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Acaba de ser admitida a un plan de máxima seguridad, señorita.
Más de 13 países colaboran en el proyecto Alejandría.
Deberá buscarse piso en Ginebra.
El proyecto Alejandría es un proyecto de supervivencia,
un plan B que se pondría en marcha si el acelerador de partículas
fracasara. Siete tripulaciones que se salvarían de la tormenta
aprovechando las aguas con menos presión.
Capitán, solo con que alguien se enterara de lo que le cuento,
estaríamos muertos.
Pero ¿qué demonios hace ahí de pie un edificio?
-Buenos días, señores.
Bienvenidos al You Hao, el último hotel del mundo.
Julia, ¿quiere casarse conmigo?
A todos nos dieron la misma carta,
cinco casos únicos. -¿Qué más da cómo hemos llegado?
¿No podéis alegraros de estar vivos en este barco?
-Tuvo que ser un científico. Un científico que diseñó
el primer protocolo de supervivencia.
Alguien que se dio cuenta de que el acelerador podía fallar.
-Ese genio tiene nombre: Doctor Schneider.
¿Son documentos falsos? -Prométeme, Salomé,
que aunque desaparezca, tú y yo no somos hermanos
nunca más. ¿Dónde estabas?
¡Eh! ¿Qué hacéis?
Julia Wilson. Sí.
¿Podría decirle a mi nieto que no me voy a morir?
Dudar significa no. Siempre.
Hecho.
-Estaba en el álbum de fotos de Ainhoa,
es una pena que no la vieras. Si lo hubieses hecho,
estoy seguro de que la hubieras destruido.
¿Qué pides por la foto? ¿Conoces la caja 33?
¿La que guardamos en bodegas?
Sácala de ahí sin que te vean y llévala al barco ruso.
No se puede meter a tanta gente en el Estrella, no hay espacio
ni alimentos. No sabemos dónde está tierra.
Estuviste a punto de decírselo. ¡Quieto todo el mundo!
-¡Quietos! ¡Las manos al suelo! ¡Vamos, al suelo!
-Ya lo decía yo, el mundo de agua de este barco es
muy apetecible. -Vamos a ver.
¿Habéis venido a ayudar? ¿No? Pues tendréis que esperar.
Antes de ir arriba, hay uno que debe venir a este mundo,
así que ahora subimos, que estamos de parto, coño.
-Hazlo. -Sí.
"Antes, la vida era sota, caballo y rey.
Los atascos por la mañana, recoger al nieto a las seis
después del judo,
los churros en el bar de Mariano
y sentarme en la butaca a escuchar el partido de la Champions
por el transistor.
Ahora ya no hay atascos
ni churritos." Perdone, señor.
"Ni Champions League.
Ahora nos levantamos temprano para pescar desde una ventana
de la planta 101.
Por la tarde, le enseño matemáticas a mi nieto.
Y las cosas ya no se compran con dinero,
se vuelven a cambiar por otras.
Parece que todo se volvió del revés.
Pero cuando tienes 80 años,
sabes que lo realmente importante nunca cambia."
Me llamo Valeria. ¿Y tú?
¿Cómo te llamas?
"Es que da igual si los niños hacen las cuentas en un ordenador
o en una pared.
Lo que importa de verdad es tener a alguien con quien compartir
una vida aunque sea en el fin del mundo."
Un poco más arriba, por favor.
Esta está atascada.
Bájeme!
No, no, no podemos salir por ahí.
¿Qué pasa? No está atascada.
Es la presión del agua.
Estamos completamente hundidos.
Papá.
¿Ha oído eso? Sí.
¿Ha oído eso? Papá.
Parece Ainhoa. ¡Ainhoa!
Papá, os voy a sacar de ahí.
¿Cómo?
Bajaré en el otro ascensor y me pondré en paralelo a ellos
y perforaré la pared de los dos ascensores
y les pasaré aire con la botella de oxígeno,
porque si no morirán antes de poder hacer nada.
Si te vas a suicidar, ¿por qué no te tomas un bote
de pastillas y te metes en una bañera,
que es más fácil?
Ulises.
Ulises, ¿me escuchas?
Mi padre y Julia se están ahogando.
Necesito tu ayuda.
Ulises, ¿me escuchas?
¿Alguien me escucha en el Estrella?
Escúchame, Ainhoa.
