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"La construcción de Torre Bahía
ha pasado de ser un sueño
a una rutilante realidad".
Necesito un anticipo.
Un anticipo sobre mi parte de las ganancias, me urge.
Tú sabes que los negocios no se hacen así.
- ¡Necesito el dinero, hostia! - Marqués...
¡Suéltame, joder! Ni me toques.
Ha habido un cambio en el consejo de administración
y van a poner auditorías en todas las oficinas.
Si entrego las cuentas, verán el agujero.
Váyase a Málaga a despedirse de su tío.
¿Qué gano yo con eso?
Tiempo, que es lo que necesitamos.
Y si no lo encuentran, lo van a esperar.
Y más sabiendo que don Alejandro está en cama.
¿Sí o no?
¿Picazo dónde está? ¿No ha venido?
No que yo sepa. ¿Este hombre qué está esperando?
Si le dije que viniera. Dame el teléfono, por favor.
¡Alejandro! ¡Dame el teléfono!
¡Papá! ¡Cagüendiós!
- ¡Que no estoy muerto todavía! - ¡Alejandro!
- ¡Papá! - ¡Ay!
Que me lo pidió a mí, que confía en mí.
¿Qué tiene eso de malo?
Yo puedo llevarle esos papeles.
O si prefieres, que los mire mi marido.
Igual tampoco corre tanta prisa.
Sé que mi suegro se huele algo.
Alberto, diez días.
Aguantamos diez días y se acabó.
¿Don Alejandro está consciente y se entera de las cosas?
Sí, claro, se entera.
Lo mejor es que vaya yo a ver si me puede recibir.
¿No me oyes lo que te estoy diciendo?
Si está consciente y se entera de las cosas,
¿por qué no puede hablar conmigo?
Venía porque mi padre quiere meterse en gastos.
Quería saber cómo están los saldos de las cuentas.
Ajá.
Bueno, no se preocupe por nada porque las cuentas de su padre
están muy saneadas.
Ha llamado Picazo, estaba como loco
por hablar con don Alejandro, insistía mucho.
Lleva unos días que se comporta muy raro.
No debe hablar con mi suegro. No, no.
Ese pajarito se ha roto, ¿no? Las cosas no se rompen porque sí.
Se rompen porque se usan mal.
¿Esa mala leche te viene de cuando te quedaste cojo
o la traías de nacimiento?
Vete de aquí ahora mismo o te reviento la cabeza.
Algún día te vas a encontrar lo que andas buscando, Picazo.
Si Pedro el tractorista no fue ni fueron los legionarios,
ni tiene nada que ver con el trigo ni los chanchullos...
Quiero encontrar a Carabias,
desapareció y no se le ha vuelto a ver el pelo.
Tinín, este chico busca a Berto.
- ¿Está en su despacho? - Sí, hija, ahí está.
Cariño, que no muerdo, ¿qué quieres?
Soy Onofre.
De Paradas.
¿Tú qué quieres saber exactamente?
Me gustaría conocer la historia.
¿Qué historia?
Me gustaría saber más sobre tu relación con el marqués.
¡Joder, joder, joder! ¡No!
¡No!
Disculpe, ¿sabe hacia dónde se ha ido don Alberto?
Llamó a un taxi.
¿Sabe hacia dónde lo ha pedido? Dijo que lo llevara al aeropuerto.
Lo que tienes que hacer es irte para Madrid.
Que no puedo, Rosita, ¿no te enteras?
¿Cómo que "no puedo"? Claro que puedes.
No eres la primera a la que le ha pasado esto.
Por eso no le contestas a las cartas.
- Me daba vergüenza. - ¿Vergüenza?
Vergüenza no tienen ellos. Tienen la sangre podrida.
¡Todos ellos tienen la sangre podrida!
Hace dos años no pude despedirme de ti.
Si esta vez no vuelves, no va a ser por mi culpa.
¡Onofre!
¡Onofre, hijo!
¡Onofre!
¿Qué pasa?
Que te han llamado. ¿Quién?
No lo sé. Te han llamado donde Eutropio.
Ha venido la hija y ha dicho que te llamarán en media hora.
Anda, venga y no te tardes.
Media hora... Voy.
No te preocupes, hombre, dijo media hora
y, mira, ya casi hace.
¿No te da lástima de una jaula tan chica?
Onofre se llama. ¿Qué dices?
(Teléfono)
Onofre dice...
¡Ay, mi Onofrito bonito, qué tranquilo está aquí dentro!
¡Ay, Onofrito!
¿Sí? ¿Onofre Romera?
Sí, soy yo. ¿Quién es? "Te habla el párroco
de Mairena del Alcor".
"Me gustaría que viniese a verme,
tengo algo interesante que contar". ¿Sí? Sí, claro.
¿Don Enrique?
¡Enseguida!
¡Enseguida estoy con usted!
Mire qué pena.
Mire cómo está todo esto.
Y todo por culpa de la desamortización de Mendizábal.
Así que periodista, ¿no? Sí.
Pero ahora mismo no estoy en Paradas como periodista.
Es que mis padres viven allí y he venido a verlos.
El periodismo es igual que el sacerdocio,
se es sacerdote las 24 horas del día.
Y el periodismo lo mismo, ¿no? Sí, puede ser.
Pues por eso mismo...
quería dejarle una cosa muy clara.
Está usted preguntando por lo que pasó en ese cortijo.
Ya, y me va a decir que deje de investigar
para no seguir enredando, como me han dicho en el pueblo.
Entiendo que no hay que cejar en la búsqueda de la verdad.
Por eso mismo no debe usted dejarse engañar.
¿Engañar por quién?
Las muertes de Los Galindos
presentan unas características muy especiales y terribles.
Así que no es extraño que haya todo tipo de teorías.
Ya, claro. Lo que no debe usted creer
es lo que algunos están propagando por ahí,
que fueron los extraterrestres.
¿Qué?
Hace tiempo que los habitantes del planeta Ummo
están entre nosotros.
Ellos tratan de ocultarlo.
Pero hay gente que han hablado con ellos.
