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Apúrale, Toño. Ya me preocupé.
Ha de estar dormida todavía.
¿Y quién puso la música?
Doña Cata.
Doña Cata.
Soy Trini.
¿Está usted bien?
¿Ya ves, Toño?
A lo mejor se metió a bañar. Tócale duro.
Doña Cata.
Ya está su desayuno. Doña Cata.
Ahora sí ya me preocupé. ¿Y si le hablamos a su hija?
La señora José siempre está muy ocupada.
No hay que preocuparla todavía.
¿Sabes qué?
Seguro se fue a misa de ocho y se le olvidó la música.
Trase cada rato.
¿Y entonces por qué echó llave?
Pues yo no sé.
Ándale, Toño. Vete a ver si encuentras la llave o tráete al cerrajero.
No. Mejor voy a ver si le toco por la ventana del jardín.
A ver si la miras. Ya debe de tener sus cortinas abiertas.
A ver si no me corre por mirón. Y si se enoja fue tu idea, Trinidad.
Sí, sí, yo le digo.
Nomás apúrate.
¡Diego! ¡Diego!
¿Viste mis llaves?
¿Qué? Que si viste mis llaves.
Deja eso y pon atención.
¿Qué me das si las encuentro?
Nada. No te doy nada.
Voy tarde y tengo que terminar una propuesta. Ayúdame a buscarlas. ¿Vas a
ir a trabajar?
¿Me prometiste que hoy íbamos a ir al club?
No creo que podamos ir hoy, Diegucho. Me acaba de hablar mi jefe y me dijo que la
juta se recorrió a lunes. No voy a estar preparada si no voy a la oficina.
Te acompaño y de ahí nos vamos al club, ¿va?
Ay, no. De verdad me tengo que concentrar en mi propuesta. Te la debo,
gordo. ¡Ándale!
Ayúdame a buscar las llaves.
Pero me lo prometiste, ma.
Además, hoy es sábado. Hoy nadie trabaja.
Pues yo sí. No me gusta, pero tengo que ir. Ya te dije que lo siento.
Mira. Mañana, si quieres, vamos un rato antes de ir con los abuelos. Ahora, por
favor, ayúdame a buscar las llaves. Ya es tardísimo.
¿Mañana? ¿Ya para qué?
Hoy es el torneo de natación. Te avisé desde hace como dos semanas.
¿Cómo se ve que ni me esperas?
Hoy no, Diego. No me salgas con eso hoy. Tengo mucho trabajo, mucha presión y
necesitamos el dinero.
Tienes que aprender que hay cosas más importantes que tu torneo de natación.
Mi madre ya no vive, pero yo estoy aquí.
Perdóname, Diego. Yo también extraño a papá. Pero si me quedo sin trabajo,
entonces sí vamos a tener problemas.
Te prometo que no vuelve a pasar, ¿ok?
A ver, ya, ya, ya. ¿Dónde dejé mis llaves?
Dejaste ahí ayer.
Mira, cuando regrese, preparamos palomitas y tú escoges la peli.
Pero no de miedo, ¿ok?
¡Ay!
¡Vamos! ¡Fíjese!
¡Vieja loca!
¡Fíjese! ¡Maneje con cuidado!
¿Cris? Bueno.
Ay, ¿por qué no oigo?
¿Mi hija?
¿Cómo sigue, Manuel?
¿Qué dijeron?
Espera, espera.
Deja y me paro.
Ya salieron los análisis.
¿Y qué dijeron los médicos?
¿Y?
En cristiano, hija, por favor.
Está segura?
Dios mío.
No llores, mija.
Tu hermano es fuerte.
Mira, ya verás con lo necio que es, lo vamos a tener para rato.
¿Sigue dormido?
Dale un beso de mi parte, aunque se enoje.
No, no.
No le digas nada a tu mamá todavía.
Avísame cualquier cambio o si despierta.
