All language subtitles for El Barco S03E01 El tripulante de honor

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Original subtitles

Mi nombre es Ricardo Montero y seré su capitán

en el buque escuela Estrella Polar durante los próximos dos meses.

¿Y mamá dónde está?

Mamá está... a un millón de millas, cariño.

Soy Julia Wilson, científica.

Acaba de ser admitida en un plan de máxima seguridad,

señorita Wilson.

Más de 13 países colaboran en el proyecto Alejandría,

protocolo B del acelerador de partículas.

El acelerador de partículas se ha puesto en marcha

a las 21:00 en Ginebra.

Que es muy probable que en estos momentos seamos

los únicos habitantes del mundo.

Somos náufragos, encontrar una isla es

la única forma que tenemos de salvarnos.

Puede que el accidente haya fulminado a medio mundo,

pero algunas cosas bonitas todavía no han desaparecido.

En el amor, uno nunca elige.

Quiero presentarle al señor Gamboa, una especie de facilitador

para asegurar que si las cosas se ponen feas, todo salga bien.

-¿No te acuerdas de nada de antes del accidente?

Antes también tenías amigos, Roberto.

-¿Tú y yo éramos amigos? -Sí.

Esta noche ha entrado alguien en el barco,

han secuestrado a Julián y a Burbuja.

¿Pero dónde coño estamos? ¿Quién está ahí fuera?

El proyecto Alejandría es un proyecto de supervivencia

que se pondría en marcha en caso de que el acelerador de partículas

fracasara, siete tripulaciones que se salvarían de la tormenta

aprovechando las simas con menos presión tectónica.

¿El de los rusos era uno de los siete barcos?

Sí.

He cogido el barco ruso y me he largado,

dos barcos encuentran tierra mejor que uno.

Ya sé dónde encajo, aquí contigo.

Tengo evidencias de que ese pato viene de tierra.

Nadie debe llegar a tierra antes que ellos.

Mientras estaba inconsciente,

le trataron con radiación nuclear el sistema linfático.

¡Ya no tiene cáncer!

Estoy embarazada de ti y tú te morías en secreto...

Yo ya no puedo estar con un hombre que me ha mentido.

Buenas...

Están entrando rachas de nordeste, 14 y 15 nudos.

Voy a virar 20 grados al este, navegaremos de ceñida.

¿Sabes que todos los días en el mundo se iban a la mierda

200.000 parejas? Lo leí en un dominical:

divorcios, separaciones,

novios que no... llegan a más...

200.000 al día, ¡échale guindas al pavo!

Como cuatro veces Segovia, ¡joder!

A mí, por lo menos, me ha pillado casi empezando,

como quien dice, ¿no?

Ya ves, mes y medio largo de noviazgo,

pero mes y medio...

¿Y qué coño? Con la suerte de haber salido de una enfermedad que...

me llevaba con los pies por delante.

Sí, y de un apocalíptico fin del mundo.

Visto así... ¡Claro que sí, coño!

Hay que tirar para adelante, leche, pasar página, encontrar tierra,

¡echarse el mundo a la espalda!

¿Y sabes lo que te digo?

Que en este preciso instante está empezando el resto de nuestra vida

y habrá que hacer algo al respecto, y ya está.

Venga, descansa.

Capitán... ¡Burbuja,

qué susto me has dado, leche! ¿Qué hace con esa linterna?

¿Se ha ido la luz? No, no se ha ido la luz,

¿se puede saber dónde vas con esa manta?

Es un secreto. Ya,

supongo que todos tenemos algún secreto.

(RESOPLA)

Bueno, yo solo tengo este... y hace ocho días que lo guardo,

pero es que no sé a quién contárselo,

hay mucha gente que quiere este secreto.

Me lo puedes contar a mí, hijo. A ver, ¿qué secreto es ese?

Es... un secreto peligroso...

y algunos hasta querían matarlo...

Burbuja, si sabes alguna cosa que nos pueda poner en peligro,

me la tienes que contar ahora, ¿eh?

Lo entiendes, ¿no? Ahora mismo.

Manolito se fue a tierra y ha vuelto.

-Voy...

-Salomé... -Hola.

-Perdona, que sé que no son horas, pero... ¿Te he despertado?

-Sí... Bueno, no, da igual, tampoco estoy durmiendo mucho...

¿Pasa algo? -No, no...

(CARRASPEA) Solo que estaba pensando y...

¡Coño, que tienes razón! Que lo hemos intentado

y no ha salido bien, no ha funcionado, pero tampoco...

A ver, no sirve darle vueltas... Y que tampoco es un drama.

Entonces, yo qué sé... Igual, no era el momento...

Y punto, y se acabó. Cada uno a su camarote y ya está.

-¿Quieres que me vaya? -¿Eh?

-Que si quieres que me vaya. -No, al contrario:

el que se va soy yo, tú te quedas aquí,

¡que vas a ser mamá! -Pero este es tu camarote, Julián.

-Si lo tienes tú, no lo voy a echar de menos.

¿Puedo pasar a recoger mis...?

Vaya, Burbuja, has hospedado al pato en la suite real, ¿eh?

Sí, porque es el pato más importante del mundo

y hay que cuidarle, que tiene el estómago delicado.

¿Y tienes al pato aquí desde hace ocho días?

No, aquí en la bodega solo hace siete horas.

Dele de comer pipas, que le gustan mucho...

Pero hace ocho días que apareció la señal de baliza aquí,

en el ordenador de seguimiento. Yo miraba el ordenador cada día,

hasta que una noche apareció, justo aquí, a 420 millas,

¡casi se sale del mapa!

