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Original subtitles

DOS AMORES

Tiene buena pinta, Christina.

Sí, Fritz. Mejor de lo que esperaba.

Quizás descubra algo.

Eso espero.

Hola, cariño.

Esto es muy importante.

Estoy tan nerviosa.

Déjame ver.

Espera.

Si lo que veo es cierto, lo tengo.

- Fritz, llame al doctor. - Enseguida, señorita.

¿Y bien?

Maravilloso.

¿Qué es?

El embrión de un pollo.

David, todo está saliendo bien. ¿Estás contento?

Claro que sí.

¿No vas a mostrar algo de cariño?

Nada mal para una investigadora.

Ahora me toca a mí.

"Michaels tiene trabajo para ti. ¿Vienes?".

¿Michaels? ¿En Nueva York?

Es el mejor arquitecto de América.

Es una gran oportunidad.

¿Qué vas a hacer?

¿Qué crees?

Aceptarlo, por supuesto.

Es lo que he hecho. Pero...

Esto es un milagro.

Ahora puedo ir al Instituto Rockefeller.

¿Todavía puedes?

Creo que sí. Les llamaré.

Estoy tan feliz. ¿Cuándo partimos?

En cuanto puedas.

Pero bueno...

¿De qué hablan?

¿Cuándo partimos?

David tiene trabajo en Nueva York. Es magnífico.

Me temo que le robaré a Christina.

Lo sabía.

Hace cinco meses, cuando se casaron,

supe que iba a pasar.

Joven, sepa que se lleva a mi mejor investigadora.

Tiene un don. Y lo desperdicia por amor.

Por amor.

No doctor. Continuaré con mi trabajo.

En el Instituto Rockefeller. Me lo ofrecieron hace meses.

Nunca me lo contó.

Pero es estupendo.

Vaya y continúe con su trabajo.

Usted puede tenerlo todo.

Un marido y un trabajo.

Algunas no pueden. Pero usted sí.

- Muchas gracias. - Querida niña.

Lo siento.

No lo sienta. Siempre lo recordaré.

David, no la deje escapar.

Anímela a seguir estudiando e investigando.

Lo haré.

Yo no iré muy lejos. Alguien tendrá que hacerlo.

Me dijo que es muy listo.

Empiezo a creerlo.

- ¿Qué quería enseñarme? - Esto, doctor.

¿Confirma esto su teoría acerca del crecimiento?

Ha salido mejor de lo que esperaba.

Hola, Delia.

- ¿Cómo está, señor? - La señora Phelps.

- ¿Qué tal? - Encantada de verla.

- Gracias. - Permítame ayudarla.

Hola.

¿David y Christina? Soy Hester.

No me digas.

Mira, es Hester, la futura esposa de Rob.

Es encantadora.

Vosotros también lo sois.

Tu madre no está.

Llegáis pronto.

Tomamos un tren antes, el de la una.

¿Dónde está Rob?

Patinando.

¿Un té? Estoy helada.

Seguro. Lo pediré.

¡Dave!

Hola, Robert.

Ya estás aquí.

Y tú también.

Ahí la tienes. Voy a por el té.

Esto es estupendo. No os esperábamos tan pronto.

Madre llegará enseguida. Te va a encantar.

Estoy segura.

Es maravillosa, ¿no?

Lo es.

Estas maletas. Delia, ¿han llegado?

Tu madre.

¡Dave!

Hijo mío, ¿dónde estás?

¿Dónde estás, Dave?

Dave, ¿no me oyes? Ven ahora mismo.

Soy tu madre.

Madre.

- ¿De verdad que eres tú? - Eso creo.

- Hijo. - ¿Qué? ¿Contenta?

- ¿Yo? - No has dicho nada.

- Y yo no estaba. - Llegamos pronto.

Tienes mal aspecto. Y has engordado.

¿Y el viaje? ¿Te mareaste? ¿Has trabajado mucho, hijo?

No ha trabajado en semanas.

Todavía no has visto a Christina.

Christina.

Lo siento. Pero este chico me hace perder el sentido.

Deja que te vea.

Es preciosa, Dave.

Una chica muy guapa.

Dave sólo escoge lo mejor. Siempre lo digo, ¿no?

Seguro que no has parado. No me gustan esas ojeras.

- Tonterías, madre. - Está bastante guapo.

Pero solo bastante.

No puedo dejar de preocuparme por mis chicos.

¿Has patinado, Rob?

No he podido. Corté hielo del estanque y está lleno de agujeros.

No me lo puedo creer.

Después de dos años, y ya cinco... casi seis meses casado.

El té.

¿Me ayudas a quitarme el abrigo?

Así puedo cumplir bien con mi deber.

Christina, siéntate a mi lado.

Dave, tú al otro.

Así os puedo ver a los dos.

¿Cómo lo tomas?

Solo. Sin nada más.

Una auténtica bebedora de té.

Espero que te guste.

- ¿Té, hijo? - Sí.

- ¿Como siempre? - Sí.

- ¿Robin? - También.

Tengo que dar una cena e invitar a tus amigos.

Tienes que volver al negocio.

Robin hace lo que puede. Pero no es suficiente.

¿Me da uno?

Me he olvidado de ti, querida.

- ¿Cómo? - Como siempre.

¿Leche y azúcar?

- No. Sin azúcar. - Claro. Por supuesto.

¡Robin!

No sabéis cuánto significa para mí

que salgan bien los planes que os tenía.

Siempre soñé con que eras arquitecto. Desde...

- Desde... - Que enseñé a Andrew mis dibujos.

Tengo un don.

Ver lo que la gente esconde y sacarlo afuera.

Ya en aquel tiempo vi lo que Dave llevaba dentro.

Y lo saqué al exterior.

Me parece arriesgado.

¿El qué?

Que la familia se meta en eso.

¿Y quién mejor?

Sé a lo que se refiere.

De unos dibujos a la arquitectura hay un trecho.

Podía haberse equivocado.

Una vez tuve conejos. Me encantaban.

Mi familia vio mi talento y me educaron para ser domadora.

¿En serio?

¿No debería ser así?

A los niños, yo creo que habría que tenerlos,

amarlos, y dejarlos marchar.

Esa es una buena observación.

¿Por qué no lleváis las maletas arriba y las dejáis afuera?

Tú irás a la habitación pequeña. Y Dave a la de detrás.

- La tuya. - Entiendo, madre. Pero...