Que consigas llegar hasta ellos y perforar la pared,
¿cómo subiréis si el otro ascensor se anega también?
No lo sé. Un tubo de 60 m.
Que no lo sé, no lo sé,
pero es que son mi padre y Julia los que están ahí
y no puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo se ahogan.
¿Vas a ayudarme o no?
Sí, claro.
Te voy a ayudar,
pero creo que tu padre no está encerrado por casualidad.
Este ascensor estaba apagado
y alguien lo manipuló.
Vuestro barco es la única vía de escapa para salir de aquí
y la gente podría estar dispuesta a matar por subirse.
¿De qué estás hablando? De que un barco sin capitán
es más fácil de robar y de que una niña pianista
no es un buzo de profundidad ni podrá perforar las chapas
que separan los ascensores y eso lo saben.
¿Me estás diciendo que deje a mi padre ahí abajo?
No, estoy... ¿Cómo lo sabes?
¿Que soy pianista?
¿Qué pasa, Burbuja? ¿De qué te ríes?
-Son fotos del hotel.
Hay gente bañándose en la piscina
y bailando.
Y montando a caballo. -Qué bien.
-Sí.
Es Estela. -¿Ah, sí?
-Es Estela. Mira.
Mira.
Mira, estaba muy guapa.
-No, no es, se le parece, pero no es ella.
-Sí que es.
Se lo está pasando muy bien.
-No tiene sentido.
¿Cómo puede ser que haya estado aquí antes? En Singapur,
justo en este hotel. -A lo mejor no lo quiere decir,
por...
porque a lo mejor es un secreto y los secretos no se cuentan.
-¿Me la dejas, por favor?
-Vale.
Te alabamos, Señor.
-Nada.
Lo hemos intentado, pero casi toda la tripulación
está en el hotel y ninguno de nosotros sabe manejar las velas.
-Hagamos una cosa. Mándame a dos o tres
que vayan al hotel y me traigan el combustible que puedan cargar,
que lo hagan con cautela, que nadie se dé cuenta.
Pondremos en marcha este barco como sea.
-A ver, quién manda aquí?
¿Quién está al cargo? -Quédate vigilando.
-Oye, tú, de pie.
Ven, acércate. Acércate he dicho.
Quieto.
-Perdón.
A ver, sé que estáis nerviosos y que estáis con la toma del barco,
pero este de tomas solo entiende la toma de las seis
y a su madre no le baja la leche ni para detrás.
Así que yo pongo rumbo a la cocina.
Voy a por leche.
Vosotros, pues...
seguís con lo vuestro, como si no estuviéramos,
¿vale?
Julián, ¿me escuchas?
Julián. Julián, por favor.
Julián.
-Sí, dime. A ver. -Estoy en el edificio y veo
que el barco tiene un foque a medio izar y la mesana en banda.
¿Pasa algo? -Sí, que algún marinero se llevará
una bronca de pelotas por dejar las velas en pacha.
-Bueno, ya puedo respirar tranquila,
pensé que os ibais sin avisar. Una cosa es que no estemos juntos,
y la otra que me dejes aquí plantada,
que nos dejes aquí plantados. -Puedes estar tranquila,
que aquí no se mueve ni Dios sin vosotros,
ni un tsunami me arrancaría del lado de ese bebé, rubia,
¿estamos? -Cambio y corto.
Oye, papá, una cosa. Dime.
Si te hubieses enterado de que mamá estaba embarazada,
¿nos habrías dejado?
Sí,
habría salido corriendo igual.
Yo ya estaba enamorado de Salomé
y es jodido decirlo,
pero nunca quise a tu madre, Ulises.
Confirmado, el aeróbic con el tabaco no casan, ¿eh?
Hace unos años podía salir de copas, fumarme 30 cigarros
y correr la San Silvestre al día siguiente, pero...
ha sido llegar a los 30 y cascar.
Empicado, vamos.
Me llamo Roberto, Roberto Sneider.
¿Qué tal?
Soy Ulises. Garmendia.
Nos conocemos? No.
No nos hemos visto nunca.
Pero sé que tienes una moto 900, que te pagaste trabajando
de trabajador en el puerto, que tu primera novia
se llamaba Mercedes
y que no conoces a tu padre.
Vienes corriendo, te haces el simpático,
me cuentas mi vida en un minuto y resulta que no tienes
ni una gota de sudor.
