All language subtitles for El marques s01e02. La reina mora

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Original subtitles

O sea, que eres del pueblo donde se ha cometido

el crimen más importante en España en los últimos... 50 años

y te lo callas.

"Si traes algo interesante, igual lo publicamos".

Primero los mató a todos y después se mató él mismo.

¿Tiene que venir otro periodista? Poco más y saco la escopeta.

He visto que la gente sigue muy revuelta

con el tema de Los Galindos. ¿Cómo quieres que esté el pueblo?

En este pueblo ya todo el mundo es o de un bando o de otro.

Entonces, usted no cree que fuera Pedro.

No. No me cuadra a mí.

También dijeron que habían sido unos legionarios.

Fue una hipótesis que se contempló, pero no se estudió mucho.

- Hola. - Hola.

¿Qué pasa, hija?

La familia de la Chelo y la nuestra ya no se hablan,

así que ni se te ocurra acercarte por su casa.

¡Chelo! ¡Chelo, para dentro!

Y a ti ni se te ocurra hablar con mi hija.

Yo me voy, Pepe, pero pienso averiguar la verdad.

(Aplausos)

Se trata de que mi suegro

no sé dé cuenta de que estamos desviando

el dinero de la finca para esa torre, ¿no?

Pues ya está, haz lo que tengas que hacer.

Estoy embarazada.

Lo guapa que te has puesto de la noche a la mañana.

¿Quieres salir conmigo? ¿Tú y yo?

Bueno, tú piénsatelo. Que me toca subir al cortijo.

Su yerno es un hombre muy capaz, don Alejandro.

Eso es lo que me preocupa,

de lo que es capaz.

Por favor. Estamos jugando nada más.

No. (GIMOTEA)

Eres el sobrino de Rosita, ¿no? El estudiante.

Largo de aquí, anda.

(Campanario)

(Música de guitarra)

Hola, mamá. Espera.

(Parte informativo)

(RADIO) "... ha muerto en Madrid la pasada madrugada

a causa de un repentino empeoramiento

de su dolencia cardiaca".

¿Qué tal? ¿Cómo estás? Bien.

Si has venido a disculparte con tu hermano, no está.

¿Disculparme con él? ¿Por qué?

Me ha dicho que habíais discutido.

No sé cómo te las apañas,

pero siempre que vienes tenéis una bronca.

Dice que nos estás racaneando el dinero.

Y que le riñes si gastamos demasiado.

Te estás volviendo tan tacaño como tu padre, hijo. Qué lástima.

(Puerta)

Hombre, Rafael.

El mamón de Rovira, que se creía que me iba eliminar.

Ni un set le he dado de respiro.

Y el imbécil me pide la revancha.

¿Para qué si va a morder el polvo otra vez?

- ¿Cómo estás, mamá? - Ay, que estás sudado.

Hija, normal.

¿Cómo estás? Bien, bien.

Oye, ¿tienes un momento, que te comento una cosilla?

Venga, anda.

Si vais a discutir, cerrad la puerta, ¿eh?

No quiero que el servicio se entere de todo,

que luego lo van contando por ahí.

Me han llamado del banco.

Dicen que la cuenta de mamá está en números rojos.

Normal, son muchos gastos.

No te imaginas lo que es mantener esta casa en pie, Rafael.

Ya. Pero el whisky no te falta.

Esto es el chocolate del loro.

El whisky bueno, la cuota del tenis...

Ah, no, el tenis no.

¿Sabes lo que iban a decir por ahí si me doy de baja en el tenis?

Venga, Rafael, coño, estírate un poquito

Al final mamá y yo vamos a terminar pasando hambre.

Yo, de momento, no puedo hacer más, Ramón.

Estoy metido en un negocio. (RÍE) Perdona, ¿eh?

Es que nunca has tenido ojo para los negocios.

Para los caballos sí, pero para los negocios...

Esta vez va a ser distinto.

Pues más nos vale.

¿Tú has visto cómo están las habitaciones de arriba?

Se nos están colando las palomas por los agujeros del tejado.

Cualquier día monto una batida.

¿Por qué no lo arreglaste con el dinero que te mandé?

Porque surgieron otros asuntos, que esto es un no parar.

¿Has cambiado de coche?

Sí.

El otro me estaba haciendo un ruido muy raro.

Cualquier día de estos me deja por ahí tirado.

Imagínate que me pasa con mamá en alguna parte.

Mamá no sale nunca. Ah, ¿no?

Me toca llevarla a mí a la consulta cada dos semanas.

A ver si te crees que todos tienen la vida igual de fácil que tú.

Sé un hombre, haz lo que tengas que hacer

para que mamá pase lo que le queda con un poquito de dignidad.

A ti mamá te importa tres cojones.

Sí, a ti solo te importa chupar del bote, ¡de mi bote!

Bueno, pues eso se va a acabar.

¿Te has enterado, mamonazo? Se va acabar.

(Radio)

Tengo que irme.

Mira, ¿te importa echarme estas invitaciones al buzón?

No te vayas a olvidar de ponerle el sello.

Mamá, Milagritos Castro murió hace dos años.

Pues podía haberme avisado.

Como le siga dando a la gente por morirse,

me voy a quedar merendando sola. (RÍE)

Rafael.

No le riñas más a tu hermano porque gasta demasiado,

que lo hace por mi bien.

Bien.

Adiós, mamá.

(Sintonía)

Señor marqués.

Ha venido un señor a buscarle. Ese que tiene un apellido raro.

¿Cidoncha? Ese.

Ha estado un rato esperando, pero se ha ido con don Alberto.

Dice que le esperan en la Plaza de España,

que van para el restaurante.

Está bien, gracias.

Pero ¿qué tripa se le ha roto a Mejías?

Solo tiene que echar las últimas firmas.

Ahora quiere más cacho.

Vaya novedad, por amor al arte no lo iba a hacer.

Pero su cacho ya estaba hablado, ¿sí o no?

- Sí, pero se ha enterado

de que está usted en el negocio y quiere más.

¿Cómo? (ASIENTE)

- ¿Cómo se ha enterado, Cidoncha? - La gente, que habla.

- La gente no habla, la gente no. Te fuiste de la lengua, ¿no?

- Es que la semana pasada estuvo a puntito de echarse atrás

y tuve que sacar tu nombre a relucir.

Cidoncha, joder, joder.

Es lo único que te pedí, hostia, lo único.

¿Lo sabe alguien más?

No, tranquilo, marqués, ya le he preguntado. Nadie más.

Pero que Mejías no es un bedel cualquiera, ¿eh?

Es el secretario del Ayuntamiento.

Vamos, que, si no firma, nos quedamos con la torre construida

y sin poder entregar ni una llave.

A estas alturas eso es imposible.

Joder, Cidoncha, solo te pedí estar en la sombra

hasta que estuvieran a la venta. Me dijiste que sí.

Coño, no era tanto pedir, hostia.

