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¿Por qué nosotros? ¿Por qué coño estamos vivos?
-Somos elegidos. Casi todos. -Yo entré en este barco de rebote.
Yo no pedí la beca. -Yo tampoco.
-Yo tampoco la pedí. -Ni yo.
-Ni yo. -Joder, entonces,
¿por qué leches estamos aquí? Hay alguien en este barco
a quien sí le podemos preguntar. -Julia Wilson.
-Entonces, Julia subió al barco sabiéndolo todo.
No sabemos quién es Julia ni si nos está mintiendo o no.
Si existe alguna pista, tiene que estar aquí.
Algún secreto sobre por qué estamos aquí y para qué.
-Tú te llevaste algo que era mío.
Una carpeta roja. ¿Recuerdas?
-No, no me acuerdo.
Son fotos de aquí del hotel, es Estela, mira.
-¿Tú has estado aquí antes?
¿Por qué mientes?
¿Por qué no has dicho nada? -Maxi ha contado
que estuvo atrapado en la 99, ¿verdad?
-Sí. -Es un cuento chino.
Ya mentía. -Estas son las coordenadas
de la tierra. Para asegurarnos de que va a regresar aquí
a por mis compañeros, su hija se quedará en el edificio.
Cambio de planes, Ainhoa zarpará en el Estrella
rumbo a tierra y yo voy esperar a que vengáis a por nosotros.
¿Quiere casarse conmigo? Sí quiero casarme contigo.
Vivan los novios!
-"Nihao", no entiende nada, capitán.
-Ro... -Rojo.
-Rojo. -Muy bien.
-Me pareces preciosa.
Está grabando, ¿me ves? Sí.
-Si hay una mínima posibilidad de que siga viva,
esa cámara lo encontrará.
-¡Tierra!
¡Tierra a la vista!
-Yo ya tengo una misión en esta isla; evitar que os maten.
¿Qué peligro hay en esta isla? No somos los primeros en llegar.
Otra colecta del proyecto llegó antes que nosotros.
Ahora esta isla es una ratonera.
¿Qué pasa? ¿Qué es esa mierda? La mochila de Max.
Max ha desaparecido.
¿Ulises? Capitán, ¿me oyes?
Ulises, te pierdo, cambio. ¿Qué está pasando?
Tienes que volver cuanto antes, hay otro barco.
Creo que van a matarnos, capitán.
¿Ulises?
Ulises, ¿me recibes? Cambio. Zarpamos en 15 minutos
rumbo al edificio.
En los libros pasará lo que quieras pero no me creo que si frotas
los palitos, salga fuego. Es que estoy harta,
vete a por el mechero, por favor. Es imposible.
Eh, déjate de mecheros. Es el único mechero que tenemos
para muchísimo tiempo. Si queréis comer caliente,
a practicar como todo el mundo.
¿Y tú con Cho? ¿Estáis o no estáis?
Pues depende a lo que llames estar,
porque si llamas estar a dar paseítos agarrados de la mano
y a que te dé las gracias
inclinando la cabeza,
pues sí, estamos.
Pero, vamos, que por lo demás... A pan y agua.
Pero, a ver, pan y agua... ¿Nada de nada?
No, ¿pero ni un mísero beso? O sea, ni manitas
por dentro del saco o besitos... No, para que me entiendas,
lo más erótico que hemos hecho ha sido lavarnos los dientes.
Y cada uno con su cepillo. Es que no hay derecho,
qué desperdicio. -Vilma, cariño, no seas tan dura.
Rescatado de un barco, viviendo con desconocidos
y ni papa de español. -No, aquí hay un idioma
que entiende todo el mundo, universal. El de las miradas,
las caricias y los besos. Y aquí miradas muchas,
pero besos ni uno. ¿Y a qué esperas? O sea, a ver,
el chaval tampoco es muy espabilado que digamos,
¿pero tú? Es que como te quedes ahí como una princesita esperando...
Bésale tú, lánzate tú.
¿Por qué no te pones un poquito de mermelada?
Está mucho más bueno, ¿eh? Es que no me gusta la mermelada.
Te voy a traer un poquito de agua porque es que si no,
no te entiendo lo que dices con la boca llena.
Valeria, cariño. Te he dicho millones de veces
que no se desayuna en la cama, que se llena todo de migas.
Mira cómo lo has puesto. ¿Cuántas veces lo tengo que decir?
Solo una, pero es que resulta que a nosotras nos gustan las migas
pero no sabíamos que a nuestro señor capitán
no le gustaban. ¿Y tú sabes por qué no le gustan
las migas al capitán? No, ¿por qué?
Pues porque le hacen cosquillas.
No, si es que no... Me da mucha rabia
encontrarme miguitas. A sus órdenes, señor capitán.