Y esta gente cree que, claro... No, no.
Ellos han venido para ayudarnos en el cumplimiento
del plan de Dios.
Claro, sí.
Y, bueno, y...
¿Y tiene alguna teoría de quién pudo...?
No, no soy yo quién para tener teorías.
Por cierto,
¿en qué periódico trabaja usted?
Sí, bueno, no es un periódico, es una revista.
"Impresión".
¿Donde salen las mujeres desnudas?
Bueno, pero hay otras cosas... ¡Fuera!
Fuera de aquí. ¡Fuera!
Y no vuelva nunca más. Fuera.
¡Fuera!
¡Fuera! ¡Fuera!
(Sintonía)
(Teléfono)
- Hotel Solimar, dígame. - "Sí, soy don Alberto".
"¿Me puedes pasar con el señor marqués de Bahía, por favor?".
- El señor marqués se ha marchado hace un rato con unos señores.
"Se ha ido al entierro de su señor tío".
- Dígale que llame a su casa en cuanto vuelva.
- Es urgente. - Perfecto. Le paso el recado.
Hasta luego.
(Llanto)
Te encomendamos el alma de tu siervo
y te suplicamos, Jesús...
¿Quién es esa que llora como si estuviéramos
- en un entierro de gitanos? - Esa es Demetria.
Una mujer que lleva trabajando en la casa desde hace un siglo.
¿Nunca la has visto?
No puedo con estas cosas.
Mira que les gusta montar un numerito.
La gente no tiene vergüenza.
¿Te vas a quedar a la lectura del testamento?
No sé si voy a poder.
Además, que eso va a tardar unos días, ¿no?
Oficialmente sí. Pero, vamos, que la prima Ana
tiene una copia en su casa y mañana nos la va a leer.
Que también te digo,
si te esperas algo, ya te puedes ir despidiendo.
La que se lleva el pellizco gordo es la vieja.
¿Esa de ahí? (ASIENTE)
No me jodas. Sí.
Pues no me extraña que llore la hija de puta.
Debe ser de alegría.
¿Qué pasa, que se la tiraba el tito o qué?
¿Qué pasa?
Y eso que parecía tonto.
¿Qué vas a hacer, te vas a quedar?
Yo sí.
Espero que me caiga algo.
Que me lo he trabajado mucho, Rafael.
Que han sido muchas tardes jugando a la brisca
y encima dejándome ganar. Ya.
Cuando acabe esto nos vamos a comer unas gambitas
a la salud del muerto.
Los primos quieren que vayamos a un restaurante en el Palo.
No sé si me apetece, Ramón. Tengo la cabeza en otro sitio.
Rafael, coño, no se puede quedar mal con la familia.
A los primos les hace ilusión convidarnos a unos langostinos.
Bueno, si les hace ilusión,
se hará un poder. Claro.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¿Jiménez?
¿Qué pasa, chaval, te dan miedo las armas o qué?
Miedo no, pero respeto. Porque no has hecho la mili.
Sí, pedí prórroga por estudios.
Pero, vamos, que me llamarán cuando se termine.
Pues te van a rapar bien rapado.
Te van a dejar las ideas al aire.
Venga, vámonos. ¿A dónde?
Hoy como conejo.
¡Vamos!
¡Hijo de puta!
Están resabiados.
Lo que decían del administrador no me extraña.
¿El qué? Que el tío es maricón.
Un tío tan serio y tan limpio, oliendo a...
A cosmética.
Uno tiene ya mucho vivido, ¿sabes?, y se da cuenta de todo eso.
Aunque disimulen.
O sea, que usted ya lo sabía. ¿El qué?
¿Que es maricón?
Se le olía a legua.
Y se le hacía el culo Pepsi-Cola con el marqués.
Pero, vamos, que maricón y todo
a ti te ha dejado con un palmo de narices.
Es que la gente de ahora, desde luego...
No valéis para nada.
¿Y qué vamos a hacer?
Ver si se le escapó alguna gallina del corral a la Trini.
No, digo con esto.
Ah...
¿Qué es lo que tenemos? A ver, tenemos...
El administrador se fue de aquí dos semanas después de los crímenes
con una maleta llena de dinero.
Y se plantó en Barcelona.
Y en cuanto te vio, se fue pitando, ¿para dónde era?
Sí, para Brasil. Comprobé la lista de pasajeros
y allí estaba.
Brasil, en busca de mulatos.
No tiene mal gusto el maricón.
Pues mira,
si él tiene algo que ver, que tiene toda la pinta,
solo desde luego no lo ha hecho.
Ya.
Maruja siempre dice que hay que seguir
el rastro de la pela. ¿Quién es Maruja?
Una compañera de trabajo.
Mi padre decía que el busilis está en el parné.
¿Tú sabes lo que es el busilis?
El asunto.
El director de la caja desapareció también hace dos años.
Justo después de... (CHISTA)
Me vas a dejar sordo. No te quejes.
Ve a cobrar la pieza, anda.
Venga, que tengo las rodillas mal de la humedad esta. Venga.
¡Tira!
Comemos pollo por lo menos.
Hola, Adelita.
¿Qué, a disculparte?
¿Cómo?
Desde luego...
Que si a Chelo le haces
el mismo poco caso que a mí, hijo mío.
Mira, que tú puede ser todo lo guapo que tú quieras,
pero que a las mujeres lo que nos gusta
es que nos hagan caso.
Que eso los hombres parece que no lo entendéis.
Que no lo digo por ti, lo digo por todos.
Que no escucháis, Onofre, ¡que no escucháis!
Ya.
¿Ese que ha entrado por ahí es el nuevo director?
No tan nuevo, lleva más de un año ya.
¿Y el anterior cómo se llamaba?
Joaquín, don Joaquín.
Otro que tal.
¿Cómo que otro que tal?
Que se fue de la noche a la mañana, a la francesa.
No dijo ni adiós, ¿eh?
Primero se cogió una baja y luego si te he visto, no me acuerdo.
¿Y eso cuándo fue?
Todo esto de Los Galindos. Pero...
