

de partículas fracasara. Siete barcos que se salvarían

de la tormenta aprovechando las simas con menos presión tectónica.

Este barco tiene nombre de estrella como el nuestro.

Étoile du Nord es uno de los barcos del Proyecto Alejandría.

El barco francés. "Marimar."

-Es Marimar. Era mi novia.

Navegas en un barco que, si sale bien, llegará a tierra.

Tenemos una cinta.

-Roberto. Roberto, soy yo.

¿En serio que no te acuerdas de mí? -No me acuerdo.

-Pues tú y yo antes éramos amigos.

-Bienvenido al Proyecto Alejandría.

-El profesor se nos está yendo de las manos.

Vamos a tener que darle una lección.

-¡Eh! ¡Eh! ¿Qué hacéis?

¡Soltadme!

-¿Por qué me salvaste? -Porque eres mi amigo.

-Tú le has matado.

-¿Adónde vas? -Voy a buscar a mi novia a la isla.

-Nos educaron en una sociedad donde las taras

son algo parecido a una lacra;

algo de lo que hay que huir como la peste.

-¿Lo dices por mi burbuja?

-Hemos encontrado a alguien más en el barco ruso.

Es un prisionero.

-Lo repite como un lorito el chino cabrón.

-Chino cabrón. -Dime quién te gusta,

que yo, Celestino. -Vilma, me pareces preciosa.

-Estela y yo hemos empezado una relación.

Veo que están de celebración, ¿no?

Llevamos un mes saliendo y lo celebramos bailando merengue.

Las clases de baile de salón por la mañana después del desayuno.

Buenos días, señores.

Bienvenidos al You Hao, el último hotel del mundo.

Habrá que tener cuidado hasta que no sepamos qué quiere esta gente.

¡Quietos!

Gamboa, no.

15 personas murieron en la explosión,

pero alguien de su tripulación los mandó al barco ruso.

Estas son las coordenadas de la tierra.

Para asegurarnos de que va a regresar aquí a por mis compañeros,

su hija se quedará en el edificio. Cambio de planes: Ainhoa zarpa

en el Estrella rumbo a tierra y yo me voy a quedar aquí.

Julia guardaba informes de todos.

Si tú entraste como polizón, ¿cómo puede haber informes tuyos?

Si nos vemos, harás como si no nos conocieras de nada.

Bienvenido al Proyecto Alejandría.

Esta chica entró en el barco con la intención de matarnos

a todos y tú la conocías. No le dijiste nada a nadie.

Sé que me estás escuchando. Solo quería decirte adiós.

Tierra. ¡Tierra! ¡Tierra!

-Nuestra misión aquí es verificar

la seguridad de esta zona de la isla

y después establecer un campamento provisional

para que el resto de la tripulación

pueda desembarcar también.

-Piti, tu monstruo se está comiendo ahora mismo la mochila de Salomé.

Es una vaca.

Zarpamos hacia el edificio. Voy a necesitar otro primer oficial.

Me gustaría que fuera usted. Capitán.

Ulises, no entiendo nada de lo que dices.

Tiene volver cuanto antes. Quieren matarnos, capitán.

Julián, hay algo más. Max ha desaparecido.

-Coño, que en esta isla hay gente.

-Te he llamado para decirte que Ulises se ha olvidado de ti.

-¿Quién eres? -Su novia.

Hay un cepo. Cuidado!

-Hablo tu idioma. Nadie debe saber que os entiendo.

-Capitán, el edificio está en el radar.

¡Ahora!

Ainhoa, ¿qué haces? ¡Corred! ¡Corred!

Ainhoa, por favor. Marchaos. Marchaos.

Estoy armada. Tengo una pistola.

Atrás. Atrás.

¿Max?

Max, ¿eres tú?

Max.

Ainhoa!

Ainhoa!

"Escuché una vez

a un viejo decir en un bar que el hombre,

con el tiempo, se acostumbra a todo.

Se acostumbra a vivir en Laponia a menos de 40 grados,

o en Barbate a más de 40.

Se acostumbra a estar en una silla de ruedas,

a perder un brazo,

a no tener padre,

e incluso a vivir en un puñetero barco en el fin del mundo.

Decía ese viejo que era la estúpida manera que tenemos

de poder seguir siendo felices.

-Me cago en mi vida. Vamos.

-Cariño.

Cariño, ¿qué ha pasado? -Agua.

Cuidado, por favor. -¿Qué ha pasado, Piti?

¿Qué ha pasado? -Un cepo de caza

que le ha pillado la pierna en el palmeral.

-Pero ¿qué cojones os dije de ir al palmeral?

Hay gente.

Hay gente. Y están armados.

-Que nos han disparado, De la Cuadra.

Unos tipos con máscara de gas. Han intentado matarnos.

La cámara que echamos al agua grabó a uno de ellos.

-Julián, llama a Ricardo, que vuelvan,

tenemos que dejar la isla. Llámalo, que vuelvan.

-Cho, "come" conmigo, al campamento.

-Espera, espera.

A Ricardo por el momento no vamos a decirle nada.

A 200 millas de distancia no podrían ayudarnos

ni aunque quisieran. Son ganas de agobiarles.

Tenemos que volver.

Ainhoa...

Tienen a Max. Es peligroso, pero tenemos que volver.

Ainhoa, tranquila, cariño, ya está.