¿Y? Muy bien.
Soy amigo de tu padre.
Julián de la Cuadra,
marinero de vocación, forofo del Athletic,
usa Varón Dandy y fuma habanos desde que tenía 14 años.
Mira, no sé de qué va esto, pero te acabas de equivocar.
Yo no tengo padre.
¡Papá!
Papá.
¿Qué?
Pasaste dos meses con ella,
la dejaste embarazada, vivías en su casa.
¿Por qué no se lo dijiste?
Porque estaba cagado de miedo.
No sabía cómo decirle que esa no era mi vida
y que perdía el culo por embarcarme.
Y lo más fácil era engañarla, ¿no? Abandonarla.
Se quedó tres años mirando la puerta, papá,
metida en la cama como un espectro. ¿Vale?
¿Qué?
Que han tomado el barco, papá.
Salomé, mi padre y Julia se están ahogando.
Y yo he herido a un hombre.
Bien. Ulises. ¿Qué?
Hay que llegar a máquinas, bloquear el timón.
Que no muevan el barco.
A ver si se va a colgar por el hueco del ascensor,
que esta es una cabeza loca.
Seguro que entre todos nos sacarán de aquí.
Ricardo,
escuché a Valeria hablar de su madre y decía que...
que cada vez le costaba más acordarse de su cara.
Y que la echaba de menos. Es normal.
Quiere recordar a su madre.
Sí.
Pero cuando me pidió que me casara con usted... me callé.
Yo quiero tener una familia,
pero me asusta adosarme a una que tiene sus propios recuerdos.
¿Lo entiende?
No quiero convertirme en la sombra de Marisa ni quiero convertirme
en la madrastra de los cuentos de Ainhoa y Valeria.
¿Y qué va a hacer, salir fuera y buscar a alguien
que no haya escogido ya el color de las alfombras de su casa
o el nombre de sus hijas? Porque si ese es el problema,
Julia, tiene razón,
yo no me voy a olvidar nunca de Marisa.
Pero quería tener una nueva vida con usted.
¿Serán ellos? No.
El ascensor se está llenando de agua.
Cada vez nos hundimos más rápido.
-Hola.
¿Cómo te llamas?
Si quieres, podemos ser amigos. -Yo no soy amigo de las niñas.
-¿Y por qué no? -Porque sois unas miedicas.
-Yo no soy miedica. -Sí que lo eres.
-Y tú tienes gafas de empollón.
Y no te voy a volver a hablar en toda mi vida.
-Estela. -Sí.
-¿Tú has estado aquí antes, en este hotel?
-No, Vilma, qué tontería de pregunta.
-Ya. Es verdad, qué tontería.
-¿Sabes que una de las habitaciones de abajo hay un jacuzzi?
-¿En serio? Qué bien, no lo sabía.
Pues ahora mismo voy a ir a probarlo.
-Estela.
Estoy embrazada de cuatro meses, las hormonas me vuelven loca
y lo último que necesito es que una amiga me mienta.
Tú has estado aquí antes.
¿Por qué no has dicho nada?
¿Por qué mientes?
¿Cómo puede ser que el primer sitio que encontremos
después de que la tierra se haya ido a tomar por saco,
sea un sitio donde tú has estado montando a caballo?
-No es asunto tuyo, Vilma.
-¡Estela!
-Papá.
-Cuídame bien de este caballo.
El año pasado ganó la triple corona y me ha costado
casi diez millones de dólares.
Hola. -Papá.
¿Cómo estás? -Tengo una sorpresa para ti.
-No me digas que es el collar que vimos ayer.
-Mira.
Vamos, ábrelo.
-¿Una beca? -Es una beca muy importante.
Es una expedición científica a bordo de un buque escuela,
el Estrella Polar. Mañana mismo volarás a España.
-¿Mañana?
-Sí, la travesía empieza dentro de tres días.
-Papá, pero si hace solo una semana que llegué a Singapur.
Además, me dijiste que me llevarías de compras Shop Rock.
Y hace meses que no nos vemos.
Me prometiste que íbamos a pasar más tiempo juntos.
No voy a ir a España.
Y menos a una estúpida beca.
¿Más tiempo juntos?
¿Te digo por qué quieres seguir aquí?
Has ido follándote a todo el personal del hotel.
