All language subtitles for El Barco S03E07 La boda SPN

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Original subtitles

Soy Julia Wilson, científica. Ricardo Montero, el capitán.

¿Y le gusta alguien del barco, doctora?

Creo que sí.

-A mi papá también le gusta alguien del barco.

¿Te gusta Julia?

Está usted preciosa.

Si fuera usted, no perdería el tiempo,

las mujeres como ella vuelan, capitán.

Me he enamorado de usted, Julia.

Me encantaría conocerle más, pasar más tiempo con él,

desayunar con él, reírme con él...

Salo, creo que le quiero.

Hasta esta mañana no me di cuenta de que usted es la persona

más importante en el mundo para mí.

Eres la única mujer de la que me enamoré después de Marisa.

¿Quiere casarse conmigo?

Sí quiero casarme contigo. Sí quiero.

¿Os vais a casar? -¡Que viva los novios!

-Le deseo toda la felicidad del mundo a los dos,

por el resto de sus vidas.

-Guille.

Chao, mi amor. -Chao.

Me llamo Roberto, Roberto Schneider.

Soy Ulises. Garmendia.

¿Nos conocemos? No,

pero sé que tienes una moto 900,

que tu primera novia se llama Mercedes

y que no conoces a tu padre.

Julián de la Cuadra. ¿Qué es toda esta mierda?

Formas parte de algo...

de un proyecto que se llama Proyecto Alejandría

y yo te elegí. -¡Soltadle!

En este barco todos mienten, Ainhoa.

Ulises se subió al barco como un polizón,

dijo que era el hijo de la Cuadra y nadie le hizo ninguna pregunta.

Aquí no hay modo de saber quién es quién, Ainhoa.

Tú con Ainhoa tienes un gran secreto

y yo sé cuál es.

Recibimos una señal de radio de un avión.

Sabemos dónde está la tierra, capitán.

Haremos dos viajes.

Tendrá que decidir quién va en el primero,

usted tiene la nave, yo tengo las coordenadas.

Estas son las coordenadas de la tierra.

Para asegurarnos de que regresará aquí,

su hija se quedará en el edificio y yo iré en su lugar.

Tu secreto sigue a salvo,

no hay más copias ni negativos ni archivos digitales.

Ve y vive feliz con tu chica

y dile que la quieres cada día al despertar

y que no existe secretos entre vosotros.

Dulce.

"La gente se casa porque se quiere,

pero también porque llega un momento en que a uno le apetece

gritar a los cuatro vientos que está enamorado

hasta las trancas."

¿Y las flores?

"Y si un día conoces a alguien en la cola del cine

o en una tienda de discos,

y poco después te sorprendes haciendo cosas

que jamás pensaste que harías,

cosas como...

untarle la mantequilla en las tostadas,

dejarle tu lado de la cama

o ver una peli romanticona en vez de fútbol.

Cuando te casas, lo compartes todo.

Y lo flipante es que te encanta hacerlo,

porque has dado en la diana,

que por fin has encontrado el amor de tu vida."

¿Qué haces, preciosa?

Mi regalo para ti y Julia. A ver.

¡Hala, qué bonitas! Son preciosas, cariño.

Bueno, Julia te salió clavada,

pero conmigo has sido muy generosa, yo no soy tan guapo ni de lejos.

¿Sabes qué haremos?

El primer brindis de casados lo haremos con estas tazas.

A Julia le encantará la idea, ya lo verás.

Papá, ahora que te casas con Julia, ¿tendré que quererla más a ella

que a mamá? Es que no quiero dejar de quererla.

Ni yo, cariño,

yo no dejaré de querer a mamá nunca.

Entonces, ¿puedes seguir queriéndola como siempre?

Claro, mi amor, claro que sí.

Ven.

"Pero cuando te casas con alguien,

te casas con lo que lleva en la mochila.

Todos tenemos una vida anterior al menú degustación,

a la orquesta y al discurso del padrino.

Todos tenemos secretos,

secretos que lamentablemente no se van después del sí quiero."

¿Se puede? No.

En dos horas para convertirse en la señora Montero.

(RÍE) ¿Quién lo diría?

¿Está nerviosa la novia?

Has venido a matarme. Pero qué mal concepto tiene de mí.

¿Qué extraño motivo tendría yo para desearle mal?

No me tomes por idiota, Gamboa.

Casarme con el capitán no está autorizado por el proyecto,

pero me da igual.

Se acabó el proyecto.

Se acabaron las mentiras, los secretos.

Me salgo.

Estoy enamorada y haré lo que hace la gente enamorada,

voy a ser feliz. Ojalá fuera así de fácil, doctora.

Usted sabe que de este trabajo no se sale tranquilamente

con su finiquito.

¿Qué sentido tiene arriesgarse así?

Lo tiene y tú deberías saberlo, tú también te casaste,

tuviste una familia, tuviste hijos.