No pasa nada. Cariño, dame eso, anda. Ya está.

No vamos a volver ahí dentro. No podemos.

¿Con qué íbamos a defendernos? ¿con palos? ¿Con piedras?

No tenemos munición más que para pegar cuatro tiros.

Ahora tenemos que pensar en los que estamos aquí.

-Podemos entrar y escondernos como ellos.

No nos han seguido, solo querían asustarnos.

No van a pensar que vamos a volver.

-Cariño, eso no lo sabes tú ni lo sabe nadie.

Si os pasa cualquier cosa a cualquiera de vosotros...

-A ver, Salomé, calma. Calma todo el mundo, por favor.

Escuchadme. Piti, vamos a ampliar el perímetro de seguridad.

No quiero ni un metro sin cubrir entre tienda y tienda, ¿de acuerdo?

No quiero a nadie yendo solo ni a pasear, ni a mear ni a nada.

Y queda prohibido pisar el palmeral.

Es una orden para todos.

Siguen sin contestar.

Deberían poder comunicarse con la radio de onda corta.

A esta distancia hasta el walkie y tiene buena recepción.

No ha habido respuesta a las bengalas

y no he visto a nadie asomándose por las ventanas

ni en la azotea.

Parece como si nos acercásemos a un cementerio.

Vuelve a poner la grabación.

"¿Me oye?

Tiene que volver...

Van a matarnos, capitán."

Capitán, no vamos a encontrar nada bueno en ese edificio.

"Pero hay cosas a las que no te acostumbras

ni con todo el tiempo del mundo.

No te acostumbras al hueco del otro lado de la cama.

Nunca te acostumbrarás a no ver su sonrisa,

o a dejar de pedir dos copas en un bar,

o a comprar dos entradas para un concierto,

a no notar su olor ni sus besos,

ni a que se te reviente el alma cada vez que te mires al espejo.

Y te das cuenta de que eres el gilipollas más grande del mundo

por haber dejado escapar al amor de tu vida."

-Te voy a hacer un té con naranja y canela,

porque me los he traído a escondidas.

-Vilma, yo sé quién puede entrar y salir del bosque sin peligro,

que nos diga si alguien nos vigila y sin desobedecer a De la Cuadra.

-¿Quién?

-Capitán, no es necesario arriesgar a la tripulación.

Como primer oficial, yo me ofrezco voluntario para asegurarme

de que no haya ningún peligro.

Le agradezco el gesto, Gamboa, pero en este barco somos un equipo,

una familia. No hay peones que se manden por delante

por si hay peligro.

Formaremos un grupo de reconocimiento conmigo a la cabeza.

Las vueltas que da la vida, ¿no?

Usted y yo de compadreo, cubriéndonos las espaldas

y colaborando. Para eso están los amigos, ¿no?

Para cubrirse las espaldas,

y para tomarse una copa de vez en cuando,

y contarse las penas en la barra de un bar.

Y de ahí se pasa a los bautizos

y a los cumpleaños de los niños.

"Capitán, creo que debería salir a cubierta a ver esto."

Vamos.

Es una de las motos de agua de la gente del edificio.

Está en posición de encendido.

Se debió acabar el combustible.

De aquí al edificio una persona a nado puede tardar

entre 20 o 30 minutos.

Si volvieron a nado al edificio,

¿por qué no han regresado a por la moto?

Nunca la dejarían abandonada. No tiene sentido.

¿Y si la persona que conducía no estaba yendo hacia el edificio?

¿Y si estaba huyendo?

-Bueno, bueno, bueno, ¿qué pasa?

¿No sabéis que el capitán nos ha prohibido estar tristes?

Como os pille, os va a condenar a cosquillas forzadas.

A ver, ¿qué pasa?

-Es que se nos está acabando el chocolate.

-Y, además, es el último que queda en el mundo.

-Ya. Por eso estáis tristes, ¿no?

Y digo yo:

¿por qué no plantáis un poco en la jardinera

y así os sale una planta de chocolatinas? ¿Eh?

-Eso es mentira. El chocolate no sale de las plantas

ni crece en los árboles. -¿No? ¿Y de dónde sale?

¿Crees el chocolate crece en los supermercados? ¿A que no?

El chocolate hay que plantarlo,

regarlo,

cultivarlo, darle cariño y os digo más.

¿Queréis chocolate con trufa?

Tenéis que plantar chocolate y trufa.

¿Chocolate con avellana? -Sí.

-¿Chocolate con leche? -Sí.

-Pues venga, a plantar chocolate. -Vamos a por agua para regar.

-Y a por una manta, para que no tenga frío por las noches.

-¿Qué les dirás cuando de esa maceta no salgan chocolatinas?

-Era una broma, seguro que mañana se les habrá olvidado la tontería.

-Yo me pasé toda la infancia creyendo que de las orejas,

me salían monedas.

Por culpa de mi padre.

¿Qué tienes aquí dentro?

Así me decía siempre.

La gente cree que los niños son tontos y no lo son.

Son muy listos y tienen memoria.

Yo le dije a mi nieto que no me iba a morir nunca.

Y casi le pierdo.

¿Cuánto tiempo crees que te va a durar a ti el cuento?

Porque a ellos no se les va a olvidar nunca que ahí

no va a crecerles nada, nada.

-Bueno, yo...