Se va a callar, marqués, tranquilo.

Por la cuenta que le trae, ese se calla.

No, lo único que eso, que empezó a ponerse nervioso

y le di tu nombre como garantía.

Ya, pues por esa garantía ahora quiere más cacho.

Lo siento, de verdad, lo siento,

pero es que era eso o arriesgarnos a perderle

y comernos los apartamentos con patatas.

A mí ya no me queda ni un real en la caja.

Ah, ¿y lo tengo que poner yo?

¿Y me lo saco qué, del forro de los cojones o qué?

Yo ya os dije lo que podía poner, hostia.

Eso y mis contactos. Ese fue el trato, ¿eh?

Lo dejé muy claro desde el primer día.

Eso y que no tenía que enterase nadie.

Nadie.

Bueno, pues ahora ni una cosa ni la otra.

¿Y de dónde lo saco, Cidoncha? ¿De dónde lo saco?

Bueno, se lo puedes pedir a tu suegro.

Me cago en tus muertos, Cidoncha. Eso es justamente lo que no quiero.

Esto es solamente cosa mía. ¿Te has enterado? Mía.

Dile que no hay ni un duro más.

Pues debe de estar en camino, ¿eh?

Porque la comida es dentro de 20 minutos.

Y encima hay que darle mariscos, no te jode.

Lo mismo se marea por el camino y no le apetece.

¿Qué, están buenos los langostinos?

(ASIENTE)

Pues dilo, hombre, dilo. Están buenos, están buenos.

Pero vamos a ver, Mejías,

¿qué problema hay con el acabado de la piscina?

La piscina tiene forma de riñón

y en las curvas del riñón, al no ser recto,

el revestimiento de gresite se desprende

y esto produce filtración en el garaje

que pueden afectar a los cimientos.

Tengo el informe de la inspección.

- ¿Tú sabías algo de esto, Cidoncha? - Se ha hecho piscina de riñón

porque es lo que viene en el proyecto, piscina de riñón.

¿Y por qué se desprende el revestimiento?

Pues no se entiende,

porque hemos utilizado un revestimiento muy moderno.

Ya.

Imagino que "no se entiende"

significa que algún día sí se entenderá, ¿no?

Ya hemos quitado toda la parte de la pared que se cala

y la vamos a reemplazar por una nueva.

Si aguanta, esto en tres días está solucionado.

Claro, pero ¿y si no aguanta, Juan? Yo no puede arriesgarme.

Y, por otra parte, la memoria de calidades no coincide.

Pues yo por una chuminada como esta, porque esto es una chuminada,

he parado la firma de un campo de golf seis meses.

Y un año porque las farolas no estaban en condiciones.

¿Es un fastidio? Sí, sí.

¿Tenemos prisa?

Yo no tengo ninguna.

Y yo no sé ustedes,

pero a mí me da mucho miedo lo que puede pasar en España.

A Franco no le queda mucho, nos pongamos como nos pongamos.

Bueno, pero para eso está el rey, ¿no?, y los ministros.

Puede, puede, puede, pero yo siempre me pongo en lo peor.

La juventud está corrompida y ya nadie defiende los valores.

España se va a la mierda.

Vamos a ver, Mejías, concretando.

Aquí estamos todos en el mismo barco, ¿no?

Remamos todos en la misma dirección. ¿Sí o no?

Bueno.

Yo soy un poco filósofo.

Yo me conformo con poco.

Un poquito de holgura económica

y tiempo para poder disfrutarlo con mi mujer.

- Bien. - Bueno, pues eso es lo que...

A mí lo que me gustaría

es conocer España.

Dejar que pasen los dos años que me quedan para jubilarme

y disfrutar con mi mujer recorriendo toda España

y conociéndola.

¿Conocéis el CX Palas?

Eso tiene un suspensión

que parece que vas en lo alto de una alfombra.

Qué maravilla.

Señores.

Voy un momento al baño.

¿Quieres más langostinos, Mejías? Siempre.

¿Pides otra ración de langostinos en la barra, Alberto?

¿Me disculpan un momento? (ASIENTE)

Oh, cómo está el vino, niño. Echa.

- Bebe. Bebe. - Qué alegría.

Vale, vale, vale.

Joder, ha dicho seis meses o un año. Pero ¿qué dice ese?

Será mamonazo.

O sea, ¿un CX Palas, me cago en sus muertos?

O sea, no el CX normal, el Palas.

Este hijo de puta se quiere forrar a nuestra costa.

No le irá a dejar, ¿verdad? ¿Qué cojones quieres que haga?

No lo sé. Mire, yo antes de que este desgraciado

nos chupe la sangre y nos chulee de esta manera,

yo metía a su suegro en el negocio, fíjese lo que le digo.

Se lo va a agradecer. Ni de broma, Alberto.

Antes de pedir ayuda a mi suegro cojo la torre

y la tiro con mis propias manos, ¿te has enterado?

Parece mentira, hostias.

Menudo chantajista de los cojones.

Estamos rodeados de ladrones, Alberto, de ladrones.

Además de verdad.

Niño, ponme unos langostinos.

No, hombre, que no, qué cojones.

Langostinos no, una de queso. Que no, tampoco.

Que pongan una olivas, a tomar por culo. Voy a mear.

Ponme unas aceitunitas, anda.

(Música instrumental tenue)

Joder, si ya no es fiesta el 18 de julio,

- ¿seguirá habiendo desfile? - No hables tanto, anda.

¿Qué mismo te da a ti si hay desfile o no?

Pues claro que me da. Y mucho.

No es lo mismo que haya desfile a que no lo haya.

Estate en lo que estamos, coño,

que te acaban de colar una y ni te has enterado.

Además, ¿por qué van a tener que quitar el desfile?

Porque lo quieren quitar todo.

Joder, se me están helando las pelotas.

Qué puta rasca hace, picha.

Melenas, ¿qué? Tienes frío, ¿no?

Un poquillo.

Toma.

¿Estás buscando piso?

¿Para comprar o para alquilar? Para comprar cuando me licencie.

Me ha dicho mi novia ahora que sin piso no se casa.

Que para vivir de alquiler se queda con los padres,

dice la hija de la gran puta.

No te cases, Miguelón.

Para arruinarte la vida siempre hay tiempo, chiquillo.

Con estos precios voy a estar pagando

hasta el siglo XXI por lo menos.

(Gaviotas)

¿Tú crees que seguirás con tu novia dentro de tres meses?

¿Qué dices? A ver si te voy a dar en el pescuezo

con el canto de la mano. ¿Qué hablas?

Te lo digo porque han aprobado una ley fiscal por la inflación

y los precios van a bajar mínimo un 5 %.

En tres o cuatro meses, se va a notar

- en el precio de los pisos. - Pero si él no se quiere casar.

Lo que quiere es dejarse de pajillas en el cine

y tirarse a la Manoli en una cama de verdad, ¿no?