¿No dormirán juntos?

- Yo iré a la de invitados. - Nada de eso.

Hester ha venido para descansar.

Dave estará bien en su habitación.

Christina irá a la otra. No le importará.

Madre.

Así será.

- Pero... - No hay más que hablar.

Además, ha trabajado mucho, y hay que cuidarla.

Bien.

Hester, ¿podrías dejarme a solas con mi nueva hija?

¿Un poco de té?

Por favor.

Quítate el sombrero para que pueda verte.

Nunca he conocido a una científica.

- Tenía un poco miedo de ti. - ¿De mí?

Entiéndelo, querida. Dave me escribió

y me dijo que se había casado con una geóloga con talento.

- Bióloga. - Bio...

- No me lo podía creer. - Lo entiendo.

Pero ahora que te conozco, estoy orgullosa de ti.

Toda mujer quiere una hija.

- Es muy amable conmigo. - No es difícil serlo, querida.

Cuéntame qué planes tenéis.

Espero que no tengáis, porque tengo muchos para vosotros.

- Y son perfectos. - Queremos vivir en Nueva York.

¿Por qué allí?

Seguro que hay sitios más agradables que Nueva York.

Seguro. Pero Dave podrá trabajar allí.

No estoy de acuerdo.

Nueva York es un buen sitio para Dave y para mí.

- ¿Para ti? - Voy a trabajar allí.

- ¿Trabajar? - En el Instituto Rockefeller.

Por eso Dave va a Nueva York. Por tu geología.

En parte sí. Pero no es geología, sino biología.

Claro. Geología son las piedras, ¿no?

- Sí. - ¿Y la biología?

Bueno... es la vida.

Así que estudias la vida.

Mejor tú que la otra.

¿Fumas?

- Sí, gracias. ¿Puedo? - Claro.

Fumaré yo también.

Cuéntame algo de tu trabajo.

No me gusta la palabra "profesión" para una mujer.

Y no es realmente una profesión. Más bien una afición.

- ¿Quieres seguir? - ¿Trabajando?

- Por supuesto. - Como si no estuvieras casada.

Para ser bióloga de verdad, tengo que hacerlo.

¿En serio? Cuéntame algo de ti.

Dave me escribió y me dijo que os casabais.

No fue fácil, Sra. Phelps. Le rechacé durante seis meses.

¿Ah, sí?

Nos conocimos en Roma en invierno.

Vino a Heidelberg, donde yo trabajaba.

Entiendo.

Nos casamos y vinimos aquí.

- Y ahora te lo llevas a Nueva York. - Yo no lo diría así.

Es un hecho. Tienes que pensar en tu biología, querida.

De eso no me puede culpar, mientras piense en Dave también.

Lo entiende, ¿no?

Lo intento. Pero tienes que entenderme.

Mírame. ¿Qué ves? Sólo soy la madre de David.

Y tú no eres sólo su mujer. Eres muchas cosas más.

Yo sólo soy su madre.

Antes, las chicas independientes eran maestras.

O enseñaban música.

Pero hoy son investigadoras. Y no les importa.

Míralo así. No somos parte de la decoración.

Las que no salimos al mundo desempeñamos una gran labor.

Y me temo que pronto va a desaparecer.

Hacemos de la maternidad una profesión.

Puede sonarte anticuado.

Pero créeme. Tiene su valor.

No quiero premios, sino algo más profundo.

Sólo te pido, Christina, que no acapares a mi niño.

Deja una parte para mí.

Creo que me la he ganado.

Y me lo debes. Soy su madre.

Creo que me lo merezco. ¿No lo piensas tú también?

- Querida Sra. Phelps. - ¿Entonces no me vas a apartar?

Nunca me metería entre una madre y su hijo.

Gracias, querida. Y ahora que sabes cómo me siento,

no irás a Nueva York

y te llevarás a Dave.

- Sra. Phelps. - Lo tengo todo planeado.

Tenemos un terreno aquí. Es precioso.

Ya lo verás. Está al lado del estanque.

Me han ofrecido mucho por él. Muchísimo.

Pero lo he conservado. Y ahora Dave se establecerá.

"Valle tranquilo".

Le cambiaré el nombre y haré algo con él.

David se encargará de él y diseñará las calles,

construirá casas y ganará una fortuna.

Merece un sitio en el mundo.

Dirá más bien un sitio en esta parte de él.

¿Y por qué no? Aquí tiene el futuro asegurado.

- Con su madre detrás. - ¿Quién mejor?

Mire, señora Phelps. Cuando rechacé a Dave fue por algo.

No me iba a echar a los brazos de un pez gordo en un charco.

Prefieres que sea un pez pequeño en un gran mar como Nueva York.

A eso me refería.

Pasados tres meses, volvió.

Con planes realistas, con humildad y un trabajo como arquitecto.

¿Un trabajo?

- ¿En Nueva York? - Sí. Con Michaels.

- Está muy interesado en David. - Cuéntame.

¿Por qué estás tan segura de que Dave tendrá éxito allí?

Bueno. No he pensado mucho en eso.

Pero tiene que valerse por sí mismo.

¡Oh, Christina!

Tenlo claro. Estás sacrificando a David.

No está nada bien.

Y todo esto para nada.

Con todo lo que he hecho por David.

- Lo que he sacrificado. - No diga eso.

Quiero llevarme bien con la mujer de mi hijo.

No sabes cuánto lo he deseado...

cuánto lo he soñado.

¿Podemos ser amigas?

Me siento como si hubiera entrado con mal pie.

¡Christina!

Si quieres ducharte, debes hacerlo ya.

Gracias. No sabía que era tan tarde.

Lo entiendo, Sra. Phelps.

Lo arreglaremos de la mejor manera para todos.

Hay que cuidar esas cosas.

Lo que hay que hacer

es seguir adelante lo mejor que podamos.

No hay otra forma.

Piensas que soy egoísta.

Hay algo de lo que estoy orgullosa:

No soy egoísta.

No tengo ni un pelo de egoísta.

La creo.

Y la entiendo.

Estoy tan sola.

Tanto.

¿Por qué?

Se lleva a David a Nueva York.

Lejos de mí y de todos los planes

que tenía para él.

Bueno, si él la quiere seguir.

Yo nunca le haría eso a ninguna mujer.

Claro que no lo harías, pero...

ella no te gusta, ¿cierto?

¿También te has dado cuenta?

No debería dolerme tanto.