Pero ya que nos ha caído una bronca por dos miguitas
de nada, yo creo que ahora lo mejor que podríamos hacer,
así en un momento, improvisando, es llenarlo todo de migas.
Incluso tú, te voy a llenar... No, a mí no, a mí no.
A lo mejor se ha enfadado.
Chon, muchas gracias. "Thank you".
-¿Lo veis? -Tira, tira detrás de él.
Es ahora cuando tienes que ir. Ve por él.
-Chon, espera. Chon.
Que...
Que muchas gracias
por el pescado.
Mal, mal, mal, mal.
¿Lo veis? ¿Vosotras lo veis? -Sí, sí.
-¿A quién le das un beso en la frente?
A tu hermana, a tu abuela, a tu bisabuela, a tu nieta.
Pero un tío al que le gustas te echa la mano al culo
y se te pega como si no hubiese un mañana.
¿Qué tengo que hacer? A ver, ¿qué? ¿Atarle a la cama?
-¿A qué cama? No tenemos cama. No, pero a una palmera.
Mira, eso es una buena opción.
Una bengala.
Max está en peligro.
¿Redecorando la enfermería?
¿Tanto se aburre, padre? -El capitán ordenó
que se apuntalasen los armarios. El oleaje se va moviendo
y se van a acabar cayendo. -Si quiere, yo le ayudo.
¿Le conté que yo trabajé en una carpintería dos años?
Como San José.
Vamos, padre, estoy tratando de destensar la situación
entre los dos. Estamos en el mismo equipo.
-Tú y yo jamás seremos del mismo equipo.
Nunca estaré en el lado de un asesino.
-Eso es lo que tú crees ahora, pero mañana vamos a llegar
al edificio y yo seré lo más parecido a un amigo
que puedas encontrar.
-¿Qué es eso?
-Parece...
Sangre.
-Es la de Madagascar.
Gracias por ayudarme, chicos.
Oceanía.
Ser el capitán del Estrella Polar durante ocho años
me vale para esto. Para almacenar mapas
y cartas de navegación que ya no valen para nada.
Seguro que servirán para algo, capitán.
-Cubierta.
-Creo que le he roto el cable de la corriente, señor.
Ese no es un cable de corriente, de hecho, ahí no debería de haber
ningún cable. Es verdad, está prohibido cablear
por los baos
y tenerlos al aire.
Está prohibido.
A ver hasta dónde llega eso. Tenga, mi capitán.
A ver, tira esta...
Hay una pequeña cámara web, y está emitiendo, capitán.
Alguien le está vigilando, señor.
-Es sangre humana. -Eso es imposible.
-¿Quiere probarla? Porque esto no es sirope de fresa.
No es la primera vez que un polizón se cuela
entre las cuadernas de un barco.
-Es Cristóbal.
-Así que igual ha matado a alguien, padre.
-¿Hola?
Hola, ¿hay alguien ahí? ¿Me puedes oír? Hola.
-Alguien le está vigilando paseando en calzoncillos
por su camarote, capitán. Y en pijama y en pelota picada.
Y con Julia. -Vale, vale.
Es fácil averiguar quién es el responsable
de todo esto. Simplemente hay que seguir la conexión
hasta el terminal y ya está.
Vamos a tirar del cable. Usted y yo sabemos
en qué camarote va a acabar el cable.
¿Y quién ha colocado la cámara? Gamboa.
Si eso es cierto, ya es seguro que se va a arrepentir.
Hola, hola.
-¿Qué hay detrás de la pared? -En teoría, nada.
Un doble fondo que aísla la enfermería.
Es extraño.
Esta pared está demasiado fría.
-¿Qué?
-Aquí hay algo.
Vamos a ver.
Vamos a ver a quién ha atravesado, padre.
Es verdad, sale frío.
-Alguien ha instalado aquí un frigorífico casero.
La pregunta es; ¿para guardar qué?
¿Listo?
-Es un banco de sangre.
Perdona el atrevimiento, pero siempre que me cruzo contigo
en este pasillo me pregunto: ¿Qué hace una chica
tan guapa como tú siempre tan seria?
Con lo bonito que sería verte sonreír a todas horas.
-¿Ha hecho esto solo para que sonría?
-Bueno, y para pedirte un favor. Quería una cita.
No, no, conmigo no, ¿eh?
Ya no estoy en edad. Es para mi nieto,
se muere por hablar contigo. Pero es muy tímido.
Y no sabe cómo abordarte.
Y aquí estoy yo.
¿Qué es lo que no haría un abuelo por su nieto, a ver?
-Pues muy bien. Dígale a su nieto que me espere en el club, ¿vale?
-Muchas gracias.
-Por cierto,
que también hubiese aceptado la cita con el abuelo.