Y gracias por cuidarlo, hija.
Nomás termino y voy para allá.
Yo también, mija.
A ver, ¿a qué hora? Ya vámonos.
Tenemos que pagarlo.
¡Se me bajan todos!
Aquí termina la ruta.
Pueden tomar su dinero.
¡Lo voy a reportar!
¡Inconsciente!
Me lo prometiste, Fernando.
No sé si voy a poder sola.
No, no, no, gracias.
Ya déjalo así.
No se preocupe, señorita. A ver qué limpio le queda. No traigo cambio.
Ahí me lo da para la otra.
¿Está usted bien, señor?
Sí, gracias.
Déjame ver si tengo una moneda por aquí. Déjelo, señorita.
Estaba por mí. No, no. ¿Cómo crees?
Ahorita encuentro una de cinco. Espérame.
Señor, ¿de verdad está bien?
¿Puedo ayudarle en algo?
Gracias, de verdad.
Solo es uno de esos días.
Hay días así.
Lo sé.
Ahorita se me pasa. Estoy bien. ¿Sabe?
A veces el mundo no nos deja ver claro.
¿Qué? Que a veces nos engañamos sin ver que las respuestas están frente a
nosotros.
Ah, sabía que tenía algo de cambio.
Gracias, ¿eh?
Ya se me pasó.
Que tengas un buen día.
Por lo menos ya tiene el vidrio limpio.
Así va a poder ver clarito, clarito.
Oye.
¡Oye!
¿Qué? ¿No me oíste o qué?
Ay, perdón. No lo escuché.
Y aquí se bajan todos.
Está fuera de servicio.
Ok.
¿Le pasa algo?
No, no me pasa nada.
Ándale, ya vete.
Déjeme ayudarlo.
Tengo tiempo.
A ver.
¿Qué le pasa?
Nada. Estoy bien.
Y ya, por favor, bájate antes de que pierda la paciencia.
Le va a hacer daño si lo guarda.
Ándele, cuénteme.
¿Qué te voy a andar contando?
Ya, bájate de una buena vez.
Está bien, está bien, ya.
Me bajo. Qué genio. Solo quería ayudarlo.
Pues entonces bájate y déjame en paz. Aquí está tu dinero.
¿Sabe?
A veces el dolor tiene que ser compartido para ser comprendido.
¿Qué dices?
Que a veces es solo una puerta a la que hay que abrir para encontrar las
respuestas. ¿Tú qué sabes de esto?
¿Le puedo ayudar en algo, señora?
No lo sé.
¿Vino usted sola?
Me les escapé de casa.
Si no, luego no me dejan venir sola.
¿Y por qué no ha entrado? No tarda en empezar la misa.
Me levanté muy temprano y sentí una gran necesidad de venir aquí.
Pues llegó justo a tiempo.
Gracias.
Sé que se los vi enseñó.
Para que vea muy claro todo lo que va a pasar.
¿Tú? ¿Desde cuándo estás aquí?
Llegué con usted.
No me estás siguiendo, ¿verdad?
Solo quiero ayudar.
Bueno, sí, sí, sí, ya.
Ándale, déjame rezar.
Hermanos, reconozcamos nuestros pecados.
Desde el fondo de tu corazón pídele perdón al Señor.
Desde el fondo de tu alma pide perdón a Dios.
Me acabo de confesar anoche.
¿No he ofendido a Dios o sí?
Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho.
¿De verdad?
¿Estás preparada para recibirlo?
¡Vieja loca!
¡Líquese! ¡Maneje con cuidado!
Mi papá también trabajaba mucho y él sí me hubiera llevado. Diego, tu padre ya
no vive, pero yo estoy aquí.
No te voy a dejar sola.
Siempre voy a estar contigo.
Fernando.
¡Fernando!
¡Enfermera!
¿Se siente bien?
Sí, gracias.
Porque siempre tienen que llegar al último momento.
¿Quién es?