¿A 420 millas? Sí.

¿Qué hace el pato aquí ahora? Mira, aquí...

Aquí están sus vuelos de los últimos ocho días...

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho días...

¿Has hecho un cuaderno de bitácora del pato?

Sí, siempre hace la misma parábola

y siempre se para justo aquí.

¿Esta zona donde regresa siempre el pato podría ser un barco?

No. ¿Seguro?

Seguro, porque la posición no varía.

Si fuera un barco, aunque estuviera fondeado por dos anclas,

oscilaría unos 40 m según la marea y el viento;

tiene que ser tierra.

-Anda que, tampoco es por echarnos flores,

pero es verdad que hay matrimonios que en 20 años no se han querido

tanto como nosotros en dos meses, ¿verdad?

-Verdad.

Pero, bueno, también es lo que dices tú:

que la vida se escribe en un libro y que, para avanzar,

se tiene que pasar página.

-Claro, ahora, eso sí, esta página es

la que más he disfrutado yo en toda mi vida...

El radiocasete para ti, te lo regalo, y los libros,

también. Bueno, ese de ahí no... Este me lo llevo,

que los de divulgación científica como que me dan sueño, ¿sabes?

Pero, con este, creo que no voy a tener ese problema, así que...

Y... (CARRASPEA)

Pues ya está, si me olvido algo, me lo dices y vengo,

que tampoco es que me mude a Barcelona precisamente...

-¿Y a qué camarote te vas? -Al de los chavales.

-Ah... -Increíble, ha salido de ellos,

que están encantados con la idea y yo también.

Y dicen que, desde que se ha ido Ulises,

les sobra una cama y les falta un poco de alegría,

así que... genial. -Bueno, pues...

Ha sido maravilloso. -Joder que si ha sido así...

-¿Qué hacemos con esto?

-Déjamelo... y lo devuelvo al mar,

que fue quien nos lo trajo, ¿no? -OK.

-Que seguro que hay otra pareja por ahí que tiene

la misma suerte que nosotros... de pescarlo...

¿Tú sabes la importancia que tiene esto, verdad?

Sí. ¿Por qué no me lo has dicho antes?

Di.

Porque la última vez pusieron bombas en el barco...

Se lo podríamos decir a Julia,

pero ella a veces también sabe cosas,

pero me dice que no se las cuente a usted...

Escuche, no queremos hacerle daño. Quiero presentarle al señor Gamboa.

¿Quién es usted, Julia? No me siga preguntando, por favor.

Burbuja, lo has hecho muy bien,

pero vamos a mantener esto en secreto, ¿de acuerdo?

Te diré lo que vamos a hacer, escucha: soltaremos a Manolito.

¡Bomba! Y pondremos rumbo a este punto,

tenemos que acercarnos a menos de 100 millas para saber

las coordenadas exactas. Las coordenadas exactas

de casa de Manolito. Las coordenadas exactas de tierra.

-Buenos días.

-¡Buenos días, señoritas! (TODAS) -¡Buenos días!

-Una pregunta: Sol, dime qué número de pie tienes.

-¡Uy, Gamboa! Mi cumpleaños no es hasta el próximo mes...

Aunque, bueno, si es de tacón, un 38...

-Lo siento, ¿y tú? -¿Un 37?

-Es una pena, no. ¿Y usted? -39.

-No puede ser, lo siento, permiso.

Estela, ¿qué número de pie tienes? -¿Por qué?

¿Estás buscando a una Cenicienta en el barco?

El 36, mi padre decía que tenía los pies de princesa...

-¡La zapatilla de cristal ya tiene su dueña!

(VITOREAN)

-¿La cama de Ulises? -Esa de ahí.

Pero, vamos, no se la puede llevar, oficial, que la tenemos

de cama de invitados... Por si a Ramiro le da por ligar

algún día, ¿sabe? -Muy bien,

pues el invitado voy a ser yo.

-¡Vamos! Cuidado... -¡Me voy a matar!

-Con ustedes, Estela, la patinadora.

-¡Ah!

-¡Vaya, vaya, con Gamboa! Me sorprendes...

Esta mañana te has levantado tú con el pie derecho

y has dicho: "Voy a buscar a la jefa de animadoras

y le voy a regalar unos patines"... Y no sé por qué me da

que creo que tú ya sabías cuál era el número de pie de Estela.

(RÍE) -¡Salomé, mírame, ya puedo!

¡Qué bueno! ¡Apartad!

(Aplausos) -¿Es así o no es así?

-¿Y qué tiene de malo?

Como dice el capitán, todos tenemos que cuidarnos,

que somos como una familia, ¿no? -Sí, ahí llevas razón,

y Estela es mi familia y, a todos los efectos, soy su madre

y, en mi pueblo, cuando un chico ronda a una chica,

antes tiene que pasar por casa a pedir cita

y hacer las cosas como Dios manda, ¿estamos?

-¡Salomé, mírame! ¡Muchas gracias, Gamboa!

-Una cosa: ¿tanto le gustan las zapatillas esas que lleva

que no se las quita ni para dormir? -¿Qué?

-Baje los pies, ¡coño! -Vale...

-Si que tienen bien el camarote, ¿eh?

¡Qué bien apañado, madre mía!

Tendedero, aseo, la ropa bien colocadita...

en las sillas, en las mesas... Camisetas con calcetines,

calcetines con calzoncillos... ¡Por orden alfabético y todo!