Las bengalas se lanzan para marcar posiciones
y pedir auxilio. Max lleva más de una semana
ahí dentro, ¿y si le ha pasado algo?
Tenemos que ir. Ni de coña vamos a ir.
Aquí hay dos embarazadas y tengo 15 niñatos a mi cargo,
entre ellos tú. Así que no nos vamos a meter
en esa selva y mucho menos para ir a buscar a uno
que se marchó por su cuenta y riesgo.
Te recuerdo que Max le salvó la vida a mi padre
y a Julia y también nos dio las coordenadas de esta isla.
Si no fuera por él, hoy no estaríamos aquí.
Nadie se olvida, cariño. Pero es muy peligroso,
tienes que entenderlo.
Él no se marchó porque sí.
Antes de irse me dijo que se iba para protegernos.
A todos. ¿Protegernos de qué?
¿Tú por qué coño no me has contado esto?
Que soy el maldito capitán, coño. Ya lo sé,
pero no me contó nada más.
Si ninguno queréis ir a buscarle, ya voy yo sola.
Ainhoa. -Yo voy con ella.
A ver, me la pela estar embarazada. No pienso quedarme aquí
mientras Max está en peligro. -Vamos a ver, chicas.
¿Y si no está pidiendo ayuda? A lo mejor se le ha disparado
sin querer, a mí se me disparó la pistola y fue sin querer.
Piti, si fueras tú el que se hubiera perdido
en mitad de la selva, ninguno de nosotros pararía
hasta encontrarte y saber que estás bien.
Está bien, copón.
Pero ni en broma vais a ir solas. Cho, Piti, os vais con ellas.
-Le agradezco que tenga confianza en mí,
pero a lo mejor soy más útil aquí. Con las tiendas, la intendencia,
vamos. -Ainhoa, nadie va a entrar
en esa selva más allá de donde podáis ver la playa.
Ni vais a ir más lejos de donde cayó la bengala.
Y a la mínima señal de peligro, os volvéis cagando leches,
¿estamos? Estamos.
Vamos.
Gracias.
No le digas nada a mi padre.
Ya sabes cómo es y es capaz de venirse a nado
a salvar a su hija y no...
Ainhoa.
Llevaros la pistola.
No sabemos quién puede haber ahí dentro y yo no sé si Max
quería protegernos, pero lo que la bengala dice,
es que no supo protegerse a sí mismo.
-Usted y Gamboa ahora son amigos.
Y los amigos no se espían.
Los amigos juegan al ajedrez
o beben Coca-cola
o vuelan la cometa, pero no se espían.
-Esto va directo al camarote de Gamboa, capitán.
Pasa de largo, no es Gamboa.
Y si no es Gamboa, ¿quién es?
Ricardo, ¿tienes un minuto? ¿Ahora?
Sí. Sí, claro. Continuad,
a ver si encontráis el final de... Venga, ahora seguid.
Buenos días. Buenos días.
Dime, cariño. Nada, que quería decirte
que antes estábamos de broma. Estábamos jugando.
¿No te habrás enfadado por lo de las migas en la cama?
No pasa nada.
Lo que sí que...
En mi familia hay unas normas y deberíamos...
¿En tu familia? No, perdona.
Es que pensaba que también era mi familia.
Que sí, cariño. Que es tu familia, es tu casa,
tu camarote, es tu todo. Pero quiero decir
que tenemos que estar de acuerdo para no andar, a Valeria,
que tiene seis años, cambiándole las normas
cada cinco minutos. Vale.
Y otra cosilla que te quería decir. Procura, si no te importa,
por el camarote no ir andando en ropa interior.
Bueno, a ver si he entendido bien. Lo que me estás diciendo
es que por el camarote tengo que andar en burka.
No. Sí, sí, y que nada de migas
con la niña porque entonces la malcrío, ¿no?
Pero entonces, lo de dejar los calcetines por el suelo
del baño, por ejemplo, eso es buena educación.
No, te lo digo porque si eso es así
a lo mejor yo también puedo dejar mis medias,
las bragas por el suelo, ¿no? Igual que hace papá.
Habló la que piensa que la ducha es un tendedero
de lencería fina. Me alegro de que te hayas fijado
en eso porque esta noche la única lencería que vas a ver
es la tuya. En cualquiera de las camas libres
que hay en el barco. Y va a ser una cama, bonita,
preciosa y sin migas. O sea, que me vas a echar
del camarote. No, te marchas tú.
No entiendo nada.
Mi camarote.
El cable llega hasta mi camarote.
Entonces, soy yo quien vigila al capitán.
-Vilma, Ainhoa, Piti.
Ramiro, Ulises.
Aquí hay sangre de todos nosotros. -Parece que no solo contaba
vuestro expediente académico para acceder a la beca.
