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Original subtitles

música de tensión inicia

murmullos

No lo puedo creer, no es cierto.

- ¿Qué pasó? - ¿Viste eso?

- Viviana: Lo besó. - Roberta: ¿Cómo? ¿Qué pasó?

¡Ve a ver, ve, ve, ve!

Viviana: ¿Cómo?

¿Qué pasa? ¿Qué estás haciendo?

Morgana: ¿Qué carajos está pasando?

¿Qué te pasa? ¿Qué haces?

- ¿Qué carajos te pasó? - ¿Qué estás haciendo, eh?

- Perdón. - ¿Cómo que perdón?

¡No, tú te vas a la chingada!

Bernardo: A ver, tranquila, te escucha todo el mundo.

No voy a tranquilizarme, controla a esta.

Bernardo: Pero ¿qué te pasa? Ven para acá.

¡No me toques, no me toques!

- ¿Qué haces? - ¡No me toques!

Blanco: ¡Angulo!

Tenemos que cercar esto ya o se nos va a complicar

- la investigación, ¿sí? - Okay, sí.

música de tensión finaliza

No mames, no, no puede ser, ¿eh?

¿Ni con ese cabrón muerto puedes dejar de humillarnos?

Eso es lo único que te importa, ¿verdad?

- Tú y tu hermana. - Y tú.

Que no se te olvide que sigues siendo

la esposa del gobernador.

Y ninguna esposa, en su sano juicio,

besa el cadáver de su amante.

¡Ya hace mucho tiempo que no estoy en mi sano juicio!

Sí...

Francisco: No te metas en más problemas,

Alma de mi corazón.

Tú sabes bien el peligro que corres

al lado de ese cabrón, de Bernardo.

relincho

¿Qué pasó? ¿Qué onda?

¿No estabas firmando el contrato con Morgana?

Pues se supone que iba a firmar el contrato,

pero el único contrato

que quiero cerrar es contigo, ¿eh?

- relincho - ¡Dale!

Chingada, ¿qué fue eso?

No lo sé, pero mejor aquí no, Francisco.

Pues sí, ¿no? Vamos a otro lugar, ven.

No, no, no.

Además, tú tenías un asunto pendiente

con Morgana.

Tú lo dijiste muy bien, "tenía".

Pero, pues, preferí venirme contigo,

así que ven, vamos.

Yo creo que mejor aprovecha esa oportunidad

que te están dando.

Y si vienes recomendado por ella,

va a ser mucho mejor todavía.

Francisco: ¿Neta, te vas a poner así?

ríe

Lo que pasa es que tenemos toda la vida

para hacer estas cosas.

No tenemos por qué vivirlo en un solo día.

¿Por qué no mejor te decides?

Y, si no, pues aprovecha tu trabajito

y que te vaya muy bien.

Ay...

tocan puerta

Pasa.

- Hey. - Ay, eres tú.

¿Qué? ¿A quién esperabas o qué pedo?

Morgana: No, a nadie, a nadie. ¿Qué traes?

No, es que sabes lo que me acaba de pasar.

- ¿Qué? - ¡Acabo de ver a Alma

- besándose con un pinche gato! - A ver, para empezar,

quítate esa mamada de la cabeza.

¿Qué? suspira

No sabes, la vi ahí con un pinche gato pendejo.

¿De qué te ríes? ¡No está chistoso!

Oye, es que, ¿sabes cuál es tu problema?

¿Cuál?

Te tienes que modernizar, Bernardo.

- ¿Yo? - Sí, eres un pendejo,

ya no vivimos en 1800 y esas cosas pasan.

No mames, no me tengo que modernizar nada,

Alma no es como tú.

No, no, eso estamos totalmente de acuerdo.

Yo no soy una hipócrita como ella.

Yo sí acepto que me encanta coger

con hombres de verdad.

Hey, hey, a ver, yo soy un hombre de verdad,

no como ese pinche metateño de mierda.

- Pinche gato, pendejo. - ¿Metateño?

- Metateño, sí. - Del Metate.

Sí, del Metate.

Ni modo que de la Rivera Francesa, no mames.

Bueno, ¿y cómo era este metateño? A ver, descríbemelo.