él no era del pueblo.
No es como si fuera familia. Bueno,
pero aquí en el pueblo todos lo pasamos muy mal.
Además, era un hombre muy sensible.
Date cuenta que lo conocía todo el mundo.
Todo el mundo tiene cartilla aquí, el que más y el que menos.
El pobre se cogió una depresión
que estuvo de baja varios meses.
Le cayeron encima como cinco años.
Pues sí que le afectó. Además,
creo que cuando trajeron al suplente,
vio cosas raras en las cuentas.
Cosas que no cuadraban.
Así que lo mandaron a otro sitio. ¿A otra caja?
Mili, reina, ahora te atiendo, ¿vale?
Estoy muy liada, Onofre.
Sí, ya, lo último.
¿Dónde le mandaron? Por Dios, pero qué interés.
Bueno, te escucho, me intereso. Ya.
Al parecer no quisieron despedirlo para que no saltara la liebre.
Así que lo enviaron a la oficina de ventas
de unas torres de apartamentos de la Costa de la Luz.
Esos son los folletos.
¿Qué, te compras el apartamento?
Solo si tú te vienes conmigo.
¡Anda ya! ¿Dónde voy yo contigo, sinvergüenza?
Gracias. De nada. Venga.
(SUSPIRA) Vente, Mili.
- Mira, que llegamos bien. - Ya te digo yo a ti que no.
(HABLAN A LA VEZ)
- Señor marqués.
Le han llamado de Sevilla.
¿Mi mujer?
Quiere controlarte. Ilusa...
No, el señor Alberto.
Me ha insistido en que es muy urgente
y que le llame, que estará pendiente de la llamada.
Está bien. Un momento.
Id subiendo.
Duchita rápida, ¿eh? En media hora abajo para cenar.
¡Venga, que invito!
(Teléfono)
¿Sí? "Alberto".
Marqués. "¿Qué tripa se te ha roto?".
Que ni enterrar en paz a mi tío me dejas, hostia.
Le acompaño en el sentimiento. Tiene que volver lo antes posible.
¿Qué pasa? "Creo que tenemos un problema".
Ojalá. ¿Cómo dice?
Ojalá tuviéramos solo uno. ¿Qué pasa?
"Picazo".
¿Qué pasa ahora con él? "No lo sé".
No lo sé.
"Alberto, que vengo de un entierro".
Cojones, que no estoy para adivinanzas. Cuéntame.
¿Qué? He hablado con Joaquín
y Picazo ha estado en la caja pidiendo informes
de las cuentas de su suegro. ¿Cómo?
¿Con qué derecho va ese hijo de puta
a pedir nada?
Por lo visto, su suegro se lo pidió.
Marqués... Marqués, ¿sigue ahí?
No podemos arriesgarnos a que ese cacho mierda
levante la liebre a dos días de que se empiecen a entregar
las llaves de los pisos. Ya, por eso tiene que venir.
Salgo en cuanto pueda.
Tengo una cena con la familia y no puedo salir corriendo.
Además, Alberto, he bebido mucho y estoy un poco mamado.
"No puedo coger el coche ahora".
He quedado mañana con Joaquín a media mañana en la yeguada.
"Parece que no quiere que le vean con nosotros".
Joder, ni que fuéramos unos apestados, no te jode.
Es que está muy nervioso. Tenemos que hablar con él.
Si duerme un poco, sale a primera hora y llega.
Nosotros le esperamos. Está bien. Allí nos vemos.
¡Y no bebas más, coño!
¡Joder!
¿Estás dormido? No.
Pero no pasa nada, anda, duérmete tú.
¿Por qué no te esperas a que don Alejandro se ponga bueno?
¿Otra vez?
No es cosa nuestra.
¿Y qué hago?
No sé.
Duérmete, anda.
Tendré que plancharte el pantalón otra vez.
Anda, mujer, ¿a qué viene eso ahora?
Venga, duérmete ya.
No puedo. Pues haz un poder.
Si es que desde que vino ese aquí,
desde que se ennovió con ella...
Y mira que le tengo cariño a doña Concha.
Pero a ese... ¿Qué?
¿No me vas a dejar dormir?
¿Por qué nos tienen que meter en sus asuntos?
Rosita...
Tú cuando coges el hilo, no paras.
Tranquilízate.
Anda, duérmete.
Venga. Bueno, ya me duermo.
Don Alejandro sabrá lo que tiene que hacer.
Eso si no le pasa nada.
¿Qué le va a pasar?
He visto a doña Concha muy preocupada.
Esa mujer se preocupa por todo.
Vive asustada.
Parece un pajarillo.
Pobrecilla.
(Radio)
Buenos días.
¿Te vas? (ASIENTE)
Muy pronto.
Sí, es que tengo que coger el autobús en Sevilla.
¿A dónde vas?
A La Redondela.
Eso está en Huelva. (ASIENTE)
Te acerco a Sevilla.
No hace falta.
Así hablamos por el camino.
Vamos.
¿Qué haces? Que es por ahí. Es un momento.
¿A dónde vamos? Ahora lo verás.
Que vamos a llegar tarde, voy a perder el autobús.
No. Y si lo pierdes, coge otro. Que ya estoy cerca.
Aquí es. ¿Aquí?
Si aquí no hay nada.
Aquí están enterrados.
¿Quiénes?
Los abuelos.
El maestro.
Varios jornaleros.
Y hasta una comadrona, la Zancarrona.
No lo sabía.
Pues ya es hora de que lo sepas.
Los trajeron aquí y los fusilaron.
Los...
Los falangistas.
Y algún que otro voluntario más.
Hasta don Alejandro dicen.
Pero eso yo ya no lo sé.
¿Quién más lo sabe?
Mucha gente.
Pero nadie se atreve a decir nada.
Es como si no tuvieran derecho a una tumba digna.
Por eso no vas al cementerio.
Este es mi cementerio.
Tú eres periodista.
Dicen que ahora va a haber más libertad.
Sí, las cosas están cambiando.
No sé yo cuánto van a cambiar las cosas.
