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Una restauraci�n
LOS �NGELES DEL PECADO
Esta pel�cula se inspira en la vida
de una congregaci�n dominica francesa,
fundada en 1867 por el padre Lataste.
Los autores son responsables de la intriga
que han imaginado,
pero se han esforzado en expresar,
con im�genes y detalles tomados de la realidad,
la atm�sfera que reina en estos conventos
y el esp�ritu que anima su misi�n.
�Ave Mar�a!
�Es el ch�fer que ped�, el alto que nos es tan fiel?
Muy bien. Que espere.
Est� enferma, hermana.
Estoy mejor, Madre. La �ltima vez ya tuve que quedarme.
- Tal vez por eso no nos sali� bien. - De acuerdo, nos traer� suerte.
Hice un croquis para que el error de la �ltima vez no se repita.
La madre subpriora nos esperar� en el taxi, bien disimulada.
Bien, Madre.
La madre de novicias y yo entraremos.
Lleve una linterna, es un barrio oscuro.
Bien, Madre.
Si todo sale bien, directo al coche.
Si tenemos dificultades, tomaremos esta direcci�n.
La madre de novicias le har� una se�al: Tres luces.
Tome entonces este camino.
No tenga miedo. Nos lleva Eduardo, un ex boxeador.
Recen en nuestra ausencia, aunque dure toda la noche,
para asegurar el �xito de nuestra empresa.
El 42-16 est� ah�, Madre. La est� esperando.
�In�s!
�Gracias por venir, Madre!
�Est� dispuesta a seguirnos?
Llevo un mes esperando.
- �Y su hoja de liberaci�n? - Aqu� est�.
Madre...
Ya s�. �Alguien quiso verla y escribirle?
Recib� la carta. Me suplican, me amenazan.
No tema nada, hija m�a. No tenga miedo.
- �Nada sospechoso? - El vigilante vio sombras.
�No quiere esperar la ronda?
No tenemos tiempo. Venga, In�s.
�Madre, es �l!
- Soy Ana Mar�a. - La madre priora la espera.
�Sabe d�nde est�? �Sabe qu� vida tendr� aqu�?
Maravillosa. Con mis hermanas, las condenadas.
Sus hermanas de miseria.
Salen de la c�rcel y les abrimos las puertas.
Desgracia y falta son garant�as divinas.
Pero usted llega de la inocencia
para entrar en un dura legi�n.
Debo asegurarme de que ser� capaz. �Es alegre?
- Muy alegre. - �Y su salud?
Bastaba para el mundo que dej�.
- �Dijo adi�s a este mundo? - En el tren ante dos ancianos
y un perro igual que el m�o.
Estoy en regla.
Las hermanas rehabilitadas entran con los mismos derechos,
compromisos y honores religiosos que usted.
�Acepta ser confundida con ellas ante todos,
tener la misma vida, ser tomada por una de ellas?
Para eso vengo.
Bienvenida sea.
Madre San Juan, tiene ojos sombr�os.
Cuando le gusta una novicia, brillan.
�Como los fuegos de San Juan? No brillar�n hoy.
Espero que brillen
cuando tome el h�bito con In�s.
�Est� lista?
�Me sienta bien?
S�. M�reme en frente para estar segura.
Aqu� el �nico espejo es la mirada de otra hermana.
�Qu� tonta soy!
�Madre Dominga!
D�se prisa, In�s. Nos esperan.
�Madre Dominga, no puedo, no logro verme!
�Qu� piden?
La misericordia de Dios y la suya.
Lev�ntense.
La misericordia de Dios no podemos darla.
Su gesto nos lleva a pensar que ya la recibieron.
Nuestra misericordia se la concedemos.
Les damos un a�o para conocer nuestra vida.
Si no se acostumbran, si su conducta no nos gusta,
ser�n libres de marcharse y nosotras de despedirlas.
Ac�rquense y entren en nuestra familia.
- �Qu� debo darle? - Depende de su abnegaci�n.
S�lo traje objetos sin valor, recuerdos.
Por eso deber� deshacerse de ellos.
Ese cintur�n gustar� a Sor Marta,
y esa pluma a Sor Beatriz, nuestra secretaria.
Ah� tengo un l�piz de oro. Se lo regalo.
�Y esos libros, esas cartas, esas fotograf�as?
No alegrar�n a nadie. D�jemelos, se lo ruego.
A las rehabilitadas se lo retiramos todo.
Debe dar el ejemplo.
- S�lo unos d�as. - Como quiera.