A mediodía estaré en el altar vestida de blanco,

con una sonrisa de oreja a oreja y casándome con el hombre

al que quiero.

Así que, si quiere matarme,

tienes dos horas.

A ver, chavales, venga, lo quiero en bolsas en 10 minutos,

no más. ¿Y esto? ¿Esos pelos?

Péinate un poco, pareces un puercoespín. Vamos.

¿Ustedes dos dónde van con esas faldas tan cortas?

Que es una boda, no un guateque. ¡Joder!

Rubia. -Hola.

-El Ricardín, que se nos casa. -Tenemos boda.

-¿Quién lo iba a decir? -Sí, porque conociéndolo,

yo hubiera jurado los cuartos a que no daba el paso.

-¿Sabe con qué me los hubiera jugado yo?

Con que llegáramos a tierra juntos y agarrados de la mano.

Así me la hubiera jugado yo.

-Bueno, supongo que es lo que tiene casarse a lo loco,

sin ceremonia, sin padrinos...

Esas cosas no dan buena suerte.

-Mira que lo dijiste.

Bueno, al menos Ricardo no es tan idiota como yo,

seguro que no mete la pata.

¿Dónde vas con esas bermudas? ¿A un campamento de verano?

Julia, ¿te importa que te haga una pregunta?

Dime.

Eh...

Ahora que serás mi madrastra, ¿me pondrás a fregar suelos

como a Cenicienta?

Idiota. Como me vuelvas a llamar madrastra, te tiro por la borda.

Bueno, perdona. Vale.

¿Dónde está la más bella? Que le traigo un regalo.

Salomé. Me hace ilusión que lo tengas,

pero solo quiero que lo aceptes si de verdad te gusta, de corazón.

¿Qué es? Bueno, hice los primeros bocetos,

pero luego pasó lo que pasó, mi barriguita crece, estoy solita

y no creo que lo vaya a necesitar. ¡Tachán!

Me pasé toda la noche metiéndole de los lados y de arriba,

porque señora Wilson, usted sabrá que soy de pecho más generoso,

no se me ofenda. Ay, Salomé.

Quiero que todo el mundo deje todo listo para zarpar.

Recuerden que después del sí quiero ponemos rumbo a tierra.

(TODOS) ¡Bien!

-Pero ¿qué coño...?

Déjame los prismáticos, por favor. Gracias.

Estévez,

estoy avistando algo a tres o cuatro millas por estribor.

Míralo en el radar a ver qué marca y me tienes informado, ¿estamos?

Salomé, es precioso. Te queda como un guante.

Está bella. Es alucinante.

Mira la espalda. Es una pasada.

¿Habéis visto a Julia?

¡Hala, qué guapa estás!

¡No! ¡Papá, fuera! ¿Qué pasa?

No puedes ver a la novia antes de la boda.

¡Trae muy mala suerte! ¡Es peor que un mal de ojo!

¡Anda, Salomé, que no creo en los males de ojo! ¡Ay!

¿Qué ha pasado? ¡Ay!

¿Dónde te has dado? En el ojo.

Perdón.

Señor Ventura, usted no va aquí.

Usted va al 1-D, al lado de la ventana

para que pueda ver las nubes y le dé el solecito.

-Mira, hijo, tengo la próstata como una almendra garrapiñada

y de aquí al baño hay 13 pasos,

uno más de lo que necesito para no mearme encima.

Así que dale las nubes a otro, yo me quedo aquí.

-No, porque este es el sitio de alguien del barco.

-Ya. -He puesto barco, edificio.

Barco, edificio.

Para que podamos charlar y nos hagamos amigos.

-¿Y a Max dónde lo vas a sentar?

-¿A Max?

Max es del edificio.

Le he puesto en el 3-F, al lado del piano.

-Max no vino en el barco,

pero tampoco estaba en el hotel.

-Eso es imposible.

Si no vino en el barco y tampoco estaba en el hotel,

¿dónde iba a estar? -No lo sé.

Pero si no me crees a mí, mira en el libro de registros del hotel.

No lo vas a encontrar.

Puedes buscarlo.

¿El experto en nudos marineros no sabe ponerse una corbata?

Pues ya puedes ir practicando, porque no quiero que le pidas ayuda

a ninguna otra chica. Anda, trae.

No le voy a pedir ayuda a ninguna otra chica,

porque tú no te vas a quedar en el hotel.

Me da igual que lo diga Max o que lo diga San Pedro,

tú te vienes conmigo a tierra. No te pienso dejar sola aquí.

Es justo, Ulises.

La gente del hotel tiene miedo

y quieren asegurarse que vais a volver a por ellos.

Además, en el hotel estaré muy bien.

Hay un pedazo de solárium, hay un jacuzzi...

Mira, ¿sabes qué les pasa a los periquitos

cuando se les separa de su pareja? No.