Pues un güey, ahí, alto, con un pinche pelillo ahí chafa,

con ojos claros. Normal, no sé.

- Bernardo: Es que no mames. - ¿Ojos claros?

Sí.

- Pinche Alma. - Bernardo: Pinche Metate.

Hija de la chingada.

Hey, ya, no le hables así.

¿Sabes qué? Te voy a ayudar.

¿Va?

Sí, te voy a ayudar a quitarte ese metateño de en medio.

Va, va, va, va, va.

Pero me vas a deber una gorda, Bernardo.

Sí, sí, si, gordísima, gordísima.

Okay.

No te vuelvas a poner eso, se te ve fatal.

Morgana: Pinche Alma, no, esta vez me las vas a pagar.

Buenas y santas, mi reina.

¿Así que te das el lujo de irte sin firmar mi contrato?

Qué bueno que te veo, ¿eh?

Porque,

- pos, medio te andaba buscando. - Ah, ¿sí?

Sí, y quiero agradecerte por el ofrecimiento, pero,

la neta, es que no voy a poder, ¿eh?

¿Y cómo sabes que no vas a poder,

si ni siquiera has escuchado de qué se trata mi propuesta.

- Ah, pos sí. - asiente

A ver, échele.

Quiero que seas mi asistente personal.

- ¿Asistente personal? - Sí.

Eso suena muy, muy tentador.

- Es muy, muy tentador. - No, ya sé, sí.

Además, te ofrecería diez veces más

de lo que le pagan a un mesero.

- Diez veces más. - Diez veces más.

No, pues es un chingo de lana, ¿eh?

Tienes que aceptar.

A ti como que...

como que nadie te ha dicho nunca que no, ¿verdad?

No,

y tú no vas a ser el primero.

Pos sí.

Entonces, ¿sí aceptas?

No, digo, que pos sí,

a lo mejor soy el primero que te dice que no.

Es que, aunque me encantaría, porque, la neta,

sí me gustaría pos toda la chamba, pues, ¿no?

Este, pero, pos, se me va a enredar un tema que,

que ando trabajando y que... ¿cómo, cómo decirte?

Estás tomando muy malas decisiones

con tu vida.

Ah, chinga, ¿y como por qué o qué?

Híjole, es que yo sé todo de ti.

Sé más de lo que te imaginas.

- Ah, ¿sí? - Mjum.

¿Y qué sabes?

Sé que te estás enredando con Alma Chablé,

y también sé que esa no es tu tipo de mujer.

No, pues sí, estás enterada, ¿eh?

- Muy enterada. - Ya veo.

Yo muevo todo aquí.

No lo dudo.

Mira, cariño,

no nos hagamos tontos, ¿sí?

Si tú y yo somos iguales,

nos encanta gozar la vida.

Ah, tú también, ¿o qué?

No te imaginas de qué manera.

¿Ah, sí?

Nos encanta tener sexo con quien se nos antoje.

¿Dónde firmo, mi reina?

No, mentiras, la neta, no puedo.

Sin ataduras, sin compromisos.

- Puedes ir y venir a tu antojo. - Híjole.

No, pues ¿de dónde apareciste, eh?

Y una mujer como ella te cortaría las alas.

En cambio yo...

¿Tú qué?

Pues que yo te haría volar, cariño,

como sé que tú me harías volar a mí.

Eso ni lo dudes, ¿eh?

- Piénsalo. - Híjole, mano.

Me salió picarona la presidenta.

mujer: Amiga, ayer hablé con Bernardo.

- Quiere que vuelvas. - ¿Qué? No.

- ¡Sí! - No, no, no, está loco.

A ver, yo, yo no voy a regresar con él.

Aparte, no voy a perder a mi mejor amigo.

Alma, no, la loca eres tú.

Bernardo Villafranca está buenísimo,

tiene un coche padrísimo,

es el capitán del equipo de polo.

Es, es, es...

Bernardo Villafranca es el tipo de San Vicente.

¿Y qué tal que el tipo que yo quiero

no está en San Vicente?

No, no, Alma, o sea, no, no, no, no,

no me digas que sigues pensando

en el, en "el todas mías" ese del pueblo.

No, Alma, no.