El mundo en forma de hoja de papel puede pesarnos mucho.
- �Qu� le pasa? - �Mi espejo ha desaparecido!
Estaba aqu�.
Ha ido a dar una vuelta por el convento. No importa.
�Mi cadena y l�piz tambi�n han desaparecido!
No me los habr�n quitado, �verdad?
Han tomado un camino especial hasta la madre priora.
Lev�ntese.
Madre, perdone el pesar que le causo.
Me venci� la tentaci�n. Llevaba cinco a�os sin espejo.
�Qu� vio esta vez en �l?
Una ladrona disfrazada de Sor In�s.
Tambi�n rob� esta cadena y este l�piz.
- Perd�n, Madre. - V�yase en paz.
Si lucha as� contra sus viejas costumbres,
ser� de las que se quedan.
No sea tan buena, Madre. Necesito su severidad.
La suya bastar�. Como hoy.
La priora se qued� con el espejo. Tome el resto.
Esos objetos ya no me pertenecen. Reg�lelos.
�Por qu� vino aqu�, hermana?
- Para verlas. - No somos muy interesantes.
Para ver a la m�s desgraciada.
Siempre so�� con tener una hermana
que me diera por familia la miseria.
No es una familia, sino una enfermedad, es la lepra.
Abrazar a los leprosos exige mucho valor o mucho orgullo.
Algunas hermanas piensan que es orgullosa.
Si es orgullo creer que he de ganarme
a la m�s culpable o la m�s dura, entonces soy orgullosa.
Prep�rese. Algunas ni un �ngel las vencer�a.
A �sas quiero ver. Por �sas espero con impaciencia
acompa�ar a la priora en sus visitas a la c�rcel.
�Conoci� a grandes criminales?
No son �sas las que m�s se resisten a las hermanas.
- A veces hay otras. - �Conoci� a otras?
A una. Hasta nosotras le ten�amos miedo.
Sensata, se agitaba como loca.
Bonita, el odio la desfiguraba.
- �Por qu� estaba all�? - Condenada por robo.
- �Qu� dec�a a las monjas de visita? - Nada.
- �C�mo se llamaba? - Teresa.
�Qu� est�n diciendo?
Que no tenemos a ninguna Sor Teresa. Nos hace falta.
�Sigue en la c�rcel?
Pronto saldr�. Le tocaron dos a�os.
Madre, le pido un favor.
D�game, hija.
�Puedo ir con la priora a visitar la c�rcel?
Es usted nueva. No es costumbre. �Por qu�?
- Me llaman desde all�. - Su misi�n est� aqu�.
Tengo que ir. Pronto ser� tarde.
Vaya a la tumba de nuestro padre.
�l le dir� que debe aprender la paz.
- Es �l quien me manda. - �Sor Ana Mar�a!
- Perd�n, Madre. - V�yase.
Es lo contrario de lo que necesitamos.
Un alma orgullosa.
S�, pero un alma...
- Queremos mucho a su hija. - �Qui�n no la quisiera!
Imagine mi pena al separarme de ella. Pero eso no importa.
Si �sa fuese su felicidad, me inclinar�a.
Pero aqu� no. Vengo a buscarla.
Va usted a verla.
A Ana Mar�a s�lo le gusta lo bello, lo lujoso, lo limpio.
�C�mo podr�a ser feliz en medio de criminales?
Ni me imagino encontrarme con una de ellas.
Pues es f�cil, se�ora. Yo soy una.
Oh, lo siento.
La apreciamos a�n m�s, pero no la retengo.
No retenemos a las que no han hecho sus votos.
Cada noche cuento con angustia a mis hijas, mi reba�o.
No falta ni una.
Si Ana Mar�a se va, la echaremos de menos
y pensaremos que es mejor as�.
- Gracias. - �De qu�, Madre?
Dijo ser una rehabilitada.
Quiz�s sea muy malo. Tal vez obr� por vanidad.
�Ana Mar�a!
�Qu� guapa est�s, querida madre!
�Qu� dicha tener una madre as�!
�Tu pelo!
Escondido, no falta ni uno.
�Querida, querida!
- Vengo a buscarte. - �Qu�?
No te quedar�s un d�a m�s aqu�.
Me diste permiso.
Para consagrarte a Dios, no a criminales.
- No veo diferencia. - �Hija querida!
Si quieres combatir la miseria, trabaja en mis obras.
Ayudar�s m�s a los desdichados y a gente m�s digna.
�Aqu� hay mujeres que mataron!