Yo mañana hablaré con ellos y les diré que era broma.

-Ya...

Ainhoa, llevas cabreada desde que llegamos a esta isla.

¿Qué pasa? ¿Que si no está Ulises no te ríes?

No, no, es que estoy preocupada por Vilma...

Y por mi padre y eso...

Que nunca me habían disparado, Piti.

No sé.

Nos pasan muchas cosas raras desde que llegamos a esta isla.

¡Ainhoa!

Aquí hay algo.

Te lo juro, he tocado algo duro.

¡Ayúdame! Venga.

¿Qué es esto?

¿Esto qué es?

¿Hola?

Soy Ricardo Montero, capitán del Estrella Polar.

¿Hay alguien?

¡Ulises!

-No hay nadie, capitán.

Está todo en su sitio.

Como cuando haces la cama antes de ir a desayunar.

Pero aquí no están desayunando.

Han desaparecido.

-Eso es imposible.

Tienen que estar en alguna parte.

Aquí no te vas a la estación de autobuses

y te subes al primero que sale.

-Y menos si no tienes adonde ir, la gente no desaparece

así como así. -Sí desaparecen.

En el barco ruso no había nadie.

los astronautas se esfumaron.

-No hay nadie.

-En el aire.

Dad una última batida, habitación por habitación.

A ver si encontráis algún indicio de lo que ha podido pasar aquí.

Si veis algo que nos pueda ser útil para el viaje de vuelta,

lo cogéis.

Gamboa y yo volvemos al barco a informar a la gente de la isla.

Vamos.

-El capitán tiene razón.

179 personas no desaparecen como fantasmas, sin dejar rastro.

Además, Ulises nos hubiese dejado una señal, una carta, algo.

-Sí.

-A no ser que no tuviese tiempo.

-Anda, tocas la guitarra.

La tocarás cuando nos casemos, ¿verdad?

Pero vamos a ver, Sandra, acabas de cumplir, ¿qué, 14 años?

Y ya estás pensando en casarte.

Yo con 14 años estaba pensando en jugar al fútbol...

Y cazar lagartijas.

La he cogido de tu bolsa, no te importa, ¿verdad?

No. ¿Me queda bien?

¿Estoy guapa? Sí.

Pero la próxima vez, coge una camiseta tuya

o una de tu talla, por lo menos.

Pues... si me está grande, lo mejor será que me la quite, ¿no?

¿Quieres que me la quite?

Hostia, ¿no es esa tu madre?

Qué tonto eres.

He dormido con ella.

Me encanta porque huele a ti.

¿Me la regalas? Te la presto.

Pero tienes que cuidarla bien, porque fue un regalo.

¿Un regalo de tu novia? ¿De Ainhoa?

¿Esa que no quiere ponerse a la radio cuando la llamas?

Que no te hace ni caso.

Esa misma.

Y por eso, he decidido no estar con otra chica

hasta que no consiga olvidarla.

Hasta los...

84 años, más o menos.

Me da igual.

Yo te esperaré.

Te querré toda mi vida.

Te lo prometo.

Vamos a ver, con 84 años,

estaré cascado, tendré pelos en las orejas,

se me caerán las tetillas, estaré calvo, gordo, no te gustaré.

No me importa, te querré igual.

Vamos a hacer un pacto.

Cuando cumpla 84 años, hablamos.

Y hasta entonces...

Amigos.

Amigos.

Vale. Vale.

¿Ese barco no es el Estrella Polar?

Ainhoa, que nos ha tocado premio gordo.

¡Ainhoa, que nos ha tocado premio gordo!

Que nos ha tocado premio gordo. No, no, no.

Nos ha tocado premio gordo. ¡Sí! Piti...

Que es un váter. Ya lo sé, Ainhoa.

¿Qué hace un váter enterrado en la playa del fin del mundo?

Hacer realidad mis sueños, eso hace.

¿Tú te crees que un mechero o unas pinzas de depilar

son útiles en una isla?

No, pero sentarnos en un váter, sí, es lo que nos separa del mono.

¿Me ayudas o no? No.

¿No? ¿Por qué? ¿Un váter?

-Yo te ayudo. -¡Salomé!

Muy bueno, pero vaya regalo.

Bueno... -Yo sí te ayudo.

Estoy hasta las narices de caminar media hora para hacer pipí

encima de un agujero, agarrada a un palo. (RÍE)

-Salomé, te presento a Scarlett Johansson.

Mira, es blanquita,

suave, mira qué curvas tiene.

Y me gustaría estar encima de ella por lo menos una vez al día.

No, no. Ay, no hagas eso, es una guarrada, por favor.

-Una guarrada es cagar ahí en el monte.

-Ayúdanos. No pienso tocar eso.

-Uy, qué finolis se nos ha puesto.

Tú sabes a ver quién se ha sentado allí.

-Lo que sí sé es quién se sentará.

¿Quieres agua?

No, gracias.

Julia... ¿Sí?

Necesito que me eches una mano. Claro.

Tengo un problema muy gordo y solo puedes ayudarme tú.

Mira, mientras no me pidas que limpie más mejillones...

Echo tanto de menos a Salomé, de verdad.

Hoy es el cumpleaños de Gamboa.

Y ya le conoces, no ha querido decir nada a nadie.

Ni siquiera a mí.