Ay, es que es muy simpático, me hace reír.

Aparte, baila delicioso,

- así, pegadito. - Ah, sí.

Y ayuda a todos los del Metate, entonces es buena persona.

Ya, eso es la novedad, Alma, ¿um?

Y cuando se les pase la...

la calentura...

Sí, ríete, vas a andar llorando, ¿eh?,

por el hombre que te dé la vida

que realmente te mereces, amiga, sí.

¿Te das cuenta que estás sonando como mi mamá?

Ay, no, no. Alma, ¿sabes qué?

Ya me tengo que ir.

Yo voy a brindar por tus...

por tus malas decisiones, amiga, ¿um?

Suerte.

Piénsalo.

- Eres una tía. Tía. - Sí, tía.

Vas a envejecer muy rápido.

mujer: No, es que, no, no, hazme caso.

- mujer: No, piénsalo. - Qué amargada.

ríe

golpe

Quiúbole, mi reina.

¿Qué estás haciendo aquí?

- Pues vine a verte. - ¡No, no, no, no, no!

¿Cómo sabes que esta es mi ventana

y no la de mi mamá, por ejemplo?

Ah, pos, qué lástima,

así hubiera aprovechado y saludo a la suegrita.

Y buenos días, suegra, ¿cómo le va?

¿Quiere un cafecito, un juguito de naranja?

-¿Qué se le ofrece? - No, estás loco.

¡Lucí! Lucía está saliendo, por favor, escóndete.

Escóndete, no quiero que te vea, ¿sí?

Ah, pos voy a saludarla.

Le voy a decir que vine, voy a saludarla.

¡No, Francisco, ven acá!

Estoy chingando. Ven, sal. Ven.

Okay, voy para allá.

- No te muevas, ¿eh? ¿Okay? - Vente, guapa.

- No te muevas, es en serio. - Aquí voy a estar.

Francisco, me vas a meter en un problema, no te muevas.

Véngase, mi reina.

¡Ay, papá!

No, no, no, no, no, me cae que si la belleza fuera pecado,

tú no tendrías perdón de Dios, mi reina.

Ya, ya, ya, ya, ya, ya.

- Como estás de guapa. - Gracias.

¿Qué es eso que me querías decir?

Ah, no, casi me muero, fíjate.

- Ay, ¿qué? - Sí.

- ¿Y estás bien? - Estuvo cabrón.

- ¿Qué pasó? - Pos fíjate

que se me enredó ahí uno de tus besos

en la garganta y, pos,

venía a ver si muero ya del todo.

- Bueno, pero no de este. - ¿Qué?

Eh, yo creo que te tienes que ir porque mi personal está aquí.

Mis empleados, mis choferes te pueden ver.

Ah, no, ni te preocupes,

- son mis compas. - ¿Sí?

Es más, les pago

para que te hablen bien de mí, ¿eh?

ríe Yo creo que no les estás pagando muy bien.

- ¿Por? - Porque dicen

que eres un ladrón.

Ah, pero de besos nada más.

- Ah, ¿sí? - Sí.

Y también dicen que eres el más mujeriego

de todo San Vicente y sus alrededores.

Ah, cómo hablan cosas, ¿eh? Qué cabrones.

Pero fíjate que he estado pensando,

y creo que podría ser un hombre de una sola mujer.

ambos ríes

Ese estuvo bueno. Ese sí no te lo cree nadie.

Jeremías carraspea Alma grita asustada

- Perdón, perdón, perdón. - Francisco: Avisa, güey.

Señorita, disculpe, disculpe,

pero es que mi sobrino y yo tenemos un trabajo

que no puede esperar y tenemos responsabilidades, ¿sabe?

Sobrino, te lo he dicho,

primero lo que deja y luego lo que relaja.

- Vámonos. - Alma: Sí.

No, espérese, ¿a dónde van?

Um.

Mire, señorita, nosotros tenemos

un compromiso social muy arraigado,

y, y, pues, tenemos que ir a visitar

a nuestros benefactores, digamos,

para poder responder con nuestros beneficiados.

- Jeremías: Es eso. - Sí, ¿no que...

namás ladrón de besos?