-La sangre tiene una fecha de caducidad.
No se puede guardar aquí eternamente.
Yo no recuerdo haber donado sangre.
-No recuerdan haber solicitado la beca, no recuerdas una aguja
y un pinchazo. ¿Recuerdas cómo entraste aquí?
-¿Y tú lo recuerdas?
Aquí también hay una bolsa con tu sangre.
Ahora sí estamos en el mismo equipo.
Voy a decírselo al capitán, tiene que enterarse de esto.
-No, primero preguntémosle a quien tiene las respuestas,
a la doctora Wilson. Después vamos al capitán.
Te recuerdo que están casados.
Ya vengo.
-Burbuja, acércame tu portátil.
-El capitán se va a enfadar conmigo cuando se lo digamos.
-No, no se va a enfadar, ¿sabes por qué?
Porque el capitán confía en ti.
-Tengo una burbuja pero no soy tonto,
¿tú no te enfadarías con un amigo que te espía?
Yo creo
que antes de la burbuja
hacía cosas que no estaban bien.
Espiaba al capitán.
Pero no me acuerdo.
Hay cosas...
que no me acuerdo.
-Burbuja, tranquilo.
Burbuja.
Que no recuerdas está claro, pero lo que importa ahora
es saber por qué lo hacías. Tranquilo.
-Déjate la pajarita tranquila. La vas a terminar de torcer.
Estás muy guapo, ¿eh?
Tranquilo, va a salir todo muy bien.
Estás hecho un galán.
Sales a tu abuelo.
-¿Qué hago cuando llegue? ¿Qué le digo?
-Dile que está muy guapa, invítala a un refresco.
Háblale de sus zapatos. -¿De sus zapatos?
¿Qué le pasa a sus zapatos? -No le pasa nada.
Pero a ella le gusta que los chicos sean observadores.
Que se preocupen por los detalles. Se pasa mucho tiempo arreglándose
para que después no nos demos cuenta de nada.
Venga.
-Hola, Ratón.
-Ya está, ya está. -Qué guapo estás.
-Gracias.
Tú también estás muy guapa.
Llevas unos zapatos muy...
Romanos.
-Muchas gracias.
¿No me vas a invitar a bailar?
-¿Qué pasa, Ratón? ¿Pero no querías bailar
con Estela?
Tienes vergüenza.
¿Quieres que baile yo primero para que veas cómo se hace?
Muy bien, ojo.
Se te da muy bien, hay muy pocas chicas de tu edad
que bailen con tanta elegancia.
-Por el trabajo de mi padre teníamos que asistir
a varios compromisos. Recepciones, fiestas en embajadas.
Así que los bailes de salón eran prácticamente una asignatura.
-Tu padre debía ser un hombre importante.
Ahora entiendo por qué en la foto del hotel
aparece siempre bien trajeado.
Y muy serio.
Los hombres importantes siempre están serios.
Lo que nunca imaginé, es que Alexander, tu padre,
se quedaría calvo antes que yo.
-¿Conoces a mi padre?
No, gracias.
-¿Por qué vamos a buscar a Max? Ya te lo digo yo,
¿quieres que te lo diga yo? Porque hay algo en ese tío
que te gusta, Ainhoa. Vamos a buscar a Max
porque ha lanzado una bengala de auxilio.
Espera un momento, Ainhoa. ¿Qué?
Se te ha caído el móvil. A ver, vamos a echarle un vistazo.
Un móvil dice mucho de su dueño. A ver, últimas llamadas de Ainhoa.
Aquí está, hostia, lo que me temía. Max, Max, Max, Max.
Espera, que vamos a ver los mensajes, ya que estamos.
Aquí. "Gracias por salvar a mi papá, Max.
Si necesitas una amiga, aquí estoy, Max.
Me encantan tus ojos azules, Max. ¿Dónde estás? Te echo de menos".
Ya está, ya está, Piti. Ya está, se acabó.
Ya no hay cobertura, hala.
Vamos a ver, Ainhoa, que yo lo que te quiero decir
es que ese brillo en los ojos ya te lo he visto antes.
Cuando conociste a Ulises. Y que no pasa nada,
que no tienes por qué sentirte culpable.
Que estar enamorado es estar vivo, Ainhoa.
-Oye, voy a mear, ahora os alcanzo. -Vale.
-No necesito una niñera para ir al baño, se mear sola.
Luego me das un besito en la frente, ¿vale?
"I'm free".
Es la cámara que lanzamos al mar. Perfecto.
Tiene batería.
Una cámara, Julián, una cámara.
Que en mi camarote hemos tenido reuniones importantes
y conversaciones privadas. En ese camarote duerme mi hija
y un desgraciado lo ha estado espiando todo
con una cámara. Joder, ¿se lo has dicho a Julia?
