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Iván, esto es muy peligroso.
Para ti y para todos nosotros.
Manuela, Manuela. Manuela.
¿Está bien mi hijo?
- No, Alma. Se contagió del virus.
¿De verdad que no dudó por un instante?
¿No pensó que uno de esos niños podía ser su hijo?
Dice que hay varios padres que están buscando a sus hijos.
- ¿Quieres que me encargue? - ¿Podés?
Te vas a poner bien.
¿No han traído a Manuela?
La niña está embarazada, señor.
¿Dónde está la chica? Estaba moribunda.
Lleva días infectada, Luis.
Pues me la llevo muerta. ¿Dónde coño está?
Manuela está aquí, id a buscarla. Coge la furgoneta.
¡Ah!
Mi marido es buena persona, pero es que nunca quiso creer
que Mateo seguía vivo, y sigue sin creerlo.
No se puede morir.
Hacé lo que sea, Alejo, lo que sea.
Ábreme un momentito, preciosa.
Se ralentiza el ritmo cardiaco. Deberíamos parar.
Necesito una bolsa más.
¿Saben algo del virus?
¡Iván!
Se trata de un virus que ataca el organismo
de forma generalizada y muy rápidamente.
Primero se contagia a través de los fluidos corporales,
por eso es muy importante evitar cualquier tipo de contacto físico.
Comandante. ¿Todavía por aquí?
Ya me iba. - ¿Todo bien?
Ajá. No quiero dejar cabos sueltos.
Está todo despejado, los camiones ya están de camino.
Falta la negra. - Sí.
No me gusta que ande medio muerta por aquí.
Si está viva, le queda muy poco, créame.
Destruye todas las pruebas que queden, ¿de acuerdo?
- Sí.
Mierda.
¡No te muevas!
¿Qué haces acá? ¿Qué querés?
Tranquilo, tranquilo. Solo quiero que nos ayudes, nada más.
Tenemos una chica que está muy enferma ahí afuera.
¿La negrita? ¿Sigue viva?
Si no nos ayudas, se va a morir. Tranquilo.
Claro que se va a morir, y quizá no sea a única que se muera.
Llévame con ella. Tranquilo.
Llévame fuera, llévame a donde está. ¡Venga, fuera! No te acerques.
Está bien.
Fuera. Tranquilo.
Tira la pistola. Tírala o te corto el cuello.
Lo tengo. Ya está.
¿Qué hacemos? No lo sé.
¿Qué hago? No lo sé.
Hugo, se está muriendo. Se muere.
Joder.
Vale, trae a Manuela.
¿Seguro? Sí, hazme caso, trae a Manuela.
Confía en mí.
Y tú y yo vamos a volver ahí adentro.
Y prométeme que harás lo posible por curarla.
Va, ¡vamos!
♪ Y han florecido cipreses,
♪ como gigantes cabezas
♪ que con órbitas vacías ♪ el horizonte contemplan.
♪ Salen los niños alegres ♪ de la escuela
♪ poniendo en el aire ♪ tibio del abril
♪ canciones tiernas. ♪
Ven aquí. Vamos, camina.
Cierra la puerta, Álex.
Vas a hablar. Begoña, vas a decirme dónde está mi nieta.
Emilia, tranquilízate. ¿Dónde está?
Tranquilízate, Emilia, si se la han llevado,
será por su bien. ¿Dónde está mi nieta?
Por favor, Emilia, vale. ¡Que te mato! ¡Hija de puta!
Vale. Por favor. Vete, por favor. - Pero yo...
¡Que te vayas, joder! Te estoy diciendo que te vayas.
Vete, vamos.
¿Estás bien?
No.
"Por su seguridad, permanezcan en sus casas.
Les recordamos que está prohibido circular por la calle,
salvo ciudadanos con autorización especial."
Sí, está bien, gracias.
¿Qué pasa?
Es la alarma de la valla, un grupo intentó entrar.
¿Cómo está Iván? Mucho mejor.
Es increíble, Alma, increíble.
Me llaman del ministerio. Tenemos un problema muy grave.
Los contagios se han multiplicado en los últimos dos días.
Señora, ¿qué son esas sirenas?
Tranquila, Rosa, hay gente no autorizada
que ha intentado entrar, pero lo estamos controlando.