¡Resultan que son fanáticos del orden,

la madre que me parió! Y yo creyendo que eran

unos verdaderos idiotas, de verdad.

-Oficial, justo nos ha pillado que estábamos recogiendo

el camarote. -¿Sí?

-Sí. -¡No me diga! ¿Y las camas?

No sé, parece que aquí se lleva el minimalismo,

que está tan de moda... Vamos, hacer lo mínimo, se llama.

-Dijo Salomé que vendría a por las sábanas viejas.

-¿Salomé? -Sí.

-¿Qué pasa con Salomé? ¿Tiene que venir mamá Salomé

a limpiarle la mierda a los señoritos? ¿Es eso, es así?

¿Y usted de qué va vestido, Medina, leches?

-Nada, de... andar por casa. -¿De andar por casa?

¿Quiere que le diga yo de qué va vestido, se lo digo?

¡De mamarracho, de mamarracho asqueroso, coño!

¡De perroflauta, sin más! Cúbrase, joder, madre mía...

Pero con eso no, desgraciado, ¡con el uniforme!

¡El uniforme, leche! ¡A tomar por saco!

Los dos, pónganse el uniforme, ¡póngase aquí!

¡Parece mentira! ¿No hayan aprendido nada

en todo este tiempo o qué? ¿Va todo bien, Julián?

Bien, mejor que bien va, ¡precisión suiza tenemos aquí,

ingeniería alemana! Ricardo, pasa, haz el favor...

Mira cómo tienen los hermanos Dalton el camarote:

es que coges esas pelusas de abajo, las pones juntas,

les pones un nombre ¡y ya tienes un nuevo timonel!

¿Qué te parece? Mal, me parece muy mal,

hay que esmerarse un poco, chavales, ¿eh?

A ver, capitán, limpiamos todas las semanas y,

además, que cualquier camarote está prácticamente igual que este...

-¡Uh! ¡Oficial, hola! ¡Uh!

-Me cago en todo lo cagable, la madre que me parió...

¡Pero que esto no es un parque de atracciones, joder!

¡A tomar por culo! En media hora quiero a todo dios en el comedor,

uniformados, que voy a pasar revista.

Y es una puta orden.

¿No? Sí, una puta orden...

¡A ver, todo el mundo uniformado, en media hora, en el comedor,

que voy a pasar revista!

Uniformados y formados, ¿eh?

¡Apartad, apartad!

¡Capitán! ¡Paso, paso, fuera!

Capitán, si ha vestido de gala para despedir a Manolito,

nos pueden pillar. Por eso, vamos a darnos prisa,

que puede subir alguien. Pero tiene que decirle

unas palabras... ¿Qué quieres que diga?

Buen viaje, Manolito. No, tiene que decirle

unas palabras de capitán. Dentro de un rato,

Manolito estará dejando sus huellitas en una playa

o subido a un cocotero y nos llevará allí,

es lo más importante que nos ha pasado en meses.

Tienes toda la razón, Burbuja.

Este pato es nuestra... No, Manolito.

Manolito, eres nuestra salvación y nuestro futuro

y lo que hagamos el resto de nuestra vida depende de ti.

Por eso, eres el tripulante más importante de este barco.

¡Eres tripulante! Sí, Burbuja.

Y, a partir de este momento, nombro al pato Manolito

tripulante de honor del Estrella Polar.

Toma... ¿Quieres lanzarlo tú?

Sí.

Adiós, Manolito.

(Puerta)

-¿Qué tal? (CARRASPEA)

-Señora, señorita...

Yo soy de Barranquilla y, en mi tierra,

cuando un chico quiere quedar con una chica, primero,

tiene que hablar con su madre para pedirle una cita

y yo quiero hacer las cosas bien. -Me parece bien,

pero la cita la haremos a mi manera,

a la forma Salomé. Nada de últimas filas en el cine

ni descampados, no le vas a tocar ni las manitas:

paseo por cubierta, un poco de picoteo y,

a las dos horas, me la devuelves. ¿Estamos?

-Estamos.

Estela, quiero pedirte, aquí,

con el permiso de tu señora madre,

que si aceptas una invitación a una cena romántica.

No habrá champán ni cuarteto de violines,

pero voy a bajar a bucear y algo sacaré...

¿Qué te parece? -Sí, sí, sí... Acepto.

-Muy bien, pues, en ese caso, ¿a qué hora te pasa a recoger?

-A las 19:00. No, a las 19:30,

es que me tengo que depilar... 19:30.

-Bien, ahí estaré.

Permiso.

(Puerta) -Ay...

-¿Depilar? ¿Y lo dices delante de él?

-Dos horas, ya te vale... (CHISTA)

(JULIÁN) -¡Vamos, señores, que en cinco minutos paso revista!

-Me tengo que cambiar, ¡gracias!

(JULIÁN) -¡Los quiero bien uniformados, coño!

Según mis cálculos,

el atolón debe estar entre 103 y 117 millas.

Y eso con cielo despejado y viento racheado

de fuerza siete a nueve en vuelo rasante...

Manolito debería llegar

en cuatro horas y 27 minutos,

eso si no se para a hacer pis... Burbuja,

¿me quieres hacer un favor? Vale.

Quiero que te concentres mucho y que intentes recordar

cuando te raptaron con De la Cuadra.

¿Tú sabes dónde os llevaron?

Cuando llegaron ustedes a este barco y el capitán les dijo

que esta era su casa, no quiso decir que era su trastero

ni su garaje ni que podían mearse por las esquinas.