Que el primer día dejan de cantar, el segundo dejan de comer

y al tercer o cuarto día se mueren de pena. ¿Sabes por qué?

Porque nacen para estar juntos.

Si tú te quedas, yo me quedo también.

Necesito que cuides de mi familia. Además, le prometí a mi hermana

que le contarías un cuento antes de acostarse.

Anda, vete.

Vete o nunca acabaré de vestirme.

Vamos, vete.

Periquitos... ¡Cursi!

Vete, que eres un cursi.

¡Ah! ¡Me vas a perforar la tibia, leche!

Que ya van dos veces. Vaya genio que te gastas

el día de la boda. ¿Se puede saber qué te pasa?

¿No le habrás hecho un bombo a la Wilson y te casas de penalti?

¡Qué bombo ni qué...! ¿Quieres saber qué me pasa?

A ver. Me pasa que la estoy cagando.

¿Sabes qué me ha preguntado Valeria esta mañana?

Que si tenía que querer más a Julia que a su madre.

¿Cómo se responde a eso?

Ricardo, tú ya me conoces, yo de consejos paternales pocos y malos.

A ver, la niña necesita una madre y tú una mujer,

así que déjate de gilipolleces y cásate.

Ya me casé una vez con Marisa hace 23 años.

Amor incondicional, para lo bueno y para lo malo.

Sí. Y así se lo juré a ella...

para siempre.

Julián, es como si estuviera faltando a su recuerdo.

¿Su recuerdo? ¿Su recuerdo te calienta las sábanas de noche?

¿Su recuerdo te da un beso por la mañana y ayuda a Valeria...?

No tienes ni idea de lo que hablo. ¿Sabes por qué?

Porque tú no hueles a ella cada vez que abres el armario

o escuchas su voz cuando te desvelas a las 04:00.

"Oficial, no identificamos el objeto avistado.

El radar no marca nada. ¿Nos acercamos a ver qué es?"

¿De qué objeto habla? De nada.

¿Por qué no me has informado? Porque te casas en dos horas.

¿Adónde vas? ¡Me cago en...! ¡Joder!

¡Espera!

-Vamos a ver, Bruce Lee.

Lavadora, ¿eh?

Aquí nada de colada delicada ni lencería fina, cargas de 12 kilos.

Y si está apretada la ropa... 13 kilos caben, ¿vale?

Chinorri, mírame a los ojos o no aprendes.

Ropa, al tambor.

-Ropa, tambor. -Ropa, al tambor. Eso es.

-Yo flipo, Piti. Te estás aprovechando de Cho Sung

para que te haga la colada. -Que no, Vilma,

que le estoy enseñando el idioma. Mira.

Papel... del culo.

Limpia palomino.

-Papel culo limpia palomino.

-Lo repite todo como un lorito el chino cabrón.

-Chino "cablón".

-Chino... Chino cagón.

-Chino cagón.

-Chino cochino. -Chino cochino.

-¡Chino mandarino!

¿Qué haces, Vilma?

-¿Te gustaría que se rieran de ti en la cara?

-No me estoy riendo de él, me estoy riendo con él.

-Y una mierda, Piti. Es que no sé cómo puedes.

Llegó al barco hace nada, no conoce a nadie,

no nos entiende ni se puede hacer entender.

El pobre está solo y tú le tratas como si fuera un bufón,

un payaso de feria.

-Pero, Vilma, si él también se ríe.

-Porque quiere caerte bien, idiota, ser tu amigo.

Aunque pronto descubrirá cómo eres y se le quitarán las ganas.

-No pasa... No pasa nada, ¿eh?

No hagas caso, aquí nadie se ríe de nadie.

Esta ropa, al tambor.

¿Ainhoa, me recibes?

Aquí periquito 2. Te recibo, periquito 1.

Vale, vale. Ya está bien con la coña, ¿no?

La próxima vez que tenga que decirte algo bonito,

no sé, te hablaré de osos panda.

No me lo puedo creer.

¿Me has dejado una notita cursi encima de la cama?

¿De qué notita hablas?

No me digas que tienes un admirador secreto,

porque yo no te he dejado nada. Es una foto.

Ainhoa, escúchame. No mires esa foto, por favor.

Ainhoa, ¿me recibes?

Ainhoa.

Ainhoa, ¿me recibes?

Dulce.

Ainhoa, ¿me recibes?

Anda que...

Ha sido la tabla, que reflejaba el sol.

Salimos en moto de agua a hora y media de tu boda

por una puñetera tabla de surf. Hay que ser anormales.

Venga, vámonos.

Vamos.

Yo odiaba a Marisa. ¿Qué dices?

Antes de que ella apareciera tú y yo éramos

como los cuatro mosqueteros, pero en dos.

Navegábamos y hacíamos el golfo, lo normal.

Pero todo cambió cuando apareció ella.