Deberían llegar antes, prepararse, dejar sus angustias y problemas atrás.
Ni siquiera ponen atención.
La misa es un nuevo milagro cada vez.
Este es el regalo más grande que Dios nos ha dado.
De nuevo. ¿Ya estás preparada para recibirlo?
Ah, ya entendí.
Por eso, vuelvo a Santa María, siempre vivo.
A los ángeles, a los santos, y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí, a tu Dios, nuestro Señor.
No pueden permitirlo. ¡Ay, Dios!
¡Qué susto me diste!
¿No pueden permitir qué?
Que alcance el perdón.
Por eso tratan de alejarlo. ¿Qué?
De distraerlo.
¿Qué demonios haces aquí?
¿Demonios? Mira de nuevo.
¿Demonios aquí?
Había escuchado que les duele estar en la iglesia.
De nada sirve. No está preparado.
Porque sólo tú eres santo en
la gloria
de Dios Padre.
Amén.
¿Qué fue eso?
Venía distraído, impaciente, sin prepararse para confesión. ¿Y esas
criaturas? Todo el tiempo están al acecho.
Tenemos que estar preparados siempre.
Mire ahora.
No pueden acercársele.
¿Quién eres?
¿Quiénes son ustedes?
Guardianes. ¿Qué?
De almas.
Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.
Por tu inmensa gloria... Dilo fuerte y desde el alma.
Eres su creación. Te alabamos.
Te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor,
Dios Rey Celestial. Dios Padre Todopoderoso, Señor Hijo, Hijo
Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.
Ay, virgencita.
Haz que doña Cate esté bien.
¿Qué pasó?
¿Dónde estás?
Pues no alcancé a ver nada por las ventanas. Las cortinas están corridas
tantito, pero no se ve nada.
Está bien oscuro.
Ahora sí me preocupé.
Ándale, vete por el cerrajero.
¿Y qué tal si se fue a misa? Yo le digo cuando vuelva que me puse bien loca y lo
mandé a traer. ¡Ándale! No me importa si me regaña.
Está bueno.
No tardo.
Pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra sufrida.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.
Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.
¿Hace cuánto que te confesaste, hija?
Hace ya tres meses, padre.
El Señor esté en tu corazón para que te puedas arrepentir y confesar
humildemente tus pecados.
Dime tus pecados.
Padre, es que no sé cómo empezar.
Le he estado mintiendo a mi marido. No he sabido cómo ayudar a mi hijo. Y lo
encubro para que no lo regañe.
Sigue aún con esas malas compañías que lo buscan.
Creo... Creo que sí se está drogando.
Y mi esposo Juan, que no sabe cómo acercarse a él.
Me siento sola, padre.
Y sin apoyo.
Me desespero y me gana la ira. No veo cómo van a mejorar las cosas.
Ay, padre, es que estoy desesperada.
No sé qué hacer.
Es que he perdido la fe, padre.
Siento que esto no va a cambiar nunca.
Y...
la que te salvará, hija.
La vas a recuperar.
Solo abre tu corazón y entiende que la luz de Dios está en ti.
Por tu hijo no te preocupes.
Déjalo en mis manos y se hará mi voluntad.
Repite el acto de contrición.
Yo te absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Vete en paz.
Jesús estuvo conmigo.
Él está vivo.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque
sólo tú eres santo, sólo tú, Señor, sólo tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu
Santo, en la gloria de Dios Padre.
Querido hermano, recuerda siempre que Jesucristo resucitó de entre los
muertos. conforme al evangelio que yo predico.
Por este evangelio sufro hasta llevar cadenas, pero la palabra de Dios no está
encadenada.
¿Por qué yo?
Porque lo necesitabas.
Es que tengo tantas dudas. No sé qué hacer.
Intente escuchar. A veces es una oración, otras veces tan solo algunas
frases. La palabra de Dios no vuelve sin dar fruto.
Solo intenta escucharla.