Ah, pues, es que se nos ha crecido

la empresa, y, entonces, pues,

toca atender otros departamentos.

Labor social. Labor, compromiso.

¡Nos vemos después, mi reina!

- Chao, mi chula. - Un hombre que trabaja.

Ladrones.

Es que, de verdad, no te entiendo, sobrino.

¿Qué no entiendes, cabrón?

¿Cómo? ¿Cuál es el problema?

Entiende, debes de tener una mujer

que no te quiera arrebatar tu libertad,

que te permita estar con otras, un espíritu libre.

Pos sí, eso está chingón, cabrón.

Yo no he dicho que no.

Yo lo que te digo es que tuve una conexión

cuando la vi a los ojos...

Ah, ya, ya, ya. Estás enverijado.

¿Um?

Todas las mujeres son diferentes, y, según ellas,

todos los hombres somos iguales.

¿Y qué? ¿Por eso te vas a hacer un monógamo?

¡No! No, ¿cómo crees?

Pos, es lo que falta, cabrón.

Por cierto, ¿de quién es esta casa, eh?

- ¿Cómo? ¿nNo sabes? - No.

¿No sabes quién es Mercedes Alvear?

¿Quién chingados es ella, güey?

Uy, ella es una leyenda,

aparte de estar forrada de billetes. ríe

- Francisco: ¿A ver? - Jeremías: Es ella.

Uff, vivimos juntos

toda una historia intensa de pasión y erotismo

en la que fuimos descubriendo palmo a palmo...

- Ah, chingado. - No, no, no, no, no, confundas.

No, no, no. Ella y yo tuvimos nuestras diferencias

al respecto de la estructura molecular del amor,

sin considerar que mi umbral del dolor, pues, es pequeñito.

Ah, chinga, y ¿acaso qué te hacía o qué?

Ella es maestra

en las perversas artes del masoquismo.

Ah, ¿sí?

Le gusta que la madreen a la doña.

No, hombre. A ella le gusta madrear.

- Ah, ¿sí? - Sí, y ahorita está aquí.

- ¿Quieres ir a ver? - ¿Cómo crees? ¿Está aquí?

Sí, ¿por qué crees que estamos hablando bajito?

- ¿Estás loco, cabrón? - Vamos, vamos,

- para que veas el cochinero. - Estás cabrón, güey.

Mercedes: ¿Te gusta así?

latigazo gemidos

Mercedes: ¿Quieres más fuerte?

gemidos

Mercedes: Así te gusta, ¿verdad?

¿Más fuerte?

¿Más?

Ay, ay,

eso eres, un perro inmundo.

Para eso naciste, para que te maltraten, sí.

Oye, cabrón, nunca he entendido por qué les gusta

que los madreen, güey.

Porque hay gente loca, puerca, con gustos extraños.

Pa los gustos los colores, ¿no, cabrón?

Ya, ya vámonos de aquí, me estoy asqueando.

No, pérate tantito, güey, déjame ver.

Es que nunca había visto esto en vivo, cabrón.

No seas morboso, Francisco.

Ah, tantito.

Jeremías: Si te asomas al abismo te puedes caer en él.

- Yo ya me voy. - Llevate esto. Ey.

Mercedes: ¿Qué quieres, eh? ¿Qué quieres?

grito ahogado

¿Qué? ¿Qué?

No, no, no, no, no. No, no, no.

Tampoco, yo así no juego. A ver, a ver.

Tranquilízate, tranquilízate.

Dime, por favor, ¿qué es lo que quieres?

Que me des duro.

Pero te voy a perforar la espalda de a de veras.

Esto es un juego, nada más.

No me importa.

A mí sí me importa. Mi ética... grita

Yo vengo a que me des duro.

- Mercedes: ¡Suéltame! - hombre: Me excita, ¿entiendes?

- ¿A ti te gusta el dolor? - ¡No me gusta! ¡No me gusta!

Hey, ¡cabrón! ¡Hey, suéltala, pendejo!

¡A la chingada, cabrón! ¡A la chingada, güey!

¡Lárgate de aquí, pendejo!

hombre: ¡Puta!

¡Seré puta, pero no vulgar!

¿Tú qué chingados haces en mi casa, eh?

¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

Estoy bien, estoy vieja para estar haciendo estas cosas.

¿Qué haces aquí, eh?

Es que, pos, iba pasando por su casa y...

¿Cuál pasando? Me querías robar,

pero no,

no le voy a llamar a la policía

porque tuviste la decencia de salvarme.

Muchas gracias.

¿Cómo te llamas?

Francisco, Francisco Valiente.

Un gusto, Mercedes.

¿Valiente?

Hey.

No serás pariente de Jeremías, ¿verdad?

Sí, mi tío.

Siéntate, Francisco, siéntate.

Ay, mira, de tal palo, tal astilla.

Qué bárbaro.

¿Qué haces aquí?

Pos, la neta es que,

yo sé que en el sexo todo se vale,

y que cada quien hace las cosas que quiera

y que tenga que hacer, ¿verdad?

Pero, pues, nunca había visto en vivo y en directo

lo del sadomasoquismo, y pos, quería ver, ya sabes...

¿Tú sabes que a través del deseo

se puede conocer el alma de una persona?

Sí,

hay almas que te roban,

que simplemente sentirlas cerca a la piel,

te erizan y te agranda el corazón,

y se siente... 'uta,

una chulada, ¿eh?

¿Cómo se llama?

¿Cómo se llama quién?

La mujer de la que estás hablando.

¿Cómo se llama?

No, no, no, no, estoy hablando de todas las mujeres,

no de una en específico.

No, señor Valiente, no,

tú estás hablando como un hombre enamorado,

se te nota en los ojos.

No, no, no, tú no me conoces, yo...

Mira, para mí, la vida es una,

y hay que, pos, disfrutar, ¿no?

Y hay tantas mujeres que quieren ser amadas,

y yo quiero amarlas a todas.

No te confundas, el cazador también puede ser cazado.

Mira, yo te voy a enseñar a abrir tu corazón

para que veas la diferencia entre el placer cualquiera,

el deseo, y el amor, el amor verdadero.

Y no sé qué es.

¿Quieres saber?

- Pues, sí. - Bueno,

yo tengo la prueba perfecta.

Pues, me interesa, ¿eh?

Mercedes: Mi deseo es un resplandor

secreto que solo tú puedes entender.

Pronuncio tu nombre como un anhelo, un rezo,

una súplica desesperada al viento.

Lupita: Adiós, maestra.

- Lupita, cuidate mucho. - Igual.

Te amo,

como se aman los misterios que nunca se develan.

Mercedes: Si me buscas en tu memoria,

ahí estaré,

en la frontera de lo imposible,

esperando tus caricias

en un amanecer repleto del más puro amor.

Ah, cabrón.

- Mercedes: ¿Qué? - Estoy enamorado.

- Mercedes ríe - Ah, chinga.

- Mercedes: Te lo dije. - No, no.

No puede ser.

Ay, Francisco, sí, sí, esta prueba es irrefutable.

tose

¿Estás bien?

Estoy feliz.

Pos, está cabrón, ¿no?

Sí, está cabrón.

suena teléfono

Hola, Bernie, ¿cómo estás?

Ah, ¿en el club, en una hora?

Okay, ahí nos vemos.

Bye.

Cuando le dije a mi mamá:

"Mamá, voy a empezar a dar clases en El Metate",

el grito que pegó, ¿te acuerdas?

No, no, no me tienes que decir,

hasta mi casa se escuchó su grito así:

"Para eso la mandamos a estudiar a Londres".

Como si no te conociera que no paras.

- No estás quieta. - Pobrecita, pobrecita.

Bueno, pero tú sí me conoces y eso me da paz.

Te extrañé.

Tenemos tantas historias juntos.

Yo también te extrañé mucho.

Por eso eres mi mejor amigo.

¿Solo eso?

¿Solo podemos ser amigos?

Bernie, no, no empieces.

Mira, justo lo que yo necesito ahorita es esto, un amigo.

Pero es que podemos seguir siendo amigos.

Sí, pero hay muchas cosas que hacer.

Además, ¿sabes qué?

Yo regresé y me siento como tan libre, tan en paz.