Luego, las niñas... Que si el pediatra,

la obra de fin de curso... Julián, ¿qué me estás contando?

Mi casa estaba abierta para ti. A Marisa le encantaba

que estuvieras allí. Además, te quería un huevo.

Yo también, leche. ¿Entonces?

Me moría de la envidia, igual que me muero ahora de verte

con Julia, sobre todo después de haberla cagado yo con Salomé.

En fin, si quieres seguir mi estela, adelante, chico.

Tú verás. ¿Quieres casarte con la doctora o abortamos?

Salomé, dime que lo vas a disimular.

No quiero parecer un mapache el día de mi boda.

Tranquila, mi vida, que todo va a salir bien.

Por favor, quítate el vestido ya. Igual no debería decírtelo,

pero a mi prima Miriam el marido le vio el vestido

y un día antes de la boda perdió tres dedos en una amasadora de pan.

Necesitas otro color de base. Sigue tú, cariño.

-Salomé.

Salomé.

¡Salomé, contesta, leche!

-¿Qué quieres? Estoy en alarma roja con el ojo de la novia.

Pesado, ¿qué quieres? -Se acabaron las alarmas.

Ricardo es más idiota que yo y el muy capullo no quiere casarse.

Así que le dices a Julia que se suspende la boda.

¿Qué dices? Cállate. ¿En qué quedamos?

¿No dices que la estás cagando? ¿Me pasas el walkie?

¿Qué ha dicho Ricardo?

Que dice que se le caen las lágrimas de felicidad.

¡Que no puede esperar a casarse contigo,

que le puede el ansia! ¡Qué mono!

Voy a por agua. Vale.

Medio minuto y vuelvo. No tardes.

No. Te necesito.

Sí, y yo a ti. Te quiero. Medio minuto.

Julián, ¿me escuchas? Julián.

Escúchame bien, porque no te lo repetiré dos veces.

-Boda suspendida y santas Pascuas, no hay más.

Dame el walkie. Que no.

Dámelo. -Si hace falta, lo coges

de la oreja y te lo traes al altar, porque nadie va a plantar a Julia.

Como que me llamo Salomé. ¡Vamos, faltaría más!

-¿Quieres el walkie, lo quieres? Sí.

Pues vete a buscarlo.

-Por favor, contesta.

Esto... Julián.

¿Por qué lo tiras? ¡Es mi vida! Estás como una cabra.

¡Que nos caemos, joder! -¡Ah!

-¿Qué pasa? Con... Creo que ya está.

Dime si se nota. A ver.

Espera, que me pongo aquí. ¡Ah!

¡Julia! ¡Julia, cariño!

-Valeria.

¿Eres la novia o la que lleva las arras?

-¿Es verdad que vas a matar a Julia?

-¿De dónde sacaste semejante tontería?

-De ti. Escuché cómo hablabas con Julia.

Dijo que la querías matar. -¿Matar? No.

Bailar, le dije que quería bailar con ella después del "sí quiero".

Te equivocaste, escuchaste mal. Le dije: "Bailar".

-¿Crees que porque soy una niña soy tonta? Dijiste "matar".

Y yo no quiero que la mates.

Va a ser mi nueva mamá. Mi mamá de verdad ya ha muerto,

así que no quiero que Julia también se muera.

-Valeria.

La gente se muere. Todos, tarde o temprano, moriremos.

Todos.

Julia, yo, incluso tú.

No lo olvides.

Hombre, Cho Sung. A ti te andaba buscando, pajarraco.

Que te traigo un regalo.

Regalo.

Palillos. Los he hecho yo mismo con la navaja suiza.

Para que puedas comer como coméis los de tu raza.

De mí para ti, regalo.

Porque somos amigos.

Yo un poco tontito a veces, pero cuando tengo que estar, estoy.

Yo soy tu "friend, very friend".

Amigos. -Amigos.

-Eso es, amigos. Y los amigos...

pues hacen cosas juntos. Así que, ¿qué te apetece hacer?

¿Nadar? No. "Swim".

No. Eh... Correr.

Unas carreritas por cubierta. Un tenis.

¿Eh? Un partidito.

Ajedrez.

Joder. ¿Qué coño os gusta hacer a los chinos?

¿Las "pitiquis"?

¿Sí? ¿Te gustan las chavalas? Ahí, las chavalas.

¿Sí? ¡Eh! Ahí nos vamos entendiendo tú y yo.

Dos tetas tiran más que dos carretas,

aquí y en la China, ¿o no? Dime quién te gusta,

que yo celestino. Piquito de oro el Piti.

Me dices cuál te gusta y la convenzo para que sea

tu acompañante en la boda y, cuando lleguemos a tierra,

os preparo un vis a vis que vas a flipar.

Venga, dime quién te gusta.

No, pero dime... ¿Qué te gustan, las tres?

Dime una, una.