Supongo que cuando sabes que nadie celebrará tu cumpleaños,

pues, prefieres no decir nada.

O a lo mejor es que es él, el que no quiere celebrarlo.

Estela, yo sé que le quieres.

Pero, y perdóname, porque no quiero ser seca.

Digamos que Gamboa no es el tío más popular

del barco.

Vacíese los bolsillos, Gamboa.

¿Qué?

En el hotel le he visto coger algo y guardárselo en el bolsillo.

¿Qué es?

Yo no tengo nada, capitán.

Y... Baje el arma, que no le queda nada bien,

ese juego ya lo hemos jugado antes.

Y los amigos no se disparan.

El capitán es su amigo. Hombre...

Lo ha nombrado primer oficial. Sí, bueno...

Eso quiere decir que confía en él.

Es su único amigo que tienen el barco.

Han desaparecido casi 200 personas.

Entre ellos, el hijo de mi mejor amigo, no es un juego, Gamboa.

Se lo preguntaré por última vez.

¿Qué tiene en los bolsillos?

Nada.

Y los amigos, pues, se acuerdan de los cumpleaños,

se van de fiesta, ven el partido juntos.

No sé.

Se hacen regalos.

Pero, ¿tú qué quieres?

¿Que el capitán le haga un regalo a Gamboa?

Quiero que un amigo le haga un regalo.

Te sonará una tontería lo que te diré.

Pero yo creo que para Ernesto es importante.

Igual se relaja un poco y deja de pensar

que cada día es una prueba de supervivencia.

Que por fin tiene un amigo de verdad.

Ya, pero es que es mentira.

Es que tú lo has dicho antes,

una amistad no nace de la noche a la mañana.

No sé, tiene que haber empatía,

confianza,

es que no se puede forzar.

Ha sido un disparo limpio.

Con orificio de entrada y de salida.

Esta vez,

le destrozaré la rodilla.

Tranquilo, tranquilo, ya.

Ahí está.

¿Qué es esto?

Es una... insignia marina.

De la marina francesa.

¿Adónde ha quedado el compadreo, capitán?

¿Qué ha pasado para que de repente no confíe en mí?

Julia...

Solo quiero que Gamboa y yo seamos una pareja normal.

¿Sabes? Una pareja, no sé, que queda con otras parejas.

Que salen a cenar.

No estar encerrados todo el tiempo en un camarote.

¿Me entiendes?

Dígame lo que significa esta insignia.

¿De dónde ha salido?

"Ricardo, soy Julián, ¿me escuchas?"

-¿Qué pasa, capitán?

¿No le responderá a su amigo?

¿No le va a decir que su hijo ha desaparecido, eh?

Gamboa no es perfecto. No.

No.

Una tampoco decide de quién se enamora.

Dímelo a mí.

Acabo de casarme con un capitán, con dos hijas,

ya criadas y la urna de la difunta esposa en la repisa,

que te digo yo que a veces entro allí y aún me da un yuyu...

¿Vas a ayudarme?

¿Le dirás al capitán que le dé un regalo?

Claro que sí.

Ay... Gracias.

Ricardo, Ricardo, soy Julián, ¿me escuchas?

¿Dónde leches os habéis metido? Cambio.

¿Ese es vuestro plan?

No sé para qué os escucho, de verdad.

-Que es un gran plan, de la Cuadra.

Mira, escúchame, la vaca está aquí todas las mañanas

a las 10:00 como un reloj. Después, se pierde en le palmeral

y vuelve a las tres en punto.

-¿Qué? -Escúchame, si ponemos la cámara

encima de la vaca y grabamos su paseo por el palmeral,

podemos ver quién se esconde. Nadie entra, nadie corre peligro.

Simplemente una vaca con una cámara en la cabeza.

Es perfecto. -Vamos a ver, Vilma,

esto de la vaca parece una de las ideas de Piti.

No me fastidies.

-¿Y si podemos encontrar alguna pista de dónde está Max?

-Está bien.

Ponle la dichosa cámara a la corresponsal de guerra.

Manda huevos.

Ricardo, ¿me oyes?

¿Ricardo? ¿Es que nadie se ha quedado al mando, copón?

Cambio.

Ricardo, ¿habéis llegado al edificio?

¿Has hablado con Ulises? ¿Está bien?

Sí, hemos llegado, pero aún no he podido hablar con Ulises.

Estoy muy liado organizándolo todo. Pues llama y dilo,

que estoy aquí que no me cabe una pepita por el culo de los nervios.

Joder, que os fuisteis cagando leches.

Y la comunicación con el edificio cortada.

Sí, fue un problema de la corriente, nada grave.

Oye, te tengo que dejar. ¿Qué? La isla no se va a mover.

Anda, búscame a Ulises que quiero hablar con él.

Sí, creo que está con los chicos, no sé si en el barco

o en la azotea. Me da igual. Dile que me llame.

Que mira que es despegado el tío. Yo aquí nervioso y él de guateque.

No me jodas. Que llame a su padre.

Corto.

Oh. Vaca.

A pisar. -Le he cambiado la batería.

Lo que pasa es que no sé cuánto va a aguantar.

Espero que lo suficiente.

Venga, marchando al palmeral.

¡Arre, Lucera, arre! ¡So! ¡So!

-¡Arre, Lucera! ¡Arre, Lucera!

¡Arre, Lucera!