¿Son los enfermos?
Es que la gente dice que estamos en epidemia, ¿qué va a pasar, señora?
Hay pocos casos en este sector. Anda a preparar el desayuno,
es un día largo hoy. - Sí, señora, voy a llamar a Rai.
Vale.
"Recuerden que el personal sanitario de la zona les entregará
mascarillas como esta gratuitamente en hospitales, centros de salud
y farmacias. Las instrucciones de uso son sencillas.
Se colocan de esta forma."
¿Y los guantes?
¿Qué dicen?
Hablan de cientos de casos en el sector 2.
Los hospitales están desbordados, es un descontrol esto, Luis.
Tenemos que hablar con los periodistas,
que solo den información relevante y útil.
No deben sembrar el pánico.
Intentaremos controlar a los medios, pero al virus no podemos.
Es una situación extrema, hay que tomar medidas radicales.
Yo no puedo hacer nada por ella.
Tiene menos fiebre. Son los antitérmicos.
No significa nada, es como poner una tirita en una herida de bala.
Manuela.
No sé si tu mujer es valiente o estúpida,
pero si se acerca así, te vas a quedar viudo muy pronto.
Tú cállate y preocúpate por tu vida.
No hay nada que hacer ahí. ¿Ah, no?
¿No nos sirves de nada? ¿Quieres decir eso?
¿Eh? ¿Es eso lo que me estás diciendo?
¿Ya no sirves de nada? ¿Quieres que te pegue un tiro?
¿Es eso? No tienes huevos.
¿No tengo huevos?
Hugo, basta, basta. ¿Quieres matarme? Dale, dale.
Mátame, pero la chica se va a morir igual, llevo años luchando
contra este virus. Años. Y en todos estos años solo tuvimos una luz
de esperanza: una niña entre miles y miles que teníamos.
¿Eso es lo que hacéis con los niños?
¡Hijo de puta! ¿Eso es lo que hacíais con los niños?
No podés entenderlo. Sos muy cortito, no podés entender
el sacrificio que hay que hacer en una batalla como esta.
Sos un pobre tipo. Tenés un milagro en tu casa,
un tesoro, ¿no te das cuenta? Qué ironía, ¿no?
¡Basta, basta!
Basta.
Tranquilízate.
Hugo, si es verdad lo que está diciendo,
yo también puedo salvar a Manuela.
Sí, claro que estoy al tanto, sí.
Sí. Necesito todo el personal médico disponible.
Bien, la directora general está conmigo, recomienda lo mismo...
Señor. Disculpe.
Roberto, necesito a todo el personal médico disponible.
Haced un llamamiento y concentrad a todos los enfermos
en la misma zona. ¿Te ocupas tú?
Sí, claro, ahora mismo le llamo. Señor.
¡Rosa! Estoy ocupado.
Pero es que llaman de Presidencia.
Disculpadme. Hola.
Sí. Hola, presidente.
Sí, claro que estoy al tanto.
Está bien, ahora mismo vamos para allá.
Era el presidente, quiere vernos urgentemente, vamos.
Espera, Luis, necesito hablar con vos.
¿Me lo cuentas luego? Ahora, es importante. Por favor.
¿Te acordás de los voluntarios de los que te hablé?
¿Los donantes de la sangre con alta carga antiviral?
Sí.
No son adultos.
Los anticuerpos solo se dan en organismos en desarrollo
que han sobrevivido a una primera exposición.
Eso era lo que te estaba ocultando, Luis.
Son niños.
Los adultos ya tienen configurado su sistema inmunológico.
¿La sangre de la transfusión que le pusimos a Iván
viene de uno de ellos?
Sí.
¿Y cómo los consigues?
La mayoría son niños perdidos,
sin familia, sin esperanza, sin padres, si nada.
Yo les di un hogar. Los cuidé. Les di todo.
Los he tratado como lo que son, que son ángeles, Luis.
Son un milagro y nunca me va a alcanzar la vida para agradecerles
por todo, por haberle salvado la vida a nuestro hijo.
¿Sergio también es uno de esos niños?
Sin esa sangre,
nuestro hijo hoy estaría muerto. ¿Entendés, Luis?
¿El presidente lo sabe?
Sí.
Date prisa.