Que el mundo se haya ido al carajo ahí fuera no cambia nada

aquí dentro, ¿estamos? Y en este barco hay unas normas,

aunque algunos se las quieran pasar por el forro.

(Pasos)

-Perdón. -¿Qué perdón ni qué perdón?

A la fila, coño.

Primero, esto es un buque escuela,

estamos todos aquí para aprender,

así que comienza la vuelta al cole.

(SUSURRA) -¿Qué significa esto? ¿Que vamos a hacer más exámenes?

-¿Qué está diciendo la mosquita muerta?

¿Qué dice, que no le oigo? ¡Repítalo, venga!

Alto y claro, ¿qué dice? -Nada, señor.

-Vale, muy bien. Pues el que nada no se ahoga.

Vamos a aprender de todo: motores, electrónica

y navegación astronómica, ¡se acabaron las tonterías!

Y, usted, abróchese la camisa como es debido,

¡que no está de gogó en el Macumba, coño!

-Me parece que se está pasando, señor.

-¡Hombre, ha hablado el ministro de Dios!

Parece que esta semana toca ser curilla,

ya veremos si a la próxima no vuelve usted a cacarear

detrás de otra gallinita del corral, ¿eh? Que anda que...

Porque veo que esto, más que un buque escuela,

parece una puñetera granja, ¡coño!

Donde habitan cerdos, marranos, asnos...

¿Tenemos asnos, Piti?

¿Tenemos o no tenemos asnos?

Venga, rebuzne usted, ya me ha oído.

¿A qué espera? ¡Que rebuzne, leche!

¡Rebuzne, coño, o le parto la crisma, cojones!

(REBUZNA) ¡Muy bien, tenemos asno!

Tenemos asnos, tenemos gallinitas, tenemos de todo...

Tenemos gallito... ¿Cacarea usted? ¿Cacarea o no cacarea, Palomares?

Dígame. -No, señor.

-¿Cómo que no? Ya está cacareando, pero cagando leches, ¡vamos!

-No, señor. -¡Que cacaree, joder!

¡Que cacaree, cojones! (CACAREA)

¡Cacaree! Julián, ¿qué pasa?

Pasa que...

Pasa que voy a poner este barco más derecho que una vela.

Aquí, entre nosotros,

hay mucha gente que tiene cosas que enseñar:

desde el jefe de máquinas a la cocinera.

Así que, lo primero, entre todos,

me van a dejar esta, su casa,

limpia como para comer sopas en el suelo.

Desde esta tarde, se pasa página en este barco.

Pueden retirarse.

¿Tenemos que compartir camarote con este energúmeno, eh?

Por mis huevos que este no pasa dos días más con nosotros,

¡por mis huevos!

(MURMURA)

Ya está todo listo para encontrar tierra, capitán.

Burbuja,

¿estás seguro de que no recuerdas dónde os tuvieron retenidos?

¿Seguro que no?

¿Tú sabes por qué creo que eres el más listo del barco?

Ah, sí... Porque soy muy observador.

Y porque tienes un cociente intelectual de 212.

212...

Eso era antes del accidente, cuando no tenía la burbuja,

pero ya no tengo 212,

igual llego a 100...

justitos.

Hay cosas, Roberto, que no se borran fácilmente.

No... A lo mejor,

en tierra hubieran pasado desapercibidas,

pero tus ideas... Tú tienes soluciones a los problemas

que nadie más que tú puede dar,

como cuando nos atacaron los pájaros.

(Cristales rotos) (GRITAN)

O cuando descubriste lo que quería aquel pez gigante.

-Solo quiere a su hijito... -Ricardo, se está alejando.

Si era mamá...

¿Y cuándo nos libraste de la niebla?

Hola, Uli, aquí Burbuja, ¿quieres que vaya a buscaros?

No estaría mal, Burbuja...

¿Qué me dices? Y más cosas...

Muchísimas más.

Escúchame, Burbuja, si con todo eso acertaste,

seguro que, aunque ahora no lo sepas,

tienes que tener alguna idea aproximada

de dónde os tuvieron secuestrados. Piénsalo, Burbuja, piénsalo.

Es que pasaron cosas muy raras...

Bueno, no importa,

tenemos todo el día para repasarlas una a una, paso a paso.

¿Empezamos?

-Yo no sé si tú tienes horchata en la sangre, pero la primera vez

que yo tuve una cita con Julián, me temblaban hasta los tobillos.

Te estoy viendo, cariño, y parece que te hayas tomado

dos ansiolíticos. ¿Qué te pasa? -No es eso, Salomé,

que ya sé cómo funcionan estas cosas.

Verás, los chicos quieren de mí lo que quieren y,

una vez lo consiguen, se largan, desaparecen. Así que...

(SUSPIRA) Ya sé cómo acaban estas cosas.

-Si no nos gusta el final, ¿por qué no cambiamos el principio?

-Ya... Salomé... -Dime.

-¿Cómo fue tu primera cita con De la Cuadra?

-Bueno, bastante tradicional: dos copas de vino,

un beso en los labios... y directos a la cama.

Yo no soy un buen ejemplo, pero estábamos enamorados y,

si tú vas a intentarlo con Gamboa, sería bueno

que también lo estuvieras, hasta las trancas,

como yo lo estoy... Lo estaba... Como Julián lo estaba.

-¿Y cómo lo sabes?

¿Cómo sabes que estás enamorado de alguien hasta las trancas?

¿Cómo lo notas? -Igual una primera cita

nos puede venir muy bien... Y, por eso mismo,

tú, niña bonita, te vas a llevar este walkie.