Vilma.

Hay que joderse con el chino.

Ainhoa.

¿Cuántas mentiras me has contado?

Esta chica

entró en el barco con la intención de matarnos a todos.

Y tú la conocías.

Tú lo sabías.

Y no le dijiste nada ni a mi padre ni a mí ni a nadie.

Tienes que confiar en mí, ¿vale?

¿Quieres que confíe en ti?

Pero si no sé quién eres. ¿Quién eres?

¿Eres el Ulises que cuando estamos en la cama me dice

que todo va a salir bien?

¿O el amigo de esa gente que entró para matar a mi familia?

¿Quién eres?

¿Eh?

¿Eres el Ulises que ha venido entre esas cajas

o el que no ha parado de mentir desde el día que llegó aquí, eh?

¿Quién eres? ¿Cuál de todos ellos eres?

Ainhoa... ¡No, dímelo! ¿Cuál eres?

¿Quién eres? ¿Cómo te llamas de verdad?

¿Quién cojones eres? Ainhoa, soy yo.

No te conozco.

10,50, por favor.

Ah. Eh... No he pedido una pizza.

¿En serio?

Pero ¿esto no es Calatrava 20? Sí, pero, no sé,

te habrán dado la dirección mal. No pasa nada, gajes del oficio.

Y siento haberte sacado de la ducha, ¿vale?

Nada.

¿Seguro que no la quieres?

Es que si no te la quedas, la tengo que devolver a la central

y en la moto hace un frío de la leche.

Pues...

Te la regalo.

En serio. Para que la tiren a la basura, mejor para ti.

Ah. ¿Y puedes hacer eso, regalar pizzas a quien quieras?

No. Seguramente me echen; pero, bueno, me da igual,

porque el curro este es una mierda. Toma, cógela, mujer.

Tiene extra de pepperoni.

Cógela.

Ay, un momento. La caja está ardiendo,

no te vayas a quemar. Ya.

Puedo pasar y te la dejo yo mismo encima de la mesa.

Ah.

No será un truco para ligar conmigo.

Sí. Sí, sí.

Sí, sí.

Para qué te voy a engañar.

¿Qué pasa? Que no funciona, ¿no?

Eh... Bueno.

-Si te gustan los pantalones, te los puedes quedar.

-Estás mintiendo.

Ibas a zarpar con nosotros y al capitán no le gusta la gente

que miente. -¿Y por qué crees que miento?

-Porque tú no estabas en el edificio,

no estás en el registro del hotel. Por eso mientes.

Al capitán no le gustará. -A ver, Burbuja.

Mi nombre no aparece en el registro porque no era un huésped.

Trabajaba en el hotel de pianista.

¿Quieres escuchar alguna canción?

-Ah. -Ventajas de chapurrear

el mandarín. Y, bueno, te habrán dicho que no aparecí

hasta seis días después de la tormenta, y es cierto,

porque me quedé atrapado en el piso 99.

Por debajo del nivel del agua, se formó una bolsa de aire

y gracias a eso pude sobrevivir. -Oh.

-Burbuja, tuve suerte. -Sí.

-¿Aún sigues creyendo que miento? -No.

¿Me puedo quedar los pantalones?

-Claro que sí. -Gracias.

Perdona por la bofetada.

Y yo siento haberte mordido.

A tomar por saco con esto.

Espera, espera, espera.

Mira, hay algo escrito.

Alguien ha dejado un mensaje. Está en inglés.

Yo no entiendo nada. Parece una canción de Los Beatles

o algo así, ¿no? Déjame ver.

"Yo, que siempre he vivido para el mar y las olas,

ahora que estoy a punto de morir

no tengo nada y lo tengo todo.

El cielo sobre mi cabeza y el agua salada bajo mis pies.

Lo que yo siempre soñé."

Cojones, un surfero poeta.

Este chico estaba solo en medio del océano

y se dio cuenta de lo que realmente valía la pena.

Nosotros hemos pasado por secuestros, volcanes,

cataratas gigantes...

Y, sin embargo, yo...

todavía sigo teniendo dudas.

Julián, me caso en 30 minutos,

así que ya arranca la moto, padrino. Nos vamos.

-Hola.

-¿Max te ha contado que estuvo atrapado en la 99?

-Sí.

-Es un cuento chino. Te ha mentido.

-¿Y cómo lo sabe?

-Porque el que estuvo atrapado ahí fui yo. Tres días.

Con mi nieto y dos personas más.

Max nunca estuvo allí.

-Bueno, hombre, a lo mejor no lo vio, porque las plantas

de este rascacielos son muy grandes, como un supermercado.

Yo una vez me perdí en uno.

-¿Sabes una de las ventajas

que tiene levantarse por las noches siete veces a mear?

-No.

-Que ves cosas que otra gente no ve.

En una de esas levantadas, vi una sombra en el pasillo.