Nos está esperando.
Buenos días.
Vamos, arriba, niños. Vamos.
Venga, vamos.
Mirad quién ha venido.
Ya está aquí Marta con nosotros otra vez.
Vamos, chicos, arriba todos, que ya es la hora.
Hay que dar la bienvenida a nuestra amiga. Eso es, muy bien.
Ya estamos todos juntos otra vez.
Traigo unas mantas para los niños, que seguro que tienen frío.
Aquí abajo hay mucha humedad.
Aquí no puede entrar nadie, ya se las doy yo.
¿Están bien? - Muy bien, gracias.
¿Y qué están haciendo aquí?
A usted no le importa, váyase ahora mismo
si no quiere que avise al comandante.
¿Me ha oído?
Perfectamente. Me voy, no quiero molestar.
Sos una mujer muy fuerte. No entiendo cómo te contagiaste.
Cierra la boca y empieza.
¡Va!
Alma, Luis.
Hola.
Me alegro mucho por lo de Iván. - Gracias.
- Me han tenido al tanto a cada momento.
Gracias, presidente. Pasad, por favor.
El comandante Jiménez. Os conocéis, ¿verdad?
Sí, últimamente nos vemos con frecuencia.
No sé por qué, pero siempre lo asocio con malas noticias.
Sentaos, por favor.
Bien, estáis aquí porque sois personas de mi máxima confianza
y os necesito para afrontar esta crisis.
Sabéis que la situación es de extrema gravedad,
pero vamos a salir adelante.
Y lo haremos gracias a vuestro trabajo y conocimiento.
Sobre todo al tuyo, Alma. Lo que has hecho hasta ahora,
tu investigación, es lo que nos puede salvar.
Gracias, señor presidente.
Recuérdeme las cifras, por favor. - Calculé que por cada 10.000 niños
puede haber ocho, que son los especiales, con anticuerpos
suficientes como para convertirse en vacunas.
Y cada niño especial, ¿puede salvar a...?
Unas 500 personas no infectadas.
Los infectados necesitan mucha más sangre.
Luis, vamos a iniciar un llamamiento.
Acabo de firmar la orden.
Diremos que tenemos que evacuar a los menores, que debemos sacarlos
de la ciudad para protegerlos.
El comandante se ocupará de la recogida.
- A sus órdenes, presidente.
- ¿Y qué va a ocurrir con los niños?
- Los niños estarán en las mejores condiciones,
como hasta ahora, solamente les vamos a hacer análisis.
¿Y los que sirven como vacunas? ¿Podemos garantizar su seguridad?
Lo hacemos lo mejor que podemos y siempre le estaremos agradecidos
a ellos y a sus familias.
Agradecidos.
Estamos hablando de niños, de cientos de niños inocentes
que no podemos garantizar que sobrevivan.
Si no encontramos una vacuna pronto, morirán igual.
Les estamos dando una oportunidad.
Nos estamos dando a todos una posibilidad de sobrevivir.
A todos. ¿Eso significa que también vamos a vacunar al sector 2?
El Gobierno llegará hasta donde pueda, como siempre.
Luis, me gustaría hacerte una pregunta.
Dime, ¿cómo te sentiste cuando gracias a la vacuna,
tu hijo volvió a la vida?
No podemos hacer nada, Luis.
Sí, es posible que muera algún niño, y también es posible
que no podamos conseguir suficiente vacuna para toda la población.
Pero tenemos que elegir entre correr algún riesgo con esos niños
o dejar que el virus nos arrase a todos.
Creo que ha llegado el momento de olvidar
ideales absurdos y actuar con decisión.
Muy bien.
Me tienes a tu lado, presidente.
Gracias.
Solo me gustaría leer el informe antes de hacerme cargo.
Sí, toma. Gracias.
Joder.
Estás muy pálida.
¿Pero cuántas bolsas de sangre se necesitan?
Estás helada.
Eh.
Sigue viva, ¿verdad?
Sí.
Pues sigamos.
Sigamos.
Dame agua, por favor. Claro.
¿Mejor? Sí.
Prométeme, si te encuentras mal, que me lo vas a decir.
Por favor, prométemelo.
Tranquilo.
No, esto es imposible, no funcionará.