Pero no sabes lo que es ser madre.

Casi muero al nacer Dave.

Sufrí durante horas por él.

Toda una agonía.

Pesaba más de cinco kilos.

Y ahora se va.

Si supiera que va a ser feliz.

No puedes pedirle mucho.

Tienes razón. No puedo esperar que mi hijo me quiera como yo a él.

Y él no espera que nadie le ame como tú.

Tú también te irás, Rob.

Sí, lo haré. Pero nada se interpondrá, madre.

Sentémonos aquí y olvidemos las cosas desagradables.

Hablemos de cualquier cosa.

Siéntate. Ahí no. La cabeza en mi regazo. Así.

Esto me demuestra lo que ya sabía. Tú has salido a mí.

- David ha salido a su padre. - Madre.

Sabes que siempre os he querido ver casados y establecidos.

Pero felices. De verdad.

¿Ya sabe Hester dónde quiere pasar la luna de miel?

En el extranjero. Le da igual dónde.

Es extraño. Todavía no ha dejado su casa, ¿no?

- No creo. - No lo puedo entender.

- ¿El qué? - Su indiferencia. Me asombra.

¿Sabes si tiene muchos amigos? Quiero decir hombres.

¿Ha tenido algún novio antes?

- Supongo que sí. - ¿No lo sabes?

Bueno, nunca me lo ha contado. ¿Por qué?

Estaba pensando que ha estado fuera dos años,

y no sabemos lo que pasó en ese tiempo.

Pero, ¿por qué debería preocuparme?

Si se quiere casar contigo. Sólo que...

¿Sólo qué?

Me pregunto si Hester te quiere tanto como piensas.

Siempre lo he querido saber. Pero no sabía si decirte algo.

Ya no hay por qué preocuparse.

¿Has pensado que puede que no ames a Hester?

Amor...

Si no, no le habría pedido que nos casáramos.

Supongo que me ama, a su modo.

¿Será suficiente?

Lo sabré a su tiempo. Un hombre debe casarse.

No amas a Hester. Y no es justo para ella.

Sí que la quiero. Es sólo que...

Quizás no como para casarme.

No amas a Hester. Ella a ti tampoco. Así de sencillo.

Si sigues con esto, cometerás un gran error.

Puede que duela, pero es mejor enfrentarlo ahora.

Si tenéis niños, será muy tarde. Piénsalo antes de que esto continúe.

Y recuerda que está en juego la felicidad de tres.

- Hester, yo... - Y yo.

No debí decir eso. No dependeré de vosotros.

Ni de Dave.

Ya se dará cuenta de lo que hace. No podrá con él.

No tendrá tiempo para nada. Perderá el interés por él.

Igual que Hester. Pero tú todavía te puedes salvar.

Quiero protegerte de tirarlo todo por la borda.

Como lo está haciendo Dave.

¿Te enfrentarás a ella?

¿Qué quieres decir? ¿Que rompa con ella?

Como un hombre.

- Bueno... Lo intentaré, madre. - ¿Cuándo?

- En cuanto pueda. - Hoy.

Esta noche es tu oportunidad. Prométeme que lo harás.

De acuerdo, madre. Si es mejor así...

Está bien.

Y ya no estaré sola. No lo estaré.

- No, madre. - Bésame.

Hola.

Qué bonita imagen.

¿Y Hester?

Con Christina. Las he oído reír.

Se llevan muy bien.

Demasiado.

Voy a por los cócteles.

- ¿Te gusta Christina, madre? - Ya sabes que sí.

Claro que lo sé. No podía equivocarme al elegir.

Pocas chicas se pueden comparar contigo.

Christina es maravillosa. Cada día más.

No dejarás que tu felicidad me aparte de ti. ¿No, hijo?

No seas tonta.

- ¿Llamamos a las chicas? - No. Sólo los tres.

No va a ser posible. Las he oído al venir.

- Mis hijos. El grande y el pequeño. - Date prisa, Chris.

Lo único que pido es tener un pequeño hueco, Dave.

No te preocupes, madre.

Aquí estáis.

- Digámoselo. - ¿Delante de todos?

No les molestará.

- A mí tampoco. - Madre estará feliz.

¿De qué?

Os tenemos una sorpresa.

¿Qué es?

Tendré un bebé dentro de cinco meses.

Christina.

Qué alegría.

Qué gran noticia, ¿no?

Claro que sí, Dave. Estoy muy contenta.

¿Puedes traerme algo? Se me ha caído el cóctel.

Me gustaba fotografiarles y pesarles.

Era como participar en el desarrollo de sus almas

y de sus cuerpos. Los fotografiaba cada tres meses.

- Hasta los 12 años. - Pero eso son muchas fotos.

Ahora sacará el álbum. Tengo una dentro de una concha.

- ¿Desnudo? - No, en camiseta.

La moda ha cambiado.

Menos mal. A David no le gustaría que le fotografiaran así.

Nada de fotos esta noche. No queremos aburrirte.

Tiene otros intereses, diferentes a los de su marido.

Incluso a los de sus hijos.

- Bueno... - ¿Qué vas a decir?

Sólo miraba el vestido de Christina, e iba a decir que...

es el más bonito que he visto nunca.

Sí, es bonito.

Sé a quién le sentaría bien. ¿Te acuerdas de Clara Judd?

Tenía una figura perfecta. Y tanta clase.

Este vestido necesita las dos. También te lo puedes poner.

- Mira la Luna. Salgamos un rato. - De acuerdo.

- Creo que es maravillosa. - ¿De verdad?

¿Por dónde han ido?

- Detrás de los árboles. - No pueden ver la colina.

- No están mirando hacia allí. - ¿Dónde si no?

El uno al otro. Su cabeza en el hombro.

- Su brazo la rodea. - Diles que entren.

No lo hagas. No pasan mucho tiempo juntos.

Pero Dave puede enfermar. Debería cuidar de su salud.

Por no hablar de mis sentimientos.

No hay que preocuparse tanto por un hombre tan saludable.

Sino por Christina. Ella es quien está embarazada.

Disculpe si la asusto. Pero los dos me sorprenden.

¿Por qué?

Por no interesarse por el bebé.

Cada vez que saco el tema, lo cambiáis.

Sólo se ha mencionado una vez. Y fue Catty.

Si se me permite decirlo,

no creo que ese sea el tema más...

- apropiado para... - No veo que hay de malo en ello.

Madre tampoco, después de nacido.