- ¿Eh, Miguelón? - Si ya se lo he dicho yo,

que para follar se compre un 600,

que es más barato que una casa y además viajas.

Chiquillos, irse a mamarla una poquita todo el mundo.

Si esperas tres o cuatro meses,

por un piso de un millón puedes ahorrarte

50 000 pesetas.

¿50 000 pesetas?

¿En serio?

Eso es un dinero.

Tú no te fíes del jipi, Miguelón.

Sabes tú mucho de precios, ¿no?

Algo he leído.

Los jipis no suelen leer esas cosas.

¿Tú has leído si el 18 de julio lo van a quitar?

No sé, no creo.

Pero..., bueno, a lo mejor.

Que eso lo ha dejado para cuando vaya a la peluquería.

Que tampoco va mucho.

No voy mucho, no.

¿Qué pasa, te da miedo el peluquero o es que te gusta a ti criar piojos?

O que el peluquero... vale dinero.

Pues alístate, que aquí nos lo cortan gratis.

Ya, ya me gustaría. Mi padre es legionario,

pero yo tengo una lesión en el corazón.

¿Tu padre está en el Tercio? ¿En qué brigada?

Ahora en ninguna.

Es que en unas maniobras una granada le explotó

y le voló la mano.

Pero, vamos, él dice que no le importa,

que así se parece más a Millán Astray.

Joder, chaval, qué..., qué putada. Ya.

¿Qué pasa, no fumas?

No, sí, claro que fumo.

Gracias.

Toma.

Esta por tu padre y por todos los que como él

dan su vida todos los días por España.

Es bueno, ¿eh?

¿De dónde lo has sacado?

Hombre, si nosotros no tenemos costo bueno,

¿quién lo va a tener?

De algo tiene que servir estar tan cerca del moro, ¿no?

No habléis tanto, no habléis tanto.

Venga, vamos a darle.

Mus.

Mus.

Mus.

Escucha, la reina de los mares. (VOMITA)

(RÍEN)

- Toma ya. - Venga.

(RÍEN)

Qué gracioso eres, chiquillo.

(LEGIONARIO) ¿Maniobra?

Aquí la principal maniobra que hacemos es "la alemanita".

"Hale, manita, hale, manita".

Pero sí que nos mandan mucho de maniobras a la península.

¿Tú sabes dónde nos mandan mucho? Al Retín, allí nos mandan mucho.

Y una vez también allí en Colmenar. Allí con..., con los paracas.

Qué fantasmas.

¿Y a Sevilla no vais?

Es que la hija de una prima de mi madre

es de Sevilla, de un pueblo...

Paradas me parece que se llama.

Y hace un par de años se enrolló con un legionario

que estaba de maniobra y la dejó preñada.

Y luego, si te he visto, no me acuerdo.

¿Sabes lo que tendría que haber hecho?

Dejar las bragas en su sitio. (RÍEN)

Hombre, es que, cuando un legionario se pone,

- no hay braga que se resista. - Hombre.

Como este, que es el novio de la muerte.

Chiquillo, me cago en tus muertos, ¿eh?

Seguro que me la ha manchado.

(Música instrumental tenue)

Bueno, picha, Miguelón. Onofre. Encantado

Venga, a cuidarse. Oye, una cosa.

¿Por aquí a ti te suena un sitio que se llama La Reina Mora?

Sí, hombre, eso está arriba.

Pregunta en la calle García-Morato.

Pero, vamos, no sé si con esas pintas

te dejarán entrar, con esa patilla que tienes.

No veas la patilla que tiene mi colega.

Vengas, novio de la muerte, vámonos.

# -Soy el novio de la muerte... #

(LUISITO) ¡Onofre!

Quillo, que me he encontrado a tu madre.

Que vas a perder el autobús. Bueno, me da igual, lo pierdo.

¿La has visto? No, he estado en su casa

y no había nadie. Joder.

No sé para qué le digo nada.

Bueno, a lo mejor es que ha tenido algo que hacer

y por eso no ha podido venir. Sí, o no ha querido venir.

Si es que..., es que, Luisito, tío, es que soy gilipollas.

Coño, si es que... ¿Tú por qué me dejaste?

No sé, tampoco me pediste permiso, ¿no?

¿Y por qué no me diste una hostia?

¿Quiere que te la dé ahora?

Me tenía que haber callado.

¿Y si viene?

Bueno, pues yo me quedo aquí por si ella viene.

Pero, a ver, la Chelo no parecía enfadada, ¿no?

No, pero a saber.

Onofre, las mujeres son muy suyas.

Yo creo que...

Yo creo que es que no quiere verme.

Adiós, Onofre.

Pero ¿dónde estabas, Onofre, hijo?

Que te he estado buscando por todas partes.

¿Quieres perder el autobús? Hay tiempo, madre.

¿Tiempo? Pues te vas a tener que ir sin comer.

Me da igual, no tengo hambre.

Onofre, por Dios, que no sé para qué plancho.

¿Eso qué es lo que es?

Chorizo del Viso, que allí no hay estas cosas.

Pues ahora te haré un bocadillo.

Madre, ¿tú has visto a la Chelo? No.

¿Seguro? Seguro que no.

Ya te lo he dicho.

Venga, aligera, que el autobús lo pierdes, ¿eh?

Sí.

Trae.

Venga, que te voy haciendo el bocadillo.

Vamos subiendo.

Vamos subiendo.

Señores, vamos a subir. Subimos.

Buenas tardes. Buenas tardes.

¿La maleta? Arriba, arriba. Arriba.

Suba.

(Música instrumental tenue)

(Música instrumental in crescendo)

¿En cuánto tiempo salimos? En cinco minutos raspados salimos.

Pues en dos minutos estoy aquí.

¡Chelo!

¡Chelo!

(Música instrumental tenue)

"Chelo, siento mucho si lo de ayer te molestó".

"Perdóname, Onofre".

(Campanadas)

Perdón.

¡Pare!

Gracias.

Perdón, ¿eh? Lo siento.

(Gaviotas)

¡Dos de caracoles, tres morunos, ensaladilla!

¿Qué te pongo? Botellín, por favor.

Gracias.

¿Hay habitaciones libres?

Depende para cuántos y por cuántos días.

No, sería para mí.

Y dos noches o tres, lo que tarde en llegarme

un giro que me tiene que mandar mi madre desde Córdoba.

Pinchos

Estos pinchos iban aquí, ¿no?

¿Vas para el moro? Sí.

¿Turismo?

Más o menos.

Y luego me quiero bajar al desierto.

¿Sáhara?

Allí no hay nada que ver.

Cuatro beduinos y arena.

Si quieres ver algo chulo, vete a Tánger

- y después a Marrakech. - ¡No tanto blablá, Benito!

Me tiene firme.

¿Tú tienes novia?

Bueno, algo hay.

No lo sé, la verdad. ¿No lo sabes?

Anda, la hostia.

Estáis empanados la gente de tu edad, ¿eh?