Al día siguiente apareció y contó que había estado atrapado en la 99.

-¡Oh!

¿Y por qué no se lo dijo a nadie?

Yo se lo hubiera dicho al capitán.

-Es que... nosotros no teníamos capitán.

La gente se peleaba por todo, por la comida, por las mantas...

Era la jungla esto.

Max se convirtió en nuestro capitán.

No sé de dónde vino,

pero nos salvó la vida.

-Pero si Max os salvó,

es que es bueno.

Y la gente buena no miente.

Entonces, ¿Max por qué tiene secretos?

-Eso te lo dejo a ti, criatura.

Bueno, permiso, voy a mear.

-Julián, ¿se puede saber dónde os habéis metido,

que me tienes en vilo? Cambio.

Hombre, princesa. Mira qué guapa viene ella. Pasa, corre, corre.

Corre, corre. Corre, cariño, para dentro.

Corre, vida. Dale, dale. Venga. ¡Ay!

No quiero que te mueras.

Cariño.

No me voy a morir. Solo me he caído por las escaleras.

Creía que te habían empujado para tirarte.

Qué va.

Lo que pasa es que... que estoy tan feliz con la boda con tu papá

que voy como... como flotando.

Y flotando me he colado por el hueco de la escalera.

Así que ahora mismo me prometes que tú nunca vas a ser

tan tonta como yo y vas a ir con muchísimo cuidado cada vez

que uses las escaleras. ¿Me lo prometes?

Vale, lo prometo.

¿Y tú prometes que vamos a ser una familia feliz siempre?

Me parece un trato justo. Te lo prometo.

Corre, vete a por las arras, que si no, no nos casamos. Corre.

Estoy aquí.

¿Está rota? Ay, cuidado. No, es un esguince.

Iré renqueante, pero llegaré al altar.

Ay, Julia, Julia,

mujer de ciencias, laboratorios, tubos de ensayo

y grandes estadísticas. Mírate, ¿eh?

Un ojo a la virulé y un esguince.

Te digo una cosa, que es mejor que te cases en tanga

que con este vestido y morir en el intento.

¿Estás bien?

Julia, ¿bien?

Pues mira, te voy a dar una estadística.

Venga.

¿Sabías que la esperanza de vida de un soldado

en la Segunda Guerra Mundial era de 17 días?

17 días, Salomé.

¿Sabes cuál es la esperanza de vida en el fin del mundo?

Ni siquiera me atrevo a calcularla.

La vida en este mundo no tiene sentido, no vale nada.

Estamos viviendo un tiempo prestado.

Y hay dos formas de hacerlo, ¿eh?

Una:

es con miedo a morir en un tsunami.

Y la otra:

con ganas de...

compartir una galleta en el desayuno con el hombre

al que quieres.

Yo elijo la segunda.

Y ahora...

Me voy a casar con Ricardo,

con el vestido que me ha hecho mi mejor amiga

y, si para ello tengo que pasar por debajo de una escalera,

cruzarme con 15 gatos negros y romper un espejo a cabezazos,

lo haré. Y yo contigo.

Seré tu escudera, tu Sancha Panza.

Y si tengo que ahuyentar a 15 gatos negros,

pues que así sea.

Dame un abrazo.

¿Por qué, Gamboa?

¿Por qué?

Dime, ¿qué es lo que ganas tú?

¿Qué ganas destrozándome la vida?

Ya veo. ¿Tu novia te pilló la foto?

Te voy a dar un consejo, Ulises, si quieres borrar el rastro

de un secreto, elimina todas las evidencias.

Ya.

Y la quemé.

Tú me dijiste que no quedaba ninguna copia

y te ha faltado tiempo para darle una a Ainhoa.

¿Sabes lo que...?

Lo que no entiendo es cómo he podido confiar en ti.

Te estás equivocando.

No suelo hacer promesas, pero cuando las hago,

yo nunca rompo mi palabra.

Noticia:

parece que tienes un nuevo enemigo.

Ven aquí. A ver.

¿No me digas que eres de esas que hacen fotos a todos los tíos

con los que se acuesta en plan trofeo?

Pues claro.

Tengo el archivador entero, con todos mis amantes matutinos.

Y tú vas en la sección de pizzeros.

Ah.

Me tengo que ir al curro.

Estoy en la ducha.

Mi madre siempre me decía que no me fiase

de los desconocidos, sobre todo si son guapos.

¿Qué buscas?

Busco a mi padre.

Julián de la Cuadra.

Hace meses se me acercó un tío que sabía dónde estaba,

pero cuando iba a contármelo, dos tíos le metieron la cabeza

en un bidón de agua hasta casi matarlo.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Estaba metido en una movida, el proyecto Alejandría.

¿Te suena?

Se llama Roberto.

Y casualmente la última llamada que hizo fue a tu teléfono.

¿Me vas a decir dónde leches está mi padre?