No llores, cariño. ¿Ves qué me obligas a hacer?
Princesa, sabes perfectamente cómo sacarme de mis casillas.
Vale, si quieres ir de compras, perfecto.
Esta noche mando organizar un "showroom" en la terraza del hotel.
Haré que abran el Shop Rock solo para ti.
Sabes que te quiero, ¿no?
Pero nunca, ¿me oyes?, nunca más
me lleves la contraria.
¿De acuerdo?
-Escúchame bien, guapito de cara.
Como les ocurra algo a Ricardo o a Julia, te trincho como a un pavo.
¿Te queda claro?
Quieto. -Dile que no baje.
¿Después qué? ¿Qué pasará cuando el segundo ascensor quede inutilizado?
Porque en cuanto revientes la chapa, estás muerta.
Los que van a estar muertos son ellos si yo no bajo ahí.
No bajes, hay otra posibilidad.
Puentear el motor principal con un generador conectado
al cableado de emergencia de los ascensores, y subirlos desde ahí.
Seguro que los cables pasan por aquí.
Aun así, necesitarías tiempo. Y ellos no lo tienen.
Salomé. Salomé, ¿me escuchas?
-Te escucho, Julián. Cambio.
-Óyeme bien, están intentando tomar el barco.
-¿Cómo tomar? -Secuestrar, joder.
Escucha, aquí va a haber jarana. Tienes que intentar localizar
a Ricardo cagando leches, ¿de acuerdo?
-Ok. Estamos yendo a por Ricardo. Cambio y corto.
-¿Y bien? -No me gustas.
Estás con ellos, has metido a Ricardo ahí abajo.
No te fíes, Ainhoa, es el mismísimo diablo.
Pues habrá que aliarse con el diablo.
Vale, pues esto ya está.
Ahí, bien.
-Piti, ni se te ocurra meterle eso en la boca al niño.
-Sol, ¿tú ves biberones por aquí?
Porque yo solo veo a secuestradores armados.
Y la opción B es que le des tú de mamar si quieres.
Pero te veo un poquito escasa.
-Ya. ¿Por qué no le masticas unas galletitas
y se las escupes en la boca como los gorriones?
-Vamos a ver, Sol, ese niño está muerto de hambre.
Y su madre está ahí abajo con seis puntos de sutura
en el portal de Belén.
Así que, o esos señores han venido con ama de cría
o este guante es lo más parecido a un pezón
que va a ver la criatura.
Qué cosita.
¿Tiene hambre el nene?
Tranquilo, que el tito Piti te va a dar la merienda.
-Se terminó la merienda, ¿eh?
El pibito y la mamá se tienen que volver al hotel.
-No, ni de coña.
Esa mujer acaba de dar a luz, no se va a subir a ninguna zodiac
y mucho menos se le va a interrumpir la toma
al primer bebé del mundo.
Mira, vas a tener que matarme, porque mientras yo esté vivo,
de aquí no se mueve ni Dios.
-Ajá. -¿Queda claro?
Hasta que el chaval no haya echado los eructitos
y haya dormido su siesta.
Hay un tío ahí armado.
Nunca quise engañar a tu madre.
¿Qué?
Que te pongas en mi lugar.
Qué coño, si tú también has estado ahí.
Cuando bajaste con Julia.
¿Si en ese momento te enteras de que está embarazada,
te hubieses quedado con ella o habrías salido corriendo?
Me hubiese quedado con Julia, papá. Sí, los cojones.
¿Enamorado hasta las trancas como estabas de Ainhoa, como estás?
Y vas a renunciar a la chica de tu vida por haberle hecho un bombo
a la mujer equivocada, venga ya, hombre.
-Mira.
¿Te acuerdas?
Pero bueno... Pero ¿qué haces?
Para, para, para.
Póntelo, póntelo.
¡Hey! Ay, mamá,
que no sé si te están dando bien la quimio, ¿eh?
Porque dicen que con la quimio se adelgaza, y tú cada día pesas más.
¡Oye! A ver si vas a ser tú, que cada día estás más flojo.
¿Cómo?
Ven aquí. Pero suelta.
Suelta, suelta.
Cógete, cógete. Una, dos...
Y tres. Ayayay.
Anda...
¿Por qué me miras así?
Porque me encanta verte feliz.