Solo estuvo diez días en la cárcel.

¿Cómo vamos a formar otra guerra?

Si hay que formar otra guerra, se forma.

Bueno, ¿qué, vamos acabando?

Si fuera por este, nos volvíamos al 36.

Soltar a Carrillo, eso es volver al 36.

- Anda ya, coño. - Después de pillarlo.

Que mira que se ha hecho de rogar el cabrón ese.

Iba hasta con una peluca, parecía una señora.

- ¡Maricones provocando! - No teníamos bastante con la ETA...

Como para tener que salir a la calle con las pistolas.

¡Vale ya, coño! ¡No quiero política, cago en Dios!

Si escucho otra voz, os vais a la calle

y no entráis en la puta vida.

155. Pagáis en la barra.

Venga, arreando.

Joder.

Puta política, siempre lo jode todo.

Ya lo dijo Franco, la clave de la convivencia es

que cada uno sepa cuál es su sitio y dejarse de política.

Y nos dio 40 años de paz.

¿Es o no es?

Es, sí.

- Caracoles. Ensaladilla. - Selua, ¿está la 7 libre?

Sí, se está ventilando.

Has tenido suerte, nene.

¿Y a cuánto sale la noche? 500 con desayuno.

La primera noche por adelantado.

¿Qué pasa, has salido sin perras de casa?

No, es que...

Es que me han robado en el barco

y hasta que no me llegue el giro no...

¿Sabes abrir botijos?

Botellines.

Claro.

Si me echas una mano, te fío la habitación.

Y aparte comes de gratis. Estoy hasta arriba.

Pues... muchísimas gracias.

Pues empiezas esta tarde y le vas cogiendo el tranquillo.

¿Cómo te llamas? Onofre.

Benito.

¡Selua, llévalo a la 7!

Perdón.

(Gaviotas)

Es esto. No fumes en la cama.

Gracias.

Espero no haberle molestado con mi llamada, señor marqués,

pero creí que debía avisarle.

Llevaba varios días tratando de hablar con su hermano,

pero no ha habido manera. No se preocupe.

Ha hecho usted lo que debía.

Mi madre es que es muy despistada con sus cosas.

Bueno, con esto cubrimos el descubierto, ¿no?

Sí, muchas gracias.

¿Cómo está su madre? Ya no la vemos nunca por aquí.

Bien. Bien, bien. Aunque los años, bueno...

Ya sale poco. Es natural.

Menos mal que tiene a su hermano que cuida de ella.

Y... en cuanto a lo otro...

Sí, su intención de pedir un préstamo sobre la casa familiar.

Sí. No sería mucho dinero.

Es que estoy necesitado de liquidez

de cara a unas inversiones inmediatas que tengo.

Sería por poco tiempo, naturalmente.

Ya, ya, ya lo entiendo, pero es que la casa...

¿Qué pasa con la casa?

No está completamente libre de cargas.

¿No ha hablado usted con su hermano?

Sí.

Sí, claro, precisamente...

Hipotecó el palacete hace dos años

y el mes pasado vino a pedir una rehipoteca.

Se me adelantó.

Le dije que tal vez debería consultarlo con usted,

pero ya sabe que tiene un poder notarial de su madre.

Sí, claro, por supuesto, por supuesto.

Algo me había contado, pero se me había olvidado.

Me costó convencer a la comisión de que autorizase la operación,

pero dada la antigua relación de su familia con el banco,

al final, dieron luz verde.

Es lo menos que podía esperar de ustedes.

Bueno, pues no le molesto más.

Muchas gracias. Siempre a sus órdenes.

Y póngame a los pies de su madre.

¿Y eso cuánto me va a costar, Eusebio?

Sí, claro, el viaje también. ¿Cuánto?

Coño, Eusebio, que no se trata de hacer aquí una carnicería,

a ver si vamos a acabar todos en la cárcel.

Oye, sí, ¿tú cómo lo hiciste con aquella de..., de Lebrija?

Ya, Londres.

No, no, no, yo no iría.

Hombre, claro, ya bastante tengo con pagar el viaje.

Yo no sé si ese niño es mío, coño. ¡A saber!

No.

Ya, ¿y tú no conoces a nadie que lo pueda hacer por aquí?

Eusebio, te llamo en un rato. Venga, hasta luego. Hasta luego.

¿Has hipotecado la casa sin decírmelo? ¿Dos veces?

Sí. Eso fue cuando tuvimos que hacer el cambio

de la instalación eléctrica. Te di dinero.

Pues no fue suficiente.

Y luego vino la operación de cataratas de mamá.

Coño, Ramón, se la hizo el primo Torcuato en su clínica

¡y no le cobró nada!

Y ahora que me acuerdo,

te fuiste al mes siguiente de vacaciones a Mallorca

en aquel velero.

Chico, de verdad, cierro los ojos

y es como si estuviera escuchando a papá.

Pero ¿cómo puedes ser tan cabronazo?

Rafael, que yo hago lo que puedo.

Es muy fácil venir aquí de higos a brevas y criticar.

¿Te crees Dios? ¡No, coño, no!

¡Soy tu hermano mayor, el que lleva el título!

¡Y tengo derecho a saber lo que se hace en esta casa!

Pues ¿qué se va a hacer, Rafael?

Lo de los últimos 100 años:

sobrevivir a base de pegar braguetazos

y liquidar el patrimonio.

¡Ojalá tuviera yo otro Zurbarán para venderlo

como hizo papá o el abuelo, coño!

Pues eso va a acabar. Ah, ¿sí? ¿Cómo va a cambiar?

¿Cómo? ¿Cómo va a cambiar?

Ya lo verás. Ya lo veréis todos.

Voy a hacer que mis hijos se sientan orgullosos

de su herencia. ¿Qué pasa,

que le has hecho otro churumbel a la sosa de Concha?

Te limpias la boca antes de hablar de mi mujer.

¿Estamos?

¿A tu hermano le vas a pegar?

¿A tu hermano le vas a pegar? ¿Vas a pegarme? Te faltan cojones.

¿Qué pasa? ¿Qué estáis haciendo?

- ¡Te falta mili a ti! - Nada, mamá, no pasa nada.

¿Cómo que nada? ¿Eso qué es, sangre?

Pero ¿cómo eres tan bruto, por Dios? Que eres el hermano mayor.

Pídele perdón ahora mismo a tu hermano.

¡Venga!

Y vete para tu cuarto.

Vete para tu cuarto castigado, ¿eh?

¡Y te quedas allí hasta que venga tu padre!

Venga. Pero ¿qué dices, mamá?

¿Qué dices de papá?

Ay, que por tu culpa me está doliendo muchísimo la cabeza, hijo.

Mamá. ¡Mamá! Suéltame, queme duele la cabeza.

La has visto, ¿no?

Pues no te he dicho nada por no preocuparte.

Así estamos, Rafael.

Y cada día peor.

Cada día peor.