Los que tienen el poder,
el poder de verdad, me refiero,
no lo van a soltar así como así.
Yo creo que algo se está consiguiendo.
Ojalá.
Prométeme que vas a escribir de esto.
Que se sepa.
Que esa carrera que has hecho sirva de algo.
Prométemelo.
Te lo prometo.
Pues vámonos, que vas a perder el autobús.
No importa, puedo coger otro.
Aquí tienes, mi alma.
Que digo yo,
lo de Solita es porque tú quieres, ¿eh?
- ¿Tú cuándo libras? - Anda, zalamero.
- ¿Eso se lo dices a todas? - ¡Solo tengo ojitos para ti!
¡Trae para acá! Y vete, que es muy tarde.
- ¡Adiós, guapura! - ¡Adiós!
"El presidente Suárez afirma que es partidario
- de conceder las autonomías..." - Para.
Deja eso, léeme otra cosa.
Esta gente se está cargando España con eso de las autonomías.
Los Reyes Católicos unieron España.
¿Y ahora qué quieren, partirla a trozos?
Doña Olga, ha llegado el correo.
Trae. Gracias, Solita.
Mi yerno,
mi hija,
mi yerno.
¡Anda! ¿Y esto?
Es para ti, Chelo.
No tiene remite.
Ábrela, tonta.
Puede ser de tu padre, que haya pasado algo.
Si hubiera pasado algo malo, me habrían llamado, ¿no?
¿De quién es?
De una amiga.
¿Una amiga? Ya.
Anda, vete para adentro y léela tranquilamente.
Muchas gracias, doña Olga.
Oye, ¿tú no me dijiste que no tenías novio?
¡Anda, anda!
"Querida Chelo, ¿cómo estás?".
"En Barcelona me he enterado de cosas muy interesantes".
"Ya te contaré".
"No he tenido tiempo de visitar la ciudad,
pero me ha parecido impresionante".
"Ojalá podamos venir juntos alguna vez, te gustará mucho".
"Espero que las cosas estén bien por ahí".
"Yo estoy deseando verte".
"Un beso, Onofre".
¿Quién te ha escrito?
Oye, Onofre, una cosa,
sé que tu madre está muy disgustada
porque andas por ahí preguntando lo que pasó en el cortijo ese.
Solo los que tienen algo que ocultar tienen miedo a la verdad.
Y ahí hay muchas cosas raras.
Estoy bastante seguro de que Pedro es inocente.
No veía al pueblo tan dividido desde que acabó la guerra.
Nadie se fiaba de nadie.
Quien más y quien menos
tenía un muerto en un lado o en el otro.
Pero poco a poco las cosas se fueron acomodando.
Al fin y al cabo todos somos pobres y eso quita de muchas tonterías.
Pero ahora...
Mira.
Cualquier cosa que hagas para que la gente se una otra vez
bien hecho estará.
No dejes que te callen.
Gracias.
A nombre de Fernández, sí.
Muy bien, vale.
Sí, 25, 26 y 27.
Fernández Castillo, sí que lo tengo.
Tú... tú...
¿Tú sabes que no hay bicarbonato en todo el hotel?
He tenido que ir a una farmacia de guardia.
Ya, por eso hueles a pachuli. ¿Dónde vas?
A Sevilla a una urgencia. ¿Tu suegro?
Ojalá. ¿No te quedas a lo de esta tarde?
Si me da tiempo, volveré. Ah...
"Good morning, my friend".
¡Coño, Gibraltar es de España!
Tráeme el reloj.
¿Te vas a llevar el reloj? Claro.
Siempre lo llevo puesto cuando voy a casa de los señores.
Me gusta que don Alejandro vea que lo llevo.
¿Y si lo pierdes?
¿Y por qué lo voy a perder, mujer? ¿Por qué?
No sé.
Si el señorito don Fito estuviera aquí,
no estaría pasando esto.
¿Qué te pasa? Que me duele la cabeza.
¿De lo tuyo?
Ese dolor que se me pone aquí.
Don Agustín dijo que era de los nervios.
Ya.
Que don Alejandro confía en mí.
Si alguien pregunta por mí,
le dices que estoy en el cuartel de la Guardia Civil
sellando la guía del potro.
(Claxon)
Anda, mira a ver quién es.
- ¿Qué tal, Rosita? - Francisco no está.
- Ah, no está. ¿Y dónde ha ido? - Al cuartel.
A lo de la guía del potro.
¿Con este calor?
No pasa nada.
Venía a traer unas botellas de la bodega de Chamanillos.
Que ya sabes que al marqués
le gusta tener vino en la casa cuando viene.
Podéis quedaros un par de botellas si queréis.
Muchas gracias, don Alberto. ¿Cómo está don Alejandro?
- Estuvieron aquí doña Concha... - Está mejor.
Eso sí, el médico le ha dicho que tiene que descansar.
Claro.
¿Sabes si Francisco tenía pensado ir a Sevilla?
- ¿A Sevilla? - Sí.
No que yo sepa.
- Te las entro. - ¡No!, no hace falta.
No me importa, no me cuesta nada.
Ya las meterá Francisco cuando vuelva.
Bien.
Bueno, pues vengo luego, a ver si lo encuentro.
- Hasta luego, Rosita. - Vaya con Dios, don Alberto.
¡Cago en diez, por Dios, no pueden ser más inútiles!
Ya va papaíto Rafael para arreglarles la historia.
(Claxon)
¡Vamos, vamos, hostia! ¡Vamos, coño!
¡Que vas pisando huevos!
¡Venga!
Perfecto. Muchísimas gracias. De nada, hombre.
Feliz año para la familia.
Hasta luego. Hasta luego.
¡Hasta luego!
Buenos días.
Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle?
Pues... estaba pensando en comprarme un apartamento.
Ah, muy bien. Sí.
¿Aquel es el que están construyendo?
Exactamente.
Esa es la fase dos. ¿Y esta de aquí es la uno?
Eso es.
¿Puedo sentarme? Me gustaría hacerle unas preguntas.
¿Es usted periodista?
Sí.