-No. -Sí, por si el galán se nos pone

tonto, me llamas y, en dos segundos, aparezco

con el mazo. Abre el bolso. -No, ¡Salomé, no puedo llevarlo!

-Mételo en el bolso ahora mismo. ¿Y qué más, Burbuja, qué más?

¿Qué?

El primer oficial estaba raro... Ya, ¿por qué?

Yo creía que era por los cantos de frailes...

¿Qué coño es esto?

¿Cantos de frailes? A ver, ¿se escuchaban cantos de frailes?

Sí. ¿Me lo dices ahora?

Se repetían cada 27 minutos y 12 segundos,

era una grabación. ¿Y qué más? ¿Qué más?

Vamos a ver,

el sitio donde os encerraron cómo era exactamente.

Era una habitación.

¿Qué más? ¿Qué más? ¿Cómo era?

-Blanca. -¡Dejadnos salir, dejadnos salir!

Era muy blanca.

¿No era un camarote, era una habitación?

Era de hormigón. ¿De hormigón?

¿Por qué sabes que era de hormigón? Porque quitamos el acolchado

y lo vimos,

estábamos encerrados en un cubo de hormigón.

O sea, que era un edificio de hormigón.

No... Me acabas de decir que era

un cubo de hormigón, ¿era un edificio de hormigón?

No lo sé. Lo acabas de decir.

Se escuchaba una turbina, como la del Estrella.

¿Entonces, era un barco? No...

Piensa, si había una turbina, era un barco... ¿O qué era?

Piensa un poco. Vamos a ver, ellos querían que creyerais

que estabais en una especie de convento o algo así,

pero si era una estructura sólida, tenía que estar flotando,

¿no es así? ¿Se movía o no se movía?

No. ¿No se movía? Pues explícamelo.

No se movía como se mueve un barco al pairo,

no había balance ni cabeceo.

(RESOPLA)

Antes, me sacaron,

pero me llevaron a otro lugar,

a un lugar con pizarra.

Querían que les ayudara a resolver un problema.

¿Un problema de qué?

De termodinámica avanzada. Burbuja,

¿en qué consistía exactamente ese problema de termodinámica?

Era una hipótesis para mover estructuras que no las puede mover

las energías frías, pero sí la energía nuclear,

como un reactor.

¿Y qué crees que podía estar moviendo ese reactor?

Un reactor de un submarino nuclear...

¡Claro!

-A ver, chicos, os digo las posibilidades que hay:

asfixiarlo con una almohada, tirarlo por la borda

o irnos a vivir con Salomé, porque no se puede compartir

camarote con Hitler, ¡no se puede! -Vamos a ver,

tenemos que hablar con él y pedírselo amablemente,

que se marche, como un favor... -¿Hablaban los judíos con Hitler?

¿Eh? ¿Qué le decían?

Señor Hitler, ¿podría ser usted un poquito más amable?

¿Le decían eso? ¡No! Con Hitler no se habla,

se le acorrala en un búnker. Además, que no nos engañemos,

que De la Cuadra ha vivido en la posguerra,

ha comido gato por liebre, seguro, y habrá cagado en zanjas,

así que ni la suciedad ni la jarana ni los malos olores van a poder

con él, hay que hacerle algo gordo. -Muy bien, ¿y qué quieres hacer?

No podemos pelear contra Chuck Norris.

Chuck Norris, Chuck Norris...

Vale, vale, si no se puede pelear contra Chuck Norris,

se le podrá seducir, digo yo...

-Piti, ¡que no digas idioteces, ya!

A ver, que estamos hablando del primer oficial del barco,

para empezar, nos separan cinco galones.

-¿Y qué pasa? Por mucho galón que tenga De la Cuadra,

hay algo contra lo que no va a poder lidiar:

el mariconeo. El mariconeo, joder, en serio.

No va a poder lidiar contra tres jovencitos

que salen del armario, que se dan cremita en el camarote

y unos cachetitos en el pompis... En cuanto vea el percal,

sale pitando, seguro. -Un momentito,

¿lo estás diciendo en serio? -¡Pues claro!

O sea, imaginaos el cuadro: ambiente íntimo,

ponemos unas velitas, un poquito de incienso, y nosotros tres,

un poquito afeminados... Un puntito...

Cariñosos, cachondos y juntitos, muy juntitos.

Y, luego, en un momento dado, las formas se van perdiendo,

un poquito de culito por aquí... y el aceite que empieza a chorrear.

Chicos, ¿vosotros creéis que De la Cuadra se va a sentir

cómodo en el mundo pluma y culto al cuerpo? Yo creo que no.

¿Qué os parece? ¿Sí?

¿Palomares? (RÍEN)

Julián, escucha. No se pescan jureles

con prismáticos. Tengo que contarte algo.

Parece que soy el único que trabaja en este barco, copón.

Esta mañana los chavales se han quedado a cuadros

cuando has pasado revista.

Esto en el Juan Sebastián Elcano no pasaba, allí te dejabas

el cepillo fuera del neceser y qué coño, te caía una semana

chupando letrina. Eran otros tiempos.

Además, estábamos en la mili. Igual hay que volver

a los otros tiempos. No estaría mal.

Estás blando, Ricardo, cojones. Te has convertido en la madre

de este barco, tan comprensivo con todo el mundo,

con todas las cosas y al final te la acaban colando.