(Puerta)

(SELUA GRITA EN ÁRABE)

(Puerta)

(SELUA GRITA EN ÁRABE)

(Puerta)

(SELUA GRITA EN ÁRABE)

¡Abre puerta!

(HABLA EN ÁRABE)

¡Fuera de aquí!

- (HABLA EN ÁRABE) - Anda, zagal,

que los pinchos no se sirven solos

y yo llevo desde las siete de la mañana.

¡Me cago en todo lo que se mena!

Pero ¿otra cama rota?

¡Os creéis que esto es el chocho de la Bernarda!

Otra cama rota...

¡Os tenemos dicho que no os metáis tres en una cama,

Me cago en... ¡No ganamos para camas, joder!

Venga, vamos a currar.

Recoge las mesas y luego les pasas el trapo.

Menuda siesta te has echado, churra.

Tu madre te ha escuchado roncar desde Córdoba.

Toma, ponte esto.

Seguro que en tu casa no has fregado un plato en tu vida.

¿A que no? Pues aquí vas a aprender.

¿Hay siempre tanta gente?

¿Esto? Esto no es nada, chaval.

Mañana es la fiesta del Asturiano,

un compañero del Tercio que se jubila.

Ahí sí que va a haber peña.

Joder con la postalita, ¿no?

En Córdoba no tenéis de esas, ¿a que no?

¿Y esto dónde es?

Es es Paradas, un pueblecico de Sevilla.

Se ve que tienen un cuadro un Greco o un Velázquez, algo de eso.

Yo no lo he visto. O no me he coscado.

A mí es que estos cuadros de santitos

me parecen todos iguales.

¿Has estado allí? ¿En Paradas?

Varias veces, de maniobras.

Me suena mucho el nombre del pueblo.

¿No es allí donde mataron a unos cuantos en un cortijo?

Los Galindos, sí.

Menuda carnicería.

¿Conoces gente allí?

Sí, tengo un amigo. Eutropio, mi compadre. Tiene un bar.

Cuatro o cinco muertos fueron, ¿no? Cinco.

(CARRASPEA)

¿Y... pillaron a quién lo hizo?

Qué va.

Eso fue una burrada.

Todavía no me lo explico. Con lo buena gente que era.

Pero ¿a los muertos también los conocías?

Yo y muchos legionarios.

Hicimos noche allí tres o cuatro veces.

Menudas cogorzas cogíamos con los currelas.

El marqués, que era el dueño, nos dejaba alojarnos

en los barracones de los temporeros.

Bueno, el dueño era el suegro, pero él era el que mandaba allí.

Menudas ínfulas se daba el señorito.

Hecho un pincel montado a caballo por allí.

¿Y por qué decían que la Legión tuvo algo que ver?

¡Pst!

¿A ti quién coño te ha dicho eso?

- No sé. - ¡Benito, dos botijos!

¡Va!

Más te vale que no te escuchen decir eso aquí.

¿Estamos?

Venga, al tajo.

(Cláxones)

¿Cómo han ido las pruebas?

Pues... no van bien.

De hecho, he revisado hasta tres y cuatro veces

por si había algún error en el informe de la biopsia.

No sería el primer... Andrés, ahórratelo.

¿Cuánto me queda?

Más pulmón no podemos quitar,

y parece que se ha extendido... ¿Cuánto me queda?

Eso no se puede saber, no es aritmética, Alejandro.

Claro, papá, depende de... Cuánto.

Estoy como el caudillo, se acabó la fiesta.

Está bien, la vida es así.

Pero ¿cómo podemos dejar las cosas bien atadas

si no sabemos cuánto nos queda?

Tres meses.

Seis.

Puede que ocho.

Así que este es mi último verano.

Papá.

Pues va a haber que darse prisa.

Seguro que se puede hacer algo, ¿no?

Podemos ir a una de esas clínicas de Estados Unidos.

No merece la pena.

Allí no van a poder hacer nada que no hagamos aquí.

Ánimo a los dos.

Es el momento de pensar en lo de verdad importante:

la familia,

las personas a las que quieres

y de ponerse a bien con Dios.

Y tú, cuida de tu padre.

Pero no te olvides de ti misma y de lo que viene en camino.

(Música dramática)

No es posible que no se pueda hacer nada.

Concha, hay que ser práctico.

No quiero que nadie se entere de lo que pasa.

Nadie, ¿me entiendes?

¿Y mamá?

Mamá menos, ya sabes que no tiene aguante para estas cosas.

pero si hay alguien que bajo ningún concepto quiero

que se entere de lo que me pasa

ese es tu marido. ¿Rafael?

Pero ¿por qué?

Severo, antes de llegar, quiero que pares en el cortijo.

- Lo que usted diga, señor. - ¿Para qué, papá?

Porque hace mucho tiempo que no voy.

Claro, como tú quieras.

(Trinos)

(Música instrumental tenue)

(Relincho)

- Buenas tardes, Chelo. - Buenas tardes.

- Échame una mano, niña. - Vamos.

- Niña, estás tú muy callada, ¿no? - No. No sé.

- Yo sí sé, que te conozco. - Ya.

- ¿Cómo le va a tu padre? - Bien.

Bien. No. No sé.

Si es que estoy bien, Rosi, no sé qué quieres que te diga.

No hace falta que me digas nada.

Mira,

antes de que tu madre muriera,

yo le prometí que no te iba a quitar la vista de encima.

Y sé que hay cosas

que no se le pueden contar a un padre.

Niña, mírame.

Aquí estoy para lo que tú quieras.

Que no se te olvide ni un momento.

Aquí me tienes.

Aquí me tienes.

(Música dramática)

(Claxon)

Vamos.

Severo, que puedo yo solo.

Buenas tardes. Don Alejandro, no sabía que usted iba a venir.

Francisco no está, pero, si usted quiere,

mando a buscarlo. No te preocupes,

hemos venido a dar un paseo. ¿Quieren que una limonada?

- Luego, luego, luego. - ¿No te apetece una limonada, papá?

Luego. Luego.

¿Cómo está tu padre, Chelo?

Muy bien, muchas gracias, doña Concha.

Si hubiera sabido que estabas aquí, te habría traído unos libros.

- Te sigue gustando leer, ¿no? - Sí, mucho, doña Concha.

Mi marido siempre lo dice, que eres muy lista.

Concha, chiquilla, déjate de cháchara

y vámonos a un paseo.

(Música instrumental tenue)

Calabacines, zanahoria, tres kilos de cebolla.

Vámonos, chaval, que si no el mercado se pone hasta arriba.

Y no blablá, Benito.

Le llamo "mi coronela" porque es la que tiene el mando en plaza.

¿Lleváis mucho tiempo juntos? Siete años.

Aunque nos conocíamos de mucho antes.

Ahí donde la ves, me salvó la vida.

Parece raro, ¿no? Un lejía y una mora.

Cosas más raras se han visto.

¿Cómo os conocisteis? Aquí.