Sí, te entiendo, o sea,

yo también y podemos seguir siendo libres juntos.

ríe

No, Bernie, ya, pues.

Quiero un amigo con quien platicar,

con quien reír,

con quien chismear, criticar a la gente.

Ay, no me pongas esa carita.

Entiendo.

Te voy a dar una perla negra

a ver si revives como aquella vez,

¿de acuerdo?

Francisco: Bernardo nunca entendió

que para ese momento

el corazón de Alma ya se había mudado de casa,

y él había quedado por fuera.

gente hablándo de fondo

Nadie puede salir de aquí.

Pero si yo tengo una cita en el spa.

A ver, usted no nos puede encerrar

como si fuéramos criminales.

Por favor, Alba, haga algo.

Esto es inadmisible, no lo vamos a aceptar.

- Así que abre esa puerta. - ¿Qué estás haciendo, Angulo?

Estoy llevando a cabo

el procesamiento correspondiente,

- nada más. - A ver, yo lo arreglo.

Yo lo arreglo.

Angulo, a ver, ven. ¿Qué estás haciendo?

Eh,

parece que a Francisco lo asesinaron.

Vamos a llevar a cabo algunos interrogatorios,

¿de acuerdo?

música de tensión inicia

Viviana: Es una vergüenza, es una vergüenza, ubíquese.

¿Ahora vas a venir de detective?

Me gustaría poder darte más información,

pero por el momento es confidencial.

Ya déjate de payasadas, Angulo.

Esta puerta tiene que permanecer abierta

para que saquen esta madre.

Disculpe.

El cuerpo no se puede cremar

porque es una parte fundamental de la investigación.

¿Qué es esto? ¿Qué me está hablando?

Detective Blanco Pantoja.

Por favor, agente. ¿Va a iniciar el interrogatorio?

Claro que sí, señor.

Angulo: Vayan tomando asiento, por favor.

Tomen asiento, vamos a empezar.

Francisco: Y la fiesta apenas comienza.

Como comenzó en aquellos días.

música de tensión finaliza

Alma, pensé que estabas con Bernardo.

Sí, sí, comí con él, pero ya me quiero ir a mi casa.

¿Te pasa algo?

No, no, todo bien.

Te pasa algo,

y seguro que es por el Francisco ese.

- Ay, ya, Lu. - Ay, Alma,

no deberías estar así por él.

Dicen que lleva toda la noche

en donde la señora esa Mercedes Alvear.

- ¿Mercedes Alvear? - Mjum.

Esa señora millonaria que hace puras cochinadas, Alma.

¿De casualidad sabes la dirección

de dónde vive Mercedes Alvear?

- Obvio no. - Obvio, sí sabes.

Revisa.

Gracias.

Muchas gracias por todo, mi querida Mercedes, de verdad.

No, hombre, fue de todo corazón.

Dime, ¿qué vas a hacer ahora?

Pues buscarla y voy a decirle lo que siento.

Voy a decirle que la amo.

Se me olvidó decirte un pequeño detalle

que yo creo que es indispensable.

Si tú le vas a confesar tu amor,

debes tener el corazón de, de un amante verdadero.

Pues no sé qué significa eso, pero quiero intentarlo.

Y aunque tenga miedo,

quiero dejar atrás todo lo que sé,

todo lo que siento

y toda la información que he tenido toda mi vida

para poder decirle realmente lo que quiero,

porque quiero estar con ella.

Gracias.

- A ti. - Gracias, ¿eh?

Gracias.

- Cuídate, Valiente. - Igual.

- Nos vemos pronto. - Mercedes: Mjum.

¿Alma?

Francisco: ¿Alma?

se enciende motor

Francisco: ¡Hey!

¡Alma!

¡Alma! ¡Hey!

Buenas, Valiente.

No, pos esto sí es el destino, ¿eh?,

- Sí. - porque te estaba buscando.

Quería hablar contigo.

No, sí, ya veo que en esta casa sirven

muy bien la comida,

la cena y hasta el desayuno, provechito.

Ah, este, no, no es lo que piensas, ¿eh?

Vámonos, Artemio.

No, no, no, no, no, no, Artemio, dame chance, por favor.

- Francisco: Tantito. - ¿Qué? ¿Para qué?