Espera, espera.

Aquí... Vale.

Mírame, mírame, como te he enseñado,

tú tranquilo, sin miedo y al toro.

Venga.

Vamos ahí.

Venga.

-Vilma, me pareces preciosa.

¿Querías ser mi acompañante

en boda de capitán?

Sería todo honor.

-Jo, Vilma, qué bonito. -No, de bonito nada.

Piti,

vete a la mierda.

¿Por qué no vas a reírte de tu madre?

-Métete las hormonas por donde te quepan, ¿vale?,

que al chinorris le molas de verdad. Te lo juro.

Así que tú misma.

-Mira, como sea una coña, te mato. -Ojalá, no es una coña.

Tampoco te creas que me hace gracia empujar a mi ex a otro rollito,

pero de verdad, que el chino parece sincero.

En serio.

-Eh... "Yes".

Que sí, Cho Sung,

quiero ser tu pareja en la boda.

¡Joder! Arranca, Julián, macho.

En 12 min Julia me espera en el altar, por favor.

Que sí, que es algo eléctrico, pero los motores de dos tiempos

no los controlo. Quita, déjame. A ver.

Aprieta ahí. Ya he probado.

Aprieta. Que ya he probado, que no va.

Pues nada.

Hombre, creo que Julia lo entenderá.

Digo, no es una plantada en el altar al estilo habitual,

es una cosa de fuerza mayor.

Julián,

gracias por traerme hasta aquí, gracias por ser mi amigo

y gracias por decirme verdades como puños.

Que te doy otra vez.

¿Sabes una cosa, Julián? Nos vamos en la tabla.

¡No jodas! No la dejaré plantada en el altar.

Nadando en la tabla. Venga. Pero ¿cómo...?

¿Estás loco? ¿Cómo vamos a recorrer tres millas agarrados a la tablilla

como si fuéramos jubilados? Cállate y no pierdas fuerzas,

las vamos a necesitar. Venga, al agua, Julián.

Agárrate, corre. ¿Para qué cortas, macho?

Oye, esto no lo entiendo como una despedida de soltero.

Calla y sigue remando. Vamos, Julián.

¡Vamos, Julián, ni vamos, Julián!

¡Joder, se me ha descocido el bajo!

Normalmente, en mi pueblo es la novia la que hace esperar

al novio, no al revés. -Oye, Piti,

¿Cho Sung sabe lo...? -El qué.

-Que si sabe que...

-Que vienes con sorpresa.

Vamos, que traes un mulato bajo el brazo.

No, no lo sabe, y yo esperaré a llegar a tierra

para decírselo, pero tranquila, el chino es

valiente y apechuga fijo. Te lo digo yo.

Y otra cosa te diré.

Le he visto en las duchas y, para ser oriental,

no está nada mal. -Idiota.

-¿Por qué no viene papá?

-Porque estará terminando de hacerse el nudo de la corbata,

seguro.

Es mucho más complicado de lo que parece,

por eso los curas no llevamos.

-Julián, ¿se puede saber dónde estáis? ¡Por el amor de Dios!

Tengo a la novia encima del altar vestida de blanco

y está cada vez más nerviosa. La marcha nupcial sonó tres veces.

¿Dónde os habéis metido? ¡Cambio!

-No hay rastro del primer oficial ni del capitán.

¿Qué?

-Es como si se hubieran esfumado. Lo siento, Julia.

Como le hayas tocado un solo pelo a Ricardo,

te juro por Dios que te mato.:40,520 (Ruido)

-Hemos tenido un problemilla con la limusina.

(RÍEN)

Julia, sé que llego tarde y...

Pero nunca ha estado un hombre tan enamorado como lo estoy yo.

¿Aún quieres casarte conmigo?18,760 (RÍE)

Oh.

Sí.

-Viva los novios! Viva!

-¡Viva!

Cambio de planes.

Ainhoa zarpará en el Estrella rumbo a tierra y yo me esperaré aquí

hasta que vengáis a por nosotros. No, ese no era el trato;

además, tú no tienes el mismo valor que Ainhoa.

Y ahora, si me disculpas, llego tarde a una boda.

Yo soy el hijo del primer oficial.

Vendrá a buscarme, ya lo hizo una vez.

Creo que soy tanta garantía como Ainhoa.

Está bien. De acuerdo. Nada.

Ulises,

yo no sé dar consejos y menos a gente que no conozco,

pero si estuviera con una chica como Ainhoa,

no la dejaría sola ni 20 segundos.

Ey, no me mires así, no tienes por qué preocuparte,

yo no me meto en medio de dos personas que se quieren

y están juntos.

¿Porque seguís juntos?

Dulce me dijo que quieres encontrar a tu padre.

Nunca es tarde.

Pero yo necesito saber por qué.

He odiado a mi padre toda mi vida,

he pensado que era un hijo de puta

y resulta que solo era un pobre hombre.