Eso es lo que has de enseñar.
Adviérteles a todos, delante de Dios, que eviten las discusiones por cuestión
de palabras, lo cual no sirve para nada, sino para perdición de los oyentes.
Esfuérzate por presentarte ante Dios como un trabajador intachable, que no
tiene de qué avergonzarse y predica fielmente la verdad.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.
En aquel tiempo el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea
llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón del estirpe de David
llamado José.
La virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo, Alégrate, llena eres de gracia, el
Señor está contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
Si supieras que el Evangelio es palabra que da vida eterna, cambiarías tu
actitud. ¿Y el Evangelio puede devolverme a mi hijo?
¿Puede evitar que muera?
Eso y más.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que a pesar de su vejez ha concebido un hijo,
y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada... No lo
escuches por cumplir.
Hazlo por aprender, para que vivas en carne propia lo que Jesucristo te quiere
decir. Te garantizo que si lo escuchas, tendrás paz y serás feliz.
Para ser un guardián eres un poco ingenuo.
La palabra del Señor no vuelve sin dar fruto.
Ya verás.
Palabra de Dios.
No se te vaya a olvidar pasar por Rodrigo y llevarlo al dentista, ¿ok?
A las cuatro.
Tengo que llevar a Sofía lo de las porras. Luego pasar con el contador y
recoger a Rafiki de la uni.
¡Trinidad! ¡Ay, nanita! ¿Y ahora qué hago?
Doña Cata, ya llegó su hija.
¡Ándele, ya ábrame!
¿Desayunaste?
Ay, sorry.
Me salí de volada y ya no chequé si había huevos.
Es que la soñé toda la noche y quise pasar a verla.
No la hemos venido a ver hace rato.
Ok, yo le digo.
Aquí desayuno algo con ella y luego me voy. Un beso.
Adiós.
¿Qué? ¿Estás sorda? ¿No me escuchaste?
Ay, Trini.
¿Y qué haces parada ahí?
Qué bueno que llegas, señora José. Es que su mami no abre y ya está listo su
desayuno. Ya le tocamos y nada y, pues, ya me preocupé.
Ya, ya, Trini. A ver, ¿dónde está Toño? Pues, como no me abría...
Lo mandé a traer al cerrajero. No pasa nada, Trini.
No te angusties. Mi mamá nos hacía esto a cada rato. Ay, dice que era la única
forma de estar sola.
Siempre ponía la música para que creyéramos que estaba ahí y se iba a mis
escondidas. ¿Y por qué echó llave entonces?
Ya está viejita. Ahora trae en la cabeza cerrar todo con llave. Desde que
Santiago le rompió el florero azul, ahora cierra todo cuando sale. Ay, pero
qué bueno que mandaste por el cerrajero. Yo necesito un juego de llaves.
Ándale, Trini.
Regálame un cafecito, que no he desayunado.
Ahorita se lo preparo.
¡Mamita!
¡Mamá! De entre toda su creación, Dios eligió a una mujer, a María, para que
fuera su arca de la nueva alianza con la humanidad, para que llevara en su
vientre a nuestro Salvador.
Ella, gracias a este acto, se vuelve la más bendecida de todas las criaturas de
Dios, la llena de gracia, la predilecta.
Nuestra madre y en quien se cumplen todas las promesas de Dios.
Tratemos de imaginar el enorme compromiso, responsabilidad y sacrificio
que con su aceptación adquiría María.
La misión más grande del mundo, ser la madre del Mesías, del Salvador.
Todos conocemos el poder de la oración y sabemos que Dios escucha nuestras voces.
Imaginemos el fruto que pueden dar las peticiones que la Santísima Virgen le
haga a su propio hijo por nosotros.
Búsquenla. Hablen con ella.
Ella siempre escucha.
Entréguense a su amor de madre.
Nunca he sido bueno para pedir.
Pero ella sabe y te escucha.