-¡Arre!

-Venga, todos para la playa.

Gamboa,

¿qué ha sucedido en ese edificio?

¿Para qué pregunta cosas que ya sabe, capitán?

¿Qué ha ocurrido?

La selección natural es lo que ha ocurrido.

Solo unos pocos podrían sobrevivir.

-Palomares, ¿tienes un euro?

-Solo tengo un billete de 50, pero si tienes cambio.

Ramiro, ¿a santo de qué voy a tener yo un euro?

-A ver, les dije a los niños que les iba a plantar chocolate.

Era broma. Pero se lo creyeron y ahora esperan que crezcan

chocolatinas en la jardinera. Es así.

-Pues prepárate, porque yo una vez le dije a Valeria

que se podía montar en los delfines como si fueran caballos.

Y todavía me lo recuerda. -Lo sé, lo sé.

Pero en esa máquina hay una chocolatina

y si la consigo sacar, igual cuela.

¿Sí?

¿No?

-Ramiro, haz lo que quieras, ¿vale?

Mira, nosotros vamos a seguir buscando por arriba y luego

nos vamos a la azotea. ¿Vale? Venga.

-Os alcanzo en cinco minutos. ¿Vale?

Cualquier cosa, gritad.

Y voy.

-¿Qué pasa, Burbuja? -No sé.

Es, es raro.

Están puestas como cuando esperas el tren en Atocha.

-Sí, solo que aquí no tenían un tren para irse.

-Está llena.

Las maletas solo se hacen cuando te vas de vacaciones.

¿Adónde irían?

Ese barco tiene 75 m de eslora, cuatro cubiertas y 30 camarotes.

No hay espacio para todo el mundo. Lo sé.

Pero aunque tengamos que ir hacinados como en una patera,

no pienso dejar abandonado a nadie en este edificio.

Mire, he visto olas de 30 m y cascadas en este océano.

Si hay cualquier problema, no tenemos ni chalecos ni botes

para todo el mundo.

Si me dijese las coordenadas de tierra, podría calcular

la duración del viaje y valorar el riesgo.

En el más simple riesgo...

Yo tengo las coordenadas y usted tiene el barco.

Ese no es el problema.

¿Nos conocemos de algo?

-Lo que te ha dicho la capitana es mentira.

-Le he dicho a mi madre que voy a dormir contigo.

Ahora no, Sandra, de verdad. Y mira lo que he encontrado.

Estaban escondidas en el cuarto de la limpieza.

Para luego.

He dicho que ahora no, Sandra. Ni vamos a beber juntos

ni a dormir juntos.

Por favor, vete a ayudar a tu madre con las maletas. ¿Vale?

Que sea la última vez que me tratas como a una niña.

¿Me oyes?

-Vamos.

Nos os van a llevar a tierra, ya hemos estado ahí.

Es una trampa.

En cuanto subáis al barco, os matarán.

No quiso bajar a tierra. Todo el mundo se rifaba

para salir en el primer bote, para pisar la playa,

y usted fue él único que prefirió quedarse en el barco.

¿Qué es lo que sabe, Gamboa?

Había seis barcos más.

Iguales al Estrella Polar.

De seis nacionalidades diferentes. Eso ya lo sé.

Todos formaban parte de un proyecto de supervivencia,

llamado el Proyecto Alejandría. Ya lo sé.

Hay un submarino. Ya lo sé, Gamboa.

Diga algo que no sepa.

Hay una lista de elegidos,

gente que tiene que llegar a tierra.

Las personas de ese hotel no lo eran.

Esa gente no llegará nunca a tierra.

Están muertos.

Ricardo.

Los chicos me han dicho que no hay nadie en el edificio.

¿Cómo es posible? ¿Qué ha pasado?

Aún no lo sabemos.

Están buscando pistas.

Todo apunta a que vino otro barco antes que nosotros.

No sé si serán buenas noticias o no.

Podrían ser buenas.

Ulises conoce perfectamente las coordenadas de tierra.

Es posible que les esté dirigiendo en la isla.

Eso es peor.

Pero ¿por qué no se pusieron en contacto con nosotros?

Enseguida subo a dar la noticia a los demás.

Ricardo, yo quería pedirte una cosa.

Es que resulta que hoy es el cumpleaños de Gamboa. ¿Vale?

Y Estela me ha pedido que le des este regalo como si fuera tuyo.

¿Cómo que si fura mío? Sí, es un detalle, una tontería.

Como le has nombrado primer oficial y, seguramente,

eres lo más parecido que tiene a un amigo en el barco.

No creo que sea momento para andar dando regalo ni cantando

cumpleaños feliz. Tú siempre has dicho que...

primero son las personas y después el resto, ¿no?

Acordarte del cumpleaños de alguien es una de las pocas cosas

personales que nos quedan aquí. Así que, hazlo por Gamboa.

Si no, hazlo por Estela.

Está bien.

Pero lo haré luego, cuando vuelvan los chicos del edificio, ¿vale?

Gracias.

-Y marcharse sin las maletas es raro.

Es como ir a jugar al fútbol y dejarte el balón en casa.

-A lo mejor pasó otro barco y no había sitio para tanta maleta.

Ya sabes que como te lleves más de lo necesario,

en los camarotes no te cabe nada en el armario.

-Ya, pero en esas maletas iban sus pijamas,

fotografías de la familia.