Si debes estar exhausto de todos los días

que llevas aquí encerrado

con la señora esta, ¿cómo se llama?

¿Cómo se llama, Artemio?

La... La madame de San Vicente.

Alma: Qué vergüenza, Francisco.

Tú siendo el don Juan, el todas mías

y tener que estar pagando por aquellito.

Francisco: ¿Que? No, no.

Lo que yo vine hacer aquí con ella

no tiene nada que ver con aquello.

Es otra cosa.

Francisco, qué güeva de verdad.

- Vámonos, Artemio, por favor. - No, no, no, no, no, espera.

- Alma: No, sí, vámonos. - Artemio, por favor.

Dame chance. Mira, veámonos mañana

después de clases y te explico todo, ¿va?

Francisco: Por favor. Mañana.

Nos vemos en... Espera, espera.

Veámonos en el mirador, en el mirador, a las tres, ¿eh?

Entonces, Valiente le dijo a la señorita Alma

que mañana que se vieran en el mirador

del Metate, a las tres.

¿Y ella aceptó?

Pos, no directamente que digamos, ¿verdad?

Pero es que Valiente tiene algo que convence

a las mujeres, patrón.

Y la señorita Alma, perdón, pero no se le resiste.

Ay, por favor, no, no, a ver, aquí nadie va a engañar a Alma.

No mientras yo exista.

Valiente es un buen tipo, patrón,

pero la señorita Alma se merece algo más que un ladrón.

Mira...

Gracias por tus servicios.

Oiga, oiga, patrón, no, espérese,

yo no lo hago por el dinero, ¿eh?

Yo vi crecer a la señorita Alma

y siento que ese camino no le conviene.

- Gracias, Artemio. - Gracias.

Bernardo: ¿Ustedes conocen a un tal Valiente?

Creo que es un ladrón del Metate.

- hombre: Francisco Valiente. - Bernardo: Sí, ese.

- hombre: Yo sé quién es, señor. - Bernardo: Ah, pues,

necesito que ese tipo entienda

que no pueda acercarse a los míos.

¿Se refiere a...?

No.

No, no, no.

Ese pendejo solamente me quiere quitar algo que es mío

y que no estoy dispuesto a compartir.

Ustedes se lo pueden hacer entender con más claridad.

"La letra con sangre entra", decía la maestra de mi escuela.

Bernardo: Ay, jijo.

Ay, cabrón, no, no sé si, si tanto, pero, bueno,

yo lo único que sé es

que ese güey tiene una cita mañana a las tres

en el mirador del Metate,

y necesito que ese cabrón no llegue, ¿sí?

- Delo por hecho, patrón. - Va.

Bernardo: Perfecto.

Pero...

No, está bien.

- ¡Buh! - ¡Ay, cabrón!

Qué pedo.

Um, así traes la conciencia, ¿eh?

¿De qué o qué? ¿Qué, qué escuchaste o qué?

- Todo. - ¿Y?

Me sorprendes, hermanito.

Pensé que eras más tibio.

Eh, ¿me la mamé?

música de tensión inicia

Tráete la troca, tráete la troca.

¿Qué haces ahí?

¡Súbete! ¡Súbete o te van a chingar!

música de tensión finaliza

Francisco: La que me chingó

desde ese preciso momento fue Morgana.

Por una razón o por otra, siempre caía en sus trampas.

Pues, por lo visto, sigo cayendo.

Morgana: Lo digo y lo repito.

Francisco tiene que quedar hecho cenizas,

así que su cuerpo desaparece hoy mismo, ¿entendimos?

Después hablamos.

¿Qué tiene este cuerpo

que le urge volverlo ceniza, señorita?

Detective, ¿no le enseñaron a respetar

las conversaciones de la gente?

Me enseñaron a encontrar sospechosos

y sacar conclusiones.

- Ya. - Y por eso me pagan.

¿Y quién le paga?

¿Nos acompañarías, por favor?

Tenemos que empezar con tu interrogatorio.

Claro.

Francisco: La astucia de Morgana era

uno de sus principales atributos.

La usa indiscriminadamente.

Hoy con los detectives

y desde siempre conmigo.

Creo que los perdimos, ¿eh?