Dile lo que deseas. No tengas miedo.
Ella es tu madre.
Está aquí.
Ayúdalo, virgencita.
No eres madre.
No entiendes. Te lo suplico.
Abre tus manos.
Por fin.
¿Quién eres?
¿Qué es esto?
Es tu petición y tu ofrenda.
No entiendo.
Es el ofertorio. Ahora nosotros llevamos sus peticiones y ofrendas al Señor.
¿Son ángeles?
Lo somos.
Uno por cada uno.
Entonces sí existen los ángeles de la guarda.
¿Qué es lo que llevan?
Sus peticiones y ofrendas.
¿Y ellos por qué no llevan nada?
Porque las personas que ellos cuidan no tienen nada que pedir.
No han puesto atención a la misa, o peor aún, han venido en contra de su
voluntad, forzadas o por compromiso.
Ellos no tienen nada que llevarle a Dios.
Por eso están tan tristes.
¿Y qué pueden hacer?
Orar por ellos.
Te escucha.
¿Qué es lo que hacen?
Piden por ellos directamente a Dios.
Su voz es la ofrenda que se alza por sobre la tierra hasta ser escuchada por
nuestro Señor.
¿Qué puedo ofrecerle yo al Señor?
A ti.
Tu trabajo, tu alegría, tu tristeza. El bienestar de tu hijo. Tu vida y tu
servicio.
Siempre se nos olvida ofrecer algo a Dios.
Y ni siquiera sabemos pedir.
¿Y cómo es eso?
Pídele en silencio lo que más quieras.
Lo que tu corazón anhele.
Muy bien.
Ahora pide por los demás.
Pide por tu hijo, por Fernando.
Pide por tus padres y familiares.
No pares, sigue.
Pide por la paz del mundo, por los pecadores, por los sacerdotes y su
misión.
Pídele a Dios, pero no solo por ti, sino por quien más lo necesita.
ahora y con toda tu alma hazle tu ofrenda a nuestro señor
ya
está lista para nuestro padre
Ese es el problema.
Ustedes necesitan ver para creer.
Aunque el amor de Dios esté frente a sus narices, se olvidan de él solo porque no
lo ven.
¿Y por qué hoy puedo ver esto?
Abre bien los ojos y presta mucha atención.
Porque de lo que seas testigo hoy, tendrás que participarlo a la humanidad.
Ahora prepárate y guarda silencio.
Santo,
santo santo es el señor dios del universo llenos está en el cielo y la
tierra de tu gloria osan en el cielo
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Osana en el cielo.
Nunca el hombre es más hombre que cuando se arrodilla ante Dios.
¿Ellos quiénes son?
Son todos los santos y bienaventurados del cielo.
Ahí están las almas de sus familiares que ya están con Dios.
¡Dios mío!
Él tiene que estar aquí.
Tranquila. No te van a hacer daño.
¿Quiénes son?
Son almas del purgatorio.
Solo piden tu ayuda.
Pobres. ¿Qué es lo que dicen?
Están pidiendo por ustedes, ya que no pueden pedir por ellos mismos.
¿Por qué?
Necesitan que ustedes pidan por ellos para salir de su encierro y regresar con
Dios.
Te extraño, Fer.
Yo te amo, amor.
Has sido muy valiente.
No sé si pueda.
Me haces mucha falta.
Dios siempre está contigo.
Y yo también.
Entonces, no estoy loca.
A veces sentía que estabas ahí.
Todos los días rezo con ustedes el ángel de mi guarda.
Y cuando duermes, Dios te bendice por tu esfuerzo.
Estás haciendo un gran trabajo con Diego.
Estoy muy orgulloso de él.
Te necesito, Fernando.
No te vayas.
Siempre voy a estar contigo y con Diego.
Es un dios vivo. Está siempre con nosotros.
Abandónate, déjalo actuar y confía en él.
Tu petición fue escuchada.