No comprendes.
�Pero qu� debo comprender?
Para entrar en la familia del crimen hay que ser fuerte.
�Tampoco me conoces? �Me crees d�bil?
�Hijita m�a!
Soy tu hijita, pero soy de hierro, querida madre.
No abandon� el mundo por creerlo duro, al contrario,
sino porque no pod�a levantar monta�as,
combatir con mi sola alegr�a la maldici�n humana.
Aqu� puedo hacerlo. Aqu� soy feliz.
Tu dolor es mi �nico pesar.
No se ofrecen a Dios los sufrimientos ajenos.
Perd�n.
�Qu� pasa, Clotilde? �Con ojos enrojecidos?
Le ocult� la verdad.
�No le atrae el convento? No tema.
Le buscaremos trabajo.
S�lo pienso en el convento.
�Pero me quedan a�n veinte a�os!
�Y qu�?
Dentro de 20 a�os, tendr� 45. Ser� tarde.
�Tarde? �Por qu�?
�Polvos de arroz?
Es yeso. Perd�n, Madre.
- �Yeso? - Yeso de la pared.
No le favorece. Falta el sonrosado.
Lo tomar� en nuestra casa.
El Consejo la acepta.
- Aqu�, si quiere. - Muy bien, gracias.
Podr�as saludar, �no?
�sa no remontar� la pendiente, Madre.
Cay� muy bajo, demasiado bajo.
�Perdone, hermana! La ha manchado.
- No pasa nada. - �Lo hizo adrede!
Vio algo blanco y quiso mancharlo.
�Vamos!
�Por qu� no habl� con ella, Madre?
No quer�a o�r mi palabra.
Para ella la palabra es el arma de los que insultan el dolor.
Hablar ser�a confundirnos con ellos.
Su carcelera habla, ser�amos como ella.
�Actu� mal?
No, tampoco le habl�.
�Vamos!
- �Qu� pasa? - El 17-21, Sr. Director.
�Otra vez!
- Es desgraciada. - Por culpa suya.
Me la trajeron hace tres meses de otra c�rcel
para que cambiara.
No sirvi� la bondad ni la dureza.
Puede gritar de d�a como de noche.
Puede debatirse con una buena guardiana. �Se rebela!
- �Pero por qu� se rebela? - ��igala!
- El 17-21 est� en el calabozo. - Muy bien.
- Estar� hasta su liberaci�n. - �Cu�ndo?
Dentro de 15 d�as. Por eso la encierro.
Para que no aumenten su pena.
Se llama usted Teresa, �verdad?
S� su nombre. Lo pronuncio varias veces al d�a.
Pron�ncielo cuando no est�.
Teresa.
�Qui�n la llam�?
No necesito que me llamen. Soy una hermana.
Hermana de cuantas est�n aqu�.
La m�a, no. Soy inocente. �V�yase!
No vengo en nombre de la justicia.
Vuelva con sus ladronas. Yo no rob�.
Fue otro, me enga��.
Me indujo al robo a sabiendas. Me denunci�.
Estoy aqu� en su lugar, �l est� libre.
Es feliz, al menos por 15 d�as a�n.
Va usted a salir. �Cree que...?
M�rchese. Tengo ganas de gritar.
Grite si quiere.
Sus gritos no me impiden o�r su dolor.
S�lo hay un remedio: El perd�n.
Yo encontr� otro remedio, desde el primer d�a.
Hace ya dos a�os. Los culpables pueden perdonar.
El inocente se venga. Peor para �l.
�Qu� hace aqu� escuch�ndome?
�Vino a arrancarme mi secreto?
�Qu� secreto?
Ha sido designada para sortear las sentencias.
- Es la m�s joven. - Tengo miedo, Madre.
�Por qu�?
Es tan grave ser el azar,
dar a cada hermana, al azar, la sentencia que ser� su lema.
El azar no existe. En la vida, todo es signo.
�Sor Gabriela!
Pascal.
"Cada cosa es un velo con que se cubre Dios."
Qu� raro. Se sortean las sentencias, pero siempre son justas.
Es el milagro de las sentencias.
�Sor Berta!
�ngelus Silesius. "El amor entra sin llamar en la casa de Dios."
"La raz�n y el esp�ritu esperan mucho tiempo."
�Madre San Juan!
Teresa de �vila.
"No obedezcas mis �rdenes. Obedece mis silencios."
�Sor Ana Mar�a!
Catalina de Siena.