Presidente, la gente de este país ha pasado hambre,
ha sufrido guerras, ha superado grandes crisis,
incluso han podido vivir sin libertad, pero no puedes pedir
a los padres y a las madres que entreguen a sus hijos así como así.
Para eso están las fuerzas de seguridad del Estado.
Le garantizo que la recogida se realizará con éxito, señor.
Pues tendrás una revuelta. Pues la sofocaremos.
Con sangre, con víctimas inocentes. ¿Es eso lo que quieres?
¿Prefieres una revuelta sofocada o una pandemia incontrolable?
Yo quiero lo mismo que vosotros.
Pero estoy firmemente convencido de que hay que hacerlo de otro modo.
¿Y qué sugieres? Hay que convencer a la gente.
Hay que hacer una alocución pública, explicarles la gravedad
de la situación, pero también tenemos que garantizarles
que vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos
para asegurar que sus hijos estarán perfectamente.
De acuerdo. Cuando quiera convoco a los medios, señor.
No, no. Necesitamos a alguien que genere confianza.
Salí vos. ¿Yo?
Sí. Sí, ¿por qué no?
Sí, me parece muy buena idea. Tienes credibilidad.
Además, los rumores de que te has vuelto contra mí,
nos pueden venir bien.
No lo sentirán como un discurso oficial.
Un padre de familia dirigiéndose a las familias, es perfecto.
Un discurso desde el corazón y la ciencia.
Está bien, lo haré.
Gracias, Luis.
Necesitaré unas horas para prepararlo.
Me parece perfecto.
¿Vamos? Seguidme los tres, sin separaros.
Señorita. - ¿Qué?
- Espera.
Madre mía, ¿ahora te dan ganas de ir al baño? Vamos, que es para hoy.
Pedro, estoy con las niñas. Cuando termines, nos esperas.
¿Entendido? Ni se te ocurra marcharte solo.
Niño.
Niño.
¿Tú eres Pedro?
- No puedo hablar con nadie.
- Espera, espera un segundo. Solo dime una cosa:
¿Tú te acuerdas si tus padres te llamaban Mateo?
¿Te suena ese nombre?
- ¿Por qué?
- Pues...
Porque puede que yo sea tu padre.
¿En serio?
- ¿Qué haces? - Nada.
¿Con quién hablas? - Con nadie.
No me mientas.
¡Ah!
¿Cómo está Iván? - Está con su hermana, señora.
Ya le he dicho a la niña que no se acerque, pero ya sabe cómo es.
Iván no contagia. - ¿Cómo les fue con el presidente?
¿Podrán hacer algo?
¡Que no se atreva a entrar aquí!
Amor.
Que te vas a caer. ¡Papá!
Suéltame, tengo que ir a por ella. Tenemos que ayudarla.
¡Papá! Iván.
Iván, no te puedes levantar.
Un calmante ya. - ¿Dónde está Manuela, mamá?
¿Qué le habéis hecho? Hugo y Sara han ido a por ella.
No, tenemos que ir a por ella. Tenemos que ayudarla.
Lo lamento, no se pudo hacer nada.
¿Cómo lo sabes?
Hablé con tu tío.
Lo tuyo fue un milagro, mi amor.
Estaba embarazada.
- No pongas nervioso a tu hermano.
No tienes corazón.
Manuela... Tranquilo.
Habéis matado a tu nieto, ¿lo sabes?
Si estaba con él, ¿por qué no lo trajiste?
Ven conmigo. ¿Por qué no lo trajiste?
¡Eres un monstruo!
- ¡- Vámonos! - ¿Por qué no haces nada?
Te odio.
Te odio.
Ya vas a estar bien.
¿Pero cómo se lo permites? Vamos a mi despacho.
Es una asesina. Vamos, entra ahí.
¿Pero cómo eres capaz de dejarla hacer eso?
Vamos, siéntate ahí y cállate. ¡Y escúchame!
No te duermas. Va, eh.
No me encuentro bien.
Vale, se acabó, desconéctala.
Eh, vamos, desconecta.
Tranquila, mírame. Estoy bien.
No, no estás bien. Hay que darle algo.
Sí, hay que darle glucosa. Estoy bien.
Ahí, hay pastillas en el armario. Dámelas.
Mírame, ¿me ves bien? Estoy bien.