No. No quiero preocuparla hasta que no sepa quién es.
Bueno, o hasta que me vuelva a dejar entrar en el camarote.
Un momento, ¿cómo que dejar entrar? ¿Te ha echado del camarote?
Hombre, me ha echado... Me he ido yo.
Bueno, más o menos. Me imagino que será cosa
de la convivencia, pero no sé. Todavía me siento de paso
en su camarote. Pues como cuando tienes un novio
y te vas a vivir con él y no sabes dónde dejar
tus cosas en la casa. Déjame, que no quiero hablar
de esto. ¿Cómo que no quieres hablar
de eso? Te acabas de casar y a los dos días,
tu señora te da la patada y te largas del camarote.
¿A santo de qué? A santo de que es mi mujer.
Mi mujer ni leches. La doctora acaba de llegar
a tu familia, ¿no? No sé, supongo que será cuestión
de adaptarse. Tendrá que adaptarse y punto.
-Que se adapte él, después del "sí, quiero",
tú te convertiste en un miembro en pleno derecho en esa familia
y en ese camarote. No, Ricardo tiene razón.
La niña tiene unas normas y no puedo llegar yo de repente
y cambiarle paso. De cambiarle el paso nada,
que Ricardo tiene sus normas, perfecto, pero es que las tuyas
también cuentan. -Tú esta noche te presentas allí
como si nada. A lo chulo, no te arrugues, joder.
Tú duermes en tu cama, en tu camarote.
Que para eso eres el capitán. -Hoy Ricardo duerme en el sofá
y punto, ya verás como recapacita y se disculpa.
Tú, mientras tanto, desayunas en tu cama,
te paseas desnuda por el camarote y lo que te venga en gana.
Faltaría más. -Si no le gusta, ahí está la puerta
y que se vaya con sus probetas. Y no tengo más que añadir.
Corto y cambio. -Te mando un beso.
Cambio y corto. -Qué bonito, ¿eh?
Su primera discusión.
-Si no estás espiando al capitán, ¿para qué colocaste la cámara?
-No lo sé, no me acuerdo.
Por eso hay que decírselo al capitán.
Él a lo mejor se acuerda.
Eras un voyeur.
-No, yo era profesor de física.
¿Se puede saber qué significa esto, Ramiro?
Que era yo quien le vigilaba, capitán, pero no me acuerdo.
Ha sido sin querer, se lo prometo.
Yo le he fallado.
Tranquilo, Burbuja.
No pasa nada.
Sí, yo le he fallado.
Burbuja, escucha, no me has fallado.
Mírame.
No... Esa cámara no significa nada.
Que no me has fallado. Que sí que lo he hecho
porque he puesto cámaras y cables.
Pero de eso hace mucho tiempo. Escucha, ¿sabes lo que haremos?
Primero te vas a calmar.
Luego quitamos la cámara. La quitáis, que ya no vale
para nada, ¿de acuerdo? Y luego nos vamos a sentar,
nos vamos a tomar un vasito de leche.
Y nos vamos a olvidar de todo. ¿Estamos, Burbuja? ¿De acuerdo?
¿Sí? Venga. Nos olvidamos de todo.
Vale.
-Su nieto es todo un galán. Voy a tener que estar atento
para que no me robe la novia. -Es lo que tienen los niños,
su único plan en la vida es jugar y pasárselo bien.
Como los ancianos, si a ese plan le añadimos
no romperse la cadera al salir del baño.
-¿Y en ese plan también está incluido
hacerle tantas preguntas a Estela?
-Es que me gusta conocer a la gente con la que convivo.
Por eso hago preguntas. Ahora, si le he ofendido
compartiendo con su novia un rato divertido,
le ruego que me disculpe. Como usted y yo sabemos,
cuando lleguemos al edificio, se acabaron las risas.
-Mira, abuelo, les he escrito diez veces y todas con B.
-Pero qué bien, Ratón. Anda,
un tiburón.
Fíjese, fíjese.
¿Tú sabes cómo se pesca un tiburón? -Los tiburones no se pueden pescar,
son muy peligrosos. -Es verdad, pero se pueden pescar.
Se les puede pescar. Mira, cuando el animal
muerde el sedal y cree que ya tiene la carnada,
hay que dar un tiro bien fuerte para que se clave el anzuelo.
Ahí el tiburón se da cuenta de que tiene un enemigo.
Entonces es una lucha feroz. Una lucha donde el pescador
no tiene que rendirse. Es una pelea que puede durar horas,
hasta días. Pero, al final, el tiburón se cansa.
Pierde fuerza, se rinde
y muere.
-O hasta que el pescador se agota y es arrastrado
al fondo del mar. A veces el tiburón gana.
-Ya...
Coge por acá, vámonos.