Ella está aquí.
Y te oye.
Por favor, no juegues conmigo.
No estoy jugando.
Ella quiere verte.
¿Y dónde está?
No la veo.
No la viste en todos esos años de sacrificio en que trabajaste tres turnos
para pagarle la carrera a Manuel. Pero ella te acompañaba. ¿Cómo?
Tampoco la viste cuando le diagnosticaron el cáncer a tu hijo, pero
ella lloró contigo esa noche.
Él solo quería ayudar a los demás.
Estaba experimentando un nuevo tratamiento con radiaciones.
¿Cómo iba a saber que su misma cura lo iba a enfermar?
No es justo.
Y aquí está hoy contigo, aunque no la veas, consolándote como madre.
Con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu hijo... con la
fuerza del Espíritu Santo... Perdón.
Solo quiero pedirle por mi hijo.
Ven conmigo.
Desde que sale el sol hasta el ocaso.
No es justo, Virgencita.
Manuel solo quería ayudar a los demás.
¿Por qué se tiene que morir?
Santo eres en verdad, Señor. Fuente de toda santidad.
Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu espíritu, de
manera que se conviertan para nosotros en el cuerpo y la sangre de Jesucristo
nuestro Señor, el cual cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente
aceptada, tomó pan.
Dándote gracias lo partió y lo dio a su discípulo eficiente.
No agaches la mirada, levanta tu vista, contémplalo, él es el Rey de Reyes.
del mismo modo acabada la cena tomé el cáliz y dándote gracias de nuevo
lo pasé a mis discípulos diciendo tomen y beban todos de él porque
este es el cáliz de mi sangre
Ya ves, a veces el dolor tiene que ser compartido para ser comprendido.
Hermanos, con la confianza de ser hijos de Dios, dirijámonos al Padre con la
oración que Jesús nos enseñó.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos a nuestro Padre cada día.
Padre, te ofrezco esta comunión en unión con las misas celebradas hoy por las
benditas ánimas del purgatorio.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
Dense fraternalmente la paz.
La paz sea contigo.
El cuerpo de Cristo.
Observa.
Jesús está complacido.
Esa es un alma limpia.
El cuerpo de Cristo.
Amén.
El cuerpo de Cristo. Amén.
Jesús quiso permanecer con ustedes hasta el fin de los siglos, porque su amor no
puede soportar dejar huérfanos a quienes más ama.
Escucha. Ay, Señor, ya estamos a fin de mes.
Y no tengo dinero para pagar la renta, ni la mensualidad del carro, ni la
colegiatura de Juan. Y no le dan exámenes finales y no pago. Por favor,
no te olvides de mí, señor.
Y ayúdame a conseguir el aumento.
¿A qué lo quiere Jiménez si el hijo tiene?
Ah, ya no le aguanto. La vecino, por favor, que se mude. Ya no le aguanto.
Por favor, ayúdame a que mi marido ya no beba tanto.
Luego le entra la mina y acaba golpeando a Eleazar.
¿Te diste cuenta?
Ni una sola vez han dicho gracias.
Solo su letanía de pedidos.
Y así son casi todos los que vienen a su casa.
Si tan solo supieran lo mucho que los ama y cuánto desearía tener su amor.
¿Y qué puedo hacer yo?
Empieza con tu hijo.
Enséñalo a valorar el sacrificio de Jesús.
Tráelo a misa y edúcalo a venir con gusto.
Comparte lo que hoy has visto con quien puedas.
Ni siquiera los ángeles podemos alimentarnos de Dios.
Solo ustedes tienen la gracia por ser sus hijos.
Si los demás pudieran presenciar lo que vi hoy, todo sería tan diferente.
Padre Santo, tú que nos has alimentado con el cuerpo y la sangre de tu Hijo,
Guíanos por medio del Espíritu Santo a fin de que no sólo con palabras, sino
con toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así
merezcamos entrar a tu reino. Tú que vives y reinas por los siglos de los
siglos. Amén.