- Sí, me parece que sí. - Muchas gracias por ayudarme.

¿Qué, qué, qué? ¿Adónde vas?

- ¿Cómo? - sonríe

¿Tú creías que con un simple "gracias"

iba a bastar?

-¿No? ¿Y entonces? - No.

Tengo otras maneras...

- No, oye, Morgana. - mucho más interesantes.

¿Adónde vas?

- Aquí, mira. - Oye, nos van a ver.

A ver, tú eres una mujer...

- Una mujer. - Increíble.

- Mjum. - Eres una mujer...

Ay, sí, eres una mujer espectacular.

Este...

Es que en este, en este momento, espera,

es que en este preciso momento estoy...

Estás...

No me digas que te enamoraste.

Pues...

Tú y yo no sabemos lo que es el amor,

suspira

pero nos encanta divertirnos.

Francisco: No, pero, es que...

Ahí sí te equivocas porque...

- Mjum. ¿Por qué? - yo no, no sabía

lo que era eso, pero estoy empezando

a sentir como unas cosas

- que antes no había sentido. - Sí.

- Ah, rarísimas. - Ajá.

- Ajá. Sí. - Sí.

Pérate, es que estoy tratando

de explicar, pero no me dejas.

- Sí. - Y pues uno malo no es.

Morgana: Angulo, por favor.

Tú bien sabes cómo era mi relación con Francisco.

Era bastante buena.

Todos los matrimonios envidiaban nuestra vida sexual.

Suena difícil de creer después de ver cómo festeja su muerte.

A ver, no, no me malentiendan.

Mi relación con Francisco era muy buena,

pero no era precisamente...

¿Cómo decirlo?

Tradicional.

Pero en la cama nunca hubo problemas.

O sea que... carraspea

Su comunicación era muy buena.

La mejor.

gemidos

Su lengua era muy hábil.

gemidos

Eh, a juicio suyo,

¿quién cree que podría haber tenido motivos

para querer matar a su marido?

Además de usted, claro.

Francisco siempre estuvo rodeado de muchas mujeres

que soñaban con matarlo,

pero definitivamente hubo una que...

lo padeció toda su vida.

gemidos

gemidos

¡Ay, Dios!

Francisco gime

Y coleccionó más de una razón para desaparecerlo.

- Morgana gime - Francisco exhala con fuerza

Sí, estuvo

casi perfecto.

No te vi quejándote nunca.

Bueno, para calentamiento estuvo muy bueno, ¿no?

Pero siempre podemos irnos a un lugar más íntimo.

Mira, te voy a decir una cosa.

Dime.

A mí me encantaría.

Eres... ¡Ah!

- Pero no puedo. - ¿Por qué no?

Es más, de hecho, esto no, esto no debió pasar.

- Ay. - Es que yo...

yo estoy sintiendo cosas por...

Ah, okay.

- Pues... - ¿Alma?

- Sí, por Alma. - No, no, ahí viene Alma.

- Ahí viene Alma. - Francisco: ¿Cómo que viene?

- Sí, sí, sí. - No mames. ¡No mames!

- Arranca el coche. - No, no, no.

Francisco: Arranca el coche.

- Morgana: Escóndete abajo. - Francisco: No, no, no, no.

Francisco: ¿Qué haces, güey? ¿Aquí?

Morgana: Sí, ahí.

Hola, Alma.

Morgana, ¿de casualidad no has visto a...?

¿Francisco?

Esto, esto tiene una explicación.

¡Eres una mierda, cabrón!

¡Una mierda! ¡Siempre es lo mismo contigo!

Francisco: Déjame salir rápido. Déjame salir.

- Estoy atorada. - ¡Puta madre!

- ¡Ah! - Ahora sí me mato.

¡Alma! ¡Alma!

Te espero para el round dos, ¿eh?

- Francisco: ¡Alma! - ¡Qué buena introducción!

Francisco: ¡Mira! ¡Alma!

¡Escúchame!

- Vámonos, Artemio. - Sí, señora.

Alma. Alma, mírame.

Ábreme. Alma.

Espérate, espérate. ¡Artemio, para!

¡Alma!

música inicia

música continúa

música finaliza

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