Y ahora ese pobre hombre es lo único que me queda.

En el arsenal este, en el muelle 8,

hay una goleta que se llama Estrella Polar.

Ahí encontrarás a Julián de la Cuadra, tu padre.

Así de fácil. Así de fácil.

Siempre y cuando esta reunión nunca tuvo lugar,

siempre y cuando no me conoces,

ni a mí ni a Dulce.

Y si nuestros caminos se vuelven a cruzar,

harás como si no nos conocieras de nada, entonces sí será fácil.

¿Tengo tu palabra?

La tienes. Yo solo vengo a buscar a mi padre,

a mí vuestros secretos me importan una mierda,

no tengo interés en formar parte de todo esto.

Tú ya formas parte de todo esto, Ulises.

Bienvenido al Proyecto Alejandría.

¿Es verdad que tú también eres papá?

Escuché a Julia decirlo.

¿Eso es verdad? -Sí.

-¿Y dónde están tus hijos?

¿A un millón de millas como mi mamá?

Te echarán mucho de menos, porque, aunque a mí no me gustas,

seguro que a ellos sí.

-Hermanos,

amigos,

estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio

a Julia y Ricardo.

-Páter, la versión corta, tenemos viento de fuerza 3,

ideal para acabar con todo.

-Ricardo Montero, ¿aceptas a Julia Wilson

como tu legítima esposa para quererla, honrarla y cuidarla

durante los días de tu vida hasta que la muerte os separe?

Sí quiero.

Y tú, Julia Wilson,

¿aceptas a Ricardo Montero como tu legítimo esposo

para quererlo, honrarlo y cuidarlo durante todos los días de tu vida

hasta que la muerte os separe?

Sí quiero.

Yo os declaro marido y mujer.

Puedes besar a la novia.

-El brindis. El brindis.

¡El brindis! ¡El brindis!

Los novios tienen que brindar.

Esta mañana he aprendido algo.

Cuando uno tiene el cielo sobre la cabeza,

el mar bajo los pies

y a la mujer a la que ama entre sus brazos,

no puede pedir nada más.

Por vosotros,

por los que vais a partir rumbo a tierra conmigo

y por los que os quedáis.

Volveremos a por vosotros,

lo juro.

Perdón, perdón.

Disculpe, capitán, quería ser el primero en besar a la novia.

Enhorabuena.

Que coman perdices.

-Bueno.

Capitán,

capitana,

Estrella Polar listo para zarpar.

Tripulación, ponemos rumbo a tierra.

Ainhoa, ¿me recibes?

Ainhoa.

Sé que me estás escuchando.

Solo quería decirte...

Solo quería decirte adiós.

"La vida cambia día a día,

hoy estás compartiendo almohada con la chica de tus sueños

y mañana estás en una habitación de hotel

más solo que la una.

Hoy estás a punto de ser engullido por un tsunami."

¿Conde? -Conde.

"Y mañana bailas y cantas con tus colegas en una boda.

La vida es un cambio constante."

"Siempre que algo termina

es porque algo empieza.

Y por eso, en la vida real no hay finales felices

o finales tristes.

Solo existen los nuevos comienzos."

Llámanos raritos, pero en este barco tenemos

la costumbre de golpear a la puerta antes de entrar. Largo de aquí.

-Llámanos raritos, pero en el Proyecto Alejandría

tenemos la costumbre de que vuestros miembros

no se casen.

No debiste dejar que la doctora se casara con el capitán.

Ahora que el barco llegará a tierra,

me enviaron para asegurarse de que no dejas más cabos sueltos.

Te estás ablandando, Gamboa. -¿Quién coño eres?

-Tu superior.

A partir de ahora cambiarán muchas cosas en este barco.

Si creías que tendrías billete de primera, la llevas clarito.

Que te aproveche ahí solito.

-Ainhoa, es Ulises, está en la radio.

Dile que no me has visto. Se queda a dormir aquí

porque es una orden y dormirá en la litera de Ulises,

¿queda claro? Tú estás buena,

eres simpática, molas,

¿por qué, Sol?

-Siento haberos separados. Tú no nos has separado. Tranqui.

Salomé me está mandando señales. ¿Señales para qué?

Súbeme la cremallera. -¿Para qué?

Para que vuelva con ella.

No es de Salomé, es mío. Mira, aparece mi foto.

No pienso jugármela por compartir barco con una inútil como usted.

Salomé es mi hermana.

Tú no eres Sol.

Si tú no eres Sol, entonces tenemos un problema.

Bueno, tú tienes un problema.

La gente que se quiere no tiene secretos.

¿Qué te dije de las señales, Ricardo? ¡Uy, perdón!

-Baja, mi vida. -Que esto está vivo. ¿Qué dices?

-Subid.

¿De verdad crees que somos unos elegidos?

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