Y porque todos los jueves te meten veneno en la sangre
y tú sales del hospital como si salieses del parque de atracciones.
Los problemas van a ser los mismos,
rías o llores.
Así que, por el mismo precio, les pongo buena cara.
Bien.
Ojalá hubiese aprendido a comportarme así antes.
¿Qué hablas, de mi padre?
¿El tío que se largó a por tabaco y no volvió nunca?
Tú no te acordarás,
pero durante tus tres primeros años de vida
yo fui como un fantasma,
no lograba levantar cabeza.
Si no llega a ser por tu abuela, yo no sé qué hubiera sido de ti.
Tiene gracia, mamá.
Te dejó tirada con un bombo y eres tú la que se siente culpable.
¿Sabes lo que te digo?
¿Qué?
Que te hizo un favor.
Porque ese marinero era un mierda. Ulises.
Mira,
hay una cosa que nunca te he contado.
Dos años después de que se fuese encontré un petate tras el armario.
Y dentro
había casi 4 millones de pesetas.
Y dólares.
Él sabía
que yo estaba ahogada por las deudas.
Y me dejó todo lo que tenía.
Y ni siquiera sabía que yo estaba embarazada de ti.
Tu padre no sabe que tú existes.
Muy bien.
Vamos.
Capitán,
no sé qué es lo que espera de mí.
Es que yo no puedo luchar contra el fantasma de Marisa.
El recuerdo de una madre es insustituible.
Julia, yo no quiero que lo sustituyas.
Yo quería que tuvieras el tuyo propio.
Eres la única mujer de la que me he enamorado después de Marisa.
La segunda de mi vida.
No, yo no puedo ni quiero borrar el pasado,
pero en el álbum de fotos de mi familia
hay muchas páginas en blanco,
donde me gustaría que estuvieras tú.
Soplando la carta de cumpleaños.
Echando una pelea de almohadas con Valeria.
Paseando de mi mano por la playa.
Y bueno,
quién sabe, quizá
con un bebé en tus brazos.
Ven aquí.
Trae el generador y saca los cables,
aunque tengas que tirar la pared abajo.
Si hace algún movimiento raro, le metes un arponazo.
Hay que sacar la gasolina de las motos, traer el generador,
encontrar los tubos de emergencia y conectarlos.
Tardaremos más de dos horas.
Tienes 20 minutos.
Si no, ellos estarán muertos.
Qué barbaridad, qué barbaridad.
Pero esto no puede ser.
Bueno, muy bien.
Pero que no se vuelva a repetir, ¿eh?
Así me gusta, muy bien.
Muy bien.
-¿Qué haces, abuelo?
-Estoy escuchando hablar a los muertos.
Con esta caracola escucho sus conversaciones.
-¿De verdad?
¿Y qué dicen los muertos?
-Cosas.
Cuentan historias.
Dicen que están en la habitación 104-23.
Y que se aburren mucho.
¿Les queréis oír?
Muy bien.
-Les oigo.
-Yo también.
Pero no entiendo lo que dicen.
-A ver.
Uno le dice al otro que su reloj se ha parado
y que le gustaría que alguien le diera cuerda.
Hay que ser muy valiente para darle cuerda al reloj de un muerto.
¿Os atreveríais a hacerlo vosotros?
Porque miedicas no sois, ¿no?
Muy bien, muy bien.
Muy bien.
Tienes el seguro del arpón puesto.
Es la palanquita naranja.
Si la dejas como está y echas gasolina al generador,
te lo agradecería.
¿Salomé?
Te escucho, Ainhoa. Dime, cariño.
Estoy en la planta 104.
El ascensor da tirones, sube y baja, pero va muy lento.
-¡Ainhoa!
Ainhoa, espera a que se pare del todo,
antes de empezar a taladrar.
-¿Lo has oído? Tranquila, cariño, que todo va a salir bien.
Claro que sí.
Claro que sí.
Salomé, pero si algo falla,
dile a Valeria que he ido a llevarle
la carta a mamá
y que no me fío de los nuevos.
Ella lo entenderá, ¿vale?
Cierro.
-Salomé,
les vamos a sacar de ahí.
Las chicas como Ainhoa tienen ángel.
Larguémonos, Estela.
Vámonos de aquí.
Vamos a dejar todo y nos fugamos.
-Mi padre nunca permitiría eso. -Tu padre es un puto loco.