Son los únicos recuerdos que les quedan en el mundo.

Son como sus casas con ruedas.

Y eso no se abandona... nunca.

-¿Esta camiseta no era de Ulises?

-Está hecha un asco.

-Capitán, no hemos encontrado un montón de maletas

llenas de ropa en un pasillo de la planta 105.

También había una camiseta de Ulises tirada en el suelo, capitán.

Son malas noticias, Palomares.

Sigan buscando.

No pueden haberse ido sin dejar alguna pista de adónde.

Sí, sí que es.

-Hay una comunicación del rascacielos para Ainhoa.

¿Me recibís? Una chica quiere hablar con ella.

Aquí Ainhoa Montero contactando con el rascacielos.

¿Me recibe? -Hola.

Mira, voy a ir al grano.

Te he llamado para decirte que Ulises se ha olvidado de ti.

Perdona, pero es que no te entiendo. ¿Quién eres?

Eso a ti te da igual. Solo te llamaba

para que te quede claro que Ulises ya no quiere nada contigo.

Así que déjalo en paz. ¿Está claro?

Mira, no sé de qué va esto, ¿vale?

Pero me estoy empezando a preocupar un poco.

¿Le ha ocurrido algo a Ulises?

¿Hola? ¿Quién eres?

La chica que ahora le agarra de la mano.

La que le da besos todas las noches y duerme a su lado,

su novia.

Ah, por cierto, llevo puesta la camiseta gris, del león.

Sí, esa que le regalaste.

La visto de pijama. Dice que me queda supersexy.

Mira, me alegro mucho de que estéis juntos y que estéis bien,

de verdad, pero me gustaría hablar ahora mismo con Ulises.

¿Está por ahí? ¿Es que no te enteras, chavala?

¡Que le dejes en paz! Que no quiere hablar contigo,

que ya ni eres su novia ni eres nada.

Así que déjale en paz.

Ni le llames ni te acerques a él y ni le miras si te lo cruzas.

¿Sabes por qué? ¡Porque te arranco los ojos!

¿Está claro? ¿Oye?

Piensa, piensa, piensa.

-Ahí abajo no caben 179 personas.

-Una vez, Álex y yo nos escondimos dentro de una lavadora.

Que es más pequeña y da vueltas.

-Vaya dos.

-Mira, Palomares.

¿Qué hace aquí una foto del barco ruso?

-Eso igual es de Ulises.

Debió de hacerla cuando lo encontramos.

-No puede ser, esta foto no se ha hecho desde el Estrella,

porque nunca estuvimos de cara a su estribor.

-¿Qué pasa, Burbuja?

-Yo, yo conozco esta...

esta letra. Es de Marimar.

-¿Quién es Marimar?

-Era mi novia antes... de la burbuja.

-Es una coincidencia, Burbuja. -¡Que no, que es de Marimar!

Mira el rabito del número uno.

Ella siempre lo ponía. -Sí.

-Y torcía la letra.

Y nunca ponía el puntito en la I,

porque decía que ya se entendía.

Es de Marimar.

Sí, sí.

Estaba, estaba aquí.

Nadie en ese barco tiene intensión de llevaros a tierra.

Pues la capitana dice lo contrario.

No sé, ¿a quién tengo que creer de las dos?

A quien quieras, pero primero ve esto y luego decide.

No sois el primer grupo que encontramos.

Hemos parado más veces a recoger a más gente.

Y muy pocos han sobrevivido.

¿Y tú quién eres? Yo no soy nadie,

solo un tripulante más. Entré de rebote en Étoile du Nord.

Mi novio consiguió enrolarme antes de que zarpase

y gracias a eso estoy viva.

Mi novio formaba parte de todo esto,

sea lo que sea.

Nadie puede subir a ese barco.

Nadie.

Pero primero tengo que ir a llamar al Estrella Polar para que vengan

a por nosotros cagando leche.

¿Viajabas en el Estrella Polar?

Sí. ¿Lo conoces?

Yo no, pero mi novio viaja en el Estrella Polar.

¿Cómo se llama tu novio? Roberto.

Es doctor en Física Aplicada.

¿Lo conoces?

Claro.

¿Y está contigo en el barco? ¿Está bien?

¿Está vivo?

Sí, sí, está vivo.

¡Ay, qué bien!

Gracias.

Tenías razón, Piti.

¿Qué? Que el váter es importante, ¿no? Ya te lo dije, Ainhoa.

Hay cuatro cositas que nos recuerdan a casa.

Y el váter es una de ellas.

Hace unas semanas me enteré de que Ulises me estaba mintiendo.

Conocía a Dulce.

Y sabía del proyecto Alejandría.

Por eso no me pongo cuando llama ni hablo con él ni nada de nada.

Ahora entiendo por qué hace unos días que no te ríes.

Y cuando me tumbo en la tienda y se queda todo en silencio,

me doy cuenta de que dentro de unos días Ulises

pisará esta isla y, entonces, ¿qué? Entonces, ¿qué?

Pues entonces va a tener que hacer caca con el culo en pompa, Ainhoa,

porque no le vamos a dejar el váter hasta que nos cuente la verdad.

Y cualquier cosa que necesites, aquí estoy, Ainhoa.

¿Vale? No me gusta nada verte así.

Siéntate, anda, que lo está deseando.