Ya le he dicho a sus compañeros que no sé nada.
Lo que hicieran o dejaran de hacer en el Ayuntamiento no es cosa mía.
¿De acuerdo? Usted es don Joaquín,
el antiguo director de la caja de Paradas.
¿Nos conocemos? Sí.
Soy el hijo de Paqui y Ceferino.
Ah... Tú eres el que se fue a estudiar a Madrid.
Le aparqué el coche en la comunión del hijo del marqués, ¿se acuerda?
Sí, sí.
¿Qué es lo que quieres?
Estoy escribiendo sobre los crímenes de Los Galindos.
(Música de tensión)
¿Y...
para qué?
Eso, eso ya está olvidado.
No me lo ha parecido.
Pues debería estarlo.
Usted conocía a aquella gente. (NIEGA)
No sé nada de aquella burrada.
Además, ya...
Ya dieron con el culpable, ¿no?
Y a mí me costó una enfermedad.
- Y por eso se fue de allí. - Buenos días.
- ¡Buenos días! Enseguida les atiendo. - De acuerdo, gracias.
Por favor, vete.
Yo no sé nada de aquello
y no quiero volver a tener pesadillas.
Por favor.
- Eh... Tomen asiento, por favor. - Gracias.
Adiós, buenos días.
- Bueno, dígame. - Venimos a...
"Rafael Pertierra y Medina".
"Marqués de Bahía".
Sí, tres, muy bien.
Hola. Perdón, ¿eh?
Solo una cosa más, ¿cuándo se construyó esta torre?
Pues...
Se acabó de construir...
En verano hizo cinco años o seis.
- Muchas gracias. - Dos años.
¿Cómo? Dos años en verano.
Yo vengo todos los años y he visto cómo la construían.
Mi padre estaba enfadado porque decía
que estropeaba un poco el paisaje, y yo también.
Pero ahora, mire, comprando un apartamento en la segunda fase.
Yo no estaba aquí.
- Gracias. - De nada.
- Bueno, entonces hemos dicho tres. - Sí.
(Teléfono)
Redacción.
¿Podría hablar con Maruja Castillo, por favor?
Sí, un momento. ¡Maruja!
- ¡Maruja! - ¡Voy!
- Es para ti. - Voy.
"¿Hola?".
¿Qué tal por Paradas?
Ahora mismo estoy en La Redondela.
¿Rendondela, Galicia? No, La Redondela, Huelva.
"¿Y qué haces ahí?". Ya te contaré.
Oye, ¿a ti te suena algo sobre unas torres de apartamentos
en la Costa de la Luz? Por lo visto había chanchullo.
No, no sé nada, pero no me extraña.
El que sabe de esas cosas es Pernales.
¿Y está por ahí? "No lo veo".
Quizá esté con Solís. ¿Le esperas?
Eh... No, solo me quedan cinco duros.
Lo llamo en 15 minutos. Dile que me espere.
Vale. Chao.
¡Espera!
¿Cómo estás? Bien.
¿Y tú?
Bien.
¿Qué tal con tu chica? "No lo sé".
Se ha ido del pueblo. "Joder".
Pero ¿qué le has hecho? "Nada".
Se ha ido a Sevilla a trabajar a casa del marqués.
Bueno, pues ve a verla, ¿no? Claro, sí.
Sí. "Claro".
Oye, si no hablamos, feliz año nuevo.
Feliz año. Y gracias. "Ya".
Al final pierdo el coche de línea. Mejor, así no vas.
Rosita, ¿qué, tú no te cansas?
Que no quiero quedarme sola, que me va a reventar la cabeza.
¡Y es verdad!
Me pasa cuando estoy preocupada, lo sabes.
Pues no te preocupes, que te preocupas por todo.
¡Por Dios, cómo no me voy a preocupar!
Si de esto no puede salir nada bueno.
Ya has escuchado a don Alberto.
¿Qué? No ha dicho nada raro.
Tú no le estabas viendo la cara.
A ver, qué cara ni qué cara.
Estaba muy nervioso.
No hacía más que buscarte con los ojos.
Mujer, no digas tonterías.
Ahora te vas para el cuarto, te tumbas en la cama.
Bajas la persiana, te tomas las pastillas.
Y yo te prometo que voy a volver nada más que termine.
Si yo también quiero terminar con esto ya de una vez.
¿Y me vas a dejar sola?
Rosita... ¡Francisco!
No, ya está, se acabó.
¿Y qué va a pasar cuando le lleves los libros
y vea que su yerno ha metido la mano?
Pasará lo que tenga que pasar.
Don Alejandro sabrá. A don Alejandro no le queda mucho.
¿Y eso quién te lo ha dicho? Se lo veo en la cara a doña Concha.
Y cuando él se muera, el marqués va a ser el que mande.
Y si se entera de que tú has estado enredando,
nos pone en la calle. ¿Qué quieres que haga?
¿Qué hago? Ay, me duele la cabeza.
No quiero discutir.
Llama a don Alejandro y dile que no puedes ir.
Te quedas en la casa.
Y si vuelve don Alberto, haces como si no supieras nada.
No puedo hacer eso.
Pero ¿no te das cuenta que nos van a poner en la calle
después de tantos años?
Pues igual si nos echan, mejor.
Pero ¿qué estás diciendo, Francisco? Sí.
No quiero pasar el resto de mi vida sirviendo a un marqués como ese.
¿Cuántas veces la niña nos ha dicho que nos vayamos con ella
a vivir a Tarragona?
Muchas.
Igual ahora es el momento.
Tenemos dos nietas.
Y nos las vemos casi nunca.
Piénsalo. Igual esto es lo mejor.
Tú ves todo muy fácil.
Y a ti todo se te hace un mundo.
Anda,
llama a la Chelo, que se quede un ratito contigo.
La Chelo no puede venir porque iba al cementerio
a ver a su madre.
Dile al Pedro que se traiga a la Ascensión.
Y que te lleve a Sevilla en el coche.
Así no tienes que andar. No quiero pedirle favores a ese.
Que no es un favor, tú eres el que manda.