¿Me ves bien? Es una bajada de azúcar, solo eso.
Sigue mirándome.
Vale, ya está, mira. Ya está, tranquila.
No me lo puedo creer. ¡Manuela!
No puede ser. Manuela.
Manuela.
¿Sara?
No tiene casi fiebre. No lo puedo creer.
¿Cómo lo sabían?
Cariño.
Es mi hermana.
Por eso, no quiero que contestes.
Si no contesto, va a sospechar. Será muy raro.
Dale.
Está bien, pon el altavoz. Ven aquí.
- Alma. - Por fin.
¿Por qué no me contestás?
Nada, tenía en teléfono lejos. ¿Cómo está Iván?
La sangre de la niña está funcionando.
Por cierto, sus padres fueron para allá, ¿los viste?
¿Qué?
Escúchame, ¿la criada está muerta?
Iván...
Alejo. Alejo.
¿Qué habéis hecho con mi hija? ¡Dios!
¿Dónde está mi hija? Te voy a matar, hijo de puta.
¡Hugo! - ¡Te voy a matar!
¡Hugo! Por favor, lo necesitamos para encontrar a Marta.
Te voy a matar. Para.
"Por su salud, alerta sanitaria de nivel 1.
Alerta sanitaria de nivel 1.
Utilicen mascarillas en los lugares públicos.
Acudan a su centro médico autorizado al menor síntoma de fiebre.
Obedezcan en todo momento las indicaciones del personal médico
y de las fuerzas del orden.
Alerta sanitaria de nivel 1..."
Llama al timbre.
No preguntes. No cierres la puerta, viene Julia. Vamos, vamos.
¿De dónde has sacado esa pistola? ¡Hugo!
¡Álex, ayuda a Julia! ¿Me podéis ayudar? Por favor.
Tranquila. Cuidado, Álex.
Cuidado, cuidado.
¿Tú cómo estás, hija? Bien, luego te cuento, mamá.
Estás pálida. Tranquila.
¿Quién es? Hugo.
Este hijo de puta se ha llevado a mi hija.
Se ha llevado a Marta, es el hermano de Alma.
La están utilizando.
Utilizan la sangre de los niños para curar el virus.
¿Qué le estás haciendo a la niña, hijo de puta?
¡Te mato, te mato! ¡Tranquilo!
Hay que ir a hablar con Luis, no merece la pena.
¿Y si está con ellos? Pues para eso tenemos a este señor.
Vámonos, voy con vosotros.
Te quedas tú cuidando de este cabronazo.
Yo me voy a quedar, mamá.
Manuela está débil y puede necesitarme.
Me parece bien, hija. Suerte.
Sí. Hugo, vámonos.
Álex, ven aquí.
Termina de atarle. No lo pierdas de vista.
Hugo, tráete a Marta. Sí.
Cuida de mi madre, por favor. ¡Hugo!
¿De acuerdo? Claro. ¡Voy!
¡Señor! ¡Suélteme!
¡Señor! ¿Dónde está mi hija?
¿Qué ha hecho con mi hija?
Señora, no pude detenerlos.
¿Qué hacéis aquí? ¿Tú qué crees, Luis?
¿Cómo se atreven a entrar así en mi casa?
He venido a hablar con tu marido. Mi marido no tiene tiempo,
está preparando un discurso vital para este país.
Tu marido me debe una explicación.
Es mejor que se vayan ahora mismo de mi casa.
Basta, aún queda una hora para el discurso,
te doy cinco minutos. Ven conmigo, vamos.
Ni una puta palabra.
Está cerrada la puerta, voy a por las llaves.
Va.
¿Qué haces aquí? - Escúchame, Álex.
Necesito que me acompañes. - No, ahora no puedo.
- Es muy urgente, por favor. Por favor.
Han vuelto a llevarse a mi nieta.
Marta está muy bien.
Está con los otros niños que generan anticuerpos,
ella muy valiosa y la vamos a cuidar como corresponde.
¿Tú sabías eso?
Yo... Yo lo único que sé es que el virus está avanzando
de una forma mucho más rápida de la que creíamos y...
Y que mi mujer es la única que puede pararlo.
¿Qué estáis haciendo a los niños?
¿Eh?
Es muy complejo, no lo entenderías.