Hablar del bebé me ha puesto maternal.

Que me oiga quien quiera.

A Christina no le importa. Está tan interesada como yo.

Quiero tener muchos niños.

¿Por eso te quieres casar?

¿Por qué no?

Disculpe si la asusto. Pero usted también me sorprende.

Madre, Hester no quería decir...

¿Cómo te atreves?

Perdona. He perdido los nervios. Lo entiendes, ¿no?

- Eres la invitada de mi madre. - ¿Eso es todo?

Ahora sólo pienso en mi madre.

Lo entiendo. Discúlpame.

A algunas madres les gustan sus nueras.

- Depende de ellas. - No sólo.

Eres injusta.

Estoy harta oírte hablar de tu madre.

No era mi intención. Lo siento.

Me estoy disculpando. ¿Me escuchas?

- Sí, te escucho. - Voy a casarme contigo, no con ella.

Y te quiero. De verdad.

- ¿Estás enfadado conmigo? - No lo estoy.

Eres raro.

¿Eso crees? ¿Por qué?

Como novio. Nunca he tenido uno así.

- ¿Has tenido muchos? - Eso no se pregunta a una dama.

- Sabes a qué me refiero. - Solía pensar que...

Alguno sería el definitivo, pero ninguno lo fue.

- ¿Por qué no? - Ninguno era como tú.

- Claro que no. - Siempre me reía de ellos.

- De mí nunca te ríes. - Estoy a punto de hacerlo.

O sea que... ¿He sido el único?

El único del que no me he reído. Haces que suene fatal.

No era mi intención.

- ¿Sabes qué significa ser mi esposa? - Una vida agradable.

- ¿Para ti? - Espero que sí.

- No sé si quiero tener hijos. - Los querrás.

- Son un obstáculo en una carrera. - ¿Tienes una?

- Quiero tener una. - Eso es bueno. ¿Cuál?

Bueno... no estoy seguro. Puedo dibujar muy bien.

Y soy buen músico. Podría componer.

O escritor. Lo he pensado muchas veces.

- Los niños... - No sé de carreras

pero Lincoln tuvo niños. Lo harás tan bien como él.

- ¿Y lo que yo quiero? - Déjamelo a mí.

Si fuéramos pobres, haría de todo.

Cuidaría de ti y de los niños en cualquier parte del mundo.

Eso es cosa mía. No te preocupes.

Sólo quería asegurarme de que me entiendes.

Nunca hablamos del matrimonio. Ya va siendo hora.

- ¿De qué quieres hablar? - Hay cosas que discutir.

¿Qué te pasa? Hablemos de lo que quieras.

Te quiero, e intentaré ser una buena esposa.

¿Serás feliz conmigo?

Espero que sí, pero... eso sólo lo puedes saber tú.

- No te puedo responder. - ¿Por qué no?

- Porque no estoy seguro. - ¿No lo estás?

- Es mejor enfrentarlo ahora. - ¿Qué quieres decir?

Si fuera algo seguro.

- Así que es eso. - ¿Estás segura de casarte conmigo?

Ahora ya no lo sé.

El matrimonio es algo muy serio, ¿sabes?

- Sí. - ¿Ah, sí?

No pienses mal de mí.

- No creas que quiero romper... - Por favor.

- Sólo quiero ver las cosas... - Claras.

Porque está en juego la felicidad de tres.

- ¿De tres? - Ya lo dijo mi madre antes.

- ¿Ya lo has hablado con tu madre? - Es normal.

- ¿Es ella la tercera? - ¿Quién si no?

Lo imaginaba. ¿De qué más habéis hablado?

Mi madre sabe mucho.

Piensa, como yo, que no nos amamos bastante.

Y que tenemos que pensarlo bien antes de...

Si de verdad quieres ser libre, si es lo que deseas...

Está bien. En serio. No te preocupes.

Sólo tienes que decirlo. Respóndeme a una cosa:

¿quieres que me vaya?

Ya lo has dicho.

Tu anillo.

No te pongas así, Hester. No puedo aceptarlo.

Será mejor si desapareces.

- Me gustaría estar a solas. - Por favor.

- Bien. Si no te vas, lo haré yo. - Lo siento.

Me voy.

Y llévate tu anillo.

Madre. Christina. Hester está...

Contrólate un poco.

¿Qué pasa?

Estoy bien.

- Por favor. - Lo sé...

Abre la ventana.

Sra. Phelps, ¿tiene sales?

Para ya.

- Lo intento. - Las sales.

Sácame de aquí. Llévame lejos. No lo aguanto más.

Basta ya. Para. ¿Me oyes?

¿Qué tienen las chicas de hoy? En mis tiempos era mucho peor

y nos controlábamos más.

Gracias, Rob. Toma, bébete esto.

- Estoy bien. Sólo ha sido... - Da igual. Bébetelo.

Así está mejor. Ahora intenta relajarte.

- ¿Qué ha pasado? - Habrán discutido.

Pero mucho. Rob.

Qué raro. No está.

Me siento mejor. Estoy avergonzada.

Mejor vamos a ver a Rob. No está bien de los nervios.

Esto no le sentará bien.

- No es así, señora. - ¿Me hablas a mí?

Llévele las sales a Rob. Con mi amor.

Está bien. Te repondrás.

He perdido la cabeza.

- ¿Puedes irte? - Lo hará.

- Vamos a ver cómo está Rob. - Sra. Phelps.

- Quiero preguntarle algo. - Mañana, querida.

De mañana nada. ¿Por qué quiere separarme de Rob?

- No sé de lo que hablas. - Quiero saber qué le ha dicho.

Se habrá dado cuenta de que no eres para él.

- No es verdad. - Hester.

¿Y su soledad?

- Esto es despreciable. - Esto no arreglará nada.

Tiene que admitirlo.

Pues sí intermedié para que te dejara.

¿Y sabes por qué? Por tu indiferencia.

Dijo que ni le has querido ni has tenido intención.

Que manipulaste su amistad, nunca quiso casarse contigo.

Y le dije que hiciera lo que fuera para evitar tal matrimonio.

No me creo nada.

¿Crees que me he aprovechado de Rob?

¿Estás de su lado?

No creo que haya sido así. Aunque Rob dijera...

Quizá no lo dijo exactamente así...

Me voy.

Ya no hay tren.

Me da igual. No me quedaré. Voy al hotel.

Ni hablar. Piensa en lo que dirán.