¿Y yo qué? Me toca hacer de padre: dar palos, poner orden,

y no es mi trabajo, es el tuyo. Vamos a ver, Julián,

una cosa es que estés roto por dentro

por lo de Salomé y otra es que vayas

con cara de perro repartiendo leches a la tripulación,

incluido a mí. Yo iré repartiendo leches

por cubierta, como tú dices, pero ¿tú qué?

Que vas de dialogante y resulta que tenías dos hijas

y una se ha ido en un barco y no has podido hacer nada

para que se quedase.

¿Sabes qué te digo? Nunca te cases con el anillo de un muerto.

A tomar por saco el amor.

No lo he visto, que estamos ahí... ¿Te ayudo, Julián?

No, deja, yo me apaño.

Tira mucho, ¿eh?

Anda, quita. Que no.

Se te va a romper. Déjame, que yo me apaño solo.

Pero qué cabezón que eres.

Mira, qué hermosura de bicho. Sí que es grande, sí.

Y cabezón.

(RÍEN)

-Estela, cariño, ¿me escuchas?

-Sí, Salomé, dime. -Acuérdate de lo que te he dicho,

el walkie dentro del bolso y bien cerquita,

que algunos príncipes después de la primera copa de vino

se convierten en rana, ¿estamos? -Que sí, Salomé,

lo llevo en el bolso. Venga, te dejo ya,

que es que estoy llegando. -Bueno, cariño.

-Venga, adiós.

Es... es precioso, Ernesto. -Por favor.

El maître me ha dicho que nos han dejado la mejor mesa,

cerca del mar

y lejos de la gente.

(TARAREA)

-Buenas noches, oficial. -Muy buenas.

-Buenas noches, oficial.

Ramiro, ¿me pasas la crema depilatoria, porfi?

-¿Te vas a hacer las ingles? No, que la última vez

te salieron sarpullidos. -No, no me voy a hacer las ingles,

me voy a hacer las axilas.

-Uy.

Uy.

-Palomares, los curas... también os depiláis, ¿verdad?

-No sé, los curas en general, no sé,

pero yo sí.

-Ay, ¿alguien me echa crema en la espalda?

-Yo, yo, yo, Ramiro.

Colócate aquí, anda. -Es que la tengo un poco seca.

-Pues yo te la refresco. Vamos a ver qué cremita te echo.

No sé si echarte esta o cuál echarte.

¡Uy!

-Piti, tápese, hombre, que vas a coger frío.

-Oficial, con todos los respetos, ¿eh?

Pero una cosa es tener el camarote ordenado y limpio

y otra cosa es tener que andar en burka.

-Si le dan vergüenza los culitos y las sardinetas,

podría cambiar de camarote. Es que nosotros ya pasamos

la edad del pavo, ¿verdad, chicos? -Sí.

-Oh, qué gusto, Dios. -Qué espalda, Ramiro, por Dios.

Oh. -Oh.

-Venga, échame un poquito tú a mí ahora.

-Después te toca a ti, Palomares. -Sí, claro.

-Dame fuerte por el lado izquierdo. Ahí, ahí, ahí.

Oh, así. -Oh.

-Oye, Ramiro, ¿tú crees que debería hacer

un poquito de press banca? Me noto el brazo colgón.

-Si tienes un bíceps superfuerte. -¿De verdad?

-Claro. ¿Verdad, Palomares? -Sí.

-Por favor, decidme la verdad. -Muy definido.

-Que luego yo soy muy deli...

Os lo dije. ¿Os lo dije o no os lo dije?

¡Coño, sí! Mucha testosterona, mucho galón, mucho pelo;

pero le pones delante a una locaza y no sabe

ni por dónde le da el viento. -Que no. Por el momento,

va a dormir esta noche aquí. Que no, que no,

que yo a este plan le veo lagunillas.

-¿Qué lagunillas? Si está yendo bien,

le tengo justo donde quiero. Os digo una cosa:

esta noche si hace falta se duerme de dos en dos.

Pero por mis cojones que el oficial sale de este camarote.

Capitán, el sónar no detecta los submarinos nucleares.

Si fuera un submarino nuclear,

explicaría muchas cosas raras

que han pasado.

Sí.

Como la desaparición de los tripulantes del Koré-Koré.

¿Hola? ¿Hay alguien?

O de los astronautas.

-¿Qué, Piti? -No hay nadie.

O cómo Leonor y los suyos se esfumaron sin dejar rastro.

No están. No están, ¿dónde cojones están?

O lo del barco ruso.

Ainhoa.

Burbuja,

¿por qué no me lo has contado antes?

Si sospechabas que había un submarino pegado a nuestro casco

capaz de inhibirse del sónar y estar sumergido un año y medio,

¿por qué no se lo has contado a tu capitán?

(GRITA) ¿Por qué?

No... No lo pensé. ¡Soy tu capitán!

¡Tu obligación es contarme lo que se salga de lo normal!

¡Ni a la doctora ni a Gamboa, a mí, a tu puñetero capitán!

Lo siento.

¿Cuál es la raíz cuadrada de esto?

¿La raíz cuadrada?

2.287,242.

¿Cómo es posible que tengas un cociente intelectual de 212

y ni siquiera te acuerdes de quién eres?

¿Me puedes explicar cómo coño es posible que sepas solucionar

un puto problema de termodinámica y ni siquiera te acuerdes

de que estuve en tu confirmación? ¿Cómo es posible?

¡Porque tuve un accidente!

No me acuerdo de nada.

¿Cómo se yo que eso es verdad, Burbuja?

¿Cómo lo sé?