"Si o�ste la palabra por la que Dios te une a un ser,
no escuches las otras palabras. S�lo son el eco de la primera."
�Qu� pasa, hermana? �Est� enferma?
- Oigo la palabra. - �Qu� palabra?
La palabra de mi sentencia.
Ya la o� el otro d�a en la c�rcel.
Ay�deme a hablar con usted, Madre.
Cuesta decir lo que voy a pedirle.
Expl�quese, hija m�a.
Precisamente, permita que no me explique.
Vaya a ver a Teresa cuando salga.
Sor Ana Mar�a, �desde cu�ndo da �rdenes?
Es la m�s humilde s�plica, pero la m�s apremiante.
Teresa nos necesita, pero no vendr� a nosotras.
Debemos ir a ella.
Se lo imploro.
V�yase.
�Hija insoportable!
�De qu� hijos dice San Benedicto que debemos tomar consejo?
�De los insoportables o de los cuerdos?
A las 9, Madre. Dentro de 5 minutos estar� aqu�.
Dentro de 2, Sr. Roger.
Si el reloj de su madre priora marca las 08:58, me callo.
Me quedar� aqu�, Madre.
Hable con ella. Tengo tanta fe en usted.
Qu� papel me hace jugar.
Parezco un gato delante de una ratonera.
Aqu� viene.
Debe de haber 350 F.
Est� lloviendo, pero no querr� esperar.
Venga, saldr� adelante.
Es joven y no es tonta.
No se deje sorprender por la libertad. Todo saldr� bien.
Mis respetos, Madre. �Me espera a m�?
Bien, voy a la sala de audiencias. Son las 9 en punto.
Muy bien, Sr. Director.
Me alegra verla salir. Estuvo aqu� mucho tiempo, �verdad?
Dos a�os.
- �Se va con su familia? - No tengo.
- �Con amigos? - No tengo amigos.
�Vive en la ciudad?
En ninguna parte.
Entonces su soledad me autoriza a hablar con usted.
Si la encontrase dura, nuestra casa es la suya.
La tiene abierta.
Muy bien, Madre.
Si tiene dificultades, venga a verme.
Me alegrar� recibirla o ayudarla.
Gracias, Madre.
Encontrar� gente incomprensiva,
que suele cerrar sus puertas.
�Adi�s, Madre!
Venga, Teresa, se lo suplico.
�D�jeme, loca!
- Quisiera un rev�lver. - �Qu� calibre?
Mediano.
Tengo el Herstal a 75 F y el Reduro a 100 F.
Le aconsejo el Reduro. �Lo conoce?
No. Es �ste.
A la derecha, el seguro.
A la izquierda, el tiro.
Con el cargador de recambio, son 12 balas. �Le bastar�n?
Si no bastan, volver�.
No traje a Teresa, Madre San Juan. Triunfa usted.
Es una pena que introduzca sentimientos que sobran,
como el amor propio.
Perd�n, pero para m� contiene la palabra "amor".
�Teresa la trat� de loca?
Para decirme que yo ten�a raz�n, �verdad?
Me alegra ver con qu� empe�o cumple su misi�n.
Pero no la reduzca.
Usted se debe a todas sus hermanas y no s�lo a Teresa.
Permite que Te hable a Ti.
Tus santos comprender�n por qu� no acudo a ellos.
M�rame y esc�chame.
L�brame de la angustia en la que estoy sumida.
Dime que la misi�n que me encargaste
dej�ndome o�r el secreto de una pobre alma desesperada
no es m�s que una prueba
de la que nacer� mi mayor alegr�a.
Prot�genos con Tu mano.
L�branos de todo mal.
- �Eres t�? Buenos d�as. - Buenos d�as.
Entonces San Francisco le habl� as�:
"Hermano lobo, causas muchos da�os en este pa�s,
destruyendo a las criaturas de Dios sin Su permiso.
No s�lo mataste y devoraste a los animales,
sino que mataste a los hombres, hechos a imagen de Dios.
Por lo cual mereces la horca como ladr�n y homicida p�simo."
"Todos gritan y murmuran contra ti..."
�Qu� pasa?
Han llamado a la puerta.
Desde aqu� no se puede o�r llamar. �Y luego?
- �Y luego? - Siga.
"Todos gritan y murmuran contra ti."
"Toda esta tierra te es enemiga."
"Har� las paces entre t� y ellos, de modo que no los ofendas m�s,
que perdonen todas tus ofensas, que ni los hombres ni los perros..."
Siguen llamando. �Por qu� no abrimos?