Complejo quiere decir peligroso.
Devuélveme a mi nieta ahora mismo, Luis.
No puedo, Emilia, no de forma inmediata.
Yo solo os pido que tengáis un poco de paciencia.
¿Paciencia? ¿Me estás pidiendo paciencia cuando está la vida
de mi nieta en juego, en peligro? ¿Estás oyendo lo que dices, Luis?
Eres un hijo de puta. Alba, tengo a tu hermano.
Te juro que lo voy a matar con mis propias manos
si no me devuelves a Marta.
Como le hagan algo a mi hermano, me voy a asegurar de que no vuelvan
a ver a Marta en su vida, ¿está claro? Llévatelos, Rai.
Yo confiaba en usted, señor.
Emilia...
Van a ser unos pocos días.
Necesitamos esa vacuna.
Menos mal que mi marido no está aquí para ver
en lo que te has convertido, Luis.
Eres un hombre malo, traidor y miserable.
Sara.
Sara, por favor. ¿Te quieres callar?
Sara, aflójame esto, por favor. No digas tonterías.
Se me están durmiendo las manos. Por favor, Sara.
Como intentes algo, te vuelo la cabeza. ¿Lo has oído?
Sí.
Dime una cosa, Sara.
¿Cómo sabías que tu sangre funcionaría?
¡Policía! ¡Policía! ¡Policía!
- ¡Ni se te ocurra!
Ni se te ocurra.
Se acabó, Julia.
Lleváosla.
¡Julia! Así que eres la otra hermanita.
Vete a la mierda, Begoña.
Dile a mi ahijado que te salvé la vida.
Bueno, muy bien. Gracias por avisarme, comandante.
Ya está, mi amor, no repases más. Lo harás tan bien como siempre.
La gente te quiere, Luis, y yo te amo.
A ver, ¿cuántas veces? ¿1.000, 1.500?
Te hiciste el nudo de la corbata y todavía no te sale, mi amor.
Daniela.
¿No vas a ver el discurso?
Venga, ¿dejamos los rencores a un lado?
Daniela, hija.
Es un momento muy importante para tu padre, para mí, para el país.
Es lindo que lo acompañes.
Luis.
El futuro nos pertenece.
Señor ministro. ¿Estamos?
Cinco, cuatro...
Hoy me dirijo a vosotros como ministro de Sanidad,
pero también como padre de familia.
Sabéis tan bien como yo que este país se enfrenta
a una situación de una gravedad excepcional.
Y que a pesar de haber hecho todos los esfuerzos posibles
por erradicar el virus que está amenazando nuestras vidas,
la epidemia se ha tornado cada vez más furiosa e imparable.
Este Gobierno, y en especial mi esposa, Alma López Durán,
se encuentran muy cerca de hallar una solución de dar con una vacuna
que detenga esa hemorragia.
Qué hijo de puta.
Pero antes de que eso suceda, y ante la altísima probabilidad
de contagio de los individuos más frágiles, este Gobierno
quiere mandar a todos los niños menores de 15 años
a campamentos
donde se encuentren sanos y salvos,
y alejados de los focos principales de contagio.
Soy plenamente consciente
de lo que este Gobierno os está pidiendo,
y sé, como cualquiera de vosotros,
que no hay nada más importante que la familia.
Esa persona que hemos elegido para compartir nuestras vidas,
los hijos que con ella hemos traído al mundo, y en consecuencia,
sé que no podría haber nada peor que separarnos de ellos.
Pero en ocasiones, no tenemos más remedio que asumir
la gravedad de la situación
y dar un paso adelante.
Y pensar en lo que es mejor para ellos.
Y para su futuro.
Por eso es muy importante que escuchéis con mucha atención
lo que tengo que deciros.
Dentro de aproximadamente una hora,
miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado van a empezar a pasar
por vuestras casas a buscar a vuestros hijos.
Escondedlos. No los entreguéis.
Os dirán que es por su bien, que quieren protegerlos.
Eso no es verdad.
Lo que quieren es disfrazar de salvación
lo que no es otra cosa que un genocidio.
No quieren proteger a vuestros hijos del virus, lo quieren es utilizarlos
como conejillos de indias para salvarse ellos mismos.
Id a por él.
¡Id a por él!