Lo que tienes que hacer es alejarte de él,
conmigo, a un lugar donde nunca nos pueda encontrar.
-No lo entiendes.
No existe ningún lugar donde él no pueda encontrarnos.
Tiene contactos en todo el mundo.
Con una llamada, sabrá dónde estamos.
Es inútil.
-No nos encontrará jamás.
Mírame a los ojos.
Mírame.
Te juro que tu padre no te va a hacer daño nunca más,
porque nunca,
nunca nos encontrará.
-Mañana,
a las siete,
aquí.
Ven a buscarme.
Me iré contigo.
A lo mejor te suena a oportunista,
pero mi respuesta es sí.
Sí quiero casarme contigo,
y quiero elegir lado de la cama,
y quiero poderte besar en público,
y quiero pasear siempre a tu lado cogida de la mano;
y empezar nuestro álbum de fotos,
aunque tengamos que dibujarlas,
con los "rotus" de Valeria.
¿Aunque nuestro matrimonio durase
tres minutos?
Yo nunca he estado casada,
así que, me da igual que sean tres minutos,
que tres años, que toda la vida.
Sí, quiero.
Sí, quiero.
¿Papá?
Ainhoa?
¿Papá?
Ainhoa!
Te escucho, cariño.
Vale. Papá, voy a sacaros de ahí.
Voy a pasaros un tubo de aire para que podáis respirar
hasta que vuelvan a dar la corriente en el ascensor
y os puedan subir, ¿vale?
No, es muy peligroso, cariño. ¡Vete!
-Tú, primero.
Hace mucho frío.
Seguro que por eso están tapados.
-Tenemos que darle cuerda al reloj,
pero no sabemos cuál es.
-Está ahí, el señor que lleva el reloj en el brazo.
-Tú, primero. -¿Por qué yo?
-Pues porque yo llevo la linterna
y así te alumbro.
-¿Y si lo hacemos los dos a la vez?
¿Qué? Los tienen a todos encerrados
en el comedor.
No va a quedar más huevos que entrar para adentro
y plantar cara, con cojones. ¿Preparado?
Papá. Papá, escúchame. ¿Qué?
Yo nunca me hubiese desentendido de mi hijo, ¿vale?
Me hubiese quedado ahí, dando la cara.
Piti,
¿por qué, pudiendo ser el chico tierno
que cuida a un bebé, te empeñas en ser el idiota
que se disfraza de médico para ver tetas?
-Pues no lo sé.
Supongo que es más fácil ser un idiota, que ser el héroe.
Te voy a contar cómo habría sido tu vida
si me hubiera quedado con tu madre.
Habrías estado viendo
cómo tus padres duermen en camas separadas, sin besos,
sin hablarse en el desayuno y, tú, preguntándote
todos los santos días por qué coño, si estos dos me quieren,
no se quieren entre ellos, cojones.
Así habría sido.
¿Eso es una familia, Ulises?
Ven aquí.
Me alegro de volver a verte, Ulises.
¿Te lo has pensado mejor?
¿Por qué ahora?
¿Por qué quiere conocerme después de 20 años?
No, no quería conocerte.
No sabía que tenía un hijo.
¿Entonces, qué es toda esta mierda?
Mira, Ulises,
probablemente ahora no lo entiendas,
pero...
eres especial.
Soy especial.
Formas parte de algo...
De un proyecto que se llama Proyecto Alejandría
y yo mismo te elegí. Yo no formo parte de nada.
Sí, Ulises, aunque no quieras, desde que naciste...
Tienes que confiar en mí, Ulises.
Tienes que encontrarte con tu padre porque tu vida depende de ello.
Vale y ahora, vete.
¡Que te vayas, coño!
Martín ha arrancado el barco.
Nos estamos moviendo.
-Sujétalo.
Vamos.
Piti.
¿Qué haces? Piti, se te va la olla.
Ahí hay gente armada con fusiles. ¿Quieres que te maten?
-No me quedo con la cabeza entre las piernas
mientras se llevan el Estrella.
En ese hotel, quedan muchos de los nuestros.
Queda Vilma.
Todo va a ir bien.
Bueno, que si al final va mal, dile a Vilma que fui un idiota
hasta el último momento.
¿Qué pasa aquí?
¿Por qué no bajáis las armas, vais a vuestro hotelito
y hacemos como que no ha pasado nada?