Lea, Sor Ana Mar�a.
Estoy segura de que es Teresa.
�Han abierto!
�Teresa, hija m�a!
�Qu� buena sorpresa! �Tiene algo que decirme?
- Pedirle asilo, Madre. - Tiene mala cara. La cuidaremos.
Me dar� asilo, �verdad? �No me rechazar�?
No podr� volver a ese mundo, lo odio.
Se expresa mal, hija m�a. Y se comprende mal.
No es el odio que conduce aqu�.
Sor Ana Mar�a se alegrar�. Estaba preocupada por Ud.
�Preocupada?
�Teresa!
�Qu� dicha! Sab�a que vendr�a.
Usted grit� muy fuerte anteayer y ella la oy�.
Se queda con nosotras, �no?
El Consejo dir�. Podemos tomarla a prueba unos meses.
Con esa cara, no la dejaremos irse.
- �Ha comido hoy? - No tengo hambre.
Ati�ndala, Sor Ana Mar�a.
�Tuve tanto miedo!
�De qu�?
Miedo de la desgracia, del mal.
La ve�a en un mundo de venganza, donde no hay perd�n.
Pero ayer supe que vendr�a.
�Por qu�?
Por una gracia. Lo que sinti� usted ayer,
lo sent� yo misma. Estoy segura.
La ve�a atenta a mi llamada, la ve�a en la calle.
�Cree que me aceptar�n?
Todas la est�n esperando.
Le hice un sitio en el convento. Su h�bito est� listo.
Teresa, tendr� que ense�arle a conocer su dicha.
Tener una disc�pula, ser la costurera de Dios,
�se es el don que usted me trae. Gracias.
�Tiene el arma?
- �Ning�n indicio? - Es una mujer, no muy alta.
Dispar� con precipitaci�n, hacia arriba.
Y es una venganza. No toc� ni rob� nada.
La venganza no deja huellas.
�Venganza?
Busquen entre los amigos.
Esta alegr�a, estos cantos, esta fiesta
la recompensan por cuanto sufri�, �no?
Aunque distintas, todas tuvimos igual ceremonia.
A�n con el h�bito es la misma.
Con un velo en el rostro, la reconocer�a.
�Se ve mi pelo? �No me lo cortan?
Es el hilo que nos une al mundo. Se corta el d�a del voto.
�No me cambian el nombre?
No, por respeto. Ped� ese favor para Ud.
�Por qu�?
�Qu� m�s le importa?
Cuidado. Tom� una mala disc�pula.
Le costar� m�s de lo que espera
para ganarse el cielo.
A las dos, al lavadero.
A las dos, canto con Sor Ana Mar�a.
�Se ocupa mucho de usted!
A las cinco, me lee La Leyenda Dorada.
A las siete, me hace rezar una oraci�n.
Le consagra mucho tiempo.
Tiempo, coraz�n y alma. Demasiado.
H�gale comprender que exagera.
No comprende nada.
Vino usted para seguirla. Para ella, es su recompensa.
Me pasea todo el rato como un animal raro.
Con sus lecciones y sus atenciones estoy como exhibida en una plaza.
De hecho, la que se exhibe es ella.
�Otra vez el diablo!
�Toma, maldito Negrito!
�Qu� es ese bicho?
Negrito, el gato de Madre San Juan.
Veamos esos ojos, �Sor Teresa?
A�n no es eso.
No son ojos alegres.
Le di el m�todo, �no?
No ser� eficaz.
Eso es lo que me preocupa en usted. Sus ojos no cambian.
Tengo una idea. S�game.
- �Ad�nde? - Al jard�n.
Pondr� flores en el altar. Le ense�ar�.
Sor Mar�a Jos� puede venir.
Bien, Reverenda Madre.
�Ense�arme lo que es una flor?
Lo que es un ramo para Dios.
Vamos a innovar. En lugar de mezclar las flores,
haremos ramos de rosas, claveles, azucenas.
�Conoce el lenguaje de las flores?
No. Yo se lo ense�ar�.
- Poco tengo que decirles. - �Sor Ana Mar�a!
�Ad�nde va?
Al jard�n, con Sor Teresa.
�Hoy est� dispensada de taller?
- Cre� m�s urgente... - Primero la regla.
�La regla? Aqu� s�lo hay una regla, la del coraz�n.
Me ver� obligada a proclamar sus culpas.
Mi coraz�n no las proclamar�.
Vuelva a su celda inmediatamente. Hoy me ocupar� yo de Sor Teresa.
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