Ella era la cocinera y yo venía con los compañeros.

Más de una vez ella y el Mustafá tuvieron que subirme arriba,

a las habitaciones, borracho como una cuba.

Madre mía. ¿Y cómo llegaste a dueño del bar?

¿Dueño?

La dueña es ella, yo soy un currela.

Pasa que la gente no lo sabe.

Al Mustafá le dio un derrame.

Y se quedó en el sitio. Y ella se quedó sola.

Entonces me propuso un trato:

dejar de beber, casarme con ella y ayudar en el bar.

Si no, todo habría acabado en manos de cualquier hombre de su familia.

Yo había dejado el Tercio y estaba muy perdido,

así que me pareció bien.

Y, con el tiempo, acabé queriéndola de verdad.

Esa mujer es la persona con más cojones que conozco.

Y yo el hijo de puta con más suerte de este lado del Estrecho.

Mucho blablá, poco pescado.

A sus órdenes, mi coronela.

Vámonos, chaval.

(HABLA EN ÁRABE)

- ¿Qué ha dicho? - Yo qué sé.

(Música instrumental tenue)

No esperabas ver algo así, ¿eh?

Es impresionante.

Toma.

Gracias.

(Gaviotas)

Qué cerca España, ¿eh?

Pero, joder, qué lejos está a veces.

Me recuerdas a mi hijo.

¿Tienes un hijo?

Lo tenía.

¿Tu mujer?

Ella no aguantaba esto.

Y yo lo entiendo.

Pero hacer lo que hizo...

¿Qué hizo?

Se fue y se llevó al chico a la Península.

Y se mataron cruzando Despeñaperros en autocar.

Lo siento mucho.

Venía con él ahí a pescar.

Tú no vas al moro a hacer turismo. ¿Verdad?

Vas a trapichear, ¿a que sí?

No eres el primero.

No hacía falta que me vinieras con embustes.

Se te nota a la legua.

No nací ayer.

Lo siento.

Mi vida está llena de mierda, así que lo perdono todo.

Todo menos la mentira, porque es una falta de respeto.

Así que ya lo sabes,

si vamos a ser amigos, la verdad por delante.

Bueno, se acabó el turismo.

Vámonos, que esta tarde tenemos jarana con el Asturiano.

Trae. Lo llevo yo.

Este año vamos a tener una buena cosecha de aceitunas.

Seguro que sí.

Tengo que hablar con Picazo

a ver si han fumigado ya para la mosca.

Picazo sabe bien lo que hace, papá.

Ya lo sé, hija, pero hay que demostrar que se está pendiente.

Eso sí, sin molestar.

Eso tu hermano lo hacía como nadie.

Cómo te echo de menos, Fito.

Concha,

voy a decirte algo que te va a sonar un poco raro

y puede que no te guste,

pero te lo tengo que decir por tu bien.

Cuando yo me muera, todo esto va a ser tuyo.

No hables así, tú no te vas a morir.

Ya oíste a Padierna, hija. Padierna no sabe nada, papá.

Hay médicos mucho mejores. Van a decir lo mismo.

Podemos ir a Navarra.

¿Y qué más da Navarra que Madrid o Sevilla, Concha?

No pasa nada,

yo ya lo tenía asumido antes de ir a ver a Padierna.

Y he tenido tiempo de pensar.

Concha,

no quiero que tu marido estropee

lo que mi abuelo, mi padre y yo hemos construido.

No, no quiero escucharte. Pues no te queda más remedio.

Eres mi hija,

mi heredera,

y quiero que seas tú la que se haga cargo de todo esto

y no tu marido. Pero ¿por qué?

Porque no me fío de él, Concha.

Siempre lo has tenido entre ceja y ceja, papá.

No sé qué te ha hecho.

De él dependía hacerme cambiar de idea.

Es el padre de tu nieto.

Y de lo que está por venir.

Concha, tú sabes perfectamente cómo es.

Yo lo acepté porque te encaprichaste

y tu madre se puso de vuestro lado.

Pero precisamente te lo digo por mi nieto

y por lo que está a punto de venir.

Quiero que seas tú la cabeza de familia.

Ya no queda mucha gente leal, pero alguno queda.

Habla con Alberto,

él te va a decir cómo llevar todo esto.

Alberto es de los nuestros.

No sigas, papá, por favor. No puedo más ya.

Ya.

Bueno.

Tú piénsalo.

Si a cada cosa que te digo me vas a decir que no,

no sé para qué hemos venido.

Si es que no sé explicárselo de otra manera.

Es que no quiero explicaciones, Joaquinito.

No quiero explicaciones, coño.

Lo que quiero es efectivo.

Efectivo, Joaquinito, para poder capear el temporal.

De la cuenta de la finca no puede ser.

Y de créditos y préstamos personales es que ya tiene

- la colección completa. - ¿Y para qué están los bancos?

No lo entiendo.

Claro, joder, ¿para qué están los bancos? ¿Eh?

Claro.

Tú me prestas a mí hoy cinco, ¿estamos?

Y mañana te devuelvo ocho, nueve, diez... Lo que tú me pidas.

Capitalismo, coño. Claro.

¿No hemos quedado en que es lo que funciona?

Si es que me atosigan desde la central,

que yo no me no puedo mover por libre.

Tenga en cuenta que yo también me la estoy jugando, don Rafael.

- Bueno, ¿te estás jugando? - Sí. Sí.

Por favor, vamos a esperar a que se calmen las aguas

y ya vemos.

¿A que se calmen las aguas?

¿Ahora qué eres, marinero?

Desde luego, vaya generación. Vaya generación, coño.

Os falta fuelle, hostia.

Os falta fuelle.

Ahora, eso sí, a la hora de poner el cazo, ahí sí.

Ahí bien que nos ponemos todos a la cola, tú el primero.

No, no, no, no me hables así, don Rafael, ¿eh?

ya sabe que voy con usted donde usted me diga.

Pero es que ya vamos con la lengua fuera.

Vamos a calmarnos, marqués,

que seguro que encontramos una solución.

¿Verdad, Joaquín?

Sí, seguro que sí.

Seguro que sí. Vamos a ver, Joaquín.

¿No hay alguna cuenta de la finca de la que podamos tirar? ¿Eh?

Alguna para imprevistos, ¿qué sé yo? Algo tiene que haber.

A mi suegro siempre le ha gustado tener planes de emergencia.

Ya hemos tocado todo lo que podíamos tocar, de verdad.

Ya solo quedaría tocar el plazo fijo de don Alejandro.

¿Que mi suegro tiene un dinero a plazo fijo?

No, no, no, por favor, don Rafael.

No me pida, por favor, no me pida que toque ese dinero, ¿eh?

Se lo pido por lo que más quiera. Ese dinero no.

Que no, coño, ya sé que no, no me mires así, Alberto.

- ¿Te crees que estoy loco o qué? - No.

No.

(RESOPLA) Qué calor hace.