Yo no le mentiría...

nunca, jamás.

Es el capitán.

Siempre es muy bueno conmigo

y me quiere

y me dice que no soy tonto

y me apoya.

A veces uno necesita que le apoyen,

no que le chillen.

Burbuja,

¿dónde crees que puede estar ahora el submarino?

Podría... podría estar

justo debajo de nuestros pies

y no lo sabríamos.

-Es un vino que tenía reservado para una ocasión especial

como esta.

-¿Esperabas a alguien más?

-¿Lo dices por la otra copa? (ESTELA ASIENTE)

Supuse que con tanta norma y tanto protocolo

para invitarte a cenar, Salomé querría marcarme de cerca

y que se tomaría una copa con nosotros, pero...

-Solo se preocupa por mí, nada más.

Y a veces más de lo que debería.

-Supongo que ella tiene el síndrome del nido vacío,

pero al revés: se ha separado de su marido,

se vuelca en su hija; como no la tiene, se la inventa.

Es broma. Si yo fuera Salomé,

yo también te tendría muy vigilada.

¿No tendrás por ahí un micrófono?

No querría tener que cachearte.

Es broma otra vez, perdón.

-No, perdóname tú, es que estoy un poco nerviosa.

-Pues no lo estés, no.

Estela...

¿Tú sabes por qué yo te invité a cenar esta noche?

Porque contigo me siento en casa.

Y todos en medio de este desastre

necesitamos una casa, una casa a la que volver

después del frío, de la oscuridad.

Y empecé a fijarme en lo bella que eres,

en lo buena,

y en que podías ser mi casa.

Pero no me hiciste mucho caso, andabas rondando a Ulises.

Bueno, y ahora que no está me dije:

"A ver si con un buey de mar...".

Necesito que te dejes llevar,

porque yo voy de frente y tu madre adoptiva

no tiene nada que temer.

-¿Sabes?

Toda la gente en este barco se piensa que soy tonta.

-Yo no pienso que seas tonta. -Sí,

tú también lo piensas.

Sé perfectamente que esta cita es una farsa.

Lo que aún no entiendo es el porqué.

¿Por qué me has invitado a cenar, Ernesto?

Me regalas unos patines, me preparas esta cena...

No entiendo que te lo curres tanto cuando es obvio que no tienes

ningún tipo de interés en mí. -Ya.

Crees que sigo enamorado de Ainhoa. -No, no, no.

Deja de tratarme como a una imbécil, ¿vale?

Sé que soy un segundo plato

y no me importa.

Me lo he pasado muy bien, de verdad.

Y aunque esto haya sido una mentira,

ha sido la mentira más bonita que he vivido

desde que se hundió la Tierra.

Podría estar con una persona que no me quiere,

solo quiero saber por qué yo.

Podías haber elegido a cualquier otra chica,

pero me elegiste a mí y quiero saber por qué.

Por favor.

-Si de verdad quieres saberlo,

yo necesito estar seguro de que puedo confiar en ti.

(Pitido)

-Eh, eh, viene, viene.

-Palomares,

¿puedo meterme en tu cama? Es que estoy un poco destemplado

y me ha cogido el frío, así nos damos calor.

-Claro. Sí, sí, entra, venga. -Oh.

-Chicos,

¿por qué no ponemos un poquito a la Lady Gaga?

Así en bajito, a ver si nos entra el sueño.

-Piti,

¿puedo meterme en su cama?

-Sí, sí, claro.

(JULIÁN LLORA)

¿Oficial?

¿Está bien?

¿Le pasa algo?

-Piti,

¿te importaría abrazarme?

-Oficial, que...

Yo si quiere, lo abrazo,

pero... que voy a pelo.

-Soy un desgraciado

al que toda su vida le cabe

ahí, en un petate.

-No diga eso, Julián.

-Soy un miserable, Piti,

que engañó a su mujer de una forma horrible

y en lo más sagrado,

en la muerte.

Haciendo planes,

teniendo un hijo con ella,

sabiendo que les iba a dejar solos,

que me iba a morir.

-¿Sabe lo que yo creo?

Pues que... que si no le ha contado

todo eso del cáncer a Salomé

es por cariño,

para que no sufra, ¿no?

Y eso está bien,

así que no se me venga abajo, que no se va a morir usted, ¿eh?

Qué se va a morir el oficial, si es una piedra.

-¿Sabes lo que más me...?

Que si realmente me fuera a morir,

que me daría lo mismo, a quemar las naves,

a tomar por saco todo.

Pero es que parece que voy a vivir

y la vida sin Salomé...

va a ser muy larga.

(LEE) "Karen y Antón, forever."

Anda. Hola. -¿Qué tal?

-Bien, ¿tú? -Aquí, liada con el pescado.

-Parece que está difícil dormir últimamente, ¿eh?

-Parece, sí.

-Igual es por el embarazo, ¿no?

Ya se te empieza a notar la tripita y todo.

-Gracias por la parte que me toca, pero los embarazos

empiezan a notarse a partir del cuarto mes. No llevo ni uno,

con lo cual es la mía propia. -A mí me...

-Eres un caso, Julián.

-Pues nada, yo creo que ya con esto

igual he cumplido el cupo de meteduras de pata por hoy, ¿no?

-Lo has cubierto hace rato. ¿Cuántas veces crees

que te va a funcionar lo del anillo?

-¿De dónde lo has sacado? -De donde tú lo habías dejado,

de las tripas de la merluza que has pescado esta tarde.

Anda, galán, devuélvelo al mar,

que bastante fue encontrarlo una vez.