No me importa lo que digan. No me quedaré aquí.

¿Puedes hablar con ella? Dios mío.

- Pediré un taxi. - Te lo prohíbo.

Quiero un taxi.

¿Cuál es el número?

Bien. Démelo.

Locust 4.000.

Eres la única persona que me ha llevado a hacer algo así.

No lo olvidaré.

No es cierto lo que dice. ÉI sí quiere casarse conmigo.

- Sí quiere. - Claro que sí, querida.

No voy a quedarme bajo el techo de esa mujer.

- Querida... - Me voy ahora.

Ahora no.

- No es cierto lo que decía. - Claro que no.

- Todavía le amo. - Sí.

Prefiero morir antes que quedarme aquí.

- Iré andando. - Entonces iré contigo.

No puedes ir sola.

No lo soporto más.

¿Quieres que te acompañe?

Piensa en lo que te dije antes.

¿Quieres que camine con este frío?

Tu pequeño.

No era mi intención olvidarlo.

Tienes que salir de aquí también.

Es una casa horrible.

Mantén apartado a tu hijo de esta casa.

- Pasan cosas terribles. - Ahora ve a la cama.

Horribles, Christina. Ya lo verás si no sales de aquí.

Te hará lo mismo que me hizo a mí.

- Ya lo verás. - Tranquila.

Pensé que era Chris.

Creía que estabas con madre.

Se acaba de ir a la cama.

¿Tienes un cigarro?

Supongo que habéis hablado de mí.

¿Qué esperabas? La has hecho buena.

Te diré algo. No pondrás a madre en mi contra.

¿Todavía no lo has superado?

Sé qué pasa cuando habláis de mí.

Cree todo lo que dices.

Sólo ella me apoya.

- ¿No es hora de que salgas del nido? - Mira quién habla.

No te das cuenta de que estoy desesperado.

¿Quién es?

Vuestra madre.

¿Mis hijos discutiendo?

- ¿Qué sucede? - Nada.

Dime la verdad, David.

¿Crees que no os he escuchado?

Seguro que sabes que Hester no merecía a Robin.

Lo siento por ella.

Todos lo sentimos.

No creo que tú lo sientas mucho.

La tratáis muy mal. Chris también lo piensa.

Me pregunto qué diría si supiera por qué han roto.

¿Cuál es el motivo?

Rompí con ella por un ideal.

El de mujer que madre nos dio con su ejemplo.

No puedo ser feliz con nadie que no esté a su altura.

- ¿Qué opinas ahora? - No se trata de eso, madre.

Eso no te detuvo de casarte.

No deberías decir eso.

Buenas noches. Quiero hablar con él. A solas.

Antes de que discutáis otra vez, recordad que sois todo lo que tengo.

Tenedme en cuenta. No os pido mucho.

No será por mucho tiempo. Ya sabéis lo de mi corazón.

El doctor dice que me puedo morir en cualquier momento.

- Buenas noches. - Buenas noches, madre.

Me has herido. Ahora, cuando más te necesitamos.

Más de lo que me han herido nunca.

Ni siquiera tu padre.

No era mi intención.

Siempre temí que pasaría esto.

Has deshecho el lazo que nos unía. Me has apartado de ti.

No he hecho nada de eso.

Estamos como siempre.

- Nada puede romper lo que tenemos. - Eso es lo que quería oír.

Ven conmigo.

Métete en la cama.

Ahora dame tu mano, y cuéntame todo sobre Christina.

- ¿Qué quieres saber? - ¿Eres feliz?

Lo soy.

Me alegro. Claro que no se pueden comparar.

Vosotros también sois diferentes. Siempre lo he dicho.

Tú eres mi hijo. Robert ha salido a su padre.

Pero sé paciente con ella, aunque esté resentida con nosotros.

- Algo celosa. - No creo.

Vamos, Dave. Las esposas son algo posesivas, celosas...

al principio.

No te preocupes.

Si pudiera comprenderme como yo la comprendo.

Podríamos ser tan felices. ¿No crees?

Seguro que sí.

Debes tener paciencia con ella. Si no, me pondré de su lado.

Eres increíble, madre.

No. Tú sí que lo eres.

Ningún hombre de tu edad permitiría a su esposa

que intentara desunir a su familia.

- Chris no haría eso. - Como le dije a ella.

Le dije: "No puedo permitir que sacrifiques a David".

¿Cómo me va a sacrificar?

Apartándote de la gran oportunidad que tienes aquí.

Trata su egoísmo con firmeza. Sus celos con justicia.

Y sus exageraciones, con mano izquierda.

¿Exageraciones?

Una joven como Christina,

puede equivocarse al tomar parte en algo como lo de hoy.

Sin entenderlo del todo.

Sé el amo en tu propia casa. Si te enfrentas a ello, hijo mío,

serás feliz con tu mujer.

Y si necesitas consejo, siempre puedes acudir a mí.

- Gracias. - Tu madre es tu mejor amiga.

- Claro que lo eres, mamá. - Hacía mucho que no me llamabas así.

Dios te bendiga, hijo mío.

Oh.

Discúlpeme.

Entra, Christina. Sólo quería decir buenas noches.

Nada privado.

Ahora eres de la familia.

Siéntete libre. Como en tu propia casa.

Gracias.

Tendremos que acostumbrarnos. ¿No, David?

Aquí está tu albornoz, hijo mío.

No miraremos mientras te lo pones.

Ya está.

No le entretengas mucho. Está muy cansado.

Tú también lo estarás.

¿Cómo está Hester?

- Mejor, gracias. - A ti.

Pareces enfadada.

¿En serio?

- Has sido muy valiente. - Gracias.

- ¿Dave? - ¿Sí?

¿A quién amas?

A ti. ¿Por qué?

Sólo me lo preguntaba.

Quiero que me beses.

Eso es fácil.

Quiero sentirme segura. Que me digas que me quieres.

- Que estás enamorado de mí. - Cariño.

Todavía no me has besado.

- ¿Qué te pasa? Nadie nos ve. - Qué cosas dices.

Te quiero. Te quiero.

- Odio pasar la noche tan lejos. - A mí tampoco me gusta.

- Ha sido idea de mi madre. - Sí.

- Te quería cerca de ella. - Eso es.

Debemos hablar bajo. Puede oírlo todo.

- Eso le hará bien. - ¿Cómo puedes decir eso?

Lo siento. No quería decirlo.