Podías pedir que te pongan aire acondicionado, ¿no?

No sé cómo podéis vivir así.

Desde luego.

(Bullicio)

Lleva eso a la mesa. Sí.

Perdón.

- Por Dios. - Me cago en la leche, guaje.

Lo siento, perdona. Que lo manchas todo.

Perdón, ¿eh? Lo siento. (NIEGA)

Con la lengua.

(TODOS CALLAN)

¿Cómo?

Pero ¿de dónde sales tú, alma de cántaro?

Benito, ¿de dónde has sacado este jipi?

Pero Asturiano, hoy te jubilas, el mejor día de tu vida.

Tengamos la fiesta en paz, coño.

Oye, que el guaje me ha manchado todo el periódico.

¿Desde cuándo usas un periódico para otra cosa

- que no es para limpiarte el culo? - La parienta.

Le gusta coleccionar artículos de Los Galindos.

Como sabe que conocemos a esa gente...

Los periódicos nada más que escriben mierda.

Eso da igual. A Matilde le gusta enseñárselo a las vecinas.

Se siente importante.

Oye, entonces, ¿es verdad que estuvisteis en Paradas

cuando lo de Los Galindos?

¿De qué habla este?

¿Y a ti qué te importan Los Galindos?

A mí nada, pero como se habla tanto.

¿Qué se habla?

¿Hum?

¡Señores, esta va por nuestro presidente,

Suárez el traidor,

que nos va a llevar a pegar tiros otra vez!

- Ya veréis. - ¡Que no quiero política!

- Bueno. - ¡Cojones!

Toma, el periódico para tu parienta.

Tú, venga, Onofre. Venga, que hay bulla.

Voy.

Pues yo escuché algo de un alijo de hachís o algo así.

Aquí se está rifando una hostia con la mano abierta.

¿A qué viene tanta pregunta?

Nada.

Bueno, curiosidad, como tu parienta.

Curiosidad.

Es que nunca había conocido a nadie

que hubiera estado tan cerca de algo así.

Eso lo dijeron algunos periodistas,

pero de cómo nos la jugamos para meter al Polisario en cintura,

de eso no hablaba nadie. De eso no se habla.

¿Qué pasa, chavales?

(GRITAN)

Escucha, que este estuvo en Paradas ese año.

- Cuéntale, anda. - Cuéntale, cuéntale.

- ¿El qué? - Pues nada,

que dice que ha oído que nosotros tuvimos que ver con eso.

- Cuéntale, anda. - Me cago en mi puta calavera.

A ver, chaval, nosotros estuvimos allí

de camino a Madrid para el desfile de la victoria,

pero de vuelta no pasamos por allí porque nos salió lo de la película.

Claro.

Vamos a ver, después del desfile de Madrid,

nos dieron un permiso y nosotros nos fuimos para Almería

a trabajar en una película.

Una de estas del oeste que ruedan allí.

¿En serio? Sí.

A mí me encanta el cine. ¿Qué película era?

Una que se llamaba "El blanco, el amarillo y el negro".

(RÍE) Una de indios.

No la he visto. Buenísima, coño.

De Sergio Corbucci. Mira, te voy a enseñar una foto.

- ¿Eh? - Míralo.

- Mira. - ¿Eh?

Este eres tú? Sí.

Pues 10 000 calas que nos llevamos cada uno.

Ah, y además mojamos con una chorba de Roquetas

que también hacía de india que estaba...

Vaya potra, ¿no?

¿Qué hay que hacer para meterse en el cine?

Para empezar, tener dientes, que a ti te faltan.

No, el primo de un colega,

que cuidaba los caballos del rodaje y nos metió.

Yo ya he hecho dos.

En otra me mataba, me tiraban por un tejado.

A mí me gustaría hacer cine.

¡Onofre, venga ya, deja de rajar, coño!

Sí, voy.

¿Y toda la compañía trabajó en la película?

No, no, qué va.

Pero, vamos, de los 80 que íbamos,

los demás se fueron todos a la playa a buscar chochitos.

O sea, que a Los Galindos no fue nadie.

Ya.

- ¿Y de dónde se han sacado...? - Periodistas de los cojones.

Y el puto marqués ese, que iba diciéndolo por ahí

a saber a santo de qué.

Una cosa está clara, cuando mataron a aquella gente,

nosotros estábamos en Almería.

Y que el cabrón del marqués diga lo que quiera.

Hay muchos hijo de puta hablando de lo que no sabe.

(Teléfono)

Bueno, voy a...

¿Sí?

- Ey, ¿qué pasa? Soy Eutropio. - "Coño, Eutropio".

- ¿Qué pasa, compadre? - "Bien, bien".

"Oye, escúchame un momento".

"...un chaval de Paradas que me han dicho que anda por ahí".

Le dijo el otro día a la madre que iba a ir a verte al bar.

¿De Paradas? Aquí hay un muchacho, pero no es de Paradas.

"Este es un chaval que es periodista".

(Música de tensión)

- ¿Periodista? - "(CONTINÚA HABLANDO)".

Benito, yo... te lo puedo explicar.

Caracoles.

"(CONTINÚA HABLANDO)".

¿Qué pasa?

(Música de tensión en aumento)

Perdón.

Has engañado a Benito.

Lo siento.

Él ha abierto su casa, te ha ayudado.

Ya, ya lo sé. (HABLA EN ÁRABE)

Deberías tener vergüenza. Lo siento, de verdad que lo siento.

Abajo quieren partirte la cabeza. No quiero sangre en mi casa.

¡Vete!

Dile a Benito que me perdone, que no era mi...

Benito no perdona engaño ni gente como tú.

Vete ya.

(Música de tensión)

Hijo de puta.

Tejado.

¡Ven para acá, cabrón, que te vamos a enseñar

a abusar de la confianza de la gente!

¡Hijo de puta!

(Música de tensión)

Ven aquí. ¡Ven aquí! ¡Quieto!

¡Ven aquí!

¡Espera!

¡Cabrón!

Miguelón. Coño, soy yo, Onofre. ¿Te acuerdas de mí?

El de los pisos. ¿Qué haces aquí?

Que..., que tengo que ir al puerto. Es una emergencia.

¡Cabrón!

Por favor, hoy por ti, mañana por mí.

Sube. Agárrate.

Hijoputa, ven aquí.

¡Para, cabrón!

Gracias, ¿eh? Te debo una.

Oye, ¿tú en qué lío te has metido, que vas cojo?

¡Oye!

¡Espera! ¡Espera, espera, espera! (GIME)

Por favor.

Gracias, ¿eh?

Hola.

Gracias.

Tome. Muchas gracias.

Por suerte, su padre y su hermano lo dejaron todo muy bien organizado.

Mire.

Salvo la almazara, que ya prácticamente no se usa,

el resto de zonas de la finca se aprovechan completamente.

Todas las naves, todo.

Ojalá Fito estuviera aquí.

Y no yo, que no me entero de nada.