Hermanos, llenos de alegría podemos ir en paz.
Nuestra misa ha terminado.
Demos gracias a Dios.
No hagas un garabato con esa mano.
Recibe la bendición con piedad.
Y haz la señal de la cruz con respeto.
Sí.
Sí, sí, tienes razón.
Es que estoy tan contento.
¿Cuánto tiempo se queda Jesús dentro de mí después de comulgar?
Todo el tiempo que tú quieras.
Él hace de tu corazón su hogar.
Ustedes son los que lo dejan ir.
Salen de misa y se olvidan del gran milagro que llevan dentro.
¿Cómo te llamas?
De la misma forma que me llamas cada noche cuando rezas con Diego.
¿Y eso?
Por si no te vuelvo a ver.
Nos veremos en cualquier lugar.
No olvides que soy tu ángel de la guarda.
Gracias.
Voy a seguir tu consejo.
No salgas corriendo de Misa.
Habla con él.
Nada le gusta tanto como que le platiquen.
Gracias. De verdad, muchas gracias.
Te voy a ver otra vez.
Nos veremos en cualquier parte.
Yo siempre estoy a tu lado.
Diego. Mi amor, ya llegué.
¿Estás listo?
Y Diosito, por favor, haz que mi mamá no esté tan enojada todo el día. Que no
tenga tantos problemas en el trabajo.
Y que esté más contenta para que podamos pasar más tiempo juntos.
Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día,
hasta dejarme en los brazos de Jesús, José y María.
Empaca tus cosas y vamos al torneo. ¿De verdad? ¿No tenías que trabajar?
El trabajo puede esperar.
¿Está bien, señora?
No lo sé.
De verdad, no lo sé.
¿Tiene algún problema?
No, ninguno.
¿Y entonces?
¿Pues qué quiere que yo haga?
¡Pues que abra la puerta, menso!
¡Trini! Chapa no tiene llave.
No puede ser. Si está bien cerrada, maestro.
Toño y yo tratamos de...
Mamá.
¿Mamá?
Checa en el baño, por favor.
¿Se van a preocupar por usted?
Seguramente.
Pero hoy siento que debo estar aquí.
¿Por qué dice eso?
¿Escucharías a una anciana?
Soy todo oídos.
Toda mi vida he hecho lo que debía de hacer.
Me esforcé por ser una buena hija, una buena hermana.
Después conocí a Miguel, tan guapo.
Nunca me imaginé lo duro que iba a ser el perder a Miguel.
Pero aún así, a mis hijos nunca les faltó nada.
Traté de ser una buena madre y ellos han sido buenos hijos.
Entonces, debería estar feliz y ansiosa por regresar a casa.
¿Para qué?
¿Cómo que para qué?
No me malentienda, joven.
Los quiero con toda mi alma.
Pero desde hace algunos años ya... ya soy tan solo un estorbo.
No hay nadie en el baño.
Te dije que se fue a misa.
¿Dónde dejaste esa sonrisa, Catalina?
Tuve una vida feliz.
Pero ahora no encuentro paz.
La edad me ha quitado independencia y, ya ve, hasta tengo que escaparme.
Y ahora simplemente sobrevivo sin saber a dónde debo ir.
Pues vino al lugar indicado.
A ver si ahora sí la regaña, señor, para que no nos vuelva a dar otro asusto.
¡Virgen Santísima!
¡Doña Cata!
Señora Jose, Doña Cata.
Descansa en paz, mi viejita.
Te voy a extrañar.
Tengo miedo.
No temas.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
No hay mañana cuando todo lo que veo es gris. Desearía tener un poco de pintura
para pintar mi vida con diferentes colores.
Agarro mi guitarra y toco lo más fuerte posible.
Ahora sé que Dios me dice que todo va a estar bien.
A veces cuando siento que no soy capaz de
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