No quiero dormir. Tengo hambre. Veamos si hay algo en la nevera.

Quiero preguntarte una cosa. Algo íntimo. ¿Puedo?

- Si piensas que debes. - Soy tu mujer. Creo que sí.

- Entonces, dime. - ¿Crees que soy diferente de otras?

Si piensas en otras mujeres y luego en mí,

¿me ves de otra forma?

- Claro que lo hago. - Eso siento contigo

y los demás hombres. Eso es estar enamorado.

- Para poder ser un matrimonio feliz. - Qué cosas dices.

El amor entre un hombre y su mujer hace que la vida siga adelante.

- Puede que tengas razón. - No me digas que no lo ves así.

- Claro que sí. - No hay mayor pecador que el hombre

o la mujer que esté en contra.

O que interfiera en ello.

Si tú lo dices, estoy de acuerdo.

No importa.

¿Rob siente eso por Hester?

Será mejor que no te metas. ¿Quieres, Chris?

- Ya lo he hecho. - No tomes partido.

Pobre Hester. Se va por la mañana.

- ¿Cuánto nos quedaremos? - No lo sé.

- ¿Una semana? - Menos no.

¿De verdad?

¿No quieres?

Estoy tan preocupado como tú. Puede que más.

No puedo dejar sola a madre después de lo sucedido.

Tengo mis obligaciones.

¿En la casas que construirás?

Sé que no te gusta la propuesta de mi madre.

Pero tengo una gran oportunidad, ahora que viene el niño.

Claro. Tienes que hacerlo.

¿Por qué lloras?

No lo hago.

¿Qué te pasa?

No parece que pueda seguir con mi trabajo.

Te encontraremos algo. Sabes que no puedo dejarla sola.

Al menos, nos quedaremos hasta que mi ropa esté limpia.

Entonces, nos quedamos.

Vinimos para que os conocierais.

Que vea que no eres como cree. Tenéis que superarlo.

¿Por ahora va todo bien?

No es perfecto. Pero lo podemos llevar bien.

No te preocupes. A mí también me pone de los nervios.

- Ha tenido una vida muy dura. - ¿Y eso?

Su salud, por ejemplo.

No parece que esté mal.

Lo está. Si te contara por lo que ha pasado por nosotros.

- Cuéntame. Quiero oírlo. - No tiene ni un pelo de egoísmo.

Es cierto. Y cuando tuvo a Rob no paraba de hacer cosas.

Más tarde me contó que estaba muy enferma.

Fuimos su trabajo, y nunca abandonó.

Siempre encima de nosotros.

Tenía encantados a los chicos del colegio.

Seguro. ¿Qué hay de tus amigas?

La adoraban. Siempre hacía fiestas aquí.

¿Invitaba a tus novias?

Nunca tuve una. No de verdad.

Hasta que te encontré.

¿Cómo se llamaba esa chica? La del vestido.

¿Clara Judd?

- ¿Querías casarte con ella? - No.

- ¿Por qué no? - Demasiado joven. ¿Has terminado?

- No lo eras, ¿no? - Ya conoces a madre.

¿Subimos?

¿Y tu hermano? ¿Ha estado enamorado más veces?

Es una espina clavada. Era corista.

A madre le costó 12.000 dólares.

No sería nada divertido. ¿Hubo otras?

Un montón. Pero no tenían abogado.

- Y luego vino Hester. - Correcto.

- Qué interesante. - ¿Qué quieres probar?

Algo que no se me va de la cabeza. Escucha, Dave.

Nos vamos. Con ropa limpia o no.

Ya lo hemos hablado.

- Ya ha pasado más veces. - ¿Quién lo ha roto?

Hester ha hecho bien.

¿Sabes quién hay detrás? Te lo diré.

No hace falta.

- ¿Quieres discutir? - No. Quiero que estés a mi lado.

- No voy a decepcionar a madre. - Pero a mí sí.

¿Por qué te pones así?

Porque tengo razón.

Si tu madre y yo discutimos,

y tienes que elegir entre las dos, ¿de parte de quién estarás?

¿A qué viene eso?

Porque te amo. Y quiero saber si tú me amas.

Tengo miedo.

- Mucho miedo. - ¿De qué?

De que no te enteres. Te lo explico, pero no lo ves.

No me escuchas.

Lo hago. Y es lo peor que he oído nunca.

¿Sabes lo que es sentirse atrapado y no poder salir?

Esta noche he tenido pánico. Y lo sigo teniendo.

Ha sido la peor noche de mi vida. Y la he pasado sola.

Lo sigo estando.

Tengo que decir todo lo que siento.

He pasado por muchas cosas desde que nos casamos.

Como reservas en tu corazón que te guardabas para ti.

Me preguntaba por qué. Pensaba que era tu trabajo.

Pero no lo era. Tu trabajo lo compartes conmigo.

Pero eres dueño de tu corazón.

Pensé que lograría poner algo de amor en él.

Y sería algo libre, vivo.

No medio muerto, como ahora.

No de otra persona. O de nadie.

A nuestro matrimonio y a tu trabajo les pasa lo mismo.

Funcionan a medias.

Tienes que ganártelo a pulso para ser un hombre de verdad.

Para llegar más lejos de donde estás ahora.

Y vinimos aquí.

Pasó lo de Hester y decidiste no hacer nada.

Es más. Te encerraste en tu mundo.

Ya sé que de dónde provienen tus reservas. Es tu madre.

Eso es lo que me da miedo. Su dependencia de ti.

He visto lo que ha hecho con Rob y Hester.

Me pregunto qué es lo que puede hacer contigo.

Conmigo... y con el niño.

Por eso te pido que tomes partido con lo de Hester.

Este es el momento.

Es una prueba para mí. ¿No te das cuenta?

De lo que decidas ahora, dependerá, en el futuro,

lo que tengas que decidir sobre nuestro matrimonio.

Me sorprende lo que dices.

Entonces no puedo esperar mucho. ¿Qué voy a hacer?

¿Qué es lo que puedo hacer?

Debería darte vergüenza.

- Sabes cuánto significa para mí. - Siempre tu madre.

Te tiene en sus manos. Te perdió, pero te ha recuperado.

No lo aguanto más. Una madre es una madre.

¿Tu esposa no cuenta?

Ya me dijo que te ibas a poner celosa.

¿Lo hizo?

Pero no me esperaba algo así.

Hester escapó. Yo estoy aquí.