Padres y madres de este país,
no permitáis que os quiten a vuestros hijos.
Hace más de 100 años, este país también había perdido los valores
de la fraternidad y de la democracia.
En ese momento oscuro de nuestra historia, otro Gobierno indecente
mandó fusilar a un hombre cuyas palabras aún resuenan
y tienen más vigencia que nunca.
¡Abrime la puerta, Luis!
Federico García Lorca escribió:
"Hay cosas encerradas dentro de los muros,
que si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo".
Pues bien, ha llegado el momento de que salgáis a la calle y gritéis.
¡Abrime la puerta, Luis!
Yo estaré con vosotros y con vuestros hijos.
El futuro les pertenece.
Por un país decente y por la libertad.
¡Por la libertad!
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
¡Abrime la puerta, Luis!
¡Abrime la puerta!
¡Luis, abrí la puerta!
¡Abrí, Luis!
Has estado increíble, papá. - ¿Todo bien?
Sí, corre, corre. Vamos.
¡Señor, señor! ¡Abra! ¡Arranca!
¡Señor, señor! ¡Arranca!
¡Señor, señor!
- ¡- Vamos! - ¡Corre!
¡Arranca! ¡Abran! ¡Abran!
"Por su salud, recuerden que estamos en alerta sanitaria,
respeten las restricciones y acudan a las autoridades
si advierten algún episodio virológico en su vecindario."
Llevo un enfermo del sector 1. - Abra la puerta.
Está muy contagiado, no creo que sea buena idea.
- Abra la puerta ahora mismo.
- Muy bien.
- ¿Qué coño pasa aquí? - Mi comandante.
Llevo a una detenida a la DGS y tengo prisa.
- Ahora mismo. Perdone.
Circule.
¡Vamos!
¡Vamos!
Por los pelos.
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
Mirad, mirad.
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
¡Por la libertad!
¡Por la libertad! ¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
Te los has ganado, papá.
No os confiéis, lo más difícil está por llegar.
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
¡Por la libertad! ¡Por la libertad!
¿A ti por qué no te han dado?
- Marta. A comer, vamos.
¿Te lo has pensado mejor?
Pues hasta que no me digas lo que te ha dicho ese señor
en el baño, no volverás a comer. ¿Lo has entendido?
Marta, ven conmigo, vamos.
¿Dónde tenéis a Marta?
¿Dónde está?
Qué hermosa sangre tenés.
Es increíble la respuesta inmunológica,
es incluso mayor que en la niña.
Nunca vi nada igual.
Cualquiera diría que es algo genético, ¿pero sabes una cosa?
Enrique me contó tu pequeño secretito.
Me dije: "Si no es la madre,
¿cómo carajo se explica este milagro de la biología?".
Pero yo no creo en milagros, yo creo en la ciencia.
Y en eso que tenés ahí en la nuca.
Eso es una marca de nacimiento.
Qué casualidad.
La misma que tiene tu sobrina. Exactamente en el mismo lugar.
No sé de qué me estás hablando.
Mirá.
O me decís lo que tenés ahí dentro
o te lo arranco yo con mis propias manos.
Ya puedes empezar.
"Os quiero más que a nada.
Nosotras a ti más, papá.
- Daos la vuelta, que tengo otra sorpresa.
Cogeos de la mano."
¿Tú sabes quién era mi padre?
¡Marta! ¡Tía!
Mi amor. Mi amor, ¿estás bien?
¿Estás bien, cariño?
Ese traidor se encuentra en busca y captura y no tardará en caer
en manos de la justicia. Lo mismo ocurrirá
con todos aquellos que lo ayudaron en su execrable complot.
El presidente me ha acusado a mí de traición ante todo el país.
¿Cuánto tiempo crees que va a tardar en ejecutarme?
Encontré algo que puede ayudarnos.
Creo que tenemos la solución al virus.
Tiene todo mi respaldo para tomar las medidas necesarias
para salvaguardar el orden público.
¿Todas las medidas, señor? - Todas.
Tenéis cinco segundos para dispersaros o abrimos fuego.
¡A mi orden!
La ciudadanía de este país,
responsable y cabal como siempre,
mantiene la calma y en las calles reina la más absoluta tranquilidad.
Encantado de conocerte.
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