Venga, que lo he limpiado bien.

Solo nos falta encontrar papel higiénico.

Vamos.

Va, va.

Venga, venga.

Vamos.

¡Mierda, coño!

Cabrona.

Ahí, ahí.

¡Dios!

¡Ah! No.

¡Palomares!

Burbuja.

¡Chicos!

-¿Va todo bien?

-No, no va bien.

Porque el loro hablaba de Marimar.

Y esta es su letra.

Entonces quiere decir que Marimar está viva,

que ha estado aquí.

-A ver, ¿entonces por qué pones esa cara?

Que esté viva es un milagro, Burbuja.

Deberías estar dando saltos de alegría.

Estás a esto de volver a verla.

-Ya, pero cuando me vea

también verá la burbuja.

Y pensará que ahora soy un tonto.

Que habla lento, que se le caen las letras

y que no se acuerda de cosas. -Eso no es verdad.

Tú no hablas lento, tú hablas con el corazón.

¿Dejarías tú de quererla si fuera ella la de la burbuja?

-No, no.

-Marimar no verá a ningún tonto, verás lo que eres,

un hombre que sobrevivió a un naufragio y se olvidó de todo

menos de ella.

Eso se lo que va a ver.

Ven aquí.

Oh. La han roto.

La han roto, si querían apagarla solo tenían que darle al botón,

que está aquí y es grande. -Por eso se cortó la comunicación.

-Igual lo hicieron a posta para que nadie más

pudiera hablar por ella.

-O porque no querían que nadie pidiese ayuda.

A ver, alguien llegó y les engañó.

Les debieron decir que hicieran las maletas para ir a tierra.

Era mentira.

Como a los judíos camino del crematorio.

Capitán, estamos en al sala de radio.

Alguien ha destrozado el sistema de un disparo.

¿Un disparo, estás seguro?

Sí, capitán, el casquillo está en el suelo.

-Y alguien ha peleado aquí.

Es... Es sangre.

La sangre seca tiene ese color.

Yo lo sé porque lo he visto muchas veces en la cocina con Salo.

-Capitán, hay sangre.

Palomares, volved al barco.

Salid inmediatamente, zarpamos.

A sus órdenes, capitán.

Vamos.

-Sé que me vas a dejar sola. Sandra.

Me vas a abandonar.

¿Crees que puedes jugar conmigo

y luego recogerme en el cajón de las muñecas?

No, no tengo intención de jugar contigo, Sandra.

No me engañes, no soy idiota.

Te he escuchado hablar con la guarra esa,

sé que no vais a subir al barco.

Tú y yo tenemos que estar juntos.

Yo te quiero, y no me puedes dejar.

No te voy a dejar.

Porque nadie va a subir a ese barco, y tú tampoco.

Y ahora, por favor, déjame, que tengo que hablar con el Estrella.

Ya lo he hecho yo. ¿Cómo?

He hablado con el Estrella, y con Ainhoa.

Le he dicho que me quieres,

que estamos juntos y que se olvide de ti.

A ver, Sandra, escúchame.

A tu edad se quiere de una forma... extraña.

Cuando yo tenía 14 años también se me iba la pinza como a ti.

Creía que no había nada más importante que lo que sentía.

Pero ahora necesito que te vayas con tu madre,

ten encierres en el cuarto y no salgáis, pase lo que pase.

¿Por qué quieres volver con ella?

¿Por qué sigues enamorado de una persona

que no te quiere como yo?

Porque de los mil amores que tendrás en la vida

solo hay uno bueno

que te marca y que se te queda clavado tan fuerte, tan fuerte,

que no hay manera de sacarlo.

Y eso es Ainhoa para mí.

Y el tuyo, pues también llegará.

Pero no soy yo, créeme.

Sandra...

El mío eres tú.

Y me lo has arrancado.

Están bajando a la bodega todo lo que han podido rescatar.

No hemos encontrado nada más.

Alguien disparó en la radio del edificio,

por eso se cortó la comunicación.

No hemos encontrado nada que nos pueda decir qué pasó.

¿Alguna pista sobre dónde pueda estar Ulises?

Sabemos que un barco llegó antes que nosotros.

Un barco francés.

Sí, pero ¿por qué no llamaron desde la radio del barco

o dejaron una nota en el edificio, algo?

No lo sé, Palomares, no tengo respuestas.

Pero hasta que no encontremos algo que nos diga lo contrario,

toda la gente del edificio,

Ulises, están vivos.

Y muy probablemente, rumbo a tierra.

Sí, pero si van a tierra

hemos tenido que cruzarnos con ellos, ¿no?

No necesariamente.

El mar no es una autopista de peaje con dos carriles y arcén.

Puede que mientras estemos hablando estén atracando en tierra.

O tirando la toalla en la playa.

Julia, ¿te dice algo esto?

Sí.

Es la insignia del Étoile du Nord,

uno de los barcos del Proyecto Alejandría.

Un barco en el que jamás cabrían 200 personas.

Entonces, esto empieza a tener sentido.

Estrella Polar, ¿alguien me recibe?

Ulises... Ulises, repite, por favor.

No se entiende nada, se escucha muy mal. Repite.

Capitán, capitán, ¿me oye?

¿Ulises? ¿Capitán?

Ulises, te pierdo. Cambio.

¿Me oye?