-Bueno, pues ya están tensados los vientos. Oye, tía,
¿estos dos no están tardando demasiado?
Piti, estos dos tienen que decidir
a ver si son novios,
o si son amigos o nada.
Y esas cosas llevan su tiempo. Ya.
Ya vendrán.
Vamos a ver qué hay aquí, ¿vale?
Ahora. Mira, mira, mira.
Coño, que en esta isla hay gente.
No, no, ahora no. Joder.
Solo tenemos unos pies.
No, mira, el contador sigue corriendo.
La cámara sigue grabando aunque no haya imagen.
Espera.
¿Qué es eso? Se oyen unos pasos.
Cogieron la cámara y se la llevaron, ¿pero adónde?
Cho, vete, déjame sola, por favor.
"Get out, please".
-Viene.
-Cho, vamos a dejarlo, ¿vale?
Me equivoqué, creí que había algo entre nosotros y te besé,
lo siento. "I'm sorry", soy idiota.
"Please, go".
-Es que no te entiendo, Cho.
Es igual, no lo intentes. Bastante ridícula me siento ya
por intentar besarte.
"Please", déjame sola.
Por favor.
"Go".
¡Vilma!
Hay un cepo, cuidado.
Es lo que pasa, doctora. Resulta que las paredes
de este barco sangran.
-¿De qué va todo esto, Julia?
Nos ha mentido desde el primer minuto
que pisó este barco. ¿Por qué tiene nuestra sangre
aquí escondida? Para que sigáis viviendo.
Ya vale, Julia, el curita y sus amigos saben todo.
Las becas, los elegidos.
-¿Qué tiene que ver la sangre con el proyecto Alejandría?
Este barco, al igual que el resto, está preparado para autosubsistir.
Si tuviéramos que hacer una operación
o hacer una transfusión, ¿qué sangre utilizaríamos?
Ah, que guardan nuestra sangre por si nos tienen que operar.
Es eso. Es más que eso.
Teníamos que asegurar la supervivencia de los elegidos
fuera como fuera.
Por lo que uno de los criterios fundamentales
para estar en este barco era la compatibilidad genética.
A ver, a ver, que es que no... Lo siento, doctora,
pero es que no me estoy enterando. ¿Qué quiere decir?
Que somos una especie de clones, ¿o cómo?
No... No, lo que está diciendo
es que, si llegado el caso, usted necesitase un trasplante
de riñón o una transfusión de sangre, en este barco
hay una persona que le puede dar su riñón o su sangre
sin peligro a rechazo. Es como tener órganos de repuesto
para cada uno. ¿O no es así, doctora?
Sí, más o menos es eso.
Palomares, no hay nada más. Te doy mi palabra,
puedes confiar en mí. No es más que eso.
Vale.
-Doctora. Hay algo que no entiendo.
Se supone que los elegidos son los alumnos
del Estrella Polar, ¿no?
¿No? Sí.
¿Entonces por qué mi sangre está entre las muestras?
Porque tu supervivencia es tan importante
como la del resto. Me da igual lo que le cuentes o no
a tu maridito, pero a mí no me vuelves a ocultar nada.
O te mataré.
Son cubiertos.
Ahora vasos.
Hay agua corriente.
Vamos a ver, Ainhoa. Que esto puede estar grabado
de la cocina del Estrella y que se haya borrado mal.
Vale, no hay imagen. No, mira la fecha.
Esto se grabó ayer.
En esta isla hay una casa.
¿Y por qué volvieron a dejar la cámara en la playa?
Quieren que les encontremos.
"Esta noche te presentas ahí como si nada, ¿me oyes?
A lo chulo, no te arrugues, joder. Tú duermes en tu cama,
en tu camarote, que para eso eres el capitán".
"Hoy Ricardo duerme en el sofá y punto, ya verás como recapacita
y se disculpa".
Julia. ¿Quién es?
Soy yo, ¿has cerrado la puerta? Sí.
Pues abre.
Voy.
Toma, la almohada la traes mañana para que pueda hacer la cama
y recoger el camarote.
Venga.
Vale, vale, vale...
Ah...
Ah, no, no. Para, déjalo.
Se me está machacando el pie y como se rompa el palo este,
me voy a destrozar la pierna.
Tú hablas castellano, ¿verdad? Vuelve a hablar, vuelve a hablar.
A ver, que no soy idiota, Cho. Tú antes has hablado castellano.
Eso no era el caca, culo que te enseña Piti.
Tú has hablado castellano con acento de Valladolid.
-Sí.
Hablo tu idioma.
-¿Pero por qué?
¿Por qué me has mentido durante todo este tiempo?
¿Y por qué no has dicho nada a nadie?
-Porque en el barco ruso hubo una matanza.