¡Porque en vuestra puta vida os vais a llevar el Estrella!
¿Me oís? ¡En vuestra puta vida!
Eh, eh.
Ni se te ocurra.
No me cojas. Espera. Espera.
Venga.
Quieto ahí.
-Ciego, un paso más y te vuelo los sesos.
-Señores, si me lo permiten, antes de que esto
se desquicie demasiado, me gustaría compartir con ustedes
cómo veo esta situación.
¿Papá?
Voy a pasaros el tubo.
Ya está.
Papá, ¿lo tienes? Lo tengo, Ainhoa. Lo tengo.
Si no he contado mal, son ustedes unos ocho.
Digamos que diez.
Menos dos o tres que Ulises habrá dejado en "knockout",
quedan siete.
Digamos que hay dos armas contra siete. ¿Bien?
Si ustedes piensan disparar y les aseguro que lo harán
si quieren navegar más de una milla,
solo en el descontrol inicial perderán a dos hombres.
Quedan cinco. Menos otro que caerá en un ataque
a la desesperada antes de que tengan
el control total del barco.
Quedan cuatro. Digamos que tres.
¿Va a perder más del 50 % de sus hombres
pudiendo irse a otro barco? -¿Otro barco?
-Sí, otro barco. No muy lejos de aquí, a diez millas al Noroeste,
hay otro barco exactamente igual a este.
¿Dónde vas?
-Al barco. No me gustan los muertos, me dan mucho miedo,
pero tenías razón. Soy una miedica.
Y tú no quieres ser amigo de miedicas.
-Yo también he tenido miedo.
La verdad es que casi me hago pis en los pantalones.
-Entonces, ¿somos amigos?
¿Cómo te llamas? -Ratón.
-Eso no es un nombre.
-Pues anda que Valeria...
-Valeria es muy bonito y tú tienes nombre de animal feo.
-Los ratones no son feos.
Lo que pasa es que a ti te dan miedo.
-No me dan miedo los ratones. -Sí que te dan miedo.
-A mí no, a ti sí. -Mientes.
Muy bien, veo que te gustan mucho las matemáticas.
¿Crees que me voy a tragar todo lo que acabas de decir?
-¿No se fía de las palabras de un ciego?
Es otro barco con la bandera rusa igual a este.
Lo que es mejor: no tiene tripulación.
-Ni el timón bloqueado y a este barco ya no le cambiáis
el rumbo.
-Supongamos que todo esto es cierto, ¿por qué no agarran
sus cositas y se van al otro barco y nos dejan este?
-Porque esta es nuestra casa, simpático.
En este barco he conocido a mi primer hijo
y voy a por el segundo.
Así que si creen ustedes que nos vamos a liar
con mudanzas a estas alturas, van listos.
-¿Qué?
-Es cierto, parece que hay otro barco
y está en buen estado. El ciego tiene razón.
-Entonces, ¿qué?
¿Disparan o se largan?
Yo pasaba la temporada de verano aquí.
Aquí o en Cancún
o en Tailandia.
-Caray, qué envidia.
Mis padres me llevaban a un camping a Moralzarzal.
-Qué envidia vosotros.
Todos los que embarcasteis en el Estrella fuisteis elegidos
por un motivo, porque tenéis una función que cumplir.
Todos menos yo.
Yo estoy aquí porque mi padre me enchufó.
-¿Tu padre? -El dueño de este hotel.
El dueño del Estrella Polar.
Todo lo que se ha salvado en el mundo es de mi padre.
Y si queda un trozo de tierra por ahí, también será de él.
-Pero, ¿quién es tu padre?
¿Onassis?
-Un hombre que consigue todo lo que quiere.
Absolutamente todo.
Sube al coche. -¿Dónde está?
¿Qué has hecho con él? -Te he dicho que subas al coche.
-No voy a subir contigo, ¿dónde está?
¿Lo has matado? (LLORA)
¡Lo has matado!
-Por increíble que te parezca ahora,
te estoy salvando la vida, hija.
Vamos.
-Listo. -Listo.
Dale con fuerza.
-No suben.
-Pesan demasiado.
Ah.
Está subiendo.
Se está moviendo.
¡Se está moviendo!
-No tiene suficiente fuerza para levantar los dos.
-Ainhoa...
¡No!
¡No!