Ulises, no entiendo nada de lo que dices. ¿Qué está pasando, Ulises?

¡Mierda!

Capitán.

¿Me oye?

Tienen que volver cuanto antes, ha llegado un barco.

No sé de qué va esto.

¿Vale? Pero no son buena gente, quieren las coordenadas de tierra.

Creo que...

Creo que quieren matarnos, capitán.

¿Me recibe?

¿Capitán?

Si me está escuchando,

Si puede oírme, por favor...

Por favor, dígale...

Dígale a Ainhoa...

Espero que te hayas despedido ya de tus amigos.

Porque zarpamos inmediatamente. No, no vais a ir a ninguna parte.

Sé quiénes sois y sé lo que le pasa a las tripulaciones

que se cruzan con vosotros.

Tú no sabes nada.

Sé lo que es el Proyecto Alejandría,

he estado en uno de esos barcos.

No tiene por qué ser así.

Hay mil maneras de empezar de nuevo el mundo, ¿vale?

¡Me dijiste que no le harías daño!

-No te preocupes, no le va a pasar nada.

Ulises es un elegido.

-Lo siento.

Yo... Yo solo quería que no me dejaras sola.

Te quiero.

Tranquila, preciosa.

Todo va a salir bien, ¿vale?

En marcha.

-Mi mamá decía que si le cantas a las plantas, crecen más rápido.

¿A que sí, abuelo? -Sí, claro, sí.

Pero primero la planta tiene que crecer, y no es tan fácil.

El chocolate es muy delicado para cuidar; y más aquí, en un barco.

-Ya, pero nosotros lo vamos a cuidar muy bien.

Le echas azúcar al agua para que se haga más dulce.

-¿Y si le ponemos leche?

A mí me gusta más el chocolate con leche.

-La planta necesita aire, luz.

Y abono para la tierra.

Y aquí está lleno de salitre.

Las sal es muy mala para las plantas, muy mala.

-¡Está creciendo! ¡Abuelo, está creciendo, mira!

-¡Es verdad, está creciendo una chocolatina!

No la toques, que dice tu abuelo que se rompe.

-¿Le cantamos?

-Podemos traer mi radio, tiene una música muy chuli.

-¿Qué...?

-¿De verdad cree que eso es mentir a un niño?

Para ellos es verdad, están creciendo chocolatinas.

Aunque se haya hundido el mundo, no tiene que desaparecer la magia.

¿Qué tiene aquí?

Ya no queda nadie en el edificio.

Y no significa nada más que eso.

Pero les juro que vamos a encontrarlos.

Así que, volved a vuestros puestos.

Zarpamos rumbo tierra.

No quiero volver a ver ese edificio en lo que me quede de vida.

Ahora que están los chicos, vamos a levantarles el ánimo.

¿Tienes aquí el regalo de Gamboa? Sí, bueno, pero...

Pues venga, por favor.

Chicos. Chicos, un momento, por favor.

El capitán tiene algo importante que deciros.

Sí. Bueno, verán, resulta que hoy

es el cumpleaños de Gamboa.

Ah... Espera.

-¿Estás bien?

¿Te pasa algo? -No, no, está bien.

-Ricardo, ¿me recibes? Cambio.

¿Ricardo? ¿Ricardo?

Mierda de arena.

-De la Cuadra, la vaca ha vuelto.

Creo que debería ver esto.

-Palmeras.

Palmeras, matojos...

Una piedra, más palmeras.

¿Qué se supone que tengo que ver? -Un momento.

-Coño, que no, que una vaca es para lo que es,

para dar leche y chuletones, no para hacer de espía, copón.

-¿Y el chinorris este cuándo va a aprender

dos palabritas en castellano? Por las noches en el saco

ya le podrías dar unas clases particulares.

-¡Mira, ahí! ¿Ves?

Bueno, así que, en mi nombre,

bueno, y creo que en el del resto de la tripulación,

muchas felicidades, Gamboa.

"Cumpleaños feliz..."

"Cumpleaños feliz.

Te deseamos todos.

Cumpleaños feliz."

-Gracias, capitán.

No tenía por qué molestarse.

Sí, bueno...

Es una...

Que baila.

Ya veo.

"Ricardo, soy Julián. ¿Me recibes? Cambio."

Te escucho, Julián. ¿Todo bien?

Depende de cómo se mire.

En esta isla hay gente, están armados.

Y creo que hemos encontrado su casa.

No puede ser. ¡Es un iceberg!

¿Qué es esta línea?

Vamos a entrar en el hielo. ¡Cuidado, capitán!

Capitán, vire, o nos chocaremos contra esa pared de hielo. ¡Vamos!

Si te quieres ir, vete. Pero si te quedas, colabora.

Eso no es un iceberg, es un barco. Y viene a por nosotros.

¿Estás enfadado conmigo?

-En menos de tres horas el submarino nos dará alcance.

Y si no les entregamos los papeles que había en la carpeta roja,

nos matarán a todos.

Los tenemos encima.

Espera.

Submarino a tres millas.

3 grados a estribor.

-¡Es un perro salvaje!

-¡Vire a babor! ¡Vamos!

¡Capitán, un iceberg enorme nos corta el paso por proa!

Eso no es un iceberg.

Es gigantesco.

Es un puñetero muro de hielo.

Cuando nos vea el submarino, el abordaje será inminente.

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