Los mataron a todos, después de eso
no podía fiarme de nadie. Nadie dice la verdad.
-¿Quién? -Cuando me subí al Estrella Polar,
decidí que si no podía hablar, nadie me podía preguntar.
No tenía que ser amigo de nadie hasta que apareciste tú.
-O sea, desde el día de la boda me das la mano, me das besos
en la frente como si fuéramos pareja.
¿Es todo mentira?
-Tú, tú eres lo único
que es verdad en todo esto. Por ti me bajé del barco
y me quedé solo para que no metieras el pie
en un cepo.
Pero nadie, nadie debe saber que os entiendo.
Ni el capitán, ni Gamboa. Ni Ainhoa, ni nadie.
Sé que son tus amigos y que confías en ellos,
pero yo no puedo. Solo confío en ti.
No digas nada.
-Vale.
¿Has oído eso?
Cambio de turno.
-Ya era hora.
-Descansa, tú que puedes.
Suso, Suso.
¿Qué es eso que flota ahí?
-Ya me acuerdo.
Ya me acuerdo.
-El tiburón muerde el anzuelo.
-Y el pescador hace demasiadas preguntas
para el poco tiempo que le queda. Tiene un nieto, juegue con él.
Repasen las matemáticas, la ortografía, es un niño.
Aprende rápido, no lo estropee.
Sería una pena que ese niño perdiese a su abuelito.
-Ramiro.
Que ya me acuerdo.
Ya me acuerdo por qué vigilaba al capitán.
-¿Qué dices? -Que la cámara estaba mal colocada.
-¿De qué hablas? -Para vigilar al capitán
yo hubiese puesto la cámara en otro sitio.
Que se viera la cama de la puerta.
Pero la cámara apunta a la pared.
Entonces me he dado cuenta de que yo no vigilo al capitán.
Yo vigilo un cuadro.
-¿Pero qué leches dices, qué cuadro?
El cuadro del pulpo.
Detrás del cuadro hay algo escondido.
Vamos.
Julia, ¿estás dormida?
No, cariño, ¿qué pasa? Tengo sed,
¿me traes un zumo, "porfi"? Mi amor, son las seis
de la madrugada. ¿No prefieres un poquito de agua
y dejamos el zumo para mañana al desayuno?
Es que me apetece un zumo ahora. El agua me sabe rara.
Bueno.
Tú ganas por hoy, pero vamos a establecer
una nueva norma. Nada de zumos de madrugada, ¿sí?
Vale. ¿Trato hecho?
Sí. Venga.
Capitán, esto es lo que flotaba.
Mire.
El logotipo del hotel.
Algo ha tenido que pasar allí.
Gamboa, le necesito en el puente de mando.
¿Ni un buenos días ni un café? Ahora mismo subo, corto.
Miren a ver si... Papi, ¿estás despierto? Cambio.
Sí, cariño, estoy de guardia y tú tenías que estar dormida.
¿Qué pasa? ¿Me traes un zumo?
Es que no quiero despertar a Julia. Vale, ahora te lo llevo.
De piña, ¿no? Sí, gracias, papi.
-Burbuja, ¿no podemos esperar a mañana?
En el desayuno, cuando no haya nadie.
-No, es mejor ahora porque Julia ha salido
y el capitán está de guardia.
Es mejor ahora.
Aunque él diga que no, yo sé que le he fallado.
Yo no le quiero fallar a mi mejor amigo.
-Venga, vale, venga.
¿Seguro que es este?
-Seguro.
Toma.
-Tú te llevaste algo que era mío, una carpeta roja.
-¡Roberto!
-¿Qué hiciste con mi carpeta roja? -No me acuerdo.
Zumo, ¿verdad? Zumo.
Julia, yo... Mira, no, yo...
Empieza tú. No, tú, por favor.
Tú, de verdad. No, tú primero.
Insisto, tú. Por favor, tú.
Vale, que nada...
Que lo siento, que tenías razón. Que me he metido de nuevas
en tu familia y no puedo empezar aquí a cambiar las normas.
Que si no se desayuna en la cama, pues no se desayuna en la cama.
Y que yo lo único que quiero es estar contigo.
A ver, el que lo siente soy yo. Soy un idiota, te pido
que te cases conmigo, que formes parte de mi familia
y en cuanto lo haces, te lo echo en cara.
No me importa nada que haya migas en la cama
mientras estés tú.
Hemos tenido nuestra primera discusión.
No. Sí.
Que no. Que sí.
Que no. Que sí.
A ver, no. Nuestras primera discusión, no.
Nuestra primera reconciliación.
Capitán, perdonad.
¿Qué pasa, Palomares? ¿Que uno no puede besar a su mujer
en su propio barco?
El edificio está en radar.
Estamos llegando.