Bueno, no se preocupe, doña Concha, que no hay ninguna prisa.

Además, nadie nace sabiendo.

Entonces, ¿cuando...? (CARRASPEA)

Quiero decir, si un día mi padre...

Bueno, Dios quiera que ese momento no llegue, pero...

sí, usted sería la propietaria de las dos sociedades.

- ¿Dos sociedades? - Sí, mire.

Para gestionar mejor las propiedades,

don Fito y don Alejandro crearon dos empresas:

una para la actividad ganadera y otra para la agrícola.

Cada una de ellas con su registro fiscal.

Así se puede acceder directamente a las ayudas del Estado

por diferentes sitios.

Además, pues se reduciría el riesgo de...

Perdóname, Alberto,

es que no entiendo nada

y me está empezando a doler la cabeza.

¿Te importa si seguimos en otro momento?

No.

- Don Alberto. - ¿Sí?

Me pregunta don Alejandro que si se puede pasar

- por su despacho. - Dígale que ahora mismito voy.

Vale.

- Si quiere, seguimos mañana. - Mejor, sí.

Y paciencia, doña Concha, no es tan difícil como parece.

(Puerta)

Hombre, Alberto. Buenas tardes, don Alejandro.

¿Qué tal Madrid? (SUSPIRA) Madrid, aguantando.

Soy yo el que está mayor.

El mundo se mueve y yo ni me entero.

Para eso estoy yo, don Alejandro,

para que usted se entere de todo lo que necesite.

Alberto, quiero que sepas que...

a partir de ahora van a cambiar algunas cosas.

Doña Concha se ha estado interesando por el funcionamiento del cortijo.

Se refiere a eso, ¿verdad?

Tiene que aprender lo que hacemos aquí.

Al fin y al cabo, ella va a ser dueña de todo esto

algún día, ¿no? Sí, claro, por supuesto.

¿Necesita algo?

Quiero ponerme al día. Tengo que tomar decisiones.

¿Ha pasado algo?

A veces se atasca.

Eh...

¿Habéis cambiado la combinación?

Sí, la semana pasada hubo gente por aquí

y la cambié por seguridad.

Ah, ¿y cuál es la nueva?

2-8-2-2.

Luego vuelvo a poner la antigua si quiere.

No, no, no hace falta.

Por lo menos, tenías que habérmelo dicho, ¿no?

Usted perdone.

Alberto, ¿dónde están los libros de contabilidad de Los Galindos?

Están en el cortijo. Si quiere, voy a por ellos.

No, no hace falta, ya iré yo mañana.

Tú vete a casa, que ya es tarde.

Claro, como usted diga, don Alejandro.

Alberto. ¿Sí?

Muchas gracias por todo, hijo.

Yo no sé qué hubiera hecho sin ti todos estos años.

Es un placer, don Alejandro.

Buenas tardes. Buenas tardes. Descansa.

(SUSPIRA)

Hola.

Qué guapa.

¿Qué tal el viaje?

Bien.

Oye, me ha dicho Alberto que había estado tu padre y tú

en el cortijo. Sí, me ha pedido que fuera con él.

Ah.

Podía haberme avisado y me hubiera acercado un momento a saludarle.

Estaba en la yeguada.

Bueno, ya sabes cómo es, ¿no?

¿Pasar algo, Conchi?

He estado pensando. Uy.

Malo.

¿Cuantas veces te he dicho que las mujeres no debéis pensar?

Creo que quizás sería bueno para los dos

darnos un tiempo, Rafael.

¿Cómo que un tiempo?

¿De qué película te has sacado tú eso?

¿Qué somos ahora, franceses o qué?

Es que necesito calma.

Necesito estar tranquila.

Pero...

¿Hay algo que te ponga nerviosa?

Me han vuelto la ansiedad, las taquicardias...

A veces me ahogo, ya lo sabes.

Escúchame, mi vida.

¿Por qué no te va unos días a la playa?

Con tu madre.

Las dos.

Os lleváis a Solita.

No es eso.

Eh.

Vamos, mi vida, ¿qué te pasa?

Oye,

no sé lo que te habrán contado, pero te juro...,

te juro por mis muertos que...

Mi amor,

ya sé que a veces las cosas parecen...

Que vamos a tener un hijo, por el amor de Dios, Concha.

Que vamos a tener un hijo, coño.

Que estoy a punto de hacer algo grande, Conchi.

Lo más grande que haya hecho nunca nadie por ti en su vida.

¿Y tú te rindes precisamente ahora?

¿Qué es eso tan grande que vas a hacer, Rafael?

¿Qué más da si me vas a dejar?

Ya para qué. Que yo no te voy a dejar.

¿Cómo te voy a dejar, mi vida? Pero si me lo has dicho, Conchi.

Me lo has dicho tú misma, me lo has dicho.

Que no.

Perdóname, no me hagas caso, que ya no sé lo que digo.

Estoy muy cansada, perdóname.

Perdóname, mi amor. Perdóname. Perdóname. Perdóname.

Perdóname.

Perdóname.

Ha sido tu padre, ¿no?

Ha sido él quien te ha metido esa idea en la cabeza, ¿sí o no?

Mi padre solo quiere lo mejor para mí, Rafael.

(Música instrumental tenue)

Me lo he pensado, Joaquín.

Quiero que saques el plazo fijo de mi suegro.

Perdón.

Don Rafael, si ayer dijimos que no.

Ya, y yo te digo que me lo he pensado.

Pero es que don Alejandro puede pedir ese dinero

en cualquier momento. Primero, es un plazo fijo,

así que no creo que lo haga.

Y en segundo lugar,

si mi suegro es un hijo de la gran puta,

resulta que yo lo soy más.

(Música instrumental tenue)

"Los legionarios que pasaron por Los Galindos

se fueron a Almería".

"Parece que la idea de que podrían estar implicados

es cosa del marqués".

La verdad ya la han sacado los que tenían que sacarla:

la Policía y los jueces.

¿Por qué crees que eres más listo que nadie? ¿Eh?

Conchita me ha hablado de unos tratamientos

que hay en América. Eso será carísimo, ¿no?

¿Para qué está el dinero?

Fascículos, libro, la mierda que estés escribiendo.

Quiero que dejes bien claro que yo no tuve la culpa

de todo aquel sinsentido.

La cooperativa. Ahí hay mucho chanchullo, ¿sabes?

¿Hay algún otro material? Fotos sí que hay.

No te recomiendo que las veas.

Ojalá la palmara de repente.

Qué sé yo, coño, un reventón o algo y dejara de dar por culo.

(TOSE)

(TOSE)

Pasa que, desde que llegaste,

mi padre no me deja salir ni a la puerta.

Y pasa que han pasado muchas cosas.

¿Qué pasó, Chelo?

Quiero que vayas al despacho,

cojas los libros de contabilidad de la finca

y me los traigas.

No puede enterarse nadie.

Esto tiene que quedar entre tú y yo.

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