Además, Ascensión va a estar encantada de venir.
Bueno. Ella no es como el marido.
Si te quedas tranquila, llamo a la Ascensión.
Claro.
¡Chanclas!
¡Mande usted!
Haz el favor, ve donde Pedro y dile que se venga para acá.
Ahora mismo.
Anda, vamos.
(Teléfono)
Pernales, ¿sí? "Pernales, soy Onofre".
¡Hombre, ya era hora!
Perdona, hombre. "Nada, hombre, es cachondeo".
¿Qué quieres? Me ha dicho Maruja
que tú... La Costa de la Luz, sí.
¿Qué quieres saber? Hay aquí un par de torres,
Bahía 1 y Bahía 2, ¿te suenan? Menuda la que hay formada.
"¿Por qué?". ¿Por qué?
Por lo mismo que en toda la costa española, ¿no?
Soborno, recalificaciones,
concejales y secretarios del Ayuntamiento
pringados hasta las trancas. Lo de siempre.
Ya.
¿Y se sabe quién hay detrás? "¿Detrás de qué?".
Pues... de todo. Espera, te lo estoy mirando.
"Gracias".
Esas torres las construyó una constructora bastante pequeña,
pero con socios con pasta.
"Ricachones de Sevilla".
"Unos con dinero y otros con contactos".
¿Estás interesado en algún socio en concreto?
Sí, un segundo.
Rafael Pertierra Medina, marqués de Bahía.
"'Bahía' con H intercalada". Coño, como "mis huevos".
¿Cómo? Como mis huevos, ¿no?
Con H intercalada: MIS-H-UEVOS.
Es cachondeo, hombre.
Espérate.
Aquí lo tengo.
Sí, aquí hay un Pertierra.
Ah, ¿sí?
Muchas gracias.
Hombre, son 5000, nada más.
Me pones un giro o me lo mandas en mano.
¿Cómo?
¡Que es cachondeo!
Ah, no, yo es que había pensado acostarme contigo, pero...
¿Cómo?
¡Que es cachondeo! (RÍE)
¡Qué cabrón! "Hasta luego".
¡Venga, adiós!
Hola.
¿Qué quieres ahora?
¿Estaba el marqués implicado en la construcción de las torres?
¿Por qué? Solo dígame si sí o si no.
Con la nueva no, con la otra.
¿Y a usted por qué lo trasladaron?
Porque... Porque lo pedí. Eso no es verdad.
Le trasladaron a la fuerza.
Si me prometes que no me vas a citar en tu artículo,
te puedo contar algunas cosas.
Hecho.
(Puerta)
Dolorita.
Salgo un momento. Caballero, acompáñeme, por favor.
El marqués invirtió algo de dinero en la torre.
Pero, sobre todo, puso sus contactos.
Pero, bueno, esto no tiene nada de ilegal
ni está relacionado con lo de la finca.
Pero justo después de las muertes el administrador desapareció.
Y a usted lo largaron también. Ya, bueno. La cosa es que...
Esto no te lo he dicho yo, vamos, ¿de acuerdo?
El marqués no tenía suficiente dinero
para entrar en la operación.
Pero su mujer tiene dinero.
Él quería mantener a la mujer y a la familia
al margen del negocio. ¿Por qué?
Porque él quería demostrarle que era capaz
de hacer algo por su cuenta.
Así que...
cogió dinero prestado de su suegro.
O sea, de la finca.
Y para eso necesitaba al administrador.
Sí.
Y a usted para maquillar las cuentas.
Es que... Es que era algo temporal, se iba a cubrir en unos meses.
Pero los costes se desbordaron un poco.
Y el marqués...
El marqués se ofreció a poner más dinero
si le dejaban poner su nombre a la torre.
Pero, claro, para eso tenía que seguir echando mano
del dinero de la finca.
¿Y el suegro no se llegó a enterar? Que yo sepa no.
Y el marqués se desligó de la constructora ese mismo año.
Después... Después de todo aquello.
¿Y don Alberto, el administrador?
Ese fue el sinvergüenza que al final se quedó con todo.
¿Cómo todo?
Todo lo que el marqués había ganado en el negocio.
¿Y...
usted cree que lo que pasó en Los Galindos
tiene que ver con toda esta operación?
Yo no quiero saber nada ni sé nada de esas muertes.
Yo solo era un empleado, un empleado de caja.
Un empleado de la caja.
Y ahora hazme el favor de irte. No quiero volver a verte, ¿eh?
No quiero volver a verte en mi vida.
No sé.
Estaba pensando en comprarme un apartamento.
Ni se te ocurra, son una mierda.
Perdone, ¿el siguiente autobús que pasa por Paradas cuándo sale?
Hasta mañana ya nada. No me digas.
(ASIENTE)
Bueno, muchas gracias. De nada.
¿Y algún sitio por aquí para dormir? Que sea barato.
¿Cómo de barato? El más barato.
Eso sí, que tampoco me coman las chinches.
Mira, ahí a la vuelta tienes un hostal.
Dicen que está limpio. Perfecto, muchas gracias.
Y, oiga,
ya lo último,
¿sabe dónde queda la calle Sor Ángela de la Cruz?
Sor Ángela de la Cruz.
Espera que te lo miro.
Gracias.
¿Qué tal el viaje, marqués?
¡Vaya puta mierda de carretera!
No he parado ni a mear, vengo reventado, hostia.
(ORINA)
¿Qué cojones está pasando? Lo que le dije,
Picazo ha estado metiendo las narices.
Hijo de puta.
He tenido que desconectar el teléfono antes de venir.
¿Y a ti qué cojones te pasa, Joaquinito?
Eres incapaz de controlar a tus empleados
para que se vayan de la lengua, ¿no?
No... No me di cuenta. ¿No me di cuenta? Hostia.
De eso se trata, coño, de darse cuenta.
A ver cómo arreglamos ahora este pifostio.
Joder, mierda, ya me he manchado.
La madre que me parió.
Vamos para dentro.
Hay otra cosa, marqués. ¿Otra cosa?