-¿No les han dicho que es feo hurgar
en las cosas que no son suyas?
¿Ves como sí sabías dónde estaba la carpeta roja?
Solo tenías que hacer un poco de memoria.
-Gamboa, ¿qué hay en esa carpeta? -No voy a dar explicaciones
ni a negociar, esa carpeta es mía. -Pero si te la llevas,
no le podré decir al capitán que no era a él a quien vigilaba.
-No te preocupes, Burbuja,
el capitán siempre estará agradecido contigo.
Le salvaste la vida a él y a sus dos hijas.
-Es mía.
Es mía.
-Así es,
ahora lavaos los dientes,
poneos el pijamita
y a la cama.
Dormid algo, está amaneciendo.
Y mañana en el edificio vamos a tener muchas sorpresas.
-Gamboa, el capitán le está esperando
en el puente de mando. -Vale, ya voy.
-Gamboa.
-¿Qué?
-Tengo otra teoría sobre las bolsas de sangre
y la historia que nos ha contado Julia.
-Tú tampoco te tragas el cuento de la doctora.
A ver, ¿cuál es la teoría?
-¿Qué pasaría si las bolsas de sangre,
nuestros riñones, nuestros corazones,
no fueran para la gente del Estrella?
-¿Para quién iban a ser si no? -Para los jefazos.
Esa gente que se ha inventado el proyecto Alejandría.
Los que parece que ganan algo con todo esto.
¿Nunca te has planteado que a lo mejor
no somos los protagonistas de esta aventura?
-Eso es lo mismo que decir que el Estrella
es solo un banco de órganos.
Y que solo nos quieren vivos para que ellos no mueran.
-Gamboa siempre se entera de todo.
Tenías razón.
Menos mal que le hemos cambiado todos los papeles de la carpeta.
¿Piti? ¡Piti! -Vilma, Cho.
-Piti. -Ya vamos.
Muy bien,
¿se puede saber dónde os habíais metido?
Que digo yo que para pegarse un revolcón no hace falta
desaparecer toda la noche, ¿no? Vilma, ¿qué te ha pasado?
He pisado un cepo, no podemos soltarlo.
Me está machacando la pierna. Ainhoa, antes había alguien
espiándonos desde la maleza.
No estamos solos en esta isla.
Aquí el Estrella Polar, cambio. Aquí el Estrella Polar, cambio.
-Venga, va, vamos a sacar esto. Hay que intentarlo, vamos.
-Por favor, con cuidado. Tranquila.
Cuidado. Una, dos...
Vamos.
¿Qué es eso? No sé, pero no pienso quedarme
para averiguarlo. Venga, vamos, hay que sacar esto.
Una, dos... Vamos.
-Aquí el Estrella Polar, cambio. -Adelante, Estrella Polar.
-Hay que sacar esto como sea. -Una, dos...
Cuidado.
¿Qué haces? Corred.
Ainhoa... ¡Corred!
Va, corred, corred. ¡Corred!
Marchaos, marchaos.
"De pequeña aprendí que ante un problema
solo puedes hacer dos cosas". Tengo la carpeta roja,
la del doctor Roberto Schneider. Podéis venir por ella.
-Recibido, corto.
Estoy armada, tengo una pistola. Atrás, atrás.
"Hacer frente al problema, encararte a él.
Mirarle fijamente a los ojos.
Y luchar".
¿Max?
Max, ¿eres tú?
Max.
¡Ainhoa! ¡Ainhoa!
-¡Por favor, Ainhoa!
Corred, corred, seguid.
"O huir. Poner tierra de por medio y alejarte para siempre.
Pero a veces, el problema escapa a tu control.
Te arrolla como un tsunami".
Giren 52 grados a estribor.
Vamos a dar caza al Estrella Polar.
"No puedes hacerle frente ni tampoco huir.
Y solo te queda una opción.
Esperar que la ola pase.
Cruzar los dedos".
Creemos que un barco llegó antes que nosotros.
Un barco en el que jamás cabrían 200 personas.
Entonces esto empieza a tener sentido.
Estrella Polar, ¿alguien me recibe? Ese barco no es el Estrella Polar.
No vamos a encontrar nada bueno en ese edificio.
Ulises.
Están pasando muchas cosas raras desde que llegamos a esta isla.
¿Qué pasa, Burbuja?
-Yo sé quién puede entrar y salir del bosque sin peligro.
-Aquí hay algo.
Es de Mari Mar, ha estado aquí.
-Es una trampa, en cuanto subáis al barco
nos matarán. -¿Cuánto tiempo crees
que te va a durar a ti el cuento? Que es mentira.
Es sangre.
Creo que quieren matarnos.
Diga algo que no sepa.
Tenemos que volver.
Esa gente no llegará nunca a tierra, están muertos.
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