¡Está funcionando, Ainhoa! ¡Estamos subiendo, Ainhoa!
Sí, papá, nos vemos arriba.
-Ainhoa...
-¡Vamos, vamos!
¿Salomé?
Salomé, ¿qué está pasando?
Esto tiembla, pero no sube.
No sube. Hace mucho ruido, parece que va a reventar.
Tranquila, cariño, el generador está empezando a coger carrerilla.
Ah.
-Perderá más del 50% de sus hombres pudiendo irse a otro barco.
No muy lejos de aquí hay otro barco
exactamente igual a este.
¿Conoce la caja 33, la que guardamos una vez?
Sácala de ahí y llévala al barco ruso.
¿Por quieres librarte del transpondedor?
Es el localizador.
Fue el que permitió que nos abordaran.
El mismo que permitió que nos acortaran la entrada
y que secuestraran a Burbuja.
Y a tu padre, si lo llevamos al barco ruso,
perseguirán a un fantasma. Y nosotros desaparecemos.
Igual, después de todo, no soy tan mala persona, ¿no, Ulises?
¿Qué había en esa caja? ¿No era solo el transpondedor, Gamboa?
Ya te lo dije, una lucecita que parpadea.
Pi, pi, pi.
Salomé.
Ainhoa.
¿Dónde está Ainhoa?
¿Ainhoa?
¡Ainhoa!
El generador no ha podido con los dos ascensores.
¿Cómo que no ha podido?
¿Dónde están De la Cuadra y Ulises?
¿Qué coño habéis hecho?
¿Qué coño habéis hecho?
Escúchame, ya se han ido, no son un peligro, déjales marchar.
Las pocas personas que quedan en este mundo
escribirán la nueva historia.
¿De verdad tú quieres que esos hombres pertenezcan a ella?
Ya viste de lo que son capaces, de robar, de secuestrar, de matar.
Tú no eres mejor que ellos. Es posible,
pero yo tengo el detonador y tú llevaste la bomba
porque querías una foto, ¿no?
¿Crees que eres mejor que yo?
¿Qué coño habéis hecho?
¿Qué habéis hecho?
Ainhoa.
Gamboa...
¡Gamboa, no!
Día de cobro, tu secreto sigue a salvo.
No hay más copias ni negativos ni archivos digitales.
Ve y vive feliz con tu chica y dile que la quieres
cada día al despertar y que no existen secretos entre vosotros
antes de acostaros.
Esas son las bases de un matrimonio feliz.
¿Hola?
¡Hola!
¿Dónde estabas?
¡Eh! ¿Qué hacéis?
¡Soltadme!
Vuelve.
¡Vamos! ¡Vamos!
¿Qué demonios está pasando?
Se lo advertí, capitán. ¡No me vengas con gilipolleces!
Nadie secuestra a un barco si no sabe adónde va.
¿Dónde iba esa gente?
Al día siguiente del cataclismo...
recibimos una señal de radio de un avión.
Sabemos dónde está la Tierra, capitán.
Dulce.
-¿Os vais a casar? -Sí, coño, ¡que vivan los novios!
Hemos decidido tener una relación abierta.
¿Ah, sí? Sí.
Tienes la noche de boda ahí y no sabes cómo atacar.
Con esta ropa interior no sé si la vas a impresionar.
O sí la impresionas, y mucho. ¿Qué opinas?
¿No querrás que yo le dé lecciones? ¿Tú qué? Mira.
Imbécil.
Elija a 20 personas del Estrella Polar
para que se queden en el edificio. Usted tiene la nave,
yo tengo las coordenadas.
¿Qué tienes ahí? Son cosas de cuando era Roberto.
-Hola. -Hola.
-Te juro por Dios que yo en tierra no era así.
¡Que me dejes vivir, papá!
-¡Andrés!
-Si hay otro temblor, meteros debajo de una mesa o una cama.
Ayúdame tú a hacer la listita de los que dejamos que se ahoguen.
Te largas en un barco, que, si sale bien,
llegará a tierra. Y yo sé dónde está.
Tendrás que hacer memoria, Roberto.
El terremoto no es el único fenómeno del día.
-Está viniendo hacia nosotros un tsunami.
Volteará al Estrella como una cáscara de nuez.
La tenemos encima, Ulises.
No vamos a hacer más que un poco de surf.
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