-No te creas, y si pasara dos veces, ¿qué?

-No hay parejas con tanta suerte. ¿Conoces a alguien que le tocara

la lotería dos veces? -No.

-Bueno, algún político en Castellón.

(Pasos)

Mira las horas que son. Perdona. -Salomé...

-Estela.

Cariño, vaya horas. ¿Qué tal todo?

-Bien. -¿Y el walkie? ¿Se ha roto?

-No sé, se le acabaría la batería. -Ya. Sería la batería, sí.

-Pero ha ido todo muy bien. Muy amable, muy correcto;

y, bueno, no nos ha salido rana. -Estela,

siéntate aquí conmigo dos minutos, anda.

Porque la segunda parte me la he perdido,

pero tu discurso del rechazo lo he escuchado todo.

Cuando la gente te trata como a un trapo,

al final acabas pensando que eres un trapo.

Y tú no eres ningún trapo.

No eres ni el segundo plato de nadie

ni el primero ni el postre, tú eres plato único.

¿Lo entiendes? No quiero que se te olvide, vales mucho.

¿Sí, mi vida? -Muchas gracias, Salomé.

Te agradezco todos estos días que has estado cuidando de mí,

pero, si no te importa, a partir de ahora prefiero cuidarme sola.

¿Vale?

-Buenas noches.

Parece que el pajarito voló de tu nido

para venirse al mío.

-Eso parece, sí.

Querido Ernesto, ya he cumplido los 40

y he tratado con toda clase de fauna.

Déjame decirte algo. -Anda, dispara.

-No me fío de ti.

No me gustas.

Sé que la gente como yo no te damos miedo,

pero escucha muy bien lo que te voy a decir:

las croquetas las puedo rebozar

con harina de pescado o con matarratas.

No me toques las narices,

porque de buena, soy muy buena;

pero de mala, soy la peor.

Mucho cuidado con hacerle daño a la niña,

¿te queda claro?

-Estela, tú eres especial.

Bueno, casi todos los que estamos en este barco

somos especiales

y estamos aquí por un motivo o por otro.

-Ya, y mi motivo es el de ser comodín sentimental

para todo el mundo, ¿no? -No.

Digamos que... tú estás aquí por familia,

concretamente, por tu padre.

-¿Mi padre?

¿De qué conoces tú a mi padre?

-Lo conocí hace unos años en Ginebra

y él me mostró una foto tuya que él siempre cargaba

en la billetera y me pidió

que, llegado el caso, te cuidase.

Y gracias a él, yo estoy aquí en este barco, vivo.

Y tú también estás aquí por él.

-Pero no entiendo qué tiene que ver mi padre con nosotros.

-Estela, tú me preguntaste por qué me había fijado en ti

y ya te contesté: porque eres especial,

y tu padre no tiene nada que ver en lo que yo siento por ti.

Y tú no eres un rollo de una sola noche.

Yo no voy a salir corriendo.

No te pido que me creas, solo que te quedes a verlo

con esos ojos tan bonitos que tienes.

Tenemos todo el tiempo del mundo por delante.

Aquí el Estrella Polar, ¿me reciben?

Aquí Estrella Polar.

Ainhoa, hija... ¿me oyes?

Solo quería darte los buenos días

y deciros que tengáis mucho cuidado.

Bajo estas aguas hay más peligros de los que pensamos.

Volved pronto, ¿eh?

Os echamos de menos.

Buenos días, Burbuja.

Qué rico, ¿lo has hecho tú?

¿Me das uno?

Siento mucho haberte gritado anoche, Burbuja.

Supongo que tengo el síndrome del idiota engreído.

¿Qué síndrome es ese?

El de la gente que se cree que siempre tiene la razón

y que no es capaz de creer más que lo que ven sus ojos,

aunque se lo esté diciendo el más inteligente de este barco.

Capitán, ¿cómo era yo

antes de la burbuja?

Eras diferente, ni mejor ni peor.

Yo te prefiero ahora, eres buena gente

y todos te queremos. ¿Y antes no me querían?

Igual por eso estuve tanto rato debajo del agua

cuando lo del naufragio, porque salvaron primero

a todos los demás porque les querían más que a mí.

Igual tuve suerte y después de ahogarme

se me puso la burbuja y me hizo bueno.

Es todo raro en mi cabeza. Igual la burbuja

vino para protegerme de quien yo era antes,

cuando no me quería todo el mundo.

¿Hola?

(Ruido)

¡Hola!

¿Dónde estabas?

¡Eh! ¡Eh! ¿Qué hacéis? ¡Soltadme!

(Pitidos)

Capitán, el Manolito ha llegado a su casa.

Ha llegado a su casa, a 48 millas. A ver, ¿dónde?

Aquí, justo delante de nosotros. Allí, esa luz.

Allí está la tierra, capitán.

La hemos encontrado.

¿La ve?

Bienvenidos al Yohau, el último hotel del mundo.

-Tú has estado aquí antes. -Estás mintiendo.

-Ya me entiende. -Entonces Julián sigue mintiendo.

-Dijo que era el hijo de De la Cuadra

y nadie le hizo ninguna pregunta. -¿Te lo has pensado mejor?

¿Has venido a matarme?

-Sabemos dónde está la tierra. -¿Quién coño eres?

-Elija a 20 personas del Estrella Polar

para que se queden en el edificio. -¡Quieto todo el mundo!

-He matado.

-¡Uno!

(Gritos)

Ainhoa, ¿me recibes?

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