Sí, otra cosa. ¡Hala, venga! ¡Alegría!
Su mujer también se pasó por la oficina.
Concha. Quería saber cómo están las cuentas.
¿Tú qué le dijiste? La toreé como pude
y le dije que le haría llegar las cuentas en cuanto pudiera.
Pues eso va a ser nunca, ¿te has enterado? Nunca.
¡Buenos días, Curro! (ASIENTE)
De todas formas, me preocupa más Picazo.
Quiere hablar con él, marqués, y hay que ir ya.
Antes de que vaya para Sevilla.
Yo creo que querrá coger el coche que pasa a las dos.
A las dos. Sí, he estado a primera hora
en el cortijo para hablar con él, pero me ha dicho Rosita que no.
No me ha dicho que fuera a ir a Sevilla,
pero estaba muy nerviosa, marqués. No me fío, no me fío.
Ya. Esa mujer no sabe mentir.
Bueno, entonces vamos, hablamos con Picazo,
¿y después? Pues vamos allí y...
Hablamos con él y...
Le explicamos...
¡Yo qué sé!
¿Y si no le explicamos nada, marqués? No hay tiempo.
Usted es el jefe, le prohíbe ir a Sevilla y punto.
No es tan fácil, Alberto.
Picazo es perro de un solo dueño y ese dueño no soy yo, hostia.
Es mi suegro. Pues habrá que convencerle.
Ah, ¿sí? ¿Cómo? No sé.
Pues con dinero. Claro, con dinero, como todo el mundo.
Ofrézcale dinero. ¿Yo?
¡Que me va a tocar pagar a mí otra vez, sí, hombre!
No puedo asumir ni un coste más, se acabó.
Es un imprevisto. Ya, pero los imprevistos
terminan aflojándome la cartera. ¡Ya está bien!
Es mal momento para discutir. ¡Mal momento mis cojones!
¡Sí, marqués! ¡Mal momento mis cojones, coño!
Tú te encargabas de controlar al viejo y la finca, ¿no?
Sí. Si Picazo se ha enterado de esto
ha sido por tu culpa. ¡Sí, por tu culpa!
Tú te vienes conmigo a hablar con él.
Y tú tampoco te vas a escaquear.
¿Y cuánto le ofrecemos?
- ¿Cuánto gana? - 16 000 al mes.
- ¡Hala! - Le podemos ofrecer 25 000
y ha visto a la Virgen. ¿25 000 pesetas?
Yo no llevo ese dinero encima ahora.
- No sé, llevo... - ¿Cuánto?
2800 más el suelto. Eso es muy poco.
¿Cuánto lleváis? ¿Qué?
¿Cuánto lleváis vosotros?
4600. Vale.
- Tú, Alberto. - 6200 y cinco duros tengo aquí.
Bueno, con esto no llegamos.
- 10 600 no es bastante. - No.
Vamos a tu oficina a sacar más. No, no.
No podemos aparecer los tres para sacar dinero.
Ah, ¿por qué no podemos? Porque me estaban mirando raro.
¿Quién te mira raro, Joaquín?
Adelita, que se quiere echar un polvo contigo.
Ve tú solo, hostia, te esperamos aquí.
No tenemos tiempo. Vamos yendo, se tendrá que conformar
- con las 10 600. - Perdóname.
Son más de 2000 duros, ¿eh? Que está muy bien.
Es poco para lo que gana. La cantidad es lo de menos.
Se le puede prometer más.
Lo importante es saber si Picazo va a entrar al trapo. ¿Qué piensas?
No lo sé, marqués. Si fuera otro sí, pero Picazo...
Alberto, de verdad, "no lo sé".
Si es que no me valéis, no me valéis.
Nos llevamos a Curro.
¿A Curro para qué?
Puede que si le ve llegar con nosotros, se lo piense mejor.
No te entiendo. Sí, sí me entiendes.
Hombre, no, no podemos llegar metiendo miedo.
Es miedo o dinero, una de dos, marqués.
¿O se le ocurre otra manera de convencerlo?
Pero ¿Curro qué va a hacer? Lo que le digamos.
¿Qué, se va a liar a hostias? No va a hacer falta.
Cuando lo vea llegar con nosotros, lo va a entender.
A buen entendedor. No es personal. Joder.
No es personal, son solo negocios.
Es una frase de "El Padrino".
- Tú eres gilipollas, de verdad. - Yo no la he visto.
Si don Alejandro se entera... ¡Ya lo sé, Alberto! Lo sé, hostia.
¿Crees que no lo sé?
Lleva buscándome las vueltas desde que me casé.
Está intentando que Concha se separe de mí.
¿Te lo puedes creer, Joaquinito? El hijo la gran puta.
Nada más le gustaría que verme en la cárcel.
Yo no puedo ir a la cárcel, Alberto, hostia.
Y menos cuando solo faltan unos días
para demostrarle al paleto de mi suegro
lo que he conseguido para la familia, coño.
Tranquilo, marqués.
¡Curro!
(SISEA) ¡Curro!
Mande usted.
Buenos días. Hola.
¿Qué quieres?
¿Está Chelo? No, salió con doña Olga.
¿Y me podrías decir a dónde ha ido?
Por favor.
Se fue a la iglesia.
A la Iglesia del Rosario.
Muchas gracias. Con Dios.
¿Quién es, Solita?
¡Nadie! ¡Señora, se habían confundido!
(OLGA) Dios te salve, María. El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros...
Dios te salve, María, llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Perdón, doña Olga, tengo que salir un momentito.
Ahora vengo.
Santa María, madre de Dios...
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Hola. Hola.
¿Qué tal? Bien, ¿y tú?
Bien.
Parecemos tontos, ¿no?
Un poco, sí.
Tenía muchas ganas de verte. Y yo de verte a ti.
Tengo cosas que decirte. No hace falta.
Sí hace falta.
He estado investigando. Investigando, cómo suena, ¿no?
Bueno, es lo que hacemos los periodistas.
Te puedo asegurar que nadie se cree que tu tío matase a mi tía
ni a los demás. Eso ya te lo había dicho yo.