Atrapada con un hombre que pertenece a otra.

- Basta. ¿Quieres que madre te oiga? - Claro que no.

Lo has oído.

¿Cómo no? Cada palabra.

- Ahora ya sé dónde estamos. - Será mejor que salgas.

Es lo mínimo.

Tú lo has dicho. Mi sitio está con Hester.

Lo arreglaré mañana. Lo juro.

Es lo de siempre, hijo.

Aceptaré mi destino. Ve con Christina.

- Ya no estamos unidos. - No es cierto.

Es una pena. Tenía tantos planes para ti.

Todavía puedo quedarme, si quieres.

¿No te vas?

- Todavía tengo a mi chico. - Por supuesto.

- Dave. - Mamá.

No la encuentro. La puerta estaba abierta.

- ¿Qué habrá pasado? - No quiero ni pensarlo.

¿Dónde estás?

- ¿Qué pasa? - ¿No será un incendio?

Espera. Voy a mirar.

Es Hester.

¿Qué sucede?

Se ha ido por la puerta de atrás. Sal a buscarla.

- No puede ir con este frío. - No vayas.

Sra. Phelps. Ella no lleva ni un abrigo.

Insensata.

¡Hester!

Va directa al agujero.

No puedo con las histéricas.

- Señora. Se está ahogando. - No puede ser.

La salvarán. Tienen que hacerlo.

Lo harán. La salvarán.

Espero que no pillen una neumonía.

Vais a coger frío. Venid a por los abrigos.

¿Estáis locos?

Coge mi abrigo.

- ¿Está bien? - Sí.

Necesita un médico.

¿Cuál es el número?

Bueno, pequeña. Con algo de ánimo, sobrevivirás.

- Doctor, así no puede viajar. - ¿Eso crees?

No será peor que quedarse aquí.

- El médico se ha ido. - ¿Sin verme?

No volverá a esta casa.

Me dijo

que no le pasa nada a tu corazón.

Que nunca ha estado mal. Y que no te vas a morir.

- Ese matasanos. - Pero eso no es lo peor.

¿Qué más?

Que soy un inútil. Que no iré lejos con una madre así.

Te podías haber ahorrado eso.

No pretendía hacerte daño.

Hay cosas que no se le dice a una persona sensible.

No perderemos nada si esa chica se va hoy mismo.

Siempre pensé que su familia no estaba bien.

Tenía un hermano piloto.

Todos saben que están locos.

Otra razón para que no te cases con ella.

No ha habido nada de eso en nuestra familia.

A excepción de tu padre.

Les contaré a todos que Hester está loca.

- ¿Qué vamos a hacer, madre? - ¿A qué te refieres?

Sabes que esta historia correrá como la pólvora.

Y su familia no se quedará callada.

Nadie me hablará.

El sábado sale un barco.

Podemos sacar nuestros pasaportes.

Escapar como dos fugitivos.

¿Puedes mirar si el coche está listo?

- ¿Has visto a Chris? - No.

He estado pensando. Después de lo que pasó anoche.

Quizás sea mejor que nos vayamos. Digamos el miércoles.

- Si quieres. - Volveré cuando todo se calme.

Espero que lo hagas.

¿Qué vamos a hacer con Robin?

Me tendrás que ayudar.

Si me encontrara bien, lo haría sola. Como siempre.

Antes de que sufra un ataque. Hoy casi me ha dado.

Antes de que me suba la tensión.

Pero así no puedo. Y con Robin al borde de una crisis.

Mándale fuera.

No creo que pueda ir ni enfrentarse a esto solo.

Ve con él.

No me siento bien. Y si me sucede algo...

No sé que voy a hacer.

¿Crees que a Christina le importará que te quedes?

Sólo hasta que Robin y yo nos recuperemos.

- ¿Aceptará? - Robin no te dará problemas.

No estoy pensando en mí.

Yo ya no importo. Pero no quiero morir en otro país.

Sola con Robin, tal como está.

- No hables así. - No pretendo que me tengas lástima.

Pienso que no hemos hecho suficiente por él.

Ahora que estoy vieja y enferma.

- No lo estás, madre. - No puedo con él.

Se dará a la bebida y a las mujeres.

Contrólate.

Si algo hice mal, ya es demasiado tarde.

Quizás sólo me queden unas semanas o meses.

Madre.

¿Te sientes mal?

Un momento. No llames a nadie.

- Ya me siento mejor. - Me has dado un susto de muerte.

Yo también me asusto a veces.

¿Lo ves? Necesito la ayuda de alguien.

Sí... Ya lo veo.

Pensé que ibas a construir las casas en el terreno.

- Espero que no me desilusiones. - Claro que no.

¿Cuándo partís?

Pensé que... podíamos ir el sábado en el París.

Dios mío.

Necesito pensarlo.

Quiero hacerlo bien. No puedo dejarla ahora. Por el niño.

Seguro que vuelves a tiempo.

Le estaba contando a Dave nuestros planes.

Le hace mucha ilusión.

- Quizás nos acompañe. - ¿Qué planes?

Ir al extranjero para que estudies decoración.

¿Eso harás?

¿Alguna objeción?

Eso te pega. Pintar rosas en los baños.

Así parecerán casas cuando las acabes.

Mis dos hijos trabajando juntos.

El sueño de mi vida.

Todo saldrá bien

si cooperamos

y nos sacrificamos un poco.

Hace un rato nos quejábamos de la vida y de los demás.

Y ahora estamos unidos.

Con un mismo objetivo.

Antes tengo que hablar con Christina.

Ahora puedes hacerlo.

¿De qué me quieres hablar?

- ¿Qué haces, Chris? - Me voy con Hester. ¿Nos acompañas?

No se vaya, Sra. Phelps. Tenemos que acabar con esto.

De una vez por todas.

¿A qué te refieres?

A David, Sra. Phelps.

Si seguirá siendo su hijo o mi marido.

- No soporto esto otra vez. - No tienes por qué.

Si lo dejaras como está, todo iría bien.

No me lo puedo creer, ni dejarlo así.

Aunque te amo tanto, saldría de aquí sin decir nada,

si supiera que así ibais a ser felices.

Pero voy a ejercer de justicia científica

y os voy a mostrar esta casa tal y como es.

Mejor dicho, a usted, Sra. Phelps. Después, David podrá decidir.

- David. - Espera, madre.

¿No te importan nuestros sentimientos?

Intento salvar mi amor, mi casa.

Mi marido y padre de mi hijo.

¿No son nada para ti?

Puedo ser un buen marido y un buen hijo.

No, si tu madre no quiere. Mira,

no voy a perder el tiempo intentando convencerte.

¿Vienes conmigo o no?

Si no, tendré que olvidarme de mi amor por ti como pueda.

No deberías hablar así.

¿Vendrás conmigo con la condición de que

evitarás a tu madre hasta que no tengas claro

el deber hacia tu mujer y tu hijo?

- Bien, ¿qué dices? - No lo sé.

Nunca lo sabes, Dave.

Me sorprende que hables así de mi madre delante de ella.

¿Eso es todo?

No lo es. Pero una madre es una madre.

Lo mismo dijiste anoche. No me impresiona.

Conozco la leyenda de la gran mujer

que dedicó 30 años a adorar a sus hijos.

Pero no está capacitada para ser la madre de nadie.

- ¡Basta ya! - Tiene que explicar eso.

Lo explicaré. Por eso estoy aquí.

Si algún día mi hijo se siente como los suyos con usted,

espero que alguien me pegue un tiro.

- Ya me has insultado bastante. - No era mi intención.

He sido lo más objetiva posible.

Quiere que sus hijos dependan siempre de usted.

Se opone a cualquier cosa que les libere de usted.

Y se indigna cuando se enamoran de una mujer.

No es verdad.

Puede negarlo si quiere, pero todo lo que he dicho es cierto.

Pertenece a un tipo muy común de madre, Sra. Phelps.

El de la autocomplaciente devoradora de hijos.

¡Chris!

Pero hay otro tipo de madres

que quieren que sus hijos sean personas independientes.

Madres que los quieren y los disfrutan como son.

Sin atraparlos para siempre inventando que está enferma

tratándolos como niños toda la vida.

Usted no es una de esas, señora. Mire si no a sus hijos.

Robert no es más que un pelele en sus manos.

David no tanto.

Eso es culpa mía.

Llegué a tiempo de salvarlo.

¿Qué tienes que ofrecerle?

La oportunidad de levantarse por su propio pie.

La alegría de criar juntos a nuestro hijo.

El placer de mi compañía y el consuelo de mi amor.

¿Y usted?

El amor de una madre, aunque te burles de eso.

Nada de eso.

Espero amar y respetar a mi hijo tanto como él a mí.

Quererlo sin poseerlo.

Y, sobre todo, sin sentimientos románticos.

- ¿Dave? - Creo que te has pasado.

- Tiene que contestarme una pregunta. - Encantada.

¿A qué edad se casó?

- La que tengo ahora, 26. - Yo tenía 20.

Como Hester.

Mi marido tenía 15 más que yo.

Según todo el mundo, era un buen partido.

También yo lo pensé. Una semana antes de la boda

vi todas mis ilusiones perdidas.

Después, vi lo miserable e infeliz que era mi matrimonio.

Fue muy bueno conmigo y no me exigió mucho.

Pero nunca se le ocurrió aportar algo de felicidad

o de romanticismo en mi vida.

Sólo una mujer que ha vivido sin romanticismo

sabe de lo que hablo.

Mi vida no fue así.

No viví sin romanticismo. Lo encontré.

Allí donde crees que no se debería: En la maternidad.

En mis dos hijos.

Su padre murió.

Esa noche Robin enfermó. Y elegí lo que debía hacer:

Me quedé con Robin.

Comprendí la diferencia entre la vida y la muerte.

Aprendí a evitarla luchando por la vida de Rob.

A Dave le enseñé a ser amable y generoso.

Si cometí algún error,

lo siento, soy humana.

Pero algo sí creo, hijos míos:

Que mis errores no habrán sido tan graves.

Piénsalo, Christina. Era una viuda joven y rica.

Me pude haber casado de nuevo, pero eso no era para mí.

No cuando ya tenía a mis hijos.

Siempre fueron mi prioridad.

He dedicado toda mi vida al futuro de mis hijos.

Todos mis ideales y mi dinero.

A David le he ofrecido un futuro claro y un amor para sostenerle,

el amor de una madre

hasta que se casara.

Hasta que encontrara a alguien que le conviniera.

Y no negaré que daría mi mano derecha

y me arrancaría los ojos

por apartarte de mi hijo.

Entiendo.

Bien.

Esa es una respuesta convincente.

La de una mujer a la que su marido la deja de repente

y busca satisfacción en sus hijos.

Qué pena que no se casara.

Os habría venido bien.

Pero la verdad es que nos separó anoche.

Lo hizo porque no puede ver cuánto nos queremos.

Porque se niega a verte como un hombre que desea a su mujer.

¡Chris!

No voy a esperar mucho, Dave.

No tienes ni un poco de vergüenza.

Qué pena que pienses así.

Me lo pones muy difícil. Quiero ser justo y agradecido.

- ¿De verdad? - ¿Qué quieres que diga?

No lo sé. Nunca lo he sabido.

Ha sido un misterio.

Ya es hora, Hester.

- ¿David no viene? - Me temo que no.

- Christina. - Hester.

¿Podemos intentarlo otra vez?

¿Podemos?

Quiero decir...

¿Qué vas a hacer ahora?

No lo sé.

Sí. Sí que lo sé.

Me casaré con un huérfano.

Adiós, Dave.

Chris. No puedes. Es injusto.

Siento haber llegado a esto.

Habría sido más fácil hacer como si...

¡Chris!

Lo siento.

- Me temo que me voy. - No. No lo hagas.

- Tiene razón. - No.

No puede tenerla. No la creo.

- No me importa. - No me dejes por esa mujer.

Te lo ruego.

¡Robin!

Sabes que no es cierto lo que dice. Esa mujer es mala.

Díselo, Robin. Díselo.

¡Dave!

¡Dave!

Se ha ido.

- ¿Puedes verlos? - Sí.

Están hablando.

ÉI la besa y coge la maleta.

Ahora ayuda a...

a Hester a entrar en el coche.

Ahora entra.

Y se marchan.

Le amaba demasiado. Era tan feliz.

Algo tenía que suceder.

- Tengo que aguantarlo con valor. - Madre.

Tengo que recordar que todavía me queda un hijo.

- Tengo que pensar en eso. - Así es.

Nunca lo verá.

Ni lo entenderá.

Nunca lo admitirá, Dave.

Pero puede que algún día lo entienda.

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