Ya. La cosa no viene por los problemas
que tuvieran entre ellos.
Aún no tengo todas las piezas,
pero ya que...
Chelo.
Perdone, doña Olga, me estaba mareando ahí dentro.
- ¿Estás bien? - Sí, ya sí.
- ¿Seguro? - Sí.
Buenos días, doña Olga.
¿Y quién es usted?
- ¿Tú lo conoces? - Sí, es del pueblo.
Soy Onofre, el de la Paqui.
- El sobrino de Rosita. - ¿El que se fue a estudiar a Madrid?
Sí, ese. ¿Cómo está usted?
No te había conocido con esos pelos.
Bueno, lo que se lleva en Madrid.
Tienes los mismos ojos de tu tía.
Qué pena todo aquello. Rosita era una joya.
Cómo quería a la familia.
¿Cómo pudo ocurrir una cosa así?
Qué gente más mala.
Tú no tienes la culpa.
A mí no me acaba de convencer la idea de que fue Pedro.
Eso fue lo que dijo la Guardia Civil.
Si ellos no lo saben, ¿quién lo va a saber?
Qué pena, Dios mío.
Y pensar que mi marido, que en gloria esté,
lo estaba esperando ese día en casa.
¿A quién? A Francisco.
¿A Picazo? Sí.
Había quedado en venir a vernos.
Y después no llegaron con que había matado a Rosita.
Y luego aparece muerto también Picazo.
Yo creo que aquello fue lo que le dio la puntilla a mi marido.
No sé por qué has venido a recordarme todo esto.
Ahora me voy a pasar también unos días sin poder dormir.
Perdone, no era mi intención.
Además, me hija me tiene dicho que no hable de esto con nadie.
Son cosas muy desagradables.
¿Has venido a pasar las navidades con tus padres?
Sí. ¿Cómo está tu madre?
Bien, está bien. Por tu padre no te pregunto.
- Porque, bueno... - Cuidado.
Que Dios me perdone, tú tampoco tienes la culpa de eso.
Yo tampoco creo que fuese Pedro, si te digo la verdad.
¿Cómo va a matar a su mujer si iba a tener un niño
y él estaba loquito de contento?
Fue un golpe terrible.
Fíjate mi yerno,
que parecía que nunca le importara nada.
Pues no volvió a ser el mismo.
Casi se vuelve loco. Daba pena verlo.
Con lo que él había sido.
Como un alma en pena.
- Llévame a casa. - Vamos. Vámonos.
Doña Olga, solo una cosa.
Me han contado que su yerno andaba metido en unos negocios.
En algo de unos apartamentos en la playa o algo así.
Sí, se metió en un negocio de esos.
Pero no debió sacar mucho, algo salió mal.
Sí.
Hay que ver, Chelo, la mala suerte que ha tenido siempre este muchacho.
Con el buen fondo que tiene.
Yo creo que si no es por Concha, se tira al río.
Decía que lo habían engañado.
¿Quién?
El administrador, don Alberto.
Debes acordarte de él.
Sí, me acuerdo.
Mi hija me mata si me oye hablar así.
Pero a las viejas nos gusta hablar.
Lo que pasa es que nadie nos escucha.
Bueno, nos vamos.
Oye, y tú con lo guapo que eres, ¿por qué no te cortas el pelo?
Me lo voy a pensar.
Venga, vamos.
Adiós. Adiós.
Pero yo no puedo ir a buscar a Ascensión,
estará liada con las cosas de la casa.
Y encima llevarte hasta Sevilla.
Lo siento, no me pagan por ser chófer.
¿Que no te pagan?
La madre que te parió, Pedro.
No me puedes obligar, Picazo. ¿Que no?
No. ¿Y eso quién lo dice?
La ordenanza laboral.
Anda, que ahora eres un experto en leyes.
Yo no, pero algunos sí.
Es verdad, que se te ha visto con el Ceferino y con los suyos.
¿Ahora qué, que te has vuelto un comunista?
No hace falta ser comunista. En mi contrato pone...
Tu contrato. que soy peón y no chófer.
Tu contrato.
Pedro, hazme el favor,
Francisco tiene que ir con urgencia a Sevilla y yo no me encuentro bien.
No quiero quedarme sola.
Tráete a la Ascensión, anda.
Hazlo por mí.
Medio jornal.
¿Qué? Que le pagues medio jornal.
¿A quién? A Ascensión.
Qué miserable eres, Pedro.
- Das asco. - A mí me parece bien.
Vamos, Francisco.
Anda, vete a por la Ascensión.
Cuanto antes te vayas, antes volverás.
Y así estaremos todos más tranquilos.
Ahora vuelvo.
Se ha perdido todo el respeto.
Desde que entró el marqués en esta casa
se ha perdido todo el respeto.
Ya lo dice el dicho:
cuando los que mandan pierden la vergüenza,
los que obedecen pierden el respeto.
(Motor)
(Claxon)
(Música de tensión)
Faltan cosas en la caja fuerte.
Son papeles de don Alejandro.
Dámelos, yo se los llevo.
Eso no puede ser.
Hace mucho calor y me estoy hartando ya.
- ¿Qué es eso? - ¿El qué?
¡El cortijo! ¡Vamos, cojones!
¿No se ha enterado? ¡Que hay fuego en Los Galindos!
¡Que está yendo todo el mundo!
- No jodas, ¿qué ha pasado? - Voy a ver qué pasa.
¡Cabo, cabo!
Venga, por favor, tiene que ver esto.
¿Qué es esto?
¡Cabo, venga usted!
¡Tiene que ver esto!
¿Qué ha pasado aquí?
¡Picazo!
¡Cabo!
En el camino hay otro muerto.
Ya sé que su marido nos prefiere tontas,
para que nos quedemos calladas.
¿Qué acabas de decir?
Pregúntele a su marido.
¡Vaya, pregúntele a ver qué le dice!
No me jodas.
¿Qué? ¿Eh?
¿Ahora qué?
¿Qué va a hacer? ¿Dos muertos más?
(Disparo)
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